Mostrando entradas con la etiqueta Alvaro Uribe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alvaro Uribe. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de febrero de 2010

Una multitud festeja en Bogotá el rechazo de ley de referendo para reelección de Uribe


La Plaza de Bolívar recibe a colombianos que festejan el veredicto constitucional
"La Constitución vie" y "Uh Ah Uribe ya se va"

26/02/10

Bogotá, febrero 26 - Una multitud se concentró hoy en la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá para festejar la decisión de la Corte Constitucional de rechazar la Ley de Referendo que hubiera permitido al presidente colombiano, Álvaro Uribe, aspirar a una segunda reelección.

En el momento que el presidente de la Corte Constitucional, Mauricio González, emitió su fallo, los periodistas que cubrían la rueda de prensa aplaudieron y las decenas de personas que esperaron desde la mañana a las afueras del Palacio de Justicia se abrazaron e iniciaron las celebraciones.

Las centenares de personas que se congregaron en el centro histórico de Bogotá cantaron el himno de Colombia y consignas tales como "Uh ah, Uribe ya se va" y "el referendo ya se paró, ya se paró, ya se paró".

Los tambores, los bailes y las pancartas fueron acompañados por personas en bicicletas y patines que se acercaron hasta el Palacio de Justicia para celebrar el fallo del tribunal.

La Corte Constitucional de Colombia rechazó hoy la Ley de Referendo que hubiera permitido a Uribe optar a una segunda reelección en los comicios del 30 de mayo.

El máximo tribunal declaró "inexequible en su totalidad (que no se puede llevar a efecto) la Ley 1354 del 2009 por la cual se convoca a un referendo constitucional", dijo González en una rueda de prensa.

Con dicha iniciativa de referendo se buscaba consultar a los colombianos sobre si apoyaban reformar la Carta Magna, que no contempla una segunda reelección presidencial, y abrir la posibilidad de que Uribe pudiera aspirar a un nuevo mandato.

Leer más...

jueves, 22 de octubre de 2009

Narcotráfico y violencia en Colombia: No más muertos. No tropas gringas


Apolinar Díaz – Callejas
21 de octubre de 2009

En todo el tiempo en que he estado cubriendo esta columna periodística en ARGENPRESS, de Buenos Aires, he centrado mis escritos en la crisis política general y a la violencia interna que viene ocurriendo en Colombia desde hace un más de 50 años, ininterrumpidamente, prácticamente desde el asesinato del líder liberal de izquierda y notable jurista y penalista colombiano educado en Italia, Jorge Eliecer Gaitán, quien fue uno de los más brillantes penalistas de Colombia de todos los tiempos, activista político de izquierda de acento socialista, que había participado en una campaña presidencial frente al dirigente liberal Gabriel Turbay.

Este hecho dio lugar a que el Partido Conservador lanzara su propio candidato presidencial teniendo como tal al Ingeniero Civil y de Minas Mariano Ospina Pérez, de familias conservadoras de amplia presencia política en la historia de Colombia. Durante esa campaña electoral por la elección presidencial, fueron lanzados candidatos de los dos partidos: Dos del Partido Liberal, Gabriel Turbay y Jorge Eliecer Gaitán, y un conservador de familia de elevado poder económico y social, Mariano Ospina Pérez. Para ejercer el poder entre 1946 y 1950.


