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viernes, 19 de febrero de 2010

¡Es Europa, estúpidos!


19-02-2010
Juan Torres López
Sistema Digital

Me sirvo de la famosa frase del asesor de Clinton en las elecciones de 1992 James Carville ("¡Es la economía, estúpidos!"), para referirme a la consciente confusión que se está generando desde los medios liberales sobre la situación económica de los países de la periferia europea.

Como es inevitable dado su nivel más atrasado de desarrollo, países como España, Portugal o Grecia han tenido que hacer en los últimos años un gran esfuerzo presupuestario para tratar de alcanzar los niveles de convergencia y bienestar de su entorno más próximo. Sin embargo, en gran medida ha sido insuficiente porque las políticas neoliberales de los últimos años debilitaron sus sistemas productivos y porque los pactos de estabilidad (y la propia voluntad de gobiernos que hacían suyas estas políticas) les obligaron a restringir el gasto. Pero incluso así, algunos pudieron presentar mejores registros y cumplimientos de los pactos de estabilidad que otros grandes países con más poder para saltárselos. Hoy día, Grecia no es ni mucho menos el país europeo que tiene más deuda en porcentaje del PIB y el de España está unos veinte puntos por debajo de la media y, por supuesto, ninguno de ellos ha dejado de hacer frente a sus compromisos.

En los últimos meses, la crisis financiera causada por el irresponsable y a veces incluso criminal comportamiento de gran parte de la banca internacional desembocó, como es bien sabido, en una gran recesión a la que los gobiernos han debido hacer frente, para evitar un completo colapso económico, con planes extraordinarios de gasto. Esa y no otra ha sido la circunstancia que ha hecho subir el déficit presupuestario a niveles tan elevados. Es una burda mentira, por tanto, afirmar que éste último se debe a la irresponsabilidad presupuestaria del gobierno (Grecia, España y Portugal son "unos cuantos derrochadores" según David Sanger en el suplemento en español de The New York Times que acompaña a El País del 18 de febrero). Como es una simple maldad afirmar, como hace el expresidente Aznar, que no se debería haber realizado ese gasto e incurrir en el déficit subsiguiente. Ni los gobiernos más liberales han dejado de llevarlo a cabo y es seguro que sin él la economía española estaría hoy día en el desastre más absoluto.

Otra cosa es que precisamente quienes critican ahora el déficit ganaran el pulso a la hora de diseñar las respuestas fiscales a la crisis y hayan conseguido evitar que se le haga frente con más recursos obtenidos no de la deuda sino de un mayor esfuerzo fiscal de las rentas y patrimonios más altos. No sólo para pagar así menos impuestos sino también para que la banca pueda disfrutar del negocio inmenso que supone suscribir la deuda pública al tres, cuatro o cinco por ciento con el dinero de sus depositantes o incluso con el que el Banco Central Europeo le está proporcionando al uno por ciento con el objetivo, dicen pero que no cumplen, de que vuelva a financiar convenientemente la economía.

También es verdad que estas economías de la periferia son más débiles y atrasadas que las del núcleo duro de la unión monetaria y que eso provoca constantemente desequilibrios y asimetrías de muy difícil gestión. Pero eso es debido, por un lado, al efecto de las propias políticas neoliberales de los últimos años (que han desmantelado sus industrias, frenado la creación de capital social, aumentado la desigualdad y convertido en el patio trasero de las grandes corporaciones europeas). Y, por otro, a que la unión monetaria se diseñó solamente para proporcionar un espacio de ganancia a los capitales europeos y no para lograr una óptima y plena integración de las economías que la conforman. Razón por la cual se instituyó sin disponer de mecanismos suficientes ni adecuados para hacer frente a esas asimetrías o a los shocks que pudieran darse de forma singularizada en alguno de sus países miembros. Una unión monetaria sin hacienda propia, sin política fiscal integrada, sin coordinación política (han tenido que improvisar sobre la marcha para responder al problema griego), sin supervisión financiera centralizada, sin auténticas políticas económicas comunes,... como la que tenemos en Europa está condenada a multiplicar las diferencias y a sufrir más tarde o más temprano en su conjunto los efectos de cualquier problema que afecte alguno de sus países. Aunque eso, evidentemente, no les preocupe a los grandes capitales europeos mientras sigan ganando dinero, como siguen ganándolo.

Se sabía sin lugar a dudas que eso era lo que iba a ocurrir en esta coyuntura de crisis cuando se decidió que cada país le hiciera frente por su cuenta y riesgo. Y así ha ocurrido. Las economías intrínsecamente más débiles por su atraso histórico o por las políticas neoliberales sufren como es natural con más dureza el impacto de la crisis. Lo que además se agrava porque en el marco de la unión monetaria no tienen política de cambio para hacer frente a los problemas externos de su economía y porque bajo el principio de plena libertad de movimientos de capital prácticamente carecen de capacidad de maniobra.

Se dice entonces que hay un problema en Grecia, o en España o en Portugal, y por supuesto también en Italia aunque se mencione menos, pero esa afirmación está sencillamente desenfocada porque donde está el problema es en Europa en su conjunto.

Lo que está ocurriendo es la coincidencia de tres procesos. Uno, la toma de posiciones de los acreedores para imponer a los gobiernos que se están endeudando condiciones que les sean más favorables a la hora de cobrar y de rentabilizar sus inversiones (Ver mi artículo ¿Quiénes y por qué atacan a la economía española, o a la griega? ¿Y qué hacer para evitarlo?). Y eso se está haciendo con la anuencia y complicidad de los dirigentes europeos. Otro, la especulación contra el euro y la presión a las instituciones europeas por parte, principalmente, de capitales de Estados Unidos y Reino Unido. La razón es fácil: después de que esos países hayan puesto más dinero que nadie para hacer frente a la crisis que se inició en sus sistemas financieros ahora van a hacer todo lo posible para pasarle la factura a Europa. Saben que eso lo pueden conseguir si la debilitan y que si la debilitan suficientemente quizá se liberen por mucho tiempo de una molesta piedra en sus zapatos. Y tercero, el aprovechamiento de la coyuntura por parte de los bancos y el capital europeos para garantizar el reembolso de la inmensa deuda que tienen con ellos los bancos de la periferia (sobre todo españoles) y para propiciar de paso un fuerte ajuste neoliberal que no han podido conseguir en los últimos años y que puede llegar a ser tan drástico como el de América Latina de los ochenta y noventa del siglo pasado.

