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miércoles, 19 de mayo de 2010

Aginter Press, el ejército stay-behind portugués, y el destacado papel del ex capitán de la OAS, Yves Guérain Serac.


Sobre la edición de Los ejércitos secretos de la OTAN de Daniele Ganser. Un libro imprescindible para la izquierda (VI)

Salvador López Arnal
Rebelión
19-05-2010


En realidad, Aginter Press, de acuerdo con los últimos documentos obtenidos por la investigación criminal, era un centro de información directamente vinculado a la CIA y al servicio secreto portugués, especializado en operaciones de provocación.

Informe del Senado italiano, 1990

En la cronología de las páginas 341-346 del ensayo de Ganser hay dos breves noticias sobre Portugal. La primera es de 1966; la segunda de 1969.

1966. En Portugal, la CIA crea Aginter Press (que, desde luego, no tiene nada que con la prensa ni con una simple agencia de noticias). Bajo la dirección del capitán Yves Guérain Serac, se pone en marcha un ejército secreto stay-behind que entrena a sus miembros en técnicas de acción encubierta: terrorismo con explosivos, asesinatos silenciosos, técnicas de subversión, comunicación clandestina, infiltración y guerra colonial.

1969. En Mozambique, el Aginter Press asesina a Eduardo Mondlane, líder del FRELIMO, el Frente de Liberación de Mozambique.

Con algo más de detalle, con mayor mirada y desarrollo históricos.

En mayo de 1926, el general portugués Gomes da Costa dio un golpe de Estado. Abolió la constitución, anuló el Parlamento e instauró una dictadura militar. Tiempo después, Salazar tomó el poder. Durante la guerra civil española, apoyó al general golpista con tropas y suministros. Los dos líderes fascistas, una alianza estratégica ultraconservadora que protegió parte del frente occidental, garantizaron a Hitler y Mussolini que Portugal y España se mantendrían neutrales durante la II guerra mundial. Tras la victoria de la Unión Soviética, tras la derrota de Hitler y Mussolini, Salazar, al igual que Franco, se encontraron en una situación delicada. Sin embargo, con la política de Truman y sus aliados y su lucha contra el comunismo a escala global, obtuvieron el apoyo, oculto en ocasiones, de Washington y Londres. A pesar del apoyo salazarista al golpe militar en España, a pesar de su alianza con Hitler y Mussolini, Portugal figuraría en 1949 entre los miembros fundadores de la OTAN. Las señas de identidad de la Alianza militarista anticomunista estuban claras desde su misma fundación. Claudín y Ludolfo Paramio parecieron olvidarlo treinta años después.

Salazar dirigió Portugal durante cuatro décadas, hasta su muerte en 1970. Como en las dictaduras de Latinoamérica, como en el Estado policial franquista español, la ciudadanía portuguesa estuvo controlada por un aparato de represión que operaba más allá de cualquier control legal o parlamentario. La guerra secreta contra la oposición política, especialmente contra los comunistas, fue habitual. Las operaciones eran llevadas a cabo por diversos servicios y organismos, pero de manera especial por la PIDE, la temible Policía Internacional de Defensa del Estado.

La existencia de ejércitos de la CIA vinculados a la OTAN en Portugal fue revelada por primera vez en 1990, siguiendo los pasos del Gladio italiano. La prensa local afirmó ese mismo año que el ejército secreto en Portugal era llamado “Aginter Press”. “Bajo el titular “Gladio actuó en Portugal” –señala Ganser- el periódico portugués O Jornal informaba a los sorprendidos lectores que “La red secreta, creada en el seno de la OTAN y financiada por la CIA, cuya existencia ha sido revelada recientemente por Giulio Andreotti, tuvo una rama en Portugal en los años sesenta y en los setenta. Era denominada “Aginter Press” y habría estado implicada en operaciones de asesinatos en Portugal, así como en las colonias de Portugal en África”.

Aginter Press no imprimía libros o panfletos de propaganda anticomunista. Entrenaba a terroristas ultraderechistas. Se especializó en trabajos sucios y en la guerra secreta. En Portugal y en otros lugares. La organización estuvo apoyada por la CIA y dirigida por oficiales europeos s que, con la ayuda de la PIDE, reclutaron a militantes fascistas de abigarrado origen. La investigación del Senado italiano descubrió que extremistas italianos de ultraderecha habían sido entrenados por Aginter Press; complementariamente, en Portugal se descubrió que una rama de Aginter Press, la “Organisation Armée contre le communisme International” (OACI), había operado en Italia.

La organización secreta portuguesa estuvo liderada por el capitán Yves Guillon, más conocido por su sobrenombre: Yves Guérain Serac (YGS). YGS fue un especialista en la guerra secreta que había recibido medallas de honor de los Estados Unidos, incluida la estrella de bronce, por su participación en la guerra de Corea.

El gobierno de Portugal vaciló en investigar la historia de Aginter Press y la guerra secreta. Pero la comisión del senado italiano que investigaba Gladio y las masacres de 1997 continuó su trabajo e interrogó al juez Guido Salvini. Con un excelente conocimiento del terrorismo de extrema derecha en Italia y en otros países, Salvini también había estudiado los documentos disponibles sobre Aginter Press. Ganser cuenta este diálogo en la comisión italiana. “¿Es el servicio secreto americano CIA”, preguntó el senador Manca de la comisión Gladio a Salvini, “de acuerdo con su análisis, directamente responsable por las operaciones llevadas a cabo por Aginter Press?” El juez Salvini respondió: “Senador Manca, ha hecho usted una pregunta muy importante ahora” y debido a la sensibilidad política de su respuesta pidió que esta fuese expresada sólo durante una sesión secreta. Se acordó esto último, y los documentos todavía son inaccesibles.

El ejército secreto portugués Aginter Press, de acuerdo con Salvini, llevó a cabo, como muchos otros ejércitos secretos en Europa Occidental, una tarea doble: la red stay-behind se entrenó en la clandestinidad para una eventual invasión soviética (¡de Portugal!) y, en ausencia de tal invasión, combatió contra algunos grupos políticos de izquierda de acuerdo con las estrategias de guerra secreta en los países de Europa occidental.

Durante décadas miembros de Aginter Press estuvieron en activo, bajo diferentes etiquetas, en la guerra secreta anticomunista, si bien Aginter Press fue fundada en Lisboa en septiembre de 1966. Las operaciones en el interior de Portugal fueron el objetivo estratégico principal de sus fundadores y de la CIA, mucho más que el temor ante una invasión soviética. Aquellos años se caracterizaron por protestas de izquierda a gran escala en numerosos países de Europa occidental contra la guerra de Vietnam y el apoyo norteamericano a las dictaduras reaccionarias en Latinoamérica y Europa occidental. Tanto Salazar como la PIDE temían los efectos potencialmente desestabilizadores del movimiento social y entre otros instrumentos se apoyaron en Aginter Press para combatir al movimiento.

La mayor parte de los soldados secretos que en la segunda mitad de los años sesenta se unieron a Aginter Press en Lisboa habían combatido previamente en África y el sudeste asiático intentando en vano evitar la pérdida de las colonias europeas en manos de los poderosos movimientos de independencia. El director de Aginter fue el capitán Yves Guérain Serac, un militante católico y anticomunista reclutado por la CIA.

YGS era un ex oficial del ejército francés que había visto la derrota de Francia a manos de Hitler en la segunda guerra mundial. Veterano de la guerra francesa en Vietnam (1945-1954), veterano de la guerra de Corea (1950-1953), veterano de la guerra francesa en Argelia, Guérain Serac había servido en la 11eme Demi-Brigade Parachutiste du Choc, una unidad encargada del trabajo sucio del servicio secreto francés SDCE, estrechamente ligada al stay-behind francés. En 1961, junto con otros oficiales experimentados del 11eme du Choc había fundado la clandestina e ilegal Organisation Armée Secrète, la OAS, para mantener el control francés sobre la Argelia colonial y derrocar al gobierno francés del Presidente De Gaulle y reemplazarlo por un Estado francés autoritario y anticomunista. Después de que Argelia lograse su independencia en 1962, y De Gaulle liquidara la OAS, antiguos oficiales de la organización armada, incluyendo a Guérain Serac, estaban en gran peligro. Abandonaron Argelia y a cambio de asilo y otras facilidades ofrecieron sus habilidades para la guerra secreta, acción encubierta, contraterrorismo y terrorismo, a dictadores de Latinoamérica y Europa. Franco entre ellos.

Su diáspora fortaleció a las redes militantes de extrema derecha internacionalmente, y en junio de 1962 Yves Guérain Serac fue contratado por Franco para emplear sus habilidades junto con el ejército secreto español contra la oposición española comunista. Desde España Guérain Serac se trasladó al Portugal de Salazar: de acuerdo con su análisis, Porrugal no era el único imperio colonial que quedaba sino también el último baluarte contra el comunismo y el ateísmo. YGS ofreció sus servicios a Salazar. Ganser recuerda un comentario de este militar fascista: “Los otros han bajado sus armas, pero yo no. Tras la OAS, volé a Portugal para continuar la lucha y expandirla en sus dimensiones propias; es decir, una dimensión planetaria”.

En Portugal, Guérain Serac se vinculó con extremistas franceses y fugitivos de la OAS, por lo que el antiguo petainista Jacques Ploncard d’Assac le introdujo en los círculos conservadores y la PIDE. Debido a su amplia experiencia, Guérain Serac fue reclutado como instructor de la paramilitar Legiao Portuguesae impulsó Aginter Press como ejército secreto anticomunista portugués, con el apoyo tanto de la PIDE como de la CIA: Aginter Press organizó campos de entrenamiento en los que instruyó a mercenarios y terroristas en un curso de tres semanas de técnicas de acción encubierta, como acciones terroristas de colocación de bombas, asesinato silencioso, técnicas de subversión, comunicación e infiltración clandestinas, y guerra colonial.

Junto a Guérain Serac, el terrorista italiano Stefano Delle Chiaie estuvo entre los padres fundadores de Aginter Press. “Actuamos contra los comunistas y contra el Estado burgués, contra la democracia, que nos despojó de nuestra libertad. Y por ello tuvimos que utilizar la violencia”, señaló Delle Chiaie. “Se nos consideraba criminales, pero en realidad no éramos sino las víctimas de un movimiento progresista antifascista. Por tanto queríamos hacer públicas nuestras ideas, queríamos ser escuchados en todo el mundo”. A la edad de 30 años, Delle Chiaie, a mediados de los años sesenta, organizó el ejército secreto Aginter junto a Guérain Serac y el apoyo de la CIA. “Junto con un amigo mío francés [Guérain Serac] decidí entonces [1965], establecer la agencia de prensa Aginter Press, para ser capaces de defender nuestros puntos de vista políticos”.

En los años que siguieron Delle Chiaie se convirtió en el más brutal de los terroristas vinculados directamente a la guerra secreta. En Italia se involucró en golpes de Estado y masacres, incluyendo la de Piazza Fontana de 1969, y en Latinoamérica, junto con el nazi Klaus Barbie ayudó a apuntalar dictaduras reaccionarias.“Nuestras filas se componen de dos tipos de hombres: (1) Oficiales que han llegado hasta nosotros tras la lucha en Indochina y Argelia, y algunos que incluso se alistaron con nosotros tras la batalla por Corea”, relató el mismo Guérain Serac, Director de Aginter. “(2) Intelectuales que, durante este mismo período dirigieron su atención al estudio de las técnicas de subversión marxista”. Estos intelectuales, como observaba Guérain Serac, habían formado grupos de estudio y compartían experiencias “en un intento de diseccionar las técnicas de subversión marxistas y fundamentar las bases para una contra-técnica”. La lucha, estaba claro para Guérain Serac, debía ser llevada a cabo en numerosos países: “Durante este período hemos establecido sistemáticamente vínculos estrechos con grupos de mentalidad parecida que surgían en Italia, Bélgica, Alemania, España o Portugal, con el propósito de formar el núcleo de una auténtica Liga Occidental de Lucha contra el Marxismo”. Llegando directamente desde los teatros de guerra, muchos soldados secretos, y sobre todo sus instructores, incluyendo a Guérain Serac, tenían muy poco respeto por las soluciones no-violentas a conflictos. El mismo Guérain Serac, junto con muchos otros, estaba convencido de que para derrotar al comunismo en Europa occidental las operaciones secretas terroristas eran necesarias: “En la primera fase de nuestra actividad política debemos crear el caos en todas las estructuras del régimen” declaró sin indicar específicamente cuál era el Estado blanco de sus operaciones. “Dos formas de terrorismo pueden provocar tal situación: El terrorismo ciego (cometiendo masacres indiscriminadamente que causen un gran número de víctimas), y el terrorismo selectivo (eliminar a personas escogidas)”. En cada caso, del terror llevado a cabo en secreto por la extrema derecha debe ser culpada la izquierda, tal y como el maestro y eminencia gris del terrorismo anticomunista insistía: “Esta destrucción del Estado debe ser llevada a cabo tanto como sea posible bajo la máscara de actividades comunistas.” Los ataques terroristas de los ejércitos secretos han sido pensados para desacreditar al gobierno y forzarlo a virar hacia la derecha: “Tras ello, debemos intervenir en el corazón del ejército, el poder jurídico y la Iglesia, para influir en la opinión pública, sugerir una solución, y demostrar claramente la debilidad del aparato legal actual... la opinión pública debe ser polarizada de tal modo que seamos presentados como el único instrumento capaz de salvar a la nación. Es obvio que necesitaremos considerables recursos financieros para llevar a cabo tales operaciones.”

La CIA y el servicio secreto militar de Salazar, la PIDE, proporcionaron la financiación para el terrorismo de Guérain Serac. Un documento de Aginter titulado “Nuestra actividad política” y fechado en noviembre de 1960 fue hallado a finales de 1974. No tiene desperdicio. Describe cómo un país puede ser objetivo de la guerra secreta: “Nuestra creencia es la de que la primera fase de la actividad política debe ser la de crear las condiciones que favorezcan la instalación del caos en todas las estructuras del régimen”. Como componente más esencial de la estrategia, de la violencia infligida deben ser culpados los comunistas y las huellas debe ser colocadas de acuerdo a ello. “Desde nuestro punto de vista el primer movimiento que debemos realizar es el de destruir la estructura del Estado democrático amparados bajo la más cara de estar realizando actividades comunistas y pro-chinas”. El documento continuaba señalando que los grupos militantes de izquierdas debían ser infiltrados y manipulados: “Además, tenemos gente infiltrada en estos grupos y obviamente debemos diseñar nuestras acciones en base al ethos del medio; propaganda y acción de un tipo que parezca haber emanado de nuestros adversarios comunistas”. Tales operaciones de bandera falsa, concluían los soldados secretos, “crearán un sentimiento de hostilidad hacia aquellos que amenazan la paz de todas y cada una de las naciones”. ¿Quiénes amenazaban la paz de todas y cada una de las naciones? ¿Los comunistas? Por supuesto.

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jueves, 29 de abril de 2010

Crónica de una infamia anunciada, un libro imprescindible para la izquierda (V)


Sobre la edición de "Los ejércitos secretos de la OTAN" de Daniele Ganser. Grecia y los ejércitos stay behind

Salvador López Arnal
Rebelión
28-04-2010

Así describe Daniele Ganser (páginas 293 y siguientes) lo sucedido en Grecia a finales de la Segunda Guerra Mundial. Vale la pena tomar nota, o acaso recordar lo ya sabido.

Las tropas italianas atacaron Grecia en 1940. Fueron derrotadas por la masiva resistencia de la ciudadanía griega. Hitler envió sus tropas un año después, en 1941. Conquistaron el país y lo pusieron bajo el control del Eje. El pueblo griego organizó una gran operación de resistencia y el ejército alemán se enfrentó a grandes dificultades para mantener el país bajo su bota y control. Como en Italia y Francia, también en Grecia la organización de resistencia más potente a la ocupación estaba liderada por grupos y organizaciones comunistas. El ELAS, el Ejército de Liberación Popular griego, había sido fundado por iniciativa del Partido Comunista Griego (KKE) algunos meses después de la invasión alemana.

Los partisanos griegos, señala Ganser, provenían de toda la izquierda del espectro político y muchas mujeres, sacerdotes e incluso arzobispos combatieron en sus filas. El EAM, el ala política del Ejército de Liberación Popular, estaba también dirigida por los comunistas griegos. Según el autor, de una población total de siete millones de personas, unos dos millones eran miembros o simpatizantes del EAM mientras que unos “50.000 (¡cincuenta mil!) estuvieron combatiendo activamente en las filas del ejército ELAS”.

