En vísperas de la cumbre sobre la seguridad nuclear, el primer ministro indio Manmohan Singh y el presidente estadounidense Barack Obama firmaron un importante contrato de transferencia de material nuclear.
por Manlio Dinucci*, Tommaso di Francesco
El presidente Obama convocó a una cumbre de jefes de Estado para ponerlos en guardia sobre un eventual robo de material nuclear por parte de terroristas interesados en fabricar una bomba atómica. Claro, con lo que cuesta ese material seguramente nadie tiene intenciones de dejárselo robar, así que los consejos del tío Sam salen sobrando.
Lo que realmente está en juego en la cumbre de Washington es algo muy distinto: la regulación y la repartición de un gigantesco mercado…
En vísperas de la cumbre sobre la seguridad nuclear, el primer ministro indio Manmohan Singh y el presidente estadounidense Barack Obama firmaron un importante contrato de transferencia de material nuclear.
Con la participación de los jefes de Estado y de gobierno de 47 países, el encuentro que comenzó ayer en Washington y se termina hoy constituye la mayor cumbre convocada por un presidente estadounidense en los últimos 65 años.
La «seguridad nuclear» fue presentada como tema central. El presidente Obama lanzó de hecho una advertencia: «El peligro más inmediato y extremo hoy en día es el terrorismo nuclear». Esa amenaza, según afirma en Washington, se suma a la de la proliferación nuclear.
Se acusa así a Irán, y de paso a Corea del Norte, de albergar aspiraciones nucleares, violando por lo tanto el Tratado de No Proliferación (TNP). La propuesta básica presentada a la Cumbre por Obama es fortalecer el control de todos los volúmenes de uranio altamente enriquecido y de plutonio.
Paradójicamente, son sin embargo los propios Estados Unidos y las demás potencias nucleares, protagonistas de la Cumbre de Washington, quienes favorecen la proliferación de las armas nucleares. En una situación en la que un pequeño grupo de Estados pretenden reservarse la posesión de armas atómicas, y sigue además modernizándolas, se hace cada vez más probable que otros intenten adquirirlas. Además de los 9 países que ya las poseen, existen por lo menos otros 40 que disponen de la capacidad necesaria para fabricarlas.
No existe, de hecho, una distinción evidente entre el uso civil de la energía nuclear y su uso militar. Loa reactores permiten obtener el uranio altamente enriquecido y el plutonio que pueden servir para la fabricación de armas nucleares. Se estima que la cantidad ya disponible [de esos elementos] en el mundo permitiría fabricar más de 100 000 armas nucleares y [dichos elementos] se siguen produciendo en cantidades crecientes [ya que] más de 130 reactores nucleares «civiles» producen uranio altamente enriquecido, utilizable en la fabricación de armas nucleares.
Ya los hechos han demostrado lo que hace Estados Unidos en aras de garantizar la «seguridad nuclear». El 29 de marzo [Washington] concluyó con Nueva Delhi un acuerdo en virtud del cual [Estados Unidos] proporcionará a la India combustible nuclear «apagado» para reciclarlo extrayéndole el uranio y el plutonio. Se concreta de esa forma el acuerdo implementado por la administración Bush en 2008, que prevé el suministro a la India de material fisible y de tecnología nuclear.
A cambio de lo anterior, la India se compromete a sumarse «parcialmente» al Tratado de No Proliferación sometiendo a inspecciones 14 instalaciones nucleares civiles, pero otras 8 instalaciones militares no serán inspeccionadas. Los programas de Nueva Delhi prevén un creciente desarrollo de la industria nuclear, que representa un mercado de 150 000 millones de dólares al que Estados Unidos quiere tener acceso mediante la venta de reactores y de tecnologías que, en realidad, pueden ser utilizadas tanto con fines pacíficos como militares. Pero tendrá como competidor a Rusia, que acaba de firmar un importante acuerdo para la entrega de tecnología nuclear a la India.
