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lunes, 24 de agosto de 2009

Obama apoya al Plan Colombia y las nuevas bases militares. Estados Unidos enfila su guerra sucia contra Venezuela


21 de agosto de 2009
Diego Olivera
(BAROMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

Luego de varias interrogantes sobre el presidente demócrata Barack Obama, la verdad queda al descubierto: la nueva administración de EEUU, sigue fiel al modelo imperialista, enfila su flota y amplia bases militares en Colombia, bajo el argumento de su guerra contra el narcotráfico, dando de esta manera continuidad a la era Bush, que fue tan nefasta en el mundo. Quedaron en falsas promesas las palabras pronunciadas en la reunión con los presidentes de América Latina, en la V Cumbre de las Américas realizada en Trinidad y Tobago, en Abril de 2009.

En esa Cumbre, los presidentes de los 12 países de la Unasur recibieron al presidente Obama, y trataron diferentes tópicos de interés para la región, quedando la sensación de un cambio en la relaciones con EEUU, que se llegó a concebir como un nuevo comienzo en las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica, según lo expresaron allí algunos presidentes latinoamericanos, quienes esperaban que se profundizara el diálogo y se dieran pasos concretos. Pero a solo cuatro meses de esta cumbre, un nuevo zarpazo imperialista pergeñado por los sectores militares y de inteligencia de EEUU, con la anuencia de la derecha hondureña, daba un golpe de estado (no reconocido como tal por la Canciller Clinton), mientras que el Departamento de Estado daba un tímido apoyo al presidente destituido Manuel Zelaya.Una nueva era de expansionismo se avecina en América LatinaLa aprobación del presidente Obama de continuar con el Plan Colombia y ampliar sus bases militares en esta nación sudamericana, demuestra una vez más la doble diplomacia de Estados Unidos, quien se autoproclama como el paladín de la democracia en el mundo, pero apoya golpes de estado, secuestra presidentes como Bertrand Aristide en Haiti o invade a Panamá para secuestrar a Manuel Noriega, o como se intentó con el presidente de Venezuela Hugo Chávez y de la misma manera lo hicieron con el presidente Zelaya, manteniendo una conducta que en el pasado propició el asesinato de Jacobo Arbenz y Salvador Allende por sendos golpes de estado auspiciados por la CIA y el Departamento de Estado.Otro ejemplo de la nueva era Obama son los nuevos fondos para vender la imagen de la “democracia norteamericana”, con 7 millones de desempleados en el año 2009 producto de su propia crisis económica, con el estallido del globo inmobiliario. Para alcanzar este objetivo en el año 2010, el gobierno de Estados Unidos empleará 2.200 millones de dólares a través del Departamento de Estado y la USAID para promover su política, 12% más que los recibidos por el gobierno de Bush el último año de su mandato. De ellos, casi 450 millones se destinarán a demostrar que modelo unipolar impuesto al mundo significa democracia y respeto a los derechos humanos.Ante la preocupación del viraje de Obama desde abril a Honduras y las nuevas bases en Colombia, surge la propuesta del presidente de Brasil, Luíz Ignacio Lula Da Silva, de solicitar una reunión de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con Obama para discutir las relaciones con la región.Sobre esta iniciativa el presidente de Venezuela Hugo Chávez manifestó “Me pareció muy buena la propuesta de Lula; él propuso reunirnos con Obama para que nos explique de qué se tratan esas bases, cuál