El primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, conversó personalmente con cada uno de los heridos que reciben cuidados en el hospital Ataturk. Momento en que el militante turco-irlandés El Mehdi El Hamid El Hamdi lo besa en la frente en agradecimiento por su apoyo.El primer ministro turco, a quien Israel tenía la intención de desestabilizar, se ha convertido en el gran vencedor del incidente. Una semana después del ataque de las fuerzas israelíes contra un convoy humanitario en alta mar, ¿qué nuevos elementos tenemos en estos momentos y cuáles son las primeras conclusiones a las que podemos llegar?
Terrorismo de Estado israelí
Como a menudo sucede con los acontecimientos importantes, la prensa desvía la atención del público de las verdaderas interrogantes. El tratamiento mediático del ataque israelí contra la Flotilla de la Libertad constituye un nuevo ejemplo de lo anterior. Los grandes medios de difusión se esfuerzan por decirnos quiénes son los buenos y quiénes son los malos, en vez de explicar la correlación de fuerzas. Thierry Meyssan analiza en este artículo las verdaderas motivaciones de Tel Aviv y Ankara y revela el detalle que transformó la demostración de fuerza de Israel en un desastre diplomático.
Antes de responder a esta doble interrogante, es importante empezar por despejar todo el blablablá mediático que se ha tejido alrededor del tema. En primer lugar, la intención de la Flotilla de la Libertad no era simplemente llevar ayudar material a los pobladores de la franja de Gaza sino romper el bloqueo [1].
Este elemento, escamoteado durante 2 días, fue finalmente incluido en la argumentación de los voceros israelíes. Estos últimos acusaron entonces a los militantes humanitarios de criptopolíticos, a pesar de que la coalición Free Gaza siempre ha expresado su intención de poner remedio a la impotencia de los Estados en cuanto a hacer valer el respeto del derecho internacional y del derecho humanitario. Los militantes que formaban parte de la Flotilla eran ciudadanos del mundo que trataban de poner en aplicación la resolución 1860 de las Naciones Unidas.
Los voceros israelíes han afirmado que los militantes humanitarios opusieron resistencia a los soldados y que incluso utilizaron armas contra los militares israelíes, lo cual supuestamente demostraría que en realidad eran «terroristas». Para fundamentar ese razonamiento, el ministerio israelí de Relaciones Exteriores difundió una serie de fotos de cuchillos y de armas encontrados a bordo del Mavi Marmara [2]. Pero los datos EXIF de las fotos [presentadas por los israelíes] muestran que la mayoría de esas fotos son anteriores [a los hechos] y que fueron tomadas en otras circunstancias [3].
Se trata de una técnica clásica de propaganda. Mientras se discute la veracidad de las fotos se escamotea el hecho que, a la luz del derecho internacional, no sólo el mantenimiento del bloqueo es ilegal sino que Israel, como potencia ocupante, tiene además la obligación de garantizar que la ayuda humanitaria llegue a su destino. Por otro lado, debido al carácter indudablemente ilegal del ataque perpetrado contra la flotilla mientras se encontraba en aguas internacional, los pasajeros estaban en todo su derecho de oponer resistencia, a condición de hacer [los pasajeros] un uso «uso proporcionado de la fuerza», como efectivamente fue el caso.
En segundo lugar, permitir el paso de la Flotilla no representaba, en términos de seguridad, ningún problema para Israel. La Flotilla no traía armas para la Resistencia palestina sino únicamente ayuda para la población. Es cierto que Israel ha impuesto un embargo que, según los términos del relator de la ONU, constituye un «castigo colectivo». Pero, incluso en el marco de ese castigo impuesto a los 1,5 millones de personas que viven en la franja de Gaza, 10 000 toneladas de mercancías no representan nada (menos de 7 kilogramos por persona, o sea nada que permita a nadie reconstruir su casa y alimentar a su familia). Además, en otras ocasiones Israel ha dejado pasar convoyes terrestres de Free Gaza e incluso un convoy marítimo, y esta misma semana se comprometió a distribuir la ayuda que llevaba el carguero Rachel Corrie.
El objetivo israelí, como ya señalé desde el primer día en estas mismas columnas, era «destruir la credibilidad de Turquía» en momentos en que ese país ha comenzado un acercamiento hacia Siria e Irán –para decirlo con más precisión, lograr la caída del gobierno del primer ministro turco Erdogan– y «proclamar el liderazgo del movimiento sionista demostrando que Tel Aviv toma decisiones y Washington no tiene más remedio que aceptarlas» [4].
Las respectivas estrategias
Conferencia de prensa del ministro turco de Relaciones Exteriores, Ahmet Davutoglu, al término de la reunión del Consejo de Seguridad. Ankara estimuló el envío de este noveno convoy del colectivo Free Gaza como vía para demostrar la ilegalidad del bloqueo.
Durante su conferencia de prensa en Nueva York, el ministro turco de Relaciones Exteriores, Ahmet Davutoglu, indicó que su gobierno había establecido múltiples contactos previos con su homólogo israelí para informarlo sobre el convoy y solicitarle que éste pudiese transitar hasta su destino. Por lo que se sabe hasta ahora, Ankara había previsto tres posibles escenarios:
1. Israel deja pasar el convoy y la población de Gaza lo recibe por todo lo alto. En ese caso, Turquía demuestra que –contrariamente a la mayoría de los gobiernos árabes– Ankara es independiente y no se pliega a la voluntad de Tel Aviv.
2. Israel desvía el convoy y lo obliga a atracar en Ashdod/Isdud. En ese caso, las donaciones y los militantes humanitarios llegan a Gaza por vía terrestre y también son recibidos por todo lo alto. Tel Aviv mantiene la frente alta y el beneficio político es un poco menor para Ankara.
3. Israel sabotea la Flotilla o la aborda. En ese caso, Ankara internacionaliza el incidente y aprovecha la ocasión para cuestionar la continuación del bloqueo. Políticamente hablando, es el escenario más productivo.
El gobierno israelí creyó que tenía otra opción: demostrarle al Estado Mayor turco que si el gobierno civil trata de socorrer a los palestinos, Tel Aviv puede responder exacerbando la agitación entre los separatistas kurdos, y demostrar una vez más que, gracias al respaldo de Estados Unidos, Israel está por encima del derecho internacional. En pocas palabras, el gobierno de Netanyahu creyó que podía llevar a los militares turcos a realizar su quinto golpe de Estado. Partiendo de esa premisa, el dúo Netanyahu-Barak organizó un ataque de mercenarios kurdos contra la base naval de Iskenderun, en el sur de Turquía.
Dicho ataque tuvo lugar el 31 de mayo, poco después de las 0 horas. Los atacantes dispararon varios cohetes en el momento en que se producía el cambio de guardia, dejando un saldo de 7 soldados muertos [5].
Por otro lado, el gobierno israelí se aseguró de que contaría con la correspondiente cobertura de Washington [6].
Como señalara el líder libio Muamar El Khadaffi [7], es inconcebible que las fuerzas israelíes hayan emprendido una operación pirata en aguas del Mediterráneo sin informar por adelantado a la IV Flota estadounidense, fuerza cuya misión consiste precisamente en combatir la piratería y el terrorismo en esa zona y con la que los israelíes trabajan habitualmente.
La idea era apoderarse de la ayuda material y enviarla a Gaza como muestra de buena fe así como arrestar a los militantes y acusarlos de estar vinculados al «yihadismo», para así desacreditar al gobierno demócrata-musulmán del AKP. El abordaje podía tener lugar de noche en alta mar o de día en aguas palestinas. El gobierno israelí prefirió la primera solución para que los cerca de 60 periodistas que viajaban con la Flotilla de Free Gaza no pudieran comentar el asalto en vivo y en directo a través de las televisoras que transmiten vía satélite. La orden de proceder al asalto contra la Flotilla fue dada al término del ataque contra la base naval de Iskenderun.
Washington aportó efectivamente a Israel su acostumbrada cobertura ya que Estados Unidos, al igual que Francia, se esforzó por impedir que el Consejo de Seguridad de la ONU tomara una decisión de carácter vinculante. Al cabo de una interminable sesión, el Consejo de Seguridad acabó por parir una miserable declaración presidencial [8]. El texto contiene una letanía de piadosos votos por la liberación de los prisioneros, la ayuda humanitaria a la población de la franja de Gaza y la creación de un Estado palestino.
Entre bastidores, el Consejo de Seguridad de la ONU estaba dividido sobre una cuestión jurídica en particular, que abordaremos detalladamente más adelante. El Consejo se declaró incapaz de clarificar los hechos. Pero, en vez de de crear una comisión investigadora, se limitó a pedir «que se proceda [eventualmente por parte de Israel] a una investigación rápida, imparcial, creíble y transparente, en el respeto de las normas internacionales».
Por su parte, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU creó una misión encargada de aclarar los hechos, pero la competencia de ese órgano es limitada [9]. En todo caso, Israel se ríe de las misiones del Consejo de Derechos Humanos, al igual que se rió de la misión de Desmond Tutu sobre los crímenes cometidos en Jenin y de la misión de Richard Goldstone sobre los bombardeos contra Gaza.
La confusión territorial
Aunque las agencias de prensa hablaron de 16 muertos, el saldo real de la agresión parece ser de 9 fallecidos, a no ser que alguno de los heridos graves muera como consecuencia de sus heridas. Según la televisión pública turca, los comandos israelíes tenían una lista de personas que debían eliminar, pero la resistencia de los pasajeros impidió que actuaran conforme a lo previsto y sólo fue alcanzado el poeta Raed Salah. En el momento de dar la orden de asalto, el gobierno de Netanyahu probablemente sabía que el Mavi Marmara había sido inscrito en las islas Comores. Los comandos israelíes creían por lo tanto que iban a cometer su acto de violencia en territorio de las islas Comores.
Pero los organizadores de la Flotilla, al contar con el apoyo de las autoridades turcas, habían izado la bandera turca, no la de las Comores. Además, también habían desplegado una enorme bandera turca sobre un costado del barco. Según la jurisprudencia de la Corte Permanente de Justicia de La Haya [10], el barco no se considera por lo tanto territorio de las islas Comores sino territorio turco. Incluso ya había cambiado de nacionalidad cuando se unió al resto de la Flotilla y fue precisamente por esa razón que la Republica de Chipre le negó la entrada a su puerto.
Todos los debates sobre el fracaso de la inteligencia israelí están vinculados a ese tema. ¿Cómo es posible que el Mossad no estuviese al tanto del cambio de nacionalidad del barco?
Todas las declaraciones indecisas de las cancillerías, en Washington, París y otras capitales, declaraciones en las que piden que se comprueben los hechos antes de poder pronunciarse sobre las consecuencias jurídicas, tienen que ver con ese detalle que nadie ha mencionado: en el momento del asalto, ¿el Mavi Marmara era territorio de las islas Comores o de Turquía?
La respuesta a esa pregunta reviste la mayor importancia. En efecto, Turquía es miembro de la OTAN y el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte estipula: «Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas y acuerdan por consiguiente que, de producirse tal ataque, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa, individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará a la Parte o las Partes atacadas, realizando seguidamente, de forma individual o de acuerdo con las otras Partes, las acciones que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer y garantizar la paz y la seguridad en la región del Atlántico Norte.»
Justo antes de la reunión del Consejo Atlántico, la justicia turca realizó una nueva redada para arrestar a personalidades acusadas de haber fomentado un complot internacional contra el gobierno constitucional. Entre los sospechosos se encuentra el ex ministro de Justicia, Seyfi Oktay. Los arrestados serían miembros de la red Ergenekon, la versión turca del Gladio… o sea los servicios secretos de la OTAN.