Sentado a la misma mesa de la Cumbre, con el primer ministro indio (con quien Obama se reunió la víspera para oficializar el acuerdo), se encuentra el de Pakistán, aliado de Estados Unidos que nunca ha firmado el Tratado de No Proliferación. Al igual que la India, Pakistán posee un arsenal estimado en entre 70 y 90 armas nucleares. En este momento, según confirma el New York Times (edición del 12 de abril), ante el acuerdo entre Washington y Nueva Delhi, Pakistán está construyendo 3 nuevas instalaciones destinadas a «una segunda generación de armas nucleares».
Sentado a esa misma mesa se encuentra también otro aliado de Estados Unidos, Israel (representado por el ministro de Inteligencia y de Energía Atómica, Dan Meridor), país que no acepta el Tratado de No Proliferación y que ni siquiera admite oficialmente la tenencia de armas nucleares, cuando en realidad dispone de cientos de ellas.
Sin someterse a ningún tipo de control, Israel ha acumulado una cantidad de plutonio para armas nucleares estimada en alrededor de medio quintal, y sigue produciendo decenas de kilogramos al año. Sin embargo, Irán no fue invitado, a pesar de tratarse de un país que sí ha firmado el Tratado de No Proliferación y que no posee armas nucleares. Y al lado de Israel, están Francia, país que proporcionó a Israel su primer reactor para la fabricación de armas nucleares, y Alemania, país que contribuyó –junto a Estados Unidos– a potenciar las fuerzas nucleares israelíes al proporcionarle 3 submarinos Dolphin capaces de lanzar misiles nucleares.
Sin embargo, para no herir la susceptibilidad de los países árabes, Estados Unidos ha firmado una serie de acuerdos para la entrega de tecnología nuclear y de material fisible a los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Marruecos y Argelia.
Se abre así una gran campaña promocional, en la que también participan Francia, Japón, Rusia y China, para la venta de centrales nucleares a países del Medio Oriente y del norte de África. Se difunden así las tecnologías «civiles» que dan a otros países la capacidad necesaria para construir armas nucleares. Todo ello bajo el cartel de la «seguridad nuclear».
Manlio Dinucci
Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas: Geograficamente. Per la Scuola media (3 vol.), Zanichelli (2008) ; Escalation. Anatomia della guerra infinita, DeriveApprodi (2005).
domingo, 18 de abril de 2010
¿Cumbre sobre la seguridad nuclear o sobre el comercio nuclear?
miércoles, 14 de abril de 2010
Guerra Fría en el siglo XXI
La nueva estrategia nuclear estadounidense: «novedades» que no son tales
por Manlio Dinucci*, Tommaso di Francesco
Washington acaba de dar a conocer una nueva doctrina nuclear y se prepara para firmar con Rusia un nuevo tratado de limitación de armas en medio de un gran espectáculo mediático. Un poco de análisis demuestra sin embargo que la posición de la administración Obama no contiene ninguna ruptura con la que ya existía. Simplemente se trata de adaptar la política de Bush a la situación actual. Peor aun, la nueva política evade los dos verdaderos problemas: ¿Reactivará el escudo antimisiles la carrera armamentista? ¿Serán sustituidas las armas nucleares por armas estratégicas más desestabilizadoras aun?
En vísperas de la publicación de la Nuclear Posture Review, documento sobre la estrategia nuclear de los Estados Unidos [disponible para su descarga a través del vínculo que aparece al final de este trabajo] y sólo 3 días antes de la firma del nuevo tratado START con Rusia, que tendrá lugar en Praga, el presidente Barack Obama anunció anticipadamente, en entrevista concedida al New York Times [1], las líneas esenciales de la nueva estrategia.
¿Dónde está la novedad? «Si eres un Estado que no dispone de armas nucleares y respetas el Tratado de No Proliferación, tienes nuestra garantía de que no utilizaremos armas nucleares contra ti.» Pero si el Estado (al que Obama se dirige tuteándolo) viola, según el inapelable veredicto de Washington, el Tratado de No Proliferación (TNP), Estados Unidos no garantiza el no uso de armas nucleares contra él.
Y en ese punto Obama designa a Irán y a Corea del Norte, principalmente a Irán, acusado de desafiar a la comunidad internacional con un programa nuclear que «siguiendo su rumbo actual le proporcionará una capacidad nuclear militar». El presidente Obama, recuerda el entrevistador, ya ha declarado que él «no podría cohabitar con un Estado iraní dotado de armas nucleares».
