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sábado, 6 de marzo de 2010

Entrevista a Eric Toussaint: Más allá del Foro Social Mundial, la Quinta Internacional


En la reunión del ALBA del día 25 de enero 2010 se decidió anular la deuda de Haití con sus países miembros, dando una lección a las potencias que se reunieron en Montreal el mismo día.

Igor Ojeda
Fato semanario brasileño
9-2-2010 a las
www.kaosenlared.net

En la opinión del politólogo Éric Toussaint, uno de los fundadores del FSM, que está en su décima edición, se debe crear un frente permanente de partidos, movimientos sociales y redes internacionales para llevar a cabo acciones políticas conjuntas.

El politólogo Éric Toussaint, es uno de los integrantes del Consejo Internacional del Foro Social Mundial (FSM), y uno de los defensores de la propuesta de que ese espacio se transforme en una plataforma de mayor incidencia política en las luchas sociales a lo largo y a lo ancho del mundo. Por el momento, no le preocupa demasiado la resistencia de ciertos sectores integrantes del FSM, que quieren mantener el formato original del evento. Para Toussaint, la solución es sencilla: “Si el Foro no quiere hacerlo, se debe construir otro instrumento, sin eliminar el Foro”.

En conversación con Brasil de fato |1|, Éric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) de Bélgica, defiende el diálogo entre movimientos y partidos siguiendo la propuesta del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sobre la creación de una Quinta Internacional. En la entrevista que sigue, habla de la crisis económica mundial, de las iniciativas de integración del subcontinente Latinoamericano y del ascenso de los países del Bric (Brasil, Rusia, India y China) en el escenario internacional, potencias, que a su criterio, no son una alternativa progresista al viejo orden: “Lo que buscan es negociar con los viejos imperialismos su lugar en la división internacional del poder, del trabajo, de la economía global y del acceso a los recursos naturales”.

Entrevista

Brasil de Fato – ¿Cómo evalúa las dos visiones diferentes expuestas en el debate de apertura del Foro Social Mundial: por un lado, la que propone el “uso” del Foro como una plataforma política, con más poder de acción e incidencia política, y por el otro, la que defiende la idea de que el Foro mantenga su formato original, como un espacio para el intercambio de ideas?

Eric Toussaint – Es necesario tener un instrumento internacional para definir las prioridades en términos de demandas, de objetivos. Un calendario común de acción, un instrumento que permita elaborar una estrategia común. Si el Foro no lo permite, se debe construir otro instrumento, sin eliminar el Foro. Pienso que éste tiene su razón de existir, tiene sus ventajas, pero si algún sector no quiere una evolución hacia su transformación en un instrumento de movilización, es preferible construir otro con las organizaciones e individuos que estén convencidos de esa necesidad. Esto no impediría la continuación de la participación activa en el Foro. Digo esto para evitar una escisión, un debate sin fin que paraliza más que ayuda. Está claro que existe un sector que prefiere mantener el carácter de un Foro de discusión, de debate y que no se transforme en un instrumento de acción.

¿Es un sector bastante fuerte, no?

Sí. Es una parte del núcleo histórico que hizo la convocatoria para la formación del Foro. Pero no constituyen la totalidad del núcleo histórico, puesto que el MST |2| también es parte de ese núcleo. Y nosotros también, el CADTM forma parte del Consejo Internacional del Foro desde su creación, en junio de 2001. Pero es evidente que organizaciones como Ibase |3|, y personalidades como Chico Whitaker y Oded Grajew, se oponen a que el foro evolucione hacia un instrumento de lucha. Lo que me preocupó al llegar a Porto Alegre fue constatar que el seminario “10 años después” estaba patrocinado por Petrobras, Caixa, Banco do Brasil, Itaipú Binacional y que había una fuerte presencia del gobierno. Obviamente, eso es preocupante. Preferiría un foro con mucho menos apoyo financiero pero más militante. Podemos apoyarnos en las fuerzas voluntarias militantes, alojamiento solidario en casas, o en el campo, con la infraestructura necesaria, en escuelas, etc.

¿Y cuál sería el nuevo instrumento al que usted se refiere?

Existe una propuesta que, realmente, tuvo bastante poca repercusión. Se trata de la convocatoria realizada por Hugo Chávez a fines de noviembre 2009, para la creación de una Quinta Internacional, reuniendo movimientos sociales y partidos de izquierda. Pienso que la propuesta es, en principio, muy interesante. Puede ser una buena posibilidad si genera una reflexión, un diálogo entre partidos y movimientos sociales: una Quinta Internacional como instrumento de convergencias para la acción y para la elaboración de un modelo alternativo. Sin embargo, desde mi punto de vista, no sería una organización como las Internacionales anteriores, que eran –o todavía son, pues la Cuarta Internacional continúa existiendo– organizaciones de partidos con un nivel de centralización bastante elevado. Considero que la Quinta Internacional no debería tener ese alto nivel de centralización y no debería implicar la autodisolución de las redes internacionales. Éstas podrían adherir a una Quinta Internacional manteniendo sus características, aunque tal adhesión sería una prueba de que todas las redes o grandes movimientos nacionales tienen el propósito de ir más allá de frentes puntuales, como los que se constituyeron con motivo de la Cumbre del Clima de Copenhague, la soberanía alimentaría, la deuda… Tenemos banderas comunes con varias redes, y eso es positivo. Pero si fuese posible llegar a formar un frente permanente… Con esta última expresión, tal vez esté dando un elemento de definición. Para mí, la Quinta Internacional debería ser, en la situación actual, un frente permanente de partidos, movimientos sociales y redes internacionales. El término “frente” implica, claramente, que cada uno mantendría su identidad, pero que daría prioridad a lo que los une para alcanzar determinados objetivos en común y avanzar en la lucha. Los últimos meses fueron una nueva demostración de la necesidad de aumentar la capacidad de movilización, porque la movilización contra el golpe en Honduras fue totalmente insuficiente. Es preocupante, porque como los Estados Unidos apoyaron el golpe legitimando las elecciones, fuerzas golpistas en todo el mundo consideran que esa es nuevamente una opción razonable. En Paraguay, por ejemplo, la discusión de los golpistas es “¿Para cuándo? ¿Cómo?”. Pero están convencidos de que es preciso ejecutar un golpe a partir del Congreso Nacional contra Lugo. Esto muestra que la movilización relacionada con Honduras fue insuficiente, pero también la relacionada con Copenhague y, ahora, con Haití. La respuesta frente a la intervención de los Estados Unidos en Haití es totalmente insuficiente.

¿Entonces cree que es posible, en una Quinta Internacional, conciliar, en torno a acciones políticas comunes, las distintas corrientes de izquierda que formarían esa nueva organización?

Sí, pienso que es necesario comenzar con un diálogo consultivo para intentar llegar a ese resultado. No podemos precipitarnos. La Quinta Internacional, para ser algo realmente efectivo, tiene que escuchar y reunir una cantidad muy significativa de organizaciones. Hacer una Quinta Internacional con una pequeña parte del movimiento no valdría la pena. Sería matar el proyecto o limitarlo. Abrir la perspectiva de un debate sobre ello me parece muy necesario.

