04-03-2010
Renaud Vivien
Mondialisation
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
El pasado 25 de enero se promulgó el presupuesto de 2010 de la República Democrática del Congo (RDC). Este presupuesto asciende a 6.200 de dólares (esto es, 77 veces menos que el de Francia |1| para una población similar) y está hecho a medida para satisfacer a los acreedores e inversores extranjeros en detrimento de las necesidades esenciales de la población.
Mientras que los gastos sociales se limitan únicamente a la remuneración del personal de la función pública, es prioritaria la partida presupuestaria atribuida al pago de la deuda. El Estado congoleño ha previsto consagrar este año unos 430 millones de dólares al pago de su deuda exterior pública, a pesar de la crisis económica y de la ilegalidad de esta deuda. En efecto, todavía en 2010 el pueblo congoleño sigue pagando los atrasos impagados legados por el dictador Mobutu con la complicidad de los acreedores occidentales. En derecho internacional esta deuda se califica de «odiosa». Ahora bien, la doctrina jurídica de esta deuda odiosa constituye una de las excepciones al principio de continuidad del Estado según el cual los gobiernos deben los compromisos financieros de sus antecesores. Así pues, legalmente el gobierno congoleño podría negarse a pagar esta deuda y ahorrarse así cientos de miles de millones de dólares al año.
¿Por qué no lo hace? La explicación reside esencialmente en un cálculo económico hecho a corto plazo: la «ayuda» internacional representa no menos del 46,3% de los ingresos totales del presupuesto 2010 y la RDC espera obtener este año una reducción de su deuda que lleva esperado ¡desde 2003! Así pues, ante semejante dependencia el gobierno congoleño ha elegido plegarse a las órdenes de pago de sus proveedores de fondos en el seno de las instituciones financieras internacionales (IFI) y del Club de París, un grupo informal que reúne a 19 ricos acreedores, entre los que se encuentra Bélgica.
El precio de esta docilidad es muy elevado: la RDC debe renunciar a su soberanía comprometiéndose a seguir al pie de la letra las reformas estructurales dictadas por las IFI en el Documento Estratégico de Crecimiento y de Reducción de la Pobreza (DSCRP, por sus siglas en francés). Conforme a este programa trienal, pálida copia de los planes de ajuste estructural impuestos por el FMI y el Banco Mundial al conjunto de los países del sur tras la crisis de la deuda de 1982, el gobierno congoleño debe imperativamente mejorar «el clima de los negocios». En otras palabras, el gobierno debe obrar por el bien de las transnacionales acelerando la liquidación de sus recursos naturales y privatizando sus sectores estratégicos. Esta política de privatización tiene consecuencias importantes no sólo en el plano económico, puesto que implica automáticamente menos ingresos para el Estado, sino también en el plano humano ya que suprime decenas de miles de empleos.
Y estos futuros «ex-trabajadores» congoleños no podrán contar con ningún sistema de protección porque esto podría degradar «el clima de los negocios». En efecto, el Banco Mundial anima a los Estados a eliminar la protección social de los trabajadores del sur, pero también del norte |2|, sobre todo a través de la publicación de su informe anual Doing Business («Hacer negocios») en el que el Banco establece una clasificación de todos los países en función de su facilidad para «hacer negocios» en ellos. ¡Cuánto más facilita el despido la legislación de un país mejor situado está! A modo de ejemplo, Ruanda registra en 2009 la progresión más importante porque los empleadores ya no deben proceder a consultas previas con los representantes de los empleados (concernientes a las reestructuraciones) ni avisar a la inspección del trabajo. A la inversa, Portugal baja de categoría por haber alargado dos semanas el periodo de aviso previo de despido.
Así pues, no resulta sorprendente encontrar al Banco Mundial a la cabeza de la operación «excedencias» en la RDC. Entre 2003 y 2004 este plan de despido ilegal afectó a 10.655 trabajadores de Gécamines (la empresa pública minera situada en la provincia de Katanga) que llevaban varios meses sin cobrar. En este contexto, el Banco Mundial intervino, a petición del gobierno congoleño, financiando estos despidos, pero adoptando la precaución de imponer como condición previa sus condiciones ilegales: el Banco limitó el montante de las indemnizaciones según una forma de «finiquito» y un modo de cálculo que violan el derecho laboral congoleño y las normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Mientras que el presupuesto solicitado por la dirección de Gécamines era de 120 millones de dólares frente a los 240 millones reclamados por los trabajadores, el consultor al que el Banco Mundial encargó calcular el montante de la indemnización propone solamente un forfait de «finiquito» ¡de 43 millones de dólares!