La confusión a la que me refería al comenzar este artículo consiste en creer que todo esto que está pasando es un simple problema de los países de la periferia a quienes graciosamente han de socorrer los más poderosos. No es verdad. El estado de opinión en los mercados tan desfavorable a la deuda de España o Grecia ha sido orquestado y eso se ha podido conseguir fácilmente porque en el actual marco institucional de la Unión Europea se sabe que no hay manera de responder con "orden de escuadra" ante las situaciones delicadas de cualquiera de sus miembros. Es decir, se genera el problema porque se sabe el tipo de respuesta que habrá y que ésta conviene: se juega, pues, sobre seguro.

Es verdad que los ciudadanos españoles o griegos o portugueses o italianos pagarán en mayor medida las consecuencias de esta situación y que sus economías se van a resentir especialmente. Pero quien acabará saltando por los aires si se mantiene el criterio de que cada país arregle sus problemas cuando esto es imposible que pueda ocurrir en una unión monetaria, será la Unión Europea.

En mayo de 2008 un buen grupo de líderes socialdemócratas europeos señalaban que " cuando todo está en venta, la cohesión social se pulveriza y el sistema se hunde" y que además de pragmatismo estábamos necesitados también "de una visión amplia y cooperativa en la búsqueda de objetivos comunes". Lo decían en una carta conjunta que llevaba un título bien significativo: " La locura financiera no debe gobernarnos".

Sus sucesores no les han hecho caso (en realidad tampoco ellos actuaron como luego pregonaban cuando estaban fuera del gobierno) y ahora esa locura gobierna la Unión Europea y la pone a toda ella al borde del abismo.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com

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miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Quiénes y por qué atacan a la economía española, o a la griega? ¿Y qué hacer para evitarlo?


17-02-2010
Juan Torres López
Rebelión

Todo el mundo es consciente de que "van a por España", como decía un artículo publicado hace unos días en el diario El País. Dicho de otra manera, eso quiere decir que "los mercados" atacan a la economía española, que se difunden rumores sobre su debilidad, que salen capitales y, sobre todo, que las agencias de calificación pueden estimar que la capacidad de España para hacer frente a sus compromisos de deuda disminuye, lo que dificultaría la colocación de la deuda española, haciéndola más costosa y quizá impidiendo que pudiera seguir haciendo frente a sus compromisos de pago. Hasta aquí es más o menos lo que cuentan los periódicos y lo que dicen la mayoría de los economistas, pero conviene saber algunas cosas más.

¿Quienes son los mercados que atacan a la economía española? Lógicamente, los mercados no son criaturas reales que tengan cuerpo y alma, sentimientos, voz y voluntad. De ninguna manera. Los "mercados" son en realidad los propietarios de los grandes capitales que operan en ellos: los grandes banqueros y los directivos de los bancos, los grandes inversores, los titulares de los gigantescos fondos de inversión, de pensiones, las grandes multinacionales...

Son, por tanto, personas normales concretas, ciudadanos como los demás pero que tienen muchísimo dinero y, por tanto, muchísimo poder. Privilegiados que dominan a los gobiernos y que se superponen a cualquiera de las decisiones que los órganos o instituciones representativos puedan adoptar, y también los que tienen influencia sobre los organismos internacionales. No creo que sea necesario que dé nombres, cualquier persona bien informada sabe con quiénes se han reunido los presidentes de los gobiernos, quiénes van a Davos, los que forman parte de la Trilateral o del Club Bilderberg, los empresarios multimillonarios... A esos me refiero. Son los que controlan no solo sus propios e inmensos recursos financieros sino también el ahorro, en nuestro caso, de los españoles, con el cual atacan a la economía española. Usan nuestro dinero para empobrecernos. Esos son "los mercados" a quienes los medios de comunicación nunca ponen nombre ni cara.

¿Por qué les preocupa ahora la situación de la economía española? Todos ellos han ganado miles de millones en los últimos años cuando lograron implantar en España, o en otros países, un modelo productivo especulativo gracias a las leyes que fueron aplicando los sucesivos gobiernos. Y, a escala global, difundiendo por todo el planeta e invirtiendo y especulando con activos financieros arriesgadísimos y gracias a la complicidad de las autoridades económicas. Hasta que todo saltó por los aires porque ese modo de ganar dinero es materialmente insostenible. Todos conocemos la historia, sus engaños y fraudes, su extraordinaria irresponsabilidad, su avaricia ilimitada... y lo que después ha sucedido, el colapso financiero y la práctica paralización de la economía mundial porque ésta no puede funcionar sin financiación.

Cuando todo estalló, los bancos que habían provocado el desastre y que antes pedían a los gobiernos que se abstuvieran de intervenir en sus negocios, enseguida les pidieron protección y que pusieran sobre la mesa cientos de miles de millones para salvar sus cuentas. Fue tanto el desastre que habían provocado que se hizo necesaria una intervención gigantesca de los gobiernos, que tuvieron que endeudarse hasta las cejas para evitar el colapso global de las economías y la quiebra generalizada del sistema financiero y bancario.