Pese al carácter bipartidista del gobierno de Ospina Pérez, fue desatada la violencia en varias zonas de la República, según las mayorías políticas de cada una. En realidad este hecho político tuvo un objetivo muy claro: acorralar y presionar a los liberales para que hicieran una lucha abierta para la nueva elección en que se consideraba recuperación del poder del liberalismo. La realidad es que en Colombia desde ese momento la violencia y crímenes partidistas se fueron generalizando por todas las regiones del país, especialmente en las de actividad agraria y ganadera. En el centro de la República, por ejemplo, en el Departamento de Boyacá y en el de Cundinamarca, surgieron los “chulavitas”, que fueron conservadores armados como fuerza política conservadora y del gobierno, para desalojar a los liberales de las regiones en que eran mayoría. Las matanzas de estos grupos de seres humanos son inenarrables. En el Departamento del Valle, el de mayor desarrollo económico, agrícola e industrial del país, fueron organizadas cuadrillas armadas de asesinos conservadores para matar liberales. Yo mismo por razón de mi ejercicio de la profesión de abogado tuve que ir a esas regiones y constatar, por ejemplo, que a partir más menos de las cinco de la tarde comenzaban a circular por las carreteras y vías públicas pavimentadas de las ciudades vehículos con poderosas sirenas que notificaban a la población que en esos vehículos, iban armados los “pájaros”, que en la medida en que avanzaban dentro de la población disparaban contra las gentes que circulaban o huían por las calles. Los vecinos de esos pueblos tenían que esconderse en sus casas y donde fuera posible para salvar sus vidas. En la población estaba el director de la Federación de Cafeteros de Colombia, que tenía que organizar, propiciar y asegurar la correcta comercialización del café. Me dijo aléjese de la ventana y entremos al fondo de la casa como una medida de protección de la vida, pues los disparos se hacían indiscriminadamente contra quienes estábamos en esos lugares.

Después a recoger los muertos que eran lanzados como tales o heridos al Río Cauca, que cruza de norte a sur el Departamento del Valle y fue un río navegable en otras épocas. Como era inevitable, los liberales y grupos independientes tenían que encargarse de recoger los muertos y llevar los heridos al hospital y firmar los telegramas de denuncia de los crímenes. A su vez, había zonas del país con acentuada mayoría liberal que se armaban y respondían a la violencia de los militares y burocracia del Partido Conservador. Estos asesinatos, de parte y parte, llenaron a toda Colombia de centenares de miles de muertos de todos los sexos, edades y actividades. En el libro “Violencia, Conflicto y Política en Colombia”, publicado en Bogotá, en 1978 por Paul Oquist, escritor público, y educador quien en un un cuadro en la página 17 indica el volumen de las muertes a lo largo del país:

DISTRIBUCIÓN CRONOLÓGICA DE LAS MUERTES POR LA VIOLENCIA
AÑO Muertes por la violencia
1948…………………………………43.557
1949…………………………………18.519
1950…………………………………50.253
1951…………………………………10.319
1952…………………………………13.250
1953………………………………… 8.650
__________
TOTAL…………………………….144.548

Pero lo peor de la situación colombiana que hasta este año del 2009, según investigación dirigida por el historiador Jorge Orlando Melo, que convirtió la Biblioteca Luis Ángel Arango en una de las más completas y modernas de Colombia y del mundo en las que miles de jóvenes de todas las clases sociales, especialmente de muchachos de los sectores populares y de bajos ingresos, estudian y hacen sus investigaciones durante todas las horas de trabajo de esa institución. Hoy a las seis de la mañana del 21 de octubre del 2009, hora de Colombia, llamé a Jorge Orlando a que me recordara la cifra de muertes en este país por la violencia, en unas investigaciones que él mismo ha ayudado a orientar, culminaron en de que en los últimos 50 años del país, 1958-2008 se elevó a 700.000 el número de asesinatos en Colombia, a la vista de los gobiernos y de la gente. A esta cifra hay que agregar las muertes políticas entre 1948 y 1.966, que indican que hubo 193.017, según el investigador Paul Oquist. Juntando esas cifras con las actuales ya Colombia logró el vergonzoso éxito criminal de que hasta el presente año de 2009, el número de muertos por la violencia desde 1948 sobrepasa la cifra de 1.000.000 personas. Esto es monstruoso, independientemente de que los muertos sean liberales o conservadores, socialistas o comunistas o campesinos u obreros o gente común y corriente del país como es la mayoría de la población colombiana. Este es el signo de una sociedad que no ha podido organizarse ni ordenarse y que es en América Latina el país de más de un millón de muertos en conflictos políticos desde 1948 hasta la fecha. Se agrega que desde hace varios años Colombia utiliza en la guerra interna a cientos de mercenarios norteamericanos, es decir soldados de una guerra por la paga, suministrados por Estados Unidos a Colombia. Lo cual quiere decir que con el nuevo proyecto de Barack Obama de instalar 7 bases militares en Colombia en estos momentos, el país se coloca bajo la dependencia total, política, militar, humana y comercial de los Estados Unidos de Norteamérica. Este es el monstruoso regalo que nos ha hecho el presidente norteamericano, Barack Obama y la vergonzosa condición de sometimiento y entrega de la soberanía nacional de Colombia que se está haciendo actualmente por el presidente Álvaro Uribe Vélez.

