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viernes, 1 de enero de 2010

Nada tiene tanto éxito como el fracaso



Del cajón de los recuerdos surealistas recuperamos este artículo para disfrute de los lectores

25-01-2005
Saul Landau
Progreso Semanal

El Presidente Bush no permite que las noticias negativas interfieran con su entrega predecible de clichés y slogans. “Irak será libre, habrá más paz en el mundo y Estados Unidos estará más seguro”, anuncia regularmente, a medida que las noticias del caos sangriento emanan desde Irak. Él aseguró el triunfo de su “Ley de Ningún Niño Abandonado” de 2002.
“Estamos comprobando regularmente a cada niño… y asegurándonos de que tienen mejores opciones cuando las escuelas no cumplan”. Sin embargo, los estudios demuestran que las escuelas “charter” –“opciones” – dejaron atrás a muchos niños. Bush nunca tuvo que preocuparse acerca de su futuro financiero, pero insiste dogmáticamente en que la privatización de la seguridad social brindará una mayor seguridad a las generaciones futuras. ¿Cobrando una comisión del 15% del total como corredor?

Los clichés de Bush me recuerdan de cómo mi madre trató de adoctrinarme con el cliché de Shakespeare: “No seas un prestamista ni uno que pide prestado”. Es más, Shakespeare puso esas palabras en boca de Polonio (el futuro suegro de Hamlet), quien continuó diciendo “un préstamo a menudo se pierde a sí mismo y a un amigo”. Pero ¿cómo hubieran sobrevivido Mamá y Polonio en 2005 sin tarjetas de crédito y sin hipotecas, para no hablar de los préstamos para el auto y los aparatos domésticos?

Ella tampoco me dijo que Shakespeare diseñó el personaje de Polonio como un pedante cuya falta de sabiduría práctica demostró ser fatal. Este pomposo chapucero fue un personaje de oropel. Por seguir su lógica simplista –espiar a Hamlet para saber la causa de su enfermedad – se buscó que lo atravesaran mortalmente con la espada.


Al igual que Bush, Polonio poseía una visión unidimensional del mundo; un contraste total con la complejidades de Hamlet. Hamlet reflexionaba acerca de las experiencias, analizaba sus emociones y rechazaba las soluciones fáciles a sus problemas morales y políticos: ¿cómo vengar el asesinato de su padre y castigar a su asesino, el rey que se había casado con su madre? Pero la introversión de Hamlet le hizo ignorar las amenazas a la seguridad de Dinamarca. Su bizantino proceso mental provocó no sólo su propia ruina y la de su amada, sino también la conquista de Dinamarca.


Los líderes norteamericanos contemporáneos hablan con la pomposidad de Polonio, pero carecen de la educación elemental de fundamentos de la moral que Shakespeare dio a su personaje. ¿Cómo interpretarían Bush, Cheney y Rumsfeld la más famosa frase de Polonio: “Sé fiel a ti mismo”?


Para que la verdad emerja en la Oficina Oval, el Congreso tendría que crear el cargo de “bufón de la corte”, un payaso que dice la verdad y que aconsejaría al presidente acerca de las políticas del imperio contemporáneo. Tal payaso que dice la verdad anunciaría: “Nada tiene tanto éxito como el fracaso”.


Él usaría a Bush de ejemplo. Fracasó como estudiante (malas notas y un carácter dudoso) y como joven adulto (adicto y evadió sus responsabilidades). En los negocios, desde la perforación de petróleo hasta la posesión de un equipo de béisbol, Bush invirtió millones de dólares –de propiedad de otra gente. Fracasó, pero sin embargo se hizo más rico, gracias a que republicanos con mucha plata lo salvaron. No obstante, los accionistas perdieron dinero. Los amigos de Bush lo alentaron a que invirtiera $600 000 en los Rangers de Texas. Ganó casi $15 millones cuando se vendió el equipo.


En el 2000 perdió el voto popular en las elecciones presidenciales, pero se apoderó de la presidencia gracias a las trampas en la Florida y a un Tribunal Supremo republicano. Lanzó una invasión contra Irak, la cual él calificó de éxito catastrófico”. Bush aumentó la deuda y el déficit de EEUU hasta niveles récord y dividió la nación más aún de lo que había estado desde la Guerra Civil. Mientras se encontraba al timón del estado, un enorme escándalo corporativo emergió e involucró a su amigo y contribuyente a la campaña de Bush, Ken “Muchachito Kenny” Lay, el Director General de ENRON. Bush quedó como un fracasado moral. Pero no pareció tener importancia.


Antes de las elecciones de 2004, el público también se enteró de que en el nivel económico y social Bush no había entregado nada a la mayoría. Sin embargo, con sus políticas tributarias los asquerosamente ricos se habían hecho más asquerosos.


En cuanto a la política exterior, después del 11/9 Bush logró convertir la inmensa compasión y apoyo mundiales en odio y desprecio sin límites. Aisló a Estados Unidos al retirarse de importantes procesos mundiales, como las discusiones medioambientales de Kyoto y el Tribunal Internacional. También mintió acerca de las razones para invadir a Irak: armas de destrucción masiva y vínculos con los terroristas del 11/9. Si mentir significa fracasar, entonces Bush está más que calificado.


