
Al-Manar
09/06/2010
Atacantes pro-talibanes en Pakistán han atacado e incendiado casi 50 camiones de la OTAN que llevaban suministros para las tropas estadounidenses en el vecino Afganistán.
Al menos ocho personas fallecieron en el ataque que tuvo lugar cerca de la capital pakistaní, Islamabad. Oficiales de policía dijeron a Press TV que camiones con suministros y combustible para las tropas de la OTAN fueron incendiados durante el ataque.
Los camiones que llevan suministros para las fuerzas extranjeras en Afganistán son atacados con frecuencia en Pakistán.
El cinturón tribal de Pakistán continúa siendo un refugio seguro para los militantes que huyeron a esta región tras la invasión estadounidense de Afganistán en 2001.
Siguen las Protestas Antiisraelíes en Pakistán
15/06/2010 Seguidores de varios partidos pakistaníes continúan sus protestas contra el mortal ataque israelí contra la flotilla de ayuda a la Franja de Gaza.
Cientos de miles de manifestantes de reunieron en Lahore para expresar su ira por el ataque, señaló un corresponsal de Press TV el lunes.
Los manifestantes también pidieron al gobierno pakistaní que hiciera todo lo posible, a través de los canales diplomáticos, para ayudar a levantar el bloqueo israelí de la Franja de Gaza.
Israel hace frente a una condena internacional por el ataque del 31 de Mayo.
Muchos países han pedido una investigación internacional sobre el asalto y masacre israelíes.
jueves, 17 de junio de 2010
50 Camiones de la OTAN Incendiados Cerca de Islamabad
viernes, 4 de junio de 2010
Ataque israelí repercute en Pakistán
04-06-2010
Syed Saleem Shahzad
Asia Times Online
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Durante los últimos años, el problema palestino, que ha presenciado el ascenso del fundamentalista Hamás en Gaza, ha sido reducido de un conflicto internacional a un complejo problema local.
El mortífero ataque de Israel el lunes contra un barco desarmado de ayuda turco que trataba de romper el bloqueo israelí de Gaza ha cambiado esto de un día para otro, provocando manifestaciones de protesta en todo el mundo musulmán. Incluso el mayor facilitador del sitio de Gaza, el aliado de Israel, Egipto, abrió el cruce fronterizo en Rafah hacia Gaza, como reacción ante las protestas.
El incidente también centró la atención en EE.UU. que puede terminar por ser el mayor perdedor, especialmente en Afganistán y Pakistán.
Cientos de miembros de un grupo islamista favorable a Irán, la Organización Estudiantil Imamia, marcharon el martes por las calles de Karachi, la ciudad portuaria del sur de Pakistán, en protesta contra el ataque israelí contra el Mavi Mármara. La protesta fue sólo una de cientos realizados en otras partes del país.
La manifestación debía tener lugar frente al Club de la Prensa de Karachi. Cuando los manifestantes iban en camino al club un grupo de hombres comenzó repentinamente a gritar consignas incendiarias. Incluían “La Sharqia La Gharbia Islamiya, Islamiya” (No creemos ni en Oriente ni en Occidente, sólo creemos en el Islam), “Muera EE.UU., muera Israel” y “Aliados de los estadounidenses y de Israel son traidores”.
En ese momento los manifestantes cambiaron de dirección hacia el consulado de EE.UU. y la protesta se volvió violenta cuando la policía trató de bloquear la marcha. Por lo menos dos docenas de activistas estudiantiles fueron arrestados y el resto fue dispersado por cañones de agua.
En términos paquistaníes fue un incidente relativamente pequeño sin muertes, pero es una señal de una nueva campaña anti-estadounidense en el país que podría ser fácilmente reproducida en otras naciones.
La temperatura elevada en las calles de Pakistán no podría haber acontecido en un momento peor.
El gobierno está bajo intensa presión de Washington para que lance una masiva ofensiva militar en el área tribal de Waziristán del Norte, que EE.UU. considera como la base crucial de la resistencia afgana y sede global de al-Qaida. Las tropas de la OTAN en Afganistán también están listas para una gran ofensiva contra los bastiones talibanes en la provincia Kandahar –una acción que es extremadamente impopular en la población local.
Aunque Pakistán es calificado de aliado no-OTAN de máxima importancia en la guerra en Afganistán, Islamabad no tiene relaciones diplomáticas con Israel. Tres ciudadanos paquistaníes estaban en el Mavi Mármara y el incidente, incluyendo la inequívoca condena turca del ataque, recibió amplia cobertura en los medios.
Movimientos islámicos internacionales aparecieron inmediatamente en las calles y formularon planes para manifestaciones, incluido Jamaat-e-Islami Pakistan, que después de una reunión a alto nivel en Lahore esbozó una prolongada campaña de protesta.
El ex primer ministro interino afgano, Ahmad Shah Ahmadzai, dijo a Asia Times Online desde Kabul que prolongadas protestas también podrían estallar en Afganistán.
La ofensiva en Kandahar, que supuestamente debía ser lanzada antes de abril, ha sido aún más postergada esperando la suerte de la operación en Waziristán del Norte, prometida originalmente por el ejército de Pakistán para el año pasado.
Mientras tanto, la Operación Fateh (Operación Victoria) de los talibanes tiene lugar tal como fue prevista, habiendo comenzado el mes pasado con el ataque contra un convoy de la OTAN en Kabul en el que murieron varios altos funcionarios, seguido por un ataque contra la masiva base aérea Bagram en las afueras de Kabul y otro contra el aeropuerto de Kandahar.
También ha habido batallas campales en la base aérea Logar y mortíferos asaltos en Helmand, Farah y Kuduz. Los talibanes capturaron el único distrito pro gubernamental en
Barge Matal en la provincia Nuristán, incluyendo todos los gobiernos gubernamentales. El martes, fuerzas de la OTAN recapturaron la sede del distrito, pero los talibanes siguen controlando las montañas y las aldeas cercanas.
Se espera que el nivel de la insurgencia aumente durante los meses del verano. En breve, es vital para la OTAN desmembrar las estructuras de comando central de los talibanes –la rama que controla la insurgencia en Afganistán suroriental, basada en Waziristán del Norte, y la rama suroccidental basada en la provincia Kandahar.
Ahora, con el sentimiento contra Israel y contra EE.UU. al nivel más alto en cinco años, el logro de apoyo político para una operación pro estadounidense en Waziristán del Norte y una ofensiva en Kandahar, a la que ya se oponen enérgicamente las tribus locales, parece imposible. Cualquiera demora favorece a la Operación Fateh de los talibanes –que tiene en sus miras a localidades fronterizas estratégicas en Khost, Paktia, Paktika, Kunar y Nangarhar.
Si las ofensivas llegan a concretarse, ciertamente provocarán pasiones ya inflamadas y radicalizarán aún más a la juventud en Pakistán y Afganistán –y no hay ninguna garantía de éxito.
………….
Syed Saleem Shahzad es jefe de la Sección Pakistán de Asia Times Online. Para contactos escriba a saleem_shahzad2002@yahoo.com
(Copyright 2010 Asia Times Online (Holdings) Ltd.
Fuente: http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/LF03Df02.html
viernes, 28 de mayo de 2010
Pakistán y Occidente: Defensores de la justicia
Robert Fisk
The Independent
Hace tres años Pakistán lo destronó del Poder Judicial. Iftikhar Mohammad Chaudhry, quien fue descrito por la prensa estadunidense como un nacionalista irresponsable que intentaba destruir el gobierno favorable a Washington del dictador-general-presidente, Pervez Musharraf. Hoy, un año después de que se le restableció en su puesto en la Suprema Corte, Chaudhry es considerado por algunos como un fundamentalista de closet, un pseudotalibán ansioso por derrocar la dudosa democracia de su país.
Nuevamente Chaudhry se convirtió en el hombre más notorio de Pakistán, al acusar de corrupción al gobierno civil de Asif Ali Zardai. Como resultado de sus amenazas, funcionarios de Islamabad tomaron la sorprendente medida de pedir a autoridades suizas que reabran una causa por varios cargos de lavado de dinero contra Zardari, lo que abre la posibilidad de que el presidente en funciones sea objeto de una investigación criminal.
Pero le basta a uno sentarse en la oficina tapizada de libros del magistrado Aitzaz Ahsan para darse cuenta que Occidente tiene una visión equivocada del sistema judicial paquistaní. El defensor de más alto rango de la Suprema Corte, alumno honorario de la Universidad de Downing, en Cambridge, el ex abogado de Benazir Bhutto y líder de las épicas marchas de magistrados de 2007, a las que los manifestantes iban cómodamente en autobús, camión o limusina, habla suavemente, como un gato que trata de controlar su ira. Con elegancia, muestra un expediente legal en que se explica por qué el Ministerio de Justicia decidió recientemente dar marcha atrás a una incómoda ley de amnistía para la Reconciliación Nacional y el Orden, que perdonaba a políticos corruptos, incluido el presidente Zardari, y en el cual se señala que el tema no está relacionado de ninguna forma con el islam.
Lo que tenemos ahora es un cuerpo de jueces independientes por convicción, dice Ahsan. Se resistieron al régimen militar. Sufrieron detenciones e hicieron sacrificios. Fueron reinstaurados gracias a un movimiento masivo lleno de energía y frenesí. Pero ahora se les calumnia por dos razones: una es que el ministro de Justicia es islamista, y la segunda, que se está tratando de desestabilizar el sistema democrático. ¿El propósito? Contener a Chaudhry, ponerlo a la defensiva, pero todo lo que se asume en su contra es falso.
El despido de Chaudhry fue resultado de su oposición a la privatización de la acerera Pakistan Mills, en Karachi, que fue comprada por tres compañías, una de las cuales se rumora que es una pantalla del entonces primer ministro y otra es muy cercana a Musharraf. Los tres blancos de Chaudhry son los mismos que en 2007: corrupción, corrupción y corrupción.
A Ahsan le gusta contar la anécdota de su hora estelar y lo hace muy bien.
“Musharraf, temeroso de que los jueces fallaran en su contra por insistir en usar su uniforme durante la campaña para su reelección, arrestó a un juez de la Suprema Corte un 3 de noviembre. Yo mismo fui arrestado en esta oficina que está en mi casa. Estaba dando una conferencia de prensa para condenar la imposición del estado de emergencia y la suspensión de nuestros derechos fundamentales cuando un colaborador me llamó desde la planta baja y dijo: ‘la policía ha rodeado la casa y vienen a por usted’. Pregunté si había forma de escapar por un camino que hay detrás de la vivienda y respondió que en ese lado también estaba la policía. Entonces dije: ‘Con calma, déjelos subir’, y proseguí la conferencia de prensa mientras la policía allanaba el lugar.
“Éste fue un hecho electrizante para la gente, en particular porque los jueces nos opusimos al general Musharraf cuando éste nos exigió la renuncia y demandamos que fuera él quien renunciara ante la Suprema Corte. El presidente había azuzado al pueblo en nuestra contra con su gira por el país a principios de ese año. Chaudhry se fue en auto de aquí a Lahore y yo lo acompañé. El recorrido debió durar cuatro horas pero fue de 26 porque se detenía en cada aldea. Había millones de personas, decenas de miles cada par de kilómetros. Pero fue gracias a esto que los 13 jueces que integrábamos el Poder Judicial fuimos reinstalados en nuestros puestos el 20 de julio de 2007.
Esto no le hizo mucho bien a Chaudhry, quien fue detenido en su residencia junto con sus hijos. Pusieron candados por todas partes. No pudieron ni salir al jardín de su casa durante cinco meses, relata Ahsan, aún indignado. Les prohibieron usar teléfonos celulares y encender la televisión. Yo estuve detenido al mismo tiempo. Nos enviábamos mensajes a través de los sirvientes que nos llevaban canastas de víveres, en dichas canastas nos enviábamos los chips de los celulares. Sólo lográbamos hablar durante un minuto, pues la policía detectaba la llamada y bloqueaba la línea.
