martes, 26 de mayo de 2009

Tratado El Núcleo de los Núcleos -y Parte V


Risale-ye
Lubb al-Lubāb
dar seyr wa sulūk
ūlī al-albāb

Seyed Muhammad Huseyn Huseyní Tehraní
Traducción del Persa: Raúl González Bórnez

El método para realizar el viaje espiritual,
después de haber prestado
juramento de obediencia (bayat)
a un maestro iluminado
y amigo (wali) de Al.lah, que haya atravesado
el estado de aniquilación en Dios
(faná fil.lah)
y alcanzado el estado de permanencia en Él
(baqá bil.lah)
y que esté familiarizado
con lo que es benéfico
y lo que es perjudicial
para la educación del viajero espiritual
que se inicia en esta senda
y sepa como guiar al Sálek
en esta travesía hacia la meta
de sus deseos e intenciones
(Kabe-ie maqsúd),
no es otro sino el recuerdo
y la meditación (dikr wa fikr),
la súplica y la oración
realizadas con humildad
ante el Tribunal de Dios,
que es el Juez de nuestros actos.
Por supuesto,
su viaje a través de estas moradas
guarda relación con una serie de asuntos
que deben ser observados
con total atención y detalle.

Explicación detallada del método
y de las particularidades de viaje hacia Dios.

1º- El abandono de los convencionalismos sociales.

El primer paso del Sálek debe ser el abandono de la etiqueta social y los convencionalismos (umúr-e etebáriyah) que le impidan llegara la cúspide de su camino.

Lo que queremos decir con eso es que el Sálek debe vivir entre las gentes llevando una existencia moderada.
Algunas personas viven sumergidas en la vida social y todos sus pensamientos y esfuerzos en la vida van dirigidos a granjearse amistades y ocupar un papel relevante en sociedad. Para proteger su posición social no dudan en recurrir a toda clase de halagos y pasan su tiempo llendo y viniendo a reuniónes sociales completamente vacias e inútiles. Ese tipo de personas viven obsesionadas por la etiqueta y las formalidades sociales, preocupados de mantener su prestigio real o imaginario y para ello no dudan en realizar incluso extraordinarios sacrificios y enfrentar costosas dificultades.
Preocupados por lo superficial y accesorio, dejan a un lado los aspectos realmente importantes de la vida. Les preocupa enormemente la aprovación o el rechazo social y hacen de la opinión de la masa ignorante el eje sobre el que hacer girar sus vidas.
Asi el barco de su vida se ve zarandeado de continuo por el vaiven de los gustos, los valores y las modas sociales. Donde quiera que vaya la ola de los comportamientos de moda, allí van ellos arrastrados por su deseo de no pasar desapercividos.
Este tipo de gentes, no conociendose a sí mismas, no tienen poder de decisión sobre sus propias personas y se encuentran totalmente sometidos a las exigencias de la sociedad a la que siguen ciegamente.
Frente a esas personas, existen otras que se alejan de la vida social y abandonan todo tipo de habitos, costumbres y convencionalismos sociales. No se asocian con otras personas ni se relacionan con ellas y viven en la soledad y el retiro, no suelen ser muy numerosos y su actitud extrema les hace ser famosos.
El viajero espiritual, para alcanzar sus objetivos debe adoptar una actitud intermedia entre estos dos extremos, basada en la moderación, evitando cuidadosamente tanto el exceso como el defecto en su comportamiento social y transitar el “camino recto” (sirát al-mustaqím), lo cual sólo se consigue manteniendo el grado de relación con sus semejantes que una actitud razonable hace necesario.
Mientras las relaciones que establezca con las personas que se encuentran fuera de la senda espiritual no sean demasiado estrechas, los posibles conflictos que puedan surgir con ellos a causa de la calidad o cantidad de su relación nunca le llegarán a suponer un problema demasiado grande, siempre y cuando no se supedite en demasía a ellas. El viajero espiritual raramente se verá en situaciones dificiles o conflictivas con sus semejantes siempre que en ninguna circunstancia se convierta en un seguidor de las convenciones morales y sociales de las gentes.

وَ لاَ يَخَفُونَ (في اللهِ) لَومَةَ لاَئِمٍ
y que no temen (en lo relativo a los asuntos divinos) la maldición de ningún calumniador.

Esta aleya, expone la actitud que el viajero espiritual mantiene en su prosecución del camino recto y la fortaleza de la que hace gala en sus creencias y comportamientos.
En términos generales, se puede decir que el viajero debe valorar detenidamente los beneficios y perjuicios de cada situación social con la que se enfrente y no seguir ciegamente las pasiones y deseos del común de las gentes.



2º- Determinación (azm)

En cuanto el Sálek penetre en el terreno del combate espiritual, se verá enfrentado a numerosas dificultades y la gente conocida que no tiene otra meta en la vida que la satisfacción de sus deseos y pasiones y de sus ambiciones sociales, en cuanto se den vuenta del camino que ha elegido, comenzará a molestarle de palabra y de obra, a condenarle y a tratar por todos los medios de alejarle de su meta.
Se sentiran extaordinariamente molestos al confrontar la distancia que surge entre sus diferentes estilos de vida y le criticarán sus opciones tachándole de excéntrico y de cualquier cosa que pueda afectarle, con tal de conseguir que renuncie al camino que recién ha decidido seguir y se burlarán y ridiculizarán cada paso que dé en esa dirección.
Y, en cada nuevo nivel que alcance y al comienzo de cada nueva morada que se disponga a atravesar, se verá enfrentado igualmente a numerosas dificultades de las que le será imposible librarse a menos que se arme de paciencia y una firme determinación.
El Sálek, con el poder y la ayuda de Dios, deberá armarse de una determinación lo suficientemente fuerte como para poder enfrentar todas las dificultades que le surjan en el camino y, con la paciencia y la confianza puesta en Dios, ser capaz de combatir contra ellas y derrotarlas. No debe dejarse impresionar por la magnitud de sus dificultades que como un huracán tratan de frenar su ascenso hacia Dios y, para ello, deberá siempre recordar la grandeza del objetivo que se ha marcado y no permitir por nada del mundo que el temor encuentre una vía por la que penetrar en él.

وَ عَلَی اللهِ فَلِيَتَوَکَّلُ المُومِنُنَ
¡Y que los creyentes confíen en Dios!

وَ عَلَی اللهِ فَلِيَتَوَکَّلُ المُتَوَکِّلُونَ
Y que quienes confían confíen en Dios.

3º- Moderación y cuidado (rifq wa madárá)

Este es uno de los asuntos más importantes que debe observar el viajero hacia Dios, ya que el más pequeño descuido en esta cuestión no sólo frena la marcha del Sálek sino que puede provocar su exclusión del camino de manera definitiva.
Puede que el Sálek, al principio del camino, se vea asaltado por un estado de exaltación y entusiasmo mayor de lo que esperaba, o que en mitad del camino, cuando comienza a percibir las manifestaciones de la belleza divina, sienta un arrebato de amor y entusiasmo y que bajo sus efectos tome la decisión de incrementar sus actos de adoración y devoción y ocupe la mayor parte de su tiempo en plegarias y súplicas.
Comienza a multiplicar sus actos de adoración, a aprender nuevas palabras con las que dirigirse a Dios de cualquiera que se las pueda enseñar y a probar todo alimento espiritual que se ponga a su alcance.
Este comportamiento, además de que no es útil, puede ser bastante dañino ya que, al imponer a su alma una carga demasiado pesada, ésta termina sintiéndose demasiado presionada y reacciona negativamente. De esa manera, sin haber obtenido ningún resultado, el Sálek se encontrará sin fuerzas para completar las excesivas tareas que se había impuesto y además perderá el apetito y el deseo por realizar incluso el más pequeño de los actos de adoración recomendables (mustahabát).
La causa de ello es que, como resultado de sus actos de adoración voluntarios, el alma del Sálek experimenta una subida de entusiasmo que le lleva a imponerse tareas para las que ésta aún no se encuentra lo suficientemente preparada y no posee la formación y fuerzas que le permitan soportar la carga que en un momento de exaltación se impone. Así que, cuando ese momento pasa, descubre que su alma ha quedado agotada por el esfuerzo y cae al suelo, desistiendo de continuar su andadura al poco de haberla comenzado o cuando se encuentra a la mitad del camino. Se desanima y siente que en el camino espiritual existen demasiadas dificultades y requisitos. Renuncia a sus esfuerzos y abandona el camino.

Por tanto, el Sálek no se debe dejar engañar por esos momentos de exaltación y entusiamo repentinos y pasajeros. Por el contrario, lo que debe hacer es, reflexionar con atención y sopesar con cuidado sus facultades y las peculiaridades de su alma, los requerimientos de su trabajo y de sus ocupaciones personales, valorando su capacidad y sus limitaciones e imponiéndose solamente aquellas cargas que vaya a poder realizar desahogadamente y de manera continuada.
Para no saturarse, deberá marcarse obligaciones más ligeras de las que se sienta en condiciones de llevara a cabo y atenerse al cumplimiento de las mismas sin sobrepasarlas. Solamente de esa manera podrá disfrutar de los beneficios inherentes a los actos de adoración voluntarios.
Basándose en todo lo dicho, la conclusión es que, el Sálek deberá abandonar sus actos de adoración voluntarios cuando todavía sienta deseo de continuarlos, de manera que siempre esté deseoso de volver a ellos.
Debe actuar con relación a sus oraciones como alquien que se encuentra hambriento. Primero, eligirá el tipo de comida que le apetece y después, se retirará del mantel antes de encontrase tan saturado que aborrezca los alimentos, de manera que el gusto y la inclinación a comer no se apaguen en él.
Encontramos esta misma exhortación a la moderación y a la cautela en las palabras del Imam As-Sádiq, sobre él la paz, a Abdel al-Azíz Qarátísí:

يَا عَبدَ العَزِيزِ اِنَّ لِلإِيمَانِ عَشَرَ دَرَجَاتٍ بِمَنزِلَةِ السُّلَّمِ يَصعَدُ مِنهُ مِرقَاةً بَعدَ مِرقَاةٍ،
اِلَی أَن قَالَ عَليهِ السَّلاَم،
وَ اِذَا رَأَيتَ مَن هُوَ اَسفَلُ مِنکَ بِدَرَجَةٍ فَرفَعهُ اِلَيکَ بِرِفق
ٍ وَ لا َتَحمِلَنَّ عَلَيهِ مَا لاَ يُطِيقُ فَتَکسِرَهُ

¡Oh, Abd al-Azíz! En verdad, la fe posee diez niveles.
Es como una escalera que se debe subir escalón a escalón.
Luego dijo, sobre él la paz:
Cuando te encuentres con alguien que está un grado por debajo de ti, elévale a ti con moderación y no le impongas jamás
una carga que no pueda soportar y le rompa.

En términos generales, en la senda espiritual, el deseo debe ser la única y exclusiva causa de los actos de adoración.
A eso se refieren las palabras del Imam, sobre él la paz:

وَ لاَ تُکرِهُوا عَلَی اَنفُسِکُم العِبَادَةَ

No impongais a vuestra alma una adoración que aborrezca.


4º- Lealtad (wafá)

La lealtad consiste en no repetir aquellos actos de los que nos arrepentimos tras haberlos cometido una vez y en cumplir con aquello con lo que nos hemos comprometido y no dejar de hacerlo bajo ningún concepto. Consiste también en llevar a cabo aquellos actos a los que nos hemos comprometido con el maestro espiritual que nos está guiando en el camino hacia Dios.


5º- Firmeza y perseverancia

Para explicar el significado de este punto es necesario previamente exponer lo siguiente:
Por los versículos coránicos y las tradiciones proféticas sabemos que todo cuanto existe en este mundo material y que podemos percibir con nuestros cinco sentidos, y también todos los actos que realizamos en este mundo y que adquieren realidad en el mundo de las formas materiales, poseen una realidad que está más allá de esta corporeización exterior material y física y del mundo de los sentidos físicos.
En ese más allá de las manifestaciones y las particularidades, existen realidades más elevadas, libres de las vestiduras materiales, del lugar, del tiempo y del resto de los accidentes propios de la materia.
Cuando esas realidades descienden del nivel en el que tienen su existencia real y penetran en este plano de la realidad, adquieren una coporeidad material, tal como explica el noble versículo coránico:

وَ اِن مِن شَيءٍ اِلاَ عِندَنَا خَزَائِنُهُ وَ مَا نُنَزِّلُهُ اِلاَّ بِقَدَرٍ مَعلُومٍ

No existe nada de lo que Nosotros no hayamos dispuesto grandes cantidades, pero no lo hacemos descender sino en una proporción determinada.