ELAS consiguió liberar al país de los ocupantes alemanes. En sus operaciones, el ejército de liberación fue apoyado por el ejército secreto británico. Sus oficiales aconsejaron al ELAS sobre el terreno y le proporcionaron armas y municiones. Muchas amistades personales se desarrollaron entre los combatientes de la resistencia y los oficiales de enlace británicos. Era la misma lucha, estaban en el mismo combate antifascista.

Los camaradas de lucha fueron abruptamente separados, apunta Ganser, cuando Winston Churchill, en marzo de 1943, decidió detener todo el apoyo: temía este infame político que Grecia, tras la derrota del Eje, “pudiese acabar bajo control comunista”. El duro y engordado primer ministro envió en secreto a su ministro de Exteriores, Anthony Eden, a entrevistarse con Stalin. Era octubre de 1943. Objetivo: repartirse los Balcanes, asegura Ganser. El acuerdo, sellado tiempo después en Yalta, daba a Gran Bretaña y a los Estados Unidos manos libres en Grecia; Bulgaria y Rumanía quedaban bajo la influencia de la Unión Soviética.

Con el objetivo de minimizar el poder de comunistas y socialistas, Londres planeó reinstalar al muy conservador rey griego y a un gobierno derechista tras el final de la guerra. La crucial directiva de la Oficina de Asuntos Exteriores británica del 20 de marzo de 1943, que señalaba el giro realizado, destacaba que “el SOE [el ejército británico] siempre deberá virar en la dirección de los grupos que deseen apoyar al Rey y al gobierno, y además imprimir en tales grupos, por antimonárquicos que fuesen, el hecho de que el rey y el gobierno gozan de todo el apoyo del gobierno de Su Majestad”.

El rey era odiado por la mayoría de ciudadanos griegos. Había cooperado con el dictador fascista Metaxas. Inspirado por Mussolini y Hitler, Metaxas había introducido el saludo fascista así como una policía secreta brutal durante su régimen en los años ’30. Londres perseguía una política conservadora. En octubre de 1943, la Oficina de Asuntos Exteriores británica incluso contempló “una decidida política de atacar y debilitar al EAM por cualquier medio que tengamos”, un enfoque que sin embargo fue pospuesto, puesto que así era “más probable sacrificar toda posibilidad de una ventaja militar y derrotar sus propios fines fortaleciendo al EAM políticamente”. La guerra fría iniciaba su calentamiento.

El viraje de los británicos fue un shock para el ELAS y sus dificultades se incrementaron cuando antiguos colaboradores nazis y unidades especiales ultraderechistas, como las Bandas fascistas X del soldado chipriota George Grivas, con apoyo británico, comenzaron a cazar y asesinar a los luchadores de la resistencia del ELAS. Ni más menos.

Churchill advirtió sin embargo que las Bandas X, a causa de una completa carencia de apoyo popular, nunca contaron con más de 600 griegos. ELAS permanecía como la guerrilla más poderosa en el territorio. Fue en este contexto que a finales de 1944 decidió que debía hacerse algo más para evitar que los comunistas griegos alcanzasen posiciones de poder. Dio órdenes para que un nuevo ejército secreto derechista griego se organizase, por lo que, como relata el periodista Peter Murtaugh, “se estableció una nueva unidad del ejército griego, que fue conocida de varias formas; como la Brigada de Montaña Griega, las Fuerzas de Asalto Helénicas, o LOK, su acrónimo griego (Lochos Oreinon Katadromon)”. Puesto que estaba dirigida contra comunistas y socialistas, la unidad excluía “a casi todos los hombres con perspectivas que abarcasen desde la conservadora moderada hasta la izquierda. Bajo supervisión militar británica y por órdenes expresas de Churchill, la unidad se llenó de monárquicos y antirepublicanos”. El Mariscal de Campo Alexander Papagos fue nombrado primer comandante de las Fuerzas de Asalto Helénicas y con apoyo británico reclutó a derechistas para la red, y combatió al ELAS.

Puesto que ELAS combatió tanto contra los ocupantes nazis como contra las Fuerzas de Asalto Helénicas, Churchill temía un desastre de relaciones públicas al revelarse al público británico que Londres estaba apoyando en secreto a los fascistas contra los comunistas en Grecia. En agosto de 1944, dio órdenes a la BBC para eliminar “cualquier reconocimiento” al ELAS cuando se informase sobre la liberación de Grecia. Pero solamente unas semanas más tarde ELAS se aseguró la victoria sobre los ocupantes alemanes, y Hitler se vio forzado a retirar sus soldados también de Grecia. Churchill pidió inmediatamente que la resistencia se disolviera, una orden a la que ELAS estaba dispuesta a obedecer solamente si se aplicaba igualmente a su único enemigo sobre el terreno, las Fuerzas de Asalto Helénicas, apoyadas por los británicos.

Gran Bretaña se negó a desarmar al ejército secreto. Una gran manifestación democrática organizada por EAM en Atenas contra la interferencia británica en el gobierno de posguerra de Grecia tuvo lugar el 3 de diciembre de 1944, seis semanas después de que las fuerzas de ocupación alemanas fueran expulsadas del país. Los organizadores de la manifestación dejaron claro que querían combatir a los británicos con medios pacíficos, anunciando la manifestación como el preludio de una huelga general. Poco después de las 11 de la mañana de aquél día un grupo de manifestantes griegos, entre 200 y 600, entraron en la plaza Syntagma de Atenas, la plaza principal situada frente al Parlamento griego. Es te pequeño grupo, entre los que había mujeres y niños en actitud festiva, era parte de un grupo mucho más grande de 60.000, retrasados por grupos de la policía. Cuando el grupo pequeño se acercó a la plaza, una línea de hombres armados, una variopinta colección de policías y pistoleros, presumiblemente incluyendo a miembros de las Fuerzas de Asalto Helénicas, les cortaron el paso. Las tropas británicas y la policía, con ametralladoras, se posicionaron en los tejados. La atmósfera era tensa. Repentinamente, y sin previo aviso, la manifestación pacífica se convirtió en una masacre cuando se dio la orden: “Disparad a esos bastardos”. Tarantino acaso tomara nota. Una salva de balas llegó hasta los manifestantes desarmados, que huyeron en todas direcciones. Supuestamente la masacre continuó durante al menos una hora. Dejó 25 manifestantes muertos, incluyendo a un niño de seis años, y 148 heridos. No mucho después de las muertes, llego el grupo principal de manifestantes. En un despliegue de notable moderación, los 60.000 se congregaron de manera completamente pacífica y solemne alrededor de los cadáveres de sus compañeros manifestantes. Las pancartas, manchadas con la sangre de los muertos pedían que los británicos se alejaran de los asuntos griegos. Muchos llevaban banderas americanas y griegas. Algunos la bandera roja del socialismo. Pero muy pocos llevaban la bandera de Gran Bretaña. En Londres, Churchill tuvo que enfrentarse a una enfurecida Cámara de los Lores que pedía una explicación por la barbarie.

Admitió finalmente que había sido “algo tremendo” y añadió este paso que no tiene desperdicio ni olvido: subrayó que era igualmente estúpido llevar a tal cantidad de niños indefensos a una manifestación, cuando la ciudad estaba llena de hombres armados. El papel del ejército secreto en la masacre de Syntagma no fue explicada. Tras esta demostración de fuerza los británicos reinstalaron en el trono al rey, y ELAS abandonó las armas a los británicos a cambio de las prometidas elecciones nacionales democráticas, que se celebraron en marzo de 1946. Puesto que el Partido Comunista Griego y el centro-izquierda decidieron poco sabiamente boicotear las elecciones debido a la ocupación británica del país, la derecha obtuvo la victoria.

Una sucesión de débiles gobiernos títere de los británicos, con orientación conservadora y derechista, se siguieron. Convencidos de que Grecia caería bajo el control de Stalin si los comunistas griegos llegasen al poder, el gobierno continuó deteniendo a miembros del EAM, muchos de los cuales fueron torturados en conocidos campos de prisioneros situados en islas.

En 1945, la mayor parte del mundo celebraba el final de la segunda guerra mundial, y, para evitar que volviera a ocurrir tamaña tragedia, se creó la Organización de las Naciones Unidas. Pero Grecia continuó siendo un campo de batalla y ya un año después del final de la segunda guerra mundial comenzó la guerra fría. Puesto que la frustración de la izquierda griega crecía, una fracción se rearmó y se retiró a las montañas, y a finales de 1946 comenzó una guerra civil contra los británicos y la derecha local. Gran Bretaña, exhausta por la guerra mundial, no pudo seguir controlando el país, y a comienzos de 1947 pidió a los Estados Unidos su apoyo.

El experto de la CIA William Blum relata que “los oficiales Washington sabían que el nuevo gobierno clientelar era tan corrupto y violador de los derechos humanos que incluso anticomunistas americanos se sentían horrorizados.” Pero como la Yugoslavia comunista apoyaba a la izquierda griega con armas y el país parecía estar en vísperas de teñirse de rojo, el Presidente Truman, con su famosa “Doctrina Truman” fue capaz de convencer en marzo de 1947 al Congreso para que interviniese abiertamente en Grecia.

Grecia fue el primer país en ser invadido por los Estados Unidos durante la guerra fría, siguiendo su estrategia de combatir el comunismo a escala global. Esta fue la primera intervención militar en Europa tras el final de la Segunda Guerra.

En las décadas siguientes, Washington avanzó el argumento usado en Grecia para justificar sus invasiones abiertas o encubiertas en Corea, Guatemala, Irán, Cuba, Vietnam, Camboya, Nicaragua, Panamá y muchos otros países. Por alguna alquimia ideológica, Truman etiquetó al corrupto régimen ultraderechista en Atenas como “democrático” y descartó a sus oponentes de la izquierda, como “terroristas”, cuando las fuerzas armadas norteamericanas aterrizaron en Grecia junto con su equipamiento militar pesado. La fuerza partisana izquierdista de unos 20.000 hombres y mujeres, diseminados por las montañas griegas, se vio superada en número de 6 a 1 cuando las unidades especiales norteamericanas se unieron a las Fuerzas de Asalto Helénicas y otras unidades de la derecha griega. El suministro de armas para los partisanos griegos se redujo drásticamente. Yugoslavia no formaba ya parte del bloque soviético. Su situación se hizo desesperada porque las Fuerzas de Asalto Helénicas bajo mando norteamericano estaban excelentemente equipadas y adquirieron fuerza.

Los Estados Unidos comenzaron en secreto la “Operación Antorcha” y usaron la guerra química para derrotar a los partisanos griegos arrojando miles de litros de napalm en Grecia. A finales de 1948 la resistencia griega, que en su suelo nativo había derrotado a los nazis alemanes y a las tropas británicas, se derrumbó. “El final de la guerra civil significó la victoria total para la derecha griega y su patrón, los Estados Unidos.”

El ejército secreto anticomunista, las Fuerzas de Asalto Helénicas, no se disolvió, sino que permaneció operativo para controlar a la oposición griega

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miércoles, 13 de enero de 2010

Los ejércitos secretos de la OTAN (V)


La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington
por Daniele Ganser*

El Gladio no es una consecuencia secundaria de la guerra fría sino todo lo contrario. La guerra secreta comenzó durante la Segunda Guerra Mundial y todavía prosigue en la época actual. No constituye una herramienta más en la política exterior de los Estados Unidos sino su actividad central, como ya ha quedado demostrado en las investigaciones parlamentarias realizadas tanto en Estados Unidos como en Europa, así como en los trabajos de los historiadores. Para una mayor comprensión de la cara oculta de Estado renegado más poderoso del mundo, publicamos hoy esta quinta parte del estudio del investigador suizo Danièle Ganser.
Este artículo es la continuación de:
1. «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
2. «Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
3. «Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
4. «Las cloacas de Su Majestad»

Después de la derrota de Alemania e Italia, el presidente estadounidense Harry Truman ordenó a la US Air Force el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, antes de aceptar la capitulación de Japón. Terminaba así la Segunda Guerra Mundial. Mientras que Europa occidental se hallaba en ruinas, la economía de Estados Unidos se encontraba en pleno auge. Pero, a pesar de todo su poderío económico y militar, la Casa Blanca temía que se produjera una expansión del comunismo a través del mundo, considerándolo irresistible.

Después de los repetidos e infructuosos intentos de invasión de la URSS que los británicos y los estadounidenses habían realizado entre 1918 y 1920, la posterior alianza militar con el Ejército Rojo se concretó porque representaba la única posibilidad de derrotar a Hitler y a Mussolini y de liberar Europa. Inmediatamente después del armisticio, los antiguos compañeros de armas se convirtieron nuevamente en adversarios y las hostilidades entre ellos se reiniciaron con nuevo ímpetu, marcando el comienzo de la guerra fría.

Mientras Estados Unidos garantizaba el control del oeste de Europa y combatía a la izquierda en Grecia, la URSS de Stalin se hacía del control de las fronteras que habían servido de punto de partida a las invasiones orquestadas contra los territorios soviéticos en las dos guerras mundiales. Truman veía con recelo la instauración de regímenes comunistas sometidos a Moscú en Polonia, Alemania oriental, Hungría, Rumania y Checoslovaquia. En aplicación de una doctrina de soberanía limitada, Stalin puso los Estados del este de Europa bajo el control de oligarcas locales, del brutal Ejército Rojo y del KGB, los servicios secretos soviéticos. Siguiendo ese mismo razonamiento, Truman estaba convencido de que era necesario combatir el comunismo en secreto para debilitarlo, incluso en el seno de las democracias soberanas de Europa occidental.

La CIA también trató de crear un ejército secreto en China para contrarrestar el avance del comunismo, pero fracasó cuando Mao Zedong, a la cabeza del Partido Comunista Chino, tomó el poder en 1949. El ex director de la CIA William Colby recuerda: «Yo siempre me pregunté si la red stay-behind que habíamos construido hubiese podido funcionar bajo un régimen soviético. Sabemos que los intentos de crear urgentemente ese tipo de organizaciones fracasaron en China, en 1950, y en Vietnam del norte, en 1954.»

Después del estallido de la guerra de Corea en 1950 a lo largo de la frágil frontera que separa el sur bajo control estadounidense del norte comunista, el ejército de los Estados Unidos trató de reducir la influencia del comunismo en Corea del norte, pero sus esfuerzos resultaron infructuosos. La CIA trató también de tomar el control de varios países de Europa oriental a través de operaciones clandestinas y de ejércitos secretos, pero tampoco tuvo éxito. Colby recuerda los esfuerzos de la CIA por crear ejércitos anticomunistas: «Sabemos que los intentos por dirigirlos desde el extranjero fueron descubiertos y desbaratados por la policía secreta en Polonia y en Albania, durante los años 1950.» [1]

En los países del llamado Tercer Mundo, en África, en América Latina y en ciertas regiones de Asia, los pueblos adoptaron variantes del comunismo y del socialismo que les parecían capaces de aportar un mejor reparto de la riqueza así como la independencia ante el Occidente capitalista e industrializado. En Irán, Mossadeg adoptó un programa socialista y trató de distribuir entre la población parte de los ingresos provenientes del petróleo.

Después de la India liberada del dominio británico, África también emprendió una lucha anticolonial de izquierda que culminó en 1960, cuando Camerún, Togo, Madagascar, Somalia, Níger, Chad, el Congo, Gabón, Senegal, Malí, Costa de Marfil, Mauritania, y la República Centroafricana se declararon independientes. En el sudeste asiático, como consecuencia de la retirada de las fuerzas japonesas de ocupación, Filipinas y Vietnam vieron surgir poderosos movimientos anticolonialistas comunistas y de izquierda que, en el caso de Vietnam, dieron lugar a la guerra de Indochina y, posteriormente, a una segunda guerra contra la presencia militar estadounidense, que no terminaría hasta 1975, con la victoria de los comunistas.

