por Lindsay Beyerstein, Jessica Lee, Matt Renner
La oligarquía estadounidense trató de crear e imponer una ley llamada «contra el terrorismo nacional» que no era otra cosa que una manera de controlar y reprimir a sus conciudadanos, especialmente destinada para todos aquellos que pongan en tela de juicio la política imperial de Washington, o que protesten contra sus decisiones. Con esa nueva ley hubiese sido muy fácil culpabilizar a un ciudadano bajo la etiqueta de «terrorista» y condenarlo, un método eficaz de eliminar a los contestatarios.En sorprendente afrenta a las libertades de expresión, privacidad y asociación de los estadounidenses, la Cámara de Representantes votó el 23 de octubre de 2007 la Ley de Prevención de la Radicalización Violenta y el Terrorismo Nacional, aprobándola con una votación de 404-6, en tanto el Senado examina un proyecto de ley que la acompaña, el S. 1959.
La ley, llamada H.R. 1955, establecería una comisión nacional y un «Centro para la Excelencia» con sede en una universidad para estudiar y proponer leyes para prevenir la amenaza de «radicalización» de los estadounidenses.
La autora del proyecto de ley, la representante demócrata por California Jane Harman, explicó: «Estamos estudiando el fenómeno de las personas con creencias radicales que pueden convertirse en personas que utilicen la violencia».
La ley señala que «aunque EEUU debe continuar sus vigilantes esfuerzos para combatir el terrorismo internacional, también debe aumentar sus esfuerzos para combatir la amenaza que representan los terroristas del país que radican y operan dentro de Estados Unidos.
Comprender los factores de motivación que conducen a la radicalización violenta y al terrorismo local, y la violencia basada en ideologías constituye un paso de vital importancia hacia la erradicación de estas amenazas en Estados Unidos».
Sin embargo, el propósito de la ley va más allá de la indagación académica. En un comunicado de prensa, Harman escribió: «La Comisión Nacional les propondrá al Congreso y [al Secretario de Seguridad de la Patria] Michael Chertoff iniciativas para interceder antes que los individuos radicalizados se tornen violentos».
La ley, estipula: “La prevención del aumento potencial de los terroristas nacionales auto-radicalizados y no afiliados no se puede lograr fácilmente sólo mediante los esfuerzos tradicionales de la inteligencia federal o de imposición del cumplimiento de la ley, y puede beneficiarse de la incorporación de esfuerzos locales y estatales».
Harman, que preside el Subcomité de de la Cámara de Representantes para la Inteligencia, Compartimiento de Información y Evaluación de Riesgos de Terrorismo, también tiene estrechos lazos con la Corporación RAND [1], un «centro de investigación y desarrollo» de derecha que parece haber influido en la iniciativa legislativa. Dos semanas antes de la presentación del H.R. 1955 el 19 de abril de 2007, Brian Michael Jenkins, de RAND, dio al subcomité de Harman testimonio sobre «Radicalización y Reclutamiento Jihadista».
En junio, Jenkins habló nuevamente ante el subcomité de Harman para discutir el papel de la Comisión Nacional. «El terrorismo interno es la principal amenaza que enfrentamos como país y, probablemente sea la principal amenaza que enfrentaremos durante décadas... A menos que encontremos la forma de intervenir en el proceso de radicalización, estamos condenados a pisar sólo una cucaracha a la vez», indicó.
En un informe de RAND divulgado en 2005 con el título «Tendencias en el Terrorismo», se dedica todo un capítulo a la «amenaza terrorista nacional» no musulmana -la amenaza de los opuestos a la globalización.
En un esfuerzo por prevenir que la gente se vuelva «propensa» a la radicalización, esta medida preventiva de control del pensamiento identifica específicamente a Internet como herramienta de radicalización: «Internet ha ayudado a facilitar la radicalización violenta, ideológicamente basada en la violencia y el terrorismo nacional en Estados Unidos, mediante la provisión de acceso a los ciudadanos estadounidenses a las amplias y constantes corrientes de propaganda relacionada con el terrorismo», dijo la demócrata Harman.
La legislación autoriza una Comisión Nacional de diez miembros (el proyecto del Senado solicita doce miembros) designados por el Presidente, el Secretario de Seguridad de la Patria, líderes del Congreso y los presidentes de los comités para la Seguridad de la Patria y Asuntos Gubernamentales del Senado y de la Cámara de Representantes.
Tras reunirse, la Comisión suministrará informes a intervalos de seis a dieciocho meses al Presidente y al Congreso, indicando sus resultados, conclusiones y recomendaciones legislativas «a fin de que se tomen contramedidas inmediatas y a largo plazo… para prevenir la radicalización violenta, el terrorismo nacional y la violencia con base ideológica».
Esta comisión tiene alarmantes semejanzas con Cointelpro, el Programa de Contrainteligencia que fue investigado en 1974-75 por un selecto comité del Senado de EEUU para las actividades de inteligencia, el Comité [Frank] Church. Este comité descubrió que desde 1956 hasta 1971, «la Oficina [FBI] realizó una sofisticada operación de vigilancia federal directamente dirigida a evitar el ejercicio de los derechos de expresión y asociación consagrados por la Primera Enmienda, basada en la teoría de que la prevención del crecimiento de grupos peligrosos y de la propagación de ideas peligrosas protegería la seguridad nacional e impediría la violencia».
El proyecto H.R. 1955 otorgaría poder al secretario del Departamento de Seguridad de la Patria (DHS, en inglés) para establecer un «Centro de Excelencia», un programa de investigación con sede en una universidad que «reúne a destacados expertos e investigadores para realizar tareas de investigación y educación multidisciplinarias a fin de dar soluciones para la seguridad de la patria».
El DHS tiene actualmente ocho centros en instituciones académicas en todo el país, fortaleciendo lo que muchos ven como un creciente complejo militar, académico y de seguridad. Harman, en un comunicado de prensa del 23 de octubre, indicó que el Centro «examinaría las raíces sociales, criminales, políticas, psicológicas y económicas del terrorismo nacional».
Hope Marston, organizador regional del Comité de Defensa de la Declaración de Derechos (BORDC) advirtió del peligro de los términos vagamente definidos en esta legislación, los cuales, abiertos a cualquier interpretación, reflejan un patrón histórico represión gubernamental generalizada.
Jules Boykoff, autor y profesor de política y gobierno en la Pacific University, se mostró alarmado ante la definición viciada, por ejemplo, de «violencia basada en ideologías» concepto que en sí mismo no logra definir los términos «amenaza», «fuerza» o «violencia».
Boykoff comentó que el proyecto de ley utilizó, los términos «extremismo» y «radicalismo» de manera intercambiable. «La palabra ‘radical’ comparte su raíz etimológica con el término ‘radish’ (rábano, en español), que significa llegar a la raíz del problema», dijo. «De modo que, si el gobierno desea llegar a la raíz real del terrorismo, entonces hablemos realmente acerca de ella.
Necesitamos hablar de las raíces económicas, de las grandes inequidades en términos de riqueza entre ricos y pobres».
Caroline Fredrickson, directora de la Oficina Legislativa de Washington de la Unión Americana para los Derechos Civiles, dijo acerca de la Ley: «La imposición del cumplimiento de la ley debe centrarse en la acción, no en el pensamiento. Necesitamos preocuparnos más bien de los que cometen crímenes que de quienes abriguen creencias que el gobierno puede considerar ‘extremas’».
Actualización de Jessica Lee
Mientras grupos que abogan por los derechos civiles y la libertad de religión les atribuyen a periodistas independientes y a activistas de base el haber ayudado a paralizar la discusión de la Ley de Prevención de la Radicalización Violenta y el Terrorismo Nacional de 2007, algunos miembros del Congreso continúan presionando por la censura de Internet y la reseña racial como acciones necesarias para prevenir el «terrorismo nacional».
La Cámara de Representantes aprobó la Ley de Prevención de la Radicalización Violenta y el Terrorismo Interno en octubre de 2007 por una votación de 404-6, pero la amplia oposición forzó al Senado a archivarla. A partir del 1ro de junio del 2008 no se programó ninguna votación para el año legislativo.
Supe de esta ley a comienzos de noviembre de 2007. Con excepción del artículo de Lindsay Beyerstein, «Análisis de la Ley de Prevención del Terrorismo Nacional» (In These Times, 11/1/07), ninguno de los medios masivos importantes informó sobre el tema, a pesar de los peligros que representaba para los derechos civiles, la privacidad, y las comunidades musulmanas y árabes en Estados Unidos. No obstante, sí descubrí una activa discusión en línea sobre el proyecto, principalmente en blogs y videos de YouTube.
Isabel Macdonald, directora de comunicaciones para la Imparcialidad y Exactitud en la Información, comentó: «Quizás, debido a la relación simbiótica entre los medios corporativos y los funcionarios del gobierno, los medios corporativos han mostrado una constante aversión a ofrecer cobertura crítica sobre la erosión de los derechos civiles. Los medios independientes -y específicamente el The Indypendent- desempeñaron un papel de importancia fundamental en cuanto a hacer pública la noticia de este proyecto de ley, y por medio de la cobertura de blogs y en Democracy Now!, mantener viva la noticia».
Un mes después de publicado el artículo del Indypendent, se llevaron a cabo mítines desde Maine a California, y numerosas organizaciones de derechos civiles, de libertad religiosa, y de musulmanes y árabes de EEUU realizaron acciones de alerta para animar a la gente a entrar en contacto con sus representantes del Congreso en un esfuerzo por detener el proyecto del Senado de ley acompañante, el S.1959.
Según miembros de grupos de presión por los derechos civiles, la protesta generalizada obligó al presidente del comité, el Senador Joseph Lieberman, demócrata por Connecticut, a dejar el proyecto de ley en suspenso.
Sin embargo, Lieberman y la líder de oposición del comité, la senadora republicana por Maine, Susan Collins, continúan afirmando que el «terrorismo nacional» islamista es una grave amenaza, y el 8 de mayo de 2008 publicaron su propio informe, sin el respaldo público de otros miembros del comité, que advertía que «la amenaza del terrorismo nacional está en aumento, instigada por la capacidad de Internet de difundir el reclutamiento básico y el mensaje de entrenamiento de violentos grupos terroristas islámicos».
En respuesta, más de treinta grupos de activistas por los derechos civiles y la libertad religiosa enviaron una carta al comité del Senado el 30 de mayo, expresando su preocupación de que el informe afectara a la libertad de expresión, apuntando injustamente a los musulmanes y definiendo la Internet como «un arma».
Un grupo de organizaciones representativas de las comunidades árabes y musulmanas estadounidenses también presentó una carta en respuesta al informe y a las sesiones del Senado, aduciendo que habían sido en gran parte excluidas del proceso legislativo y que el informe se basa en una desacreditada información de 2007 del Departamento de Policía de Nueva York, que trató de explicar el proceso de «radicalización violenta» de los musulmanes.
Poco después de la publicación del informe, Lieberman exigió que Google quitara los videos de YouTube producidos por «organizaciones terroristas tales como Al-Qaeda». Google respondió el 19 de mayo retirando ochenta videos que la compañía aceptó que violaban las Directrices Comunitarias de YouTube, que representaban violencia gratuita, abogaban por la violencia o utilizaban el lenguaje del odio.
