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lunes, 31 de mayo de 2010

Uribe se va pero el fascismo a lo colombiano se queda

lunes 31 de mayo de 2010
Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

La frase de Jorge Eliecer Gaitán, no puede ser más lapidaria: “En este país –dijo en 1928- el gobierno tiene para los colombianos, la metralla homicida; y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano”.

82 años después (2010) no solo que el gobierno de turno (cada uno más fascista que el otro) ha seguido ametrallando a los pobres colombianos sino que ha ensayado “técnicas genocidas” viejas y nuevas (los falsos positivos, las fosas comunes, los hornos crematorios) y han entregado su país (7 bases militares) al “oro americano”

Lo más grave, de los nueve candidatos presidenciales, cinco se declararon abiertamente partidarios de seguir la misma senda trazada en los últimos ocho años por el para presidente Álvaro Uribe Vélez; y solo uno con posibilidades ciertas (Antanas Mokus) no es que esté totalmente en contra de esta política fascista sino que promete someterse a la ley; la ley nacional y la ley internacional.

La derecha fascista no perdona

Es decir, si no gana Mokus, la premonición de Gaitán seguirá aplicándose pero no solamente dentro de Colombia sino en otros países, como ya lo ensayó el dueto Uribe-Santos, con Ecuador, y ha tratado de hacerlo con Venezuela.

El problema de geopolítica regional es que, por el momento, son mayoría en Latinoamérica y El Caribe los países con tendencia hacia el cambio, hacia el rescate de la soberanía y la dignidad nacionales. Pero, quién sabe si la tendencia pueda consolidarse y seguir adelante. Por lo menos, la derecha tradicional ya se ha establecido (o ha logrado un continuismo) en Honduras, en Panamá, en Chile, en Costa Rica, en Guatemala, Perú, México. Están en duda (mejor dicho, a medias) en Argentina, Paraguay, Brasil. Ya no tienen la menor duda de a adónde van, Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y también el Ecuador, a pesar de que los pachakutecs ecuatorianos, otrora en posiciones de izquierda, “han descubierto” que Correa es neoliberal, ya que no hace lo que ellos quieren que debe hacer.

Es casi un axioma político ineludible que, tras la izquierda viene la derecha; pero no esa derecha candorosa, pacífica, que todavía cree sinceramente en Dios y en Cristo; sino esa derecha cavernaria, esa derecha troglodita que piensa que si desaparece a todo anticristiano o que suene a ello, están sirviendo a Dios, a la Iglesia y, desde luego, a sus bolsillos, que han dejado de llenarse durante un tiempo. Y eso no lo pueden seguir permitiendo.

La tragedia colombiana

“En Colombia existe una política de exterminio de la oposición; una banda de criminales organizada desde el Estado para asesinar” ¿Quién dice esto?: Sandra Piedad Córdova, esa senadora que se las ha jugado sin miedo porque en Colombia se den por lo menos algunos rasgos de humanismo y que ha logrado salvar a varios rehenes de las FARC, especialmente el último, el célebre sargento Moncayo, a quien la gran prensa sipiana, no solo de Colombia sino del Continente, de pronto “lo olvidó” a pesar de que hasta hace muy poco, fue figura principal de la prensa de espectáculo. ¿Será porque cometió el desliz, tan pronto como fue liberado, de insinuar que había que conversar con las FARC, porque “las FARC están ahí” y esa expresión estaba fuera de libreto?

Pero la senadora Córdova, que ha demostrado ser “muy macha” (muy berraca como dicen los colombianos) como diríamos en Ecuador y ha desafiado las iras imperiales del moderno fascismo y hasta ahora ha salvado su vida, no habla ni acusa en retórica barata, como los nuestros: recuerda a cada rato que en Colombia hay nada menos y nada más que 18 millones de pobres; y que de estos, por lo menos 7 millones no comen todos los días

Recuerda también que Colombia registra uno de los más altos índices de desplazados (internos y externos) por la violencia: más de cuatro millones (solo en Ecuador, se han refugiado, en los últimos años, más de 100.000) En esta lista, no hay que olvidar que más de 5.000 fueron asesinados por sicarios al servicio de la clase dominante; y de estos, más de 4.000 pertenecían a la izquierda.