A día de hoy los trabajadores de Gécamines no han recibido todavía las indemnizaciones previstas por el derecho y el Banco Mundial sigue haciendo caer toda la responsabilidad sobre el gobierno y Gécamines. Las 10.655 víctimas no se dejan avasallar y se han organizado rápidamente creando el Colectivo de ex-agentes de Gécamines. Varios de ellos piden cuentas al Banco Mundial y se han apoderado de su Panel de Inspección, que se encarga de investigar las violaciones que BM podría haber cometido en los proyectos en los que está implicado. Aunque el Panel haya declarado que su petición es procedente, sus informes no tienen ninguna fuerza vinculante sobre la dirección del Banco. Solamente un veredicto emitido por un tribunal ordinario podría obligar al Banco a reparar los daños causados a la poblaciones. Un proceso contra el Banco Mundial por estas violaciones constituiría un precedente. El Banco no puede estar por encima de las leyes y más teniendo en cuanta que no se beneficia de la inmunidad de jurisdicción. Según sus propios estatutos, puede ser llevada ante la justicia en todos los países en los que dispone de una representación.
Los trabajadores congoleños son víctima de la misma lógica capitalista que prevalece en el norte donde se pisotean los derechos de y al trabajo. Por consiguiente, se debe reforzar la solidaridad internacional contra las políticas antisociales de las IFI y por la anulación total y sin condiciones de la deuda del sur.
Publicado el 23 de febrero en el diario francés L’Humanité, el 24 de febrero en el diario congoleño Le Potentiel y el 26 de febrero en el diario belga La Libre Belgique y en la página web de CADTM (Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (http://www.cadtm.org/).
Notas:
|1| http://www.legifrance.gouv.fr/affic...
|2| Eric Toussaint, Un coup d’œil dans le rétroviseur: L’idéologie néolibérale des origines jusqu’à aujourd’hui, Éditions Le cerisier, 2010.
jueves, 4 de marzo de 2010
República Democrática del Congo : El Banco Mundial en el centro de los "negocios"
Un informe desde las orillas del lago Kivu: La maldición del coltán
La paz no llega a las provincias orientales de la República Democrática del Congo.
Javier Fdez. Retenaga
Junge Welt
04-03-2010
Gregor mantiene un rato la mirada fija en el avión. Es un Cessna. Podría ser uno de los que se utilizan para el contrabando de armas desde los países vecinos. “¿Y por qué no?”, pregunta sarcástico, “¿quién va detenerlos?”. Aquí serían útiles los aviones de vigilancia del sistema AWACS. Pero nadie quiere emplearlos. Con su ayuda podría controlarse todo el espacio aéreo de la República Democrática del Congo (RDC), un país seis veces mayor que Alemania. Y eso permitiría impedir al menos una parte de la importación ilegal de armas.
Entonces, ¿por qué los países occidentales no hacen nada? ¿Por qué siguen actuando en la zona en disputa? “Con bastante imprecisión y torpeza”, como señalan Gregor y Sylvia. Ellos son miembros de la Deutsche Welthungerhilfe (Agro Acción Alemana) y saben por experiencia que a Occidente le interesan más las valiosas materias primas que la estabilidad del país. Siempre ha sido así.
La senda conduce desde el lago Kivu hacia el interior, a través de parajes de un verde intenso. Tiempo atrás los europeos llamaron al este de Congo y a toda la región de los Grandes Lagos la “Suiza de África”. El clima benigno, las montañas y colinas y la variada flora recuerdan al paisaje de los Alpes. A Gregor le viene a veces a la cabeza esa denominación de la época colonial cuando se mueve por la zona, de un proyecto a otro, y se enfurece al ver la miseria y la pobreza de hoy.
Inseguridad permanente
En calidad de mánager de la organización humanitaria atiende diversos proyectos en el este de Congo. “Construimos escuelas y calles. Ayudamos en la agricultura, repartimos semillas y proporcionamos asistencia médica”. Pero es difícil hacer algo y “proporcionar a la gente seguridad física y psicológica”, dice, y añade, “... condenadamente difícil cuando al poco tiempo todo lo que se ha conseguido puede quedar reducido a cenizas por un cohete, una granada o los disparos de una ametralladora”.
El conflicto armado no ha cesado en el este de Congo. No terminó con el fin oficial de la “guerra mundial africana”, como denominó la ex ministra de Exteriores estadounidense Madeleine Albright a las matanzas que allí se produjeron entre 1998 y 2003. Entonces murieron millones de personas, cuando diversos grupos rebeldes, pero también tropas regulares de los Estados vecinos de Ruanda, Burundi y Uganda hacían de las suyas. Era la época de una lucha abierta para obtener el control de las inmensas y valiosas riquezas naturales existentes en las provincias orientales de Congo. Hoy siguen resultando muy atractivas. Ni el frágil acuerdo de alto el fuego de 2003, ni las primeras elecciones más o menos “democráticas” de 2006 han puesto fin a cuarenta años de combates.
