Immanuel Wallerstein
La Jornada
09-05-2010
Las relaciones entre Irán y Estados Unidos han sido turbulentas durante hace casi 60 años. Antes de la Segunda Guerra Mundial el sha de Irán, Reza Shah Pahlevi, intentó maniobrar entre las demandas y las presiones externas de Gran Bretaña, la Unión Soviética y Alemania. Cuando estalló la guerra proclamó la neutralidad de Irán.
Esto condujo a una invasión aliada soviética-británica en 1941. Los aliados forzaron al sha a abdicar en favor de su hijo.
Las fuerzas soviéticas permanecieron en el norte de Irán y en 1946 exigieron contar con una concesión petrolera ahí. Los británicos consideraban que Irán era parte de su esfera de influencia y controlaban la muy rentable Anglo-Iranian Oil Company (AIOC). La Guerra Fría había comenzado y los británicos se negaron a admitir dicha demanda soviética. Las fuerzas soviéticas se retiraron de Irán, más o menos, como parte del acuerdo implícito en Yalta de que habría una división de esferas de influencia.
Sin embargo, en 1951, Mohammed Mossadegh asumió el cargo de primer ministro, como cabeza del partido nacionalista, y nacionalizó la AIOC, una jugada a la que se opuso el sha, Mohammed Reza Pahlevi. En la lucha entre ambos, Mossadegh obtuvo el suficiente respaldo popular para marginar al sha y forzarlo a un exilio de facto.
En ese momento los británicos, en efecto, estaban cediéndole su papel a Estados Unidos en todo Medio Oriente. Fue entonces que la CIA orquestó un golpe de Estado en Irán el 16 de agosto de 1953 e hizo arreglos para que el sha regresara a Teherán y asumiera de nuevo el control político pleno. La nacionalización del petróleo se canceló y se reinstaló la firma británica en Irán.
El sha de Irán se volvió un firme aliado de Estados Unidos y suprimió toda oposición política. En ese entonces Estados Unidos no objetaba las ambiciones nucleares del sha y tampoco Israel lo hacía. El régimen del sha se hizo más y más opresivo y esto terminó en una revolución nacionalista en 1979 encabezada por el ayatola Rujula Jomeini. Para los revolucionarios uno de los principales agravios era la subordinación de los intereses nacionales de Irán a las políticas estadunidenses, como las encarnaba el golpe orquestado por la CIA en 1953.
El sha huyó y pronto, en noviembre de 1979, fue invadida la embajada estadunidense. Los diplomáticos que se hallaban en su interior fueron tomados como rehenes por el régimen iraní. Estuvieron como rehenes 444 días. Desde entonces han sido hostiles las relaciones entre ambos países. En 1980, el gobierno iraquí de Sadam Hussein atacó Iraq, con el respaldo material del gobierno estadunidense.
La guerra fue larga y sangrienta y terminó ocho años después más o menos empatada. Poco después Iraq invadió Kuwait, en parte para aliviar los costos de la guerra. Iraq esperaba que Estados Unidos entendiera estas acciones, pero en cambio se halló inmerso en la primera Guerra del Golfo.
Estados Unidos se encontró al mismo tiempo enfrentado con Iraq e Irán. Cuando al-Qaida lanzó su ataque el 11 de septiembre, el gobierno de Bush acusó a Iraq e Irán de colusión con al-Qaida aunque ésta era hostil hacia ambos regímenes. Estados Unidos invadió Afganistán en 2001 e Iraq en 2003 con la supuesta esperanza de lograr regímenes amigables en ambos países que le brindaran respaldo en su lucha continuada con Irán, que había emprendido serios esfuerzos por dotarse de armas nucleares.
Así que, ¿dónde estamos hoy? Los iraquíes celebraron elecciones y están, al momento, negociando el futuro gobierno. Cuando los varios partidos de fuerte base chií quisieron llevar a cabo diálogos de negociación, fueron a Teherán. Una de las razones aducidas fue que no querían que Estados Unidos los oyera con sus dispositivos de escucha. Parece que no les preocupaba que los oyeran los dispositivos de escucha iraníes. El partido más grande, que tiene un fuerte respaldo en las áreas suníes, ha anunciado recientemente que también visitará Irán. Y el gobierno iraní ha urgido a los partidos chiíes a que incluyan a políticos suníes en cualquier gobierno que se forme.
No se trata de que Irán esté controlando la política iraquí. Lejos está de eso, pero tras una prolongada ocupación estadunidense es que Irán tiene más influencia en Iraq que Estados Unidos. Irán está especialmente agradecido a Estados Unidos por haber eliminado al enemigo más temible que tenía en Iraq: Sadam Hussein.
En Afganistán, Estados Unidos instaló en el poder a Hamid Karzai. Desde el punto de vista estadounidense era la persona ideal, de hecho el único que tenía la posibilidad de resistir con éxito a los talibanes y mantener unido Afganistán. Él mismo procede de la etnia pastún y es alguien deseoso de hacer tratos con los varios señores de la guerra que dominan las zonas donde no hay pastunes.
Después de las recientes elecciones hubo acusaciones de que Karzai había manipulado los resultados y que era muy tolerante con la corrupción y el cultivo de drogas. Estados Unidos le puso fuerte presión para que modificara algunas de sus políticas. ¿Qué fue lo que hizo? Invitó a Ahmadinejad a visitar Kabul, dijo que él mismo podría unirse a los talibanes, y abiertamente denunció a los militares estadounidenses por sus horribles matanzas de civiles.
Debido a que Estados Unidos no tiene a nadie que pueda sustituirlo, tuvo que reconsiderar e intentar restablecer relaciones con Karzai. El general McChrystal, comandante de las fuerzas estadounidenses ahí, ha invertido mucho en lograr por lo menos una victoria parcial sobre los talibanes. Después de nueve años de presencia estadunidense (y de la OTAN) en Afganistán, su aliado más seguro juega la carta iraní contra Washington, y no parece que haya mucho que pueda hacer Estados Unidos al respecto.
