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miércoles, 14 de abril de 2010

EEUU confirma la existencia de armamento nuclear en sus bases de Italia


Red Voltaire
Martes.13 de abril de 2010

El Pentágono confirma que dispone de bombas nucleares en Italia

Ya se sabía –por un informe de la asociación ambientalista estadounidense Natural Resources Defense Council [1]– que Estados Unidos mantienen 90 bombas nucleares en Italia: 50 en Aviano (Pordenone) y 40 en Ghedi Torre (Brescia). Hay 400 más desplegadas en Alemania, en el Reino Unido, en Bélgica y en Holanda. Se trata de bombas tácticas del tipo B-61, en tres versiones cuyas potencias van de los 45 a los 170 kilotones (13 veces la bomba de Hiroshima).

Esas bombas se guardan en hangares especiales con aviones de caza listos para el ataque nuclear. Entre esos aviones se encuentran los Tornado italianos, equipados con 40 bombas nucleares (las de Ghedi Torre). El informe revela que varios pilotos italianos han sido entrenados en el uso de bombas atómicas en los polígonos de Capo Frasca (Oristano) y de Maniago II (Pordenone). Lo anterior acaba ser confirmado oficialmente, por vez primera, en la Nuclear Posture Review 2010 [2]. Este texto [del Pentágono] señala que «los miembros no nucleares de la OTAN poseen aviones especialmente configurados, capaces de transportar armas nucleares». ¿Lo confirmará también el gobierno italiano, admitiendo así que está violando el Tratado de No Proliferación? ¿O declarará que el Pentágono miente al respecto?

[1] U.S. Nuclear Weapons in Europe. A review of post-Cold War policy, force levels, and war planning, NRDC, 2005. Documento disponible aquí para su descarga..

[2] Nuclear Posture Review 2010, US Department of Defense, abril de 2010. Documento disponible aquí para su descarga..

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martes, 9 de marzo de 2010

¿Ha llegado a su apogeo el imperio de bases de EE.UU.?


Retroceso en el Pacífico

John Feffer
TomDispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
09-03-2010
Introducción del editor de TomDispatch

Cuando se habla de grietas en el edificio imperial de EE.UU. –medido por la capacidad de otros países de decir “no” a Washington, o mirar para otro lado cuando los funcionarios estadounidenses insisten en algo– Europa ha estado cosechando todos los titulares recientemente, y han estado absolutamente centrados en EE.UU. “Gates: OTAN en crisis, tiene que enmendarse,” “Retirada holandesa,” etc. Todo esto por un país –Holanda– que evidentemente se retirará de Afganistán gracias a la intensa presión pública contra la guerra en ese país, y otros países de la OTAN cuyos responsables están arrastrando los pies y vacilando respecto al envío de refuerzos significativos. Sería posible, por cierto, imaginar titulares bastante diferentes (“Europeos reaccionan ante arrogantes y autoritarios estadounidenses,” “Europeos vuelven la espalda a interminable guerra”), pero no en las noticias de la prensa dominante. Ciertamente se podrán encontrar algunos comentarios impactantes sobre el tema de gente como Andrew Bacevich y Juan Cole, pero pasan desapercibidos.

La verdad es que Europa todavía parece lejos de estar dispuesta a presentar un conjunto de firmes negativas a Washington en muchos aspectos, mientras en Asia, los rechazos de clientes claves de EE.UU. durante el medio siglo pasado han sido aún menos evidentes. Pero a veces de la menor grieta en una fachada provienen los mayores cambios. En este caso, el más modesto “no” potencial de un nuevo gobierno japonés en Tokio, con respecto a la postura de EE.UU. en cuanto a las bases en ese país, parece haber provocado casi un pánico en Washington. Ni en Europa ni en Asia hemos sentido algún terremoto político –hasta ahora. Pero bajo la superficie, las placas tectónicas políticas globales se están desplazando, y quién sabe cuándo, a medida que el poder en este planeta cambia lentamente, una de ellas se resbalara y repentinamente, para bien o para mal, todo el paisaje del poder se verá diferente.

John Feffer, codirector de Foreign Policy in Focus y colaborador regular de TomDispatch ya ha escrito en este sitio sobre si Afganistán será el cementerio de la OTAN. Ahora, se vuelve hacia el este para explorar si, en una disputa sobre una insignificante base en la isla japonesa de Okinawa, podamos sentir los primeros estruendos de la línea de falla asiática del poder global estadounidense. Tom

Retroceso en el Pacífico

¿Ha llegado a su apogeo el imperio de bases de EE.UU.?

John Feffer

Para ser un país con una constitución pacifista, Japón está repleto de armamento. Por cierto, ese país asiático ha funcionado desde hace tiempo como un inmenso portaaviones y base naval para el poder militar de EE.UU. No podríamos haber librado las guerras de Corea y de Vietnam sin las cerca de 90 bases militares repartidas por las islas de nuestro principal aliado en el Pacífico. Incluso hoy en día, Japón sigue siendo el sostén de lo que queda de la política de contención de EE.UU. en la Guerra Fría cuando tiene que ver con China y Corea del Norte. Desde las bases aéreas de Yokota y Kadena, EE.UU. puede enviar tropas y bombarderos a través de Asia, mientras la base de Yokosuka cerca de Tokio es la mayor instalación naval estadounidense fuera de EE.UU.

Se podría pensar que, con tantas bases japonesas, EE.UU. no haría tanto escándalo por el cierre de una de ellas. Vuelva a pensarlo. La actual batalla por la base aérea del Cuerpo de Marines en Futenma en Okinawa –una prefectura isleña a casi 1.600 kilómetros al sur de Tokio que alberga unas tres docenas de bases estadounidense y un 75% de las fuerzas de EE.UU. en Japón– se está acelerando. De hecho, Washington parece dispuesto a apostar su reputación y su relación con un nuevo gobierno japonés por la suerte sólo de esa base, lo que es muy revelador con respecto a las ansiedades estadounidenses en la era de Obama.

Lo que hace que esto sea tan extraño, superficialmente, es que Futenma es una base obsoleta. Según un acuerdo al que llegó el gobierno de Bush con el anterior gobierno japonés, EE.UU. ya estaba planificando el desplazamiento de los marines que ahora están en Futenma a la isla de Guam. No obstante, el gobierno de Obama insiste, sobre las protestas de los okinawenses y las objeciones de Tokio, en completar ese acuerdo construyendo una nueva base de reemplazo parcial en una parte menos densamente poblada de Okinawa.

La actual disputa entre Tokio y Washington no es una simple “borrasca en el Pacífico” como Newsweek la describió quitándole importancia. Después de seis décadas de decir sí a todo lo que EE.UU. demandaba, Japón finalmente parece estar a punto de decir no a algo que es de mucha importancia para Washington, y la relación que Dwight D. Eisenhower una vez calificó de “alianza indestructible” muestra cada vez más pequeñas fisuras. Peor todavía, desde la perspectiva del Pentágono, la resistencia de Japón podría ser infecciosa –un motivo importante por el cual EE.UU. pone en juego su alianza por el cierre de una sola base militar anticuada y la construcción de otra de dudoso valor estratégico.

Durante la Guerra Fría, el Pentágono estaba preocupado porque los países caerían como fichas de dominó ante un inexorable avance comunista. Actualmente el Pentágono se preocupa por un tipo diferente de efecto dominó. En Europa los países de la OTAN se niegan a dar su pleno apoyo a la guerra de EE.UU. en Afganistán. En África, ningún país se ha presentado para recibir la central del nuevo Comando África del Pentágono. En Latinoamérica, Ecuador ha expulsado a EE.UU. de su base aérea en Manta.

Todos estos son indudablemente síntomas de la decadencia del poder estadounidense que los militares de EE.UU. viven a escala global. Pero el actual retroceso en Japón es la señal más segura hasta ahora de que el imperio estadounidense de bases militares en el extranjero ha llegado a su punto de apogeo y pronto retrocederá.

¿Fin del servilismo?

Hasta hace poco, Japón era virtualmente un Estado de un solo partido, y eso convenía perfectamente a Washington. El Partido Liberal Democrático (PLD) que gobernó más de medio siglo, tenía la más cómoda relación bipartidaria con los responsables políticos de esa ciudad y su “club del crisantemo” de expertos amistosos hacia Japón. Una reciente revelación de que, en 1969, Japón cedió ante la demanda del presidente Richard Nixon de que recibiera en secreto barcos de EE.UU. que portaban armas nucleares –a pesar de los principios antinucleares supuestamente firmes de Tokio– ha revelado sólo la punta de ese servilismo.

Durante y después de la Guerra Fría, los gobiernos japoneses hicieron lo imposible para dar a Washington todo lo que quisiera. Cuando las restricciones sobre exportaciones militares constituían un obstáculo para la alianza, Tokio simplemente hizo una excepción para EE.UU. Cuando la cooperación en la defensa de misiles contradecía la prohibición de Japón de la militarización del espacio, Tokio de nuevo movía una varita mágica y hacía desaparecer la restricción.

Aunque la constitución de Japón renuncia a la “amenaza o el uso de fuerza como medio para solucionar disputas internacionales,” Washington presionó a Tokio para que contribuyera a los costes de la aventura militar de EE.UU. en la primera Guerra del Golfo contra Sadam Hussein en 1990-1991, y Tokio lo hizo. Luego, desde noviembre de 2001 hasta hace poco, Washington persuadió a los japoneses para que suministraran reabastecimiento de combustible en el Océano Índico para barcos y aviones que participaban en la guerra de Afganistán. En 2007, el Pentágono incluso trató de forzar a Tokio para que aumentara sus gastos de defensa a fin de que pagara más por los costes de la alianza.

Por cierto, el PLD cumplió con tales demandas porque correspondían perfectamente a sus propios planes de cambiar la constitución de paz de ese país y reforzar sus fuerzas armadas. Durante las últimas dos décadas, de hecho, Japón ha adquirido equipamiento notablemente sofisticado, que influye aviones caza, capacidad de reabastecimiento en el aire, y barcos de asalto que pueden funcionar como portaaviones. También modificó más de 50 veces la Ley de Fuerzas de Autodefensa de 1954, que define lo que las fuerzas armadas japoneses pueden y no pueden hacer, para dar a sus fuerzas la capacidad de actuar con una fuerza ofensiva de ataque. A pesar de su “constitución de paz,” Japón tiene ahora una de las fuerzas armadas más impresionantes del mundo.

Y apareció el Partido Democrático de Japón (PDJ). En agosto de 2009, ese nuevo partido político destronó al PLD, después de más de medio siglo en el poder, y se impuso en las elecciones con un amplio mandato para cambiar las cosas. En vista del bajón en la economía, el partido se ha concentrado en temas interiores y la reducción de costes. No es sorprendente, sin embargo, que el esfuerzo por hacer recortes en el presupuesto japonés haya llevado al partido a analizar la alianza con EE.UU. A diferencia de la mayoría de los demás países que albergan bases militares de ese país, Japón paga la mayor parte del coste de mantenerlas: más de 4.000 millones de dólares por año en apoyo directo o indirecto.