En este punto de la narración, una ira palpable casi se apodera de Ahsan, de anteojos y cabello algo crecido. Levanta el índice frente a su rostro y continúa: durante todo ese tiempo no se escucha una sílaba, un decibel ni de Londres ni de Washington, ni de sus representantes en Pakistán. No hubo ni siquiera una declaración de preocupación por nuestros hijos. Los británicos y estadunidenses no nos querían ni tocar. Todo el tiempo lo pasaron negociando con Benazir Bhutto y Musharraf.
Ahsan mueve la cabeza. Explica que el movimiento de los abogados fue no violento, pluralista y en favor de valores moderados. “Fue el único de su tipo en la historia del mundo islámico. Y Occidente nos trató como parias. Defendieron a Musharraf y se enojaron con nosotros. En cierto sentido, el Poder Judicial paquistaní se ha convertido en el equivalente a la prensa británica después de que Tony Blair decidió ir a la guerra contra Iraq: los medios impresos se convirtieron en un verdadero partido de oposición; sin ser partidos políticos, lograron representar a la población.
El hecho fue que hasta que el Poder Judicial se rehusó a renunciar, nadie había desafiado a Pervez Musharraf, señala Ashan. Contaba entonces con una Suprema Corte totalmente sumisa. Era el comandante en jefe del ejército que lo obedecía en todo y los únicos dos opositores populares que eran Benazir Bhutto y Nawaz Sharif estaban en el autoexilio. Fue entonces cuando los abogados se rebelaron y desafiaron la autoridad de Musharraf bajo riesgo de una represión brutal. La gente, sin embargo, reaccionó a las marchas, que fueron creciendo día a día.
Ahsan no tiene duda de que Estados Unidos y Gran Bretaña consideran a los miembros de la Suprema Corte más adversarios que amigos. “Yo les digo: ‘miren, no hay probabilidad de que un atacante suicida parta desde Tora Bora y acabe haciéndose estallar en Chicago o Manchester. Son sus ciudadanos de origen paquistaní en esas ciudades quienes los atacarán. Lo único que les importa es que seamos amistosos hacia su nación y adoptemos su estado de derecho.
Fue una oportunidad histórica para lograr la solidaridad del pueblo paquistaní. Durante dos años se abrió esa posibilidad para Occidente, en especial para Gran Bretaña y Estados Unidos, y durante esos dos años, lo que hicieron fue patearla.
© The Independent
Traducción para La Jornada: Gabriela Fonseca
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/27/index.php?section=opinion&article=025a1mun
domingo, 16 de mayo de 2010
Pakistaníes se Manifiestan contra los Ataques Estadounidenses
Al-Manar
16/05/2010
Un multitud de pakistaníes de Peshawar llenaron las calles de la ciudad el sábado para protestar contra la reciente ola de ataques de aparatos no tripulados de EEUU.
Los manifestantes prendieron fuego a una efigie del presidente de EEUU, Barack Obama, durante la manifestación del domingo para condenar los crecientes ataques de aparatos no tripulados en las áreas tribales de Pakistán.
Las protestas se produjeron poco después de que aparatos no tripulados Predator, que se cree que eran norteamericanos, se cobraran las vidas de al menos 13 personas y causaran heridas a varias otras en la región de Jiber, en el noroeste de Pakistán, el sábado.
El incremento de la pérdida de vidas civiles en ataques llevados a cabo por aparatos Predator norteamericanos en los dos pasados años ha generado un profundo resentimiento en Pakistán.
Según una reciente encuesta, una abrumadora mayoría de pakistaníes cree que los ataques estadounidenses han contribuido al crecimiento del terrorismo y el extremismo en Pakistán.
Más de 1.210 civiles pakistaníes han muerto por ataques de aparatos no tripulados desde 2004, señaló un estudio publicado por la New America Foundation en febrero. El número de muertes se incrementó en 2009 tras la elección del presidente Barack Obama, que ha buscado extender el conflicto de Afganistán al vecino Pakistán.
sábado, 9 de enero de 2010
La Oposición Pakistaní Pide el Derribo los Aparatos No Tripulados de EEUU
Al-Manar
09/01/2010
Los principales partidos políticos de la oposición pakistaní condenaron los ataques con aparatos no tripulados de EEUU en la zona tribal del país y pidieron a Islamabad que los derribe.
Criticando estos ataques como una “intrusión extranjeras”, los líderes de estos partidos señalaron que EEUU estaba violando la soberanía de Pakistán.
La Liga Musulmana de Pakistán (PML-N) y la Yamaat.i Islami pidieron al gobierno el viernes que garantice la soberanía del país, dijo un corresponsal de Press TV.
Hablando a los reporteros, Sardat Mehtab Ahmed Jan, un diputado y antiguo ministro de la Provincia Fronteriza del Noroeste, dijo que se requería una estrategia efectiva para detener los ataques de aparatos no tripulados, que han matado a centenares de civiles pakistaníes en los últimos meses.
El líder de la Yamaat-i Islami, Sayyed Munawar Hasan, dijo también en un sermón pronunciado en Lahore que el gobierno debería dar pasos firmes y derribar los aparatos no tripulados norteamericanos.
Hasan dijo que el gobierno debe presentar una fuerte protesta contra EEUU, que ha estado violando constantemente la soberanía e integridad de Pakistán.
Él añadió que las políticas débiles del gobierno de Islamabad habían llevado a que Pakistán se convierta en una colonia de EEUU.
El viernes, misiles disparados desde un aparato no tripulado norteamericano mataron a cinco presuntos militantes en el pueblo de Tappi, en Waziristán del Norte, cerca de la frontera afgana, un feudo de las fuerzas pro-talibanes y de los militantes próximos a Al Qaida.
Éste fue el cuatro ataque con misiles de EEUU en el cinturón tribal en los pasados ocho días.´
La CIA se toma la revancha lanzando misiles en Pakistán
Los agentes de la CIA ejecutados eran los responsables de la elección de objetivos para los ataques con Predator
10-01-2010
Bill Van Auken
World Socialist Web Site
Desde el ataque suicida que acabó con la vida de 7 agentes de la CIA y un espía jordano, se ha producido una aparente campaña de represalias en Pakistán, y al menos 20 personas han muerto debido a ataques con misiles procedentes de aviones teledirigidos.
El más letal de los ataques de los aviones de la CIA tuvo lugar el miércoles en la región de Datta Khel en Waziristan del norte, cerca de la frontera con Afganistán.
Citando fuentes anónimas, la Associated Press informaba de que uno de los aviones no tripulado disparó dos misiles contra una vivienda, asesinando a siete personas. Y un poco más de una hora después, lanzó otro mientras los campesinos de la aldea estaban intentando rescatar a los supervivientes y sacar los cadáveres de los escombros. Este segundo ataque mató, como mínimo, a otras cinco personas. Algunos medios paquistaníes cifran el total de muertos de los dos ataques en 15.
La International News Network Web site, con sede en Islamabad, informaba de que los ataques aéreos desataron el pánico en la región. Existe un creciente miedo en Pakistán a que la respuesta al atentado suicida de la semana pasada en la base de operaciones de Chapman, situada en la provincia afgana de Khost junto a la frontera de Waziristan del norte, sea una campaña intensa y continuada con aviones teledirigidos que producirá un mayor número de víctimas.
Los ataques con este tipo de aviones Predator han provocado una cólera generalizada en Pakistán, por la pérdida de vidas y por la flagrante violación de la soberanía del país. Aunque altos funcionarios del gobierno han condenado de forma rutinaria estos ataques, resulta evidente que Islamabad ha permitido que la mayoría se lleven a cabo desde un aeródromo secreto situado en la provincia paquistaní de Baluchistán.
Los agentes de la CIA y los mercenarios muertos en la base de Afganistán eran los responsables de la elección de objetivos para los ataques teledirigidos.
El kamikaze que los mató, Humam Khalil Abu-Mulal al-Balawi, era un médico jordano, considerado por la agencia de espionaje estadounidense uno de sus principales “activos” en la guerra secreta en la frontera afgano-paquistaní.
Tras el bombardeo, altos responsables de los servicios de espionaje confirmaron que Balawi había atraído a la base a los agentes, incluido el segundo responsable de la CIA en Afganistán, con la promesa de darles información sobre Ayman al-Zahwari, médico egipcio considerado mayoritariamente como el líder actual de Al Qaeda.
El miércoles, el noticiario de la CBS informaba de que Balawi había facilitado a la CIA “informaciones útiles” que sirvieron para fijar los objetivos de los ataques con misiles. Habida cuenta de que Balawi trabajaba también para Al Qaeda mientras alegaba que se había infiltrado en su estructura, puede deducirse que la información que proporcionaba era falsa y que los misiles se dirigieron a lugares sin relación alguna ni con Al Qaeda ni con organizaciones armadas que se enfrentan a las fuerzas de ocupación de Estados Unidos en Afganistán.
La bomba en la Base Chapman supone un duro revés para la campaña de la CIA en Pakistán, y amenaza con debilitar la estrategia del gobierno Obama de intensificar la intervención militar estadounidense en la región.
El suceso ha planteado, asimismo, incómodas preguntas a la CIA.
A Balawi lo presentó a la CIA el servicio de espionaje jordano- la policía secreta del régimen monárquico, conocida como Mujabarat Y uno de sus agentes, Ali bin Zaid, resultó muerto en el atentado del 30 de diciembre. Supuestamente, Bin Zid era el “mentor” de Balawi.
A principios de 2009, el médico jordano fue arrestado por la mujabarat por haberse unido voluntariamente a una misión en Gaza tras la invasión ísraelí del territorio palestino. Se dice que se le reclutó para infiltrarse en Al Qaeda mientras estaba en la cárcel, y se le envió después a Pakistán.
El suceso ha concentrado la atención en la continuada y estrecha relación entre la CIA y la mujabarat jordana. El Washington Post citaba al ex agente de la CIA, Jamie Smith, quien afirmaba que la policía secreta jordana es “especialmente valorada por su habilidad tanto en los interrogatorios de los presos como en la incorporación de confidentes”.
Y en efecto, Jordania fue uno de los principales centros de “interrogatorios especiales”, en los que las personas secuestradas por la CIA en diversos países, detenidas sin acusación alguna eran enviadas a terceros países, donde se les interrogaba aplicando torturas.
Los grupos defensores de los derechos humanos han denunciado repetidamente la “maestría” de los mujabarat en las torturas habituales a los disidentes jordanos.
Tal como informaba el Post, las “especiales relaciones entre la CIA y la Muhabarat son tan estrechas que “el agente de enlace de la CIA en Ammán tiene acceso sin restricciones a la fortificada sede central de la Agencia General de Espionaje jordana (GID, en sus siglas inglesas.)
Estas informaciones desagradan profundamente al gobierno jordano, que intenta ocultar su papel de delegado de Washington, debido a la abrumadora oposición a las políticas estadounidenses existente en Jordania y todo Oriente Próximo.
En cuanto al papel de la CIA, la continuación y profundización de estas relaciones plantea la pregunta de si el gobierno Obama sigue aprovechándose de la “extraordinaria maestría” de la policía secreta jordana.
Otra de las consecuencias del atentado ha sido la identificación de dos de sus víctimas como empleados de Xe, conocida antes como Blackwater, la mayor proveedora de mercenarios para las guerras estadounidenses de Iraq y Afganistán, quienes, al parecer, fueron contratados por la CIA.
El director de la CIA, Leon Panetta, anunció el mes pasado que la Agencia había rescindido un contrato secreto con Blackwater-Xe, cuyos mercenarios cargaban los misiles y se encargaban del mantenimiento de los aviones no tripulados en Pakistán. Con anterioridad, Panetta había revelado al Congreso de Estados Unidos la existencia de un programa secreto de asesinatos a cargo de los mercenarios de Blackwater, que aseguró nunca había superado la fase de planificación.
Por lo ocurrido, parece que Blackwater sigue actuando en nombre de la CIA con otro contrato secreto no hecho público.
La empresa cambió su nombre de Blackwater a Xe para intentar deshacerse de su infame reputación, que incluye la matanza de 17 civiles iraquíes en Bagdad en septiembre de 2007.
Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre
Fuente: http://www.wsws.org/articles/2010/jan2010/cia1-j07.shtml
miércoles, 30 de diciembre de 2009
25 Muertos en un Atentado en Pakistán contra una Procesión Shií
Al-Manar
29/12/2009
25 personas fueron martirizadas y otras 50 resultaron heridas cuando un coche bomba alcanzó una procesión de fieles que conmemoraban el día de Ashura en la ciudad pakistaní el lunes, dijo un alto responsable pakistaní.
“Al menos 25 personas han muerto y otras 50 han resultado heridas, según la información que hemos recibido,” dijo el ministro del Interior, Rehman Malik, al canal de televisión privado Geo.
Pakistán desplegó a decenas de miles de policías y paramilitares y puso al Ejército en estado de alerta para proteger a las procesiones masivas de fieles que comemoraban la muerte del Imam Hussein (la Paz sea sobre él) en el s. VII.
El primer ministro de Pakistán, Yusuf Raza Gilani, condenó rápidamente la explosión e hizo un llamamiento a la calma.
Éste fue el segundo atentado con bomba que marcó las celebraciones de Ashura en Pakistán después de que un atacante suicida de hiciera volar a sí mismo en el exterior de una mezquita shií en la Cachemira administrada por Pakistán matando a siete personas el domingo.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Los atentados de Bagdad: ¿Por qué es Washington el factor común?
10-12-2009
Ron Jacobs
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Más de cien personas perdieron la vida como consecuencia de la serie de atentados perpetrados por todo Bagdad el martes 8 de diciembre. Dichos atentados estuvieron a su vez precedidos de otros tantos a lo largo de las anteriores semanas. Uno de esos ataques mató al zar del contraterrorismo del régimen de Bagdad sostenido por EEUU, mientras que en octubre otra racha de atentados contra las oficinas del régimen acabaron con la vida de alrededor de 150 personas.
Al igual que la mayoría de los atentados que se han ido produciendo en Iraq durante el presente año, su autoría sigue siendo un misterio aunque el gobierno ha culpado a los baazistas de los ataques de octubre y algunos funcionarios estadounidenses no paran de especular atribuyendo o no algunos de los restantes a su hombre del saco favorito: Al Qaida en Iraq.
A diferencia de gran parte de los atentados acaecidos en los momentos álgidos del conflicto en Iraq, gran parte de los últimos ataques se están perpetrando contra agencias gubernamentales fuertemente defendidas.
Si estos atentados fueran obra de la insurgencia iraquí y uno los situara en el marco global del conflicto en Iraq, podrían simbolizar un resurgimiento de la insurgencia. Si uno además tuviera en cuenta la naturaleza de la guerra de guerrillas, estos espectaculares atentados representarían una nueva fase en la guerra de los insurgentes contra el gobierno.
La mayoría de los comentaristas occidentales se muestra de acuerdo en que la insurgencia va a incrementar sus ataques en esta etapa previa a las elecciones supuestamente para asustar a los potenciales votantes, pero también para mostrar la debilidad esencial del régimen.
Si las anteriores respuestas a la violencia de los insurgentes sirven como indicio de futuras actuaciones, entra dentro de lo posible que se proceda a revocar la reciente relajación de ciertas precauciones de seguridad.
En efecto, el Primer Ministro al-Maliki dijo tras los atentados producidos el 19 de agosto de 2009: “Esos ataques representan una reacción a la apertura de las calles y puentes y al levantamiento de barreras dentro de las zonas residenciales… (y) nos exige (al régimen) que volvamos a evaluar nuestros planes y mecanismos de seguridad para confrontar los desafíos terroristas e incrementar la cooperación entre las fuerzas de seguridad y el pueblo iraquí”.
Es decir, tenga Vd. mucho cuidado si resulta que es sunní o pueden identificarle como alguien que no apoya la ocupación estadounidense ni su régimen clientelista.
Mientras tanto, el Financial Times informó de que el ministro del petróleo del régimen de al Maliki había anunciado que no iba a retrasarse la subasta de los contratos de petróleo fijada para el 11 y 12 de diciembre de 2009. Se ha invitado a los ejecutivos de las compañías petroleras más importantes y no se duda de que asistan.
Dado que el edificio donde se va a celebrar la subasta era uno de los atacados el 8 de diciembre, uno puede sentirse razonablemente seguro de que los ataques tenían también algo que ver con todo este proceso que muchos iraquíes valoran de forma correcta como la liquidación de sus recursos naturales y una intrusión más de Washington y otras capitales occidentales en la nación iraquí.
Dos atentados más se produjeron también en Pakistán los días 7 y 9 de diciembre, uno en Lahore y otro en Peshawar. Aunque ningún grupo ha reclamado su autoría, el gobierno y muchas fuentes de los medios se dieron prisa en culpar a los militantes islámicos.
Los edificios atacados incluían una comisaría y un banco, aunque muchos de los muertos fueron civiles.
La reciente avalancha de atentados de las últimas semanas ha acabado con la vida de más de 400 personas.
El gobierno culpa a los militantes a la vez que emprende una guerra contra los paquistaníes que viven en las provincias situadas al noroeste del país, matando a cientos y desplazando a muchos más.
Los bombarderos teledirigidos estadounidenses continúan actuando de forma implacable contra esta misma región, asesinando a muchos civiles por cada supuesto terrorista que alcanzan.
Todo esto está sucediendo mientras los rumores y las negativas respecto al papel que juegan los mercenarios estadounidenses de Blackwater provocan desconcierto e inestabilidad en todos los medios pakistaníes.
Todo lo cual nos lleva, aunque no claramente, al factor subyacente en todos y cada una de las situaciones anteriormente mencionadas.
Ese factor es la presencia de Estados Unidos en la región.
Iraq continúa estando bajo la ocupación de 124.000 soldados y de al menos 180.000 mercenarios.
Pakistán tiene una cifra incalculable de operativos de inteligencia y efectivos de las Fuerzas Especiales estadounidenses que trabajan de forma independiente y también conjunta con los soldados pakistaníes.
En cuanto al actual elemento primordial en la región –Afganistán-, EEUU tiene allí al menos 68.000 soldados actualmente y otros 30.000, o más, en camino.
Ni el gobierno clientelista iraquí ni el afgano podrían sobrevivir sin esas fuerzas o los miles de millones de dólares dilapidados para mantener sus regímenes.
El gobierno pakistaní debe también gran parte de su inestabilidad a EEUU y así ha ocurrido durante gran parte de su historia. Falta por ver si van a enviarse o no soldados a Pakistán. Pero pueden estar seguros de que esa posibilidad se ha discutido ya en las más altas esferas del régimen estadounidense y que a favor de la misma están bastantes de sus dirigentes, ya sean civiles o militares.
Uno se pregunta que es lo que está haciendo que el presidente se contenga de ponerla en marcha. Cualquiera que sea la razón, lo que sí es seguro es que si no surge un clamor popular de protesta contra la actual escalada en Afganistán y una exigencia renovada de retirada total de Iraq y Afganistán, Obama desechará cualquier vacilación sobre dar o no tal paso si los generales le convencen de que es necesario darlo.
Ron Jacobs es autor de “The Way the Wind Blew: a history of the Weather Underground”, que se acaba de publicar en Verso. Puede contactarse con él en: rjacobs3625@charter.net
Fuente: http://www.counterpunch.org/jacobs12082009.html
sábado, 21 de noviembre de 2009
Los Talibanes Pakistaníes Culpan a Blackwater por los Atentados en el País
AL-MANAR
17/11/2009
El movimiento talibán en Pakistán realizó su primera declaración por video negando cualquier implicación en los últimos atentados contra civiles y ha culpado a fuerzas externas al menos por las últimas explosiones.
Azam Tariq, un portavoz de Tehrik i Talibán, colocó la declaración de video en YouTube el lunes.
El mensaje se refiere a un atentado ocurrido en la Universidad Islámica en Islamabad, que, según Tariq, fue orquestado con el fin de preparar el terreno para una operación militar en Waziristan del Sur, un feudo de los combatientes talibanes pakistaníes.
Él dijo también que su grupo no había tenido nada que ver tampoco con un atentado ocurrido en un mercado de Peshawar, que mató al menos a 100 personas, ni con otro que tuvo lugar en Charsada, una ciudad localizada en la Provincia Fronteriza del Noroeste.
Tariq dijo que los ataques talibanes nunca han estado dirigidos contra civiles y señaló que las explosiones estaban vinculadas a las actividades de Blackwater en el país.
Blackwater es una controvertida compañía militar y de seguridad, fundada en EEUU, que ha estado implicada en muchos ataques que han costado la vida a civiles en el Iraq ocupado. Blackwater ha negado tener contratos vigentes en Pakistán.
Pakistán: Un presunto avión teledirigido estadounidense deja 8 muertos en una zona tribal
20 de noviembre de 2009
El ataque de un avión teledirigido presuntamente estadounidense provocó la muerte de ocho personas en la zona tribal del noroeste de Pakistán, según informaron el viernes los funcionarios locales.
La aeronave no tripulada lanzó dos misiles sobre una casa ubicada en Mir Ali tehsil, en la zona tribal de Waziristán del Norte, cerca de la frontera afgana, agregaron las fuentes.
El jueves, otro ataque teledirigido abatió al menos a cuatro personas e hirió a cinco más en la misma región. Washington señaló que los combatientes insurgentes se esconden en el área, y que planean ataques contra las tropas occidentales estacionadas en el país vecino de Afganistán.
Los ataques estadounidenses generalmente atacan los escondites de los militantes en la región tribal paquistaní, el cual es considerado por Washington como el centro de los militantes del grupo Talibán y de Al-Qaeda.
Pakistán se opone a los ataques por parte de Estados Unidos dentro de su territorio, y busca obtener tecnología teledirigida, a lo que Washington se opone.
viernes, 6 de noviembre de 2009
EE.UU. encarga a militares paquistaníes la negociación con los talibanes
07-11-2009
Syed Saleem Shahzad
Asia Times Online
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Abdulá Abdulá, quien esta semana se retiró de la segunda vuelta de la elección presidencial en Afganistán, entregando así la victoria al actual presidente, Hamid Karzai, lo hizo bajo presión de EE.UU., según informaciones obtenidas por Asia Times Online.
A cambio de la retirada del no pastún Abdulá, los militares paquistaníes han aceptado mediar activamente entre Washington y los talibanes con respecto a un plan de reconciliación que permitirá la salida de EE.UU. de Afganistán, como está haciendo en Iraq, con una apariencia de éxito.
Un alto diplomático paquistaní involucrado en negociaciones por canales extraoficiales sobre relaciones entre Pakistán, Afganistán y EE.UU. dijo a Asia Times Online, bajo condición de anonimato, que el trato sobre Abdulá, a quien Islamabad considera como favorable a India, fue hecho durante la visita de tres días en la semana pasada a Pakistán de la secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton.
Además de otros altos funcionarios, Clinton se reunió con el jefe de estado mayor del ejército, general Ashfaq Parvez Kiani, y el director general de la Inteligencia Interservicios (ISI), teniente general Ahmad Shuja Pasha. Se acordó que se detendrían todas las negociaciones dirigidas por EE.UU. con Abdulá, que incluían la oferta del puesto de responsable jefe ejecutivo de Afganistán y que Karzai recibiría pleno respaldo para un segundo período en el poder.
También se reconoció que la dirigencia política en Washington, como el Pentágono, ahora acepta que la insurgencia dirigida por los talibanes en Afganistán es mejor encarada mediante el contacto entre las fuerzas armadas paquistaníes y los talibanes, y no por los gobiernos políticos de la región.
La visita de Clinton tuvo lugar en un momento crucial, ya que Pakistán está involucrado en una batalla contra los talibanes paquistaníes y otros combatientes; si fracasa, habrá un efecto de cascada en toda la región y una derrota segura de los intereses estadounidenses en Afganistán.
