Bernardo Veksler (especial para ARGENPRESS.info)
“Los testigos declararon, hasta donde recuerda el doctor Castelli, que el doctor Castelli rechazó, en La Paz, un caballo con arneses de oro y otros obsequios de valor, y en Potosí veinte mil pesos, a cambio de la libertad de Indalecio González de Sosaca, un vecino expectable. El doctor Castelli, declararon los testigos, salió tan pobre como entró al ejército del Alto Perú. O más.
Lo dicho: no tengo un centavo en mis bolsillos, en los bancos, y donde se le ocurra a nadie que pueda guardar un centavo. De los gastos que mi enfermedad aún ocasiona, se encarga –no por patriotismo– el doctor Cufré. De los otros, los de casa, no son un misterio, todavía, que se preste al rumor malévolo: corren por cuenta de la paciencia de los acreedores, y de las pocas joyas de María Rosa, que María Rosa empeñó.
Aclarado que no soy dueño de moneda alguna –sea de cobre, plata u oro–, ni de objetos de valor, cotizables en mercado alguno, ni de tierras…”
Andrés Rivera (La Revolución es un sueño eterno).
Los aniversarios suelen ser un buen momento para efectuar evaluaciones, balances y sacar conclusiones. También para efectuar comparaciones sobre las conductas de los que estuvieron y están en el escenario del poder. Doscientos años de vida independiente constituye un lapso de tiempo adecuado como para hacer una mirada retrospectiva. Ese saludable intento nos llevará inevitablemente a proyectar utopías colectivas y a buscar que los sueños se conviertan en el motor que haga vencer todos los obstáculos que se erijan en el camino del progreso.
¿Qué sucedía en las mentes y en las almas de los protagonistas de esos agitados tiempos? ¿Cómo afrontaban los pasos por venir y las acechanzas que su audaz decisión había desencadenado?
En ese entonces, los criollos estaban cargados de incertidumbres y temores por el futuro. La gran ventaja que tuvieron con respecto a sus colegas de rebeldías de otros sitios de América, fue que enfrentaron a dos invasiones inglesas y las derrotaron sin el menor apoyo español. Ese hecho fue providencial y cualitativo, dado que posibilitó el surgimiento de una resistencia popular, la conformación de milicias y, con ello, la convergencia entre la conciencia y la fuerza necesaria para sostener su empresa con éxito.
Hubo intentos similares al de Buenos Aires en México, Santiago de Chile y Caracas, entre otros, pero al poco tiempo todos defeccionaron. ¿Puede imaginarse alguna situación de mayor aislamiento y debilidad? Pero los hombres de Mayo no se quedaron en declaraciones en salones elegantes, discursos de círculos o acciones diplomáticas. Fueron días de actos heroicos, los que participaron alcanzaron la comprensión de que serían pasos trascendentes y que exigirían inmensos sacrificios.
A pesar de acosos, temores e incertidumbres, su conclusión fue que no debían moderarse por ello. Esos hombres y esas mujeres ya no podían detenerse, su voluntad y sus iniciativas los introducía en una vorágine de una sola mano y una dinámica de enfrentar los enormes obstáculos que se erigían en su camino. Eran seres prudentes que iniciaron una aventura donde la alternativa era la victoria o la muerte y dieron sucesivos pasos al frente.
Eran civiles que debieron tomar las armas y aprender elementales conocimientos de la guerra, de la organización y de la estrategia bélica. Debieron abordar tácticas diplomáticas e incursionar en la delicada telaraña de las relaciones internacionales. Tuvieron que administrar con especial cuidado los escasos recursos de la hacienda pública. Para que su iniciativa no fracase debieron trasmitir a todo el pueblo lo que estaba en juego, contagiarlo del fervor revolucionario para que adhieran a la causa emancipadora y lograr que se sumen a las milicias criollas y al proyecto de la patria naciente.
En ese camino, se asociaron con sus colegas latinoamericanos, que en distintas regiones del continente estaban emprendiendo la misma lucha y la misma causa de liberación del cepo virreinal español. Para lograr el triunfo fueron adquiriendo una capacidad de abnegación ilimitada.
Así se convirtieron en grandes hombres, porque ante la alternativa de elegir entre sus ideales y sus intereses personales no dudaron. La meta a alcanzar era un futuro digno en común y eso estaba por encima de cualquier ofrenda personal.
Así lo demostró José Gervasio de Artigas, quien, a manera de una incipiente reforma agraria, repartió sus grandes propiedades rurales para conquistar y sumar a la peonada a la lucha emancipadora.
Simón Bolívar hizo lo propio, como heredero de una compañía esclavista, no dudó en liberar a los hombres y mujeres africanos sometidos a ese régimen de explotación, para sumarlos a la causa y cumplir los compromisos asumidos con los líderes de la revolución negra haitiana.
Juan José Castelli, el “orador de la revolución” no se permitió incurrir en dobles discursos, liberó a los indígenas de la esclavitud de las encomiendas y proclamó en el templo indígena de Tiahuanaco su emancipación y completa igualdad.
José de San Martín no se engolosinó con la suma del poder, a pesar de haber liberado a tres países y tener bajo su mando a un ejército glorioso y dominante en la región.
Manuel Belgrano apostó al proyecto que había concebido para la sociedad, donó su sueldo para construir y mantener escuelas, porque le dio una importancia mayúscula a la educación para el desarrollo del país.
Todos ellos, terminaron sus días en la austeridad del ostracismo o en la más absoluta miseria. Lo sabían, pero no se detuvieron a especular sobre su suerte personal y pusieron todo de sí para alcanzar el objetivo común.
Así se dio un paso decisivo para romper el dominio colonial. Trece años después, un ejército integrado por peruanos, bolivianos, uruguayos, chilenos, venezolanos, colombianos, ecuatorianos y argentinos derrotaba definitivamente en Ayacucho a los españoles, logrando la emancipación de Sudamérica, gestando la ilusión de construir una unidad que muchos intereses no toleraron.
En un presente cargado de mezquindades, privilegios y prebendas, de negociados y enriquecimientos sospechosos, de obsesión por el poder y personalismos, hay un formidable mensaje que envían esos hombres que emanciparon a Latinoamérica en el punto de inicio de esta historia bicentenaria. Ellos se despojaron absolutamente de los bienes materiales y aportaron con la generosidad de los heroicos militantes sociales que los sucedieron desde las estepas patagónicas o en los quebrachales, los que resistieron golpes y ajustes antipopulares, los que enfrentaron burocracias y represiones, los que no toleraron la explotación y se solidarizaron con las víctimas para construir desde el dolor un sueño de progreso.
Con las paradojas que quedan en evidencia en el contraste entre las dos puntas del segmento bicentenario, las esperanzas de conquistar una sociedad superadora están depositadas en esos modelos de hombres, en que esas conductas comiencen a ser irradiadas entre nuestros semejantes y que sean la inspiración de las nuevas epopeyas que el pueblo latinoamericano necesita consumar.
sábado, 22 de mayo de 2010
Los hombres del poder en los extremos del segmento bicentenario
jueves, 25 de febrero de 2010
33 países de América Latina y el Caribe aprueban crear un bloque regional
Avance histórico para una organización "puramente latinoamericana que integre a las naciones independientes de la zona", consideró el presidente cubano Raúl Castro. Los estatutos serán definidos en Caracas 2011.
Los 33 presidentes y representantes de gobierno de América Latina y el Caribe, reunidos en Cancún, aprobaron este martes crear un nuevo bloque regional, sin Estados Unidos, cuyos estatutos serán definidos en Caracas en 2011, declaró el presidente de México, Felipe Calderón.
Agregó que el nuevo mecanismo adoptará el patrimonio del Grupo de Río, es decir, establecerá como principios el respeto a la democracia, las riquezas naturales, la sostenibilidad y la soberanía de todos los países, entre otros.
El nuevo grupo "deberá prioritariamente impulsar la integración regional con miras a la promoción de nuestro desarrollo sostenible, impulsar la agenda regional en foros globales, y tener un mejor posicionamiento ante acontecimientos relevantes mundiales", dijo Calderón Hinojosa al leer parte de la declaración final.
En su momento, el presidente de Cuba, Raúl Castro, resaltó la "trascendencia histórica" de la decisión recién adoptada, al considerar que hay condiciones para "avanzar hacia la constitución de una organización regional puramente latinoamericana que integre y represente a las naciones independientes de la zona".
La mayoría de las regiones del mundo, señaló, tienen su propia organización, con indepenciencia de que pertenezcan a otras organizaciones. "No hay razón para que América Latina no cuente con su propia entidad de concertación política, de coordinacion económica, de cooperación e integración. No tiene sentido dilatar ese proceso".
fuente:rebelion
sábado, 13 de febrero de 2010
Uruguay (y Argentina) en la estrategia imperial
13-02-2010
Raúl Zibechi
La Jornada
En América Latina, como en todas partes, la estrategia imperial no ha sido trazada de una vez para siempre, cuestión que sería imposible por los permanentes cambios en la relación de fuerzas que se produce en cada área y país de la región. Tampoco hay un "centro" imperial, en el sentido de un reducido espacio donde un grupo también reducido de personas diseña objetivos y tácticas para alcanzarlos.
En la medida que el imperio está conformado por dos lógicas diferentes, pero convergentes (territoriales y capitalistas, control territorial y flujos de capital), resulta imposible cualquier planificación férrea y centralizada. De modo que vamos comprendiendo las estrategias del imperio a medida que se van desplegando.
En estos días se está escenificando en Uruguay, dos semanas antes de la asunción del gobierno de José Mujica, uno de los asertos de David Harvey en su libro Espacios del capital: "El Estado-nación está en la actualidad más dedicado que nunca a crear un clima de negocios benigno para la inversión, lo cual implica justamente controlar y reprimir resueltamente a los movimientos obreros empleando métodos nuevos" (Akal, 2007, p. 26). El miércoles 10 Mujica almorzó en un lujoso hotel de Punta del Este con mil 500 empresarios, sobre todo argentinos, pero también brasileños, estadunidenses y europeos.
Lo más destacado fue, precisamente, el clima. Los grandes empresarios argentinos, que habitualmente la emprenden contra el gobierno de Cristina Kirchner, se deshicieron. Gustavo Grobocopatel, dueño de uno de los mayores pools de siembra de soya, dijo tener "expectativas muy positivas con relación a Mujica". Juan Carlos López Mena, uno de los hombres más poderosos del Río de la Plata y presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Uruguaya, dijo estar "incondicionalmente al servicio del gobierno" y aseguró que "Uruguay se está transformando en el país casi ideal" para los empresarios. "Da envidia", dijo el presidente de la Unión Industrial Argentina.
Así las cosas, las preguntas se agolpan. ¿Son tan diferentes las políticas de los gobiernos de Argentina y Uruguay? Sin duda no lo son. ¿Por qué, entonces, es tan diferente el "clima de negocios"? Vale destacar que alguna de las principales procesadoras de celulosa del mundo, Stora Enso, Arauco y Botnia, eligieron Uruguay. Camino que siguen la empresa automovilística india Tata, que montará en Uruguay el Nano para toda la región, y otras importantes multinacionales. El gobierno uruguayo aprovecha este clima de inversiones, que ahora lo favorece, para darle un impulso al país.
Hasta fines de la década de 1990 la relación era la inversa. Para Washington las "relaciones carnales" con el gobierno de Carlos Menem eran decisivas, empeñado como estaba en avanzar en la acumulación por desposesión, por robo liso y llano, que un gobierno como aquel avalaba y lubricaba. Luego las cosas cambiaron y mientras Argentina era devastada por la especulación financiera en 2001, Uruguay era salvado en plena crisis a mediados de 2002 por un préstamo del FMI. ¿Qué cambió?
Mientras en los 90 la prioridad del imperio era el Consenso de Washington, con los años la prioridad pasó a ser la contención de Brasil cuando se acelera la decadencia estadunidense. En esa estrategia, algunos países sudamericanos se han convertido en piezas clave, ya sea por su capacidad de generar inestabilidad (conflictos Colombia-Venezuela y Colombia-Ecuador), para instalar bases militares formando un cerco sobre Brasil (Colombia, Perú y Paraguay) o para instalar una cuña entre los dos principales aliados estratégicos. Ese papel de "Estado tapón" entre Argentina y Brasil fue diseñado hace casi dos siglos por la diplomacia británica cuando parió al Estado uruguayo.