Una explicación breve de este versículo sería la siguiente: De manera general, todo lo que existe en el mundo material, antes de manifestarse en él, posee ya una existencia en otro plano anterior sin las limitaciones de peso y medida que le impone su corporeidad, pero en el momento de su descenso y manifestación en el mundo material, adoptan una forma y unas dimensiones delimitadas por el conocimiento y el decreto divino:

مَا اَصَابَ مِن مُصِيبَةٍ في الاَرضِ وَ لاَ فِي اَنفُسِکُم اِلاَّ فِي کِتَابٍ مِن قَبلِ اَن نَبرَأَهَا،
اِنَّ ذَلِکَ عَلَی اللهِ يَسِيرٌ

No hay desgracia en la Tierra ni en vosotros mismos
que no esté en una escritura desde antes de que la ocasionemos.
Esto es algo fácil para Dios.

Como las formas físicas son delimitadas y limitadas y se encuentran sometidas a los accidentes materiales de la existencia y la destrucción, están destinadas a la decadencia, el deterioro y la aniquilación.

مَا عِندَکُم يَنفَدُ
Lo que vosotros poseéis perece.

Pero esas realidades sublimes e inmateriales, que son verdaderos tesoros y cuyo aspecto es sutil y angelical, no están sometidas a nada excepto a su existencia permanente, total y eterna.
Como el noble versículo coránico indica:

وَ مَا عِندَ اللهِ بَاقٍ
y lo que hay junto a Dios permanece.

Y a esa misma realidad se refiere la tradición profética aceptada por ambas escuelas:

نَحنس مَعَاشِرَ الأَنبِيَاءِ اُمِرنَا اَن نُکَلِّمَ النِّسَ عَلَی قَدرٍ عُقُولِهِم
A nosotros los profetas se nos ha ordenado
que hablemos a las gentes a la altura de su entendimiento.

que se refiere a la manera de explicar las cualidades de las realidades sobrenaturales, no su cantidad, pues los profetas son capaces de percibir esas realidades en su dimensión sobrenatural imposible de ser explicadas al común de los seres humanos, los cuales no acceden a esos niveles de la realidad, más que recurriendo a símbolos y términos a los que ellos están habituados y que son capaces de entender.
Y el que no puedan percibirlas se debe a que el intelecto de las personas, debido a la atención que prestan a los encantos superficiales de este mundo material y a sus vanos deseos y pasiones, se opaca y atrofia y no les permite apreciar las realidades puras y sutiles en su estado original. Por eso, los grandes profetas han de hablar a las gentes como quien habla a niños pequeños y se ven obligados a explicarles las realidades superiores con ejemplos sencillos de entender por mentes aun no formadas y maduras.
Puesto que los grandes profetas de Dios tienen la responsabilidd de proteger y difundir los mensajes divinos, las leyes y mandatos que Dios envia a la humanidad para enseñarles a usar correctamente la libertad que Él les ha dado, tienen la obligación de transmitirlo sin eliminar ni empobrecer lo más minimo de él. Pero, limitados por el nivel de comprensión de la gente, utilizan un lenguaje tan sencillo que, a veces, da la impresión de que su mensaje carece de una mayor profundidad y significado, cuando en realidad, todas las disposiciones y reglamentaciones de la ley divina, como son las relativas a la oración, el ayuno, la peregrinación a la Kaba, el combate en defensa de la causa de Dios, la misericordia y la piedad, el pago de los impuestos purificadores de la riqueza, las limosnas, la defensa del bien y la censura del mal, y otros semejantes, poseen profundas cualidades y guardan dentro de sí un hondo significado esotérico.

Se llama Sálek a quien, con la ayuda y la bendición de Dios y con paso decidido y esforzado, a la sombra de una adoración humilde, de la modestía, de la súplica, el lamento y la discreción y apartando los velos y corazas de su corazón y de su mente y con un intelecto puro y un alma replandeciente y luminosa, sin recovecos ni artificios, con sinceridad y pureza, se esfuerza por ser testigo de esas sublimes realidades en este mismo mundo oscuro y materialista.
Sucede con frecuencia que el Sálek presencia el verdadero aspecto de esa misma ablución y oración cotidianas y ve que ellas son miles de veces más sublimes desde el punto de vista de la percepción interior y la iluminación que lo que parecen en su apariencia externa, tal y como se recoge en las transmisiones de los Imames Purificados, la paz de Dios sea sobre todos ellos, que recogen sublimes y preciosísimas descripciones de las formas arquetípicas (suwar mizalí) que las prácticas de adoración poseen en el mundo intermedio (barzaj) y en el Día del Levantamiento (qiyámah) y de cómo los seres humanos podrán hablar con ellas. Y también en el Sagrado Corán, existe un versículo que nos explica cómo los órganos humanos poseen la facultad de hablar y oir.
Por tanto, uno no debe pensar que, por ejemplo, una mezquita esta simplemente compuesta de ladrillos y barro, pues en realidad es un ser vivo, capaz de percivir y de hablar.
Por ello, en una tradición profética se puede leer que el Día del Levantamiento, el Corán y la mezquita expondrán sus demandas ante su Creador.

Un viajero en la senda de Dios se encontraba un día descansando en su lecho. Al tratar de volverse de un lado escuchó repentinamente un quejido saliendo de la tierra. Al buscar la causa del mismo, descubrió o le fue revelado que la tierra se había lamentado al sentir que su cuerpo se apartaba de ella.

Una vez expuestos estos prolegómenos, podemos ahora decir: El Sálek debe establecer, mediante sus prácticas perseverantes y continuadas, esa forma angelical inmaterial (súrat-e malakutiyah muyarradah) en su alma, de manera que esos estados se conviertan en una estación permanente.
Mediante la repetición de cada acto, deberá llegar a percibir el placer espiritual que cada uno de esos actos de adoración proporciona y no debe abandonarlos hasta que no consiga experimentarlo.
Esa dimensión propia del mundo angelical que cada acto de adoración posee, solamente llega a percibirse y experimentarse cuando el Sálek realiza esos actos de adoración de manera firme y continuada hasta establecerlos como una característica de su personalidad. Entonces, cada uno de ellos penetrará profundamente en su alma y nunca más saldrá de ella.
Así pues, el Sálek deberá esforzarse por elegir aquellos actos que están en consonancia con sus facultades y capacidades y si se da el caso de que no se siente dispuesto a establecerlos y darles continuidad, mejor es que ni siquiera los inicie ya que, al abandonar una acto a medias sin llevarlo a término, la realidad inmaterial del mismo se vuelve hostil a él y le priva de sus beneficios, por lo que puede que el efecto que eso provoque en el alma sea el opuesto a aquel que se busca obtener al realizarlo. Busquemos refugio en Dios de ello.
Y lo que significa que ese acto se vuelva hostil a él, es que, cuando el Sálek lo abandona, la realidad metafísica del acto reacciona abandonándole y llevandose con ella los beneficios inherentes que esa acción en particular aporta al alma y, como ese acto procuraba un efecto iluminador, esclarecedor y benéfico, el alma se ve privada de él e inevitablemente sufre su efecto contrario y la oscuridad, la confusión y el perjuicio ocuparan su lugar, pues la realidad es que

لاَ يُجَدُ عِندَ اللهِ اِلاَّ الخَيرُ وَ اَمَّا الشُّرُورُ وَ القَبَائِحُ وَ الظُلُمَاتُ اِنَّمَا هِيَ مِن اَنفُسِنَا
Junto a Dios sólo se encuentra el bien, mientras que el mal, la fealdad y la oscuridad proceden de nosotros mismos.

Por tanto, cualquier error, limitación o imperfección que pueda manifestarse, es el mismo ser humano quien la genera.

وَ الشَّرُّ لَيسَ اِلَيکَ
Pues el mal no puede atribuirse a Ti

Basándose en esto, queda claro también que las efusiones de la gracia divina (feyúdát) no son exclusivas sino que pertenecen al area del señorio divino (suqu rububí) y de la ilimitada misericordia divina (maqam-e rahmat-e ná mutanáhí) y abarcan a todos los seres humanos, musulmanes, judíos, cristianos, zoroastrianos, e incluso a los adoradores del fuego y a los idólatras. No obstante, la especificidad de quienes la reciben puede llevar a algunos a realizar elecciones equivocadas, de manera que la misericordia divina puede ser causa de disfrute, felicidad y alegría para algunos y de angustia y preocupación para otros.


6º- Vigilancia espiritual permanente (muráqabah)

Consiste en que el Sálek, en cualquier situación y estado en el que se encuentre, permanezca atento y vigilante para no dejar de cumplir ninguna de sus obligaciones, ni desviarse de lo que le ha sido encomendado.
La vigilancia espiritual permanente es un concepto muy general y en cada diferente estado, nivel y morada que el Sálek experimenta, posee un significado específico.
Al principio de su camino significa que el Sálek debe alejarse de aquello que no beneficia a su práctica religiosa ni a sus asuntos cotidianos y también de aquello que no es de su incumbencia y esforzarse por no contrariar, ni de palabra ni de obra, aquello que agrada a Dios, pero, poco a poco, esta vigilancia se torna más extricta y se intensifica grado a grado.
A veces significa poner atención en no romper su silencio, otras en vigilar su ego y otras, en planos superiores de la realidad, prestar atención a los Nombres y Atributos generales de la divinidad.
Si Dios quiere, comentaremos más adelante en detalle sus niveles y grados.

7º- Recuento de los actos y de los estados interiores (mohásebat)

Significa asignar un tiempo específico del día y de la noche para uno mismo y durante ese tiempo realizar un recuento de los actos realizados.
Refiriendose a esto, su Santidad Imam Musa ibn Yafar, sobre él la paz, ha dicho:

لَيسَ مِنَّا مَن لَم يُحَاسِب نَفسَهُ کُلَّ يَومٍ مَرَّةً
No es de los nuestros quien no realiza
un recuento de sus actos una vez al día.

Y si al hacerlo descubre que se ha apartado en algo de sus obligaciones, debe buscar el perdón de Dios y si descubre que ha cumplido con ellas, debe dar gracias por ello a su Creador Excelso.


8º- Auto censura (muájadat)

Consiste en que el Sálek, si descubre que ha cometido una falta, adopte algun el tipo de medidas correctivas para no volver a traicionarse.

9º- Acción expeditiva (musáraat)

Cuando el viajero decide algo debe ponerlo en práctica inmeditamente.
Como en este camino existen numerosas dificultades y en cada estación se encontrará con los obstáculos propios de los estados que vaya atravesando, el Sálek debe ser extremadamente inteligente y despierto y realizar atenta y puntualmente sus obligaciones sin perder ni un minuto en el camino para llegar así a su meta antes de que esos obstáculos aparezcan y le manchen sus blancas vestiduras.

10º- Cariño (erádat)

Cariño hacia el Maestro de las eseñanzas religiosas, el Profeta Muhammad, y hacia sus legítimos herederos, los Imames Purificados de la Familia Profetica.
El Sálek deberá entregar su cariño con toda pureza, sin que quede en su corazón la más mínima duda o velo. Es importante que, en este estadío alcance el mayor grado posible, ya que el cariño hacia el Profeta y su familia purificada tiene un efecto inmenso en los resultados de su adoración. Cuanto mayor sea ese cariño, mayor será el efecto de sus oraciones y ejercicios espirituales sobre su alma.
Como todos los seres que existen son criaturas de Dios, el Sálek debe amar a todos ellos y respetarlos de acuerdo al nivel y grado que cada uno ocupa en la creación. El amor y la amabilidad con los seres creados, sean estos elementos, plantas, animales o seres humanos, es el producto del amor por Dios, ya que todos ellos han sido creados por Él, tal y como vemos en una tradición profética reflejado:

اِلَهِی أَسأَلُکَ حُبَّکَ وَ حُبَّ مَن يُحِبُّکَ
¡Dios mio! Te pido que me hagas amarte y amar a quien Te ama.


