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jueves, 4 de febrero de 2010

Energía y poder en Oriente Próximo: El acertijo del petróleo iraquí


Michael Schwartz
Tomdispatch.com
Traducción para Rebelión de Loles Oliván

Cómo han caído los poderosos. Apenas hace unos años, un más que confiado gobierno de Bush esperaba derrocar al dictador iraquí Sadam Husein, pacificar el país, instalar un gobierno clientelista y obediente, privatizar la economía y establecer en Iraq el cuartel general político y militar de la presencia dominante de EE.UU. en Oriente Próximo. Se esperaba que tales éxitos, a su vez, allanasen el camino a los ambiciosos objetivos consagrados en el informe del secreto grupo de trabajo del vicepresidente Dick Cheney sobre energía, de 2001. Ese informe se centraba en la explotación de las enormes reservas de energía que en gran medida están aún sin explorar en Iraq —mayores que las de cualquier otro país que no sea Arabia Saudí o Irán [1]— incluyendo el cuádruple de la capacidad de Iraq para bombear petróleo y en la privatización del proceso de producción.

El sueño en aquellos lejanos días era quitar a la OPEP —el cártel integrado por los principales exportadores de petróleo del planeta— el poder de controlar el suministro de petróleo y su precio en el mercado mundial. Como recompensa por expandir ampliamente la producción iraquí y por liberalizar su distribución fuera del control de la OPEP, figuras clave de la Administración Bush se imaginaron que EE.UU. podría separar una pequeña proporción de esa incrementada producción petrolera para compensar el costo de los 40 mil millones de dólares previstos para la invasión y ocupación del país. Todo ello en un año o dos.
La ambición constante atenuada por el fracaso político y militar
Casi siete años después, parecerá sorprendente que las cosas en Iraq acabaran costando un poco más de lo esperado y que no funcionasen exactamente como se había imaginado. Aunque la invasión de marzo de 2003 rápidamente derrocó a Sadam Husein, el resto de la ambiciosa agenda de la Administración Bush sigue estando en gran medida sin cumplirse.
En lugar de pacificar rápidamente una nación agradecida y después de retirar las tropas estadounidenses a excepción de unas 30.000 ó 40.000 [2] (que iban a ser estacionadas en enormes bases lejos de las zonas urbanas de Iraq), la ocupación ha disparado la insurgencia tanto suní como shi’í mientras que las operaciones de contrainsurgencia estadounidenses han conducido a una matanza masiva, a una guerra civil sectaria, a la limpieza étnica de Bagdad, a una crisis humanitaria que ha ocasionado cientos de miles de muertos, cuatro millones de refugiados internos y externos [3], y una tasa de desempleo que se ha mantenido siempre por encima del 50% con todo el hambre, la enfermedad y la miseria que se pudiera esperar.
Mientras tanto, el gobierno shi’í del primer ministro Nuri al Maliki, fervientemente apoyado por la Administración Bush y considerado por Transparencia Internacional [4] como el quinto más corrupto del mundo, se ha transformado en un régimen clientelista cada vez menos fiable. A pesar de los dictados y los deseos estadounidenses, ha logrado establecer cordiales relaciones políticas y económicas con Irán, retardar el proceso de privatización económica lanzado por los administradores neocon enviados a Bagdad en 2003 y se ha restablecido como principal empleador del país. Incluso periódicamente parece resistirse a su designado papel como posible anfitrión a largo plazo de una fuerza de ataque militar estadounidense en Oriente Próximo.
Esta resistencia se expresó con mayor fuerza cuando al Maliki hizo palanca a la Administración Bush en la firma de un acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas (SOFA) en 2008, que incluía la retirada militar completa de EE.UU. a finales de 2011. Al Maliki llegó a pedir incluso —y recibió— la promesa de desalojar las cinco grandes bases militares “permanentes” [5] que el Pentágono había construido, con sus esmeradas instalaciones, pobladas por decenas de miles de personas y prácticamente sin presencia alguna del ejército iraquí, ni siquiera entre los miles de trabajadores no cualificados que hacen el trabajo sucio necesario para mantener funcionando a estas "ciudades estadounidenses" [6].
A pesar de estos reveses, la Administración Bush no abandonó la idea de que Iraq podría seguir siendo la futura sede de una presencia de EE.UU. en la región ni lo hizo en las elecciones presidenciales de 2008 el candidato Barack Obama [7]. Éste, de hecho, insistió repetidamente en que el gobierno iraquí debería de ser un importante aliado de EEUU [e Iraq] quien albergase más probablemente la fuerza militar de 50.000 efectivos que permitiría “a nuestras fuerzas atacar directamente a al Qaeda donde quiera que exista y demostrar a las organizaciones terroristas internacionales que no nos han expulsado de la región”.
Desde su acceso al Despacho Oval, Obama no ha dudado ante el compromiso de hacer de Iraq un aliado clave en Oriente Próximo y ha prometido en su discurso sobre el estado de la Unión [8] que EE.UU. “seguirá colaborando con el pueblo iraquí” en un futuro indefinido. En la misma comparecencia, sin embargo, el presidente prometió que "todos nuestros soldados están regresando a casa", aparentemente señalando el abandono de los planes militares del gobierno de Bush. El secretario de Defensa, Robert Gates, por otra parte, ha expresado recientemente una visión contraria al insinuar la posibilidad de que los iraquíes puedan estar interesados en negociar una vía sobre el acuerdo SOFA que permita a las fuerzas estadounidenses permanecer en el país hasta 2011[9].
Una parálisis dinámica mantiene el petróleo iraquí en el subsuelo
El petróleo iraquí también ha sido un foco de la constante ambición de Washington atemperada por el fracaso. Mucho antes de que el costo de la guerra comenzase a dar bandazos hacia la estimación actual del Congreso de 700 mil millones de dólares [10], la idea de utilizar los ingresos del petróleo para pagar la invasión había desaparecido al igual que la idea de cuadruplicar la capacidad de producción en unos pocos años. La esperanza de hacerlo algún día, sin embargo, sigue viva. La especulación de que la producción de Iraq podría en un futuro no muy lejano superar a la de Arabia Saudí [11] puede representar aún la principal estrategia de Washington para aplazar la grave escasez de energía internacional en el futuro.