Bush también se tomó más vacaciones –en medio de una guerra– que cualquier otro presidente. Erosionó los cimientos tradicionales de la nación: separación de la iglesia y el estado. Debido a su historial de fracasos, acumuló unos 60 millones de votos en 2004.


“Me han visto tomar decisiones, me han visto en circunstancias difíciles, me han visto llorar, me han visto reír, me han visto dar abrazos”, dijo Bush a USA Today (27 de agosto de 2004). “Y saben quién soy…”


Si, los electores lo sabían. Pero por qué se decidieron por Bush es algo que confunde incluso a la infinitamente compleja mente de Shakespeare. ¿Se identifican millones con Bush porque él se equivoca?


La historia reciente brinda pruebas de que el fracaso es el camino del éxito. Como asesor de Seguridad Nacional y Secretario de Estado bajo los presidentes Nixon y Ford, Henry Kissinger es un gran ejemplo de que el fracaso a los mayores niveles lleva hacia recompensas futuras.


Kissinger ayudó a idear la doctrina Nixon. En la atmósfera posterior a la Guerra de Viet Nam, Kissinger quería una estrategia para reemplazar a las fuerzas de EEUU con potencias sustitutas. Como el público rechazaba la idea de que los militares norteamericanos fueran una fuerza mundial de policía, Kissinger erigió una idea sustituta. Cada región tendría un siervo de EEUU que haría el trabajo sucio. Para aplacar a los críticos Kissinger utilizó el lenguaje de la paz y de los derechos humanos en sus discursos y edictos.


Seleccionó a Irán e Israel como sus centros de poder policial en el Medio Oriente. La influencia del lobby judío podría ayudarlo a eliminar el sentimiento crítico. Irán bajo el Sha, el otro subordinado de EEUU en la región, se convertiría en socio de Israel para mantener el orden en el Medio Oriente –es decir, mantener el flujo de energía y garantizar de que no hubiera revoluciones. Washington podría suministrar las armas pesadas, las que pagaría Irán –no Israel, para ablandar aún más a la oposición interna. En 1979 el régimen del Sha se derrumbó ante una revolución islámica e Israel se convirtió en el único aliado militar de Washington en la región, lo cual ha provocado la violencia y la tensión desde entonces. Al elevar a Israel y no a un país árabe al papel de policía regional, Kissinger garantizó la inestabilidad a largo plazo.


Adicionalmente, Kissinger promovió en 1974 una estrategia para el sur de Europa en la que Estados Unidos dependería de España, Portugal y Grecia como baluartes del anticomunismo. Las tres dictaduras cayeron antes de dos años.


El apoyo de Kissinger a los regímenes autoritarios en todo el Tercer Mundo trajo el horror de la tortura y el asesinato institucionalizados a varios países de Latinoamérica y provocó una red de asesinos (Operación Cóndor). Hasta el día de hoy nadie sabe con certeza cuántos cientos o miles de víctimas hubo en esta siniestra operación de “seguridad nacional”. Él apoyó golpes de estado y guerras sucias que costaron la vida a cientos de miles. Kissinger también lleva sobre sus hombros la carga de millones de vietnamitas y miles de norteamericanos muertos debido a que él prolongó la Guerra de Viet Nam a fin de alcanzar una “paz con honor” que, por supuesto, no logró.


Kissinger creó mayor inestabilidad mundial y organizaciones asesinas que no desaparecieron tranquilamente. A pesar de haber autorizado una carnicería al por mayor, Kissinger continúa recibiendo grandes emolumentos como asesor de negocios y para sentar cátedra en los programas de política. Es más, Bush lo nominó para presidir la Comisión 11/9 –¿quién comprende mejor el terrorismo que el hombre que lo inspiró?


Bush comprendió instintivamente qué tendría éxito al nominar a fracasados para altos cargos. Después de que la Administración Bush se ganara la indignación moral del mundo por torturas a los prisioneros en Guantánamo y Abu Ghraib, Bush nombró para Fiscal General al mismo hombre que le aconsejó acerca de esos vericuetos legales. Como abogado de la Casa Blanca, Alberto Gonzáles postuló las interpretaciones legales que provocaron que funcionarios norteamericanos torturaran, abusaran e incluso mataran a veintenas de prisioneros detenidos durante la guerra contra el terror. Para manchar la reputación internacional del país, Bush promovió a Gonzáles al cargo de fiscal general.


Cuando durante su confirmación a principios de enero los senadores preguntaron a Gonzáles si aún estimaba válida su declaración en un memorando que aseguraba que el presidente no debía sentirse obligado por el derecho internacional o los estatutos nacionales contra la tortura, se negó a comprometerse acerca del poder presidencial para ordenar la tortura e inmunizar a los torturadores. Gonzáles evadió las preguntas acerca de potencias extranjeras que posiblemente torturen a ciudadanos norteamericanos y que usan doctrinas de “seguridad nacional”.


¡Y se salió con la suya! Los que hacen las políticas de guerra no piensan seriamente en las consecuencias de sus acciones. Durante la cena anual de la Asociación de Corresponsales de Radio y TV, Bush hizo una búsqueda grotesca de armas iraquíes de destrucción masiva. “No, no había armas ahí”, bromeó mirando debajo de una silla. “Quizás aquí debajo”, dijo mirando en otra parte. “Esas armas de destrucción masiva tienen que estar en algún lado”.


