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lunes, 13 de julio de 2009

El Reino Unido Impone un Embargo Parcial de Armas a Israel


13/07/2009

El Reino Unido ha puesto en práctica un embargo parcial de armas a Israel, negándose a suministrar a dicho estado recambios y otros equipos para los barcos de guerra Saar 4.5, porque dichos buques participaron en la guerra contra Gaza de principios de este año.

El Foreign Office informó a la Embajada de Israel en Londres acerca de la imposición de las sanciones hace unos pocos días. La Embajada, en un telegrama clasificado enviado al gobierno israelí, dijo que la decisión había sido tomada debido a las presiones de los miembros del Parlamento y las organizaciones pro-derechos humanos.

El embargo se produjo tras una revisión por parte del gobierno británico de todas las licencias de exportación de armas a Israel y fue anunciado hace tres meses. En total, dijo el telegrama, el Reino Unido revisó 182 licencias, incluyendo 35 referidas a las exportaciones destinadas a la Marina Israelí. Sin embargo, decidió en última instancia cancelar sólo 5 licencias, todas ellas relativas a los buques Saar 4.5. Las licencias en cuestión se refieren a recambios y suministros para los cañones de los buques.

Los británicos dijeron que el embargo ha sido impuesto debido a que estos buques participaron en la guerra de Gaza. Al hacerlo así, añadieron los británicos, ellos violaron los acuerdos de seguridad entre el Reino Unido e Israel que especifican los usos que pueden ser dados a los equipos británicos.

La pasada semana, los ministerios de Exteriores y Defensa del Reino Unido informaron a las compañías británicas implicadas que debían cesar sus planeados acuerdos de armas con la Marina israelí. Desde la operación de Gaza, varios parlamentarios y ONGs del Reino Unido han estado tratando de convencer a Londres para que imponga un embargo de armas completo a Israel. Sin embargo, el gobierno británico ha rechazado esta demanda.

En febrero, Amnistía Internacional publicó un informe sobre las ventas de armas británicas a Israel, que ponía de manifiesto el papel del país en el suministro de motores a los aparatos no tripulados Hermes 450. Según Amnistía, Israel utiliza estos aparatos para llevar a cabo asesinatos en Gaza.

No se espera que el embargo británico tenga impacto alguno en la capacidad operativa de la Marina israelí. Sin embargo, posee, sin duda, una enome significación política y podría alentar a otros países a detener las exportaciones de armas a Israel. El país que probablemente será el próximo en seguir esta tendencia es Bélgica, que vende a Israel equipos dirigidos a disolver las manifestaciones.




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domingo, 5 de julio de 2009

¿Desea parar los asentamientos? Siga el camino de los dólares


05-07-2009
Ronit Avni
www.washingtonpost.com
Traducido para Rebelión por J.M.

Este mes, tanto desde la universidad de El Cairo como desde la oficina del salón Oval, el presidente Obama llamó al gobierno de Israel a detener la expansión de los asentamientos en los territorios palestinos ocupados. Debería enviar este mensaje a los norteamericanos que los sostienen y alimentan.

Hay más de 450 000 colonos en la Cisjordania y Jerusalén occidental, según Paz Ahora, una organización israelí que se opone a los asentamientos. Algunos de los colonos son norteamericanos. Y algunos de los más influyentes, figuras militantes en el movimiento de colonización, también han sido norteamericanos. Entre ellos, Baruj Goldstein, el médico de Brooklyn que hizo más de 100 disparos sobre fieles musulmanes en Jevrón, en 1994, matando a 29 de ellos; el rabino Meir Kahane, fundador del partido Kaj, que fue proscrito en Israel en l988, y cuya plataforma era racista; y el terrorista convicto Era Rapaport miembro de la fundación Tierra de Redención (Land Redemption Fund), coordinador de la adquisición de tierras palestinas destinadas a la expansión de los asentamientos.

Antes de que los colonos fueran removidos de Gaza en 2005, visité un grupo de ellos mientras rodaba mi última película. Algunos de los representantes de los colonos más apasionados hablaban de sus raíces profundas en la Franja de Gaza, a pesar de que en realidad, eran norteamericanos. Años antes, mientras trabajaba en derechos humanos como abogada, recibí documentos de colegas que habían sido amenazados ó atacados físicamente por jóvenes colonos mientras trataban de defender a granjeros palestinos durante la cosecha. Entre los atacantes había judíos norteamericanos, decían mis colegas.


