7 de diciembre de 2009
DesdeCiudad de México
por Jorge Luis Sierra
Lejos de frenar el consumo de drogas, la política policiaca estadunidense de combate al narcotráfico atestigua el incremento –por millones– de los consumidores de sustancias prohibidas. La realidad comienza a imponerse: 14 estados de la unión americana legalizan el consumo de la marihuana para fines terapéuticos. En Albuquerque, incluso, se permite el cultivo de la cannabis. México, plegado a la política antidrogas del gobierno de Estados Unidos, llega tarde a la discusión sobre la legalización del consumo de estupefacientes
Alburquerque, Nuevo México, Estados Unidos. “¿Por qué tiene que ir a la cárcel una persona que ha decidido inyectarse una sustancia en su propio cuerpo?”, pregunta Ethan Nadelmann, el dirigente de la Drug Policy Alliance (DPA) en la clausura de la conferencia mundial que unió a todas las corrientes que se oponen a la guerra contra las drogas y proponen en su lugar la despenalización de su consumo de drogas, así como los programas de educación y salud para los consumidores.
Nadelmann y los cientos de participantes en esta conferencia realizada en Alburquerque piensan que la guerra contra las drogas ha saturado las cárceles con usuarios y pequeños distribuidores de drogas, produciendo una ola de ejecuciones vinculadas con el narcotráfico en México, y ha militarizado los cuerpos de policía en lugar de reformarlos y limpiar la corrupción en sus filas. En tanto, afirman los conferencistas en sus ponencias y discusiones, el consumo y tráfico de drogas siguen vivos, sin sufrir alteraciones mayores provocadas por la guerra antinarcóticos.
Las cifras son elocuentes.
En los últimos seis años, el número total de consumidores de marihuana en Estados Unidos ha pasado de 20 a 25 millones de usuarios, según la encuesta de adicciones más reciente en este país. Cinco millones de estadunidenses consumen al año entre 250 y 300 toneladas de cocaína, mientras que 456 mil usuarios estadunidenses consumen 13 toneladas métricas de heroína proveniente de México, Colombia y Asia. Un mercado emergente de 856 mil usuarios consume entre 106 y 108 toneladas de metanfetaminas procesadas en laboratorios clandestinos de México y Estados Unidos. El quinto mercado está compuesto por 2.1 millones de usuarios que consumen un total anual estimado de 8 toneladas métricas de éxtasis fabricadas en Canadá y Europa, principalmente Países Bajos y Bélgica.
En México, las cosas no son tan distintas y, aunque los consumidores no son tan numerosos, las tendencias van al alza: según la Encuesta nacional de adicciones de 2008, el número de consumidores de drogas alcanzó las 500 mil personas, un crecimiento de 50 por ciento en los últimos seis años. El uso de cocaína se duplicó al pasar de 1.2 a 2.4 por ciento.
La única solución posible es la despenalización del consumo de drogas, afirma Nadelman.
En los últimos años, ese sueño se ha ido cumpliendo, pero no por la voluntad del gobierno federal de Estados Unidos, sino por la decisión de sus gobiernos estatales y municipales. Actualmente, 14 de los 50 estados de Estados Unidos han aprobado leyes para despenalizar el consumo y distribución de marihuana con fines médicos. Sin embargo, hasta antes del 19 de octubre pasado, los médicos que se arriesgaban a prescribir marihuana o los pacientes que aventuraban a comprar las recetas corrían un riesgo alto de ser detenidos y acusados por la Agencia Atidrogas estadunidense (DEA, por sus siglas en inglés).
Eric Holder, procurador general de Estados Unidos, dirigió un memorándum a todos los fiscales de distrito del país, pidiéndoles la suspensión de los juicios por posesión de marihuana que entrara dentro de los límites de las leyes estatales. Para los críticos de las políticas antidrogas, ése es el primer paso hacia la legalización del consumo de marihuana.
“No será una prioridad del gobierno el uso de recursos federales para perseguir pacientes con enfermedades graves y sus médicos que cumplan con las leyes estatales de la marihuana con fines médicos”, dijo Holder a los fiscales en un mensaje que provocó optimismo en el movimiento por la reforma de las leyes que castigan penalmente el consumo de drogas.