El simbolismo de dichos arrestos se reforzó a través de la campaña que los partidarios del AKP han venido realizando durante 2 años en los medios de difusión. A través de series de televisión y de producciones cinematográficas, los partidarios del AKP han divulgado la manera como los servicios secretos de la OTAN organizaron en Turquía 4 golpes de Estado sucesivos.
También explican constantemente el doble juego de los anglosajones, quienes mantienen una fachada de aliados de Turquía mientras que alimentan los problemas con los kurdos, los armenios y los chipriotas para debilitarla. Al cabo de una larga y tormentosa reunión a puertas cerradas, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, leyó una declaración que contenía una sola frase: «Yo exijo la liberación inmediata de los civiles así como de los navíos retenidos por Israel.» [11]
Por supuesto, nadie ha creído nunca que la OTAN vaya a utilizar la fuerza contra Israel. Pero es en ese mismo punto que reside el medio de presión: para preservar la unidad de la OTAN, Estados Unidos tendrá que resolver el conflicto de forma amigable.
Exactamente 24 horas después de la declaración de Rasmussen, el vocero de la administración penitenciaria israelí anunciaba que había liberado a todos los prisioneros extranjeros (aunque mantiene detenidos a los ciudadanos israelíes implicados [en la asociación Free Gaza]) y que [los liberados] estaban a punto de ser enviados a sus países de origen o a algún país dispuesto a acogerlos. Este resultado revela la existencia de un problema inesperado.
La OTAN fue conformada por Estados Unidos y Gran Bretaña con los Estados que componían su zona de influencia inmediatamente después del encuentro de Yalta. Estados Unidos y Gran Bretaña eran los líderes de la OTAN mientras que los demás miembros se sometían a las órdenes de Washington y Londres. Con excepción del paréntesis que abrió De Gaulle [al retirar a Francia de la estructura militar de la OTAN], ningún otro miembro se ha atrevido a cuestionar ese modo de funcionamiento. Sin embargo, como muestra de su creciente influencia, Turquía acaba de utilizar el Tratado del Atlántico Norte para torcerle el brazo a Estados Unidos.
Se mantiene el careo entre Erdogan y Peres
Mientras esposaban y golpeaban a sus prisioneros, los comandos israelíes gritaban entre risas «One minute!», «One minute!». Hacían así referencia a la discusión en la que el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan y el presidente israelí se enzarzaron durante el Foro Económico de Davos. [La Red Voltaire no se hace responsable de la publicidad que Google pueda insertar de forma aleatoria en este video.]
Esa provocación verbal provocó la indignación de la opinión pública turca, que percibió las burlas israelíes contra el primer ministro turco como un insulto a la nación turca. El resultado es que, lejos de limitarse a aprobar la reacción de Erdogan ante la agresión israelí, la opinión pública turca está animando al primer ministro a que actúe de forma más enérgica en el plano internacional, como lo demuestran los últimos sondeos de opinión.
Es por ello que el parlamento turco ha adoptado una resolución particularmente enérgica en la que exhorta al gobierno a «reconsiderar [las] relaciones políticas, militares y económicas con Israel y [a] tomar las medidas apropiadas y eficaces» [12].
El ministerio de Justicia ha formado un grupo de trabajo para analizar todos los recursos jurídicos disponibles en el derecho turco y en el derecho internacional. Dicho grupo trabaja particularmente sobre el documento emitido por una asociación de juristas londinenses, documento cuyo texto íntegro publicamos en inglés. [13]
La fiscalía de Estambul-Bakirkoy abrió una investigación [14] en el marco de la cual ya se realizaron autopsias y exámenes de medicina legal y se está procediendo a recoger las declaraciones de los ciudadanos turcos que participaron en los hechos. Dicha fiscalía pudiera decidir rápidamente inculpar al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y a los generales Ehud Barak y Gabi Ashkenazi con cargos de piratería, agresión y lesiones, homicidio, secuestro y detención arbitraria.
Sin embargo, en función de los elementos que pueda reunir, el fiscal turco pudiera recalificar los hechos como crimen contra la humanidad. En ese caso, los acusados ya no podrían viajar libremente sin exponerse a ser detenidos.
Consolidar el liderazgo del movimiento sionista
Si usamos como referencia los comunicados y declaraciones de prensa de la Casa Blanca sobre las conversaciones telefónicas sucesivas entre el presidente Obama y el primer ministro Netanyahu, veremos que en el primer momento los israelíes estaban orgullosos de lo que habían hecho. Primeramente, Netanyahu se comunica telefónicamente con el presidente Obama para excusarse por no poder cumplir con la invitación [estadounidense] ya que los acontecimientos exigen su urgente regreso a Tel Aviv.
Durante la segunda conversación, Netanyahu cuenta su propia versión de los hechos, o sea pone al presidente Obama ante el hecho consumado. Si Estados Unidos había autorizado previamente la intervención militar israelí, Washington no se esperaba en todo caso la carnicería que finalmente se produjo. La tercera conversación es sobre cómo torpedear la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, o sea los israelíes imponen su propia hoja de ruta a los estadounidenses.
El tono cambia cuando se llega a la convocatoria del Consejo Atlántico. En ese momento se hace difícil localizar a Netanyahu, mientras que la secretaria de Estado Hillary Clinton se ve obligada a enfrentar al ministro turco de Relaciones Exteriores, quien viaja a Estados Unidos para reunirse con ella. La secretaria de Estado busca entonces un chivo expiatorio y pide al general Ehud Barak que resuelva el problema haciendo recaer la responsabilidad sobre un subalterno, pero el general se niega a hacerlo. No sólo se niega a cuestionar la actuación del comando que realizó el asalto, sino que se erige además en defensor de sus soldados y llega incluso a visitarlos [como muestra de apoyo].
Finalmente, los israelíes se ven obligados a liberar a sus prisioneros. Ellos impusieron la situación, pero después les fue impuesto el desenlace. Un problema suplementario ha surgido con la muerte de Furkan Dogan. Este joven tenia doble nacionalidad, era a la vez turco y estadounidense, lo cual implica que su familia puede presentar una denuncia por asesinato contra el Estado de Israel ante la justicia estadounidense.
Funerales de Furkan Dogan. En los carteles se puede leer la consigna «Nuestro honor, nuestro mártir». Primeras conclusiones
En definitiva, el gobierno israelí fracasó en alcanzar sus dos objetivos. Turquía sale fortalecida de este enfrentamiento, y con ella se fortalece el triángulo que ha formado con sus aliados Siria e Irán. Y de paso, Turquía ha adquirido varias cartas. La justicia turca juzgará en ausencia a los ministros y generales israelíes por los crímenes cometidos. La misión investigadora del Consejo de Derechos Humanos empañará aún más la imagen de Israel.
Lo más importante es que Turquía puede jugar una segunda partida. Según nuestras informaciones, Ankara ha hecho saber al Departamento de Estado que Erdogan proyecta romper personalmente el bloqueo israelí contra Gaza, como cuando Francois Mitterrand rompió en su época el sitio impuesto a Sarajevo [15]. Erdogan pudiera embarcarse en una flota humanitaria organizada por varias asociaciones con el apoyo de diferentes gobiernos, como los de Irán, Siria y Venezuela. Hassan Nasrallah, secretario general del Hezbollah, ya lanzó un llamado a todos los libaneses para que participen en nuevas iniciativas. También pudiera producirse un llamado a todos los marinos del Mediterráneo, de forma tal que cientos de embarcaciones se sumarían a la flota, la cual contaría entonces con una escolta garantizada por la marina de guerra de Turquía… país miembro de la OTAN.
Este posible escenario ha suscitado gran inquietud en Washington, donde ha aparecido un súbito interés por convencer a Tel Aviv de que levante el bloqueo de Gaza.
Por otro lado, el prestigio que Turquía ha adquirido a través de esta operación pone de relieve la colaboración de ciertos Estados árabes con Israel, especialmente la del gobierno de Hosni Mubarak.
Este último ha colaborado efectivamente con el bloqueo impuesto a Gaza impidiendo el contacto entre el Hamas palestino y los Hermanos Musulmanes egipcios. El Cairo no ha vacilado en construir un muro de acero recurriendo al dinero de Estados Unidos y a los conocimientos técnicos de Francia para aislar al millón y medio de personas que habitan la franja de Gaza [16].
Hay que recordar la respuesta del ministro egipcio de Relaciones Exteriores cuando le preguntaron qué haría con las mujeres y niños hambrientos que trataban de atravesar la frontera: «Que traten de hacerlo. ¡Les romperemos las piernas!».
El resultado es que la sangre de las personas ultimadas por los comandos israelíes a bordo del Mavi Marmara cae también sobre el gobierno de Mubarak y Alejandría se encuentra al borde de la rebelión. Para aliviar en algo las tensiones, el gobierno egipcio ha decidido entreabrir temporalmente la frontera.
Antes de lanzarse a jugar en el patio de los grandes, es probable que Turquía se haya asegurado de que tendría cubierta la retaguardia. Nuestra hipótesis, basada en entrevistas de diversos diplomáticos, es que Ankara obtuvo garantías de parte de Rusia durante el viaje de Dimitri Medvedev al Medio Oriente. Este escenario parece confirmarse con el sorpresivo anuncio de la visita a Ankara, el 8 de junio, del primer ministro Vladimir Putin para participar en una cumbre en la que no se esperaba su presencia.
En Ankara, Putin se reunirá probablemente con el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad. La delegación israelí, cuya participación estaba anunciada, renunciará probablemente a viajar a Ankara ya que cualquier representante oficial de alto nivel del Estado de Israel se encontraría a la merced del fiscal de Estambul-Bakırkoy.
Este último puede decidir en cualquier momento que los hechos del Marvi Marmara entran en la categoría de crimen contra la humanidad y ordenar el arresto de los responsables israelíes.
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[1] «Israel se desvela a ojos del mundo por medio de su piratería», entrevista de Hazem Jamjum concedida a Silvia Cattori, Red Voltaire, 4 de junio de 2010.
[2] «Weapons found aboard the Mavi Marmara», por Israel MFA, Flickr, 2 de junio de 2010.
[3] «Les preuves truquées d’Israël contre "Free Gaza": des photos prises en 2006 et 2003?» (Las falsas pruebas de Israel contra "Free Gaza"), por Aragorn, Agoravox, 3 de junio de 2010.
[4] «¿A qué se debe el ataque israelí contra civiles en el Mediterráneo?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 31 de mayo de 2010.
[5] «Israël a-t-il mené deux opérations militaires contre la Turquie?», Réseau Voltaire, 2 de junio de 2010.
[6] «Imposible que la OTAN no estuviese al corriente», por Manlio Dinucci, Red Voltaire, 2 de junio de 2010.
[7] «Message de Mouammar Kadhafi à Barack Obama» (Mensaje de Kadhafi a Barack Obama), en francés, Réseau Voltaire, 2 de junio de 2010.
[8] «Declaración de la Presidencia del Consejo de Seguridad», Réseau Voltaire, 1º de junio de 2010.
[9] «Resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas», Réseau Voltaire, 2 de junio de 2010.
[10] S.S. Lotus Case (Fr. v. Turk.), 1927 P.C.IJ. (ser. A) No. 9, at 25.
[11] «L’OTAN exige la libération de la Flottille de la liberté», Réseau Voltaire, 1º de junio de 2010.