En una entrevista usted dijo que el Foro Social de Belem, llevado a cabo en enero del año pasado, fue la primera gran movilización internacional contra la crisis. Ahora dice que no hubo una respuesta satisfactoria contra lo ocurrido en Honduras y en Haití. ¿Qué ocurrió? ¿Qué está faltando?

Sí, tiene toda la razón de hacer notar el defasaje entre el gran éxito de Belem y lo que ocurrió después. El saldo de 2009 es preocupante. No hubo, en las mayores economías industrializadas, en el epicentro de la crisis, manifestaciones sociales importantes. Sólo se realizaron grandes manifestaciones en Francia |4| y Alemania, en particular en Francia, donde más de un millón y medio de manifestantes se lanzaron a las calles en dos marchas durante el primer trimestre. En Estados Unidos, hubo algunas huelgas pero pocas. Allí la movilización es difícil para los sectores que sufren más con la crisis. Es como si la gente estuviese agotada. El desempleo aumentó de manera muy fuerte en el Norte; por ejemplo, en España, se pasó del 10 % al 20 % de la población económicamente activa., algo que no había ocurrido en los últimos 30 años. En cuanto al Sur, gobiernos como el de Lula dan la impresión de que Brasil y otros países del Sur no se verán afectado por la crisis del Norte, debido a que se tomaron medidas económicas y financieras que les permiten blindarse. Entonces, en el Sur hay también un bajo nivel de movilización en relación con la crisis internacional. Pero quiero hacer una comparación histórica. Después de la crisis de 1929 en Wall Street, la lucha social radical en el plano internacional comenzó en 1933, 1934 y 1935. Vemos así que históricamente la reacción de las masas no es inmediata. Si la crisis continúa, y sus efectos se mantienen muy fuertes, al final la gente comenzará a movilizarse masivamente.

¿Pero, además de este análisis histórico, cree que la izquierda tampoco supo prepararse para dar una respuesta adecuada?

Ese es otro aspecto. Hemos visto, por ejemplo, que la juventud brasileña del Estado de Pará estaba muy interesada, asistió en masa al Forum Social de Belem. Y participó en los debates en los que se hablaba de alternativas radicales. Pero como el Foro Social Mundial no es un instrumento de movilización… Además, las dirigencias de los sindicatos están muy burocratizadas. La política de los dirigentes sindicales consiste en esperar que las decisiones del gobierno eviten un gran shock. Acompañan y apoyan las políticas gubernamentales que limitan un poco el costo de la crisis para los más oprimidos. Existe una falta de voluntad por parte de los dirigentes sindicales, de los partidos de izquierda o de los partidos “socialistas”, que hace que los gobiernos continúen aplicando, en los países del Norte, soluciones sociales-liberales o neoliberales. No hay voluntad de implementar ni siquiera una política neokeynesiana. El New Deal de Roosevelt (Franklin Delano, por entonces presidente estadounidense), de 1933, en comparación con las políticas de Barak Obama, o de gobiernos como el de José Luís Rodríguez Zapatero (presidente del gobierno español, del Partido Socialista Obrero Español) y el de Gordon Brown (primer ministro británico, del Partido Laborista), parece de una izquierda radical. Por lo tanto, queda claro que existe una enorme responsabilidad de las direcciones de los partidos tradicionales de izquierda, los sindicatos y una gran debilidad en el Foro Social Mundial para hacer frente a la crisis. Por eso, retorno al primer punto de la entrevista: necesitamos un nuevo instrumento.

¿Cree que, con esta crisis, definitivamente se inauguró o puede inaugurarse en un futuro próximo una nueva era de multipolaridad?

Es evidente que la dominación económica de los Estados Unidos no es la misma que la de hace 20 años. Los Estados Unidos perdieron la primacía económica, pero es el único país que combina: dominación industrial –aunque en ese aspecto se esté debilitando–, una moneda que aunque debilitada continúa siendo la moneda internacional, y una presencia militar permanente en más de cien países, teniendo además una aceitada maquinaria para invadir territorios. Hace cinco meses publiqué un artículo en el que interpretaba el golpe en Honduras y las siete bases en Colombia como una demostración evidente de la agresividad norteamericana contra América Latina.

Algunos periodistas reaccionaron diciendo que yo estaba exagerando, que los Estados Unidos. no podían lanzar una intervención militar en América Latina, ya que no tienen disponibilidad de fuerzas por estar atrapados en Afganistán, Pakistán e Irak. Pero ahora, en dos días, fueron capaces de mandar 15.000 soldados a Haití. Por lo tanto, sí, reafirmo: los Estados Unidos continúan siendo una potencia capaz de agredir, de mandar equipamientos y materiales militares a todos lados. El caso de Haití es muy emblemático, ya que muestra que mantienen una gran capacidad y velocidad de reacción. La potencia estadounidense continúa siendo la principal del mundo en términos estratégicos. Está claro que están surgiendo otras nuevas, como China, la Unión Europea, y por detrás, Rusia, India y Brasil, que son potencias regionales. El concepto que para mí define la actuación internacional de Brasil es el de “imperialismo periférico”. Imperialismo, ¿por qué? Porque Brasil considera a los países vecinos como una potencia imperialista tradicional. Los considera como países destinatarios de inversiones de sus empresas trasnacionales, y la política externa del gobierno brasileño tiende a apoyar la estrategia de expansión de esas corporaciones: Petrobrás, Vale do Rio Doce, Odebrecht, etc., que están presentes en Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, Chile, Argentina e inclusive África, donde han hecho inversiones importantes. Entonces existe un carácter multipolar en el sentido de que no hay un superimperialismo, sino potencias imperialistas (Estados Unidos, Unión Europea, Japón) entre las que existen imperialismos periféricos como Brasil y Rusia. Los llamados Bric [acrónimo de Brasil, Rusia, India y China) no constituyen una alternativa progresista a los viejos imperialismos. Lo que buscan es negociar con ellos un lugar en la división internacional del poder, del trabajo, de la economía global y del acceso a los recursos naturales. Por eso considero que no existe ninguna potencia progresista a la que podríamos apoyar. Pero existe sí una iniciativa como el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas, propuesta por el presidente venezolano Hugo Chávez), cuyos integrantes, felizmente, no son países imperialistas. Alternativas regionales como ésta, son muy importantes. Mi preocupación al respecto es que se debería ir más allá de los discursos, aumentando mucho más la integración entre los países miembros. Aunque es preciso destacar cosas positivas: en la reunión del ALBA del día 25 de enero 2010 se decidió anular la deuda de Haití con sus países miembros, dando una lección a las potencias que se reunieron en Montreal el mismo día, para discutir el alivio de la deuda de Haití, condicionándola a la aceptación de medidas de ajuste estructural.

¿En este contexto, cómo evalúa el avance de iniciativas como la del Banco del Sur? ¿Cree que ese proyecto se encuentra en una etapa satisfactoria?