Bajo las circunstancias, el nuevo gobierno del primer ministro Yukio Hatoyama propuso algo ciertamente modesto – que se colocara la alianza entre EE.UU. y Japón, en la frase del momento, sobre una base “más equitativa”. Inauguró ese nuevo enfoque de un modo bastante simbólico, terminando la misión de reabastecimiento de Japón en el Océano Índico. (aunque típicamente Japón endulzó la píldora con la oferta de un paquete quinquenal de 5.000 millones de dólares en ayuda al desarrollo para el gobierno afgano.)

De un modo más sustancial, el gobierno de Hatoyama también indicó que quería reducir sus pagos de apoyo a las bases. Los recortes propuestos por Japón vienen en un momento inoportuno para el gobierno de Obama, que trata de pagar por dos guerras, sus “operaciones de contingencia en el extranjero,” y una red mundial de más de 700 bases militares. Las cargas económicas de las operaciones en el extranjero de EE.UU. están aumentando, y menos países se muestran dispuestos a compartir los costes.

De dugongos y democracia

La fuente inmediata de tensión en la relación entre EE.UU. y Japón ha sido el deseo de Tokio de renegociar el acuerdo de 2006 de cerrar Futenma, transferir a esos 8.000 marines a Guam, y construir una nueva base en Nago, un área menos densamente poblada de la isla. Es un acuerdo que amenaza con hacer que un gobierno que ya está en aprietos incurra en gastos considerables. En 2006, Tokio prometió pagar más de 6.000 millones de dólares sólo para ayudar a trasladar a los marines a Guam.

El coste político para el nuevo gobierno de continuar la locura del PLD puede ser aún mayor. Después de todo, el PDJ recibió un apoyo considerable de votos de okinaweses, insatisfechos con el acuerdo de 2006 y ansiosos de ver el fin de la ocupación estadounidense de su isla. Durante las últimas décadas, con bases estadounidenses construidas unas junto a otras en las partes más densamente pobladas de la isla, los okinaweses han sufrido contaminación del aire, del agua y del ruido, accidentes como la caída de un helicóptero estadounidense en 2004 en la Universidad Internacional de Okinawa, y crímenes que van desde infracciones triviales de velocidad hasta la violación de una niña de 12 años por tres marines en 1995. Según un sondeo de opinión de junio de 2009, un 68% de los okinaweses se oponía a la reubicación de Futenma dentro de la prefectura, mientras sólo un 18% favorecía el plan. Mientras tanto, el Partido Socialdemócrata, un miembro minoritario en la coalición gobernante, ha amenazado con retirarse si Hatoyama no cumple con su promesa electoral de no construir una nueva base en Okinawa.

Y además existe el dugongo, un mamífero acuático similar al manatí que parece un cruce entre una morsa y un delfín y que fue la inspiración probable del mito de la sirena. Sólo 50 especímenes de esta especie en peligro siguen viviendo en las aguas marinas amenazadas por la propuesta nueva base cerca de la menos poblada Nago. En un caso que marca un hito, abogados japoneses y ecologistas estadounidenses presentaron una demanda en un tribunal federal de EE.UU. para bloquear la construcción de la base y salvar al dugongo. Para ser realistas, incluso si el Pentágono estuviera dispuesto a apelar el caso hasta llegar a la Corte Suprema, abogados y ecologistas podrían involucrar a los militares de EE.UU. en papeleo legal y burocrático durante tanto tiempo que la nueva base podría permanecer para siempre en la etapa de planificación.

Por razones ecológicas, políticas y económicas, el abandono del acuerdo de 2006 es algo obvio para Tokio. Ante la insistencia de Washington de retener una base de poca importancia estratégica, sin embargo, el desafío para el PDJ ha sido encontrar otro sitio que Nago. El gobierno japonés jugó con la idea de fusionar la instalación de Futenma con instalaciones existentes en Kadena, otra base de EE.UU. en la isla. Pero ese plan – así como una posible reubicación en otras partes de Japón – ha provocado una dura resistencia local. Una propuesta para expandir las instalaciones en Guam fue rechazada por el gobernador de la isla.

La solución a todo esto es evidente: cerrar Futenma sin abrir otra base. Pero hasta ahora, EE.UU. se niega a facilitar las cosas a los japoneses. De hecho, Washington hace todo lo que puede por acorralar al nuevo gobierno en Tokio.

Aumentando la presión

La presencia militar de EE.UU. en Okinawa es un residuo de la Guerra Fría y un compromiso de EE.UU. de contener a la única potencia militar en el horizonte que podría amenazar la supremacía militar estadounidense. En los años noventa, la solución del gobierno de Clinton ante el ascenso de China fue “integrar, pero protegerse.” La protección – contra la posibilidad de que China desarrollara una tendencia maligna – se centró en una alianza EE.UU.-Japón fortalecida y un disuasivo militar japonés creíble.

Lo que no anticiparon el gobierno de Clinton y sus sucesores fue hasta qué punto China desarmaría esa estrategia de protección efectiva y pacíficamente con una cuidadosa habilidad política y una vigorosa política comercial. Una serie de países del sudeste asiático, incluidas las Filipinas e Indonesia, sucumbieron rápidamente a la versión china de la diplomacia de la chequera. Entonces, en la última década, Corea del Sur, como los japoneses actualmente, comenzó a hablar de establecer relaciones “más igualitarias” con EE.UU. en un esfuerzo por no ser involucrada en algún futuro lío militar entre Washington y Beijing.

Ahora, cuando sus archiconservadores se han ido del gobierno, Japón a siente visiblemente atraído por los encantos de China. En 2007, China ya ha sobrepasado a EE.UU. como el principal socio comercial del país. Al devenir primer ministro, Hatoyama propuso sensiblemente el futuro establecimiento de una comunidad del este asiático según el modelo de la Unión Europea. Desde su punto de vista, eso apalancaría la posición de Japón entre una China en ascenso y un EE.UU. en declinación. En diciembre, mientras Washington y Tokio estaban regateando amargamente por el tema de la base de Okinawa, el dirigente del PDJ, Ichiro Ozawa envió una señal a Washington así como a Beijing al conducir una delegación de 143 miembros de legisladores de su partido en una visita de cuatro días a China.

No es sorprendente que la política de deslumbramiento de China haya hecho sonar la alarma en Washington, donde la República Popular sigue siendo un centro de preocupación primordial para un grupo de planificadores estratégicos dentro del Pentágono. La base de Futenma – y su potencial reemplazo – estaría bien situada, si Washington decidiera algún día enviar unidades de reacción rápida al Estrecho de Taiwán, al Mar del Sur de China, o a la península coreana. A los planificadores estratégicos en Washington les gusta hablar de la “tiranía de la distancia,” de la dificultad de colocar “botas en el terreno” desde Guam o Hawaí en caso de una emergencia en el este asiático.

Sin embargo, el verdadero valor estratégico es, en el mejor de los casos, cuestionable. Los surcoreanos son más que capaces de encarar cualquier contingencia en la península. Y EE.UU., tiene francamente suficiente poder de fuego por aire (Kadena) y mar (Yokosuka) dentro de una distancia de emergencia de China. Un par de miles de marines no influirán considerablemente en el resultado (aunque estos últimos estén vigorosamente en desacuerdo). Sin embargo, en un medio político en el cual el Pentágono enfrenta difíciles alternativas entre el financiamiento de guerras de contrainsurgencia y viejos sistemas de armas de la Guerra Fría, el lobby de la “amenaza china” no quiere ceder en nada. El que no se pueda reubicar la base de Futenma dentro de Okinawa podría ser el primer paso por una ladera resbaladiza que podría potencialmente arriesgar miles de millones de dólares en armas de la Guerra Fría que todavía están en la línea de producción. Es difícil justificar la compra de todos esos juguetes sin tener un sitio donde jugar con ellos.

Y es un motivo por el cual el gobierno de Obama se ha lanzado a presionar a Tokio para que se adhiera al acuerdo de 2006. Incluso envió al secretario de defensa Robert Gates a la capital japonesa en octubre pasado, antes del tour asiático del presidente Obama. Como un padre impaciente que reconviene a un adolescente renegón, Gates sermoneó a los japoneses “para que sigan adelante” y se ajusten al acuerdo – irritando tanto al nuevo gobierno como al público.

La expertocracia se ha mantenido unida tras un consenso partidario en Washington de que el nuevo gobierno japonés debería acostumbrarse tanto a su condición inferior como su predecesor y dejar de hacer líos. El gobierno de Obama está frustrado con “el manejo superficial del tema por Hatoyama,” escribe Fred Hiatt, editor de la página editorial del Washington Post. “Lo que ha resultado de que el señor Hatoyama no enuncie una estrategia o plan de acción claro es el mayor vacío político en más de 50 años,” agrega Victor Cha, ex director de asuntos asiáticos del Consejo Nacional de Seguridad. Ninguno de los dos analistas reconoce que la única “falta de acción” o acción “superficial” de Tokio fue hacerle frente a Washington. “La disputa podría debilitar la seguridad en el este de Asia en el 50 aniversario de una alianza que ha servido bien a la región,” entonó sin rodeos The Economist. “Por duro que sea para el nuevo gobierno de Japón, tiene que hacer la mayor parte de las concesiones, aunque no todas.”

El gobierno de Hatoyama no es en nada radical, ni es antiestadounidense. No se prepara para exigir que se cierren todas las bases de EE.UU., ni siquiera muchas de ellas. Ni siquiera se prepara para cerrar ninguna de las demás tres docenas (o algo así) de bases en Okinawa. Su modesto retiro se limita a Futenma, donde se encuentra entre la roca de la opinión pública japonesa y la dureza de la presión del Pentágono.

Los que prefieren lograr los objetivos de Washington con Japón de un modo más indirecto, aconsejan tener paciencia. “Si EE.UU. menoscaba al nuevo gobierno japonés y crea resentimiento en el público japonés, una victoria respecto a Futenma podría ser pírrica,” escribe Joseph Nye, el arquitecto de la política asiática de EE.UU. durante los años de Clinton. Los expertos en Japón instan a que EE.UU. espere hasta el verano cuando el PDJ haga un intento de obtener suficientes escaños en las próximas elecciones parlamentarias para librarse de sus socios de la coalición, si considera necesaria una acción semejante.

Incluso si el Partido Socialdemócrata ya no presenta constantemente el tema de la base en Okinawa en el gobierno, el PDJ todavía tiene que encarar la democracia en la base. Los okinaweses están totalmente opuestos a una nueva base. Los residentes de Nago, donde se construiría esa base, acaban de elegir a un alcalde que hizo campaña con una plataforma contra la base. No causaría una buena impresión si el partido que finalmente ha introducido una verdadera democracia en Tokio la aplastara en Okinawa.