“La gente depositó sus esperanzas en las elecciones, de cuya seguridad se encargaron tropas armadas de la UE. Pero pronto las esperanzas se transformaron en una gran decepción”, dice Gregor. Sabe de qué habla. Vive aquí desde hace más de diez años. La economía y las infraestructuras de la zona están destrozadas. El país está hundido, a pesar de las riquezas que se encuentran en la tierra. La lucha por el poder y el control, por la tierra, por las minas, alcanza dimensiones terribles. La corrupción está tan a la orden del día como la violencia. Los sectores políticos y económicos en pugna, y también los diversos grupos paramilitares, se encargan de mantener un clima de inseguridad permanente.
Una vieja máquina de coser
En una pequeña estancia de paredes toscamente enlucidas, algunas mujeres se han juntado en torno a una mesa de madera. Sylvia, una psicóloga de familia francesa que trabaja para la Agro Acción Alemana, entra y saluda amablemente. Las mujeres tiene cierto parecido entre sí, o esa impresión da, aunque no tanto por su aspecto físico. Los mismos ademanes lentos, la actitud distanciada y el rostro inexpresivo; poco dicen sus parcos gestos. Están ligadas por el destino, unidas en el dolor y en la pena.
Me entero de que llegaron al pueblo algunos todoterreno abollados. De ellos saltaron a tierra unos cuantos jóvenes e incluso niños, lanzando gritos y agitando las armas. Insultaron a los habitantes y los acusaron de simpatizar con la gente equivocada y de apoyar a un grupo militar enemigo. El poder de los más fuertes, de quienes portaban armas, tomó el mando. Fue el fin de la vida cotidiana, el final de muchas vidas, el comienzo de muchos traumas, sobre todo para las mujeres.
Chozas quemadas, casa destrozadas, muertos. Y violaciones, mutilaciones, expulsiones. Muchos niños fueron llevados a trabajar en las minas o a campos militares de entrenamiento. Allí se les convirtió en asesinos, por medio del terror y el lavado de cerebro.
Según el balance de Naciones Unidas, en 2008, en tan sólo dos meses 200.000 personas se vieron obligadas a huir en busca de protección, vagando sin rumbo entre los frentes. Era la época en que comenzaron los enfrentamientos armados entre el desolado ejército congoleño, compuesto por diversos grupúsculos armados, y las tropas de Laurent Nkunda, apoyadas desde Ruanda. Nkunda acabó siendo detenido, lo cual, no obstante, consolidó la situación.
Sylvia explica que las mujeres, víctimas de la violencia y la discriminación racial, y a menudo separadas de sus hijos, necesitan sobre todo apoyo psicológico. “Hacemos posible que aprendan a leer y escribir, que reciban una educación”. Por ejemplo, como costureras: en medio de la estancia, sobre la mesa, hay una vieja máquina de coser Singer. Pero los rostros de las mujeres permanecen impasibles. Impenetrables, oscuros como una piedra volcánica. Su historia está ligada a la del país: una historia de opresión, humillaciones, pena y dolor.
Bajo dominio extranjero
El país, donde antes existía uno de los mayores reinos de África, ha sido sistemáticamente explotado desde el S. XVII. Primero llegaron los portugueses, luego los holandeses y los británicos. A partir de la Conferencia de Berlín, en 1884-85, dominaron allí la monarquía belga y sus gobiernos por medio de la brutalidad y el terror. El cambio llegó con la independencia y las primeras elecciones democráticas, en 1960. Patrice Lumumba, el carismático líder de la resistencia congoleña contra la dominación extranjera, fue elegido presidente, convirtiéndose en una astilla en el ojo para los occidentales.
Lumumba recelaba de los EE. UU. y de las potencias europeas que antes dominaron en la zona, con mayor motivo después de haber criticado públicamente a Bruselas por los crímenes cometidos en la época colonial. Lumumba, la esperanza para Congo y para muchos movimientos de liberación africanos, fue asesinado en enero de 1961 por órdenes provenientes de Bélgica y con conocimiento de Balduino I. Le sucedió en el gobierno Joseph Mobutu, apoyado entre otros por Washington, París y Bruselas, y más tarde llamado “mi distinguido amigo” por George Bush padre. El déspota se mantuvo en el poder durante más de 40 años, cambiando en 1971 el nombre del país por el de “Zaire”. Murió en 1997 en el exilio, en Marruecos. Su sucesor fue Laurent-Désiré Kabila, muerto en atentado en 2001. Desde entonces gobierna su hijo Joseph, confirmado como presidente en dudosas elecciones llevadas a cabo bajo control internacional.
En el este del país, sobre todo en la provincia de Kivu del Norte, siguen produciéndose hoy en día violentos combates entre el ejército congoleño, las milicias Mai-Mai y los grupos rebeldes procedentes de Ruanda. Desde hace tiempo se acusa al ejército congoleño de colaborar con grupos hutu implicados en el genocidio ruandés de 1994. Grupos rebeldes de Ruanda y Uganda pretenden acceder a los recursos naturales de la zona fronteriza de R. D. del Congo. Financian la lucha mediante la extracción y el comercio ilegales, sobre todo de oro y coltán, y compran armas a los traficantes internacionales. Precisamente el coltán es un mineral particularmente codiciado, ya que es utilizado por la industria electrónica de los países más industrializados para la construcción de teléfonos celulares, y se precisa también en la tecnología espacial.
