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miércoles, 9 de junio de 2010

Irán se prepara para cambios geopolíticos en Asia Central


RIA NOVOSTI

Irán se prepara para el rediseño del mapa geopolítico del Asia Central, señalan expertos rusos al comentar hoy, en las páginas de Nezavisimaya Gazeta, la movilización de la diplomacia iraní en Tayikistán.

El ministro iraní de Defensa, Ahmad Vahidi, estuvo en Dushambé en mayo pasado, prometió al Gobierno tayiko "toda clase de ayuda" y afirmó que Teherán aboga por la "cooperación militar de tres países de habla persa: Afganistán, Irán y Tayikistán, con el objetivo de garantizar la seguridad regional". El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, inicia este martes una visita de dos días de duración a Tayikistán para ampliar la colaboración entre Dushambé y Teherán.

"Son los preparativos para una reconfiguración geopolítica en el Asia Central", comentó al respecto Lev Korolkov, experto ruso en situaciones de crisis.

"Mediante el acercamiento a Tayikistán, Irán bloquea en grado considerable la actuación de las fuerzas internacionales en territorio afgano. De ser exitoso este proyecto, podrá controlar vastas regiones de Afganistán que están pobladas por tayikos".

El experto recordó que Irán proporciona a Dushambé fuerte asistencia financiera, algo que Moscú no puede permitirse en las condiciones actuales. Los iraníes realizan importantes inversiones en diversos sectores de la economía tayika y promueven allí la construcción de carreteras, ferrocarriles y presas hidroeléctricas, en particular, con vistas a la formación de un sistema regional del suministro de electricidad con participación de Pakistán.

Detrás de esta movilización económica también hay una componente política: la presencia de EEUU en la región y la amenaza, cada vez más real, de un conflicto militar obligan a Teherán a reforzar su influencia en el Asia Central, buscar aliados, forjar nuevas coaliciones y hacer intentos por adherirse a las ya existentes.

Irán solicitó el ingreso en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) pero una moratoria en las admisiones le impide incorporarse a esta alianza integrada por China, Kazajstán, Kirguizistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán. De momento, Irán participa como observador, lo mismo que India, Mongolia y Pakistán que también aspira al ingreso.

La OCS planea celebrar el próximo día 11 una cumbre en Tashkent y aprobar, entre otros documentos, el reglamento de admisiones aunque el secretario general de la OCS, Muratbek Imanalíev, ya dijo que ello no implica la entrada automática de nuevos miembros.

Tayikistán actúa como cabildero de los intereses iraníes en la OCS, así que el ingreso será seguramente uno de los temas prioritarios en la reunión de Ahmadineyad con el líder tayiko, Emomalí Rajmón. Si Irán consigue implementar su plan, podrá consolidar su posición en el Asia Central y usar la OCS como escudo contra la hipotética agresión.

Serguei Luzianin, jefe del Centro de problemas estratégicos de la OCS y el Noreste Asiático, considera que "la eventual ampliación de la OCS acentuaría la confrontación geopolítica latente y profundizaría las controversias entre esta alianza y la OTAN, así como con EEUU".

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viernes, 25 de diciembre de 2009

Geopolítica tras la falsa guerra de Estados Unidos en Afganistán


por F. William Engdahl

Uno de los aspectos más notorios del programa presidencial de Obama es que, en Estados Unidos, pocos han cuestionado, en los medios de difusión o por otras vías, la razón del compromiso del Pentágono con la ocupación militar de Afganistán. Existen para ello dos razones fundamentales, y ninguna de ellas puede ser revelada abiertamente a la opinión pública.

Los engañosos debates oficiales sobre la cantidad de soldados que se necesita para «ganar» la guerra en Afganistán, si basta con 30 000 hombres más o si se requieran por lo menos 200 000, no son más que la cortina de humo que está sirviendo para esconder el verdadero objetivo de la presencia militar de Estados Unidos en ese estratégico país de Asia central.

Durante su campaña presidencial del año 2008, el candidato Obama afirmó incluso que es en Afganistán, no en Irak, donde Estados Unidos está obligado a hacer la guerra. ¿Por qué? Porque, según Obama, es en Afganistán donde se ha atrincherado Al Qaeda, que constituye a su vez la «verdadera» amenaza para la seguridad nacional.

Las razones de la implicación estadounidense en Afganistán son en realidad muy diferentes.
El ejército estadounidense ocupa Afganistán por 2 razones: principalmente para restablecer y controlar la principal fuente mundial de opio de los mercados internacionales de heroína y utilizar la droga como arma contra sus adversarios en el terreno de la geopolítica, especialmente contra Rusia. El control del mercado de la droga afgana es capital para garantizar la liquidez de la mafia financiera en bancarrota de Wall Street.

Geopolítica del opio afgano
Según un informe oficial de la ONU, la producción de opio afgano aumentó de forma espectacular después del derrocamiento del régimen talibán, en 2001. Los datos del Buró de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas demuestran que en cada una de las cuatro últimas estaciones de crecimiento (desde 2004 y hasta 2007) hubo más cultivos de adormidera que en todo un año bajo el régimen talibán. En este momento hay en Afganistán más tierra dedicada a la producción de opio que al cultivo de la coca en toda América Latina. En 2007, el 93% de los opiáceos del mercado mundial venían de Afganistán.

No son simples coincidencias. Se ha demostrado que Washington seleccionó cuidadosamente al muy controvertido Hamid Karzai, señor de la guerra de origen pashtún con una larga hoja de servicios en la CIA, especialmente traído de su exilio en Estados Unidos, a quien se le fabricó todo una leyenda hollywodense sobre su «valiente autoridad sobre su pueblo». Según fuentes afganas, Hamid Karzai es actualmente el «Padrino» del opio afgano. No por casualidad Karzai ha sido, y sigue siendo hoy en día, el preferido de Washington en Kabul. A pesar de ello, y también a pesar de la masiva compra de votos, del fraude y de la intimidación, los días de Karzai como presidente pudieran estar contados.

En momentos en que el mundo casi ni se acuerda ya del misterioso Osama Ben Laden ni de Al Qaeda –su supuesta organización terrorista–, o se pregunta incluso si tan siquiera existen, la segunda razón de la larga presencia de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Afganistán parece más bien un pretexto para crear una fuerza militar de choque estadounidense permanente con una serie de bases aéreas permanentes en Afganistán.
El objetivo de dichas bases no es acabar con los grupos de Al Qaeda que puedan quedar aún en las cuevas de Tora Bora ni acabar con un mítico «talibán» que, según informes de testigos oculares, se compone actualmente en su mayoría de pobladores afganos comunes y corrientes que nuevamente luchan por expulsar de su tierra una fuerza ocupante, como hicieron en los años 1980 frente a los soviéticos.

Para Estados Unidos, la razón de ser de sus bases afganas es mantener en la mirilla y tener la posibilidad de golpear a las dos naciones que, juntas, constituyen hoy en día la única amenaza seria para el poderío supremo de Washington o, como lo llama el Pentágono, America’s Full Spectrum Dominance (el predominio estadounidense en todos los aspectos).

La pérdida del «Mandato Celestial»
El problema de las élites* que detentan el poder en Wall Street y en Washington reside en el hecho que se encuentran hoy empantanados en la más profunda crisis financiera de toda su historia. Esa crisis es un hecho irrefutable para el mundo entero y el mundo está actuando en aras de salvarse a sí mismo. Las élites estadounidenses han perdido así lo que en la historia de la China imperial se conoce como el Mandato Celestial.
Se trata del mandato que se concedido a un soberano o a una élite reinante a condición de que dirija a su pueblo con justicia y equidad. Cuando el que gobierna lo hace de forma tiránica y como un déspota, oprimiendo al pueblo y abusando de él, se expone con ello a la pérdida del Mandato Celestial.

Si las poderosas élites de las firmas y las empresas privadas que han controlado las políticas fundamentales, financiera y exterior, durante la mayoría del tiempo, por lo menos durante el siglo pasado, tuvieron alguna vez en sus manos el mandato celestial, hoy resulta evidente que lo han perdido.

La evolución interna hacia la creación de un Estado policiaco injusto, con ciudadanos que se ven privados de sus derechos constitucionales, el ejercicio arbitrario del poder por personas que nunca obtuvieron un mandato electoral –como el ex secretario estadounidense del Tesoro Henry Paulson y el actual ocupante de ese mismo cargo Tim Geithner– y que roban miles de millones de dólares del contribuyente, sin consentimiento de éste, para sacar de la bancarrota a los principales bancos de Wall Street, bancos que se creían «demasiado grandes para hundirse», son hechos que demuestran al mundo que esas élites han perdido el «Mandato Celestial».

Ante tal situación, las élites que ejercen el poder se desesperan cada vez más por mantener su control sobre un imperio mundial de carácter parasitario que su máquina mediática falsamente llama «globalización». Y para lograr mantener su dominación resulta vital que Estados Unidos logre destruir toda forma naciente de cooperación, en el plano económico, energético o militar, entre las dos grandes potencias de Eurasia que, en teoría, pudieran representar una amenaza para el futuro control de la única superpotencia. Esas dos potencias son China y Rusia, cuya asociación Washington trata de evitar a toda costa.