Veamos cómo opera la diplomacia estadunidense. A mediados de diciembre visitó el cono sur Arturo Valenzuela, subsecretario para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado. En Brasil fue recibido por un funcionario de segundo rango, Marco Aurelio García, siendo desairado por el canciller Celso Amorim y por el propio Lula. En Argentina montó un circo al reunirse con la oposición y los empresarios y asumir sus críticas al gobierno, al que se empeñó en hostigar. En Uruguay el tono fue totalmente diferente. Dijo que Obama ve "con muy buenos ojos" el camino transitado por Uruguay desde el punto de vista económico y comercial y destacó la "diferenciación que tuvo del discurso antimperialista que edificaron algunos presidentes de la región".
La diplomacia imperial construye un país sospechoso dirigido por personas poco confiables (Argentina), otro con el que se mantienen excelentes relaciones (Uruguay) y un tercero (Brasil) al que se considera una amenaza. Washington parece estar diseñando para enfrentar a Brasil una estrategia similar a la que usa contra China: rodearla de conflictos.
Samuel Pinheiro Guimaraes, ministro de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de Brasil, elegido "intelectual del año" en 2006 por la unión de escritores, estableció en su libro Desafíos brasileños en la era de los gigantes (que deberíamos leer todos los latinoamericanos) que para la construcción de la unión política regional, que le permita eludir la hegemonía de Washington, es "esencial" la alianza Brasil-Argentina. Eso permitiría enfrentar los tres desafíos decisivos: resistir la absorción económica por Estados Unidos, enfrentar la intervención militar en Colombia y la Amazonia y recuperar el control sobre nuestras economías.
Un "clima de negocios" no es un dato de la realidad, es una construcción política que sirve a ciertos intereses. Tiene algún contacto con la realidad. Como señala Harvey, está íntimamente ligado al grado de sometimiento de los trabajadores: Argentina es, desde comienzos del siglo XX, uno de los países del mundo donde mayor es la insurgencia obrera. Uruguay es lo contrario, al punto que, como dijo Mujica, un presidente puede caminar tranquilo por la calle. Los planes imperiales pueden ser doblegados. El primer paso para lograrlo es comprender su estrategia.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/02/12/index.php?section=opinion&article=021a1pol
lunes, 25 de enero de 2010
La historia que nos quieren robar
Francisco Morazán
Del V Centenario al Bicentenario Iberoamericano
25-01-2010
Felipe de J. Pérez Cruz
La Jiribilla
En América Latina y el Caribe, somos tanto más que iberoamericanos, latinoafricanos, indoamericanos, hijos de mezclas maravillosas de hombres y mujeres venidos también de otras regiones europeas, del Asia y Oceanía, de los más recónditos y hermosos parajes de la Tierra, no pocos llegados a la región antes que el famoso Almirante Cristóbal Colón pisara la tierra caribeña.
Pero no cabe duda de que con España y sus pueblos tenemos una relación especial. Allí están los abuelos “blancos” de la caballería alucinante y heroica de Don Quijote, que nos ratifican su africanía de moros sensuales y peleadores, multiplicada en estas tierras con el aporte del indígena levantisco y el negro insumiso.
De la Europa ibérica no solo llegaron los genocidas que masacraron y robaron a los pueblos originarios, y la plaga de comerciantes, jerarcas eclesiásticos, funcionarios y burócratas ladrones que se enriquecieron con las relaciones colonialistas de explotación, también arribaron sujetos portadores de todo lo progresivo y laborioso que latía en los pueblos del Viejo Continente: intelectuales, maestros y artistas, hombres y mujeres de bien —no pocos sacerdotes y religiosas que dieron su aporte de entrega humanista y sabiduría—, campesinos y artesanos humildes, que hicieron de estas tierras su nuevo hogar, y con ello las convirtieron en el escenario de sus amores, pasiones, resistencias y luchas.
En la relación profunda de la España culta, antifeudal, trabajadora y popular con el nuevo mundo, en el encuentro de los fundadores de familias y villas —de sus hijos y nietos— con las civilizaciones, culturas y naturaleza americanas, con los negros esclavos y demás migrantes, en la mezcla de las cosmovisiones, en la solución de problemas y retos comunes, y también en sus diferencias; creció el etnos que, aún en construcción, estallaría en vocación y necesidad de emancipación. Con esa raíz que se reconoce como Hispanoamérica o más genéricamente Iberoamérica, nos sentimos íntimamente vinculados. Esta historia, sin embargo, no es la primera vez que nos la quieren contar de otra manera, y la presentan esterilizada, con reacomodos inaceptables.
El 12 de octubre
Al conmemorarse el IV Centenario del llamado descubrimiento de América, un Real Decreto firmado en el monasterio de la Rábida el 12 de octubre de 1892 —bajo la regencia de doña María Cristina de Habsburgo—, expresó el claro propósito de la monarquía española de instituir como fiesta nacional, el aniversario del día en que las carabelas capitaneadas por Colón llegaron a las Antillas. En 1913, Faustino Rodríguez-San Pedro, presidente de la Unión iberoamericana, rescató el propósito de la regente María Cristina, y pensó en una celebración que uniese a los españoles de ambas regiones y a sus descendientes, eligiendo para ello el mencionado día de octubre. Su propuesta generalizada después por los gobiernos, fue la de celebrar el Día de la Raza[1] , y condujo a fijar en el calendario la llamada “Fiesta de la raza”, para exaltar a España, y “agradecer” al aventurero capitalista que “nos descubrió” en 1492.
El Día de la Raza nació como hijo natural del conservadurismo predominante en la Unión Iberoamericana. Se trataba de un concepto de “raza española”, que se anteponía a la que consideraban agresiva “raza anglosajona”, y era profundamente racista frente a las razas “negra”, “mestiza” e “indígena”. Contra este engendro reaccionario batió lanzas tempranamente el joven comunista Julio Antonio Mella: “Necesario es —afirmaba Mella en 1928— contrarrestar toda esta teoría que no tiene más fin que hacerse propaganda los interesados en vivir del resto del Imperio español… A España no le debemos. Ella es la que está en deuda con nosotros. Véase cualquier historia y se comprenderá…”[2].
La plataforma del hispanismo racista sobrevivió en América como parte de la propuesta hegemónica de los poderes oligárquicos. En vísperas de la celebración del V Centenario o Medio Milenio del “descubrimiento”, los intereses políticos y económicos del estado y las transnacionales hispanas volvieron a la carga. Por entonces el servilismo de algunos gobiernos del área, llegó al punto de acompañar a la “Madre Patria” en la propuesta a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de declarar 1992 como “Año Internacional del Descubrimiento de América”.
Los preparativos oficiales desataron discusiones y resistencias en la intelectualidad progresista, y sobre todo las protestas de los pueblos y movimientos indígenas. El plan del “Año del Descubrimiento”, fue refutado con la justa demanda de un “Año Internacional de los Pueblos Indígenas”. Las posiciones encontradas aconsejaron a los personeros de la ONU, que no fuera en ese momento ni lo uno ni lo otro, lo que significó de hecho la paralización del empeño colonialista. El álgido debate que se dio obligó, además, a los organizadores peninsulares y sus socios del continente, a cambiar la idea del "descubrimiento" de América, por el de "encuentro de dos mundos", al que se le sumó también el criterio del “encuentro de culturas”.
Una visión distinta
Bajo el manto aséptico” del “encuentro”, con los millones de pesetas y dólares que el Reino Español y Portugal, destinaron para dirigir y condicionar actos, publicaciones, premios, becas e investigaciones, lo que realmente fue un “encontronazo” de represiones, muerte y saqueos, de genocidio y etnocidio, terminó metamorfoseado, publicitado, y alabado como un hecho feliz y “civilizatorio”.
En aquellos días escribí: “Se puede aceptar que la llegada de los europeos a América técnicamente constituyó un progreso que contribuiría a forjar la universalidad del mundo moderno y propicio el encuentro de culturas diversas, (pero)…nada había que justificara la rudeza y la crueldad con que actuaron no solo los ejércitos de ocupación sino los gobernantes y dignatarios a quienes servían. De modo brutal las huestes de hombres sedientos de riquezas interrumpieron el desarrollo de los pueblos aborígenes y, a sangre y fuego, destruyeron sus sociedades y culturas forjadas a lo largo de miles de años.
Si tras la derrota del fascismo, los pueblos del mundo condenaron en Nuremberg los crímenes horrendos de ese engendro reaccionario, ¡qué gran condena pueden recibir los colonialistas que arrasaron América! La conquista de México costó la vida a más de diez millones de seres y la del pueblo inca, cerca de diecisiete millones; de los indígenas de América del Norte, solo quedaron aproximadamente nueve mil. El balance es brutal: de veinte a treinta millones de muertos!”[3].
Desafortunadamente insubordinaciones intelectuales como la del libro que cito, quedaron sepultadas por la avalancha de publicaciones y conmemoraciones iberoamericanas, agradables y festivas. Hay que reconocer que la nueva denominación del “encuentro” en lugar del insostenible concepto de “descubrimiento”, “más suave”, con un reconocimiento implícito a la existencia y protagonismo de “los descubiertos”, surtió efecto.
Pero más allá del debate intelectual, lo definitivo en las jornadas de 1992, fue el protagonismo de los pueblos originarios, en momentos en que los sectores sociales, las organizaciones y movimientos de izquierda, aún no se habían recuperado del doble trauma de la derrota del socialismo soviético y la agresiva avalancha ideológica y política del neoliberalismo, por entonces en plena euforia triunfalista.
El día 12 de octubre de 1992, en San Cristóbal de las Casas, cabecera municipal de la mexicana Chiapas, vestidos con taparrabos, pintados sus cuerpos con los colores beligerantes de cinco siglos de resistencia, y armados con arcos y flechas, unos diez mil indígenas “tomaron” la ciudad real y derribaron la estatua del conquistador Diego Mazariegos, símbolo de la opresión en la región. Aquella acción fue la primera aparición pública del movimiento que ya se forjaba. Por eso, dos años después, en su Primera Declaración de la Selva Lacandona, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional fundamentó su alzamiento, apelando a la resistencia indígena como señal de identidad: "Somos producto de 500 años de luchas"[4]. Era por demás, el estallido de un nuevo y propositivo nacionalismo indígena, que pronto se extendería por toda la región, y hoy se ha constituido en una de las más importantes fuerzas motrices de la Revolución continental, del nuevo curso del socialismo en el siglo XXI latinoamericano y caribeño.
El protagonismo de los pueblos originarios que por sí y para sí mismos, fue reclamado en el acto reivindicatorio de San Cristóbal de las Casas, cuestionó severamente la hegemonía del pensamiento oficial y fracturó su colosal barrera mediática. Implicó desde la praxis de rebeldía de los pueblos invadidos y masacrados, el surgimiento de una versión histórica con una visión distinta que comenzó a ser masivamente conocida.
En 12 de octubre de 1992 con la caída de la estatua del capitán español Mazariegos, se dio un golpe demoledor a la tradición conservadora del Día de la Raza. Desde entonces se reivindicó y ratificó ese día del décimo mes del año como Día de la Resistencia, Dignidad, Rebeldía y Lucha de los oprimidos y excluidos, de nuestros pueblos originarios, contra el colonialismo, que pervive enquistado en las actuales relaciones de explotación y exclusión capitalistas, que aflora en las mentalidades de los grupos de poder y en sus círculos intelectuales.
La nueva operación del Reino español
La referencia al V Centenario no es un asunto del pasado. La operación de propaganda y relaciones políticas internacionales que el Reino español logró orquestar en aquella ocasión, vuelve a organizarse. Asistimos hoy a una propuesta similar en la arrancada del ciclo de conmemoraciones que recuerdan con la independencia de Haití el 1ro. de enero de 1804, el Bicentenario del inicio de la primera ola independentista de América Latina y el Caribe en el siglo XIX.
A partir de 2008, España debía enfrentar la conmemoración de acontecimientos importantes de su historia nacional: los 200 años de la invasión de Napoleón a la península y por tanto la guerra de independencia contra Francia, que duró de 1808 a 1813; los 200 años de la sublevación y posterior pérdida de la mayoría de sus colonias en América, y los 200 años de la Constitución de Cádiz de 1812. Para asumir la política de acción sobre estas efemérides, a mediados de 2007 el Consejo de Ministros de España creó la Comisión Nacional para la Conmemoración de los Bicentenarios[5], encargada de proponer e implementar un amplio programa de actividades.