Hemos perdido la soberanía, la independencia nacional y el orgullo de ser colombiano. A principios del siglo XXI, Colombia, a diferencia de lo que ocurre en las naciones latinoamericanas, no marcha por un proceso democrático y soberano. Somos, realmente, una nación que no tiene soberanía militar ni política, pues el gobierno actual del presidente Uribe ha entregado la soberanía colombiana a los Estados Unidos y al presidente Barack Obama. Estamos cumpliendo 200 años de subordinación y sometimiento a esa potencia. Creo que es la hora d decirles a los colombianos y convocarlos para unas consignas elementales: No más presencia en Colombia de tropas, aviación militar y marítima ni de soldados y mercenarios norteamericanos que ya están en el país. No más entrega a los Estados Unidos. No más subordinación. Recuperemos nuestra dignidad, nuestro honor y nacionalidad, antes de que sea demasiado tarde y los Estados Unidos nos anexen a su propia soberanía como ya lo hace en Asia y Puerto Rico. Yo con mis 88 años de edad, tengo que gritar y llamar a la resistencia de la entrega y venta de la soberanía colombiana.

Aprovechemos la atmósfera de independencia y soberanía que entusiasma a toda la América del Sur y del Caribe. No traicionemos a esas regiones.

Leer más...

domingo, 9 de agosto de 2009

¿De la Vega, o de las multinacionales?


08/Agosto/2009
Arjona

Preocupa a muchas organizaciones, observadores y gobiernos el avance de planes de guerra en Latinoamérica, y va, otra vez, la vicepresidenta De la Vega, y le regala al incendiador Uribe un apoyo dizque en nombre de nuestro gobierno..

No es la primera vez, ni ya resulta extraño, sin que entre en la normalidad de la lógica, el que nuestra Vicepresidenta se erija directísimamente en representante de nuestras multinacionales. Que se lo pregunten sino a los y las nicaragüenses, cuando fue a presionar al gobierno para mantener a la Unión FENOSA, pese a sus desastres contra la población. Y, sino, que se lo pregunten a la gente boliviana, cuando fue sin ningún rubor a procurar la permanencia de la Repsol, a pesar del robo ilegal que habia estado haciendo de los recursos y las reservas gasiferas y petrolíferas en el corazón de Latinoamérica.

Nuestras multinacionales presionan, y nuestro gobierno sirve sus intereses, contraviniendo normas elementales.

Pero en este caso, de echar leña al fuego en los planes guerreristas…¿En qué beneficiaría a las empresas multinacionales españolas, con tantísima presencia en Colombia, pero también en el resto de países que rechazan las bases militares norteamericanas?

Para empezar, si hacemos caso al economista Hector Mondragón.. http://www.pachakuti.org/textos/hemeroteca/2009_1/transnacinal-es-.html

¿Serán tan españolas esas multinacionales? ¿O estarán copadas en buena parte sus efectivos por capitales norteamericanos, ingleses ?..y en ese caso ¿A qué intereses patrióticos sirve nuestro gobierno?

Sigue chocando por otro lado el apoyo irrestricto del gobierno español a un gobierno de extrema derecha como el de Uribe. Aunque para ello tenga que pasar por el trago diplomático de quebrar acuerdos de la semana anterior de Moratinos en Venezuela, al que De la Vega deja en ridiculo aparente.

¿Qué hay detrás de ese apoyo, a un elemento político cuya Corte Suprema tiene cuestionados, (y la mitad de ellos encarcelados) a 100 senadores, diputados, gobernadores uribistas…. cuyos tribunales señalan ejecuciones extrajudiciales en número superior al millar y medio?