Evangelistas cristianos en los Estados unidos también sostienen los asentamientos, destinando millones de dólares para ellos, de acuerdo a un informe reciente del National Public Radio. Los Amigos Cristianos de Comunidades Judías, con base en Colorado, por ejemplo, alienta a iglesias y ministros para que se conecten con "los pioneros del Israel bíblico" a través de "un programa de adopción de colonias". Sondra Oster Baras, director de la organización de la oficina israelí, estima que por lo menos más de la mitad de los asentamientos de la Cisjordania reciben directa ó indirectamente soporte de los cristianos, según informe de NPR.

Un puñado de pudientes hombres de negocios, entre los que se encuentra el magnate de casinos norteamericano Irving Moskowitz, son ampliamente reconocidos por haber hecho donaciones a grupos tales como el asentado en Brooklyn sin fines de lucro Fundación Jevrón que colecta dinero para sostener a los residentes en la ciudad cisjordana de Jevrón. De acuerdo a su página web de donaciones, la organización tiene como meta "sostener Jevrón para el pueblo judío". Amigos de Irtamar, también con base en Brooklyn, trabaja para en la recolección de fondos locales, libres de impuestos, para los asentamientos de Itamar en Cisjordania. Todo esto es a expensas del gobierno norteamericano, que pierde de ingresar por impuestos por permitir a estos grupos operar bajo la forma de entidades sin fines de lucro.

No todos los soportes de los asentamientos provienen de organizaciones de caridad. El periódico israelí Haaretz informó que en 2007, la organización que apoya las colonias Amana tenía oficinas de asuntos en Nueva York y Nueva Jersey destinadas a estimular a judíos norteamericanos a comparar propiedades en la Cisjordania. De acuerdo a Jewish Voice and Opinion, una publicación que se presenta a sí misma como una "publicación judía políticamente conservadora" en Nueva Jersey, respondieron aproximadamente unas 250 personas y en unas 10 propiedades se puso el cartel de compra.

En el último año, el pueblo de Bi'ilin presentó demandas en Canadá contra dos compañías de Quebec que construían y vendían viviendas en colonias de la Cisjordania. El caso está aún abierto, pero demuestra que la gente está empezando a prestar atención a influencias no israelíes en el crecimiento de los asentamientos.

Si las cortes no pueden encontrar el camino para disuadir la expansión de las colonias, quizás el departamento del tesoro con su oficina de control de bienes extranjeros (Office of Foreign Assets Control) pueda intervenir. El gobierno usamericano ya denominó al movimiento de Kahane organización terrorista extranjera ( foreign terrorist organization ) pòr cuestiones no relacionadas al financiamiento de las colonias, pero si hiciera este camino, tendrían los ciudadanos estadounidenses prohibido financiar apoyo económico a este grupo.

La primera enmienda de la constitución protege el derecho de defensa de los colonos a expresar sus puntos de vista, y así debe ser. No estoy sugiriendo que los sin fines de lucro pierdan sus ventajas impositivas simplemente porque son extraños a la política exterior norteamericana. Pero los asentamientos son abiertamente considerados como una violación al derecho intrnacional. Treinta años atrás, un consejero del departamento legal de Estados Unidos emitió una opinión en la cual denominaba a las colonias como "incompatibles" con la Cuarta Convención de Ginebra. En las recientes semanas, funcionarios de estado y la Casa Blanca declinaron comentar si la opinión de l979 refleja la políitica oficial, pero los comentarios del presidente Obama no han sido ambiguos. "Los Estados Unidos no aceptan la legitimidad de la continuidad de los asentamientos israelíes", dijo en El Cairo. "Es la hora de pararlos".

Posiblemente también sea el tiempo para que los norteamericanos dejen de financiarlo.