Desde el primer momento del lanzamiento de la española Comisión Nacional para la Conmemoración de los Bicentenarios, se pudo constatar el interés del Reino en insertarse y manipular las celebraciones latinoamericanas. Para los ideólogos y estrategas del estado español, los bicentenarios ibéricos eran “perfectamente congruentes” con el bicentenario de la independencia americana, y justifican una conmemoración única y colectiva. En tal amalgama la Revolución de los negros esclavos de Haití y en tanto el primer gran bicentenario, constituía a lo sumo un indeseado “accidente” histórico, y como tal fue excluido y silenciado. Así con el apoyo de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), se comenzó a fabricar una gran conmemoración conjunta, que contra toda realidad histórica, impuso una lógica reduccionista que partía de 2008 a 2013.
Tan descabellada operación —al decir de Luis Javier Caicedo [6]— ponía en un mismo nivel a vencedores y vencidos, y fue presentada como una loable ampliación geográfica y temporal de las efemérides, afirmando que rescataba una supuesta esencia común de los procesos, con un eje en la lucha contra el despotismo, el liberalismo y la inauguración del constitucionalismo. Tal plataforma, según sus promotores, debía fortalecer hacia el futuro la comunidad iberoamericana de naciones.
Para reafirmar el interés ibérico, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero proclamó: “su profunda convicción” de que la conmemoración en España de la libertad de los países latinoamericanos y sus democracias, los “momentos de gloria” y los “momentos duros” de la historia en común, representaban “un acto de humildad”. Pero lejos de la humildad pregonada, el presidente socialdemócrata fijó la posición ideológica y política de su propuesta: "España —afirmó Zapatero— quiere compartir con las naciones del otro lado del Atlántico la definitiva consolidación del constitucionalismo y la democracia, así como profundizar en la construcción progresiva de la comunidad iberoamericana, en todas sus vertientes de cooperación política, económica, social y cultural" . Era evidente que el tema de la independencia, de la liberación nacional del yugo colonialista no estaba en la agenda del país europeo.
En busca de sus objetivos, el estado español puso en acción todos sus mecanismos de presión diplomática, influencia política y persuasión económica. El ex presidente Felipe González, fue nombrado embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Reino para la Conmemoración. El gobierno puso en función de su operación bicentenaria a sus secretarías de gobierno, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), y al mecanismo de las Cumbres Iberoamericanas, la SEGIB, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, Ciencia y Cultura (OEI) —los instrumentos de política exterior que precisamente habían creado al calor del V Centenario—, así como otros mecanismos de las relaciones multilaterales y la cooperación internacional estatal, privada y no gubernamental.
El asalto del Bicentenario latinoamericano
La ofensiva de la diplomacia española no logró insertar la plataforma “común” de “los bicentenarios” en la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (Santiago de Chile, 10 de noviembre de 2007), pues la declaración afirmó en singular: “Impulsar, a partir del año 2009, la conmemoración de los bicentenarios de la Independencia de varias naciones iberoamericanas”. No obstante los gobiernos latinoamericanos concedieron la aberración histórica de “la conmemoración en el año 2008, del bicentenario de la llegada de la Corte portuguesa a Brasil”, torpemente argumentada como hecho que contribuía “a la proyección de la Comunidad Iberoamericana”[7] .
La voluntad de hacer una conmemoración solo latinoamericana quedó ratificada en el Programa de Acción de la misma XVII Cumbre: “Instruir a la SEGIB para que desarrolle, en coordinación con los países, la conmemoración del bicentenario y estudie la propuesta de crear una Comisión Regional del Bicentenario, de participación abierta y voluntaria, que enfatice los procesos de construcción de nuestros países y su proyección futura con vistas a identificar e instrumentar programas de cooperación conjunta o entre grupos de países[8].
En cumplimiento de la Declaración y Programa de la XVII Cumbre, siete países latinoamericanos que conmemoraban sus Bicentenarios entre 2009 y 2011 (ocho con la posterior incorporación de Colombia), fundaron el Grupo Bicentenario en diciembre de 2007 en Santiago, Chile[9]. La proyección colectiva de este Grupo, dejaba bastante que desear por su limitada visión histórico-política, pero en tanto espacio de concertación multilateral latinoamericana, creado con el objetivo de promover y organizar la conmemoración conjunta, se constituyó en un objetivo de la política española.
Como elemento de presión España, a través de la SEGIB, insistió en discutir la creación de la Comisión Regional tal como estaba en la letra de la XVII Cumbre. En la II Reunión del Grupo Bicentenario del pasado año (Sucre, 25 de mayo de 2008), los gobiernos latinoamericanos insistieron en que existiendo ya un “Grupo Bicentenario”, no quedaba claro el sentido de crear una Comisión Regional. A lo cual el delegado de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), Álvaro Durántez, argumentó ya de manera muy nítida el interés del Reino de romper el concepto de área continental, y sustituirlo por la plataforma de los bicentenarios iberoamericanos: “Se busca —afirmó el representante de los intereses de España— crear una Comisión que agrupe, en amplio sentido, a todos los países iberoamericanos, no solo a los que, en estos tiempos, han iniciado las conmemoraciones de sus bicentenarios de independencia”[10].
A pesar de las presiones españolas, el Grupo Bicentenario el pasado año y hasta la última y reciente V Reunión del 2009 (Guanajuato, 29 de septiembre), se empeñó en la letra de una celebración de contenido latinoamericano, organizada por los latinoamericanos. En estas reuniones la Comisión Española para la Conmemoración del Bicentenario solo figura como invitada, como también lo son la OEI y la SEGIB. No obstante, con España objetivamente “dentro” del Grupo Bicentenario, la inclusión de la propuesta de los bicentenarios ibéricos, ha ido avanzando sostenidamente, con la segura retaguardia de un “aseguramiento” económico sustantivo.
Se hace evidente que el financista principal de los proyectos multilaterales del Grupo Bicentenario es la SEGIB, a lo que España suma un sustantivo menú de propuestas bilaterales para sus más seguros socios. Corren generosos los euros de la monarquía y volvemos a tener frente a nosotros el esquema de medidas e influencias que ya conocimos cuando el V Centenario. No ha faltado, a fin de participar en un programa de “figuras ilustres”, la invitación a los ejecutivos de las Comisiones nacionales de la región, para que visiten la España de hoteles de cinco estrellas.
Si de hablar en serio se trata
Todas las potencias europeas de la época acreditan similar recuento de barbarie y rapiña, pero si España desea integrarse a la conmemoración bicentenaria, no bastaba hacerlo como acto de humildad. Si se trata de hablar en serio sobre el colonialismo español en América, la buena voluntad del presidente Zapatero, resulta insuficiente tanto histórica, como éticamente.
España nos debe desde las conmemoraciones del V Centenario el reconocimiento tácito y honesto de su deuda humana, moral y económica para con los pueblos originarios que fueron robados y masacrados por los conquistadores; y de su reconocimiento del ejercicio infame de la trata de esclavos, y en tanto su deuda humana, moral y económica con la América indígena y el África negra. No puede sentarse España a la mesa del convite bicentenario sin expresar una postura de seria de evaluación histórica sobre más de tres siglos de explotación colonial de nuestros recursos, caracterizada además, por el predominio de un férreo, tiránico y criminal poder político.
La España del gobierno socialdemócrata de Zapatero, olvida a los patriotas independentistas asesinados en la horca y el garrote vil, los fusilados, los desterrados y condenados a trabajos forzados e inhumanas condiciones carcelarias, los 800 mil muertos que nos costaron las campañas emancipadoras, entre 1811 y 1825[11], cifra que sobrepasa el millón de víctimas, solo con los costos humanos de los campos de concentración creados por la política de terror y reconcentración de Valeriano Weyler[12], cuando ya a finales del siglo XIX, la España colonialista se empeñó en mantener bajo su dominio a la Cuba insurgente.
La plataforma española en definitiva conduce a que América Latina renuncie a su propia resignificación universal, en aras de una nostálgica conmemoración transcontinental de las desgracias de España y Portugal colonialistas y de sus familias reales. Tal planteamiento nos despoja hasta de lo que nos enorgullece y une con el pueblo español: ¿Cómo significar en una Cumbre Iberoamericana la bochornosa huida de los monarcas portugueses en 1807, la renuncia a resistir a los invasores franceses y su llegada a Brasil en 1808 (22 de enero), y silenciar la epopeya del pueblo español, solo unos meses después (2 de mayo), frente a los mismos agresores? No hay duda. Para la España borbónica de hoy, la “salvación” de los Braganza, es mucho más representativa que los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío. Por suerte más allá de manipulaciones, el heroísmo de los patriotas independentistas españoles, quedó inmortalizado para todos los tiempos en los lienzos maravillosos de Francisco de Goya.
Realmente la plataforma “iberoamericana” trata de lograr que la celebración del Bicentenario se desplace del escenario americano hacia el imaginario de la España colonialista en la defensa de los intereses muy concretos de la actual geopolítica de la monarquía. No se puede soslayar que las actuales relaciones hispanoamericanas pasan por la preservación de importantes intereses financieros, y una notable presencia en inversiones directas, por parte de los principales consorcios con casa matriz en el país peninsular. Y esta es una razón de última instancia de la que no se habla, pero que acusa su inobjetable presencia.
De hecho, Felipe González, como Embajador plenipotenciario e itinerante, no podía ser más oportuno para los grandes intereses de la política y economía del Reino. González se ha dedicado a facilitar las inversiones de las transnacionales españolas en América Latina, a impartir sus “buenos” consejos en giras bien pagadas por los neoliberales del Club de Emprendedores o el Foro Iberoamérica, y a asesorar, entre otros, al magnate mexicano de las telecomunicaciones Carlos Slim. A su vez como ya lo hizo antes contra Cuba, se esfuerza en recomendar para Venezuela y Bolivia, la renuncia a sus posiciones revolucionarias, y realiza constantes apelaciones públicas contra las posiciones independientes y soberanas de los gobiernos del área, satanizadas todas por el ex Presidente bajo el calificativo de “populistas”[13].
La perspectiva del otro bicentenario
A pesar de los esfuerzos mediáticos y los recursos que ya comienzan a fluir en la dirección que interesa a quienes pretenden despojarnos de la historia y la memoria, en casi todos los países surgen proyectos e iniciativas que se proponen enjuiciar, de una manera crítica, popular y revolucionaria, la idea de celebración del Bicentenario, que de un modo falaz y encubridor pretende imponer los las elites burguesas y oligárquicas, siempre serviles frente a los poderes de las metrópolis transnacionales
Los activistas del Bicentenario de los pueblos, defienden el criterio de que la construcción de la historia es una tarea que reclama el rescate reflexivo y la valoración de la multiplicidad de experiencias que siguen inspirando la tenaz resistencia cultural y social de los sectores populares. Sobre la base de evaluar que nuestro continente, está marcado por la irrupción del capitalismo genocida y saqueador de la tierra a partir de 1492, las iniciativas en curso ponen la mirada en los profundos movimientos revolucionarios, libertarios y populares de los pueblos originarios, africanos esclavizados y americanos oprimidos. Pretende recuperar ese patrimonio de saberes y rebeldías, de historias y culturas silenciadas y menospreciadas en el marco de un proyecto que intenta completar sus tareas inconclusas.
El Bicentenario de los pueblos se propone, a través del análisis crítico de las concepciones racistas, elitistas y autoritarias que siguen dominando la vida social, los medios masivos de comunicación y la educación formal; contribuir a recuperar, valorizar y hacer visibles las experiencias populares; las formas de organización y de lucha, los valores éticos, pedagógicos y creativos que configuran el proceso de construcción de nuestro pueblo trabajador, indígena y campesino, como sujeto histórico y protagonista del cambio social en nuestros territorios. Se trata de juntos pensar ideas y acciones no solo frente a los festejos y manipulaciones oficiales, sino en la construcción de protagonistas colectivos de las transformaciones pendientes[14].
A diferencia de la coyuntura del V Centenario, la América Latina de hoy se caracteriza por la llegada al gobierno en varias naciones, de movimientos y fuerzas comprometidas con los intereses nacionales populares. Desde Bolivia y Ecuador, privilegiados por celebrar en el 2009 los primeros estallidos independentistas sudamericanos, se dio un alto a la tendencia “conmemorativa” de discursos y banquetes burgueses.
El representante de Ecuador[15]realizó en la IV Reunión oficial del Grupo Bicentenario de este año (Buenos Aires, 28 y 29 de abril de 2009), las imprescindibles precisiones históricas acerca del rol jugado por Haití durante los procesos de independencia de América[16].
Venezuela ha puesto en marcha un programa basado en tres postulados: la continuidad del proceso de independencia, la participación del pueblo y el protagonismo del Libertador Simón Bolívar. Para los revolucionarios venezolanos, el protagonismo del pueblo debe expresarse en todas y cada una de las actividades del Bicentenario, incluidas aquellas consideradas tradicionalmente como reservadas a la academia y a los sabios. Las investigaciones deben superar los paradigmas hegemónicos y dar paso al protagonismo de los saberes, las prácticas y la memoria popular.
La Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) creó el 25 de junio pasado, durante la celebración de su IV Cumbre Extraordinaria, una comisión para la celebración del bicentenario de la independencia de los países miembros. La comisión será monitoreada e impulsada por el Consejo Político de ministros del ALBA. Ello garantiza que los países del ALBA puedan construir su propia plataforma y programa de trabajo para actuar y opinar como bloque conjunto dentro de los eventos del Grupo Bicentenario.
La España NUESTRA
Hace 200 años, los patriotas independentistas latinoamericanos y caribeños acompañaron a sus hermanos y hermanas ibéricos en el enfrentamiento a los ejércitos invasores del Napoleón, en la construcción del constitucionalismo y la resistencia tras la vuelta del reaccionario monarca Fernando VII.
En el campo insurrecto americano, junto con Bolívar, San Martin, O´Higgins, Hidalgo y Morazán, pelearon no pocos republicanos e internacionalistas españoles. Entre estos, se destacó el joven Xavier Mina quien en abril de 1817, al mando de la División Auxiliar de la República Mexicana, desembarca en tierra mexicana para combatir a las órdenes de Morelos: “Americanos: he aquí los principios que me han decidido unirme a vosotros —exponía Mina—… Permitidme participar de vuestras gloriosas tareas, aceptad la cooperación de mis pequeños esfuerzos a favor de vuestra noble empresa… Contadme entre vuestros compatriotas… Entonces, decid, a lo menos, a vuestros hijos en recompensa: esta tierra feliz fue dos veces inundada en sangre: por españoles serviles, esclavos abyectos de un rey; pero hubo también españoles amigos de la libertad, que sacrificaron su reposo y su vida por nuestro bien…”[17]. Mina tenía al morir por la causa de la independencia americana 28 años.
La conmemoración de la guerra de liberación española (1808), y del proceso que desemboca en la Constitución de Cádiz (1812), la evaluación de la apertura ideológica y política que representaron aquellos acontecimientos, así como el reconocimiento de su aporte histórico, resultan genuinas tareas de rescate y fundamentación histórica para una España que aún no ha resuelto el fin de la monarquía. A ese Bicentenario del pueblo español nos unimos con genuino orgullo y compromiso.
Hoy en tiempos de Bicentenario, desde el Reino nos proponen a una parte de los nietos “nacionalizarnos”, iniciativa bonita, para pensarla como reencuentro de raíces y cariños si estuviéramos en igualdad, pero que resulta excluyente y manipuladora, en las circunstancias de la actual problemática migratoria, económica y política peninsular. Miles de africanos, asiáticos y latinoamericanos son empujados a emigrar a Europa por las terribles condiciones en que viven en sus países, allí son criminalizados, cazados y maltratados por los servicios policiales para incorporarse, los que logran escapar de la represión migratoria, a la vida de trabajadores ilegales o ciudadanos de segunda. En tal escenario la apertura “nacionalizadora” española para una ínfima parte de los caribeños y latinoamericanos resulta una exhortación a la individualista fórmula de “sálvese el que pueda”.
Pero no todos nos deslumbramos con las ventajas de lentejas —hoy trastocadas en “seguros” de desempleo, y pasaporte europeo—. Estamos también los que volvemos la vista a esa historia compartida, y con papeles de ciudadanía o sin ellos, nos convocamos atentos a incorporarnos a la nueva lucha que ya vibra desde la hondura de la España popular y revolucionaria: ahí nos tienen para la batalla por la conquista definitiva de la nueva república española. Quizá para dar nuestro voto a la España republicana, aceptemos ser por breve tiempo súbditos insubordinados de la monarquía borbónica.
Conferencia para el Primer Taller de la Cátedra Bicentenario de la Primera Independencia de América Latina y el Caribe. Unión Nacional de Historiadores de Cuba.
Notas:
[1] Julio Antonio Mella: Mella: “La fiesta de la raza”, en Documentos y Artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p 459.
[2] César Morales Oyarvide: Liberalismo, guerrilla y patriotismo: Xavier Mina y la Independencia de México, Especial CEINPOL México 2010,http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/2009/09/liberalismo-guerrilla-y-patriotismo.html.
[3] Felipe de J. Pérez Cruz: Los primeros rebeldes de América, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1988, p 100.
[4] Primera Declaración de la Selva Lacandona : Documentos Básicos del FZLN
http://www.social-movements.org/es/filestore/download/251
[5] REAL DECRETO 595/2007, de 4 de mayo, por el que se crea la Comisión Nacional para la Conmemoración de los Bicentenarios de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas", Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (BOE n. 113 de 11/5/2007). Accesible en http://www.boe.es/boe/dias/2007/05/11/pdfs/A20314-20316.pdf
[6] Luis Javier Caicedo: Disputas por la historia en los bicentenarios de Colombia y Latinoamérica, Medellín, 2009, http://www.bicentenario.com.mx/modules.php?name=Paginas&file=articulo&art_id=940
[7]R. Zapatero: España desea compartir con “humildad” el bicentenario independencia, http://terranoticias.terra.es/nacional /articulo/rzapatero_espana_desea_compartir_humildad_1716953.htm.
[8] Declaración de Santiago. XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Chile, 8, 9 y 10 de noviembre de 2007, www.oei.es/ xviicumbre dec.htm.
[9] Programas de acción. Conforme con los objetivos fijados en la Declaración de la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santiago, Chile, www.oei.es/ xviicumbre pro.htm.
[10]Acta de la IV Reunión del Grupo Bicentenario, Santiago de Chile, 4 y 5 de diciembre de 2007.
[11] España y SEGIB proponen Comisión Iberoamericana para los bicentenarios de América Latina y de la Península, http://www.albicentenario.com/index_archivos/Page5287.htm.
[12] Arístides Medina: Bicentenario y el Socialismo Bolivariano consolidan la verdadera Independencia de Venezuela, 1ro. de junio de 2009, http://www.minci.gob.ve/entrevistas/3/189428/bicentenario_y_el.html.
[13]Sobre los efectos de la reconcentración, Francisco Pérez Guzmán: Herida profunda, La Habana, Ediciones Unión, 1998.
[14] Felipe González advierte contra el populismo de los gobiernos iberoamericanos, Infolatam/Efe , Cartagena (Colombia), 12 julio 2007, http://www.infolatam.com/entrada/felipe_gonzalez_advierte_contra_el_popul4495.html.
[15] Juan Paz y Miño, secretario del Comité Ejecutivo Presidencial del Bicentenario.
[16] Felipe de J. Pérez Cruz: Los primeros rebeldes de América, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1988, p 100.
[17]Acta de la IV Reunión del Grupo Bicentenario: Reunión oficial del Grupo Bicentenario, Buenos Aires, 28 y 29 de abril de 2009.
[18]César Morales Oyarvide: Liberalismo, guerrilla y patriotismo: Xavier Mina y la Independencia de México, Especial CEINPOL México 2010, http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/2009/09/liberalismo-guerrilla-y-patriotismo.html.
http://www.lajiribilla.co.cu/2010/n455_01/455_06.html
viernes, 22 de enero de 2010
Injerencia en América Latina: la Conexión Alemana se ampliará
21 de enero de 2010
Jean-Guy Allard
Las operaciones de desestabilización de las fundaciones alemanas de derecha en América Latina, lejos de disminuir pudieran ampliarse, según observadores que señalan como se detecta la actividad de distintos grupos injerencistas de Berlín en el continente, notablemente en países del ALBA.
“Los problemas en Afganistán e Irak harán que Washington y Europa colaborarán más estrechamente - sin olvidarse de que son dos lobos que al final se pelearán por repartirse las mismas presas”, comenta el investigador e historiador alemán Ingo Niebel.
“Me temo que el partido liberal (FDP por sus siglas en alemán) se siente muy fuerte para repetir la operación de Honduras en Nicaragua, donde cuenta con dos aliados por lo menos”, afirma este aguerrido analista que describió detalladamente - en "La segunda intentona de Obama, otra vez con ayuda alemana" - cómo este partido asesoró a los golpistas en Tegucigalpa antes, durante y después del golpe de Estado.
“Desde octubre de 2009 el FDP forma parte del gobierno de la canciller alemana Angela Merkel. Su presidente Guido Westerwelle ocupa el cargo de ministro de Asuntos Exteriores”, precisa.
“A cambio en Venezuela son los socialdemócratas del SPD que apoyan a PODEMOS, mientras los cristianodemócratas de la canciller ayudan a COPEI y a Primero Justicia (PJ). Tras las elecciones de Gobernadores y Alcaldes en Venezuela en 2008, ambos partidos intentaron convertir a las gobernaciones y alcaldías "reconquistadas" en bases de operaciones para la contrarrevolución”.
“El plan consistía entre otros aspectos en enviar "asesores policiales" a estos lugares. Anteriormente la prensa alemana había informado constantemente de la "inseguridad" en Venezuela”. En su día publiqué los artículos "24-N o la intervención en Venezuela a la europea" y "Guerra de extranjeros en la casa venezolana" en rebelión.org, añadiendo algunas informaciones reservadas sobre las intenciones de los servicios secretos de París y Berlín. Lo que contribuyó a que una semana después Chávez prohibiera la entrada al país a cualquier "asesor policial" sin autorización del Ejecutivo bolivariano".
"Aún así no doy por solucionado el problema de la injerencia europea por muchas razones pero ante todo porque están a la vista las elecciones a la Asamblea Nacional”.
En América Latina, el FDP está integrado en la Red de partidos liberales, RELIAL, fundada en 2004, indica Niebel, mientras el partido CDU actúa a través de su Fundación, la Konrad Adenauer Stiftung (KAS) como la CSU (Unión Social Cristiana) interviene por la suya, la Hanns-Seidel-Stiftung.
“No suelen gastar dinero por amor al prójimo”
En Ecuador, el presidente Rafael Correa acaba de denunciar la existencia de “financiación extranjera” de grupos de la oposición interna que buscan desestabilizar a su gobierno..
Por cierto, además de las habituales organizaciones norteamericanas, USAID, NED, IRI y las demás que intervienen bajo este mismo concepto, las organizaciones alemanas mantienen en este país su propia red de intervención.
El 2 de enero último, el Programa Regional de Participación Política Indígena -PPI- de la Fundación Konrad Adenauer, celebró un convenio de cooperación interinstitucional con la Prefectura de Chimborazo, en el marco del proyecto de la Escuela de formación política para jóvenes indígenas. Este programa hizo lo mismo con el Municipio de Otavalo, revela el especialista.
La misma fundación firmó un convenio de cooperación con el Partido Sociedad Patriótica y la cooperación consistirá en la llamada “capacitación de los líderes”.
“Te puedo asegurar que no suelen gastar dinero por amor al prójimo sino porque quieren conseguir algo”, comenta Niebel.
En cuanto a la CSU, un partido regional de derechas, del Estado Federal de Baviera, “coopera” con Corporación Autogobierno y Democracia, Fundación Acción y Desarrollo Comunitario (ACDECOM) y otras organizaciones similares a través de la Hanns-Seidel-Stiftung.
“El difunto presidente de la CSU era Franz-Josef Strauss, uno de los primeros políticos de la RFA que visitaron a Pinochet después del golpe. Tanto su formación como la socialdemócrata y la CDU llevaron dinero en efectivo a Chile para desestabilizar el gobierno de Allende. El entonces canciller de la RFA, el socialdemócrata Willy Brandt, apoyó estas tareas siguiendo las directrices de Washington cuando decretó el cierre de la ayuda económica a Chile, la incautación de barcos y otras medidas contra el ejecutivo de Allende”, subraya el analista.
“La CSU mantenía buenas relaciones con el servicio secreto exterior alemán, el BND, porque éste tenía su cuartel general cerca de Múnich, la capital de Baviera”, añade.
En cuanto a la fundación del SPD, en el contexto regional, encargó en octubre de 2009 un informe sobre el ALBA. Su autor se llama Félix Gerardo Arellano, Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela. En el pasado, el SPD ha manifestado intenciones de actuar en Ecuador.
El especialista alemán observa con mucha atención la situación en Haití: “Veo también la "ayuda" que Washington y Europa están prestando en Haití: no se trata de ayudar al pueblo haitiano, sino en tomar posición militarmente en una isla que desde el punto de vista geoestratégico permite estrechar el cerco a Cuba.”