En este contexto, Clinton apoyó la visión paquistaní de Afganistán, de que la participación de Abdulá como protagonista importante en el gobierno sería perjudicial para la causa del diálogo con los talibanes. Clinton también tuvo un papel importante en la decisión de India de retirar sus fuerzas de la frontera entre Pakistán e India, cerca de Cachemira. Eso permite que el ejército paquistaní se concentre en su lucha contra al Qaeda en las áreas tribales paquistaníes. El ejército aseguró a Clinton que ampliará esa lucha en los próximos meses.
Estos eventos se desarrollaron dramáticamente en una coyuntura en la cual existía hostilidad evidente entre las fuerzas armadas paquistaníes y Washington por el tema de las condiciones adosadas al paquete de ayuda Kerry-Lugar para Pakistán que fue aprobado en EE.UU. el pasado mes.
El paquete, preparado en conjunto por el senador John Kerry con el senador Richard Lugar, triplica la ayuda no-militar a Pakistán a un monto anual de 1.500 millones de dólares durante cinco años. El ejército paquistaní ha expresado “serias preocupaciones” respecto a “cláusulas que impactan la seguridad.” El gobierno civil ha saludado el paquete.
El ejército está preocupado por condiciones relacionadas con la no intervención de las fuerzas armadas de Pakistán en asuntos políticos y garantías claras sobre la no proliferación nuclear y la acción contra proliferadores.
En correspondencia confidencial entre la oficina del jefe del comité del estado mayor conjunto de las fuerzas armadas y la oficina del presidente, las fuerzas armadas calificaron la ley de “conspiración contra la seguridad nacional de Pakistán.”
Antes de su visita, Clinton expresó categóricamente su apoyo al gobierno democrático de Pakistán y apoyó enérgicamente las condiciones adosadas a la ley y, arremetiendo contra los militares, dijo que si a Pakistán no le gustaba, tenía la opción de rehusar el paquete.
A diferencia del establishment militar estadounidense, que ha desarrollado una estrecha relación con el de Pakistán, la dirigencia política estadounidense ha tendido a considerar la administración política de Pakistán como la verdadera fuerza en el país en el período posterior al fin del régimen militar de Pervez Musharraf en agosto del año pasado.
Los militares decidieron, según fuentes diplomáticas que hablaron con Asia Times Online, que la visita de Clinton ofrecía una buena oportunidad para recalcar la importancia de los hombres en uniforme, y que sin el apoyo del ejército, cualquier administración política es impotente.
La “lección” comenzó cuando Clinton llegó a la capital, Islamabad. La oficina del presidente aconsejó a la oficina del primer ministro que la recibiera en el aeropuerto, junto con miembros del gabinete. Pero el primer ministro Syed Yousuf Raza Gillani, quien está claramente asociado con el establishment militar, se negó, diciendo que un protocolo semejante está reservado a un jefe de Estado.
Del mismo modo, en una recepción en la residencia presidencial en Islamabad, el presidente Asif Ali Zardari quería que el gabinete se alineara para saludar a Clinton, lo que hicieron sus miembros, con la excepción de Gillani, quien dijo que iba “contra su decoro.”
Y una vez que Clinton se sentó con los jefes militares, quedó en claro que estaba hablando con los verdaderos protagonistas; terminó hablando durante horas con Kiani, y la reunión apoyó el papel del ejército paquistaní de Islamabad a Kabul en los próximos meses.
Revés para Zardari
Después de lo que pareció ser un comienzo pleno de esperanza una vez que llegó a ser presidente en septiembre pasado, la estrella de Zardari se ha puesto en la ciudad guarnición de Rawalpindi, así como en Washington.
En 2007, como resultado de un acuerdo negociado por Washington entre la fallecida Primera Ministra Benazir Bhutto y el presidente de entonces Musharraf bajo el cual él perdonaba todos los casos de corrupción contra Zardari y Bhutto (esposa de Zardari), Musharraf firmó una Ordenanza de Reconciliación Nacional (NRO). Esto allanó el camino para que Zardari y Bhutto volvieran a la política. La NRO que debía ser presentada al parlamento este mes para ser aprobada o rechazada como acto constitucional, ha sido fuertemente atacada por todos los sectores.
El mayor revés para el gobernante Partido del Pueblo de Pakistán provino de su principal aliado, el Movimiento Muttehida Quami, el único partido político del país que es genuinamente anti-talibán y pro-estadounidense. De manera muy humillante, aconsejó a Zardari que renunciara como presidente y se enfrentara a los tribunales.
Como resultado, Zardari decidió no presentar la NRO al parlamento y dejar que los tribunales, ya hostiles a su persona, decidieran la suerte de la ordenanza.
Los eventos que tienen lugar ahora entre Zardari y el ejército son similares a aquellos entre Musharraf y el ejército en sus últimos días antes de su renuncia en agosto pasado.
Musharraf, que había renunciado a jefe de estado mayor en noviembre de 2007, escogió a Kiani para reemplazarlo. Pero después de que los resultados de la elección en febrero de 2008 fueran negativos para los aliados de Musharraf, Kiani se distanció de este último. Musharraf, al ser comandante supremo de las fuerzas armadas por ser presidente, trató dos veces de cambiar al jefe del estado mayor del ejército.
En mayo de 2008 y luego en abril, instó al jefe del comité del estado mayor conjunto, general Tariq Majeed, para que ocupara ambas posiciones, pero Tariq se negó diciendo que sería perjudicial para los intereses del ejército. Kiani entonces reemplazó al personal de seguridad de Musharraf por el suyo. Musharraf se dio cuenta de que había perdido su apoyo en el ejército, y renunció en agosto.
Después de que Zardari llegó a presidente, trató de hacerse amigo personal de Kiani. Según se informa, hizo favores empresariales a dos de sus hermanos y homenajeó a Kiani con almuerzos y cenas. Esto tuvo un efecto negativo sobre los comandantes del ejército, quienes criticaron al jefe militar por su cercanía al presidente.
Sin embargo, una verdadera ruptura tuvo lugar después que los militares sintieron que Zardari estaba trabajando como un operador por su propia cuenta en temas de políticas nacionales. En ese momento, decidieron cortarle las alas.
El ejército impidió una alianza entre Quaid-i-Azam, una facción disidente de la Liga Musulmana de Pakistán, y el Partido Popular de Pakistán para derribar el gobierno dirigido por Nawaz Sharif en la provincia Punjab. Sharif, ex primer ministro, es un destacado opositor a Zardari.
En marzo, cuando una manifestación de la oposición partió de Lahore para sitiar Islamabad y exigir la restauración del presidente de la corte suprema, Ifikhar Mohammad Chaudhary, quien había sido despedido por Musharraf, Zardari instó a Kiani a que controlara la situación con el ejército. Éste se negó y se impuso al primer ministro para que ordenara la restauración de Chaudhary cuando la manifestación recién iba a mitad de camino hacia Islamabad.
Ahora, considerando la reciente cooperación entre Washington y el Cuartel General en Rawalpindi, el próximo paso es erosionar aún más el poder de Zardari transfiriendo una parte al parlamento, o incluso imponiendo su alejamiento del poder.
De un modo muy similar a cuando se quedó contemplando mientras Musharraf perdía el poder, Washington está listo para ver cómo se margina a Zardari. Es así porque ha comprendido que el ejército constituye la última esperanza de que Pakistán cumpla con sus objetivos en el conflicto afgano.
……………
Syed Saleem Shahzad es jefe del Buró Pakistán de Asia Times Online. Para contactos escriba a saleem_shahzad2002@yahoo.com
(Copyright 2009 Asia Times Online (Holdings) Ltd.
Fuente: http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/KK06Df02.html
miércoles, 28 de octubre de 2009
Pakistán camina hacia el borde del precipicio
28-10-2009
Txente Rekondo
Rebelión
El país asiático se encuentra en una encrucijada, otra más, y los acontecimientos de las últimas semanas apuntan hacia una complicada situación que puede tener consecuencias directas sobre Pakistán, pero que al mismo tiempo incidirá también en el conjunto de esa volátil región que conocemos como el sur de Asia.
Desde hace varios años, la inestabilidad parece haberse adueñado del estado pakistaní, con toda una serie de piezas que no terminan de encajar en el puzzle. Durante muchos años han sido los militares los que han gobernado el país, con golpes de estado y maniobras golpistas cada vez que los partidos políticos buscaban una salida a la crisis. La supuesta vuelta del sistema democrático a Pakistán, sin embargo, no ha supuesto que ese poder fáctico conformado en torno al ejército y sus servicios secretos (ISI) hayan perdido cuotas de poder, muy al contrario, siguen dominando los entresijos del estado y ampliando su presencia en las empresas e industrias más importantes el país. Una situación que ha llevado a algunos analistas a definir la situación como "military inc.", ya que para éstos, la economía del país está dominada por "un conglomerado empresarial, dueño del principal tejido industrial de Pakistán, y que no es otro que el ejército".
Los atentados sectarios, muchos de ellos fruto del enfrentamiento entre chiítas y sunitas; importantes zonas del país sin una presencia real del estado y sin apenas control por parte del gobierno central; un movimiento islamista con importante peso en el escenario político, y con diferentes grupos en la órbita ideológica de al Qaeda o como la alianza en torno a Tehrik-i-Taliban Pakistan (Movimiento Taliban de Pakistan- TTP), nos muestran las graves dificultades que atraviesa Pakistán, pero a todo ello hay que añadir otro factor: la presión que ejerce Washington sobre el país asiático.
Históricamente Pakistán ha sido el aliado clave de Estados Unidos en la zona, y la importancia geoestratégica se ha incrementado en los últimos años. Si durante la administración de Bush el peso pakistaní ha sido importante a la hora de diseñar la propia estrategia norteamericana en la región, la nueva presidencia de Obama le ha conferido un plus a su estrategia en materia de política exterior.
El término "AF-Pak", popularizado por los estrategas estadounidenses en los últimos meses, pone de manifiesto la clara voluntad de ligar el futuro de Afganistán, y la propia ocupación de aquél país, con el de Pakistán. La presencia de militares de EEUU en suelo pakistaní, con nuevas bases, y sobre todo con una red de inteligencia que busca atacar objetivos de al Qaeda y los taliban en Pakistán ha estado acompañada de bombardeos contra supuestos objetivos en la frontera con Afganistán (en uno de estos ataques de EEUU falleció el anterior dirigente de TTP, Baitullah Mehsud).
A las presiones militares y la búsqueda de operaciones sobre el terreno, se ha sumado las demandas para una mayor implicación del propio ejército pakistaní, y en esa clave cabe entender ala última ofensiva militar en las zonas tribales. También, en este contexto, hay que ubicar el último acuerdo entre Washington e Islamabad, por el que el país asiático va a recibir en los próximos cinco años una ayuda económica para "fines no militares" que triplica la que hasta ahora recibía Pakistán.
Sin embargo, la letra pequeña del acuerdo, que condiciona posteriores ayudas militares "a un efectivo control de los políticos sobre los militares" y "un decidido apoyo a combatir y desmantelar las bases de los grupos terroristas", ha desencadenado las protestas de importantes sectores de la sociedad. Altos mandos militares, el líder de la oposición, otros partidos políticos y algunos medios de comunicación han señalado que la firma de ese tratado "viola la soberanía de Pakistán", al tiempo que incrementa los sentimientos anti-norteamericanos en el país.
La ofensiva del ejército pakistaní ha asumido importantes riesgos, mientras que no se vislumbran resultados a medio plazo. Desde el primer momento, los militares no veían con buenos ojos esta campaña, por un lado porque temían que los grupos militantes ampliaran sus operaciones por todo el país (como ha ocurrido en las últimas semanas) y por otro lado, dudaban de la efectividad de su actuación.
En el pasado ya se han puesto en marcha operaciones similares, aunque con menos tropas, y los triunfos a corto plazo para Islamabad, con el tiempo se han convertido en victorias para los militantes islamistas. La fuerza militar se ha mostrado ineficaz en el pasado, como probablemente lo hará en esta ocasión. Más allá de la resistencia que puedan ofrecer los grupos armados en la zona (cualitativamente importante, pero no así numéricamente, pues ya se ha filtrado que muchos de los combatientes han salido de la zona junto a los miles de desplazados), sin dar una solución a los problemas estructurales de la región, la situación no hará sino empeorar.