Entretanto Ahmadinejad enfrenta fuerte oposición en el interior del país y ha estado trabajando duro para suprimirla. Y Estados Unidos está en una campaña importante para lograr sanciones contra Irán debido a su negativa a abandonar el desarrollo de reactores nucleares. ¿Cuáles son los resultados de la campaña de sanciones (y más) encabezada por Estados Unidos y respaldada con estruendo por parte de Israel?
En Irán se ha fortalecido mucho la mano política de Ahmadinejad en lo interno, y le permite asumir la actitud de defensor de la soberanía iraní. Y pese a toda la presión que ha puesto Estados Unidos, parece dudoso que Rusia y China (en especial China) respalden sanciones serias (es decir, que no sean sólo nominales). Entretanto los israelíes expresan, correctamente, que el tiempo está del lado de Irán en su intento por convertirse una potencia nuclear.
Treinta años de política exterior estadounidense frente a Irán han resultado contraproducentes. (O tal vez debamos hablar de casi 60 años). Irán es más fuerte hoy que nunca, en gran parte debido a las políticas estadounidenses. Si ustedes fueran Ahmadinejad, ¿no dirían, “gracias América?”.
Traducción: Ramón Vera Herrera
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/08/index.php?section=mundo&article=018a1mun
sábado, 8 de mayo de 2010
Ahmadinejad dice “gracias América”
domingo, 10 de enero de 2010
Preocupaciones estadunidenses: ¿Primero Alemania, ahora Japón?
Immanuel Wallerstein
La Jornada
La estrategia geopolítica de Estados Unidos después de 1945 se basaba en lo que parecían rocas sólidas: controlar a sus dos enemigos derrotados en la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón. Por largo tiempo, cada país estuvo gobernado por un solo partido conservador —la Unión Demócrata Cristiana (CDU), en Alemania, y el Partido Liberal Demócrata (LDP), en Japón. Ambos partidos impulsaron una política de alianza cercana con Estados Unidos, y de respaldo fiel a sus posiciones geopolíticas.
Este inquebrantable respaldo empezó a romperse primero en Alemania. La CDU comenzó a alternar el poder en 1969 con el Partido Socialdemócrata, cuyo canciller, Willy Brandt, lanzó la Ostpolitik, buscando alguna suerte de tregua con la Unión Soviética. El debilitamiento de los vínculos alemanes con Estados Unidos progresó lentamente hasta el quiebre significativo en 2003 cuando Alemania se alió con Francia y Rusia para derrotar la resolución que apoyaba Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que habría constituido una legitimación de la invasión estadunidense de Iraq.
Nada similar ocurrió por mucho tiempo en Japón, hasta el 31 de agosto de 2009, cuando el Partido Demócrata de Japón (DPJ), encabezado por Yukio Hatoyama, barrió al LDP del cargo a partir de una plataforma que incluía repensar la relación subordinada de Japón a Estados Unidos. En 1996 Hatoyama publicó un artículo donde describía el tratado de seguridad Japón-Estados Unidos como “reliquia de la Guerra Fría” y llamaba a Japón a destetarse de su excesiva dependencia de Estados Unidos.
Hacía mucho tiempo que había un asunto contencioso en las relaciones Estados Unidos-Japón: la existencia de bases militares estadunidenses en Okinawa y sus condiciones de gobierno. Para aminorar el desacuerdo, Estados Unidos estaba negociando un nuevo arreglo con el gobierno previo (del LDP) que pudiera transferir algunas tropas (no todas) de la isla de Okinawa a Guam, y reubicar la base militar existente a un área más remota de Okinawa. Hatoyama, sin embargo, parecía querer que las tropas estadunidenses abandonaran la isla por completo. Éste era el punto de vista de uno de los socios de la coalición del DPJ, el Partido Socialdemócrata, proferido en voz fuerte.
Había una complicación adicional. Justo en ese momento, salió a la luz un acuerdo secreto entre Estados Unidos y Japón. Okinawa había sido ocupada por Estados Unidos desde 1945, bajo su control total. Estados Unidos accedió entonces a revertir la isla a Japón en 1972, pero manteniendo su base. Pero había un problema. Estados Unidos tenía armas nucleares en Okinawa. Japón mantenía la política oficial de los tres principios de los no nucleares (no poseer, no producir y no permitir la entrada de armamentos nucleares a Japón). Supuestamente, estos principios gobernarían ahora la base estadunidense. Sin embargo, parece que el presidente Nixon y el primer ministro japonés Eisaku Sato firmaron un acuerdo en 1969 que permitía que Estados Unidos reingresara sus armamentos nucleares en Okinawa en caso de emergencia. Dado que ésta era una violación directa de la política oficial japonesa, se mantuvo en secreto y lo sabían muy pocas personas en Japón.
Además, tras asumir el cargo, Hatoyama añadió leña al fuego haciendo un llamado público a la creación de la Comunidad de Asia Oriental, abrazando a China, Corea del Sur y Japón, pero sin incluir a Estados Unidos.
La reacción inicial de Estados Unidos a todos estos eventos fue considerar la posición de Hatoyama como la retórica de un gobierno populista y sin experiencia, y que no debía ser tomada muy en serio. Pero conforme Hatoyama continuó vacilando acerca la propuesta del nuevo acuerdo de Okinawa, el gobierno estadunidense desconfió más y más de él y se preocupó por las implicaciones a largo plazo de lo que parecía un nuevo giro en la estrategia geopolítica japonesa. A finales de diciembre, la secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, convocó al embajador japonés para decirle tajantemente que Estados Unidos no se movería de los términos del propuesto nuevo acuerdo acerca de la base militar. El Washington Post informa ahora de que Estados Unidos está molesto con Hatoyama, y considera la posición japonesa como tal vez más problemática de lo que habría pensado con anterioridad.