¿Si se quisiera luchar contra el narco. Contra el paramilitarismo, te buscarías como aliado a sus jefes?

¿Cómo compagina el desteñido discurso de la alianza de civilizaciones, con esta entrada directa en la guerra Latinoamérica, este posicionamiento indigno con el que es considerado el Israel-latinaomericano?

¿Qué puede aportar al “prestigio” español la entrada de soldados colombianos, señalados por centenares de Informes Internacionales, y por sus propias Cortes colombianas, como los mayores violadores de los derechos humanos del continente?

Sólo la indicación rigurosa del profesor Mondragón nos da luces de lo que detrás hay: una supeditación nada patriótica de nuestro gobierno a los intereses de multinacionales que no son españolas, que son norteamericanas, y que se alimentan de la guerra y la rapiña.

Dela Vega, Zapatero, le regalan a Uribe en su macabro aniversario, un apoyo que sólo alienta la muerte y la destrucción.

Ese mismo día en la Amazonía colombiana asesinaban a otro líder indígena. De los que defienden la Vida y la preservación del Bosque.

Javier Arjona

Desde Siero, Asturias.

Leer más...

Estados Unidos devela su estrategia


Queda atrás la máscara democrática y el progresismo de Obama

09-08-2009
Luis Bilbao
América Siglo XXI

Es un ensayo con escasa posibilidad de éxito. El imperialismo estadounidense está dividido; cada día más rechazado en todo el planeta; debilitado económica y políticamente. Apela entonces a su última razón, la de la fuerza.

Con el golpe en Honduras, la poliferación de bases militares en torno a Venezuela, la desestabilización en Ecuador, Paraguay y Bolivia, el gobierno de Barack Obama traza su estrategia, apuntada a contrarrestar la pérdida de la iniciativa y la hegemonía políticas en el hemisferio. Ese plan ya en marcha no puede eludir las grietas crecientes en la burguesía imperialista estadounidense y la consecuente inconsistencia en el accionar del Presidente y su secretaria de Estado, Hillary Clinton. Es visible el choque de un complejísimo juego de fuerzas en la cúpula del poder imperial. Pero la resultante es inequívoca: decisión de actuar militarmente contra gobiernos constitucionales, preparación de un poderoso dispositivo de guerra contra la región, específicamente contra los países componentes del Alba (Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América), con centro en la revolución socialista bolivariana.

Apoyado en la totalidad de la llamada gran prensa (diarios, radios, televisión y agencias en todo el mundo), está llevándose a cabo una maniobra de camuflaje, destinada a demorar la identificación franca de Obama con la violencia y las dictaduras. Mientras tanto, la Casa Blanca avanza sobre los eslabones que considera más débiles, calumnia con métodos de concepción goebbeliana al presidente Hugo Chávez, busca debilitar su figura ante la opinión pública internacional y aislarlo antes de intentar una agresión militar contra Venezuela. Esa embestida ya está proyectada desde territorio colombiano, con comando operativo y armamento estadounidense y con ejércitos mercenarios sostenidos desde hace años por el presidente Álvaro Uribe. Una reiteración aggiornada de la guerra contra la revolución sandinista en los años 1980, que usó a Honduras como plataforma territorial.

Para tender una cortina de humo que desdibuje el hecho de la instalación de cinco bases militares estadounidenses en su territorio, Uribe acusó a Chávez de entregar armas a las guerrillas colombianas. Con aquella decisión y esta burda mentira, que llevan el sello sobresaliente del Departamento de Estado, el imperialismo provoca tensión entre Colombia y Venezuela, en una dinámica apuntada a desembocar en ruptura de relaciones, eventualmente seguida de ataques colombianos en territorio venezolano, con la excusa de perseguir fuerzas insurgentes de las Farc o el Eln. El objetivo es desatar la guerra entre ambas naciones hermanas.

