05-05-2010
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada
Empiezan a ser exhumados los cadáveres de varios países, como los desahuciados México y Ghana, que el banco multigenocida de inversiones Goldman Sachs dejó esparcidos en el planeta y que ya no puede ocultar el montaje legal de su enjuiciamiento en Estados Unidos, el cual, por cierto, se puede descarrilar debido a la furia ciudadana a seis meses de las elecciones.
Llama la atención que los ausentes poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de México, como vulgares avestruces, hayan escondido la cabeza ante las rapiñas del hoy vilipendiado Goldman Sachs, que se lucró con el efecto tequila –que tuvo un costo entre 70.000 y 100.000 millones de dólares (según las cifras alegres de Salinas y Zedillo, por cierto, dos economistas que no calculan muy bien que se diga)–, en presunta colusión con la Secretaría de Hacienda y el Banco de México del momento, lo cual desembocó en el tóxico Fobaproa/IPAB, que socavó las finanzas para favorecer la captura de la banca nacional por la banca israelí-anglosajona y española (poseedora del 92% en términos de capitalización de mercado: un caso insólito a escala global).
El firmante del ilegal pagaré del Fobaproa/IPAB fue el israelí-argentino Martín Werner Wainfeld (MWW), entonces subsecretario de Hacienda zedillista-cordobista, mientras que su presente pagador es su muy locuaz hermano, el itamita y fondomonetarista Mariano Alejandro: hoy subsecretario de Hacienda.
¿Fue el Fobaproa/IPAB un asunto familiar de dos hermanos?
Wikipedia destaca que Martín Werner no sea mexicano y quien, a propósito, después de su devastación muy bien lograda (desmantelar las finanzas y la banca de México en presunta colusión con Joseph-Marie Córdoba: el verdadero poder tras el torno de Salinas y Zedillo), fue contratado por Goldman Sachs, quizá como recompensa a sus méritos depredadores contra México.
Hoy el itamita Martín Werner se ostenta como uno de los dueños de la controvertida Banca Mifel (ver La Lupa Política, Voces del Periodista, 207).
¿Están todavía controladas cupularmente las finanzas de México por Goldman Sachs vía los hermanos Werner Wainfeld?
El efecto tequila fue el botín mediante el cual se despachó con la cuchara grande Goldman Sachs con sus derivados financieros que apostó contra México (John Plender, The Financial Times, 21/7/99).
¿Nadie en el poder local está dispuesto a investigar, y perseguir en consecuencia, los latrocinios de Goldman Sachs en México?
Ha quedado asentada la técnica diabólica que usó la desregulada globalización financiera: otro cuento gringo para enajenar las joyas estratégicas de los países valetudinarios (Nicholas D. Kristof y Edward Wyatt, The New York Times, 15,16,17 y 18/2/1999, y Bajo la Lupa, 28/4/10).
Un reporte del 21 de abril de GhanaWeb exhibe cómo el banco multigenocida de inversiones Goldman Sachs contribuyó mediante sus latrocinios financieros a la deglución de la minera estatal Ashanti Goldfields Corporation (AGC) por los poderosos cárteles mineros anglosajones (los mismos que hoy devoran la plata mexicana, como antes lo hicieron los españoles).
Hace 12 años AGC, la primera empresa negra que cotizó tanto en Wall Street como en la bolsa londinense, se había posicionado como la tercera minera trasnacional a raíz de la adquisición de la mina Geita (Tanzania).
La minera estatal aurífera de Ghana, colocada entre las 10 principales, se asentaba en uno de los más pletóricos yacimientos de oro en el mundo.
La deglución de AGC fue gradual y muy bien planificada con el contubernio de los cárteles mineros anglosajones y el banco multigenocida de inversiones Goldman Sachs, mediante una privatización parcial del 25% de sus acciones cuando ninguna empresa africana había cotizado en Wall Street y la City.
Posteriormente, el gobierno de Gran Bretaña decidió vapulear el precio del oro y vendió 415 toneladas de sus reservas, lo cual abatió deliberadamente la cotización del metal amarillo que se desplomó hasta 252 dólares la onza, su más bajo precio en una generación.
Once años más tarde, al corte de caja de hoy, la onza de oro se cotiza a 1.179,30 dólares (¡casi cinco veces más!) y la plata a 18,64 dólares, por cierto, un pronóstico muy cantado por Bajo la Lupa desde la primavera de 2004.
De forma ingenua, por no decir suicida, AGC consultó al banco multigenocida de inversiones Goldman Sachs, coincidentemente el mayor vendedor de oro del mundo, quien tendió pérfidamente una trampa financiera perfecta a Ghana mediante sus trucos consabidos de hedge funds (fondos de cobertura de riesgos).