En 2007 participé, a pedido del gobierno de Rafael Correa y de su ministro de Economía y Finanzas, en la redacción de la posición de Ecuador con respecto al Banco del Sur. El proyecto que el país defendía era un modelo de Banco para financiar proyectos públicos o de comunidades tradicionales, nativas, etc. Por ejemplo, financiar a nivel regional, una política de soberanía alimentaría, potenciar las reformas agrarias necesarias, las reformas urbanas, la interconexión ferroviaria –y no la de autopistas–. Esta es una de las opciones posibles para el Banco del Sur. Brasil y Argentina tienen otro proyecto. Quieren el Banco para financiar proyectos, en los países más pobres, que forman parte de la iniciativa IIRSA (Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), es decir proyectos de obras públicas en el marco de IIRSA, mediante la contratación de empresas brasileñas o argentinas. O sea, de nuevo dinero público para contratar empresas privadas, para grandes proyectos que no respetan el medio ambiente y que no dan prioridad a la mejora de la situación de las masas. Y la opción de Brasil y Argentina es la que comienza a dominar en las negociaciones del Banco del Sur. Es necesario que los gobiernos de izquierda de verdad opten por una integración de los pueblos, y no por favorecer a grandes empresas multinacionales, sean éstas del Sur o del Norte. Una integración que no tome como modelo la construcción europea. En Europa tenemos integración, pero totalmente dominada por la lógica de la acumulación del capital privado, o sea, la lógica liberal o neoliberal. Con los gobiernos existentes en América Latina, con la fuerza de los movimientos sociales y con la tradición de las luchas radicales, es el lugar del mundo en el que se puede implementar un modelo alternativo, y no más de lo mismo.

Usted acostumbra a decir que hay dos izquierdas: la ecosocialista y la social-liberal. ¿Como se explica que a pesar de que el modelo neoliberal haya sido puesto en jaque a causa de la crisis, ha sido el presidente Lula –al que usted ubica entre los social-liberales– uno de los que salieron más fortalecidos por ella?

Fundamentalmente, lo que define la suerte de un país son las movilizaciones sociales, las experiencias que las masas acumulan a través de su movilización. Y vemos que los países donde los gobiernos, en el ámbito político, son los más avanzados, son aquellos que tuvieron los movimientos sociales más radicales. Ese nivel de movilización social ejerce una presión que empuja a los gobiernos hacia medidas políticas y sociales más coherentes con la opción de izquierda. Lamentablemente, en Brasil no hubo, en los últimos cinco o seis años, ese nivel de movilización. Y el gobierno, además de eso, comenzó con una situación económica favorable. Entre 2003 y 2008, hubo un aumento en el precio internacional de las materias primas, un aumento que acompañaba la burbuja especulativa del norte y generaba más exportaciones para el país. Y, hasta ahora, como comentamos antes, la crisis internacional no afectó inmediatamente a Brasil. Por ello, el Gobierno podrá presentar como resultado de su política una situación económica que no depende exactamente de la misma. A no ser por el hecho de mantener tasas de interés muy altas, que permitió a los bancos privados brasileños no tener que invertir tanto en subprimes estadounidenses para obtener mayores beneficios, porque ya los obtenían con sus altos intereses. Está claro que no apoyo la política de tasas de interés altas, pero, en un mundo en el que los bancos pueden mover fácilmente su capital, esa medida protegió, de algún modo, el sistema bancario de Brasil.

¿Pero por qué razones, además de las tasas de interés, Brasil no fue afectado por la crisis?

Porque la caída de los precios de las materias primas que ocurrió en el segundo semestre de 2008 fue seguida por un alza. Los ingresos por exportación se mantuvieron y el colchón social representado por el programa de Bolsa Familia proporcionó a los sectores pobres cierto nivel de consumo que mantuvo el mercado interno. La pregunta es: ¿qué va a ocurrir en los próximos años? ¿Qué va a ocurrir con el crecimiento de China? Puede o no seguir con el actual crecimiento. Sabemos que en China existe una burbuja inmobiliaria, una burbuja en la Bolsa de Valores, una explosión de deudas. El crecimiento en China se debe a la muy importante inyección de gasto público por parte del gobierno para contraatacar la pérdida de mercados externos debido a la crisis en los Estados Unidos, Europa y Japón. Se mantiene el nivel de crecimiento, pero de manera artificial, por medio de esas burbujas. En la situación mundial actual, China es la locomotora de lo que resta de crecimiento económico. Sin China, estaríamos en una recesión mundial al estado puro. La situación de Brasil está relacionada con China por medio de las exportaciones de minerales, etc., pero también porque la situación de China mantiene la economía mundial en cierto nivel de crecimiento. Si China cae, lo que para mí no es una certeza, pero sí una posibilidad, afectará a Brasil, que también sufrirá las consecuencias si ocurrieran otras explosiones financieras internacionales, porque existen otras bombas, como los precios de las materias primas, que son más altos de lo que la actividad económica justifica. Hay una inversión especulativa en materias primas de varios productos alimenticios exportados por Brasil, como la soja. Si esa burbuja especulativa explotase, tendremos una reducción en los precios de estos productos, y eso golpeará a Brasil. Por eso la idea de que Brasil tiene una economía blindada es falsa. Depende de la evolución internacional sobre la que no tiene control. Lo que Brasil podría hacer para reparar esta situación es conseguir un crecimiento mayor de su mercado interno, protección, ejercer más control sobre los movimientos de capitales, implementar otro modelo económico – un modelo redistributivo–, atacar a los monopolios, a los especuladores, realizar una reforma agraria y urbana radical. Este podría ser un modelo dentro de un marco de integración regional. Pero eso implicaría un cambio de opciones en el gobierno.

¿Cómo evalúa las respuestas a la crisis por parte de los gobiernos más progresistas como Venezuela, Bolivia y Ecuador?

Hubo un aspecto positivo, no solo por parte de esos tres gobiernos, sino también, de alguna manera, en las gestiones de Lula, Cristina Fernández de Kirchner (presidenta de Argentina) y Michelle Bachelet (presidenta de Chile). O sea, a pesar de las recomendaciones del FMI, de reducir el gasto público, los gobiernos aplicaron políticas heterodoxas. Incluso el gobierno de Alan García, del Perú, que es un gobierno de derecha. Eso les permitió mantener un cierto nivel de crecimiento económico. La reacción de Bolivia, Ecuador y Venezuela fue realizada por gobiernos que no tienen las mismas características. De los tres, el que actuó más radicalmente sobre la política económica fue el de Hugo Chávez, con más nacionalizaciones. Pero, francamente, las políticas de Correa, Chávez y Evo Morales no son tan diferentes de las de otros gobiernos en la región. No hay una diferencia radical en el aspecto económico. Creo que hay grandes diferencias en términos de antiimperialismo, de reformas constitucionales, de recuperación de control de los recursos naturales. Pero sería una simplificación decir que hay diferencias astronómicas entre las experiencias económicas de la región. Personalmente, preferiría poder decir que los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Bolivia están implementando un modelo realmente alternativo. Sin embargo todavía no es el caso. Hay anuncios y perspectivas que pueden ser muy interesantes, pero no deben confundirse discursos e intenciones con hechos reales.

¿Cómo está actualmente el debate acerca de la deuda pública?