Ambas potencias euroasiáticas completan el panorama con elementos esenciales. China es la economía más fuerte del mundo, con mano de obra joven y dinámica y una clase media educada. Rusia, cuya economía no se ha recuperado aún del destructivo final de la era soviética y del descarado saqueo que caracterizó la era de Yeltsin, sigue presentando sin embargo cartas esenciales para una asociación. La fuerza nuclear de Rusia y sus fuerzas armadas, aún siendo en gran parte remanentes de la guerra fría, representan en el mundo actual la única amenaza de consideración para la dominación militar estadounidense.

Las élites del ejército ruso en ningún momento han renunciado a ese potencial.
Rusia posee también el mayor tesoro del mundo en gas natural así como inmensas reservas petrolíferas, indispensables para China. Estas dos potencias convergen cada vez más a través de una nueva organización que crearon en 2001, conocida como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Además de China y Rusia, los países más extensos del Asia central –Kazajstán, Kirguiztán, Tayikistán y Uzbekistán– también forman parte de la OCS.

El objetivo que alega Washington para justificar la guerra de Estados Unidos, a la vez contra los talibanes y Al Qaeda, consiste en realidad en instalar su fuerza militar directamente en Asia central, en medio del espacio geográfico de la naciente OCS. Irán no es más que un pretexto. El blanco principal son Rusia y China.

Por supuesto, Washington afirma oficialmente que estableció su presencia militar en Afganistán desde el año 2002 para proteger la «frágil» democracia afgana. Sorprendente argumento cuando se analiza la realidad de la presencia militar estadounidense en ese país.
En diciembre de 2004, durante una visita a Kabul, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld dio los toques finales a sus proyectos de construcción de 9 nuevas bases militares estadounidenses en Afganistán, en las provincias de Helmand, Herat, Nimruz, Balh, Khost y Paktia.

Esas 9 bases estadounidenses de nueva creación se agregan a las 3 bases militares principales ya instaladas inmediatamente después de la ocupación de Afganistán, durante el invierno de 2002, supuestamente con el fin de aislar y eliminar la amenaza terrorista de Osama Ben Laden.
Estados Unidos construyó sus 3 primeras bases militares en los aeródromos de Bagram, al norte de Kabul, su principal centro logístico militar; de Kandahar, en el sur de Afganistán; y de Shindand, en la occidental provincia de Herat. Shindand, la mayor base militar estadounidense en Afganistán, se encuentra a sólo 100 kilómetros de la frontera iraní, y a distancia de ataque si se trata de Rusia y China.

Afganistán ha estado históricamente en el centro de la gran pugna anglo-rusa, la lucha por el control del Asia central en el siglo 19 y a principios del siglo 20. La estrategia británica consistió entonces en impedir a toda costa que Rusia controlara Afganistán, lo cual hubiese representado una amenaza para la perla de la corona británica: la India.

Los estrategas del Pentágono también ven en Afganistán una posición altamente estratégica. Ese país constituye un trampolín que permitiría al poderío militar estadounidense amenazar directamente a Rusia y China, así como a Irán y a los demás países ricos productores de petróleo del Medio Oriente. En más de un siglo de guerras, las cosas no han cambiado mucho.

La situación geográfica de Afganistán como punto de confluencia entre el sur de Asia, Asia central y el Medio Oriente, es de vital importancia. Afganistán se encuentra además precisamente en el itinerario previsto para la construcción del oleoducto que debe llevar el petróleo de las zonas petrolíferas del mar Caspio hasta el océano Índico, donde la petrolera Unocal, así como Enron y la Halliburton de Cheney, estuvieron negociando los derechos exclusivos del gasoducto para conducir el gas natural de Turkmenistán a través de Afganistán y Pakistán hacia la enorme central eléctrica de gas natural de la Enron en Dabhol, cerca de Mumbai (Bombay). Ante de convertirse en presidente afgano títere de Estados Unidos, Karzai había sido cabildero de Unocal.

Al Qaeda no existe como amenaza
La verdad sobre todo este engaño alrededor del verdadero objetivo en Afganistán aparece claramente cuando se analiza más atentamente la supuesta amenaza de «Al Qaeda» en ese país. Según el autor Erik Margolis, antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la inteligencia estadounidense proporcionaba asistencia y apoyo tanto a los talibanes como al propio Al Qaeda. Margolis señala que «la CIA proyectaba utilizar [la organización] Al Qaeda de Osama Ben Laden para incitar a los uigures musulmanes a rebelarse contra la dominación china y a los talibanes contra los aliados de Rusia en Asia central.»

Es evidente que Estados Unidos encontró otras vías para manipular a los uigures musulmanes contra Pekín en julio pasado, a través del apoyo estadounidense al Congreso Mundial Uigur. Pero la «amenaza» de Al Qaeda sigue siendo el principal argumento de Obama para justificar la intensificación de la guerra en Afganistán.

Sin embargo, el consejero de seguridad nacional de presidente Obama y ex general de Marines James Jones hizo una declaración, oportunamente enterrada por los amables medios de prensa estadounidenses, sobre la evaluación del peligro que actualmente representa Al Qaeda en Afganistán. Jones declaró al Congreso: «La presencia de Al Qaeda es muy reducida. La evaluación máxima es inferior a 100 ejecutores en el país, ninguna base, ninguna capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados.»

Lo cual significa que Al Qaeda no existe en Afganistán. ¡Diablos! Incluso en el vecino Pakistán, lo que queda de Al Qaeda es ya prácticamente imperceptible. El Wall Street Journal señala: «Perseguidos por los aviones sin piloto estadounidenses, con problemas de dinero y con más dificultades para atraer a los jóvenes árabes a las oscuras montañas de Pakistán, Al Qaeda ve reducirse su papel allí y en Afganistán, según los informes de la Inteligencia y de los responsables pakistaníes y estadounidenses. Para los jóvenes árabes que son los principales reclutas de Al Qaeda “no resulta romántico pasar frío y hambre y tener que esconderse”, declaró un alto responsable estadounidense en el sur de Asia.»

Si entendemos bien las consecuencias lógicas de esa declaración no queda más remedio que llegar a la conclusión de que la razón por la cual los jóvenes alemanes y de otros países de la OTAN están muriendo en las montañas afganas no tienen nada que ver con «ganar la guerra contra el terrorismo». Muy oportunamente la mayoría de los medios de prensa prefieren olvidar el hecho que Al Qaeda, en la medida en que esa organización existió alguna vez, fue creada por la CIA en los años 1980.

Se dedicaba entonces a reclutar musulmanes radicales provenientes de todo el mundo islámico y a entrenarlos para la guerra contra las tropas rusas en Afganistán en el marco de una estrategia elaborada por Bill Casey, jefe de la CIA bajo la administración Reagan, entre otras, con el objetivo de crear un «nuevo Vietnam» para la Unión Soviética, lo cual debía conducir a la humillante derrota del Ejército Rojo y el derrumbe final de la Unión Soviética.

James Jones, jefe del National Security Council, reconoce ahora que no hay prácticamente nadie de Al Qaeda en Afganistán. Quizás sea un buen momento para que nuestros dirigentes políticos proporcionen una explicación más honesta sobre la verdadera razón del envío de más jóvenes a Afganistán, a morir protegiendo las cosechas de opio.

F. William Engdahl



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miércoles, 17 de junio de 2009

La coyuntura decisiva de Ekaterimburgo


Desdolarización o desmantelamiento del Imperio financiero-militar de EE.UU.

17-06-2009
Michael Hudson
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La ciudad de Ekaterimburgo, la mayor de Rusia al este de los Urales, puede llegar a ser conocida no sólo por ser el sitio en el que murieron los zares sino también la hegemonía estadounidense – y no sólo el sitio en el que fue derribado en 1960 el piloto del U-2 de EE.UU., Gary Powers, sino donde fue abatido el orden financiero mundial centrado en EE.UU.

El cuestionamiento de EE.UU. será el enfoque primordial de las reuniones ampliadas de hoy y mañana (15 y 16 de junio) en Ekaterimburgo (antes llamada Sverdlovsk) para el presidente chino Hu Jintao, el presidente ruso Dmitry Medvedev y otros máximos responsables de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO), de seis miembros. La alianza está formada por Rusia, China, Kazajstán, Tayikistán, Kirguistán, y Uzbekistán, con estatus de observador para Irán, India, Pakistán y Mongolia. El martes se les sumará Brasil para discusiones comerciales de las naciones del BRIC (Brasil, Rusia, India y China).


Los participantes han asegurado a diplomáticos estadounidenses que su objetivo no es desmantelar el imperio financiero y militar de EE.UU. Simplemente quieren discutir la ayuda mutua – pero de un modo que no contenga un papel para EE.UU., la OTAN o el dólar de EE.UU. como vehículo para el comercio. Es posible que los diplomáticos de EE.UU. pregunten lo que esto significa en realidad, si no es una acción para convertir en obsoleta la hegemonía de EE.UU. Es, después de todo, lo que significa un mundo multipolar. Para comenzar, en 2005, la SCO pidió a Washington que fije una línea de tiempo para el retiro de sus bases militares de Asia Central. Dos años después, los países de la SCO se alinearon formalmente con las antiguas repúblicas de la CEI pertenecientes a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO), establecida en 2002 como contrapeso para la OTAN.