es el interés de EEUU cuando se suponía que se iban a replegar las fuerzas imperiales. Mientras EEUU se retira de Irak, viene para acá con la cuarta flota y ahora con las siete bases militares en Colombia”.Asevero el mandatario venezolano que la “bases militares instaladas en Colombia, especialmente la de Palanquero, le permiten a Estados Unidos tener bajo vigilancia y relativo control a través de su gran poderío científico, tecnológico, militar y de inteligencia, tres grandes objetivos en América del Sur: primero, la reserva de la Faja Petrolífera del Orinoco; segundo, la Amazonía; y tercero, el acuífero guaraní, el más grande del planeta”. A lo que agregó que “el Gobierno colombiano se presta a las intenciones de EEUU y alienta sus pretensiones al permitir la presencia de militares de ese país en la región y al difundir falsas informaciones, como la presunta entrega de misiles a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por parte de Venezuela”, allí retó al presidente Álvaro Uribe Vélez a mostrar las pruebas de sus acusaciones.Las verdaderas intenciones del gobierno de EEUU, el petróleo venezolanoA partir de la reciente culminación de la cuantificación del bloque Junín 7 de la Faja Petrolífera del Orinoco, en la que los cálculos de Petróleo Original en Sitio (POES) arrojaban 30.400 millones de barriles, la República Bolivariana de Venezuela, a través del Proyecto Orinoco Magna Reserva, avanza con mayor fuerza para alcanzar los 314.000 millones de barriles necesarios para ocupar el primer lugar en reservas probadas de petróleo a nivel mundial.Actualmente las reservas probadas ascienden a 173.000 millones de barriles, con los que el país alcanza el segundo lugar a nivel mundial con las mayores reservas probadas sólo antecedida por Arabia Saudita, que posee 264.000 millones de barriles.Para dejar sentado la veracidad de esa certificación, así como la participación de empresas internacionales en la explotación del crudo venezolano, se señalan las empresas que han suscrito compromisos de cooperación en la Faja que son: En Boyacá la portuguesa Galp; Petrosa, de Suráfrica; Petropar, de Paraguay, la cubana Cupet y la Petronas de Malasia. En el campo Junín la vietnamita Petrovietnam; CNPC, de China; Repsol YPF, de España; Sinopec, de China; StatoilHydro, de Noruega; Belorusnebt, de Belarús, Lukoil, de Rusia y Eni, de Italia.En Ayacucho operan la ecuatoriana Petroecuador; Enap, de Chile; Enarsa, de Argentina, y Petropars, de Irán, y en el campo Carabobo trabaja la brasileña Petrobras. De esta manera Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), a través de su filial Corporación Venezolana del Petróleo (CVP), busca cuantificar y oficializar al menos 17% del POES del volumen de 1.36 billones de barriles de crudo pesado y extra pesado que posee la Faja Petrolífera del Orinoco.Estas reservas de petróleo son indudablemente el objetivo principal, de la campaña virulenta de la administración del presidente de EEUU Obama contra el gobierno venezolano, personalizando su acción desestabilizadora en el presidente Hugo Chávez, al cual acusan de apoyar a la guerrilla colombiana y permitir que su país sea territorio libre del narcotráfico. Falsas acusaciones de dos gobiernos hipócritas, EEUU y Colombia, el primero el mayor consumidor de estupefacientes y el segundo el mayor productor a nivel mundial, como ambos estados terroristas con invasiones a otras naciones EEUU a Irak y Afganistán entre sus últimas acciones, mientras que Colombia invadió a Ecuador y ahora apunta sus acciones hacia Venezuela.