El tema de la deuda tiene sus altos y bajos. El tema era muy candente en los años ochenta, y volvió a tener mucha fuerza con el default de Argentina al final de 2001. Ahora estamos de nuevo en una situación de tensión, pero es solo el inicio. Entre 2007 y 2008, Ecuador formó una comisión para la auditoria de la deuda de la que formé parte. Sobre la base de nuestras conclusiones, el gobierno de Correa decidió suspender el pago de 3.200 millones de dólares de deudas en títulos comerciales vendidos en Wall Street y que vencían entre 2012 y 2030. Correa suspendió el pago a partir de noviembre de 2008 y enfrentó a los acreedores, los poseedores de títulos. Y consiguió, el 10 de junio de 2009, que el 91 % de los títulos fuesen vendidos por sus dueños al gobierno de Ecuador con un descuento del 65 %. O sea, Ecuador compró títulos con un valor total de 3.200 millones de dólares pagando sólo 1.000 millones. Economizó entonces 2.200 millones de dólares y todos los intereses que el país tenía que pagar hasta el año 2030. Esto demuestra que incluso un pequeño país puede enfrentarse a los poseedores de títulos e imponerles un “sacrificio”. Esos poseedores, que siempre ganaron, tuvieron que abandonar la perspectiva de continuar ganando mucho dinero con sus títulos. La lección es que, si Ecuador consiguió hacerlo, países como Brasil, Argentina y otros también lo podrían hacer.

Argentina había suspendido el pago en 2001, pero en 2005, cometió el error fundamental de canjear los títulos en vez de comprarlos o anularlos totalmente. Canjearon con descuentos, pero debieron seguir pagando los intereses, con una alta tasa. Actualmente la deuda Argentina tiene el mismo volumen que en 2001. La cuestión del pago de la deuda volverá a la escena internacional debido a dos factores fundamentales. Primero, la crisis económico-financiera, que hizo disminuir las exportaciones del Sur y los ingresos fiscales correspondientes, lo que vuelve más difícil el reembolso de la deuda pública interna y externa. El segundo factor es el aumento del costo de refinanciación de la deuda. Como los banqueros del Norte entraron en crisis, su tendencia es exigir más a los países del Sur que desean endeudarse a nivel internacional.

Traducido del portugués por Guillermo F. Parodi
notes articles:

|1| Periódico semanal brasilero de ámbito nacional. Editado y de propiedad de movimientos sociales, entre ellos organizaciones como Vía Campesina, Consulta Popular, pastorales sociales vinculadas a la iglesia católica progresista, sindicatos, partidos de izquierda, colectivos feministas, organizaciones estudiantiles... http://www.brasildefato.com.br/v01/agencia/entrevistas/para-alem-do-forum-social-mundial-a-quinta-internacional

|2| Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) http://www.mst.org.br/

|3| Instituto Brasileiro de Análises Sócias e Econômicas (Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos). http://www.ibase.org.br/

|4| También se debe mencionar las extraordinarias huelgas en Martinica y Guadalupe, territorios franceses de ultramar.

Eric Toussaint

www.cadtm.org
345, Avenue de l'Observatoire
4000 Liège
Belgique

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viernes, 12 de febrero de 2010

El Foro Social Mundial en crisis


Carlos Taibo

Que el Foro Social Mundial (FSM) está en crisis es un secreto a voces. La principal de las explicaciones al respecto parece obvia: aunque los diagnósticos que desde el FSM se han formulado en lo relativo al derrotero del planeta han demostrado ser puntillosamente certeros, mientras la corrosión del capitalismo va a más, la capacidad de los movimientos para articular respuestas efectivas sigue siendo reducida. Y ello es así pese a que, del lado de aquellos, hay una conciencia clara en lo que se refiere al hecho de que la corrosión no afecta sólo al neoliberalismo, sino que alcanza, antes bien, al propio capitalismo como un todo.

Es verdad, claro, que la crisis del Foro Social Mundial tiene otra dimensión que afecta a la propia condición del proyecto. Desde bastante tiempo atrás se ha subrayado, con buen criterio, que las reuniones que han ido celebrándose en lugares del sur del planeta –así, Porto Alegre, Mumbai o Nairobi– en los hechos daban más cancha a los santones intelectuales y a los activistas del norte que a las propias redes de los países pobres. No sólo eso: esas reuniones han acabado por ofrecer un espacio muy goloso para que fuerzas de la izquierda tradicional –incluida la socialdemocracia más rastrera– encontrasen un eco que a buen seguro no merecían. Al final, el panorama ha resultado ser un tanto lamentable: las mismas fuerzas que en el trabajo sórdido y poco vistoso de cada día están dramáticamente ausentes se han servido a menudo del repetidor del FSM para aparentar, durante unas horas, lo contrario.

No está de más agregar, por cierto, que la multitudinaria presencia, en sucesivas sesiones del FSM, de presidentes de un puñado de países de América Latina no ha dejado de ser, también, un problema, en la medida en que ha facilitado la confusión entre los movimientos de base y realidades institucionales varias, y ello por muy respetables que estas puedan ser. En un escenario como el que acabamos de retratar no es difícil explicar por qué del Foro Social Mundial –una mezcla confusa en la que se dan cita ONG asistenciales, fuerzas políticas tradicionales y movimientos rompedores– no ha salido nada que huela a un programa mínimamente unificador de realidades tan extremadamente distintas.

Más allá de todo lo anterior, lo suyo es afirmar que el FSM arrastra de siempre una delicada relación con los movimientos de base. Reconozcamos, eso sí, que la proliferación de foros descentralizados ha servido para rebajar un tanto la intensidad del problema, aun cuando no falten los ejemplos de cómo esos foros de rango geográfico menor han acabado por reproducir los problemas de la matriz de escala planetaria. Parece claro, de cualquier modo, que ante las señales de naufragio de un proyecto en exceso cupular como al cabo ha resultado ser el Foro Social Mundial, sólo queda reivindicar el trabajo, a menudo heroico, que en tantos lugares siguen realizando esos movimientos de base de los que hablamos. Subrayemos, en cualquier caso, que el futuro de la contestación de la globalización capitalista no se dirime en Porto Alegre sino en el día a día de la vida de barrios y pueblos en todo el planeta.

Carlos Taibo es, profesor de ciencia política en la UAM.

Fuente: http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/457/el-foro-social-mundial-en-crisis/

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viernes, 29 de enero de 2010

Foro Social Mundial, diez años


29-01-2010
Esther Vivas
Altermundo-Galicia Hoxe

Desde el lanzamiento del Foro Social Mundial, en junio del 2000, en la Cumbre Social Alternativa de Ginebra, coincidiendo con la Asamblea de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Social, han pasado diez años. En esta década, el mundo ha cambiado y el contexto en que surgió el Foro Social Mundial (FSM) es distinto al que hoy nos encontramos.


El FSM nació con la voluntad de ser un punto de encuentro de los movimientos sociales contrarios a la globalización neoliberal y alzarse como una voz alternativa a las directrices del Foro Económico Mundial de Davos, que reunía anualmente a empresarios y líderes políticos, “cocina” del capitalismo actual.

Objetivo conseguido

El Foro Social Mundial consiguió su objetivo. Evento tras evento sumó cada vez a más participantes, llegando a los 130 mil en la última edición en enero del 2009 en Belem (Brasil), aunque sí es cierto que el impacto político y mediático de los primeros años no es comparable con el actual. Entonces, las críticas y las propuestas del Foro tenían el mismo eco que los pronunciamientos en Davos. Hoy, esto ha cambiado.