La zona tribal, ya de por sí abandonada por el gobierno central, ha sufrido un duro castigo por las diferentes operaciones militares que ha puesto en marcha Islamabad, dando paso a una economía sumergida y al auge del mercado negro (armas y drogas fundamentalmente). El uso indiscriminado de la fuerza militar, los bloqueos económicos y los acuerdos con algunos líderes locales, junto al millón de desplazados, no hace sino aumentar la simpatía de la población local hacia los militantes islamistas.
La respuesta de los grupos armados no se ha hecho esperar. Ante el anuncia adelantado de la ofensiva contra las zonas tribales, esos grupos han desencadenado una ola de atentados por todo el país, contra objetivos muy señalados. Sólo en el mes de octubre cerca de doscientas personas han fallecido en esos ataques, que se han dirigido contra el cuartel general del ejército, un importante convoy militar, diferentes edificios policiales en Lahore, las oficinas de la ONU en la capital o la muerte a tiros de un importante oficial del ejército en Islamabad.
La diversificación y el uso de tácticas innovadoras han caracterizado estos ataques. Pero además, han dado muestra de la capacidad operativa de esos grupos, que han contado además con apoyo local (el atentado contra el cuartel general del ejército, además de una información muy precisa y apoyo material ha logrado la libertad de seis prisioneros islamistas) y se especula además que TTP podría estar gestionando futuras alianzas con el abanico de movimientos jihadistas que históricamente han venido operando en Pakistán, algunos de los cuales tienen importantes lazos con al Qaeda.
Si el movimiento en torno a TTP (una alianza de grupos que se materializó en diciembre del 2007) es heterogéneo, un acuerdo con grupos jihadistas del Punjab o de Cachemira, ampliaría la zona de actuación al conjunto del país, poniendo además en el punto de mira "símbolos del estado pakistaní" y "de sus aliados occidentales".
Un analista local reconoce que ninguna de las dos partes, ni militantes ni militares, pueden lograr una victoria militar, pero "si el enfrentamiento perdura estaríamos abocados a un crisis política que podría provocar consecuencias desastrosas para el estado y las instituciones de Pakistán"
sábado, 17 de octubre de 2009
"Pakistán sólo puede pedir a Estados Unidos que salga de Afganistán"
17-10-2009
Félix Flores
La Vanguardia
Entrevista con Tariq Ali, novelista y analista político
Tariq Ali (Lahore, 1943), novelista, historiador y analista político pakistaní, suele decir que la política no le deja tiempo para la ficción. En el tercer libro que ha escrito sobre su país, El duelo. Pakistán en el punto de mira de EE.UU., carga contra la política estadounidesen de apoyo a las dictaduras militares y la guerra de Afganistán. Ali hablará hoy sobre El tablero de ajedrez mundial en la Residència d'Investigadors, invitado por Justícia i Pau.
El paquete Kerry-Lugar –promovido por el senador John Ferry- de ayuda estadounidense a Pakistán, supone 7,5 millardos de dólares para los próximos cinco años. Se trata de ayuda civil, pero condicionada a que el Gobierno del presidente Asif Zardai controle a los militares. De hecho, el texto del proyecto de ley no es muy sofisticado…, y los militares pakistaníes han reaccionado molestos. ¿Qué consecuencias puede haber?
Los estadounidenses han sido muy estúpidos. La función de este proyecto es apartar a los militares pakistaníes y decirle al Gobierno: te vamos a dar mucho dinero, debes hacer cosas buenas con él porque te fortalecerá. Es la mayor suma de dinero no con fines militares que Pakistán ha recibido en mucho tiempo. Pero en Pakistán todo el mundo sabe que el grado de corrupción en la élite política es tan alto que muy pocos creen que ese dinero será para hacer escuelas y hospitales o mejorar las condiciones de la gente. El 90% de la gente cree que el dinero servirá para enriquecer todavía más al presidente Zardari y a todos los que trabajan para él, y la gente común verá muy poco de ese dinero. En segundo lugar, pero en combinación con lo anterior, la decisión de EE.UU. de construir más bases en Pakistán con permiso del Gobierno ha irritado al ejército. La cosa es irónica: en el pasado, EE.UU. trataba con Pakistán sólo a través de los militares; hoy intentan cambiar y hacerlo con el Gobierno civil, y es el ejército el que defiende ahora el nacionalismo pakistaní, diciendo que nuestra soberanía está en peligro. En el pasado, los políticos solían decir que nuestra soberanía estaba en peligro porque los militares colaboraban con EE.UU. Esto está relacionado con la guerra afgana. La presión de EE.UU. sobre los militares pakistaníes para que vayan a matar a su propia gente en Pakistán ha creado una tensión muy seria en el ejército. Y ése es el problema.
¿Puede haber una división entre los militares a partir de otra ofensiva sobre las zonas tribales como el sur de Waziristán, una revuelta de oficiales de rango medio, quizás?
Creo que la división ya existe, pero no en términos de guerra civil ni nada de eso. Pero los oficiales jóvenes y muchos soldados que están muy disgustados porque los envían a matar a su propia gente, pashtunes pakistaníes, están desertando. Y esa es una decisión muy seria, porque todo el mundo sabe que seguir en el ejército es una oportunidad de enriquecerse. Muchos se van. Tenemos ejemplo de muchos que se niegan a disparar a otros musulmanes. La ideología del ejército en los años ochenta cambió: de lo apolítico a lo islámico. ¡Con la presión de EE.UU., porque quería combatir a los rusos en aquella época! Enviaban mulás al ejército y los soldados eran educados en el Islam con la India o los comunistas como enemigos. Ahora envían a las tropas, 25 años después, a matar musulmanes. Pero, además, a ningún ejército le gusta matar a su propia gente. Muchos resisten pasivamente: por ejemplo, saben que va a haber un ataque y avisan, y cuando las tropas llegan no hay nadie, o hay una emboscada… Ese es el grado de tensión que existe.
A la vista de los últimos ataques, el de la FIA (que es la versión pakistaní del FBI) en Lahore se produce contra la persona que la dirige y que es la mano derecha de Zardari, el ministro del Interior. Y la FIA se ha usado para espiar a mucha gente, incluido el ejército. ¿Tuvieron ayuda para realizar el ataque? No lo se…
Cuando los extremistas son capaces de atacar el cuartel general del ejército en Rawalpindi… Exacto. Para eso hace falta ayuda desde dentro…
…¿Quiere decir que el ejército está tan infiltrado por la insurgencia?
Cuanto más dure la guerra en Afganistán y se propague en Pakistán, mayor será la amenaza de una división en el ejército pakistaní. El jefe lo sabe, yo lo se… El proyecto de ley Ferry-Lugar ha sido la gota que colma el vaso. Eso es lo que pasa. La embajadora estadounidense ha dicho abiertamente a la inteligencia europea (yo lo he escuchado): cuando el general Pervez Musharraf estaba en el poder teníamos problemas porque prometía una cosa y hacía otra, y ahora con este Gobierno no los tenemos porque hace exactamente lo que le pedimos.
El día del ataque al cuartel general de Rawalpindi, Hillary Clinton dijo que confiaba en que los militares sigan controlando el arsenal nuclear pakistaní… Si hay una fractura en el ejército, ¿los radicales islamistas podrían llegar a tener acceso a estas armas? La gran pregunta es: muchos medios occidentales dicen que los radicales son capaces de eso. Tonterías. El ejército pakistaní tiene un millón de soldados y sólo unas seis personas conocen los códigos, y están vigiladas por los estadounidenses. Eso es alarmista. Pero, si los militares se dividen como usted dice, no sabemos qué puede pasar. La situación en la región es más seria de lo que se imaginan, por las repercusiones en el ejército pakistaní. ¿Y qué van a hacer los estadounidenses, ocupar Pakistán? Este es un país de 160 millones de personas. Afganistán tiene 24 millones. Los ataques de los aviones no pilotados están poniendo a prueba a la gente; hay dos millones de refugiados, y habrá más. Los estadounidenses, que han estado controlando esta región, tienen que hacer algo constructivo.
Se dice que los atacantes de Lahore no eran del Waziristán sino del Punjab. ¿Cómo puede el Gobierno afrontar la situación? No puede. Necesita una estrategia. Por un lado, presionar, privadamente por supuesto, a EE.UU., diciendo "por favor" (este es un gobierno muy débil) busquen una estrategia para salir de Afganistán. En tres meses, seis meses… Para el futuro de Pakistán hay algo incluso más importante: es un país donde la malnutrición es muy elevada, donde la estatura media está descendiendo, un país en su mayoría analfabeto; los hijos de los pobres, incluso los de clase media, no reciben educación. La élite es quizá la más venal y corrupta de Asia. Ningún gobierno ha hecho nada para mejorar la vida de la gente. Y lo que me sorprende es que no haya más que se conviertan en religiosos extremistas. ¡De verdad que me sorprende! De hecho, es una pequeña minoría…
¿Qué quieren los extremistas?
Desde luego, que los estadounidenses se vayan de la región. Y si esto sucede, lo más importante es que los gobiernos que entendieron que debían salir de Iraq hagan ahora lo mismo con Afganistán. Cuanto más se queden, peor se pondrán las cosas. Esos militantes extremistas pueden ser controlados, porque no tienen un gran apoyo popular en Pakistán. La guerra de Afganistán es lo que les respalda. Los militares pueden pueden seguir atacando pueblos y ellos seguir ganando adeptos de pashtunes no religiosos.
¿Quiénes son los "neotalibanes"?
Esencialmente son afganos que han incrementado sus miembros desde la ocupación de EE.UU. Llevan trajes modernos, tienen asesores, hablan por televisión, hacen videos… ¡Antes, los talibanes rompían televisores! Manejan mecanismos modernos y te dicen que no quieren cometer los errores del pasado. Entre los talibanes, incluso en el pasado, había dos facciones: la pro saudí, del mulá Omar, que acogió a Osama Bin Laden. Y la otra facción, totalmente creada por el ejército pakistaní y dependiente de él. No se puede entender este fenómeno en Afganistán sin Pakistán. Para los militares pakistaníes, los talibanes supusieron una gran victoria, la única que han tenido como ejército.Tras el 11-S surgen las contradicciones y tienen que decir a sus talibanes que se afeiten las barbas, pasen a Pakistán y se calmen en espera de mejores tiempos. Ahora, con los estadounidenses montando un lío, digan lo que digan los generales, Pakistán es un elemento principal en el conflicto.
Según usted sólo hay una solución para Afganistán: un pacto regional que incluya Pakistán, India, EE.UU., Rusia, China… Pero incluso si Washington cambiara ahora de parecer, ¿cree que los otros actores colaborarían?
Depende. Creo que los chinos son muy importantes, porque la solución es la reconstrucción de Afganistán. Mire, hubo una pequeña oportunidad para Occidente ocho meses después de la ocupación. Si se hubieran concentrado en construir casas, escuelas, en el bienestar de la gente, proveer alimentos…, en vez de facilitar que los corruptos venidos de fuera se enriquecieran como lo hacen… China es la única que tiene dinero para esa reconstrucción y puede crear una base económica para el país. Y a China le interesa, porque puede demostrar a los musulmanes de Xinjiang: mira lo que hacemos por los musulmanes de Afganistán. Pero lo que pase depende de Washington. Los de la OTAN dicen que la razón principal para seguir en Afganistán es que la Alianza tiene que moverse al este porque China será el nuevo enemigo.
Los militares que están en los PRT o "equipos de reconstrucción provincial", como los españoles, creen de verdad que ayudan a la gente… Creo que el Gobierno español sabe que esto es una guerra de escalada, con más y más tropas…
Pero se insiste en que es una misión bajo mandato de la ONU. ¿Por qué habría que salir de Afganistán?
