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lunes, 21 de diciembre de 2009

El papel del Pentágono en la catástrofe global: estragos climáticos más crímenes de guerra





21-12-2009
Sara Flounders
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Al evaluar la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático en Copenhague – con más de 15.000 participantes de 192 países, y más de 100 jefes de Estado, así como 100.000 manifestantes en las calles – es importante preguntar: ¿Cómo es posible que el peor contaminador de dióxido de carbono y otras emisiones tóxicas en el planeta no sea objeto de ninguna discusión en la conferencia o de propuestas de restricciones?

En todo caso, el Pentágono es el mayor utilizador institucional de productos de petróleo y de energía. Y, no obstante, el Pentágono tiene una exención general en todos los acuerdos climáticos internacionales.

Las guerras del Pentágono en Iraq y Afganistán; sus operaciones secretas en Pakistán; su equipamiento en más de 1.000 bases estadounidenses en todo el mundo; sus 6.000 instalaciones en EE.UU.; todas las operaciones de la OTAN; sus portaaviones, aviones jet, ensayos, entrenamiento y ventas de y con armas, no serán tomados en cuenta respecto a los límites de gases invernadero de EE.UU. o incluidos en algún cómputo.

El 17 de febrero de 2007, Energy Bulletin detalló el consumo de petróleo de EE.UU. sólo para los aviones, barcos, vehículos terrestres e instalaciones que lo convierte en el mayor consumidor de petróleo del mundo. En aquel entonces, la Armada de EE.UU. tenía 295 barcos de combate y apoyo y unos 4.000 aviones en condiciones de servicio.

El Ejército de EE.UU. tenía 28.000 vehículos blindados, 140.000 vehículos de alta movilidad de uso múltiple, más de 4.000 helicópteros de combate, varios cientos de aviones de ala fija y un parque móvil de 187.493 vehículos. Con la excepción de 80 submarinos y portaaviones nucleares, que propagan contaminación nuclear, todos los vehículos utilizan petróleo.

Incluso según el CIA World Factbook de 2006, sólo 35 países (de 210 en el mundo) consumen más petróleo por día que el Pentágono.
Las fuerzas armadas de EE.UU. usan oficialmente 320.000 barriles de petróleo por día. Sin embargo, este total no incluye el combustible consumido por contratistas o el combustible consumido en instalaciones alquiladas y privatizadas. Tampoco incluye la enorme cantidad de energía y recursos utilizados para producir y mantener su equipamiento letal o las bombas, granadas o misiles que emplea.

Steve Kretzmann, director de Oil Change International, informa que: “La guerra de Iraq produjo por lo menos 141 millones de toneladas métricas de equivalente de dióxido de carbono (MMTCO2e) desde marzo de 2003 hasta diciembre de 2007…

La guerra emite más de un 60% del dióxido de carbono de todos los países… Esta información no es fácilmente accesible… porque las emisiones militares en el extranjero están exentas de los requerimientos nacionales de información bajo la ley de EE.UU. y la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático.” (http://www.naomiklein.org/, 10 de diciembre). La mayoría de los científicos culpan las emisiones de dióxido de carbono por los gases invernadero y el cambio climático.
Bryan Farrell dice en su nuevo libro “The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism,” que el “mayor ataque contra el entorno, contra todos nosotros en el globo, viene de una agencia… las Fuerzas Armadas de EE.UU.”

¿Cómo logró el Pentágono la exención de los acuerdos climáticos? Durante las negociaciones de los Acuerdos de Kioto, EE.UU. exigió como condición para su firma que todas sus operaciones militares en el mundo y todas las operaciones en las que participa con la ONU y/o con la OTAN fueran totalmente exentas de la medida de reducciones.
Después de obtener esa gigantesca concesión, el gobierno de Bush se negó a firmar los acuerdos.