En su clásico doble juego de apostar contra sus propios clientes para obtener el máximo lucro individual, Goldman Sachs asesoró simultáneamente tras bambalinas a 15 bancos europeos –con quienes mantenía estrechas relaciones profesionales– los cuales anunciaron unánime y sorprendentemente la suspensión de la venta de oro por cinco años –tras el dumping unilateral de Gran Bretaña–, lo cual se llevó entre las patas a AGC, que había apostado en el sentido opuesto a instancias de Goldman Sachs.
Cuatro años más tarde AGC –que no pudo resistir los efectos adversos de sus coberturas de riesgo, intencionadamente mal aconsejadas– fue rematada y comprada por la minera británica AngloGold (con sede en Sudáfrica) asesorada a su vez por… Goldman Sachs, especialista de los latrocinios circulares.
En forma darwiniana, gracias a la asesoría profesional de Goldman Sachs, la minera británica AngloGold, cuya mayoría accionaria es detentada por la londinense AngloAmerican Group (con ingresos de más de 20.000 millones de dólares el año pasado), deglutió a la minera estatal africana AGC de Ghana mediante una clásica operación colonial financiera para crear AngloGold Ashanti, hoy segunda minera aurífera más importante del mundo.
La síntesis del reporte de Ghana comenta el alto grado de letalidad satánica de Goldman Sachs: La destrucción de Ashanti Gold por Goldman Sachs fue saturada con fraudes y conflictos de interés: Goldman Sachs fue el consejero financiero de Ashanti; se benefició con los contratos que diseñaron y colocaron en el mercado; se involucró en la manipulación (¡extrasupersic!) de los precios del oro, de cuya cotización dependían los contratos; representó a los acreedores de Ashanti cuando los contratos se menospreciaron, y se lucraron como consejeros financieros de la compañía minera (nota: la británica AngloGold) que recogió el cadáver de Ashanti por unos cuantos centavos de dólar.
Conclusión: antes las potencias coloniales invadían los países valetudinarios para saquear obscenamente sus materias primas; hoy las potencias financieras anglosajonas hacen lo mismo, pero de forma más sofisticada y sin necesidad disuasiva militar, mediante la captura financiera de la desregulada globalización que va desde el oro de Ghana hasta la plata y la banca de México (en lista de espera se encuentra el petróleo), en las que la banca multigenocida de inversiones Goldman Sachs jugó un papel determinante.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/02/index.php?section=opinion&article=016o1pol
miércoles, 5 de mayo de 2010
Cuando el multigenocida Goldman Sachs saqueó México y Ghana
miércoles, 21 de abril de 2010
La necesidad de cambiar Wall Street
21-04-2010
Paul Krugman
The New York Times
La semana pasada, la Comisión de Valores (SEC) de Estados Unidos acusó a los muchachos de Goldman -esos que usan mocasines de Gucci- de dedicarse a lo que podría denominarse saqueos de guante blanco.
Y uso el término saquear en el sentido definido por los economistas George Akerlof y Paul Romer en un escrito de 1993 titulado "Saqueo: el submundo económico de las quiebras con fines de lucro". Ese documento, escrito tras la crisis del ahorro y préstamo de la época de Reagan, argumentaba que muchas de las pérdidas de esa crisis eran el resultado de un fraude premeditado.
¿Ocurrió lo mismo en la actual crisis financiera? La mayor parte de la discusión sobre el papel del fraude en la crisis se centró en dos formas de engaño: los préstamos abusivos y la distorsión respecto de los riesgos. No cabe duda de que algunos tomadores de préstamos fueron seducidos para tomar créditos caros y complejos que no comprendían -proceso facilitado por los reguladores federales de la era Bush-. Además, los emisores de préstamos subprime no conservaban los créditos que hacían. Los vendían, en cambio, a inversores, a sabiendas en algunos casos que era grande el potencial de pérdidas futuras.
Lo que estamos viendo ahora son acusaciones sobre una tercera forma de fraude.
Ahora, la SEC acusa a Goldman de haber creado y vendido títulos que estaban destinados a fracasar, de forma tal de que un cliente importante hiciera dinero con ese fracaso. Esto es lo que llamo saqueo.
Y Goldman Sachs no es la única firma financiera acusada de hacer esto. Según el Sitio Web ProPublica -ganador de un Pulitzer en la categoría periodismo de investigación-, son varios los bancos que ayudaron a diseñar inversiones destinadas a fracasar en nombre del fondo de riesgo Magnetar, que apostaba a ese fracaso.
La pregunta obvia es si la reforma financiera del tipo que se está implementando ahora hubiera evitado el fraude -o parte al menos- que parece haber florecido en la década pasada. Y la respuesta es afirmativa.