اُحِبُّ بِحُبِّهَا تَلَعاَتِ نَجدٍ وَ مَا شَغَفَی بِهَا لَولاَ هَوَاهَا
أذِلُّ لِآلِ لَيلَی فِي هَوَاهَا وَ أحتَمِلُ الأَصَاغِرَ وَ الکِبَارَ

Amo, por amor a ella, las dunas del Nayd
Y ¿Qué amaría si no fuese por la brisa que la rodea?
Me humillo ante la familia de Laila por la brisa que la rodea
Y soporto la carga del más humilde y del más noble de ellos

11º- Respeto y buenos modales (adab)

Hacia el Señor Topopoderoso y hacia Sus profetas.
Este punto presenta diferencias con el punto anterior (eradat), pues adab significa atención sobre uno mismo para no sobrepasar los límites debidos a la adoración y cometer actos inadecuados.
El ser contingente debe observar ciertos límites respecto al Ser Necesario y los requisitos propios de ese adab consisten en respetar las leyes del mundo de la multiplicidad, mientras que eradat tiene que ver con el deseo y la atracción hacia la Sagrada Unidad y eso implica dirigir la atención hacia el Uno.

La relación que existe entre adab e iradat es semejante a la que existe entre los actos obligatorios (wáyeb) y los prohibidos (harám) en las cuestiones prácticas (ahkám), ya que el Sálek, para el cumplimiento de los actos obligatorios, centra su atención en el Amado, mientras que para abstenerse de los actos prohibidos centra su atención en sus propios límites para no transpasarlos y salirse del marco propio de la adoración.
En realidad, la manera de observar el adab es adoptar un camino intermedio entre el temor y la esperanza (jauf wa rayá) pues no observar los requisitos propios del adab se traduce en un exceso de expansión espiritual (enbesát) y no es aconsejable que está sobrepase unos determinados niveles.

El fallecido Hayy Mirza Alí Qadí, que Dios esté satisfecho de él, poseía una estación de expansión espiritual y de enamoramiento que sobrepasaba a la de su temor y eso mismo le sucedia al fallecido Hayy Sheij Muhammad Bahárí, la misericordia de Dios sea con él, mientras que en el caso de Hayy Mirza Yawad Aqa Maliki Tabrizí, quiera Dios estar satisfecho de él, su estación de temor sobrepasaba a la de esperanza y expansión espiritual, como puede observarse claramente al leer sus discursos.
Al Sálek cuya estación de expansión espiritual (embesát) es el rasgo dominante en él, se le denomina jarabatí, (frecuentador de la taberna) mientras que a aquel cuya estación dominante es el temor (jauf) se le denomina munayatí (suplicante), pero la perfección consiste en observar el equilibrio y eso significa poseer total expansión y al mismo tiempo total temor, pero ese estado pertenece en exclusiva a los Imames Purificados, sobre ellos la paz.

Volviendo al tema que estamos tratando y para concluir, diremos que adab significa que el ser contingente no debe olvidarse de sus límites en tanto que ser contingente.
Por esa misma razón, cuando en presencia de su Santidad el Imam Yafar as-Sádeq, sobre él la paz, alguien decía cualquier cosa que implicase una exageración, él ponía su bendita frente en el suelo en señal de humillación y humildad ante la grandeza del Creador y la insignificancia de la criatura.

La observación perfecta del adab consiste en que el Sálek se vea a sí mismo ante la presencia de la Verdad Altísima, glorificada y ensalzada sea, en todo estado y momento y bajo cualquier circunstancia y tanto cuando hable como cuando calle, cuando coma o duerma, esté quieto o en movimiento, observe las normas propias del adab. Si el Sálek está permanentemente atento a los Nombres y Atributos divinos, su adab y su humildad se reflejarán de manera evidente en él.

12º- Intención (niyah)

Consiste en que el Sálek no tenga otra intención en el camino más que el camino mismo y la aniquilación en la Esencia Divina, para ello, el viaje del Sálek debe ser puro y sincero:

فَادعُوا اللهَ مُخلِصِينَ لَهُ الدِّينَ
Por tanto ¡Volveos a Dios poniendo vuestra fe únicamente en Él!

En muchas tradiciones proféticas encontramos que la fe posee tres niveles. En una de ellas, dice el Imam As-Sádeq, sobre él la paz:

العُبَّادُ ثَلاَثَةٌ:قَومٌ عَبَدُوا اللهَ خَوفاً فَتِلکَ عِبَادَةُ العَبِيدِ
وَ قَومٌ عَبَدُوا اللهَ طَمَعاً فَتِلکَ عِبَادَةُ الاُجَراَءِ
وَ قَومٌ عَبَدُوا اللهَ حُباً فَتِلکَ عِبَادَةُ الأحرَارِ

Los que adoran a Dios son tres (categorías): Los que adoran a Dios por temor. Esa adoración es la de los esclavos. Los que adoran a Dios por deseo de obtener algo a cambio. Esa es la adoración de los comerciantes. Los que adoran a Dios por amor. Esa es la adoración de los seres libres.

Si prestamos atención, nos daremos cuenta con facilidad que las dos primeras formas de adoración no son correctas, ya que no son realizada por ni para Dios, sino por y para sí mismos, por lo tanto, en realidad se adoran a sí mismos y no a Dios Altísimo, ya que las motivaciones de su adoración son satisfacer sus propios intereses y deseos. Y, como la adoración a sí mismo y la adoración a Dios son incompatibles, estas gentes, en realidad, niegan a Dios y por lo tanto no son creyentes.
Pero, como el Noble Corán ha declarado, el principio de la adoración a Dios es inherente a la naturaleza de todos los seres y en los principios creadores no se producen cambios jamás:

فَأقِم وَجهَکَ لِلذِّينِ حَنِيفاً فِطرَةَ اللهِ الَّتِی فَطَرَ النَّاسَ عَلَيهَا لاَ تَبدِيلَ لَخَلقِ اللهِ
ذَلِکَ الدِّينُ القَيِّمُ وَلَکِنَّ اَکثَرَ النَّاسِ لاَ يَعلَمُونَ

Levanta, pues, tu rostro hacia la religión, como un buscador de la fe pura, siguiendo la naturaleza esencial en la que Dios ha creado a los seres humanos -En la creación de Dios no hay cambios- Esta es la verdadera religión pero la mayoría de las personas no tienen conocimiento.

Por lo tanto, la persona no se desvía del camino de la adoración, sino del camino mismo de la creencia en la Unidad de Dios. No cren en la unidad de los Nombres y los Atributos, sino que ponen junto a Él a otro distinto de Él, que es al que adoran. Esa es la causa por la que el Corán repite constantemente que Dios es Uno y Único y que en su divinidad no tiene socios.
Así pues, los dos grupos primeros mencionados, contemplan a Dios como un socio de la adoración que ellos realizan a sus propios deseos y metas. Cada vez que adoran a Dios en realidad se están adorando a ellos mismos.
Ellos realizan su adoración con la mente y la intención puesta en dos objetivos al mismo tiempo y eso no es otra cosa que puro politeismo, por tanto, en realidad esos dos primeros grupos son politeístas en relación a Dios, lo cual, como el mismo Corán afirma, es un pecado imperdonable:

اِنَّ اللهَ لاَ يَغفِرُ اَن يُشرَکش بِهِ وَ يَغفيرُ مَا دُونَ ذَلِکَ لِمَن يَشَاءُ
En verdad, Dios no perdona que se adore a nadie junto a Él pero, excepto eso, perdona a quien Él quiere.

Por tanto, su adoración no dará frutos jamás y nunca les acercará a Dios.
Pero en cambio, el tercer grupo, quienes adoran a Dios por el amor que sienten por Él, que es la manera de adorar que tienen los espíritus libres, y de los que en algunas tradiciones proféticas se dice:

تِلکَ عِبَادَةُ الکِرَامِ
Esa es la adoración de los nobles

realizan la adoración correcta, la cual solamente es alcanzada por los puros de la corte divina.

فَهَذَا مَقَامٌ مَکنُونٌ لاَ يَمَسُّهُ اِلاَّ المسطَهَّرُونَ
Asi pues, esta estación secreta sólo la alcanzan los purificados

Amor significa atracción, atracción hacia alguna otra cosa o ser. Este tercer grupo es el de quienes realizan su oración y sus actos de adoración subyugados por el amor y la atracción que sienten hacia Dios y excepto eso, no tienen otra meta o intención. Es unicamente la atracción pura que sienten en sus corazones hacia el Amado la que les pone en movimiento y les lleva hacia ese sagrado santuario (harím).
En algunas tradiciones proféticas encontramos que se dice: “Adorad a Dios Altísimo pues Él es merece ser adorado.”
Es evidente que este merecimiento no emana de Sus atributos, sino directamente de Su Esencia Sagrada, Glorioso en Su Majestad e Inmenso en Su obra.

Dicho brevemente: puesto que es Dios, adoradle.

اِلَهیِ مَا عَبَدتُکَ خَوفاً مِن نَارِکَ
وَ لاَ طَمَعاً في جَنَّتِکَ
بَل وَجَدتُکَ اَههلاً لِلعِبَادَةِ فَعَبَدتُکَ
اَنتَ دَلَلتَنِی عَلَيکَ وَ دَعَوتَنی اِلَيکَ
وَلَولاَ اَنتَ لَم أدرِ مَا اَنتَ
¡Dios mio! No te he adorado por temor a Tu Fuego
ni por deseo de Tu Jardín,
sino que encontré que Tu merecías ser adorado y Te adoré.
Tú me guiaste hacia Ti y me llamaste a Ti
y si no fuera por Ti yo no habría sabido quien eras Tú.

El Sálek en el camino a Dios comienza su camino por amor, pero después de haber atravesado algunas moradas y obtener un cierto grado de perfección se dará cuenta de que el amor y el Amado son dos cosas diferentes, por ello se esforzará por abandonar el amor que hasta ese momento era su instrumento en el camino y la escalera para su progreso.
Hasta ese momento el amor era un intrumento eficaz para él pero ahora siente que se ha convertido en un obstáculo para su progreso, por lo que, desde ese momento, sólo tendrá como meta al Amado mismo y realizará su adoración a Él por su condición de Amado (mahbúbiyat) y nada más.
Pero, de nuevo, cuando avanza unos cuantos pasos y atraviesa algunas moradas más, siente que esta forma de adoración tampoco esta libre de la mancha del politeismo, ya que en esa forma de adoración se ve a sí mismo como el amante y a Dios como el Amado.
Y, dado que concebir al amante separado del Amado implica separación y dualidad, piensa que tener al Amado en la mente mientras realiza sus oraciones está en contradicción con adorar la Sagrada Esencia de Dios Altísimo. Así que, desde ese momento, se esfuerza por olvidarse del amor y del Amado como dos cosas separadas y por transcender el estadío de la dualidad para dejar atrás el mundo de la multiplicidad y penetrar en el mundo de la unicidad.
Desde ese momento, la intención (niya) deja de tener sentido en el corazón del viajero, pues una vez eliminada la personalidad y la yoidad (judiyat) ya no queda nadie del que pueda surgir intención.
Hasta alcanzar esta estación, el Sálek buscaba una contemplación (shuhúd), un desvelamiento (kashf), una revelación (mukáshafa), pero ahora que ha alcanzado esta estación ya no queda nadie buscando, ya no posee más una voluntad independiente capaz de marcarse metas y objetivos. En este estado, el corazón y los ojos del Sálek quedarán velados al ver y al no ver, al llegar o al no llegar, al conocer o al no conocer, al rechazo o a la aceptación.
Dice Hafez Shirazí:

با خرابات نشينان زکرامات ملاف
هر سخن جائی وهر نکته مقامی دارد

Con los habituales de la taberna no hables de milagros.
Cada palabra tiene su momento y cada punto su sitio.

