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miércoles, 4 de junio de 2008

Condolezza Rice tenía razón: nace un nuevo Oriente Próximo




Alberto Cruz
CEPRID
03-06-2008


El acuerdo de Doha para Líbano ha puesto de manifiesto una nueva reordenación del mapa en Oriente Próximo. Tenía razón la Secretaria de Estado de EEUU, Condolezza Rice, cuando en plena guerra de Israel contra Líbano, en el verano de 2006, mientras la aviación israelí bombardeaba las zonas civiles del país árabe, especialmente los barrios shíies de Beirut y las ciudades del sur del país, justificaba la masacre afirmando que se estaba asistiendo “a los dolores del parto de un nuevo Oriente Próximo”. Lo que no soñaba la Rice es que con la victoria de Hizbulá sobre Israel ese nuevo Oriente Próximo iba a ser diferente del diseño imperialista y que, poco a poco, se iba a ir distanciando de la tutela estadounidense y sus agentes en la zona: Arabia Saudita, Egipto y Jordania.
Al igual que está sucediendo en América Latina, en el mundo árabe hay un despertar. A la lucha de los iraquíes, palestinos y libaneses se suma la de los trabajadores egipcios y, en menor medida, pero también merece ser resaltado la de los jordanos en contra de las políticas neoliberales y fondomonetaristas de sus gobiernos. Es el parto del nuevo Oriente Próximo, el de los pueblos.
En política exterior no hay verdades inmutables y quien es hoy un fiel aliado mañana puede verse convertido en un paria. Y al revés. Por lo tanto, si bien no se puede hablar de que la estrategia imperialista en Oriente Próximo haya sido derrotada, sí se puede afirmar que está seriamente debilitada. El mérito inicial hay que atribuírselo a los patriotas iraquíes, que lograron una paralización de la reordenación geopolítica y neocolonial de la zona iniciada con la invasión y ocupación de Irak. Pero el golpe definitivo fue asestado con la derrota de Israel en la guerra del verano de 2006. Desde entonces, Hamás se ha hecho fuerte en Gaza y ahora en Líbano los vencedores son las organizaciones de la alianza patriótica y nacionalista que forman Hizbulá, el Movimiento Patriótico Libre, Amal y toda una pléyade de organizaciones de izquierda que forman parte de la resistencia.
Los EEUU y sus agentes en la zona, como Arabia Saudí, han intentado convertir Líbano en el espejo árabe en el que debían reflejarse el resto de países tras el fracaso de esta estrategia en Irak. En el mes de marzo, el embajador estadounidense en Beirut, Jeffrey Feltman, mostraba sin recato alguno su “disgusto por los continuos y descarados ataques contra las instituciones democráticas de Líbano por aquellos que buscan restaurar la toma de decisiones en Siria” [en referencia a las fuerzas patrióticas y nacionalistas, unánimemente calificadas como pro-sirias por la famosa “comunidad internacional” y sus medios de choque informativos]. El mismísimo George Bush ha venido insistiendo hasta la saciedad, y así lo ha repetido durante su última gira por la zona que vino a coincidir casi en el tiempo con la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados, que Líbano es un país en el que “las fuerzas que reciben apoyo de Irán y Siria deben ser enfrentadas y derrotadas”. Ha sido justamente al revés. Las fuerzas prooccidentales, pro estadounidenses y pro saudíes han sido derrotadas en todos los terrenos, en el militar y en el político (1).
En el aspecto militar, tal y como recoge el diario libanés de izquierda As Safir, la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados ha tenido, además de un claro mensaje interno demostrando la fragilidad de las estructuras militares de las fuerzas prooccidentales que con tanto empeño estadounidenses, saudíes y jordanos intentaban convertir en el contrapeso de Hizbulá, una vertiente externa: “ha recordado a americanos e israelíes que las aventuras militares tendrían funestas consecuencias” (2). Un hecho que se ha producido, y eso es digno de recordar, pocos días más tarde de que Bush visitase Oriente Próximo y que para este diario ha significado “el último clavo en el ataúd en el que reposa el diseño americano en Oriente Próximo” (3).