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martes, 2 de junio de 2009

¿Quiere el Presidente Obama una base aérea militar gringa en Colombia?


2 de junio de 2009
Apolinar Díaz – Callejas (especial para ARGENPRESS.info)

El diario de la ultraderecha española El Tiempo, de Bogotá, trae en su edición del 31 de mayo una noticia aterradora para los colombianos, que levantará la protesta de todos los pueblos de la América Latina y del Sur por la gravedad de su contenido.

Se trata de una larga información de ese periódico en que da cuenta que el gobierno de Barack Obama de Estados Unidos, está acariciando y consintiendo la vanidad del presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, quien ha sido el presidente de la República de Colombia más abyecto y entregado a los dictados de los gobiernos de Clinton y los Bush contra Colombia, para utilizar este país como nueva sede de la base aérea que tiene Estados Unidos en el Ecuador y que quieren trasladar a Colombia por gestión del propio gobierno colombiano de Uribe Vélez. Por lo visto, Uribe Vélez es capaz de todo con Estados Unidos para lograr el apoyo y la amistad del nuevo presidente de ese país. La información del corresponsal de El Tiempo en Washington, Sergio Gómez Maseri, da cuenta de que en las fuerzas armadas de los Estados Unidos y en el nuevo gobierno se ha abierto camino la idea de trasladar a Colombia la base norteamericana que estaba en Manta, Ecuador, y que debería instalarse en Colombia, cerca de Bogotá, en la base aérea y militar colombiana de Palanquero, porque sería una “ potencial base que garantice a los Estados Unidos su acceso militar aéreo a toda Sur América e incluso como un “puente aéreo” para operaciones de enlace con sus bases militares en África”. Esto, de llevarse a cabo, constituye para Colombia una especie de nuevo Panamá, cuando los Estados Unidos tenían en la zona del canal de Panamá fuerzas militares y navales propias que intervenían en los conflictos políticos internos de Colombia y en el proyecto todo de la construcción del canal interoceánico. Los panameños que desde decenas de años atrás luchaban por retornar a su independencia como nación, recuperando su plena soberanía de Colombia, aprovecharon la guerra civil colombiana de aquella época entre liberales y conservadores para lanzarse con el apoyo militar, económico y político total de los Estados Unidos, y bajo su dirección, a proclamar su separación total de Colombia y la reconquista del proyecto del canal interoceánico. La flota de guerra norteamericana en los puertos de Panamá participó en esa guerra apoyando la independencia de Panamá con desembarco de tropas tanto en la ciudad de Panamá como en la de Colón. La intervención norteamericana, produjo obviamente la muerte de soldados y nacionales colombianos en Panamá.En estos momentos, con la idea que acaba de lanzar el nuevo gobierno de los Estados Unidos del señor Obama, de instalar en la base Palanquero de Colombia, situada cerca a Bogotá, la nueva base militar norteamericana en Colombia, este país, Colombia, pasaría a ser igual que cualquiera de las naciones africanas o asiáticas que aún tienen que soportar el dominio militar norteamericano sobre su soberanía”. En Colombia habría que desatar una nueva guerra por la independencia nacional. Es lo que en la propia información de El Tiempo, que venimos comentando, un funcionario del Ministerio de Defensa de Colombia se atrevió a decir: “Para nosotros es claro que, por ningún motivo, es negociable el punto de que funcione una base militar estadounidense en territorio colombiano, por razones constitucionales y de soberanía. No tengo la menor duda que toda la América Latina y del Caribe se levantará contra esta vagabundería del gobierno de Uribe Vélez, si llegara a pactarse con el nuevo gobierno de los Estados Unidos. El pueblo colombiano y los pueblos latinoamericanos y del Caribe nos uniremos todos para impedir esa traición a nuestras naciones, sobre todo ahora que el Presidente colombiano ha logrado ensamblarse con la nueva Secretaria de los Estados Unidos Hillary Clinton, quien ha estado coqueteando al presidente Uribe Vélez, pues según declaraciones de este mismo en El Tiempo de hoy, dos de junio, declara que: “La señora Hillary está muy interesada en Colombia, en lo macro, en lo micro, en la situación general del país, en el Plan Colombia, en el tema del TLC, en todo” dijo el presidente Uribe Vélez, quien según sus propias palabras ya está entregado a los intereses norteamericanos, abandonando incluso los intereses de Colombia y de América del Sur.

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viernes, 17 de abril de 2009

El Plan Mérida “necesita” narcotraficantes en México y Centroamérica






viernes 17 de abril de 2009

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

“La valiente posición de México contra los carteles de drogas, como también los esfuerzos de Colombia por combatir las drogas [tienen] el efecto secundario de empujar a los traficantes hacia América Central. Nos basaremos en la Iniciativa de Mérida, lanzada el año pasado por el presidente Bush, para ayudar a México y a los países centroamericanos. El narcotráfico es un problema de todos, y debemos encontrar una solución juntos”, declaró recientemente el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden.