Riquezas minerales por armas
La R. D. del Congo posee el 70% de las reservas mundiales de coltán. Sin embargo, hasta hoy estas riquezas han sido más una maldición que una bendición para el país. Los cascos azules de la ONU (MONUC), que con alrededor de 18.000 soldados constituyen su mayor contingente mundial, apenas han contribuido hasta ahora a poner fin al conflicto. “En las ciudades de la región están presentes el ejército y el MONUC, pero quien se adentra en las zonas rurales se topa indefectiblemente con paramilitares e incluso niños armados con Kalashnikovs que, en el mejor de los casos, sólo quieren robarte”, dice Gregor.
“Hasta hace poco, las tropas de paz no disponían siquiera de helicópteros equipados para la visión nocturna. La ONU estaba ciega por la noche”. El número de soldados es escaso para la enorme extensión del país. Señala también que “debido a la mala preparación y al pobre equipamiento, la misión de la MONUC está casi condenada al fracaso. No es ningún secreto que los cascos azules a menudo llegan tarde y actúan sin coordinación; no es raro que para confirmar una orden tengan que telefonear a Nueva York. Eso lleva tiempo, un tiempo que del que quizá las víctimas ya no disponen”.
Por las mañanas, antes de ponerse en marcha para atender sus proyectos, Gregor y Sylvia se coordinan vía Internet con sus colegas de la DW y de otras organizaciones humanitarias presentes en la zona. Se ponen al día de la situación y los posibles peligros. Como es natural, los cooperantes extranjeros dependen muchas veces de la información que reciben de la población. Es importante que las autoridades locales, los señores de la guerra y sus combatientes estén informados de los desplazamientos y la presencia de los grupos occidentales y de sus diversos proyectos. De otro modo, sería visto como una injerencia; sólo la comunicación reduce el riesgo.
Obras en Goma
En la parte norte del lago Kivu, no muy lejos de la ciudad de Goma, ya no miramos tan a menudo temerosos a ambos lados del camino, hacia el bosque. La sensación de una cierta seguridad crece a medida que nos acercamos a los arrabales de la ciudad. Ya no es tan grande el peligro de sufrir un asalto repentino desde la espesa maleza, o de toparnos con una inesperada patrulla de rebeldes. Nuestro vehículo se tambalea en su marcha por el irregular firme. “Pronto habrá aquí un nuevo pavimento”, explica Gregor. Las obras ya han comenzado, dice, y señala por encima del volante una gran nube de humo. Nos bajamos y nos dirigimos hacia donde se encuentran algunos hombres con palas.
Un camión descarga ante nosotros toneladas de arena y piedra. Todos aguardan a que la carga se asiente. Un rato después el camión se aleja, los hombres toman las palas, se suben al montón de arena y empiezan a repartirlo por la carretera. Al otro lado se ve a unas mujeres, algunas con niños pequeños, que al pie del montículo clasifican las piedras a mano, un trabajo arduo y laborioso. “Es otro proyecto nuestro”, dice Gregor. “Lo llamamos 'cash for work'; ofrecemos trabajo y lo pagamos de inmediato. Intentamos así llegar a los parados”. Y se desarrollan las infraestructuras de la región. No sólo las mujeres, las víctimas de violaciones, reciben ayuda, también se acoge a antiguos combatientes, miembros de unidades paramilitares, del ejército o rebeldes, que han sido despedidos.
Entretanto, las Fuerzas Armadas de la R. D. del Congo están siendo “modernizadas”, así lo llaman, por la UE. Esto se hace en el marco de la “misión de asesoramiento y asistencia”, EUSEC. Asesores militares enviados por Bruselas —entre ellos personal del ejército alemán— dirigen y controlan las “reformas”. Se pretende una integración del ejército y crear nuevas estructuras administrativas, según se dice. Se recogen armas y se controla el pago del salario a los soldados. También se ayuda a los menores para que acudan a la escuela y evitar así que vaguen sin rumbo por el país y sean reclutados por los paramilitares.
“Sigue siendo demasiado poco. Debería hacerse más. Pero un Congo estable es probablemente una quimera”, dice Gregor. “Después de todos los años que he pasado aquí, me ha quedado claro que lo que a todos les importa son los valiosos recursos naturales”, especialmente a Occidente. Si la R. D. del Congo fuera de verdad un Estado democrático y soberano, los derechos de extracción, las aduanas y los impuestos jugarían un papel importante. Sin embargo, es más sencillo sortear las estructuras estatales, es más barato pagar a los señores de la guerra locales, que luego se encargan de que las codiciadas mercancías salgan del país de manera segura. Que con ese dinero los rebeldes adquieran nuevas armas y las utilicen, apenas interesa a nadie.