Nuevo México, Michigan y Rhode Island están tomando pasos rápidos para establecer sistemas de distribución legal de marihuana. En Nuevo México, por ejemplo, los pacientes deberán solicitar por escrito y con ayuda del médico la autorización para consumir marihuana. El departamento estatal de Nuevo México deberá autorizar al consumidor a plantar y cosechar su propia medicina o a comprarla a empresas debidamente registradas.
Según la revista Alibi, de Alburquerque, en el estado hay 746 pacientes, de los cuales 201 tienen ya una licencia para tener dos plantas maduras de marihuana en su jardín así como 12 semillas. El gobierno de Nuevo México autoriza el consumo de marihuana sólo para aliviar la condición de pacientes de 15 tipos de enfermedades, entre ellas el dolor severo y crónico, el estrés postraumático, la hepatitis C, un tipo de esclerosis, cáncer, glaucoma, epilepsia y Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.
En ese estado, sólo las organizaciones sin fines de lucro pueden recibir autorización para producir marihuana con fines médicos. Hasta el momento, 25 organizaciones han solicitado la licencia y sólo cuatro de éstas han sido otorgadas.
Sin embargo, hasta la recomendación de Holder, las leyes estatales que suavizaban el control de la marihuana no bastaban para evitar las aprehensiones ni las redadas de la DEA. Según Americans for Safe Access, una organización que apoya los programas de marihuana médica, hubo 200 redadas en California durante la administración del presidente George W Bush.
Según el New York Times, la Suprema Corte de Justicia ha decidido que el gobierno federal puede realizar investigaciones y detenciones aun en estados donde hay leyes que aprueban el uso médico de la marihuana.
Aunque se muestra optimista sobre el paso reciente tomado por la administración del presidente Barack Obama, el director ejecutivo de DPA afirma que él no cree que Obama vaya a despenalizar por completo el consumo de drogas.
“Gracias por detener el golpe policial a los consumidores de drogas, por permitir que cese la prohibición de subvencionar los programas de cambio de ampoyetas y por detener a los policías que se oponían al uso médico de la marihuana”, dice Nadelmann en relación con las recientes decisiones de Obama. “Sin embargo, presidente Obama, recuerde que la política no debe de reemplazar a la ciencia, y que ese principio debe aplicarse también a la política de drogas; todas las opciones necesitan estar en la mesa”.
Obama necesita tomar este movimiento seriamente, dice Hiawatha, un exadicto que ahora se dedica a organizar a consumidores de drogas en Brooklyn, Nueva York, a través de una organización llamada Voces de Líderes y Promotores Comunitarios. “Si él mira las estadísticas verá que las políticas antidrogas son costosas, no resuelven el problema y mantienen las cárceles llenas”.
Nadelmann y una multitud de investigadores y activistas reunidos en la conferencia de Alburquerque coincidieron en que los recursos que actualmente se usan para combatir las drogas con polícías y soldados deben ser puestos a disposición de los médicos y los educadores para reducir los daños ocasionados por el consumo de drogas y prevenir la existencia de más adictos.
El líder de DPA visitará la ciudad de México en unas semanas y es posible que se enfrente a sectores de la sociedad que se oponen a la despenalización del consumo de drogas.
“La gran mayoría de personas que usan estas drogas no están haciéndole daño a nadie y ni siquiera a ellos mismos”, dice Nadelmann en una entrevista al concluir la conferencia de Alburquerque. “Pretender que estas drogas son más dañinas que el alcohol y el tabaco es un mito”.
Nadelmann afirma que los jóvenes ya tienen un “acceso tremendo a drogas ilegales”. “No hay nada que indique que la prohibición ha sido un éxito, la prohibición no ha tenido éxito en mantener a las drogas alejadas de la gente joven”.
Durante la conferencia, Beto O’Rourke, comisionado de la ciudad de El Paso, Texas, dijo que la ola de criminalidad y violencia en Ciudad Juárez era resultado del fracaso de la política antidrogas.
O’Rourke narró cómo los legisladores estatales y algunos federales se opusieron a la ordenanza que aprobó la comisión municipal para permitir el uso médico de la marihuana.
En Texas, la ley impide el uso legal o ilegal de la marihuana. O’Rourke consideró que la situación de Ciudad Juárez no soporta más y que él apoya a los empresarios de esta ciudad mexicana que piden la presencia de fuerzas de mantenimiento de la paz de la Organización de las Naciones Unidas.