Incluso antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001, el hermético grupo de trabajo de Energía presidido por el vicepresidente Cheney asignó provisionalmente varios yacimientos de petróleo de un futuro Iraq pacificado a las principales compañías petroleras internacionales [12]. Antes de la invasión de marzo de 2003, el Departamento de Estado redactó de hecho, la futura legislación de un gobierno post-Husein que habría transferido el control de los campos petrolíferos más importantes a los gigantes del petróleo extranjero. Esas empresas esperaban entonces invertir miles de millones necesarios en la desvencijada industria petrolera de Iraq para impulsar la producción a las tasas máximas.
No mucho tiempo después de que tropas de EE.UU. entraran en Bagdad, el procónsul de la Administración, L. Paul Bremer III, promulgó la legislación por decreto del Departamento de Estado [13] (y en clara violación del derecho internacional que prohíbe a las potencias ocupantes modificar las leyes fundamentales del país conquistado). Bajo la consigna de la desbaathificación —el desmantelamiento del partido de Sadam Husein— [Bremer] eliminó también a los técnicos petroleros, a los ingenieros y a los administradores dejando tras de si una esquelética tripulación de iraquíes para gestionar la producción existente (y esperar la llegada de los gigantes del petróleo con todos sus conocimientos técnicos). En poco tiempo, muchos de estos profesionales parias huyeron a otros países donde se valoran sus capacidades creando una fuga de cerebros que, durante un tiempo, casi ha incapacitado la industria petrolera iraquí. Bremer nombró entonces a un grupo de consultores y empresarios internacionales del petróleo para el Fondo de Desarrollo de Iraq de nueva creación (y sancionado por NN.UU.) que iba a supervisar [14] todos los ingresos petroleros del país.
Los administradores, técnicos y trabajadores iraquíes que quedaban organizaron pronto un determinado y eficaz multi-frente de resistencia frente a las intenciones de Bremer. Para ello, recibieron la ayuda de una creciente insurgencia. En un episodio espectacular, Bremer anunció que estaba a la espera de transferir el control del puerto de Basora (que entonces gestionaba el 80% de las exportaciones de petróleo del país) de una empresa estatal a KBR [15], entonces subsidiaria de Halliburton, la compañía que el vicepresidente Cheney había dirigido. Previendo que sus puestos de trabajo pronto desaparecerían en un mar de mano de obra importada, los trabajadores petroleros atacaron de inmediato [16]. KBR se retiró rápidamente y Bremer abandonó el intento.
En otras iniciativas de Bremer, empresas energéticas y de construcción se hicieron cargo del desarrollo, la reparación y las operaciones de los principales yacimientos de petróleo iraquíes. Los resultados han sido pocas veces suficientes y a menudo destructivos. Los contratos para la reparación o renovación de las infraestructuras eran con frecuencia una chapuza o se dejaban incompletos pues las compañías internacionales eliminaban las instalaciones que utilizaban tecnología que les era ajena y acababan instalando equipamientos incompatibles. En un caso, una reparación de un oleoducto de 5 millones de dólares se convirtió en un proyecto de “modernización” de 80 millones de dólares [17] que se hundió en inextricables cuestiones de ingeniería y que, tres años más tarde, se abandonó sin haber sido completado. En más de unos pocos casos, las comunidades locales sabotearon ese tipo de proyectos bien porque se empleaba a trabajadores y técnicos extranjeros en lugar de iraquíes o porque fueron diseñados para privar a los habitantes de lo que consideraban su "parte justa" de los ingresos del petróleo.
En los dos primeros años de la ocupación se produjeron más de 200 ataques a oleoductos y gasoductos. En 2007, se registraron 600 actos de sabotaje [18] contra oleoductos e instalaciones.
Después de un inicial frenesí de intereses, las compañías petroleras internacionales midieron los peligros y educadamente rechazaron la invitación de Bremer a arriesgar miles de millones de dólares en inversiones energéticas iraquíes.
Tras este fracaso inicial, la Administración Bush buscó una nueva estrategia [19] para avanzar en sus ambiciones de petróleo. A finales de 2004, con Bremer fuera de la foto, Washington negoció un acuerdo entre el primer ministro iraquí Iyad Allawi —respaldado por EEUU— y el Fondo Monetario Internacional. Los países de Europa se comprometieron a perdonar una cuarta parte de la deuda acumulada por Sadam Husein y los iraquíes se comprometieron a aplicar el plan de EE.UU. sobre petróleo. Pero esto no funcionó mejor que el esfuerzo de Bremer. Los continuos sabotajes de los insurgentes, la resistencia de los técnicos y los trabajadores iraquíes y la ineptitud corrupta de las empresas contratantes hicieron que el avance fuera imposible. Las compañías petroleras internacionales siguieron manteniéndose lejos.
En 2007, bajo la presión directa de EE.UU., el primer ministro al Maliki aprobó a regañadientes prácticamente la misma ley [20] y la remitió al Parlamento iraquí para su consideración legislativa. En lugar de aprobarla, el Parlamento se estableció como nuevo centro de resistencia al plan de EE.UU. elevando innumerables quejas ya conocidas y negándose en repetidas ocasiones a llevarla a votación. Ha permanecido latente hasta hoy.
Este estancamiento se ha mantenido sin cesar durante el primer año de la Administración Obama como demuestra la persistencia del conflicto [21] en el oleoducto que transporta petróleo de Iraq a Turquía, fuente aproximadamente del 20% de los ingresos petroleros del país. Durante la Administración de Bremer, los EE.UU. habían puesto fin a la tradición de la era de Sadam de permitir que las tribus locales desviasen una parte del petróleo que circula a través de su territorio. Los insurgentes, considerando esto como un acto de robo por parte de EE.UU., llevaron a cabo el sabotaje sistemático del oleoducto, y —a pesar feroces ofensivas militares de EE.UU.— se mantuvo cerrado excepto unos pocos días durante los cinco años siguientes.