[12] «Turkish Parliament Resolution», Resolución del Parlamento turco, (en inglés), Réseau Voltaire, 2 de junio de 2010.
[13] «The Attack on the Gaza Freedom Flotilla and International Law», por Lawyers for Palestinian Human Rights, Voltaire Network, 6 de junio de 2010.
[14] «Ouverture d’une enquête pénale à Istanbul contre les pirates israéliens», Réseau Voltaire, 5 de junio de 2010.
[15] El 27 y 28 de junio de 1992, el presidente francés Francois Mitterrand cruzó en helicóptero la línea del frente rompiendo así el asedio de Sarajevo.
[16] «Gaza: Francia supervisa la ampliación del muro de separación», Red Voltaire, 26 de diciembre de 2009.
lunes, 14 de junio de 2010
Flotilla de la Libertad: el detalle que Netanyahu no conocía
jueves, 3 de junio de 2010
¿A qué se debe el ataque israelí contra civiles en el Mediterráneo?
por Thierry Meyssan*
2 de junio de 2010
Israel estudió de antemano las consecuencias del ataque que finalmente perpetró contra el convoy humanitario marítimo. ¿Qué objetivos busca con el desencadenamiento de esta crisis diplomática de escala mundial? ¿Por qué desafía Tel Aviv a su aliado turco y a su protector estadounidense?
El ataque que tres navíos lanzadores de misiles clase Saar de la Marina de Guerra israelí perpetraron el 31 de mayo de 2010 contra la Flotilla de la Libertad, en aguas internacionales del Mediterráneo, es una demostración de la decisión de Tel Aviv de “huir hacia el frente”.
La Flotilla de la Libertad es una iniciativa de los militantes por la defensa de los derechos humanos [1] [2] que obtuvo el apoyo del gobierno turco. Su objetivo consiste simultáneamente en llevar ayuda humanitaria a la población de la franja de Gaza y en romper de esa forma el bloque ilegalmente implantado por el ejército israelí contra el millón y medio de personas que viven en esa región.
A la luz del derecho internacional, la decisión de abordar barcos civiles en aguas internacionales constituye un «acto de guerra». Jurídicamente hablando, hubo robo de barcos y de la carga de dichos barcos, secuestro de pasajeros de dichas embarcaciones y homicidio, o sea asesinato, e incluso premeditación, según informaciones de la televisión turca que afirman que los comandos israelíes tenían una lista de personalidades que debían ser eliminadas durante el asalto.
Este acto de guerra, cometido contra barcos que navegaban bajo las banderas de Grecia y Turquía, fue perpetrado como medio de perpetuar el bloqueo, que constituye en sí mismo una violación del derecho internacional.
Al recurrir al argumento de la «legítima defensa», las autoridades israelíes proclaman explícitamente su propia soberanía sobre las aguas internacionales de 69 millas náuticas frente a las costas palestinas ya que necesitan esa anexión, temporal o duradera, para garantizar el mantenimiento del bloqueo, medida que presentan como una necesidad de seguridad del Estado de Israel.
Al abordar un barco turco y matar a varios de los pasajeros que viajaban a bordo del mismo, Tel Aviv decide en primer lugar dar una respuesta de carácter militar a la crisis diplomática que sus relaciones con Ankara vienen atravesando desde enero de 2009. El objetivo de esa iniciativa es provocar dos crisis, una en el seno del Estado Mayor turco y otra entre este último y el actual gobierno de Turquía. Pero es posible que ello conduzca a una ruptura total de las relaciones militares entre Turquía e Israel, a pesar de que Turquía fue –a lo largo de medio siglo– el más importante aliado de Israel en la región. Por lo pronto, ya se anunció una anulación de las maniobras conjuntas turco-israelíes por tiempo indefinido. Esta crisis puede tener por demás repercusiones sobre las relaciones comerciales entre Turquía e Israel, en momentos en que Turquía es un socio vital para la economía israelí.
Israel estaba obligado, sin embargo, a destruir la credibilidad de Turquía en momentos en que ese país se halla en plena fase de acercamiento a Siria e Irán y muestra su aspiración a ejercer una autoridad regional junto a sus nuevos socios [3]. Por lo pronto, Israel tenía que castigar a Ankara por el papel que ha desempeñado en la negociación del Protocolo de Teherán sobre la industria nuclear iraní.
En cuanto a Turquía, que esperaba una intervención israelí muy dura pero no de carácter letal, el momento ha llegado para ese país de tomar posición como protector de la populación palestina, conforme a la doctrina neo-otomana planteada en el plano teórico por el profesor Ahmet Davutoglu, actual ministro turco de Relaciones Exteriores. Sin esperar al regreso del primer ministro Recep Erdogan, quien se hallaba de viaje por Latinoamérica, las autoridades turcas procedieron a retirar a su embajador de Tel Aviv y formaron un gabinete de crisis alrededor del viceprimer ministro Bulent Annc. Este gabinete de crisis se puso en contacto de inmediato con los 32 gobiernos de los países de origen de los miembros del convoy humanitario atacado.
Todo el personal diplomático turco se ha puesto en función de plantear el problema creado a la mayor cantidad posible de Estados y organizaciones internacionales. En una conferencia de prensa, el propio viceprimer ministro Bulent Annc exigió la inmediata restitución de los tres barcos turcos y de su carga, así como –en primer lugar– la liberación de los cientos de ciudadanos turcos secuestrados. El viceprimer ministro calificó el ataque de acto de «piratería» (no de acto de guerra), ofreciendo así al gobierno de Netanyahu la posibilidad de presentar el asunto como un «exceso» y no como una política. Conforme a esa misma lógica, el presidente [turco] Abdullah Gul exigió por su parte que los tribunales israelíes juzguen a los responsables de la matanza.
Desde Chile, el primer ministro Erdogan declaró: «Esta acción es totalmente contraria a los principios del derecho internacional, es el terrorismo de un Estado inhumano. Yo me dirijo a todos los que han apoyado esa operación: Ustedes apoyan [el derramamiento de] sangre. Nosotros apoyamos el derecho humanitario y la paz».
En el transcurso de la tarde, Ankara planteó la cuestión ante el Consejo de la alianza atlántica. Turquía es miembro de la OTAN. En caso de no recibir la respuesta que espera de parte del gobierno israelí, Ankara pudiera calificar el ataque de acto de guerra y solicitar la ayuda militar de los Estados miembros de la OTAN invocando el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte.
El gobierno de Netanyahu ya exhortó a sus ciudadanos a salir de Turquía, donde manifestaciones espontáneas en las que la gente pide venganza están teniendo lugar ante los consulados de Israel.
El 26 de mayo de 2010, el primer ministro Benjamin Netanyahu se reúne un Tel Aviv con el secretario general de la Casa Blanca, Rahm Emmanuel. Este último le hizo entrega de una invitación enviada por el presidente Barack Obama, invitación que la parte israelí acaba de anular sólo 5 días después de su entrega.
En lo tocante a Estados Unidos, esta crisis recuerda a la que se produjo el 8 de junio de 1967 con el navío estadounidense USS Liberty. En plena Guerra de los Seis Días, los israelíes atacaron un navío de vigilancia electrónica de la US Navy, con saldo de 34 muertos y 171 heridos. Tel Aviv presentó excusas afirmando que se trataba de un “error” cometido en el campo de batalla, mientras que –aunque aceptó oficialmente las excusas israelíes– Washington interpretó el incidente como una ofensa deliberada. Se estima que, en aquel momento, los israelíes quisieron castigar así a los estadounidenses por haberlos criticado.
En el actual caso, el ataque contra la Flotilla de la Libertad puede ser una acción de castigo por el voto de Washington a favor de una resolución de los Estados firmantes del Tratado de No Proliferación [nuclear], resolución que exige que Israel declare sus armas nucleares y que acepte los controles del Organismo Internacional de la Energía Atómica.
La decisión israelí de atacar barcos civiles en aguas internacionales tiene lugar después del asesinato de un dirigente palestino perpetrado por una unidad del Mossad en los Emiratos Árabes Unidos, del descubrimiento de un extenso sistema de copia y falsificación de pasaportes emitidos por diferentes Estados occidentales y de la negativa israelí de asistir a la conferencia internacional de seguimiento del Tratado de No Proliferación [nuclear].
Esta secuencia de hechos puede interpretarse como una sucesión de violaciones cometidas por un Estado que se siente seguro de su impunidad –y pudiera tratarse, en ese caso, de una violación más– o como una escalada consecutiva a un breve desencuentro público con la administración estadounidense –y se trataría entonces de una forma de proclamar el liderazgo del movimiento sionista demostrando que Tel Aviv toma decisiones y Washington no tiene más remedio que aceptarlas.
El primer ministro Benjamin Netanyahu, quien se encontraba de viaje por Norteamérica, decidió poner fin a su visita a Canadá y anular su encuentro con el actual inquilino de la Casa Blanca. No obstante, el presidente Obama lo contactó telefónicamente para pedirle explicaciones.
La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, declaró que no existe justificación alguna para la operación israelí. El Relator Especial sobre los Derechos Humanos en los territorios ocupados palestinos, Richard Falk, subrayó que, más allá de la violación de la libre circulación marítima, el problema central sigue siendo el bloqueo.
«Si no se implementan acciones inmediatas y decisivas para contrarrestar el enfoque israelí sobre Gaza, nosotros todos seremos cómplices de una política criminal que amenaza la supervivencia de una comunidad sitiada», declaró Falk.
El Consejo de Seguridad de la ONU fue convocado ha una reunión urgente. El ministro turco de Relaciones partió hacia Nueva York.
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Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
[1] «Dr. Arafat Shoukri: “Se han reunido las condiciones para hacer que esta flotilla sea un punto de ruptura», entrevista concedida a Silvia Cattori, silviacattori.net, 23 de abril de 2010.
[2] Los principales organizadores de la Flotilla de la Libertad son el Movimiento Mouvement Free Gaza, la Campaña Europea por el Cese del Asedio de de Gaza (ECESG), la Fundación Turca de Ayuda Humanitaria (IHH), la Fundación Malasia Perdana y el Comité Internacional por el Levantamiento del Asedio de Gaza.
[3] «Brusco cambio de la situación estratégica en el Medio Oriente», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 18 de mayo de 2010.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Brusco cambio de la situación estratégica en el Medio Oriente
Cambia la situación en el Medio Oriente con el surgimiento del triángulo Turquía-Irán-Siria (de izquierda a derecha, los presidentes Gul, Ahmadinejad y Assad).
por Thierry Meyssan*
El rediseño geopolítico del «Gran Medio Oriente» orquestado por los EEUU en esa región ha fracasado, dejando el campo libre a una nueva alianza, conformada por el triángulo Teherán-Damasco-Ankara. Y Moscú viene a llenar naturalmente la vacante que Washington había dejado. El viento ha cambiado de dirección y está soplando fuerte. Todo el equilibrio regional ha cambiado en unos pocos meses.
El equilibrio del Medio Oriente se ha visto enteramente modificado en el transcurso de los últimos meses. En primer lugar, han cambiado las posibilidades y las posiciones de varios actores.
- Las fuerzas armadas israelíes, que durante decenios habían forjado una cadena de victorias, ya no logran controlar el teatro de operaciones. Sus ofensivas contra el Líbano (en 2006) y posteriormente contra Gaza (en 2008) demostraron el fortalecimiento de su poder destructivo, pero dejaron también constancia de que ya no pueden alcanzar los objetivos que se trazan, en los casos señalados la destrucción del Hezbollah y del Hamas.