Con o sin los “cascos azules”, la política antidrogas ha mostrado en toda América Latina impactos colaterales que dañan los derechos humanos y tienen efectos nulos sobre la disponibilidad de las drogas, dijeron varios participantes de Colombia, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Chile y México, reunidos en la conferencia de Alburquerque.
“La marihuana debe ser legalizada: tenemos que parar su criminalizacion y debemos usar la aproximación de la reducción del daño a todas las demás drogas”, dice Gary Johnson, exgobernador de Nuevo México en una entrevista al finalizar la conferencia.
“De lo que se trata es de reconocer que el consumo de drogas es más bien un asunto de salud que del aparato de justicia criminal”, dice Johnson. “El 90 por ciento del problema de las drogas tiene que ver con la prohibición y yo aplaudo a México por descriminalizar el uso de drogas”.
México aprobó recientemente una ley para reducir las penas por la posesión de droga en cantidades limitadas al consumo personal, pero en opinión del Colectivo para una Política Integral de Drogas (Cupid), esa ley amenaza algunos derechos básicos de los mexicanos.
En una investigación difundida durante la conferencia, Jorge Hernández Tinajero y Carlos Zamudio, del Cupid, señalan que la ley se limita a endurecer las penas a los distribuidores pequeños de drogas en lugar de despenalizar el consumo. La ley establece que la posesión de 5 gramos de cualquier droga debe ser penalizada con tratamiento médico obligatorio, mientras que la posesión de una cantidad mayor ya conlleva penas de prisión.
El problema, afirman los autores, es que al no despenalizar el consumo, la ley deja abierta la puerta para la extorsión policial de los consumidores y la distracción de los recursos policiales que debieran estar concentrados en los grandes distribuidores de drogas. La ley tampoco establece quién tiene la jurisdicción en la persecución de los pequeños distribuidores y su única forma de medición del éxito consiste en el número de arrestados, no en la disponibilidad de drogas y los indicadores de consumo.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
El principio del fin de “la guerra” contra las drogas
martes, 29 de septiembre de 2009
Guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar

Conferencia magistral de Noam Chomsky en la Sala Nezahualcóyotl (México D.F.)
28-09-2009
Noam Chomsky
La Jornada
¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar?
Noam Chomsky disertó el pasado lunes largamente sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.
Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.
O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wa-shington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.
O bien, un dato puntual, asombroso: la preocupación manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual apertura democrática en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.
Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada.
Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo comienza a liberarse por sí solo de este yugo, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.
Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.
Blanche Petrich
A continuación se reproducen las palabras de Noam Chomsky en la sala Nezahualcóyotl:
Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.
Los principales arquitectos
Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de políticas públicas en Inglaterra eran los comerciantes y los fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por gravoso que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos en otras partes.
Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.
La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.
Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los comerciantes y los fabricantes, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.
Una refinada versión actual de la máxima de Smith es la teoría de la inversión en política, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.
Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.
Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.
Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.
Estados Unidos no es una democracia guiada como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.
Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.
En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.
Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.
La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen criminal. Su crimen era haber logrado desafiar políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.
Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo el principio de la Mafia. El Padrino no tolera que nadie lo desafíe y se salga con la suya, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus que disemine el contagio, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.
Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.
Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.
Por ejemplo, cuando Wa-shington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar consolidar un orden en ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar salirse con la suya en el desafío si el virus chileno no era destruido antes de que diseminara el contagio. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.
Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.
Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa conspiración monolítica y despiadada para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.
Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.
La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la guerra contra las drogas, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.
Sofisticación tecnológica en el tercer mundo
La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la sofisticación tecnológica de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no haríamos responsable al Kremlin de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.
Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.
Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una guerra a las drogas, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una revolución normativa que confería a Estados Unidos el derecho a una intervención por razones humanitarias escogida por definición, por la más noble de las razones.
Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura “el así llamado ‘derecho’ a una intervención humanitaria”. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.
Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.
A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una reciprocidad. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético que la organización se transformaría en un ente más político. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una zona de paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.
Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.
Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles.
Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.
Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una fuerza de respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.
El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán, y disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.
Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.
Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable, una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.
Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su función. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que explotara su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los premios materiales más grandes en la historia del mundo: la más importante de las áreas estratégicas del mundo, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el control sustancial del mundo.
Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el disuasivo británico, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.
Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaña de odio contra nosotros, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero por qué nos odian y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.
Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población y buscan satisfacer la demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima económico y político que propicie la inversión privada, con la adecuada repatriación de las ganancias y la protección de nuestras materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.