Por empezar, un organismo independiente de protección al consumidor hubiera ayudado a limitar los préstamos abusivos. Otra cláusula del propuesto proyecto de ley en el Senado, que exige a los prestamistas retener el 5 por ciento del valor de los préstamos que hacen, hubiera limitado la práctica de dar préstamos malos y de venderlos enseguida a inversores imprudentes.
La principal moraleja que uno debiera sacar de las acusaciones contra Goldman, sin embargo, no tiene que ver con la letra chica de la reforma sino con la urgente necesidad de modificar Wall Street. Si escuchamos a los lobbistas de la industria financiera y a los políticos republicanos que han estado acurrucándose a su lado, uno pensaría que todo va a estar bien mientras el gobierno federal prometa no hacer más rescates. Pero están totalmente equivocados. Y no sólo porque ningún tipo de promesas de este tipo sería creíble, sino por el hecho de que gran parte de la industria financiera se ha convertido en un chanchullo, en un juego en el que a un puñado de personas se le pagan enormes sumas para engañar y explotar a los consumidores e inversores. Y si no ponemos coto a estas prácticas, el chanchullo seguirá.
http://www.iarnoticias.com/2010/noticias/norteamerica/0123_cambiar_wall_street_20abr2010.html
sábado, 6 de marzo de 2010
Los bienes mal adquiridos siempre rinden provecho (a Goldman Sachs)

Serge Halimi
Le Monde Diplomatique
05-03-2010
Traducido para Rebelión por Susana Merino
Los Estados han salvado a los bancos sin exigirles contrapartida. Los bancos vuelven sus recuperadas fuerzas contra los Estados. Y los chantajean aprovechando la revelación de las torpezas que les recomendaron. Porque cuando el crédito público disminuye, las tasas de interés de los préstamos aumentan…
Goldman Sachs ayudó a Grecia a tomar en secreto préstamos por miles de millones de euros. Luego, para eludir las normas europeas que limitan el monto de la deuda pública, la firma de Wall Street aconsejó a Atenas recurrir a ingeniosos artificios contables y financieros.
La factura de esas innovaciones incrementó de inmediato la ya copiosa deuda griega (1) ¿Quién gana? ¿Quién paga? El presidente-director general de Goldman Sachs, el señor Lloyd Craig Blankfein acaba de embolsarse un bonus de 9 millones de dólares; los funcionarios helenos van a perder el equivalente a un mes de salario anual.
A semejanza de un banco, un país “es demasiado grande para quebrar” (leer artículo de Laurent Cordonier). Por lo tanto se le salva también, pero pagará cara su supervivencia. El gobernador del banco central europeo Jean-Claude Trichet se está mostrando mucho más inflexible con el Gobierno de Atenas en la medida en que su institución pueda dejar al descubierto las picardías de Wall Street. Grecia, ha prevenido el señor Trichet, deberá corregir con “extremo rigor” su “aberrante trayectoria”. Bajo “intensa y casi permanente supervisión” de la Unión europea, es decir, renunciando a su soberanía económica, será necesario que reduzca su déficit, del 12,7% de su Producto Interior Bruto (PBI) de 2009 al 3% en 2012. Recuperar casi diez puntos del PBI sobre el saldo presupuestario constituye un reto, sobre todo en una zona de crecimiento anémico. No se tratará por lo tanto de “rigor” sino de cirugía mayor. La paradoja es que tendrá por objeto garantizar la firmeza del euro en momentos en que los EE.UU. y China, para consolidar su recuperación, tratan de devaluar sus monedas (2).
Angela Merkel ha juzgado que sería “vergonzoso” que “los bancos que nos han llevado ya al borde del precipicio, hayan participado también en la falsificación de las estadísticas presupuestarias de Grecia”. Tales rodeos verbales dejan indiferente a Goldman Sachs. Interrogado sobre los bonus de Blankfein, el presidente Barack Obama dijo sin ofenderse: “ Como la mayoría de los estadounidenses, no voy a criticar el éxito y la fortuna. Forman parte de la economía de mercado”. Este “éxito” beneficia –es sabido– a toda la comunidad: ¿Acaso Goldman Sachs no ha pagado últimamente el 0,6% de impuestos sobre sus ganancias? (3)
Notas:
(1) El New York Times del 13 de febrero de 2010 menciona la cifra de 300 millones de dólares pagados a Goldman Sachs en calidad de honorarios. Se trataba de remunerar una astucia que había permtido a Grecia tomar, en secreto, préstamos por miles de millones de dólares. Objetivo: no poner en peligro la entrada del país, ya demasiado endeudado, a la unión monetaria europea.
(2) Leer Yves de Kerdrel “ El problema no es Grecia sino el euro” Le Figaro, Paris , 15 de febrero de 2010.