Sin embargo la reunión sólo ha provocado un bostezo colectivo de la prensa estadounidense e incluso europea a pesar de que su orden del día es el reemplazo del estándar global del dólar por un nuevo sistema de defensa financiero y militar. Un portavoz del Consejo de Relaciones Exteriores ha dicho que le cuesta imaginar que Rusia y China puedan superar su rivalidad geopolítica, [1] sugiriendo que EE.UU. puede utilizar la política de dividir y conquistar que Gran Bretaña utilizó con tanta habilidad durante muchos siglos para fragmentar la oposición extranjera a su propio imperio. Pero George W. Bush (“soy un unificador, no un divisor”) se basó en el legado del gobierno de Clinton para impulsar a Rusia, China y sus vecinos a encontrar un terreno común cuando se trata de encontrar una alternativa al dólar y por lo tanto a la capacidad de EE.UU. de mantener ad infinitum déficits de la balanza de pagos.


Lo que puede representar la extremaunción de la hegemonía estadounidense ya comenzó en abril en la conferencia del G-20, y se hizo aún más explícito en el Foro Económico International de San Petersburgo el 5 de junio, cuando el señor Medvedev llamó a China, Rusia e India a “edificar un orden mundial cada vez más multipolar.” Lo que esto significa en lenguaje común es: Hemos llegado a nuestro límite en el subsidio del cerco de Eurasia por EE.UU. mientras también permitimos que EE.UU. se apropie de nuestras exportaciones, compañías, acciones y bienes raíces a cambio de papel moneda de un valor cuestionable.


“El sistema unipolar artificialmente mantenido,” aclaró el señor Medvedev, se basa en “un gran centro de consumo, financiado por un déficit creciente, y por lo tanto deudas acrecentadas, una moneda de reserva que solía ser fuerte, y un sistema dominante de evaluación de activos y riesgos.” [2] A la raíz de la crisis financiera global, concluyó, está que EE.UU. produce demasiado poco y gasta demasiado. Especialmente perturbadores son sus gastos militares, tales como el aumento de la ayuda militar de EE.UU. a Georgia recién anunciado la semana pasada, el escudo de misiles de la OTAN en Europa Oriental, y el refuerzo de EE.UU. en Oriente Próximo y Asia Central ricos en petróleo.


El escollo para todos estos países es la capacidad de EE.UU. de imprimir cantidades ilimitadas de dólares. El gasto exagerado de los consumidores de EE.UU. para importaciones en exceso de las exportaciones, las adquisiciones estadounidenses de compañías y bienes raíces extranjeros, y los dólares que el Pentágono gasta en el exterior, terminan todos en bancos centrales extranjeros. Estos organismos entonces enfrentan una decisión difícil: reciclar esos dólares de vuelta a EE.UU. mediante la compra de bonos del Tesoro de EE.UU., o dejar que el “libre mercado” imponga un aumento del valor de su divisa respecto al dólar – haciendo así que sus exportaciones no sean competitivas en los mercados mundiales y creando al hacerlo desempleo e insolvencia de negocios en el interior.


Cuando China y otros países reciclan sus entradas de dólares comprando bonos del Tesoro de EE.UU., para “invertir” en EE.UU., esta acumulación no es realmente voluntaria. No refleja su fe en que la economía de EE.UU. enriquezca a bancos centrales extranjeros con sus ahorros, o alguna preferencia por una inversión calculada, sino simplemente una falta de alternativas. “Libres mercados” al estilo de EE.UU. acoplan a países a un sistema que los obliga a aceptar dólares sin límites. Ahora quieren terminar con esa situación.


Esto significa la creación de una nueva alternativa. En lugar de hacer sólo “cambios cosméticos como lo quisieran algunos países y tal vez las propias organizaciones financieras internacional,” el señor Medvedev terminó su discurso de San Petersburgo diciendo: “lo que necesitamos son instituciones financieras de un tipo completamente nuevo, en el que no dominen temas y motivos políticos particulares y países en particular.”


Cuando los gastos militares en el extranjero llevaron al déficit a la balanza de pagos de EE.UU. e hicieron que EE.UU. abandonara el oro en 1971, los bancos centrales se quedaron sin el recurso tradicional utilizado para saldar desequilibrios en los pagos. La alternativa por defecto fue invertir sus ingresos de pagos subsiguientes en bonos del Tesoro de EE.UU., como si estos fueran “tan buenos como el oro.” Los bancos centrales ahora poseen 4 billones de dólares en esos bonos en sus reservas internacionales – ¡y esos préstamos han financiado la mayor parte de los déficits presupuestarios internos del gobierno de EE.UU. durante más de tres décadas! Ante el hecho de que cerca de la mitad de los gastos discrecionales del gobierno de EE.UU. es para operaciones militares – incluyendo más de 750 bases militares en el extranjero y operaciones cada vez más costosas en países de producción y transporte de petróleo – el sistema financiero internacional está organizado de tal manera que financia al Pentágono, junto con las adquisiciones estadounidenses de activos extranjeros de los que se espera que rindan mucho más que los bonos del Tesoro en poder de los bancos centrales.


El principal tema político que enfrentan los bancos centrales del mundo es por lo tanto ¿cómo evitar que se agreguen aún más dólares a sus reservas y que al hacerlo sigan financiando aún más gastos deficitarios de EE.UU. – incluidos los gastos militares ante sus fronteras?


Para comenzar, los seis países de la SCO y del BRIC tienen la intención de comerciar en sus propias divisas a fin de tener el beneficio del crédito mutuo que hasta ahora EE.UU. ha monopolizado para sí mismo. Con este fin, China ha cerrado acuerdos bilaterales con Argentina y Brasil para asignar el valor de su comercio en renminbi en lugar del dólar, libras esterlinas o euros, [3] y hace dos semanas Chinas llegó a un acuerdo con Malasia para realizar el comercio entre los dos países en renminbi. [4] El ex primer ministro Mahathir Mohamad me explicó en enero que en su calidad de país musulmán, Malasia quiere evitar hacer algo que pueda facilitar la acción militar de EE.UU. contra países islámicos, incluida Palestina. La nación ya tiene demasiados dólares, explicaron sus colegas. El gobernador del Banco del Pueblo de China (central) Zhou Xiaochuan, escribió una declaración oficial en su sitio en Internet que el objetivo es ahora la creación de una moneda de reserva “que esté desconectada de naciones individuales.” [5] Es el objetivo de las discusiones en Ekaterimburgo.


Aparte de evitar el financiamiento de la adquisición de su propia industria y del cerco militar del globo por EE.UU., China, Rusia y otros países quisieran indudablemente obtener el mismo tipo de viaje gratuito que ha estado consiguiendo EE.UU. Tal como están las cosas, ven a EE.UU. como una nación sin ley, tanto desde el punto de vista financiero como militar. ¿De qué otra manera se puede caracterizar a una nación que fija un conjunto de leyes para los demás – sobre la guerra, el pago de la deuda y el tratamiento de prisioneros – pero las ignora cuando se trata de ella? EE.UU. es ahora el mayor deudor del mundo, pero ha evitado el dolor de los “ajustes estructurales” impuestos a otras economías deudoras. Las reducciones de tasas de interés y de impuestos ante la explosión de los déficits comerciales y presupuestarios son vistas como el colmo de la hipocresía ante los programas de austeridad que Washington impone a otros países a través del FMI y otros instrumentos de Washington.


EE.UU. dice a las economías deudoras que vendan sus servicios públicos y recursos naturales, que aumenten sus tipos de interés y que aumenten los impuestos mientras aniquilan sus redes de seguridad social para exprimir dinero a fin de pagar a los acreedores. Y dentro del país, el Congreso bloqueó la compra de Unocal por CNOOK de China por motivos de seguridad nacional, así como bloqueó a Dubai en su intento de comprar puertos de EE.UU. y a otros fondos de riqueza soberana de la compra de infraestructura clave. Se invita a los extranjeros a que imiten la compra japonesa de elefantes blancos como el Centro Rockefeller, en el cual los inversionistas perdieron rápidamente mil millones de dólares y terminaron por abandonar.


En realidad EE.UU. no ha dejado muchas alternativas a China y a otros países con superávits de pagos fuera de encontrar una forma de evitar más acumulación de dólares. Hasta la fecha, los intentos de China de diversificar su tenencia de dólares más allá de los bonos del Tesoro, no han tenido mucho éxito. Para comenzar, Hank Paulson de Goldman Sachs orientó a su banco central hacia valores de mayor rendimiento de Fannie Mae y Freddie Mac, explicando que eran obligaciones públicas de facto. Colapsaron en 2008, pero por lo menos el gobierno de EE.UU. se hizo cargo de esas dos agencias hipotecarias, agregando sus 5,2 billones de dólares en obligaciones a la deuda nacional. De hecho, lo que provocó el rescate fue en gran parte la inversión oficial extranjera. La imposición de una pérdida a las agencias oficiales extranjeras hubiera quebrado instantáneamente el estándar del bono del Tesoro, no sólo a través de la terrible destrucción de la credibilidad de EE.UU., sino simplemente porque no hay suficientes bonos del gobierno como para absorber los dólares que inundan la economía mundial por los crecientes déficits de la balanza de pagos de EE.UU.