En el aspecto político, el hecho de que las fuerzas políticas libanesas hayan alcanzado un acuerdo en Doha para poner fin a la crisis pone de manifiesto que existe una clara voluntad de organizaciones políticas, e incluso de gobiernos, de desafiar, resistir y oponerse al diseño neocolonial y sectario que EEUU, Israel y los aliados reaccionarios árabes intentan imponer en la zona. El nacionalismo árabe, adormecido durante años, vuelve a despertar y ello atisba un nuevo diseño de Oriente Próximo muy alejado de las pretensiones imperialistas.
El fin de la era saudí
El acuerdo al que han llegado las fuerzas prooccidentales libanesas y las patrióticas y nacionalistas ha supuesto una derrota de los intereses de EEUU y sus aliados en la zona, especialmente de Arabia Saudita. Ya durante la reunión de urgencia que celebró la Liga Árabe para tratar el tema, como consecuencia de la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados, se produjo un desmarque significativo de las tesis saudíes –que consideraban único responsable a Hizbulá, abogaban por su desarme y pedían una condena expresa de la lucha armada- por parte de varios países árabes como Qatar, Yemen y Argelia.
Mientras la coalición prooccidental “14 de Marzo” insistía en que Hizbulá y sus aliados habían dado “un golpe de Estado”, los saudíes, por boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Saud al-Faisal, utilizaban el mismo lenguaje y añadían un nuevo elemento: la comparación entre la invasión por Israel de Beirut en 1982 y lo que estaba sucediendo entre los días 7 y 11 de mayo de este año. El saudí fue más allá de lo que nadie había ido hasta entonces: comparó al secretario general de Hizbulá con el ex primer ministro israelí Ariel Sharon. La coincidencia de argumentos tenía como finalidad crear el clima de opinión necesario para hacer aceptable el envío de fuerzas militares árabes a Líbano (4) ante la debacle de las fuerzas que apoyaban a la coalición que sustentaba al gobierno prooccidental dirigido por Fouad Siniora, rápidamente derrotadas y puestas en ridículo por los militantes de Hizbulá y sus aliados. Los prooccidentales y pro saudíes, de forma especial los representados por el clan Hariri, demostraron lo que realmente son: una impresionante potencia financiera conseguida al calor de la corrupción que conllevó la reconstrucción de Beirut tras la guerra civil pero desprovista de apoyo popular fuera de sus clanes partidarios. A este sector sólo le queda una baza y no es descartable que la utilicen: el reforzamiento de los islamistas, ligados o no a Al Qaeda, y la desestabilización de Líbano utilizando los ataques a las fuerzas de la FINUL como principal factor.
Ante esta situación Qatar, un país que está adquiriendo un papel cada vez más relevante en Oriente Próximo, contando con el apoyo de otros países árabes como los anteriormente mencionados logró neutralizar la escalada intervencionista proponiendo una reunión en su capital, para lo que logró el apoyo formal de la Liga Árabe.
No ha sido una reunión cualquiera, sino que ha sido un sutil y ambicioso toque de atención a las intenciones de Arabia Saudita de convertirse en potencia regional (con la aquiescencia de los EEUU). El acuerdo que ha puesto fin a la crisis libanesa se ha negociado en Doha, la capital, con los qataríes como principales mediadores. El texto del acuerdo comienza de la siguiente manera: “Bajo los auspicios del Emir de Qatar (…) y de los esfuerzos del secretario general de la Liga Árabe (…) y los ministros de Asuntos Exteriores de Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Argelia, Yibuti, Omán, Marruecos y Yemen (…)” (5). Obsérvese que no hay mención de dos países claves hasta ahora en Oriente Próximo, Arabia Saudita y Egipto, y fieles aliados de EEUU, junto con Jordania aunque este país sí estuvo presente en Doha.
Arabia Saudita está herida en su orgullo y derrotada militar –las milicias de sus patrocinados se disolvieron como un azucarcillo en una taza de café ante el empuje de los militantes de Hizbulá y sus aliados- y políticamente. El Acuerdo de Taif de 1990, que puso fin a la guerra civil que durante 15 años ensangrentó Líbano –al margen de la ocupación israelí del sur del país, que terminó en el año 2000 como consecuencia de la guerra de desgaste impuesta por la resistencia liderada por Hizbulá- se alcanzó en esa ciudad saudita y ellos, los saudíes, han venido considerando desde entonces Líbano como un feudo logrando convertir este país en un rehén de su enfrentamiento con Irán. Si alguien debía supervisar lo que sucede en Líbano, tenían que ser ellos. Eso es algo que se ha roto ahora y que va a tener una repercusión importante en el futuro.