Es cierto que los dos periódicos principales de Japón, el Asahi Shimbun y el Yomiuri Shimbun, han escrito editoriales y artículos de opinión este último mes advirtiendo cautela contra este quiebre con Estados Unidos. Pero también lo hicieron los periódicos conservadores en Alemania conforme se apartó del alineamiento total con Estados Unidos. No obstante, Hatoyama se halla bajo presión política para disminuir el paso en el distanciamiento hacia Estados Unidos, y como tal él vacila. Pero vacilar no es lo mismo que restaurar lazos cercanos con cualquier aliado que previamente no necesitaba preocuparse de la lealtad de sus rocas sólidas.
Actualmente se piensa que el gobierno conservador de Corea del Sur comparte el punto de vista estadunidense hacia Japón. Sin embargo, el propio distanciamiento de Corea del Sur con respecto de Estados Unidos comenzó hace mucho, e inicialmente ocurrió bajo el liderazgo del mismo partido conservador que ahora está de nuevo en el poder. En 2003, el gobierno sudcoreano admitió que había estado enriqueciendo uranio y plutonio en secreto por 20 años. El proceso fue mucho más allá de cualquier cosa que Irán haya sido acusado de hacer, crear armas nucleares en violación al Acuerdo de Salvaguarda. Esto nunca lo remitió al Consejo de Seguridad de la ONU la Agencia Internacional de Energía Atómica, pero revela el grado de autonomía del gobierno sudcoreano con respecto la dependencia de Estados Unidos.
Si uno combina lo que está ocurriendo en Japón y Corea del Sur con la creciente reafirmación geopolítica de China, parece bastante probable que la siguiente década presenciemos considerable movimiento encaminado a crear la Comunidad de Asia Oriental propuesta por Hatoyama. Y mientras Alemania y Francia se acercan a Rusia, y Japón y Corea del Sur se acercan más a China, Estados Unidos ya no puede contar, de ningún modo, con las dos rocas sólidas sobre las cuales construyó su estrategia geopolítica como potencia (alguna vez) hegemónica del sistema-mundo.
Traducción: Ramón Vera Herrera
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/01/10/index.php?section=opinion&article=018a1mun
sábado, 5 de diciembre de 2009
Europa occidental y Rusia se acercan
Immanuel Wallerstein
La Jornada
El lento proceso de crear una alianza geopolítica duradera de Europa occidental con Rusia tiene una larga historia, que madura lentamente. Puede rastrearse a la visita del presidente Charles de Gaulle a la Unión Soviética en 1944, donde él firmó el Tratado Franco-Soviético de Alianza y Asistencia Mutua. Fue una forma de reafirmar la centralidad de Francia en la política europea y de tomar distancia de sus aliados (de algún modo renuentes): Estados Unidos y Gran Bretaña.
Para De Gaulle, los intereses geopolíticos se impusieron a las diferencias ideológicas.
El siguiente momento crucial fue el empeño del canciller social-demócrata de Alemania occidental Willy Brandt en pos de la llamada Ostpolitik, tras llegar al cargo en 1969. Esto implicó una nueva détente, una relajación diplomática, con la Unión Soviética (y también la apertura de comunicaciones con Alemania oriental).
El tercer momento crucial fue el gran debate a finales de las décadas de 1970 y 1980 por la construcción de un gasoducto de la Unión Soviética a Europa occidental, que fue apoyado por Alemania, Francia y aun la Gran Bretaña de la señora Thatcher.
El cuarto momento crucial fue la proclamación que hiciera en 1987 el primer ministro soviético Mijail Gorbachov, de la necesidad de construir un hogar europeo común.
El punto en común de los cuatro momentos fue que Estados Unidos consideró a todos dudosas propuestas, por lo menos, y en el peor de los casos como iniciativas que potencialmente socavaban sus intereses globales.
Tras el colapso de la Unión Soviética, la Rusia de Boris Yeltsin congeló todas estas ideas, y le dio prioridad a desarrollar relaciones cercanas con Estados Unidos. Todos los regímenes poscomunistas de Europa centro-oriental, descansaron al ver disminuir los signos de relaciones más cercanas entre Europa occidental y Rusia.
Sin embargo, cuando a Yeltsin lo sucedió Vladimir Putin, las políticas públicas rusas se revirtieron hacia la búsqueda de relaciones más estrechas con Europa occidental, y con Francia y Alemania en particular. Esto pareció madurar en febrero de 2003, cuando los tres países unieron esfuerzos para derrotar el intento de Estados Unidos y Gran Bretaña de hacer que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respaldara la invasión de Irak que estaba a punto de ocurrir. Esta vez, Estados Unidos, bastante abiertamente, definió esta colaboración como hostil a los intereses globales estadunidenses.
Desde entonces, y apenas registradas en el radar mundial, estas relaciones han continuado avanzando, pese a la continuada hostilidad estadunidense y al miedo y a la oposición general de los gobiernos en turno en los estados de Europa centro-oriental, alguna vez satélites.
Putin continúa utilizando el mecanismo de una de sus mayores cartas guardadas, las exportaciones rusas de gas natural, como una forma de consolidar estos vínculos. Desde la década de 1990 el debate ha sido la ruta que asumirán los nuevos ductos masivos de Rusia y Asia central a Europa occidental.
Los rusos han favorecido lo que se conocen como Nord Stream y South Stream [gasoductos del norte y del sur]. El gasoducto conocido como Nord Stream iría de Rusia a través del Mar Báltico a Alemania dándole la vuelta a Ucrania, Bielorrusia, Polonia y los estados bálticos.
El South Stream iría de Rusia vía el Mar Negro a Bulgaria, y de ahí tendría dos ramales, una vía noroeste a través de Serbia, Hungría y Eslovenia hacia Austria y otra vía al suroeste cruzando Grecia y el Adriático hacia Italia.