El oleoducto fue reabierto en el otoño de 2009 cuando el gobierno iraquí restauró la costumbre de la era de Sadam a cambio de poner fin al sabotaje. Ha sido sólo parcialmente exitoso. Los envíos se han interrumpido por nuevos ataques a los oleoductos [22], evidentemente organizados por los insurgentes que creen que los ingresos del petróleo están financiando ilegalmente la mantenida ocupación de EE.UU. La fragilidad del servicio del oleoducto, incluso hoy, es una pequeña señal de la resistencia continua que podría ser un obstáculo para un aumento significativo de la producción de petróleo hasta que la presencia militar de EE.UU. haya terminado.
La saga completa de los seis años de sueños, políticas y presiones energéticas estadounidenses en Iraq ha producido poco hasta ahora: un aumento poco significativo en la producción de petróleo iraquí, ningún incremento de su capacidad futura para producir y ningún aumento en sus exportaciones energéticas. La gran ambición de transferir el control real de la industria petrolera a manos de las compañías petroleras internacionales se ha demostrado no menos malograda.
Durante los años transcurridos desde que EE.UU. iniciase su campaña de la energía, la producción ha languidecido de hecho, cayendo a veces hasta en un 40% por debajo de los niveles anteriores a la invasión en una industria que ya se mantiene por los pelos y gracias al ingenio. En las últimas estadísticas de la Institución Brookings de diciembre de 2009, la producción se situó en 2,4 millones de barriles por día, un total de 100.000 barriles menos que la media diaria anterior a la guerra.
Para empeorar las cosas, el precio del petróleo, que había alcanzado los máximos históricos a principios de 2008, comenzó a disminuir. En 2009, con la economía mundial hecha jirones, los precios del petróleo se hundieron radicalmente y el gobierno iraquí carecía de ingresos para sostener sus gastos actuales y mucho menos para reparar su devastada infraestructura.
Como resultado, a principios de 2009, el gobierno de al Maliki comenzó activamente, incluso con desesperación, a buscar la forma de aumentar la producción petrolera aun sin existir una ley del petróleo. Ello, después de todo, era el único camino posible para que un país por otro lado indigente, con una agricultura fracasada en medio de una sequía de extrema severidad [23] aumentase los fondos disponibles para proyectos públicos —o, por supuesto, incluso para más corrupción privada.
Las compañías petroleras mueven ficha
En enero de 2009 el gobierno abrió un nuevo capítulo en la historia de la producción de petróleo en Iraq cuando anunció su intención de permitir que una lista de varias decenas de empresas petroleras internacionales [24] pujasen por los contratos de desarrollo de ocho campos de petróleo existentes.
Los contratos propuestos no les ofrecían de hecho el tipo de control sobre el desarrollo y la producción que el equipo de trabajo de Cheney había previsto en 2001. En su lugar, serían contratadas para financiar, planificar y poner en práctica una gran expansión de la capacidad de producción del país. Tras la amortización de su inversión inicial, el gobierno les recompensaría a un cambio de no más de dos dólares por cada barril adicional de petróleo extraído de los campos que trabajen. Con la previsión de que los precios del petróleo deberán mantenerse por encima de 70 dólares por barril [25], ello significa que una vez que los costes iniciales sean reembolsados, el gobierno iraquí podría esperar recibir más de 60 dólares por barril, lo que prometía una solución a la crisis financiera actual del país.
Las principales compañías petroleras internacionales rechazaron inicialmente [26] los términos sin más exigiendo en cambio el control total sobre la producción y pagos de aproximadamente 25 dólares por barril. Esta resistencia inicial comenzó a erosionarse, sin embargo, cuando la Corporación nacional de Petróleo China (CNPC, en sus siglas en inglés), empresa estatal, indujo [27] a su socia BP, la enorme compañía petrolera británica, a aceptar las condiciones del gobierno para ampliar el campo de Rumaila, cerca de Basora, en el sur de Iraq, a un millón de barriles al día.
La empresa china, según creen los expertos, podría darse el lujo de aceptar esta baja rentabilidad debido al deseo de Pekín de crear una relación energética a largo plazo [28] con Iraq. Lo que los dirigentes chinos esperaban obviamente con este contrato de meter el pie es que llevase a más contratos para explorar las vastas, no explotadas (y, posiblemente, aún no descubiertas) reservas de petróleo de Iraq.
Quizá ante la amenaza de que las empresas chinas puedan acumular la mayor parte de los contratos de los campos petroleros más ricos de Iraq dejando a otras firmas internacionales fuera, antes de diciembre se produjo una verdadera estampida [29] que comenzó a presentar ofertas para contratos. Al final, los grandes ganadores fueron las empresas estatales de Rusia, Japón, Noruega, Turquía, Corea del Sur, Angola y, por supuesto, China. La compañía nacional de Malasia, Petronas, estableció un récord de participantes con seis socios diferentes en cuatro de los siete nuevos contratos que el gobierno de al Maliki distribuyó. Shell y Exxon fueron las únicas grandes compañías petroleras que participaron y ganaron licitaciones; las otras fueron superadas en la puja por consorcios liderados por empresas estatales. Estos resultados sugieren que las compañías petroleras nacionales, a diferencia de sus competidores privados que persiguen la maximización de los beneficios, estaban más dispuestos a renunciar a las ganancias inmediatas a cambio del acceso a largo plazo al petróleo iraquí.
Sobre el papel, estos contratos tienen el potencial para satisfacer uno de los aspectos del hambre de petróleo de Washington y frustrar otro. Si se cumplen plenamente, en conjunto podrían aumentar la producción iraquí de 2,5 millones a 8 millones de barriles por día en sólo unos pocos años. Sin embargo, no entregarán el control de la producción (o la mayor parte de los ingresos) a empresas extranjeras a fin de que Iraq y la OPEP puedan continuar, si lo desean, limitando la producción, manteniendo los precios altos y ejerciendo poder en el escenario mundial.