Otro logro del Foro Social Mundial ha sido su capacidad para descentralizar el evento, tanto el mundial (que se celebra actualmente cada dos años en un continente distinto en el Sur) como vinculándolo a experiencias más cercanas y enraizadas en el territorio como los foros sociales continentales (Foro Social Europeo, Foro Social de las Américas, Foro Social Africano), regionales (Foro Social Mediterráneo, Foro Social Amazónico) o local (Foro Social Mundial en Madrid, Foro Social Catalán), entre otros.

Muchos movimientos sociales le han reconocido su papel de referente y han participado activamente en el mismo, haciendo suyos los llamados surgidos de estos encuentros, el más significativo de los cuales la jornada de acción global contra la guerra del 15 de febrero del 2003.

Pero el Foro Social Mundial no está exento de peligros como la rutinización, la “oenegización”, la cooptación, la falta de participación de movimientos sociales reales, etc., como vimos en la 7a edición celebrada en Nairobi (Kenya) en 2007. Aun así, el Foro Social Mundial cuenta con potencialidades, como se puso de manifiesto en la última edición en Belem, que fue la primera muestra de rechazo colectiva a la crisis sistémica del capitalismo, señalando la necesidad de una ruptura con el mismo. También las tesis de que el Foro Social Mundial debe ser ante todo un espacio útil para los movimientos sociales y empujar a la acción han sido más aceptadas en los últimos tiempos.

Algunos dilemas

Desde finales de los años 90, estos movimientos se han visto enfrentados a nuevos retos y dilemas y el Foro Social Mundial no ha quedado al margen.

Un ejemplo: la guerra global contra el terrorismo impulsada por George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 y que sirvió de excusa para criminalizar y perseguir a los movimientos de disidencia. En aquel momento, algunos medios, como el Financial Times, auguraron el fin del movimiento “antiglobalización”, pero éste hizo de la lucha contra la guerra en Irak un eje de protesta vertebrador sacando a la calle a millones de personas contra la guerra en Irak, el 15 de febrero del 2003, marcando uno de los hitos del movimiento.

Pero otros acontecimientos en el escenario político, como el derrumbe económico en Argentina, el posterior auge de los movimientos sociales piqueteros, asambleas barriales, etc. y al final la vuelta al poder de los “mismos de siempre”, plantearon nuevos interrogantes. Del mismo modo que lo hizo la irrupción en el poder de Chávez en Venezuela y sus políticas de ruptura parcial con el imperialismo y el neoliberalismo, que posteriormente encontraron alianzas con los gobiernos de Morales en Bolivia y Correa en Ecuador.

Si en una primera fase del movimiento “antiglobalización” dominaban las tesis de “Cambiar el mundo sin tomar el poder” de Toni Negri y John Holloway, con el desarrollo de estos acontecimientos el escenario del debate político y estratégico cambio sustancialmente.

Todos estos elementos han influido en el debate sobre el futuro del Foro Social Mundial y se plantean cuestiones como: ¿Qué relación entre partidos políticos anticapitalistas y movimientos sociales? ¿Qué vínculos con gobiernos como el de Chávez, Correa y Morales? ¿Qué estrategia ante el llamado de Chávez a una 5ª Internacional?

Frente a la crisis sistémica del capitalismo, con una crisis climática, política, social, alimentaria sin precedentes, estos retos se plantean como más urgentes que nunca. A lo mejor ya va siendo hora, como decía la escritora india Arundhaty Roy, en la 4ª edición del Foro Social Mundial en Mumbai (India), “de centrarnos en blancos reales e infligir daño real”. ¿Cuándo?

Esther Vivas es coautora, junto con Josep M. Antentas, de Resistencias Globales. De Seattle a la crisis de Wall Street (Editorial Popular, 2009).

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martes, 26 de enero de 2010

Forum Social Mundial se abre en Porto Alegre con reflexión sobre sus objetivos


26-01-2010
Rogéria Araújo
Adital


"Diez años después: Desafíos y propuestas para otro mundo posible". Éste fue el tema del seminario que abrió ayer (25) las actividades del Forum Social Mundial 10 años, en Porto Alegre, Río Grande do Sul. El momento sirvió de reflexión sobre las verdaderas ganancias y pérdidas de la iniciativa que engloba a una diversidad de movimientos sociales de todo el mundo. Representantes de organizaciones y entidades que formaron la mesa reconocieron varias fallas del Forum, pero también fueron unánimes en afirmar que el proceso continúa siendo de construcción y que ya produjo muchos frutos.

Francisco Whitaker, uno de los idealizadores del proyecto inicial del FSM, recordó momentos en los que el movimiento fue cuestionado en sus objetivos, además de otros en que el proceso parecía haberse debilitado, tomando como base la edición de Nairobi (África, en 2007), en la cual la participación de los movimientos no fue tan expresiva como la esperada. En la secuencia, vino la edición de Belém (Pará, Brasil, en 2009), donde el número de participantes volvió a ser significativo.
Sin embargo, para él, dentro del proyecto altermundista, en el que los movimientos sociales son los principales protagonistas, el FSM continúa cumpliendo su papel aglutinador y de articulación. "El FSM, como proyecto altermundista, continúa pautado en la solidaridad y no en el capital", afirmó.

Sin embargo, señaló algunas "fallas". "Nosotros todavía estamos lejos de expandir lugares o espacios hacia todo el mundo y enraizarlos. Hay partes del mundo en las que el forum no llega y esas partes están enterradas por el modelo neoliberal. También aprovechamos poco la potencialidad de ese proceso", dijo.

El presidente emérito del Instituto Ethos de Empresas de Responsabilidad Social, Oded Grajew, también uno de los primeros articuladores del Forum, citó a Gandhi: "Lo importante es el camino". El elemento democrático del evento fue uno de los aspectos sobresalientes. "El FSM, al contrario de otras instancias, no obliga a nadie a dejar de creer en nada. Ese proceso viene cambiando culturas que antes eran puestas por encima del interés colectivo", evaluó.

Para hablar de colectividad, João Pedro Stédile, de la coordinación nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), reforzó que el Forum mismo nació de manera colectiva. Hizo referencia a otras iniciativas que se aproximaron a lo que hoy es el Forum, pero que no tuvieron éxito, como eventos en Seatle (EUA), Chiapas (México) y Cochabamba (Bolivia). "El FSM consiguió culminar esas necesidades. El Forum es un espacio de los movimientos, una feria de debates. Su naturaleza es social y no partidaria. Nosotros acertamos cuando conseguimos derribar al neoliberalismo como ideología, como propuesta de salida para los pueblos", explicó.

Según el coordinador del MST, otros obstáculos se plantean como desafíos en este proceso que ya lleva una década. Expuso algunos: "No conseguimos acumular un programa más propositivo. Fallamos en construir un espacio que posibilitara promover acciones a nivel internacional. Y si es verdad que no conseguimos mostrar que el neoliberalismo no era el camino, no aglutinamos ninguna forma de propuesta antiimperialista".

El seminario contó, además, con representantes de Uruguay, Italia e India entre otros. El Forum Social Mundial 10 años, en Porto Alegre, abre una serie de actividades que se realizarán en todo el mundo en 2010.

Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=44467

Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com

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domingo, 17 de enero de 2010

FSM, diez años diciendo que otro mundo es posible


Los diez años del movimiento contra la globalización neoliberal han servido para crear redes, entrelazar experiencias y sembrar semillas de resistencia en todo el mundo.