TLC, cura recomendada
En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran extraordinariamente positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de “una ‘apertura a la democracia’ en México”, la cual, temían, podría poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de políticas económicas.
En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.
Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que la libre circulación de mano de obra es la piedra fundacional del libre comercio.
La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.
Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como extranjeros ilegales– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de ni perros ni irlandeses no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.
Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los extranjeros ilegales. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados acuerdos de libre comercio. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.
El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.
En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.
En ese punto, el asesor definió la relación especial con el Reino Unido. “Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente”; el término más de moda hoy sería socio. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como nuestros tenientes. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.
Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como socios y únicamente en privado continúa tratándolos como tenientes, como subordinados. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.
Tecnología de la destrucción
El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.
El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas operaciones, acciones contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.
La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible. Esto podría formar parte de una estrategia global en ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África. Por ahora, la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.
Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.
La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir pandillas de jóvenes y populismo radical, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.
El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.
Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la guerra contra las drogas no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en lo interno, enviando enormes números de personas superfluas, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.
Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente tripolar, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal Consenso de Washington.
También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales. Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.
Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.
Traducción: Ramón Vera Herrera
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/09/22/index.php?section=politica&article=003n1pol
martes, 1 de septiembre de 2009
Lo que hay detrás del negocio de la droga. El instinto de conservación del sistema capitalista en acción
31 de agosto de 2009
Martín Guédez (especial para ARGENPRESS.info)
Hasta el momento, la mayoría de las investigaciones aportan datos contundentes acerca de la inmensa cuantía que tiene el narcotráfico en la economía, no sólo del primer país productor de drogas del mundo (Colombia) sino en la del primer país consumidor del mundo (EEUU).
El peso extraordinario que posee este mercado sobre el funcionamiento de la economía es tal que, un trabajo publicado en IAR Noticias, concluye que si se lograra detener en forma abrupta el narcotráfico la economía estadounidense sufriría un colapso de igual o mayor magnitud que el generado por la crisis financiera que hoy asola su economía.
Abundan las pruebas que demuestran como ese tráfico de miles de toneladas de droga sería imposible de sostenerse si no contase con la complicidad y el apoyo del inmenso aparato científico-tecnológico y militar-policial de la primera potencia del mundo. Con sistemas capaces de detectar billones de mensajes electrónicos por minuto, sistemas de radares y detección capaces de ubicar y grabar una conversación telefónica en cualquier parte del mundo o fotografiar el color de los ojos de un ratón a cientos de kilómetros de distancia, resulta poco menos que increíble que diariamente penetren a los EEUU toneladas de droga sin ser detectadas.
Es igualmente inaudito que miles de millones de dólares provenientes del narcotráfico circulen por el “respetable” sistema bancario sin que el eficiente aparato de detección de transacciones del gobierno estadounidense lo sepa. Algo parecido ocurre con el negocio industrial de la producción de sustancias químicas necesarias para transformar, por ejemplo, el opio en heroína. A nadie sorprende que los agentes de la DEA tengan prohibido examinar el manifiesto de ningún barco que zarpe del puerto de Hong Kong, lugar donde tienen su sede los laboratorios que producen estas substancias.
Las campañas lanzadas por los gobiernos de EEUU y Europa para ser “duros con el tráfico de drogas” son una cruel payasada pues si estos gobiernos realmente quisieran erradicar el narcotráfico atacarían en los centros productores de anhídrido acético o hurgarían en los emporios bancarios que se nutren del dinero proveniente del negocio de las drogas.
Sin embargo, quiero abordar otra cara oculta de este negocio y su importancia para los planes estratégicos hegemónicos del capitalismo global. Para nadie es un secreto que un joven o una joven adictos a la droga han perdido –centrados enfermizamente en sí mismos- toda capacidad de reflexión ética respecto de los males e injusticias que lo circundan. Un joven o una joven drogadictos son, consecuentemente, cómplices, acaso inocentes, de cuanta injusticia se comete en su entorno y el mundo- Son millones de y voces subversivas apagadas, desconectadas, indiferentes y manipulables al extremo.