Salto de las islas a la inversa

Dondequiera los militares de EE.UU. colocan su pié en el extranjero, han aparecido movimientos para protestar contra las consecuencias militares, sociales y ecológicas de sus bases militares. Este movimiento contra las bases ha logrado algunos éxitos, como ser el cierre de una instalación de la armada de EE.UU. en Vieques, Puerto Rico, en 2001. El movimiento también ha dejado su huella en el Pacífico. Después de la erupción del monte Pinatubo, activistas por la democracia en las Filipinas clausuraron con éxito la Base Clark de la Fuerza Aérea cubierta de cenizas, y la Estación Naval Subic Bay en 1991-1992. Más adelante, activistas surcoreanos lograron obtener el cierre de la inmensa instalación Yongsan en el centro de Seúl.

Por cierto, fueron sólo victorias parciales. Washington negoció subsiguientemente un Acuerdo de Fuerzas Visitantes con las Filipinas, según el cual los militares de EE.UU. reinstalaron tropas y equipos en la isla, y reemplazó la base Yongsan en Corea con una nueva en la cercana Pyeongtaek. Pero esas victorias “que no sucedieron en mi patio trasero” (NIMBY por sus siglas en inglés) fueron suficientemente significativas para ayudar a empujar al Pentágono hacia la adopción de una doctrina militar que subraya la movilidad por sobre la posición. Las fuerzas armadas de EE.UU. se basan ahora en “flexibilidad estratégica” y “reacción rápida” tanto para enfrentar amenazas inesperadas como para encarar la inconstancia de sus aliados.

Por supuesto el gobierno de Hatoyama puede aprender a decir no a Washington respecto a las bases en Okinawa. Por considerar esto evidentemente una probabilidad, el ex secretario adjunto de Estado y ex embajador de EE.UU. en Japón, Richard Armitage, ha dicho que “más vale” que EE.UU. “tenga un plan B.” Pero es posible que la victoria del movimiento contra la base sea sólo parcial. Las fuerzas de EE.UU. permanecerán en Japón, y especialmente Okinawa, e indudablemente Tokio seguirá pagando por su mantenimiento.

Animados incluso por esta victoria parcial, sin embargo, movimientos NIMBY probablemente crecerán en Japón y en toda la región, concentrándose en otras bases en Okinawa, bases en Japón propiamente tal, y en otros sitios en el Pacífico, incluido Guam. Por cierto, ya crecen las protestas en Guam contra el proyecto de expansión de la Base Andersen de la Fuerza Aérea y de la Base Naval Guam para recibir a esos marines de Okinawa. Y esto provoca terror en los corazones de los planificadores del Pentágono.

En la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. empleó una estrategia de salto de isla en isla para acercarse cada vez más al centro de Japón. Okinawa fue la última isla y la última batalla importante de esa campaña, y más gente murió allí durante los combates que en los subsiguientes bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki en conjunto: 12.000 soldados estadounidenses, más de 100.000 soldados japoneses, y tal vez 100.000 civiles okinaweses. Esta experiencia histórica ha endurecido la decisión pacifista de los okinaweses.

La actual batalla por Okinawa sitúa nuevamente a EE.UU. contra Japón, y de nuevo las víctimas son los okinaweses. Pero hay una buena probabilidad de que los okinaweses, como los Na’vi en la gran cinta NIMBY “Avatar”, triunfen esta vez.

Una victoria en el cierre de Futenma y en la prevención de la construcción de una nueva base podría ser el primer paso en un potencial salto de las islas a la inversa. Puede que un día movimientos NIMBY puedan terminar por sacar a los militares de EE.UU. de Japón y de Okinawa. No es probable que sea un proceso fácil, ni es probable que suceda pronto. Pero el kanji está en los muros. Incluso si los yanquis no saben lo que significan los ideogramas japoneses, por lo menos entenderán en qué dirección apunta la flecha de salida.

……………..

John Feffer es co-director de Foreign Policy In Focus en el Institute for Policy Studies y escribe su columna regular World Beat.

Copyright 2010 John Feffer

© 2010 TomDispatch. All rights reserved.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175214/

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sábado, 23 de enero de 2010

Estados Unidos financia y asesora una base militar en Guatemala para “luchar contra el narcotráfico”




22 de enero de 2010
Oriol Sabata (LIBRERED)

El presidente guatemalteco Álvaro Colom inauguró este jueves una base para “la lucha contra el narcotráfico”, construida con ayuda directa de Estados Unidos.

Fuentes de la embajada de EEUU en el país explicaron que el gobierno estadounidense financió la construcción del edificio y aportó los equipamientos. La base fue instalada en el departamento de Escuintla bajo el nombre ”División de Análisis e Información Antinarcótica”.”

Durante el acto de inauguración, el Presidente Colom justificó la creación de esta división. “Si queremos llevar paz a Guatemala, hay que transitar por una lucha sostenida, fuerte y vigorosa contra el narcotráfico”, dijo durante su intervención.

La Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), que tiene luz verde para operar en Guatemala, es una organización fuertemente criticada y repudiada por países como Venezuela, Bolivia o Ecuador, que consideran que tras el pretexto de la lucha contra el narcotráfico se encuentran intereses intervencionistas y labores de espionaje.

Fuentes gubernamentales dicen que la nueva base investigará el manejo de droga en la costa sur guatemalteca y estará integrada por agentes antinarcóticos de la Policía Nacional Civil (PNC), de la Base Naval del Pacífico y agentes de puertos y aeropuertos.

El ministro guatemalteco de Gobernación, Raúl Velásquez aseguró que “el narcotráfico ha generado altos índices de violencia en todo el país y que esta base de operaciones incrementará la seguridad para los usuarios de Puerto Quetzal, uno de los más grandes del país centroamericano”.

No es un caso aislado

Países como Colombia o Panamá, afines a las políticas de la Casa Blanca, también han permitido la instalación de bases militares en su territorio nacional bajo supervisión de Washington.

El gobierno de Álvaro Uribe recibió hace pocos meses duras críticas por parte de la mayoría de mandatarios latinoamericanos tras anunciar la creación de seis bases militares en territorio colombiano que contarían con personal y asesoramiento norteamericano para supuestamente “combatir el negocio de la droga en la zona”.

Este hecho fue considerado por la comunidad latinoamericana como un atentado contra la soberanía del país y una tapadera de EEUU para aumentar su control militar en la frontera entre Colombia y Venezuela.

En 2005 Venezuela decidió “hacer un claro rompimiento” con los acuerdos que mantenía con la agencia antidroga estadounidense. “La DEA no es absolutamente necesaria para la lucha en contra del tráfico de drogas”, dijo el presidente Hugo Chávez, luego de señalar que “hemos detectado infiltración de inteligencia que amenazó la seguridad nacional y la defensa”.

En 2009, Bolivia suspendió “indefinidamente” las operaciones de la DEA en su país tras comprobar labores de espionaje y desestabilización contra el gobierno. ”Tenemos la obligación de defender la soberanía del pueblo boliviano“, sentenció Evo Morales, quien en agosto ya desautorizó el vuelo de aviones de la agencia antidroga.

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miércoles, 7 de octubre de 2009

Manta: “Los barcos hundidos, las personas desaparecidas, el abuso a mujeres ha sido el triste legado de la base imperial en nuestro territorio"


6 de octubre de 2009
Gabriel Conte (MDZOL)

El pasado 18 de septiembre, los Estados Unidos se retiraron de la base de Manta, en Ecuador, a 260 kilómetros al Suroeste de Quito, la capital. Todo indica que sus hombre y sus máquinas fueron a parar (o irán hacia allí, en definitiva) a Palanquero, en Colombia, unas de las siete bases estadounidenses que se instalarán allí.

El gobierno del presidente Rafael Correa presentó el hecho como "histórico" y desde los amplios sectores sociales y políticos que apoyaron la salida de los norteamericanos de su territorio festejaron el hecho con gran magnitud.

Correa había prometido que esta sería una de las acciones de gobierno en caso de ganar, en 2006. No le renovó a los Estados Unidos el convenio de 10 años que le permitió a los militares de aquel país tener asiento en Ecuador desde 1999, hasta septiembre último.


Una de las organizaciones que trabaja en Ecuador por la desmilitarización es el Servicio de Paz y Justicia, Serpaj, entidad liderada por el argentino y premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.


Con uno de sus directivos, Gualdemar Jiménez, MDZ pudo dialogar para conocer más sobre lo que pasó en Manta y en torno al destino de los militares estadounidenses en Sudamérica.


Aquí, nuestro diálogo:


- ¿Qué significó para Ecuador tener en su territorio la base de Manta?


La entrega de la base miliar a los Estados Unidos se dio en el Gobierno de Jamil Mahuad presidente demócrata Cristino, quien demostró un entreguismo total a los intereses del norte. Esto significaba para el Ecuador el involucramiento en un conflicto que no era el nuestro y donde Ecuador siempre había abogado por la salida política al mismo.La presencia Estadounidense demostraba el interés de este país en la región y en la posibilidad de neutralizar a la insurgencia del país vecino.Por otra parte la población que recibe a la base se le vende la idea que llegaría progreso para la zona, lo cual no solo que no se cumplió sino que esta ciudad se convirtieron en una de las más peligrosas del país.


La instalación de la base militar fue de la mano con la implementación del Plan Colombia el mismo que tiene una carga guerrerista que solo ha traído mayor desplazamiento a la población Cclombiana.


- ¿Hubo alguna oposición para su instalación? ¿Cuándo ocurrió y en qué circunstancias?


Desde el momento mismo que la sociedad civil tuvo información sobre el tema, se comenzaron a realizar acciones de resistencia, que fueron desde marchas, acciones directas hasta procesos jurídicos.


Se presentaron demandas de inconstitucionalidad por la falta de aprobación del acuerdo por parte del pleno, y solo se dio un visto bueno por parte de una de las comisiones legislativas que fue manejada por gente de la misma tendencia política del presidente.


Los proceso de resistencia no pararon durante estos 10 años, los jóvenes jugaron un papel muy importante en este proceso igual que los campesinos los mismo que realizaron movilizaciones permanentes que no dejaron que el tema se borre de la memoria de los ecuatorianos.


- ¿Cómo se gestó la salida de la base de su país?


Las acciones de resistencia era importante pero uno paso fundamental fue el poder incidir en la agenda política de los partidos y agentes de opinión, fue en las elecciones del 2006 donde el ahora presidente asume la bandera de los movimientos sociales y manifiesta abiertamente que en su gobierno saldrán los Estados Unidos de la base de Manta.


Ecuador constituyó la coalición no bases como un espacio de afluencia de todas o la mayoría de organizaciones que resistían a la presencia militar gringa y desde este espacio se comenzó a cabildear con gente de Gobierno, especialmente de cancillería con el único objetivo de la no renovación del convenio, ya sabíamos que los Estados Unidos no iba a salir antes de que se cumpliera el plazo es por ello que la estrategia fue la no renovación.


En Ecuador se logró ligar la presencia militar con el interés económico, por lo decir "no a la base militar" era decir "no a los tratados de libre comercio", por lo que uno de los lemas era "no a las imposiciones militares ni comerciales".


- ¿Qué rol cumplió Serpaj en esta tarea?