¿Será cierto que a la actual administración de Washington le preocupa el narcotráfico? Si hubiera un interés real por terminar con un problema de salud pública tan amplio como el consumo de drogas ilegales en su país (los cálculos más conservadores ubican en 15 millones la cifra de adictos en el territorio estadounidense), muy otras deberían ser las iniciativas. Quemar sembradíos de coca o de marihuana en las montañas de Latinoamérica o llenar de armamento sofisticado a las fuerzas armadas de los países al sur del Río Bravo no baja el consumo de estupefacientes entre los jóvenes de New York o Los Ángeles. ¿Por qué se sigue militarizando un problema que no es militar? O bien el asunto está mal encarado en términos técnicos, o bien –nos quedamos con esta segunda hipótesis– hay otros intereses tras esta “guerra a muerte” contra el narcotráfico.Plan Colombia, Plan Mérida… ¿Por qué no, alguna vez, un Plan California, por ejemplo, o un plan Francia, o Plan Holanda, donde tropas de países del sur –digamos de Afganistán y de Myanmar, principales productores de amapola, o de Colombia, principal productor de hoja de coca– se instalasen en estos puntos del Norte próspero para combatir el consumo de estupefacientes de sus ciudadanos? ¿Y un plan “Paraísos Fiscales” para entrar, por ejemplo, en las Bahamas o las Islas Caimán, en el Caribe, o en el Principado de Sealand, que funciona en una antigua plataforma petrolera del Mar del Norte, o en el Dominio de Melchizedek, situado sobre un desértico atolón vecino a las Islas Marshal –que por medio de la página electrónica www.Melchizedek.com ofrece ciudadanía, pasaporte y facilidades para toda clase de negocios– y confiscar las super multimillonarias cuentas de la banca off shore allí instalada donde se lavan narcodólares?Más allá de la humorada, es inconcebible una maniobra del género. Pero no son inconcebibles maniobras en sentido inverso: tropas armadas hasta los dientes directamente enviadas por Washington, o equipadas y entrenadas por la gran potencia, desembarcando en cualquier país del Sur y persiguiendo a bandas de narcotraficantes locales (al menos, declarando hacerlo). De hecho, eso es lo que sucede a diario con esta nueva guerra total que la gran potencia viene desarrollando junto a su cruzada contra el nunca bien definido “terrorismo internacional”. La lucha contra el narcotráfico permite a la geoestrategia de Estados Unidos estar donde quiere, cuando quiere y haciendo lo que quiere. Y, en realidad, ¿qué hace cuando desembarca en cualquiera de estos “pobres países del Sur” productores de drogas ilícitas? Cuida sus intereses hegemónicos a sangre y fuego, intereses que no son, precisamente, la salud de sus ciudadanos sino los de sus gigantescas multinacionales. Si de la salud pública de su ciudadanía se tratase, no invadiría Colombia ni abriría bases militares en el Asia Central, y en vez de soldados habría médicos y psicólogos en acción.Complementando el tristemente célebre Plan Colombia –que en casi diez años de existencia y con alrededor de 5.000 millones de dólares invertidos no ha reducido en un gramo la producción de hoja de coca en el territorio colombiano que, por el contrario, subió más aún– ahora surge el Plan Mérida. El Plan Mérida, también conocido como Iniciativa Mérida o Plan México, técnicamente consiste es un proyecto de seguridad establecido entre los gobiernos de Estados Unidos, México y los países de Centroamérica y el Caribe para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. El acuerdo fue aceptado por el Congreso de los Estados Unidos y activado por el presidente George Bush el 30 de junio del 2008, en tanto la actual administración de Barack Obama lo ha hecho suyo igualmente. El paquete de asistencia prevé un monto de 1.600 millones de dólares para un plazo de tres años. Durante el primer año estará proporcionando a México 400 millones de dólares en equipo y entrenamiento y un monto de 65 millones de dólares para las naciones de Centroamérica: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá; el plan también incluye a Haití y a la República Dominicana en la porción del paquete para Centroamérica. Oficialmente, los objetivos perseguidos con toda la iniciativa son: la mejora en los programas de las agencias de seguridad de todos los países implicados en la vigilancia de su territorio, el equipamiento y activos para apoyar a las agencias de seguridad homólogas, la provisión de tecnología computarizada para fortalecer la coordinación de las fuerzas de seguridad e información entre Estados Unidos, México y los países del istmo centroamericano, y la provisión de tecnologías para aumentar la capacidad de recolección de inteligencia para propósitos de orden público.