Constan, aparte de este espantoso recuento, más de 1.700 jóvenes desempleados que fueron asesinados por soldados de carne y hueso en descampados de Colombia; fueron vestidos de “terroristas” (guerrilleros) y presentados como “muertos en combate”. Por esta práctica, que supera cualquier ficción literaria, los asesinos cobraban premios en dinero, en medallas, en canonjías. Y ninguno ha sido sentenciado, a pesar de que fueron identificados por un auditor de las Naciones Unidas, en sus repartos militares.

Los por qués de un por qué

Ahora, ¿por qué Colombia no puede salirse de semejante conjura? Las explicaciones son varias. Recogemos algunas:

- El miedo; el miedo que ha logrado imponer la clase dominante colombiana en más de medio siglo de violencia bestial (no olvidemos que, por los años 60-70 se denunció que soldados de la extrema derecha jugaban fútbol con las cabezas de liberales oposicionistas)

- Ese miedo que impera en poblaciones rurales, a donde llegaban los paramilitares con armamento ligero y muy eficaz, sacaban de una reunión social o de sus casas, a hombres y mujeres, lista en mano, les enfilaban en la plaza principal y los fusilaban sin más. Después, obligaban a los sobrevivientes (ancianos, mujeres, niños) a huir antes de que les pase lo mismo, para luego adueñarse de sus tierras.

- O el miedo impuesto por el sicariato. Un político de oposición, un dirigente sindical, un sospechoso de “castro comunismo” era sorprendido por un criminal en cualquier sitio o lugar y ejecutado ipso facto. El criminal (generalmente un joven desempleado) huía del escenario como que se iba de compras. Muy pocos fueron identificados y casi ninguno llegó a recibir la sentencia que se merecía. Peor, los que encargaban “el trabajito”

- O el miedo a que su majestad Álvaro o cualquiera de sus lugar tenientes los “anatematice” en público y les obligue a salir de Colombia precipitamente, para salvar por lo menos la vida. Muchos periodistas colombianos viven en el exilio forzado pero por ellos ni la SIP, o el Grupo de Diarios de América, Fundamedios o Participación Ciudadana, dijeron jamás esta boca es mía. Bastaba que el “gran demócrata” les dijera públicamente que eran “terroristas de corbata” para que tuvieran que poner los pies en polvorosa o atenerse a las consecuencias: el asesinato en la vía publica.

- ¿Otros miedos? los otros sicarios, que recurrían a los hornos crematorios o a las fosas comunes; una sola (del Llano) con más de 2.000 restos de seres humanos que fueron asesinados. Acaso se puede pedir a toda una población que denuncie, que increpe a sus verdugos. Que tenga valor.

En lo de los sicarios, me temo que esta atroz práctica se está empleando en Ecuador. No de otra manera pueden explicarse esos asesinatos ocurridos en Guayaquil, Quito, Esmeraldas, Manabí, que tienen la misma “técnica” que los sicariatos colombianos.

Otro factor -volviendo a lo de Colombia- ha sido y sigue siendo, el absoluto control mediático que las fuerzas represivas y sus empresarios tienen sobre los medios de comunicación más importantes, especialmente prensa escrita y televisión . Desde hace rato, en esos medios solo se publica lo que le conviene a la “seguridad democrática”. Es decir, el pueblo colombiano (no todo) ignora los crímenes del uribismo y sus antecesores. Y como que creen que “si no dicen nada” no les pasará nada. Tremendo error que le ha costado a millones de personas sus vidas, sufrimientos sin fin. Solo hay que revisar la historia de Alemania, de España, de Italia.