Por lo pronto Uribe anunció el 1 de agosto, el mismo día que recibió en Bogotá al jefe del Comando Sur del ejército imperialista, general Douglas Fraser, que ni él ni su canciller asistirán a la reunión del Consejo de Defensa de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Explicó que no corresponde, porque las bases donde se establecerán las tropas estadounidenses, estarán bajo mando de oficiales colombianos. En el mismo acto en que en su condición de Presidente acepta la orden estadounidense de romper de hecho con Unasur, Uribe asegura que los oficiales colombianos comandarán la maquinaria bélica imperialista más poderosa de la historia. Difícil definir si resalta más su cinismo o su condición de frágil animal acorralado.

Diversionismo

Hay otras cortinas de humo, de pareja gravedad. Desde atalayas de la intelectualidad reformista, se defiende la idea de que el accionar de Obama frente al golpe en Honduras prueba el cambio cualitativo operado en el Ejecutivo estadounidense con el recambio presidencial. Afirmaciones obvias como que Barack Obama no es George Bush, ocultan la marcha sistemática de la Casa Blanca en un cerco contra la revolución latinoamericana. Como se observa ahora en Venezuela, el pensamiento reformista se planta como el principal escollo para definir un plan de acción regional, que a la vez pueda detener la mano criminal de Estados Unidos y permita avanzar en las transformaciones anticapitalistas iniciadas con el Alba.

Al margen de la discusión sobre la subjetividad del primer presidente negro de Estados Unidos, los hechos demuestran que el golpe en Honduras fue ejecutado por hombres del Departamento de Estado y el Pentágono, desde la base militar estadounidense en aquel país. El propio presidente José Manuel Zelaya señaló los nombres de un cubano maiamero y un opositor venezolano que, dijo, actuando como agentes de lo que llamó “halcones del gobierno de George Bush”, fueron los articuladores del golpe. Zelaya hizo esta declaración inmediatamente después de reunirse en la embajada de Honduras en Nicaragua, el 30 de junio, con el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens. Este diplomático es otro cubano maiamero –o gusano, como gustan llamarlos los revolucionarios cubanos- con experiencia desde que Honduras era la base de los ejércitos mercenarios lanzados contra Nicaragua.

El resultado de ese zarpazo fue adelantado por esta columna en la madrugada del 29 de junio, 24 horas después de su ejecución y publicado en la edición anterior de América XXI. Nada ha cambiado sustancialmente un mes después: el régimen golpista no ha podido consolidarse, la reacción de masas creció y comenzó a ganar organicidad, el rechazo diplomático se extendió a todo el mundo. La única razón por la cual esa derrota no se consumó con la caída del régimen títere, es que la Casa Blanca lo sostuvo, presionando a Zelaya y montando un operativo con eje en una pseudo mediación a cargo del presidente costarricense Óscar Árias. Pero el envío de Llorens a Managua, muestra que la maniobra de Clinton se ha vuelto en su contra: después de un traspié, Zelaya radicalizó su posición al ritmo del crecimiento de la resistencia. El riesgo señalado un mes atrás continúa latente: que antes de dejar caer a Roberto Micheletti (por caso, ex militar integrante de los comandos de la muerte y figura relevante del Opus Dei), la Casa Blanca aliente un baño de sangre, destinado a cortar el paso al movimiento de masas que irrumpe por primera vez en la historia hondureña, garantía de que nada será como hasta ahora en aquel país.

Firmeza y vacilaciones

Frente a esta escalada refulgió primero la rápida y contundente respuesta del Alba y las contundentes posiciones adoptadas por Hugo Chávez y Rafael Correa cuando, simultáneamente, desde Bogotá los agentes de Washington lanzaron una doble provocación contra Ecuador y Venezuela. A la vez quedaron a la vista las vacilaciones de Unasur y Mercosur. Si bien este último organismo, en su reunión en Asunción (ver pág. Xx), dio una señal importante al adelantar que no reconocería a ningún gobierno surgido en Honduras de elecciones llamadas por el régimen golpista, al no invitar a Zelaya a esa cumbre y no definir con claridad una política para quitar de las manos del testaferro de Obama la mediación tramposa, omitió su participación plena en este conflicto decisivo para la historia próxima de la región. Unasur hizo otro tanto. Llevado por sus miembros de mayor peso, presumiblemente aconsejados por las metrópolis europeas, que ven en el conflicto centroamericano una oportunidad de negocios en detrimento de sus socios de Washington, este organismo que ha dado un salto histórico con la creación de un Consejo de Defensa propio, cedió la iniciativa política al imperialismo.