Google, sin embargo, rechazó acceder a todas las demandas de Lieberman, que incluían la censura de todos los videos que mencionaban o mostraban a grupos que figuraban en la lista del Departamento de Estad de EEUU como organizaciones terroristas extranjeras, como por ejemplo Al-Qaeda.
«El senador Lieberman expuso su opinión... de que todos los videos que mencionan o muestran a estos grupos se debían quitar de YouTube, aún cuando fueran legales, no violentos o no incluyera lenguaje de odio», respondió Google. «YouTube apoya la libertad de expresión y defiende los derechos de cada cual a expresar puntos de vista impopulares».
Chip Berlet, analista principal del grupo de investigación Political Research Associates de Boston, dijo que, en su opinión, las acciones de Lieberman constituían un “sucio truco político” motivado por el intento de hacer que los candidatos presidenciales aceptaran una postura más agresiva en el Medio Oriente.
Las organizaciones que encabezan el esfuerzo de oponerse a la legislación incluyen a la Defending Dissent Foundation (www.defendingdissent.org), Bill of Rights Defense Committee (www.bordc.org), Center for Constitucional Rights (www.ccrjustice.org), American Civil Liberties Union (www.aclu.org) y Council on American-Islamic Relations (www.cair.com).
Actualización de Lindsay Beyerstein
El proyecto de ley para el “Terrorismo Nacional” se ha empantanado en el Senado desde octubre. El proyecto navegó por la Cámara con poco comentario público, pero posteriormente encontró una fuerte oposición del espectro político. Hasta hace poco, parecía que los grupos de derechos civiles y las organizaciones cívicas musulmanas habían bloqueado con éxito la versión del Senado del proyecto.
La iniciativa parecía destinada morir en el comité -es decir, hasta que el Senador Joe Lieberman, presidente del Comité del Senado para la Seguridad de la Patria, indicó su impaciencia por revivir el tema publicando un nuevo informe y buscando pelea con YouTube.
El 8 mayo, el senador Lieberman y la senadora Susan Collins dieron a conocer «El violento extremismo islamista, la Internet y la amenaza del terrorismo nacional», un informe bipartidista basado en las sesiones ante el Comité del Senado para la Seguridad de la Patria.
Incluso antes de darse a conocer al público, el informe llamó la atención de una coalición de organizaciones de derechos civiles encabezada por la ACLU.
La coalición expresó sus preocupaciones acerca del informe el 7 de mayo en un memorando dirigido a los miembros del Comité.
«Nuestra preocupación es que esta concentración en Internet podría ser precursora de propuestas de censura y regulación del discurso en Internet. De hecho, algunos encargados de formular políticas han abogado por cerrar sitios Web censurables», explicaba la nota.
Lieberman reafirmó esos recelos el 19 de mayo cuando escribió al Director Ejecutivo de Google (sociedad matriz de YouTube [2]) exigiendo que un número no especificado de videos de propaganda islámica fueran eliminados del popular sitio de videos compartidos. En su carta, Lieberman alegó que los videos clips eran resultado del trabajo de una sofisticada red de propaganda islámica analizada en el reciente informe de su comité. También alegó que estos videos violaban las directrices comunitarias de YouTube.
Las normas de YouTube prohíben expresamente la violencia gratuita, los discursos de odio, las amenazas, el hostigamiento y las descripciones de delitos tales como la fabricación de bombas. Cientos de miles de videos son subidos diariamente al sitio. En vez de revisar previamente sus contenidos, YouTube confía en que los usuarios señalen con una bandera aquellos que violen las normas comunitarias. Los contenidos que infringen las reglas se eliminan automáticamente.
Después de revisar los clips, YouTube se negó a quitar el grueso del material marcado con banderas por el personal de Lieberman. Se eliminó un puñado de videos que violaban los estándares comunitarios, pero el resto permaneció en el sitio.
«La mayoría de los videos que no contenían discursos de odio o violencia no fueron eliminados, porque no violan nuestras directrices comunitarias», señalaba una declaración publicada por el equipo de YouTube. La declaración continuaba afirmando el derecho de los usuarios de YouTube a expresar puntos de vista impopulares.
Lieberman no quedó satisfecho con la respuesta. «Sin importar su contenido, los videos producidos por organizaciones terroristas como Al-Qaeda, dedicados a atacar a los EEUU y a matar a los estadounidenses no se deben tolerar. Google debe reconsiderar su política», indicó Lieberman el 20 de mayo.
No ha sido programada ninguna votación, pero la batalla de Lieberman con Google ha centrado nuevamente la atención en el proyecto de ley sobre el terrorismo nacional. Después de meses de silencio, los medios establecidos finalmente comienzan a preguntar sobre el creciente entusiasmo del gobierno por monitorear el discurso «radical» en línea.
El New York Times criticó con dureza a Lieberman y al proyecto de ley en su editorial del 25 de mayo, llamándolo «censor en ciernes» cuyos esfuerzos por restringir el discurso de YouTube constitucionalmente protegido «contradice los valores fundamentales estadounidenses».
Los lectores pueden dar a conocer sus opiniones acerca del proyecto de ley sobre el terrorismo nacional entrando en contacto con sus senadores y con los miembros del Comité del Senado para la Seguridad de la Patria. Los dos punteros de la carrera presidencial de 2008 eran senadores.
Ahora es un buen momento para que los votantes presionen a los candidatos presidenciales a fin de que tomen posiciones claras con respecto al proyecto de ley sobre el terrorismo nacional. El senador Barack Obama, demócrata por Illinois, tiene un asiento en el Comité de Seguridad de la Patria, pero no contribuyó al informe. El senador John McCain, republicano por Arizona, está estrechamente aliado al senador Lieberman, especialmente en los temas concernientes al terrorismo.
Actualización de Matt Renner
Un polémico plan para estudiar y hacer un esbozo del terrorismo nacional fue abandonado después que la presión popular lo hiciera retroceder, pero el espíritu de la legislación sigue vivo en la oficina del senador Joe Lieberman.
El HR 1955, “Ley de Prevención de la Radicalización Violenta y el Terrorismo Nacional” fue aprobado por la Cámara de Representantes en octubre de 2007 con un apoyo casi unánime. El proyecto de ley cayó inmediatamente bajo el fuego de los guardianes de los derechos civiles debido a lo que muchos vieron como un interés deliberado en apuntar a los musulmanes y árabes y al efecto perjudicial que pudiera tener en la libertad de expresión.
El proyecto de ley original tenía la intención de crear una comisión gubernamental para investigar la supuesta amenaza de terroristas producidos nacionalmente y las ideologías que sustentan su radicalización.
A la comisión de diez miembros debía otorgársele poderes «para realizar sesiones y sentarse y actuar en tal momento y lugar, recoger tal testimonio, recibir tales pruebas y administrar tales juramentos como la Comisión considerara recomendable para cumplir sus deberes».
El proyecto de ley también señaló a Internet como un vehículo para que los terroristas diseminaran su ideología con la intención de reclutar y entrenar a nuevos terroristas.
Después de una significativa presión pública, el proyecto de ley se estancó en el Senado. Sin embargo, el senador Joe Lieberman (demócrata por Connecticut), presidente del Comités para la Seguridad de la Patria y los Asuntos Gubernamentales del Senado, abrazó la idea central de la legislación y ha estado trabajando por empujar hacia adelante algunos de los objetivos del proyecto de ley original, incluyendo un intento de eliminar de Internet la propaganda terrorista.
El 19 de mayo Lieberman envió una carta a Eric Schmidt, Director Ejecutivo de Google Inc., exigiendo que Google, la sociedad matriz de YouTube, «eliminara inmediatamente de YouTube los contenidos producidos por organizaciones terroristas islamistas».
«Al actuar para restringir el uso de YouTube para diseminar las metas y métodos de quienes desean matar a civiles inocentes, Google hará una contribución singularmente importante a este significativo esfuerzo nacional», escribió Lieberman.
Google reaccionó negándose a quitar los materiales que no violaran el código de conducta del sitio. «Aunque respetamos y entendemos sus opiniones, YouTube estimula la libertad de expresión y defiende el derecho de cada cual a expresar puntos de vista impopulares», señaló la respuesta de Schmidt, añadiendo: «creemos que YouTube es una plataforma más rica y para los usuarios precisamente porque alberga una diversa gama de opiniones, y más que reprimir la discusión, permitimos a nuestros usuarios que vean todos los contenidos aceptables y tomen sus propias decisiones».
Google eliminó algunos de los videos que violaban sus reglas contra discursos dirigidos al odio y la violencia, pero hizo una observación para escribir: «La mayoría de los videos, que no contenían discursos violentos o de odio, no se eliminaron porque no violan nuestras Directrices Comunitarias».
Según activistas de los derechos civiles, el senador Lieberman encabezó un esfuerzo por censurar el discurso en Internet. Recientemente, su comité dio a conocer un informe titulado «El extremismo islamista violento, la Internet y la creciente amenaza del terrorismo nacional», que detallaba el uso de los sitios Web como herramientas de Internet para difundir propaganda pro- terrorista.
El informe culpa repetidamente de «radicalización» a sitios Web y tertulias digitales (chats), llamando “portales” a los sitios a través de los cuales terroristas potenciales pueden «participar en el violento movimiento global islamista y reclutar a otros para su causa». Como lo han señalado grupos por los derechos civiles, el informe se centra únicamente en una visión del terrorismo asociado al Islam.
Caroline Fredrickson, directora de la oficina legislativa de la ACLU en Washington D.C., dijo que Lieberman «está tratando de decidir lo que él cree que debe aparecer en Internet», lo cual, dijo, «huele a un interés por censurar toda clase de diálogo diferente». «Si alguien critica el trato de Israel a los palestinos y favorece a Hamas, ¿debe ser censurado?», preguntó Fredrickson.
Comentario de Mickey Huff, autor del capítulo 14:
La cobertura de esta noticia por estos periodistas resulta altamente encomiable. Sin embargo, otro elemento que parece haber sido censurado con respecto a la posible aplicación de las H.R. 1955 y S. 1959, incluso en cobertura de prensa independiente y progresista, es la especificidad de los posibles activistas locales mencionados en las sesiones que la Representante Jane Harman realizó en Washington DC.
Aunque los autores ya mencionados se refieren a los activistas a favor de los derechos de los animales y contrarios a la globalización como blancos potenciales de este proyecto de ley, ninguno menciona a los activistas y especialistas de «La verdad del 11 de Septiembre» (9/11 Truth) aun cuando fueron citados por nombre en las sesiones de Harman en el Capitolio. (Para posibles explicaciones y más información sobre el modelo de propaganda dentro de la prensa progresista de izquierda, ver el Capítulo 7 de Proyecto Censurado 2008).