Se cuenta que Báyazíd Bistámí dijo en cierta ocasión:
“El primer día abandoné el mundo, el segundo día abandoné la Otra Vida, el tercer día renuncié a cualquier cosa que no fuera Dios, el cuarto día me fue preguntado:
مَا تُريد؟
“¿Qué deseas?” Yo respondí:
اُريدُ اَن لاَ اُريدَ
“Deseo no desear nada.”

Con ello alude a las cuatro moradas que algunos sabios han mencionado, diciendo al tratar de caracterizarlas:
primero, renunciar a este mundo;
segundo, renunciar al mundo siguiente;
tercero, renunciar al Maestro;
cuarto, renunciar a la renunciación.
Así pues, ¡Presta atención!

La renuncia a los deseos (qat-e tama) entre los Sálekin consiste en alcanzar ese plano excelso y extremadamente dificil de conseguir, ya que atravesarle es una árdua tarea llena de dificultades que no se consigue con facilidad, pues el Sálek, después de mucha reflexión y cuidado, se da cuenta de que, en cada una de las estaciones y moradas que ha atravesado, no ha estado libre de deseos e intenciones (qasd wa niya) sino que, en lo más profundo de su corazón, albergaba ciertas ambiciones y expectación, aunque tan solo fuera la de eliminar las debilidades e imperfeciones de su alma y alcanzar la perfección y la excelencia espiritual.
Si el Sálek se esfuerza con ayuda de su mente en escapar del mundo de sus deseos y esperanzas, por mucho que lo intente no obtendrá ningún resultado, pues ese mismo esfuerzo por no albergar deseos en su corazón es un deseo en sí mismo y la existencia de este deseo por sí misma en una prueba suficiente de que el viajero no ha alcanzado aun el plano de la separación y la abstracción de sí mismo (tachríd).
Yo mismo le planteé un día este arduo misterio a mi maestro Hayy Mirzá Alí Aqá Qádí, quiera Dios estar satisfecho de él, y le pedí que me ayudase a resolverlo.
Me dijo: “Este problema sólo puede resolverse siguiendo el método de la incineración (ehráq). Consiste en comprender con profundidad la naturaleza intíma en la que Dios te ha creado. Es decir, entender que Dios te ha creado como un ser que desea y que por mucho que desees eliminar de ti el deseo, solo conseguirás acceder a otro deseo mayor aun, pues la facultad de desear forma parte de la misma naturaleza humana y no puede ser erradicada.
Cuando la persona comprende la imposibilidad de lograr ese propósito, de manera natural, al reconocer su impotencia, deposita su esperanza en Dios Altísimo para que sea Él quien le libre de todo deseo y abandona todo esfuerzo por acabar con su intenciones por sí mismo. Es así como consigue el éxito, pues no hay mejor manera de acercarse a Dios que reconocer y aceptar la propia insignificancia. El reconocimiento de su impotencia e indefensión “incinera” la raíz de los deseos de su naturaleza original y le transforma en un ser puro y purificado.”

Desde luego, debe entenderse que alcanzar esta comprensión no puede ser jamás el resultado de una especulación teórica y que mediante el razonamiento deductivo es imposible obtener ese resultado. La percepción real de este asunto implica alcanzar un estado en el que el profundo sentimiento interior de impotencia y debilidad nos lleve al abandono que nos permita “saborear” (dauq) ese estado de aniquilación de los deseos. Quien haya paladeado este estado interior, aunque sólo sea una vez en su vida, habrá podido comprender que no hay placer en este mundo que pueda comparársele.
La razón por la que se denomina a este método el “método de la incineración”, es que abrasa de una vez el haz de la propia identidad, las intenciones, las ambiciones y los problemas, cortándolas desde la base y la raíz, y liberando a la naturaleza del Sálek de ellas y de sus consecuencias de forma definitiva.

En el Noble Corán encontramos referencias al “método de la incineración”. Si alguien usa este método para alcanzar su meta y se esfuerza en él, podrá recorrer en poco tiempo el camino que, de otra manera, le llevará un buen número de años recorrer y le exigirá grandes esfuerzos.
Una de las referencias que se hace en el Corán a este método es la que encontramos en la palabra “retorno”:

اِنَّ لِلَّهِ وَ اِنَّ اِلَيهِ رَجِعُونَ
“¡En verdad, pertenecemos a Dios y, en verdad, a Él retornamos!”

Las personas podemos enfrentar de diferentes maneras las dificultades, la adversidad y la llegada de los problemas y las pruebas. Por ejemplo, podemos recordar que todo ser humano ha de enfrentarse con las dificultades y la muerte y, de esa manera, encontrar poco a poco consuelo y resignación ante lo inevitable, pero con el método de la incineración y de la inspiración que el término “retorno” implica, Dios nos provee de un instrumento que nos permite acortar el camino y eliminar nuestros sufrimiento de una vez.
La persona debe recordar que él mismo y todo lo que posee, pertenece en realidad a Dios, que nos lo ha entregado como un depósito temporal, que nos lo da un día para reclamárnoslo al día siguiente, sin que nadie pueda hacer nada para evitarlo.
Cuando la persona percibe con claridad que jamás poseyó nada desde el principio, y que la idea de que su vida, su familia, sus hijos y sus bienes le pertenecían era una pura ilusión; que la vida y todo lo que en ella hay pertenece a Aquel que puede darla y retirarla cuando quiere, podrá escapar a la tristeza y al dolor de la pérdida y recuperar su equilibrio y tranquilidad.
Entender que Dios ha creado al ser humano así, con deseos y esperanzas, permite comprender que El Dueño Absoluto de la riqueza ha creado al ser humano carente de todo, pobre, indefenso, desde un principio; que, cuando Dios amasó la pasta de su esencia (jamir-e seresht), incluyó en ella, desde el principio, la carencia y la indigencia.
Por ello, no se necesitan pruebas para demostrar la indigencia del ser humano, ni para demostrar la necesidad de pedir del que carece de todo. Nadie tiene derecho a criticar al que es indigente por pedir. Por ello, el Sálek debe saber, desde el principio que ha sido amasado en la pobreza y la carencia y que no podrá jamás romper el diente del deseo ni lavar las manos de la esperanza.
Por otro lado, puesto que la aniquilación en la Divina Esencia del Uno, que es la base de la adoración de los seres libres, es incompatible con la permanencia del deseo y la intención, el Sálek se ve abocado inevitablemente a la desesperación que provoca en él enfrentarse a un dilema irresoluble.
Paradójicamente, es ese estado de desesperación al que le aboca su búsqueda sincera y desesperada de aniquilación en el Uno la que le permite aniquilarse en el reconocimiento de su infinita insignificancia y que, al librarle de la yoidad (anniya) le permite acceder a la morada en la que deja de verse a sí mismo y a Dios como dos entidades diferentes y en la que, por tanto, ya no existe nadie capaz de formular deseos.
¡Compréndelo y reflexiona en ello detenidamente!

13º- Silencio (Samt)

El silencio puede ser de dos tipos: silencio general y relativo (ál wa mudáf) y silencio especial y absoluto (jáss wa mutlaq).
El silencio general y relativo (ál wa mudáf) consiste en proteger la lengua de hablar con la gente más allá de lo necesario.
El Sálek deberá limitar su conversación a lo verdaderamente imprescindible. Mantener un estado de silencio es esencial cuando se pretender seguir el camino espiritual y el viajero deberá hablar lo menos posible durante toda su vida y en todo momento y circunstancia. Se podría decir que es encomiable mantenerse en absoluto silencio.
El Imam, sobre él la paz, indica esto mismo en sus palabras:

شيِعَتُنَا الخُرسُ
Nuestros seguidores (shiatuná) son callados.

Y también lo que se ha recogido del Imam as-Sádeq, sobre el la paz, en Misbáh al-Sharíah:

الصَّمتُ شِعَارُ المُحِبِّينَ وَ فِيهِ رِضَا الرَّبِّ وَ هِوَ مِن اَخلاَقِ الأَنبِيَاءِ وَ شِعَارِ الأَصفِيَاءِ
El silencio es la actitud de los amantes de Dios y en él reside la satisfacción del Señor. Él es parte del comportamiento de los profetas y la actitud de los puros.

Y en otra tradición del Imam Alí Ar-Ridá, recogida por Baznatí, leemos:

الصَّمتُ بَابٌ مِن اَبوَابِ الحِکمَةِ وَ اِنَّهُ دَلِيلٌ عَلَی کُلِّ خَيرٍ
El silencio es una de las puertas de la Sabiduría y causa de todo bien.

La segunda clase de silencio es el silencio especial y absoluto (jáss wa mutlaq) y consiste en no hablar con nadie cuando uno esta ocupado con invocaciones y recitaciones (dikr) que han de repetirse un número determinado de veces.
En el resto de las ocasiones no es aconsejable un silencio absoluto.

14º- Frugalidad (Yu)

Consiste en abstenerse de los excesos en la alimentación mientras no suponga debilitar el organismo o provocar alteraciones psicológicas.
Sobre ello dijo el Imam as-Sádeq:

الجُوعُ اِدَامُ المُؤمِنِ وَ غِذَاءُ الرُّوحِ وَ طَعَامُ القَلبِ
La frugalidad es el condimento del creyente,
el alimento del espíritu y la comida del corazón.

Ya que la frugalidad aligera el alma y la ilumina y el cuerpo hambriento permite que el pensamiento se eleve. Por el contrario, comer en demasía y llenar el estómago agota el espíritu, le vuelve pesado y le impide remontar el vuelo hacia el cielo del conocimiento esotérico.
El ayuno es uno de los actos de adoración más recomendables. En los relatos sobre el ascenso a los cielos (mirach) del Mensajero de Dios, la paz sea con él y con su familia purificada, se encuentran las maravillosas descripciones que Dios Altísimo le hace a Su amado profeta sobre los beneficios de la frugalidad, el ayuno y sus consecuencias en el viaje espiritual.
Podemos encontrar esas descripciones en detalle en la obra de Abu al-Hasan Muhammad Daylamí, Al-Irshád y en el tomo XVII de Bihár al-Anwár de Muhammad Báqer Maylesí.

El fallecido Ustad Qádí, que Dios esté satisfecho de él, tiene un relato en el que se describen los sorprendentes beneficios de la frugalidad. En él dice:
“En el tiempo de los primeros profetas hubo tres amigos que, yendo de viaje, llegaron a una ciudad en la que eran desconocidos. Llegó la noche, cada uno de ellos se fue a buscar algo que comer por su lado no sin antes acordar que al día siguiente volverían a encontrarse en aquel mismo lugar a una hora determinada.
Uno de ellos recibió una invitación para cenar y el otro se invitó a cenar a sí mismo. El tercero de ellos, no encontrando donde cenar se dijo a sí mismo: “Iré a la mezquita y seré el invitado de Dios.” Pasó la noche en la mezquita pero no pudo saciar su hambre.
A la mañana siguiente los tres amigos volvieron a encontrarse y cada uno de ellos relató lo que le había sucedido mientras habían estado separados.
Mientras, Dios Altísimo le reveló al profeta de aquella época: “Dile al que fue Nuestro invitado que Nosotros habíamos aceptado ser los anfitriones de un huésped tan querido. Deseando ofrecerle lo mejor, buscamos en Nuestro Tesoros Ocultos los mejores alimentos que podíamos ofrecerle, pero no encontramos nada que pudiese ser mejor para él que el ayuno.”


15º- Retiro espiritual (Jalwa)

El retiro espiritual puede ser de dos clases: común y específico.
El retiro espiritual común consiste en no relacionarse más que con la gente de Dios y en mantenerse apartado especialmente de la gente de poco discernimiento, excepto en aquellas cosas que resulten inevitables.

وَ ذَرِ الَّذِينَ اتَّخَذُوادِينَهُم لَعِباً وَ لَهواً وَ غَرَّتهُمُ الحَيَوةُ الدُّنياَ
Abandona a quienes toman sus creencias a juego y distracción
y han sido seducidos por la vida de este mundo.