(3) Citado por Harper’s, Nueva York, febrero de 2010
Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/2010/03/HALIMI/18882
lunes, 23 de noviembre de 2009
Los fiscales contra Wall Street. Una bochornosa sentencia
23-11-2009
Sam Pizzigati
Too Much
Desafortunadamente, los legisladores tampoco lo están haciendo bien: la limitación de los bonus para los ejecutivos de la gran banca ya no funciona y están a plena máquina de nuevo.
Los banqueros de Goldman Sachs, como afirmó el director ejecutivo de esa compañía la semana pasada, están haciendo el “trabajo de dios”. Por estos días, dios debe de estar trabajando de extrañas maneras. Consideremos lo que sucedió unos pocos años atrás, justo antes de que explotase la burbuja en el mercado de los bonos garantizados con hipotecas subprime.
Los poderosos de Goldman Sachs vieron venir el estallido. A finales de 2006, esperando lo peor, comenzaron a “liquidar” su propio stock de activos subprime y, como detallaron los periódicos del grupo McClatchy este mes, apostaron secretamente contra los activos subprime en el mercado de swaps (N. de la T.: específicamente “credit default swaps”, un contrato en el que el comprador paga una prima al vendedor y a cambio recibe un pago si el activo financiero, en este caso activos garantizados con hipotecas subprime, cae en mora).
Simultáneamente, los agentes de Goldman Sachs continuaban cobrando suculentas tarifas ayudando a sus clientes a comprar los mismos activos subprime que sabían que no tenían ningún futuro.
El catedrático del departamento de teología de tu universidad local puede no considerar este tipo de comportamiento de doble rasero como “el trabajo de dios”. Los profesores de tu escuela local podrían incluso cuestionarse si un comportamiento tan descarado podría ser considerado criminal.
La semana pasada, en una corte federal en Brooklyn, los jurados dieron muy buenas noticias a los agentes de Wall Street preocupados por su responsabilidad criminal. Absolvió a dos administradores de fondos del fallido imperio bancario de Lehman Brothers de la demanda de haber estafado a sus clientes –por haberlos instado a mantener su dinero en fondos de inversión cuyas garantías sabían que estaban infestadas de hipotecas basura. (N. de la T.: de los cinco grandes bancos de inversión estadounidenses, Goldman Sachs y Morgan Stanley salieron bien parados, Merryll Lynch y Bear Stern pasaron a manos de bancos comerciales, mientras que Lehman Brothers quebró).
Esos clientes perdieron alrededor de 1,6 mil millones de dólares. De los dos acusados de Lehman Brothers, el de mayor rango en la institución, Ralph Cioffi, se llevó a casa la suma de 32 millones de dólares por administrar este dinero.
Con ese dinero, Cioffi, de 53 años, pudo contratar al mejor abogado que el dinero puede comprar, que hizo bien su trabajo. Pintaron una vívida imagen de los acusados como “chivos expiatorios” de la caída en picado de Wall Street. Al finalizar el juicio, los jurados terminaron viendo a Cioffi más como el “valiente capitán” de un barco naufragando que como un simple estafador.
Una mujer del jurado, en una entrevista después de la absolución, incluso llegó a decir que hubiera sido feliz de haber invertido dinero con los demandados –si lo hubiese tenido-.
Los jurados no sólo absolvieron a los acusados. Lograron un veredicto a la velocidad de la luz: sólo nueve horas. En un complicado caso de cuello blanco, los jurados normalmente necesitan cuatro o cinco días para examinar las pruebas.
A los fiscales federales les llevará bastante más tiempo curarse las heridas. En efecto, el sorpresivo desenlace del juicio –el primero contra altos ejecutivos de Wall Street desde la última crisis– podría significar que nadie irá a juicio jamás por haber cocinado los negocios que llevaron al desplome de la economía mundial.
Los fiscales federales, según coincidieron los noticieros la pasada semana, serán ahora “menos capaces de interponer cargos criminales contra los ejecutivos de Wall Street por su papel en la crisis financiera”.
En otras palabras, los estadounidenses ya no podrán contar con la amenaza de acusaciones criminales para amedrentar directamente a Wall Street.
Desafortunadamente, los estadounidenses tampoco parecen contar con la acción del Parlamento.
La semana pasada, el presidente del comité de bancos del Senado, Chris Dodd, introdujo una reforma de la legislación financiera “radical y largamente demorada” por la que prometía proteger a “los consumidores y a nuestra economía como un todo de otra crisis como la que estamos padeciendo”.
La enmienda de Dodd producirá ciertamente algunos cambios “largamente demorados”. Un ejemplo: la legislación quitará a los grandes bancos privados la autoridad para nombrar a dedo a los funcionarios que irán a los bancos regionales de la Reserva Federal.
“Es una locura”, afirmó Noam Scheiber de New Republic la semana pasada, “que las grandes firmas de Wall Street elijan a los directores de la Reserva Federal de Nueva York, que es a menudo su principal regulador”.