Ha sido sintomático que mientras la mayoría de los participantes en la conferencia de Doha retornasen a Beirut uno eligió un destino distinto: Riad. ¿Cuál fue el único dirigente libanés que no retornó a su país para explicar a sus bases el acuerdo? Pues Saad Hariri, el principal dirigente del Movimiento al Futuro (6). Hariri ha dejado claro que quien le mueve es el dinero saudita y que toda su actuación no es otra cosa que la prolongación de la estrategia saudita en Líbano. Tal vez sea el primer ministro del futuro, una vez se celebren las elecciones tal y como ha quedado reflejado en el acuerdo de Doha, de lo que se hablará más adelante, pero su actuación prosaudí queda maniatada y sin margen de maniobra.
La derrota de Arabia Saudita no llega sola. Con la finalidad de impedir, o dificultar la cumbre de Doha los EEUU, junto a Francia y Gran Bretaña, intentaron imponer una nueva resolución al Consejo de Seguridad de la ONU en contra de Hizbulá y su organización armada. Rusia, China, Sudáfrica y Libia se opusieron no solo a esa nueva resolución, sino a cualquier intento de modificación de las resoluciones 1559 (que trata sobre la retirada de las tropas sirias de Líbano y el desarme de Hizbulá y las organizaciones palestinas existentes en los campos de refugiados) y la 1701 (por la que se sancionó el cese el fuego entre Hizbulá e Israel tras la guerra del verano de 2006 y que, también, habla del desarme del movimiento político-militar libanés y los palestinos) como pretendieron los promotores de la fallida iniciativa tras constatar que no contaban con el plácet de estos países para una nueva resolución.
El Consejo de Seguridad ha tenido que contentarse con aprobar una “declaración no vinculante” (7) en la que se acoge con satisfacción el acuerdo de Doha y se recuerdan las anteriores resoluciones el CS de la ONU en las que, aún sin nombrarlas expresamente en esta declaración de la presidencia, se pedía el desmantelamiento y el desarme de todos los libaneses y las milicias extranjeras, término con el que la ONU se refiere a los palestinos de los campos de refugiados.
Los términos del acuerdo
El acuerdo de Doha mantiene la actual estructura de poder en Líbano: un cristiano maronita en la presidencia del país y en la jefatura del Ejército, un musulmán sunita como primer ministro y un musulmán shíi como presidente del Parlamento. Eso ha satisfecho a franceses y estadounidenses pese a que la evolución demográfica del país haya hecho de los shiíes la parte mayoritaria de la población, con un 40% del total de los casi 5 millones de habitantes del país. Aunque esa estructura de poder no se toca, hay una significativa variación que pone al descubierto con toda crudeza cómo los hasta ahora aliados en la coalición prooccidental se abandonan unos a otros para garantizar su parcela de poder.
El acuerdo recoge una nueva reformulación de los distritos electorales de Beirut, lo que aparentemente otorga una cierta ventaja a la fracción suní, prooccidental y prosaudí, que representa Saad Hariri y su Movimiento al Futuro. Eso hace que, muy posiblemente, este personaje se convierta en el próximo primer ministro. Sin embargo, la reordenación de los distritos electorales deja al descubierto un flanco importante: el voto cristiano.
Los cristianos están divididos, unos forman parte de la coalición “14 de Marzo”, la que apoya al gobierno, y otros a la coalición “8 de Marzo”, la que forma parte de la oposición patriótica y nacionalista. La reordenación de los distritos electorales perjudica a los cristianos aliados de Hariri y se sienten traicionados. De forma especial la formación que lidera Samir Yayá, las Fuerzas Libanesas, que con esta nueva formulación apenas conseguiría 2-3 escaños en las próximas elecciones. El bloque prooccidental comienza a hacer agua y eso lo sabe ya todo el mundo.
Las fuerzas patrióticas y nacionalistas son las claras vencedoras. Consiguen menos puestos en el gobierno, pero se garantizan una minoría de bloqueo que hará imposible cualquier medida que no cuente con su aprobación. No se va a discutir el tema de las armas de Hizbulá, lo que invalida cualquier pretensión occidental, amparada por las resoluciones de la ONU o no, de insistir en ese extremo (y aquí hay que reseñar que el nuevo presidente libanés, Michel Suleiman, haya dicho en su discurso de posesión que “es necesaria una fuerte estrategia de defensa para hacer frente a la agresión israelí” y que esta estrategia “debe utilizar las capacidades de la resistencia” (8).