En un artículo del 18 de mayo de 1998, intitulado “Temas de seguridad nacional y de política militar involucrados en el tratado de Kioto,” el doctor Jeffrey Salmon describió la posición del Pentágono.
Cita el informe anual de 1997 al Congreso del entonces secretario de defensa William Cohen: “El departamento de defensa recomienda enérgicamente que EE.UU. insista en una cláusula de seguridad nacional en el protocolo de cambio climático que se está negociando.” http://www.marshall.org/)

Según Salmon, esa cláusula de seguridad nacional fue propuesta en un borrador que especificaba “una exención militar total de límites de emisiones de gases invernadero.
El borrador incluye operaciones multilaterales, como son actividades aprobadas por la OTAN y la ONU, pero también incluye acciones relacionadas muy ampliamente con la seguridad nacional, que parece incluir todas las formas de acciones militares unilaterales y el entrenamiento para tales acciones.”

Salmon también citó al subsecretario de Estado Stuart Eizenstat, quien dirigió la delegación de EE.UU. en Kioto. Eizenstat informó que “el departamento de defensa y los militares uniformados que estuvieron junto a mí en Kioto obtuvieron todos los requerimientos que dijeron que querían. Es decir autodefensa, mantenimiento de la paz, ayuda humanitaria.”

Aunque EE.UU. ya había recibido esas garantías en las negociaciones, el Congreso de EE.UU. aprobó una cláusula explícita garantizando la exención militar de EE.UU. Inter Press Service informó el 21 de mayo en 1998: “Los legisladores de EE.UU., en su más reciente golpe contra los esfuerzos internacionales para contener el calentamiento global, eximieron hoy las operaciones militares de EE.UU. del acuerdo de Kioto que especifica compromisos vinculantes para reducir emisiones de ‘gases invernadero’.
La Cámara de Representantes aprobó una enmienda a la ley de autorización militar del próximo año que ‘prohíbe la restricción de las fuerzas armadas bajo el Protocolo de Kioto.’”

Actualmente, en Copenhague, siguen valiendo los mismos acuerdos y líneas directivas sobre gases invernadero. Sin embargo, es extremadamente difícil encontrar la más mínima mención de esta manifiesta omisión.

Según la periodista ecológica Johanna Peace, las actividades militares seguirán siendo eximidas de una orden ejecutiva firmada por el presidente Barack Obama que prevé que las agencias federales reduzcan sus emisiones de gases invernadero hasta 2020.
Peace señala que: “Las fuerzas armadas representan un 80% de las necesidades de energía del gobierno federal.” (solveclimate.com, 1 de septiembre)
La exclusión general de las operaciones globales del Pentágono hace que las emisiones de dióxido de carbono de EE.UU. parezcan ser mucho menores de lo que son en realidad. Sin embargo, incluso sin contar el Pentágono, EE.UU. tiene las mayores emisiones de dióxido de carbono del mundo.

Más que emisiones

Aparte de emitir dióxido de carbono, las operaciones militares de EE.UU. liberan otros materiales altamente tóxicos y radioactivos al aire, el agua y el suelo.
Armas estadounidenses hechas de uranio empobrecido han descargado decenas de miles de kilos de micro partículas de desechos radioactivos y altamente tóxicos por todo Oriente Próximo, Asia Central y los Balcanes.

EE.UU. vende minas terrestres y bombas de racimo que son una causa mayor de explosiones retardadas, de mutilación y de incapacitación especialmente de campesinos y gente del campo en África, Asia y Latinoamérica. Por ejemplo, Israel lanzó más de un millón de bombas de racimo suministradas por EE.UU. en el Líbano durante su invasión de 2006.

La guerra de EE.UU. en Vietnam dejó grandes áreas tan contaminadas con el herbicida Agente Naranja que actualmente, más de 35 años después, la contaminación con dioxina es entre 300 y 400 veces mayor que los niveles “seguros”. Una tercera generación está sufriendo defectos de nacimientos y altas tasas de cáncer resultantes de esa contaminación.

La guerra de 1991 de EE.UU. en Iraq, seguida por 13 años de crueles sanciones, la invasión de 2003 y la ocupación subsiguiente, han transformado la región – que tiene una historia de 5.000 años como granero de Oriente Próximo – en una catástrofe ecológica.
La tierra arable y fértil de Iraq se ha convertido en un páramo desértico en el cual el menor viento provoca una tormenta de arena.
Iraq, que era exportador de alimentos, importa ahora un 80% de su alimento. El ministro de agricultura iraquí estima que un 90% de la tierra sufre una severa desertificación.