El retiro espiritual específico consiste en alejarse de todo el mundo.
Aunque eso está lleno de bendiciones cuando uno está ocupado con sus actos de adoración y la recitación (dikr), es condición imprescindible cuando se realizan cierto tipo de invocaciones verbales, y posiblemente en todas ellas, y así lo consideran todos los maestros de la senda espiritual.
Para ello, existen algunas condiciones que deben ser tenidas en cuenta:
Debe uno alejarse de sitios concurridos y ruidosos y buscar un lugar donde pueda estar tranquilo y no haya ruidos ni voces que le puedan distraer.
Debe uno procurarse un lugar vacío de elementos que puedan distraerle y purificado de toda suciedad e impureza desde el techo al suelo.
Debe ser un sitio reducido, de manera que no quepa en el más de una persona, y estar libre de adornos mundanos, ya que todo ello facilita la concentración personal y el recogimiento interior.

Una persona le pidió a Salmán el Farsi, que Dios esté satisfecho de él, que le permitiese construir una vivienda para él, pues no poseía vivienda alguna. Salmán no le concedió su autorización y esta persona le dijo: “Yo se por qué no me das tu permiso”.
Salmán le respondió: “Dime cuál crees que es la razón.”
El hombre dijo: “ La razón es que tu quisieras una casa no mayor que las dimensiones de tu propio cuerpo y piensas que esa casa no se puede construir.”
Salmán le contestó: “Así es. Tienes razón.”
Finalmente, el hombre consiguió el permiso de Salmán y le construyó la pequeña casa que él deseaba.

16º- Vigilia (Sahar)

Consiste en levantarse antes del amanecer, lo más pronto que la naturaleza del Sálek le permita.
Dios Altísimo condena el dormir cuando llega el amanecer y alaba la costumbre de permanecer despierto en él:

کَانُوا قَلِيلاً مِن اللَّيلِ مَا يَهجَعُونَ وَ بِالاَسحَارِهُم يَستَغفِرُونَ
Eran de los que dormían poco durante la noche
y antes del amanecer pedían perdón.

17º- Permanecer siempre en estado de pureza
(dawám al-tahára)

Consiste en mantener siempre los estados de purificación mayor (igsal) y menor (wudú) obligatorios, realizar el baño purificador recomendable de los viernes y también el resto de los baños purificadores recomendables, en la medida de lo posible.

18º- Humildad y modestia (tadarrú)

Consiste en comprender y recordar siempre la propia insignificancia e indigencia y en recurrir al llanto liberador ante Dios.

19º- Apartarse de los placeres (ehterás az ladáiz)

Consiste en controlar los deseos y apetitos personales hasta donde nos sea posible y apartarse de lo que nos fortalece el cuerpo y la vida más allá de lo que es imprescindible para mantenernos vivos.

20º- Mantener ocultos lo secretos (ketmán-e sirr)

Esta es una de las condiciones más importantes del camino espiritual.
Los maestros espirituales han dado mucha importancia a esta cuestión y la han aconsejado a sus discípulos con mucho énfasis, tanto en lo que tiene que ver con los actos, la realización de oraciones y actos de adoración, recitaciones y letanías (amal, awrád wa adkár), como en lo relativo a las percepciones, desvelamientos y estados que se experimentan. Incluso lo han ordenado en aquellos asuntos que es imposible disimular y resulta inevitable o imperativo declararlos, diciéndo que si no se puede recurrir al disimulo (taqiyah) se debe intentar recurrir al engaño (tauriah), hasta el punto que aconsejan abandonar la realización temporal del acto para que otros no descubran que se está realizando y mantener en secreto el que uno se ocupa de prácticas de adoración que van más allá de las comunes.

وَ اَستَعِينُوا عَلَی حَوَائِجِکُم بِالکِتمَانِ
Y esfuérzate en satisfacer tus necesidades manteniendo el secreto

Muchas dificultades y problemas se evitan manteniendo ocultos los secretos y disimulando nuestras prácticas espirituales, mientras que el abandono de estas precauciones provoca multitud de problemas y dificultades. Para enfrentarse a ellas cuando aparecen es también muy necesario recurrir a la paciencia:

وَ اَستَعِينُوا بِالصَّبرِ وَ الصَّلَوةِ وَ اِنَّهَا لَکَبِيرَةٌ اِلاَّ عَلَی الخَاشِعِينَ
Buscad ayuda en la paciencia y en la oración.
En verdad, la oración es una carga pesada,
excepto para los que son humildes.

Cuando en este noble versículo se refiere a la oración, lo hace en el sentido literal del término, es decir, poniendo la atención en el Supremo Creador. Así pues, la manera de enfrentar las dificultades y la adversidad cuando surgen consiste en recurrir a la paciencia, a la templanza y al recuerdo de Dios. Y de esa manera aliviar los sufrimientos y obtener la victoria en el combate espiritual.
Es por eso que vemos a las personas que, en condiciones normales, se quejarían amargamente si se cortasen un poco el dedo mientras cocinan en su casa, acudir al frente de batalla y enfrentarse con los enemigos de sus creencias sin temor a ser heridos o a perder un pie, una mano o cualquier otra parte de su cuerpo y sin sentir la más mínima flaqueza o pánico.

Los Imames Purificados, sobre ellos la paz, han insistido mucho en este principio general del “disimulo” (ketmán), llegando a considerar el abandono del mismo uno de los grandes pecados.

Un día, Abu Basír pregunto al Imam As-Sádeq, sobre el sea la paz:
“¿Podrá Dios ser visto el Día del Juicio?”
(Ya que los Asharitas creen que el Día del Juicio todo el mundo podrá ver a Dios en su manifestación corporal. ¡Alabado sea Dios, Quien está muy por encima de lo que Le atribuyen los tiranos!)
El Imam dijo: “En este mundo también se Le puede ver. De la misma manera que tú has visto a Dios ahora, en esta reunión.”
Abu Basír dijo: “¡Oh, hijo del Mensajero de Dios! ¿Me das tu autorización para que transmita a los demás lo que has dicho?”
El Imam dijo: “No lo cuentes, ya que las personas no pueden discernir la realidad de esto y se extraviarán.”
21º- El Maestro (Sheyj)

Puede ser de dos clases: el maestro en sentido general y el maestro en sentido específico.
El maestro en sentido general es aquel que no está especialmente capacitado para dirigir a otros en las cuestiones espirituales y cuando se recurre a él se hace siguiendo las indicaciones del Corán cuando dice:

فَاسأَلُوا اَهلُ الذِّکرَ اِن کُنتُم لاَ تَعلَمُونَ
Preguntad a la gente del recuerdo si no sabéis.

Pues es necesario recurrir a ellos sólo al principio del camino espiritual. Una vez que el Sálek comienza a ser ennoblecido con las contemplaciones y las manifestaciones de los Atributos y la Esencia Divina, ya no es necesario recurrir a ese tipo de maestros.
Pero el maestro en sentido específico es aquel que está encargado de manera específica para guiar a las personas en los asuntos espirituales, es decir, el Mensajero de Dios y sus legítimos herederos (julafá), y el Sálek no puede prescindir de la cercanía (murafaqát) a uno de esos maestros específicos en ninguna circunstancia, incluso una vez que haya alcanzado la meta espiritual que deseaba.
Por supuesto, esa cercanía no quiere decir únicamente la proximidad física, sino que se refiere sobre todo a la cercanía esotérica y espiritual al Imam, ya que la verdadera naturaleza del Imam es esa morada luminosa que él posee, que le confiere el poder y la autoridad sobre el mundo entero y sus habitantes, mientras que su presencia física, si bien posee una nobleza superior a la del resto de los cuerpos humanos, no es en sí misma la fuente de sus obras e influencia sobre las criaturas.

Para aclarar mejor este punto es necesario recordar que la fuente de todo lo que adopta una forma concreta de existencia en este mundo son los Atributos y los Nombres divinos y que la verdadera naturaleza del Imam son esos mismos Nombres y Atributos. Esa es la razón de que los Imames Purificados hayan dicho: “La rueda de este mundo y del firmamento y todo lo que en ellos hay, gira gracias a nosotros y todo lo que sucede sucede porque nosotros le concedemos nuestro permiso.”

بِنَا عُرِفَ اللهُ، بِنَا عُبِدَ اللهُ
Por medio de nosotros se conoce a Dios,
por medio de nosotros se adora a Dios.

Por ello, el Sálek, a lo largo de todo su viaje espiritual camina guiado por la luminosidad del Imam, sobre él la paz, y cada grado al que ascienda y cada nivel en el que se encuentre, pertenecen al Imam, sobre él la paz, y el Imam va acompañando a Sálek en ellos.

Igualmente, una vez que el Sálek ha alcanzado su meta, sigue necesitando la cercanía del Imam, quien deberá instruirle acerca del comportamiento adecuado a observar en el plano de Imperativo Creador (láhút).
Así pues, la proximidad del Imam en cada estado es una de las condiciones importantes para el viaje espiritual y posiblemente la más importante de todas.
Es éste un punto extremadamente delicado e imposible de explicar y cuya realidad el Sálek conocerá solamente cuando puede paladear su sabor personalmente.

Muhi ud-Din Ibn Arabí fue un día junto a su maestro espiritual y se quejó amargamente de la gran opresión y corrupción que existía. Su maestro le dijo: “Pon tu atención en Dios.” Después de ello, encontrándose en presencia de otro maestro, volvió a comentar el desenfreno y la decadencia de la época. El maestro le dijo: “Pon tu atención en ti mismo.”
Ibn Arabi quedó desolado por las diferentes respuestas recibidas de ambos maestros y se lamentó de ello ante este maestro. Éste le respondió: “¡Oh, luz de mis ojos! Las dos respuestas son iguales. Él te invitó a buscar la compañía del Amigo y yo te invité al camino que lleva a Él.”

Hemos traído a colación esta historia para que se pueda comprender que el camino hacia Dios no está en contradicción con el viaje hacia los Nombres y Atributos Divinos, que en realidad son la morada espiritual del Imam, sino que, por el contrario, son algo extremadamente cercano, por no decir que son la misma y única cosa en realidad, pues en este plano no existe dualidad, lo que realmente existe es una única luz, que es la Luz de Dios.
Esa realidad única es denominada de diferentes maneras en diferentes ocasiones, en algunos momentos se la denomina “Los Nombres y Atributos divinos” y otras veces es denominada “la realidad o la luminosidad del Imam”

عِباَرَاتُنَا شَتَّی وَ حُسنُکَ وَاحِدٌ
وَ کُلٌّ اِلَی ذَاکَ الجَمَالِ يُشِيرُ
Nuestras descripciones son diferentes aunque Tu Belleza es una.
Es a Tu Belleza a quien todas ellas aluden.

No es posible para el Sálek reconocer al maestro ordinario más que frecuentando su compañía y proximidad en privado y en público, para poder llegar al convencimiento y a la certeza de la veracidad y certeza del propio maestro.
El viajero no debe jamás creer que una persona que posee facultades extraordinarias o conocimiento del mundo que está más allá de los sentidos corporales, o que es capaz de leer en la mente los secretos personales de los demás, o que camina sobre el agua o sobre el fuego o se desplaza por la tierra o por el aire con el poder de la mente, o que posee información del pasado o del futuro, y cosas sorprendentes por el estilo, es por ello un maestro espiritual y que ha alcanzado la unión con Dios, ya que todos estos fenómenos son propios de una estación caracterizada por los desvelamientos espirituales (mokáshefe-ie rúhiyeh) muy alejada todavía de la morada de la unión con el todo y la perfección espiritual.
Así pues, mientras el Sálek no encuentre en el maestro señales de las manifestaciones de la Esencia del Señorío Divino (tayal.liát dátiye-ie rabbaniyah), no debe concluir que es un maestro. Ni tampoco puede considerar suficiente prueba las manifestaciones de los Atributos y los Nombres en él y concluir que esas manifestaciones evidencian que ha alcanzado la unión y la perfección.