Ingo Niebel colabora activamente con la revista especializada GEHEIM (Secreto, en alemán) del investigador Michael Opperskalski que observa y denuncia las actividades de los servicios de inteligencia.
martes, 15 de diciembre de 2009
Los asesinos al lado: Blackwater en Colombia
14 de diciembre de 2009
Eva Golinger
No es sorpresa la revelación en Ecuador sobre el papel de Washington en la invasión ilegal del territorio ecuatoriano el primero de marzo de 2008. Se sospechaba del primer momento la participación de los militares y agentes de la inteligencia estadounidense, entonces ubicados en la base militar de Manta, en la operación que acabó con un campamento de las FARC.
Ahora un informe oficial de Ecuador confirma este hecho. Reafirma, además, que donde se encuentran bases militares utilizadas por Estados Unidos, habrá acción militar ejecutada por Washington sin importar las reglas, leyes y normas del país anfitrión.
El polémico acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos, firmado el pasado 30 de octubre, significa la expansión militarista más grande de Washington en América Latina en toda la historia. El acuerdo permite la presencia de contratistas privados al servicio de las necesidades de las agencias de Washington en territorio colombiano, con todas las mismas imunidades otorgadas a los funcionarios y militares estadounidenses. Esto no es nuevo. Dentro del acuerdo del Plan Colombia, desde hace 10 años Washington utiliza por encima de 30 empresas contratistas para ejecutar obras militares y de inteligencia y espionaje en Colombia. Algunos de ellos son las empresas más poderosas del complejo militar industrial, como DynCorp, Bechtel, Lockheed Martin, Grupo Rendon, y Raytheon entre otras.
Dentro del nuevo acuerdo militar, la cantidad de contratistas o mercenarios de la guerra aumentarán. La privatización de la guerra y el uso de empresas privadas para ejecutar acciones de seguridad, defensa e inteligencia, es hoy el modus operandi de Washington. La empresa más controversial es sin duda Blackwater, ahora conocida como Xe Services. Durante los últimos ocho años, Blackwater ha ganado por encima de 1.4 mil millones de dólares en contratos del Departamento de Estado y el Pentágono. Desde el 2005, Blackwater también ha entrado en contratos semi-secretos con el Departamento de Seguridad Interior (Homeland Security) en EEUU para realizar operaciones de seguridad y defensa dentro del país, los cuales han sido vistos como el inicio de la creación de un estado policial privatizado para reprimir y controlar una población que cada día se encuentra en una situación económica más desesperante.
A principios del 2008, el Comando de Misiles y Defensa Espacial del Ejército de EEUU otorgó contratos por la cantidad de 15 mil millones de dólares a un grupo de contratistas privadas, incluyendo a Blackwater. El contrato, que incluye operaciones de inteligencia, espionaje y reconocimiento, entre otras tareas, está orientado hacia dos países en América Latina, México y Colombia. El contrato específicamente detalla la ³provisión de entrenamiento aéreo² a las fuerzas armadas colombianas y ³apoyo estratégico de relaciones públicas² al gobierno colombiano (léase: operaciones psicológicas). En el caso de México, Blackwater está encargado de apoyar con las misiones contra el narcotráfico.
Hace días, fue revelado que Blackwater fue contratado por la CIA para asesinar supuestos insurgentes en Irak y Afganistán. Mercenarios de Blackwater participaron en algunas de las actividades más sensibles y clandestinos de la CIA, incluyendo el transporte de los detenidos a las cárceles secretas de la CIA. Ex mercenarios de Blackwater han indicado que su papel en esas operaciones clandestinas fue tan rutinario que la división entre la CIA, el Pentágono y Blackwater ya no existía.
Ahora, ésta empresa fachada de la CIA y el Pentágono, opera con libertad en Colombia. En EEUU, existen docenas de demandas y casos legales contra Blackwater, por violaciones de leyes, asesinato arbitrario y violaciones de derechos humanos. Sin embargo, el gobierno de Álvaro Uribe ha abierto la puerta para la presencia de esta peligrosa empresa en Suramérica, la cual significa una gran amenaza contra la paz y la seguridad regional.
Los países del ALBA y miembros de la UNASUR deberían prohibir colectivamente la presencia de contratistas mercenarios de la guerra en América Latina. Sino, más muerte, conflictos, violaciones de soberanía, y guerra nos esperarán.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Atilio Borón, la voz experta de la geopolítica
“En America Latina el pueblo da la espalda al que no es valiente”
14-12-2009
Joseba Macías
Zazpika-Gara / Rebelión
Atilio Borón es uno de los grandes nombres de la sociología latinoamericana contemporánea. Nacido en Buenos Aires en 1943, sus obras se agotan rápidamente. Quizá porque no sea un profesor al uso y sus ensayos y reflexiones siguen incidiendo en la necesidad de transformar la realidad trabajando por un mundo mejor. Un mundo en el que este “continente de la esperanza”, como lo definiera Salvador Allende, sea un ejemplo de que realmente es posible vivir sin que la sinrazón del mercado regule nuestras vida y nuestros sueños.
Dicen que Fidel Castro le busca periódicamente para conocer sus impresiones sobre la marcha de América Latina y del mundo. No es el único. Sus libros se difunden a millares habiéndole convertido en uno de los sociólogos más divulgados y conocidos. Atilio Borón nos recibe entre el mate y la sonrisa cómplice a la espera de un diálogo sin condiciones previas sobre esa América Latina que recorre física e intelectualmente desde hace ya muchas décadas. Una tierra que ahora respira aires de cambio y renovación entre crisis, esperanzas colectivas y algún que otro sobresalto no previsto.
Usted es de las pocas personas que ha tenido la oportunidad de ver y conversar con Fidel desde su abandono de los cargos públicos, precisamente a instancias del propio Comandante. ¿Cuál es la impresión que le ha producido?
Fidel sigue siendo una presencia insoslayable en la vida cubana. Sobre todo entre los sectores más politizados aunque el pueblo en general, hoy en día, continúa leyendo sus reflexiones con gran atención. Es además una de las pocas personas, en mi opinión, que es capaz de superar la brecha generacional. Estuve con él por última vez el 7 de marzo de este año, Y le vi realmente muy bien. Cuando nos despedimos me dio un abrazo muy fuerte, no precisamente el de un viejito enclenque. Incluso le hice una broma: “Sinceramente, Comandante, le he visto mucho mejor que a Ingrid Betancourt cuando la liberaron las FARC”. Y él soltó una fuerte carcajada. Realmente está muy lúcido y siempre en estado de alerta. Allí, encima de su mesa de trabajo estaban las libretitas donde va sistematizando los temas: Medio Ambiente, Estados Unidos, América Latina, Oriente Próximo… Un hombre con una lucidez impresionante. Te cuento otra anécdota: él, incluso, recordaba de memoria el diagrama de vuelos de Cubana de Aviación que sus colaboradores no tenían claro para saber que yo debía viajar a Buenos Aires el domingo porque no hay vuelos los lunes… Realmente es un hombre con una capacidad extrema y es muy feliz con lo que está haciendo.
Además su visita coincidió con un momento muy complicado en Cuba como fue la destitución de Carlos Lage, Felipe Pérez Roque o Carlos Balenciaga, secretario personal del propio Fidel.
Sí, es verdad. Por una cuestión de respeto yo no le iba a sacar el tema pero fue él el que me empezó a hablar sin reparos de la noticia. Fidel me comentó que era un asunto que lo manejaban ya Raúl y el Consejo de Estado. A mí me consultaron, me señaló, y lo único que les pedí fue una evidencia manifiesta. Cuando la tuve, me dijo Fidel, me cuadré. En sus palabras me di cuenta que no estábamos ante un episodio de corrupción, de fraude o de nada de eso. Y me lo remarcó varias veces. Ninguna de esas personas está sometida a proceso legal y actualmente desarrollan distintas tareas laborales de acuerdo a su perfil profesional. Para Fidel, cometieron una ingenuidad increíble producto de una ambición desmedida que les llevó a pasar información interna al exterior. En definitiva, te puedo contar que Fidel está realmente bien, que no está apartado para nada del seguimiento de la actualidad de su país y del mundo y que, además, sigue al pie de la letra el consejo de sus médicos, cosa que antes no hacía.
¿Y considera que Fidel Castro estaría dispuesto a asumir las transformaciones que muchos consideran necesarias e inminentes en la Revolución cubana?
Yo creo que la prioridad actual de Fidel es escribir y dejar una herencia sobre los principales temas que afectan a la humanidad. El además es consciente, sí, de que hay que llevar a Cuba una serie de cambios y que éstos deben ser muy profundos, de acuerdo a un desafío histórico tan fundamental para la Revolución como el actual: desarrollar dentro del socialismo una reforma que no implique volver al capitalismo. Aunque muchos lo piensen, no estamos hablando de un “modelo chino”, claro está. Ellos saben que tienen que inventar de nuevo un camino propio y están trabajando muy a fondo en eso. Pero no podemos olvidar que han tenido la malísima suerte de sufrir tres huracanes tremendos y seguidos en el tiempo, que han acabado prácticamente con el 20% de su PIB. Que han sufrido la caída del precio del níquel en el mercado internacional, aunque ahora comienza a recuperarse. Y, además, la crisis mundial... Fidel y la actual dirigencia son muy conscientes de todo esto y de la necesidad de impulsar urgentes medidas económicas y sociales de acuerdo a la nueva realidad de esta Cuba de 2009.
Una novedad significativa en la América Latina que usted tan bien conoce, es que buena parte de los países del continente han pasado a ser gobernados por organizaciones que provienen de lo que podríamos denominar una “reflexión socialista”. Ritmos, tradiciones y matices diversos, sin duda, pero algo impensable hace tan sólo unos pocos años atrás.
Hablando de socialismo en toda su extensión, realmente sólo tenemos como país socialista en este momento a Cuba. Luego hay tres gobiernos, Venezuela, Ecuador y Bolivia, que desarrollan procesos de construcción de la alternativa socialista, procesos muy diferentes entre sí. Y además, por suerte, en un momento en el que ya no hay más modelos que copiar. El caso boliviano, por ejemplo, se sustenta sobre su extraordinaria capacidad de organización que viene de la época precolombina y que dejó mal parado a todos estos sociólogos posmodernos que entendieron el ascenso al poder de Evo Morales como una manifestación precisamente posmoderna... En Venezuela, sin embargo, no hay una tradición organizativa ni precolombina ni postcolombina, lo que explicaría la importancia del papel del liderazgo de Hugo Chávez. Y luego está Rafael Correa en Ecuador, formado en el cristianismo progresista de la Universidad de Lovaina y más tarde doctorado en Economía en Illinois... En mi opinión, el resto va en otra dirección. Los gobiernos de Brasil, Argentina, Chile o Uruguay consideran que la solución a los problemas del capitalismo se encuentra en el propio capitalismo. En Argentina, por ejemplo, no queda ninguna duda cuando uno escucha hablar a los Kirchner. En Brasil, en dos siglos de historia del sistema bancario, nunca ese sistema fue tan rentable para el gran capital como en los años de Lula en el poder. Representan mecanismos adaptativos dentro del propio capitalismo. Ahora bien: también es cierto que estos gobiernos son un soporte fundamental para aquellos otros que te citaba al principio y que están trabajando por una alternativa verdaderamente socialista. Eso es un hecho real y objetivo y a ello no es ajena la fuerte presión popular que, desde la base, se desarrolla en países como Argentina o Brasil. Sin olvidar que todos estos gobiernos de la llamada “centro-izquierda” que han sido timoratos, procapitalistas y amigos de los norteamericanos, corren en los próximos meses serios riesgos de ser desalojados del poder. Mientras tanto, los gobiernos que han planteado más audacia en los procesos de cambio reformando la constitución, la economía, las instituciones o convocando plebiscitos de forma permanente, están todos muy fuertes. Alguna lección habría que sacar de todo esto. Por ejemplo, que cuando no eres valiente, el pueblo te da la espalda. Como me decía mi profesor Fernando Enrique Cardoso, “los pueblos siempre van a preferir el original a la copia”. Y es verdad.
Un caso particular que siempre me ha llamado la atención es precisamente y si me lo permite el de su país, Argentina. Una larga tradición teórica para una izquierda siempre atomizada, sin constituirse en una verdadera alternativa de poder. Los datos hablan de la existencia de más de ochocientos partidos políticos lo que, sin duda, haría reflexionar al propio Freud, tan de moda siempre en Argentina como referente.