En resumen, eso significa que Estados Unidos se reserva el derecho a lanzar el primer golpe (first strike), o sea el primer ataque nuclear «preventivo» para impedir que un país como Irán pueda dotarse algún día del arma nuclear.
Mientras que la estrategia nuclear del presidente Bush preveía el uso de armas nucleares contra una amplia gama de peligros, la estrategia del presidente Obama –escribe el New York Times– «limita» su uso.
Limitación muy relativa ya que admite su uso no sólo contra un Estado dotado de armas nucleares sino también contra «un [Estado] que no ha firmado o que ha violado el Tratado de No Proliferación».
Paradójicamente, Obama afirma en la entrevista que «Estados Unidos e Israel están muy preocupados por las acciones de Irán», ignorando así que Irán es un Estado firmante del Tratado de No Proliferación y que se somete a las inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica mientras que Israel nunca ha firmado el Tratado de No Proliferación y posee un poderoso arsenal nuclear que no se sometido nunca a ninguna inspección internacional. Y mientras que Irán no tiene armas nucleares, Israel mantiene un centenar de ellas apuntando hacia Irán y hacia otros países de la región.
Lo mismo sucede con otro aliado de Estados Unidos, Pakistán, también poseedor de armas nucleares y que tampoco ha firmado el Tratado de No Proliferación. Al ser interrogado sobre el arsenal nuclear pakistaní, cuya «seguridad» ha costado a Estados Unidos por lo menos 100 millones de dólares, Obama responde: «No tengo intenciones de hablar en detalle del [sector] nuclear pakistaní». Lo cual confirma que la nueva estrategia nuclear de Estados Unidos sigue caracterizándose por la vieja política de doble rasero.
No son esas las únicas ambigüedades. Mientras que habla de reducción del armamento nuclear, el presidente Obama declara por otro lado que «mantenemos una robusta [fuerza de] disuasión» y que «invertimos en una estructura mejorada para mantener la seguridad y la fiabilidad de nuestras armas nucleares».
Y mientras que el presidente anuncia la «limitación» del uso del armamento nuclear, los voceros de la Casa Blanca precisan que la nueva estrategia prevé «el uso de una represalia nuclear contra un ataque biológico», o sea contra un país no nuclear acusado, posiblemente basándose en «pruebas» provenientes de la CIA, de haber realizado o de haber tratado de realizar un ataque biológico contra Estados Unidos.
Al ser interrogado sobre la nueva generación de armas «convencionales» que Estados Unidos está desarrollando y que está borrando la frontera entre armas convencionales y nucleares, Obama vuelve a responder que no piensa entrar en detalles. Lo mismo hace en cuanto al problema de las armas nucleares que Estados Unidos mantiene en Europa.
Tampoco habla Obama del «escudo» antimisiles que Estados Unidos quiere desplegar en Europa y que pone en peligro el nuevo tratado START. El que sí habla de ese tema –y es una verdadera ducha fría– es el ministro ruso de Relaciones Exteriores Serguei Lavrov. Sólo 48 horas antes de la cumbre de Praga, Lavrov advierte que «Moscú se reserva el derecho de retirarse del nuevo START si el escudo antimisiles que Estados Unidos quiere construir tiene un impacto excesivo sobre la eficacia de las fuerzas nucleares rusas» [2].
Documentos adjuntos
2010 Nuclear Posture Review (abril 2010)2010 Nuclear Posture Review (abril 2010).
(PDF - 2.7 MB)
Manlio Dinucci
Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas: Geograficamente. Per la Scuola media (3 vol.), Zanichelli (2008) ; Escalation. Anatomia della guerra infinita, DeriveApprodi (2005).
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Tommaso di Francesco
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Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la traducción al francés de Marie-Ange Patrizio.
Fuente: Il Manifesto (Italia).
[1] «Excerpts From Obama Interview», por David E. Sanger y Peter Baker, The New York Times, 5 de abril de 2010.
[2] «START: conférence de presse de Sergei Lavrov», Réseau Voltaire, 6 de abril de 2010.