Lo que significa la “manifestación de los Atributos” (tayal.liy-e sefátí) es que el Sálek experimente la sensación de los Atributos de Dios en sí mismo.
Por ejemplo, que sienta que su conocimiento o su poder o su vida son en realidad el poder, el conocimiento y la vida de Dios y si escucha algo sienta que es Dios quien lo esta oyendo y que Él es Quien todo lo oye, y si ve algo sienta que es Dios quien lo está viendo y que Él es Quien todo lo ve.
O experimenta que Dios abarca el mundo del conocimiento y percibe la presencia del conocimiento divino en el conocimiento de cada criatura y, más aun, contempla en ello el conocimiento divino mismo.
Y el significado de la “manifestación de los Nombres” (tayal.liy-e asmáí) es que el Sálek experimenta en sí mismo los Atributos divinos que guardan relación directa con Su Esencia, como son: el ser Soporte de todo (qáim), Sabio (àlim), Quien todo lo oye (samí), Quien todo lo ve (basír), el Vivo (háy) el Todopoderoso (qádir) y otros semejantes.
Siente, por ejemplo, que el Conocedor del mundo es sólo Uno y que ese uno es Dios Altísimo y que él conocimiento que ve en él mismo no es más que el conocimiento de Dios que se manifiesta a través de él.
O percibe que la vida es un fenómeno único y que es Dios mismo y no se ve a sí mismo como un ser vivo sino a Dios que es la Vida manifestandose en él y a través de él.
En definitiva, toma consciencia de que
لَيسَ القَدِيرُ وَ العَلِيمُ وَ الحَیُّ اِلاَ هُوَ تَعَالَی وَ تَقَدَّسَ
Quien todo lo puede y Quien todo lo sabe y el Vivo
es únicamente Él, Altísimo y Sagrado.

Desde luego, es posible que la teofanía (tayal.lí) de los Nombres se manifieste en algunos de los Nombres divinos y el hecho de que en el Sálek se manifiesten uno o dos de los Nombres de ninguna manera implica que necesariamente el resto de los Nombres también lo hagan.
Pero la teofanía de la Esencia consiste en que la misma Esencia sagrada del Creador Altísimo se manifiesta en el Sálek y esto solamente sucede cuando el viajero espiritual ha transcendido todos los Nombres y formalidades o, dicho de otra manera, cuando se ha olvidado totalmente de sí mismo y no ve en el mundo contingente nada que identifique consigo mismo y con su mismidad.

Una vez que se libera de su yoidad y:

لَيسَ هُنَاکَ اِلاَّ اللهُ
No hay allí nada más que Dios

ya no es posible que se extravíe o equivoque.

Mientras en el Sálek quede una mota de su identidad disociada del Todo, Satanás no habrá sido totalmente erradicado y es posible que le extravíe de su camino, pero una vez que, por el poder y la gracia de Dios, Alabado y Ensalzado sea, sus señas de identidad y su propia conciencia de sí se aniquilan y penetra en el mundo del Imperativo Creador (láhút) y en el Recinto Sagrado (haram) de Dios, es investido con la sagrada vestimenta y recibe el honor de fundirse en la teofanía de la Esencia Divina Sagrada y Satanás deja de tener realidad para él y, por tanto, poder sobre él.

El maestro debe haber alcanzado esta morada de perfección, de lo contrario el Sálek no debe ponerse en sus manos ni prestarle una obediencia absoluta.
هزار دام به هرگام اين بيابان است
که از هزار هزاران يکی از آن نجهند
Mil trampas hay en cada paso de esta desolación
Y de mil miles sólo uno encuentra la salvación.

Por tanto, el Sálek no deberá someter su voluntad a nadie que se autodenomine maestro y proclame su solvencia, su desvelamiento y proximidad a Dios, aunque, en los casos en que le sea imposible o difícil verificar y precisar el estado espiritual del maestro, deberá poner su confianza en Dios y analizar sus prescripciones u orientaciones a la luz del Libro de Dios y de la práctica del Mensajero de Dios y de los Imames Purificados, la paz y las bendiciones de Dios sean con todos ellos.
Si descubre que están en consonancia con ellas, deberá ponerlas en práctica y en caso contrario abstenerse de hacerlo. Si el Sálek camina poniendo su confianza en Dios, no podrá ser desviado por Satanás y éste no tendrá poder sobre él.

اِنَّهُ لَيسَ لَهُ سُلطَانٌ عَلَی الَّذِينَ آمَنُوا وَ عَلَی رَبِّهِم يَتَوَکَّلُونَ
اِنَّمَا سُلطَانُهُ عَلَی الَّذِينَ يَتَوَلَّونَهُ وَ الَّذِينَ هُم بِهِ مُشرِکُونَ
En verdad, él no tiene autoridad sobre quienes son creyentes y confían en su Señor. En verdad, él tiene poder sobre quienes le toman por amigo y quienes le adoran como si fuese Dios.


22º- Súplicas y recitaciones (Wird)

Wird, consiste en recitar nombres de Dios y letanías.
Cuáles deben ser esos nombres y letanías y cuántas veces se deben recitar es algo que el maestro debe determinar, ya que son como medicinas que pueden beneficiar a algunos y perjudicar a otros. O puede que, a veces, el Sálek, recite dos dikr diferentes, uno de los cuales centra su atención en la multiplicidad y el otro en la Unidad y, al juntarlos, uno de ellos anule y neutralice el efecto del otro.
Por ello, es imprescindible que el Sálek tenga permiso de su maestro para recitar aquellas letanías a las que el maestro no ha conferido una autorización general, mientras que aquellas otras sobre las que el maestro ha otorgado una autorización general pueden ser recitadas libremente sin problema.
El Wird puede ser de cuatro clases: verbalizado (qálebí) o silencioso (hafí) y cada uno de ellos puede que no tenga limitación (Etláqí) o que deba repetirse un número limitado de veces (Hasrí)
La gente del camino no presta mucha atención al wird verbal, ya que éste se caracteriza más por su verbalización que por la atención que se presta a su significado y en realidad, es poco más que un movimiento de la lengua, mientras que el Sálek busca el significado espiritual y no otra cosa.

23º- Control de los pensamiento (nafí jawáter)
24º- invocación (dikr)
25º- meditación (fikr)

Son tres elementos que constituyen fases importantes para la obtención del objetivo.
El que algunas personas se queden a mitad del camino y no consigan alcanzar su objetivo es debido, en la mayoría de los casos, a que se han quedado varadas en una de estas fases o a que al llegar a ella han extraviado su camino.
Cuando hablamos de control los pensamientos (jawáter) nos referimos a pensamientos que nos hacen caer en la idolatría, la adoración a falsos ídolos, a las estrellas, al fuego, o que, a veces, nos llevan al ateísmo, al endiosamiento, a la inmanencia (hulúl), a creernos uno con Dios (itihád), a considerarnos exonerados de las obligaciones de la ley islámica, capacitados para determinar lo que es lícito y lo que no y cosas similares.
Hablaremos de todo ello, pero ahora nos ocuparemos brevemente de dos de estas desviaciones, pues suponen graves alucinaciones: hulul e itihád, de las que el Sálek podrá librarse controlando su mente e impidiendo que penetren en ella pensamientos ociosos.

Cuando el Sálek aun no ha salido del valle de los Nombres y los Atributos, al experimentar la epifanía de algunos de los Atributos o de los Nombres en él, puede que -busquemos refugio de ello en Dios- se imagine que se ha fundido en Dios de tal manera que Dios y él son una y la misma cosa. Esto es denominado Hulúl e Itihád y supone salirse de la fe y caer en la idolatría.
El concepto de “Unidad del Ser” (wahdat ul-wuyúd) niega por sí mismo la multiplicidad de los seres, la diferenciación y la existencia de algo distinto a Él y considera los seres existentes en el mundo de la multiplicidad como meras manifestaciones y teofanías del Ser único de la Sagrada Unidad; como sombras pasajeras e ilusorias.
Cuando el Sálek alcanza esta estación, su individualidad se disuelve y pierde la conciencia del “sí mismo” y se aniquila en el Todo y no contempla, ni percibe, ni paladea otra cosa del mundo del ser que al Dueño del Ser, la Esencia Sagrada de Él.

وَ لَيسَ في الدَّارِ غَيرُهُ دَيَّارٌ
No hay en la casa, excepto Él, dueño alguno.

¡La ilusión del ego es una cosa y la aniquilación del ego en la Unidad Absoluta otra muy diferente!

El concepto de “control de los pensamientos” o “rechazo de los recuerdos” (nafí jawáter) significa dominar el corazón, y dominarlo de tal manera que no diga nada, ni haga nada, ni piense nada, ni recuerde nada sin el permiso de su dueño y conforme a la voluntad de su dueño.
Conseguir esto es extremadamente difícil, por ello se ha dicho que el rechazo de los recuerdos en una de las mayores purificación interiores.
Cuando el viajero espiritual llega al estadio del control de los recuerdos, siente que un torrente de pensamientos, recuerdos, fantasías y suposiciones asaltan su mente y su corazón continuamente, incluso pensamientos increíbles, que no tienen ninguna lógica y que no guardan ninguna relación con la realidad, o recuerdos de cosas olvidadas hace mucho, o pensamientos que no tienen la menor posibilidad de hacerse reales.
Ante esta situación, el Sálek deberá mantenerse fuerte y sólido como una firme montaña y destruir con la espada del dikr cualquier pensamiento inoportuno que le asalte e hiera su mente.
Y aquí, cuando decimos dikr, nos referimos a la repetición de alguno de los Nombres Divinos, sobre el que el Sálek debe centrar su atención cuando le asalten los pensamientos y recitarlo con total atención hasta eliminar el recuerdo que le asalta.
Este es un método muy adecuado para alejar los pensamientos inoportunos, con la condición de que se ponga toda la atención únicamente en la recitación de ese Nombre de Dios.
Ha dicho Dios Altísimo:

اِنَّ الَّذِينَ اتَّقَوا اِذَا مَسَّهُم طَائُفٌ مِن الشَّيطَانِ تَذَکَّرُوا فَاِذَا هُم مُبصِرُونَ
Quienes son temerosos de Dios,
cuando les roza el susurro de un demonio,
recuerdan a Dios y, entonces, ven claro.

Pero en un tratado atribuido al fallecido Bihár al-ulúm se prohíbe explícitamente seguir este método y se insiste en que el viajero deberá primeramente librarse del pensamiento que le asalta y después comenzar su dikr, pues considera que rechazar los pensamientos con la espada del dikr es algo peligrosísimo.
Vamos a exponerlo resumidamente y luego daremos nuestra opinión al respecto.
Él dice:
“Muchos maestros aconsejan recurrir al dikr cuando se alcanza el estadio del control de los recuerdos (es evidente que cuando dice dikr se refiere a la atención misma del corazón, no a la mera recitación, a la cual, comúnmente, se ha denominado wird). Esto es peligrosísimo ya que, en realidad, el dikr es un encuentro con el Amado y una breve contemplación de Su belleza desde la distancia. Y la contemplación de la belleza del Amado es permisible cuando el ojo se ha apartado de todo lo que no sea Él, ya que el Amado es celoso. Y Su celo significa que el ojo que Le contempla no tiene permiso para contemplar ninguna otra cosa aparte de Él. Él ciega la visión del ojo que aparta su mirada de Él para mirar cualquier otra cosa. Contemplarle y contemplar cualquier otra cosa al mismo tiempo está en contra de Su celo y repetir tal comportamiento se convierte en una burla y el Amado le dará tal pescozón que perderá el sombrero y la cabeza al mismo tiempo


وَ مَن يَعشُ عَن ذِِکرِ الرَّحمَنِ نُقَيِّض لَهُ شَيطَاناً فَهُوَ لَهُ قَرينٌ
Y a quien esté ciego al recuerdo del Clementísimo
le asignaremos un demonio que será su compañero permanente.