Sin embargo, los centros de resistencia [30] a la política petrolera inicial de EE.UU. han expresado su oposición a estos nuevos contratos. Los miembros del Parlamento exigieron inmediatamente [31] que se presentaran todos los contratos para su aprobación declarando que sería retenida a menos que se incluyera la protección rigurosa de los trabajadores, técnicos y gestores iraquíes. Las compañías estatales de petróleo iraquíes exigieron garantías [32] de que sus técnicos, ingenieros y administradores fueran adiestrados en las nuevas tecnologías que las empresas extranjeras traigan con ellas y, según vayan desarrollándose sus capacidades, aumente su control operacional sobre los yacimientos.
El poderoso sindicato petrolero iraquí se opuso [33] a los contratos a menos que se incluyesen garantías de que todos los trabajadores serían contratados de Iraq. Los líderes tribales locales mostraron su oposición si no se garantizaba un complemento de los trabajadores locales y la subcontratación de empresas de base local durante la fase de desarrollo. Luego estaba la insurgencia que sigue oponiéndose a las exportaciones de petróleo hasta que EE.UU. no se retire totalmente del país, y ha expresado su oposición mediante los 26 ataques que ha lanzado contra los oleoductos e instalaciones de petróleo desde septiembre de 2009 [34].
Algunos de estos mismos grupos han bloqueado con éxito las iniciativas anteriores relativas al petróleo. A menos que se les satisfaga, pueden frustrar el último intento del gobierno para hacer que mane el petróleo iraquí. Una señal de alerta puede apreciarse en el destino de un contrato firmado con la CNPC a principios de 2009 que exigía el desarrollo del relativamente pequeño yacimiento de Ahdab (mil millones de barriles) [35] cerca de la frontera iraní. El texto del contrato original cumplía las condiciones exigidas por los líderes locales y los trabajadores pero el trabajo, una vez iniciado, generó pocos puestos de trabajo locales y aún menos oportunidades para las empresas locales. Los chinos trajeron en su lugar trabajadores extranjeros siguiendo el patrón establecido por las empresas estadounidenses que participan en la reconstrucción iraquí. Finalmente, el equipamiento fue saboteado, se minó el trabajo y la viabilidad del proyecto sigue estando amenazada.
El fin no está a la vista y el resultado todavía no está claro. ¿Se desarrollarán las vastas reservas de petróleo iraquí y se enviarán al hambriento mercado mundial en breve plazo? Si es así, ¿quién determinará la velocidad de flujo y quién ejercerá con ello el poder que confiere esta toma de decisión? Y una vez que este océano de petróleo se venda, ¿quién recibirá los ingresos potencialmente increíbles? Como con tantas otras cosas, cuando se trata del petróleo iraquí, la guerra estadounidense ha generado muchos problemas y catástrofes y muy pocas respuestas.
Michael Schwartz es profesor de sociología en la Universidad Estatal de Stony Brook. Es el autor de War Without End: The Iraqi War in Context (Haymarket Press), que explica cómo la geopolítica militarizada del petróleo llevó EE.UU. a desmantelar el Estado iraquí y su economía alimentando una guerra civil sectaria. El trabajo de Schwartz sobre Iraq ha aparecido en numerosos medios de académicos y populares. Escribe con regularidad en TomDispatch.com.
Notas:
1.- http://www.tomdispatch.com/post/175095/michael_klare_peak_oil_and_the_remaking_of_iraq
2. -http://www.tomdispatch.com/post/174869/a_basis_for_enduring_relationships_in_iraq
3.- http://www.tomdispatch.com/post/174892/michael_schwartz_the_Iraqi_brain_drain
4.- http://www.transparency.org/policy_research/surveys_indices/cpi/2009/cpi_2009_table
5.- http://www.nytimes.com/2009/09/09/world/middleeast/09bases.html?_r=1
6.- http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2006/02/03/AR2006020302994_pf.html
7.- http://obamaspeeches.com/094-A-Way-Forward-in-Iraq-Obama-Speech.htm
8.- http://www.whitehouse.gov/the-press-office/remarks-president-state-union-address
9.- http://www1.voanews.com/english/news/usa/11dec09-iraq-gates-79050007.html
10.- http://www.reuters.com/article/idUSN2611591520100126?type=marketsNews
11.- http://www.oilprice.com/article-iraq-to-challenge-saudi-arabia-for-the-position-of-worlds-largest-oil-producer-if.html
12.- http://www.tomdispatch.com/post/174779/michael_schwartz_the_prize_of_iraqi_oil
13.- http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=7008
14.- http://fairuse.1accesshost.com/news1/salon12.htm
15.- http://www.nationbooks.org/book/179/Halliburton%27s%20Army
16.- http://www.tomdispatch.com/post/84463/michael_schwartz_on_dismantling_iraqi_life
17.- http://www.truthout.org/article/rebuilding-iraqi-pipeline-disaster-waiting-happen
18.- http://www.csmonitor.com/2007/1217/p17s01-wmgn.html
19.- http://www.merip.org/mero/mero120704.html
20.- http://www.tomdispatch.com/post/174779/michael_schwartz_the_prize_of_iraqi_oil
21.- http://www.iraqoilreport.com/security/energy-sector/two-days-at-least-until-north-pipeline-fix-3512/
22.- http://www.iraqoilreport.com/security/energy-sector/two-days-at-least-until-north-pipeline-fix-3512/
23.- http://www.tomdispatch.com/post/175177/tomgram:_martin_chulov,_is_iraq%27s_next_crisis_ecological/
24.- http://www.nytimes.com/2009/03/19/world/middleeast/19iraq.html
25.- http://www.reuters.com/article/idUSTRE5B30OK20100125
26.- http://www.truthout.org/1213096
27.- http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5gYeFphi2NSZSKwXwaGMKbAN5Xt6A
28.- http://www.iraqoilreport.com/the-biz/interview-sabah-shabeeb-al-sa%e2%80%99idi-2171/
29.- http://www.iraqoilreport.com/oil/production-exports/comment-analysis-the-economics-of-iraq-oil-investment-3264/?utm_source=Email+Update+Subscribers&utm_medium=email&utm_campaign=34c744b1d9-RSS_EMAIL_CAMPAIGN
30.- http://www.iraqoilreport.com/oil/production-exports/comment-analysis-iraqs-oil-and-gas-challenges-and-opportunities-3613/?utm_source=Email%20Update%20Subscribers
31.- http://www.truthout.org/062809B?n
32.- http://english.aljazeera.net/focus/2009/06/20096288505111580.html
33.- http://www.iraqoilreport.com/the-biz/one-oil-field-awarded-many-questions-remain-1863/
34.- http://www.iraqoilreport.com/security/energy-sector/north-pipeline-security-questioned-3610/?utm_source=Email+Update+Subscribers&utm_medium=email&utm_campaign=b2c131dd83-RSS_EMAIL_CAMPAIGN
35.- http://www.iraqoilreport.com/the-biz/locals-look-for-benefits-in-oil-boom-2231/
Fuente: www.tomdispatch.com