SUSAN GEORGE (presidenta de honor de Attac Francia y del Comité de Planificación del Transnational Institute de Amsterdam)
Viernes 15 de enero de 2010.

Es difícil creer que hace ya diez años nos estábamos manifestando en Seattle (EE UU) y también que nos estemos acercando rápidamente a la décima edición del Foro Social Mundial. Aunque el movimiento alterglobalización –o de justicia global– tiene raíces más profundas, la mayoría de la gente considera esos acontecimientos como su origen e inspiración. Puede parecer mucho tiempo cuando lo estás viviendo, pero una década no es nada en términos históricos. En estos tiempos de crisis, de incremento de las desigualdades y el desempleo, estamos justificadamente impacientes por ver resultados, pero debemos recordar que durante estos diez años se han plantado semillas en innumerables lugares del mundo entero. Como quiera que se presenten las cosas –y para muchas personas se presentan de hecho muy sombrías– estas semillas han producido ya árboles resistentes y flores hermosas; otras pueden mantenerse inactivas por meses o años, pero no se han destruido.


G-8, ROSTOCK. Imagen de la oposición a la cumbre del G-8 en Alemania en junio de 2008. Edu BayerConstrucción de redes

Uno de los aspectos más valiosos de los foros sociales es la manera en que se ha fomentado la construcción de redes. La movilización masiva que se ha producido en Copenhague (Dinamarca) se basa en el trabajo de la red por la justicia climática que se ha ido constituyendo a partir de los foros sociales europeos o mundiales. El movimiento global de activistas por el comercio justo, que se ha opuesto a las políticas destructivas de la Organización Mundial del Comercio y a los incluso más nocivos Acuerdos de Asociación Económica de la UE, nació en los foros sociales. En otros campos de acción –ya sea sobre cuestiones de justicia financiera, de desarrollo, de pobreza, de derechos humanos o sobre problemas de justicia social– nuestras redes se han consolidado inconmensurablemente, de modo que es muy normal ahora que españoles trabajen con activistas de América Latina; franceses y alemanes con coreanos o filipinos y así sucesivamente. Aunque no lo hemos conseguido todavía –y estamos lejos– vamos construyendo las bases de un mundo más justo y más verde. Hay quienes creen que los foros deben ser un espacio donde la gente interactúe libremente, una especie de vasto receptáculo cuyo contenido sea lo que los participantes quieran poner en él: del caos aparente emergerán resultados apropiados y una práctica democrática auténtica. Hay quienes son escépticos respecto de ese enfoque y desean que los foros estén más estructurados y más conscientemente orientados a alcanzar resultados identificables. Creo que ambos enfoques pueden ser posibles. Todas las personas estamos sufriendo la crisis actual. El capital financiero se ha revelado como el enemigo común; viejos o jóvenes, del Norte o del Sur, mujeres u hombres, granjeros o trabajadores, estudiantes o jubilados. Todos queremos y necesitamos justicia financiera, social y climática. Todos sabemos que el G-20 no proporcionará nada de eso. Mientras tanto, los medios de comunicación están anunciando que el movimiento alterglobalización está muerto, y tienen razón al menos en que es mucho menos visible, pero no obstante puede que mucho trabajo se esté desarrollando en la sombra. ¿No podría el Foro ponerse de acuerdo en un día de acción global para protestar contra las falsas promesas que se han hecho y las falsas soluciones propuestas; para exigir un mundo más justo, más verde y más democrático? ¿Recuerdan el 15 de febrero de 2003, cuando el mundo entero salió a las calles para protestar contra la invasión de Iraq? Con una preparación cuidadosa, si el FSM así lo decide, podríamos mostrar otra vez nuestro poder de convocatoria, nuestra determinación y nuestra convicción de que otro mundo es realmente posible.

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Conectando luchas, creando resistencia


NUEVA EDICIÓN DEL FORO SOCIAL MUNDIAL

Del 28 al 31 de enero de 2010, el IES Lope de Vega y el Patio Maravillas acogen la III edición del Foro Social Mundial de Madrid, un espacio abierto y plural para el intercambio de experiencias que rechazan el actual modelo económico neoliberal.

http://www.fsmmadrid.org
15 de enero de 2010

La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”. (Eduardo Galeano). Han pasado diez años desde que un grupo de activistas de varios continentes promoviera el Foro Social Mundial (FSM), en Porto Alegre (Brasil), en oposición al Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), que reúne a la elite del capitalismo neoliberal. A partir de entonces han tenido lugar centenares de foros –mundiales, continentales, regionales y locales– en los que decenas de miles de personas han vislumbrado un horizonte de esperanza y solidaridad. Los foros han supuesto un avance lento, pero imparable, de los movimientos y las iniciativas sociales de base como “espacio de encuentro de quienes se oponen al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo y que están empeñados en la construcción de una sociedad planetaria orientada hacia una relación fecunda entre los seres humanos y de éstos con la tierra”, según la Carta de Principios del FSM. El III Foro Social Mundial de Madrid sigue fiel a ese espíritu de Porto Alegre, transitando de lo local a lo global y viceversa. Seguimos pensando que “otro mundo es posible” y vamos construyendo caminos en la perspectiva de ese horizonte. Entre ellos, la Asamblea de Movimientos Sociales del FSM de Madrid, donde convergen muchos movimientos, plataformas y redes de inspiración crítica que de forma asamblearia y a través del consenso han puesto en marcha esta nueva edición del FSM en Madrid, centrado en buscar alternativas a la crisis sistémica de nuestra época. A través de DIAGONAL queremos difundir nuestros planteamientos en torno a la crisis, a partir de un manifiesto elaborado colectivamente a lo largo de varios meses y mediante la colaboración de diversas personas que aportan sus análisis y experiencias.


Eneko
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MANIFIESTO DEL FORO SOCIAL MUNDIAL EN MADRID

OTRA SALIDA DE LA CRISIS ES POSIBLE Los movimientos de Madrid que compartimos la Carta de principios del Foro Social Mundial queremos reclamar ante la ciudadanía la necesidad de buscar alternativas al modelo económico y social capitalista que está en el origen de la crisis actual. La crisis de estos últimos años es la última expresión de un sistema socialmente injusto y destructor del planeta: “Estamos ante una crisis global provocada por el capitalismo, que no tiene salida dentro de este sistema” (FSM de Belén, Brasil, 2009).