Ronit Avni, ciudadana israelí, norteamericana y canadiense, es la directora de la película "punto de encuentro", ("Encounter Point") y la directora ejecutiva de Just Vision, una organización dedicada a documentar iniciativas de paz y resoluciones para el conflicto palestino israelí.

http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2009/06/25/AR2009062503427.html

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viernes, 12 de junio de 2009

Victoria


Primer triunfo del movimiento por el Boicot al Estado de Aparthaid Israelí

11-06-2009
Omar Barghout
http://www.kaosenlared.net/noticia/victoria


Es la primera victoria convincente y contundente del movimiento global de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) en el campo de la responsabilidad corporativa y el cumplimiento ético, Veolia según se informa abandona el proyecto Ferroviario de Jerusalén, un proyecto ilegal cuyo objetivo era la unión de las colonias israelíes construidas en el territorio ocupado palestino de la ciudad de Jerusalén.

Como el artículo de Haaretz admite, el éxito de la campaña BDS le está costando a Veolia un valor aproximado de 7 mil millones de dólares en contratos, es la razón última de la decisión de la preocupada empresa, para salirse del proyecto.
Vale la pena mencionar que Le Monde recientemente ha publicado un artículo, contando a sus lectores franceses e importante, a accionistas de Veolia, el hecho que la empresa pierde mucho dinero debido a su complicidad en un proyecto que constituye una violación principal de ley internacional, si no es un crimen de guerra.

Esta gran victoria vino como consecuencia de los años de difícil, meticuloso y persistente trabajo de grupos de solidaridad franceses, en particular AFPS; por el creciente movimiento francés de BDS, que contribuyó decisivamente que Veolia perdiera un enorme contrato de fabricación en Burdeos; por los activistas holandeses que alcanzaron el primer éxito convenciendo a un banco holandés de no arropar a Veolia y la presión aplicada sobre otros bancos para seguir este camino; por los grupos de Justicia y Paz Suecos, principalmente unidos a la Iglesia de Suecia, en particular Diakonia, y los grupos de solidaridad de la Palestina suecos que han costado a Veolia el contrato más fuerte, de 4.5 mil millones de dólares en la adjudicación del metro de Estocolmo; por grupos de solidaridad británicos y activistas, en particular afiliados al PSC, contribuyendo tremendamente a la exclusión Veolia de un contrato lucrativo en el Oeste Midlands; y desde luego por el Comité palestino BDS Nacional, BNC, que acompañó, la ahora campaña famosa contra Veolia y Alstom, para presionar a las empresa para que abandonen este proyecto ilegal.

La campaña contra Veolia y Alstom, que implica a activistas y grupos en muchos países, está trabajando para presionar a los dos gigantes franceses para dejar el proyecto de JLR, oficialmente fueron lanzados en la llamada "Iniciativa de Bilbao", conferencia celebrada en la ciudad vasca en noviembre pasado.

Ahora es el tiempo para presionar a Arabia Saudí, Egipto, Irán, Estados Golfo de México, entre otros, golpear a Alstom por su complicidad en este proyecto ilegal. La solidaridad con Palestina no significa casi nada si no se puede traducir en acciones de BDS que realmente pueden le pasará factura a la ocupación israelí y al régimen de apartheid.

Es el momento de descarrilar Alstom
http://www.kaosenlared.net/noticia/victoria

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) sobre la campaña McCarthyista contra Omar Barghouti


Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos.
Fuente pacbi.org
Ramala ocupada, 3 de mayo de 2009

El impresionante aumento de la campaña de la sociedad civil palestina a favor del boicot, la desinversión y sanciones (BDS) contra Israel, en particular después de su guerra criminal contra la ocupada Gaza, es testimonio de la moralidad y coherencia de las organizaciones de ciudadanos y de la sociedad civil de todo el mundo preocupados por restablecer los derechos palestinos y lograr la justicia para los palestinos.

El logro más reciente del movimiento de boicot a Israel fue a adopción de la campaña BDS (casi por consenso) por parte del Congreso de Sindicatos Escoceses [1], siguiendo el ejemplo del Congreso de Sindicatos Sudafricanos, COSATU [2] y del Congreso Irlandés de Sindicatos, ICTU [3].


Desesperados por no poder detener o siquiera contener la creciente marea de BDS por todo el planeta, los defensores de Israel han recurrido a una vieja táctica en la que parece sobresalir: la caza de brujas y las campañas de calumnias. Un autodenominado y McCarthyista grupo de control académico en Israel ha lanzado una petición exigiendo la expulsión de Omar Barghouti, miembro fundador del la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI), de la universidad de Tel Aviv University, donde es alumno de doctorado. La campaña israelí urge a la administración de la universidad a expulsar a Barghouti debido a su papel dirigente en el movimiento de BDS que pide boicotear a Israel y a todas las instituciones que son cómplices de su ocupación y apartheid.