Porque se ha fracasado completamente. La guerra fue declarada por Bush para acabar con Osama Bin Laden, era una guerra de venganza. No había nada humanitario en todo esto. Nueve años después, el mulá Omar sigue vivo y coleando, lo que me deja estupefacto. Y no sabemos dónde está Bin Laden, si vivo o muerto. No ha salido en imágenes de video desde 2004. Y da igual si está vivo o muerto –que es lo que creo-, porque sirve a los militares pakistaníes para seguir recibiendo dinero con esto de la guerra contra el terror, etc. Todas las agencias de inteligencia de EE.UU. y europeas dicen que Al Qaeda ya no supone una gran amenaza. Entonces, ¿qué hacen en Afganistán? Secretamente, han estado negociando con los neotalibanes para convencerles de que se unieran al gobierno de Hamid Karzai. Los neotalibanes dicen que están preparados para eso, pero sólo si las tropas extranjeras se van. ¡Demuestran hacerlo mejor que los chiíes en Iraq! Dicen que no participarán en nada mientras siga la ocupación. Si eso es verdad, sienta las bases para crear un gobierno de coalición. Los rusos e iraníes son importantes para formar esa coalición… La única otra opción es enviar medio millón de soldados y matar un millón de afganos y pakistaníes, y eso no necesariamente funcionaría porque habría una gran fractura en Pakistán.
Se sabía que las elecciones afganas serían un desastre. ¿A qué juega el presidente Karzai?
Las elecciones fueron fraudulentas, del todo. Creo que parte de la élite estadounidense quería poner a Abdullah Abdullah de presidente pero se les asustó con que si la pérdida de poder, etc. Abdullah habría sido lo mismo pero quizás hubiera convenido por razones cosméticas, para decir que Afganistán es una democracia.... Karzai lo que quiere es seguir en el poder y hacer negocios con los grupos religiosos locales más extremistas. Yo diría que si la OTAN se va, se tendrá que llevar a Karzai, porque no resistirá una semana. Algunos de los asesores de Obama me han dicho que están de acuerdo conmigo y que deben salir de Afganistán.
Fuente: http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20091016/53805255160/pakistan-solo-puede-pedir-a-estados-unidos-que-salga-de-afganistan-afganistan-pakistan-karzai-lahore.html
lunes, 12 de octubre de 2009
Londres, 1898; Kabul, 2009: La guerra de los mundos
12-10-2009
Tom Engelhardt
Tom Dispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Un párrafo común y corriente en un artículo en mi periódico local me llamó la atención hace poco. Llevaba el título “Casa Blanca cree que Karzai será reelegido,” pero a medio camino Helene Cooper y Mark Landler del New York Times se volvían a la “opción de redespliegue” del comandante de la Guerra Afgana, general Stanley McChrystal. El monótono párrafo en cuestión era el siguiente: “La opción del redespliegue requiere que se transfiera soldados de áreas escasamente pobladas e ingobernables del campo a áreas urbanas, incluidas Kandahar y Kabul. ‘Será mejor dejar a los Predator’ muchas áreas rurales, dijo un funcionario del gobierno, refiriéndose a los aviones drones [sin tripulación].”
En otras palabras, EEUU podrá ser representado ahora en el campo afgano, como ya lo es en las áreas tribales al lado paquistaní de la frontera, sobre todo por vehículos aéreos sin tripulación Predator y sus primos aún más poderosos, los Reaper, nombres tomados directamente de una película de ciencia ficción sobre implacables alienígenas. Si uno fuera un aldeano afgano en alguna parte despoblada de ese país donde EEUU ha establecido pequeñas bases – dos de las cuales fueron casi capturadas recientemente – éstas habrán desaparecido y “América” estará volando por los aires. Estamos hablando de aviones sin seres humanos en ellos, escudriñando incansablemente el suelo con sus cámaras durante hasta 22 horas de una vez. Lanzados desde Afganistán, pero conducidos por pilotos a miles de kilómetros de distancia en el Oeste de EEUU, están armados con entre dos y cuatro misiles Hellfire o el equivalente en bombas de 250 kilos.
Ver la Tierra desde los cielos, es el punto de vista clásico del ser superior o dios con el poder definitivo de vida o muerte. Zeus, el dios de los dioses griego, utilizaba relámpagos para abatir seres humanos que lo ofendían. Nosotros utilizamos misiles y bombas. Zeus tenía la sapiencia de un dios. Nosotros tenemos “inteligencia,” a menudo falible (o de ajuste de cuentas). Su arma preferida destruía a un individuo. Las nuestras eliminan a cualquiera que esté cercano.
Él tomaba sus decisiones desde el Monte Olimpo; nosotros tomamos las nuestras desde sitios como la Base Creech de la Fuerza Aérea en las afueras de Las Vegas, y la Base Davis-Monthan de la Fuerza Aérea en Tucson, Arizona. Aquellos sobre los cuales tomamos decisiones de vida o muerte, mientras se escabullen abajo o siguen su camino lo mejor que pueden, no tienen – como los seres enfrentados a los dioses – ni recurso ni apelación. Vistos desde las pantallas son, para nosotros, figuras distantes, granulosas, apenas mayores que hormigas. Es lo que significa la palabra implacable.
Calmando a los niños
Y nada de esto nos parece extraño. Al contrario, representa una política razonable. Comentarios como el antes citado son ahora comunes. En el Washington Post, por ejemplo, Rajiv Chandrasekaran registró recientemente los pensamientos de un oficial estadounidense anónimo en Afganistán: “Si no vienen más fuerzas para montar operaciones de contrainsurgencia en esas partes de la provincia, concluyó, fracasará todo el esfuerzo de EEUU por estabilizar Kandahar – y por extensión, el resto de Afganistán. ‘Igual podríamos hacer nuestras maletas e irnos a casa… y dejar sólo unos pocos Predator volando para liquidar a los sujetos de al-Qaeda que vuelvan.’”
También sabemos que, en el debate en Washington sobre qué hacer ahora en la Guerra Afgana, el vicepresidente Joe Biden ha salido del lado del “contraterrorismo.” Quiere poner más énfasis en esos drones y en fuerzas de operaciones especiales, y concentrarse más en Pakistán (aunque sin reducir los niveles de las tropas en Afganistán). Al mismo tiempo, el Pentágono ha creado un programa de Especialistas Afganos y una Célula de Coordinación Pakistán-Afganistán, dos unidades concentradas en la mejora del rendimiento militar en el teatro de operaciones Af-Pak durante los próximos tres a cinco años. Todo esto representa la norma para dirigentes militares y civiles que, sean cuales sean sus diferencias, creen que guerras que continúan durante años sin fin a miles de kilómetros del país son el sine qua non de la seguridad estadounidense.
Y nada de esto nos parece menos que razonable, especialmente ante el tan publicitado “éxito” del programa de asesinatos con drones en la eliminación de personajes dirigentes de los talibanes y de al-Qaeda. Lo que nos parece extraño, sin embargo, es que la gente del lugar, sea en Pakistán o Afganistán, considere que todo esto es horroroso. Un reciente sondeo estadounidense en Pakistán resultó en que “un 76% de los encuestados se oponían a que Pakistán se asociara a EEUU en los ataques con misiles contra extremistas por aviones drone estadounidenses.”
Pero entonces, de nuevo, damos por sentado que gente de semejantes países atrasados son tipos extraños, quisquillosos. No como nosotros. En la reciente reseña biográfica de George Packer en New Yorker sobre
Richard Holbrooke, el representante especial del presidente para Afganistán y Pakistán, hubo algunas líneas clásicas que lo reflejan.
Packer describe a Holbrooke durante una visita relámpago a Afganistán como sigue: “Parecía menos un emisario de visita que un procónsul inspeccionando una vasta operación sobre la cual tiene gran parte de la autoridad.” Cuando ese mismo procónsul sale del empobrecido y deshecho Afganistán (donde la embajada de EE.UU. tuvo que desmentir en una ocasión que había iniciado una “discusión a gritos” con el presidente afgano Hamid Karzai) y llega a Pakistán, un país díscolo, perturbado, inquieto, verdaderamente importante, se guarda su procónsul y, según Packer, se convierte en el engatusador jefe de Washington. Como escribe Packer: “Por momentos, cuando escuché cómo hablaba con dirigentes paquistaní, adoptó el tono solícito de alguien que reconforta a un amigo inestable. ‘Es como tratar con niños abusados psicológicamente,’ dijo un miembro de su equipo. ‘No hay que concentrarse en los gritos y la violencia – simplemente los abrazas más fuerte.’”
De modo que, si los campesinos afganos y paquistaníes en las tierras montañosas de la frontera no son más que hormigas o conejos, los dirigentes paquistaníes son “niños.” Poco importa que Holbrooke tenga él mismo la reputación de ser egotista y un gritón que insiste en salirse con la suya. (Entre diplomáticos, en los años noventa, cuando estaba negociando en la antigua Yugoslavia, el chiste era: ¿Cuál es el sitio más peligroso en los Balcanes? La respuesta: Entre Dick Holbrooke y una cámara.)
Packard informa sobre la desilusión de Holbrooke con la cantidad de ayuda que el Congreso está aflojando para Pakistán (7.500 millones de dólares) y, para aumentar sus frustraciones, lo siguiente: “Debido a la sensibilidad de Pakistán respecto a su soberanía, no pudo persuadir a sus militares de que aceptaran que helicópteros estadounidenses llevaran ayuda a los refugiados,” quienes habían sido desplazados del Valle Swat por los talibanes y una ofensiva militar paquistaní.
Pensemos en eso durante un momento, especialmente ya que es un lugar común en la información estadounidense sobre la región y por lo tanto refleja el pensamiento oficial sobre el tema. Karen DeYoung y Pamela Constable, por ejemplo, escriben en un artículo en Washington Post: “Los paquistaníes, que son extremadamente sensibles en cuando a su soberanía nacional, se oponen a permitir tropas extranjeras sobre su suelo y han protestado contra ataques estadounidenses con misiles lanzados desde aviones sin tripulación contra presuntos objetivos talibanes y de al-Qaeda dentro de Pakistán.” Es más, invirtamos la situación.
Imaginemos que, después del próximo Katrina, helicópteros militares paquistaníes basados en un portaaviones paquistaní en el Golfo de México se estuvieran preparando para entregar suministros a Nueva Orleans, Por cierto, también tenemos que imaginar, como mínimo, que los paquistaníes estén construyendo una embajada-fortaleza de 750.000 millones de dólares en Washington D.C. (que será protegida por contratistas privados paquistaníes armados), y que drones paquistaníes estuvieran sobrevolando regularmente las montañas de la Sierra Nevada, lanzando misiles contra residencias en las pequeñas localidades en tierra, que los paquistaníes estuvieran ofreciendo miles de millones de dólares de ayuda desesperadamente necesitada a un gobierno estadounidense incapacitado y a sus fuerzas armadas, a cambio de que no se quejen demasiado de cualquier cosa que quieran hacer en EEUU, que altos funcionarios militares y civiles paquistaníes pasen constantemente por Washington exigiendo “cooperación,” y finalmente que periodistas paquistaníes que cubren todo eso informen regularmente sobre una “extrema sensibilidad estadounidense respecto a la soberanía nacional”, tal como lo ilustra un extraña falta de disposición a aceptar ayuda paquistaní entregada en helicópteros militares paquistaníes. Ahí está de nuevo, ya sabes, esos estadounidenses: inflamables como niños mimados.
Semejantes inversiones son, evidentemente, inconcebibles, y por lo tanto, casi imposibles de imaginar. Si actualmente, un helicóptero militar paquistaní se acercara a la costa de EEUU con cualquier cosa a bordo y se negara a volver atrás, sería indudablemente derribado. Y después hablan de susceptibilidad estadounidense.
Pero se nos ocurre una pregunta: “¿Por qué parece que estadounidenses como Holbrooke se sienten tan en casa cuando están tan lejos? ¿Por qué, por ejemplo, los portavoces militares de EEUU se refieren tan regularmente a nuestros enemigos indígenas en Iraq como “fuerzas antiiraquíes,” y en Afganistán a fuerzas antiafganas?” ¿Por qué hablan nuestros militares en Iraq de los vecinos iraquíes como de “fuerzas extranjeras” sin incluir jamás a nuestras propias fuerzas armadas en esa categoría?