Y, como ha dicho gráficamente en la sesión de investidura de Suleiman el presidente del parlamento libanés, Nabib Berri, “el plan de EEUU [en referencia a lo dicho por Condolezza Rice sobre el parto de un nuevo Oriemte Próximo] no tiene cabida en ningún lugar de Oriente Próximo” (9). Como dato clarificador de ello, la fecha elegida para nombrar a Suleiman nuevo presidente de Líbano ha sido el 25 de mayo. Ese día del año 2000 los soldados israelíes abandonaban el sur de Líbano empujados por una heroica resistencia patriótica liderada por Hizbulá. Ya sólo queda como territorio ocupado en Líbano las granjas de la Shebaa y las colinas de Kafar Shuba.
No es extraño, por tanto, que Israel sienta el hecho como una nueva derrota. Después de preguntarse, y al mundo que quién sería capaz de parar a Hizbulá cuando esta organización y sus aliados tomaron Beirut (10), ahora considera que el precio que se ha pagado a Hizbulá es demasiado alto: “el control a largo plazo, de facto, de Líbano” (11).
Notas:
Alberto Cruz, “Egipto y Líbano: dos huelgas, una estrategia y una realidad” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article128
As Safir, 22 de mayo de 2008.
Ibid.
Alberto Cruz, Cuatro días que estremecieron Oriente Medio” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article132
The Daily Star, 22 de mayo de 2008.
Ibid.
Declaración de la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU S/ PRST/2008/17, 22 de mayo de 2008.
The Daily Star, 26 de marzo de 2008.
Ibid.
Haaretz, 12 de mayo de 2008.
Haaretz, 26 de mayo de 2008.
Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Especializado en Relaciones Internacionales.
albercruz@eresmas.com

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La Lista de Doha




Líbano consigue, por fin, tener Presidente
Franklin Lamb
CounterPunch
22-05-2008

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Posiblemente, en cuestión de horas, Líbano tendrá a su nuevo Presidente en el General Michel Suleiman. Pero no tomará posesión antes del sábado 25 de mayo, para dar tiempo a que la comunidad internacional envíe a sus representantes.
Cuando fue nominado por vez primera para el puesto, Suleiman parecía ser el más próximo a la coalición gubernamental, sin embargo, en los últimos tiempos se le ha venido criticando por aparecer demasiado próximo a la oposición al no intervenir sus tropas cuando este mes estallaron enfrentamientos armados entre los bandos en disputa.
Hay quien dice que los hechos hacen al hombre. Otros piensan que al contrario. Suleiman podría ser ese dirigente tan necesitado, honesto, fuerte e independiente que se ha hecho querer por el Líbano y por la Causa y Nación Árabes. Este “presidente de unidad” ha sido finalmente confirmado en el acuerdo alcanzado entre las facciones políticas libanesas en las conversaciones celebradas en Doha, Qatar, en un intento de resolver la crisis que dura ya dieciocho meses y que ha tenido al país sin presidente desde noviembre.
Bajo la democracia sectaria del país, el puesto de Presidente va a ocuparlo un cristiano maronita. Suleiman será el duodécimo Presidente del Líbano desde la independencia del país en 1943 y el tercero tras los Acuerdos de Taif que pusieron fin a la guerra civil del Líbano de 1975-1990 y que contaron con la mediación saudí. El General Suleiman, de 59 años, lleva en su puesto de comandante del ejército desde 1998.
Esta misma tarde, cientos de personas y propietarios de tiendas del centro de Beirut tomaron las calles de la ciudad en manifestación de júbilo por el acuerdo. Los extranjeros que viven en el Libano no podían sino compartir su alegría y sentirse llenos del sentimiento de “Este pueblo tan valioso y que tanto ha sufrido merece algo de paz, inshallah, ojalá que dure mucho”.
Algunos de los residentes de la ciudad de las tiendas de campaña de Beirut [*] se hacen fotos esta mañana; otros empaquetan sus pertenencias y desmontan sus tiendas tras el Acuerdo de Doha alcanzado en las primeras horas del 21 de mayo. Al Líbano le lleva algún tiempo arreglar sus cosas políticas. Una joven pareja suiza está regateando con un compañero del Partido Comunista del Líbano (o lo que queda de él) intentando comprar una tienda para su trekking alrededor del Líbano.