Además, el arsenal de las fuerzas armadas israelíes, a las que Estados Unidos provee todo lo que puedan necesitar, ya no les garantiza el predominio. Sus tanques, que fueron en el pasado la principal herramienta de la blitzkrieg israelí, son ahora vulnerables a los RPG rusos. La marina de guerra israelí se encuentra ante la amenaza de los misiles tierra-mar que China proporciona al Hezbollah y que ahora cuentan con sistemas que les permiten burlar las contramedidas–sistemas de los que no disponían en 2006. Y para terminar, el predominio de la aviación israelí no resistirá por mucho tiempo ante la proliferación de los S-300 rusos que están llegando a la región.
- La cuasi independencia del Kurdistán iraquí orquestada por Estados Unidos, el desarrollo económico de ese cuasi Estado bajo tutela israelí y el apoyo –demasiado visible– que Estados Unidos aporta a los separatistas kurdos del PKK han obligado a los militares turcos a un completo cambio de posición. La alianza atlántica ya no parece garantizar la integridad territorial turca e Israel se convierte en un enemigo.
Si bien Ankara trata de no incomodar a Washington, lo cierto es que el tono ha seguido subiendo en las relaciones con Tel Aviv, desde la confrontación entre Recip Erdogan y Shimon Peres en el Foro de Davos hasta el incidente diplomático relativo a la serie de televisión El Valle de los lobos.
- El caos iraquí y la creación del cuasi Estado de Kurdistán han obligado a los países vecinos a ponerse de acuerdo entre sí para protegerse de la contaminación. Sobre todo porque Washington ha tratado de desestabilizarlos para mantenerlos al margen del juego en Irak. Estados Unidos e Israel han apoyado en secreto a los separatistas kurdos de Turquía (PKK), a los de Irán (Pejak) y a los de Siria.
Por consiguiente, el eje Irán-Siria se ha convertido en un triángulo Irán-Siria-Turquía cuya legitimidad histórica no tiene parangón.
Desde la época de la Revolución Islámica, Irán se encuentra a la cabeza de los chiítas. Luego de la destrucción del Baas iraquí por parte de Paul Bremmer, Siria se ha convertido en líder indiscutible del sector laico. Y finalmente, Turquía, heredera del califato, es la cuna del sunnismo. En su conjunto, estos tres Estados cubren casi todo el espectro político del Medio Oriente.
Esta alianza cierra el capítulo de la política de Divide et Impera (Divide y vencerás) que las potencias coloniales habían venido aplicando para dominar esa vasta región. También pone fin, en particular, a la Fitna, o sea a la guerra civil musulmana entre sunnitas y chiítas. Ya anteriormente el rey Abdala de Arabia Saudita había invitado al presidente iraní Ahmadinejad a hacer juntos el peregrinaje a la Meca, cuyo guardián es el propio rey Abdala, Pero Turquía es la heredera de los otomanos, y encarna por ello el sunnismo histórico.
Además, para Ankara este nuevo triángulo ensancha por fin un horizonte hasta ahora estancado por los interminables aplazamientos de su entrada a la Unión Europea.
- La desbaasización de Irak, o sea la abierta cacería desatada contra los antiguos cuadros administrativos del país, provocó un éxodo masivo. En 6 años más de un millón de iraquíes han sido acogidos en Siria. Esta hospitalidad árabe incluye el acceso gratuito y sin contrapartida a los establecimientos escolares e universitarios así como al sistema de salud en su conjunto. En un primer momento esta amplia oleada migratoria provocó en el país una grave crisis económica. Pero, ya digerida, le está aportando cuadros muy calificados y un nuevo dinamismo.
- Los desórdenes orquestados por Estados Unidos en Yemen han obligado a la familia real saudita a apoyar la política del rey Abdala a favor de la eliminación de las tensiones con Siria e Irán. Se ha invitado por lo tanto al clan líbano-saudita Hariri a que se reconcilie con el presidente Bachar el-Assad y a que reconozca el armamento de la Resistencia libanesa como legítimo.
Como consecuencia, el ambiguo resultado de las elecciones legislativas arregladas –en las que la coalición proestadounidense conformada alrededor del clan Hariri y de la extrema derecha cristiana resultó victoriosa en cuanto a la cantidad de escaños a pesar de que la coalición encabezada por el Aoun obtuvo la mayor cantidad de votos– cambió de significado y abrió la vía a un gobierno de unión nacional, mientras que señores de la guerra como el socialista Walid Jumblatt daban un viraje de 180 grados para ponerse a favor del viento.
Pero esa evolución es frágil, ya que Washington puede tener posibilidades de desestabilizar la nueva troika.
Por lo pronto, varios intentos de derrocamiento contra Bachar el-Assad por parte de generales corruptos se han visto frustrados antes de lograr tan siquiera ponerse en marcha.
Los múltiples atentados orquestados por la CIA en las provincias no persas del territorio iraní no han desembocado en revueltas separatistas, mientras que la revolución de color orquestada en Irán por la CIA y el MI6 en ocasión de la elección presidencial se vio arrollada por una marea humana. La respuesta a las protestas de varias decenas de miles de opositores que se circunscribieron a los barrios del norte de Teherán fue una gigantesca manifestación en la que se congregaron 5 millones de personas.
Finalmente, Washington parece no contar ya con la posibilidad de utilizar nuevamente al Gladio para instaurar una dictadura militar en Turquía. Por un lado, porque la nueva generación de generales turcos ya no tiene la obsesión del kemalismo y, por otra parte, porque el gobierno demócrata-musulmán del AKP se ha dedicado a desmantelar el Ergenekon (la actual versión del Gladio turco).
También es posible que Washington y Tel Aviv inventen nuevos pretextos para justificar acciones militares.
Por ejemplo, ya han venido sugiriendo desde el año 2007 que Israel descubrió y bombardeó un centro de investigación militar nuclear en Siria y que Irán está llevando a cabo un amplio programa de la misma naturaleza. Más recientemente, esas mismas potencias acusaron a Siria de haber introducido cohetes Scud en el Líbano.
Esas acusaciones no resisten sin embargo el más somero análisis, al igual que las que el secretario de Estado Colin Powell entregara en el pasado al Consejo de Seguridad de la ONU sobre las supuestas armas iraquíes de destrucción masiva. Las diferentes inspecciones de la AIEA no han encontrado otra cosa que evidencias de actividades civiles y la fuerza de paz de la ONU en el Líbano desmintió la presencia de cohetes Scud en ese país.
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El 23 de febrero de 2010, Bachar el-Assad responde a los reclamos de Hillary Clinton y desafía a Barack Obama recibiendo a Hasan Nasrallah y Mahmud Ahmadinejad.
© Tehran Times
Rusia entra en escena
La pérdida de influencia de Estados Unidos es tan palpable que el general David Petraeus, comandante en jefe del Central Command, ha dado la señal de alarma en Washington. A su entender, el juego que están jugando los israelíes, no sólo en Palestina sino sobre todo en Irak, ha entorpecido los planes estadounidenses en la región.
Más aun, el empantanamiento de las tropas estadounidenses en Irak y en Afganistán las ha transformado en rehenes de Turquía, de Siria y de Irán, únicos países que cuentan con la capacidad necesaria para apaciguar a los pueblos en rebelión.
En una total inversión de los papeles, el aliado estratégico del Pentágono se ha convertido en un lastre mientras que sus enemigos regionales le sirven de escudo.
Tomando nota del fracaso del rediseño estadounidense del Gran Medio Oriente, Moscú se ha reposicionado en la escena regional durante el viaje del presidente Dimitri Medvedev a Damasco y Ankara.
Refiriéndose a los conflictos con Israel, Rusia ha reafirmado que todo arreglo político debe basarse en las resoluciones pertinentes de la ONU (incluyendo el derecho inalienable de los palestinos al regreso) y en los principios de la conferencia de Madrid (restitución de los territorios ocupados, como el este de Jerusalén y el Golán sirio, a cambio de un tratado de paz).
Dimitri Medvedev confirmó además la preferencia rusa por una solución que implique la existencia de dos Estados. Teniendo en cuenta la presencia de un millón de ex soviéticos en Israel, Moscú tiene que prevenir la posibilidad de un éxodo masivo en caso de una caída del régimen sionista. Ante esa posibilidad, Medvedev se pronunció por una reconciliación entre Al Fatah y el movimiento Hamas, y se reunió con Khaled Mechaal, el líder político de la Resistencia palestina, a pesar de que Estados Unidos lo cataloga como «terrorista».
Se trata, en efecto, de un paso decisivo por parte de Rusia ya que, después de haberse negado anteriormente por 3 veces a recibir a Mechaal encontrándose este último de paso en Moscú, el propio presidente Medvedev finalmente se reúne con él, y lo hace además en Damasco. En esa ocasión, el presidente ruso subrayó la creciente urgencia de la situación humanitaria existente en Gaza y deploró el poco interés de Washington por la solución de ese drama.
Finalmente, en alusión a las amenazas israelíes de bombardear los convoyes de armas de Siria hacia el Líbano, Dimitri Medvedev advirtió a Tel Aviv contra una escalada de la tensión.
Rusia apoya el acercamiento político y económico en marcha entre Irán, Siria y Turquía. Los tres Estados líderes del Medio Oriente han iniciado una intensa fase de cooperación. En varios meses han abierto sus fronteras y han liberalizado rápidamente sus intercambios. Sus economías, estancadas por los años de guerra, han recibido una bocanada de oxigeno.
Rusia no tiene intenciones de mantenerse al margen de esta nueva zona de prosperidad. Ankara y Moscú han eliminado la necesidad de visas para sus residentes. Gracias a esa medida un turco puede entrar en Rusia sin necesidad de ese tipo de formalidad, pero no puede hacer lo mismo ni en Estados Unidos ni en los países de la Unión Europea, a pesar de que Turquía es miembro de la OTAN y candidata a entrar a la UE (Unión Europea).
Moscú ha creado instancias permanentes de consulta de alto nivel, en los sectores diplomático y económico, con Damasco y Ankara, actitud que contrasta con la política de Estados Unidos.
A principios de año, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, conminó a Siria a distanciarse de la Resistencia. En respuesta, el presidente sirio Bachar el-Assad se mostró inmediatamente junto a su homólogo iraní Mahmud Ahmadinejad y con el secretario general del Hezbollah Hasan Nasrallah, e incluso firmó un documento que lleva el irónico título de «Tratado de Distancia Reducida». Aunque la improvisación del encuentro entre los tres dirigentes no dio tiempo a que Khaleed Mechaal estuviera presente, el movimiento Hamas estuvo asociado a él.
En aplicación de sus amenazas, el presidente estadounidense Barack Obama replicó prolongando por 2 años las sanciones económicas contra Siria.
Las empresas rusas Rosatom y Atomstroyexport, que están terminando la construcción de una central nuclear civil en Irán (en Bushehr) y se encuentran enfrascadas en las discusiones preparatorias de otras más, y tienen prevista la construcción de otra central de ese tipo en Turquía, a un costo de 20 000 millones de dólares. La inauguración de esa instalación debe tener lugar dentro de 7 años. Un proyecto similar está en marcha con Siria.
La falta de electricidad, en una región que ha sufrido los bombardeos israelíes, constituye el principal obstáculo al desarrollo económico. Desde la perspectiva del Medio Oriente, la premura rusa por construir dichas centrales no está tan vinculada a una ambición comercial como a la voluntad de poner en manos de los pueblos interesados los medios necesarios para acelerar el desarrollo económico que los occidentales desde hace tanto tiempo les han venido negando.