Estados Unidos impulsa un tercer proyecto de gasoducto llamado Nabucco, que intenta rodear Rusia obteniendo gas de Turkmenistán. Cruzaría el Mar Caspio a Azerbaiján, seguiría por Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumania y Hungría a Austria para ir de ahí a Alemania y a la República Checa. Pero debido a que las existencias de Turkmenistán son limitadas, el gas tendría que venir, a fin de cuentas, de Rusia, lo que disminuye su utilidad geopolítica.
En cualquier caso, en lo que Le Monde llama golpe maestro, Putin llegó a París a finales de noviembre para sellar un trato con los franceses para trabajar junto en lograr los gasoductos Nord Stream y South Stream. Una figura francesa clave, el director ejecutivo de GDF Suez, Gérard Mestrallet, dijo que Rusia es un socio indispensable para el futuro y para Europa.
El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, hizo un llamado a un espacio de seguridad común entre Europa y Rusia. Éste es el mismo Sarkozy que es alabado en Washington como el más pro estadunidense de los presidentes franceses desde 1945. De nuevo, los intereses geopolíticos avasallan a las diferencias ideológicas.
Los estados de Europa centro-oriental terminarán alineados, descontentos y temerosos. Pero la realidad geopolítica es que Estados Unidos puede hacer muy poco por disminuir el paso de la gran alianza que se avecina.
Traducción: Ramón Vera Herrera
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/12/05/index.php?section=mundo&article=022a1mun
domingo, 8 de noviembre de 2009
Afganistán: Cara, pierdes; cruz, también pierdes
08-11-2009
Immanuel Wallerstein
La Jornada
La guerra en Afganistán es una guerra en la que tanto Estados Unidos como Obama perderán sin importar lo que hagan ahora Estados Unidos o el presidente Obama. El país y su presidente están en una situación de trabazón total.
Consideren la situación básica. El gobierno afgano en Kabul no tiene legitimidad alguna para la mayoría de la población. Tampoco tiene un ejército digno de su nombre. No tiene tampoco una base financiera. No hay casi seguridad militar ni personal por ninguna parte. Se enfrenta con la oposición de una guerrilla, los talibanes, que controlan la mitad del país y que de un modo constante se han fortalecido desde que el gobierno talibán fuera derrocado en 2001 por una invasión extranjera (en gran medida estadunidense). El New York Times informa de que los talibanes dirigen una sofisticada red financiera para pagar sus operaciones insurgentes, algo que los funcionarios estadunidenses intentan, infructuosamente, cortar.
Hace poco, el presidente Hamid Karzai fue relegido en una votación manifiestamente falsificada. El gobierno estadunidense aceptó tragarse esto porque Karzai es el único político importante pastún, el grupo étnico que es la base del apoyo de los talibanes. Por tanto es el único que puede tener la esperanza de llegar a algún arreglo político con algunos o todos los talibanes. Estados Unidos tuvo que pasar la vergüenza pública de reconocer el fraude electoral y recibió presiones para ponerle presión a Karzai para que aceptara unas elecciones extemporáneas de segunda vuelta. No hay duda de que Karzai ganaría esta segunda vuelta. Tras las elecciones, su posición política será muy débil.
El principal aliado político de Estados Unidos en la región, Pakistán, está claramente coludido con los talibanes –en gran parte para garantizar su propia supervivencia interna-. El comandante militar estadunidense, el general Stanley McChrystal, insiste en que necesita de inmediato 40.000 soldados más, o será demasiado tarde para ganar la guerra en Afganistán. Parece poco probable que obtenga la cifra completa de estas tropas, o con la celeridad suficiente, para cumplir con el plazo implícito. Hay muchas figuras militares que dudan de que tenga razón al argumentar que con sus 40.000 soldados más, si le llegaran de inmediato, pudiera cabiar la situación.
No es muy arriesgado sugerir que Estados Unidos tendrá que retirarse de Afganistán en algún momento. Quién llegará al poder en Afganistán en ese momento, es una cuestión demasiado abierta. Puede muy bien haber una guerra civil prolongada.
Dentro de de Estados Unidos, la opinión acerca de la guerra perdida se dividirá en extremo. Parece claro que la derecha republicana se prepara para acusar de traición entreguista a los demócratas en general y a Obama en particular. El general McChrystal puede muy bien ser su candidato a la presidencia, si no en 2012, entonces en 2016.
Obama no obtendrá crédito por nada de lo que haga. Si brinda respaldo pleno e inmediato a las peticiones de McChrystal, será de todos modos acusado por los republicanos de haberlo hecho demasiado tarde. Al mismo tiempo, habrá generado una ira profunda entre por lo menos la mitad, si no más, de quienes votaron por él en 2008.
La guerra en Afganistán se habrá convertido en la guerra de Obama. Cuando Estados Unidos pierda esa guerra, será Obama quien será acusado de haberla perdido. Aun si logra que se apruebe algún tipo de legislación sanitaria (lo cual es posible), y aun cuando la situación económica de Estados Unidos y del mundo mejore en los próximos años (lo cual es dudoso), la guerra en Afganistán seguirá siendo la sombra más grande y será, por sí sola, el elemento más importante para juzgar su presidencia.
¿Puede Obama revertir esta situación moviéndose dramáticamente en otra dirección –hacia un rápido acuerdo político con los talibanes y hacia una retirada completa?- Aparte del hecho de que no haya evidencia pública de con qué seriedad está Obama contemplando esto, no hay todavía el nivel de respaldo público en Estados Unidos como para que sea una opción política posible para él. Aún no cuenta con el grado de respaldo necesario dentro de su propio gobierno para un viraje dramático.
Así que Estados Unidos y Obama se tropezarán con el asunto, por uno o dos años, mientras la situación política y militar se deteriora. Para Estados Unidos y para Obama, si sale cara pierden, si sale cruz, también pierden.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/11/07/index.php?section=opinion&article=022a1mun
lunes, 12 de octubre de 2009
Irán de nuevo: ¿están todos "blofeando"?