Para el Ecuador, las elecciones colombianas tienen alto significado. Juan Manuel Santos, a quien pintan como favorito pero seguido muy de cerca por Antanas Mokus, no tuvo empacho en declarar, en un panel de principios de campaña, que “había tenido el honor de ordenar el bombardeo del terrorista Reyes en territorio ecuatoriano” y que volvería a hacerlo si fuera necesario y de acuerdo con el “derecho a la defensa anticipada” una de las genialidades del imbécil de Bush hijo. Bueno, después se supo que fue la Condolessa esa, la que se ideó estas y otras frases para tratar de justificar lo injustificable (la invasión de Irak, por ejemplo)

Desde luego, Rafael Correa reaccionó como debía reaccionar y por lo menos logró que el candidato fascista trate de dorar la píldora y de endosarle el problema “al Estado colombiano” Pero, una corresponsal en España de la agencia franquista EFE se aprovechó para tratar de poner en boca de Correa que había dicho que la posible elección de Juan Manuel Santos, como presidente de Colombia, “sería un problema para Ecuador” cuando en verdad lo que le preguntó fue que si no era un problema que un juez ecuatoriano había sindicado y ordenado la prisión de Santos por ser el autor confeso y directo de la masacre de Angostura (26 personas y tres heridas) a lo cual Correa respondió “que si, que ese podía ser un problema” ya que él como Presidente de Ecuador no puede, por si y ante si, ordenarle al juez que deje sin efecto esa disposición judicial.

¿Podremos los ecuatorianos sentirnos seguros si llega a la Presidencia Juan Manuel Santos y su equipo depredador? ¿Podrá sentirse seguro Rafael Correa y su equipo de gobierno y su Alianza País y su revolución ciudadana, si la mayoría de colombianos designa presidente a este genocida confeso?

Serán cuatro años de lo mismo o peor ya que de la hermana Colombia llegan informaciones que don Álvaro Uribe Vélez está aprovechando al máximo los días que le quedan como presidente para visitar pueblos y aldeas a los que nunca fue y reafirmar su decisión de que “cualquier gobierno que venga” debe profundizar su “seguridad democrática” (un práctico autoritarismo de la peor especie) ya que ello garantizará que finalmente sean derrotados los “terroristas” de las FARC a quienes su gobierno ha asestado “duros golpes”

“Los mal pensados de siempre” (que en Colombia todavía quedan) ven en esta actitud un anticipo de que Uribe y su combo se disponen a regresar después de un período de 4 años ya que no le fue permitida su segunda reelección. Para ello, necesita de urgencia en el Palacio de Gobierno, alguien que le cuide las espaldas y que no vaya a tranzar (ni de broma) con los “terroristas”. Ya que con los narcotraficantes –al parecer y según reiteradas denuncias- tiene muy buenos puentes al extremo que en estos ocho años de uribismo, la producción de hoja de cosa y otros elementos se ha más que duplicado.

Quizá entonces (para el 2014) ya las bases militares norteamericanas se hayan establecido a plenitud en toda Colombia, hayan por lo menos “provocado” militarmente a la vecina Venezuela (o hayan logrado matar a Chávez) y desplazar “para siempre” las veleidades de esos gobiernos “díscolos” que tanto dolor de cabeza les están dando al Imperio y a sus aliados locales.

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miércoles, 7 de octubre de 2009

Ecuador: La derecha golpista conspira tras una “izquierda” oportunista


6 de octubre de 2009
Alberto Maldonado
(especial para ARGENPRESS.info)

Que la derecha ultrista quisiera derrocar a Rafael Correa Delgado, no es novedad alguna en Ecuador. Es más, esa ultraderecha, que en Ecuador se identifica con el apelativo de “pelucona” habría deseado que Correa jamás llegue a la Presidencia de la República con su Alianza País y su revolución ciudadana; es un “sueño de perros” que por suerte ya no podrá darse nunca.