Y así, y con avales o préstamos al 1% o incluso a menor interés los bancos centrales han puesto a disposición de la banca mundial cientos de miles de millones de euros para que saliera a flote y reactivara el flujo de crédito a la economía (por cierto, cometiéndose de ese modo, cuando al mismo tiempo negaban unos pocos miles para luchar contra el hambre, uno de los crímenes más horrorosos de la historia humana).

Pero en lugar de eso, en lugar de dedicar ese dinero a financiar de nuevo la actividad económica, los bancos se han dedicado a sanear sus balances, bien colocando el mismo dinero que los bancos centrales les daban en depósitos mejor retribuidos allí mismo, o suscribiendo al 3, 4 o 5% la deuda que tenían que emitir los gobiernos para hacer frente a la situación que ellos habían creado, o invirtiendo en nuevas burbujas en los mercados del oro, de las materias primas o del petróleo.

Así se ha creado un nuevo y extraordinario negocio para la banca y los especuladores financieros: comprar la deuda que los gobiernos han tenido que emitir para tratar de hacer frente al desaguisado que la propia banca y los especuladores financieros han provocado. Por eso, lo que ahora les preocupa es, sobre todo, que los estados estén en condiciones de hacer frente a esa deuda. Y por eso les quieren imponer condiciones draconianas para que sus recursos se dirijan prioritaria e inexcusablemente a pagarla. Lo mismo que hicieron con los países del tercer mundo en los años ochenta.

¿En qué consiste el ataque a las economías que están haciendo los especuladores? Los especuladores están actuando de varias formas pero, sobre todo, tratando de mostrar que la economía española es sumamente débil, de modo que aparezca como imprescindible la adopción de medidas orientadas, como acabo de señalar, a garantizar en todo caso el pago de la deuda. Saben que, en realidad, España se encuentra en una situación de dificultad en principio pasajera (aunque eso no quiera decir que no haya otros problemas de fondo muy graves, como he analizado, por ejemplo, en Crisis inmobiliaria, crisis crediticia y recesión económica en España) porque ha tenido que dedicarse a echar agua sobre el fuego que provocaron sus propias irresponsabilidades, pero les da igual.

Lo que buscan ahora es apuntalar al máximo su nuevo negocio. Lo que están haciendo es un "pressing" en toda regla y en todos los ámbitos en los que pueden actuar buscando, principalmente, compromisos de recortes en el gasto público, mayor privatización de las pensiones y, en general, más facilidades al sector privado (en donde ellos mismos ganan dinero) para eliminar al máximo las cargas públicas que pudieran distraer recursos del pago de la deuda.

Lo que hacen estos grandes, gigantescos inversores es en realidad "sembrar la duda", no solo para prevenirse sobre cualquier riesgo de impago sino, además, para lograr que aumenten las primas de riesgo y los tipos a los que el gobierno ha de emitir la deuda y así ganar más dinero todavía. Juegan a crear ellos mismos, gracias a su inmenso poder directo e indirecto a través de académicos, periodistas y medios de comunicación, las condiciones que les resulten siempre más favorables.

Todo eso tiene un nombre: extorsión, o chantaje, como ustedes quieran. Y tiene también un resultado seguro: la sumisión de los gobiernos. Unas veces porque así lo aceptan sin más, cuando actúan como sus sicarios. Otras, como le ha ocurrido docenas de veces a gobiernos progresistas o simplemente honestos, sencillamente porque no disponen de poder suficiente para decirle Basta Ya a los banqueros y grandes inversores.

Poder ciudadano

Por eso no es suficiente con criticar a estos últimos gobiernos. Es ingenuo pensar que por el mero hecho de haber ganado unas elecciones se tiene capacidad para hacer frente a quienes detentan el poder monetario. Hay que disponer, además del gobierno, de otro poder, del poder de los ciudadanos y de las ciudadanas.

Gobernar sin este último no sirve para nada. O mejor dicho, sirve, como hemos visto tantas veces y estamos viendo ahora en España o en Grecia, para caer derrotado ante los poderosos, para ceder y aceptar todas sus condiciones. Cuando el poder de los ciudadanos y ciudadanas no existe o es insuficiente, como está pasando ahora en Grecia o en España, como ha pasado en tantos otros lugares, el dinero triunfa y siempre obtiene los resultados que he comentado, la reducción de salarios y del gasto público y el desmantelamiento de los servicios colectivos, o lo que es igual, el deterioro de las condiciones de vida de las personas que no tienen fortunas.

Por eso es tan necesario generar ese otro poder, el de los hombres y mujeres que amamos la vida y no el dinero, que buscamos la justicia y no la ganancia, que queremos la paz y no la avaricia. Y ser conscientes de que aunque ellos hacen todo lo posible para evitar que nazca, y fusilan, secuestran, mienten, torturan y matan para evitar que se consolide, también es verdad que nosotros perdemos también mucho tiempo y energías en balde. No deberíamos dejarnos derrotar tan fácilmente.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com

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¿Nos damos cuenta de que somos víctimas de una jugada mortífera?

17-02-2010
Danielle Bleitrach
socio13.wordpress.com
Traducido para Rebelión por Juan Vivanco

El domingo 7 de febrero el presidente de la Autoridad [francesa] de Mercados Financieros (AMF), Jean-Pierre Jouyet, pidió a los gobiernos europeos que no «sirvieran los propósitos» de los fondos de inversión libre en la crisis griega con declaraciones que hicieran cundir la alarma sobre la situación del país. «Cuando los mercados están en pie de guerra, las autoridades públicas deben mantener la calma, ser metódicas y no dejarse llevar por el pánico, porque eso es precisamente lo que están esperando los mercados, que cunda el pánico» declaró Jouyet en el programa Internationales de RFI y TV5 Monde.

Refiriéndose a la maniobra de los «fondos de inversión libre anglosajones» Jouyet recalcó: «Frente a los manejos de los fondos especulativos, lo que hace falta es calma, orden y trabajo metódico. Las autoridades públicas no deben servir sus propósitos cargando las tintas».