La historia es un profeta que mira hacia atrás. Hemos de recurrir a la historia para abrevar en ella y descubrir los hilos de esta conspiración contra la humanidad. En el pasado siglo XIX, el imperio británico sostuvo contra China las conocidas como “Guerras del Opio”. Gran Bretaña forzó a la China a abrir sus mercados al opio de la India así como a sembrar la planta para producir opio internamente. La razón -absolutamente criminal e inmoral- para tal guerra, se apoyó en problemas de intercambio comercial de Gran Bretaña con China. La razón oculta tuvo que ver realmente con la imposibilidad de dominar y controlar un país inmenso, tanto en población como en espacio, a menos que se redujera su capacidad combativa al mínimo. Desde luego el imperio no encontró mejor manera de matar dos pájaros de un tiro que infestar de droga a la población china.
Detrás de la complicidad con el negocio del narcotráfico nos parece que hay más, mucho más, que un negocio en sí mismo, creemos que detrás –como en el caso de las mencionadas Guerras del Opio- está el control de una población superior a los cien millones de jóvenes a quienes se les ha castrado su potencial capacidad revolucionaria o subversiva. ¿Cómo no recordar la forma en la cual el sistema capitalista penetró, destrozó y anuló el movimiento hippie de los años sesenta?, ¿no fue –como quedó demostrado en documentación desclasificada- penetrando el movimiento con drogas? Detrás del negocio de la droga está el instinto de conservación de un sistema económico y de vida que se sabe a sí mismo, criminal, inmoral, ecocida, brutal e impresentable ante cualquier mente joven y sana. Por allí van estos criminales tiros.
domingo, 2 de agosto de 2009
La CIA, que liberó al terrorista Posada Carriles, consigue una condena de tres años para el ex agente que lo denunció
03-08-2009
Jean-Guy Allard
Cubadebate
Así es la justicia cuando la maneja la inteligencia imperial. Mientras aseguró un proceso dilatorio y la libertad a su agente terrorista Luis Posada Carriles, la CIA y la DEA acaban de encarcelar por 37 meses al ex agente de la DEA Celerino “Cele” Castillo.
Castillo vio con sus propios ojos y denunció años atrás a Posada Carriles por manejar la operación de trafico de armas a cambio de cocaína, en la base salvadoreña de Ilopango.
Desde la localidad tejana donde vive, a un par de kilómetros del puesto de la frontera mexicana de Reinoso, los amigos de “Cele”, el más que valiente oficial de la agencia norteamericana antidroga, confirman que él dejo su domicilio para presentarse en el penitenciario de La Tuna para cumplir los 37 meses que le otorgó el juez Royal Furgeson, después de un juicio orientado desde Washington.
El complot contra Castillo lo dirigió el Fiscal Federal Johnny “House of Death” Sutton, en San Antonio, Texas, un amigo personal del ex Presidente George W. Bush, quién se encargo de montar un show jurídico sostenido por una aparentemente banal compra de arma sin licencia, algo que ocurre diariamente en el estado norteamericano donde, tal vez, más armas circulan.
“Cele” reconoció espontáneamente la compra. Pero denunció a lo largo del proceso trucado las múltiples maniobras del Fiscal bushista para obtener, a fuerza de trucos, la sentencia más delirante para un “crimen” tan común: tres años más un mes de cárcel.
Celerino Castillo tuvo el inmenso valor de hablar públicamente de la conspiración criminal de la administración Reagan-Bush, conocida como el Iran-Contra. Jamás los Bush, la CIA y la DEA se lo perdonaron.
En una comparecencia histórica ante el Comité de inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, “Cele” Castillo explicó detalladamente como sus informantes vieron en la base de Ilopango almacenes de drogas, además de armas y dinero.
También explicó que muchos de los pilotos de la Contra nicaragüense se beneficiban de la operación clandestina administrada por Luis Posada y su socio Félix “El Gato” Rodríguez Mendigutía, fichados como narcotraficantes.
“El Gato” Rodríguez es quién ordenó el asesinato de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia en 1967, cuando el guerrillero heroico se encontraba preso de tropas bolivianas dirigidas por asesores yanquis.
En una entrevista publicada en el año 2004, Celerino Castillo comentó: “La única razón por la que Félix Rodríguez no fue arrestado es por que él sabía dónde estaban enterrados todos los cadáveres de la operación Irán-Contra. Él siempre ha sido un terrorista así, como Osama Bin Laden y todos los terroristas que nosotros hicimos en el pasado”.
EL RECUERDO DE GARY WEBB
Lo ocurrido al ex oficial de la CIA recuerda a otro valiente personaje de la lucha contra los Bush y su mafia gubernamental.