Serpaj (el Servicio de Paz y Justicia) fue una de las primeras organizaciones que puso en alerta a la sociedad civil sobre el interés de entregar a los Estados Unidos la base de Manta, junto con otras organizaciones presentamos la demanda de inconstitucionalidad.


Junto con el grupo de objeción de conciencia, se realizaron un sin número de acciones para que la gente conozca la problemática.


Formamos parte de la coalición no bases y del Observatorio Internacional por la paz que vigilaba la situación de la zona de frontera a partir de la implementación del plan Colombia.


- ¿Cuál es el balance, ya sea positivo o negativo, de la presencia estadounidense en territorio ecuatoriano?


Creo que lo negativo marco la agenda. Los militares Estados Unidos se dedicaron hacer una especie de aduana, donde requisaban a embarcaciones que ellos creían que tenían droga, hundiendo a más de 10 barcos. Se detenía a inmigrantes que deseaban salir del país por vía marina.


Por otra la presencia de la base significo que la ciudad de Manta se convierta en una zona cotizada por la bandas de narcotraficantes, esto es algo paradójico pero si una embarcación lograba salir en su camino iba a recibir menos chequeos porque salía de un “puerto seguro”.


Los barcos hundidos, las personas desaparecidas, el abuso a mujeres ha sido el triste legado de la base imperial en nuestro territorio.


- ¿Qué piensa sobre la instalación de las bases estadounidenses en Colombia?


Lastimosamente Colombia se ha convertido en la mano de los Estados Unidos en América Latina, la instalación de siete bases en Colombia solo significa el interés tanto del Gobierno colombiano como el de los EEUU de una salida militar al conflicto colombiano.


Por otra parte para Ecuador es muy complicada esta situación ya que la invasión que hizo Colombia a territorio Ecuatoriano en Marzo del 2008, se tiene serias dudas que la inteligencia y el apoyo logístico se lo hicieron desde Manta los militares Estados Unidos, tanto con aviones como con radares.


Quien puede garantizar que esta situación no se repita si el Gobierno de Uribe se ha negado a dar algún tipo de garantía que garantice la no intervención a sus vecinos, es claro manifestar que solamente Estados Unidos y Colombia mantienen la tesis de extraterritorialidad, es decir que pueden ocupar, bombardear a sus vecinos si esto significa garantiza “la seguridad de su país”.


- ¿Cómo tomó la sociedad ecuatoriana la salida de la base de Manta?


Creo que si hay un punto que tiene el apoyo de la mayoría de la población es este, la salida de la Base militar significaba el ratificar la soberanía sobre nuestro suelo y la posibilidad de distanciarnos del conflicto colombiano. Lo cual esperamos que también se manifieste en la reducción de personal militar en la zona fronteriza y el mayor apoyo a programas sociales.


Ahora es una tarea tanto de la sociedad como del Gobierno el crear una comisión que pueda evaluar los sucedido en Manta y si presentar las demandas correspondientes por la violación de derechos, no se puede dejar en el olvido.

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sábado, 3 de octubre de 2009

Reacción de Hezbolá al Plan de Estados Unidos para construir una base aérea en el Líbano


Un miembro del ala política de Hezbolá, dijo que el plan de la Casa Blanca para construir una base aérea en el Líbano es una forma de ocupación.

Islam Times

Khudur Nour al-Din dijo lo siguiente acerca de los planes de Estados Unidos para establecer una base militar en el norte de Líbano: "No vamos a permitir que Estados Unidos construya una base militar en el Líbano. La razón de esto es que es una forma de interferir en los asuntos internos de nuestro país. Además de esto, la presencia de soldados estadounidenses en el Líbano es una forma indirecta de la ocupación ".

Añadió: "La presencia de soldados estadounidenses en el Líbano debe ser prevenida. El gobierno unificado debe formarse rápidamente. Creemos que no debemos permanecer en silencio sobre esta cuestión, porque es una forma clara de injerencia en los asuntos internos del Líbano. La nación libanesa no aceptará esto ".
El diario Al-Safir informó recientemente el plan de Estados Unidos para construir una base aérea en el norte de Líbano. El diario libanés As Safir reveló el lunes que EEUU está trabajando para establecer una base aérea estadounidense en Líbano y transformar el país en una base de lanzamiento para los planes militares estratégicos norteamericanos en Oriente Medio.

El diario libanés dijo que los estadounidenses estaban buscando crear tal base aérea militar por razones “sospechosas”.

As Safir señaló que la base podría estar localizada en la región de Hamat, en la región norteña de Batrun.

El diario continuó enfatizando que los responsables estadounidenses no tienen una opinión favorable del aeropuerto oficial, el Aeropuerto Internacional de Beirut, debido a su localización en la carretera del aeropuerto donde se cree que Hezbollah mantiene un rol predominante. El estatus del Ejército libanés y las instituciones de seguridad es otra razón para la desconfianza estadounidense, añadió el diario.

As Safir, por su parte, citó una fuente bien informada que dijo que un oficial de la Fuerza Aérea libanesa presentó una petición por escrito al Mando del Ejército libanés en la que él pedía el establecimiento de una base aérea de Hamat y la restauración del campo de aviación de Quliat. La fuente dijo que el Mando del Ejército creó de forma inmediata un comité para considerar la petición y un civil comenzó a trabajar para eliminar las bases aéreas del control de las esferas shiíes de influencia.

Fuentes bien informadas señalaron que EEUU está buscando la restauración de la base aérea de Quliat para evitar que sus aviones transiten por el Aeropuerto Internacional de Beirut y por el Aeropuerto de Riaq porque considera que ambos están bajo el control de Hezbollah.
Las fuentes añadieron que la prioridad es el aeropuerto de Hamat por varias razones, la más importante de las cuales es el que no existe una “influencia islámica” en el área, el proceso de despegue y aterrizaje se realiza a través del mar y no de Siria y la distancia entre la base y la costa es pequeña.
La idea del aeropuerto en Hamat se remonta a la época del fallecido Bashir Gemayel, cuando éste era líder de las Fuerzas Libanesas y se sentía “asediado” porque los puntos de cruce entre las distintas áreas estaban cerrados.

Según el diario As Safir, una delegación rusa llegará a Beirut en las próximas semanas con el fin de estudiar los aeropuertos militares de Líbano con el fin de “cumplir la promesa de equipar a Líbano con MIG-29”.

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martes, 22 de septiembre de 2009

EEUU podría crear bases militares también en Perú


Heinz Dieterich
Rebelión
17 de septiembre de 2009

Washington expande usurpación militar al Perú

Mientras Uribe-Bush-Obama y la UNASUR negocian todavía en Quito la usurpación militar del espacio andino, Washington ya está dando el siguiente paso: la ocupación militar del Perú. En palabras del ministro de Defensa peruano, Rafael Rey: “En el Perú, la colaboración de los norteamericanos para la lucha contra el narcotráfico es muy positiva, y lamentablemente no contamos con la ayuda norteamericana para la lucha antisubversiva, que ahora se encuentra mezclada con el narcotráfico en la zona del VRAE”; el estratégico Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE).

Las palabras del funcionario, pronunciadas en una radio local, revelan el proyecto de Washington-Alan García, de expandir el Plan Colombia al corazón del Perú, cerca de la Amazonia brasileña y de la frontera con Bolivia. Rey, a cuyo juicio las bases militares de Washington en Colombia no significan “una amenaza para la región”, quiere la presencia de militares y bases estadounidenses en esa zona para una gran ofensiva de contrainsurgencia, antes de las elecciones peruanas del 2012.
Durante la guerra del Estado contra Sendero Luminoso, el VRAE se había convertido en una zona estratégica escogida por los senderistas. Sin embargo, sus represivos métodos polpotianos fueron pronto rechazados por los pequeños campesinos cocaleros que se organizaron en rondas de autodefensa. Armadas en parte por el Estado, en parte desde otras fuentes, esas rondas campesinas derrotaron a los senderistas. El gobierno adoptó el modelo y lo replicó en otras partes del país, lo que, junto con la intervención estadounidense en la contrainsurgencia y la fuerte campaña de terrorismo de Estado bajo Fujimori-Montesinos, llevó al pronto colapso del senderismo.
Con la derrota de Sendero, las organizaciones de autodefensa armada de los campesinos en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene, quedaron latentes, pero, su status político ha cambiado desde entonces. Si ayer fueron aliados del oficialismo, hoy día son declarados enemigos del Estado (narcoterroristas), tal como dice Rey. Y, la opción que les plantea Lima es, abandonar la producción de la coca y entregar las armas que les quedan de los ochenta, o ser aniquilados al estilo del Plan Colombia. La finalidad del proyecto García-Washington es doble: a) crear condiciones políticas-militares represivas que garanticen que el ascenso del movimiento de masas peruanas no lleve a un candidato presidencial popular al poder, sino a una figura oligárquica; b) facilitar que el expansionismo militar monroeista pueda llegar al Cono Sur.
La ejecución del proyecto comenzó en el 2008 con el llamado Plan de operaciones Excelencia 777, que militarmente tiende a la recuperación de la zona de Vizcatán y políticamente a la preparación psicológica de la sociedad peruana de que será necesario recortar ciertas libertades políticas para derrotar a los “narcoterroristas”. El reciente derribamiento de un helicóptero ruso MI-17 por los senderistas fue un importante catalizador en esta campaña.
Para la población campesina del VRAE, el dilema es diabólico. Si dejan de producir la coca, pierden su medio de subsistencia. Si se enfrentan al gobierno militarmente, se exponen a una campaña de terrorismo de Estado como la que ejecutó Washington vía Fujimori-Montesinos en su momento y que ahora se aplicaría con mejor tecnología y mayor participación del Comando Sur, tal como sucede en Colombia.
Ante este dilema, la salvación de la gente sólo puede ser política. Necesitan un gran frente nacional unido que puede llevar un candidato popular y responsable a la presidencia peruana en las elecciones del 2012. En lo inmediato, deberían buscar el apoyo de los presidentes latinoamericanos progresistas y, por supuesto, de los movimientos sociales e intelectuales críticos de la Patria Grande, para que hagan valer su influencia en las nacientes estructuras del Estado sudamericano.
La terrible amenaza de una nueva guerra sangrienta reaccionaria en el corazón del Perú nace de la agenda hemisférica del imperio y de sus oligarquías. Por eso, el diabólico plan de Washington y Lima solo puede ser parado a nivel hemisférico.

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

“Colombia se convertirá en un portaaviones de los Estados Unidos para vigilar el hemisferio”, dijo el ex presidente Ernesto Samper Pizano


1 de septiembre de 2009
Apolinar Díaz – Callejas
(especial para ARGENPRESS.info)

En reportaje radial a la cadena Caracol de Colombia, la más extensa y escuchada del país, dijo ayer 30 de agosto, el Ex presidente liberal de Colombia Ernesto Samper Pizano: “Colombia se convertirá en un portaaviones de los Estados Unidos para que vigilen el hemisferio”.