Entre las reclamaciones de quienes testificaron ante el Congreso sobre la «necesidad» de la H.R. 1955 estaba la de que todo el que cuestione la línea oficial del gobierno es afín a un terrorista o un partidario esencial del terrorismo. Uno los que hablaron, Mark Weitzman, del Centro Wiesenthal (irónicamente, fundado por el sobreviviente del holocausto Simon Wiesenthal para educar al público sobre los crímenes de guerra), afirmó que los arquitectos, ingenieros y científicos que duden de la narración oficial del 11 de Septiembre son iguales a los presuntos grupos jihadistas violentos.
Esto se dio a entender, aún más, en una presentación de Powerpoint en la que Weitzman mostró el sitio Web del arquitecto Richard Gage http://AE911Truth.org junto a los sitios jihadistas acusados de violencia. Gage ha criticado la historia oficial sobre la destrucción de las torres gemelas y el WTC 7 ocurrida el 11 de Septiembre. Sobre la base de su pericia profesional en edificios de estructuras de acero, Gage sostiene que los edificios no pudieron venirse debajo de la forma explicada por el gobierno y ofrece teorías alternativas apoyadas por pruebas. Sin tener en cuenta si uno cree los contraargumentos acerca de los hechos del 11 de Septiembre, no se debe criminalizar la libertad de expresión y el cuestionamiento de la versión del gobierno en asuntos tan cruciales.
Ésta es la última vuelta de la confrontación oficial entre terroristas y activistas en EEUU. ¿Existe algún vínculo comprobado entre los grupos antes mencionados? No, no existe, pero eso no evitó que alguna gente simplemente dijera eso para el archivo público sin proporcionar ninguna prueba. Jane Harmon, copatrocinadora del proyecto de ley por los demócratas, no solicitó ninguna, ni invitó a la refutación. Esto es una reminiscencia del macartismo del período de la Amenaza Roja de los años 50 del siglo pasado.
Escribí originalmente sobre esta cuestión aquí:
http://mythinfo.blogspot.com/2007/1...
http://www.911truth.org/article.php...
El video de la sesión puede verse aquí (39 minutos de duración):
http://www.c-spanarchives.org/libra...
Otros vínculos:
Violent Islamist Extremism, the Internet, and the Home Grown Terrorism Threat
http://hsgac.senate.gov/public/_fil...
New York Times Editorial on Lieberman’s attempt to censor YouTube
http://www.nytimes.com/2008/05/25/o...
Lieberman’s Response to New York Times Editorial:
http://www.nytimes.com/2008/05/25/o...
Lindsay Beyerstein
Jessica Lee
Matt Renner
Fuentes:
Indypendent, November 16, 2007
Título: “Bringing the War on Terrorism Home”
In These Times, November 2007
Título: “Examining the Homegrown Terrorism Prevention Act”
Truthout, November 29, 2007 Título: “The Violent Radicalization Homegrown Terrorism Prevention Act of 2007”
Autor: Matt Renner
Estudiantes investigadores: Dan Bluthardt and Cedric Therene
Evaluador académico: Robert Proctor, Ph.D.
[1] Lobby del complejo militar-industrial estadounidense. Ofrece servicios de investigación y análisis a las fuerzas armadas de ese país. Sitio web: http://www.rand.org/
[2] YouTube es un sitio Web que permite a los usuarios compartir videos digitales en Internet.
miércoles, 5 de mayo de 2010
EEUU: derrota de la ley contra el «terrorismo nacional»
jueves, 22 de abril de 2010
Chomsky alerta sobre el auge de la ultraderecha en EEUU
Crece el desencanto con el gobierno
Chomsky alerta sobre el auge de la ultraderecha en EEUU
David Brooks
La Jornada
23-04-2010
* La derecha se alimenta de la frustración y avanzan ultraconservadores como el Tea Party. Se persigue a latinos y negros como Alemania lo hizo con judíos, asegura el intelectual.
El desencanto con el gobierno y los políticos ha crecido a niveles sin precedente a últimas fechas según sondeos; crecen la ira, la incertidumbre, el pesimismo y la desconfianza en Washington, y el fruto de esta frustración popular lo cosechan derechistas.
"Nunca he visto algo parecido en mi vida" declaró Noam Chomsky. Entrevistado por Chris Hedges para el sitio de Internet Truthdig, añadió que "el humor del país es aterrador. El nivel de ira, frustración y odio a instituciones no está organizado de manera constructiva. Es desviado a fantasías autodestructivas" en referencia a expresiones populistas de la ultraderecha.
El sentimiento antigubernamental se ha incrementado entre la sociedad, y sólo 22 por ciento dice confiar plenamente en el gobierno, según sondeos del Pew Research Center, uno de los puntos más bajos en medio siglo. "Para casi toda medida concebible, hoy los estadunidenses son menos positivos y más críticos de su gobierno. Hay una tormenta perfecta de condiciones asociadas con la desconfianza hacia el gobierno: una economía abismal, un público pesimista y un descontento épico con el Congreso y los funcionarios electos" afirmó Andrew Kohut, presidente del Pew Research Center, al resumir las conclusiones de una serie de sondeos.
El Pew registró que sólo 25 por ciento tiene una opinión favorable del Congreso –el punto más bajo en 50 años– y 65 por ciento expresa una opinión negativa. Cada vez más estadunidenses opinan que el gobierno tiene equivocadas las prioridades y que eso tiene un impacto negativo en sus vidas cotidianas. El 62 por ciento afirma que las políticas del gobierno benefician sólo a algunos grupos, y 56 por ciento opina que el gobierno no hace lo suficiente para ayudar al estadunidense promedio.
Además, se confirma el incremento del sentimiento antigubernamental entre un segmento de la sociedad, al duplicarse aquellos que dicen que están "enojados" con el gobierno federal: de 10 por ciento en 2000, a 21 por ciento hoy. Y 30 por ciento percibe que el gobierno es una amenaza para su "libertad personal".
El Pew también registró, en un revés comparado con un sondeo de meses atrás, que la mayoría desconfía de un mayor papel del Estado en la economía, con la excepción de rubro del sector financiero, donde una amplia mayoría desea que el gobierno regule estrictamente a las empresas financieras.
Tal vez el sector más desencantado con el gobierno es el llamado movimiento Tea Party, expresión ultraconservadora que surgió hace un año en protesta por el proyecto de estímulo económico y que creció en visibilidad en la campaña contra la reforma de salud impulsada por el gobierno de Barack Obama. Este movimiento es mayoritariamente conformado por hombres blancos republicanos mayores de 45 años quienes se describen "enojados" o furiosos con Washington. Son considerados como la parte más dinámica del movimiento conservador con el propósito no sólo de detener las propuestas de Obama, sino también de atacar a políticos republicanos considerados no suficientemente conservadores.
Encuestas recientes del New York Times/CBS News, revelaron que 18 por ciento de los estadunidenses se identifican como simpatizantes del Tea Party, se clasifican "muy conservadores", son sumamente pesimistas sobre la dirección del país y severamente críticos de Washington y, por supuesto, de Obama. Más de 90 por ciento de ellos cree que el país avanza por una vía equivocada y el mismo porcentaje desaprueba al presidente y su manejo político. Un 92 por ciento estima que Obama lleva al país hacia el socialismo (una opinión compartida por más de la mitad de la población en general, por cierto).
Por otro lado, las expresiones de ira popular derechista se registran al reportarse más "crímenes de odio", un incremento de grupos ultraderechistas racistas, así como informes no oficiales de un creciente número de amenazas de muerte contra el presidente. Las agencias de seguridad pública han elevado el estado de alerta por lo que llaman "terrorismo doméstico".
A la vez, se han reportado incidentes, varios bajo investigación, de actos de intimidación contra legisladores federales y otros políticos electos. A principios de mes, más de 30 gobernadores recibieron cartas de un grupo antigubernamental ultraconservador que les exigía su renuncia en un plazo de tres días (aunque no había amenaza de violencia), lo cual provocó que autoridades federales advirtieran a policías locales que las cartas podrían provocar comportamiento violento. Como este, hay más ejemplos a lo largo del país.
La ola de desilusión con el gobierno y los gobernantes provoca preocupación entre algunos políticos que aún no saben qué impacto podría tener en las elecciones legislativas intermedias en noviembre. Pero para otros es aún más alarmante.
"Es muy similar a la Alemania de Weimar. Los paralelos son notables. También ahí había una desilusión tremenda con el sistema parlamentario" apuntó Chomsky en la entrevista con Truthdig. "Estados Unidos tiene mucha suerte en que no ha surgido una figura honesta y carismática" ya que si eso sucediera "este país estaría en verdaderos apuros por la frustración, la desilusión y la ira justificada y la ausencia de una respuesta coherente" añade.
En Alemania, recordó, el enemigo creado para explicar la crisis fueron los judíos. “Aquí serán los inmigrantes ilegales y los negros. Nos dirán que los hombres blancos son una minoría perseguida. Nos dirán que tenemos que defendernos y defender el honor de la nación. Se exaltará la fuerza militar. Habrá golpizas. Esto se podría convertir en una fuerza abrumadora. Y si ocurre será más peligroso que Alemania. Estados Unidos es un poder mundial… No creo que todo esto esté lejos de suceder”.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/04/21/index.php?section=mundo&article=033n1mun
miércoles, 14 de abril de 2010
Confiscación de los bienes de los manifestantes contra la guerra
Tema 5 - Investigaciones del Proyecto Censurado 2009
por Michel Chossudovsky*, Matthew Rothschild*
Leyes abusivas que atropellan los elementales derechos ciudadanos y libertades civiles fueron aplicadas en los Estados Unidos en la época de la administración de George W. Bush, leyes hechas a medida y sobre todo para impedir las protestas ciudadanas contra la ilegal y abusiva invasión de Irak. Curiosamente, hoy en día, la administración del presidente Obama las mantiene vigentes así como las tropas US de ocupación en Irak.
El presidente Bush firmó dos órdenes ejecutivas [durante su mandato] que le permitieron al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos confiscar los bienes de cualquier persona que se perciba -directa o indirectamente- como una amenaza para las operaciones [y agresiones militares] de EEUU en el Oriente Medio.
La primera de estas órdenes ejecutivas, titulada «Bloqueo de las propiedades de ciertas personas que amenazan los esfuerzos de estabilización en Irak», firmada por Bush el 17 de julio de 2007, autoriza al Secretario de Hacienda, en consulta con el Secretario de Estado y el Secretario de Defensa, a confiscar los activos [bienes] de los ciudadanos [estadounidenses] y organizaciones estadounidenses que «directa o indirectamente» representen un riesgo a las operaciones [militares] de EEUU en Irak.
Las órdenes de Bush:
«He emitido una orden ejecutiva que bloquea las propiedades de personas que se determine que hayan cometido, o representen un riesgo significativo de cometer, un acto o actos de violencia que tengan el propósito o el efecto de amenazar la paz o la estabilidad de Irak o el gobierno de Irak, o de socavar los esfuerzos por promover la reconstrucción económica y la reforma política en Irak... que hayan ayudado considerablemente, o proporcionado apoyo financiero, material, logístico o técnico para -o bienes y servicios en apoyo de- tal(es) acto(s) de violencia, o cualquier persona cuyas propiedades e intereses en las propiedades sean bloqueados de conformidad con esta orden...»