Los emperadores romanos tenían bufones que les recordaban que no eran Dios. Bush puede que no piense que él es Dios, pero sí cree que Dios le ha hablado. Un bufón le susurraría al oído: “Tienes el poder para destruir el mundo, pero quizás no es Dios quien te habla”, mientras señalaba hacia abajo y guiñaba un ojo –satánicamente.

Landau dirige Medios Digitales en la Universidad Cal Poly Pomona y es miembro del Instituto de Estudios para la Política. Su libro más reciente es El negocio de Estados Unidos: cómo los consumidores reemplazaron a los ciudadanos y de qué manera se puede invertir la tendencia.

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viernes, 20 de junio de 2008

La ley de Bush






La reconstrucción de justicia de América


Fecha publicación: 20/06/2008

Un escándalo de dimensiones políticas internacionales y de graves consecuencias para el gobierno de George W. Bush se produjo cuando Eric Lichtblau, periodista que obtuvo el prestigiado premio Pulitzer en el año 2006 por la publicación en el New York Times de sus reportajes que denunciaron las ilegales e inconstitucionales escuchas e interferencias telefónicas realizadas por la Agencia de Seguridad Nacional, la CIA y otras agencias desde el mes de octubre de 2001, por órdenes secretas y directas de la Administración Bush. Ahora, Lichtblau por medio de la editorial Pantheón ha publicado el libro “La Ley de Bush: La Reestructuración de Justicia de América”, obra en la que narra las peripecias que tuvo que pasar para que se le permitiera publicar sus trabajos en el New York Times primero y después para editar su libro que, el 4 de abril pasado, fue comentado con elevado acierto por el profesor de Derecho de la Universidad G. Washington, Jeffrey Rosen.Los Estados Unidos, durante mucho tiempo y gracias a una eficaz propaganda difundida por las grandes empresas de comunicación social en todo el mundo, han sido considerados, casi siempre, como un paradigma de la democracia occidental, de las libertades públicas y de los derechos humanos, pero desde el 9/11 de 2001, fecha de los “ataques terroristas” -hoy seriamente cuestionados por investigadores y científicos estadounidenses- gracias a la decisión de Bush y de su equipo halcón, la situación de la democracia, libertades y derechos humanos, cambió radicalmente, al expedir la Patriot Act que suprime o condiciona muchos derechos, como la inviolabilidad de correspondencia, el derecho a no ser juzgado por tribunales de excepción, el derecho al debido proceso, el derecho a una justicia oportuna y sin dilaciones, el derecho a libertad de expresión del pensamiento y opinión sin ningún tipo de censura, el derecho del pueblo a la información, el derecho a no ser detenido arbitraria, ilegal e inconstitucionalmente, y peor aún a ser sometido a torturas, tratos crueles y denigrantes o el derecho a la legítima defensa, entre otros derechos, lesionados, disminuidos, negados o sistemáticamente violados por Bush y sus guerreristas.En el año 2004, en vísperas de la elección presidencial, el periodista James Risen en su libro “Estado de Guerra” ya denunció el arbitrario e ilegal programa de la Agencia de Seguridad Nacional para intervenir los teléfonos y escuchar las conversaciones privadas de los propios ciudadanos estadounidenses y, en especial, las comunicaciones con personas naturales o jurídicas del extranjero. James Risen y Eric Lichtblau, se jugaron la vida al conocer y difundir los vericuetos de las múltiples formas de espionaje de la NSA, CIA y demás agencias de inteligencia para invadir la privacidad de los estadounidenses y con mayor razón de extranjeros residentes o visitantes o de ciudadanos de cualquier parte del mundo que, para esas tétricas organizaciones, resulten sospechosos de terrorismo.Lichtblau considera que Estados Unidos vive una etapa difícil, similar a la de la década de los 50, cuando los servicios secretos y de inteligencia, el FBI de Hoover y el Gobierno Federal se dedicaron a perseguir a los “comunistas” conforme con los patrones de conducta establecidos por Mc Carthy. Bush con su equipo integrado por el vicepresidente Cheney, Ashcroft. González, Rumsfeld, Powell, Rice y otros, resucita esa época de negro terror y de inseguridad jurídica, cuando declara la guerra global contra el terrorismo, pretexto para organizar guerras y reestructurar el Pentágono, el Departamento de Justicia, CIA y NSA a fin de que sirvan a los propósitos e intereses económicos y políticos del grupo en el poder.Lichtblau en su calidad de periodista del Times que cubría el Departamento de Justicia y James Risen de Los Angeles Times que cubría los servicios de inteligencia, por separado, en el año 2004, comenzaron a escuchar rumores cada vez más insistentes, sobre las ilegales escuchas