En las mentes de los estrategas de la Casa Blanca, la guerra no terminó en 1945 [2] sino que evolucionó hacia una forma silenciosa y secreta de conflicto en la que los servicios secretos se convirtieron en los instrumentos privilegiados del ejercicio del poder. A finales de 1944, el presidente estadounidense Roosevelt siguió la sugerencia de William Donovan, quien había dirigido la Office of Strategic Services (OSS) durante la guerra, y trató de crear un nuevo servicio encargado de realizar en el extranjero –y en tiempo de paz– operaciones especiales dirigidas contra los comunistas y contra otros también designados como enemigos de los Estados Unidos. Pero ese plan no fue del agrado de J. Edgar Hoover, director del FBI, quien temía que sus propios servicios perdieran así su influencia. Hoover transmitió entonces a un periodista del Chicago Tribune varias copias del memorando de Donovan [3] y de la orden de Roosevelt.

El 9 de febrero de 1945, el Chicago Tribune publicaba el siguiente titular: «Nueva distribución de papeles en el espionaje – nos vigilarán espías – en estudio una superGestapo». Reportaba el diario que: «En las altas esferas donde circulan el memorando y el proyecto de orden, esa unidad, cuya creación está en estudio, tiene el sobrenombre de “la Gestapo de Frankfurter”», en referencia al juez de la Corte Suprema Frankfurter y a la terrible policía secreta alemana. El artículo revelaba además que el nuevo servicio secreto estaba destinado a librar una guerra clandestina y que «llevaría a cabo (…) operaciones de subversión en el extranjero (…) y tendría a su disposición todo el personal aeronaval y de las fuerzas terrestres que pueda necesitar en su misión». [4]

Como el recuerdo de la Gestapo estaba fresco aún, los ciudadanos estadounidenses se indignaron y el escándalo que estalló dio al traste con la proposición de Donovan, para gran satisfacción del director del FBI Hoover. Sin embargo, continuaron las discusiones en los círculos del poder alrededor de la fundación de un nuevo servicio, sólo que en lo adelante esto se haría en el mayor secreto. Después del fallecimiento de Roosevelt, Harry Truman emitió una directiva que ordenaba la creación de un nuevo servicio secreto activo en tiempos de paz, el Central Intelligence Group (CIG). En el marco de una velada más bien excéntrica que se organizó expresamente para la ocasión en la Casa Blanca, Truman entregó a cada invitado un impermeable negro, un sombrero negro, un bigote postizo y una daga de madera y anunció que el primer director del CIG, el almirante Sidney Souers, se convertiría en «director del espionaje centralizado». [5]

El CIG no era más que una agencia títere provisional y Truman comprendió rápidamente que había que reforzar los medios de acción no oficiales de la Casa Blanca. Fue así que se promulgó, en julio de 1947, la National Security Act, que concretaba la creación de la «Central Intelligence Agency» (CIA) y del «National Security Council» (NSC).

Esta vez no se publicó en la prensa ni una palabra sobre la «Gestapo americana». El «National Security Council», del que formaban parte el propio presidente de los Estados Unidos, el vicepresidente, el secretario de Estado, el secretario de Defensa, el director de la CIA, el consejero para la Seguridad Nacional, el presidente del Estado Mayor conjunto, otras personalidades de primera importancia y varios consejeros especiales, se convirtió realmente en el grupo más influyente de Washington» [6]. Como tantas veces ha sucedido en el transcurso de la historia, esa concentración del poder en manos de la Casa Blanca y del NSC desembocó en abusos. Todavía hoy, en el siglo 21, el NSC sigue siendo «una institución particular, conocida por haber actuado a menudo, en el pasado, en el límite de la legalidad». [7] [8]

La principal vocación de la National Security Act era proporcione un marco «legal» a las operaciones secretas de Estados Unidos y a las guerras secretas que ese país libraba contra otros países poniendo en manos de la CIA la tarea de «asumir las funciones y las misiones de inteligencia relativas a la Seguridad Nacional que el NSC puede verse obligado a ordenarle en un momento dado» [9].

Sin ironía deliberada, esa frase es la copia palabra por palabra de lo que Hover había revelado en 1945. A la vez que garantizaba una sólida base legal para las operaciones secretas emprendidas por Estados Unidos, esta formulación tan nebulosa permitía soslayar la abierta violación de numerosas leyes, como la Constitución de 1787, y de numerosos tratados internacionales. El director adjunto de la CIA Ray Cline calificó con toda razón esa disposición de «cláusula cúbrelo-todo elástica» [10]. Clark Clifford declaró posteriormente: «Nosotros no las habíamos mencionado [las operaciones especiales] explícitamente porque sentíamos que podía ser perjudicial para los intereses de la nación el confesar públicamente que podíamos emprender ese tipo de actos» [11].

Italia fue el primer país en convertirse en blanco del nuevo instrumento de la Casa Blanca. En el primer documento registrado como proveniente del NSC, el NSC 1/1 con fecha del 14 de noviembre de 1947, se puede leer el siguiente análisis: «El gobierno italiano, ideológicamente apegado a la democracia occidental, es débil y es blanco de los continuos ataques de un poderoso partido comunista» [12]. Es por eso que, durante una de sus primeras reuniones, el joven NSC adoptó –el 19 de diciembre de 1947– la Directive NSC 4-A que ordenaba al director de la CIA Hillenkoetter emprender una larga serie de acciones clandestinas destinadas a eliminar el peligro de que los comunistas ganaran las inminentes elecciones italianas [13].

La Directive NSC 4-A estaba clasificada como top secret debido al carácter especialmente sensible de las intervenciones clandestinas de los estadounidenses en Europa occidental. Sólo existían 3 copias de ese documento y una de ellas estaba «celosamente guardada [por Hillenkoetter] en la propia oficina del director, donde los miembros que “no tenían necesidad de saber” no podían encontrarla». George F. Kennan, del departamento de Estado, tenía otro ejemplar en su poder [14]. La «razón de tanto secreto era evidente», según los archivos oficiales de la CIA, ya que «algunos ciudadanos de este país se hubieran horrorizado al conocer el contenido de la NSC 4-A» [15].

Las operaciones tendientes a debilitar a los comunistas italianos fueron un éxito. El presidente Truman se convirtió en gran partidario de las misiones secretas y pidió que el campo de acción de la CIA se extendiera a otros países, más allá de Italia. Fue así como el NSC votó –el 18 de junio de 1948– la célebre directiva NSC 10/2 [16], autorizando la CIA a efectuar misiones clandestinas en todos los países del mundo e instaurando en el seno de la agencia un servicio de operaciones secretas designado como «Office of Special Projects», nombre que fue rápidamente reemplazado por otro menos descriptivo: «Office of Policy Coordination» u OPC, o sea Oficina de Coordinación Política. La directiva NSC 10/2 ponía en manos de la OPC «la planificación y ejecución de las operaciones especiales».

El texto designaba como «operaciones especiales» todas las actividades «realizadas y financiadas por este gobierno en contra de los Estados o grupos extranjeros hostiles o como apoyo a Estados o grupos extranjeros amigos, pero concebidas y ejecutadas de forma tal que la implicación del gobierno americano no sea visible para personas no autorizadas y que éste [gobierno] pueda desmentir toda responsabilidad de ser necesario». La directiva NSC 10/2 preveía que las operaciones secretas «incluyen toda actividad vinculada a la propaganda, a la guerra económica, a la acción preventiva directa (medidas de sabotaje, de antisabotaje, de demolición y de evacuación), a la subversión contra regímenes hostiles (mediante el apoyo a los movimientos de resistencia clandestinos, a la guerrilla y a los grupos de liberación de refugiados) y la asistencia a los elementos anticomunistas en los países amenazados del mundo libre».

Las disposiciones del texto NSC 10/2 incluían la creación de los ejércitos anticomunistas secretos de la red Gladio en Europa occidental, pero excluían todo los actos de guerra convencional y las misiones de inteligencia: «No conciernen a los conflictos armados en los que se enfrenten fuerzas militares regulares, el espionaje, el contraespionaje y la utilización de la clandestinidad o del disimulo en el marco de operaciones militares» [17]. En definitiva, aquella directiva NSC 10/2 contradecía todos los valores y principios que el propio presidente de los Estados Unidos predicaba en marzo de 1947, cuando expuso su famosa «Doctrina Truman».

Después de la Segunda Guerra Mundial, 5 años habían bastado a Estados Unidos para instaurar un poderoso aparato de inteligencia que operaba tanto dentro como fuera de las fronteras de su propio país y al margen de todo control democrático. «Cuando creé la CIA, no pensé ni por un instante que se especializaría algún día en los golpes bajos en tiempo de paz», declaró un debilitado Truman, luego de dejar sus funciones [18].

En 1964, o sea 8 años antes de su muerte, el ex presidente negó una vez más haber querido hacer de la CIA «una agencia internacional implicada en acciones sucias». Pero el aparato estadounidense de inteligencia había escapado a su control. El historiador británico Christopher Andrew resume el sentir del ex presidente de la siguiente manera: «Durante los 20 años posteriores a su salida de la Casa Blanca, Truman pareció a veces sorprendido, incluso horrorizado, ante el peso y la influencia que había adquirido el sector de inteligencia que él mismo había creado» [19].

Otro fanático de las operaciones secretas y feroz adversario del comunismo, George Kennan, miembro del departamento de Estado bajo la administración Truman, fue también un ardiente partidario de la directiva NSC 10/2 y de la intervención de la CIA en Italia y en otros países. Sin embargo, al igual que Truman, Kennan estaba conciente de los riesgos a los que se exponía Estados Unidos. «Después de todo, lo peor que podría sucedernos en esta lucha contra el comunismo es convertirnos en lo mismo que aquellos a quienes estamos combatiendo», señaló Kennan en un telegrama que se haría célebre [20], refiriéndose así al gobierno secreto, a las estructuras totalitarias y a la manipulación de gobiernos extranjeros, prácticas características de la Unión Soviética.

Treinta años más tarde, Kennan, ya al final de su vida, reconoció que: «No todo sucedió exactamente como yo lo había imaginado» [21] Para garantizar la posibilidad de un desmentido plausible, la mayoría de las decisiones, declaraciones y transcripciones de las reuniones del NSC se clasificó como confidencial. Pero, como consecuencia del escándalo del Watergate, varios miembros del Congreso estadounidense recibieron un mandato para investigar a la CIA y al NSC y descubrieron que «las elecciones nacionales de 1948 en Europa occidental habían sido la razón fundamental de la creación de la OPC».

Fue por lo tanto la amenaza comunista que planeaba sobre Europa occidental lo que determinó el comienzo de las operaciones especiales de la CIA, después de la Segunda Guerra Mundial. «Al financiar a los partidos del centro y desarrollar estrategias mediáticas, la OPC trató de influir sobre el resultado de las elecciones, con considerable éxito», indica el informe final que los senadores presentaron en 1976. «Esas actividades constituían la base de la injerencia clandestina en la político interna que constituyó una práctico durante 20 años.

En 1952, no menos de 40 proyectos de acción en marcha habían sido contabilizados en un solo país de Europa central.» Por orden expresa del Pentágono, las misiones de la OPC incluían también la constitución de la red de ejércitos secretos Gladio en Europa occidental: «Hasta 1950, las actividades paramilitares de la OPC (también llamadas «acciones preventivas») se limitaban a la concepción y preparación de las redes stay-behind con vistas a una futura guerra. A pedido del Joint Chiefs of Staff (el Consejo del Estado Mayor Interarmas), esas operaciones preparadas por la OPC se concentraban, una vez más, en Europa occidental y tenían como objetivo apoyar a las fuerzas de la OTAN contra una ofensiva de los soviéticos.» [22]

Para garantizar la dirección de la OPC, George Kennan seleccionó a Frank Wisner [23], un abogado de negocios originario de Mississippi que ya había comandado destacamentos de la OSS en Estambul y en Bucarest durante la Segunda Guerra Mundial. Al igual que Wisner, la mayoría de los oficiales de la OPC eran «blancos provenientes de viejas familias ricas de la alta sociedad anglosajona (…) que habían heredado la actitud del establishment británico con respecto a las personas de color» [24]. Wisner velaba escrupulosamente por la confidencialidad de la directiva NSC 10/2. «Cada vez que un miembro de la OPC quería consultar el documento, se le obligaba a firmar un registro especial.

Después se le entregaba uno de los 3 ejemplares que Wisner guardaba en una caja fuerte de su oficina.» [25] Los miembros del nuevo servicio de operaciones especiales OPC trabajaban con espíritu de agresividad, de entusiasmo, de secreto y con cierta ausencia de moralidad. El 6 de agosto de 1948, en una de sus primeras reuniones en presencia de Hillenkoetter y Kennan, Wisner insistió en poder explotar al máximo las posibilidades que ofrecía la directiva NSC 10/2 y pidió «carta blanca» para escoger él mismo sus «métodos de acción». Wisner quería desarrollar operaciones secretas a su manera, sin tener que atenerse a ningún código ni a ningún «método existente» y recibió el aval de Hillenkoetter y Kennan [26].

En su condición de director de la OPC, Wisner se convirtió en el arquitecto en jefe de la red de ejércitos secretos en Europa occidental. «Frank Wisner, de la OPC, había encargado a su adjunto Frank Lindsay de la coordinación de la red stay-behind en Europa», reveló la prensa belga después del descubrimiento de la existencia de los ejércitos Gladio. Al igual que su jefe, Lindsay se había formado en el seno de la OSS durante la Segunda Guerra Mundial y había tenido la oportunidad de observar de cerca, en Yugoslavia, las tácticas comunistas. Según afirman también los periodistas belgas, Lindsay «envió a William Colby (quien más tarde dirigiría la CIA entre 1973 y 1976) a Escandinavia y a Thomas Karamessines [lo envió] a Grecia, donde éste último podía contar con el apoyo del KYP, los servicios secretos griegos» [27].

A medida que Estados Unidos intensificaba sus operaciones especiales, la OPC seguía desarrollándose. Un año después de la nominación de Wisner a la cabeza de la OPC, esta última contaba con 300 empleados y 7 estaciones en el extranjero que trabajaban en numerosas misiones clandestinas de diversa índole. Tres años más tarde, en 1951, sus efectivos alcanzaban la cifra de 2 812 empleados, que trabajaban en territorio estadounidense, y 3 142 agentes vinculados a las 47 estaciones repartidas a través del mundo entero y su presupuesto anual había pasado de 4,8 millones a 82 millones de dólares [28]. Bedel Smith, sucesor de Hillenkoetter a la cabeza de la CIA, tuvo que reconocer en mayo de 1951 que «el campo de las operaciones secretas de la CIA ya sobrepasaba ampliamente el marco previsto en la directiva NSC 10/2» [29]. La expansión fue tan grande que incluso un halcón como «Smith se mostró preocupado por la importancia y el crecimiento exponencial del presupuesto de la OPC» [30].

Allen Dulles, quien se hizo cargo de la dirección de la CIA después de la salida de Smith, en 1953, estaba convencido de que las operaciones secretas eran un arma formidable para luchar contra el comunismo y defender los intereses estadounidenses en el extranjero. Allen Dulles supervisaba el trabajo del director de la OPC, Frank Wisner, y de su adjunto Frank Lindsay, quien, en lo tocante a los ejércitos secretos, colaboraba estrechamente con Gerry Miller, el jefe de la oficina de la CIA en Europa para la creación de las redes stay-behind. Entre los reclutados se encontraba William Colby, quien fue más tarde director de la CIA. Al igual que muchos soldados clandestinos, Colby había trabajado para la OSS durante la Segunda Guerra Mundial y había saltado en paracaídas sobre la Francia ocupada para prestar ayuda a la Resistencia.

Posteriormente había sido sacado de Francia clandestinamente para saltar nuevamente en paracaídas, esta vez sobre Noruega, poco antes del final de la guerra con la misión de volar convoyes. En abril de 1951, Miller recibió a Colby en su oficina. Los dos hombres se conocían bien ya que Miller había dirigido las operaciones de la OSS en Noruega. Ambos consideraron que la guerra nunca había terminado realmente. Miller destacó a Colby en la unidad de Lou Scherer, en la división escandinava de la oficina europea de la CIA: «OK Bill, sigue así.» Seguidamente, Miller dijo: «Lo que queremos es una buena red de inteligencia y de resistencia que sea digna de confianza, con la que podamos contar si los rusos empiezan a invadir la región. Aquí tenemos un plan de acción, pero todavía hay que ponerlo a prueba y aplicarlo en el terreno. Tu trabajarás con Lou Scherer hasta que se decidan las nuevas operaciones que habrá que llevar a cabo». [31]

Seguidamente, Colby recibió entrenamiento de la CIA con vista a la realización de su misión, que era la creación de una red Gladio en Escandinavia. «En la práctica, una de las principales tareas de la OPC consistía en prepararlo todo en previsión de una posible invasión soviética a Europa occidental, y partiendo de la hipótesis de que los rusos pudieran llegar a controlar parte o incluso todo el continente», explicó Miller. «La OPC quería disponer de redes de partisanos armados y organizados para oponerlos al ocupante», cuenta Colby en sus memorias. «Esta vez, decía Miller, el objetivo era crear esa capacidad de resistencia antes de que se produjera la ocupación, e incluso antes del comienzo de la invasión.