La sección cinco de esta orden anuncia que «... debido a la capacidad para transferir fondos u otros activos instantáneamente, el aviso previo a tales personas sobre las medidas a tomar con ellas con arreglo a esta orden haría estas inútiles estas medidas. Por lo tanto determino... que no se necesita aviso previo sobre la programación o la determinación [del bloqueo de bienes]...»
El 1 de agosto Bush publicó otra orden ejecutiva similar, titulada «Bloqueo la propiedad de las personas que socavan la soberanía del Líbano o sus procesos e instituciones democráticas». Aunque el texto de esta orden es en su mayor parte idéntico al de la primera, la orden con respecto a El Líbano es más severa.
Aunque las dos órdenes pasan por encima del derecho constitucional al debido proceso que establece la ley, al otorgarle a la Secretaría de Hacienda la autoridad de confiscar las propiedades de esas personas que representen un riesgo de violencia, o de algún modo vago ayuden a la oposición a la agenda de EEUU, la orden del 1 de agosto está dirigida a cualquier persona que se determine que haya realizado o represente un riesgo significativo de realizar acciones -violentas o no violentas- que socaven las operaciones en el Líbano.
La ley también autoriza a congelar los activos «de un cónyuge o hijo dependiente de él» de cualquier persona cuyas propiedades se hallen congeladas. La orden ejecutiva sobre El Líbano también prohíbe el suministro de alimentos, abrigo, medicinas o cualquier ayuda humanitaria a aquellas personas cuyos activos hayan sido confiscados, incluyendo a los «hijos dependientes» antes mencionados.
Escrita de una manera vaga y peligrosamente abierta a cualquier interpretación, esta orden inconstitucional permite la selección arbitrariamente de cualquier estadounidense para despojarlo de todas sus pertenencias y exige ostracismo a la sociedad. Bruce Fein, abogado constitucionalista y ex funcionario del Departamento de Justicia en la administración Reagan, dijo de la orden: «Es tan general que te deja estupefacto. Nunca he visto nada tan amplio. Va más allá del terrorismo, de la búsqueda del uso de la violencia o de la amenaza de violencia para encoger de miedo o intimidar a una población».
En un editorial para el Washington Times, Fein dijo: «La persona sometida a una congelación de sus activos se ve reducida a la condición de leproso. Las sentencias de muerte financiera son impuestas por la Secretaría sin previo aviso u oportunidad de responder, el núcleo del debido proceso. Golpean como un relámpago. Cualquier persona cuyos activos sean congelados enfrenta inmediatamente una cuarentena absoluta.
La víctima no puede recibir ni sus benefactores proporcionar fondos, mercancías o servicios de ningún tipo. Un abogado no puede ofrecer sus servicios sin desafiar la orden de bloqueo de la Secretaría. Un médico tampoco puede prestar los suyos ante un paro cardíaco». Fein, agrega: «Al Departamento de Justicia habitualmente se le encomiendan las investigaciones de las órdenes ejecutivas para que haya coherencia con la Constitución. ¿Estará durmiendo el Fiscal General?» ( [1]).
Actualización de Matt Rothschild
Ésta es una noticia que virtualmente no fue a parar a ninguno de los principales medios de comunicación, que yo sepa. Cuando viajé por el país para dar conferencias el verano pasado y traje a colación el tema de esta orden ejecutiva, la gente no podía creerlo y se preguntaba por qué no había oído hablar de ella. Todavía me pregunto lo mismo.
A continuación, dos buenos lugares para ver temas relacionados con esta noticia:
The American Civil Liberties Union,
www. aclu.org y
The Center for Constitutional Rights,
www.ccrjustice.org.
Fuentes:
Global Research, July 2007
Título: “Bush Executive Order: Criminalizing the Antiwar Movement”
Autor: Prof. Michel Chossudovsky
The Progressive, August 2007
Título: “Bush’s Executive Order Even Worse Than the One on Iraq”
Autor: Matthew Rothschild
Estudiantes investigadores: Chris Navarre y Jennifer Routh
Evaluador académico: Amy Kittlestrom, Ph.D.
Michel Chossudovsky
Michel Chossudovsky es un economista canadiense, profesor de la Universidad de Ottawa, Canadá.
Matthew Rothschild
Editor of The Progressive magazine, regarded as one of the leading voices for peace and social justice in the United States.
[1] Bruce Fein, “Our Orphaned Constitution,” Washington Times, August 7, 2007.
sábado, 9 de enero de 2010
Twitter y Facebook criminalizadas
8 de enero de 2010
Pascual Serrano (CORREO DEL ORINOCO)
En Estados Unidos una computadora, un teléfono celular o los programas de Twitter son considerados legalmente “instrumentos de crimen”. Así se establece en uno de los cargos del expediente judicial de un tribunal de Pensilvania contra Elliot Madison, un trabajador social de Nueva York. Elliot fuera arrestado el 24 de septiembre de 2009 en Pittsburgh, acusado de utilizar Twitter para advertir a los manifestantes de la Cumbre del G-20 cómo evitar ciertas rutas de tránsito y aconsejarles cuáles utilizar para evadir la presencia policial.
Su expediente establece como el primero de los tres cargos en su contra: “1.- Posesión de instrumentos de crimen, en violación al Título 18, Sección 907(a) del código penal de Pensilvania. Específicamente, equipos de telecomunicación: computadora, teléfono celular, scanner, audífonos, programas de Twitter, y otros 'instrumentos'”.
En Italia sucede algo similar con las redes sociales. Tras la agresión a Berlusconi, sufrida el 13 de diciembre, el ministro de Interior italiano, Roberto Maroni, anunció iniciativas legislativas para bloquear algunas páginas y grupos que surgieron en redes sociales como Facebook para ensalzar al agresor. Incluso el presidente del Senado, Renato Schifani, llegó a afirmar que Facebook era más peligroso que los grupos armados de los años setenta, en referencia a los años de plomo protagonizados por las Brigadas Rojas.
Las nuevas tecnologías, cuando no le gustan al poder, pasan a convertirse automáticamente en instrumentos criminales.
lunes, 14 de diciembre de 2009
EEUU: vota primero, pregunta después
El informe Anti-Imperio
por William Blum*
14 de diciembre de 2009
El artículo que presentamos a continuación fue escrito por un investigador independiente norteamericano hace exactamente un año, es decir apenas Barack Obama había ganado las elecciones presidenciales en los EEUU en noviembre 2008. Pensamos oportuno publicar este antiguo artículo para demostrar simplemente que estudiando y analizando la configuración del poder estadounidense, de las alianzas y consejeros que entornan y sirven al nuevo presidente Obama, todo esto ayuda a comprender y descifrar cuáles son sus finalidades. No se trata de un cambio sino de una continuidad de la política imperial.
Barack Obama, actual presidente de los EEUU, gana la presidencia en noviembre 2008, entra en función en enero de 2009, recibe el Premio Nobel de la Paz en octubre del mismo año, pronunciando un discurso en esa ocasión inspirado del escritor George Orwell donde Obama declara: «la guerra es la paz». El primero de diciembre de 2009, Barack Obama anuncia el envio de 30,000 soldados suplementarios a Afganistán. La prensa comercial no denuncia su doble rasero.
Bueno, dejemos de lado lo obvio. Fue histórico. Me atoré varias veces, me salieron las lágrimas, a pesar de que no voté por él. Voté por Ralph Nader, por cuarta vez consecutiva [el autor hace referencia al día en que Barack Obama ganó la presidencia en los EEUU como primer mandatario negro de este país, como lo hemos señalado anteriormente, este artículo fue escrito y publicado hace un año].
Durante los últimos ocho años, al escuchar a diario programas de noticias en la radio, siempre me aseguré de quedarme a un par de metros de la radio para poder cambiar rápidamente la emisora cuando comenzaba a hablar ese tipo descabellado o uno de sus discípulos.
No soy masoquista, aguanto mal a los estúpidos, y me aburro rápidamente. Siento decirlo, ya apago a veces la radio cuando comienza a hablar Obama. No dice nada, o no lo suficiente, o no suficientemente a menudo. Perogrulladas, clichés, promesas sin sustancia, “esperanza y cambio”, casi todo sin suficiente sustancia, “cambio y esperanza,” sin nada específico, destinadas a no ofender.
¿Cuáles son exactamente los principios del individuo? Nunca cuestiona las premisas del imperio. Nunca cuestiona las premisas de la “Guerra contra el Terror.” Estoy contento de que haya ganado por sólo dos motivos: John McCain y Sarah Palin, y resiento profundamente que el sistema estadounidense me obligue a extraer una gota de placer de algo tan alejado de mis ideales. Los votos de Obama vinieron por lo menos tanto de gente desesperada por conseguir alivio de la sofocación neoconservadora como de gente que genuinamente creía en él.
Es una forma de extorsión – Vota por Obama o te quedarás con más de lo mismo. No te ofrecen otra alternativa.
¿Hay algún motivo para estar feliz porque el inaguantablemente religioso George W. pasará pronto a ser historia? “Creo que Cristo murió por mis pecados y que él me redime. Es una fuente diaria de fuerza y apoyo.” Lo dijo alguien llamado Barack Obama. [1] EE.UU. produce fanáticos religiosos como los japoneses producen coches. Oremos para que eso se acabe.
Como mencioné antes, si eres uno de los que quisieran creer que Obama tuvo que presentar puntos de vista de política exterior de centroderecha para ser elegido, pero que una vez que esté en la Casa Blanca podremos olvidar que nos engañó una y otra vez y que emergerá como un verdadero hombre progresista de paz y derecho internacional y derechos humanos – recuerda que como candidato al Senado de EE.UU. en 2004 amenazó con ataques de misiles contra Irán [2], y que ganar la elección no lo llevó a ponerse de acuerdo con su pacifista interior. Desde entonces ha estado amenazando a Irán.
El mundo está en un estado terrible. No pienso que tenga que entrar en detalles al respecto. Qué bonito, qué maravillosamente bonito sería tener un presidente estadounidense imbuido de valores progresistas y coraje político. Imaginad lo que se podría hacer. Como ser una salida rápida y total de Iraq. Podéis imaginar el cuadro igual que yo. Con su popularidad, Obama podría hacer casi cualquier cosa, pero probablemente seguirá yendo a lo seguro. O lo que podría ser más preciso, seguirá siendo lo que es; que, al parecer, es un centrista comprometido. No está realmente contra la guerra. No como tú y yo.
Durante los primeros cuatro años de Obama en la Casa Blanca, EE.UU. no se irá de Iraq. Dudo que permita una retirada completa, incluso en un segundo período. ¿Ha calificado inequívocamente la guerra de ilegal e inmoral? ¿Un crimen contra la humanidad? ¿Por qué está tan cerca de Colin Powell? ¿No conoce el papel indigno de Powell en la guerra? ¿Y mantener al Secretario de Defensa de George W. Bush, Robert Gates, un hombre contra quien no sería difícil presentar acusaciones de crímenes de guerra? ¿Encontrará también un sitio para Rumsfeld?