Como informó el mismo noticiero radial, “así lo afirmò el Ex presidente colombiano Ernesto Samper Pizano, tras señalar que es lo mismo tener bases militares de los Estados Unidos en Colombia que prestar las bases nacionales para que lleguen soldados norteamericanos. Esto es como la diferencia entre hoyo y hueco” Agregó, “que Colombia no necesita más equipo ni apoyo de los Estados Unidos contra el narcotráfico o el terrorismo”. Samper dijo que es inadmisible que el gobierno colombiano insista en el acuerdo de cooperación y advirtió que Colombia no se puede convertir en el país soplón de la región”. Finalmente, señaló “que el apoyo entregado por el director del Partido Liberal César Gaviria a ese acuerdo, no representa la posición de la colectividad”.


Como se puede observar en el texto de la declaración del ex presidente Samper Pizano, en la entrega del presidente Uribe Vélez al presidente Barack Obama, aceptando el funcionamiento en el país, desde esta primera etapa, de siete bases militares gringas, aéreas, terrestres y marítimas en territorio colombiano, es nada menos que someter a Colombia a los dictados militares y agresiones de ese género que tenga Estados Unidos con cualquiera de los países latinoamericanos integrantes de la Unasur, que son los más importantes de la región y que cubren la totalidad de su territorio, con la sola excepción de Colombia y Perú. Entiendo que la presencia del presidente peruano Alan García, en la reunión de naciones suramericanas en Argentina, fue un simple acto de solidaridad personal con el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, único mandatario de la región que se sometió apresuradamente a las imposiciones del nuevo gobierno y presidente norteamericano Barack Obama.


Este hecho, como denuncia el ex presidente Ernesto Samper Pizano, es un retorno retardatario y agresivo de los Estados Unidos a su centenaria política de agresión a las naciones de Sur América, de América latina y del Caribe, a tal punto que el actual presidente de México, Felipe Calderón, que es un hombre de derecha, expresó su repudio a la aceptación de bases militares extranjeras en su país, que sería un gravísimo acto de quebrantamiento de la soberanía nacional”.


Es decir, el único medio aliado que le quedó a Uribe Vélez en la cumbre de Bariloche fue el presidente peruano Alán García, quien ha venido siendo calificado por la opinión pública como un mandatario entregado a las políticas y dictados del nuevo presidente de los Estados Unidos Barack Obama.


En Colombia, la política de entrega de la soberanía nacional del presidente colombiano Uribe, levantó la protesta general en toda la nación. Una acto de esa naturaleza es absolutamente repudiable y condenable, como está manifestando en todo el país el pueblo, y diversos sectores, político progresistas y de estudiantes, de trabajadores y campesinos. Este hecho trasladó al año de 1846 el retroceso de la política exterior colombiana frente a Estados Unidos, para convertir a nuestro país en un nuevo tipo de colonia política, económica y militar, como ha sido en general desde nuestra independencia.


Los antecedentes de dignidad y soberanía colombiana frente a la política de aplastamiento de esa soberanía por los Estados Unidos de Norteamérica más sobresalientes son:


En las instrucciones del presidente encargado de Colombia, general y doctor en derecho Francisco de Paula Santander, al delegado de Colombia, la grande, Joseph R. Revenga, ante el congreso Latinoamericano de Panamá de 1826, dio rumbos para buscar la unidad de las nuevas naciones independientes latinoamericanas frente a las pretensiones imperiales de los Estados Unidos. Dijo Revenga secretamente a los delegados latinoamericanos en Panamá: “No den ustedes noticia ni parte alguna en la discusión relativa a la emancipación de las Antillas españolas, sino a aquellos que habiéndose aliado previamente con nosotros en la presente guerra con la España se hallen en la misma situación en que nos hayamos los beligerantes y que respecto al sistema de comercio, sòlo consientan U.U en la perfecta igualdad entre buques nacionales y extranjeros, respecto a los buques pertenecientes a los aliados de Colombia y confederados en la presente guerra”.


Como presidente de la República de 1832 a 1836, Santander se opuso todo el tiempo a la firma de un tratado de libre comercio que exigían los Estados Unidos. La realidad era que en las instrucciones secretas del presidente Clay a los delegados gringos en el congreso de Panamá, se ordenaba: “oponerse a toda expedición militar encaminada a independizar Cuba y Puerto Rico; promover la adopción de políticas de libre comercio y la concesión mutua de un tratamiento humanitario”. Del mismo modo Clay dio instrucciones precisas a los delegados al congreso de panamá para oponerse a las principales reglas previstas para la realización de ese congreso. Así sucesivamente fueron dadas instrucciones para destruir el contenido revolucionario que debía cumplir ese congreso para el porvenir de América Latina.


Sin embargo, en 1846 Colombia firmó el tratado de ese año con Estados Unidos, en que le entregó a esta potencia todos los poderes unilaterales que convirtieron a Colombia en una abierta colonia de los Estados Unidos, que podía mantener tropas en la península de Panamá y de mantenimiento de la soberanía colombiana en esa región. El ministro de Relaciones Exteriores de aquella época, Manuel María Mallarino, en informe confidencial del 10 de diciembre de 1846 explicó en documento reservado y secreto para los miembros del Congreso de Colombia, la traición a Colombia en que se incurría, diciendo: “ y a fe que adquirir este lauro de honra, este caudal de efectos utilísimos a los intereses mercantiles de la unión, sin costo ni riesgo, es paso que el gabinete de Washington debe dar sin resistencia ni demora a la Unión americana , porque por una feliz casualidad reúne la honra, la necesidad y la provechosa conveniencia, a lo gratuito de su consumación”. Bogotá, 10 de diciembre de 1846, Manuel María Mallarino.


Desde aquellos lejanos tiempos fue entregada la soberanía de Colombia ante los Estados Unidos, que acaba de ratificar el presidente Álvaro Uribe Vélez con el pacto para la instalación en Colombia de siete bases militares que van a operar desde Colombia contra América del Sur y África.


Violencia en Colombia: En ejemplares del periódico de provincia, El Universal, de Sincelejo, Departamento de Sucre, de agosto 30 y agosto 31, encuentro información de asesinatos de personas en ese departamento y en el de Córdoba. Voy a tratar de informar sobre esta violencia en mis futuros artículos.


Autor imagen: MOLIERICO

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domingo, 30 de agosto de 2009

“Hablar de soberanía colombiana es un chiste”




Entrevista a Noam Chomsky durante su primera visita a Venezuela (I)

29-08-2009
Eva Golinger
Venezolana de Televisión

Eva Golinger (EG): Bienvenido a Venezuela, Sr. Noam Chomsky. Estamos muy emocionados por su visita, especialmente durante un momento histórico en el que están ocurriendo muchos cambios en América Latina, potenciales cambios en la relación de EE.UU. con naciones latinoamericanas, y actualmente existen importantes tensiones y conflictos que causan gran preocupación a los latinoamericanos.

En este contexto, y con el recrudecimiento de las agresiones en los últimos meses, con el golpe de Estado en Honduras, el aumento de la presencia militar en Colombia, con la ocupación de más de siete bases militares, además de un control territorial a nivel militar en Colombia, tenemos también la reactivación de la cuarta flota de la armada que ocurrió el año pasado pero está siendo usada ahora en este contexto. También el tono del discurso hacia Venezuela se ha hecho más fuerte, con acusaciones que ya se hacían y ahora continúan ahora más formales, acusando a Venezuela de permitir el narcotráfico, terrorismo, y ha habido un aumento del presupuesto militar del Pentágono, para el Comando Sur en esta región.

La pregunta es, ¿es este algún tipo de fenómeno? Ahora con un presidente supuestamente progresista en la Casa Blanca vemos más ataques contra movimientos progresistas en América Latina.

Noam Chomsky (NC): Y en el resto del mundo. Pero lo que ocurre en América Latina ha ocurrido por más tiempo. EE.UU. por mucho tiempo dio por sentado que podía controlar a América Latina, y de hecho este fue un principio básico de su política exterior desde sus orígenes como república, como una aspiración, que lograron concretar en el siglo XX. El Consejo de Seguridad Nacional, la mayor entidad de planificación, dice que si no podemos controlar América Latina, ¿cómo podemos el resto del mundo?

Henry Kissinger, cuando el golpe de Pinochet, dijo “tenemos que deshacernos de Allende o no tendremos credibilidad en el resto del mundo”.. Esa es la clave para controlar el mundo, y por supuesto gran parte de la economía estadounidense estaba basada en inversiones, que eran una especie de saqueo, desde el siglo XIX. Todo esto ocurrió por mucho tiempo y de distintas maneras, intervención militar, golpes de Estado, agresiones, durante el gobierno de Kennedy, con agresión de Estado, el ejército instaurando Estados de seguridad al estilo neonazi. Luego llegó el período neoliberal, el control de los países por medios económicos, pero a finales de los noventa ya no era tan frecuente, Venezuela es un ejemplo, pero ocurría en muchos otros países. Lentamente los países latinoamericanos empezaron a escapar del largo período, desde la época de los conquistadores españoles y portugueses, de una u otra forma de colonización.

Empezaron a librarse del FMI, pagar y reestructurar sus deudas, enfocarse en los problemas internos, y EE.UU. empezaba a perder control, y tenía que haber una respuesta, que se ha desplegado desde finales de los noventa, y que tiene dos frentes, uno militar, y el otro que denominan promoción de la democracia, que es un eufemismo de sometimiento. Uno es militar y el otro es el sometimiento, y Obama sencillamente les está dando continuidad. No está haciendo nada nuevo. Parece diferente a Bush, pero la razón es, si vemos la opinión pública, voceros del gobierno, ellos critican a Bush por no haber prestado atención a América Latina, y que la región sufrió por esto. De hecho es lo mejor que le ha pasado a América Latina, que EE.UU. dirija su atención a otras regiones. Pero Obama quiere remediar esa situación desde una perspectiva progresista liberal, prestando más atención a América Latina, lo que implica un retorno a políticas más tradicionales, la militarización y el sometimiento. Lo que tú mencionas es un ejemplo, pero viene de antes, de hace muchos años, por ejemplo el entrenamiento de militares latinoamericanos por los últimos diez o quince años ha aumentado en gran medida, quizá 50% más de lo que era en los años noventa. Y ahora la posición militar de EE.UU. en América Latina es relativamente mayor que durante la Guerra Fría. Por primera vez, hay más oficiales de entrenamiento militar que asesores económicos. La estrategia ha cambiado hacia un esfuerzo por reconstruir una estructura de intervención potencial, y también para la llamada promoción de la democracia.

EG: Que hemos experimentado en gran medida aquí en Venezuela a través de la USAID, la National Endowment for Democracy con financiamiento a grupos opositores y ahora con participación en una campaña de contrainsurgencia al interior de las fuerzas revolucionarias que apoyan al gobierno, que intentan neutralizar.