En su libro Dark Alliance, el famoso periodista norteamericano de investigación Gary Webb describía a Posada como “un veterano agente de la CIA con una historia de involucramiento con narcotraficantes, gente del hampa y terroristas” identificados a la tropa mafiosa del ex capo habanero Santos Trafficante.
En 1973, revelaba Webb entre muchas otras cosas, Posada fue puesto bajo vigilancia por la Drug Enforcement Agency (DEA) cuando la agencia se enteró que era el “contacto principal” en una operación de tráfico de mayor envergadura.
El 10 de diciembre 2004, el cadáver de Webb fue descubierto en su domicilio de Carmichael. Tenía la cara destruida por dos proyectiles de revolver calibre 38. El coroner Robert Lyons fue el oficial de justicia que realizó la investigación. Concluyó que habia sido un suicidio ¿?.
DETRÁS DEL COMPLOT, EL CLAN DE LOS BUSH
“Denuncié a nuestro gobierno como cómplice del narcotráfico y del contrabando de armas. Varias investigaciones bipartidarias tanto en la Cámara baja como en el Senado confirmaron mis alegaciones contra el Gobierno”, escribe “Cele”, en una carta abierta, antes de ir a presentarse a sus carceleros.
“Muchos individuos involucrados en estas atrocidades fueron encontrados culpables pero luego indultados. Además, algunos de ellos continuaron trabajando con la administración Bush. ¿Porqué fui yo escogido como objeto de la conducta más ultrajante del gobierno?”, pregunta al denunciar al fiscal Johnny Sutton “muy cercano a la familia Bush” que le paso “la cuenta para todas mis alegaciones en contra de la familia Bush”.
La Institución Federal de Corrección de La Tuna, se encuentra en Anthony, Texas (P.O. Box 3000 Anthony, TX 88021).
Increíblemente, esta cárcel está situada a menos de 20 kilómetros de El Paso, donde la jueza Kathleen Cardone liberó en dos oportunidades al terrorista más conocido del continente, Luis Posada Carriles, que el propio “Cele” observó traficando.
viernes, 26 de junio de 2009
Aliados de EEUU son los mayores fabricantes mundiales de cocaína

¿”Menos coca en Colombia, más en Bolivia”?
26-06-2009
Rolando Carvajal
Rebelión
Recientes cálculos de NNUU sobre la fabricación de cocaína pregonados por la prensa internacional y exaltados por medios nacionales adversos al gobierno, hacen aparecer a Bolivia como la “bestia negra” de la lucha antinarcóticos, sin destacar, igualmente, que Colombia produce 430 toneladas anuales de cocaína y Perú otras 302.
Juntos, ambos países con regímenes de derecha aliados a EEUU a través de acuerdos comerciales como el ATPDEA (de preferencias arancelarias), produjeron el año pasado cerca de 750 toneladas de cocaína, es decir más del 75 % de las existencias mundiales, frente a las 113 toneladas atribuidas a Bolivia
De acuerdo con las cifras de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (ONUDD), publicitadas desde el 19 de junio pasado, Colombia llegó a producir 600 toneladas de cocaína el 2007 en un área cocalera de 178 mil hectáreas, reducidas ahora a unas 81 mil.
El severo recorte en la elaboración de la droga colombiana a partir de la erradicación de cultivos, fue de 170 toneladas, mientras que en Perú y Bolivia el potencial de fabricación subió en 9 y 4.1 por ciento, es decir, a 10 y 12 toneladas, respectivamente:
COCAINA
(Potencial de producción)
Producción inmediata
Anterior
Producción 2008
recorte/incremento
Aprox.
Colombia
600 t.
430 t.
- 170
Perú
289
302
+ 12.3
Bolivia
103
113
+ 10.1
Fuente: elaboración propia con datos de ONUDD
El incremento registrado en Bolivia, ligeramente inferior al de Perú, representa apenas el 2 % de la producción colombiana y cerca del uno por ciento de la producción mundial.
MERCADO MUNDIAL DE 50.000 MILLONES
“Menos coca en Colombia, más en Bolivia”, tituló sobre el tema la BBC Mundo [1] , mientras que diarios neoliberales bolivianos subrayaron el crecimiento del potencial local para producir droga, el aumento, de 1.600 hectáreas de los cultivos de cocales (a 30.500), y las plantaciones en áreas protegidas o parques nacionales lo mismo que la magnitud de las áreas cultivadas, y la eventualidad de que 36.200 toneladas de coca fueron desviadas al narcotráfico
Enseguida, los grupos de columnistas, especialistas y comentaristas de los medios privados condenaron el fracaso gubernamental de la lucha antinarcóticos, mientras que las autoridades calificaron como “insignificante” el incremento, respecto de las cifras mundiales, alertando que la tendencia conllevaba un aumento mayor de cultivos, sujetos, sin embargo en el caso boliviano a una pronta erradicación, en las próximas semanas.