¿Y la gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, partidaria de la guerra, para que dirija el departamento de Seguridad Interior? ¿Y el general James Jones, ex comandante de la OTAN (sic), que quiere “vencer” en Iraq y Afganistán, y que apoyó a John McCain, como Consejero Nacional de Seguridad? Jones está en el Consejo de Directores de Boeing Corporation y de Chevron Oil. ¿De qué rincón oscuro del alma de Obama proviene todo esto?
Tampoco está realmente contra la tortura. No como tú y yo. Nadie será castigado por utilizar u ordenar la tortura. Nadie será recusado por la tortura. Michael Ratner, presidente del Centro por Derechos Constitucionales, dice que procesar a funcionarios de Bush es necesario para establecer una política futura contra la tortura. “La única manera de impedir que esto vuelva a suceder es asegurarse de que los que fueron responsables por el programa de tortura paguen el precio debido. No veo cómo podemos recuperar nuestra estatura moral si permitimos que los que estuvieron íntimamente involucrados en los programas de tortura simplemente bajen de la escena y vivan sin ser responsabilizados.” [3]
Como presidente, Obama no puede permanecer en silencio y no hacer nada; de otra manera heredará los crímenes de guerra de Bush y Cheney y se convertirá él mismo en criminal de guerra.
El cierre del infierno de Guantánamo no significa nada si los prisioneros son simplemente transferidos a otras mazmorras de tortura. Si Obama se opone verdaderamente a la tortura, ¿por qué no declara que después de cerrar Guantánamo los reclusos serán juzgados por tribunales civiles en EE.UU. o enviados a países donde evidentemente no enfrenten el riesgo de ser torturados?
Y afirma simplemente que su gobierno acatará fielmente la Convención contra la tortura y otro tratamiento cruel, inhumano o degradante de 1984, de la cual EE.UU. es signatario, y que declara: “El término ‘tortura’ significa todo acto mediante el cual se inflige intencionalmente dolor severo o sufrimiento, físico o mental, a una persona con propósitos como obtener información o una confesión… infligido por o por instigación de, o con el consentimiento o aquiescencia de un responsable público o cualquier otra persona que actúe en una capacidad oficial.”
La convención afirma que: “Ninguna circunstancia excepcional, en absoluto, sea un estado de guerra o una amenaza de guerra, estabilidad política interior o cualquier otra emergencia pública, podrá ser invocada como justificación de la tortura.”
Pero, en su lugar, Obama ha nombrado al ex funcionario de la CIA, John O. Brennan, como asesor en asuntos de inteligencia y co-jefe de su equipo de inteligencia de transición. Brennan también ha calificado las “entregas extraordinarias” – el programa de secuestros y torturas realizado bajo los gobiernos de Clinton y Bush – de “instrumento vital,” y elogiado las técnicas de interrogatorio de la CIA porque suministran inteligencia “que salva vidas”. [4]
Obama podría ser una desilusión tan grande como Nelson Mandela, quien hizo tristemente poco por mejorar la suerte de las masas de Sudáfrica, mientras entregaba el país a las fuerzas internacionales de la globalización. Hago esta comparación no porque los dos hombres sean negros, sino porque ambos produjeron tan inmensas expectativas en sus países y en todo el mundo.
Mandela fue liberado de la prisión porque los dirigentes del Apartheid supusieron que llegaría a ser presidente y apaciguaría a la inquieta población negra mientras gobernaba como un centrista no-radical, de libre mercado, sin amenazas indebidas para el privilegio blanco. Es tal vez significativo que en su autobiografía renuncie a culpar a la CIA por su captura en 1962, a pesar de que la evidencia que lo demuestra es convincente. [5]
Parece que Barack Obama causó una impresión semejante a la elite del poder estadounidense que lo analizó en numerosas reuniones de recaudación de fondos y otras y allanó el camino para su ascenso tan improbable de oscuro senador estatal a la presidencia en cuatro años. El apoyo financiero del mundo corporativo para vender la “Marca Obama” fue extraordinario.
Otra comparación podría ser con Tony Blair. Los conservadores jamás podrían haber introducidos tasas universitarias o guerras brutales interminables, pero el Nuevo Laborismo lo hizo. A los republicanos les hubiera sido difícil volver a introducir el servicio militar obligatorio, pero puedo imaginar a Obama restableciéndolo, acompañado por un eslogan adecuado, alguna variación de “¡Sí, podemos!”
Espero que me equivoque, sobre su pasado y sobre cómo gobernará como presidente. Espero que esté muy equivocado.
Mucha gente llama a los progresistas a presionar intensamente al gobierno de Obama, a ejercer presión para sacar a la luz el “buen Obama”, obligarlo a comprometerse, responsabilizarlo. Las atrevidas reformas del Nuevo Trato de Roosevelt fueron incitadas por huelgas generalizadas y otras acciones militantes poco después del fin de la luna de miel. Por el momento, no se me ocurre nada mejor. Dios nos ayude.
El futuro como solíamos conocerlo ha dejado de existir. Y otros pensamientos joviales.
El horror terrorista en Bombay
La lectura de los informes sobre el horror terrorista en Bombay me dejó tan pesimista como un dinosaurio imaginando el futuro de sus nietos. ¿Cómo pudieron hacer eso?... destruir todas esas vidas, gente que ni siquiera conocían, gente que lo pasaban bien de vacaciones… ¿cuál puede haber sido su motivación? Bueno, en cierto modo conocían a algunas de sus víctimas; sabían que eran indios, o estadounidenses, o británicos, o sionistas, o algún otro tipo de infiel; así que no fue completamente irreflexivo, no totalmente al azar.
¿Ayuda a comprender? ¿Puede alivianar el dolor por las penas del mundo? Incluso puedes utilizarlo. La próxima vez que encuentres a un defensor de la política exterior estadounidense, alguien que insista en que algo como Bombay justifica los ataques retóricos y militares contra el Islam, puedes señalar que EE.UU. hace regularmente lo mismo.
Durante siete años en Afganistán, casi seis en Iraq, para mencionar sólo los dos ejemplos más obvios… rompen puertas y ametrallan a extraños, infieles, traumatizan a niños de por vida, disparan misiles a casas ocupadas, hacen estallar bombas por doquier, se detienen para torturar… lanzan cada unos pocos días bombas en Pakistán o Afganistán, y todavía Iraq, afirmando que han matado a miembros de al-Qaeda, tan malos como los sionistas, bombardean fiestas de matrimonio, una después de la otra, hermanos o sus sobrinos o sus amigos, sobre todo mujeres y niños muertos; los militares de EE.UU. pagan a gente para que les digan dónde va a estar tal o cual mal sujeto número uno; y los militares de EE.UU. creen lo que les cuentan, así que ¡Ahí van las bombas!...
¿Te deprime tanto eso como Bombay? A veces prefieren bombardear Siria, o matar gente en Irán o Somalia, todos sujetos malos… “Tropas de EE.UU. transportadas por helicóptero han realizado una incursión dentro de Siria a lo largo de la frontera iraquí, matando a ocho personas incluyendo a una mujer, dicen las autoridades sirias,” informa la BBC. [6]… “Los militares de EE.UU. han utilizado desde 2004, una amplia, secreta, autoridad para realizar cerca de una docena de ataques no revelados anteriormente contra al-Qaeda y otros militantes en Siria, Pakistán y otros sitios, según altos responsables estadounidenses…
La orden secreta dio a los militares nueva autoridad para atacar la red terrorista de al-Qaeda en cualquier sitio del mundo, y un mandato más global para realizar operaciones en países que no están en guerra con EE.UU.,” nos dice el New York Times. [7] Así que todo es lindo y legal, no es un ataque contra la civilización por un puñado de enfermos mentales escapados. Tal vez los terroristas de Bombay también tengan un pedazo de papel, de alguna autoridad, que diga que está bien lo que hicieron… Ya me siento mejor.
La mitología de la guerra contra el terrorismo
El 8 de noviembre, tres hombres fueron ejecutados por el gobierno de Indonesia por ataques terroristas contra dos clubes nocturnos en Bali en 2002 que costaron la vida a 202 personas, más de la mitad de ellas eran australianos, británicos y estadounidenses. Associated Press informó que “los tres hombres nunca expresaron remordimiento, y dijeron que los atentados suicidas debían castigar a EE.UU. y a sus aliados occidentales por supuestas atrocidades en Afganistán y otros sitios.” [8]
Durante la reciente campaña electoral en EE.UU., John McCain y sus seguidores repitieron un sentimiento que se ha convertido en un lugar común – que la Guerra contra el Terrorismo ha sido un éxito porque no ha habido un ataque terrorista contra EE.UU. desde el 11 de septiembre de 2001; como si el que terroristas maten a estadounidenses fuera aceptable si es hecho en el extranjero.
Desde el primer ataque estadounidense contra Afganistán en octubre de 2001, ha habido literalmente montones de ataques terroristas contra instituciones estadounidenses en Oriente Próximo, el sur de Asia y el Pacífico, más de una docena sólo en Pakistán: militares, civiles, cristianos, y otros objetivos asociados con EE.UU. El año después de los atentados de Bali ocurrió el gran atentado contra al Hotel Marriott en Jakarta, Indonesia, sede de recepciones diplomáticas y celebraciones del 4 de julio realizadas por la embajada estadounidense.
El Hotel Marriott en Pakistán fue escena de un gran atentado terrorista hace sólo dos meses. Todos estos ataques han sido adicionales a los miles en Iraq y Afganistán contra la ocupación de EE.UU., que Washington identifica oficialmente como parte integral de la Guerra contra el Terrorismo. Sin embargo, los amantes estadounidenses de la fuerza militar insisten en que la Guerra contra el Terrorismo, ha mantenido seguro a EE.UU.
Incluso es cuestionable la afirmación de que la Guerra contra el Terrorismo haya mantenido seguros a los estadounidenses en su país. No hubo ataques terroristas en EE.UU. durante los 6 años y medio antes del de septiembre de 2001; tampoco desde el atentado de abril de 1995 contra el edificio federal en Oklahoma City. Por lo tanto parecería ser que la ausencia de ataques terroristas en EE.UU. es la norma.
E incluso un mito más insidioso de la Guerra contra el Terrorismo, ha sido la noción de que actos terroristas contra EE.UU., pueden ser explicados, en gran parte, si no enteramente, por un odio irracional o envidia de los valores sociales, económicos o religiosos de EE.UU., y no por lo que este país hace al mundo; es decir: la política exterior de EE.UU. Muchos estadounidenses son bastante recalcitrantes a abandonar esa idea.
Sin ella, se derrumba todo el paradigma - de que somos buenos muchachos inocentes y que son ellos los hijueputas locos, fanáticos, sedientes de sangre con los que no se puede hablar sino sólo bombardearlos, torturarlos y matarlos. Declaraciones como la mencionada de los atacantes de Bali, culpando las políticas de EE.UU. por sus acciones, son numerosas y provienen rutinariamente de Osama bin Laden y de sus seguidores. [9]
El terrorismo es un acto de propaganda política, una forma sangrienta de hacer que el mundo escuche la propia indignación contra el opresor percibido, pintadas en la pared en alguna callejuela sombría, desolada. La consecuencia es que si los perpetradores de un acto terrorista declaran cuál fue su motivación, su declaración debería transmitir credibilidad, no importa qué se piense sobre su causa o el método utilizado para lograrla.