Fuente: DR Kongo: Der Fluch des Coltans
Javier Fdez. Retenaga forma parte de los colectivos Rebelión y Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=10088&lg=es
lunes, 1 de marzo de 2010
Hipócrita injerencia del FMI en el Congo
El BM y el FMI, instrumentos con fines geoestratégicos y económicos
Renaud Vivien, Yvonne Ngoyi, Victor Nzuzi,Dani Ndombele, José Mukadi, Luc Mukendi
CADTM
28-02-2010
El FMI ha obtenido una nueva victoria al final de su última misión en República Democrática del Congo (RDC) al obtener la revisión del famoso contrato chino pactado en el 2007. La supresión en este contrato de la garantía del Estado congoleño reduce así el polémico préstamo de China, que pasa de 9 a 6 mil millones de dólares.
Este convenio, calificado sin razón de «contrato del siglo», preveía inicialmente 6000 millones de inversiones en desarrollo de infraestructuras (construcción de carreteras, ferrocarriles, hospitales, universidades, viviendas sociales) y 3000 millones de dólares para el sector minero.
Así pues, el FMI ha ganado el partido contra China pero lo más importante es que conserva su poder sobre la política económica de la RDC. Esta nueva injerencia del FMI en los asuntos internos de la RDC demuestra, una vez más, la hipocresía con la que las potencias occidentales hacen uso de las instituciones financieras internacionales (IFI) para despojar a los congoleños de sus recursos naturales. De hecho, durante las negociaciones para la revisión del contrato chino, el Banco Mundial, respaldado por la embajadora de Canadá y Hillary Clinton durante su paso por Kinshasa, presionó al gobierno congoleño para que revocara su decisión de anular el «partenariado» KMT (Kingamyambo Musonoi Tailings) pactado de manera ilegal entre la empresa canadiense Fisrt Quantum, el Estado Congoleño, la empresa pública congoleña Gécamines, la sudafricana Industrial Development Corporation y la SFI (Sociedad Financiera Internacional), que no es ni más ni menos que la filial del Banco Mundial encargada de apoyar al sector privado.
Es obvio que los contratos leoninos ya no suponen un problema para las IFI cuando los intereses de las potencias occidentales están en juego. Estos dos hechos concomitantes en RDC muestran claramente que el Banco Mundial y el FMI son los instrumentos que los países del Norte utilizan con fines geoestratégicos y económicos.
No cabe duda de que el contrato chino, elemento fundamental para la realización de las cinco obras del presidente Kabila, no resulta beneficioso para todas las partes tal y como insinúa China, sino que constituye una nueva ofensiva del gigante asiático para acaparar los recursos mineros del continente negro. Gracias a este contrato, China tiene acceso a 10 millones de toneladas de cobre, 620 000 toneladas de cobalto y 300 toneladas de oro mientras que los congoleños tienen que reembolsar la deuda generada por este contrato de préstamo. Oficialmente, fue ese riesgo de sobreendeudamiento el que motivó la intervención del FMI en este convenio bilateral. Bajo pretexto de defender la buena gobernanza y practicando un chantaje inaceptable, el FMI cumplió sus propósitos, manteniendo de esa forma su tutela sobre la RDC.
El chantaje ha sido doble: sin revisión del contrato, la RDC ya podía ir olvidándose de un nuevo acuerdo trienal con el FMI con motivo del Servicio para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (SCLP) así como decir adiós al punto de culminación de la iniciativa PPAE (Países Pobres Altamente Endeudados), supuestamente destinado a aliviar su deuda exterior que alcanza actualmente los 12 300 mil millones de dólares. Es aproximadamente el mismo importe que se le reclamó a la RDC tras la muerte de Laurent Désiré Kabila en el 2001, justo antes de que el Banco Mundial y el FMI se hicieran pasar por un salvador que organiza una gran operación de alivio de deudas, denunciada por el CADTM por considerarla que se trataba de una traición.
Cabe destacar que los servicios del FMI todavía tienen que confirmar «que el acuerdo así enmendado es conforme a la viabilidad de la deuda» antes de poder aprobar el nuevo programa trienal (2009-2011) y que, por lo tanto, la RDC es desde el 2003 el rehén de este punto de culminación que ya ha sido aplazado en tres ocasiones por decisión del FMI. Ahora bien, esta deuda que el Estado congoleño sigue reembolsando a pesar de la crisis económica mundial es el arquetipo de deuda ilegítima, ya que la mayor parte ha sido contraída por el dictador Mobutu con la complicidad de los acreedores occidentales, y en particular del FMI y del Banco Mundial.