En la cumbre de Unasur en Quito el próximo 10 de agosto, se verá cómo actúa cada protagonista. Habrá que observar en detalle esa actuación, porque de ella depende en gran medida el margen que le quede a la Casa Blanca para continuar sin pausa en sus planes de agresión militar o, por el contrario, verse obligada a postergarlos. En efecto, el golpe en Honduras es un ensayo con escasa posibilidad de éxito. Pero si Unasur no acompaña al Alba en este punto, llevada por la visión reformista sea de cuño burgués o socialdemócrata, Estados Unidos tendrá mayor espacio para provocar una matanza en Honduras y avanzar en sus planes guerreristas contra Venezuela y Ecuador desde sus bases colombianas.

Sería útil tener en cuenta que en la hipótesis negada de un accionar imperialista exitoso contra el Alba, además de iniciarse una era de lucha armada a gran escala en toda la región, la onda expansiva arrastraría también al conjunto de gobiernos reformistas de la región. Nada menos que eso está en juego en estas horas: la guerra o la paz. O dicho de otro modo: la inercia del statu quo, o la revolución.

Leer más...

viernes, 10 de julio de 2009

“Álvaro Uribe ha generado una política de terror en Colombia”


Adolfo Pérez Esquivel, habla sobre la situación de los derechos humanos en el país andino: “En Colombia, donde se ejerce el terrorismo de Estado por parte del gobierno de Álvaro Uribe Vélez no hay democracia”. La frase contundente es del activista argentino de derechos humanos y Premio Nobel de Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel, quien en diálogo con CRONICÓN, fue enfático en señalar que dicho gobierno “es responsable de crímenes de lesa humanidad”.

8 de julio de 2009
Fernando Arellano Ortiz

En la sede de su Fundación Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), localizado en el añejo sector de San Telmo de Buenos Aires, nos recibe con mucha afabilidad este incansable defensor por las causas humanitarias y la democracia en América Latina, la cual ve amenazada por los acontecimientos de los últimos meses.

Con relación al golpe de estado en Honduras, Pérez Esquivel observa que hay que tener muy presente el hecho de que “en el continente hay remanentes de fuerzas armadas golpistas, impregnadas de la Doctrina de Seguridad Nacional y con añoranza de las dictaduras que, en lugar de estar al servicio del pueblo, se han transformado en tropas de ocupación de sus propios pueblos, violando los derechos democráticos y los derechos humanos”.

Son estos sectores antidemocráticos, agrega, los que “pretenden imponer conflictos y guerras de baja intensidad en la región para defender sus intereses y evitar la soberanía y autodeterminación de los pueblos”. Y advierte a renglón seguido que en Latinoamérica “los grupos de poder económico, eclesiástico y político que no quieren cambio alguno y están dispuestos a imponer nuevamente gobiernos dictatoriales en los países que intenten cambios estructurales y la conquista de la soberanía y autodeterminación de los pueblos”.

La memoria es el caminar de los pueblos

El análisis sobre la crisis humanitaria que vive Colombia fue el tema recurrente de esta entrevista con Pérez Esquivel, quien se refirió a tópicos como la memoria histórica, los procesos de reparación a las víctimas de los crímenes de Estado, las violación sistemática de los derechos humanos por parte del gobierno de Uribe Vélez y el contaste, que frente a todo ello, significa el esfuerzo que desde la administración de Bogotá hace el alcalde Samuel Moreno Rojas para consolidar una política pública de Seguridad Ciudadana, cuyo énfasis es el desarrollo humano para garantizar los derechos fundamentales.

- Uno de los aspectos esenciales en la reparación de víctimas por violación de derechos humanos es la recuperación de la memoria histórica. ¿En América Latina estamos en posibilidad de desarrollar en aquellos países víctimas de violación de derechos fundamentales procesos que nos permitan encontrar la verdad?