Estábamos decididos a organizarla y a equiparla sin demora cuando aún teníamos tiempo de hacerlo correctamente y con un mínimo de riesgos», escribió el ex agente que creía entonces que la operación estaba enteramente justificada. «En todos los países que podían sufrir una invasión soviética, la OPC había emprendido entonces un amplio programa de construcción de lo que se conoce en el medio de la inteligencia como “redes stay-behind”, o sea estructuras clandestinas de hombres entrenados y equipados para realizar actos de sabotaje y de espionaje cuando llegara el momento.» Para ello, Miller envió agentes de la CIA a cada uno de los países de Europa occidental y «confió [a Colby] la misión de organizar y montar ese tipo de red en Escandinavia» [32].

La intervención de Estados Unidos en Europa occidental se desarrolló «en el mayor secreto», precisa. «Recibí entonces la orden de no mencionar mi trabajo más que a un restringido círculo de personas de confianza, tanto en Washington y en el seno de la OTAN como en Escandinavia» [33].

En el seno de la OTAN, el centro de mando situado en el Pentágono, en Washington, estaba informado en detalle del desarrollo de los ejércitos secretos Gladio mientras que en Europa, el SACEUR, que siempre es un oficial estadounidense, supervisaba estrechamente la red así como los demás órganos de decisión: el CPC y el ACC. Un documento interno del Pentágono fechado en 1957 y que se mantuvo en secreto hasta 1978, revela la existencia de una Carta del CPC que define las funciones del Comité ante la OTAN, el SHAPE y los servicios secretos europeos. Desgraciadamente, el contenido mismo de la Carta no ha sido revelado. El documento en cuestión es un memorando dirigido al Consejo del Estado Mayor Interarmas el 3 de enero de 1957 por el general Leon Johnson, representante de Estados Unidos en el comité militar de la OTAN.

Johnson reacciona ante las quejas del SACEUR de aquel entonces, el general Lauris Norstad, sobre la falta de información durante la crisis de Suez, en 1956: «El SACEUR expresó la opinión que la inteligencia que las autoridades habían transmitido al SHAPE durante el reciente periodo de tensiones era insuficiente. Desea que toda redefinición de las reglas de comunicación de la inteligencia al SHAPE se encamine hacia una mejor transmisión de las informaciones confidenciales.»

Fue en ese contexto que el SACEUR Norstad trató de resolver la situación a través del CPC: «Además, el SACEUR señala en una nota a) que la nota b), la carta del CPC, no contiene ninguna disposición que prohíba considerar operaciones clandestinas en tiempo de paz. Recomienda específicamente que el CPC del SHAPE sea autorizado: a) a estudiar las necesidades inmediatas del SHAPE en materia de inteligencia; b) a considerar a través de qué medios los servicios secretos nacionales pueden ayudar a mejorar la transmisión de informaciones al SHAPE.» En contradicción con el SACEUR Norstad, el general Johnson pensaba que la carta del CPC prohibía que el CPC fuese utilizado con ese fin.

Johnson escribía en su memorando: «Aunque en la nota b) [la carta del CPC] no exista ninguna disposición que prohíba claramente a éste considerar actividades de inteligencia, yo pienso de todas maneras que se trataría de una extensión injustificada de sus atribuciones. Yo entiendo la nota b) de la manera siguiente: el CPC ha sido creado con el único fin de organizar en tiempo de paz los medios a través de los cuales el SACEUR pudiera cumplir su misión en caso de guerra. Me parece que revisar las modalidades de transmisión de la inteligencia, sea cual sea la fuente, al SHAPE debería ser asunto de las agencias de inteligencia regulares.» El general concluía entonces: «Yo recomiendo que no se apruebe la extensión del campo de actividades del CPC (…) Leon Johnson» [34].

Paralelamente, en el Pentágono, las Fuerzas Especiales estadounidenses también estaban directamente implicadas en aquella guerra secreta contra los comunistas de Europa occidental ya que estaban entrenando, junto a los SAS [británicos], a los miembros de las redes stay-behind. Luego del desmantelamiento de la OSS, después del final de la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Especiales habían sido creadas nuevamente en Estados Unidos, en 1952, y las unidades, bajo el engañoso nombre de 10º Grupo de Fuerzas Especiales, comenzaron a entrenarse bajo el mando del coronel Aaron Bank [35]. El grupo había adoptado la organización de su predecesor, la OSS, de la que había heredado el encargo de realizar misiones de sabotaje, de reclutamiento, equipamiento y entrenamiento de guerrilleros con el objetivo de crear un potencial de resistencia en Europa oriental y occidental [36].

Como precisó el coronel Bank, el entrenamiento de las Fuerzas Especiales incluía «la organización de movimientos de resistencia y la coordinación de las redes que los componen» así como «las operaciones de guerrilla con sus diferentes aspectos organizativos, tácticos y logísticos pero también la demolición especializada, el uso de comunicaciones radiales codificadas, la supervivencia, la técnica Fairbaim de combate cuerpo a cuerpo y el tiro instintivo» [37].

El folleto de reclutamiento especificaba a los jóvenes voluntarios deseosos de ingresar a las Fuerzas Especiales estadounidenses que lo ideal era que los candidatos hablaran uno o más idiomas europeos. Las condiciones exigían: «tener por lo menos 21 años de edad, poseer como mínimo el grado de sargento, haber seguido o ser voluntario para seguir un entrenamiento de paracaidista, dominar los idiomas [europeos] y/o haber viajado a Europa; presentar una excelente hoja de servicio, etc. Todos los postulantes tenían que estar dispuestos a saltar en paracaídas y a operar tras las líneas enemigas en uniforme militar o con ropa de civil.» [38]

Fue en pleno corazón de la Alemania derrotada que se desplegaron por primera vez las Fuerzas Especiales estadounidenses de nueva creación. En noviembre de 1953, el 10º Grupo instaló su primera base en el extranjero en un antiguo edificio de la Waffen SS construido bajo el III Reich, en 1937: la Flint Kaserne, en Bad Tolz, Baviera. Posteriormente, se creó en Panamá un cuartel general que servía de base de operaciones a las Fuerzas Especiales y se abrió otro más en Okinawa, destinado a las intervenciones en el sudeste asiático. Cuando estalló el escándalo del Gladio, en 1990, se descubrió que algunos miembros de sus ejércitos secretos habían seguido un entrenamiento especial con los Boinas Verdes, posiblemente en Fort Bragg, Estados Unidos [39].

El comandante del Gladio en Italia, el general Serravalle, relató que en 1972 los miembros italianos del Gladio habían viajado a Bad Tolz, por invitación de los Boinas Verdes [40]. «Yo visité el 10º Grupo de las Fuerzas Especiales en Bad Tolz, en las antiguas barracas de los SS, por lo menos en dos ocasiones. Estaban bajo las órdenes del coronel Ludwig Fastenhammer, que ya era un verdadero Rambo antes de que apareciera ese personaje», recordó el general Serravalle. «Durante los encuentros de planificación de las misiones que ya mencioné anteriormente (contrainsurgencia, asistencia a los grupos locales de resistencia, etc.) pregunté varias veces si existía un plan de acción combinado entre su grupo y las diferentes unidades stay-behind, y especialmente el Gladio.»

Serravalle dijo con una sonrisa: «No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que si una unidad X está encargada de apoyar, en tiempo de guerra, en un territorio Y, a un movimiento de resistencia dirigido por una unidad secreta Z, tiene que existir entre X y Z, incluso en tiempo de paz, algún tipo de cooperación, aunque sea en estado embrionario». Por lo tanto, era lógico pensar en la existencia de un plan de acción concertado entre los Boinas Verdes, los SAS británicos y el Gladio. «Pero en realidad no era así», según afirma Serravalle. «En realidad, en caso de guerra, las Fuerzas Especiales acantonadas en Bad Tolz debían infiltrarse en nuestros países y participar en operaciones de resistencia e insurrección. ¿Cómo las habrían recibido nuestros miembros del Gladio? A tiros, estoy seguro, creyendo que se trataba de los Spetzsnaz, las unidades de élite del Ejército Rojo. Una de las reglas de oro de los partisanos estipula que, en caso de duda, usted dispara primero y después averigua a quién mató.» [41]

Las Fuerzas Especiales estadounidenses estaban permanentemente en contacto con el departamento de operaciones especiales de la CIA, con el cual colaboraban. Cuando las Fuerzas Especiales se instalaron en Fort Bragg, en 1952, la OPC fue rebautizada como «Directorate of Plans» (DP) y Wisner se convirtió en su jefe. Con Allen Dulles como director de la CIA, aumentó el número de operaciones clandestinas estadounidenses en todo el mundo. Dulles autorizó los intentos de asesinato de la CIA contra Castro y Lumumba así como los experimentos con LSD, experimentos que se desarrollaban a espaldas de las personas que servían de “conejillos de India”, algunas de las cuales acabaron suicidándose. Wisner y Dulles planificaron el golpe de Estado de 1953 contra el primer ministro iraní Mossadegh, así como el que derrocó al socialista Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954.

Dos años más tarde, refiriéndose al presidente de Indonesia Sukarno, acusado de inclinarse demasiado hacia la izquierda, Wisner transmitió al jefe de la división del sudeste asiático de su servicio, Alfred Ulmer, la siguiente orden: «Ya es hora de darle una buena lección a ese Sukarno» [42]. Wisner y Dulles no tenían límites para las guerras secretas y las acciones terroristas que emprendían. Pero cuando las operaciones clandestinas en contra de Fidel Castro y del régimen cubano desembocaron en un enorme fracaso, con el fiasco de bahía de Cochinos en 1961, el presidente Kennedy, furioso, destituyó a Dulles y puso en su lugar a John McCone.

Durante todo el tiempo que estuvo a la cabeza de la CIA, Allen Dulles fue el cerebro de la guerra secreta contra los comunistas. Cuando se descubrió la existencia de los ejércitos Gladio en Europa occidental, en 1990, un ex oficial de la inteligencia de la OTAN, que prefirió conservar el anonimato, explicó que «aunque la operación stay-behind sólo comenzó oficialmente en 1952, la idea existía en realidad desde mucho antes, desde que germinó en la mente de Allen Dulles» [43]. Durante la Segunda Guerra Mundial, el jefe de la CIA había trabajado en Berna, en la neutral Suiza, desde donde había coordinado las operaciones secretas emprendidas contra la Alemania nazi, manteniendo contactos con la OSS estadounidense y con los servicios secretos británicos. Dirigir ejércitos secretos en Europa occidental no sólo era su trabajo sino que se había convertido en su gran pasión.

Informes publicados en Bélgica en el momento del descubrimiento del Gladio precisaban: «Allen Dulles ve en el proyecto [Gladio] (…) además de un instrumento de la resistencia contra una invasión soviética, ¡un arma contra el acceso de los comunistas al poder en los países en cuestión!» [44]

Mientras que la CIA proseguía sus guerras secretas, Wisner comenzó a ser presa de los remordimientos y pronto resultó que su mala conciencia no lo dejaba en paz. Allen Dulles «tenía una teoría según la cual los tormentos que sufría Wisner provenían de la naturaleza de su trabajo» [45]. Al convertirse poco a poco en un individuo incapaz de garantizar «los trabajos sucios» de la CIA en Europa, África, América Latina y Asia, Wisner fue sustituido en 1958 por Richard Bisel, quien ocupó el puesto durante 4 años, hasta que Richard Helms fue nombrado director adjunto a cargo de las Operaciones Especiales, en 1962. Para aquella época, el estado psicológico del arquitecto del Gladio Frank Wisner seguía deteriorándose hasta que, en 1965, se dio tiro en la cabeza [46].

En ese mismo año, Richard Helms fue ascendido a director de la CIA y, durante los funerales Wisner, le rindió homenaje por su trabajo a favor de las operaciones especiales, poniéndole entre los «pioneros que tuvieron la responsabilidad, a veces tan pesada (…), de servir a su país en la sombra» [47]. El propio Helms tuvo que enfrentar sus responsabilidades cuando se vio obligado a prestar testimonio, en los años 1970, sobre el papel de la CIA en el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende. Siendo entonces director de la CIA, Helms mintió descaradamente ante los senadores al afirmar que la CIA nunca había tratado de impedir la elección de Salvador como presidente de Chile: «Todos los proyectos tenían que contar con mi aprobación, yo hubiese tenido que saberlo obligatoriamente». Cuando se descubrió la mentira, en febrero de 1973, Helms se vio obligado a renunciar a su puesto de director de la CIA y tuvo que pagar una multa de 2 000 dólares por haber cometido perjurio ante el Senado [48].

Debido a los abundantes detalles que proporciona en sus memorias, William Colby sigue siendo el más célebre de los agentes de la CIA implicados en la Operación Gladio. Pero él también tuvo un final trágico. Después de haber contribuido a la creación de las redes secretas en Escandinavia, este soldado de la guerra fría fue trasladado en 1953 a la estación de la CIA en Roma para combatir allí el comunismo italiano y contribuir a la creación del Gladio local. Presente en todos los campos de batalla de la guerra fría, Colby dejó Italia en 1959 para ir a Saigón, donde dirigió las operaciones clandestinas emprendidas por la CIA en Vietnam y en Laos. Una de esas misiones fue la Operación Phoenix cuyo objetivo era la destrucción de la organización clandestina del Vietcong y la liquidación física de sus miembros [49].

Al ser interrogado por el Congreso estadounidense, en 1971, Colby reconoció que la intervención que él había dirigido había provocado la muerte de mas de 20 000 miembros del Vietcong, pero se negó a precisar si la tortura había estado vinculada a esas muertes. Simplemente declaró: «No voy a pretender que nadie fue muerto o ejecutado durante la operación. Pienso, en efecto, que eso sucedió, desgraciadamente» [50]. En 1973, el departamento de operaciones especiales cambió nuevamente de nombre, tomando la denominación de «Directorate of Operations» (DO) y Colby sustituyó a Thomas Karamessines como director adjunto a cargo de las Operaciones. Cuando Helms se vio obligado a dimitir, aquel mismo año, el presidente Nixon nombró a Colby a la cabeza de la CIA, puesto que ocupó hasta su propia renuncia, en 1976, debido al escándalo del Watergate. En 1996, William Colby fue encontrado ahogado en un río del Estado de Maryland. Tenía 76 años.

Colby fue reemplazado a la cabeza de la CIA por George Bush padre, nombrado por la administración Ford, quien dirigió desde Washington las operaciones secretas de las redes de Europa occidental. Posteriormente, George H. Bush fue llamado a ocupar la vicepresidencia en la administración Reagan, pero no por ello dejó de financiar las guerras secretas, entre ellas la que diera lugar al famoso escándalo de los Contras nicaragüenses. En 1990, cuando el primer ministro italiano reveló la existencia de los ejércitos secretos creados por la CIA [en Europa occidental], George H. Bush, por entonces presidente de los Estados Unidos, se hallaba inmerso en los preparativos de la guerra del Golfo.

Para lograr convencer a una población más bien reticente ante la idea de entrar en guerra, hubo que recurrir a una manipulación capaz de azuzar el deseo de venganza de los estadounidenses. El 10 de octubre, una muchacha de 15 años, presentada simplemente como «Nayirah», compareció en lágrimas como testigo, ante la Comisión de Derechos Humanos del Congreso [estadounidense], declarando que mientras trabajaba como voluntaria en un hospital de Kuwait después de la invasión de su país [por Irak] elle había visto personalmente a los soldados iraquíes entrar en el edificio y sacar brutalmente a los recién nacidos de las incubadoras donde se encontraban y dejarlos «abandonados directamente en el frío suelo, condenándolos así a una muerte segura» [51].