Además, las firmas rusas Stroitransgaz y Gazprom van a garantizar el tránsito del gas sirio hacia el Líbano, ya que el vecino Israel impide a Beirut la explotación de sus importantes reservas marítimas.
En el plano militar, Rusia tomó posesión de su nueva base naval en Siria.
Esta instalación le permitirá restablecer el equilibrio en el Mediterráneo, región en la Rusia ha estado más o menos ausente desde la disolución de la URSS. Moscú confirmó también la próxima entrega a Teherán de misiles S-300, que deben proteger a Irán de las amenazas de bombardeo provenientes de Estados Unidos e Israel.
Los diplomáticos rusos se pronuncian fuertemente contra las provocaciones iraníes, pero también han repetido que no creen en las acusaciones occidentales sobre los supuestos programas nucleares militares de Irán o Siria. Aunque el protocolo de los Estados ribereños del mar Caspio no estipula otra cosa que la entrega de armas a Irán en caso de ataque, el presidente Medvedev ha mencionado una posible intervención directa de Rusia y ha advertido a Estados Unidos que una guerra en Irán podría convertirse en una Tercera Guerra Mundial. Sobre esa base, Mevdeved ha expresado su apoyo al proyecto de desnuclearización de la región, o sea al desmantelamiento del arsenal nuclear de Israel. La cuestión acaba de ser presentada a la AIEA.
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En octubre de 2009, Turquía y Armenia finalmente establecen relaciones diplomáticas. El espacio caucásico se abre a Ankara (De izquierda a derecha, los presidentes de Turquía y de Armenia, Gul y Sargsyan).
Para Moscú tiene particular importancia el ayudar a Turquía a resolver sus tensiones seculares con Grecia y Armenia, incluyendo los conflictos de Chipre y del Alto Karabaj. De esa manera, puede ser que Ankara se aleje definitivamente de Tel Aviv y Washington, recuperando así su total independencia. El presidente turco Abdula Gull dado pasos importantes, aunque insuficientes, en dirección de Ereván. Renunciando a 95 años de odio, Turquía y Armenia han establecido relaciones diplomáticas. Otros progresos deben producirse próximamente en cuanto a un acercamiento de Ankara con Atenas con la bendición del patriarca ortodoxo Ciril I de Moscú. Desde ese punto de vista, la visita de Recip Erdogan a Grecia constituye un acontecimiento histórico que reactiva el proceso de reconciliación en el mar Egeo, que si inició en los años 1930 y fue interrumpido por la Segunda Guerra Mundial.
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Los presidentes de Rusia y Turquía, Dimitri Medvedev y Abdula Gul. Los enemigos de la guerra fría se convierten en socios en aras de estabilizar el «Medio Oriente y el Cáucaso».
© Servicio de prensa del Kremlin.
Rompiendo con la estrategia de Estados Unidos en el Mar Negro y el Caspio, Ankara ha aceptado una gigantesca inversión rusa para la construcción de un oleoducto entre Samsun y Ceyhan. Este oleoducto debe llevar al Mediterráneo el petróleo ruso del Mar Negro, eliminando así la necesidad de trasladarlo a través de los estrechos, poco convenientes para el tránsito de materias contaminantes. De la misma manera, Ankara estudia actualmente su posible participación en el proyecto de gasoducto ruso conocido como South Stream. Una confirmación de la participación turca haría inútil el proyecto rival que proponen Estados Unidos y la Unión Europea bajo la denominación de Nabucco.
En suma, el apoyo ruso garantiza la continuidad del triángulo Teherán-Damasco-Ankara ante la hostilidad de Estados Unidos y de la Unión Europea. El equilibrio estratégico del Medio Oriente acaba de registrar una transformación. La onda expansiva puede extenderse al Cáucaso.
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
jueves, 29 de abril de 2010
El pretexto climático 3/3 1997-2010: La ecología financiera
por Thierry Meyssan*
Al igual que Henry Kissinger y Margaret Thatcher, el ex vicepresidente estadounidense Al Gore también recurre a la retórica ambientalista. Ya el objetivo no es desviar la atención de las guerras que desata el imperio estadounidense ni restaurar la grandeza del Imperio británico sino salvar el capitalismo anglosajón. En esta tercera parte de su estudio sobre el discurso ecologista, Thierry Meyssan analiza la dramaturgia preparatoria de la Cumbre de la Tierra prevista para el año 2012 y la rebelión de Cochabamba.
El Protocolo de Kyoto
En 1988, Margaret Thatcher había incitado al G7 a financiar un Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC) [Conocido en español por sus siglas en inglés (IPCC) y como Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, denominación que utilizaremos en lo adelante en este trabajo. NdT.] bajo los auspicios del PNUMA y de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
En su primer informe, en 1990, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático consideraba «poco probable» un claro aumento del efecto invernadero para «las próximas décadas o más allá». En 1995, un segundo informe de este órgano político se hace eco de la ideología de la Cumbre de Río y «sugiere una influencia detectable de la actividad humana en el clima planetario» [1].
Al ritmo de una al año, se suceden entonces una serie de conferencias de la ONU sobre el cambio climático. La de Kyoto, en Japón, elabora en diciembre de 1997 un Protocolo en el que los Estados firmantes se comprometen de forma voluntaria a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente las de dióxido de carbono (CO2) así como las de otros 5 gases: el metano (CH4), el protóxido de nitrógeno (N20), el hexafluoruro de azufre (SF6), los fluorocarburos (FC) y los hidroclorofluocarburos.
En la medida en que el Protocolo de Kyoto incita a los firmantes a hacer un mejor uso de los recursos energéticos no renovables, su firma parece positiva incluso a los Estados que no creen en la existencia de una influencia significativa de la actividad humana sobre el clima. Pero parece muy difícil que los Estados en vías de desarrollo logren modernizar sus industrias para hacerlas menos consumidoras de energía y menos contaminantes.
Señalando que esos Estados, cuyas industrias se encuentran en estado embrionario, producen pocos gases de efecto invernadero pero necesitan ayuda financiera para poder dotarse de industrias limpias y poco consumidoras, el Protocolo de Kyoto instituye un Fondo de Adaptación administrado por el Banco Mundial y un sistema de autorizaciones negociables.
Cada Estado recibe autorizaciones para la producción de ciertos volúmenes de gases de efecto invernadero que pueden repartir entre sus industrias. Los Estados en desarrollo que no utilicen la totalidad de sus permisos pueden revenderlos a los Estados desarrollados que contaminan más de lo autorizado. Con el producto de la venta [de los permisos que no utilizan] pueden financiar entonces la adaptación de sus industrias.
La idea parece llena de virtudes. El problema está en los detalles. La creación de un mercado de autorizaciones negociables abre el camino a una financierización adicional de la economía y, partir de ahí, a nuevas posibilidades para proseguir el saqueo del que ya eran objeto los países pobres.
De forma totalmente hipócrita, el presidente estadounidense Bill Clinton firma el Protocolo de Kyoto. Pero instruye a los parlamentarios del Partido Demócrata para que no lo ratifiquen. El Senado estadounidense lo rechaza de forma unánime.
Durante el periodo de ratificación del Protocolo de Kyoto, Estados Unidos se dedica a organizar el mercado de autorizaciones negociables, a pesar de que su intención es de no someterse a las exigencias comunes hasta el último momento.
Una organización caritativa, la Joyce Foundation, subvenciona varios estudios preparatorios. La dirección de dichos estudios está a cargo de Richard L. Sandor, economista republicano que ha desarrollado una doble carrera como corredor (Kidder Peabody, IndoSuez, Drexel Burnham Lambert) y universitario (Berkeley, Stanford, Northwestern, Columbia).
Bajo el estatuto de firma establecida según el derecho británico y la denominación de Climate Exchange [bolsa de valores sobre el clima], se crea un holding correspondiente a la modalidad Public Limited Company, lo cual implica que partes de dicha empresa pueden venderse a través de una oferte pública y que la responsabilidad de sus accionistas se limita a los aportes. El redactor de sus estatutos es un administrador de la Joyce Foundation, un jurista totalmente desconocido para el público llamado Barack Obama.
El ex vicepresidente estadounidense Al Gore y David Blood, ex director del banco Goldman Sachs, hacen un llamado público en busca de inversionistas.
Como resultado de dicha operación, Gore y Blood crean en Londres un fondo de inversiones de carácter ecológico denominado Generation Investment Management (GIM).
Para ello se asocian a Peter Harris (ex director del equipo de trabajo de Al Gore), a Mark Ferguson y Peter Knight (dos ex adjuntos de Blood en Goldman Sachs) así como a Henry Paulson (en aquel entonces director general de Goldman Sachs, puesto que dejará para convertirse en secretario del Tesoro de la administración Bush).
Climate Exchange Plc abre Bolsas en Chicago (Estados Unidos) y Londres (Reino Unido), con filiales en Montreal (Canadá), Tianjin (China) y Sydney (Australia).
Al reunir las acciones bloqueadas en el momento de la creación del holding con las que posteriormente adquiere, después del llamado público, Richard Sandor llega a poseer cerca de la quinta parte de todas las acciones.
El resto se reparte esencialmente entre fondos especulativos millonarios, como Invesco, BlackRock, Intercontinental Exchange (donde el propio Sandor funge también como administrador), General Investment Management y DWP Bank. Su capital bursátil sobrepasa actualmente los 400 millones de libras esterlinas. Los dividendos que percibieron los accionistas en 2008 se elevaron a 6,3 millones de libras.
Ingenuamente, los miembros de la Unión Europea son los primeros en adoptar la teoría del origen humano del calentamiento climático y en ratificar el Protocolo de Kyoto. Pero necesitan a Rusia para ponerlo en vigor. Este último país no tiene nada que temer en la medida en que el límite que se le fija no puede perjudicarlo, dado su retroceso industrial posterior a la disolución de la URSS.
Sin embargo, no lo acepta fácilmente, para exigir a cambio el apoyo de la Unión Europea a su admisión en la Organización Mundial del Comercio.
En definitiva, el Protocolo de Kyoto no entra en vigor hasta 2005.
2002: cuarta «Cumbre de la Tierra» en Johannesburgo y recordatorio de las prioridades por parte del presidente francés Jacques Chirac
La cumbre de Johannesburgo, en Sudáfrica, no presenta para Estados Unidos mayor interés que la de Nairobi. La agenda estadounidense está orientada exclusivamente hacia la guerra global contra el terrorismo. Por lo tanto, las cuestiones medioambientales tendrán que esperar.
El presidente estadounidense George W. Bush ni siquiera asiste a la cumbre y solamente envía al secretario de Estado Colin Powell, quien pronuncia un breve discurso en lo que su avión calienta los motores para emprender el viaje de regreso.
En Johannesburgo, la conferencia abandona el ambiente festivo que había primado en Río y se concentra en temas precisos: el acceso al agua y a la salud, el agotamiento previsible de las fuentes de energía no renovables y el precio de esta última, la ecología de la agricultura y la diversidad de las especies animales. El clima es un tema entre tantos otros.
La cumbre se convierte bruscamente en terreno de confrontación cuando el presidente francés Jacques Chirac declara: «Nuestra casa está en llamas y nosotros estamos mirando hacia otro lado. La Naturaleza, mutilada y sobreexplotada, no logra reconstituirse y nosotros nos negamos a admitirlo.