12-10-2009
Immanuel Wallerstein
La Jornada
Irán retorna al primer plano de la diplomacia pública. El presidente Obama, junto con el primer ministro Gordon Brown, del Reino Unido, y el presidente Nicolas Sarkozy, de Francia, sostuvieron una conferencia de prensa donde pareciera que le dieron a Irán otro ultimátum: o se conforma a sus demandas, lo que ellos llaman las demandas de la comunidad internacional, para diciembre de este año, o enfrentará nuevas sanciones. Obama dijo que Irán está rompiendo la regla que todas las naciones deben seguir.
La ocasión inmediata fue el hecho de que Irán anunció –o desde el punto de vista de los tres líderes occidentales, Irán admitió– que está construyendo unas instalaciones cerca de Qom donde habrá 3 mil centrifugadoras para enriquecer uranio. Según Obama, esto significa muy poca cantidad para el propósito ostensible –la generación de electricidad– pero tiene el tamaño adecuado para producir material para cabezas nucleares. Ergo, Irán miente acerca de sus intenciones.
Parece que la inteligencia occidental descubrió la existencia de la construcción hace algún tiempo y siente que ahora esto está verificado convincentemente. El punto de vista occidental es que Irán anunció la existencia de la construcción porque ya estaba consciente de que la inteligencia occidental la había descubierto y estaba a punto de revelar el punto al mundo. El presidente Ahmadinejad dice que, bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), el requisito es que Irán debe anunciar la existencia de una construcción así con seis meses de anticipación a ponerla en funcionamiento, y por eso fue que lo anunciaron hasta ahora.
En cualquier caso, Obama está haciendo grande la cosa, y está usando este hecho en que todos concuerdan (la construcción de una planta) como base para obtener nuevas sanciones de Naciones Unidas contra Irán. Parece claro que Obama confía en que este nuevo hecho será suficiente para persuadir a Rusia y a China de dar su respaldo o por lo menos no oponerse a la resolución de nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad de la ONU.
En efecto, la derecha estadunidense y los israelíes están diciendo se los dijimos. Desde su visión Irán ha estado mintiendo siempre, miente ahora, y como tal debe ser castigado seriamente. Es obvio que no piensan solamente en meras sanciones sino en bombardear la planta (y sin duda otras plantas nucleares conocidas). Así que, ¿estamos al borde de futuras sanciones?; o aun más, ¿de bombardear Irán, sea por Estados Unidos o Israel con el apoyo tácito de Estados Unidos? Es posible, pero en realidad no lo creo. Pienso que lo que está ocurriendo es un gigantesco blofeo de todos y cada uno.
Empezamos por Irán. Siempre he estado de acuerdo con la derecha estadunidense y los israelíes en que Irán intenta lograr el estatus de una potencia nuclear. Mi diferencia con ellos simplemente es que esto me parece normal, inevitable y no es para nada un desastre geopolítico.
Desde el punto de vista de Irán, hay tres potencias nucleares en las inmediaciones –India, Pakistán e Israel– que no sólo nunca han firmado el TNP sino que de hecho tienen armas nucleares, muchas armas nucleares. Sin embargo a ellos no se les acusa de violar las normas de la comunidad internacional. Entonces los iraníes dicen: ¿por qué la toman contra Irán? A diferencia de estos otros países vecinos sí firmó el TNP y hasta ahora nunca ha violado sus disposiciones específicas. No obstante, ahora se le denuncia públicamente por una violación de las normas internacionales mucho menor que la de los otros tres países. El presidente Lula de Brasil señala que Brasil también está enriqueciendo uranio y no ve nada de malo en que Irán lo haga.
¿Por qué hizo Obama su anuncio justo ahora si ya sabía desde hace algún tiempo que Irán construía esta planta? Él alega que primero quería estar absolutamente seguro de la calidad de sus informaciones de inteligencia. Pero es claro también que anunciarlo en este mismo momento es bastante útil en casa. Obama está siendo atacado por la derecha estadunidense por sus propuestas en atención a la salud y por su aparente vacilación en enviar más tropas a Afganistán. Hablarle duro a Irán protege un poco su flanco derecho y puede fortalecer su mano en lo político, para estas otras cuestiones.
Lo mismo podría decirse de Irán. Ahmadinejad, como Obama, atraviesa algunas dificultades políticas internas. Hablarle duro a Occidente es obviamente algo que le permite consolidar un sentimiento nacionalista en torno a su régimen islámico, especialmente si Occidente lo obliga a hablar duro también.
Rusia y China siempre han argumentado que podrían ser contraproducentes sanciones más duras. Ambos países tienen intereses económicos y geopolíticos en mantener sus razonables buenas relaciones con Irán. Por supuesto, tampoco quieren ir tan lejos en antagonizar a Estados Unidos. Así que es probable que continúen moviéndose con cautela, lentitud y ambigüedad. En septiembre, el presidente Medvediev de Rusia puede decirle alguna frase a Obama, que es crítica hacia Irán, una que haga sonreír a Obama. Pero eso no significa que Rusia vote por un resolutivo de sanciones en verdad serias en diciembre. Por una cuestión, los rusos (y los chinos) realmente no creen que más sanciones sean efectivas en cambiar la postura básica de Irán, y muchos analistas serios del mundo occidental tampoco lo creen.
Y en cuanto a las acciones militares, consideren lo siguiente: Obama enfrenta la exigencia del general Stanley McChrystal de que haya una escalamiento significativo del compromiso militar estadunidense en Afganistán. El grado en que el secretario de Defensa Robert Gates dé su respaldo a esto es todavía incierto. Hay ya oposición significativa entre los políticos demócratas. Y el público estadunidense parece estar dudoso en extremo. Obama reflexiona sobre la estrategia de largo plazo.