Buscando una mayor posición participativa para proteger el valor de sus posesiones en dólares, mientras la burbuja crediticia de la Reserva Federal hacía descender los tipos de interés, los fondos de riqueza soberanos de China trataron de diversificar a fines de 2007. China compró participaciones en el bien conectado fondo de valores Blackstone y en Morgan Stanley en Wall Street, Barclays en Gran Bretaña, Standard Bank en Sudáfrica (otro afiliado con Chase Manhattan durante los años sesenta del apartheid) y en Fortis, el conglomerado financiero belga, se derrumbó poco después. Pero el sector financiero de EE.UU. estaba colapsando bajo el peso de la pirámide de deudas, y los precios de las acciones de bancos y firmas de inversión cayeron en todo el mundo.


Los extranjeros ven al FMI, al Banco Mundial y a la Organización Mundial de Comercio como sustitutos de Washington en un sistema financiero respaldado por bases militares y portaaviones estadounidenses que cercan el globo. Pero esta dominación militar es un vestigio de un imperio estadounidense que ya no puede regir a través de su fuerza económica. El poder militar se apoya en la fuerza, se basa más en el armamento atómico y en ataques aéreos a larga distancia que en operaciones terrestres, que se han hecho demasiado impopulares desde el punto de vista político para ser realizadas en gran escala.


En el frente económico no hay un modo previsible para que EE.UU. pueda librarse de los 4 billones de dólares que debe a gobiernos extranjeros, sus bancos centrales y a los fondos de riqueza soberana establecidos para deshacerse de la abundancia global de dólares. EE.UU. se ha convertido en un moroso – y por cierto, en un moroso agresivo en lo militar que trata de conservar el poder único que otrora ganó por medios económicos. El problema es cómo restringir su conducta. Yu Yongding, ex asesor del banco central chino, y que ahora está en la Academia de Ciencias de China, sugirió que se aconsejara al Secretario del Tesoro de EE.UU., Tim Geithner, que EE.UU. comenzara por “ahorrar” ante todo mediante la reducción de su presupuesto militar. “Es poco probable que los ingresos por impuestos de EE.UU. aumenten a corto plazo por el bajo crecimiento económico, los gastos inflexibles y el coste de ‘librar dos guerras.’” [6]


Actualmente son los ahorros del extranjero, no los de los estadounidenses, los que financian el déficit presupuestario de EE.UU., comprando la mayor parte de los bonos del Tesoro. El resultado es la tributación, sin representación para votantes extranjeros en cuanto a cómo el gobierno de EE.UU. utiliza sus ahorros obligados. Por ello es necesario que los diplomáticos financieros amplíen el alcance de sus decisiones políticas más allá del mercado del sector privado. Los tipos de interés son determinados por muchos factores aparte de “consumidores con tarjetas de crédito,” el eufemismo usual que los medios de EE.UU. citan para el déficit de la balanza de pagos de EE.UU. Desde el siglo XIII, la guerra ha sido un factor dominante en la balanza de pagos de los principales países – y en sus deudas nacionales. El financiamiento con bonos del gobierno consiste sobre todo de deudas de la guerra, ya que los presupuestos en tiempos de paz tienden a ser equilibrados. Esto vincula directamente el presupuesto de guerra con la balanza de pagos y las tasas de interés.


Las naciones extranjeras acumulan pagarés impagables – bajo condiciones en las que, si actúan para detener el viaje gratis del que goza EE.UU., llevarían a una caída del dólar y sus posesiones en dólares bajarían de valor en relación con sus propias monedas nacionales y otras divisas. Si la moneda de China sube en un 10% respecto al dólar, su banco central sufrirá el equivalente de una pérdida de 200 millones de dólares respecto a sus posesiones de 2 billones de dólares denominadas en yuan. Esto explica por qué, cuando las agencias de calificación de bonos hablan de que los valores del Tesoro de EE.UU. pierdan su calificación AAA, no quieren decir que el gobierno no pueda simplemente imprimir los dólares de papel para “compensar” esos bonos. Quieren decir que los dólares se depreciarán en su valor internacional. Y es precisamente lo que está sucediendo. Cuando Geithner puso una cara seria y dijo a una audiencia en la Universidad de Beijing a principios de junio que cree en un “dólar fuerte” y que por lo tanto las inversiones en EE.UU. de China estaban sanas y salvas, fue recibido por risas sarcásticas. [7]


La anticipación de un aumento en la tasa de cambio de China suministra un incentivo para especuladores que tratan de pedir prestado en dólares para comprar renminbi y beneficiarse de la apreciación. Para China, el problema es que esa entrada llevaría a una profecía que se cumple a sí sola al forzar la apreciación de su moneda. De modo que el problema de las reservas internacionales está inherentemente ligado al de los controles de capital. ¿Por qué iba a contemplar China cómo sus compañías lucrativas son vendidas por aún más dólares libremente creados de EE.UU. que el banco central debe utilizar para cumplir bonos de bajo rendimiento del Tesoro de EE.UU. o para perder aún más dinero en Wall Street?


Para evitar ese dilema es necesario revertir la filosofía de mercados abiertos de capital que el mundo ha mantenido desde Bretton Woods en 1944. En ocasión de la visita del señor Geithner a China, “Zhou Xiaochuan, ministro del Banco del Pueblo de China, el banco central del país, dijo intencionadamente que por primera vez desde que las conversaciones semestrales comenzaron en 2006, China tiene que aprender de los errores estadounidenses así como de sus éxitos” en lo que tiene que ver con la desregulación de mercados y el desmantelamiento de controles. [8]


Por lo tanto una era llega a su fin. Ante los continuos gastos deficitarios de EE.UU., la desdolarización amenaza con obligar a los países a volver al tipo de dobles tasas de cambio común entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial: un tipo de cambio para el comercio en materias primas, otro para los movimientos de capital e inversiones, por lo menos en las economías del área del dólar.


Incluso sin controles de capital, las naciones que se reúnen en Ekaterimburgo están tomando pasos para evitar que se conviertan receptores renuentes de aún más dólares. Al ver que la hegemonía global de EE.UU. no puede continuar sin el poder adquisitivo que ellos mismos suministran, los gobiernos se apresuran a acelerar lo que Chalmers Johnson ha llamado “las aflicciones del imperio” en su libro de ese nombre – la bancarrota del orden mundial financiero-militar de EE.UU. Si China, Rusia y sus aliados no-alineados se salen con la suya, EE.UU. ya no vivirá de los ahorros de otros (en la forma de sus propios dólares reciclados) ni tendrá el dinero necesario para sus ilimitados gastos y aventuras militares.


Funcionarios de EE.UU. quisieron asistir como observadores a la reunión de Ekaterimburgo. Les dijeron que No. Es una palabra que los estadounidenses oirán frecuentemente en el futuro.



Notas


1 Andrew Scheineson, “The Shanghai Cooperation Organization,” Council on Foreign Relations,


Actualizado el: 24 de marzo de 2009: “Aunque algunos expertos dicen que la organización ha emergido como un poderoso baluarte contra EE.UU. en Asia Central, otros creen que fricciones entre sus dos mayores miembros, Rusia y China, imposibilitan efectivamente una SCO fuerte y unificada.”


2 Kremlin.ru, 5 de junio de 2009, en Johnson’s Russia List, 8 de junio de 2009, #8.


3 Jamil Anderlini and Javier Blas, “China reveals big rise in gold reserves,” Financial Times, 24 de abril de 2009. Vea también “Chinese political advisors propose making yuan an int’l currency.” Beijing, 7 de marzo de 2009 (Xinhua). “La clave para la reforma financiera es convertir el yuan en una divisa internacional,” dijo [Peter Kwong Ching] Woo [presidente de Wharf (Holdings) Limited basado en Hong Kong] en un discurso ante la Segunda Sesión del 11 Comité Nacional de la Conferencia Política Consultativa del Puebo Chino (CPPCC), el máximo organismo político asesor del país. Eso significa utilizar la moneda china para saldar pagos comerciales internacionales…”


4 Shai Oster, “Malaysia, China Consider Ending Trade in Dollars,” Wall Street Journal, 4 de junio de 2009.


5 Jonathan Wheatley, “Brazil and China in plan to axe dollar,” Financial Times, 19 de mayo de 2009.


6 “Another Dollar Crisis inevitable unless U.S. starts Saving - China central bank adviser. Global Crisis ‘Inevitable’ Unless U.S. Starts Saving, Yu Says,” Bloomberg News, 1 de junio de 2009. http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601080&sid=aCV0pFcAFyZw&refer=asia

7 Kathrin Hille, “Lesson in friendship draws blushes,” Financial Times, 2 de junio de 2009.

8 Steven R. Weisman, “U.S. Tells China Subprime Woes Are No Reason to Keep Markets Closed,” The New York Times, 18 de junio de 2008.

http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=13969

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lunes, 6 de abril de 2009

Globopoli contra TerminOTAN



Nada es lo que parece en la política exterior de Obama

Pepe Escobar
Asia Times Online
06-04-2009
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