- Sí, venimos trabajando en distintos países procesos de recuperación de memoria histórica, como es el caso concreto de Argentina por todo lo que representa en sus distintos aspectos. Nosotros este proceso lo llevamos a la opinión pública a través de universidades, escuelas, centros culturales, porque la memoria no puede estar restringida a un sector, dado que ella con sus luces y sombras constituye el caminar de los pueblos. Hay que tener en cuenta que la memoria histórica no es para quedarnos en el pasado sino para iluminar el presente, porque es a través del presente que podemos generar y construir mejores condiciones de vida, lograr el fortalecimiento democrático, la vigencia de los derechos humanos, que mejora la vida de un pueblo en su integridad, y esto es fundamental. Pongo un ejemplo: nosotros en la Argentina venimos haciendo un trabajo de memoria con la Fuerzas Armadas que fueron las más duras en cuanto a la dictadura y la represión en el cono sur de América Latina, no obstante que las nuevas generaciones de oficiales no tienen nada que ver con esas Fuerzas Militares, sí tienen que asumir la responsabilidad institucional.

- ¿Cuál es el enfoque de ese trabajo?

- Trabajamos el tema de la memoria con los altos mandos de las Fuerzas Armadas, fundamentalmente yo vengo desarrollando una labor con la Marina y la Policía Federal en el sentido de comprender cuál es el rol de las Fuerzas Militares en la construcción democrática, y pienso que no puede haber un proyecto de país si estas instituciones están ausentes, pero tienen que estar presentes con una mentalidad al servicio del pueblo y no lo que fueron y lo que son en las dictaduras como tropas de ocupación de sus propios pueblos.

- ¿Y en cuanto a reparación de víctimas que nos puede decir, teniendo en cuenta que en Colombia estamos en ese sentido en un proceso muy prematuro?

- Primero, la reparación parte del derecho de verdad y de justicia, después puede venir la reparación social e institucional, porque muchas veces cuando se alude a este tema se habla de una reparación económica pero nunca ésta resuelve el problema de vida de las víctimas. Este problema se ha resuelto de distintas formas dependiendo de los países. En Argentina hay un trabajo que se viene realizando de búsqueda de verdad y justicia, la sanción, juicio y castigo a los responsables de crímenes de lesa humanidad y también la compensación que el Estado como tal tiene que hacer a las víctimas, muchas de las cuales quedaron en la total indigencia.

Uribe, cómplice de los paramilitares

- Ustedes en Argentina lograron consolidar organizaciones que han sido definitivas en defensa de los Derechos Humanos. En Colombia apenas se están dando pasos en ese sentido y es destacable la labor que viene realizando la senadora liberal Piedad Córdoba con la concreción de un colectivo denominado Colombianas y Colombianos por la Paz. ¿Cómo ve usted este proceso organizativo?

- La senadora Piedad Córdoba es una luchadora, es una mujer que viene trabajando por la toma de conciencia del pueblo colombiano, por el derecho de verdad y de justicia; ha estado en esta misma Fundación, hemos conversado largamente; me parece que es una figura emblemática no sólo para Colombia sino para América Latina. Es una gran labor la que está haciendo no solo por encontrar la paz para su pueblo sino por lograr la liberación de las personas que están en manos de las Farc. Pero también por la denuncia que hace del gobierno de Uribe que viola sistemáticamente los derechos humanos. Yo como presidente del Tribunal Permanente de los Pueblos y mis compañeros pudimos comprobar esto. Es evidente el hecho de la responsabilidad del Estado y del gobierno de Uribe apoyando a los paramilitares y a los parapoliciales, generando una política de terror, lo cual lógicamente daña la democracia en Colombia y es un pésimo precedente para América Latina.

- ¿Usted considera que en las actuales circunstancias hay democracia en Colombia?

- No, en Colombia no hay democracia.

- ¿Por qué lo dice?