La humanidad está sufriendo. Está enferma de maldesarrollo, tanto en el Norte como en el Sur, y nosotros nos mantenemos indiferentes» [2].
Su discurso suena como una acusación contra Estados Unidos. No, la prioridad no es perseguir a Osama Ben Laden. Es el desarrollo de los países pobres y el acceso de todos a los bienes esenciales.
Furiosos, los altos funcionarios de la delegación estadounidense sabotean las negociaciones. Enfrascada en la instalación del centro de tortura de Guantánamo y de prisiones secretas en 66 países, la administración Bush tiene sin embargo el descaro de dar lecciones al resto del mundo y condiciona todo compromiso estadounidense a la obtención de concesiones de los países del Sur en materia de derechos humanos y de lucha contra el terrorismo.
No se obtiene la adopción de ningún documento final de real importancia.
Copenhague, en espera de la Cumbre de la Tierra de 2012
2012 será el año de la quinta Cumbre de la Tierra y de la revisión del Protocolo de Kyoto. Pero Washington y Londres han decidido convertir la 15ª conferencia sobre el cambio climático en una gran cita intermedia.
La cuestión es que la nueva política anglosajona pretende utilizar el calentamiento climático para avanzar hacia la obtención de sus dos objetivos esenciales:
- salvar el capitalismo y
- apoderarse de la capacidad de la ONU de establecer el derecho internacional.
No hay más remedio que reconocer que la economía estadounidense está en baja y que no logra rebasar su crisis interna.
Los estadounidenses ya no producen prácticamente nada importante, con excepción del armamento, mientras que los bienes que ellos mismos consumen se fabrican en una China cada día más próspera.
La principal solución es un cambio del capitalismo. Es hora de reactivar la especulación orientándola hacia las autorizaciones negociables para contaminar, de reactivar el consumo con productos ecológicos y de reactivar el trabajo con los empleos verdes [3].
Por otro lado, como la resistencia a la globalización forzosa se hace cada día mayor es conveniente presentarla de otra manera para obtener su aceptación. Habrá que decir que las cuestiones medioambientales exigen una administración global cuyo liderazgo tiene que estar en manos de los estadounidenses. Y para lograrlo hay que demostrar la ineficacia de la ONU en ese sector.
Una larga y poderosa campaña de propaganda precedió la conferencia de Copenhague, comenzando por el filme de Al Gore An Inconvenient Truth, (en castellano esta película lleva el título de: Una Verdad Incómoda) presentado en el Festival de Cannes de 2006, documental que le valió a Gore el premio Nóbel de la Paz correspondiente al año 2007.
El vicepresidente estadounidense, cuyo doble juego ante el Protocolo de Kyoto ya nadie parece recordar, se presenta ahora como un convencido militante que defiende su noble causa dedicándole benévolamente su tiempo libre.
En realidad, fue en calidad de consejero de la Corona británica, la verdadera promotora de la operación, que Al Gore realizó el documental y emprendió una gira promocional.
Al Gore es un especialista de la manipulación de las masas. Fue el organizador, a fines del siglo 20, de la campaña de alarmismo milenarista vinculada al llamado «error informático del año 2000». Suscitó entonces la creación de un grupo de expertos de la ONU, el Y2KCC –en todo sentido comparable al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático–, para ofrecer la apariencia de que existía un consenso científico alrededor de lo que en realidad no era otra cosa que la magnificación de un problema menor [4].
Varios filmes de ficción se agregan al documental de Al Gore. El PNUMA divulga mundialmente el filme Home, del fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand, el 5 de junio de 2009. Algo similar sucede con 2012, el filme hollywoodense del alemán Roland Emmerich, que presenta el derrumbe de la corteza terrestre bajo el peso de las aguas y el salvamento de los capitalistas más adinerados gracias a dos modernas arcas de Noé mientras que los pobres perecen bajo las aguas.
Aparentemente, la conferencia de Copenhague debía resolver la cuestión de los gases de efecto invernadero estableciendo límites para las emisiones y ayudas destinadas a los países en desarrollo.
La realidad es que Londres y Washington pretendían llevar a los europeos a reducir por sí mismos los límites establecidos en el Protocolo de Kyoto para aumentar así la cantidad de permisos negociables, y por consiguiente la especulación bursátil, y hacer fracasar la conferencia como medio de preparar a la opinión pública mundial para la adopción de una solución fuera del marco de la ONU.
El presidente ruso Dimitri Medvedev, perfectamente cómodo en medio de toda esta farsa, preparó una maniobra que puede resultar muy productiva para su país.
Decidió subir las apuestas eligiendo un compromiso espontáneo y radical. Anuncia entonces a los países de Europa occidental que Moscú apoya lo que ellos exigen y que reducirá sus emisiones de gases de efecto invernadero de un 20 a un 25% de aquí al año 2020 en relación con las emisiones registradas en 1990. ¿Quién da más? ¡Nadie!
El detalle es que entre 1990 y 2007 las emisiones rusas de gases de efecto invernadero se redujeron en un 34% como consecuencia al colapso industrial que se produjo en tiempos de Yeltsin. O sea, el supuesto compromiso del Kremlin [para la reducción de las emisiones] le deja margen… ¡para un aumento del 9 al 14%!
De forma nada sorprendente, los anglosajones mueven sus peones utilizando al presidente francés Nicolas Sarkozy, enteramente satisfecho este último de verse en el papel de deus ex machina.
Sarkozy llega en medio de los debates, denuncia la falta de voluntad de sus homólogos y convoca una reunión no programada entre varios jefes de Estado y de gobierno [5].
Sin traductores, sentados en sillas incómodas, unos cuantos personajes se prestan para la maniobra. Garabatean en un pedazo de papes unas cuantas líneas de buenas intenciones y las presentan como la panacea.
«El planeta» ha sido salvado y… ¡cada uno para su casa!
El verdadero objetivo de esa farsa no es otro que preparar a la opinión pública mundial para las decisiones que habrá que imponer en la «Cumbre de la Tierra» de 2012.
Pero el presidente venezolano Hugo Chávez cuestiona la problemática de la cumbre, sin desalentar por ello a las asociaciones ecologistas que se manifiestan ante el centro donde se desarrolla la conferencia.
Hugo Chávez denuncia la maniobra de Sarkozy, que consiste en la redacción de una declaración final por un reducido grupo de Estados que se autoproclaman «responsables» para imponerla después al resto de la comunidad internacional.
El presidente de Venezuela denuncia una farsa destinada a permitir que un capitalismo sin conciencia logre escamotear sus propias responsabilidades y pueda presentarse como si estuviera libre de polvo y paja [6].
Chávez se hace eco de una de las consignas que gritan los manifestantes fuera del centro de conferencia: «¡No cambien el clima, cambien el sistema!»
Cochabamba, la antítesis de Copenhague
El presidente boliviano Evo Morales expone sus propias conclusiones sobre la cumbre de Copenhague. Para él está claro que las grandes potencias están jugando con el medio ambiente. Como ya viene sucediendo con muchos otros temas, las grandes potencias pretenden utilizar la cuestión del medio ambiente en beneficio propio y en detrimento del Tercer Mundo.
La presencia de una multitud de manifestantes fuera del centro de conferencias permite sin embargo abrigar esperanzas en cuanto a una voluntad planetaria muy diferente.
El presidente Evo Morales convoca entonces a una «Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra». El encuentro se desarrolla 4 meses más tarde en Cochabamba, Bolivia.
Sobrepasando todas las previsiones, más de 30 000 personas y 48 delegaciones gubernamentales participan en la Conferencia de Cochabamba. El ambiente de este encuentro recuerda a la vez el de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro y el de las diferentes ediciones del Foro Social Mundial.
Lo que está en juego es sin embargo muy diferente.
En Río, la firma de relaciones públicas Burson-Marsteller había dado realce a las asociaciones como medio de legitimar las decisiones tomadas a puertas cerradas. En Cochabamba sucede lo contrario. Las asociaciones, excluidas del centro de conferencias de Copenhague, son ahora los actores de la toma de decisiones. La comparación con el Foro Social Mundial deja de ser válida.
El objetivo del Foro Social Mundial es ser la contraparte del Foro Económico de Davos y para ello se exila a sí mismo en el otro extremo del mundo, como recurso para evitar los enfrentamientos que ya se habían producido en Suiza. Lo que se cuestiona ahora es la ONU.
Evo Morales ha tomado nota del fiasco de Copenhague y de la voluntad de las grandes potencias de ignorar la autoridad de la Asamblea General de la ONU, así que convoca a la sociedad civil a unirse frente a los gobiernos occidentales.
El presidente boliviano Evo Morales y su ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, abordan las cuestiones medioambientales desde su propia cultura de indios aimaras [7].
Mientras los occidentales discuten para determinar hasta dónde hay que limitar las emisiones de gases de efecto invernadero para no perturbar el clima, el presidente de Bolivia y su ministro de Relaciones Exteriores señalan que si se piensa que esas emisiones pueden ser peligrosas, lo que se impone es interrumpirlas.
Rompiendo con la lógica dominante, Morales y Choquehuanca rechazan el principio de las autorizaciones negociables, estimando que no se puede permitir, y mucho menos vender, algo que se cree peligroso. A partir de ese razonamiento, el presidente boliviano y su ministro de Relaciones Exteriores se pronuncian por un completo cambio del principio fundamental.
Los Estados desarrollados, sus ejércitos y sus transnacionales han herido a la Tierra que nos alimenta, poniendo así en peligro a toda la humanidad, mientras que los pueblos originarios han dado pruebas de su propia capacidad para preservar la integridad de la Madre Tierra.
La solución es, por lo tanto, de orden político: hay que devolver a los pueblos autóctonos el manejo de los grandes espacios mientras que las transnacionales tienen que responder ante un tribunal internacional por los daños que han provocado.
La Conferencia de los Pueblos celebrada en Cochabamba llama a la organización de un referendo mundial para la institución de una justicia climática y medioambiental y la abolición del sistema capitalista.
Siguiendo el mismo método ya tantas veces aplicado en numerosas cumbres internacionales que habían logrado escapar al control de los anglosajones, Washington desata de inmediato una campaña mediática destinada a desacreditar el mensaje de la conferencia de Cochabamba.
Dicha campaña deforma los razonamientos y el discurso del presidente boliviano Evo Morales [8].
Demasiado tarde. La ideología verde de Occidente ya ha perdido la unanimidad.
El árbol que no deja ver el bosque
En 40 años de discusiones de la ONU, las cosas no han mejorado sino todo lo contrario. Lo que se ha producido es un increíble acto de prestidigitación que resalta la responsabilidad individual mientras que pasa por alto las responsabilidades de los Estados y oculta la de las transnacionales. Como el árbol que no deja ver el bosque.
En las cumbres internacionales nadie trata de evaluar el costo energético de las guerras desatadas contra Afganistán e Irak, costo energético que incluye el puente aéreo que transporta diariamente toda la logística proveniente de Estados Unidos hacia el campo de batalla, incluyendo la alimentación de los soldados.
Nadie se preocupa por medir la superficie habitada contaminada por las municiones de uranio enriquecido, de los Balcanes a Somalia y pasando por el Gran Medio Oriente.
Nadie menciona las áreas agrícolas destruidas por las fumigaciones en el marco de la guerra contra la droga, en América Latina o en Asia central; ni las áreas esterilizadas por el uso del agente naranja, desde la jungla vietnamita hasta los palmares iraquíes.