Pero la enmienda de Dodd toma una línea más dura sobre Wall Street que la legislación “admitida por la Casa Blanca” que ha surgido de la misma, y que deja cualquier intento de nueva regulación “radical” sobre Wall Street fuera de la agenda de este año.
Y la enmienda de Dodd, aunque fuese sancionada este año, no haría nada por limitar las enormes recompensas caídas del cielo que a modo de incentivos se les han dado a los miembros de Wall Street para comportarse temerariamente. Estas recompensas, como señaló la semana pasada el analista de Forbes Matthew Goldstein, condujeron a que los dos administradores de fondos de Bearn Stearns absueltos la semana pasada tuvieran esta conducta execrable.
Estos dos, dice Goldstein, no se han comportado nada diferente de lo que sus contrapartes de Wall Street. Todos ellos “son codiciosos por el dinero fácil que se extraía de la deuda garantizada, y otros activos, relacionados con las hipotecas subprime”.
Medio siglo atrás, los altos impuestos sobre las grandes rentas –la mayor tasa impositiva, aplicada a las rentas superiores a los 400.000 dólares, se mantuvo en el 91% por más de 20 años tras la segunda guerra mundial- efectivamente mantuvo la codicia por el “dinero fácil” bajo control. ¿Por qué molestarse especulando para hacer “dinero fácil” si, después de todo, los agentes impositivos no te permitirían conservarlo?
Durante un breve momento durante la pasada primavera, el Congreso pareció ansioso por analizar un tope similar para el “dinero fácil”. En marzo, como recuerda un informe reciente del Institute for Policy Studies, la Casa de Representantes propuso una enmienda que ponía un impuesto del 90% sobre los bonus para los ejecutivos de los bancos rescatados.
Esa enmienda ha desaparecido sin rastro –y los bonus bancarios han regresado rápidamente a los niveles previos a la recesión-. De hecho, como dice una investigación recientemente publicada del Financial News and Wealth Bulletin, los principales 20 bancos de Estados Unidos y de Europa han reservado 224.000 millones de dólares para los pagos y bonus de 2009.
A esta tasa, Goldman Sachs, JPMorgan Chase, Morgan Stanley, Citigroup, y las restantes 16 instituciones financieras que examinó esta investigación van a llenar los bolsillos de sus brillantes líderes con más de 300.000 millones de dólares en 2009; lo suficiente como para superar sus remuneraciones récord de toda su existencia.
“El trabajo de dios” nunca ha sido tan bien pagado.
Sam Pizzigatti edita Too Much, la revista electrónica semanal sobre los excesos y la desigualdad.
Traducción para www.sinpermiso.info: Camila Vollenweider
jueves, 23 de julio de 2009
Espectaculares resultados del plan económico-financiero Obama-Geithner-Summers

20 de julio de 2009
Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)
El plan económico-financiero Obama-Geithner-Summers (véase Oh!bama y G20: Más de lo mismo en ARGENPRESS del 21 de abril de 2009 (1)) está dando resultados más espectaculares y más rápidamente de lo que se podía prever.
El Banco Goldman Sachs, que en 2008 pidió y obtuvo una ayuda federal de 10 mil millones de dólares (que ya rembolsó) anunció el 14 de julio de 2009 un beneficio neto de 3440 millones de dólares en el segundo trimestre del año, lo que representa un incremento del 65% respecto del mismo período del año anterior y el mejor trimestre en sus 140 años de existencia.
Además, constituyó una provisión de 6 mil millones de dólares destinadas a las primas y “bonus” de su personal.
Goldman Sachs se ha beneficiado con la quiebra de su competidor Lehman Brothers, que Bush y su Secretario del Tesoro Paulson (ex presidente de Goldman Sachs) no quisieron socorrer. En cambio Bush salvó al American International Group (AIG), cuya entidad madre es Goldman Sachs, con una inyección de 12,9 mil millones de dólares. Su quiebra hubiera costado 20 mil millones de dólares a Goldman Sachs.
Según el periódico estadounidense The Nation, AIG no rembolsará al Estado los 12,9 mil millones de dólares.
El Banco Goldman Sachs estuvo directamente representado en el Directorio de la Reserva Federal de Nueva York por Stephen Friedman hasta la renuncia de éste en mayo pasado.
Pero el holding financiero no corre el riesgo de perder el trato preferencial de que goza y quedar desprotegido: William Dudley que desde enero de 2009 sucedió a Timothy Geithner en la presidencia de la Reserva Federal de Nueva York, trabajó para Goldman Sachs hasta 2007.
Warren Buffet, la segunda fortuna del mundo, que evidentemente sabe a que número apostar, invirtió de su peculio personal en setiembre 2008 cinco mil millones de dólares en Goldman Sachs.