Guerra ecológica en el interior de EE.UU.
Además, el departamento de defensa se ha opuesto rutinariamente a órdenes de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) de limpiar bases estadounidenses contaminadas. (Washington Post, 30 de junio de 2008).

Las bases militares del Pentágono lideran la lista de los sitios más contaminados del Superfund, y los contaminantes son absorbidos por los acuíferos de agua potable y el suelo.
El Pentágono también se ha opuesto a esfuerzos de la EPA por establecer nuevos estándares de contaminación para dos productos químicos que se encuentran ampliamente en instalaciones militares: perclorato, encontrado en el propergol de cohetes y misiles; y tricloroetileno, un desengrasador para partes de metal.

El tricloroetileno es el contaminante del agua más generalizado en el país, y es absorbido por acuíferos en California, Nueva York, Texas, Florida y otros sitios. Más de 1.000 instalaciones militares en EE.UU. están contaminadas con el producto. Las comunidades más pobres, especialmente comunidades de color, son las más severamente impactadas por este envenenamiento.

Las pruebas estadounidenses de armas nucleares en el sudoeste y en las islas del sur del Pacífico han contaminado con radiación millones de hectáreas de tierra y agua. Montañas de desechos radioactivos y tóxicos de uranio han sido abandonadas en tierras indígenas en el sudoeste. Más de 1.000 minas de uranio han sido abandonadas en reservaciones navajo en Arizona y Nuevo México.

En todo el mundo, en bases antiguas y activas en Puerto Rico, las Filipinas, Corea del Sur, Vietnam, Laos, Camboya, Japón, Nicaragua, Panamá y la antigua Yugoslavia, barriles corroídos de productos químicos y disolventes y millones de proyectiles son criminalmente abandonados por el Pentágono.
La mejor manera de limpiar dramáticamente el entorno es cerrar el Pentágono. Lo que se necesita para combatir el cambio climático es un completo cambio de sistema.

Sara Flounders es codirectora del International Action Center.
International Action Center – 18.12.109
Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=16609

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martes, 8 de diciembre de 2009

Mayor contaminador per cápita. Estados Unidos es el mayor deudor del planeta


7 de diciembre de 2009
Ernesto Tamara
(BARÓMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

La Cumbre de Copenhague, entre el 7 y 18 de diciembre, debería concluir con el compromiso de las principales naciones desarrolladas de reducir sus niveles de escape de dióxido de carbono en tasas progresivas hasta el 2050. El país con mayor producción de dióxido de carbono per cápita en el mundo, Estados Unidos, apenas promete una reducción del 6 por ciento para el 2020, con respecto a los niveles de 1990, cuando los científicos sostienen que esa reducción debería ser de entre el 25 y el 40 por ciento.

El principal problema, según los científicos, consiste en que para evitar una subida media de dos grados en la temperatura del planeta, cuyas consecuencias serían desastrosas para el planeta, los países más industrializados necesitarían limitar en el 2020 entre un 25% y 40% sus emisiones de dióxido de carbono con respecto a los niveles de 1990, mientras que los países en desarrollo deberían hacerlo entre un 15% y un 30%


Obama ofrece menos de lo esperado y posible


Las enormes expectativas de un cambio de enfoque de Estados Unidos en la materia, después que el anterior presidente George Bush negó que el calentamiento global fuera una consecuencia de la actividad del hombre, apenas se sostienen tras el escaso compromiso del presidente Barack Obama. Si bien su anuncio de ofrecer, por primera vez en la historia, una rebaja de las emisiones de gases, supeditado a la aprobación del Congreso, despertó ciertas esperanzas, la decisión de sólo concurrir un día a la Cumbre de Copenhague, y en la primera semana, cuando no estarán los demás jefes de Estado, despertó otra vez las críticas.


"No se trata de hacerse una foto, sino de conseguir un acuerdo global para detener el caos climático. Obama debería estar a la vez que el resto de líderes" fue el comentario de la organización Greenpeace. El ministro de Medio Ambiente sueco y, por tanto, ministro de turno de la UE, Andreas Carlgren, se felicitó en un comunicado del hecho de que "EEUU presente ahora una oferta de reducción de emisiones", aunque añadió: "Lamento, sin embargo, que el nivel no sea muy elevado, ya que estimaciones previas indican que EE.UU puede hacer más".