- Democracia significa derecho e igualdad para todos. Democracia no es poner un voto en una urna que muchas veces es un proceso manipulado. Democracia es el derecho a la libertad de cada una de las personas que no existe en Colombia porque cuando un Estado ejerce el terrorismo no puede haber democracia. Y el Estado colombiano es terrorista y por lo tanto no hay democracia. De qué estamos hablando: poner el voto en una urna no garantiza la democracia. Lo que la garantiza es el respeto a la Constitución y las leyes, su cabal aplicación y el respeto al pueblo, y eso no existe en Colombia.

La seguridad pasa por políticas sociales

- Usted hizo parte recientemente de una comisión internacional que trabajó el tema de la seguridad tanto nacional como ciudadana. ¿Cuál es su visión al respecto?

- Sí, yo trabajé este tema con la Comisión de Paz a nivel latinoamericano que fue presidido por el actual director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía. En esta Comisión abordamos los temas de seguridad ciudadana, seguridad interior, seguridad nacional y regional y el resultado de este estudio lo entregamos tanto a la OEA como a Naciones Unidas. Primero hay que definir en qué consiste la seguridad. Todo ciudadano y ciudadana tiene derecho a la seguridad, ¿pero a qué tipo de seguridad? ¿Qué pasa con los niños abandonados, explotados, violados y marginados? ¿Qué pasa con el derecho de un ciudadano en una sociedad, con sus libertades cívicas, con los derechos económicos, sociales y culturales? ¿Qué pasa con eso? Y la respuesta es que hoy en día están carentes. Entonces, la seguridad no pasa por poner más policías y más soldados, al contrario, ello genera mayor inseguridad. La seguridad pasa por políticas sociales: educación salud, vivienda digna, condiciones de trabajo, por redistribución de la riqueza que hoy en países como Colombia y Argentina no existe, porque hay una gran concentración de la misma en pocas manos y un alto índice de exclusión. Cuando hablamos de seguridad tenemos que tener en cuenta ésta no consiste en lo que quería hacer el ex presidente Bush de mandar sus tropas a todos los rincones del planeta para defender sus intereses, o lo que hacen las multinacionales que en el caso de Colombia contratan a los ejércitos privados y a los paramilitares para proteger sus negocios.

Lo que se hace en Bogotá es seguridad

- En el caso de Bogotá, la administración distrital del alcalde Samuel Moreno Rojas le apuesta a la Seguridad Ciudadana invirtiendo en lo social. De cada cien pesos que recibe el Distrito 75 se invierten en programas sociales…

- Ahí está la seguridad, lo que se está haciendo en Bogotá es la seguridad, esa es la seguridad social, que todo ciudadano tiene derecho, que ningún gobierno se la regala. Es el derecho ciudadano y el ejercicio participativo de la democracia. Por eso hay que profundizar los conceptos de seguridad. Para mí, seguridad es que no falte un plato de comida en ningún hogar, que todos tengan acceso a la salud, a la educación, a un trabajo digno, al derecho a las libertades ciudadanas, ahí vamos a construir una democracia. Porque la democracia y la vigencia de los derechos humanos son valores indivisibles, si se violan los países dejan de ser democráticos, porque como dice ese gran escritor de América Latina y amigo uruguayo, Eduardo Galeano, hablando de las condiciones de varias de nuestras naciones, esto más que democracias se asemejan a “democraduras”, utilizando ese juego que tiene de la palabra; la palabra que camina como dicen los hermanos indígenas del Cauca; hay que hacer caminar la palabra. Y en este sentido quiero rescatar una cosa y es esta: el pueblo colombiano no ha bajado los brazos a pesar de todo, tiene la capacidad de la resistencia de hombres y mujeres que quieren otra Colombia.

- En su condición de Premio Nobel de la Paz, terminemos esta conversación con un mensaje suyo al pueblo colombiano…

- Mucha fuerza, mucha esperanza y hay que seguir construyendo a pesar de todo. Creo que aquel que baja los brazos es porque está vencido y el pueblo colombiano no está vencido, yo lo pude comprobar. Los colombianos tienen que unirse, pensar en las alternativas sociopolíticas, económicas, culturales, espirituales para construir un nuevo amanecer. Sigo muy atento día a día lo que pasa en Colombia, así que un fraterno abrazo solidario como hermano latinoamericano.

Leer más...