Muy bien, pero para entender el sentido cabal de las declaraciones de este señor es conveniente saber lo que son los fondos de inversión libre (hedge funds) y cómo lograron el año pasado sus mejores resultados de los últimos diez años. Parece algo complicado, pero date cuenta de que a quien despluman, a quien arrojan al paro, a quien devoran la jubilación, por no hablar de cosas peores, es a ti, de modo que ¡un pequeño esfuerzo! Verás que es un asunto financiero y a la vez político, que la geoestrategia mundial es una guerra sin cuartel, pero las víctimas, cada vez más, son los civiles.

Veamos: ¿qué son esos fondos de inversión libre? Las grandes fortunas y las instituciones confían su capital a unos gerentes inversores para que les rindan el mayor beneficio posible. Los fondos de inversión libre que han atacado al euro están perfectamente identificados, se trata de un banco usamericano y sus dos fondos de inversiones; no es un hecho infrecuente, pero da pie a pensar que la operación es tan política como financiera.

Según la memoria trimestral que ha publicado el 5 de febrero la agencia Fitch, el año pasado los fondos de inversión libre registraron su mejores resultados de los últimos diez años. Por algo en lo más recio de la crisis nos hablaban del final de la crisis: estaban pensando en sus beneficios… Volvamos la vista a la crisis de las hipotecas de alto riesgo (subprimes). Una de sus mejores definiciones la ha hecho el banquero Rothschild, que tiene la virtud de hablar claro:

«De 2005 a mediados de 2007 atravesamos por un periodo próspero de crecimiento continuo, inflación moderada y liquidez abundante. En estas circunstancias, los bancos quisieron maximizar su rentabilidad para sus accionistas, lo cual, en este oficio, significa automáticamente correr más riesgos. Por entonces la financiación era fácil y hubo una desorientación que se tradujo en análisis erróneos de los riesgos, en falta de lucidez. Además, los bancos prestaron masivamente y acumularon activos muy, muy superiores a sus fondos propios. A esto se le llama apalancamiento, pero sólo es viable en proporciones muy elevadas cuando no surge el menor problema… En resumidas cuentas: los bancos desarrollaron un modelo de distribución con el que difundían los créditos sin conservarlos. El modelo ha resultado un fracaso, porque al final han tenido que asumir los riesgos sobre sus propios balances.»

Durante este periodo «próspero» también hubo una presión continua sobre los salarios y los servicios públicos. Y en 2009 y 2010 han aprovechado para dar una vuelta de tuerca a nuestras vidas. ¿Cómo lograron los fondos de inversión libre obtener sus mejores beneficios en 2009? Según el balance financiero de la agencia Fitch, el pasado año 2009 estuvo dominado por estrategias top-down. ¿De qué se trata? Top-down es una estrategia de inversión en la que prevalece el estudio macroeconómico.

Teóricamente, en un periodo «próspero» el gerente busca ante todo el beneficio y la rentabilidad mediante la selección de un sector de actividad o una zona geográfica. Es un enfoque global del mercado. El gerente invertirá en un sector puntero o en una zona geográfica en pleno auge económico. Los países del Golfo, como Dubai, o los países emergentes como el BRIC [Brasil, Rusia, India y China], son los que más le han «interesado». Lo que prevalece, por tanto, es el análisis fundamental, es decir, el estudio de las cuentas y los resultados de las empresas, de un sector de actividad o de una zona. Luego, y sólo después de haber escogido los sectores económicos más atractivos, el gerente selecciona los valores que mejor los representan. La selección es en embudo, de la zona al valor, de la geoestrategia al título.

Pero otras veces la estrategia, en vez de escoger la zona macroeconómica en pleno auge económico, puede centrarse en la más frágil, para dedicarse a operaciones especulativas. El proceder es el mismo: seleccionar países y atacar las zonas de fragilidad. Hace poco lo vimos con Dubai, cuando su vecino tuvo que salir en su ayuda: como hay interdependencia, para evitar el efecto dominó el vecino acaba apoquinando; es una extorsión en toda regla.

Si en 2009 los fondos de inversión libre lograron los mayores beneficios de los últimos diez años fue porque practicaron el arbitraje de convertibles (convertible arbitrage): ¿qué es eso? El arbitraje consiste en explotar diferencias de precios injustificadas; por ejemplo, comprar obligaciones convertibles presumiblemente infravaloradas, vendiendo al descubierto la acción subyacente.

Para entenderlo, el ejemplo más sencillo pero también el más «político» es que con este procedimiento compraron dólares mientras planeaban la operación contra Grecia y vendieron euros cuando todos los demás hacían lo contrario. Hoy pueden comprar a 1,37 el euro que habían vendido a 1,50 y su operación, sólo por esto, es un negocio redondo. Pero veamos hasta qué punto es provechosa…

Esto sucedió a raíz de Davos y de los planteamientos «revolucionarios» de nuestro presidente [Sarkozy]. Como decía Marx en otros tiempos, «mientras unos buscaban la piedra filosofal de la regulación, otros estaban acuñando ya la moneda de la especulación». Y no hay ningún recurso legal que ponga coto a los desmanes de estos piratas una vez que se han puesto «en pie de guerra» para destruir la economía. Así las cosas, no hay más remedio que entrar en la «ilegalidad» de las luchas y de negarse a pagar.

Es la especulación pura y dura, en la que las indiscreciones y la mala reputación vertida contra un país para atacarlo mejor forman parte de la jugada. Porque se cuenta con la interpenetración de un sistema mediático controlado al 90% por los especuladores. El control de este sector mediático, en sí poco «rentable», es una constante de los mercados financieros.