¿Son efectivamente las prioridades de México, de Centroamérica y de las islas del Caribe la lucha contra el narcotráfico? ¿Mejorarán las condiciones de vida de sus poblaciones por medio de esta nueva iniciativa de remilitarización? La analista política Ana Esther Ceceña comenta que “el Plan Mérida si es la complementación del Plan Puebla Panamá, pero en realidad el P.P.P. en sí mismo ya se transformó en Proyecto Meso América incorporando a Colombia, y muy explícitamente la dimensión de seguridad. Ya el propio Plan Puebla Panamá asumió las dos cosas, la integración energética, que era la parte económica más importante que tenía, y la integración de seguridad. Y en ese sentido, ya no es que requiera del Plan Mérida, sino que es un eslabón más que permite que el Plan Mérida que está en México [y Centroamérica] se concrete de manera muy natural, sin necesidad de mucha bisagra con el Plan Colombia. Porque el Plan Mérida corresponde directamente al Plan Colombia, es el mismo proyecto adaptado a las circunstancias tanto geográficas como temporales. Porque ya se asume toda la experiencia tenida con el Plan Colombia y la estructura es similar: ayuda para seguridad y una muy pequeña para desarrollo, que es como avanzan varios de los proyectos del Plan Colombia. Y entonces tienes una superposición del Plan Mérida en la parte norte, proyecto Meso América enlazando esa parte norte con Colombia, Plan Colombia en Colombia y Perú”.Si se toman en cuenta los logros de casi una década de existencia del Plan Colombia (en realidad ahora rebautizado Plan Patriota), la experiencia debería ser negativamente aleccionadora: la supuesta “guerra” al narcotráfico no se ganó. Por el contrario: la producción y distribución de cocaína, y en menor medida marihuana, que llega a suelo estadounidense no disminuyó sino que siguió aumentando. ¿Por qué entonces repetir el modelo ahora en una nueva región del patio trasero de la gran potencia?Sin dudas México y los países centroamericanos constituyen hoy la ruta principal por la que transita la cocaína colombiana con rumbo a Estados Unidos, calculándose que los narcotraficantes aztecas mueven unos 25.000 millones de dólares al año, con poderosos cárteles (el de Sinaloa, el de Juárez, el de Tijuana y el del Golfo) que, según funcionarios mexicanos, importan al año unas 2.000 armas de fuego de última tecnología habiéndose constituido ya en un pequeño poder militar con 100.000 personas implicadas, mientras que en los países centroamericanos los grupos dedicados al trasiego de drogas ilícitas también son un pequeño Estado dentro del Estado aportando, según estimaciones confiables, alrededor de un tercio de las economías locales (la proliferación de centros comerciales de lujo, condominios de alta categoría y torres que no tienen nada que envidiar a las de Miami o Atlanta no deja de sorprender en uno de los lugares más pobres del continente). Por supuesto que estas redes se mueven fuera de la ley y son un foco real de criminalidad, violencia, muerte y dolor para las poblaciones en que están establecidas (aunque también son una fuente de ingresos, lo cual hace que, para esas mismas poblaciones históricamente pobres y excluidas, no se vean tanto como “delincuentes” sino como benefactores). Pero no son más delincuentes que los paraísos fiscales donde se terminan lavando esos narcodólares, los cuales –insistimos con la idea, porque de humorada no tiene nada– jamás serán objeto de un Plan Mérida.Valga agregar que este plan pretende ir más lejos que el Plan Colombia, en tanto plantea la implantación del Acta Patriota estadounidense, donde se conculcan las libertades civiles de la población pasando por encima de las garantías constitucionales (virtual golpe de Estado técnico disfrazado). Para lograr esto, Washington está utilizando toda clase de pretextos, creíbles y no tan creíbles, o descabellados incluso, como por ejemplo sacar a luz pública alarmistas informaciones según las cuales el grupo Hezbolá, del Líbano estaría operando en su frontera con México, o encontrando nexos de las temibles “maras” (pandillas) centroamericanas con el terrorismo islámico del grupo