La historia de las incubadoras provocó entre la población [estadounidense] una gran conmoción, y el presidente se apresuró a alimentarla remachando los hechos en cada uno de sus discursos y agregando incluso que 312 bebés habían encontrado la muerte de aquella manera. Bush fue tan convincente que la información fue retomada por Amnesty International. Sólo después del fin de la guerra se descubrió que la muchacha en cuestión nunca había trabajado en Kuwait y que se trataba nada más y nada menos que de la hija del embajador de Kuwait en Washington, algo que los organizadores de la audiencia del 10 de octubre sabían perfectamente [52].

A Amnesty International no le quedó más remedio que desmentir sus propias declaraciones. En febrero de 1992, el Middle East Watch declaró que aquello no había sido otra cosa que «pura y simplemente propaganda de guerra» [53]. Más de 10 años más tarde, George Bush hijo trató de manipular nuevamente los sentimientos del pueblo estadounidense anunciando que Irak estaba tratando de desarrollar armas químicas, biológicas y atómicas y que el presidente Sadam Husein estaba implicado en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En diciembre de 1990, Bush padre tuvo que enfrentar duras críticas provenientes del Parlamento Europeo. En una resolución destinada a la Casa Blanca y a la administración estadounidense, la Unión Europea condenaba firmemente las maniobras secretas de Estados Unidos. La Unión Europea declaraba oficialmente «condenar la creación clandestina de redes de manipulación y de acción y llamar a la apertura de una investigación exhaustiva sobre la naturaleza, la estructura, los objetivos y cualquier otro aspecto de esas organizaciones secretas y de otros grupos disidentes, sobre su utilización con el objetivo de interferir en las cuestiones políticas internas de los países interesados, sobre la cuestión del terrorismo en Europa y sobre la posible complicidad de los servicios secretos de los Estados miembros o de terceros países». Pero lo más importante era que la Unión Europea protestaba «vigorosamente contra el derecho que se arrogan ciertos responsables militares americanos en el seno del SHAPE y de la OTAN a estimular el establecimiento en Europa de una red clandestina de inteligencia y de acción» [54].

Debido a su gran experiencia en el campo de las operaciones secretas, era imposible que el presidente George H. Bush no estuviese al tanto de las operaciones terroristas e ilegales a las que se habían dedicado los ejércitos secretos. Por lo tanto, el presidente estadounidense se negó a hablar del tema. Desconociendo la envergadura del escándalo, el Congreso estadounidense prefirió abstenerse de hacer preguntas demasiado delicadas. Los medios de prensa [estadounidenses] tampoco se sintieron en la necesidad de investigar.

En un artículo del Washington Post, uno de los pocos sobre el tema que se publicaron en Estados Unidos, intitulado «La CIA recluta ejércitos secretos en Europa occidental: creada fuerza paramilitar para resistir ocupación soviética», se podía leer que un «representante [anónimo] del gobierno de los Estados Unidos familiarizado con la Operación Gladio» había declarado que Gladio era «un problema estrictamente italiano sobre el cual nosotros no tenemos ningún tipo de control» y agregó «pretender, como hacen algunos, que la CIA está implicada en actos terroristas en Italia es completamente absurdo» [55]. Las investigaciones subsiguientes demostraron que aquella declaración de la CIA era completamente absurda [56].

(Continuará…)
Notas:

[1] Honorable Men: My life in the CIA, por William Colby, Simon & Schuster, New York (1978), p.100. Versión francesa: 30 ans de CIA , Presses de la Renaissance, París (1978).

[2] Aunque desde el punto de vista estadounidense, los combates se terminan con la capitulación de Japón, el 15 de agosto de 1945 (Victory over Japan Day), la guerra continúa hasta la firma de los tratados. El propio Truman no proclamó el fin de las hostilidades hasta el 31 de enero de 1946. NdlR.

[3] El texto íntegro del memorando se publicó en Donovan and the CIA: A History of the Establishment of the Central Intelligence Agency, por Thomas F. Troy (Univ Pubns of Amer, 1981), pp. 445-447. NdlR.

[4] Walter Trohan en el diario estadounidense The Chicago Tribune del 9 de febrero de 1945.

[5] Referido en Christopher Andrew, For the President’s Eyes Only: Secret Intelligence and the American Presidency from Washington to Bush (HarperCollins, New York, 1995), p.164.

[6] The NSC staff: counselling the council, por Christopher Shoemaker, prefacio de Zbigniew Brzezinski (Westview Press Inc, 1991), p.1.

[7] John Prados, Keepers of the Keys: A history of the National Security Council from Truman to Bush (William Morow, New York, 1991), p.567. John Prados era ya el autor del muy interesante Presidents’ Secret Wars: CIA and Pentagon Covert Operations since World War II (William Morrow, New York, 1986). Anterior al descubrimiento de los ejércitos secretos en Europa occidental, ese libro no contiene ninguna referencia al Gladio.

[8] El presidente Obama acaba de extender todavía más los poderes del NSC, bajo la influencia de Brent Scowcroft y de Henry Kissinger. NdlR.

[9] Containment: Documents on American Policy and Strategy 1945–1950, por Thomas Etzold y John Gaddis (Columbia University Press, New York, 1978), p.12.

[10] Puppetmasters: The Political Use of Terrorism in Italy, por Philip Willan (Constable, Londres, 1991), p.20.

[11] Fragmento Andrew, Eyes Only, p.171.

[12] Andrew, Eyes Only p.171.

[13] Texto íntegro de este documento (en inglés)

[14] The Central Intelligence Agency: An Instrument of Government to 1950, por Arthur B. Darling (Pennsylvania State University Press, University Park, 1990), p.245.

[15] Darling, Agency, p.246.

[16] Texto íntegro de este documento (en inglés).

[17] Todos los historiadores que han investigado el tema han demostrado la fundamental importancia del NSC 10/2 para los ejércitos secretos anticomunistas creados en Europa occidental. Ver Jan de Willems (ed.), Gladio (Editions EPO, Bruselas, 1991), p.145; Jens Mecklenburg (ed.), Gladio: Die geheime Terror organisation der Nato (Elefanten Press, Berlín, 1997), p.17 y 51; Leo Müller, Gladio – das Erbe des Kalten Krieges. Der Nato-Geheimbund und sein deutscher Vorläufer (Rowohlt, Hamburgo, 1991), p.63.

[18] Fragmento de Andrew, Eyes Only, p.171. Allen Dulles, director de la CIA de 1953 hasta 1961, recordó en privado al presidente Truman que no podría rehuir su propia responsabilidad en las operaciones especiales desarrolladas en Grecia, Turquía, Italia o Filipinas. Dulles escribió a un consejero jurídico de la CIA: «En ningún momento Truman expresó una opinión contraria a la mía» (ibid).

[19] Andrew, Eyes Only, p.198.

[20] Texto íntegro de este documento (en inglés).

[21] George Kennan citado por Etzold y Gaddis, Containment, p.125.

[22] United States Senate. Final Report of the Select Committee to Study Governmental Operations with respect to Intelligence activities. Book IV: Supplementary detailed staff reports on foreign and military intelligence, p.36.

[23] El embajador Frank Wisner Jr., hijo de Frank Wisner, se casó con Christine de Ganay, divorciada de Pal Sarkozy de Nagy-Bocsa, padre del presidente francés Nicolas Sarkozy. NdlR.

[24] The Man Who Kept the Secrets: Richard Helms and the CIA, por Thomas Powers (Weidenfeld and Nicolson, Londres, 1980), p.37. Al parecer, no existe ninguna biografía de Frank Wisner. El texto mejor documentado sobre este personaje es, por lo tanto, la biografía de Richard Helms realizada por Powers. Helms trabajó primeramente en el departamento de operaciones clandestinas de Frank Wisner, antes de sustituirlo en 1958 poniéndose al mando de las operaciones especiales. [25] Powers, Helms, p.32.

[26] Darling, Agency, p.279.

[27] «Service secrets, guerre froide et ‘stay-behind. 2e partie’: La mise en place des réseaux» [En español, «Servicios secretos, guerra fría y ‘stay-behind’. Segunda parte: La instalación de las redes»], por Pietro Cedomi, en la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, septiembre/octubre de 1991, p.78.

[28] Powers, Helms, p.48. Andrew da las mismas cifras en Eyes Only, p.193.

[29] General Walter Bedell Smith as Director of Central Intelligence, por Ludwell Montague (Pennsylvania University Press, University Park, 1992), p.209. Se trata de un libro que hubiese podido ser interesante de no haber sido ampliamente mutilado por la CIA. La mitad de los párrafos de esta obra incluyen la mención «[una línea suprimida], [tres párrafos suprimidos], [siete líneas suprimidas]» etc… Hace un siglo, el brillante escritor estadounidense Mark Twain escribía en Following the Equator (1897): «Gracias a Dios, disponemos en nuestro país de tres bienes fundamentales: la libertad de palabra, la libertad de pensamiento y la prudencia de no utilizar ni la una ni la otra.»

[30] Montague, Smith, p.213.

[31] Colby, Honorable Men, p.83.

[32] Ibid., p.81 and 82.

[33] Ibid., p.83.

[34] Este documento, descubierto por el autor, no fue mencionado durante las revelaciones sobre el Gladio a pesar del incuestionable interés que presenta en el marco de las investigaciones sobre el órgano de mando del Gladio, el CPC. Nota de servicio del general Leon W. Johnson, representante de los Estados Unidos en el comité militar activo de la OTAN, fechada el 3 de enero de 1957 y dirigida al Consejo del Estado Mayor Interarmas sobre la inteligencia clandestina. El documento estuvo clasificado como top secret y fue desclasificado en 1978. Descubierto en los archivos informatizados del Declassified Documents Reference System en el LSE de Londres.

[35] Legendaria figura de la contrainsurgencia, el coronel Aaron Bank recibió en 2002 (a los 100 años de edad) una solicitud en la que el presidente George W. Bush le pedía que se ocupara de supervisar las operaciones contra los talibanes en Afganistán. Falleció 2 años después. NdlR.

[36] A raíz de la moda de la contrainsurgencia, en la época de la administración Kennedy, todos los servicios de las fuerzas armadas estadounidenses se apresuraron a crear sus propias «unidades de operaciones especiales». Fue en esa época que la US Navy creó las unidades SEAL (siglas de «Sea, Air, Land», o sea Mar, Aire, Tierra) entrenadas para saltar en paracaídas sobre el agua, en traje de buceo, y equipadas para volar barcos y para combatir en tierra después de salir del agua.

[37] From OSS to Green Berets: The Birth of Special Forces, por el coronel Aaron Bank (Presidio Press, Novato, 1986), p.175–176.

[38] Bank, Special Forces, p.168–169.

[39] Publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, p.84. Publicación política austríaca Zoom, N°4/5, 1996: «Es muss nicht immer Gladio sein». Attentate, Waffenlager, Erinnerungslücken, p.61.

[40] Mecklenburg, Gladio, p.50.

[41] Gladio, por Gerardo Serravalle (Edizioni Associate, Rome, 1991), p.90.

[42] Powers, Helms, p.89.

[43] Publicación mensual británica Searchlight, enero de 1991.

[44] «Service secrets, guerre froide et ‘stay-behind. 2e partie’: La mise en place des réseaux» [En español, «Servicios secretos, guerra fría y ‘stay-behind’. Segunda parte: La instalación de las redes»], por Pietro Cedomi en la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, septiembre/octubre de 1991, p.77.

[45] Powers, Helms, p.77.

[46] Blowback. America’s Recruitment of Nazis and its Effects on the Cold War, por Christopher Simpson (Weidenfeld and Nicolson, Londres, 1988), p.289. Powers, Helms, p.77.

[47] Discurso de Richard Helms, director de la CIA, en los funerales de Frank Gardiner Wisner, 1909–1965. Encontrado en los archivos informatizados del Declassified Documents Reference System.

[48] «An International Story. The CIA’s Secret Armies in Europe», por Jonathan Kwitny en la publicación estadounidense The Nation del 6 de abril de 1992, p.444–448, p.445.

[49] Ver «Opération Phénix», por Arthur Lepic, Réseau Voltaire, 16 de noviembre de 2004. NdlR.

[50] Diario británico The Times del 7 de mayo de 1996.

[51] The Fire this Time: US War Crimes in the Gulf, por Ramsey Clark (Thunder’s Mouth Press, New York, 1992), p.31.

[52] La audiencia en cuestión había sido organizada por una especialista en relaciones públicas, Victoria Clarke, quien se convirtió en 2001 en la vocera del secretario de Defensa Donald Rumsfeld. NdlR. [53] Clark, Fire, p.32.

[54] Resolución del Parlamento Europeo sobre el escándalo del Gladio, adoptada el 22 de noviembre de 1990.

[55] «CIA Organized Secret Army in Western Europe; Paramilitary Force Created To Resist Soviet Occupation», por Clare Pedrick, The Washington Post del 14 de noviembre de 1990. El otro único artículo en que aparece la palabra Gladio se publicó el 8 de agosto de 1993 y solamente se refería a Italia («Everybody in Italy Wants Change’; Talk Is of Revolution, But Bombings Raise Question: At What Price?», por Steve Coll). En Europa, la cobertura mediática fue más importante. El Washington Post sólo publicó 2 artículos mientras que en el mismo periodo el diario británico The Guardian publicó 39 artículos, que abordaban además los casos de numerosos países.

[56] Diario británico The Independent del 1º de diciembre de 1990.
Daniele Ganser

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viernes, 25 de diciembre de 2009

11 de marzo de 2004 en Madrid: ¿fue realmente un atentado islamista?


por Mathieu Miquel

Una serie de atentados enlutó Madrid hace cinco años. La justicia española concluyó que aquella operación, atribuida sucesivamente a la ETA y después a Al Qaeda, fue de inspiración islamista, aunque no vinculada con redes internacionales.

La prensa española, con el diario El Mundo a la cabeza, está poniendo hoy en entredicho esa conclusión, de evidente carácter político. Como en los casos de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, o los de Bali, Casablanca y Londres, veamos un análisis sobre la cuestión.
19 de octubre de 2009
Primera parte

192 muertos y 1 800 heridos. El atentado de Madrid constituye un verdadero trauma para la sociedad española, sobre todo porque la polémica sobre los verdaderos autores del atentado no ha terminado aún. El 11 de marzo de 2004, siendo alrededor de las 7 horas y 40 minutos de la mañana, diez bombas estallan en cuatro trenes en el espacio de unos pocos minutos. La fecha parece haber sido escogida cuidadosamente ya que los hechos se producen a sólo tres días de las elecciones generales a las que el Partido Popular (de derecha) del presidente saliente José María Aznar se presenta como favorito.

Las sospechas de la prensa y de la mayoría de los españoles se dirigen de inmediato hacia la ETA, el grupo nacionalista vasco, hacia el cual el presidente del gobierno saliente ha predicado una política de fuerza. Pero al producirse el arresto de un grupo de sospechosos marroquíes, la víspera de las elecciones, las sospechas de la opinión pública van a reorientarse hacia Al Qaeda.

El ataque pudiera ser una represalia por la participación de España en la guerra contra Irak, aunque las autopsias demuestran que no hubo ningún kamikaze. El posterior empecinamiento del gobierno de Aznar en condenar a la ETA es interpretado como el resultado de un cálculo electoral y la votación del 14 de marzo da la victoria al Partido Socialista de José Luís Zapatero. Tres semanas más tarde, el 3 de abril, 7 sospechosos magrebíes «se suicidan» al hacer estallar el apartamento en que se encontraban rodeados por la policía. La instrucción de la investigación durará más de dos años hasta que se abre el juicio por el atentado, en febrero de 2007.

La justicia confirma la tesis del atentado islamista pero los supuestos organizadores del atentado resultan absueltos. Sólo uno de los acusados es encontrado culpable de haber puesto bombas en los trenes y la mayoría de los 29 inculpados son condenados por ser miembros de grupos yihadistas, no por estar implicados en el atentado. El proceso de apelación confirma esa sentencia en julio de 2008.

En España, una intensa polémica se desarrolla aún sobre ese atentado, designado como «11-M». La prensa extranjera prácticamente se ha abstenido de reportar la polarización de los medios españoles en cuanto al tema [1]. Los dos principales diarios de España se oponen, en efecto, con rudeza al abordar los atentados del 11 de marzo.

Según El País (diario atlantista de centro izquierda), no existen dudas válidas sobre la tesis islamista, mientras que para El Mundo (periódico soberanista de centro derecha) la tesis islamista no es más que un montaje policial. El periodista más emblemático entre los defensores de esa opinión es sin dudas Luís del Pino, que trabaja para Libertad Digital, el primer diario numérico de España, y es además el autor de varios libros y documentales de TeleMadrid [2] sobre el tema. Otros medios, más dispuestos a tratar de desacreditar que a emprender un debate argumentado, califican la posición de Luís del Pino de teoría de la conspiración o de «consparanoia».