Renunciad a ese estereotipo y nadie sufre daño alguno
Sarah Palin y sus partidarios estadounidenses resienten lo que ven como la elite de la Costa Este, los intelectuales, los snobs culturales, los políticamente correctos, los pacifistas y los “peaceniks”, los agnósticos y ateos, los ecologistas, los fanáticos protectores de los animales, la policía alimentaria, la Gestapo de la salud, los socialistas, y otros tipos izquierdistas y liberales semejantes que se consideran superiores a Joe el cervecero, a Joe el fontanero, a devotos de la Asociación Nacional del Rifle, a trabajadores rurales sin educación, y a todos los partidarios de Bush que han saboreado la idea de tener un presidente que no es más inteligente que ellos.
Es la propagación salvaje de estereotipos. De modo que en el interés de introducir un cierto equilibrio y perspectiva histórica en el tema, quisiera recordaros algunas falacias olvidadas, o jamás conocidas, que confunden los estereotipos.
José Stalin estudió para ser sacerdote.
Adolfo Hitler esperó llegar un día a ser cura o monje católico; era vegetariano y no-fumador.
Hermann Goering, mientras su Luftwaffe [Fuerza Aérea] hacía llover la muerte sobre Europa, mantuvo un letrero en su oficina que decía: “El que tortura animales hiere los sentimientos del pueblo alemán.”
Adolf Eichmann era culto, leía mucho, tocaba el violín.
Benito Mussolini también tocaba el violín.
Algunos comandantes de campos de concentración nazis escuchaban a Mozart para acallar los gritos de los reclusos.
Charles Manson fue un inquebrantable anti-viviseccionista.
Radovan Karadzic, el líder serbio bosnio, acusado de crímenes de guerra, genocidio, y crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, había sido psiquiatra especializado en depresión; autor de un libro de poesía publicado así como de libros para niños, a menudo con temas de la naturaleza; y practicante de medicina alternativa.
No estoy realmente seguro de qué uso podéis dar a esta información para progresar hacia nuestro apreciado objetivo nacional de convertirnos en una sociedad civilizada, pero siento la necesidad de difundirla. Si conocéis otros ejemplos del mismo tipo, os agradecería me los enviarais.
Los ejemplos mencionados son todos de “tipos malos” haciendo cosas “buenas.” Hay, claro está muchos otros casos de “tipos buenos” haciendo cosas “malas.”
William Blum
*Autor de Asesinando la esperanza: intervenciones de la CIA y el ejército de Estados Unidos desde la II Guerra Mundial (2005) y Estado villano: una guía para la única superpotencia mundial (2004). Sus “Informe contra el Imperio” pueden ser leídos en www.killinghope.org
martes, 24 de noviembre de 2009
El hiper presidencialismo en Estados Unidos: cuando la república peligra
David Swanson
TomDispatch
24-11-2009
Desde la elección de George Washington, el poder presidencial en Estados Unidos se ha extendido mucho más allá de lo previsto en la constitución y de lo que en el fondo exige un gobierno de, por y para el pueblo. Esta expansión, especialmente visible tras la segunda guerra mundial, se disparó durante la co-presidencia de G. W. Bush y Dick Cheney.
La concentración de poder que Bush consiguió a costa del Congreso, los tribunales, los Estados y nosotros mismos, el pueblo, ha remitido, en ámbitos concretos, a partir de la llegada de Obama. En otros, en cambio, se ha agudizado. El patrón común, en todo caso, es la consolidación, cuando no la expansión, de los poderes presidenciales, y la conformación de un legado que quedará a disposición de presidentes futuros. Así las cosas, no es difícil entrever escenarios pocos halagüeños derivados de un poder presidencial que se acerca, cada vez más, al poder absoluto.
Los medios de comunicación no parecen demasiado interesados en esta historia. A lo sumo abordan la cuestión de manera superficial, hablan de los diversos “zares” nombrados por Obama o publican artículos sobre la importancia de reformular o de enmendar aspectos marginales de la Ley patriótica (Patriot Act).
La desidia del Congreso es, si cabe, todavía mayor. Nada de esto sorprende, ya que los tres poderes de gobierno han sido reemplazados por el poder de los dos grandes partidos. Así, medio Congreso elige como líder a un presidente que supuestamente debería ejecutar su voluntad. Y la otra mitad de congresistas se resigna con frecuencia a obedecer a unos “líderes” partidarios cuyo interés primordial es elegir uno de los suyos como próximo presidente.
Ambos partidos, en el fondo, ven el poder presidencial como algo de lo que pueden servirse en el presente o bien en el futuro, cuando su propio candidato resulte elegido. La disputa de fondo, en definitiva, gira en torno a la herencia de esta suerte de presidencia imperial, no a su limitación.
En un contexto así, los proyectos orientados a la creación de comisiones que investiguen los abusos presidenciales, a la introducción de controles jurisdiccionales a los secretos de estado, a la limitación del recurso a las declaraciones presidenciales interpretativas de leyes o a la posibilidad de requerir informes clasificados al ejecutivo, no parecen ser una prioridad para ninguno de los grandes partidos.
Actualmente, la vieja idea de controlar los abusos del ejecutivo o de disposiciones normativas existentes a través de órdenes de comparecencia en el Congreso o del propio juicio político se ha convertido en Washington en algo escandaloso e inadmisible.
El Congreso sentó en el banquillo a un juez que había acosado a sus empleados, pero Jay Bybee, que firmó memorándums secretos en los que se proponía legalizar la guerra de agresión y la tortura, goza de un puesto vitalicio en la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito gracias, precisamente, a su paso por el poder ejecutivo (y a la complicidad de Fox News en relación con su posible enjuiciamiento).
En abril, el Senador Patrick Leahy, presidente del Comité Judicial del Senado, exigió la comparecencia de Bybee. Pero el juez se negó, al igual que muchos de sus antiguos colegas de la administración Bush entre 2007 y 2008. Lo más probable es que Leahy no esté dispuesto a emitir una orden que incluso el nuevo Departamento de Justicia podría negarse a ejecutar.
El Departamento actual, de hecho, permitió que el Consejo de la Casa Blanca negociara el cumplimiento parcial de una orden del Comité Judicial de la Cámara de Representantes impulsada por el ex consejero presidencial, Karl Rove. Y si Leahy se parece a la mayoría de miembros del Congreso, ni siquiera considerará la posibilidad de recurrir a la policía del Capitolio para ejecutar la orden, algo que el Comité no ha hecho en 75 años.
Todo el poder al presidente
Cualquier descripción realistas de los actuales poderes presidenciales en Estados Unidos debería incluir facultades crecientes para elaborar leyes, para hacer la guerra, para gastar dinero, para asegurar la impunidad de ciertos crímenes, para actuar en secreto, para espiar sin garantías, para detener sin cargos e incluso para torturar.
Es el Congreso, en efecto, quien todavía elabora las leyes. Pero éstas pueden reescribirse a partir de declaraciones interpretativas del presidente, esto es, a través de declaraciones en las que el presidente hace explícito su propósito de vulnerar determinadas disposiciones de la ley que le compete sancionar.
Ni el Congreso ni el presidente Obama han impugnado buena parte de las extensas declaraciones interpretativas firmadas por Bush con el objeto de alterar el sentido de las leyes. De hecho, Obama ha anunciado que sus colaboradores revisarán las declaraciones interpretativas de su predecesor sólo en la medida en que sea estrictamente necesario.
Puede que esta política tranquilice a aquéllos que imaginan que la administración Obama siempre acertará a la hora de mantener o rechazar una declaración interpretativa de Bush. Lo grave, sin embargo, de esta decisión, es que mantiene incólume el poder presidencial de interpretar, rehacer o alterar el contenido de nuevas leyes. Obama, de hecho, ya ha emitido sus propias declaraciones interpretativas.
Otra manera que tienen los presidentes de determinar la política nacional en estos tiempos son las órdenes ejecutivas, lo que les permite gobernar el país desde la Casa Blanca y prescindir de diferentes órganos encabezados por funcionarios que cuentan con el aval del Congreso. Los presidentes también determinan la agenda legislativa del Congreso, sin que sus miembros o el público en general manifiesten mayor oposición a lo que es una auténtica perversión de nuestro sistema constitucional.
Y luego están los informes secretos. A través de ellos, los abogados de Bush en el Departamento de Justicia “legalizaron” con diligencia numerosos actos ilegales, incluyendo las guerras de agresión y la tortura.
A despecho de los años de tira y afloja entre la Casa Blanca y el Congreso respecto de la prohibición de la tortura, la complicidad con su práctica ya era un delito en el derecho penal estadounidense bajo la Ley Contra la Tortura, que autorizó la entrada en vigor de la Convención contra la Tortura firmada por el presidente Ronald Reagan.
Lo peor de todo es que, con independencia de lo estipulado legalmente, fueron los informes secretos del Departamento de Justicia los que tuvieron la última palabra en la materia. Obama ha ordenado a este Departamento no perseguir a los más altos responsables de la elaboración de estos informes.
Al mismo tiempo, ha admitido que se considerará –es difícil saber si seriamente o no- la persecución de un grupo de funcionarios de bajo rango que se extralimitaron en la ejecución de las políticas esbozadas en los mismos.
Esta decisión implica conferir inmunidad a criminales prominentes y revertir el principio defendido por Estados Unidos en los juicios de Nüremberg, con arreglo al cual era necesario comenzar por los máximos responsables. Pero sobre todo, sienta un peligroso precedente de cara al futuro. Si un presidente puede legalizar un crimen a través del informe de un abogado del Departamento de Justicia ¿cómo no ver en ello un avance hacia el poder absoluto?
Quienes deciden ir a la guerra, hoy, son los presidentes y no el Congreso, previa consulta, o no, del informe de Jay Bybee sobre el asunto.
Deciden ir a la guerra sin que haya una declaración de guerra del Congreso, y se sirven para ello de leyes vagas que permiten aparentar la aquiescencia del Congreso, aunque luego actúen por fuera de dichas reglas.
Más allá de su ilegalidad (y de su inconstitucionalidad), estas guerras suelen dar lugar a ocupaciones permanente que incluyen la construcción de gigantescas bases militares desde las cuales es posible iniciar nuevas guerras. A lo largo de este proceso, los soldados suelen ser reemplazados por mercenarios que, en su calidad de “contratados privados”, acaban actuando más lejos aún del control legal del Congreso.
Para invadir Iraq, el presidente Bush desvió dinero afectado a otros propósitos. También se auto-otorgó el poder de transferir dinero a “presupuestos en negro”, sin otro visto bueno que el de unos pocos miembros del Congreso, y de usarlo para operaciones secretas con el consentimiento de algunos de sus funcionarios.
Por supuesto, la existencia de fondos secretos reservados al presidente no son nada nuevo, pero se han disparado de manera inconstitucional e insostenible.
El 6 de octubre, los líderes de los dos partidos se reunieron con el presidente Obama y, a través del líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, le hicieron saber que podía finalizar, reducir, mantener o intensificar las operaciones militares en Afganistán y Pakistán, si lo consideraba conveniente.