Hasta la celebración de la conferencia de Cochabamba, la conciencia colectiva olvidó las evidencias existentes de que los principales ataques contra el medio ambiente no son consecuencia de comportamientos individuales ni de la industria civil sino de guerras desatadas para que las transnacionales puedan explotar los recursos naturales, y de la explotación sin escrúpulos de esos mismos recursos por parte de las transnacionales que alimentan los ejércitos imperiales. Lo cual nos trae nuevamente al punto de partido, cuando U Thant proclamaba el «Día de la Tierra» en protesta contra la guerra de Vietnam.
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
Fuente Odnako (Russia)
[1] Todos los informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático están disponibles en inglés, francés y español en el sitio Internet de dicho órgano.
[2] «Discours de Jacques Chirac au sommet mondial sur le développement durable de Johannesburg», 2 de septiembre de 2002.
[3] «La mue de la finance mondiale et la spéculation verte» (La metamorfosis de la finanza mundial y la especulación verde), por Jean-Michel Vernochet, Réseau Voltaire, 2 de marzo de 2010.
[4] «No hay un consenso científico en la ONU», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de diciembre de 2009.
[5] «Intervention au sommet de Copenhague sur le climat» (Discruso del presidente francés Sarkozy en la cumbre climatica de Copenhague, en francés), por Nicolas Sarkozy, Réseau Voltaire, 17 de diciembre de 2009.
[6] «Discurso de Chávez en Copenhague» (en castellano), por Hugo Chávez Frías, Red Voltaire, 16 de diciembre de 2009.
[7] Ver su tribuna libre publicada en el diario estadounidense Los Angeles Times: «Combating climate change: lessons from the world’s indigenous peoples» (disponible para su descarga en el sitio de la Red Voltaire).
[8] Evo Morales denunció en su discurso las consecuencias sanitarias que tiene para los hombres el consumo de carne con hormonas femeninas. Sus palabras fueron interpretadas como declaraciones homofóbicas. Esta táctica de descrédito se ha hecho clásica. Basta con recordar la campaña mediática contra el Papa Juan Pablo II después de su discurso en la Gran Mezquita de Damasco o la que se desató contra el primer ministro de Malasia Mahathir bin Mohamad luego de su discurso ante la Conferencia Islámica.
El pretexto climático 2/3: 1982-1996: La ecología de mercado
Margaret Thatcher aborda el desafío climático como una posibilidad para el Reino Unido de asumir el liderazgo científico a nivel mundial y de emprender una nueva revolución industrial (En la imagen, Margaret Thatcher en la apertura del Hadley Center, el 25 de mayo de 1990).
por Thierry Meyssan*
25 de abril de 2010
Durante los años 1980-90 se buscó disociar la ecología de las cuestiones de defensa para vincularla con los problemas económicos. En esta segunda parte de su estudio sobre la retórica ambientalista, Thierry Meyssan analiza cómo las transnacionales invirtieron la situación y pasaron de la posición de acusado a la de padrino de las asociaciones verdes.
Este artículo es la continuación de:
1. «1970-1982: La ecología de guerra»
1982: Nairobi, la segunda «Cumbre de la Tierra» y el liderazgo de Margaret Thatcher
Poco a poco el debate se desplaza del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) hacia el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU) en cuyo seno dará lugar a enfrentamientos entre Estados Unidos, por un lado, y, del otro lado, la Santa Sede e Irán sobre el tema de la moral sexual.
Dentro del bando capitalista, los neo-maltusianos pierden influencia ante los partidarios de la desregulación.
El presidente estadounidense Ronald Reagan trata con desdeño la segunda «Cumbre de la Tierra» (Nairobi, 1982), que pasa sin pena ni gloria. Ni siquiera se prevé la realización de una nueva conferencia.
Los demócratas estadounidenses toman las cosas con más seriedad.
James Gus Speth, ex consejero de Jimmy Carter para el medio ambiente, y Jessica Mathews, ex adjunta de Zbignew Brzezinski en el Consejo de Seguridad Nacional y administradora de la Rockefeller Foundation, fundan el World Resources Institute (WRI), un think tank ecologista que debe ejercer su influencia sobre el Banco Mundial.
Financiado por varias transnacionales, el WRI será el primer organismo de su tipo en dedicar grandes presupuestos al estudio político del clima.
El WRI cuestiona la capacidad de los Estados para enfrentar los desafíos vinculados al medio ambiente y milita por una administración global que, según asegura, no se ejercerá a través de la ONU sino a traves del mercado [capitalista] mundial.
Los tratados son inútiles. Las transnacionales serán quienes resuelvan los problemas y lo harán sólo cuando sea de interés para sus accionistas.
Después del fracaso de la conferencia de Nairobi, las Naciones Unidas reducen sus ambiciones y se conforman con negociar la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal sobre la prohibición de los clorofluorocarbonos (CFCs), responsables del «hueco de la capa de ozono».
Para reactivar el debate que se la va de las manos, el secretario general de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, nombra una Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo que tendrá como presidenta a la ministra de Estado noruega (o sea, primera ministra), la doctora Gro Harlem Brundtland, y a Jim MacNeill como secretario general. Este organismo, que cuenta entre sus miembros a Maurice Strong, entrega un informe pesimista y ambiguo titulado Nuestro futuro comun [1].
El texto es innovador dado que toma en cuenta las preocupaciones del Tercer Mundo.
En ese sentido menciona, por vez primera en un documento internacional, la noción de «desarrollo sostenido», posteriormente traducida como «desarrollo sostenible». El crecimiento industrial no es enemigo de la especie humana, pero es necesario regularlo para no hipotecar los derechos de las futuras generaciones.
Lo cual implica, claro está, que la actividad humana no debe destruir el medio ambiente. Pero también implica que la actividad humana no debe crear desigualdades que priven de futuro a los niños que nacen en los países pobres.
El problema del acceso a los recursos naturales y del manejo de dichos recursos escapa de las manos de los neo-maltusianos y adquiere una dimensión revolucionaria que no todo el mundo entiende de la misma manera.
Para los tercermundistas, los Estados tienen que adoptar leyes que garanticen el acceso de todos a los bienes comunes. Para los capitalistas (neo-liberales), por el contrario, los Estados deben desregular [o sea, eliminar leyes] para garantizar el acceso de las transnacionales [a los bienes comunes].
Esta doble lectura suscita inquietud en algunos Estados desarrollados. Dos factores los incitarán, sin embargo, a implicarse en la continuación de las negociaciones.
En 1986, el transbordador espacial Challenger se desintegra en vuelo, 73 segundos después de su lanzamiento. Estados Unidos decreta la inmediata interrupción de los vuelos.
La NASA entra en una fase de introspección y reorganización. Y analiza, en aras de conservar su presupuesto, la posibilidad de reciclarse como observadora de los cambios climáticos a través de los satélites artificiales.
El director del instituto de climatología de la NASA, James Hansen, dramatiza el problema al comparecer ante una comisión del senado [2].
Gracias a Hansen, el movimiento ecologista estadounidense se dota de un aval científico y la NASA recupera su presupuesto.
Hansen reactiva la teoría del «efecto invernadero», concepto formulado en 1896 por el físico y químico sueco Svante Arrhenius que afirma que la presencia en la atmósfera de ciertos gases, como el CO2, puede provocar un aumento de la temperatura global de la superficie terrestre.
Este científico, adepto del cientificismo, había emitido la hipótesis de que la humanidad lograría evitar una nueva edad de los glaciares gracias al calor de sus fábricas. Su demostración resultó improvisada, provocando el abandono de la idea.
James Hansen la retoma al cabo de los años –sin verificarla– pero sacando la conclusión inversa: el desarrollo industrial va a provocar un calentamiento climático perjudicial para la humanidad.
Margaret Thatcher se apodera entonces de la cuestión climática y se impone rápidamente como líder mundial en la materia.
En 1987, Maumoon Abdul Gayoom, presidente de las Maldivas, aborda el tema durante la cumbre de la Commonwealth, en Vancouver. Su país, dice el presidente de las Maldivas, desaparecerá si el clima se recalienta y sube el nivel del mar.
En 1988, Canadá y Noruega organizan en Toronto una conferencia ministerial mundial sobre el tema «Cambios en nuestra atmósfera: implicaciones para la seguridad global» [3], donde se abordan por vez primera los posibles desplazamientos de población y se mencionan objetivos determinados para la reducción de los gases de efecto invernadero.
Los primeros ministros de Canadá y Gran Bretaña, Brian Mulroney y Margaret Thatcher, convencen a sus colegas del G7 (Estados Unidos, Francia, Alemania e Italia) de financiar un Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC) [Conocido por sus siglas en inglés (IPCC) y en español como Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, denominación que utilizaremos en lo adelante en este trabajo. NdT.] bajo los auspicios del PNUMA y de la Organización Meteorológica Mundial, que ya habían iniciado un programa común de investigación [4]. Poco después, la señora Thatcher pronuncia un importante discurso en la Royal Society [5].
Afirma en él que los gases de efecto invernadero, el hueco de la capa de ozono y las lluvias ácidas exigen respuestas intergubernamentales. En 1989, la propia Margaret Thatcher se dirige a la Asamblea General de la ONU con un mensaje de alarma en el que llama a una movilización general sobre el tema.
Anuncia que Gran Bretaña ya ha tomado una serie de iniciativas para modernizar su industria y que pondrá a la disposición de los investigadores de todo el mundo las herramientas informáticas necesarias para el estudio del clima [6]. De regreso en Londres, crea el Hadley Center for Climate Prediction and Research, institución que inaugura con gran solemnidad [7]. Participa también en la conferencia mundial sobre el clima, en Ginebra, donde se pronuncia por la redacción de una convención global [8].
El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático adquiere toda su dimensión con la creación del Hadley Center. El interés de Lady Thatcher no era crear una academia científica internacional sino un órgano político encargado de enmarcar la investigación, lo que cual se hace mucho más fácil en la medida en que los expertos participantes necesitan al Hadley Center para poder continuar sus trabajos.
El objetivo de Margaret Thatcher no era fabricar una ciencia falsa para apoyar una línea política, sino orientar la investigación fundamental para convertirla en investigación aplicada, útil para la nueva revolución industrial a la que aspiraba.
El deseo de Lady Thatcher, ex investigadora en el sector de la química orgánica, de basar la prosperidad y la influencia de su propio país en su liderazgo científico resulta indudable. Contrariamente a los neo-maltusianos, Margaret Thatcher plantea que los progresos científicos deben permitir resolver el desafío climático. Pone como ejemplo la manera cómo la ciudad de Londres ha logrado deshacerse del fog, la espesa nube de humo de las fábricas que la niebla impide disiparse. Lejos de condenar la industrialización, Margaret Thatcher quiere realizar una nueva revolución industrial que pondrá nuevamente a su país a la cabeza de la economía mundial. Cierra las minas de carbón, recurre al petróleo del Mar del Norte y prepara el futuro con el sector nuclear.
Esta enorme ambición, que Margaret Thatcher implementa con el mayor desprecio por la clase obrera e imponiendo a la clase dirigente un paso de marcha forzada, se estrella contra las disensiones del Partido Conservador, que se rebela contra su autoritarismo y la obliga a dimitir.
1992: Río de Janeiro, la tercera «Cumbre de la Tierra» y el triunfo de Maurice Strong
Durante los últimos años, Maurice Strong ha abandonado la actividad en el sector público canadiense y se ha hecho millonario. Ha sido nombrado director de Petro-Canada y ha acumulado una impresionante fortuna personal. Junto con el vendedor de armas saudita Adnan Kashoggi, Maurice Strong crea American Water Development, sociedad que compra el valle de Saint Louis para explotar las reservas de agua del río Colorado. Pero enfrentan la cólera de los habitantes, quienes temen que esa verde región se convierta en un desierto.
