
La situación en Irán ha cambiado
16-06-2009
Ron Jacobs
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Ahora llegan la histeria y las mentiras en negrita. Después de las elecciones iraníes, diversos comentaristas y así llamados periodistas en EE.UU. reaccionan como si el fin del mundo estuviera a la vuelta de la esquina.
Aunque nadie sabe con seguridad y todos sólo se basan en las palabras de los expertos de la prensa occidental y en un candidato indignado, virtualmente todos los medios noticiosos de EE.UU. dicen que la reelección de Ahmadineyad es el resultado de un fraude. No ha sido verificado por ninguna fuente objetiva, ni ha habido ninguna prueba fuera de la especulación de gente de los medios que quiere crear una historia o está tan convencida de lo que consideran como la naturaleza esencialmente maligna del titular del cargo que no pueden comprender su reelección. Un buen ejemplo es un artículo de Bill Keller en el New York Times. En ese texto, se vuelve calificar una vez más a Ahmadineyad de negador del Holocausto y se denigra a los que lo apoyan como una mayoría de campesinos que odian a las mujeres y de empleados públicos que de alguna manera se han beneficiado de su patrocinio. Los partidarios del reformista liberal Moussavi son mostrados a una luz mucho más favorable.
Lo que falta por completo en el artículo de Keller y muchos otros en los medios dominantes de EE.UU. (y en revistas liberales como Nation) es algún intento genuino de analizar el carácter de clase de los diferentes partidarios del candidato y el papel que Washington juega en la percepción mediática de la política iraní. La declaración analítica más honesta de Keller en todo su artículo: “El sábado fue un día de cólera al rojo vivo, de esperanzas aplastadas y de ilusiones puncionadas, de las calles de Teherán a los centros políticos de las capitales occidentales.” Keller y sus homólogos aceptan que los deseos de las capitales occidentales, especialmente aquellos de Washington, deben ser importantes para los iraníes. Aunque esto pueda valer ciertamente para una pequeña cantidad de miembros de la clase culta y de la comunidad empresarial en Irán, el hecho es que Occidente, especialmente Washington, todavía no es muy popular en las masas iraníes. No sólo son conscientes de décadas de intervención occidental en sus asuntos, el hecho de que miles de soldados de EE.UU. sigan combatiendo en dos de los vecinos de Irán hace que Washington sea indeseable y detestado. ¿Por qué iban a hacer algo para complacerlo? Sin embargo, en las mentes de los medios noticiosos de EE.UU., lo que domina la discusión son las necesidades de Washington.
En cuando al análisis de clases, parece que Ahmadineyad, con razón o sin ella, parece atraer a la mayoría de los campesinos y obreros en Irán. Tal como Marat y los jacobinos atrajeron a los campesinos, y a los pobres de las ciudades durante la revolución francesa, mientras Brissot y los girondinos atraían a los mercaderes y a las clases educadas. El apoyo a Ahmadineyad proviene de los que necesitan pan, mientras que el de Moussavi viene de los que tienen mucho pan y ahora quieren más libertades civiles. Aunque casi indiscutiblemente las políticas de Ahmadineyad han causado tantos problemas económicos como los que han resuelto, queda el hecho de que sus partidarios creen en su llamado de la campaña de 2005 a que los beneficios del petróleo lleguen a la mesa del comedor. Las declaraciones del señor Moussavi respecto a la eventual reducción de los subsidios a los productos básicos que benefician a los pobres pueden haberlo afectado en esa demografía más de lo que reconocen sus partidarios. En un artículo del Washington Post publicado el día antes de la elección, se señaló (junto con el hecho de que Ahmadineyad ganó la elección de 2005 con un “sorprendente” 62% de los votos) que sus políticas económicas incluyeron la distribución de “préstamos, dinero y otra ayuda para las necesidades locales.” Uno de esos programas involucró el suministro de seguros para las mujeres que hacen alfombras en sus casas y que no habían tenido seguros hasta que Ahmadineyad llegó al poder. Los críticos, incluido Moussavi, arguyen que “sus políticas de prodigalidad han alimentado la inflación y derrochado las ganancias inesperadas en petrodólares sin reducir el desempleo.” Hay otros elementos en juego en este caso, incluyendo la fabulosa corrupción de ciertos dirigentes no elegidos en Irán y el papel que la crisis económica internacional juega en la economía de todas y cada una de las naciones – un factor al que Irán no es inmune. Además, la naturaleza particular de una economía islámica que mezcla el gobierno y los negocios privados crea un conflicto constante entre los que quisieran nacionalizarlo todo y los que privatizarían todo.
Respecto a lo que esto significa para las relaciones entre Washington y Teherán – seguirán por el camino que el señor Obama desee que sigan. Tel Aviv, que criticó los resultados de la elección, no habría cambiado su deseo de aplastar a Teherán no importa quién hubiera ganado. Por cierto, el hecho de que Ahmadineyad haya sido reelegido facilita a Tel Aviv la tarea de seguir satanizando a la única amenaza auténtica a su dominación de la región. El resultado neto, sin embargo, es que el presidente de Irán no tiene poder sobre el curso a seguir por la política exterior de Irán. Ese poder sigue en manos del Consejo de Guardianes y del poder legislativo. El señor Obama haría bien en continuar con sus intentos de negociar sin condiciones. También sería sabio que terminara toda actividad clandestina contra el gobierno iraní realizada actualmente. Los medios occidentales harían bien en informarse sobre la verdadera naturaleza de la política y de la sociedad iraníes en lugar de adoptar el punto de vista de que lo que es mejor para Washington es mejor para Teherán. Y de nuevo, los medios debieran considerar el punto de vista ajeno a Washington en toda su cobertura internacional.