e intervenciones telefónicas que efectuaba la NSA a ciudadanos estadounidenses, desde octubre del 2001, fuera de todo control y por encima de la Ley, con el recurrido pretexto de combatir al terrorismo internacional.El autor del libro explica que conocida la historia del ilegal espionaje, hubo una serie de cabildeos en el New York Times para dilucidar si se debía o no publicar el contenido de investigación. La decisión de difundir la historia demoró trece meses, desde octubre o noviembre de 2004 hasta fines de 2005, tanto por el nerviosismo de los editores y responsables del periódico como por la presión que ejerció la Administración Bush para que no se publicara la denuncia. Según Richtblau, las deliberaciones dentro del New York Times encabezadas por Bill Keller fueron angustiosas porque algunos pensaban como Bush y sus secuaces: La publicación de la denuncia de las escuchas telefónicas podían poner en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos.El mismo editor Keller y otros directivos del periódico New York Times acompañaron a Richtblau a una serie de reuniones que se realizaron en la Casa Blanca con varias personalidades del Gobierno entre las que se encontraban el abogado de Dick Cheney, Condoleezza Rice, el Consejero de la Casa Blanca Harriet Miers y otras; pero todas con la intencionalidad y el propósito de impedir la publicación de los resultados de la investigación efectuada por Richtblau sobre las famosas “escuchas telefónicas” por la Agencia de Seguridad Nacional, decididas unilateralmente por Bush y sin previa autorización del Departamento de Justicia.Los funcionarios de la Administración Bush insistieron en un argumento central: Si el Times decidía publicar la historia investigada por Richtblau, sin duda se pondría en riesgo la seguridad nacional, pues el daño sería muy grande por lo que las escuchas telefónicas no autorizadas legalmente, debían mantenerse en secreto, pues, además, la publicación podría causar muy graves perjuicios financieros a las compañías telefónicas. Otro de los argumentos de los burócratas de Bush consistía en advertir que si los terroristas conocían el secreto de las escuchas telefónicas dejarían de usar teléfonos y todo el esfuerzo habría sido inútil. El mensaje de la Casa Blanca para el Times y Richtblau era: “Si el New York Times sigue adelante y publica la historia, debemos compartir la culpa del siguiente ataque terrorista”. Insistieron en que el Times tendría las manos manchadas de sangre. Era todo un chantaje, seguramente como un homenaje a la tan cacareada libertad de expresión del pensamiento, liberad de opinión, libertad de prensa y derecho del pueblo a la información.Bush y sus halcones jamás pudieron responder la pregunta: ¿Por qué el New York Times no debe permitir que los ciudadanos estadounidenses sepan que el Presidente de Estados Unidos, George W, Bush había autorizado a la Agencia de Seguridad Nacional a ejecutar un vasto programa de escuchas telefónicas a sus propios conciudadanos, por encima de la Ley Federal, la Constitución Política y sin órdenes judiciales?Finalmente el Times decidió publicar las denuncias investigadas por Richtblau, sólo después de que James Risen publicara, valientemente, la denuncia sobre la violación de los derechos humanos en la Administración Bush, con el justificativo de la guerra contra el terrorismo internacional.Las peripecias que pasó el Times y los obstáculos y temores que tuvo que vencer Eric Lichtblau para publicar sus trabajos sobre la inmoral e ilegal intervención en las conversaciones telefónicas privadas, para difundir las denuncias sobre los variados sistemas de espionaje que usa Bush con la intencionalidad de controlar a la población estadounidense, es sólo un sórdido capítulo del trabajo sucio que ejecutan la Agencia de Seguridad Nacional, la CIA, DEA y demás organismos de inteligencia. Ya existen miles y miles de víctimas estadounidenses de los servicios secretos yanquis y a nivel mundial son millares y centenares de millares las víctimas de la guerra sucia contra el terrorismo internacional: secuestros de ciudadanos por la CIA en cualquier parte del mundo para enterrarlos en cárceles secretas y clandestinas, miles de “prisioneros de guerra” encerrados en cárceles imperiales que son torturados y sometidos a tratos crueles y denigrantes y miles de detenidos sin fórmula de juicio, sin derecho a una justicia sin dilaciones, con total violación a los principios del debido proceso y sin ningún derecho a la defensa.Los pueblos libres y democráticos del mundo corren un inminente peligro con ese tipo de acciones indecentes, inmorales e ilegales practicadas por el imperio durante la Administración Bush.Quito, Junio de 2008Tribunal Dignidad, Soberanía, Paz contra la Guerra