Se ha informado de que hasta la fecha más de 65.000 personas han firmado esta petición de la derecha israelí que describe a Barghouti como una “voz especialmente persuasiva y estridente” contra las políticas coloniales y racistas. Varias columnas de periodistas sionistas en Israel y en Reino Unido, entre otros, han tratado de utilizar la “revelación” de que Barghouti, “matriculado ahora” en una universidad israelí, es contradictorio políticamente al pedir el boicot a todas las instituciones académicas israelíes mientras estudia en una de ellas. Además de la clara falta de honestidad y de la falta de limpieza de estos mismos medios de comunicación al presentar el caso como si Barghouti se acabara de matricular, o se hubiera matriculado hace poco, en una universidad israelí a pesar de que ellos mismos informaron hace años de que ya estaba matriculado entonces [4], los reportajes han mecho unas omisiones palmarias del contexto del apartheid israelí, el criterio aprobado mayoritariamente para el boicot de la PACBI, y el sistema de discriminación racial contra los palestinos originarios en el sistema educativo de Israel.

Aunque la PACBI han estado pidiendo de manera continuada a los académicos del mundo que boicoteen a Israel y a sus instituciones académicas (y culturales) debido a su arraigada connivencia con las políticas coloniales y de apartheid del Estado[5], nunca ha pedido a los ciudadanos palestinos de Israel ni a aquellos que están obligados a llevar documentos de identificación israelíes, como los palestinos residentes en el ocupado Jerusalén, que se abstengan de estudiar y enseñar en esas instituciones israelíes. Esto habría sido una postura absurda dada la completa falta de alternativas disponibles. Los sucesivos gobiernos israelíes, empeñados en suprimir la identidad nacional palestina en su búsqueda por mantener el carácter de Israel como un Estado racista, han hecho todo lo posible para impedir el establecimiento de una Universidad palestina dentro de Israel. Por lo tanto, la única posibilidad que les queda a los alumnos y académicos palestinos en Israel es ir a una universidad israelí o abandonar su tierra para proseguir sus estudios o carreras académicas en el extranjero (lo que a menudo no es posible debido a razones financieras o de otro tipo). De hecho, las autoridades israelíes han trabajado sistemáticamente para despojar de sus documentos de identidad israelíes a los palestinos del ocupado Jerusalén y con ello de sus derechos de residencia mientras están estudiando en el extranjero y, por consiguiente, prohibirles retornar.

Los palestinos en Israel son tratados como ciudadanos de segunda categoría en cada aspecto vital de la vida y está sometidos a un sistema de “discriminación institucional, legal y social” , como ha admitido hasta el informe del Departamento de Estado estadounidense sobre Derechos Humanos [6]. En el campo de la educación esta discriminación es dominante a lo largo todo el sistema, como afirma la siguiente conclusion de un estudio pionero de Human Rights Watch publicado en 2001:

“Las trabas a las que se enfrentan los estudiantes árabes palestinos desde el jardín de infancia a la universidad funcionan como una serie de tamices que tienen unos agujeros cada vez más finos. En cada etapa, el sistema educativo deja fuera una proporción mayor de estudiantes árabes palestinos que judíos. (...) Y, sin embargo, los tribunales de Israel tiene que utilizar ... leyes o principios más generales de igualdad para proteger a los niños árabes palestinos de la discriminación en la educación” [7].

Los palestinos, como cualquier pueblo bajo apartheid y el gobierno colonial, han insistido en sus derechos, incluyendo el derecho a la educación, aunque las únicas posibilidades fueran las instituciones coloniales o de apartheid. Nelson Mandela estudió derecho en la Universidad Witwatersrand de Johannesburg, una de las instituciones del apartheid con peor reputación entonces. De forma similar, los dirigentes de la resistencia anti-colonial en India y Egipto, entre otros muchos países, recibieron su educación en universidades británicas en la época cumbre de la era colonial.