«El gerente» invierte en obligaciones convertibles mal cotizadas en el mercado. Típicamente, esta estrategia consiste en comprar la obligación convertible vendiendo la acción subyacente al descubierto. El inversor adquiere hoy unos títulos, pero no los pagará hasta que venza el mes bursátil. También puede no reportar su posición hasta el mes siguiente para retrasar un poco más el momento del pago. Entonces es la venta lo que está al descubierto, y el vehículo del beneficio son los títulos del Estado griego. Mañana, seguramente, será el Estado español… y pasado mañana, por qué no, Francia, donde los medios y los cretinos políticos de izquierdas no se privan de proclamar su «endeudamiento». ¿Con qué objeto? ¿Qué futuro nos espera, más allá de la pelea mediocre entre enanos políticos de las elecciones regionales?


Una operación financiera, pero también política

El que maneja la batuta es un banco usamericano (ver más abajo). ¿La operación es sólo especulativa? Hay que ver el contexto. No se trata únicamente de Irán: ¡el conjunto de la OPEP y algunos países del golfo Pérsico estaban cada vez más interesados en que les pagaran en euros en vez de en dólares! Lo que estaba en cuestión no era tan sólo el dólar sino también el petrodólar, algo que USA no podía tolerar. ¿Fue casual que antes del euro se lanzara un ataque contra ciertos Estados del Golfo?

De modo que la operación no es sólo financiera sino también política, como ocurrió con el desmantelamiento de los países del Este, en el que Soros desempeñó un papel financiero, pero también eminentemente político. Hoy en día cuesta trabajo saber dónde empieza en USA lo político y dónde termina lo financiero. Están solapados. Yo metería en el mismo saco los medios, el complejo militar-industrial y la CIA, porque todos actúan conjuntamente, y los cretinos de la «obamanía» parece que no lo entienden, empezando por la izquierda… Había que dar un escarmiento al euro para que no se convirtiera en una moneda de recambio cada vez más usada, sobre todo en las compras energéticas.

Los chinos lo han entendido perfectamente y llevan los mandos, con propiedad colectiva, de un sistema que corresponde término a término al del imperialismo. Es una «guerra sin cuartel», sus campos de batalla son múltiples, pero en cualquier caso las dianas y las víctimas son las poblaciones civiles.

Estamos ante una partida de billar: aunque la tocada es Grecia, el golpe va dirigido contra el euro. Es lo se desprende claramente al leer la prensa económica, como vamos a ver. Describe una especulación dirigida contra el euro y para colmo nos invita a participar en la rebatiña. De entrada, la culpa es de los griegos:

«Gangrenada por la corrupción, el fraude fiscal, las falsificaciones y su uso en todos los niveles… Sobreendeudada y empantanada en sus déficits, (Grecia) ya no es capaz de sostenerse ni de obtener capitales en los mercados para financiarse, como no sea pagando un precio exorbitante que no puede permitirse…».

El panorama que se pinta es falso, porque Grecia acababa de recibir un crédito y no había tenido ninguna dificultad en suscribir una emisión ventajosa. Pero ahora todos cargan las tintas sobre la catástrofe de la gestión griega, y los medios en primera fila. Grecia tiene mala reputación, incluso se ha llegado a acusar a su gobierno de haber falseado los balances para pedir crédito… La especulación, para colmo, presume de virtuosa. Una vez más, nuestros medios acuden raudos en su ayuda, señalando a Grecia con el dedo acusador… ¿Harán lo mismo con España, Portugal e Irlanda, los próximos candidatos al escarnio?

«Los rapaces de las finanzas se abaten sobre ella. Sin cuartel y sin piedad… ¡el botín promete ser descomunal!»

¡Ese botín es tu vida! Tu empleo, tu poder de compra, esos «piratas» te atacan a ti.

«Un ataque dirigido con mano maestra… por un gran banco estadounidense especializado en los credit default swaps (swaps de créditos fallidos, los instrumentos financieros que aseguran a los tenedores de bonos) y un par de fondos de inversión libre muy poderosos… e influyentes».

Si te dicen «influyentes», debes traducir: que trabajan y acumulan para unos individuos y grupos muy poderosos que detentan el poder económico, político y mediático, y harán lo que haga falta a su debido tiempo.

«Extraer el máximo de plusvalía sobre los CDS adquiridos en 2009 y “obtener ‘rendimientos canon’ con las próximas emisiones de bonos del Tesoro griego o español”, como decía ayer Philippe Béchade».

Los CDS o credit default swaps son contratos financieros de protección entre compradores y vendedores, lo cual significa que los especuladores iban sobre seguro al comprar títulos griegos y al final pueden contar incluso con una prima muy sustanciosa.

«Asesinato con premeditación

Creo que el ataque se preparó meticulosamente y con bastante antelación. Porque es “global” y sus consecuencias afectan a todos los mercados.

Los que prepararon la emboscada sabían desde hace tiempo que si atacaban a Grecia por sus debilidades, la Bolsa de Atenas se hundiría, los índices mundiales bajarían y cundiría el pánico. Sabían de buena fuente que de este modo introducían un caballo de Troya en la zona euro.

Porque si Grecia quiebra ―es decir, si no es capaz de honrar sus compromisos―, lo que vuela en pedazos es el euro. Y si el euro vuela en pedazos, el dólar (por defecto) se dispara…

De modo que sí, probablemente era premeditado. Y ha sido un negocio redondo.

Tomaron posiciones a contracorriente antes que todos y han ganado jugando a tres bandas

Desde hace varias semanas, mientras todos vendían dólares y compraban euros, los “iniciados” empezaban a acumular las posiciones contrarias. Vendieron el euro a $1,50... y siguen vendiéndolo (hoy lo pueden volver a comprar a 1,37…).

Y eso no es todo.

Sabían que al desestabilizar a Grecia y el euro, al lograr que reapareciera bruscamente la aversión al riesgo en el preciso momento en que los mercados empezaban a ahogarse, provocarían una caída brusca de los mercados de acciones y materias primas (nótese de paso la precisión cronométrica del ataque).