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viernes, 6 de junio de 2008

De cómo el sueño imperial estadounidense fracasó en Iraq


Michael Swartz



El 15 de febrero de 2003, los ciudadanos de a pie de todo el mundo se lanzaron a las calles para protestar contra la inminente invasión de Iraq por George W. Bush. Las manifestaciones tuvieron lugar tanto en grandes como en pequeñas ciudades, incluida una reducida pero enérgica protesta en la Estación McMurdo [14], en la Antártida. Hasta 30 millones de personas, que se temían la inminente catástrofe, participaron en lo que Rebecca Solnit [15], esa apóstol de la esperanza popular, denominó como “la mayor y más extendida protesta colectiva que el mundo ha presenciado”.
La valoración que a primera vista podría hacerse de la historia de esta notable protesta planetaria es que constituyó un fracaso sin parangón, ya que la administración Bush, menos de un mes después, ordenó a las tropas estadounidenses que cruzaran la frontera kuwaití y se encaminaran hacia Bagdad.
Y todo ello ha sido en gran medida olvidado, o mejor dicho, borrado de la memoria oficial y de los medios. Pero la protesta popular se parece más a un río que a una tormenta; sigue fluyendo hacia nuevas zonas, llevando trozos de su anterior vida hacia otros reinos. Raras veces conocemos sus consecuencias hasta que muchos años después, con un poco de suerte, prosigue finalmente su serpenteante camino. Al dirigirse a todos los que protestaban en aquel mayo de 2003, sólo un mes después de que las tropas estadounidenses entraran en la capital iraquí, Solnit ofreció lo siguiente [16]:
“Probablemente nunca lo sabremos, pero parece que la administración Bush tomó una decisión contra la saturación de bombardeos sobre Bagdad en la operación “Conmoción y Pavor”, porque le dejamos claro que el coste sería muy alto en relación con la opinión pública mundial y el descontento civil. Quizá nosotros, millones, pudimos haber salvado unos pocos miles o unas pocas decenas de miles de vidas. El debate global sobre la guerra retrasó lo más duro de la carnicería durante meses, meses en que quizá muchos iraquíes tuvieron tiempo de ser conscientes de la situación, de hacer evacuaciones, de prepararse para la masacre”.
Cualquiera que sea la conclusión última sobre ese inesperado momento de protesta, una vez empezada la guerra aparecieron otras formas de resistencia –principalmente en el mismo Iraq- que resultaron también inesperadas. Y sus efectos sobre los objetivos más amplios de los planificadores de la administración Bush pueden localizarse más fácilmente. Piensen en esto: En una tierra del tamaño de California pero con 26 millones de habitantes, un variado conjunto de seres humanos, baazistas, fundamentalistas, antiguos militares, sindicalistas, laicos democráticos, líderes tribales locales y clérigos políticamente activos –aún con habituales peleas-, consiguieron desbaratar sin embargo los planes de la autoproclamada Nueva Roma, la “hiperpotencia” y el “sheriff global” del Planeta Tierra. Y eso, incluso en una primera valoración de la historia, puede probar sin duda que representa un hecho histórico.
Desaparecido en Combate el Nuevo Siglo Americano
Resulta difícil ya hasta recordar la visión originaria que George Bush y sus altos funcionarios tenían de cómo la conquista de Iraq iba a desarrollarse como un mero episodio más de la Guerra Global del Presidente contra el Terror. Tenían claro en sus mentes que la invasión iba a conseguir una victoria veloz, a la que seguiría la creación de un estado clientelista que albergaría cruciales y “perdurables” bases militares estadounidenses [17] [**] desde las que Washington pensaba proyectar su poderío por todo eso que les gusta denominar como “el Gran Oriente Medio”.
Además, Iraq iba rápidamente a convertirse en un paraíso del libre comercio, repleto de petróleo privatizado que iba a fluir a tarifas de record hacia los mercados mundiales. Al igual que fichas de dominó que van derrumbándose, Siria e Irán, intimidadas por tal demostración del poder estadounidense, seguirían el ejemplo de Iraq bien mediante nuevas actuaciones militares o porque sus regímenes –y los de hasta 60 países [18] por todo el mundo- serían conscientes de la inutilidad [19] de resistirse a las demandas de Washington. Finalmente, el “momento unipolar” de la hegemonía global estadounidense que el colapso de la Unión Soviética había iniciado se extendería a un “Nuevo Siglo Americano” [20] (junto con una Pax Republicana generacional en casa)-.
Por supuesto que esta visión hace tiempo que ha desaparecido y ha sido en gran medida gracias a la inesperada y tenaz resistencia de todo tipo existente dentro de Iraq. Esta resistencia se integra de muchos más elementos que la inicial insurgencia sunní y ha puesto en entredicho la que Donald Rumsfeld [21] denominó orgullosamente como “la mejor fuerza militar sobre la superficie de la tierra”. Pero no parece haber nadie tan imprudente como para sugerir que, en todos sus niveles sociales y a costa de inmensos sacrificios personales, el pueblo iraquí ha frustrado los designios imperiales de una superpotencia.
Por ejemplo, consideren la inmensa variedad de formas en que los sunníes iraquíes resisten la ocupación de su país desde casi el momento en que se vio claramente la intención de la administración Bush de desmantelar completamente el régimen baazista de Saddam Hussein. Faluya, la ciudad mayoritariamente sunní, al igual que otras comunidades por todo el país, formó espontáneamente un nuevo gobierno basado en estructuras locales clericales y tribales. Como muchas de esas ciudades, se evitó lo peor del saqueo posterior a la invasión estimulando la formación de milicias locales que hicieran de policía de la comunidad. Irónicamente, la orgía de saqueos que se produjo en Bagdad fue, al menos en parte, consecuencia de la presencial militar estadounidense, que impidió la creación allí de ese tipo de milicias. Sin embargo, finalmente, las milicias sectarias llevaron una pizca de orden incluso a Bagdad.