La banca J.P. Morgan (que tiene su representante en el directorio de la Reserva Federal de Nueva York en la persona de James Dimon ) también anunció el 15 de julio de 2009 un beneficio neto de 2.700 millones de dólares en el segundo trimestre, un incremento del 36%.
Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Obama, interrogado por los periodistas a su paso por Paris el 15 de julio sobre los excelentes resultados de Goldman Sachs y J.P. Morgan, declaró que hay “una mejora muy alentadora de la confianza en la estabilidad global del sistema financiero. Los mercados comienzan a funcionar mejor”. Y sobre las remuneraciones a los dirigentes (que suelen ser escandalosas) declaró: “Queremos asegurarnos que la remuneraciones recompensen las buenas perfomances”.
Henri Guaino, consejero especial de Sarkozy, que no es precisamente un agitador bolchevique, expresó una opinión diferente: “Es un escándalo absoluto. Es vergonzoso. El Banco Goldman Sachs es responsable en gran parte de lo que ha ocurrido, como muchos otros establecimientos. de la misma especie. Verlo ahora anegado en dólares y bonus es realmente escandaloso. Goldman Sachs no existiría si el contribuyente estadounidense no lo hubiera socorrido”. (Reuters, 15 de julio).
Timothy Geithner precisó sus ideas en un reportaje publicado en el diario francés Le Monde del 18 de julio de 2009. Dijo que no había llegado el momento de reactivar la economía estadounidense, invitó a los ciudadanos de su país a “ahorrar más” y agregó que “el dólar seguirá siendo la moneda mundial de reserva ”. Es decir esbozó los contornos de una política destinada a asegurar la hegemonía del capital financiero en la economía estadounidense y a preservar dicha hegemonía a nivel mundial a través del dólar como moneda mundial de reserva.
Esta es la continuidad de la política de las sucesivas administraciones estadounidenses, tanto republicanas como demócratas, al servicio del capital financiero, contra el derecho de una parte de su población a disfrutar de una vida mejor y sobre todo a expensas de los pueblos de todo el mundo.
Fuentes: Diarios Le Monde (15/7/09 y 18/7/09), Le Figaro (16/7/09), L’Humanité (16/7/09), Agencia Reuters (15/7/09) y Revista Le Point (17/7/09).
Nota:
1) http://www.argenpress.info/2009_04_21_archive.html
jueves, 16 de julio de 2009
Goldman Sachs, vampiro del Capitalismo

16-07-2009
S. McCoy
cotizalia.com
Ha sido la sensación bloguera en Estados Unidos la semana pasada. En su edición del mes de julio, la revista Rolling Stone recoge una pieza absolutamente demoledora acerca del papel jugado por Goldman Sachs en la formación y posterior estallido de las distintas burbujas que se han producido en los mercados a lo largo del último siglo, desde la Gran Depresión a nuestros días.
Y no sólo eso. El artículo, firmado por Matt Taibbi y que se ha filtrado antes de su publicación, constata el poder acumulado con el paso del tiempo por los distintos banqueros de la Casa, estratégicamente situados hoy día en puestos de influencia financiera alrededor del Planeta; ahonda en el aprovechamiento en interés propio de los sucesivos fenómenos de pánico y euforia, a cuya gestación el banco de inversión habría decididamente contribuido; y alimenta las sospechas acerca del protagonismo que está jugando la entidad en la gestación del siguiente gran descalabro… para todos menos para ella.El documento es extraordinario y no deja lugar a dudas de su posicionamiento desde el primer párrafo, donde califica a la firma de vampiro que clava sus colmillos allá donde hay un dólar que ganar. Se extiende a lo largo de doce páginas, que no tienen desperdicio. Así, el autor no duda en afirmar que mientras América da vueltas alrededor del sumidero, Goldman Sachs ha encontrado el camino para ser él mismo ese sumidero: un desafortunado agujero en el sistema capitalista democrático occidental que nunca imaginó que, en una sociedad pasivamente gobernada por la libertad de mercado y de elección, la ambición organizada siempre prevalece sobre la democracia desorganizada. Un análisis interesante que pudiera parecer reduccionista, toda vez que carga las tintas sobre la desmedida avaricia de los banqueros y se olvida de otros responsables de la situación actual como políticos, reguladores, agencias de rating, banqueros centrales e, incluso, los propios ciudadanos. No es de extrañar cuando se considera a gran parte de tales actores como parte del universo Goldman.Su crítica no queda ahí, sino que aterriza desde lo genérico en lo específico: todo el dinero que usted pierde va a algún sitio y, tanto en sentido literal como figurativo, se puede decir que el destinatario es Goldman. El banco se ha convertido en una gigantesca y sofisticada máquina de convertir la riqueza de la sociedad en beneficio para sus arcas (…) La fórmula es relativamente simple: el