Hay que pensar en Freud absolutamente, sí, lo reconozco. Porque hay una verdadera psicopatología política en Argentina. Yo, por ejemplo, no conozco un sólo país en donde hoy en día el debate entre Lenin y Trotski sobre la revolución de 1905, ni siquiera la de 1917, origine una fractura del movimiento estudiantil y que terminen liándose a golpes, como pasó en la Universidad de Cuyo, en Mendoza, hace cuatro o cinco años. Es una cosa que no tiene ni pies ni cabeza y ante la que yo ya renuncio. A Argentina sólo la entiende Jorge Luis Borges y punto. Fíjate que diversos estudios y encuestas te demuestran que hay una izquierda social en nuestro país que por lo menos abarca al 30-35% de la población. Al año siguiente del derrumbe de la economía en diciembre de 2001, se estrenaron más obras de teatro en Buenos Aires que en Londres o en Nueva York. Un ejemplo de la vitalidad cultural y crítica del país... El propio Fidel, extrañado, me decía en 2001 que no entendía cómo no éramos capaces de hacer una gran alianza de todas las fuerzas que se oponen al neoliberalismo. Yo le dije: “Mire, Comandante, no depende de mí. Yo estoy de acuerdo con eso”... El narcisismo, en fin, de las pequeñas diferencias como señalaba el maestro Freud. Sólo así puedes entender que el problema fundamental en la coyuntura actual sea ver cómo habría que caracterizar a los soviets en 1905... Por eso estamos como estamos. La única buena noticia, en medio de este desierto, es que también la derecha está muy fraccionada.
Me gustaría conocer también su opinión respecto al papel jugado en América Latina por la socialdemocracia española. En la distancia, al menos, da la impresión de que su influencia es realmente importante a la hora de salvaguardar los intereses económicos de las empresas españolas en la región o de exportar “recetas políticas”.
Sin duda alguna. La socialdemocracia española básicamente es una pantalla que encubre la protección de las políticas de saqueo que están llevando a cabo muchas de las empresas españolas allí ubicadas. Ahí está el caso de Repsol, por ejemplo. O el de Iberia cuando compró los aviones de Aerolíneas Argentinas y sus oficinas por todo el mundo. Esta socialdemocracia nos ha vendido también el modelo del Pacto de la Moncloa como ejemplo de la “exitosa” Transición española adueñándose paralelamente de muchos medios de comunicación en nombre del grupo Prisa que han quedado sujetos a los grandes dictados de Estados Unidos: radios, televisiones, diarios, revistas, libros escolares... Igual que en el Estado español. Sólo que, en América Latina, el hecho se agrava por las condiciones de pobreza, de atraso cultural, etc. Te cuento una anécdota no muy conocida que resume perfectamente de qué estamos hablando: el 20 de diciembre de 2001, la última visita oficial que recibió el presidente De la Rúa en pleno derrumbe de la economía y a pocas horas de su dimisión, fue la de Felipe González. El llegó para pedir el respeto a las empresas españolas. En un momento en el que había más de veinticinco muertos, el ex presidente español aparece para mostrar la preocupación de su país por sus inversiones y sus negocios.
En la larga lista de países en los que están presentes estos intereses no podemos olvidar a Colombia...
Así es. Sustentando la presencia de las empresas españolas con la ayuda de ese delincuente común llamado Álvaro Uribe. Yo he publicado diversas reflexiones y ensayos sobre Uribe, algunas basadas en documentos desclasificados por los propios Estados Unidos. Queda claro que ya desde 1991, en informes de la DEA, es el hombre que articula las relaciones entre el cartel de Medellín y el Gobierno colombiano para facilitar los negocios de la droga. Y eso lo dice la propia DEA. El dossier desde entonces para acá es increíble. Y ahí está la socialdemocracia española apoyando todo eso... Y sin que podamos llegar a explicarlo directamente al propio pueblo español porque el control de los medios es absolutamente feroz.
Mirando hacia el Norte, ¿Cuál es su opinión sobre el primer año del Gobierno de Barack Obama?
Obama, como dijo Noam Chomsky, es un blanco que tomó demasiado sol. Yo he hablado mucho sobre él con Fidel. Él tiene una buena opinión de Obama como persona. Pero creo que con Honduras ha quedado bien definido el juego interno de la política de Estados Unidos hacia nuestro continente, tristemente a favor de los “halcones”. Cuando se produce el golpe, Obama sale de inmediato a repudiarlo. Pero al día siguiente habla Hillary Clinton corrigiendo lo dicho por el presidente. Una cuestión realmente insólita en la tradición protocolaria norteamericana. Ella instala la idea de que el nuevo gobierno no es golpista sino “interino”. Una tesis que difunde en toda América Latina el aparato ideológico estadounidense, vía CNN. A partir de ese momento se desarrolla un juego de fuerzas interno en el que Obama, finalmente, es arrinconado. Creo que la crisis de Honduras representa un episodio fundamental para comprender su deslegitimación a nivel internacional. Y más en un momento en el que él estaba manteniendo conversaciones muy complicadas con Medeyev y con Putin en torno al fin de los acuerdos Salt 1 y Salt 2 y a un replanteamiento del control del arsenal nuclear. Todo parece indicar que los rusos le han pedido que demuestre que, realmente, controla su propio país. En definitiva, Obama es un personaje que tiene muy escasa gravitación en las grandes decisiones en materia política y económica en Estados Unidos. El “caso Honduras” es un excelente ejemplo. Si Obama hubiera estado al frente de la situación, podría haber desalojado al golpista Micheletti del poder en menos que canta un gallo. La misma medicina que Georges Bush amenazó con aplicar en El Salvador en 2004 para evitar la victoria del entonces candidato del FMLN, Schafik Handal: primero mandó mensajes, mediante funcionarios, amenazando con el bloqueo de las remesas de los emigrantes salvadoreños en Estados Unidos y tres semanas después Schafik, que ganaba de calle las elecciones en los sondeos, perdía estrepitosamente. Obama no lo ha hecho ahora en Honduras. ¿La razón? El sector que sí puede hacerlo, el mismo sector que firmó el acuerdo con Uribe sobre la ubicación de las bases en suelo colombiano o el mismo sector que no quiere levantar el bloqueo contra Cuba, es una vez más el que ha prevalecido. Y Obama, queda claro, no decide. Con casi toda probabilidad, Hillary Clinton será la nueva candidata a las próximas elecciones y el establishment volverá a tener el control directo sobre la Casa Blanca.
Y terminamos, si le parece bien, hablando de esta crisis planetaria que, paradójicamente, parece fortalecer una vez más las opciones electorales de los partidos conservadores en todo el mundo. ¿Cómo se explica este fenómeno?
Creo que la clave de todo eso es reflejo de la gran victoria ideológica que el neoliberalismo ha conseguido en los últimos cuarenta años. Ha quedado establecido que cualquier alternativa que no sea capitalista representa un delirio, una aventura, un salto al vacío. Yo creo que esta crisis no va a tener la forma de una “V”, como dicen algunos, si no de una “L” como ya ocurriera en Japón a partir de la década de los 90. Estamos ante una crisis profunda y de muy larga duración. ¿Tú crees, por ejemplo, que la crisis la pueden resolver los integrantes del G-20? Es absolutamente patético. Le encargas a los médicos que nos envenenaron que nos den la medicina para curarnos... En definitiva, creo que estamos ante una crisis mucho más grave que las dos crisis anteriores, la de 1929 y la de 1973. En primer lugar porque ninguna de estas crisis coincidió con una crisis energética. Y además en paralelo se desarrolla una crisis alimentaria que no tiene proporciones. En Europa, en Africa, en Asia, en América latina hemos visto motines derivados por el hambre... Y mientras, se dedica un número cada vez mayor de hectáreas de tierra a la producción de combustibles. Ahí está por ejemplo el pacto Bush-Lula firmado en Sao Paulo en el año 2007... Y añadámosle finalmente el tema del cambio climático para entender que esta crisis no ha tenido parangón en la Historia. Ante este estado de cosas, sólo nos queda pensar en la construcción de una verdadera economía postcapitalista. Llamémosle como queramos, se trata en definitiva de avanzar en un proceso de desmercantilización de manera muy acelerada. No podemos seguir teniendo criterios mercantiles para regular la relación de nuestras sociedades con la naturaleza. Y ese debe ser un principio básico del mundo a construir: desmercantilizar la naturaleza, la salud, la educación, la seguridad social....
domingo, 13 de diciembre de 2009
La mano militar de Israel en Nuestra América, intervenSionismo mercenario
Entrevista realizada a Sergio Yahni, director del Centro de Información Alternativa de Jerusalén
13-12-2009
Catherine Hernández, William Urbina y Bachir Ahmed
Radio Guiniguada
El golpe de Estado en Honduras y la instalación de las 7 nuevas bases militares norteamericanas en Colombia evidencian una escalada de agresiones contra los procesos de liberación que se están dando en América Latina, ¿cómo interpretan ustedes esta situación?
El Centro de Información Alternativa que es una organización palestino-israelí, se solidariza con los pueblos de América Latina en su lucha por un lado, y también vemos en los desarrollos sociales y políticos de América Latina un espacio de esperanza no solamente para América Latina sino también para nosotros ya que el conflicto en América Latina con el imperio y el conflicto que se está dando en el Medio Oriente están estructuralmente relacionados.
No se trata solamente de métodos violentos sino que también se trata de métodos que ya habían sido experimentados acá en el Medio Oriente –la ocupación-; por eso digo que estamos hablando de una relación estructural tanto de la opresión militar imperialista como de la resistencia; no es una relación casual.
Lo que pasa es que la ocupación de Palestina y el conflicto generado por las fuerzas armadas de Israel se han transformado en un laboratorio de experimentos de tecnologías militares y de tácticas militares que después también se implementan en América Latina; las mismas tecnologías por ejemplo de armamentos sin personas, aviones sin personas, tanques sin personas, etc. que se empiezan a utilizar en América Latina ya son utilizados y experimentados aquí en Medio Oriente sobre todo en la Franja de Gaza contra el pueblo palestino; ese es un elemento.
El otro elemento es que el ejército de Israel y compañías privadas establecidas por generales y coroneles israelíes intervienen ya directamente en América Latina con la represión, tanto como entrenadores (dando entrenamiento militar) o actúan directamente.
Desde hace al menos dos años se sabe que los dirigentes sionistas exportan su macabro modelo a Colombia (con el Plan Colombia), pero ahora esta presencia se destapa y se maneja esta información con más fuerza a raíz de lo de Honduras, ¿cuál es la visión que tienen allí de ese tema?
Nosotros ya lo vimos claramente en la operación donde se asesinó a Raúl Reyes.
Vimos que era una táctica clásica del ejército de Israel, la operación militar donde Colombia asesinó a Reyes y después todo el tema del famoso ordenador de Reyes, que ya fueron tácticas usadas acá y venían con la firma del ejército israelí.
Al parecer en el asesinato de Reyes los oficiales israelíes estuvieron a cargo del entrenamiento y no de la operación misma, y está claro también, contactos y relaciones directas de mercaderes de armas y del ejército de Israel tanto con el paramilitarismo en Colombia como con el gobierno colombiano; ahí podríamos dar un nombre: el coronel Yair Klein, que es histórico ya en la venta de armas sobre todo para los paramilitares en Colombia.
Lo que está en este momento es el tema de Honduras, donde hay una intervención israelí en Centroamérica que ya es antigua, la presencia de oficiales israelíes ya en activo o retirados en Centroamérica viene desde la época de la revolución nicaragüense donde había un coronel israelí junto con Somoza.
Ahora sabemos que hay armas israelíes en Honduras, sabemos que hay entrenamiento israelí para el ejército hondureño, pero tenemos que tener en cuenta también que estamos hablando de temas que son secretos, que ningún diario publica, y por eso recién estamos teniendo los principios de información.
¿Qué informaciones tienen ustedes sobre el papel que juegan estas “empresas de seguridad” israelíes con los EEUU, y la estrategia con el gobierno de Israel?
Hay diferentes niveles que habría que analizar, el primero es preguntarnos por qué es una empresa privada y no el Estado directamente, y eso tiene mucho que ver con una política de ideología neoliberal que implica privatizarlo todo, se han privatizado en América Latina y en todo el mundo lo hemos visto, todos los bienes sociales, y el último bien social que se ha privatizado –y eso se ve muy fuerte en la guerra de Irak- son los ejércitos.
Estamos en un proceso en el que al capitalismo, al imperialismo, le sale más baratas las “fuerzas de seguridad privadas”, que un ejército nacional.
Por eso Israel que está en la punta de lanza del neoliberalismo ha adoptado la táctica de privatizar su exportación de tecnologías militares.