Pienso que Obama cederá, al menos parcialmente, y autorizará más tropas. Pienso que es en extremo improbable que haya un incremento semejante en tropas procedentes de otros países de la OTAN. De hecho, es bastante más probable que haya más retiradas de su parte. Dada la situación en Afganistán, ¿quién en Estados Unidos va a apoyar una acción militar real contra Irán? ¿Obama? ¿El Estado Mayor Conjunto? ¿El público estadunidense? Yo diría que tal acción militar es improbable en extremo. Y a los israelíes, cualesquiera que sean sus ansiedades y deseos, no se les concederán los necesarios derechos de sobrevuelo.
Entonces, ¿adónde nos deja esto? Al mundo lo deja en un empantanamiento. Muchas palabras y poca acción. ¿Es esto lo que Ahmadinejad quiere? Es probable. ¿Lo denunciarán la derecha estadunidense y los israelíes? Es probable. ¿Puede Obama hacer algo para cambiar la situación? No veo qué. Este momento será visto por los futuros historiadores como una pieza de evidencia más de la caída de la influencia geopolítica de Estados Unidos. Lo que los futuros historiadores dirán también es que Irán, al desafiar las resoluciones del Consejo de seguridad de Naciones Unidas, actúa igual que lo han hecho durante los últimos 50 años un gran número de países. Ni más ni menos. La promoción no es lo mismo que la realidad.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/10/11/index.php?section=opinion&article=034a1mun
Traducción: Ramón Vera Herrera
sábado, 5 de septiembre de 2009
La tormenta de fuego que viene
Immanuel Wallerstein
La Jornada
En Medio Oriente se avecina una tormenta de fuego para la que ni el gobierno ni el público de Estados Unidos están preparados. No parecen tener la mínima conciencia de qué tan cerca está en el horizonte o qué tan feroz será. El gobierno estadunidense (y por lo tanto es casi inevitable que el público estadunidense) se engaña a sí mismo a nivel masivo acerca de su capacidad para lidiar con la situación en términos de sus objetivos expresados. La tormenta irá de Irak a Afganistán a Pakistán y a Palestina/Israel y, para utilizar la expresión clásica, se regará como lumbre.
Comencemos con Irak. Estados Unidos ha firmado con Irak un Acuerdo de Estatus de Fuerzas (SOFA, por sus siglas en inglés), que entró en vigor el pasado primero de julio. Éste fijó la responsabilidad de la seguridad interna en el gobierno iraquí y, en teoría, esencialmente restringe las fuerzas estadounidenses a sus bases y a algún limitado papel de entrenar a las fuerzas iraquíes. Algo del fraseo de este acuerdo es ambiguo. Y esto es deliberado puesto que fue la única forma en que ambos lados lo firmaran.
Aun los pocos meses de operación que tiene muestran lo mal que funciona este acuerdo. Las fuerzas iraquíes lo han estado interpretando muy estrictamente y con formalidad prohíben los patrullajes conjuntos y también cualquier acción militar unilateral de los estadunidenses sin que exista una aclaración previa y detallada con el gobierno. Las fuerzas iraquíes han llegado al punto en que a diario impiden que las tropas estadunidenses crucen con abasto durante las horas del día los puestos de revisión.
Las fuerzas estadunidenses se resienten. Han intentado interpretar de una manera mucho más suelta de lo que quisieran las tropas iraquíes la cláusula que les garantiza el derecho a la defensa propia. Apuntan al resurgimiento de la violencia en Irak y por tanto, implícitamente, a la incapacidad de las fuerzas iraquíes para garantizar el orden.
Es obvio que el general que comanda las fuerzas estadunidenses, Ray Odierno, se encuentre descontento en extremo y patentemente trama para encontrar excusas que restablezcan un involucramiento estadunidense directo. Recientemente se reunió con el primer ministro iraquí, Nuri Maliki, y con el presidente del gobierno regional kurdo, Masoud Barzani. Odierno buscó persuadirlos de que permitieran patrullajes conjuntos tripartitas (iraquíes/kurdos/estadunidenses) en Mosul y en otras áreas del norte de Irak, con el fin de evitar o minimizar la violencia. Cortésmente accedieron a considerar su propuesta. Por desgracia para Odierno, su plan requeriría una revisión formal del acuerdo SOFA.
Originalmente se suponía que a principios de julio habría un referendo sobre la aprobación popular al acuerdo SOFA. Estados Unidos tenía miedo de perder la votación, lo que habría significado que todas las fuerzas estadunidenses tendrían que retirarse de Irak para el 31 de diciembre de 2010, un año antes de la fecha teórica del acuerdo SOFA.
Estados Unidos pensó que era muy inteligente al persuadir a Maliki que pospusiera este referendo para enero de 2010. Ahora se llevará a cabo en conjunción con las elecciones nacionales. En estas elecciones, todos buscarán obtener votos. Nadie va a hacer campaña a favor de un SI en el referendo. Por si hubiera alguna duda, Maliki está presentando un proyecto al Parlamento iraquí que permitirá que una mayoría simple de votos NO anule el acuerdo. Habrá una mayoría de votos NO. Puede aun haber una mayoría aplastante de votos NO. Odierno debería empezar a empacar ahora. Apuesto a que aun tiene la ilusión de que puede evitar el comienzo de la tormenta de fuego. No puede.
¿Qué pasará entonces? Hasta ahora, pero esto puede cambiar de aquí a enero, parece que Maliki ganará las elecciones. Logrará esto volviéndose el campeón número uno del nacionalismo iraquí. Hará tratos con todos y cada uno sobre esta base. Al momento, el nacionalismo iraquí no tiene mucho que ver con Irán o Arabia Saudita o Israel o Rusia. Significa primero que nada liberar Irak de los últimos vestigios de dominio colonial estadunidense, que es como casi todos los iraquíes definen lo que han vivido desde 2003.