La semana anterior, el Senado había aceptado que el comandante Stanley Mc Chrystal no compareciera a explicar el desarrollo de la guerra hasta tanto el presidente no determinara su política militar, lo que por supuesto quería decir una política militar para todos los norteamericanos.
Dos días después, en un sorpresivo gesto de disidencia, el presidente de la Comisión de Gasto Público de la Cámara de Representantes, David Obey, emitió unas declaraciones en las que sugería que, contra lo sostenido durante años, el Congreso tenía el poder de no financiar estas guerras y, en consecuencia, de finalizarlas.
Cuando el declive de su presidencia era ya un hecho, G. W. Bush celebró, prescindiendo de la ratificación del Senado, un tratado no oficial (al que llamó Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas Armadas) con el gobierno del Iraq ocupado por Estados Unidos que autorizaba tres años más de guerra. Desde entonces, el ejército de Estados Unidos no ha dejado de vulnerar los términos de dicho documento.
De hecho, los principales jefes militares de la operación han hecho pública su intención de permanecer en Iraq más allá de 2011, es decir, fuera de los límites establecidos en la normativa. Este tratado, por su parte, ha permitido a los nuevos ocupantes de la Casa Blanca fortalecer la ocupación ilegal de Iraq, que ya cuenta con 120.000 soldados estadounidenses y decenas de miles de mercenarios contratados al efecto.
¿Ha entrado el Congreso en un declive imparable?
Cuando se temía que Bush pudiera absolver a sus subordinados por los crímenes que el mismo había autorizado, los miembros del Congreso y los académicos llegaron a la conclusión mayoritaria de que, en efecto, podía hacerlo.
Pero tanto Bush como Obama han ido bastante más allá. Con la cobertura otorgada por leyes como la de comisiones militares o la de enmiendas a la Ley de Vigilancia del Servicio Exterior de Inteligencia, consiguieron garantizar la impunidad de numerosos criminales sin siquiera dar a conocer sus nombres o lo que habían hecho.
El Departamento de Justicia de Obama ha decidido comparecer o apelar en diversos tribunales con el objeto de mantener en secreto los abusos de los funcionarios de gobierno y de las corporaciones involucradas en torturas y en casos de espionaje ilícito.
Recientemente, el Departamento de Justicia ha sostenido que, en casos que involucren la denegación de información a un tribunal o al público en general, las empresas de telecomunicación deben ser consideradas como parte de la rama ejecutiva del gobierno federal.
Ya a comienzos de año, de hecho, el gobierno de Estados Unidos amenazó al británico con suspender los intercambios en materia de inteligencia si revelaba pruebas sobre tortura.
El Presidente Obama anunció que sólo invocaría el derecho a ocultar información a los tribunales en caso de que, según los abogados del Departamento de Justicia, estuvieran en juego importantes “secretos de estado”.
Esto podría considerarse un avance en comparación con la gestión de Bush –algo no muy difícil de conseguir-, pero en realidad se trata de una posición que no cede un ápice del poder que el ejecutivo ha obtenido a costa de otras ramas de gobierno.
De hecho, no es casual que los abogados de Obama hayan invocado la existencia de “secretos de estado” con el propósito, no ya de denegar información puntual sobre un tema, sino de bloquear casos completos antes los tribunales.
Si bien el presidente actual se ha mostrado dispuesto a ceder modestos ámbitos competenciales reclamados por el presidente anterior, ha mantenido una intransigencia cerril en lo que al poder presidencial se refiere.
A diferencia de Bush, por ejemplo, el presidente Obama se comprometió a hacer pública la lista de visitas a la Casa Blanca.
Esta medida, sin embargo, dejaba fuera buena parte de las visitas ya registradas –incluidas las de ejecutivos de compañías de seguros médicos- así como todas aquellas que el propio presidente considerara peligrosas para la “seguridad nacional”. En otros términos: se propone un cambio, modesto, pero se deja en manos del presidente decidir qué listas pueden hacerse públicas.
Esta administración ha hecho públicos, ciertamente, algunos de los informes secretos utilizados por el Departamento de Justicia durante la era Bush para justificar la tortura. Y el Departamento de Justicia, de hecho, ha resistido fieramente para que esto no ocurriera, enmendando secciones significativas de estos documentos antes de que se hicieran públicos.
Bush exigió poder presidencial para detener personas sin cargos o sin el debido proceso, y lo utilizó. Obama reclamó un poder similar en los Archivos Nacionales de Washington, en abierta violación del derecho de habeas corpus consagrado en la manoseada y maltrecha constitución de Estados Unidos.
El Director de la CIA, Leon Panetta, y el consejero presidencial, David Axelrod, también han dejado claro que el presidente aún ostenta el poder para autorizar “técnicas duras de interrogatorios” aunque no lo utilice.
De esta forma, la tortura ha pasado de ser un crimen a convertirse en una política pública opcional. El mensaje parece ser que si queremos parar temporalmente la tortura debemos votar por los demócratas. Pero esto es adentrarse en terreno pantanoso.
Probablemente sea ingenuo esperar que los presidentes resignen el poder acumulado por el ejecutivo. Pero ¿no sería lógico esperar que el Congreso trabaje para recuperarlo, en beneficio de todos?
Cuando Alberto Gonzales renunció a su cargo de Fiscal General, lo hizo por un grupo creciente de miembros del Congreso puso en marcha un proyecto en el que ordenaban al Comité Judicial de la Cámara de Representantes investigar los fundamentos para un juicio político.
Una posición similar frente al actual juez Jay Bybee podría ayudar a restaurar la autoridad del Congreso en otros ámbitos, así como a presionar al Departamento de Justicia para que cumpla con la ley y haga pública la información de que dispone, sin poder oponer a ello los “privilegios” del ejecutivo. La información requerida en un juicio político debe ser diligentemente producida, so pena de incurrir en otros delitos también susceptibles de enjuiciamiento político.
Posiblemente haya muchos entre nosotros que consideren al presidente actual un mejor tipo que nuestro diputado local. Pero eso no quita que influir a un presidente, o incluso a un senador, a través de la presión ejercida “desde abajo” es infinitamente más difícil que influir en un diputado de la Cámara de Representantes.
No pretendo con esto formular descubrimiento alguno. Después de todo, ¿no es ésta la razón por la cual la constitución confía a la Cámara poderes en materia impositiva o de juicio político?
Su mayor cercanía a los electores hace a este cuerpo, por naturaleza, más susceptible a la presión democrática. Si queremos, por tanto, recuperar la capacidad de incidencia real en la política nacional, nuestra mejor opción –admitiendo que se trataría de un trabajo cuesta arriba- sería centrarnos en la persona que nos representa en la Cámara.
La cuestión, sin embargo, está en presionar a cada uno de estos representantes para que hagan algo que, como órgano, parecen tener miedo de hacer: recuperar el poder que originariamente se les confirió, no en beneficio de su partido, sino de su papel institucional, de la constitución que juraron y de los propios soberanos de esta nación: nosotros el pueblo.
Si esto no ocurre, el legado de la era Obama, al igual que el de sus predecesores inmediatos, no será sino la consolidación de una presidencia cada vez más imperial y el deslizamiento, cada vez más pronunciado, de la república al imperio.
David Swanson fue secretario de prensa de D. Kucinich en su candidatura presidencial de 2004. Actualmente dirige la página electrónica AfterDowningStreet.org y ha sido el impulsor de Impeachbybee.org. Recientemente, ha publicado, Daybreak: Undoing the Imperial Presidency and Forming a More Perfect Union (Seven Stories Press).
Traducción para www.sinpermiso.info: Gerardo Pisarello
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2916
jueves, 19 de noviembre de 2009
USA y el respeto a los derechos humanos

18 de noviembre de 2009
Abel Samir
(especial para ARGENPRESS.info)
En la cumbre realizada recientemente en Pekín entre la mayor potencia mundial y la potencia mundial emergente, al parecer, están de acuerdo, en una serie de asuntos que van desde el plano económico, pasando por el geopolítico, hasta el plano de los derechos humanos. Primero quiero dejar en claro que ningún país, sea del sistema político que sea, tiene derecho de reprimir a la gente de su país ni a la gente de países extranjeros.
Los derechos humanos se extienden a toda la humanidad, por supuesto también a aquella gente que indirectamente se ven afectados por las medidas económicas, políticas y militares de países que tratan de imponer su política en el plano internacional para obtener ganancias económicas. Sin pretender defender a China, reconociendo que en China se atropellan los derechos humanos de una u otra forma, el atropello a los derechos humanos por USA (dentro y fuera de sus fronteras) es un asunto reconocido por todo el mundo excepto por aquellos partidarios de poder imperial que justifican cualquier crimen basados en al lucha por una “democracia” hasta ahora inexistente. ¿Cómo puede haber democracia en un país en donde una gran parte de la población no tiene derecho a la atención médica o dental por carecer de los recursos económicos mínimos? ¿De que democracia se habla cuando una gran parte de la juventud vive en la extrema pobreza, sin trabajo, de la criminalidad, porque no existe para ellos otra forma de sobrevivir? ¿Mientras ese mismo país gasta sumas enormes en guerras en lugares del mundo en donde nadie los ha agredido? ¡Vaya que cinismo tienen los gobernantes norteamericanos!
El cinismo de los norteamericanos no tiene precedente en el mundo. Un país que tiene cárceles secretas en distintas partes del globo para aplicar torturas a sospechosos de ser enemigos de USA, sin que ningún organismo internacional (sobre todo la ONU) tome carta en este grave asunto, ¿cómo tienen el impudor de plantearse defender los derechos humanos? ¿Es que esos miles y miles de presos políticos no son humanos? Un país que mantiene una cárcel en Guantánamo, Cuba, en condiciones aberrantes, en que la tortura es el pan de cada día, ¿cómo puede exigir a otros países el respeto a los derechos humanos? Un país en que sus gobernantes anteriores como Bush y sus ministros defienden abiertamente la tortura como medio de obtener información, renegando abiertamente de tratados internacionales contra el uso de la tortura, incluso de sus propias leyes para con los ciudadanos que viven en territorio norteamericano. Y para que hablar de los golpes de Estado que promueve este país “defensor de los derechos humanos”. En la totalidad de los golpes de Estado sufridos en Latinoamérica está presente la mano siniestra de la CIA, organismo que depende del gobierno norteamericano de turno. El reciente golpe de Estado ocurrido en Honduras es una de las tantas muestras del “respeto a los derechos humanos” de USA y de su actual gobernante Obama. Este presidente se sintió muy escandalizado por los sucesos de Irán en donde perdieron la vida una veintena de personas a manos de la guardia nacional y de los partidarios del gobierno iraní. Hoy llama la atención la actitud escandalizada del señor Obama. Es como si hubiese despertado de un largo sueño como los que les ocurren a lo osos y otras especies a la llegada de la primavera o que hubiese vivido hasta aquí en otro planeta. Se ha encontrado con cosas que no le agradan, tal vez se deba un poco a su carácter sentimental o, tal vez, despierta a la realidad por la presión de los políticos de su país imperial, que ven en la situación de Irán, una lucha entre dos facciones: los que están apoyando a la política nacional e internacional del gobierno de Ahmadineyad y los que buscan un acercamiento a USA y al sistema económico del capitalismo individual de occidente, ya que en Irán una gran parte de la economía se rige por el “capitalismo de Estado”. Además, en este mundo en expansión y en la necesidad de reagruparse por regiones para solidificar sus sistemas económicos, que construyen Estados superiores a los nacionales (Como el de la Unión Europea), que yo designo como Estados Multinacionales, Irán por su desarrollo tecnológico y su economía. Si bien es cierto la situación actual de Irán no corresponde enteramente al concepto marxista de “lucha de clases”, algo hay de eso. La clase alta iraní, la que tiene fuertes ingresos económicos, los privilegiados y otros parecidos, están en contra del gobierno actual. Una gran parte de ellos eran en el pasado el soporte político del Sha Mohamed Reza Pahlevi, que fue uno de los principales aliados de USA en Oriente Medio, el cual fue depuesto por la Revolución Iraní el 11 de febrero de 1979. En la política actual de Irán hay entonces una confrontación no solo dentro del marco de la ideología religiosa y de la libertad religiosa, hay indirectamente una confrontación de clases o podríamos llamarlo entre grupos sociales adscritos al poder económico. Política existe en donde los grupos sociales o las clases luchan por sus intereses fundamentalmente económicos que se manifiestan en la práctica social y en la confrontación pacífica o violenta. Y política es la lucha que se ve en cada manifestación en las calles. Imposible es separar la política de la economía. Están unidas como el espacio y el tiempo. Por esa razón, y no por otra, Lenin decía que la política es la expresión reconcentrada de la economía.