Pero la derecha golpista jamás ha perdido la esperanza de un derrocamiento, un magnicidio o “alguna medida similar” ya que no puede tolerar que siga en el gobierno alguien que promete revolución en paz, que llevó al país a una nueva y más avanzada Constitución, que enfrente a la gran prensa ecuatoriana en su propio terreno, que haya roto relaciones con el gobierno fascista de Álvaro Uribe, por el criminal ataque de Angostura, y muchas otras conquistas más.

Por ello, esa derecha cavernaria goza, en silencio, los problemas políticos que están minando al Gobierno de la revolución ciudadana, Desde la izquierda. Bueno, es probable que nos equivoquemos si decimos desde la izquierda; pero, a través de los años, los grupos que hoy enfrentan al Presidente Correa no solo que se han proclamado de izquierda revolucionaria sino que han actuado con esa orientación cuando se enfrentaron a gobiernos ciertamente reaccionarios y oligárquicos. ¿O fueron ensayos teatrales?

Para que se nos entienda, trataremos de resumir los aciertos y los equívocos que han ido marcando este proceso, a la inversa.

Comencemos por los jubilados.

¿Origen del problema? Las pensiones, ciertamente de hambre, que reconoce el Seguro Social Obligatorio (IESS) a sus afiliados. Por ello, desde distintos sectores, inclusive el privado, empleados y trabajadores lucharon por mejorar estas pensiones mediante jubilaciones patronales o complementarias. El sector privado evadió esta responsabilidad mediante muchos recursos legales o legalistas, hasta que prácticamente volvió anticuado este derecho.

Los sindicalistas públicos, en cambio, exageraron no solamente las jubilaciones sino que privilegiaron su propia “militancia sindical” hasta extremos ciertamente criticables (indemnizaciones millonarias, por despido o renuncia voluntaria, de suerte que los interesados se palanqueaban porque les despidan o les acepten la “renuncia voluntaria”) el derecho a ganar una remuneración sin trabajar, permisos para muchas “emergencias”, viáticos. Y más, mucho más (empleos hereditarios, por ejemplo) Pero lo que francamente irritó al Gobierno fue el descubrir que en no pocas entidades autónomas, había una suerte de jubilaciones de oro (sobre los tres mil dólares mensuales, cuando un trabajador no gana trabajando más de 250 dólares al mes) inclusive para funcionarios que, por edad y tiempo de servicio, no podían haberse jubilado. ¿Qué hicieron? Pues pagaron “por adelantado” tiempos de servicio y se “se allanaron” a tamaño “sacrificio”.

Podríamos asegurar que una gran mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas comprendíamos el problema y estábamos de acuerdo con el Gobierno Correa, respecto de poner coto a estas y otras linduras. Los jefes militares y policiales, que pasaban a retiro (jubilación reglamentaria) por ejemplo, gozaban de una jubilación indexada y, si reentraban al servicio civil público, seguían gozando de su retiro. El Presidente Correa, vía Asamblea Nacional, logró unas reformas legales a fin de regular este tipo de prebendas, que en décadas pasadas, cualquier jubilado o retirado, que volvía al servicio público o privado, automáticamente dejaba de percibir su pensión jubilar.

Es decir era razonable la preocupación gubernamental por este fenómeno; pero, no supo o no quiso explicar a la opinión pública, apropiadamente, la intención de su reforma. A esta falencia, habría que agregarse el que los textos de las reformas fueron elaboradas por mandos medios burocráticos del propio Estado (Ministerios de Economía, de Coordinación Económica, del Trabajo, de Inclusión Social, del propio IESS, etc.) y, desde luego, estaban llenos de trampas o leguleyadas que los asambleístas no supieron procesar debidamente.