Obama acudirá el 9 de diciembre, un día antes de recoger el premio Nobel de la Paz en Oslo. El ministro sueco explica en su comunicado que entiende que la visita de Obama "aumente las expectativas", pero añade: "Yo esperaba que participara en el encuentro de jefes de Estado y de gobierno" al final de la cumbre.


La directora del programa climático del Fondo Mundial para la Naturaleza, Keya Chatterjee consideró que la presencia de Obama "en los últimos días de la COP es necesaria para asegurar los debidos compromisos, esperamos que el presidente esté dispuesto a volver a Copenhague junto al resto de los líderes mundiales durante las etapas finales de las negociaciones".


EE.UU el mayor emisor per cápita


Estados Unidos es el segundo mayor emisor de gases contaminantes del mundo (primero si se mide per cápita), sólo superado por China en volúmenes totales, y no firmó el Protocolo de Kyoto, acordado en esa ciudad japonesa en 1997 y puesto en vigor en 2005 para frenar el ritmo del recalentamiento planetario. Los gases contemplados en ese texto son el dióxido de carbono (CO2), metano, óxido nitroso, hexafluoruro de azufre, hidrofluorocarbonos y perfluorocarbonos.


El acuerdo de Kyoto obligaba a los 37 países industrializados que lo ratificaron a reducir sus emisiones de gases invernadero a volúmenes 5,2 por ciento inferiores a los de 1990, en un plazo que acaba en 2012. La reunión de Copenhague fue convocada, precisamente, para convenir un nuevo tratado superador del firmado en Japón. Si bien el entonces presidente Bill Clinton firmó el tratado de Kyoto, nunca fuec ratificado por el Congreso entonces de mayoría republicana, y mucho menos después durante las dos administraciones de George Bush.


El recorte que propone Obama del 17% de las emisiones (rebaja que sería progresiva, hasta alcanzar una reducción del 85% en el año 2050) tiene como referencia las emisiones de EE.UU en 2005 y no las de 1990, fecha fijada por el Tratado de Kyoto y en las que todos se basan. Haciendo el ajuste a ese año, la oferta de Obama se queda reducida a un magro 6%. La cifra, comparada con la oferta de otros países, incluso de aquellos que no están obligados a una reducción importante, parece ridícula.


A principios de año, Gran Bretaña propuso una reducción de 34 por ciento para 2020. Poco después Japón prometió un descenso del 25 por ciento, ambos con respecto a los niveles de 1990. Brasil anunció recientemente que estaba dispuesto a reducir sus emisiones entre 38 y 40 por ciento para 2020, pese a que como nación en desarrollo podría ofrecer menos de la mitad. La Unión Europea ha ofrecido en tanto una reducción del 20% de sus emisiones, en relación a 1990, y asegura estar dispuesta a llegar al 30% si otros países industrializados se comprometen a cifras similares. Los científicos sostienen que debería ofrecer entre el 25 y 40 por ciento.


China ofrece nueva fórmula


El gobierno de la República Popular de China anunció dos semanas antes de la Cumbre que se comprometía a reducir su intensidad energética entre un 40% y un 45% para 2020, duplicando así su oferta inicial. Además, el primer ministro Wen Jiabao, adelantó que acudirá a la reunión de Copenhague. El Consejo de Estado, gabinete chino, pretende reducir su intensidad de carbono, es decir el volumen de gases emitidos por cada punto porcentual del producto interno bruto (PIB), entre 40 y 45 por ciento para 2020. "Tendremos que pagar un alto precio para cumplir nuestro objetivo", declaró en la conferencia de prensa del jueves Xie Zhenhua, vicepresidente de la gubernamental Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, responsable de los programas de planificación de este país. Beijing impuso, además, una condición: se trata de un compromiso interno que se incorporará a los planes de desarrollo a mediano y largo plazo y se supervisará en el ámbito local. Es un objetivo voluntario, pero de carácter obligatorio frente a la comunidad internacional, añadió. "Hicimos un compromiso y los chinos cumplen su palabra", remarcó Xie.


En tanto que nación en desarrollo, China no está obligada a limitar sus emisiones y, mantener ese beneficio será uno de los objetivos de cualquier nuevo acuerdo que surja en Copenhague para reemplazar el Protocolo de Kyoto.

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