Si volvemos al caso de Colombia que es donde tenemos más información sabemos que la compañía privada que entrenó al ejército colombiano para asesinar a Reyes, recibió 10 millones de dólares por esa operación, y estoy hablando de material que se ha publicado ya dentro de Israel.
En un principio Colombia había venido al Mossad, a los servicios secretos de Israel, a pedir ayuda, y los servicios secretos les dieron el teléfono, el contacto con compañías privadas de gente que hace también servicios para el Mossad.
Ese es el primer elemento que tenemos que tener en cuenta, que estamos hablando de un sistema complejo donde la ideología neoliberal está interviniendo.
El segundo elemento es que Israel históricamente, y cuando digo históricamente podríamos remontarnos a los años ’60, y sobre todo en los ’70, es un subcontratante de los trabajos sucios de los EEUU, por razones políticas, y por otras razones, hay cosas que EEUU no pueden hacer, ahí es donde comienza el papel de Israel, de subcontratante, esto lo hemos visto ya en todo lo que conocemos como América Latina, África y Asia, donde el Estado de Israel, como Estado al principio, y más tarde como compañías privadas, ha hecho los trabajos sucios.
Cuando Somoza era indefendible ahí estaban los israelíes para defenderlo. En casos como cuando había que apoyar militarmente al paramilitarismo en Colombia, ahí estaban las compañías israelíes vendiéndole armas, porque era algo que los EEUU por sus propias razones o intereses no podía hacer. Entonces Israel aparece acá como un subcontratante que hace los trabajos para los EEUU.
Ahora lo que tenemos que tener en cuenta –porque también tenemos que mirar las cosas desde una perspectiva de resistencia- es darnos cuenta que hay contradicciones y ver después de qué manera podemos utilizar esas contradicciones porque Israel si bien es un subcontratante dependiente de los trabajos que le da EEUU, tiene sus propios intereses, y ahí vemos que en muchos casos Israel intenta vender armas y dar entrenamientos y se va más allá de los límites que los EEUU ya le había marcado.
Por eso tenemos que utilizar dos cosas desde una perspectiva de la resistencia:
1) utilizar esa contradicción;
2) en el caso que ya que Israel es el que hace el trabajo sucios es muy importante llevar adelante las campañas de boicot sobre todo con el tema de la venta de armas y sobre todo en América Latina, contra Israel.
Porque, por ejemplo, es bastante duro que estas compañías de seguridad que por un lado están asesinando gente en América Central, o forman parte del paramilitarismo en Colombia, reciban contratos nacionales ya sea de Brasil o de Argentina. Por eso también tenemos que empezar a movilizar a la gente para que echen fuera esas compañías israelíes de seguridad.
En relación a Venezuela, que es señalada por Dani Ayalón (viceministro de exteriores de Israel) una base Iraní en América Latina, ¿cuál es la visión que se tiene de Venezuela desde una perspectiva de la resistencia?
El Estado de Israel ve a Venezuela como el eje del mal, simplemente.
Israel tiene su interés concreto en el medio oriente, está enfrentado con Irán, ya que Irán se ha transformado en una base de resistencia al imperialismo en la región, no es un Estado pequeño, es un Estado con capacidad militar de oponerse a lo que hace Israel, capaz de poner en peligro a Israel, y por eso es que Israel intenta aislar a Irán, pero Venezuela rompe el aislamiento de Irán y se transforma de esa manera en un enemigo de las políticas israelíes; porque Venezuela no es solamente Venezuela: es el Alba, son las relaciones con América Latina; es también relaciones con Brasil y Brasil tiene relaciones con Irán, y eso rompe la estrategia de Israel de aislar a Irán.
Fuente: "La Voz de Canarias Bolivariana" en Radio Guiniguada, Islas Canarias
martes, 8 de diciembre de 2009
Latinoamérica: La guerra que se viene. ¿Un nuevo Medio Oriente?

7 de diciembre de 2009
Marcelo Colussi
(especial para ARGENPRESS.info)
¿Suenan tambores de guerra en Latinoamérica? Definitivamente: sí.
La amenaza es doble, y en un sentido novedosa: el militarismo estadounidense está en su punto máximo (factor ya conocido desde hace un siglo), a lo que se agrega una carrera armamentista en la que han entrado los países de la región, lo cual sí es nuevo, desconocido en épocas pasadas. En relación a la presencia de la potencia del Norte, eso no es novedad.Pero sí lo son las hipótesis de conflicto con posibilidades reales de consumación que empiezan a desarrollarse entre algunas naciones.
Lo patético es que, en este segundo punto, ningún latinoamericano podría decir por qué sucede.
Más aún: América Latina es, desde las guerras independentistas de principios del siglo XIX, una región relativamente libre de conflictos armados, por lo que una guerra en estos territorios no obedece, al menos en principio, a ninguna lógica histórica. Lo cual debería llevar a preguntar por las causas de una eventual conflagración.
No hay dudas, entonces, que allí se juega alguna agenda oculta.
Y más aún: una agenda que no se corresponde para nada con los intereses reales de las sociedades del área.
Como dijo alguna vez el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel: “Salvo Estados Unidos, ningún país tiene un proyecto consistente para la región. Aunque, claro está, ese proyecto no es precisamente el que necesitamos los latinoamericanos”.
Se aplica cabalmente aquí aquello de “nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabiduría”.
Si hay guerra, o sería una guerra popular de defensa de intereses nacionales contra una invasión de una potencia extra-regional (una invasión estadounidense) o, eventualmente, una guerra entre países vecinos, que no sería en modo alguno una guerra de los latinoamericanos. Sería, en todo caso, un enfrentamiento donde las poblaciones y sus dirigencias actuarían como piezas de un rompecabezas armado desde fuera. Y quien las movería no sería otra que la clase dirigente de la gran potencia del Norte –por supuesto, a través de la administración gubernamental de turno–, dueña y señora de lo que considera su patio trasero: los países al sur del Río Bravo.
Felizmente para los latinoamericanos, durante los alrededor de dos siglos de vida independiente terminada la colonia lusitano-española, fuera de la fratricida guerra del Paraguay que dejó sumido a este país en una miseria de la que no se pudo recuperar hasta el día de hoy, en términos generales no ha sido una constante la guerra entre Estados.
Y los conflictos armados que se han dado –que, por supuesto, los hubo, como la guerra del Pacífico (entre Chile y Bolivia) o la guerra del Chaco (entre Bolivia y Paraguay)– no marcan a fuego la historia de la región como sí sucede, por ejemplo, en el continente africano, o en el Medio Oriente, regiones abatidas por las guerras interestatales que responden a las lógicas de dominación de potencias extra-regionales y donde las poblaciones locales sólo ponen muertos sobre muertos.
¿Se encamina Latinoamérica a alguno de estos escenarios de guerra interestatal?
No está descartado.
Desde la puesta en práctica de la Doctrina Monroe –“América para los americanos”– todo el subcontinente latinoamericano fue la reserva de materia prima y mano de obra barata para la expansión económica de Washington, así como un mercado cautivo para sus productos industriales.
Eso no ha cambiado al día de hoy sino que, por el contrario, se va intensificando. Ante el no muy lejano agotamiento de las reservas petrolíferas propias y de otros puntos del planeta, contando además con que su modelo de producción y consumo se centra en forma escandalosa en el despilfarro de oro negro, a lo que se suma el también próximo agotamiento de las fuentes de agua dulce, y ante la imperiosa necesidad de materias primas tomadas de la biodiversidad de las selvas tropicales que alimentan las industrias farmacéuticas y de la ingeniería genética y otros minerales cada vez más imprescindibles para las nuevas tecnologías que el imperio desarrolla, Latinoamérica aparece como el proveedor natural de todo esto, en la lógica de dominación de la Casa Blanca. Petróleo, agua dulce y biodiversidad son los elementos que mueven la voracidad de la política exterior de Estados Unidos.
Lamentablemente para los latinoamericanos, esta zona es pródiga en todo ello. Por eso es que asistimos a una presencia militar estadounidense como nunca antes.
Este nuevo reposicionamiento estratégico de bases militares estadounidenses por toda la región latinoamericana como no había pasado en el transcurso del siglo XX otorga a la potencia dominante una capacidad de acción casi absoluta.
A partir de este rediseño, toda la zona al sur de su frontera es un virtual teatro de operaciones, y los diversos planes en juego –Puebla-Panamá y Mérida (para México y Centroamérica), Patriota (antes llamado Colombia, el principal punto de referencia en el subcontinente), Dignidad (para atender toda la región amazónica), la renacida IV Flota custodiando las aguas oceánicas– más la cohorte de instalaciones militares fijas que ha desplegado por la región, evidencian que Washington toma muy en serio a su patio trasero.
Lo “toma en serio”, claro está, desde el punto de vista de su estrategia de control; es decir: se hace evidente que no está dispuesto a perderlo ni a tolerar molestos movimientos contestatarios que cuestionen su hegemonía.
Es claro, también, que todos estos dispositivos militares no son sólo parte de un mecanismo de control y espionaje: son operativos y están listos para actuar si las circunstancias lo requieren.
Para eso necesita ir adentrándose más y más en territorios latinoamericanos, haciendo “natural” su presencia. Y es lo que justifica la otra faceta de la militarización: un ariete local que le permita sentirse dueño de la región.
En esa lógica, ahí está Colombia, el nuevo matón del barrio, jugando el mismo papel que juega el Estado de Israel en el Medio Oriente. De la mano con ello van las hipótesis de guerras locales; de ahí que no es la primera vez que ya se dice que “comienzan a escucharse tambores de guerra”. Todo indicaría que algo se está preparando. Pero, como dijo el citado Premio Nobel, “no es precisamente lo que necesitamos los latinoamericanos”.
Podría decirse que el final del siglo XX y los inicios del XXI encuentran a las clases dirigentes latinoamericanas más unidas que en otros épocas. El proyecto del MERCOSUR aparece como la iniciativa integracionista más seria hasta el momento –más aún que el ALBA, lamentablemente– tras todos los años de desunión y desencuentros que signaron la historia regional.
Con el liderazgo económico y político de Brasil ya afianzado en la zona, nada indicaría guerra en el horizonte. ¿Por qué, entonces, tantos aprestos bélicos? ¿Por qué esta militarización inusitada para el área, además de las bases estadounidenses propiamente dichas? ¿Por qué esta compra acelerada de armamentos de alta tecnología que se está dando?
Hay que ver bien lo que ello significa: hoy día ningún país de Latinoamérica deja de tener gobiernos “democráticos”, al menos para los moldes de la ideología dominante, que entiende “democracia” como un ejercicio puramente formal, basado casi con exclusividad en el voto cada cierto período de tiempo.
Desde esos criterios –y salvo Cuba, según los mismos esquemas– toda el área goza de “democracias” políticas, habiéndose dejado en el pasado las dictaduras militares.
Formalmente es así, pero el balance de poderes para el campo popular no ha variado un ápice.
Sin gobiernos militares, las condiciones de vida de las grandes mayorías están peor que algunos años atrás.
Hoy por hoy no se viven climas militares en el ámbito político; terminaron las guerras sucias contra los grupos insurgentes y las respectivas fuerzas armadas volvieron a sus cuarteles.
La militarización, en todo caso, no viene desde dentro, con Doctrinas de Seguridad Nacional e hipótesis de enemigo interno, como en el acmé de la Guerra Fría. Ahora la militarización la impone el imperio en su nuevo diseño de geoestrategia hemisférica. Si suenan tambores de guerra, son los de Washington y sus tropas.
Pero los tiempos cambian, y luego del trauma de Vietnam el imperio ya no quiere desembarcar sus propios soldados.
Si lo hace, es bajo otras circunstancias como en Irak y Afganistán, donde se libran otro tipo de guerra, basadas fundamentalmente en la capacidad técnica de control (que, dicho sea de paso, no asegura el triunfo final, tal como estamos viendo esta derrota en cámara lenta que va sufriendo Estados Unidos).
De ahí la nueva parafernalia tecnológica en juego: guerras inteligentes, guerras electrónicas, mecanismos de espionaje hiper sofisticados.
En todo caso en Latinoamérica se podría repetir el modelo del Medio Oriente: una potencia regional armada hasta los dientes (allá Israel, aquí Colombia), que juega el papel de gendarme de los intereses del país del Norte, evitando la masiva presencia directa de tropas estadounidenses en el terreno.
Los muertos, de más está decirlo, los ponen las sociedades locales.