La división existe incluso entre los escépticos que se oponen a la tesis del atentado islamista. Algunos incriminan a la ETA mientras que otros sospechan de los servicios secretos, tanto de los españoles como de los extranjeros. Nuestro artículo no abordará el tema de los verdaderos autores del atentado sino que se limitará a demostrar que la versión oficial es falsa.

Como la justicia española ha avalado la tesis del atentado islamista, es esencial comenzar por la exposición de esa tesis. Por increíble que pueda parecer, las pruebas que supuestamente la confirman no resisten sin embargo el rigor de un análisis. Y el comportamiento sospechoso de ciertos elementos del aparato policial indica claramente la existencia de una voluntad de sabotear la investigación. Todas las informaciones expuestas en este artículo provienen de los medios españoles anteriormente citados y de los documentos judiciales oficiales, como el acta de inculpación, las audiencias del proceso y el veredicto.

La piste islamista
La tesis del atentado islamista es la conclusión final de una investigación que se desarrolló a partir de dos pistas. Expondremos aquí la marcha de esa investigación, poniendo énfasis en las pruebas aceptadas por la justicia española [3]. La primera pista de la investigación parte de una bomba que no estalló. Tres de las bombas depositadas en los trenes tenían un defecto y no estallaron. Se supo así rápidamente que las bombas estaban en bolsos de mano o en mochilas. En la mañana del 11 de marzo, los especialistas en explosivos neutralizaron dos de ellas mediante explosiones controladas.

Pero nadie reparó en la tercera mochila y ésta fue depositada junto a los objetos abandonados de las víctimas. Fue en el momento de inventariar dichos objetos que se descubrió la mochila que contenía la bomba, en la comisaría del barrio de Vallecas, durante la noche del 11 al 12 de marzo. Aquella bomba, conocida como «la mochila de Vallecas», se componía de 10 kilogramos de dinamita del tipo «Goma 2 Eco», metralla, un detonador y un teléfono celular (o móvil) que debía desencadenar la explosión a través de la función de despertador.

El teléfono contenía una tarjeta SIM que, al ser rastreada a través de la red de venta, permitió determinar dónde se había comercializado. El rastreo condujo a un establecimiento de Madrid especializado en la venta de artículos telefónicos, perteneciente a un marroquí, Jamal Zougam. Basándose en esos elementos, la policía arresta a Zougam, a dos de sus empleados y a dos indios que supuestamente habían vendido el teléfono. Estos arrestos tienen el 13 de marzo, víspera de las elecciones. Los medios anuncian los arrestos y dan amplia divulgación a las fotos de los sospechosos. En los días posteriores varios pasajeros del metro dicen haber visto a los detenidos en los trenes atacados. Finalmente, al cabo de varias semanas, la inconsistencia de los testimonios da lugar a la liberación de 4 de los 5 sospechosos. Zougam se mantiene en prisión ya que los testimonios en su contra parecen más sólidos.

La otra pista que sirve de punto de partida a la investigación son las revelaciones de Rafa Zouhier, un narcotraficante marroquí de poca monta, confidente de la Guardia Civil (la segunda fuerza policial de España [4]). A los pocos días del atentado este individuo dijo a la policía, en una conversación telefónica grabada, que abrigaba fuertes sospechas sobre un tal Jamal Ahmidan, alias El Chino. El Chino es otro traficante marroquí de poca monta y Zouhier lo había puesto en contacto con una banda de Asturias (región del norte de España) sospechosa de traficar, entre otras cosas, con explosivos originalmente destinados a la actividad minera.

Un miembro de aquella banda, Emilio Trashorras, confirma a la policía haber proporcionado al Chino explosivos del tipo Goma 2 Eco, afirmación corroborada por un joven gitano que participó en la transacción. Por otro lado, las comunicaciones entre varios miembros de la banda del Chino estaban siendo interceptadas en el marco de una investigación sobre tráfico de drogas, y las grabaciones confirman que aquellas personas habían viajado a Asturias.

Las dos pistas de la investigación conducen a personajes completamente diferentes. Por un lado, a Zougam, y por el otro, al Chino y su banda. No se descubre ningún vínculo personal entre ambos. La única conexión viene de 7 tarjetas SIM cuyos números aparecen durante el rastreo a través de la red de comercialización de teléfonos. Y vinculan al Chino porque el operador telefónico Amena declara que las tarjetas fueron puestas en funcionamiento por vez primera el día anterior al atentado y en la zona de cobertura de una antena que cubre la casa del Chino.

Al parecer, los explosivos se encontraban en aquella casa y la elaboración de las bombas se desarrolló en ese mismo lugar. Después de su activación, no se registró más actividad de las 7 tarjetas SIM, lo cual parece indicar que fueron utilizadas para hacer estallar las bombas. Se establece así el vínculo entre Zougam y la banda del Chino.

Cerca del mediodía del 3 de abril, o sea tres semanas después del atentado, la policía localiza finalmente la banda del Chino en un apartamento de Leganés, en las afueras de Madrid. Al descubrir la presencia de la policía, los sospechosos se niegan a rendirse y llegan a abrir fuego. Al caer el día, el GEO (Grupo Especial de Operaciones de la policía española) lanza un asalto para tratar de capturar a los miembros del comando terrorista. Los servicios de inteligencia advierten a la policía que los sospechosos rodeados han realizado varias llamadas telefónicas en las que anuncian que tienen intenciones de suicidarse. La policía fuerza la puerta del apartamento y se produce una explosión en la que mueren los 7 sospechosos y un policía del GEO.

Entre los escombros del apartamento aparecen explosivos del tipo Goma 2 Eco, algunos textos y un video reclamando la autoría del atentado, pero las personas que aparecen en el video no son identificables ya que portan máscaras. Al igual que El Chino, la mayoría de los 7 muertos son narcotraficantes de poca monta. Los demás son miembros de círculos islamistas radicales. La sentencia del juicio establece como conclusión que estas personas depositaron las bombas, con la participación de Zougam, y que planeaban cometer otros atentados en la región de Granada, donde habían alquilado un apartamento.

Cierto número de indicios secundarios corroboran las conclusiones de esa investigación. Entre ellos se menciona una furgoneta Renault Kangoo ya que se trató del primer elemento importante encontrado durante la investigación y su hallazgo provocó numerosas polémicas. Este vehículo se hallaba en el parqueo de la estación del metro de Alcalá, por donde pasaron todos los trenes que estallaron el 11 de marzo. Un conserje del barrio declaró que en la mañana del 11 de marzo había visto tres individuos sospechosos merodeando alrededor de la Kangoo. Estaban prácticamente enmascarados con bufandas y gorros y uno de ellos se dirigió hacia la estación del metro con un bolso.

Hacia el final de la mañana, la policía abre la furgoneta y la inspecciona. Dos perros entrenados en detección de explosivos verifican la Kangoo sin encontrar nada sospechoso. Al encontrarse en la lista de vehículos robados, la furgoneta es trasladada a una dependencia de la policía. Allí, después de una nueva inspección, aparecen en la furgoneta 7 detonadores, un fragmento de explosivo del tipo Goma 2 Eco envuelto debajo de un asiento y, lo más importante, un casete de audio con una grabación del Corán, que tendrá un impacto decisivo en la opinión público española. El veredicto del juicio concluye que el objetivo del comando terrorista era imponer la ley islámica en Europa mediante la fuerza y que el grupo se inspira en el ejemplo de Al Qaeda, sin estar por ello vinculado a esa organización [5].

Las grietas del veredicto
Acabamos de exponer aquí todas las pruebas importantes que sirvieron de basamento a la tesis del atentado islamista. Todas, sin embargo, están plagadas de elementos sospechosos, como veremos a reanalizarlas una por una. La prueba material fundamental es una de las bombas que no explotó el 11 de marzo: la que apareció en la mochila de Vallecas. Graves sospechas de falsificación existen, sin embargo, en cuanto a su composición así como en lo tocante a las circunstancias en que se produjo el hallazgo. En primer lugar, la bomba no explotó porque había un cable que simplemente no estaba conectado. El especialista en explosivos encargado de desactivarla declaró en el juicio que aquella «chapuza» no se correspondía con la complejidad del resto del dispositivo [6]. Existe, además, una diferencia esencial entre la composición de la bomba encontrada y las que sí estallaron.

La mochila de Vallecas contenía 640 gramos de tornillos y clavos que debían servir de metralla. Sin embargo, las autopsias revelaron que ninguna de las víctimas había sido alcanzada por proyectiles metálicos [7]. Y, según los policías que las manipularon, las dos bombas desactivadas en la mañana del 11 de marzo tampoco contenían ese tipo de proyectiles. ¿Qué motivó a los terroristas a poner metralla en una sola bomba? Y, finalmente, las circunstancias del hallazgo de la mochila de Vallecas son confusas.

Durante el juicio, los especialistas en explosivos explicaron que ellos habían registrado 4 veces todos los objetos abandonados en los vagones y certificaron que era imposible que la bomba encontrada estuviese entre ellos [8]. Su origen resulta más dudoso todavía debido a que los objetos abandonados entre los que fue encontrada aquella bomba fueron transportados 3 veces a lo largo de la jornada del 11 de marzo, no siempre bajo la mejor vigilancia [9] y acabaron en la comisaría de Vallecas, contrariamente a lo que había ordenado el juez.

Si se agrega a esto los testimonios contradictorios sobre el momento en que fue descubierta [10], el hecho que no se menciona la bomba en los inventarios de objetos abandonados [11]] y el hecho que no hay fotos de la bomba anteriores al momento en que fue desmantelada, la inconsistencia de dicha prueba resulta evidente. A pesar de lo anterior, el tribunal la utilizó como elemento clave al rendir su veredicto.

La investigación a través de la red de comercialización de teléfonos concluyó que la tarjeta SIM encontrada en la mochila de Vallecas había estado en venta en el establecimiento de Zougam. ¿En qué se basa la investigación para llegar a esa conclusión? Antes de su venta al consumidor en un establecimiento, las tarjetas SIM pasan generalmente por las manos de 3 o 4 intermediarios. Pero sólo los primeros intermediarios mencionan en sus facturas el número de identificación de cada tarjeta SIM vendida. Los siguientes sólo anotan la cantidad total de tarjetas SIM.

En este caso, no existe una factura que pruebe que la tarjeta SIM incriminada fue vendida a Zougam [12]. Lo único que permite llegar a esa conclusión es el testimonio de su proveedor, que dice recordar específicamente la venta de esa tarjeta SIM entre cientos de otras tarjetas. Aceptemos, sin embargo, ese elemento como prueba suficiente y sigamos examinando el curso de la investigación.

El hecho de haber vendido una tarjeta SIM no hace al vendedor responsable del posible uso delictivo que el comprador pueda darle a dicha tarjeta. Pero Zougam había aparecido como testigo en una investigación anterior sobre terroristas islamistas. Al parecer fue ése el único argumento que motivó su arresto el 13 de marzo, ya que ningún testigo lo había descrito ni lo había identificado antes de aquella fecha. Un reanálisis del comportamiento de Zougam hasta el momento de su arresto permite comprobar que al parecer cometió una serie de imprudencias realmente increíbles. Primeramente, utilizó una tarjeta SIM en venta en su propio establecimiento para confeccionar la bomba de Vallecas.

En segundo lugar, dejó esa tarjeta SIM en el teléfono a pesar de que ésta no era necesaria para el uso de la función de despertador. Y, en tercer lugar, prosiguió su actividad normal hasta el día de su arresto, en la tarde del 13 de marzo, a pesar de que toda España sabía desde el 12 de marzo por la mañana que la policía había desmantelado una de las bombas. A partir de aquel momento, Zougam tenía que saber que los investigadores tenían en su poder una tarjeta SIM que los conduciría hasta él. Pero no trató de esconderse ni huir. La incoherencia de ese comportamiento lleva a dudar de su culpabilidad.

Los medios dan amplia difusión a los arrestos del 13 de marzo y a las fotos de los sospechosos. Pasajeros de los trenes atacados se presentan espontáneamente para prestar testimonio sobre los sospechosos vistos en los trenes el 11 de marzo. Algunos de esos testimonios implican a Zougam y constituyen la única prueba de su implicación en el atentado. También se trata en este caso de una prueba increíblemente inconsistente, en relación con la gravedad de los hechos.

El primer problema reside en la difusión de la foto de Zougam a través de los medios, hecho que impide que los testimonios cumplan una regla fundamental: el recuerdo no debe estar influenciado por otras imágenes vistas después de los hechos. Por otro lado, algunos testimonios no concuerdan en cuanto al recorrido que supuestamente hizo Zougam en los trenes, se contradicen en lo tocante a su descripción, a cómo estaba vestido o afirman que depositó un bolso en un lugar donde no explotó ninguna bomba [13].

Finalmente el veredicto de octubre de 2007 sólo tiene en cuenta 3 testimonios que incriminan a Zougam [14]. En el juicio de apelación, en julio de 2008, la corte invalida uno de esos 3 testimonios ya que el testigo había prestado su declaración ante el juez de instrucción en vez de hacerlo ante el tribunal, al que ni siquiera fue convocado, lo cual impidió que la defensa de Zougam pudiera interrogarlo a pesar de las dudas existentes sobre su declaración. Por ejemplo, según ese testigo el sospechoso se bajó del tren, saliendo al andén, y después volvió al mismo vagón pasando por la puerta que comunicaba con el otro vagón, comportamiento extrañamente indiscreto tratándose de alguien que está poniendo bombas. Sólo quedan, por lo tanto, dos testimonios que acusan a Zougam y los dos provienen de dos amigas rumanas que viajaban juntas. La primera se presentó como testigo tres semanas después del atentado.

En aquel momento su descripción del sospechoso es muy somera: un individuo de 1 metro 80 de estatura, de complexión física media, que llevaba un bolso. Sin más detalles. Pero esa misma descripción se va precisando días después, cuando la policía le muestra una serie de fotos entre las que ella reconoce a Zougam: cabello hasta los hombros, nariz más bien gruesa, barba de chivo, labio inferior más grueso que el superior, etc. Es lícito preguntarse entonces si lo que está describiendo esta testigo no es más bien lo que ve en la foto en vez de lo que recuerda. También van cambiando sus declaraciones sobre otros detalles, como la posición del vagón en el tren. Al cabo de un año, la testigo recuerda que el sospechoso la empujó, justificando así por qué recordaba su rostro, y dice entonces por vez primera que ella misma viajaba con una amiga, que se convierte así en el segundo testigo acusatorio contra Zougam.

¿Por qué pasó todo ano sin que mencionara a la amiga que viajaba con ella? ¿Por qué esa otra testigo esperó un año antes de manifestarse? ¿Qué podía recordar aún esa nueva testigo al cabo de todo ese tiempo? ¿Puede considerarse su testimonio como independiente del de su amiga? Y es precisamente sobre la base de esos dos dudosos testimonios que se pronuncia la única condena por la ejecución material del atentado del 11 de marzo. Por su parte, Zougam negó siempre toda implicación en el atentado.

Todas las demás personas que supuestamente pusieron bombas perecieron el 3 de abril en la explosión del apartamento de Leganés, tres semanas después del atentado. Una importante consecuencia de la muerte de esas personas es que la investigación no reconstruyó el papel exacto de cada una de esas personas en la realización del atentado, concentrando entonces la atención en los inculpados. La justicia reconoce en su veredicto que se ignora cuáles de entre esas 7 personas se dedicaron a poner las bombas y dónde lo hicieron [15].

Lo anterior contrasta con el caso de Zougam, claramente acusado de haber puesto las bombas en el tren que explotó en la estación Santa Eugenia. Después de haber visto el trabajo que costó mantener el expediente de la acusación contra Zougam, se puede pensar que la ausencia de información [sobre las personas muertas en Leganés] resultó paradójicamente beneficiosa para los encargados de demostrar la culpabilidad de esos 7 sospechosos ya que evitó toda confrontación con la realidad. La investigación se enfocó entonces en demostrar que la muerte de aquellas personas en el apartamento de Leganés fue un suicidio, suicidio que fue utilizado como prueba del fanatismo de los sospechosos mientras que el descubrimiento de documentos que reclamaban la autoría del atentado entre las ruinas del apartamento era interpretado como una confesión póstuma.