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lunes, 21 de diciembre de 2009

Subasta al martillo del petróleo iraquí


21-12-2009
Pepe Escobar
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El ex Vicepresidente estadounidense Dick Cheney, el ex Ministro de Defensa Donald Rumsfeld y todo un surtido de neocons estadounidenses van a disponer de mucho tiempo para poder dedicarse a cuidar su apoplejía. Una de las razones clave para desencadenar la guerra contra Iraq en 2003 fue la de hacerse con el control de sus preciosos campos petrolíferos, configurando así un gran acuerdo para el nuevo gran juego en Eurasia –el frente energético- y restringiendo el acceso de Europa y Asia a los asombrosos 115.000 millones de barriles de probadas reservas de petróleo de Iraq.

Washington, después de gastar al menos 3.000 billones de dólares y matar a más de un millón de iraquíes, ha conseguido lo siguiente: que en Bagdad, los pasados días 11 y 12 de diciembre, su sueño de oleoductos quedara definitivamente enterrado en la segunda ronda de licitaciones para explotar una serie de inmensos y enormemente rentables campos petrolíferos.
Las ofertas, supervisadas por el Ministerio del Petróleo, se presentaron en un programa-concurso de televisión en directo. En vez del “American Idol”, los iraquíes vieron el “Ídolo del Petróleo”. En un ambiente vocinglero parecido a un bazar de alfombras, el ministro jugó a “esto son lentejas, si quieres las tomas o si no, carretera y manta”, obligando a 44 corporaciones extranjeras de las grandes del petróleo a reducir al máximo la tasa que cobran por cada barril que extraen en Iraq y sometiéndolas a contratos de veinte años. A esas multinacionales no se les dio una porción de la producción petrolera iraquí; se les va a pagar una tasa de dos dólares por barril cuando aumenten la producción por encima de un nivel mutuamente acordado.
Sin embargo, para las grandes petroleras, la posibilidad de conseguir una rendija de todos esos campos megagigantes bajo control chií al sudeste de Iraq –la mayor concentración de ese tipo del mundo- llevó a todos los jugadores a gritar: “Llueve petróleo!” Una vez que pagas la entrada, ya estás dentro del teatro. Y qué teatro… El gobierno iraquí puede terminar pagando a las grandes petroleras hasta 50.000 millones de dólares por sus conocimientos técnicos. Todos esos acuerdos de “servicio” eludirán al parlamento iraquí, que podría descabalar todos esos planes. Y las grandes petroleras conseguirán aún dos dólares por cada barril extra de crudo que extraigan por encima del objetivo mínimo de producción.
En junio, Iraq celebró su primera subasta petrolera, ofreciendo a las compañías extranjeras la oportunidad de aumentar la producción en los campos que ya estaban en funcionamiento. En esta última subasta, era la primera vez que las firmas extranjeras podían pujar por campos sin explotar. De los diez grupos de campos disponibles, se concedieron siete.
Ganar-ganar para Rusia y China
Cheney y Rumsfeld jamás imaginaron que el guión iba a desarrollarse de esa manera. En vez de que las grandes petroleras de EEUU se llevaran la parte del león, los competidores estratégicos Rusia y China resultaron ser los grandes ganadores. El “premio de consolación” de Dick Cheney fue que la alianza EXXON-MOBIL-SHELL consiguiera la fase 1 de Qurna Oeste a primeros de noviembre. EXXON-MOBIL era la favorita para llevarse también Rumaila (17.800 millones de barriles de reservas). Pero una alianza BP-CNPC (China National Petroleum Corporation) se lo llevó al final porque, a diferencia de EXXON-MOBIL, estuvieron de acuerdo en reducir su tarifa a los 2 dólares que exigía el Ministerio del Petróleo.
CNPC (50%), junto con sus socios de TOTAL, de Francia (25%), y PETRONAS, de Malasia (25%), fueron también los grandes ganadores de Halfaya (4.100 millones de barriles de reservas, con una proyectada producción de 535.000 barriles por día –bpd-), al sudeste de Amara.
De nuevo PETRONAS, con el 60%, y la Japan Petroleum Exploration Company (JAPEX), con el 40%, invertirán la friolera de 7.000 millones de dólares para desarrollar el campo de Gharaf (unas reservas de alrededor de 860 millones de barriles, con una proyectada producción de 230.000 bpd). La puja fue feroz. Los perdedores fueron una oferta conjunta turco-india, un consorcio kazajo/surcoreano/italiano y PERTAMINA, de Indonesia.
Una alianza entre PETRONAS-SHELL consiguió el muy codiciado campo de Majnun (con reservas de más de 12.000 millones de barriles, con una proyectada producción de 1,8 millones de bpd), cerca de la frontera iraní. La rusa LUKOIL (85%), con un socio minoritario, STATOIL (15%), consiguió la fase 2 del inmenso Qurna Oeste (situado a 65 kilómetros al noroeste de Basora, que cuenta con alrededor de 12.000 millones de reservas y una proyectada producción de 1,8 millones de bpd), que en teoría ya se le había concedido bajo Saddam. Cuando Saddam anuló ese contrato con LUKOIL, se culpó a las sanciones de Naciones Unidas instigadas por EEUU, aunque Saddam culpó a la misma LUKOIL.
La fase 1 de Qurna Oeste (8.700 millones de barriles de reservas, con un proyecto para aumentar la producción desde 300.000 bpd a 2,3 millones bpd antes de 2016) la ganó en noviembre la anteriormente mencionada alianza entre EXXON MOBIL-SHELL. Los perdedores fueron TOTAL, de Francia, un consorcio de PETRONAS, PERTAMINA Y PETROVIETNAM, y una alianza entre BP-CNPC:
GAZPROM (40%), con sus socios minoritarios TPAO, KOGAS y PETRONAS, consiguió Badra (con una proyectada producción de 170.000 bpd). A diferencia de la loca carrera para conseguir los campos del sur, nadie pujó por el campo de Bagdad Este, por razones obvias: está situado en una zona virtual de guerra [1].
¡Qué vienen los chiíes!
Iraq nacionalizó su industria petrolera en 1972. Ahora las grandes petroleras vuelven para vengarse. El Ministro de Petróleo iraquí, Hussain al-Shahristani, no tuvo inconveniente en admitir las ambiciones de Iraq diciendo: “Nuestro objetivo principal es aumentar nuestra producción de petróleo de 2,4 millones de barriles por día a más de 4 millones en los próximos cinco años”. Iraq está en estos momentos exportando menos petróleo que durante el régimen de Saddam, pero persigue exportar 7 millones de barriles diarios en 2016. Shahristani insiste también en que “nuestro país tendrá un control total sobre la producción”.
Eso puede ser enormemente cuestionable.
De momento, el gobierno del Primer Ministro Nuri al-Maliki en Bagdad es, obviamente, un ganador. En la actualidad, Iraq recoge sólo 60.000 millones de dólares al año en ingresos del petróleo. Eso no es suficiente para reconstruir un país destruido por la guerra Irán-Iraq de la década de 1980, las sanciones de las Naciones Unidas y la ocupación estadounidense. Puede decirse que la industria petrolera iraquí no tendría suficientes fondos, equipamiento y técnicos para ponerse en pie de nuevo por sí misma.
Que con más ingresos del petróleo, Bagdad pueda imponer ley y orden –empezando por el capital- y equipar completamente a sus 275.000 soldados más las fuerzas policiales, esa es ya otra cuestión. Nadie sabe con seguridad quién controlará Iraq en el futuro próximo, con elecciones parlamentarias a la vista en marzo del próximo año. Es posible que un nuevo gobierno se vea tentado a volver a negociar esos contratos, o incluso a invalidarlos.
En los próximos años, si Iraq llega a alcanzar el objetivo de producir al menos cuatro millones de barriles al día, es lógico plantearse si eso no incidiría sustancialmente en el precio del petróleo, aunque impedirá que se dispare fuera de toda proporción. China está importando ahora alrededor de cuatro millones de barriles diarios, y esta cifra seguirá aumentando. China, por sí sola, es capaz de devorar cualquier aumento de la producción en el mercado global del petróleo.
Lo que se verá finalmente en los primeros años de la década del 2010 será la aparición de un Iraq relativamente rico, bajo control chií y con relaciones amistosas con Irán y el Hizbollah del Líbano. En lo esencial, el Islam chií seguirá en alza. Las autocracias y dictaduras del Golfo amigas de EEUU gritarán de nuevo: “¡Que vuelve la media luna chií!”. Los think tank estadounidenses pueden verse tentados a definir a Maliki como el nuevo Saddam. La única diferencia es que para entonces, Cheney y compañía estarán a salvo instalados cómodamente en el basurero de la historia.
Nota:
Para ver qué compañías consiguieron qué de forma detallada, pínchese: http://www.iraqoilreport.com/oil/production-exports/complete-round-2-results-3371/
Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalizad World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a shapshot of Baghdad during the surge”. Acaba de publicarse su nuevo libro “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com
Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/KL16Ak02.html