Cito un caso concreto: el de los jubilados de las universidades y politécnicas del Estado. Mediante una ley que data de 1953 y vista la pobreza (con frecuencia la ridiculez) de las jubilaciones del Seguro Obligatorio, se crearon lo que se llaman las jubilaciones complementarias (o patronales) con cargo, desde luego, a los propios presupuestos autónomos. De esta manera, al servidor universitario se le garantizaba que, después de 30 o 40 años de servicio, reciba la jubilación del IESS y la complementaria, de suerte que a la vejez tenga una renta mensual que le permita vivir sin angustias. Ya que entre las dos no se hacía una jubilación privilegiada.

Pues bien, para no alargar la torpeza con que actuaron esos mandos medios ministeriales y presidenciales,, señalaré que, por este asunto, le “hicieron firmar” al Presidente cinco decretos ejecutivos, cual más cual menos, incongruentes, arbitrarios, inconstitucionales, para terminar aceptando que, por lo menos para los profesores universitarios, las jubilaciones complementarias eran jurídicamente legales. Pero, para la mayor parte de jubilados, que provenían del sector administrativo, pues, hasta la fecha no se les paga sino el 70% de sus pensiones; unas pensiones que no llegan, en promedio, a los 250 dólares mensuales. Mientras, se seguían pagando las jubilaciones doradas, en organismos como el Banco Central, la propia Contraloría General del Estado, la Superintendencia de Bancos, mediante el artificio de declarar que esas pensiones se pagaban con un “fondo privado” que llegaba a varios millones de dólares. Un fondo que, desde luego, había sido acumulado con dineros del Estado. Que se sepa, ni ha sido identificado ni despedido el equipo técnico que le llevó al Gobierno a esta situación antipopular.

El resultado político final fue que, gran parte de los jubilados del país, entre los cuales hubo gran simpatía por el Presidente Correa y su revolución ciudadana, dejó de serlo y se declaró en franca oposición. Y con ellos, muchas gentes dependientes o simpatizantes ya que decían que no podía ser un gobierno revolucionario aquel que trataba de afectar a uno de los sectores más sensibles e indefensos de la sociedad; los y las personas de la tercera edad.

La culpa de unos las pagan todos

En el caso del sindicalismo público, de igual manera, no se dieron explicaciones claras respecto de los privilegios existentes en los contratos colectivos firmados en administraciones pasadas y se procedió contra toda la burocracia, con auténticos palos de ciego. No se les reconoció a todos, elementales derechos ya adquiridos y tampoco se les reconoció opciones a fin de mejorar el servicio público.

¿Resultado?: gran parte de la burocracia ecuatoriana, de una actitud “correista” (por lo menos de simpatía personal) se pasó a una abierta posición “anticorreista” y llegó a calificar al líder de la “revolución ciudadana” como un “presidente neoliberal, que estaba atentando contra la clase obrera, para servir a los banqueros y pelucones”.

Sin ser ni estudiosos de temas socio políticos ni adivinos, estos primeras escarceos de un gobierno que por lo menos quiere introducir cambios y transformaciones en paz pero que está pagando el piso o la novatada, ha determinado que en estos sectores sociales empiece a revelarse una actitud “yoista”: yo estoy con este gobierno mientras no me toque “mis derechos”; pero si atenta contra ellos, pues “mi vocación” será la de un enemigo mortal e irreconciliable. Y si a esta hoguera se añade el carbón de los incompetentes, de esos mandos medios que todo lo confunden, de buena o de mala fe, pues rápidamente un gobierno que recién empieza un nuevo período constitucional, para el que fue elegido por mayoría de votos en la primera vuelta, comienza su deterioro; ese deterioro que tanto añora la derecha pelucona que, por el momento, ha sido reducida a casi nada. Pero que está atenta a toda posibilidad de recuperación, no importa si tiene que hacerlo sobre la base de sectores de los que antes despotricó. Ellos empiezan a tener voz y voto en los grandes medios de comunicación, que para eso están.

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