NC: Pero estas son políticas de larga data. EE.UU. de hecho inició una nueva fase del imperialismo hace un siglo, al convertirse en una potencia mundial, ya había sido una potencia regional, pero con la conquista de Filipinas, ese fue el momento crucial, por los años 1900, mató a cientos de miles de personas, estableció un control militar parcial, pero tenían que gobernar el país. ¿Cómo gobernar el país? Bueno, desarrollaron una nueva forma de colonialismo, con un Estado de vigilancia muy complejo, usando la última tecnología de la época para socavar movimientos políticos, para desintegrarlos, promover el faccionalismo. Crearon una fuerza militar-policial paralela que podía usar la fuerza cuando fuese necesario. Era muy minucioso y complejo, y de hecho ha regresado a los países de origen, los Estados de vigilancia el Occidente: EE.UU., Inglaterra, desde la Primera Guerra Mundial, basados en el modelo filipino. Y sigue hasta hoy. Filipinas es el único país en el este asiático que no ha participado en el rápido crecimiento económico de las últimas décadas, y aún tiene una fuerza militar terrorista, violaciones a derechos humanos, etc.

Las técnicas son: primero, una fuerza militar internamente, si es necesaria, y segundo la colaboración de los líderes del Estado, por eso es que quieren infiltrar los movimientos revolucionarios, incitar la separación, socavar el poder de otros grupos y obtener beneficios de sus contactos con el poder imperial. Los británicos y los franceses hicieron cosas parecidas, pero esta vez se hizo con gran detalle, algo nuevo en la historia del imperialismo, y por supuesto se extendió a América Latina. Por eso es que después de cada intervención, por ejemplo Haití, República Dominicana, Nicaragua, donde sea, dejan el país en manos de la Guardia Nacional y en colaboración con líderes del Estado. Y la Guardia Nacional es una fuerza de terrorismo de Estado. La Guardia Nacional haitiana nunca luchó contra otro país. Su ejército lucha contra la población, lo mismo con Somoza.

Esa capacidad se perdió en parte en los años noventa y ahora se reconstruye de otra manera. Pero es una tradición antigua. De hecho data de mucho antes. Vale recordar que EE.UU. es el único país del mundo que fue fundado como un imperio. George Washington lo describió como un imperio infante y por supuesto tuvieron que conquistar el territorio nacional, eso es imperialismo, no cruzaron mares, pero aparte de eso, es imperialismo estándar. Prácticamente exterminaron a la población, se robaron la mitad del territorio de México y en 1898 empezaron a expandirse a otras regiones, pero el proceso es el mismo. Y es importante saber que lo hacen con toda franqueza y con una creencia en el carácter divino de su misión. Es un país religioso y siempre ha actuado para cumplir la misión de la Divina Providencia. George Bush hablaba en esos términos. Obama no necesita usar las mismas palabras. Es sofisticado.. El mejor ejemplo, como todos saben, es la primera colonia en EE.UU.: Massachussets. Su carta fundacional es de 1629, establecieron su escudo en el que aparecía un indio apuntando su lanza hacia abajo y un pergamino saliendo de su boca, que decía “venid a ayudarnos”, así que los colonos que iban allá a quitarles sus tierras y exterminarlos estaban convencidos de que estaban respondiendo a ese llamado de auxilio, y esa actitud sigue en la actualidad.. Cada agresión, intento de sometimiento tiene la misma inspiración. Otros países imperialistas como Francia tienen actitudes similares pero está mucho más arraigada en la cultura y creencia estadounidenses. Hay un importante trasfondo religioso, todo se justifica. Lo más que puede pasar es que se cometan errores.


EG: Eso es también como una guerra psicológica, una manipulación de la realidad, para dar esa impresión.

NC : Es importante entender que es aceptado internamente. Por ejemplo, no se puede hacer un comentario crítico sobre cualquier acción de EE.UU. Obama, por ejemplo, es muy elogiado por ser uno de los principales críticos de la guerra en Irak. ¿Cuál fue su crítica? Dijo que era un error garrafal estratégico. Asumió la misma posición que asumió el estado mayor alemán después de Stalingrado. O la posición de los rusos sobre Afganistán a principios de los ochenta. Y no lo llamamos crítica cuando es de nuestros enemigos, lo llamamos servilismo al poder. Pero en nuestro caso, los liberales, progresistas lo llaman oposición principal. Y se puede ir más allá y estar aún dentro del marco doctrinal básico, y viene de esa autopercepción de nobleza, de la misión divina de civilizar el mundo, elevarlo a un mayor nivel, entonces el sometimiento y la militarización son considerados primordiales, y de hecho en el caso de América Latina la izquierda condena a Bush por no enfocarse en América Latina, por no cumplir con la misión civilizadora. No es sorpresa entonces las acciones de Obama.


EG: Y es un proceso cuyo ritmo está aumentando rápidamente.

NC: En parte por estas razones y en parte porque los problemas son más apremiantes. La llamada “marea rosa” es considerada un verdadero peligro. De hecho el gobierno de EE.UU. está apoyando gobiernos que hace cuarenta años habría derrocado. El gobierno de Brasil, por ejemplo. Las políticas de Lula no son tan diferentes de las políticas de Goulart a principios de los sesenta, cuando el gobierno de Kennedy inició un golpe militar e instaló el primer Estado de seguridad nacional estilo neonazi, y ahora es un país amigo, porque todo el espectro se ha desplazado tanto que ahora EE.UU. debe apoyar al tipo de gobierno que antes habría derrocado y por supuesto tratar de someter a los otros.

EG: Hablemos de eso específicamente, porque está el tema del aumento de presencia militar estadounidense en Colombia, que ha causado tensión en la región. El gobierno de Colombia y el gobierno de EE.UU., Obama, sostienen que esto es un asunto bilateral, que esto no es una ocupación o el establecimiento de nuevas bases militares; es un acuerdo de cooperación en seguridad. Pero algunos de los detalles que sabemos, aparte de las tres bases que EE.UU. ya ha ocupado bajo el Plan Colombia, y más de una docena de estaciones de radar, es que definitivamente tendrán acceso a siete bases, una de las cuales, en Palanquero, les dará acceso aéreo a todo el hemisferio, que no tenían anteriormente, con gigantescos aviones militares de carga tipo C17, y más allá de eso, está el tema de lo que EE.UU. llama defensa interna en un país extranjero, con la que entrenan fuerzas armadas colombianas, equipos comando especiales, fuerzas especiales, la Policía Nacional colombiana, los entrenan, los comandan y los controlan, y ahora existe la posibilidad de una reubicación de la Escuela de las Américas, ahora llamada WHINSEC, en Colombia, para empezar el entrenamiento en otros países de la región. El próximo viernes 28 habrá una reunión de presidentes de Unasur en Argentina para tratar este tema, que muchos dicen que es una amenaza para la estabilidad regional. Pero hay naciones que mantienen la posición de que hay que respetar la soberanía colombiana. Con gobiernos apoyados por Washington como Brasil, y con el golpe en Honduras que ha sido visto como un ataque contra los países del ALBA, ¿es esta ocupación o ampliación de presencia militar en Colombia un intento de dividir e impedir un mayor progreso de la integración latinoamericana, primero mediante la promoción de estos conflictos entre naciones, aparte del conflicto entre Colombia como gobierno de derecha y Venezuela como gobierno de izquierda, con países como Brasil o Chile, que pueden asumir una posición más ambigua u neutral en cuanto al respeto de la soberanía colombiana, que se oponen a la expansión militar estadounidense pero sin llegar a condenarla.

NC: Hablar de soberanía colombiana es un chiste. El Plan Colombia, creado por Clinton, es una intervención agresiva en los asuntos internos de Colombia, que ha tenido consecuencias. Hay un pretexto, y el pretexto es la guerra contra el narcotráfico, pero es solo un pretexto y no se puede tomar en serio. Y el establecimiento de las bases militares en Colombia es una reacción al hecho de que EE.UU. ha perdido su posición militar en otros países. Ecuador desactivó la base en Manta, que le daba a EE.UU. gran capacidad de vigilancia aérea en la región. Paraguay era una especie de base militar estadounidense, y eso ya se acabó. Tenían que reconstruirla en otra parte y Colombia es el único país donde podían hacerlo. El golpe en Honduras es parte de otro proceso. Centroamérica había sido tan devastada por las guerras contra el terrorismo de Reagan que no era parte de la tendencia de la llamada marea rosa, hacia la integración latinoamericana. Honduras estaba en el camino de la integración, y bueno ahora ya no, ellos creen, y en realidad se ha expandido en Centroamérica. Nicaragua es otro caso. Todo esto me parece que es un intento de recuperar la posición tradicional incluso antes, hace 10 ó 15 años el entrenamiento de oficiales ha aumentado rápidamente, y ha cambiado, ahora el entrenamiento es en tácticas de infantería. La idea es crear fuerzas paramilitares, no están entrenando policías de tránsito. El control de la “ayuda” oficial ha cambiado del Departamento de Estado, ahora está en manos del Pentágono, que es un cambio relevante. Cuando estaba bajo el Departamento de Estado tenía al menos en teoría supervisión del Congreso, que quiere decir que había condiciones que había que cumplir sobre derechos humanos por ejemplo, que no se implementaban mucho, pero eran una limitación a posibles abusos, pero bajo el control del Pentágono, no hay reglas, todo es válido.



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El peligro de las bases y las mentiras de Uribe


30-08-2009
Mayke Santos
Rebelión

A los Estados Unidos no hay que creerles. Sólo una persona que no conozca ni un centímetro de la historia de América Latina, podría darle crédito a los eufemismos que el Departamento de Estado utiliza para evitar llamar las cosas por su nombre. A las Bases no se les llama Bases ni siquiera en Irak, un país que, todo el mundo lo sabe con excepción del pueblo norteamericano, fue invadido a sangre y fuego para reacomodar geopolíticamente a la región más volátil del planeta. En el caso de Colombia no se las llamará “Bases” sino “ cooperative security location” (localidad de seguridad cooperativa); y ya se han destinado $ 46 millones en el presupuesto de defensa norteamericano de 2010 para comenzar la renovación de Palanquero.

Al coro de voces de la Casa Blanca se ha unido el Presidente Uribe, quién en sus viajes a Washington parece haber aprendido lo mejor del repertorio; para él la única manera de acabar con el narcotráfico es exterminando a las FARC, quiénes son la columna vertebral de todo el tráfico de drogas. Se le olvidó al presidente Uribe que las FARC nacieron veinte años antes de que el tráfico de drogas llegara de Chile a instalarse en Colombia a finales de los 70s; también se le olvida que la gran idea de catalogar a las FARC como un movimiento terrorista se le ocurrió a él, que ninguno de sus antecesores lo había hecho, y que ningún país latinoamericano (con la excepción de Perú, y sólo extraoficialmente) se ha hecho eco de semejante mentira.

La única locación que realmente interesa a EUA es Palanquero; las demás han sido una expansión del acuerdo por parte de los colombianos para renovar la infraestructura de las otras bases, incluyéndolas en el presupuesto norteamericano. ¿Por qué Palanquero? Porque está en el centro del país, y porque es la única que tiene capacidad para anidar monstruos como el C-17 (con el cual pueden colocar a un ejército entero en cuestión de horas donde quieran), que tiene capacidad para cubrir media América del Sur sin abastecerse de combustible; otro de los juguetes que vendrían a aterrizar en Palanquero son los AWACS, un avión con capacidad de vigilancia, rastreo, comando y comunicaciones en cualquier tipo de condiciones climáticas; y no faltarán tampoco los P-3 Orion, utilizados para patrullaje marítimo, reconocimiento, guerra antisuperficie y guerra antisubmarina.