banco de inversión se posiciona en mitad de una burbuja especulativa, y vende productos que sabe que son basura. Con la ayuda de una Administración adecuadamente engrasada con sus donativos, consigue cantidades ingentes de dinero de los incautos inversores. Cuando estalla la situación se presenta como aquel benefactor que puede aliviar la difícil situación de los sufridos ciudadanos. Quizá esta es la parte más lírica y menos justificada del argumentario. De ahí que sea relevante lo que viene a continuación.Así, Taibbi enumera hasta cinco ocasiones en las que la actuación de Goldman habría sido, cuando menos, cuestionable… para lucro de sus directivos y/o empleados. Hoy nos centraremos en las cuatro primeras y dejaremos para mañana la más reciente de ellas (¿más todavía?) y la que, a juicio del comentarista, está por llegar. En primer lugar, el reportero habla de la participación de Goldman en los Investment Trust que tan de moda estuvieron en los felices años 20 y cuyo colapso acentuó la caída bursátil de finales de la década. 475.000 millones de agujero a valor de hoy. Tras un impasse de cerca de 70 años, en los que la entidad adopta un modelo de banca a largo plazo, es con la llegada de su empleado Robert Rubin a la Casa Blanca, y con el cambio que impulsa de las reglas que hasta entonces regían los mercados financieros, que Goldman vuelve a orientarse hacia el pan para hoy, con independencia de lo que traiga el mañana. Una tarea a la que contribuyeron otros reputados miembros de la firma, citados adecuadamente a lo largo del texto.A partir de ese momento el banco vive sus momentos de mayor esplendor, según el autor (que imagino tendrá buena cobertura legal): manipulando valoraciones y precios en las OPVs de los años dorados de las compañías de Internet (cinco billones de dólares de riqueza evaporada sólo en el Nasdaq), gracias a la violación de la norma no escrita que limitaba las salidas a bolsa a empresas rentables; fomentando la titulización y aseguramiento de hipotecas de baja calidad con el despegue del mercado inmobiliario, a la vez que apostaba por su hundimiento hasta el punto de ser de las pocas sociedades que se beneficiaron con su caída mediante la utilización de instrumentos derivados; alentando la inversión financiera en materias primas como el petróleo -cuyo precio se disparó hasta cerca de los 150 dólares gracias a que un barril se negociaba en 2008 hasta 27 veces, de media, antes de que fuera entregado y consumido- que tomaban como referencia índices creados por la propia Goldman, actividad que explotó igualmente gracias a un cambio normativo.Una panoplia de actuaciones que pondrían de manifiesto el poder oculto de Goldman y su influencia en la construcción de la peor cara del capitalismo financiero, rostro sobre el que ahora se quiere verter una pesada capa de maquillaje de carácter social y de adecuación a su fundamento originario que es la economía productiva. Grave responsabilidad que, sin embargo, no le ha hecho perder ni un ápice de su relevancia. Mañana desarrollaremos con Taibbi lo relativo tanto al lugar que Goldman ha ocupado dentro del Plan de Rescate auspiciado por la Administración norteamericana, por una parte, como a la renovada apuesta de la entidad por el siguiente negocio susceptible de convertirse en burbuja: el cambio climático y los derechos de emisión de CO2, donde ya ha tomado posiciones. Casi nada. Con todo esto, ¿a alguien le extraña la inversión de Buffett en la compañía? Es fácil comprender, a la luz de esta lectura, de qué va este negocio, condición primera y principal impuesta por el Oráculo de Omaha para cometer cualquier inversión. Y en finanzas, Goldman es y ¿será? la apuesta ganadora.IINos hacíamos eco ayer de la repercusión que está teniendo, en el mundo financiero estadounidense, el artículo que Matt Taibbi firma en la edición de Rolling Stone del mes de julio bajo el aparatoso titular de The Great American Bubble Machine o La Gran Fábrica Americana de Burbujas, que es la forma en que el autor bautiza al banco de inversión Goldman Sachs. Un alegato demoledor que pone en tela de juicio las prácticas llevadas a cabo por la entidad a lo largo del último siglo de actividad financiera y que cuestiona el enorme poder acumulado por la firma con el paso del tiempo y, en especial, desde la incorporación de su directivo Robert Rubin a la Administración Clinton en la década de los 90. Se trata de un documento extraordinario que se desarrolla a lo largo de doce páginas, de fácil lectura, y que, para su exposición, hemos dividido en dos grandes partes: el cuestionable papel desempeñado por el banco de inversión en el pasado, que fue el grueso principal de nuestro Valor Añadido de hace 24 horas, y la importancia actual de Goldman en la gestión de la crisis y en la, a juicio de Taibbi, siguiente burbuja que está por llegar