Las circunstancias en que se descubre aquel apartamento, en momentos en que los 7 sospechosos se encontraban allí, siguen siendo confusas. Durante mucho tiempo, la policía habló de un tiroteo callejero entre varios de sus agentes y una banda de magrebíes. El incidente supuestamente desembocó en una persecución que llevó a la banda a refugiarse en el apartamento de Leganés [16]. Pero este episodio desaparece posteriormente del discurso oficial para dar paso a otra explicación.

Según ésta, la policía pasó revista a la lista de llamadas de un teléfono sospechoso de pertenecer al comando terrorista. Al llamar a uno de los números de esa lista, la policía entró en contacto con un propietario que afirmaba haberle alquilado un apartamento en Leganés a un grupo de árabes desde hacía un mes. Esa es la versión del descubrimiento del apartamento que se menciona en el veredicto, en el que se ignora totalmente el episodio de la persecución.

La policía rodea entonces el apartamento, en la tarde del 3 de abril. Hacia las 21 horas, el GEO emprende el asalto, de forma precipitada según los miembros de esa brigada [17]. Pero antes de lograr entrar, estalla el apartamento, causando la muerte de sus 7 ocupantes y de un miembro del GEO. Debido al estado de los cadáveres, se hace necesario recurrir a las huellas digitales o al ADN durante el proceso de identificación. La investigación concluye que se trata de un suicidio colectivo, pero el carácter suicida de la explosión no está tan claramente establecido como se afirma en el veredicto.

Antes del asalto del GEO y la explosión, los vecinos habían oído disparos, gritos e incluso cánticos en árabe provenientes del apartamento. Pero nadie pudo ver claramente a los sospechosos. Y no existen huellas ni registro alguno de los impactos de bala que deberían existir en en el lugar después del intercambio de disparos [18]. El argumento decisivo para sostener la tesis del suicidio es que los sospechosos supuestamente se comunicaron por teléfono con sus familias durante el asedio para despedirse de ellas. Durante el juicio, el único familiar citado como testigo de esas llamadas fue el hermano de uno de los 7 sospechosos, Abdenabi Kounjaa.

Este testigo declaró que no pudo reconocer la voz de su hermano durante la llamada, y que pensó que no era él [19], razón por la cual avisó de inmediato a la policía y no devolvió la llamada a su hermano para convencerlo de no suicidarse. Ese testimonio pone seriamente en duda la autenticidad de las llamadas, sobre si se tiene en cuenta que ningún otro familiar fue citado al juicio como testigo.

El expediente de la instrucción contiene 3 informes sucesivos sobre esas llamadas, pero no aporta mayores aclaraciones sobre el asunto. Cada informe contradice el anterior en numerosos aspectos: los teléfonos utilizados, la identidad de algunos destinatarios de las llamadas y la cantidad de llamadas realizadas a algunos destinatarios [20]. Tantas divergencias justifican las dudas en cuanto a la confiabilidad de tales datos.

¿Realmente se suicidaron los sospechosos? ¿Qué circunstancias determinaron la presencia de estos en aquel apartamento? El 3 de abril hacía ya 4 días que los medios venían anunciando que estaban siendo buscados y que sus fotos habían sido divulgadas. En ese contexto, reunirse todos en un apartamento de las afueras de Madrid, en vez de escapar cada uno por su lado, resultaba una gran imprudencia. Y ¿por qué esperarían aquellos criminales, que acababan de cometer un crimen masivo, a que la policía evacuara toda la vecindad antes de volar el apartamento? Las incoherencias no se terminan ahí. Quien se interese en los movimientos de los sospechosos entre el atentado y el momento del suicidio se enterará, por ejemplo, de que El Chino estuvo de fiesta con la familia de su mujer 8 días después del atentado, en la misma casa donde supuestamente confeccionó las bombas. El propio perfil de la mayoría de los miembros del comando no se corresponde con el islamismo radical que supuestamente los llevó a perpetrar la masacre y, posteriormente, al suicidio. Cuatro de ellos eran delincuentes de poca monta vinculados al medio del narcotráfico, poco compatible con el islamismo.

El Chino vivía con una española “de sangre”, que se vestía con ropa ligera, y el hijo de ambos iba a una escuela católica [21]. La muerte de aquellos 7 sospechosos permitió, en todo caso, reconstituir un escenario sin entrar demasiado en los detalles, y sin que los acusados pudieran contradecirlo. Por otra parte, periodistas que han tenido acceso al expediente de instrucción [22] ponen en duda el vínculo anteriormente mencionado entre los 7 suicidas y Zougam. Según esos periodistas, no hay en los documentos que proporcionó el operador telefónico Amena nada que indique que las 7 tarjetas SIM en cuestión hayan sido puestas en funcionamiento en la casa del Chino. La defensa mencionó ese problema durante el juicio sin que los empleados de Amena invitados a declarar como expertos pudieran responder a ello [23].

El último elemento importante a favor de la tesis del atentado islamista es la furgoneta Renault Kangoo. El veredicto establece que varios miembros del comando terrorista, sin precisar quiénes [24], utilizaron esa furgoneta para llegar con sus bombas hasta la estación del metro. Por lo tanto, el tribunal no tomó en cuenta el testimonio que prestara –durante el propio juicio– el instructor canino que participó en la inspección de ese vehículo.

Efectivamente, aunque el instructor canino reconoce que es posible que se haya pasado por alto el pequeño fragmento de explosivo, ese mismo especialista declara que la manipulación de bolsos con decenas de kilogramos de explosivos tendría que haber dejado un rastro de olor dentro del vehículo, rastro que su perro habría detectado [25]. Por otro lado, el conserje que llamó la atención de la policía hacia la furgoneta Kangoo declara que le pareció que los individuos eran europeos del este, y la empleada de la estación del metro que le vendió un billete a uno de los individuos afirma que éste hablaba sin acento extranjero [26]. En este punto, resulta nuevamente sorprendente el comportamiento de los sospechosos. ¿Por qué llamar la atención dirigiéndose a la vendedora con el rostro casi enmascarado en vez de comprar el billete en un expendedor automático? ¿Por qué correr riesgos utilizando un vehículo robado sin cambiarle las placas? ¿Y por qué abandonaron los terroristas ese vehículo, sobre todo dejando en él detonadores, explosivos y ropa? Según el acta de inculpación esa ropa contenía muestras del ADN de los sospechosos, pero el veredicto no tuvo esa prueba en cuenta.

Tantos aspectos no aclarados en las pruebas que la sostienen, hacen que la tesis del atentado islamista pierda toda credibilidad. Sobre todo si se tiene en cuenta que este artículo no los menciona todos. En su libro Les Dessous du Terrorisme [27], Gerhard Wisnewski demuestra por ejemplo la incoherencia de los diferentes reclamos islamistas de autoría del atentado. Al aceptar la tesis de la culpabilidad islamista, la justicia española estima de forma sorprendente que esas contradicciones no eran significativas.

La sombra la policía
¿Existen otros elementos que permitan confirmar la tesis del atentado islamista u orientar la investigación en otra dirección? El problema es que los elementos fundamentales de la investigación han sido objeto de negligencias que resultan cuando menos inquietantes. Primeramente, los vagones donde explotaron las bombas fueron destruidos sólo dos días después del atentado [28].

¿Qué necesidad había de deshacerse tan rápidamente de la «escena del crimen»? En 2006, un tren del metro que había sufrido un accidente en Valencia fue conservado 2 años debido a las necesidades de la investigación. La justicia reconoce en su veredicto que muchas dudas hubieran encontrado respuesta si los vagones se hubiesen conservado por más tiempo [29].

La más importante de esas dudas tiene que ver con la naturaleza del explosivo utilizado. El análisis de las sustancias químicas que se depositaron sobre los objetos que se encontraban cerca de las explosiones hubiera aportado la información fundamental de la investigación. Sin embargo, no se sabe aún con precisión qué fue lo que explotó en los trenes, como se reconoce en el veredicto [30]. Veamos por qué no fue posible determinar el tipo de explosivo utilizado. La primera negligencia está en la selección del servicio que realizó el análisis de las muestras. La responsabilidad de ese análisis fue puesta en manos de los especialistas en desactivación de bombas, cuyos laboratorios disponen solamente de medios rudimentarios para el análisis de sustancias explosivas. Según el procedimiento habitual es la policía científica la que hubiese tenido que garantizar esos análisis, precisamente porque dispone de medios mucho más avanzados.

Los resultados del análisis pericial son también muy imprecisos. El informe entregado al juez de instrucción señala la presencia de «componentes genéricos de dinamita» en las muestras. Pero no determina el tipo de dinamita, ¿Titadyne, Goma 2 Eco, Goma 2 EC? Más sorprendente aún, ni siquiera incluye la lista de los componentes químicos encontrados. Ante tanta imprecisión, el tribunal acabó ordenando un nuevo análisis pericial en el momento de la apertura del proceso, en 2007. Desgraciadamente, en el nuevo análisis pericial hubo que utilizar las muestras ya analizadas, al no poder recogerse nuevas muestras debido a la destrucción de los trenes, anteriormente mencionada. Los expertos se quejaron de la poca cantidad de muestras que había conservado la policía y de las graves negligencias que contaminaron aquellas muestras en el transcurso de los análisis anteriores [31]. Finalmente, sus conclusiones no arrojan más luz sobre el tipo de explosivo utilizado ya que en ellas aparece una lista de productos que no corresponde a ningún compuesto de dinamita [32]. Al final de todo ese proceso, se esperaba con especial interés el testimonio de la directora del laboratorio de los especialistas en desmantelamiento de bombas para que contestara a las preguntas sobre el trabajo que había entregado en marzo de 2004. Pero declaró que ella no disponía de los soportes de cromatografía en los que aparecen los elementos químicos [33], ni siquiera disponía de los documentos donde los había anotado durante la realización de su análisis [34]. Provocó sin embargo la sorpresa del tribunal al citar por vez primera el listado preciso de los compuestos químicos hallados explicando que nunca había entregado aquel listado porque nadie se lo había explícitamente [35].

La imprecisión del informe sobre el análisis había dado lugar a una polémica tan grande en toda España durante los 3 años transcurridos entre el atentado y el testimonio de la directora del laboratorio que su explicación es grotesca. ¿Qué crédito puede concederse a esa lista, mencionada únicamente al cabo de 3 años y que corresponde a la composición de la dinamita del tipo Goma 2 Eco?

Sobre la cuestión del explosivo, hay que agregar las dudas que provocó la declaración del jefe de los especialistas en desmantelamiento de bombas que supervisó las operaciones el 11 de marzo. Al ver los daños que habían provocado las bombas, este jefe de especialistas declaró que el visible desgarramiento de las estructuras de los vagones era característico de explosivos de alto poder, de tipo militar, y no de dinamita [36].

Hay que recordar que ciertos explosivos militares no dejan rastros químicos en el lugar de la explosión, lo cual los hace muy difíciles de detectar. Otra fuente de duda es el emplazamiento de las bombas reconstituido en el acta de inculpación [37]. Según ese documento, la mayoría de los bolsos –que contenían 10 kilogramos de explosivo– no estaban escondidos sino que, por ejemplo, habían sido dejados entre dos asientos situados frente a frente cerca de la ventanilla, o en el portaequipaje, o al lado del cesto de basura, o debajo de un asiento plegable (que debería estar cerrado). Sólo una bomba estaba escondida debajo de un asiento no plegable.

¿Por qué los terroristas no trataron de esconder mejor los bolsos? ¿Y cómo es posible que bolsos tan pesados, abandonados en lugares tan visibles, no llamaran la atención de los pasajeros? Para dar respuesta a esas preguntas varios periodistas emitieron la hipótesis de que las bombas fueran de mucho menor tamaño confeccionadas no con dinamita sino con explosivos de alto poder [38]. La dinamita del tipo Goma 2 Eco encontrada en la furgoneta Kangoo, en la mochila de Vallecas y en el apartamento de Leganés no prueba que ese mismo explosivo fuese utilizado para hacer estrellar los trenes. Las sospechas que pesan sobre esas pruebas hacen pensar que se trataba de elementos destinados a desviar la atención de la escena del crimen, o sea de los trenes. Un último ejemplo de negligencia: las grabaciones de las conversaciones entre las patrullas de la policía hubieran permitido aclarar el asunto de la persecución que supuestamente tuvo lugar en Leganés. Pero cuando el juez de instrucción pidió esas grabaciones, la policía respondió que no habían sido conservadas [39].

Más grave que las negligencias es la existencia de fuertes sospechas de falsificación de diferentes elementos de la investigación. Ya mencionamos la mochila de Vallecas, la furgoneta Kangoo y las llamadas telefónicas de adiós de los suicidados de Leganés. Pero existen otros elementos cuya falsificación es tan evidente que el veredicto ni siquiera los tuvo en cuenta, como por ejemplo las conversaciones telefónicas de Rabei Osman, un egipcio que residía en Italia. La policía italiana grabó y tradujo sus conversaciones en 2004, y en una de ellas este individuo supuestamente se atribuía la organización del atentado.

Durante el juicio, nuevas traducidas solicitadas por la defensa mostraron que las frases en las que Osman se atribuía el atentado fueron simplemente inventadas por los traductores italianos [40].

La justicia española se vio por lo tanto obligada a absolverlo de todo vínculo con el atentado, cuando este hombre había sido presentado como el cerebro del grupo islamista. En el veredicto no se designa por lo tanto el organizador del atentado, lo cual provocó la indignación de las asociaciones de víctimas, que presentaron una apelación.

Pero la más notoria falsificación de la investigación es un vehículo Skoda Fabia que la policía encontró cerca de la estación del metro de Alcalá, a 20 metros del lugar donde se encontraba la furgoneta Kangoo. Ese descubrimiento se produjo el 13 de junio de 2004, o sea 3 meses después del atentado. Este segundo vehículo permite reforzar la tesis de que los 7 u 8 terroristas llegaron a Alcalá en auto y también presenta rastros del ADN de uno de los muertos de Leganés. Sin embargo, numerosos observadores dudan que un vehículo estacionado tan cerca de la furgoneta Kangoo haya podido pasar inadvertido durante 3 meses, más aún teniendo en cuenta que su número de inmatriculación ni siquiera figura en los registros recogidos el 11 de marzo.

Esa prueba se mantiene por lo tanto en el limbo hasta junio de 2005, cuando la policía entrega al juez de instrucción el testimonio de un preso chileno. Este individuo dice haber robado el Skoda y haberlo vendido posteriormente a uno de los muertos de Leganés, en octubre de 2003. Pero esta prueba se ve desacreditada nuevamente en marzo de 2006, cuando un periodista del diario El Mundo da a conocer el testimonio de un vigilante de un barrio de Madrid donde el Skoda fue abandonado en noviembre de 2003. Según este nuevo testigo, el vehículo estuvo durante 3 semanas en estacionamiento indebido y recibió numerosas contravenciones, hasta que desapareció.

Al verificar ese testimonio a través de los registros de contravenciones, se pudo comprobar que aquel vehículo estaba implicado en varios delitos, como robos callejeros. Esos delitos habían sido cometidos entre septiembre y octubre de 2003, periodo durante el cual se suponía que estaba en posesión del chileno. Pero hasta entonces la policía, al igual que el chileno, había ocultado totalmente aquellos hechos al juez de instrucción. Cuando quiso interrogar nuevamente al preso sudamericano, el juez se enteró de que éste había sido extraditado a Chile sin que nadie se lo comunicara. A todas estas contradicciones hay que agregar la incoherencia del comportamiento de los terroristas. Para ir a cometer uno de los peores atentados que nunca se hayan visto en Europa no se les ocurrió nada mejor que utilizar un auto robado, implicado en toda una serie de delitos, que había permanecido abandonado en la calle durante un tiempo, que tenía varias contravenciones, y ni siquiera se les ocurrió cambiarle las placas de inmatriculación.

El tribunal no tuvo por lo tanto más remedio que descartar el Skoda de la lista de elementos de prueba del veredicto [41]. Por otra parte, el ADN encontrado en aquella prueba probablemente falsificada hace surgir dudas en cuanto a los rastros de ADN encontrados en la ropa tan «oportunamente» abandonada por los sospechosos en este caso.