“Mal de muchos es consuelo de tontos, ciertamente” dijeron observadores en La Paz, que sin embargo criticaron la utilización de cifras parciales sin tomar en cuenta el contexto mundial y regional.
Para el vicecanciller Hugo Fernández, las cifras deben ser evaluadas en su conjunto. “Lo importante de los datos es que nos dan una base de la realidad para poder atacar el problema en los próximos años”, señaló al diario estatal Cambio, una vez conocido el reporte.
La dimensión de la droga en Bolivia resulta ser relativamente pequeña si se la compara con el marcado mundial que mueve 50.000 millones de dólares frente a los 293 millones que se calcula genera la hoja de coca en la economía boliviana (3 % del PIB)
“El mercado global de cocaína de 50 mil millones de dólares está experimentando cambios sísmicos. Los niveles de pureza y los montos de confiscación bajan, los precios suben y los patrones de consumo se mantienen", dijo recientemente Antonio María Costa, director de la UNODC, a la agencia Notimex.
Desde comienzos de año, varios reportes de Bolpress entre otros portales no alineados a la derecha y asimismo distantes de la prensa progubernamental, llamaron la atención sobre el ingreso a Bolivia de la producción peruana de droga, especialmente con destino a Brasil y Argentina.
Tan sólo entre el año pasado y el primer trimestre del 2009, la fuerza antidroga incautó 25 toneladas de cocaína, mientras el gobierno tropezaba con serios problemas para frenar la producción en alza de cocales ilegales que a marzo ya habían saturado los mercados locales (casi 500 t. estocadas en la Paz) creando rencillas entre los mismos cocaleros.
PRECIOS, CULTIVOS Y CONSUMO
"Argentina es el segundo mercado de cocaína de Sudamérica en números absolutos -aproximadamente 660.000 personas-, atrás de Brasil -890.000 personas o 0,7% de la población entre 12-65-", reportó la agencia argentina DyN, con base en el informe de la ONUDD.
Las más altas tasas de prevalencia anual de base de cocaína fueron reportadas en Chile (0,6%), seguidas por Argentina (0,5%) y Perú (0,4%)".
El pico boliviano es el tercero más alto en 12 años. El primero alcanzó 200 toneladas, y el segundo con 150, ambos durante la administración de los ex presidentes Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Banzer.
Durante su reciente visita a Colombia, el canciller David Choquehuanca, solicitó a ese país respaldo para que la Organización de Estados Americanos (OEA) legalice el consumo de la hoja de coca.
De acuerdo con informes de la fuerza antidroga boliviana, en los Yungas al norte y este de La Paz, el kilo de pasta base promedió los 800 dólares y el de cocaína alcanzó los 1.100 dólares, mientras que en el Chapare, centro del país, el kilo de droga alcanzó los 1.250 dólares.
“Este seis por ciento de incremento de cultivos, si bien es insignificante, no quiere decir que el Estado y el Viceministerio de Defensa Social estén de brazos cruzados”, dijo el viceministro boliviano de Defensa Social, Felipe Cáceres a medios oficiales, después de conocido el reporte.
Probablemente, a causa del incremento de cultivos y potencial de producción de droga, el equipo negociador del presidente estadounidense de Barak Obama, dirigido por el secretario Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Tomas Shannon, insistió el 21 de abril en buscar el retorno de la DEA, reportó el diario digital Erbol, hace una semana.
El organismo antidrogas norteamericano fue expulsado de Bolivia el año pasado, junto con el ex embajador designado en la administración por denuncias de conspirar contra el gobierno del presidente Morales.
“Ahora parece ganar consenso la tendencia de buscar una segunda salida mediante una regionalización de la lucha antidroga, con la actuación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en tareas que antes eran desempeñadas por organismos de inteligencia estadounidense”, dice el portal sugiriendo que el próximo embajador boliviano ante la Casa Blanca será el actual canciller Choquehuanca [2] . (Rolando Carvajal, La Paz)
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