El despliegue en Colombia responde a una estrategia de reposicionamiento global de cara a las nuevas realidades geopolíticas: Global Denfense Posture. Los tres mayores objetivos de este plan en Latinoamérica son: el desarrollo de nuevos nodos de acceso y arreglos para “operaciones de contingencia”, logística y “entrenamiento” en Central y Sur América. No es difícil imaginar que significa “operación de contingencia” en el lenguaje eufemístico de la Casa Blanca, mucho menos la palabra “entrenamiento” vistas las credenciales de la Escuela de las Américas.

Es mentira que los EUA respetarán y harán uso exclusivo del espacio aéreo colombiano para sus operaciones. Primero porque la capacidad tecnológica de los artefactos que desplegará en la región sobrepasa con creces la lucha “antinarcóticos”, aunque un AWACS vuele dentro del espacio aéreo colombiano justo en la frontera con Venezuela, sus radares y detectores tienen capacidad para espiar cientos de kilómetros dentro de territorio venezolano. Segundo, porque el Presidente Obama respaldó incondicionalmente la intrusión aérea de Colombia en territorio ecuatoriano, durante su discurso (aún como Senador) ante la Fundación Nacional Cubano Americana el 23 de mayo de 2008. Lo que significa que se mantiene en pie la doctrina de ataque transnacional contra grupos denominados por Washington “terroristas” (sino pregúntenle a Pakistán). Venezuela corre un grave peligro, la configuración de las “locaciones” norteamericanas alrededor de las principales rutas comerciales (Colombia) y marítimas (Caribe), permitirían un rápido despliegue en zonas de importancia estratégica para el país, amén del disuasivo militar de tener las bases colombianas y las de Aruba y Curaçao.

Por otro lado el Presidente Uribe, cuyo gobierno se ha visto salpicado de innumerables escándalos a lo largo de sus dos mandatos, le ha mentido al país. Primero dijo que acabaría con las FARC en un año; como no lo logró pidió otro mandato, y como éste era inconstitucional sobornó a cuánto diputado pudo para aprobar la reforma; ahora pide otro término para afianzar su política de “Seguridad Democrática”. Las FARC siguen vivas y coleando, los paramilitares se reagrupan, mientras a los comandantes los extraditan para que sus declaraciones se queden en Estados Unidos y nunca puedan rendirse ante tribunales colombianos; la producción de droga se ha mantenido estable durante los últimos diez años, y por último las violaciones a los derecho humanos han pasado de ser cometidas por paramilitares, a ser cometidas por organismos del Estado (llámense Fuerzas Armadas).

Otro tema inquietante es el de la responsabilidad de efectivos militares norteamericanos en suelo colombiano; es bien claro que EUA no aceptará ninguna cláusula que los obligue a convertir a sus efectivos en “imputables” ante la justicia colombiana. Caso bien triste éste considerando la cantidad de colombianos que se encuentran pudriéndose en las cárceles de Estados Unidos, por más delincuentes que sean; ¿o es que la reciprocidad de los tratados se la dejamos a los estudiosos de Derecho Romano?

Estados Unidos no estacionará sus C-17 ni sus AWACS inmediatamente, como tampoco ha venido aumentando el tamaño de la partida contrainsurgencia del presupuesto del Plan Patriota de la noche a la mañana. Lo ha venido haciendo paulatinamente, para evadir mayores cuestionamientos en el Congreso y en la prensa; así actuará en Colombia, sin prisa pero sin pausa. Estamos completamente seguros de que el Acuerdo no se ha firmado por “diez años” como con Ecuador; esto es el comienzo de un largo enquiste en los órganos vitales de la sociedad colombiana, tristemente. Colombia se hará “ayuda dependiente”, los políticos de corte uribista le harán ver al país que la ayuda que recibe de Estados Unidos es necesaria e insustituible, y que la única manera de acabar con la violencia (como en los incendios descontrolados) es soltando bombas sobre la selva colombiana y rociando venenos que luego circularán por los cuerpos fluviales, matando todo a su paso.

Colombia ha tenido los más aguerridos dirigentes que la izquierda latinoamericana ha podido producir; qué lástima que haya que ir al cementerio a ponerles flores, o verlos en la Televisión con uniforme de camuflaje convertidos en instrumentos de una guerra sin tregua por 60 años ya. Es hora de que el pueblo colombiano reaccione ante la víspera de las elecciones; toda vez que Uribe ya comienza a sobornar a todo el congreso para salvar su segunda reelección.

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viernes, 28 de agosto de 2009

“Vientos de guerra” que debería enfrentar UNASUR


27 de agosto de 2009
Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

La amenaza de guerra en América Latina ya no es una ficción ante la inminente instalación de siete bases militares de EEUU en Colombia. Y desafía la capacidad política de UNASUR de impedir estos preparativos belicosos en la cumbre de Bariloche, casi un año después de sortear airosamente la crisis de Bolivia, en septiembre de 2008, y a dos meses del golpe en Honduras, cuyo gobierno de facto sobrevive en “stand by” gracias al apoyo encubierto de Washington.

Entre algunos socios de UNASUR predomina el “dejar hacer”, con la visión de que las bases en Colombia son un “asunto interno” del gobierno de Álvaro Uribe.


Las bases militares no son para la paz, definitivamente son para la guerra, y engrosan las 872 instalaciones belicosas que ya tiene EEUU alrededor del mundo. La oposición frontal a las nuevas instalaciones en el sur del continente proviene de Venezuela, Ecuador y Bolivia, mientras Perú, en cambio, expresa su apoyo abierto y procura distraer la atención aireando un poco creíble “conflicto” mediático tripartito con Bolivia y Chile. El resto de los países miembros expresa “preocupación” y “rechazo” con diferentes matices y cierto pragmatismo de Brasil, que no ha desempeñado un rol relevante en esta crisis.


La actual amenaza a la paz latinoamericana resulta la más peligrosa de las tres últimas décadas, desde que la Administración Reagan embarcó a EEUU en la guerra sucia de Centro América, que fue matizada por el financiamiento ilegal proveniente del tráfico de drogas orquestado por el coronel Oliver North y el escándalo “Irán-Contra”. La cuestión de fondo es que la guerra forma parte substancial de la política exterior del imperio estadounidense, bajo cualquier gobierno.


El gobierno y los medios de información de las grandes corporaciones entronizan a diario en la mente de los estadounidenses que la guerra es “natural” para su cruzada perpetua por la libertad, la democracia y el libre mercado. Bush llegó a proclamar “la guerra permanente”, cuando armó el incidente del 11 de septiembre y utilizó mentiras como las “armas de destrucción masiva” para engañar a la opinión pública mundial con una justificación para invadir Iraq y Afganistán. Entonces, todos los grandes diarios de EEUU y del mundo mintieron sin rubor. Y no es relevante que las guerras se ganen o se pierdan, sino que existan y se alarguen el mayor tiempo posible.


La explicación del ánimo guerrero está en el poder real que por medio siglo ejerce en el gobierno federal el llamado “Complejo Militar-Industrial” (CMI), integrado por las mega corporaciones que producen bombas y armas las 24 horas del día, incluidos sábados y domingo. Y esta presión supera cualquier deseo pacifista que pudiera alentar Barack Obama, que ya ordenó extender la guerra en Afganistán y llevarla a Pakistán, mientras mantiene la guerra secreta contra el gobierno de Sudán alimentando a “los rebeldes” separatistas de Darfur para apoderarse del petróleo que acaba de aparecer en esa parte del mundo, al igual que los yacimientos explorados en la selva amazónica del Perú y otros países de América del Sur.


El CMI vende al gobierno federal sus artilugios bélicos, desde las bombas nucleares que fabrica la General Electric, a los “Abejorros Depredadores”, los pequeños aviones sin piloto manejados a control remoto por operarios de la CIA que hoy lanzan su carga mortal sobre civiles y niños “islámicos” de Pakistán y que son fabricados por la General Dynamic. Pero todavía las guerras necesitan “mano de obra”, es decir tropas, o carne de cañón. Y los combatientes de la libertad son reclutados entre los negros y latinos pobres, más algunos jóvenes blancos también pobres, todos sin acceso a la educación ni a un rol laboral en la economía estadounidense. A los jóvenes sin mayor futuro en su propio país se les paga para que vayan a la guerra y resuelvan así la situación propia y de sus familias.


La guerra, de paso, es un gran negocio para EEUU, porque estimula su economía perpetuamente deficitaria y restablece la “confianza” en el capitalismo. Hay crisis financiera, pero no importa, porque los bancos centrales de los países satélites, como Chile, a manera de ejemplo, tienen sus reservas en dólares invertidas en bonos del Tesoro que rinden apenas 1%, pero sirven para financiar la expansión militar del imperio, empeñado en cercar de manera hostil a los principales tenedores de esos bonos sin mayor valor, incluso China. El Pentágono, o ministerio de Defensa, “perdió” 3,4 millones de millones de dólares que se esfumaron durante la administración Bush sin que hubiera ningún culpable, pero ese es un detalle menor, porque el ministerio del Tesoro, o de Hacienda, tiene los dólares de los bonos comprados por países que con ese mal negocio conspiran contra su propia estabilidad futura. Y la Reserva Federal no tiene limitaciones para imprimir billetes, que ya no tienen respaldo en oro.


El Congreso de EEUU tampoco es un “tapón” para el ánimo bélico del gobierno-CMI, que también tiene inversiones en las grandes corporaciones dueñas de medios de información, diarios y televisoras, para dorar la píldora diaria que consume el público estadounidense desinformado. Entre las 25 noticias más censuradas por la gran prensa, el Proyecto Censurado 2009 revela que más de la cuarta parte de los 100 senadores y 435 representantes del Congreso tiene inversiones personales en las compañías proveedoras del Pentágono, cuyas acciones suben constantemente de valor con las guerras. En este negocio bipartidario participan incluso legisladores demócratas y republicanos que presiden o integran comités parlamentarios que “supervisan” los contratos con el ministerio de Defensa de Robert Gates. El principal inversionista, con la mayor cartera, es el senador demócrata John Kerry, quien fue candidato presidencial demócrata en 2004.


El guerrerista Álvaro Uribe es la carta perfecta para soplar los vientos de guerra, aliado incondicional de EEUU a pesar que en 1991 una de las cuatro agencias de inteligencia del Pentágono describió sus actividades ligadas al narcotráfico y las ejecuciones por encargo. Uribe ha sido un activo participante del negocio de la droga, a través del cartel de Medellín, con su amigo Pablo Escobar Gaviria, un capo de la droga que llegó a ser diputado y fue muerto en diciembre de 1993, según un informe secreto redactado en 1991 por la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por su sigla en inglés), que se dedica a recolectar inteligencia militar en el extranjero, y desclasificado en 2004 por el Archivo de Seguridad Nacional, entidad ligada a la Universidad George Washington, que dirige Peter Kornbluth.