En Faluya y en otros lugares, esas mismas milicias se convirtieron pronto en instrumentos eficaces para reducir, y –durante un tiempo- eliminar, la presencia del ejército estadounidense. Durante buena parte del año, enfrentados con los IEDs [siglas en inglés de artefactos explosivos de fabricación casera] y con las emboscadas de los insurgentes, el ejército estadounidense declaró a Faluya “zona imposible”, se retiró a sus bases en las afueras de la ciudad e interrumpió las incursiones violentas por las barriadas hostiles. Esa retirada se repitió en muchas otras ciudades y pueblos. La ausencia de patrullas de las fuerzas ocupantes salvó a decenas de miles de “sospechosos de pertenecer a la resistencia” de la frecuente violencia mortal de las irrupciones y asaltos a las casas, y a sus familiares de que les destrozaran sus hogares y les detuvieran a voluntad.
Incluso la más exitosa de las aventuras militares de EEUU durante ese período, la segunda batalla de Faluya de noviembre de 2004, podría también considerarse, desde una perspectiva muy diferente, como un acto triunfal de la resistencia. Debido a que era necesario que EEUU reuniera para llevar a cabo la ofensiva a una proporción importante de sus brigadas de combate (incluso transfiriendo tropas británicas desde el sur para que realizaran labores logísticas), se abandonaron muchas otras ciudades. Y gran parte de esas ciudades utilizaron ese respiro del ejército estadounidense para establecer, o consolidar, gobiernos autónomos o casi autónomos y milicias de defensa, dificultando en gran medida el control de la ocupación.
Por supuesto que la misma Faluya fue destruida [22], con el 70% de sus edificios convertidos en escombros y decenas de miles de sus habitantes en desplazados permanentemente, un sacrificio inmenso que tuvo el inesperado efecto de eliminar durante un tiempo las presiones contra otras ciudades iraquíes. En realidad, la ferocidad de la resistencia en las zonas predominantemente sunníes de Iraq obligó al ejército estadounidense a esperar casi cuatro años antes de renovar sus esfuerzos iniciales de 2004 para pacificar la bien organizada resistencia sadrista en las zonas predominantemente chiíes del país.
La Rebelión de los Trabajadores del Petróleo
En otro escenario completamente distinto, consideren los sueños de la administración Bush de aprovechar la producción petrolífera iraquí [23] para sus ambiciones políticas exteriores. Los objetivos inmediatos, según los veían los planificadores estadounidenses, eran doblar la producción anterior a la guerra y empezar el proceso de transferencia del control de la producción de propiedad estatal a las compañías extranjeras. Tres importantes iniciativas energéticas diseñadas para conseguir esos objetivos se han visto totalmente frustradas por la resistencia desde todos los segmentos de la sociedad iraquí. Los bien organizados trabajadores iraquíes del sector petrolífero jugaron un papel clave en estas acciones, utilizando su capacidad para llevar la producción a un punto de estancamiento que abortara la operación –sólo unos pocos meses después de que EEUU derrocara el régimen de Sadam Husein- de transferir el sureño puerto petrolífero de Basora a manos de la Kellogg Brown and Root , filial entonces de Halliburton.
Este y otros actos precoces de desafío laboral retrasaron el asalto inicial sobre el sistema de producción petrolífera bajo control gubernamental iraquí. Esos actos prepararon también los cimientos de los esfuerzos sucesivos para impedir el paso a las políticas petrolíferas conformadas en Washington y diseñadas para transferir el control de la exploración y producción energética a compañías extranjeras. A los esfuerzos de los trabajadores del petróleo se unieron grupos sunníes y chiíes de la resistencia, gobiernos locales y, finalmente, el nuevo parlamento nacional.
Esa misma clase de resistencia se extendió frente a todo el conjunto de reformas liberales patrocinadas por la Autoridad Provisional de la Coalición (APC) bajo control estadounidense. Por ejemplo, desde el principio de la ocupación hubo protestas contra el desempleo masivo causado por el desmantelamiento del estado baazista y la clausura de las industrias de propiedad estatal. Gran parte de la resistencia armada fue una respuesta a la pronta y violenta represión de esas protestas por parte de los ocupantes.
Pero más significativos aún fueron los esfuerzos locales para reemplazar los discontinuos servicios gubernamentales de la APC. Los mismos quasi gobiernos locales que habían nutrido las milicias trataron de sostener o sustituir los programas sociales baazistas, desviando a menudo el petróleo destinado a la exportación al mercado negro a pagar los servicios locales y acumular recursos locales como la producción eléctrica. El resultado sería la creación de virtuales ciudades-estado allá donde las tropas estadounidenses no estaban presentes, impidiendo que la ocupación pudiera “pacificar” ninguna parte sustancial del país.
El movimiento sadrista y la milicia del Ejército del Mahdi del clérigo Muqtada al-Sadr fueron probablemente los que más éxito tuvieron –y los más contrarios a la ocupación- de entre los partidos y milicias que buscaban desarrollar sistemáticamente organizaciones cuasi gubernamentales. Trataron de solucionar, aunque fuera de forma mínima, algunas de las necesidades básicas de sus comunidades, suministrando cestas de comida, servicios de alojamiento y tratando de cubrir otras funciones previamente prometidas por el gobierno baazista, pero de las que habían renegado la ocupación estadounidense y el gobierno iraquí que EEUU instaló cuando “transfirió” la soberanía en junio de 2004 [24].