Sólo hay un tipo de dikr permisible cuando se trata de rechazar los pensamientos ociosos e inoportunos, aquél cuyo objetivo no es contemplar la belleza del Amado, sino rechazar al Demonio, como uno que desea echar al intruso del lugar de la cita y para ello invoca el nombre de su amada. En ese caso, la intención es amedrentar y alejar al extraño. Y no se debe recurrir a ello más que en el caso de que los pensamientos inoportunos sean tan fuertes y persistentes que se vea uno obligado a recurrir al dikr para rechazarlos.
No obstante, el método de los expertos en la Senda (mohaqeqine roh) y el de aquellos que han alcanzado la Unión consiste en aconsejar a los novicios que, antes de ocuparse en el dikr, eliminen los pensamientos que les distraen. Para ello les piden que centren su atención en algún objeto, una piedra o cualquier otra cosa inanimada, con toda su concentración interior y exterior, sin apartar los ojos de ella.
Lo mejor es practicar este método durante cuarenta días mientras se repite “me refugio en Dios” (Audu bil lah), “busco el perdón de Dios” (Astagfir ul lah) y “¡Oh, Hacedor! (Ya faál), y también recitar estos dikr después de las oraciones obligatorias del amanecer y del anochecer.
Una vez transcurridos estos cuarenta días, el Sálek debe poner su atención en su corazón pineal (qalb-e sanúbarí) y concentrarse en él durante algún tiempo, sin permitir que ningún otro pensamiento interfiera su ejercicio.
Si mientras realiza este ejercicio le asalta algún otro pensamiento susurrante, deberá recitar:
“La mauyúda il lal lah”
لاَ مَوجُودَ اِلاَّ اللهُ
Sólo Dios tiene realidad
alargando la “a” final de “Al.lah” hasta que pierda la conciencia de sí mismo.
Durante todo este proceso es adecuado recitar “busco el perdón de Dios” (Astagfirul lah) y “¡Oh, Hacedor! (Ya faál) y repetir mucho el nombre “¡Oh, el que expande!” (Ya Básit).
Cuando el Sálek ha alcanzado este plano, se le permite completar las fases restantes del proceso de control de los pensamientos, mediante el dikr de su alma imaginal (dikr-e nafsí jiálí), hasta que elimina definitivamente el asalto de los pensamientos inoportunos y consigue el control absoluto de su mente. Si Dios quiere, el resto de los pensamientos ociosos irán desapareciendo por sí mismos conforme se vaya adentrando en el mundo de la contemplación y el recuerdo de Dios.”
concluye.

Debe saberse que este método para el control de los pensamientos que acabamos de mencionar es el seguido por la Orden Naqshabandiyah.
Los Naqshabandiyah son un grupo de sufis que habitan fundamentalmente en la zona de Turquía. El fundador de la Orden fue Jawáyah Muhammad Naqshaband, de donde la Orden tomó su nombre.
El método seguido por el fallecido ´Ajund Mula Husein Qulí Hamadání, que Dios esté satisfecho de él, no era así y tanto él como sus discípulos jamás dejaron de recurrir al dikr práctico (dikr amalí), para combatir y controlar los pensamientos inoportunos.
Su método consiste en centrar toda su atención en la vigilancia espiritual permanente (moráqibah), es decir, atención a las diferentes fases de ella, a la cual ya nos referimos antes brevemente y que ahora veremos con mayor detalle:
El primer grado de la vigilancia espiritual consiste en apartarse de aquello que está prohibido por la ley islámica (moharramát) y realizar todo aquello que ésta considera de cumplimiento obligatorio (wayebát) y de ninguna manera ser negligente en el cumplimiento de ambos asuntos.
El segundo grado consiste en intensificar la atención y esforzarse en que todo lo que se haga sea buscando la satisfacción de Dios y apartarse de todo aquello que se considera vano y frívolo.
Cuando el Sálek complete este nivel, tendrá poder para evitar la disipación y este poder se convertirá en un atributo permanente de su personalidad.
El tercer grado consiste en ser consciente que el Creador del Mundo esta siempre junto a él y le ve en todo momento, de manera que, poco a poco, se acostumbré a contemplarle en todos lados y a verle observando y ocupándose de todas Sus criaturas.
Este tipo de vigilancia espiritual debe mantenerse en todo momento y lugar.

El cuarto grado es aun más elevado y completo y consiste en ver a Dios presente en todo y observándolo todo. De manera resumida podríamos decir que en todo momento observa la Belleza divina.

A estos dos últimos grados de la vigilancia espiritual se refería el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones divinas sean con él y con su familia, al decirle a Abu Dar al-Gafarí, quiera Dios estar satisfecho de él:

أُعبُدِ اللهَ کَأَنَّکَ تَرَاهُ فَاِن لَم تَکُن تَرَاهُ فَاِنَّهُ يَرَاکَ
Adora a Dios como si le vieras,
Ya que si tú no puedes verle, en verdad, Él te ve.

Por tanto, el nivel en el que uno se ve contemplado por Dios es inferior al nivel en el que uno contempla a Dios.

Cuando el viajero espiritual alcanza este grado, para evitar de esa manera que entren en su mente pensamientos inadecuados e inoportunos, debe ejercitar el control de los pensamientos como uno más de los actos de adoración, pues en las disposiciones de la ley sagrada no es concebible centrar la atención en un objeto inanimado como una piedra o un palo como manera de alejar los malos pensamientos ¿Qué respuesta daría a su distracción del recuerdo de Dios el alma que se viera sorprendida por la muerte en ese estado?
En cambio, el rechazo de los malos pensamientos mientras se hace dikr y recurriendo al arma del dikr, es un acto de adoración y la ley islámica lo elogia.
La mejor manera de rechazar los malos pensamientos en concentrar la atención en el alma, pues es el camino más rápido para alcanzar el objetivo, tal y como se puede ver en los nobles versículos coránicos:

يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا عَلَيکُم اَنفُسَکُم لاَ يَضُرُّکُم مَن ضَلَّ اِذَا اههتَدَيتُم
¡Oh, los que creéis!
Vuestra responsabilidad es cuidar de vuestras propias almas.
Mientras vosotros estéis bien guiados
nadie que se extravíe podrá perjudicaros.

El método de concentración en el alma fue el utilizado por el fallecido Ajund Mula Husein Qulí y todos sus discípulos lo siguieron para obtener conocimiento de sus almas, requisito imprescindible para llegar a conocer al Señor.

La enseñanza de la gnosis proviene de Amir Al-Muminín Ali ibn Abi Táleb, sobre él la paz, y las órdenes gnósticas que lo han transmitido de boca a oído y de ojo a ojo, de maestro a alumno, generación tras generación, son más de cien, pero las escuelas sufis originales de las que todas ellas derivan no son más de veinticinco y todas ellas se alimentan de las enseñanzas impartidas por Ali ibn Abi Táleb, sobre él la paz.
De esas veinticinco órdenes, sólo dos o tres son de la gente de la shia (jassah) y las restantes pertenecen a la gente de la sunna (ammah) y algunas de ellas se remontan a las enseñanzas de Maarúf Karjí y, a través de él, al Imam Alí ar-Rida, sobre el la paz, pero nuestra Orden, que es la del fallecido Ajund Mula Husein no proviene de ninguna de estas cadenas de transmisión.
De manera muy resumida, el asunto es el siguiente:
Hace poco más de cien años, vivió en la ciudad de Shushtar, en el sur de Irán, un sabio prominente, Doctor de la Ley y Autoridad espiritual, llamado Aqa Seyed Ali Shushtarí. Igual que el resto de los sabios doctores de la ley, vivía volcado al estudio, la enseñanza, las funciones judiciales y la elaboración de la ley.
Un día, alguien llamó a su puerta y cuando él preguntó quién era, el hombre respondió: “Abre la puerta, hay alguien que tiene algo que decirte.”
Al abrir, Aqa Seyed Alí se encontró con que el hombre que le reclamaba era un tejedor.
“¿Qué es lo que te trae?” le preguntó.
El tejedor le dijo: “El juicio que diste respecto a tal persona, basándote en el testimonio de un testigo que decía que tal propiedad pertenecía a tal persona, no fue correcto. Esa propiedad pertenece a un menor huérfano y la escritura de la misma esta enterrada en tal sitio.” Después añadió: “Ese camino que usted está siguiendo no es el correcto y no es su camino.”
Ayatolah Shushtarí preguntó: “¿Acaso sigo un camino equivocado?”
El tejedor le dijo: “El asunto es tal como le he dicho.”
Y, sin decir más, dio media vuelta y desapareció.

Ayatolah Shushtarí se quedó muy sorprendido preguntándose quién sería aquel hombre y qué significaban sus palabras.
Siguiendo las indicaciones del hombre, reabrió la investigación y, efectivamente, descubrió que en el lugar indicado estaba enterrada la escritura que demostraba que la propiedad pertenecía a un menor huérfano y que los testigos habían mentido.
Ayatolah Shushtarí quedo muy afectado y temeroso, preguntándose si muchos de los juicios que había dictado no serían igualmente erróneos y se llenó de preocupación y angustia.
La noche siguiente, el tejedor volvió a llamar a su puerta y le volvió a decir: “ Señor Seyed Ali Shushtarí, el camino no es ese que usted está siguiendo.”
La tercera noche volvió a suceder lo mismo y esta vez el tejedor le dijo: “No pierda más tiempo, recoja rápidamente todos los enseres de su casa, venda la casa y vaya a vivir a la noble ciudad de Nayaf y cumpla con las obligaciones que le he indicado. Dentro de seis meses estaré esperándole en el cementerio de Wadi us-Salam de Nayaf al-Ashraf.”

El fallecido Shushtarí se apresuró a realizar todo lo que el tejedor le había ordenado, vendió la casa, recogió todas sus pertenencias y se encaminó hacia la-muy-noble ciudad de Nayaf.
Al llegar a Nayaf, la primera tierra que pisó fue el cementerio de Wadi as-Salam. Estaba atardeciendo y de pronto, como surgiendo de la tierra, el tejedor apareció ante él, le ordenó algo y despareció.
Marhúm Shushtarí vivió en la muy noble ciudad de Nayaf y actuó conforme a las órdenes recibidas por el tejedor hasta alcanzar un nivel y una posición espiritual más allá de toda descripción, que la paz y la satisfacción de Dios sean con él.
En Nayaf impartía sus clases de Derecho y de Principios del Derecho, Marhúm Sheyj Mortadá Ansárí y Marhúm Aqa Seyed Alí Shushtarí acudió a ellas para mostrarle su respeto. A su vez Sheyj Mortadá Ansárí acudía una vez por semana a las clases de ética que Marhúm Aqa Seyed Alí impartía.
Cuando Sheyj Mortadá Ansárí falleció, que Dios tenga misericordia de su alma, Aqa Seyed Alí se hizo cargo de su cátedra e inició sus lecciones allí donde Sheyj Mortadá las había dejado, hasta que el mismo falleció seis meses después y fue a disfrutar de la misericordia divina.
Sheyj Mortadá Ansárí tenía un alumno sobresaliente, llamado Ajund Mula Huseyn Qulí Daryazíní Hamadání, que había conocido a Seyed Alí Shushtarí antes de fallecer Sheyj Ansárí y había establecido una relación con él, beneficiándose de sus clases de ética y gnosis.
Cuando Sheyj Ansárí falleció, Ajund Mula Huseyn quería seguir impartiendo las clases de su maestro y había recopilado los discursos y los apuntes de las lecciones de aquel, pero Seyed Alí Shushtarí le escribió una carta diciéndole que todavía no se encontraba preparado para ocupar una cátedra tan elevada y que debía previamente obtener una posición espiritual mayor. Gracias a esta recomendación, Ajund Mula Huseyn recibió una luz que transformó su estado y le permitió llegar al valle de la Verdad.
El fallecido Ajund Mula Huseyn, que había estudiado varios años las ciencias sagradas con Seyed Alí Shushtarí, llegó a ser, antes de fallecer Sheyj Ansárí, una de las personalidades más sobresalientes de su tiempo en el campo de la ética, el combate espiritual contra el ego y las ciencias sagradas. Educó a numerosos discípulos, cada uno de los cuales llegó a ser considerado un pilar del conocimiento y una manifestación de la Unidad divina.
Entre sus más eminentes discípulos hemos de mencionar al fallecido Hayy Mirza Yawad Aqa Maliki Tabrizí, al fallecido Aqa Seyyed Ahmad Karbaláí Tehraní, al fallecido Aqa Seyyed Muhammad Said Hubbubí y al fallecido Hayy Shayj Muhammad Bahárí.
Nuestro amado maestro, el gnóstico inigualable, el fallecido Hayy Mirza Alí Aqa Qadí Tabrizí, quiera Dios estar satisfecho de él, perteneció al círculo de alumnos del fallecido Aqa Seyyed Ahmad Karbaláí.