También en este caso fueron los primeros en ocupar posiciones short (vendedoras) en los mercados de acciones y materias primas, mucho antes que los demás. Con una bajada de los índices del orden del 15%, imagínense los beneficios. Por no hablar de las materias primas…

Ganaron a tres bandas: los CDS, la corrección de los mercados y el hundimiento del euro.

Y eso no es todo…

Nuestros depredadores ya tienen enfiladas otras presas, casi tan frágiles y apetitosas como nuestros amigos griegos: España y Portugal. Los ataques especulativos son inminentes…

El gusano está en la manzana. El caballo de Troya está en la Unión. Estamos de cara a la pared. O más bien de cara a la realidad. Nuestra realidad.

Porque actualmente hay un short abismal de 8.000 millones de dólares sobre el euro (posición neta vendedora en Chicago). Nunca antes, absolutamente nunca antes, desde que se creó el euro, había habido tantos especuladores que acumularan tantas posiciones vendedoras sobre el euro.

Podríamos estar en vísperas de una tempestad en el Mercado Internacional de Divisas

Cuando fusilen a las víctimas/presas (PIGS), una tras otra, sobre el altar de la deuda y los déficits, y el euro se hunda. Es el premio gordo de nuestros depredadores…».

PIGS es el acrónimo vejatorio con que los corredores de bolsa anglosajones se refieren al conjunto Portugal-Irlanda-Grecia-España (Spain en inglés): cerdos. Su economía no está en peores condiciones que la del Reino Unido o USA, pero los cuatro cerditos europeos de la zona euro son presas fáciles, ¡a por los cerdos!...

«A no ser que la situación se calme, la aversión al riesgo se atenúe, el dólar pierda poco a poco atractivo… y entonces podría producirse un violento rebote del euro. Porque las posiciones short (vendedoras) tendrán que ceder a la fuerza y masivamente, lo que podría propulsar el euro al alza (de varios cientos de pips) a velocidad de vértigo.

[N. de la R.] ¿Cómo pueden transformarse estas tormentas monetarias en beneficios? Basta con seguir los consejos de un especialista.]»

Cosas como esta se leen todos los días en la prensa económica. No se habla de la necesidad de resistir a estos piratas, sino de colaborar con ellos participando en la rebatiña: es así como funciona este mundo, nuestro mundo. Empezaron destruyendo todo lo que podía protegernos y darnos fuerza, los partidos, los sindicatos otrora revolucionarios, han destruido la barrera protectora de la nación y ahora nos invitan a la colaboración. Otra vez la vieja canción: «antes Hitler que el Frente Popular», y quienes entre nosotros azuzan el odio racial y la rivalidad entre naciones (es decir, nuestros medios), juegan en su campo…

Lo que debemos calibrar bien es la novedad de la situación. Hasta ahora los ataques se producían contra países emergentes o contra la antigua URSS, que aun presentando ciertas garantías eran asesinados sin piedad. Ahora el asalto se lanza entre los aliados más próximos, Europa y USA, es decir, que están con el agua al cuello… Pero la fiera no es por ello menos salvaje.

Por eso creo firmemente que la única solución consiste en no pagar. En todo caso, en la necesidad de volver a tener, reconstruyéndolas, unas organizaciones revolucionarias, echando a los que usurpan su dirección y nos incitan a la colaboración. No exigieron la nacionalización de los sectores bancario y financiero cuando había que hacerlo, nos han estado engañando sobre la realidad de lo que era la Unión Europea y hoy se andan por las ramas en vez de organizar una verdadera resistencia. Son increíblemente más inútiles que los griegos, quienes, por lo menos, organizan una huelga enérgica para decir NO. Inútiles o vendidos: lo uno no quita lo otro.

Fuente: http://socio13.wordpress.com/2010/02/14/essayons-de-voir-a-quel-point-nous-sommes-les-victimes-dun-jeu-mortifere-par-danielle-bleitrach/


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viernes, 25 de diciembre de 2009

Geopolítica tras la falsa guerra de Estados Unidos en Afganistán


por F. William Engdahl

Uno de los aspectos más notorios del programa presidencial de Obama es que, en Estados Unidos, pocos han cuestionado, en los medios de difusión o por otras vías, la razón del compromiso del Pentágono con la ocupación militar de Afganistán. Existen para ello dos razones fundamentales, y ninguna de ellas puede ser revelada abiertamente a la opinión pública.

Los engañosos debates oficiales sobre la cantidad de soldados que se necesita para «ganar» la guerra en Afganistán, si basta con 30 000 hombres más o si se requieran por lo menos 200 000, no son más que la cortina de humo que está sirviendo para esconder el verdadero objetivo de la presencia militar de Estados Unidos en ese estratégico país de Asia central.

Durante su campaña presidencial del año 2008, el candidato Obama afirmó incluso que es en Afganistán, no en Irak, donde Estados Unidos está obligado a hacer la guerra. ¿Por qué? Porque, según Obama, es en Afganistán donde se ha atrincherado Al Qaeda, que constituye a su vez la «verdadera» amenaza para la seguridad nacional.

Las razones de la implicación estadounidense en Afganistán son en realidad muy diferentes.
El ejército estadounidense ocupa Afganistán por 2 razones: principalmente para restablecer y controlar la principal fuente mundial de opio de los mercados internacionales de heroína y utilizar la droga como arma contra sus adversarios en el terreno de la geopolítica, especialmente contra Rusia. El control del mercado de la droga afgana es capital para garantizar la liquidez de la mafia financiera en bancarrota de Wall Street.