Hizbollah ha informado al director del municipio de Beirut y a su alcalde que ayudará a rehabilitar el centro de Beirut y que pagará cualquier daño causado en las tiendas de la zona durante los casi 18 meses de permanencia de la ciudad de las tiendas de campaña.
Hasta ahora, el Acuerdo ha sido bien recibido a nivel internacional y ya han expresado su satisfacción Arabia Saudí, Siria, Irán y Francia, si bien cada una de las partes manifestó un apoyo mayor o menor ante los resultados de Doha según la postura de su partido. Se informa que la administración Bush cree que lo acordado en Doha fue probablemente lo mejor que se podía conseguir en el último minuto, cuando los delegados estaban ya haciendo las maletas para irse de Doha sin haber alcanzado solución alguna. El tiempo lo dirá.
El desmantelamiento de la “ciudad de las tiendas”, erigida por Hizbollah en el lujoso centro de Beirut construido por Rafiq Hariri, no va todo lo rápido que debiera para aquellos cuyos negocios han sufrido daños, se han visto obligados a trasladarse o han tenido que cerrar como consecuencia de la ocupación de desobediencia civil a favor de la oposición de 18 meses de duración. Hay esperanza de que puedan recuperarse algunos de los millones de dólares perdidos durante esos meses de ocupación si la inminente estación turística lograr atraer a un millón de visitantes.
El alivio se palpa en el aire.
La fatiga física y mental de muchos libaneses por la tensión constante, riñas políticas y la mortal violencia ocasional en su país ha sido resumida por las manifestaciones celebradas por organizaciones no gubernamentales a lo largo de la carretera que lleva al aeropuerto internacional de Beirut. “Llegad a un acuerdo o cubriros de vergüenza”, se leía en un mensaje a los representantes del Líbano, mientras otro decía: “¡Queremos criar a nuestros niños en el Líbano!”
En todo el Líbano se puede palpar y casi escuchar un suspiro colectivo de alivio mientras la organización cívica ¡Jalás! [¡Ya es suficiente!] quita sus pancartas de la carretera del aeropuerto. Ayer, varias docenas de ciudadanos que resultaron heridos y acabaron con minusvalías por la Guerra Civil de 1975-1990, sostenían pancartas en las que pedían a sus dirigentes que pusieran fin a la parálisis política del Líbano o que no se les ocurriera volver. “¡Si no sois capaces de alcanzar un acuerdo, no regreséis!”, se leía en algunas de las pancartas.
Durante las últimas horas del 20 de mayo cundió el desaliento en el Centro de Conferencias de Doha, donde se habían reunido los partidos políticos libaneses y donde las habituales refriegas políticas continuaban. El miembro de la oposición Michel Aoun acusó al dirigente del 14 de Marzo, Saad Hariri, favorable a Siniora, de querer establecer Beirut como ciudad “Hariri” y no como capital de todo el Líbano. “Este es punto principal de desacuerdo”, dijo.
“El acuerdo no es el más ideal para cada partido y confío en que servirá de base para ir logrando unas relaciones decentes entre la mayoría y la oposición. Afrontaremos el resto de las cuestiones en Beirut y no hay necesidad de sentir temor ante nada”, ha declarado Aoun en el día de hoy.
Mientras tanto, las Fuerzas Libanesas que dirige Samir Geagea repetían su más reciente frase favorita: “Ellos [Hizbollah] no van a conseguir en Doha lo que no han conseguido con sus armas”, y que las conversaciones de Doha se estaban viniendo abajo a causa de las demandas de Hizbollah. Geagea renovó ayer su llamamiento a favor de una “Fuerza Árabe de Disuasión” que trajera estabilidad al Líbano. Cuando una periodista le preguntó si con eso quería significar la última Fuerza Árabe Disuasoria que llegó en 1976 y se quedó durante 29 años (i.e. Siria) Geagea se limitó a mirar fijamente a la impertinente joven griega mientras otros se reían tontamente.
Y así es como tras cinco días, a las tres de la madrugada del 21 de mayo, las facciones políticas libanesas llegaron de hecho a un acuerdo que permitirá que el General Michel Suleiman sea elegido Presidente del Líbano y que pueda formar un gobierno de unidad.