En esta confrontación, lo aparente son las libertades religiosas y sociales, las reformas. La lucha política se refleja de esa forma. Pero en el fondo, lo que existe allí, es una lucha de poderes. Los “reformistas” para acercarse a USA, la UE y el modelo capitalista neoliberal y los que pretenden mantenerse independientes de esos centros de poder y para ello solidificar su modelo económico de “capitalismo de Estado”. En esta confrontación aparece la voz del “escandalizado” para advertirle a los iraníes y al mundo, que de todas maneras, USA es el poder rector del mundo, y, por tanto, nadie puede hacer oídos sordos a sus pronunciamientos. Quiere el señor “escandalizado” darle apoyo directo a los reformistas y así traer a ese país de vuelta a su órbita que dejó en 1979. Extrañamente la masacre de palestinos en Gaza a manos de los sionistas no escandalizó para nada al señor Obama. La muerte de 1400 palestinos, la mitad niños y jóvenes a manos de ese ejército “democrático” que asesinó a gente indefensa no tiene nada que ver con los derechos humanos. Se trata de palestinos nomás, no de europeos o norteamericanos. El señor Obama no abrió la boca para decir ni una sola palabra para demostrar su preocupación y su empatía con las víctimas palestinas. Pero sigue repitiendo la frase vacía de respeto a los derechos humanos.
Y, ¿qué se entiende por derechos humanos? El artículo primero de la Declaración Universal de los Derecho humanos dice: “Todos los seres humanos nacen libres y son iguales en dignidad y derechos”. ¿Cuales derechos me pregunto. ¿Acaso hay igualdad de derechos en este mundo? Y en el artículo tres se establece que todos los humanos tenemos derecho a la vida. ¿Acaso no se ejecutan los presos en USA, y a veces, gente que en realidad ha sido inocentes de los cargos por los que fueron condenados? ¡Y las celdas de castigo en las cárceles norteamericanas, no son otra forma de mostrar como se respetan los derechos humanos?
Parece ser que los que sufren de hambre en el mundo, en un mundo de extrema riqueza por un lado y de extrema pobreza al otro lado, no tiene nada que ver con los derechos humanos. Como ya lo hemos dicho anteriormente, la riqueza de unos está en función de la pobreza de otros. Y estos “defensores de los derechos humanos” poco o nada hacen para menguar el hambre y la miseria en el mundo. Hambre y miseria creada en medida importante por sus políticas colonialistas y neocolonialistas. Es encomiable el Foro Alternativo de Roma contra el hambre y la miseria y contra la miserable política de los países ricos que obtuvieron su riqueza de la explotación indiscriminada del colonialismo. Lamentablemente aunque existan estos Foros de gente bien intencionada, de gente altruista, los resultados serán magros en un mundo que se rige por la fuerza militar y la política económica excluyente. En un mundo alienado hasta el máximo en que nada importa lo que sucede un poco más allá. El individualismo que forma parte de la ideología del capitalismo ha influido de tal forma en los pueblos que éstos ya no se preocupan de los que sufren a su alrededor. La política de la doble moral: por un lado se habla del bien y la práctica es la indiferencia a los sufrimientos de otros. Especialmente me preocupan los millones de niños sin padres que viven tirados en la calle sin nadie que se preocupe de ellos. Niños de dos o tres años. Los hay en abundancia en África y Latinoamérica. Pero vamos a las iglesias y solo se hablará de tu alma y del infierno que te espera si no sigues al pie de la letra de lo que dice la Biblia. Y esta alienación contribuye a que nuestros pueblos vivan en un mundo de fantasía: no querer ver la realidad, no enfrentarse con la triste y cruel realidad. Viven en un mundo sin empatía hacia el sufrimiento de los demás. Una parte importante de los ciudadanos norteamericanos apoyan el uso de la tortura contra los llamados terroristas. Nadie condena en ese país los asesinatos de civiles en Afganistán y Pakistán a manos de las fuerzas norteamericanas y de sus aliados. Combatir y asesinar civiles “por equivocación” se ha transformado en un arte. Una especie de estrategia del terror. Llegan aviones no tripulados y descargan su mortífera carga matando a decenas de personas. No importa de quienes se trata, después con una excusa se libran de la responsabilidad. Algunos norteamericanos se excusarán diciendo que no tienen conocimiento de lo que ocurre más allá de sus narices. Aunque la TV muestre programas alienantes hechos para transformar el pensamiento humano y para evitar que se desarrolle una conciencia social, existen también programas que muestran lo que afirmo.
En los países ricos no existe verdaderamente el interés de solucionar los problemas de hambre y miseria que aquejan a una gran parte de la humanidad. Se hacen declaraciones muy bonitas en la forma pero vacías de contenido, como la hecha por la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimenticia organizada por la FAO. La ONG que se reunió en Roma ha terminado con una declaración final que propugna además de la ayuda a los pobres una agricultura ecológica que beneficie a la mayoría de la gente del mundo y no solamente a las empresas. Pero que se ha logrado con este Foro, fuera de mostrarle al mundo la otra cara de la medalla. La cara oculta que demuestra que el hambre y la miseria se deben en gran parte a la geopolítica de los países ricos y a la destrucción de la naturaleza por la producción industrial sin medidas de protección del medio ambiente. Pero estos países muy industrializados se permiten con todo cinismo hablar de los derechos humanos. Yo me pregunto: ¿qué camino hay que tomar para contrarrestar el abuso y la explotación de estos países que con mucha fanfarria hablan y hablan de derechos humanos, cuando ellos son los que más atentan contra la humanidad?
Foto: Barack Obama, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. / Autor: Lawrence Jackson – White House
domingo, 27 de septiembre de 2009
G-20: El Nuevo Orden Mundial
En Pittsburgh, sede de la cumbre de los poderosos del planeta, clima de "ley marcial" para afrontar las protestas no-global. De la cumbre, ninguna medida seria para que no se den nuevas crisis. (Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti)
Las imágenes de la represión de las protestas en Pittsburgh, con motivo de la cumbre del G20, parecen sacadas de una de esas películas de ciencia ficción orwellianas que están ambientadas en un futuro inquietante e indefinido dominado por regímenes policiales y leyes marciales.
Duros con los manifestantes.
Un batallón de la Guardia Nacional, recién regresado de Iraq, monta controles vigilados por blindados Hummer y patrulla las calles que rodean la sede de la cumbre, en las que suena sin cesar un inquietante mensaje a través de los altavoces con una voz monótona, diríase que inhumana, que avisa a los manifestantes: “Aléjense inmediatamente de esta zona, sean cuales sean sus intenciones. Si no se dispersan, serán detenidos y sometidos a otras acciones de policía como la detención física, la intervención de agentes antidisturbios y el uso de municiones no letales que pueden provocar heridas a quienes se queden”.
Del dicho al hecho.
Rabiosos “robocops” de la policía antidisturbios desfilan por las calles en formación militar, azuzan a sus perros contra los peatones, luego montan un cordón y amenazan y pegan a los manifestantes con largas porras de madera, los persiguen y los inmovilizan con lazos de nylon (como a los prisioneros de guerra), disparan contra la muchedumbre pelotas de goma y gases lacrimógenos.
Intervienen también los cuerpos especiales de la policía (SWAT) con blindados y otros medios militares que “disparan” contra los manifestantes ondas sonoras ensordecedoras, y, escena surrealista, soldados del ejército en uniforme mimético bajan de coches civiles y se llevan a la fuerza a un manifestante sin esposarlo siquiera, mientras la gente alrededor presencia atónita este secuestro.
Blandos con los banqueros.
Este clima de ley marcial acogió a los manifestantes “no-global” que se acercaron a Pittsburgh para protestar contra los poderosos del mundo, acusados de haber socorrido a los bancos especuladores responsables de la crisis con subsidios públicos por valor de más de 17 billones de dólares (no 700.000 millones como dicen a menudo), en lugar de ayudar a las víctimas de esta crisis; en concreto, a los millones de trabajadores que perdieron el trabajo y las decenas de millones de ciudadanos que perdieron sus ahorros.
Los manifestantes apuntaban contra el “capitalismo global, que defiende los beneficios de pocos a costa de las necesidades de la población, un sistema cínico en el que todo y todos se convierten en objeto de especulación sin límites, sin reglas.
El G20 de Pittsburgh fue presentado como “el nuevo Bretton Woods”, que debía reformar y reglamentar el mercado financiero global para evitar los excesos especulativos que produjeron la actual recesión.
En cambio -se veía venir- las fuertes presiones del potente lobby bancario y financiero mundial bloquearon todas las medidas radicales sobre las que se discutía a la víspera de la cumbre.
Se excluyeron de la agenda de la cumbre la “tobin tax” relativa a transacciones financieras, la prohibición de especulación sobre materias primas y alimentarias, la obligación de una capitalización adecuada de los bancos para volver a calibrar el peligroso sistema crediticio basado en reservas fraccionarias casi inexistentes y la creación de un calendario claro para combatir el calentamiento global.
De la cumbre de Pittsburg sólo saldrá alguna propuesta demagógica, como la limitación de los bonus para los manager financieros y el compromiso para una mayor coordinación económica global a través del reforzamiento de organismos como el Fondo Monetario Internacional y la Banca Mundial, que tanto les gustan a los “no-global”.
http://it.peacereporter.net/articolo/18003/G20%2C+il+nuovo+ordine+mondiale