Geopolítica del opio afgano
Según un informe oficial de la ONU, la producción de opio afgano aumentó de forma espectacular después del derrocamiento del régimen talibán, en 2001. Los datos del Buró de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas demuestran que en cada una de las cuatro últimas estaciones de crecimiento (desde 2004 y hasta 2007) hubo más cultivos de adormidera que en todo un año bajo el régimen talibán. En este momento hay en Afganistán más tierra dedicada a la producción de opio que al cultivo de la coca en toda América Latina. En 2007, el 93% de los opiáceos del mercado mundial venían de Afganistán.

No son simples coincidencias. Se ha demostrado que Washington seleccionó cuidadosamente al muy controvertido Hamid Karzai, señor de la guerra de origen pashtún con una larga hoja de servicios en la CIA, especialmente traído de su exilio en Estados Unidos, a quien se le fabricó todo una leyenda hollywodense sobre su «valiente autoridad sobre su pueblo». Según fuentes afganas, Hamid Karzai es actualmente el «Padrino» del opio afgano. No por casualidad Karzai ha sido, y sigue siendo hoy en día, el preferido de Washington en Kabul. A pesar de ello, y también a pesar de la masiva compra de votos, del fraude y de la intimidación, los días de Karzai como presidente pudieran estar contados.

En momentos en que el mundo casi ni se acuerda ya del misterioso Osama Ben Laden ni de Al Qaeda –su supuesta organización terrorista–, o se pregunta incluso si tan siquiera existen, la segunda razón de la larga presencia de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Afganistán parece más bien un pretexto para crear una fuerza militar de choque estadounidense permanente con una serie de bases aéreas permanentes en Afganistán.
El objetivo de dichas bases no es acabar con los grupos de Al Qaeda que puedan quedar aún en las cuevas de Tora Bora ni acabar con un mítico «talibán» que, según informes de testigos oculares, se compone actualmente en su mayoría de pobladores afganos comunes y corrientes que nuevamente luchan por expulsar de su tierra una fuerza ocupante, como hicieron en los años 1980 frente a los soviéticos.

Para Estados Unidos, la razón de ser de sus bases afganas es mantener en la mirilla y tener la posibilidad de golpear a las dos naciones que, juntas, constituyen hoy en día la única amenaza seria para el poderío supremo de Washington o, como lo llama el Pentágono, America’s Full Spectrum Dominance (el predominio estadounidense en todos los aspectos).

La pérdida del «Mandato Celestial»
El problema de las élites* que detentan el poder en Wall Street y en Washington reside en el hecho que se encuentran hoy empantanados en la más profunda crisis financiera de toda su historia. Esa crisis es un hecho irrefutable para el mundo entero y el mundo está actuando en aras de salvarse a sí mismo. Las élites estadounidenses han perdido así lo que en la historia de la China imperial se conoce como el Mandato Celestial.
Se trata del mandato que se concedido a un soberano o a una élite reinante a condición de que dirija a su pueblo con justicia y equidad. Cuando el que gobierna lo hace de forma tiránica y como un déspota, oprimiendo al pueblo y abusando de él, se expone con ello a la pérdida del Mandato Celestial.

Si las poderosas élites de las firmas y las empresas privadas que han controlado las políticas fundamentales, financiera y exterior, durante la mayoría del tiempo, por lo menos durante el siglo pasado, tuvieron alguna vez en sus manos el mandato celestial, hoy resulta evidente que lo han perdido.

La evolución interna hacia la creación de un Estado policiaco injusto, con ciudadanos que se ven privados de sus derechos constitucionales, el ejercicio arbitrario del poder por personas que nunca obtuvieron un mandato electoral –como el ex secretario estadounidense del Tesoro Henry Paulson y el actual ocupante de ese mismo cargo Tim Geithner– y que roban miles de millones de dólares del contribuyente, sin consentimiento de éste, para sacar de la bancarrota a los principales bancos de Wall Street, bancos que se creían «demasiado grandes para hundirse», son hechos que demuestran al mundo que esas élites han perdido el «Mandato Celestial».

Ante tal situación, las élites que ejercen el poder se desesperan cada vez más por mantener su control sobre un imperio mundial de carácter parasitario que su máquina mediática falsamente llama «globalización». Y para lograr mantener su dominación resulta vital que Estados Unidos logre destruir toda forma naciente de cooperación, en el plano económico, energético o militar, entre las dos grandes potencias de Eurasia que, en teoría, pudieran representar una amenaza para el futuro control de la única superpotencia. Esas dos potencias son China y Rusia, cuya asociación Washington trata de evitar a toda costa.

Ambas potencias euroasiáticas completan el panorama con elementos esenciales. China es la economía más fuerte del mundo, con mano de obra joven y dinámica y una clase media educada. Rusia, cuya economía no se ha recuperado aún del destructivo final de la era soviética y del descarado saqueo que caracterizó la era de Yeltsin, sigue presentando sin embargo cartas esenciales para una asociación. La fuerza nuclear de Rusia y sus fuerzas armadas, aún siendo en gran parte remanentes de la guerra fría, representan en el mundo actual la única amenaza de consideración para la dominación militar estadounidense.

Las élites del ejército ruso en ningún momento han renunciado a ese potencial.
Rusia posee también el mayor tesoro del mundo en gas natural así como inmensas reservas petrolíferas, indispensables para China. Estas dos potencias convergen cada vez más a través de una nueva organización que crearon en 2001, conocida como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Además de China y Rusia, los países más extensos del Asia central –Kazajstán, Kirguiztán, Tayikistán y Uzbekistán– también forman parte de la OCS.

El objetivo que alega Washington para justificar la guerra de Estados Unidos, a la vez contra los talibanes y Al Qaeda, consiste en realidad en instalar su fuerza militar directamente en Asia central, en medio del espacio geográfico de la naciente OCS. Irán no es más que un pretexto. El blanco principal son Rusia y China.