Esta deuda no tiene ningún valor legal y debería ser declarada nula por el gobierno congoleño. Para poder justificar la prescripción de esta deuda y su no-reembolso, los poderes públicos deberían, tal y como lo exige la declaración de la octava Cumbre de los pueblos de la SADC reunida en Kinshasa del 5 al 6 de septiembre de 2009, proceder inmediatamente a la auditoria de la deuda con el fin de dar a conocer la parte ilegítima de ésta: es decir aquella de la que la población no se ha podido beneficiar. Cada año, el servicio de la deuda dilapida cerca de 500 mil millones de dólares, lo que representa casi tres veces más que la ayuda de emergencia concedida por el FMI en marzo pasado.
La RDC no es un caso aislado. En la mayoría de los países en vía de desarrollo, el reembolso de deudas ilegítimas combinado con unas condiciones impuestas por los acreedores internacionales constituye un obstáculo a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales así como una violación evidente del derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos y, especialmente, de sus recursos naturales. Por consiguiente, la emancipación de las poblaciones del Sur está claramente sujeta a la anulación incondicional de la deuda de los países del tercer mundo y a la ruptura en seco de los acuerdos con las IFI. En efecto, los países en vía de desarrollo no tienen nada que esperar de estas dos instituciones incapaces de emanciparse del credo neoliberal conocido bajo el nombre de «Consenso de Washington», responsable del empobrecimiento de miles de millones de individuos desde la crisis de la deuda de 1982.
Cabe recordar, por otra parte, que estas instituciones se han hecho cómplices de graves violaciones de los derechos humanos al apoyar económicamente a dictaduras como la de Mobutu o al financiar el apartheid en Sudáfrica. Por lo tanto, el Banco Mundial y el FMI deben obligatoriamente rendir cuentas ante la justicia y ser reemplazadas por nuevas organizaciones internacionales democráticas y respetuosas de los derechos humanos fundamentales.
Publicado en: http://www.cadtm.org/
Traducción: Audrey Esnault
sábado, 2 de enero de 2010
RD Congo: Una lectura del Informe de la ONU para la vigilancia del embargo de armas con destino a grupos todavía activos
02-01-2010
Georges Ombinda
Le Potentiel
Traducido para Rebelión por José Lucas
La paz sigue siendo problemática en el Kivu; tan es verdad que el problema sobrepasa el ámbito nacional y regional. Ya es un asunto internacional. El último informe de los expertos de la ONU demuestra suficientemente que el Kivi ha sido abandonado a los saqueadores. La "guerra del Kivu" es ante todo una guerra por el control de los minerales por parte de los "señores de la guerra, tanto nacionales como extranjeros".
El informe de los expertos de la ONU demuestra la existencia de redes internacionales ligadas estrechamente a la explotación del oro, de la casiterita, de los diamantes, del coltan.
Estos minerales de la RDC ilegalmente explotados transitan por Ruanda, Burundi, Uganda, Tanzania, Kenia, para ser vendidos en Bélgica, en los Emiratos Árabes, en China, Dubai, Bombay, Entebbe, Amberes, Hong Kong…
En cuanto al nombre de las empresas, se cita de pasada Glory minerals, Tony Goetz & Zonen, Comercial Impex ltd., Establecimientos Namukaya, Gold Burundi Link Tranding, convertida posteriormente en Berkenrode BVBA e instalada en Bélgica, Pachanga Ltd y UCL LKtd, Emirats Gold, Huayangi Trading Company (HTC), Afro Ventures Ltd (Hong Kong), Métaux réfractaires Mining Company Ltd, también en Kong Kong…
En lo que respecta a los grupos armados, están las FDLR, el CNDOP, PARECO, Los Maï Maï, e incluso las FARDC.
PARA UNA EVALUACIÓN
Tras la lectura de este informe escandaloso, la RD Congo, ella sola, no podría resolver este pillaje de sus recursos naturales. Todas la iniciativas de paz, a semejanza de la conferencia de Goma en enero de 2008, no serían más que ceremonias de distracción. El mal es muy profundo y sobrepasa las fronteras, tanto nacionales como regionales. Le corresponde al gobierno de Kinshasa asumir plenamente sus prerrogativas constitucionales para hacer un llamamiento a favor de la celebración de una "Conferencia internacional sobre el pillaje de los minerales de la RDC".
El enfoque que los EEUU y Europa hacen sobre el conflicto del este de la RDC corre el peligro de perpetuar las raíces del conflicto más que de resolverlo.
El enfoque está obsesivamente orientado sobre el rol de las FDLR y otros grupos rebeldes y deja en la sombra la responsabilidad de Uganda y Ruanda. Ruanda es el principal punto de tránsito de los minerales saqueados en RDCongo por los rebeldes (FDLR, CNDP y otros muchos), que sin embargo representan supuestamente una amenaza para la seguridad de ese país.
Según Dow Jones, las exportaciones de Ruanda han pasado a 20% en 2008 con relación al año anterior gracias a los ingresos provenientes del tungsteno, casiterita y coltan, tres materias de las que su suelo esta desprovisto. Se estima que si el pillaje de los minerales de Congo prosigue al ritmo actual, sus ingresos podrían alcanzar 200 millones de dólares en 2010.