Citemos, para terminar, algunos ejemplos de sospechas de falsificación de testimonios. Emilio Trashorras afirmó que la policía le había pedido que inventara el episodio según el cual fue él quien proporcionó los explosivos al Chino [42]. Este testigo pensaba que gozaría de la condición de testigo protegido y que no tendría más problemas con la justicia.

Por su parte, el testigo Hassan Serroukh declaró ante el juez de instrucción que su declaración ante la policía había sido falsificada. Aquel testimonio describía a Zougam como un fanático religioso, cosa que Serroukh dice no haber mencionado nunca [43].

Negligencias, sospechas de falsificación, son numerosas las actuaciones sospechosas de parte de elementos policiales que aparecen en la investigación posterior al atentado. Pero las sospechas se acentúan todavía más al examinar la preparación del atentado presentada en el veredicto. Dos actores claves del atentado son confidentes de las fuerzas de seguridad [44]. El primero, Zouhier, puso al comando terrorista en contacto con un traficante de explosivos. La investigación reveló que la Guardia Civil, que controlaba a este confidente, lo llamó los dos días antes del atentado.

El segundo, Trashorras, es nada menos que el propio traficante de explosivos. Este sostuvo varias conversaciones telefónicas con su contacto en la policía el día antes, el día después y dos días después de haber puesto los explosivos en manos del Chino. Pero el policía asegura que Trashorras no le dijo nada de aquello. Por otro lado, los teléfonos móviles utilizados en la confección de las bombas fueron desbloqueados en un establecimiento perteneciente a un policía de origen sirio, Maussili Kalaji [45].

¡Qué coincidencia que todos estos colaboradores de los terroristas hayan estado vinculados a la policía! Y sobre todo, qué «suerte» que ninguno de ellos los denunciara antes de que cometieran el crimen. Al parecer, los terroristas también tuvieron suerte en lo tocante a la vigilancia de que eran objeto por parte de la policía. Según consta en documentos policiales, desde enero del año 2003 la policía venía vigilando estrechamente un grupo islamista del que formaban parte varios de los terroristas que morirían en Leganés.

En suma, aquel grupo estuvo bajo seguimiento durante 81 jornadas regularmente distribuidas entre enero de 2003 y febrero de 2004. Esa vigilancia parece haberse intensificado durante la primera quincena de febrero de 2004, pero cesa bruscamente el día 17 de febrero, o sea 11 días antes de la operación de entrega de los explosivos, y 24 días antes del atentado [46]. La misma buena suerte acompañará a los dos cómplices del comando terrorista cuyas conversaciones telefónicas estaban siendo interceptadas en el marco de una investigación sobre tráfico de drogas. Las escuchas se suspenden bruscamente el 12 de marzo, el día siguiente del atentado [47]. Veamos un primer ejemplo en el que la silueta de la policía se dibuja detrás de los terroristas.

Después de la explosión del apartamento de Leganés, varios documentos sobre la ETA aparecen entre las ruinas. Se supo posteriormente que esos documentos provenían del apartamento vecino, parcialmente destruido. Aquel otro apartamento estaba ocupado por un policía que, otra coincidencia más, se dedicaba a la lucha antiterrorista [48].

Todos estos comportamientos sospechosos, antes y después del atentado, vinculados a la evidente inconsistencia de la pista islamista, hacen pensar que los verdaderos culpables se encuentran bajo la protección del aparato del Estado. Hay que resaltar, sin embargo, que únicamente una reapertura de la investigación permitirá saber si esas sospechas tienen fundamento. Al revelar testimonios que echan por tierra la versión oficial y al absolver a los presuntos organizadores, el juicio no ha hecho más que confirmar la extrema fragilidad de la tesis del atentado islamista.

En todo caso, en el contexto político, el tribunal no trató de establecer con precisión los hechos. Tenía que confirmar que las acusaciones de José María Aznar contra la ETA eran infundadas, como ya había decidido el más amplio de los jurados populares, los electores. El tribunal tenía además que confirmar que las acusaciones de los neoconservadores en contra de Al Qaeda eran también infundadas, cosa que ya había decidido el nuevo gobierno de José Luís Zapatero.

El tribunal señaló que los primeros indicios habían sido falsificados para acusar calumniosamente a la organización vasca ETA, pero no quiso ir más allá en cuanto a las manipulaciones a las que dedicaron ciertos elementos de la policía. Prefirió, de forma nada sorprendente, contentarse con la hipótesis que le era presentada y que era la única que podía restablecer la calma en la sociedad: la hipótesis de la responsabilidad islamista sin vínculo con Al Qaeda.

Documentos adjuntos
Juicio en primera instancia, Audiencia nacional (31 de octubre de 2007).

(PDF - 2.7 MB)


Veredicto de apelación, Tribunal Supremo (17 de julio de 2008)

(PDF - 2.9 MB)


Mathieu Miquel
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Otros documentos
Auto de procesamiento del 11-M (Pdf en cuatro partes de unos 50 Mgb cada una)
Parte I
Parte II
Parte III
Parte IV
Grabaciones de video de las audiencias
Retranscripciones de las audiencias
Los 192 editoriales que el diario El Mundo dedicó al atentado.


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[1] Ver uno de los pocos artículos en francés que menciona la posición del diario español El Mundo: «Espagne - attentats de Madrid: enjeu politique du procès», Latinreporters.com, 13 de febrero de 2007. Este artículo no aborda, sin embargo, la discusión de las pruebas.

[2] Ambos comentarios (Las Sombras del 11-M y 11-M: 1000 Días Después), muy interesantes para un primer acercamiento rápido al trabajo de Luís del Pino, aparecen en esta página del sitio del colectivo por la reapertura de la investigación.

[3] La presentación de las pruebas en el veredicto (2007) se desarrolla en las partes Hechos Probados (página 172 hasta la 228) y Fundamentos Juridicos (página 423 hasta la 722). Esta argumentación está disponible, en francés, en el blog de Jean Chalvidant, autor de La Manipulation: Madrid, 11 mars, el principal libro publicado en francés sobre ese atentado.

[4] A pesar de su reciente incorporación al ministerio del Interior, la Guardia Civil es esencialmente militar.

[5] Veredicto de apelación, páginas 581-582: «La dependencia ideológica respecto de los postulados defendidos por Al Qaeda resulta asimismo del contenido de las reivindicaciones de la autoría de los actos terroristas y del resto del material incautado.

Sin embargo no aparece relación alguna de carácter jerárquico con otros grupos o con otros dirigentes de esa organización, lo que permite establecer que la célula que operaba en Madrid, en la medida en que ha sido identificada, no dependía jerárquicamente de otra y por lo tanto puede considerarse a los efectos penales como un grupo u organización terrorista diferente e independiente.»

[6] Testimonio del especialista en desmantelamiento de artefactos explosivos, testigo protegido 64501, 19 de marzo de 2007. «no cuadra la concepción del teléfono móvil, porque, aunque es sencilla es muy ingeniosa, (...) y eso no cuadra con la pequeña chapuza entre comillas de no encintar los cables, ¿no?, porque no es lógico.»

[7] Entrevista con Carmen Baladia, jefa de los médicos legales del 11 de marzo, por Luís del Pino para Libertad Digital TV, 23 de enero de 2008. Título de la entrevista: «Pero ni clavos, ni tuercas, ni tornillos. No había metralla entre nuestros 191 muertos.»

[8] Testimonio del jefe de los especialistas en desmantelamiento de artefactos explosivos de Madrid, testigo protegido 28296, 14 de marzo de 2007. «Lo que sí estoy totalmente convencido es de que después de la revisión de los TEDAX que trabajaron allí, no había ni una sola mochila que contuviese un artefacto explosivo. Y eso se lo puedo asegurar.»

[9] «La fiscal prescinde del testigo clave de la custodia de la mochila de Vallecas», El Mundo, 21 de marzo de 2007.

[10] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 24 « Llámame».

[11] Veredicto (2007), página 517: «Lo cierto es que, como pusieron de manifiesto varias partes, en esa relación no aparece la bolsa de deportes que contenía el explosivo.»

[12] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 17 «Los intocables».

[13] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 21 «Déjà vu» [En francés en el texto].

[14] «La Sentencia del 11M. La autoría material (II)», por Lucía Velasco, Asturias Liberal, 1º de septiembre de 2008.

[15] Veredicto de apelación (2008), página 7: «tres miembros de la célula terrorista descrita, sin que se tenga la certeza absoluta de sus identidades, se desplazaron hasta la localidad de Alcalá de Henares en una furgoneta blanca (...) Al tiempo, otros miembros del grupo hacían lo mismo subiendo a los trenes en lugares no determinados.»

[16] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 20 «La busca», párrafo «¿Cómo llegó la Policía al piso de Leganés?».

[17] «Nos llaman héroes (...) y somos tontos por ir donde fuimos», Cadena SER.com, 7 de abril de 2004 (la Cadena SER es la estación de radio de mayor audiencia en España) «Algunos de los agentes de operaciones especiales que participaron en el asalto del piso de Leganés el pasado sábado cuestionan la forma en la que se ordenó el asalto al inmueble. Este es el testimonio íntegro recogido por la Cadena SER.»

[18] «Las piedras de Pulgarcito», por Fernando Mugica, El Mundo, 11 de marzo de 2005: «Trescientas por minuto es la cadencia de disparo de esas armas. Pero en la relación exhaustiva de los Tedax y de la Policía Científica no existen las vainas de los cartuchos presuntamente disparados por esas ametralladoras. ¿Y dónde están los impactos de esas balas? ¿Y la marcación exacta de sus trayectorias, como se hace siempre en cualquier investigación policial?)

[19] Testimonio de Abdelkader Kounjaa, 9 de abril de 2007. El testigo declara 3 veces que no reconoce la voz de su hermano. Veamos: «la voz que tenía… que tenía duda como no si fuera mi hermano. Y le digo: ¿quién es ? Y me dice: Soy Abdulá. Y le digo: ¿quién es Abdulá? Tu hermano.» Es importante señalar que, al ignorar totalmente las dudas expresadas en este testimonio, el veredicto lleva la incoherencia al extremo de citarlo como prueba de la autenticidad de las llamadas de adiós (páginas 568-569).

[20] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 6 «Las llamadas de Leganés».

[21] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 2 «El cuento de El Chino», párrafo «Un terrorista hacendoso».

[22] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 39 «Los registros de Amena», párrafo «¿Qué pasa con las 7 tarjetas?»

[23] Testimonio de los expertos en telefonía, 21 de mayo de 2007. Pregunta de la defensa de Zougam: «¿Podrían indicar ustedes exactamente en qué folio de este informe se encuentra el dato que les permite afirmar que se encendieron esas 7 tarjetas en Morata?» Los expertos no logran aportan una respuesta concreta.

[24] Cf. Veredicto de apelación (2008), página 7, Op. cit.

[25] Testimonio del instructor canino, testigo protegido 28226, 19 de marzo de 2007. Pregunta de la defensa de Zougam: «En el caso de que en esa furgoneta se hubieran transportado 50 o 30 Kilos de explosivo ¿El perro habría detectado ese olor?- Sí, lo habría detectado, inmediatamente lo habría, porque quedan residuos del explosivo y el perro lo habría detectado.» Después otro abogado pregunta si el perro hubiera detectado el olor en caso de que el explosivo estuviera particularmente bien empacado.

El testigo responde que la manipulación de una cantidad de explosivo tan grande siempre deja un rostro de olor.

[26] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 5 «Las miguitas del pulgarcito», párrafo «La furgoneta de Alcalá».

[27] Les Dessous du Terrorisme, por Gerhard Wisnewski, editorial Demi-lune. (2007), páginas de la 23 a la 28.

[28] Veredicto, página 476: «los trenes que, como consta en el rollo de Sala, fueron desguazados el 13 de marzo de 2004».

[29] Veredicto de apelación, página 652: «A pesar de ello puede resultar sorprendente una tan apresurada destrucción, que impidió un estudio posterior más reposado y en profundidad, e incluso su reiteración de haber sido necesaria, de aspectos que pudieran haber resultado de interés para la investigación.»

[30] Veredicto página 538: «No se sabe con absoluta certeza la marca de la dinamita que explotó en los trenes».

[31] «La nitroglicerina no ha venido volando», El Mundo, 4 de junio de 2007, entrevista de uno de los expertos con Antonio Rubio. El experto: «Cuando un químico analiza cualquier asunto, hace una disolución que pasa por unos equipos de medidas y lo que procede es reservarla.

Pues aquí no estaban reservadas.»

[32] Veredicto, página 541: «El Tribunal, (...) da por probado que en todos los casos aparecen componentes de la GOMA 2 ECO, lo que indica que ésta dinamita estuvo presente en todos los focos de los trenes, si bien no se puede descartar la presencia de otra u otras marcas de dinamita.»

[33] Testimonio de la directora del laboratorio de los especialistas en desactivación de bombas, experto 17632, 28 de mayo de 2007. Abogado de Zougam: «¿Esas placas las conservan ? - Evidentemente no.»

[34] Ibid.

El juez: «O sea, las del 11 de marzo, la del análisis que hace usted el mismo 11 de marzo no las conserva? - Esas mismas no.»

[35] Ibid. El abogado de la asociación de víctimas: «¿Por qué ha esperado hasta hoy para concretarlos y en estos tres años se refería únicamente a « componentes genéricos de dinamita» ? (...) - Perdone, a mí me hablaron de qué componentes había, y digo estuvimos hablando eh, sin que me dijeran detálleme los que le salen a usted en el análisis, a mí eso nunca se me produjo. (...) y yo no recuerdo que se me dijera en ningún caso en estos cuatro años que escribiera los componentes.»

[36] Acta de inculpación, página 53: declaración del jefe de los especialistas en desactivación de explosivos de Madrid: «tenían claro que no era Titadine porque este tipo de explosivo muerde, es decir, que no tiene corte limpio, en cambio un alto explosivo corta totalmente y una vez visto los resultados de las explosiones podía tratarse de un C3 o un C4.»

[37] Acta de inculpación, a partir de la página 78

[38] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 10 «El tiempo debe detenerse», párrafo «Tirando del hilo».

[39] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 20 «La busca»: Respuesta de la policía, 20 de mayo de 2005: «Dando cumplimiento a lo solicitado por ese Juzgado... respecto a los hechos ocurridos en la localidad de Leganés los días 3 y 4 de abril del pasado año, se participa que, dado el tiempo transcurrido, ya no se conservan las cintas de grabación de dicho suceso.»

[40] Veredicto, página 634: «las conversaciones de Rabei Osman EL SAYED AHMED en las que, según las acusaciones, se atribuye la autoría intelectual de los atentados al decir que «el hilo de lo de Madrid fue mio... era mi proyecto más querido, etc.», son claramente equívocas.» Y veredicto, página 720: «DEBEMOS ABSOLVER Y ABSOLVEMOS A (...) Rabei Osman EL SAYED AHMED (...) de todos los delitos de que venía acusado.»

[41] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 29 «El Chileno».

[42] «Trashorras: ’La Policía me ofreció dinero para incriminar a Zougam y ’El Tunecino’», El Mundo, 5 de septiembre de 2006, entrevista de Trashorras con Fernando Mugica. «Yo le dije al juez que Jamal Ahmidan a quien conocía como ’Mowgli’, llevaba los explosivos porque así me lo pidió la Policía [...]; fui amenazado y coaccionado para que declarase en ese sentido).»

[43] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 7 «Jamal Zougham, cabeza de turco».

[44] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 9 «Visperas de sangre», párrafo «Quinto enigma: llamadas de cortesía».

[45] Veredicto, página 529: «otros seis [teléfonos] fueron encargados (...) al establecimiento Test Ayman, S.L. por el empleado Cuenca Medina, según las declaraciones coincidentes de (...) y de Ayman Maussili Kalaji, dueño de Test Ayman, S.L.»

[46] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 15 «Un ejercicio de escapismo», párrafos «Con la Policía en los talones» y «El escape».

[47] Los enigmas del 11M, por Luís del Pino, (Libroslibres, 2006), capítulo 9 «Visperas de sangre», párrafo «Cuarto enigma: el tiempo invertido».

[48] Veredicto, página 563: «Consta a los folios 73357 y 73358 una comparencia del funcionario del Cuerpo Nacional de Policía con número 73.158 en la que, tras explicar que hasta julio de 2003 estuvo destinado en el área especial de seguimientos de la comisaría general de información y que vivía en el calle Martín Gaite número 40 de Leganés, reconoce una carpeta con documentos con su nombre y número profesional.»





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