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Cruda política petrolera en el Iraq ocupado


10-12-2009
Zafar Bangash
americas.mediamonitors.ne
Traducción para Rebelión de Loles Oliván

El robo del petróleo iraquí por parte de Occidente se ha acelerado.
Al típico estilo colonial, el gran robo está siendo favorecido por ex funcionarios de la Administración Bush que estuvieron destinados en Iraq.
Estos incluyen a Jay Garner (en la foto), primer jefe de la Administración de la ocupación de EE. UU. en Iraq tras la invasión. Es asesor de la compañía canadiense Vast Exploration, que tiene una participación del 37% en un campo petrolífero en el norte de Kurdistán.

Peter Galbraith, asesor de política exterior de EE. UU. y próximo al vicepresidente Joe Biden y al senador John Kerry, asesoró a los kurdos sobre sus derechos cuando se redactaba la Constitución iraquí.

Presionó mediante disposiciones que garantizaban a los kurdos derechos exclusivos sobre el petróleo y el gas de los que es ahora el principal beneficiario.
A principios de 2004 Galbraith recibió derechos de exploración de uno de los yacimientos petrolíferos más grandes de Kurdistán, en la región de Dohuk, después de haber negociado un contrato que permite a la compañía petrolera noruega DNO perforar en busca de petróleo.

Estas explosivas revelaciones se publicaron en el diario noruego Dagens Næringsliv, que descubrió documentos que vinculan a Galbraith con DNO.
El periódico reveló que cuando los perforadores encontraron petróleo en un nuevo y rico campo de Tawke en diciembre de 2005, no uno sino un puñado de funcionarios y empresarios gubernamentales miembros del círculo íntimo de Galbraith sabían que las disposiciones constitucionales por las que él había presionado solo uno meses antes podrían enriquecerle tan generosamente. Su potencial de ingresos podría superar los 100 millones de dólares o más.