y que ya se está gestando. Un modo de actuación que define de modo brillante Simon Johnson, al que cita Taibbi, en The Atlantic como El Golpe de Estado Silencioso, análisis éste de imprescindible lectura.En efecto, señala el reportero que, tras crear y beneficiarse del esplendor y el colapso tanto de los Investment Trust en la década de los 30, como de las acciones de Internet, las hipotecas basura y el precio del crudo a finales de siglo XX y principios del XXI, Goldman ha alcanzado el cénit de su influencia de la mano del que fuera su presidente Hank Paulson, a la sazón Secretario de Tesoro norteamericano hasta el desembarco de Tim Geithner como parte del equipo de Obama. Tras el colapso financiero, el dinero parecía haberse evaporado. La cacería de Goldman necesitaba nuevas piezas que abatir. Y sólo las podía encontrar allá donde seguro había capital del que alimentarse: las arcas públicas. Es en el mayor rescate de la Historia donde la entidad va a hacer patente su influencia. De hecho, no sólo consiguió posicionar a uno de sus chicos en la gestión del Fondo de Rescate sino que se benefició de una serie de decisiones que le han permitido salir casi de rositas de la coyuntura actual. Como entendió perfectamente en su momento Warren Buffett, verdaderamente Goldman is too big to fail. No es de extrañar que haya sido su principal apuesta bancaria en la crisis.Maquillaje de resultados gracias al aparcamiento de pérdidas en meses fantasma, por cambio de calendario de publicación, como diciembre de 2008; conversión en banca comercial que les permite recalar bajo la supervisión de otro ex Goldman, Stephen Friedman; beneficios extra derivados del rescate de AIG que evita que tenga que provisionar sus contrapartidas, mientras que se deja morir a un competidor directo como Lehman; sospechas de información privilegiada en relación con los stress tests; uso de tasas impositivas sorprendentemente bajas, etcétera, son la pléyade de acusaciones documentadas que el texto recoge y que evocan, a juicio de distintos agentes del mercado consultados por Taibbi, que se ha perdido el pudor y se ha pasado de una ayuda implícita comúnmente aceptada, y derivada de la incorporación del talento creado en el seno de la entidad a las finanzas públicas, a otra explícita que tiene por objeto consolidar la posición del banco de inversión y conservar su capacidad de maniobra.Pero Goldman no duerme. No puede hacerlo, concluye el autor. Así, sus empleados se convirtieron en los principales donantes privados de la campaña electoral a la presidencia de Estados Unidos de Obama con cerca de un millón de dólares. Tras haber atravesado el campo de minas del rescate bancario de manera exitosa, Goldman ha vuelto una vez más a sus viejos hábitos y trata de colocar a sus peones dentro de la Administración a fin de beneficiarse de los agujeros que, en la renovada actividad pública, se puedan vislumbrar (…) Y la nueva apuesta de la entidad se llama derechos de emisión o carbon credits, un mercado de un billón de dólares que apenas existe a día de hoy pero que forma parte principal de la Ley Energética aprobada por el Congreso el pasado viernes. Con una particularidad, señala: el hecho de que el límite de derechos a subastar fijado por el Gobierno caiga anualmente implica que Goldman ni siquiera se va a tener que pringar en hacer que los precios suban.De momento, de acuerdo con Taibbi, la firma financiera habría ido engrasando la maquinaria con las oportunas contribuciones a los diferentes lobbies, la inversión directa en compañías productoras de energías renovables, la adquisición del 10% del Mercado de Chicago en el que los derechos se van a negociar, la compra de un pequeño trader que se dedica ya a tal actividad y así sucesivamente. Cualquiera podría afirmar que se trata de un ejercicio de buena gestión, de anticipación de cara al futuro, como probaría el dramático alegato de Krugman de esta semana, pero a estas alturas de la película el autor ya no concede a la entidad el beneficio de la duda. Puede incluso que al final la actividad real, como ocurre en Europa, sea mucho menos que la inicialmente predicada y que los precios se mantengan bajo mínimos. No importa, de lo que se trata es de denunciar el papel del banco y añadir argumentos a su condena. Su conclusión, de hecho, no admite dudas: Así es como funcionan las cosas. Este es el mundo en que vivimos, donde algunos tenemos que respetar las reglas mientras que otros no sólo se ven excusados de ajustarse a ellas sino que reciben dinero por hacerlo. Un esquema mafioso en el que uno no se puede fiar de los precios y donde hay peajes ocultos en cada dólar de impuestos que pagas. Quizá no podamos pararlo pero, al menos, tenemos la obligación de denunciarlo.http://www.cotizalia.com/cache/2009/07/01/opinion_96_goldman_sachs_vampiro_capitalismo.html