Para la izquierda, la respuesta es obvia. La situación en Irán ha cambiado. La popularidad aparente de Moussavi y otros reformistas oficialmente reconocidos lo mostró antes de la elección. La disputa por la veracidad de los resultados de la elección lo prueba aún más. Sin embargo, ni Ahmadineyad ni Moussavi representan un auténtico alejamiento del poder de la clase del bazar y su consejo clerical designado. El deseo de más libertades civiles debe ser coordinado con la necesidad de justicia económica. Ambas aspiraciones se enfrentan actualmente. Parece obvio que sólo un movimiento izquierdista puede unificarlas en una nación dividida entre sus ciudades y su campo; su clase media y sus trabajadores y habitantes rurales. Fue el caso antes de la toma del poder de la revolución iraní por fuerzas religiosas socialmente conservadoras en 1980 y podría volver a serlo.
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Ron Jacobs es autor de “The Way the Wind Blew: a History of the Weather Underground, que Verso acaba de publicar. Su primera novela “Short Order Frame Up”, está publicada en Mainstay Press. Puede contactarse con él en: rjacobs3625@charter.net
http://www.counterpunch.org/jacobs06152009.html
lunes, 15 de junio de 2009
Las elecciones iraníes y la histeria mediática
sábado, 13 de junio de 2009
Zahra Rahnavard, la mujer que ha cambiado la manera de hacer política en Irán

AFP
CATALINA GÓMEZ ÁNGEL desde Teherán
30 de mayo.-
Un cartel poco habitual tiene inundado las calles de Teherán, y de las grandes ciudades de Irán, por estos días preelectorales. En éste aparece en primer plano el ex Primer Ministro y candidato Mir Husein Musavi de la mano de su mujer, que tiene abierto su chador hasta su cintura dejando ver una camisa de color rosa y una pañoleta oscura con flores de colores con la que refuerza que su cabeza esté bien cubierta.
Una manera de actuar nada habitual en la República Islámica donde las mujeres de los políticos van tapadas totalmente de negro y suelen mantenerse al margen de las actividades públicas de sus esposos.
Pero Musavi, en una actitud considerada por algunos analistas de político moderno, decidió romper con todos los cánones que imperaban en Irán después de la Revolución y hacer campaña para las elecciones del 12 de junio junto a su mujer Zahra Rahnavard, de 64 años. Pero Nadie mejor que ella, en su opinión y la de su equipo, para ayudarle a atraer los votos de las mujeres, que fueron las que más votos le dieron al ex presidente Mohammad Jatami cuando salió presidente por primera vez en 1997. La jugada, por ahora, le ha salido perfecta.
Musavi sube cada vez más en las encuestas –algunas dicen que ya supera al Presidente Ahmadineyad- y Zahra se ha convertido en la gran protagonista de estas elecciones.
Sus apariciones en la plaza pública le ha dado aire fresco a unos comicios donde los cuatro candidatos representan a la vieja guardia que lleva gobernando este país desde que venció la Revolución. "...Las mujeres tienen que sentirse libres y seguras. Tienen que permitírseles escoger libremente su carrera, trabajo, modo de vida y manera de vestir", dijo Zahra esta semana en una reunión ante decenas de mujeres que apoyaban a Musavi. Se dice que ya desde la época de la Revolución, cuando trataba de impulsar los valores islámicos, era una buena oradora.
Y es que Zahra Rahnavard no una mujer corriente. Desde hace varias décadas es una de las intelectuales, artistas y activistas femeninas más importantes de Irán, dentro del país tiene un reconocimiento similar al de la Nóbel de paz Shirin Abadi.
"Lo que los extranjeros no entienden es que para muchos iraníes Zahra Rahnavard es más conocida que su esposo, que dejó de hacer política hace 20 años", explicaba un veterano periodista gráfico al verla hablar en un mitin organizado para apoyar la candidatura de Musavi en Teherán ante más de 15.000 personas, la mayoría jóvenes, y donde fue recibida con calurosísimos aplausos.
"Musavi hizo muy bien al incluirla a ella en la campaña, nos da mucho apoyo", dijo Fátima de 21 años que se encontraba entre los asistentes. La trataban como una estrella mientras ella actuaba como si estuviera acostumbrada a ello. Levantaba la mano, saludaba sin el mayor gesto de excitación.
Pero esta actitud no es extraña para quienes la conocen desde sus épocas de universitaria. "Siempre ha sido una mujer con muchas facetas", dijo a EL MUNDO uno de sus compañeros de la facultad de Artes de la Universidad de Teherán –que prefiere no dar su nombre-, donde estudio escultura bajo la tutoría del gran artista iraní Parniz Tanavoli, de lo que ella se siente orgullosa.