Esta es la cadena iniciática de nuestros maestros que se remonta al fallecido Seyed Shushtarí y al desconocido tejedor, del que nadie conoce su identidad ni con quien tenía relación, ni de donde obtuvo sus conocimientos ni por qué medios.

El método de nuestro fallecido maestro Aqa Qadí Tabrizí para el conocimiento del alma es el mismo método seguido por el gran maestro, el fallecido Ajund Mula Huseyn, y para rechazar los pensamientos inoportunos en los primeros niveles del camino, él ordenaba concentrar la atención sobre el alma. Decía que el Sálek debía dedicar media hora o más cada día a ejercitar el control de sus pensamientos, centrando durante ese tiempo toda su atención en su alma.
Gracias a ese ejercicio iría consiguiendo paso a paso fortalecer su control e impediría que los recuerdos o los pensamientos inoportunos pudieran asaltarle y distraerle y, simultanea y gradualmente, iría obteniendo el conocimiento de su propia alma y alcanzaría la patria de sus deseos espirituales, con el permiso de Dios.

La mayoría de las personas que han conseguido controlar sus pensamientos y purificar su mente preparándose para el amanecer del reino de la gnósis en ellos, han experimentado este despertar en una de estas dos situaciones: O bien mientra recitaban el Sagrado Corán, al fijar su atención y percibir que el verdadero recitador del Corán era Dios mismo, Ensalzada sea Su Majestad. O bien cuando se encontraban pidiendo la intercesión del Santo Imam Al-Huseyn, sobre él la paz, ya que él ejerce una influencia extraordinaria en el desvelamiento y la eliminación de los obstaculos del camino de los viajeros espirituales hacia Dios.

Así pues, tal y como hemos mencionado anteriormente, dos cuestiones tienen una gran importancia en la teofanía del reino de la gnósis. La primera es mantener una vigilancia espiritual permanente en todos los niveles y situaciones, la segunda es la atención al alma.
Cuando el viajero espiritual presta atención a estas dos cuestiones, poco a poco se va dando cuenta de que los múltiples seres que existen en este mundo proceden todos ellos de una única fuente y que todo lo que existe en este mundo obtiene su existencia de esa fuente original. Que la luz, la belleza, la maravilla y perfección que en los seres pueda existir procede de esa fuente de la que mana cuanta luz, belleza, maravilla y perfección existe y que es esa fuente quien la otorga a cada ser en la medida de su capacidad inherente.
Dicho de otra manera, los rayos de la efusión divina fluyen y se manifiestan sin límites ni condiciones y cada ser toma de ellos en la medida en que su existencia limitada, su quiddidad, se lo permite.

Por efecto de la vigilancia espiritual permanente y total y de la atención a los estados del alma, el Creador otorga gradualmente al Sálek la percepción de cuatro mundos:
El primero es el mundo de la Unidad de los Actos divinos.
En los primeros estadios, el Sálek percibe que aquello que sus ojos ven, que su lengua articula, que sus oidos escuchan, que sus manos, sus pies y el resto de sus miembros y órganos, ejecutan, está todo relacionado con su propia alma y que es su alma la que hace lo que desea.
Posteriormente, percibe que todos aquellos actos que él realiza y que se traducen en realidades en el mundo exterior, guardan relación con él mismo y que la fuente de la que proceden es su propia alma.
Finalmente, descubre que su alma es una manifestación de la Esencia de la Verdad y un pequeño lago de la ilimitada efusión divina y de Su misericordia y que, por tanto, todos sus actos exteriores están relacionados con Su Esencia Sagrada y soportados en Ella.

El segundo mundo se manifiesta después del primero y es el mundo de la Unidad de los Atributos.
Consiste en que el Sálek, en este plano, cuando escucha algo, siente que esa capacidad de oir no es suya sino de Dios; cuando ve algo, siente que esa capacidad de ver no es algo suyo sino de Dios. En resumen, percive que todos los atributos que observa en los seres existentes, el conocimiento, el poder, la vida, el oido, la vista, etc, pertenecen en realidad a Dios.

El tercer mundo corresponde al de la Unidad de los Nombres. Se manifiesta después del segundo y consiste en que el Sálek, cuando alcanza este nivel, percibe que los Atributos divinos subsisten en Su Esencia.
Por ejemplo, se da cuenta que es Dios Altísimo Quien conoce, Quien tiene poder, Quien está vivo. Es decir percibe que su sabiduría, en realidad, es la sabiduría divina, que su poder, su capacidad de oir, de ver, pertenecen en realidad a Dios y a nadie más.
Comprende que en todo el Universo sólo existe un ser que es poderoso, sabio, que oye y ve, y que ese ser es Dios, ensalzada sea Su Majestad y que cada ser que existe, en la medida adecuada a su capacidad, es una manifestación de ese único Ser que todo lo sabe, que todo lo puede, que todo lo oye y todo lo ve y que es la vida.

El cuarto mundo corresponde a la Unidad de la Esencia y está por encima del tercero y se manifiesta al viajero espiritual mediante la teofanía de la Esencia Divina. Es decir, el viajero espiritual percibe que esa Esencia Única es la fuente de todos los actos, de todos los atributos y de todos los nombres. Que es una realidad que abarca todas las manifestaciones.
En este plano, el Sálek ya no ve actos, ni atributos ni nombres, sólo contempla la Divina Unidad y nada más. Esto sólo sucede cuando el viajero se despide de su vida artificial y pierde su identidad y yoidad y se aniquila en la Sagrada Esencia Divina de la Verdad. En este punto se produce la teofanía de la Esencia.
Desde luego, denominarle Estación de la Esencia (maqám-e dát) o Realidad de la Esencia (haqiqat-e dát) o Unicidad (ahadiya) no es más que un esfuerzo inútil, ya que lo que puede ser expresado con la lengua o escrito con la pluma no son más que nombres y la Esencia Sagrada de Dios está muy por encima de toda definición. No hay nombre o definición que pueda abarcarla ni se puede concebir en términos de “estaciones” y “moradas”.
Está incluso por encima de cualquier negación, ya que tratar de definirle mediante negaciones implica también establecer limitaciones y la Verdad Altísima está por encima de cualquier limitación.

Cuando el viajero espiritual alcanza este plano, pierde la conciencia de sí mismo, de su nombre y de sus atributos, y no se reconoce ni reconoce a nadie más que a Dios, ya que, en última instancia, Dios sólo es conocido por Él mismo.
El Sálek va perdiendo una parte de su identidad en cada uno de los mundos previos, hasta llegar a este último en el que pierde totalmente el sentido de su ser.
En el primer mundo, al alcanzar la estación de la aniquilación de la acción, comprende que no es él quien actua sino Dios y pierde la conciencia del protagonismo de sus actos.
En el segundo mundo, al presenciar la teofanía de los Atributos Divinos, el viajero comprende que sus atributos, la vista, el oido, el conocimiento y el poder que creía suyos, pertenecen en realidad a la Esencia Divina y pierde la conciencia de ser dueño de los atributos que en él se manifiestan.
En el tercer mundo, al presenciar la teofanía de los Nombres Divinos, comprende que el Poderoso y el Vivo es Él, Ensalzada sea Su Majestad y pierde la conciencia de sus propios nombres.
En el cuarto mundo, al presenciar la teofanía de la Esencia, pierde la conciencia de su propio yo y de su propia esencia y deja de contemplarse a sí mismo, para no ser consciente más que de la presencia de la Esencia Sagrada de Dios.
A este último plano, los gnósticos le han denominado “Anqá” y “Símorg” nombres que representan a un ser que nadie puede capturar.
“Símorg” es esa Esencia Pura, ese Ser Absoluto al que se ha denominado “El mundo de la Nebulosa Original” (Alam-e emá), “El Tesoro Oculto” (Kanz-e majfí), “El Oculto de los ocultos” (Gayb al-guyúb) y “La Esencia que no tiene nombre ni atributos” (dát má lá isma la hu wa lá rasma la hu).

برو اين دام بر مرغ دگرنه
که عنقا را بلند است آشيانه
Ve a poner tu trampa a otra ave
Que el nido del Anqá está demasiado alto

Qué bien expresa Hafez, sobre él sea la misericordia divina, en sus Maznawiyat, esta profunda verdad en forma de sutil poesía:

الا ای آهوی وحشی کجايی
مرا با توست چندين آشنايی
دوتنها و دو سرگردان، دو بی کس
دَد و دامت کمين ازپيش و از پس
بيا تا حال يکديگر بدانيم
مراد هم بجوييم ارتوانيم
چنينم هست ياد از پيردانا
فراموشم نشد هرگز همانا
که روزی رهروی در سرزمينی
به لطفش گفت رندی ره نشينی
که ای سالک چه در انبانه داری
بيا دامی بنه گردانه داری


جوابش داد کآری دام دارم
ولی سيمرغ می بايد شکارم
بگفتا چون به دست آری نشانش
که او خود بي نشانست آشيانش
بگفتا گرچه اين امری محال است
وليکن نااميدی هم وبال است
نکرد آن همدم ديرين مدارا
مسلمانان مسلمانان خدا را
مگر خضر مبارک پی تواند
که اين تنها بدان تنها رساند

¡Oh gacela salvaje! ¿Dónde te encuentras?
Hace tiempo que nos conocemos
Dos solitarios, dos errantes, dos sin nadie.
Bestias salvajes y trampas acechando por aquí y por allá.
Ven para que ambos sepamos el estado de cada uno
y, si podemos, demos satisfacción a nuestros deseos.
Así es como recuerdo lo que dijo el viejo sabio,
No me he olvidado jamás de él, en verdad:
Que un día un viajero en una tierra,
dijo con delicadeza a un mendigo sentado en el camino
“¡Oh Sálek! ¿Qué tienes en tus alforjas?
Si tienes una semilla pon una trampa”
Respondió: “Una semilla sí que tengo
pero he de cazar con ella al Símorg”
Dijo: “¿Cómo encontrarás sus huellas
si no se sabe dónde está su nido?”
Dijo: “Aunque éste es un asunto imposible
la desesperación también es una gran desgracia
que este viejo compañero no tolera.
¡Por Dios! ¡Oh musulmanes! ¡Oh musulmanes!
puede que el bendito Jidr ayude
a que éste que está solo llegue al que sólo Él es.”

Es evidente que, como el nido del Símorg es desconocido, nadie podrá cazarle, excepto que Su Favor guíe al que busca el Valle del Amor y al enamorado de la Belleza Inagotable al mundo de la Unidad y la Aniquilación.




¡Oh, Dios! Por el derecho de los primeros en llegar al Valle del Amor y en la alabanza y el conocimiento divino, Muhammad al Mustafá y Alí al-Murtadá y sus once gloriosos descendientes de la estirpe pura de la Dama Fatima la Resplandeciente, sobre todos ellos la paz de Dios, el Soberano, el Altísimo, concede a todos tus amantes y también a nosotros que alcancemos todo aquello que Te satisface y reúnenos con los justos.



Por la gracia de Dios y Su favor, este humilde servidor, ha terminado la redacción de esta obra titulada Tratado sobre el nucleo del nucleo en el viaje y la conducta espiritual de la gente de discernimiento, la octava noche del mes del ayuno del año mil trescientos sesenta y nueve de la hégira lunar (24 de Julio de 1950).

وَ لَهُ الحَمدُ في الاُولَی وَ الآخِرَةِ، وَ آخِرُ دَعوَانَا أنِ الحَمدُ لِلَّهِ رَبِّ العَالَمِينَ
A Él corresponden las alabanzas en esta vida y en la Otra
y que nuestras últimas palabras sean
“Alabado sea Dios, Señor del Universo”.

Seyed Muhammad Huseyn Huseyní Tehrání
En la sagrada ciudad de Qom.

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