El último escollo fue la nueva ley electoral. La Oposición, que dirige Hizbollah, sigue intentando un sistema de votaciones lo más parecido que pueda conseguir al de una persona-un voto. También les gustaría que la edad de votar descendiera hasta los 18 años, lo que les beneficiaría entre los libaneses más jóvenes y políticamente más activos. Lo que consiguieron en Doha no fue sino el establecimiento de un gobierno ampliado en el que dentro de unos días empezarán de nuevo las discusiones.
Con respecto a la cuestión clave de las armas de Hizbollah, quedó fuera de la mesa y diplomáticamente evitada en Doha; el nuevo gobierno debatirá y decidirá cómo el Líbano va a abordarla y tratarla. Hizbollah se siente, por ahora, protegido ya que consiguió eficazmente en Doha el veto sobre las decisiones del gabinete del gobierno. Había estado buscando eso desde el final de la guerra de julio de 2006.
A falta de las elecciones parlamentarias de 2009, el “gobierno de unidad” queda de esta forma:
Los Estados Unidos, Israel y la mayoría apoyada por Arabia Saudí, consiguen 16 de los 30 escaños del gabinete.
La Oposición, que cuenta con el favor de Irán y Siria, dirigida por Hizbollah y que incluye al partido cristiano mayor, el FPM dirigido por Michel Aoun, consigue 13 puestos del gabinete y los tres restantes serán elegidos por el Presidente Suleiman.
Algunos observadores, incluido este servidor, piensan que es probable que en las elecciones del próximo año Hizbollah doble el actual número de 14 escaños parlamentarios e incluso que llegue a conseguir cuarenta o más. El FPM de Michel Aoun también piensa doblar la cifra de sus diputados. Si esto sucede así, habría amplios votos para que la Oposición (que podría convertirse en la nueva Mayoría tras las votaciones de 2009) proteja las armas de la Resistencia, que es aún un punto clave de contención entre el gobierno de la mayoría, apoyado por EEUU-Israel-Arabia Saudí, y la Oposición, favorecida por Irán y Siria. Por ahora, el gobierno tratará la cuestión de no utilizar las armas para conseguir dividendos políticos y se centrará en el cumplimiento de las decisiones alcanzadas durante el diálogo de 2006. Esto podría funcionar, por el momento.
También se acordó el Doha la adopción de la ley electoral de Qada de 1960 (basada en el distrito administrativo libanés), por la que Beirut queda dividida en tres circunscripciones:
El primer distrito electoral comprende Ashrafiye, Rmeil y Saifi, con cinco escaños: dos armenios, uno maronita, uno ortodoxo y uno católico;
El segundo distrito electoral comprende Bashoura, Medawar y Marfa, con cuatro escaños: uno sunní, uno chií y dos armenios;
El tercer distrito electoral comprende Mazraa, Msaytbe, Ras Beirut, Mina el Hosn, Zaqa el Blat y Dar el Mrayseh, con diez escaños: cinco sunníes, uno chií, uno druso, uno ortodoxo, uno evangélico y uno para las minorías.
Por ahora, este acuerdo es bastante justo para ambas partes dadas las actuales circunstancias y teniendo en cuenta el hecho de que no se han realizado censos desde 1932. Saad Hariri consiguió la mayor parte de lo que quería el Movimiento por el Futuro para preservar su base electoral en el Oeste de Beirut.
Todas las miradas se posarán pronto en las próximas elecciones, que pueden ser las más importantes desde que Líbano consiguió su independencia de Francia en 1943.
Washington, Tel Aviv, Teherán, Damasco y Riad tienen sus candidatos favoritos y, sin duda, estarán observándolo todo muy de cerca.
N. de la T.:
[*] La protesta de los partidarios de Hizbollah, que les llevó a instalarse en tiendas de campaña en las dos plazas más importantes de Beirut, la de Riyad Solh y la de los Mártires, había creado muchos problemas para el comercio y movimiento de personas en el centro de Beirut. La acción se produjo mucho antes de la crisis presidencial como manifiesto contra la política del Primer Ministro Fuad Siniora, apoyada por los EEUU.
Puede contactarse con Franklin Lamb en: fplamb@gmail.com
Enlace con texto original en inglés:
http://www.counterpunch.org/lamb05212008.html

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