Los ocupantes estadounidenses esperaban que sus planes para la rápida privatización y transformación de la economía estatal generaran sin duda resistencias, pero estaban convencidos de que éstas remitirían rápidamente una vez que la nueva economía se pusiera en marcha. En cambio, según iba avanzando la ocupación, las demandas de ayuda se hicieron más estridentes e insistentes, mientras el país mismo, hundido en el caos y cercano al colapso, veía cada vez pruebas más patentes del fracaso de las políticas de “libre mercado” de la administración Bush.
Una Agenda Iraquí de Retirada
Los funcionarios de la ocupación se enfrentaban con el mismo dilema en el reino de la política. El objetivo original de la administración Buh era instalar un gobierno estable y favorable a Washington, despojado de todo dominio político y económico sobre la sociedad iraquí, pero que conformara un bastión de resistencia ante el poder regional iraní. Esta idea, como las relativas al sector económico y al militar, hace tiempo ya que desaparecieron bajo el peso de la resistencia iraquí.
Tomemos, por ejemplo, las dos importantes elecciones iraquíes, festejadas en los medios dominantes estadounidenses como un logro único de la administración Bush en el, por otra parte, implacablemente autocrático Oriente Medio. Sin embargo, dentro de Iraq había una opinión harto diferente. Es importante recordar que, inicialmente, EEUU planeaba mantener un gobierno suyo directo – la Autoridad Provisional de la Coalición- hasta que el país estuviera completamente pacificado y las reformas económicas completadas. Cuando la APC se convirtió en el odiado símbolo de la indeseada ocupación, cambiaron los planes y llegaron a la idea de instalar un determinado gobierno iraquí a partir de reuniones comunitarias a las que sólo podrían asistir los partidarios de la ocupación. Las elecciones generales se retrasaron hasta asegurar que los ganadores fuesen quienes apoyaban la agenda de Bush. Un estallido de protestas desde las zonas mayoritariamente chiíes del país, dirigidas por el Gran Ayatola Ali al-Sistani, obligó a los administradores de la APC a cambiar a una estrategia basada en elecciones.
Las primeras elecciones, celebradas en enero de 2005, dieron como resultado una considerable mayoría parlamentaria elegida desde programas que pedían calendarios estrictos para una retirada militar total estadounidense del país. Los representantes estadounidenses procedieron entonces a presionar, con contundencia, al recién instalado gabinete para que abandonara esa posición.
Las segundas elecciones parlamentarias, en diciembre de 2005, siguieron una pauta similar. En esta ocasión, el regateo entre bastidores fue eficaz sólo parcialmente. El recién instalado primer ministro, Nuri al-Maliki, incumplió las promesas de su campaña apoyando públicamente una presencia militar estadounidense continuada, lo que causó profundas fisuras en la coalición gobernante. Después de un año de improductivas negociaciones, los 30 sadristas en el parlamento, originariamente partes clave de la coalición gobernante de Maliki, se retiraron tanto de la coalición como del gabinete en protesta ante la negativa del primer ministro a fijar una fecha para el fin de la ocupación. El gobierno y los funcionarios estadounidenses ignoraron posteriores peticiones parlamentarias para fijar una fecha cierta de retirada. Mientras Maliki continuaba en su puesto sin tener la mayoría parlamentaria, la controversia contribuyó a que aumentara la popularidad de los sadristas y a que disminuyera el apoyo hacia los demás partidos chiíes en el gobierno.
A principios de 2008, con la amenaza de elecciones provinciales en noviembre, había pocas dudas de que los sadristas iban a barrer en la lucha por el poder en muchas de las provincias de mayoría chií, y más especialmente en Basora, la segunda ciudad mayor de Iraq y el centro neurálgico petrolífero del sur. Para impedir esta debacle, las tropas del gobierno iraquí, apoyadas y aconsejadas por el ejército estadounidense, trataron de expulsar a los sadristas de las zonas importantes de Basora [25].
Esta utilización de la fuerza militar para impedir una derrota electoral fue sólo uno de los muchos indicios de que el gobierno iraquí estaba sintiendo la presión de la opinión pública. Otro fue la desgana del primer ministro Maliki a mantener una postura antagónica con Irán. A pesar de los fervientes esfuerzos de la administración Bush, su gobierno ha promovido relaciones económicas, sociales y religiosas entre iraquíes e iraníes. Esto incluyó facilitar las visitas a las ciudades santas de Kerbala y Nayaf de cientos de miles de peregrinos chiíes iraníes, así como el apoyo a amplias transacciones petrolíferas entre Basora y firmas iraníes que incluían la distribución y servicios de refinado con el propósito de integrar las dos economías energéticas. Las autoridades estadounidenses vetaron una relación militar formal entre los dos países, pero esto no hizo que la corriente de cooperación diera marcha atrás.
El Río de la Resistencia
Mientras la ocupación seguía adelante, la administración Bush se encontró a sí misma nadando contra una ola de resistencia de un tipo antes inimaginable y cada vez más lejos de sus objetivos. Hoy, ciudades y pueblos por todo el país están en gran medida bajo el dominio de milicias chiíes o sunníes que, incluso aunque estén entrenadas o financiadas por la ocupación, siguen oponiéndose militantemente a la presencia estadounidense. Además, aunque la postrada economía iraquí ha sido formalmente privatizada, esas milicias locales –así como los dirigentes políticos con los que trabajaban- continúan exigiendo que el gobierno financie amplios programas de desarrollo económico y reconstrucción.