La gente de Estrasburgo votó este sábado desde los balcones de sus apartamentos por la coproducción franco-alemana del 60 cumpleaños de la OTAN. Miles de pancartas “No a la OTAN”, junto con letreros “¡Paz!, aparecieron por toda la ciudad hasta que fueron eliminados por la fuerza por la policía francesa.
Tácticas de presión de primera de la “democracia liberal” fueron inevitablemente exhibidas – igual que en el tan exagerado “nos quedaban 275 minutos para salvar al mundo y todo lo que se nos ocurrió fue medio billón de dólares para el Fondo Monetario Internacional” de la cumbre del G20 en Londres. Los manifestantes fueron combatidos con gases lacrimógenos como si fueran terroristas. El centro fue acordonado. Los residentes tuvieron que colocarse tarjetas de identificación. Las manifestaciones fueron relegadas a los suburbios.
Además existe una metáfora musical. Cuando la OTAN fue creada en Washington el 4 de abril de 1949, la banda sonora fue “It Ain't Necessarily So” de Gershwin. Cuando siete países del ex Pacto de Varsovia fueron admitidos en 2004, la banda sonora provino del horrible éxito “Titanic”. Para la fiesta del 60 aniversario en Baden-Baden – con la participación del trío Barack Obama, Nicolas Sarkozy, Angela Merkel – fue “Carmen” de Georges Bizet.
Tal como Carmen es una gitana que cree a una pitonisa y termina muerta, la OTAN es un viajante global que podría terminar muerto por creer en un cartomántico: Washington.
Sultanes del swing
La OTAN ciertamente tiene mucho que celebrar. Francia, bajo el adicto a la adrenalina Sarkozy – conocido en OTANlandia como “Sultán de Bruni”, como referencia a su impresionante esposa Carla – ha vuelto a la OTAN. Obama presenta su nueva estrategia global para Afganistán y Pakistán a la OTAN. La OTAN “asegura la paz” en un Kosovo acosado por la magia (una entidad que ni siquiera es reconocida por miembros de la OTAN como España y Grecia). La OTAN, en un estilo totalmente adecuado a la “guerra contra el terror” actúa como súper-poli en el Mediterráneo. La OTAN patrulla el Cuerno de África buscando piratas. La OTAN entrena a las fuerzas de seguridad de Iraq. Para sus 60 años, la OTAN está muy en forma.
Físicamente, la OTAN es una pesadilla burocrática que ocupa un enorme edificio horrible en Blvd Leopold III en Mons, en las afueras de Bruselas, emplea a 5.200 civiles divididos en 320 comités que comparten un presupuesto anual de 2.700 millones de dólares. Esos comités dirigen a 60.000 tropas de combate esparcidas por todo el mundo.
La OTAN debería haber muerto de inmediato después de la caída del enemigo contra el cual fue creada – la Unión Soviética. En su lugar, la OTAN lo pasó bien durante los años noventa, cuando Rusia había caído y el presidente ruso Boris Yeltsin pasaba más tiempo llenando su vaso de vodka que pensando en geopolítica.
En 1999 – para gran deleite de los fabricantes de armas en el complejo industrial-militar de EE.UU. – la OTAN se expandió hacia los Balcanes con su devastadora guerra aérea contra Serbia, aliada de Rusia, por lo que fue vendido a la opinión pública mundial por el presidente de EE.UU. de entonces, Bill Clinton, como motivos humanitarios, cuando en realidad se trataba, de hecho, de imperialismo humanitario.
Decir que la OTAN – un organismo del Norte del Atlántico – está sobre-extendida es un eufemismo. Sus miembros Rumania y Bulgaria distan mucho del Océano Atlántico. Hungría, la República Checa y Eslovaquia no tienen salida al mar. En Asia Central, Afganistán (o por lo menos las partes no controladas por los talibanes) está ocupada de facto por la OTAN. Megabases como Ramstein (Alemana), Aviano (Italia) e Incirlik (Turquía) tienen ahora una contraparte a mitad de camino al otro lado del mundo en Bagram (Afganistán).
Décadas después del Imperio Británico, “Europa” trata de (re)ocupar el Hindu Kush. Afganistán es la primera guerra de la OTAN fuera de Europa y su primera guerra en tierra. Involucra a todos los 26 miembros (ahora 28; Albania y Croacia terminaron por ser admitidas), más 12 “socios”, incluyendo a cinco naciones europeas que solían ser neutrales; Austria, Finlandia, Irlanda, Suecia y Suiza. Todas están comprometidas por la primera invocación en la historia por la OTAN del Artículo 5 de su carta, que determina la ayuda militar mutua.
En una mezcla de ver lo que se viene (y es una guerra en la que no se puede vencer) y de apaciguamiento de la furia de sus opiniones públicas pacifistas, la mayoría de los gobiernos europeos nunca cederán al llamado de Obama – por cargada de encanto que sea su ofensiva – de enviar más soldados a Afganistán. La oposición a la guerra afgana en Alemania, por ejemplo, es de cerca de un 70% (la ayuda humanitaria es otra cosa).
Muchos países, incluidos los más poderosos, eludirán las demandas de Obama basadas en “condiciones nacionales” secretas. Como los abogados en Berlín dijeron a la OTAN, por ejemplo, está prohibido que soldados alemanes lancen un ataque preventivo, en tierra, contra los talibanes.
El totalmente engañoso acrónimo, ISAF (siglas en inglés para Fuerza Internacional de Ayuda a la Seguridad) solía estar a cargo de la ocupación occidental de Afganistán desde diciembre de 2001 – hasta que, al estilo de los juguetes Transformer, se convirtió en una inmensa acción de contrainsurgencia (COIN) que se expandió por todo el país hasta Pakistán occidental. La dirección de esta COIN es obviamente estadounidense – ante todo porque soslaya totalmente los complejísimos mecanismos de votación de la OTAN.
No hay nada “internacional” en la ISAF. La ISAF es la OTAN. Y con una multitud de soldados en combate y de ataques aéreos, tampoco tiene nada de “ayuda.”
La ISAF/OTAN está ubicada en Kabul, en un antiguo club de equitación en la rebautizada Great Masoud Road que fue reconstruido como una verdadera fortaleza. La responsabilidad es de – no tiene nada de nuevo – ni un solo europeo, sino de un estadounidense, el general de cuatro estrellas David McKiernan. Aunque su misión personal en los años setenta fue impedir que el Pacto de Varsovia infiltrara Alemania Occidental, su misión actual es impedir que al-Qaeda, en sus palabras, “infiltre Europa o EE.UU.”
A propósito, por si alguien tuviera alguna duda, todo el asunto sigue cayendo bajo la continua “Operación Libertad Duradera,” según el Pentágono. Esa libertad verdaderamente “duradera” se aplica nada menos que a Afganistán, Pakistán, Cuba (debido a Guantánamo), Djibouti, Eritrea, Etiopía, Jordania, Kenia, Kirguistán, las Filipinas, las Seychelles, Sudán, Tayikistán, Turquía, Uzbekistán y Yemen.
El gran éxito de McKiernan debía ser la próxima ‘oleada’ afgana de Obama – que será ejecutada por soldados de EE.UU., no de la OTAN. Después de todo el combate duro no tiene nada que ver con el mandato original de la ISAF. Pero el problema está en la niebla de la guerra e ISAF/OTAN ha terminado por ser una TerminOTAN – atrapada junto con los estadounidenses en una lógica de paz mediante los Predator. Llamadla la coalición de los reacios. No sorprende que la opinión pública europea esté horrorizada.
Y esto lleva al fracaso del sermón de Obama a la OTAN sobre su guerra “Afpak”, que necesitaba, a su juicio, una “estrategia más global, más concentrada, más disciplinada.” Al final, Obama se ve limitado a pedir más dinero a los europeos.
El comandante de la ISAF/NATO para todo el sur de Afganistán, el general holandés Mart de Kruif, cree que la ‘oleada’ es el paso correcto - - ya que los soldados de EE.UU. irán “donde son más necesarios: a las provincias Kandahar y Helmand,” donde los comandantes talibanes “son capaces de lanzar operaciones importantes.” Como declarara al periódico holandés NRC Handelsblad, “necesitamos más botas en el terreno” y “también podremos transportar más hombres y material mediante transporte aéreo.”