Herman Cohen, antiguo secretario estadounidense para asuntos africanos lo dice mejor que nadie cuando afirma que "habiendo logrado controlar los Kivus durante 12 años, Ruanda no está dispuesto a privarse de las riquezas de esta región que le procura un porcentaje significativo de su producto nacional bruto". Mientras Occidente dé carta blanca a Kagame, el conflicto e inestabilidad persistirá en el Congo.
Ruanda es uno de los principales etapas para la exportación ilícita de los minerales del Congo, pero en el enfoque de los occidentales, que fustiga a los grupos armados porque sacan provecho de los minerales del Congo, no hay mención alguna a Ruanda, siendo como es el gran beneficiario del conflicto y del pillaje de los recursos del Congo; conflicto y saqueo que alimenta desde hace tantos años.
Todos los países occidentales, que se presentan como defensores de la paz, tendrían ciertamente más crédito si ejercieran una presión sobre las multinacionales, directamente asociadas con la financiación de la guerra y la explotación del pueblo congoleño. Los nombres de estas corporaciones, sin embargo, son perfectamente conocidos. Entre ellas se cita Traxys, OM Grpou, Nlattner Elwyn Group, Freeport Memoran, Tagle Wings/Trinitech, Lundi, Kermet, Banron, AngloGold Ashanti, Anvil Mining y First Quantum.
El enfoque de la Comunidad Internacional hace abstracción total de la cuestión de la soberanía sobre los recursos, aspecto central de la guerra geoestratégica sobre las riquezas del Congo; una guerra que justificó el asesinato por Occidente, en 1961, de Patrice Lumumba, Primer ministro elegido democráticamente del Congo y la instalación en el poder del dictador Mobutu durante tres decenios.
En nombre de esta misma filosofía los EEUU han apoyado y financiado la invasión del Congo en 1996 y 1998 por Ruanda y Uganda, en detrimento del movimiento no-violento y a favor de la democracia apoyado popularmente, al inicio de los años 1990, por las masas congoleñas con ocasión de la Conferencia Nacional Soberana.
La obsesión por focalizar los esfuerzos en la parte del este del Congo rico en minerales esconde mal las intenciones de los lobbies en Washington que preconizan sin cesar la balcanización del Congo.
La opinión según la cual el conflicto del Congo sólo se puede resolver poniendo fin a los "metales de la guerra" no es realista. La solución plausible y probablemente más rápida sería más bien diplomática y política. Ya se ha visto cómo la presión internacional puede ser eficaz. Es el caso del apartamiento en enero de 2009 de Laurent Nkunda y de la desmovilización de su grupo rebelde, el CNDP, por aquél que era su valedor, el presidente Paul Kagame de Ruanda. Presiones más contundentes deberían ejercerse sobre Kagame y Museveni, que están en la raíz del conflicto desde 1996.
Los países occidentales deberían forzar a todos los actores de la crisis a que se sentaran entorno a una mesa de negociación, más que reforzar el enfoque militarista con su dicotomía de "buenos" contra "malos". La realidad es mucho más sombreada que la imagen en blanco y negro.
Esta aproximación política y diplomática que podría recomendarse a la comunidad internacional debería basarse en los puntos siguientes:
Los EEUU y Gran Bretaña deberían ejercer una fuerte presión sobre sus clientes Ruanda y Uganda con la amenaza de suspender, si fuera necesario, la ayuda.
Imponer sanciones a las compañías e individuos comprometidos en el tráfico de minerales con grupos rebeldes o con países limítrofes del Congo, especialmente Ruanda y Uganda.
Rechazar sin la más mínima tergiversación la militarización de la región de los Grandes Lagos por medio del AFRICOM, que ya ha causado mucha miseria entre la población civil.
Rechazar el reforzamiento de los regímenes autoritarios como el de Museveni en Uganda (establecido desde 1986) y de Kagame en Ruanda (que ganó las elecciones en 2003 con el 95% de los votos).
Rechazar la restricción del espacio político en todos los países de la región por los que están en el poder.
Como lo habían predicho varios observadores congoleños, hoy el gobierno de Kinshasa y la ONU buscan chivos expiatorios para sacrificarlos en el altar de la ocupación militar ruandesa del Kivu con su cosecha de crímenes de guerra y contra la humanidad.
Entre estos chivos expiatorios se encuentran las FDLR, los Maï Maï, algunas ONG, sacerdotes, etc. La confección de esta lista de cabezas de turco es la obra de expertos internacionales que trabajan a sueldo de la ONU. No obstante, las lista de personas que facilitan la compra de armas y las de los bancos por los que transitan millones de dólares para alimentar la guerra y blanquear el dinero del coltan de sangre faltan cruelmente en los informes de los expertos.