Al Qaeda. “Miente, miente, miente, que algo queda”. El tamaño de la mentira en juego es directamente proporcional a los intereses en que se sustenta. Cualquier día podrán entrar en escena grupos alienígenas como parte del montaje mediático, y ello no debería sorprendernos. ¿Un “Plan Júpiter” entonces?Definitivamente entonces, no es un altruista interés por la salud integral de la población estadounidense lo que motiva estos planes. El petróleo mexicano, por ejemplo, cuyas reservas durarán no menos de 100 años con los descubrimientos en el Golfo de México, el agua dulce y la biodiversidad de las selvas tropicales de la región (la del Petén, por ejemplo, la segunda más grande de Latinoamérica), son motivos más fuertes que la salud de los narcodependientes en suelo propio.Que las bandas de narcotraficantes existen, no hay dudas. Hay ya toda una cultura narco, avalada incluso por los tomados como simpáticos narcocorridos que narran las “valientes historias” de estos nuevos héroes populares. Un poco delincuentes, un poco espejo donde mirarse para los sectores más desposeídos, las mafias del narcotráfico se presentan como “los malos de la película” en esta historia que se va tejiendo. El dinero fácil del narcotráfico alimenta estas fortunas de capos latinoamericanos –muy peliculescos por cierto–, pero también alimenta los paraísos fiscales, y en definitiva, los circuitos financieros internacionales, aquellos donde todo es limpio y se habla en inglés. El crimen organizado y el narcotráfico, nuevo demonio que recorre las tierras latinoamericanas (ya pasaron de moda el comunismo o la teología de la liberación) puede servir para mucho. Para generar planes como los Colombia, o Mérida, por ejemplo.No hay dudas que en estos momentos asistimos a una catarata mediática impresionante respecto a estos temas. La sensación que se transmite a diario por los medios de comunicación de México y Centroamérica –alimentada realmente por hechos concretos– es que las mafias del narcotráfico “tienen de rodillas a la población”. Todo ello, igual que sucedió años atrás en Colombia, justifica perfectamente la implementación de planes antidrogas salvadores. En ese sentido puede entenderse que la actual explosión de narcoactividad y crimen organizado es totalmente funcional a una estrategia de control regional, donde el mensaje mediático (la Guerra de Cuarta Generación, según llaman los estrategas del Pentágono) prepara las condiciones para posteriores intervenciones.Diversos analistas políticos y activistas del campo popular advierten que estos planes antinarcóticos se ubican en el contexto de criminalización de las luchas sociales de la región. En ese sentido es denuncia que la Iniciativa Mérida reforzará las guerras de baja intensidad y los distintos planes de contrainsurgencia en la zona, al tiempo que es de esperarse un incremento en los abusos de las fuerzas policiacas y militares. Luchar contra este demonio, así como sucede en la lucha contra el “temible fundamentalismo musulmán”, puede justificar todo.La “nueva sociedad de las Américas” preconizada por el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no tiene mucho de novedosa: continúa con la dominación económica de siempre, tratados de libre comercio mediante, amparada en más y más sofisticadas operaciones militares, como la reactivación de la IV Flota o convenios de patrullaje conjunto con las fuerzas armadas de los distintos países de la región, siempre con los planes geoestratégicos de control continental –el Plan Colombia y ahora el Plan Mérida– como telón de fondo. El narcotráfico, en tal sentido, es la coartada perfecta.Además del aseguramiento de los recursos geostratégicos básicos para la lógica imperial (energía, agua dulce, biodiversidad), estos planes centrados en la lucha contra el narcotráfico permiten tener controlada militarmente las sociedades latinoamericanas. Esto hace recordar palabras de Henry Kissinger cuando opinó sobre los talibanes afganos financiados por su gobierno: “¿qué importa en definitiva un pequeño grupo de fundamentalistas como Al Qaeda si ello sirve para una derrota estratégica de la Unión Soviética?” Del mismo modo, en el contexto latinoamericano, podría decirse: “¿qué importan unas cuantas bandas de narcotraficantes en México y Centroamérica si ello sirve para asegurarnos en el control en una zona que quiere levantar la cabeza?".

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