Strong renuncia bruscamente al proyecto. Según afirma, un sabio le reveló las propiedades místicas del lugar, que los indios consideran sagrado. Junto a su esposa Hanne, convencida esta última de ser la reencarnación de una sacerdotisa india, Strong crea la Manitou Foundation.
Su esposa es la presidenta y el propio Strong es el tesorero. Invierten 1,2 millones de dólares en el Baca Ranch de Crestone, construyen un gran complejo espiritual al estilo New Age en el que coexisten templos hindúes y budistas, templos judíos e iglesias cristianas, chamanes y otros tipos de brujos, en el marco de un urbanismo esotérico.
Altas personalidades, miembros del muy serio Aspen Institute (Rockefeller, Kissinger, etc.), vienen a meditar al lugar para que todas las religiones se conviertan en una sola.
Laurance Rockefeller, hermano de David, hace una donación de 100 millones de dólares. La extraña aventura se termina tan abruptamente como había comenzado sin que se haya logrado determinar si se trató de un caso de delirio colectivo o si fue una maniobra propagandística para atenuar la imagen de tiburones de Maurice Strong y sus amigos.
En todo caso, el Baca Ranch sirvió de laboratorio para la elaboración de la propaganda ecologista con una religiosidad a la moda, basada en el mito bíblico del diluvio y envuelta en imágenes provenientes de diferentes culturas, principalmente del budismo.
El hombre pecador ha sucumbido ante la tentación industrial y debe asumir el castigo divino. Debido al calentamiento climático, que él mismo ha provocado, las aguas pronto cubrirán la faz de la Tierra.
El único sobreviviente será Noé, el ecologista, y con él sobrevivirán las plantas y animales que él mismo logre poner a salvo.
Esa creencia se basa en la cosmogonía inspirada en los trabajos del investigador James Lovelock, quien recibe el título honorífico de Comendador del Imperio Británico, otorgado por Margaret Thatcher. En su teoría de Gaia, el científico inglés pretende demostrar que la regulación de la composición de la atmósfera terrestre depende de los seres que la habitan. Basados en ese razonamiento, que todavía está por demostrar, los creadores del Baca Ranch plantean que el planeta Tierra se comporta como un organismo vivo. Es Gaia, la diosa madre de la mitología griega. Por muy absurdo que parezca esta cosmogonía se impone en el imaginario contemporáneo. Por lo tanto, ya no se trata de «salvar la humanidad» sino de «salvar el planeta», aunque nadie pone en duda que a este astro muerto todavía le quedan por delante varios miles de millones de años.
Como quiera que sea, los anglosajones logran obtener la elección de Maurice Strong como presidente de la Federación Mundial de Asociaciones de las Naciones Unidas (WFUNA, siglas en ingles). Esta posición le permite hacer campaña para que la ONU organice una nueva cumbre de la Tierra. Una vez tomada la decisión, Strong no encuentra la menor dificultad, dado el papel que ya había desempeñado en Estocolmo y su paso por el PNUMA, para obtener el cargo de secretario general de la futura conferencia.
Para la preparación de la cumbre de Río, Strong se busca en primer lugar un consejero especial, su amigo Jim MacNeill, quien había sido director de Medio Ambiente en la OCDE y, posteriormente, redactor del informe Brundtland. Al igual que Strong, MacNeill es miembro de la Comisión Trilateral, creada por David Rockefeller con Zbignew Brzezinski.
En ese marco MacNeill redacta el informe preparatorio de la conferencia, titulado Beyond Interdependence (Más allá de la interdependencia) [9], mientras que Strong redacta el prefacio. La idea principal que se desprende del informe de la Rockefeller Foundation, previo a la conferencia de Estocolmo, y del informe de la comisión de la ONU posterior a la conferencia de Nairobi así como del de la Comisión Trilateral, antes de la conferencia de Río, es que los intereses económicos y las preocupaciones sobre el medio ambiente no deben oponerse entre sí acusando a las transnacionales de contaminar indiscriminadamente. Por el contrario. Industriales y ambientalistas deben unirse. La ecología puede ser un negocio lucrativo. Lo que falta es hacerle tragar eso a la opinión pública.
Maurice Strong complace a las asociaciones ecologistas invitándolas a presentar sus sugerencias para la cumbre y tratándolas con todo de atenciones. Al mismo tiempo reserva un espacio estratégico a las transnacionales, nombrando al multimillonario suizo Stephan Schmidheiny como consejero principal para la preparación de la cumbre.
Schmidheiny reúne en el seno del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) a las principales transnacionales, temerosas de que la cumbre pueda dar lugar a un cuestionamiento de sus prácticas. Les propone la realización de acciones de cabildeo para evitar la adopción de cualquier reglamentación internacional que entorpezca sus actividades y para promover la globalización económica bajo la fachada de la acción ecológica.
Mundialmente celebrado como filántropo de la ecología, Schmidheiny amasó su fortuna a través de la empresa de materiales de construcción Eternit. Como consecuencia de una investigación ordenada por Rafaelle Guariniello, fiscal general de Turín, en Italia, Schmidheiny debe comparecer ante los tribunales en 2010. Se le acusa de ser el mayor contaminador del mundo con amianto.
A pesar de tener total conocimiento de causa, Schmidheiny contaminó o permitió la contaminación de la ciudad de Casale donde se encontraban las fábricas de su empresa, provocando la muerte de 2 900 personas mientras que otras 3 000 quedaban afectadas.
Mientras Maurice Strong y sus amigos preparan la conferencia, numerosos científicos expresan su descontento ante el rumbo que están tomando las cosas. El periodista francés Michel Salomon reúne 3 000 universitarios y laureados del Premio Nóbel alrededor del Llamado de Heidelberg. Haciendo alusión a los santuarios del Baca Ranch y las teorías de Gea, denuncian «el surgimiento de una ideología irracional que se opone al progreso científico e industrial y perjudica el desarrollo económico y social».
Observando la movilización del WBCSD, reafirman «la necesidad absoluta de ayudar a los países pobres a alcanzar un nivel de desarrollo sostenible y en armonía con el del resto del planeta, de protegerlos de lo perjudicial proveniente de naciones desarrolladas y de evitar encerrarlos en una red de obligaciones irrealistas que comprometen a la vez su independencia y su dignidad».
Finalmente, concluyen que «los peores males que amenazan nuestro planeta son la ignorancia y la opresión, no la ciencia, la tecnología y la industria cuyos instrumentos, en la medida en que se utilicen adecuadamente, son herramientas indispensables que permitirán a la humanidad acabar, por sí misma y para sí misma, con males como el hambre y la sobrepoblación».
Strong y Schmidheiny reclutan entonces la firma de relaciones públicas Burson-Marsteller. La especialidad de su presidente, Harold Burson, consiste en identificar los sectores de población que pueden ser utilizados a favor de una causa, organizarlos en asociaciones y utilizarlas después para que defiendan, sin saberlo, los intereses de los clientes de la firma.
Entre otros ejemplos, Burson había creado en el pasado asociaciones de enfermos para facilitar el acceso a los medicamentos que fabricaban sus clientes, en vez de militar por el acceso a los medicamentos más eficaces.
También formó asociaciones de fumadores para luchar contra las leyes antitabaquismo, en vez de luchar por la fabricación de cigarrillos que no fuesen tóxicos. Burson transformará entonces la cumbre de Río en una gigantesca feria asociativa, dando así una apariencia de legitimidad popular a decisiones ya tomadas de antemano, en secreto y al más alto nivel, por un sindicato de transnacionales [10].
Esta técnica de manipulación se ha hecho clásica. Y ha sido reproducida desde entonces en múltiples conferencias internacionales.
172 delegaciones, de las que forman parte un centenar de jefes de Estado y de gobierno, participan en la cumbre de Río, del 3 al 14 de junio de 1992. En medio de una atmósfera festiva, el encuentro sirve de marco a la adopción de numerosos documentos. La Declaración de Río [11] establece 27 principios, como el principio de precaución: «la ausencia de certeza científica absoluta no debe servir de pretexto para posponer la adopción de medidas efectivas tendientes a prevenir la deterioración del medio ambiente» [12].
Esta Declaración es fruto de una verdadera negociación entre Estados. El documento reconoce el derecho de las generaciones futuras al desarrollo sostenible, lo cual implica no sólo que el crecimiento económico no debe concretarse a costa del medio ambiente sino que tampoco debe perpetuar las desigualdades entre el Norte y el Sur. En materia de derecho internacional, el medio ambiente se convierte en una cuestión de justicia social.
Para la aplicación de esos principios, los Estados miembros deben atenerse a otro documento: Action 21 [13]. Es un detallado programa que explica la relación entre desarrollo y medio ambiente, enumera los principales problemas ambientales, precisa los grupos e instituciones que deben ser movilizados y refiere gran cantidad de buenas intenciones. Pero en este segundo documento se elimina toda referencia a situaciones de conflicto. Estados Unidos e Israel logran que se elimine toda mención de los derechos de los «pueblos sometidos a la opresión, la dominación y la ocupación».
Lo más importante es que la guerra ya no aparece como el principal factor de los ataques al desarrollo y al medio ambiente. Es el triunfo de Maurice Strong y de la ecología edulcorada. Las transnacionales pueden seguir saqueando el planeta, con tal de que no contaminen en los países desarrollados.
El Pentágono, que acaba de desatar su primera agresión militar contra Irak, puede seguir destruyendo sin preocuparse porque la destrucción de la guerra no cuenta.
(Continuación en la tercera parte titulada: «1997-2010: Le ecología financiera»)
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
Fuente Odnako (Russia)
[1] Título en francés: Notre avenir à tous. Título en inglés: Our Common Future. Título en español: Nuestro Futuro Común.
[2] Greenhouse Effect and Global Climate Change, audiencia de James Hansen ante la Comisión senatorial de Energía y Recursos Naturales, 23 de junio de 1988.
[3] «Our Changing Atmosphere: Implications for Global Security».
[4] Déclaration économique, G7, Toronto, §33.
[5] Speech to the Royal Society, por Margaret Thatcher, 27 de septiembre de 1988.
[6] Speech to United Nations General Assembly (Global Environment) por Margaret Thatcher, 8 de noviembre de 1989.
[7] Speech opening Hadley Centre for Climate Prediction and Research, por Margaret Thatcher, 25 de mayo de 1990.
[8] Speech at 2nd World Climate Conference, por Margaret Thatcher, 6 de noviembre de 1990.
[9] Beyond Interdependence: The Meshing of the World’s Economy and the Earth’s Ecology, por Jim MacNeill, Pieter Winsemius y Taizo Yakushiji, Oxford Paperbacks, febrero de 1992.
[10] «Burson-Marsteller, Pax trilateral and the Bruntland Gang versus the Environment» por Joyce Nelson, y «Poisoning the Grassroots» por John Dillon, Covert Action quaterly, primavera de 1993.
[11] Texto íntegro de la Declaración de Río.
[12] El principio de precaución, como aparece formulado en la Declaración de Río o en la Carta francesa sobre el medio ambiente, tiene como objetivo ampliar la base jurídica de la acción política a favor del medio ambiente ante las evaluaciones científicas que presentan las transnacionales. Posteriormente ha sido a menudo tergiversado para justificar una forma de pasividad política en todos los sectores.
[13] Texto íntegro de Action 21.