Por resistente que Washington se muestre a un pensamiento semejante, lo obvio ha estado cruzando recientemente algunas mentes influyentes. En medio del debate sobre opciones para la guerra – más tropas, más entrenamiento de los militares y de la policía afgana, más ataques con drones en Pakistán, y algunas versiones que combinan todo lo mencionado, pero ciertamente no una retirada del país – se ha hecho más común la preocupación de que el despliegue de hasta 40.000 soldados estadounidenses más podría crear una “huella” estadounidense demasiado grande. Como escribieron Peter Baker y Thom Shanker de New York Times en un artículo sobre Robert Gates, el secretario de defensa “ha declarado repetidamente su preocupación de que más tropas harían que los estadounidenses aparecieran cada vez más como ocupantes.”
Después de casi ocho años de guerra, recién ahora sale a la superficie el peligro de que podríamos “aparecer cada vez más como ocupantes.” Ya que “ocupante” es un rol que los estadounidenses simplemente no pueden imaginar que lleguen a ocupar, consideremos en su lugar una fantasía alternativa, que tal vez sea más fácil de imaginar: ¿Y si resultara que nosotros somos los marcianos?
Aplastando a los conejos
La primera invasión marciana de este planeta – aterrizaron cerca de la ciudad de Woking en Inglaterra y, antes de terminar su tarea, habían destruido Londres – tuvo lugar en 1898, gracias a los tasmanianos, y si no pensáis que valga la pena considerarlo más de un siglo después, volved a pensar. De hecho: general McChrystal, procónsul Holbrooke del presidente Obama, mientras hacéis vuestra reevaluación de la Guerra Afgana, tengo un libro que os puede servir.
Tal vez tenía 12 años cuando lo leí por primera vez – bajo las sábanas, con una linterna, cuando supuestamente debía estar dormido - ¡y me dio un miedo! Incluso ahora, cuando los argumentos sobre invasiones extraterrestres están por doquier, tengo la idea de que podría hacer mismo en vuestro caso. Hablo, claro está, de la Guerra de los Mundos de H.G.Wells. Si lo recordáis, el otro Welles, Orson, lo volvió a presentar con mucho éxito en una versión por radio en 1938 en la cual los marcianos ficticios aterrizaron en Nueva Jersey, y muchos neoyorquinos perfectamente reales se inquietaron. (La versión cinematográfica de Steven Spielberg de 2005, la segunda película hecha del clásico de Wells, tenía toda la pirotecnia moderna que era de esperar, pero nada del impacto del libro.)
En los días en los que Wells escribió su libro, las novelas sobre invasiones ya eran algo común en Inglaterra, y la parte del invasor implacable e inhumano era normalmente interpretada por los alemanes. Wells, por otra parte, creó casi solo el género del invasor extraterrestre, y armó sus inteligentes monstruos del moribundo planeta Marte con gas tóxico y un rayo de calor parecido a un láser, y luego les colocó gigantescos trípodes andantes (imaginad, tanques elevados sin orugas) – prefigurando todo el armamento de las futuras guerras mundiales (e incluso de guerras más allá de la nuestra).
Sin embargo, nada en el libro – ni los armamentos, ni siquiera la destrucción – es más aterrador que la actitud de los marcianos (“intelectos vastos y fríos y poco compasivos”), porque se trata de una de las mayores novelas de inversión de roles de todos los tiempos. Son implacables exactamente porque ven a los ingleses como si vieran conejos, o como los colonizadores ingleses en Australia ciertamente veían a los tasmanianos, un pueblo al que casi exterminaron sin el menor remordimiento. De hecho, es donde evidentemente comenzó La Guerra de los Mundos. Parece que el hermano de Wells, Frank, mencionó un día la exterminación de los tasmanianos y así lanzó la idea para un libro que sigue siendo impreso 111 años después. Evidentemente, la pregunta que se hizo Wells fue: ¿Y si alguien llegara a Inglaterra con la misma idea del inglés superior que los ingleses habían tenido sobre los tasmanianos, y la especie de armamento y tecnología avanzada capaz de convertir esa actitud en una funesta realidad?
Como su anónimo personaje central comenta en las primeras páginas de la novela: “Los tasmanianos, a pesar de su parecido humano fueron totalmente eliminados en una guerra de exterminio librada por inmigrantes europeos, en el espacio de cincuenta años. ¿Somos tales apóstoles de la misericordia como para poder quejarnos si los marcianos hicieran la guerra con el mismo espíritu?”
Los marcianos (en realidad ingleses transformados) avanzan por el campo inglés y hacia Londres, quemando todo lo que está a la vista en una versión de lo que, en el siglo siguiente, llegaría a ser conocido como guerra total – es decir una guerra que no es lanzada sólo contra los guerreros, sino contra la población civil. Al mismo tiempo cosechan humanos y se alimentan de su sangre. En el siglo siguiente, ciertamente hubo marcianos en masa en este planeta, más que dispuestos a alimentarse de la sangre de sus habitantes.
General McChrystal, presidente Obama, procónsul Holbrooke: La Guerra de los Mundos, por viejo que sea, ofrece un raro ejemplo de cómo imaginarnos desde el punto de vista de ellos. Os insto a estudiarlo con la intensidad que ahora aplicáis a las estratégicas de contrainsurgencia y de contraterrorismo. Después de todo, a nuestro modo, podríamos ser considerados los marcianos del Siglo XXI y (¡cuán típico!) ni siquiera lo sabemos.
A diferencia de los marcianos de Wells, que llegaron a este planeta sin un departamento de propaganda o el menor interés por los “corazones y mentes” ingleses, aterrizamos hablando en un juego de amistad hacia la gente, y nunca hemos dejado de hacerlo, incluso si gran parte del palabreo ha sido hecha para consumo interior. Y sin embargo, durante los primeros ocho años de nuestra Guerra Afgana, como admitió recientemente el general McChrystal en su informe de 66 páginas al secretario de defensa, difícilmente podríamos haber mostrado una ignorancia más profunda del mundo afgano, o una falta de interés más marciana por saber algo al respecto, incluso mientras estábamos aniquilando a los afganos.
Ahora, el Pentágono trata de corregir eso, estableciendo una nueva unidad de inteligencia “para suministrar a los funcionarios militares y civiles en Afganistán un análisis detallado de la dinámica tribal, política y religiosa del país.” Sin embargo, como señala Robert Dreyfuss de Dreyfuss Report en Nation, esta unidad estará basada en un centro en Tampa Florida; es decir que estudiaremos a los afganos, como los antropólogos pueden haber estudiado una vez a los isleños de Trobriand. Luego procesaremos esa información a miles de kilómetros de distancia, tal como lo hacen nuestros “pilotos”.
En su lugar, tal vez sea hora de estudiarnos a nosotros mismos. ¿Y si desde un punto de vista afgano, somos realmente los marcianos de Wells? Entonces, no es asunto de contrainsurgencia contra contraterrorismo, o de más tropas estadounidenses contra más tropas afganas entrenadas por EEUU, o incluso de construcción de la nación contra estabilización. ¿Y si – y es un pensamiento no-estadounidense – no hubiera una solución estadounidense para Afganistán? ¿Y si ninguna alternativa, o combinación de alternativas, funciona? ¿Y si lo único que los marcianos pueden hacer efectivamente es destruir – o irse? (Hay que recordar que incluso los extraterrestres de Wells terminaron por abandonar su ocupación de Inglaterra final e involuntariamente. Murieron, gracias a bacterias contra las cuales no poseían inmunidad.)
¿Qué pasará si los afganos nunca llegan a ver a esos Predator – nuestro equivalente combinado de los “trípodes” y los rayos de la muerte marcianos – como sus protectores? Después de todo, nuestros drones representan lo tecnológicamente avanzado, lo alienígena y lo mortífero junto con, como escribiera recientemente el columnista del Toronto Sun, Eric Margolis, toda la panoplia de nuestros “bombarderos pesados B-1, los F-15, F-16, F-18, los helicópteros artillados Apache y AC-130, la artillería pesada, los tanques, radares, drones asesinos, bombas de racimo, fósforo blanco, cohetes, y vigilancia espacial.” Incluso nuestra propaganda, lanzada desde el aire (como si viniera de otro universo), puede matar. Recientemente, una niña afgana murió, después de ser golpeada por una caja de panfletos propagandísticos, lanzada desde un avión británico, que “no se abrió a tiempo.” Su corazón y su mente habrán sido silenciados, pero indudablemente ni los de sus padres, sus parientes y otros que la conocieron, lo han sido.
Lo que sigue es un breve intercambio de palabras, como informara un blog del New York Times sobre un “encuentro” alienígena en otro país. Un mayor del ejército de EE.UU., Guy Parmeter, lo tuvo cerca de Samara en la provincia Salahuddin de Iraq en 2004 (“Me hizo pensar: ¿cómo nos perciben, quiénes somos para ellos?”):
Mayor Guy Parmeter: “¿Ha visto a algún combatiente extranjero?”
Campesino iraquí: “Sí, a usted.”
A veces se necesitan 66 páginas para informar sobre una guerra. A veces una novela de hace un siglo puede lograrlo. A veces puedes escribir tomos enteros sobre los “errores” cometidos en, y la “tragedia” de una guerra estadounidense de contrainsurgencia en un país distante. A veces bastará un simple “sí, a usted”.
………..
Tom Engelhardt dirige Tomdispatch.com del Nation Institute. Es cofundador del American Empire Project (http://www.americanempireproject.com/). Es autor de The End of Victory Culture (University of Massachussetts Press), una historia de la Guerra Fría y después, así como una novela The Last Days of Publishing. También editó The World According to TomDispatch: America in the New Age of Empire (Verso, 2008), una colección de algunos de los mejores artículos de su sitio y una historia alternativa de los demenciales años de Bush.
[Nota sobre fuentes y recursos: Pensé que valdría la pena mencionar varios sitios en la red que leo ávidamente y en los que me baso para escribir artículos como éste, comenzando con el invaluable trabajo de Robert Dreyfuss en su blog Dreyfuss Report en la revista Nation. Sobre Irán, Afganistán e Iraq no hay que perdérselo. Además existen mis antiguos favoritos: Antiwar.com (y los resúmenes regulares de noticias de Jason Ditz en ese sitio). El sitio en Internet Informed Comment de Juan Cole – una lectura obligatoria, pero últimamente ha estado produciendo columnas notables día tras día; y War in Context, otro sitio indispensable en Internet. También considero de interés especial en asuntos militares el blog de Noah Shachtman en http://www.wired.com/dangerroom/Danger Room en Wired magazine. Sobre la Guerra Afgana, hay que ver Rethink Afghanistan de Robert Greenwald (y su impresionante nueva película del mismo nombre, así como el
Af-Pak Channel y su boletín de noticias "daily brief". Finalmente, un pequeño saludo a Michael Maddox, quien en una carta al New York Times, atrajo a mi atención la conversación del mayor Parmeter.]
Copyright 2009 Tom Engelhardt
Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175124/are_we_the_martians_of_the_twenty_first_century_
domingo, 11 de octubre de 2009
La administración estadounidense quiere convertir a Pakistán en un Estado deficiente y caótico
por Rashid Zubair
5 de octubre de 2009
El ejército pakistaní, bajo control estadounidense, trató de aplastar a los talibanes en el ex principado de Swat. Los combates, extremadamente imprecisos, han provocado el éxodo de 2 millones de personas. Según Rachid Zubair, los talibanes de Swat representan principalmente la rebelión de los pobres, pero la estrategia estadounidense los utiliza como pretexto para provocar una guerra civil y justificar la confiscación de las armas atómicas pakistaníes.
En el momento de la caída del gobierno de Musharraf, hace más de un año, muchos pakistaníes esperaban el comienzo de una nueva era política, pero sufrieron una amarga decepción.