Pero cuando De Kruig habló de la reedición del plan de Petraeus de armar a milicias locales, por lo menos hizo saber lo difícil que será. “Si vais a armar milicias locales tendréis que asegurar que reflejen la estructura del poder local,” dijo. “También, la policía local tiene que ser suficientemente efectiva para guiar y controlar a la milicia. No os conviene tener a algún comandante vago dirigiendo la milicia. Tenéis que ofrecer a los miembros de la milicia la perspectiva de un empleo en la fuerza policial. Y tenéis que tener una estrategia de salida, una manera de desbandar a la milicia sin que todas esas armas desaparezcan.”
Otro holandés, la “mascota” pro-Iraq de Bush, Jaap de Hoop Scheffer, ha sido secretario general de la OTAN desde enero de 2004 (se va en julio de este año). Por lo menos admite ahora – al semanario alemán Der Spiegel – que la guerra afgana “no puede ser ganada con medios militares.” En su lugar, cree que el éxito depende de la captura de los “corazones y mentes de la gente.” Ciertamente no a través de la acumulación de “daños colaterales” bombardeando matrimonios. (“Tenemos que tener cuidado de evitar víctimas civiles al combatir a los insurgentes,” dice.) Scheffer también se ve obligado a admitir que la “cooperación con Irán” en Afganistán es esencial.
¿Es la hora de la OTPAN?
Francia y Alemania, potencias cruciales de la OTAN, simplemente no pueden permitir que se antagonice a Rusia. Rusia es un virtual rehén energético de Gazprom. A diferencia de europeos orientales irresponsables, ningún gobierno francés o alemán consideraría siquiera la posibilidad de ser un rehén de una Nueva Guerra Fría entre Rusia y EE.UU. (uno de los motivos básicos por el cual la participación de Georgia y Ucrania es ahora virtualmente una causada perdida). París y Berlín saben que Moscú podría fácilmente estacionar misiles apuntados en su dirección en Kaliningrado, en Belarús amiga de Rusia.
El pintoresco embajador ruso ante la OTAN, Dmitry Rogozin, tiene la visión definitiva sobre la obsesión al estilo de espía contra espía de la OTAN de cercar a Rusia. Como dijo a Der Spiegel, “Mientras más acercan sus bases a nosotros, más fácil nos es atacarlas. En el pasado habríamos necesitado misiles. Ahora basta con ametralladoras.” En cuanto a Georgia y Ucrania como miembros de la OTAN, Rogozin agrega: ¿Por qué no invitan a “Hitler, Sadam Husein y [al presidente georgiano Mikhail] Saakashvili?”
Rusia, dijo Rogozin al diario francés Le Monde, espera que la OTAN se convierta en “una alianza política y militar moderna,” no en un “globopoli” (como lo llama Der Spiegel). Rusia espera cooperación – no un cerco. Rogozin no podría ser más explícito sobre la posición rusa respecto a Afganistán: “Queremos impedir que el virus del extremismo cruce las fronteras de Afganistán y se apodere de otros Estados en la región, como Pakistán. Si la OTAN fracasara, Rusia y sus socios tendrían que ser los que combatan a los extremistas en Afganistán.”
El Consejo OTAN-Rusia debe reunirse de nuevo. El punto de vista oficial de Moscú es un orden de seguridad que se extienda “de Vancouver a Vladivostok". Algo que es aún más ambicioso que la OTAN: “Tal vez la OTAN debiera convertirse en OTPAN, una alianza Pacífico-Atlántico. Simplemente no podemos permitir que los buscapleitos nos disuadan.”
Meterse en líos con Rusia, en todo caso, nunca fue una buena idea – excepto para neoconservadores desprovistos de historia y geografía. Sólo en 2008, no menos de 120.000 soldados de EE.UU. y la OTAN transitaron por la base Manas en Kirguistán (la base será cerrada este año). Esto, junto al atentado neotalibán de las rutas de la OTAN en el Paso del Khyber, ha obligado a Petraeus a volverse hacia el Cáucaso (Georgia y Azerbaiyán) como rutas alternativas de tránsito militar, y a rogar a Kazajstán y Tayikistán en Asia Central que le ayuden; lo que sólo se materializará si Rusia lo aprueba. Magnánimamente, mientras tanto, Rusia ha abierto su territorio para convoyes de abastecimiento de la OTAN.
¿Para qué sirve la OTAN?
Tal como Palestina es un valioso laboratorio de ensayo para el ejército israelí, Afganistán, y ahora AfPak son un laboratorio tanto para EE.UU. como para la OTAN para realizar pruebas de conducción de sistemas de armas y variaciones de la COIN de Petraeus.
Por otra parte, la incompetencia de la OTAN ha sido más que evidente en el frente de la droga. Afganistán bajo la ocupación de la OTAN volvió a ser el productor y exportador mundial número uno de opio. Y eso, por su parte, condujo a la actual guerra de la droga de EE.UU. y la OTAN.
De modo que Afpak ha sido una verdadera guerra Transformer – de la caza de Osama bin Laden a la guerra contra esa palabra mixta “los talibanes” y a una guerra de la droga del tipo Colombia-con-esteroides. Y todo esto deja de lado el punto de vista eternamente invisible del Oleoductistán – centrado en el oleoducto de 7.600 millones de dólares Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India que el gobierno de Bill Clinton quería comenzar a través de un trato (abortado) con… los talibanes, que estuvieron en el poder en la segunda mitad de los años noventa.
Al observar las acciones emprendidas hasta ahora por Obama, y al considerar el modo de pensar del Pentágono, no hay evidencia que apoye la posibilidad de que Washington y la OTAN vayan a abandonar un Afganistán crucialmente estratégico, que por casualidad se encuentra cerca del corazón de Eurasia.
Basta con preguntar a China, Rusia y a Irán, miembro observador de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO). La SCO fue fundada en junio de 2001, primero para combatir el contrabando transnacional de droga y a los fundamentalistas islámicos y luego comenzó a promover todo tipo de cooperación en la energía, el transporte, el comercio y la infraestructura.
EE.UU. y la OTAN han ignorado totalmente uno de los objetivos de la SCO: encontrar una solución regional, no armada, para la continua tragedia afgana. La intransigencia de EE.UU. y de la OTAN durante la era de Bush tiene gran parte de la culpa por el proceso que convirtió a la SCO en la OTAN de Asia. Desde el punto de vista asiático y ruso, la OTAN no tiene nada que ver con la “edificación de naciones,” el mantenimiento de la paz o la “ayuda humanitaria.” Y Afganistán lo demuestra. Los asiáticos no necesitan un globopoli – mucho menos una TermiOTAN.
Obama, McKiernan, Scheffer, ninguno de ellos lo admitirá – pero hay muchos en Washington y Bruselas que en realidad quisieran que la OTAN fuera realmente una TermiOTAN sin fronteras, soslayando a la ONU para realizar imperialismo humanitario en todo el globo, eliminando por doquier a “al-Qaeda” y a “terroristas”, protegiendo a Oleoductistán y a tierras para ductos para los intereses occidentales en todas direcciones.
EE.UU., apoyado por la OTAN, fue la comadrona para una nueva encarnación de “fundamentalismo islámico” que debía, como lo hizo, librarse de los soviéticos en Afganistán y en las antiguas repúblicas soviéticas ricas en recursos energéticos. El que, millones de muertos y millones de desplazados más tarde, la OTAN ahora pida ayuda a los rusos para no quedarse encallada en Afganistán es otra amarga ironía de la historia de AfPak, y ciertamente no la última.
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Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y de “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge.” Su nuevo libro, que acaba de aparecer es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009).
Para contactos: pepeasia@yahoo.com.
(Copyright 2009 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.
http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/KD04Df01.html