Por supuesto, Washington afirma oficialmente que estableció su presencia militar en Afganistán desde el año 2002 para proteger la «frágil» democracia afgana. Sorprendente argumento cuando se analiza la realidad de la presencia militar estadounidense en ese país.
En diciembre de 2004, durante una visita a Kabul, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld dio los toques finales a sus proyectos de construcción de 9 nuevas bases militares estadounidenses en Afganistán, en las provincias de Helmand, Herat, Nimruz, Balh, Khost y Paktia.

Esas 9 bases estadounidenses de nueva creación se agregan a las 3 bases militares principales ya instaladas inmediatamente después de la ocupación de Afganistán, durante el invierno de 2002, supuestamente con el fin de aislar y eliminar la amenaza terrorista de Osama Ben Laden.
Estados Unidos construyó sus 3 primeras bases militares en los aeródromos de Bagram, al norte de Kabul, su principal centro logístico militar; de Kandahar, en el sur de Afganistán; y de Shindand, en la occidental provincia de Herat. Shindand, la mayor base militar estadounidense en Afganistán, se encuentra a sólo 100 kilómetros de la frontera iraní, y a distancia de ataque si se trata de Rusia y China.

Afganistán ha estado históricamente en el centro de la gran pugna anglo-rusa, la lucha por el control del Asia central en el siglo 19 y a principios del siglo 20. La estrategia británica consistió entonces en impedir a toda costa que Rusia controlara Afganistán, lo cual hubiese representado una amenaza para la perla de la corona británica: la India.

Los estrategas del Pentágono también ven en Afganistán una posición altamente estratégica. Ese país constituye un trampolín que permitiría al poderío militar estadounidense amenazar directamente a Rusia y China, así como a Irán y a los demás países ricos productores de petróleo del Medio Oriente. En más de un siglo de guerras, las cosas no han cambiado mucho.

La situación geográfica de Afganistán como punto de confluencia entre el sur de Asia, Asia central y el Medio Oriente, es de vital importancia. Afganistán se encuentra además precisamente en el itinerario previsto para la construcción del oleoducto que debe llevar el petróleo de las zonas petrolíferas del mar Caspio hasta el océano Índico, donde la petrolera Unocal, así como Enron y la Halliburton de Cheney, estuvieron negociando los derechos exclusivos del gasoducto para conducir el gas natural de Turkmenistán a través de Afganistán y Pakistán hacia la enorme central eléctrica de gas natural de la Enron en Dabhol, cerca de Mumbai (Bombay). Ante de convertirse en presidente afgano títere de Estados Unidos, Karzai había sido cabildero de Unocal.

Al Qaeda no existe como amenaza
La verdad sobre todo este engaño alrededor del verdadero objetivo en Afganistán aparece claramente cuando se analiza más atentamente la supuesta amenaza de «Al Qaeda» en ese país. Según el autor Erik Margolis, antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la inteligencia estadounidense proporcionaba asistencia y apoyo tanto a los talibanes como al propio Al Qaeda. Margolis señala que «la CIA proyectaba utilizar [la organización] Al Qaeda de Osama Ben Laden para incitar a los uigures musulmanes a rebelarse contra la dominación china y a los talibanes contra los aliados de Rusia en Asia central.»

Es evidente que Estados Unidos encontró otras vías para manipular a los uigures musulmanes contra Pekín en julio pasado, a través del apoyo estadounidense al Congreso Mundial Uigur. Pero la «amenaza» de Al Qaeda sigue siendo el principal argumento de Obama para justificar la intensificación de la guerra en Afganistán.

Sin embargo, el consejero de seguridad nacional de presidente Obama y ex general de Marines James Jones hizo una declaración, oportunamente enterrada por los amables medios de prensa estadounidenses, sobre la evaluación del peligro que actualmente representa Al Qaeda en Afganistán. Jones declaró al Congreso: «La presencia de Al Qaeda es muy reducida. La evaluación máxima es inferior a 100 ejecutores en el país, ninguna base, ninguna capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados.»

Lo cual significa que Al Qaeda no existe en Afganistán. ¡Diablos! Incluso en el vecino Pakistán, lo que queda de Al Qaeda es ya prácticamente imperceptible. El Wall Street Journal señala: «Perseguidos por los aviones sin piloto estadounidenses, con problemas de dinero y con más dificultades para atraer a los jóvenes árabes a las oscuras montañas de Pakistán, Al Qaeda ve reducirse su papel allí y en Afganistán, según los informes de la Inteligencia y de los responsables pakistaníes y estadounidenses. Para los jóvenes árabes que son los principales reclutas de Al Qaeda “no resulta romántico pasar frío y hambre y tener que esconderse”, declaró un alto responsable estadounidense en el sur de Asia.»

Si entendemos bien las consecuencias lógicas de esa declaración no queda más remedio que llegar a la conclusión de que la razón por la cual los jóvenes alemanes y de otros países de la OTAN están muriendo en las montañas afganas no tienen nada que ver con «ganar la guerra contra el terrorismo». Muy oportunamente la mayoría de los medios de prensa prefieren olvidar el hecho que Al Qaeda, en la medida en que esa organización existió alguna vez, fue creada por la CIA en los años 1980.

Se dedicaba entonces a reclutar musulmanes radicales provenientes de todo el mundo islámico y a entrenarlos para la guerra contra las tropas rusas en Afganistán en el marco de una estrategia elaborada por Bill Casey, jefe de la CIA bajo la administración Reagan, entre otras, con el objetivo de crear un «nuevo Vietnam» para la Unión Soviética, lo cual debía conducir a la humillante derrota del Ejército Rojo y el derrumbe final de la Unión Soviética.

James Jones, jefe del National Security Council, reconoce ahora que no hay prácticamente nadie de Al Qaeda en Afganistán. Quizás sea un buen momento para que nuestros dirigentes políticos proporcionen una explicación más honesta sobre la verdadera razón del envío de más jóvenes a Afganistán, a morir protegiendo las cosechas de opio.

F. William Engdahl



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