Entre las razones esenciales de la impopularidad del gobierno de Musharraf se encontraban su servilismo hacia Estados Unidos y la destitución del juez supremo de Pakistán, Iftikhar Chaudhry.
Pero el actual gobierno tampoco ha mostrado respeto por el mandato popular, rompiendo además todos los records de sumisión hacia Estados Unidos. El gobierno del PPP (Pakistan People’s Party o Partido del Pueblo Pakistaní) llegó incluso a utilizar blindados y aviones contra su propio pueblo en el norte de Pakistán, cosa que ni el mismo Musharraf se había atrevido a hacer cuando estaba en el poder.
El PPP también aprobó los ataques de aviones estadounidenses sin piloto, que han costado la vida a cientos de pakistaníes. Según declaraciones oficiales, y de los propios estadounidenses, varios combatientes de al-Qaeda resultaron muertos, pero no se han proporcionado pruebas de ello. Y de ser cierto, éstos eran tan insignificantes que ni siquiera figuraban en los listados del FBI.
Según informaciones de origen estadounidense, los aviones sin piloto partieron del propio territorio pakistaní, lo cual ha sido confirmado por el ministerio pakistaní de Defensa, mientras que el de Relaciones Exteriores lo niega. Tales contradicciones han resquebrajado la confianza de la población en el gobierno del PPP. Ya antes de la escalada de la violencia de mayo, alrededor de 12 000 pakistaníes, civiles en su totalidad, habían perdido la vida en ataques pakistaníes o estadounidenses.
También antes de esta escalada, Pakistán contaba ya 800 000 refugiados provenientes del interior del país, la mayoría de ellos con una atención insuficiente. La extensión del conflicto convirtió el drama de los refugiados en una verdadera catástrofe.
El presidente Zardari ha obtenido todos los poderes especiales, entre otros el derecho de disolver el Parlamente cuando le parezca conveniente. Por un lado, millones de pakistaníes son víctimas del alza de precios en el sector energético así como del alza de precios generalizada mientras que el gobierno cuenta no menos de 60 ministros, lo cual indica, por otra parte, que está tratando de satisfacer a todos los miembros de la coalición y los colegas del partido a expensas del pueblo.
La situación en el valle de Swat
Los medios occidentales venían insinuando desde hace tiempo que el gobierno pakistaní había dejado el valle de Swat en manos de los talibanes, lo cual no es precisamente exacto. Para entender mejor la situación, hay que remontarse a su génesis.
Hasta 1969, la región de Swat contó con una administración autónoma de tipo islámico (sharia). La población estaba satisfecha con aquella situación ya que garantizaba la adopción de decisiones rápidas y equitativas. Luego de su incorporación a Pakistán [mediante la disolución del Principado, en 1969. NdR.], la región de Swat no disponía ya de ningún sistema jurídico funcional.
En 1989, el mulah Soufi Mohammed pidió el restablecimiento de la sharia, demanda que contó con el apoyo de gran parte de la población. El movimiento del mulah Soufi Mohammed no era de carácter militante y sobrevivió a dos gobiernos sucesivos. El mulah ayudó a dos gobiernos laicos convenciendo a varios grupos armados, igualmente partidarios de la sharia, de no alzarse en armas contra las fuerzas de seguridad gubernamentales. También obtuvo la liberación de importantes rehenes y contribuyo a que se levantara el bloqueo de importantes carreteras y de aeropuertos. En ambas ocasiones, se le prometió el restablecimiento de la sharia, a cambio de su cooperación. Pero aquellas promesas no se concretaron.
Posteriormente, se desencadenó el ataque de Estados Unidos contra Afganistán y Soufi Mohammed se fue a aquel país para luchar contra la ocupación. A su regreso fue encarcelado por el gobierno de Pervez Musharraf. En 2008, el nuevo gobierno, dirigido por el ANP (Awami National Party), lo liberó como prueba de buena voluntad.
Durante el cautiverio de Soufi Mohammed, el yerno de éste último, un ex ascensorista, tomó el control del movimiento. Mediante las armas, trató de imponer una administración paralela en el valle de Swat, dando lugar a varios meses de conflicto con las fuerzas nacionales de seguridad, enfrentamiento que causó numerosas víctimas entre la población civil. Soufi Mohammed no apoyó las acciones de su yerno, pero tampoco pudo influir en el curso de los acontecimientos. El gobierno del ANP rogó entonces a Soufi Mohammed que restableciera la paz en la región de Swat a cambio de la reintroducción de la sharia, también deseada por la población, como lo demostraron las masivas manifestaciones del 12 de enero de 2008.
Por su parte, Soufi Mohammed prometió desarmar a los militantes talibanes, restablecer la autoridad del Estado pakistaní y no crear ningún tipo de administración y jurisdicciones paralelas. A partir de la adopción de aquel acuerdo, la vida volvió a la normalidad en la región de Swat. Las escuelas y mercados populares se mantenían abiertos, la vida había retomado su ritmo cotidiano.
Estados Unidos ante los talibanes: el doble rasero
La OTAN y Estados Unidos se mostraron reticentes, pero el jefe del ANP, Asfan Yar Wali, defendió el acuerdo y el gobierno del distrito subrayó que se trataba de un arreglo totalmente legal. El jefe del gobierno del distrito, Hoti, amenazó con presentar su dimisión si Islamabad se oponía al acuerdo. El primer ministro Nawas Sharif y el ministro del Interior de la época de Musharraf advirtieron sobre las desastrosas consecuencias que podían derivarse de una violación de los acuerdos adoptados. El vocero del ejército pakistaní declaró que la situación en Swat estaba evolucionando de manera positiva.
Muchos pakistaníes no entienden la política de «doble rasero» que aplican los estadounidenses cuando se trata de los talibanes. Cuando son ellos quienes negocian directamente con los talibanes, es legal. Pero si lo hace el gobierno pakistaní, es casi una traición.
Hamid Mir, conocido periodista pakistaní y colaborador de Geo, el más popular de los canales privados, escribió, el 23 de febrero de 2008, en el diario Jang: «Las residencias de la familia [heredera] del principado de Swat permanecen vacías y abandonadas, pero Musrat Begur, una viuda miembro de la familia, vive con su servidor en un rincón del palacio. Da albergue a mujeres sin techo y necesitadas. La llaman «la madre de Swat».
La sharia no le da miedo. Mi conversación con ella me dejó la impresión de que era favorable a los talibanes. Lo mismo me sucedió con Ghulam Faroog, el editor del diario regional Chamal. Le pregunté por qué la población de Swat era en su mayoría favorable a los talibanes y hostil al ejército pakistaní. Los talibanes provienen de la capa oprimida de la población, o sea de entre ellos mismos [los pobladores]. Los ricos son hostiles a los talibanes, porque éstos últimos son parte de “la gente de a pie”.
La chispa que provocó la rebelión contra los ricos, a los que la gente llama los khawanines (los nobles), data de los años 1970. Fue por temor a los disturbios que el administrador de aquella época incorporó Swat a Pakistán. Esta conversación me recordó la novela, publicada en 2003, que Ahmed Bachir escribió sobre Swat. En ella podemos leer, en la página 763: «Los pobres de Swat están dispuestos a luchar hasta la muerte. Cuando empiece su lucha, varias organizaciones aparecerán por sí mismas.»
Ahmed Bachir no sabía que aquella organización tendría por nombre «los talibanes». Yo tuve la oportunidad de ver con mis propios ojos varios campos de batalla. Aunque disponía de artillería pesada, de blindados y de aviones de combate, el ejército pakistaní no pudo imponerse ante los talibanes. Los habitantes de Swat estaban cansados de las injusticias que duraban desde hacía años y la política de agresión de los estadounidenses añadió leña al fuego. La explosiva mezcla de cólera contra la injusticia y de odio contra los estadounidenses dio lugar a la aparición de un movimiento extremista de resistencia.»
Agentes extranjeros disfrazados de talibanes
Lo anterior aporta una de las posibles respuestas a la interrogante de los medios estadounidenses: «¿Cómo es posible que 12 000 soldados pakistaníes no hayan podido imponerse a 3 000 insurgentes?» Otra respuesta puede encontrarse en las declaraciones del mayor Athar Abbas, vocero del ejército pakistaní: «Detrás de los disturbios del valle de Swat y las zonas tribales vecinas hay servicios secretos extranjeros que arman y financian a los extremistas.
Según el diario Jang, fuerzas de seguridad pakistaníes han arrestado en las zonas tribales a 200 agentes extranjeros disfrazados de talibanes. Muchos pakistaníes se preguntan por qué hay 29 consulados de países vecinos en la zona fronteriza pakistaní-afgana. Eso explicaría también el gran número de actos de crueldad imputados a los talibanes. No está excluido que muchas de las atrocidades cometidas contra las fuerzas de seguridad tengan como objetivo vengar a familiares víctimas del asalto de la Mezquita Roja o de los ataques pakistaní-estadounidenses.»
La mayoría de los pakistaníes no ven la supuesta «guerra contra el terrorismo» como propia sino como una guerra estadounidense que se libra a través de ellos. Mientras el gobierno pakistaní esté a las órdenes de Estados Unidos, no habrá paz. Los estadounidenses quieren desestabilizar Pakistán. Es necesario que se considere a Pakistán como un Estado deficiente, para quitarle entonces su arsenal nuclear. El ejército estadounidense ya tiene incluso una unidad especial encargada de cumplir esa misión.
Swat vivió un breve período de paz. En el pasado hubo varios acuerdos de paz con los talibanes en diferentes zonas, pero fracasaron rápidamente por causa de «incidentes». Ahora, la guerra se ha desatado nuevamente. Y se acusa a los talibanes de ser los culpables, pero eso es lo que se dice en los círculos gubernamentales y no hay libertad de información.
Admitiendo que los talibanes sean los culpables, las víctimas de las operaciones militares siguen siendo los miembros de la población. La población pedía que se restableciera la sharia, pero quería que lo hiciera el gobierno, no los talibanes. El gobierno no quería autorizar a los talibanes a instaurar una administración paralela, pero no logra impedirlo con la simple fuerza de las armas. Se necesitaría para ello una estrategia multilateral y un consenso nacional, y el gobierno de Zardari no dispone de ninguna de las dos.
Los medios han anunciado, por ejemplo, que «los talibanes estaban a las puertas de Islamabad» o que «armas nucleares pudieran caer en manos de los talibanes», lo cual no es más que una patraña.
Lo cierto es que los talibanes sólo controlan un 3,4% de Pakistán. La población de las zonas tribales no representa más que un 2% de la población total de Pakistán, y no se compone únicamente de talibanes. Los 2,5 millones de personas que pueblan las zonas tribales –que no son solamente talibanes– no puedan controlar a 157 millones de pakistaníes.
Los pakistaníes jamás aceptarían un Islam como el que predican los talibanes. En cuanto a las bombas atómicas, no se trata de petardos de fin de año que cualquiera pueda meterse en un bolsillo. Para manejar 80 ojivas nucleares se requieren 70 000 hombres, entre ellos varios miles de científicos.
El espectro talibán no es más que un pretexto. Es otro el objetivo de los estadounidenses. Prueba de ello es que, durante los últimos días de su gobierno, el general Musharraf se quejó de que el ISI (servicios secretos pakistaníes. NdT.) había informado a Estados Unidos sobre los diversos lugares donde se encontraba Baitullah Mehsud, el jefe de los talibanes, sin que los estadounidenses hicieran nada contra él.
El ministro pakistaní del Interior ha dicho que los extremistas están siendo armados y financiados por Afganistán. Pero la pregunta clave es la siguiente: ¿Quién arma y financia a los talibanes en Afganistán? Nadie puede saber a ciencia cierto lo que Estados Unidos está tramando en secreto. Lo que sí es seguro es que la población está pagando los platos rotos. La fuerza de las armas nunca resolverá los problemas de la región.
Rashid Zubair
Fuente: Artículo publicado en Horizons et débats el 1º de junio de 2009.
Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión francesa de Michele Mialane.