El liderazgo político formal de Iraq, enclaustrado dentro de la muy fortificada y controlada por EEUU Zona Verde de Bagdad, sigue obedeciendo públicamente todo lo que se refiere a los planes de la administración Bush de transformar Iraq en un puesto de avanzada en Oriente Medio, lo que implica la presencia continuada de tropas estadounidenses en una serie de megabases [26] construidas en el corazón del país. El resto de la burocracia gubernamental y la inmensa mayoría de las organizaciones de base insisten cada vez más en una pronta fecha de salida de los estadounidenses y en una reversión total a gran escala de las políticas económicas introducidas por la ocupación.
En Washington, tanto para los políticos demócratas como para los republicanos, la idea del puesto de avanzada permanece en el corazón de la agenda política para Iraq de las elecciones de este año, junto con una economía liberal que promueva un sector petrolífero modernizado en el que las firmas multinacionales se dispondrían a utilizar tecnología de vanguardia para maximizar la paralizada producción petrolífera del país.
Sin embargo, la resistencia iraquí, de todo tipo y en todos los niveles, ha impedido que esta visión se convierta en realidad. Porque ha sido y es gracias a los iraquíes que toda la grandilocuencia de la Guerra Global contra el Terror se ha transformado en una desesperada guerra sin fin.
Pero los iraquíes han pagado un precio espantoso por esa resistencia. La invasión y las políticas sociales y económicas que la acompañaron han destruido Iraq, dejando a su pueblo en estado de indigencia absoluta. En los primeros cinco años de esta guerra inacabable, los iraquíes han sufrido más por resistir que si hubieran aceptado y soportado el dominio económico y militar estadounidense. Hayan sido o no conscientes de ello, se han sacrificado a sí mismos para impedir la proyectada marcha militar y económica de Washington por el Medio Oriente rico en petróleo camino hacia un Nuevo Siglo Americano al que no se llegará ya nunca.
Ya pasó el momento en que el resto del mundo tenía al menos que sostener una pequeña porción de la carga de la resistencia. Eso ocurrió cuando las protestas mundiales de antes de la guerra conformaron las fuentes río arriba de la futura resistencia, por eso serían ahora otros, especialmente los estadounidenses, quienes se resistirían ante la misma idea de que Iraq pudiera convertirse alguna vez en el cuartel general de una presencia permanente de EEUU que, en palabras del autor de los discursos de Bush David Frum [27], “pondría a EEUU más enteramente a cargo de la región que cualquier otra potencia desde los tiempos de los otomanos o quizá incluso desde los romanos”. Después de todo, y al contrario que los iraquíes, los ciudadanos de los EEUU están únicamente tomando posiciones para enterrar ese sueño imperial por los siglos de los siglos.
NOTAS:
Enlaces con artículos referidos por los autores:
[1] http://en.wikipedia.org/wiki/2004_Indian_Ocean_earthquake
[2] http://ap.google.com/article/ALeqM5iy-MfhLN9Q7MwtQ1VlrvexLjr2dAD90P9DG00
[3] http://news.bbc.co.uk/2/hi/asia-pacific/7414249.stm
[4] http: //seattletimes.nwsource.com/html/nationworld/2004428062_china21.html
[5] http://www.journalism.org/node/11130
[6] http://latimesblogs.latimes.com/babylonbeyond/2008/05/iraq-a-scarred.html
[7] http://www.slate.com/id/2092759/
[8] http://www.un.org/apps/news/story.asp?NewsID=26494&Cr=iraq&Cr1=
[9] http://www.nytimes.com/2008/05/20/world/middleeast/20psychiatry.html?_r=1&oref=slogin
[10] http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2008/05/19/AR2008051902174_pf.html
[11] http://www.tomdispatch.com/post/2095/rebecca_solnit_on_sontag_and_tsunami
[12] http://www.napoleonguide.com/goyaind.htm
[13] http://www.amazon.com/dp/193185954X/ref=nosim/?tag=nationbooks08-20
[14] http://en.wikipedia.org/wiki/McMurdo_Station
[15] http://www.amazon.com/dp/1560258284/ref=nosim/?tag=nationbooks08-20
[16] http://www.tomdispatch.com/post/3273/the_best_of_tomdispatch_rebecca_solnit
[17] http://www.tomdispatch.com/post/59774/a_permanent_basis_for_withdrawal_
[18] http://news.bbc.co.uk/2/hi/americas/1547561.stm
[19] http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=9F01EEDE1E38F937A2575AC0A9679C8B63
[20] http://72.14.205.104/search?q=cache:ruMnHnl98cAJ:www.newamericancentury.org/RebuildingAmericasDefenses.pdf+Rebuilding+America%27s+Defenses&hl=en&ct=clnk&cd=1&gl=us
[21] http://www.defenselink.mil/transcripts/transcript.aspx?transcriptid=2217
[22] http://www.tomdispatch.com/post/2124/michael_schwartz_desolate_falluja
[23] http://www.tomdispatch.com/post/174779/michael_schwartz_the_prize_of_iraqi_oil
[24] http://www.tomdispatch.com/post/1516/adam_hochschild_on_hubris_and_the_pseudostate
[25] http://www.salon.com/opinion/feature/2008/04/01/basra/index.html
[26] http://www.tomdispatch.com/post/174858
[27] http://www.williambowles.info/ini/2007/0307/ini-0475.html
N. de la T.:
[*] Véase en Rebelión la traducción del artículo de Erica Goode aludido en el texto: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67901
[**] Véase en Rebelión la traducción del artículo de Tom Engelhardt aludido:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=27065
Enlace con texto original en inglés:
http://www.tomdispatch.com/post/174935/tomdispatch_michael_schwartz_the_loss_of_an_imperial_dream

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