En el acápite 82, en la página 10 del documento de la DIA, todavía se puede leer esto: Álvaro Uribe Vélez – Un político y senador colombiano dedicado a colaborar con el cartel de Medellín desde altos niveles del gobierno. Uribe fue vinculado a los negocios que involucran las actividades de narcóticos en EEUU. Su padre fue asesinado en Colombia por su conexión con traficantes de narcóticos. Uribe ha trabajado para el cartel de Medellín y es un amigo personal muy cercano de Pablo Escobar Gaviria. Ha participado en las campañas políticas de Escobar para que Jorge (Ortega) ganara la posición de parlamentario auxiliar. Uribe ha sido uno de los políticos que de todas formas más atacó desde el Senado los tratados de extradición”. Si no lo creen, vean http://www.gwu.edu/%7Ensarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/ y http://www.gwu.edu/%7Ensarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/dia910923.pdf

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jueves, 27 de agosto de 2009

Bolivia planteará a UNASUR un referéndum continental para definir sobre las bases militares de Estados Unidos


27 de agosto de 2009

El presidente boliviano, Evo Morales, propondrá en la Cumbre Presidencial de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) la convocatoria a un referéndum continental para que los pueblos definan sobre la instalación o no de bases militares de Estados Unidos en territorio sudamericano

"Que sean los pueblos los que decidan sobre la conveniencia o inconveniencia de la instalación de bases militares en la región y no los imperios", declaró el jefe de Estado boliviano durante un acto público en la localidad de Coipasa.

Estados Unidos lleva adelante una estrategia de desintegración en la región a fin de someterla bajo su control y provocar fricciones entre los gobernantes de los países, apuntó Morales.

El mandatario subrayó que los Gobiernos sudamericanos "deben defender los intereses del país y del pueblo y, por ende la soberanía, el territorio y los recursos naturales".

El viernes, cuando se celebre en Bariloche (Argentina) la Cumbre Presidencial de la Unasur, en la que se debatirá la soberanía de Sudamérica, planteará oficialmente que se convoque a un referéndum sobre el asunto de las bases militares, apuntó Morales.

De acuerdo a la posición asumida por los presidentes de varios países sudamericanos, como Bolivia, Ecuador, Brasil, Venezuela y otros, las bases militares de Estados Unidos no pueden instalarse en la región, señaló.

"Una intervención militar, económica y comercial con el fomento de conflictos entre presidentes es el objetivo del norte para crear desconfianza e impedir la unidad sudamericana", agregó.

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Es la hora del recuento y de la marcha unida


Cuba: Reflexiones del compañero Fidel.

27 de agosto de 2009

Esta reflexión no va dirigida a los gobiernos sino a los pueblos hermanos de América Latina.

Mañana 28 de agosto se iniciará en Argentina la reunión Cumbre de UNASUR cuya trascendencia no puede ignorarse. En ella se debe analizar la concesión de siete bases militares en territorio de Colombia, a la superpotencia norteamericana. Las conversaciones previas de ambos gobiernos se mantenían en riguroso secreto. El acuerdo debía presentarse al mundo como hecho consumado.

En horas de la madrugada del 1º de marzo del 2008, las Fuerzas Armadas de Colombia, entrenadas y armadas por Estados Unidos, habían atacado con bombas de precisión a un grupo de guerrilleros que penetró en una apartada zona del territorio ecuatoriano. Al amanecer, hombres de las tropas élites colombianas transportados en helicópteros ocuparon el pequeño campamento, remataron a los heridos y se apoderaron del cadáver del jefe guerrillero Raúl Reyes, quien al parecer sostenía en esos días un encuentro con jóvenes visitantes de otras nacionalidades, interesados en conocer las experiencias de la guerrilla que desde la muerte del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, hace más de 50 años, sostiene la lucha armada. Entre las víctimas había estudiantes universitarios de México y Ecuador que no portaban armas. El método fue brutal, al estilo yanqui. El gobierno de Ecuador no había recibido advertencia alguna antes del ataque.


El hecho constituyó una acción humillante para el pequeño y heroico país suramericano, envuelto en un proceso político democrático. Se sospechaba fuertemente que la base aérea norteamericana de Manta había ofrecido información y cooperado con los atacantes. El presidente Rafael Correa adoptó la valiente decisión de solicitar la devolución del territorio ocupado de la base militar de Manta, cumpliendo estrictamente los términos establecidos en el convenio militar con Estados Unidos, y retiró su embajador en Bogotá.


La entrega de territorio para el establecimiento de siete bases militares de Estados Unidos en Colombia, amenaza directamente la soberanía y la integridad de los demás pueblos de Sur y Centroamérica con las que nuestros próceres soñaron crear la gran patria latinoamericana.


El imperialismo yanki es cien veces más poderoso que los imperios coloniales de España y Portugal, ajeno por completo al origen, los hábitos y la cultura de nuestros pueblos.


No se trata de estrechos chovinismos. “Patria es humanidad”, como proclamó Martí, pero jamás bajo el dominio de un imperio que ha impuesto al mundo una tiranía sangrienta. En nuestro propio hemisferio los cientos de miles de compatriotas latinoamericanos asesinados, torturados y desaparecidos en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y otros países de Nuestra América, durante las últimas cinco décadas por golpes de estados y acciones que Estados Unidos promovió y apoyó, demuestran de forma irrebatible lo que afirmo.


Cuando analizo los argumentos con que Estados Unidos pretende justificar la concesión de bases militares en territorio de Colombia, no puedo menos que calificar de cínicos tales pretextos. Afirma que necesita esas bases para cooperar en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de armas, la emigración ilegal, la posesión de armas de destrucción masiva, los desbordes nacionalistas y los desastres naturales.


Ese poderoso país es el mayor comprador y consumidor de drogas del planeta. Un análisis de los billetes que circulan en Washington, capital de Estados Unidos revela que el 95 por ciento pasaron por manos de personas que consumen drogas; es el mayor mercado y a la vez el mayor suministrador de armas para el crimen organizado en América Latina, con ellas están muriendo decenas de miles de personas cada año al Sur de su frontera; es el mayor estado terrorista que ha existido nunca. No solo lanzó las bombas contra ciudades civiles en Hiroshima y Nagasaki; en sus guerras imperiales como las promovidas en Vietnam, Iraq, Afganistán, Pakistán y otros países ubicados a miles de kilómetros de distancia en las que han muerto millones de personas; es el mayor productor y poseedor de armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares, las químicas y las biológicas.


Los paramilitares colombianos, muchos de los cuales proceden de los desmovilizados de las Fuerzas Armadas y constituyen, en parte, sus reservas, son los mejores aliados y protectores de los narcotraficantes.


El llamado personal civil que acompañaría a los soldados en las bases de Colombia son, como norma, ex militares norteamericanos perfectamente entrenados, que son después contratados por empresas privadas como Blackwater, que se hizo famosa por los crímenes cometidos en Iraq y otras partes del mundo.


Un país que se respete a sí mismo no necesita mercenarios, ni soldados, ni bases militares norteamericanas para combatir el narcotráfico, ni proteger la población en los casos de desastres naturales, o brindar cooperación humanitaria a otros pueblos.


Cuba es un país sin problemas de drogas ni altos índices de muertes violentas, cuyo número decrece por año.


El único propósito de Estados Unidos con esas bases, es poner América Latina al alcance de sus tropas en cuestión de horas. La alta jerarquía militar de Brasil recibió con verdadero desagrado la noticia sorpresiva del acuerdo sobre la instalación de bases militares de Estados Unidos en Colombia. La base de Palanquero está muy cerca de la frontera con Brasil. Con esas bases, unidas a las de las Islas Malvinas, Paraguay, Perú, Honduras, Aruba, Curazao y otras, no quedaría un solo punto del territorio de Brasil y del resto de América del Sur fuera del alcance del Comando Sur, donde en cuestión de horas, mediante el empleo de sus más modernos aviones de transporte, puede hacer llegar tropas y otros medios sofisticados de combate. Los mejores especialistas en la materia han suministrado los datos necesarios, para demostrar el alcance militar del acuerdo yanqui-colombiano. Tal programa, que incluyó el restablecimiento de la IV Flota, fue diseñado por Bush y heredado por el actual gobierno de Estados Unidos, a quien algunos líderes suramericanos demandan el debido esclarecimiento de su política militar en América Latina. Los portaaviones nucleares no se necesitan para combatir las drogas.


El objetivo más inmediato de ese plan es liquidar el proceso revolucionario bolivariano y asegurar el control del petróleo y otros recursos naturales de Venezuela. El imperio, por otro lado, no acepta la competencia de las nuevas economías emergentes en su patio trasero, ni países verdaderamente independientes en América Latina. Cuenta con la oligarquía reaccionaria, la derecha fascista y el control de los principales medios de difusión masiva internos y externos. Nada que parezca a verdadera equidad y justicia social tendrá su apoyo.


La emigración de latinoamericanos hacia Estados Unidos es consecuencia del subdesarrollo, y este es consecuencia del saqueo a que hemos sido sometidos por parte de ese país y del intercambio desigual con las naciones industrializadas.


México fue desgajado de América Latina por el Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. La mayoría de los 12 millones de emigrantes ilegales en el primero de esos países son mexicanos y también la mayor parte de los cientos que mueren cada año en el muro de la frontera con aquel país.


Con una población de 107 millones de habitantes, en medio de la actual crisis económica internacional, el índice de pobreza crítica en México se ha elevado al 18 por ciento y la pobreza general alcanza a más de la mitad de sus habitantes.


Nada perturbó tanto la vida de Martí, el Apóstol de nuestra independencia, como la anexión a Estados Unidos. Desde 1889 venía tomando conciencia de que ese era el mayor peligro para América Latina. Soñó siempre con la Patria Grande, desde el río Bravo hasta la Patagonia; por ella y por Cuba dio su vida.


El 10 de enero de 1891 escribió en La revista ilustrada de Nueva York un ensayo titulado “Nuestra América”, en el que expresó inolvidables frases: “… ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.”


Cuatro años más tarde, después de su desembarco por Playitas en la provincia oriental de Cuba, cuando ya marchaba por los campos insurrectos, sostuvo un encuentro con el periodista del Herald George E. Bryson, el 2 de mayo de 1895. Este le contó que había entrevistado en la Habana al famoso general Arsenio Martínez Campo. El jefe español le dijo que antes de conceder la independencia a Cuba prefería entregarla a Estados Unidos.


De tal forma impactó la noticia a Martí, que el 18 de mayo escribió a su amigo mexicano Manuel Mercado la famosa carta póstuma en la que habla del “…camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de Nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia…”


Al día siguiente, desoyendo el consejo del General Máximo Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia, solicitó a su ayudante un revolver, cargó contra una tropa española bien posesionada y murió en el combate.


“Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”, sentenció en su última carta.


Fidel Castro Ruz
agosto 27 de 2009
12 y 40 p.m.


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