Para muchos observadores, esta puesta en primera fila de las FDLR, de los Maï Maï, de Confesiones religiosas, está prefigurando los objetivos próximos de la guerra de conquista del Kivi. Los robos en los conventos en el Kivu Sur, así como la guerra total contra los Maï Maï no son hechos al azar.
A propósito del trabajo de los expertos, la omisión de las partes principales en el conflicto congoleño, a saber Ruanda y Uganda, empuja a los observadores a denunciar una voluntad deliberada de algunas grandes potencias de encubrir a los militares ruandeses y ugandeses que actualmente se infiltran en las provincias del este de la RDC y de encubrir las maniobras de progresiva ocupación de las provincias del este del país.
Esperamos que los expertos de la ONU hagan honor a su condición de expertos para que establezcan sin complacencia todas las responsabilidades nacionales, regionales e internacionales en la guerra que asola desde hace 13 años la RDC y que ha costado la vida a 7 millones de congoleños. Los congoleños esperan de ellos que llevan sus conclusiones hasta la evidencia del expansionismo terrotorial ruandés hacia las minas de coltan del Kivu.
Podrá detenerse a todos los hutu del mundo, imponer el embargo de armas a las FDLR y a los Maï Maï, pero en tanto se deje actuar a Ruanda y Uganda, dos países que no ocultan sus ambiciones territoriales y expansionistas, no habrá paz en el Kivu. Y, mientras las grandes potencias manipuladoras del Consejo de seguridad de la ONU busquen absolver Ruanda y Uganda de sus pesadas responsabilidades en el conflicto congoleño, no habrá ni paz ni desarrollo en el Kivu.
Toda red de financiación terrorista debe ser desmantelada en la región: la de las FDLR, pero también la del CNDP y LRA. La misma justicia internacional debe ocuparse del dossier de los terroristas Laurent Nkunda y Bosco Ntaganda, que constituyen un elefante blanco en la casa del Congo, para que la credibilidad de la justicia internacional no se resienta por ello (si no lo está ya) y para no dejar que los viejos lobos de la región de los Grandes Lagos africanos se escapen hacia los verdosos pastizales del Kivu.
Georges Ombinda. Investigador independiente
Fuente: http://www.lepotentiel.com///afficher_article_archive.php?id_article=90306&id_edition=4866&yearID=2009&monthID=12&dayID=21
lunes, 26 de octubre de 2009
Denuncian violaciones generalizadas y su uso como arma de guerra en la RD del Congo
Gara
La República Democrática del Congo se enfrenta al fenómeno de las violaciones generalizadas, que se han convertido en una práctica diaria y son utilizadas como arma de guerra, denunció la ONU. Se estima que el país registra el mayor índice de violaciones del mundo.
Cerca de 5.400 mujeres han sido violadas en los seis primeros meses del año en la provincia de Kivu Sur, en el este de la República Democrática del Congo (RDC), según ha denunciado la portavoz de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), Elisabeth Byrs, quien señaló que esta provincia, cercana a Rwanda, es un lugar cada vez más peligroso para los no combatientes, especialmente para las mujeres. Alrededor del 90% de las violaciones son cometidas por grupos armados o tropas regulares.
«Los ataques nocturnos contra los civiles a manos de elementos armados no identificados, y las violaciones contra las mujeres siguen siendo generalizadas», aseguró Byrs.
Rossette Kavira, ginecóloga en un hospital de Goma, indicó que no hay día en que no acudan al centro mujeres que han sido violadas, lo que muestra la gravedad del problema. «Casi todas las víctimas requieren cirugía debido a las hemorragias y heridas a consecuencia de la tortura a la que les someten sus atacantes», explicó a la cadena qatarí Al Jazzera.
En declaraciones a la misma cadena, el director de Ayuda en Acción para África Occidental y Central, Dede Amanor-Wilks, señaló que aunque muchas violaciones no se denuncian «se cree que actualmente la RDC tiene el mayor índice de violaciones del mundo, aunque -agregó- las estadísticas recogen probablemente sólo una fracción de las violaciones que realmente se producen». Según las distintas estadísticas que maneja esta ONG, al día se cometen una media de 400 violaciones.
Añadió que «la violación es utilizada por todos los grupos armados como un arma que es mucho más fácil de conseguir que las balas o las bombas». De hecho, su utilización se está convirtiendo en una norma en el conflicto del este del país.
RDC es el país donde la ONU dedica en mayor medida sus operaciones de asistencia. En el este, cientos de miles de civiles se han visto obligados a abandonar sus hogares debido al enfrentamiento entre tropas gubernamentales y rebeldes ruan- deses hutus. En la provincia de Kivu Norte, unas 110.000 personas han regresado a sus comunidades en los dos últimos meses, pero otras 980.000 siguen desplazadas y necesitadas de asistencia humanitaria.
Mientras, en la zona occidental, hay miles de congoleños que han sido expulsados de Angola desde mediados de julio, un hecho que provocó que Kinshasa expulsara a más de 20.000 angoleños que había acogido, incluidos refugiados de la guerra.