Galbraith no está solo en este gran robo. Zalmay Khalilzad, ex embajador de EE. UU. en Afganistán, Iraq y NN. UU., ha establecido su propia empresa de consultoría empresarial en la ciudad kurda de Irbil. Obviamente, también va en busca del rico botín.

El ex vicepresidente de EE. UU. Dick Cheney es un hombre del petróleo como lo son sus cómplices.
A principios de 2003 declaró sin pudor que Iraq “tiene nuestro petróleo bajo su suelo”. Ahora van a por él.

El 5 de noviembre [de 2009], Iraq otorgó los derechos de desarrollo del enorme yacimiento de West Qurna, en el sur de Iraq, a Exxon-Mobil y Royal Dutch Shell. Los “frutos” de la guerra de Iraq a expensas de 1,3 millones de vidas iraquíes y unos 2 billones de dólares en costos los está recogiendo Occidente en la actualidad, principalmente las empresas multinacionales estadounidenses, mediante la obtención del control de algunos de los mayores yacimientos de petróleo del mundo.

Las reservas probadas de West Qurna equivalen a 8,7 mil millones de barriles del total de las reservas de Iraq, de 115 mil millones de barriles. Antes de la invasión estadounidense de marzo de 2003, el régimen iraquí de Sadam Husain había adjudicado este contrato a Lukoil, la más importante empresa petrolera rusa. El régimen títere de Bagdad instalado por EE.UU. rompió todos esos acuerdos y ha firmado otros nuevos con las multinacionales occidentales bajo la atenta mirada de sus amos estadounidenses.

Exxon-Mobil ha sido el primer gigante petrolero estadounidense que ha firmado un contrato de 20 años que junto con la empresa Dutch Shell planea aumentar la producción diaria de West Qurna de 300.000 barriles a 2,3 millones de barriles diarios durante los próximos seis años.
El régimen iraquí se ha comprometido a compensar a las empresas por el costo de actualizar el campo; puede ascender hasta los 50 mil millones de dólares. Además, se les pagará 1,90 dólares por cada barril extraído.
Han vuelto los días felices para las multinacionales occidentales. El derramamiento de sangre iraquí es claramente más barato que el petróleo.

Al contrato con Exxon-Mobil/Shell le siguió un acuerdo similar firmado con British Petroleum (BP) y China National Petroleum Corporation (CNPC), el 3 de noviembre por el cual se les otorgaba el desarrollo de los derechos del yacimiento de Rumaila y sus reservas de 17 mil millones de barriles. El pacto se clasifica como acuerdos “por servicios” que permiten al régimen obviar al Parlamento ya que no ha de aprobar dichos acuerdos.

Otras ofertas están en trámite dando marcha atrás a casi cuatro décadas de lucha para recuperar el control del único y más preciado bien de Oriente Próximo —el petróleo— de las rapaces corporaciones multinacionales.

Iraq nacionalizó su industria del petróleo en 1975 siguiendo una tendencia creada por Irán en 1953 que, lamentablemente, llevó al derrocamiento de su gobierno mediante un golpe de Estado dirigido por la CIA y por los británicos.

Un consorcio formado por la estadounidense Occidental, la italiana Eni y Kogas de Corea del Sur ha firmado un acuerdo provisional para el yacimiento de Zubair con reservas de 4 mil millones de barriles. La japonesa Nippon Oil, Eni y la compañía española Repsol están pujando por un campo en Nasiriya que tiene un tamaño de reservas similar.

En Kirkuk (en el Kurdistán iraquí), Royal Dutch Shell está negociando un contrato para desarrollar las áreas sin explotar de un gran yacimiento del que se cree que dispone de 10 mil millones de barriles de reservas a pesar de estar en producción desde 1934.
Las multinacionales occidentales están a punto de inundarse en una bonanza petrolera.

Fuente: http://www.uruknet.info/index.php?p=m60838&hd=&size=1&l=e

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sábado, 14 de noviembre de 2009

El saqueo del petróleo iraquí


14-11-2009
James Cogan
World Socialist Web Site
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

La concesión que el pasado miércoles se efectuó de los derechos para desarrollar el inmenso campo petrolífero de Qurna Oeste, en el sur de Iraq, a Exxon-Mobil y a la Royal Dutch Shell, subraya una vez más el carácter criminal de la continuada ocupación estadounidense. Como consecuencia directa de la guerra de Iraq, los principales conglomerados energéticos estadounidenses y transnacionales están ahora intensificando su control sobre algunos de los mayores campos petrolíferos del mundo.