DE DÓNDE PARTIMOS Bajo la dictadura de las finanzas y las políticas neoliberales, la mayoría de la población mundial ha sido y es víctima de la explotación económica y la marginación política. En Europa y en España la globalización capitalista afecta a todos los ámbitos de nuestra vida y nos hace rehenes y cómplices de un sistema injusto y un modelo de desarrollo no sostenible que provocan deuda externa, esquilmación de recursos naturales, cambio climático irreversible y exclusión, represión y xenofobia hacia los sectores sociales más frágiles o más críticos, que con frecuencia son criminalizados, perseguidos y encerrados (caso de los CIES). La violencia establecida y la manipulación mediática, en sus múltiples manifestaciones, se han normalizado y el bipartidismo a golpe publicitario impide la participación directa de la ciudadanía en el espacio público. La disolución de la frontera entre la política y los negocios refuerza la corrupción tanto de empresarios como de políticos, mientras la televisión y los principales periódicos contribuyen a adormecer las conciencias, silenciando el dolor de las víctimas y las voces de quienes exigen justicia. En su condición de sometidas al sistema patriarcal y al capitalista, las mujeres padecen doble discriminación (triple entre las inmigrantes). Sufren violencia psicológica, física y sexual, existiendo para ellas un “techo de cristal” que las discrimina, les quita autonomía sobre su propio cuerpo (resistencias a la ley del aborto) y las relega a empleos menos cualificados y peor pagados, cargando con la mayor parte del trabajo en el hogar, la educación de los hijos y los cuidados a personas dependientes. Desde los poderes establecidos se repite machaconamente que la crisis es pasajera y básicamente financiera. Su salida de la crisis consiste en recuperar el modelo de crecimiento de años anteriores, lo que pasa por reactivar la espiral del crédito y de los negocios privados a costa de los trabajadores, mantener un modelo de crecimiento insostenible y seguir apostando por una rígida jerarquización en las relaciones Norte-Sur. Nosotros no estamos de acuerdo. La crisis es sistémica y global: de valores, política, económica, alimentaria y ecológica a escala planetaria. Los gobiernos de los países ricos han aportado inmediatamente billones de euros para salvar a la banca privada y a las grandes empresas en crisis; en cambio, no consideran como objetivo inaplazable la desnutrición crónica de más de mil millones de seres humanos en los países del Sur. Las empresas capitalistas, que acumularon en España inmensos beneficios en la década anterior sobre la base del estancamiento de los salarios y los contratos precarios de sus trabajadores, no dudan ahora en prescindir de ellos y en un solo año han destruido 1,5 millones de empleos. En más de un millón de hogares todos sus miembros activos están en paro, lo que ha incrementado el número de personas indigentes y sin techo. Los responsables políticos, en lugar de promover medidas de reparto del empleo y control de los beneficios, aplican parches que no se dirigen a la raíz de los problemas.

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miércoles, 13 de enero de 2010

A los diez años de la creación del Foro Social Mundial de Porto Alegre: ¿Hacia el “post-altermundialismo”?


Muchos militantes se preguntan sobre los resultados políticos concretos de esos encuentros. Los movimientos sociales y ciudadanos, reunidos por primera vez en Porto Alegre en enero de 2001 para denunciar los estragos del neoliberalismo y exponer proposiciones alternativas, lograron gran repercusión. Pero la fórmula está emitiendo señales de desgaste… De ahí la necesidad de tender puentes con las fuerzas políticas y con los gobiernos progresistas que llevan a la práctica medidas directamente surgidas de los Foros.

En la pequeña oficina de Le Monde diplomatique de París, donde el 16 de febrero de 2000 se establecieron las bases de lo que iba a convertirse en el Foro Social Mundial (FSM), ninguno de los presentes (1) hubiera podido imaginar hasta qué punto el FSM se transformaría en un nuevo actor de la vida política internacional. Y todo fue muy rápido, dado que el primer FSM se celebró menos de un año después en Porto Alegre, capital del estado brasileño de Rio Grande do Sul (2).

Tan rápido paso de la idea a la acción fue una notable hazaña que debe atribuirse al comité brasileño de organización, constituido a ese fin. En un artículo publicado en agosto de 2000 (3), que contribuyó de manera decisiva a dar credibilidad y poner en órbita internacional al futuro Foro, Ignacio Ramonet escribía: “En 2001, Davos tendrá un competidor mucho más representativo del planeta tal cual es: el Foro Social Mundial que se reunirá en la misma fecha (del 25 al 30 de enero) en el Hemisferio Sur, en Porto Alegre (Brasil)”. Añadía, a partir de los elementos de los que disponía en ese momento, que se esperaban “entre 2.000 y 3.000 participantes, portadores de las aspiraciones de sus respectivas sociedades”. No obstante, y para agradable sorpresa de todos, fueron cerca de 20.000 los delegados que seis meses después se reunieron en la capital gaucha.

La reacción anti-Davos tuvo una fuerte influencia en esa movilización. La voluntaria proximidad de los titulados dos Foros –Foro Económico Mundial o World Economic Forum (WEF) en Davos y Foro Social Mundial en Porto Alegre– así como la también deliberada simultaneidad de ambas reuniones, constituyeron ventajas mediáticas mayores. El fundador y presidente del Foro de Davos, Klaus Schwab, lo constató con amargura, quejándose de la “desviación negativa” del renombre del WEF.

Símbolo del poder y de la arrogancia financiera, así como del desprecio por la democracia y la sociedad, Davos constituía un blanco perfecto para los movimientos sociales y ciudadanos. Ya en enero de 1999, en plena sesión del WEF, varias organizaciones, entre las que se encontraba el Foro Mundial de las Alternativas (FMA) y Attac, habían organizado un seminario de dos días en Zurich, seguido de una conferencia de prensa sobre el tema de “El otro Davos” en la estación de esquí suiza. Cualquier otro tipo de manifestación o protesta era prácticamente imposible en esas estrechas callecitas cubiertas de nieve controladas por policías y militares.

Fue, pues, contra todo lo que representaba Davos contra lo que se definieron los primeros FSM, en una postura de denuncia del neoliberalismo y de resistencia a sus perjuicios. Los FSM también se situaban como prolongación de los combates zapatistas (en especial el Reencuentro Intergaláctico de Chiapas de 1996); de la lucha victoriosa contra el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (AMI) de 1998, elaborado en secreto por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y cuyo texto había publicado Le Monde diplomatique, y por supuesto de la gran movilización en Seattle contra la Organización Mundial de Comercio (OMC) de diciembre de 1999 (4).

En una segunda etapa, los Foros se tornaron más propositivos, lo que como consigna se tradujo en el abandono del término “antiglobalización” a favor de “altermundialismo”. Es decir, el paso del rechazo a la propuesta, lo que correspondía más a la consigna de los Foros: “Otro mundo es posible”. Esta evolución se realizó sin modificar las reglas de funcionamiento del FSM, codificadas en su Carta de Principios elaborada en junio de 2001. Dicho documento de referencia define al Foro a la vez como un “espacio” y un “proceso”; de ninguna manera como una entidad. Se trata de componer un lugar de intercambios, de diálogo, de elaboración de propuestas, de puesta en práctica de estrategias de acción y de constitución de coaliciones de todos los actores sociales que rechazan la globalización liberal. Pero cada una de esas acciones sólo compromete a las organizaciones que desean implicarse y no al conjunto de las presentes en el Foro.

Por lo tanto, el Foro Social Mundial no toma posiciones como tal y en sus reuniones no hay un “comunicado final”; sólo textos adoptados en el transcurso del Foro Social Mundial, pero no textos “del” Foro Social Mundial ni de sus declinaciones continentales (como los Foros Sociales africanos, europeos, etc.). Esta fórmula abierta permitió la progresiva incorporaciónn a los Foros de nuevas fuerzas –sindicatos “reformistas”; Organizaciones No Gubernamentales (ONG); movimientos indígenas, feministas, ecologistas, confesionales, etc.– que aceptaban caminar un trecho con elementos más radicales, pero que no querían ser desbordados por ellos.