¿Habrá violencia interna en Irak? Probablemente, aunque posiblemente menos de lo que esperan Odierno y otros. Pero, ¿y qué? La liberación iraquí –que es lo que todo el Medio Oriente interpretará con el voto NO en el referendo por venir– tendrá gran impacto sobre Afganistán. Ahí, el pueblo dirá: si los iraquíes pueden hacerlo, nosotros también.
Por supuesto, la situación de Afganistán es diferente, muy diferente, de aquella de Irak. Pero miremos lo que ocurre ahora con las elecciones en Afganistán. Tenemos un gobierno puesto en el poder para controlar y destruir a los talibanes. Los talibanes han resultado ser mucho más tenaces y militarmente efectivos de lo que nadie hubiera anticipado. Aun el rudo comandante de ahí, Stanley McChrystal, lo ha reconocido. El ejército estadunidense habla ahora de triunfar tal vez en 10 años. Es claro que los soldados que piensan que cuentan con 10 años para ganar una guerra contra insurgentes no han leído historia militar.
Veamos a los políticos afganos mismos. Tres candidatos punteros a la presidencia, incluido el presidente Hamid Karzai, debatieron en televisión sobre la guerra interna actual. Concordaron en una cosa. Tiene que haber algún tipo de negociación política con los talibanes. Difirieron en los detalles. Estados Unidos y las fuerzas de la OTAN están ahí, ostensiblemente, para destruir a los talibanes. Y los políticos afganos más importantes debaten ahora cómo llegar a términos políticos con ellos. Aquí hay una discrepancia en la apreciación de las realidades, o tal vez en los objetivos políticos.
Las encuestas –en lo que valgan– muestran que la mayoría de los afganos quiere que las fuerzas de la OTAN se vayan y la mayoría de los votantes estadunidense quiere lo mismo. Ahora miremos hacia enero de 2010, cuando los iraquíes votarán que Estados Unidos salga de Irak. Recuerden que, antes de que los talibanes llegaran al poder, el país era el sitio de un fiero y despiadado combate entre los señores de la guerra que competían unos contra otros, cada uno con sus bases étnicas, por controlar el país.
De hecho, Estados Unidos descansó cuando los talibanes (con respaldo de los paquistaníes) asumieron el poder. Orden por fin. Pero resultó que había un pequeño problema. Los talibanes se tomaban en serio lo de la sharia y eran amistosos con la emergente Al Qaeda. Así que tras el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos, con la aprobación de Europa occidental y la sanción de Naciones Unidas, invadió. Los talibanes fueron derrocados del poder –por un poco tiempo.
¿Qué pasará ahora? Probablemente los afganos vuelvan a la situación de las continuadas e insidiosas reyertas interétnicas de los señores de la guerra, y serán los talibanes solamente una de las facciones. La tolerancia del público estadounidense hacia esa guerra se evaporará por completo. Todas las facciones internas y muchos de los vecinos (Rusia, Irán, India, y Pakistán) seguirán peleando por los pedazos.
Y luego la etapa tres: Pakistán. Aquí hay otra situación complicada. Pero ninguno de los jugadores confía en Estados Unidos. Y las encuestas muestran que el público paquistaní piensa que el mayor peligro para Pakistán es Estados Unidos, y eso lo muestra una votación abrumadora. El enemigo tradicional, India, está muy atrás de Estados Unidos en las encuestas. Cuando Afganistán se desmorone en una guerra civil a toda vela, el ejército paquistaní estará muy ocupado respaldando a los talibanes. No pueden respaldar a los talibanes en Afganistán y combatirlos en Pakistán. Ya no aceptarán que los aviones no tripulados estadunidenses, los llamados drones, bombardeen Pakistán.
Así llegamos a la etapa cuatro de la tormenta de fuego: Israel/Palestina. El mundo árabe observará el colapso de los proyectos estadunidenses en Irak, Afganistán y Pakistán. El proyecto estadunidense en Israel/Palestina es un acuerdo de paz entre los israelíes y los palestinos. Los israelíes no van a ceder un centímetro. Pero tampoco ahora, y especialmente después del resto de la tormenta de fuego, cederán los palestinos. La única consecuencia será la enorme presión que los otros estados árabes pondrán sobre Fatah y Hamas para que unan fuerzas. Esto se hará sobre el cadáver de Mahmoud Abbas –lo que podría ser literalmente el caso.
Todo el programa de Obama se habrá ido en las llamas. Y los republicanos harán paja con él. Le llamarán traición a la derrota estadunidense en Medio Oriente y es obvio ahora que hay un grupo grande al interior de Estados Unidos que será receptivo al tema.
Cuando uno anticipa tormentas de fuego hace uno algo útil al respecto o es barrido por ellas.
Traducción: Ramón Vera Herrera
lunes, 25 de mayo de 2009
El hundimiento del dólar

25-05-2009
Immanuel Wallerstein
La Jornada
Cuando el premier Wen Jiabao de China dijo en marzo de 2009 que estaba un poquito preocupado por la situación del dólar estadunidense, se hacía eco de los sentimientos de estados, empresas e individuos por todo el mundo. Él hizo un llamado a Estados Unidos para que mantenga su buen crédito, honre sus promesas y garantice la seguridad de los activos de China.
Apenas hace cinco años, esto habría parecido una petición muy presuntuosa. Ahora parece entendible aun para Janet Yellen, presidenta del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, pese a que considera que las propuestas de China acerca de la divisa mundial de reserva está lejos de ser una alternativa práctica.
Hay sólo dos maneras de almacenar riqueza: en estructuras físicas concretas y en alguna forma de dinero (divisas, bonos, oro). Ambas implican riesgos para el poseedor. Las estructuras físicas se deterioran a menos que se utilicen, lo que implica costos. Utilizar tales estructuras para obtener ingresos y como tal ganancias, depende del mercado –es decir, de la disponibilidad de compradores que deseen adquirir lo que las estructuras físicas puedan producir.