Qurna Oeste tiene unas reservas de 8.700 millones de barriles de petróleo. El total de las reservas de Iraq se sitúa en la actualidad en 115.000 millones de barriles, aunque hay docenas de potenciales campos que aún no se han explorado adecuadamente. Antes de la invasión estadounidense de 2003, el régimen baazista de Saddam Hussein había concedido los derechos sobre Qurna Oeste a la firma petrolera rusa Lukoil. El régimen-títere pro-estadounidense ha procedido a anular todos los contratos anteriores a la guerra.
Exxon-Mobil, que tiene su sede en EEUU, es el primer gigante petrolero en beneficiarse. Bajo las condiciones de un contrato de veinte años de duración, la Exxon-Mobil y Shell planean incrementar la producción diaria en Qurna Oeste desde menos de 300.000 barriles a 2,3 millones de barriles al día en los próximos seis años. De la misma forma en que el gobierno iraquí compensa a las compañías por los costes que puedan implicar las mejoras del campo –que pueden llegar hasta los 50.000 millones de dólares-, éstas le pagarán 1,90 dólares por cada barril que extraigan, es decir, alrededor de 1.500 millones de dólares al año. Exxon-Mobil tiene una participación del 80% y Shell del restante 20%.
El contrato es tan sólo el segundo firmado por el régimen de Bagdad con compañías energéticas extranjeras. El pasado martes, el gobierno iraquí concluyó un acuerdo con British Petroleum (BP) y con la China National Petroleum Corp (CNPC), dándoles los derechos de explotación del inmenso campo de Rumaila y sus reservas de 17.000 millones de barriles. BP mantiene un participación de un 38% y CNPC el 37%. El plan es incrementar la producción desde alrededor de un millón de barriles al día a 2,85 millones, lo que generará unos beneficios de 2.000 millones de dólares al año.
El único punto de fricción con que se han topado las transnacionales es que los contratos no se basan en el modelo postulado por el Acuerdo de Producción Compartida (PSA, por sus siglas en inglés), que concede hasta el 40% de los ingresos totales de un campo petrolífero. Incluso los venales individuos que componen el gobierno iraquí rechazaron traspasar los mayores campos petrolíferos del país bajo esas condiciones. En su lugar, los pactos aparecen clasificados como acuerdo de “servicio”. Esto ha posibilitado que el Primer Ministro, Nuri al-Maliki, y su Ministro de Petróleo, Hussain al-Shahristani, ignoren al parlamento y se aprovechen de la ausencia de una ley de hidrocarburos que regule la industria energética.
Pero hay más acuerdos a punto de ultimarse. Un consorcio compuesto por la compañía italiana ENI, Occidental, con sede en EEUU, y Kogas, de Corea del Sur, han firmado un acuerdo provisional para el campo petrolífero de Zubair, que cuenta con unas reservas de 4.000 millones de barriles. Eni, el gigante japonés Nippon Oil y la firma española Repsol están pujando por un campo en Nasiriya que tiene unas reservas de similar tamaño. En el norte de Iraq, la Royal Duth Shell está negociando un contrato para desarrollar zonas sin explotar del importante campo de Kirkuk, del que se cree pueda tener hasta una reserva de 10.000 millones de barriles a pesar de estar en producción desde 1934.
Tras exigir inicialmente mejores condiciones, las compañías energéticas están llegando a acuerdos para mejorar los campos existentes con la esperanza de que así se encuentren en posición ventajosa cuando haya contratos más lucrativos que utilicen el modelo PSA en los 67 campos no explotados que serán subastados este año o el próximo. Aunque les ha llevado más tiempo de lo previsto, los conglomerados energéticos importantes han decidido ahora que Iraq está ya lo suficientemente estabilizado como para que empiece a manar dinero ampliando en gran medida la producción petrolífera del país. El primer paso se ha dado ya al abrir la industria petrolera iraquí, nacionalizada en 1975, a los inversores extranjeros.
Subrayando la naturaleza neo-colonial de esta operación, dos ex altos funcionarios estadounidenses de la administración Bush están ahora facilitando acuerdos corporativos en Iraq. Jay Garner, el primer cargo de la administración ocupante estadounidense en Iraq tras la invasión, es asesor de la compañía energética canadiense Vast Exploration, que tiene una participación del 37% en un campo petrolífero del norte kurdo. Zalmay Khalilzad, ex embajador en Afganistán, Iraq y ante las Naciones Unidas, ha establecido su propia firma de consultoría para las corporaciones en la ciudad kurda de Irbil.
La invasión y ocupación estadounidense de Iraq fue siempre una guerra por los recursos energéticos. Más de un millón de iraquíes han sido masacrados, millones más heridos y traumatizados, sus ciudades e infraestructuras destruidas y decenas de miles de soldados estadounidenses muertos o heridos, todo ello para que EEUU obtuviera el control y dominio de las inmensas reservas de petróleo de Iraq como parte de sus vastas ambiciones en Oriente Medio y Asia Central.
EEUU no pudo conseguir todos sus objetivos regionales tras la primera Guerra del Golfo en 1990-91. El régimen de Husein permaneció en el poder y, a pesar de las continuadas sanciones de las Naciones Unidas, estuvo firmando contratos con compañías como el gigante petrolero francés Total y Lukoil. Desde los últimos años de la década de los noventa del siglo pasado, Rusia y las potencias europeas presionaron para que se levantaran las sanciones y esas compañías pudieran recoger beneficios. La guerra se convirtió para EEUU en el único medio para impedir que sus intereses corporativos quedasen recortados.
Los conglomerados energéticos estadounidenses no se limitaron a ser meros observadores pasivos. Representantes de alto nivel de Exxon-Mobil, Chevron, Conoco-Phillips, BP America y Shell participaron a principios de 2001 en varias negociaciones con el “Grupo de Trabajo para la Energía” de la administración Bush, que estaba encabezado por el Vicepresidente Dick Cheney. Uno de los documentos que se prepararon para las discusiones contenía un mapa detallado de los campos de petróleo, oleoductos y terminales iraquíes, y una lista de las compañías extranjeras, no estadounidenses, que proyectaban instalarse allí. Un informe de mayo de 2001 de ese grupo de trabajo afirmaba sin rodeos el objetivo de EEUU: “El Golfo será el foco principal de la política energética internacional de EEUU”.
Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 ofrecieron un pretexto para la guerra. Las mentiras sobre las armas de destrucción masiva iraquíes se entrelazaron con las patrañas sobre las conexiones iraquíes con Al-Qaida. En el período preparatorio a la invasión, los ejecutivos de la industria petrolífera se reunieron repetidamente con los funcionarios de la administración Bush. Como el Wall Street Journal comentó el 16 de enero de 2003: “Las compañías petrolíferas estadounidenses empiezan a prepararse para el día en que puedan conseguir una oportunidad para trabajar en uno de los países más ricos en petróleo del mundo”.
Tras ahogar en sangre al pueblo iraquí, la oligarquía financiera y corporativa estadounidense cree finalmente llegado el día. Aunque las corporaciones estadounidenses no son las únicas beneficiarias de los contratos, no hay duda de quién tiene la última palabra sobre el suelo iraquí. Con inmensas bases militares en el país y con el régimen de Bagdad vinculado a Washington, EEUU está posición de dictar condiciones a sus rivales europeos y asiáticos y, en medio de las tensiones entre las grandes potencias, blandir la amenaza de cortar los suministros de petróleo, una premisa que no es precisamente nueva en la política estratégica estadounidense.
Fuente: http://www.wsws.org/articles/2009/nov2009/pers-n11.shtml

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