Además, la antigua fórmula maquiavélica de “divide y reinarás” sigue absolutamente vigente y operativa. Las guerras –verdad vieja como el mundo– desunen, y alguien saca provecho de eso. Para el caso, no es otro que el proyecto de dominación imperialista el beneficiado, quizá con alguna oligarquía local que logre acomodarse al esquema.
Ahora bien, la militarización a que asistimos tiene características especiales, inéditas incluso: estamos ante un crecimiento de bases estadounidenses con tecnologías de punta como nunca, que sirven en principio para el control y el espionaje, y si fuera necesario, para el despliegue de fuerzas de intervención directa. Pero se ello se complementa con las nuevas hipótesis de conflicto que barren el área: hay un nuevo polo militar que crea desbalance regional, y se llama Colombia.
La verdadera amenaza a la paz en Latinoamérica no proviene del “militarista” y “castro-comunista” Hugo Chávez, como las usinas mediáticas de la derecha internacional quieren fijar en tanto matriz global de opinión. “Chávez llama a las armas”, “Tambores de guerra desde Venezuela” y artilugios por el estilo no son sino distractores que desenfocan el verdadero problema en ciernes.
“Colombia debe tomar con toda seriedad la que constituye la más grave amenaza a su seguridad en más de siete décadas pues esta proviene de un Presidente que, además, es de formación militar. La razón es que cada vez son mayores las posibilidades de una provocación que puede ir desde un incidente fronterizo hasta un ataque contra instalaciones civiles o militares en Colombia”, pudo leerse en el editorial del periódico “El Tiempo”, de Bogotá, el pasado 15 de noviembre.
Suena tan descabellado como la comunicación del otrora presidente estadounidense Ronald Reagan cuando aseguró que los sandinistas estaban listos para atacar Texas. ¿Qué hay detrás de todo este clima pre-bélico? –y sabemos que las guerras empiezan, ante todo, por la desinformación. Su primera víctima siempre es la verdad–.
La posibilidad real y concreta de desatar guerras en la región está presente; guerras que sólo traerán más desgracias a los latinoamericanos que pondrán el cuerpo (los pobres, naturalmente, la población civil de a pie), guerras que hacen parte de la estrategia de control hemisférico de Washington, el verdadero beneficiado con estos eventuales conflictos.
Guerras que, como comienzan a delinear las usinas mediáticas formadoras de la opinión pública, ya aparecen como hipótesis. ¿Marchamos inexorablemente hacia ellas?
En este nuevo rompecabezas regional, Colombia juega un papel clave. De ahí la necesidad para los poderes dominantes que Álvaro Uribe siga siendo su presidente. Quizá con un nuevo mandatario en las próximas elecciones el plan maestro no se alteraría, pero sí implicaría nuevas recomposiciones, por lo que para la lógica del imperio está bien un tercer período presidencial del actual jefe de Estado, con lo que se reafirma la hipocresía en juego, porque cuando de la reelección de Hugo Chávez se trata, la “prensa libre” del mundo pone el grito en el cielo, pero con el actual mandatario neogranadino, no.
Colombia es vital en este nuevo esquema militar de Washington por cuanto pasa a ser la principal avanzada de Estados Unidos en territorio latinoamericano, vital para controlar sus intereses.
Sin dudas la oligarquía colombiana también se beneficia de esto, si no, no podría ceder su territorio de la manera casi indigna que lo hace (no hay que olvidar sus aspiraciones de siempre a controlar las reservas de hidrocarburos del lago de Maracaibo y las manipuladas pretensiones independentistas del estado Zulia, en Venezuela, en concordancia con esos intereses).
¿Qué puede esperarse de esta remilitarización que sufre el país sudamericano? Cualquier cosa. Por supuesto, lo que menos puede esperarse es un real combate a la producción de estupefacientes y a su tráfico; esa es una de las patas en que se asienta todo el complejo mecanismo del capitalismo mafioso que domina la escena a nivel mundial, con paraísos fiscales intocables y capital financiero transnacional marcando el ritmo.
Pero en todo caso, amparándose en un discurso que pretendidamente combate al narcotráfico, la militarización en marcha puede disparar nuevas guerras locales, favorables en definitiva a la estrategia global de Washington y a sus aliados locales. Lo que el citado editorial dice puede ser un probable escenario en el mediano plazo.
Por lo pronto, y para hacer evidente lo antipopular y peligroso de la nueva situación que se va configurando en el continente, debe destacarse que el reciente acuerdo militar entre los gobiernos de Estados Unidos y Colombia –denominado en forma pomposa como “Acuerdo para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad”, pero que en realidad no es sino una base de operaciones estadounidense con absoluta impunidad y fuera de todo control colombiano– se suscribió en un marco de gran secretismo, a espaldas de toda formalidad democrática.
De hecho, se firmó en un acto a puerta cerrada en la sede de la cancillería en Bogotá a las 7 de la mañana.
Si se prefirió eso y no la masividad de un acto público con amplia presencia de la prensa, ello ya indica una actitud: se cede alegremente la soberanía nacional para una fuerza extranjera, pero se hace a escondidas.
Como dijera el ex canciller argentino Guido Di Tella: “relaciones carnales” con el big brother (eufemismo por decir en buen criollo: “bajada de pantalones”, con todo lo que conlleva la sexista metáfora en juego).
Para muestra, véanse cualquiera de los artículos del acuerdo, por ejemplo, el número IV: “Acceso, uso y propiedad de las instalaciones y ubicaciones convenidas”: “Las autoridades de Colombia, sin cobro de alquiler ni costos parecidos, permitirán a Estados Unidos el acceso y uso de las instalaciones y ubicaciones convenidas y a las servidumbres y derechos de paso sobre bienes de propiedad de Colombia que sean necesarios para llevar a cabo las actividades dentro del marco del presente Acuerdo, incluida la construcción convenida”.
O el número VI: “Pago de tarifas y otros cargos”: “Las aeronaves de Estado de Estados Unidos, cuando se encuentren en el territorio de Colombia, no estarán sujetas al pago de derechos, incluidos los de navegación aérea, sobrevuelo, aterrizaje y parqueo en rampa.
Los buques de
Estado de Estados Unidos recibirán el mismo tratamiento y privilegios que los buques de guerra, y en consecuencia no estarán sujetos al pago de tasas de señalización marítima y fondeo.
Estados Unidos pagará las tarifas establecidas en los puertos concesionados por los servicios solicitados y recibidos de las empresas comerciales. […]… de conformidad con el derecho consuetudinario internacional y la práctica, las aeronaves y buques de Estado de Estados Unidos no se someterán a abordaje e inspección”.
De acuerdo a ese convenio, la ahora nada soberana República de Colombia cede a las fuerzas estadounidenses el uso de siete puntos estratégicos de operaciones dentro de su territorio: Malambo, sede del Comando Aéreo N° 3, Cartagena, con su base naval, Tolemaida, del ejército, Bahía Málaga, base naval en el Pacífico, Larandia, también perteneciente al ejército, Palanquero, del Comando Aéreo N°1 y Apiay, sede del Comando Aéreo N° 2. El equipo extranjero será altamente sofisticado: aviones C-17 y Orión C-3, especiales para el espionaje electrónico y considerados poco funcionales para combatir a la guerrilla o al narcotráfico, ideales, en todo caso, para operaciones quirúrgicas como la desarrollada en enero del 2008 contra el segundo comandante de las FARC colombianas, que fuera detectado y bombardeado en territorio ecuatoriano, en plena selva.
De acuerdo a un documento del Departamento de la Fuerza Aérea del Departamento de Defensa de Estados Unidos, “la intención es utilizar la infraestructura existente […] mejorar la capacidad de Estados Unidos para responder rápidamente a una crisis y asegurar el acceso regional y la presencia estadounidense [con lo que se] garantiza el acceso a todo el continente de Suramérica con la excepción de Cabo de Hornos.
[Esto] nos da una oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una sub-región crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y estabilidad están bajo amenaza constante de las insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, los gobiernos anti-estadounidenses, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales”.
Si bien es cierto que Estados Unidos no es ya la super potencia hegemónica con supremacía global como lo fue apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, pues su situación económica comienza a resquebrajarse, muy lejos está aún de perder su lugar y desbarrancarse como imperio.
En todo caso, esta militarización que ahora impone en Latinoamérica puede ser señal de una debilidad a largo plazo, porque trata de demarcar su territorio “natural” (eso son los países al sur de su frontera) para mantenerlo a toda costa como reserva estratégica.
Ahora bien: si históricamente eso es una señal de debilidad para el mediano plazo, en el momento actual lo único que trae a la región son más problemas y sufrimientos a las poblaciones.
¿Más guerras? Sí, pareciera que de eso se trata. El recurso a la guerra es siempre un buen expediente para los poderes dominantes, porque sirve para dar salida a las crisis.
En términos estratégicos, Washington comienza a tener ante sí un escenario que le cuestiona su absoluta hegemonía de décadas atrás.
En lo económico, siendo aún la primer potencia, hace tiempo que viene perdiendo dinamismo, y nuevos actores internacionales van camino a cuestionarlo.
El dólar está dejando de ser la moneda universal intocable.
En la región sudamericana, dentro de esa lógica de pérdida de presencia, Brasil es una nueva fuerza económica que puede quitarle protagonismo. Y de hecho la mayor parte de la Amazonia –vital para la estrategia de la Casa Blanca– se encuentra en su territorio.
Por tanto, como apuesta por el mantenimiento de esa supremacía en el mediano plazo, la estrategia imperial apunta a contener a Brasil.
Pero este país, décima economía mundial, con una oligarquía nacional que ya se comienza a sentir envalentonada y reclama una silla en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lidera un bloque como el MERCOSUR que, indefectiblemente, pasa a ser también un grupo de incidencia política. Lo cual se complementa, también, con pretensiones de hegemonía militar. La carrera armamentista en que ha entrado el país carioca con la modernización de sus arsenales compite con la delegación estadounidense en la zona: Colombia.
Las fuerzas armadas que crecen y las armas que se acumulan en los arsenales –esto es una “ley” largamente demostrada en la historia– tarde o temprano entran en acción. La única guerra en que no se dispararon tiros directamente los contendientes fue la Guerra Fría; pero ahí, los misiles que no se lanzaban las potencias tenían como correlato las guerras locales que desangraron el mundo luego de terminada la Segunda Guerra Mundial en representación de los respectivos bloques de poder.
Hoy no hay Guerra Fría, y el petróleo y el agua dulce se agotan (dicho sea de paso, un ciudadano estadounidense medio consume 100 litros diarios de agua, contra 30 de un europeo y 1 de un africano).
Las pretensiones hegemónicas de Brasil encuentran su correlato en una Colombia hiper armada (en proporción a su población, las fuerzas militares más grandes de Latinoamérica, y en términos absolutos, similares a las de Brasil).
Ya está claro su papel obstructor y disgregador, tal como puede apreciarse en UNSAUR y en el Consejo de Defensa Suramericano.
¿Para qué necesita Colombia los gastos militares, en proporción, más altos del mundo, más que los del propio Estados Unidos? Para combatir al narcotráfico, evidentemente no, porque la producción de hoja de coca y su transformación en cocaína, luego de casi 10 años de plan Colombia (y luego Patriota) no desaparecieron.
Todo apunta más a que su papel tiene que ver con un Israel en los desiertos del Medio Oriente; allá hay hidrocarburos. Aquí no sólo eso: también recursos hídricos y biodiversidad. Además de gobiernos díscolos, como el de Hugo Chávez, o el de Evo Morales. Y grupos sociales que siguen reivindicando cambios (los movimientos indígenas latinoamericanos son una de las principales hipótesis de conflicto del Pentágono para las primeras décadas del siglo XXI).
El curiosamente Premio Nobel de la Paz (¿serán esquizofrénicos los que otorgan estos galardones?) Barak Obama, ha continuado sin modificaciones la política militarista de su antecesor, el presidente George Bush; incluso mantuvo en el cargo al mismo secretario de Defensa, Robert Gates, un connotado halcón.
Está claro el mensaje en juego: más allá de declamaciones, ninguna base militar estadounidense en el área latinoamericana han sido cerrada. Por el contrario, se expanden. Y el contrato de “cooperación” militar con Colombia da la pauta: el “arco de inestabilidad global”, como denominó el Pentágono a la zona de América Latina que contiene reservas petrolíferas, acuíferas y de biodiversidad, sigue siendo su preciado botín.
Eso lo considera de su propiedad, y si alguien osara ponerlo en duda, ahí está la parafernalia militarista para recordarlo, en la que Colombia juega un papel clave. Si existe alguna amenaza de tambores de guerra en la región, no es la compra de armamentos por parte del gobierno venezolano.