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domingo, 29 de marzo de 2009

La guerra líquida



Postal desde ‘Oleoducstán’
Pepe Escobar
Tomdispatch.com
28-03-2009
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Lo que pueda suceder en el inmenso campo de batalla por el control de Eurasia, será lo que proporcione el argumento final a la tumultuosa deriva hacia un nuevo y policéntrico orden mundial, también conocido como el Nuevo Gran Juego.
Nuestra vieja y buena amiga, la disparatada “Guerra Global contra el Terror” con la que el Pentágono ha renombrado astutamente la “Larga Guerra”, comporta otra guerra similar, aunque medio escondida, mucho más importante: la guerra global por la energía. Suelo pensar en ella como la Guerra Líquida, porque su torrente sanguíneo está conformado por los oleoductos que zigzaguean por los potenciales campos de batalla imperiales del planeta. Dicho de otro modo, si su asediada y crucial frontera estos días es la Cuenca del Caspio, su tablero está conformado por la totalidad de Eurasia. Pienso en ella, a nivel geográfico, como Oleoducstán.
Todos los yonquis geopolíticos necesitan un chute. Yo me enganché al tema de los oleoductos a partir de la segunda mitad de la década de 1990. He cruzado el Caspio en un buque de carga azerí sólo para seguir el oleoducto de Baku-Tblisi-Ceyhan a través de Caucaso, que ha costado unos 4.000 millones de dólares y que es más conocido en este juego de ajedrez por su acrónimo, BTC (Oh, a propósito, el mapa de Oleoducstán está plagado de acrónimos, ¡por tanto, es mejor que nos acostumbremos a usarlos!).
También he recorrido varias de las solapadas Rutas modernas de la Seda, u Oleoductos de la Seda, para posibles flujos futuros energéticos desde Shanghai a Estambul, anotando, en plan Hágalo Vd. mismo [1], mis propias rutas para el GNL [gas natural licuado]. Solía seguir vorazmente las aventuras del, en otra época, Rey Sol de Asia Central, el ahora difunto Turkmenbashi o “líder de los turcomanos”, Saparmurat Niyazov, jefe de la inmensamente rica en gas República de Turkmenistán, como si fuera un héroe de Conrad.
En Almaty, la antigua capital de Kazajstán (antes de que la trasladaran a Astana, en el medio del medio de la nada), sus vecinos se sintieron perplejos cuando manifesté un impulso irresistible a llegar hasta Aktau, la ciudad del boom petrolífero del país. (“¿Por qué? No hay nada allí”). Al entrar en la habitación de los mapas, que semejaba el Espacio Odyssey, en la sede moscovita del gigante energético ruso GAZPROM –donde se detalla digitalmente cada uno de los oleoductos de Eurasia-, o en la sede de la Compañía Nacional Iraní del Petróleo (NIOC, por sus siglas en inglés), con sus pulcras filas de expertas vestidas con el chador, sentí como si estuviera entrando en la cueva de Aladino. Y el hecho de no leer nunca en la misma frase las palabras “Afganistán” y “petróleo” sigue siendo una fuente de infinito jolgorio para mí.
El año pasado, el petróleo te salía por un ojo de la cara. Este año, está relativamente barato. Pero no se engañen. No se trata del precio aquí. Nos guste o no, la energía sigue siendo eso de lo que quiere apropiarse todo aquel que es alguien. Por tanto, consideren este escrito sólo como la primera entrega de un cuento muy largo sobre algunos de los movimientos que se han hecho, o que se harán, en el enloquecedor complejo del Nuevo Gran Juego, que avanza sin pausa sin que importe para nada el resto de fuerzas que esta semana se introduzcan en los titulares.
Olvídense de la obsesión de los medios con al-Qaida, con el “muerto o vivo” Osama bin Laden, con los talibanes –nuevos, moderados o clásicos- o con la “guerra contra el terror”, cualquiera que sea el nombre que adopte. Todo eso es pura filfa comparado con el juego geopolítico de alto riesgo y pornografía dura que va detrás de los fluidos de los oleoductos del planeta.
¿Quién dijo que Oleoducstán no iba a resultar divertido?
Llamando al Doctor Zbig
En su mágnum opus de 1997 “El gran tablero de ajedrez”, Zbigniew Brzezinski –extraordinario profesional de la realpolitik y ex asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter, el presidente que lanzó a EEUU a sus modernas guerras por la energía- trazó precisamente con algún detalle cómo había que aferrarse a la “primacía global” estadounidense. Posteriormente, su plan maestro sería debidamente copiado por ese letal puñado de Doctores No que se congregaron en el Bill Kristol Project para un Nuevo Siglo Americano (PNAC, por sus siglas en inglés, en caso de que Vds. hubieran olvidado el acrónimo, ya que su portal en Internet y sus seguidores se esfumaron).
Para el Dr. Zbig, quien, como yo, consigue su chute en Eurasia –es decir, pensando a lo grande-, todo se reduce a promover precisamente el surgimiento de una serie propicia de “socios estratégicamente compatibles” con Washington en los lugares donde los flujos de energía son más abundantes. Y eso debería hacerse, como él señalaba cortésmente entonces, a fin de moldear “un sistema de seguridad trans-euroasiático más cooperativo”.
En estos momentos, el Dr. Zbig –entre cuyos fans está evidentemente el Presidente Barack Obama- debe haberse dado cuenta de que, en cierta manera, se ha hecho que descarrile al tren euroasiático que tenía que entregar los productos energéticos. Al parecer, la parte asiática de Eurasia no se muestra muy conforme con esos planes.
Con crisis financiera global o no, el petróleo y el gas natural son las claves a largo plazo de una inexorable transferencia de poder económico de Occidente a Asia. Aquellos que controlen Oleoducstán –y a pesar de todos los sueños y planes puestos en marcha, parece que no va a ser Washington- tendrán la última palabra en todo lo que esté por venir, y no hay ningún terrorista en el mundo, ni siquiera una larga guerra, que pueda cambiar eso.
El experto en energía Michael Klare ha sido decisivo a la hora de identificar los vectores clave en el salvaje y continuado barullo mundial para apoderarse de Oleoducstán. Esos vectores oscilan desde la creciente escasez (y dificultad para alcanzarlas) de los suministros de energías primarias hasta los “penosamente lentos desarrollos de las energías alternativas”. Aunque puede que no se hayan dado cuenta, las primeras escaramuzas de la Guerra Líquida en Oleoductán han tenido ya lugar, e incluso en la peor de las épocas económicas, los riesgos aumentan constantemente dada la implacable rivalidad entre Occidente y Asia, bien sea en el Oriente Medio, en el escenario del Caspio o en los estados africanos ricos en petróleo como Angola, Nigeria y Sudán.
En efecto, en esas primeras escaramuzas del siglo veintiuno, China ha reaccionado con prontitud. Incluso antes de los ataques del 11-S, sus dirigentes estaban formulando una respuesta a lo que consideraban como una invasión de reptiles de Occidente sobre el gas y el petróleo de las tierras de Asia Central, especialmente en la región del Mar Caspio. Para concretar, en junio de 2001, sus dirigentes se unieron con Rusia para formar la Organización para la Cooperación de Shanghai. Es conocida como la SCO (por sus siglas, en inglés) y este es un acrónimo que deberán memorizar. Va a estar omnipresente durante todo un tiempo.
Volviendo a entonces, los miembros junior de la SCO eran, por decirlo así, los Estanes, las ex repúblicas de la Unión Soviética ricas en energía –Kirguizistán, Uzbekistán, Kazajstán y Tayikistán-, a las que la administración Clinton, y después la nueva administración Bush, dirigidas por esos ex energéticos hombres, habían estado mirando codiciosamente. La organización quería convertirse en una sociedad cooperativa regional a múltiples niveles económicos y militares que, según la veían tanto rusos como chinos, funcionaría como una especie de manta de seguridad alrededor del borde superior de Afganistán.
Irán es, desde luego, un nódulo energético crucial en Asia Occidental, y los dirigentes de ese país también iban a demostrar que no eran mancos en lo que se refiere al Nuevo Gran Juego. Irán necesita de al menos 200.000 millones de dólares de inversión exterior para modernizar de verdad sus fabulosas reservas de gas y petróleo y así poder vender mucho más a Occidente de lo que las sanciones impuestas por EEUU le permiten ahora. No sería de extrañar que Irán se convierta pronto en un objetivo en Washington. No sería de extrañar un ataque aéreo contra aquel país que sigue siendo el sueño húmedo final de toda suerte de Likud/niks así como de Dick (“Pescador”) Cheney y de sus chamberlanes y camaradas de armas neocon. Según lo ven las elites de Teherán y Delhi y las de Pekín y Moscú, un ataque estadounidense, que ahora está fuera de la pantalla del radar hasta al menos 2012, sería una guerra no sólo contra Rusia y China, sino contra todo el proyecto de integración asiática que la SCO está llamada a representar.
Baratijas globales [2]
A la vez que la administración Obama trata de poner orden en sus políticas centroasiáticas, afganas e iraníes, Pekín continúa soñando con una versión segura y caudalosa, alrededor de la energía, de la antigua Ruta de la Seda, que se extendería desde la cuenca del Caspio (los Estanes ricos en energía más Irán y Rusia) hasta la provincia de Xinjiang, su Lejano Oeste.
La SCO ha ampliado sus objetivos y alcance desde 2001. En la actualidad, Irán, India y Pakistán disfrutan de “estatuto de observador” en una organización que cada vez más persigue controlar y proteger no sólo los suministros energéticos regionales, sino todo Oleoducstán en cualquiera de sus direcciones. Este es, por supuesto el papel que a la elite gobernante en Washington le gustaría que jugara la OTAN a través de Eurasia. Dado que Rusia y China esperan que la SCO juegue un papel similar por toda Asia, va a ser inevitable que se produzcan toda suerte de enfrentamientos.
Pregunten a cualquier experto importante de la Academia China de Ciencias Sociales en Pekín y les dirá que la SCO debe entenderse como una alianza, única a nivel histórico, de cinco civilizaciones no occidentales –rusa, china, musulmana, hindú y budista- y, por ello, capaces de evolucionar hasta formar la base de un sistema de seguridad colectiva en Eurasia. Ese es un pensamiento que desasosegaba a los clásicos estrategas globales en el interior de Beltway [3], como el Dr. Zbig y Brent Scowcroft, asesor de seguridad nacional del Presidente George H. W. Bush.
Según el punto de vista de Pekín, el naciente orden mundial del siglo veintiuno vendrá sobre todo determinado por un cuadrilátero de países BRIC –para aquellos de Vds. que ya están coleccionando los acrónimos del Gran Juego, se refiere a Brasil, Rusia, India y China-, más el futuro triángulo islámico de Irán, Arabia Saudí y Turquía. Añádanle una Sudamérica unificada y no esclavizada por Washington, y ya tienen una SCO-plus global. Al menos en las mesas de dibujo, es un sueño de altos octanos.