Las estructuras físicas son, por lo menos, tangibles. El dinero (que se denomina con cifras nominales) es meramente una reclamación potencial ante las estructuras físicas. Si varía un pequeño monto, casi nadie lo nota. Pero si varía considerablemente y con frecuencia, sus poseedores pueden ganar o perder mucha riqueza, en ocasiones bastante rápido.
En términos económicos una divisa de reserva es la forma más confiable de dinero, la que varía menos. Es entonces el lugar más seguro para almacenar cualquier riqueza que uno tenga, que no asuma la forma de estructuras físicas. Desde por lo menos 1945, la divisa mundial de reserva ha sido el dólar estadunidense. Es todavía el dólar estadunidense.
El país que emite la divisa de reserva tiene una ventaja singular sobre los otros países. Es el único que puede legalmente imprimir la divisa, siempre que piense que es a favor de su interés hacerlo.
Todas las divisas tienen una tasa de cambio con las otras divisas. Desde que en 1973 Estados Unidos puso fin a su tasa fija de cambio con el oro, el dólar ha fluctuado con respecto a otras divisas, subiendo y bajando. Cuando su divisa ha bajado con respecto a otra, se ha vuelto más fácil vender sus exportaciones porque el comprador de las exportaciones requiere menos de sus propias divisas. Pero también ha hecho más cara la importación, debido a que requiere más dólares para pagar el artículo importado.
En el corto plazo, una divisa debilitada puede incrementar el empleo al interior de un país. Pero esto es, cuando mucho, una ventaja de corto plazo. En el mediano plazo, hay mayores ventajas de contar con una divisa considerada fuerte. Esto significa que el poseedor de tales divisas tiene más control de la riqueza del mundo medida en productos y estructuras físicas.
Más allá del mediano plazo, las divisas de reserva son fuertes y quieren seguir siéndolo. La fortaleza de una divisa de reserva se deriva no sólo de su control sobre la riqueza del mundo sino del poder político que le ofrece al sistema-mundo. Es por eso que la divisa mundial de reserva tiende a ser la divisa del poder hegemónico en el mundo, aun si se trata de una potencia hegemónica en decadencia.
Así que, ¿ por qué está un poquito preocupado el primer ministro Wen? Es claro que es porque durante las últimas cuantas décadas, la tasa de cambio del dólar estadunidense ha estado fluctuando bastante pero a fin de cuentas va descendiendo lentamente. Uno de los factores principales ha sido la deuda global increíblemente creciente del gobierno de Estados Unidos. Existen dos modos principales mediante los cuales Estados Unidos ha podido balancear su contabilidad. Imprime dinero y vende bonos del tesoro estadunidense, primordialmente a otros gobiernos (los llamados fondos soberanos de inversión).
No es secreto que en años recientes el mayor comprador de bonos del tesoro estadunidense haya sido China. No es el único. Japón y Corea del Sur, Arabia Saudita y Abu Dhabi, India y Noruega, han comprado, todos, bonos del tesoro de Estados Unidos. Pero China es hoy el mayor comprador, y dada la presente contracción del crédito, China es uno de los pocos probables compradores en el futuro inmediato.
El dilema para China, como para otros que invirtieron en bonos del tesoro estadunidenses, es que si el dólar baja aún más o si hay una inflación significativa por el hecho de que Estados Unidos imprime dinero, su inversión en bonos del tesoro puede hacerlos perder dinero. Por otro lado, ¿qué alternativas tienen China o los demás?
La conclusión de políticas que China (y otros compradores) sacan es que hay un discreto desposeimiento constante. No quieren que sea tan rápido que ocasione un pánico bancario, pero que tampoco sea tan lento que uno termine siendo el último fuera de la puerta antes de la estampida, como tituló su artículo Joseph Stroupe en el Asia Times.
China está reduciendo la cantidad de bonos del tesoro estadunidense que está comprando, y ahora prefiere comprar unos de plazo más corto en lugar de aquellos de plazo más largo. China incursiona en el cambalache o trueque de divisas con otros países, como Argentina, de tal modo que ninguno tenga que usar dólares en sus transacciones. Y China está haciendo un llamado a la creación de una divisa de reserva alterna basada en los Derechos Especiales de Giro (DEG) creados por el Fondo Monetario Internacional, con base en una canasta de monedas. Rusia ya respaldó el llamado.
Estados Unidos no está seguro de cómo responder. Cuando el secretario del Tesoro Timothy Geithner dijo que el gobierno estadunidense está bastante abierto a la propuesta de China de incrementar el uso de los DEG, de inmediato bajó el dólar en el mercado de divisas. Así que Geithner clarificó entonces lo que había dicho. El dólar permanecería como divisa de reserva dominante en el mundo y es probable que continúe así por un periodo prolongado de tiempo. Aseguró que hará lo necesario para garantizar que mantenemos la confianza en nuestros mercados financieros, y en la capacidad productiva de este país y en nuestros fundamentos de largo plazo.
¿Será que Geithner sólo está aparentando calma? Y más importante, ¿quién cree que lo que dice es plausible? La clave de la fuerza de una divisa no son los llamados fundamentos sino la fe en la realidad de esos fundamentos.
Todos los actores principales están confiando que pueda haber una aterrizaje suave, una transición ordenada hacia algo que se aparte del dólar estadunidense. Nadie quiere precipitar una caída libre, porque nadie está seguro de salir adelante si eso ocurre. Pero si el estímulo de Estados Unidos resulta ser la última de las burbujas, el dólar bien puede desinflarse repentinamente en la forma más caótica. El modo de decir estampida en francés es “sauve-qui-peut”, que se traduce literalmente como sálvese quien pueda.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
http://www.jornada.unam.mx/2009/05/24/index.php?section=opinion&article=027a1mun
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