De un FSM a otro se emitieron cientos de propuestas (más de 350 sólo para el Foro de Porto Alegre de 2005), pero sin ninguna jerarquía ni articulación entre ellas. Todo lo que derogaba el principio de “horizontalidad” (las propuestas tienen un estatus equivalente) y todo lo que aparecía como “vertical” (por ejemplo, una plataforma que unificara diferentes propuestas complementarias pero dispersas), fue combatido por una fracción influyente de los organizadores brasileños de los Foros y dirigentes de ONG que veían allí el inicio de un programa político... y hasta el intento de creación de una nueva Internacional!

Así es como el Manifiesto de Porto Alegre, base de las doce propuestas –originadas en debates y que constituyen a la vez un sentido y un proyecto– que el 29 de enero de 2005 presentaron en Porto Alegre 19 intelectuales de cuatro continentes (entre ellos dos premios Nobel) (5), fue criticado en sus propios principios por muchos autoproclamados guardianes de la ortodoxia “Foro”. Idéntica suerte le reservaron posteriormente al Llamamiento de Bamako, documento programático de alcance planetario, redactado al término de un encuentro que organizó el Foro Mundial de las Alternativas, que renunió a 200 intelectuales y representantes de movimientos sociales, la mayoría de África y Asia, en vísperas del Foro Social Mundial descentralizado que tuvo lugar en la capital de Malí en enero de 2006 (6).

Si se aplicara la rigurosa lectura que algunos hacen de la Carta de Principios de 2001, los Foros Sociales estarían condenados a presentar en orden disperso una multitud de propuestas de muy desigual importancia acerca de las estructuras del orden dominante que, de los gobiernos a las instituciones multilaterales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comerico, Organización de Cooperación y Desarrollo Económico), sin hablar de la Comisión Europea, dan prueba de una cohesión absoluta en la imposición de los dogmas liberales.

Ese rechazo voluntario a influir colectivamente sobre los actores de la esfera política a partir de una plataforma internacional común, y al mismo tiempo quedarse afuera de la esfera electoral, explica el desgaste de la fórmula de los FSM. Y eso aunque continúen reuniendo a decenas de miles de participantes locales, que a menudo asisten por curiosidad, como ocurrió en Belem en enero de 2009.

Muchos militantes se preguntan sobre los resultados políticos concretos de esos encuentros y la manera en que pueden contribuir al advenimiento de “otro mundo posible”.

Las cosas se complicaron con la llegada al poder en América Latina (Bolivia, Ecuador, Paraguay y Venezuela) de gobiernos surgidos de movimientos populares, que ponen en práctica, aunque con altibajos, políticas de ruptura con el neoliberalismo –tanto a nivel nacional como internacional– que coinciden con las expresadas en los Foros. ¿Qué actitud debería adoptarse? ¿Ser solidarios con ellos, aunque sea caso por caso? ¿O quedarse de brazos cruzados y mirar para otro lado, so pretexto de que se trata de gobiernos, por lo tanto sospechosos, razón por la cual hay que mantenerlos a distancia?

Ese comportamiento remite a una ideología libertaria difusa pero muy presente en numerosas organizaciones. En especial fue objeto de las teorías de John Holloway en su obra titulada explícitamente Cambiar el mundo sin tomar el poder (7). Por otra parte, la palabra “poder” está ausente del vocabulario de muchos de sus actores, salvo para estigmatizarla, muy a menudo como reacción a las derivas totalitarias de Estados-Partidos.

Por el contrario, el contrapoder y la desobediencia civil se consideran las privilegiadas palancas del cambio. Tal postura se hace difícil de sostener cuando en la Cumbre de Copenhague, por ejemplo, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que agrupa a nueve Estados latinoamericanos y caribeños, toma posiciones que convergen con las de las coaliciones de ONG que exigen la justicia climática, y cuestiona directamente al capitalismo (8).

El nuevo contexto internacional impondrá, incluso en la concepción de estos Foros, la búsqueda de nuevas formas de articulación entre movimientos sociales, fuerzas políticas y gobiernos progresistas. Para caracterizar esta evolución se ha propuesto una palabra: el post-altermundialismo (9), que sin sustituir al altermundialismo, constituye una continuidad posible.

Con ocasión del FSM de Belem, se pudo ver un primer esbozo de esta actividad postaltermundialista en el diálogo entre cuatro presidentes latinoamericanos –Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Fernando Lugo (Paraguay) y Evo Morales (Bolivia)– y los representantes de movimientos sociales del subcontinente. Un diálogo que va a profundizarse en el Foro Social temático de Salvador de Bahía, previsto en dicha ciudad del 29 al 31 de enero de 2010 (10) con la creciente participación de jefes de Estado (entre ellos del presidente Lula). Participación que debería prolongarse con ocasión del próximo FSM que en 2011 tendrá lugar en Dakar.

Durante una reunión preparatoria organizada en la capital senegalesa el pasado noviembre, movimientos sociales del continente expresaron su voluntad de hacer evolucionar al FSM. Se debatieron formulaciones como la necesidad de crear “un espacio de alianzas creíbles” y no “un mercado de la sociedad civil”; de “definir una relación nueva con los actores políticos” en vista a “construir una alternativa”.

Ciertamente, en África se consolidará el necesario giro “post-altermundialista” de los Foros Sociales.

(1) Además del autor de estas líneas (en aquel momento director general del periódico y presidente de Attac Francia), se trataba de Chico Whitaker y Oded Grajew, respectivamente el secretario de la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, y el dirigente de la Asociación Brasileña de Empresarios por la Ciudadanía (CIVES), así como las señoras Whitaker y Grajew.

(2) Sobre la génesis y organización de este primer Foro y los dos siguientes, véase Bernard Cassen, Tout a commencé à Porto Alegre, Editions des 1001 Nuits, París, 2003. También el texto de Chico Whitaker sobre los orígenes del Foro: www.forumsocialmundial.org.br/dinamic.php?pagina=origem_fsm-por

(3) Ignacio Ramonet, “¿Davos? No, Porto Alegre”, Le Monde diplomatique en español, agosto de 2000. Este artículo fue retomado en las veinte ediciones en distintos idiomas con las que contaba en esa época el periódico. Lo mismo sucedió con el editorial del mismo autor publicado algunas semanas antes del Foro, con el objeto de movilizar a los participantes: “Porto Alegre”, Le Monde diplomatique en español, enero de 2001.

(4) Samir Amin y François Houtart, “El futuro de los Foros Sociales a debate”, Le Monde diplomatique en español, mayo de 2006.

(5) Véase: www.medelu.org/spip.php?article27&var_recherche=manifeste%20de%20porto%20alegre

(6) www.forumdesalternatives.org/FR/readarticle.php?article_id=841

(7) John Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, Ediciones Herramienta, Buenos Aires, 2002.

(8) Declaración especial sobre el cambio climático aprobada por la Cumbre del ALBA con ocasión de su Cumbre del 13 y 14 de diciembre de 2009 en La Habana. Versión en español: www.medelu.org/spip.php?article313

(9) El 26 de enero de 2008, la Asociación Mémoire de Luttes y la revista Utopie critique organizaron en París un coloquio titulado “Altermundialismo y post-altermundialismo”. Véase su “Llamado Final”, www.medelu.org/spip.php?article7&var_recherche=colloque%20post%20altermondialisme

(10) www.fsmbahia.com.br
Bernard Cassen es presidente honorario de Attac Francia, secretario general de Mémoire des luttes.

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