La clave de todo esto es una continuada entente cordiale chino-rusa.
Ya en 1999, viendo cómo la OTAN y EEUU se expandían agresivamente por los distantes Balcanes, Pekín identificó este nuevo juego como lo que era: una guerra en desarrollo por la energía. Y en juego estaban las reservas de petróleo y gas natural de las tierras que se extienden desde el Norte de África hasta la frontera china. Y no serían precisamente de importancia menor los oleoductos que llevarían la energía carbonizada en esas tierras hasta Occidente. Dónde se construirían, qué países atravesarían, iba a determinar muchas cosas en el mundo futuro. Y ahí fue donde el imperio de las bases militares estadounidenses (piensen, por ejemplo, en el Campo Bondsteel en Kosovo) se topa con Oleoducstán (representado, allá por 1999, por el oleoducto AMBO).
AMBO, acrónimo en inglés de Corporación Petrolífera Búlgaro-Macedonia-Albanesa, una entidad registrada en EEUU, está construyendo un oleoducto por valor de 1.100 millones de dólares, alias “el Transbalcánico”, cuya terminación está prevista para 2011. Llevará el petróleo del Caspio a Occidente sin atravesar ni Rusia ni Irán. Como oleoducto, AMBO encaja bien en una estrategia geopolítica de crear una red energética y de seguridad controlada por EEUU que fue primero desarrollada por Bill Richardson, Secretario para la Energía del Presidente Bill Clinton, y después por el Vicepresidente Dick Cheney.
Detrás de la idea de esa “red” hay una apuesta arriesgada de militarización de un corredor de la energía que se extendería desde el Mar Caspio, en Asia Central, a través de una serie de ahora independientes ex republicas soviéticas, hasta Turquía, y de allí a los Balcanes (y de ahí a Europa). Esto supone sabotear los grandes planes energéticos de Rusia e Irán. El mismo AMBO llevaría el petróleo desde la cuenca del Caspio a una Terminal situada en la ex república soviética de Georgia en el Caucaso, y después se transportaría mediante buques petroleros a través del Mar Negro hasta llegar el puerto búlgaro de Burgas, donde otro oleoducto lo llevaría hasta Macedonia y de ahí hasta el puerto albanés de Vlora.
En cuanto al Campo Bondsteel, es la base militar “duradera” que Washington se ganó en las guerras por los restos de Yugoslavia. Sería la mayor base exterior que EEUU había construido desde la Guerra de Vietnam. La filial de Halliburton, Kellogg Brown & Root (KBR) fue quien la levantó, junto con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, sobre 400 hectáreas de tierra agrícola cerca de la frontera macedonia, en el sur de Kosovo. Piensen en ese campo como una versión amistosa, de cinco estrellas, de Guantánamo, con una serie de extras para los que están allí estacionados que incluyen masaje Thai y montones de comida basura. Bondsteel es el equivalente balcánico de un portaviones gigante inmovilizado, capaz de ejercer vigilancia no sólo sobre los Balcanes sino también sobre Turquía y la región del Mar Negro (considerada en el lenguaje neocon de los años de Bush como “el nuevo punto de contacto” entre la “comunidad euro-atlántica” y el “Gran Medio Oriente”).
¿Cómo podrían Rusia, China e Irán no interpretar la guerra en Kosovo, después la invasión de Afganistán (donde Washington había intentado anteriormente emparejarse con los talibanes y promover la construcción de otro de esos oleoductos que evitaran Irán y Rusia), seguida de la invasión de Iraq (ese país de inmensas reservas de petróleo), y finalmente el reciente conflicto en Georgia (ese cruce crucial para el transporte de la energía), como guerras claras por Oleoducstán? Aunque rara vez nuestros medios dominantes imaginaron esta vía, los dirigentes rusos y chinos vieron una dura “continuidad” en la política que venía del imperialismo humanitario de Bill Clinton a la Guerra Global contra el Terror de Bush. El encontronazo, como advirtió entonces públicamente el Presidente ruso Vladimir Putin, era inevitable, pero esa es otra historia de alfombras mágicas, otra cueva en la que entraremos en otra ocasión.
Noche lluviosa en Georgia
Si Vds. quieren entender la versión de Washington de Oleoducstán, tienen que empezar con la Georgia por donde campa la mafia. Aunque su ejército fue aplastado en su reciente guerra con Rusia, Georgia sigue siendo vital para la política energética de Washington en lo que, hasta ahora, se ha convertido en un genuino arco de inestabilidad, debido en parte a su continua obsesión por eliminar a Irán del flujo energético.
Fue alrededor del oleoducto de Baku-Tblisi-Ceyhan (BTC), como señalé en 2007 en mi libro “Globalistan”, donde se tomó forma y se solidificó la política estadounidense. El mismo Zbig Brzezinski voló a Baku en 1995 como “asesor energético”, menos de cuatro años después de que Azerbaiyán se independizara, vendiendo la idea a la elite de allí. El BTC tenía que ir desde la Terminal de Sangachal, a una media hora al sur de Baku, a través de la vecina Georgia hasta la Terminal Marina del puerto turco de Ceyhan, en el Mediterráneo. Ahora ya operativo, es como una serpiente de acero de 1.767 kilómetros de longitud y 44 metros de ancho que se extiende por seis zonas en guerra (actual o potencial): Nagorno-Karabaj (un enclave armenio en Azerbaiyán), Chechenia y Daguestán (ambas regiones en conflicto de Rusia), Osetia del Sur, Abjazia (sobre la que pivotó la guerra entre Rusia y Georgia de 2008) y el Kurdistán turco.
Desde un punto de vista puramente económico, el BTC no tiene sentido. Se podía haber construido por casi nada, hablando relativamente, un oleoducto “BTK”, que fuera desde Baku a través de Teherán hasta la isla de Kharg de Irán, y habría tenido la ventaja añadida de circunvalar tanto la Georgia corroída por la mafia como la tambaleante Anatolia Oriental de población kurda. Esa habría sido la vía realmente barata para llevar el petróleo y el gas del Caspio hasta Europa.
El Nuevo Gran Juego se aseguró de que eso no fuera así y a esa decisión le siguieron otras muchas. Incluso aunque Moscú no planeara ocupar Georgia a largo plazo en su guerra de 2008 ni apropiarse del oleoducto BTC que ahora discurre por su territorio, el analista del gas y petróleo del Alfa Bank, Konstantin Batunin, señaló lo obvio: aunque se corte por poco tiempo el flujo del petróleo del BTC, las tropas rusas dejaron muy claro a los inversores globales que Georgia no era un país fiable para el tránsito de la energía. Es decir, los rusos ridiculizaron el mundo de Zbig.
Por su parte, Azerbaiyán era, hasta hace poco, la historia de verdadero éxito en la versión estadounidense de Oleoducstán. Asesorado por Zbig, Bill Clinton “robó” literalmente Baku al “extranjero cercano” promoviendo el BTC y la riqueza que fluiría de él. Ahora, sin embargo, con el mensaje de la Guerra entre Rusia y Georgia calando hondo, Baku se permite de nuevo a sí misma ser seducida por Rusia. Para acabar de rematarlo, el Presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, no puede soportar al hortera del Presidente de Georgia, Mijail Saakashvili. Eso apenas sorprende. Después de todo, los precipitados movimientos bélicos de Saakashvili hicieron que Azerbaiyán perdiera al menos 500 millones de dólares cuando se cerró el BTC durante la guerra.
La guerra relámpago de la seducción energética rusa se centra como un láser también sobre Asia Central. (Hablaremos más sobre ello en la próxima entrega sobre Oleoducstán). Se dedicó a ofrecerse a comprar gas turcomano, uzbeco y kazaj a precios europeos en vez de los anteriores precios rusos, mucho más bajos. De hecho, los rusos han ofrecido el mismo negocio a los azeríes: por eso ahora, Baku está negociando un acuerdo para que el oleoducto de Baku-Novorossiysk tenga más capacidad, lo que hará que siga su trazado hasta las orillas rusas del Mar Negro, mientras está considerando bombear menos petróleo para el BTC.
El Presidente Obama tiene que entender las graves implicaciones de todo esto. Menos petróleo azerí por el BTC –su capacidad máxima es de un millón de barriles al día, enviados en su mayoría hacia Europa- significa que el oleoducto puede quebrar, que es lo que Rusia quiere.
En Asia Central, algunas de las mayores apuestas se concentran en el monstruoso campo de petróleo de Kashagan, en la “onza” de Kazajstán, la joya absoluta de la corona del Caspio, con reservas de hasta 9.000 millones de barriles. Como es habitual en Oleoducstán, todo gira alrededor de por qué rutas se hará llegar al mundo el petróleo de Kashagan una vez que comience a producir en 2013. Esto augura, desde luego, la Guerra Líquida. Al astuto Presidente kazaco Nursultan Nazarbayek le gustaría utilizar el Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC, por sus siglas en inglés), controlado por Rusia, para bombear el crudo de Kashagan al Mar Negro.
En ese caso, los kazacos tienen todas las cartas. La cantidad de petróleo que fluya de Kashagan decidirá si el BTC –en otro tiempo promovido a bombo y platillo por Washington como la ruta final para que Occidente escapara de la dependencia del petróleo del Golfo Pérsico- vive o muere.
¡Bienvenidos, pues, a Oleoducstán! Tanto si nos gusta como si no, en los buenos y en los malos tiempos, es razonable apostar que todos vamos a convertirnos en turistas de oleoducto. Por eso, sigamos con el flujo. Apréndanse los acrónimos fundamentales, mantengan los ojos abiertos a todo lo que ocurra en las bases estadounidenses por todos los centros petrolíferos del planeta, observen dónde se construyen los oleoductos y hagan cuanto puedan para controlar la próxima serie de monstruosos acuerdos energéticos chinos y los fabulosos golpes maestros del ruso GAZPROM.
Y, mientras están en ello, consideren ésta como la primera postal enviada desde nuestra gira por Oleoducstán. Volveremos (adaptando un tanto la cita de Terminator). Piensen en esto mientras se abre una puerta a un futuro en el cual qué fluye, dónde y hacia quién puede convertirse en las cuestiones más importantes sobre el planeta.
N. de la T.:
[1] En el original DIY: “do it yourself”
[2] El autor juega con el doble sentido del término en inglés. Bric-a-brac significa baratijas, pero BRIC es también el acrónimo de los países Brasil, Rusia, India y China
[3] La Beltway es una autopista que circunvala Washington, en este caso el autor se refiere a todo lo referente a las cuestiones políticas y de gobierno estadounidenses.
Pepe Escobar es el corresponsal errante de Asia Times y analista de Real News. Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com
http://www.tomdispatch.com/post/175050/pepe_escobar_welcome_to_pipelineistan

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