La PACBI siempre ha distinguido entre las formas y ámbito del boicot académico que urge al mundo a adoptar y lo que deben implementar los propios palestinos. En el primer caso se tiene la opción moral de boicotear a las universidades israelíes para hacerlas asumir su responsabilidad por su vergonzosa y multifacética complicidad con la perpetuación de las políticas racistas y de ocupación del Estado; a los segundos no les suele quedar más remedio que utilizar los servicios del Estado opresivo, al que pagan impuestos.

Por último, insistimos en que es precisamente los cinco años de coherencia moral y política de la PACBI y la creciente influencia de sus principios y de las campañas que ella y sus socios han emprendido por todo el mundo lo que ha provocado a las fuerzas sionistas en contra del boicot a tratar, una vez más, de mezclar los viejos ataques que incoherencia, sin entender o ignorando intencionadamente el criterio de boicot establecido por la PACBI. Urgimos a todos los académicos, sindicalistas, figuras culturales y asociaciones a que adopten cuanta forma creativa de BDS les permita su contexto. Esto sigue siendo la forma más eficaz y moralmente contundente de solidaridad con el pueblo palestino en nuestra lucha por la educación, la dignidad, la igualdad y la autodeterminación.

Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI)

PACBI@PACBI.org

www.PACBI.org



[1] http://bdsmovement.net/?q=node/376



[2] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=271



[3] http://www.bdsmovement.net/?q=node/20



[4] Véase, por ejemplo: http://www.israel21c.org/bin/en.jsp?enDispWho=Views%5El181&enPage=BlankPage&enDisplay=view&enDispWhat=object&enVersion=0&enZone=Views



[5] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=869



[6] http://www.state.gov/g/drl/rls/irf/2008/108484.htm



[7] Human Rights Watch, “Second Class: Discrimination Against Palestinian Arab Children in Israel's Schools”, septiembre de 2001. http://www.hrw.org/reports/2001/israel2



Enlace con el original: http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=992

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viernes, 13 de marzo de 2009

Estrategia ciudadana contra el apartheid y la guerra

Tres ideas simples para poner fin al apoyo político a los crímenes israelíes
por Jean Bricmont

10 de marzo de 2009

Mientras Israel prosigue sus bombardeos contra la población palestina y los paramilitares del general Mohamed Dahlan esperan en la frontera egipcia la orden de penetrar en Gaza para masacrar a las familias del Hamas, la opinión pública europea se siente impotente. A pesar de su envergadura, las manifestaciones siguen sin tener impacto en la actitud de los responsables políticos. El profesor Jean Bricmont propone una estrategia simple para cambiar la correlación de fuerzas en Europa y poner fin al apoyo del que goza el régimen del apartheid israelí.

Somos sin dudas millones los que estamos siendo en estos días testigos, indignados e impotentes, de la destrucción de Gaza, mientras que tenemos que soportar además el discurso mediático sobre la «respuesta al terrorismo» y el «derecho de Israel a defenderse». Pero, como señala el periodista británico Robert Fisk, los que lanzan cohetes contra el sur de Israel son, a menudo, los descendientes de las habitantes de esa misma región, de la que sus antecesores fueron expulsados en 1948 [1]. Mientras no se reconozca esa realidad fundamental ni se repare esa injusticia, nada serio se habrá dicho o hecho a favor de la paz.
Pero, ¿qué hacer? ¿Organizar nuevos diálogos entre judíos progresistas y musulmanes moderados? ¿Esperar que aparezca una nueva iniciativa de paz? ¿O esperar aún por nuevas declaraciones de los ministros de la Unión Europea?
¿Acaso no han durado ya lo suficiente todas esas comedias? Los que quieren hacer algo sustentan a menudo exigencias irrealistas: pedir la creación de un tribunal internacional que juzgue a los criminales de guerra israelíes o solicitar una intervención eficaz de la ONU o de la Unión Europea. Todo el mundo sabe perfectamente que nada de eso sucederá, por ejemplo, porque los tribunales internacionales no hacen más que reflejar la correlación de fuerzas existente en el mundo, que es actualmente favorable a Israel. Lo que tenemos que cambiar es la correlación de fuerzas y eso sólo puede hacerse poco a poco. Es cierto que el problema de Gaza es «urgente», pero es cierto también que si nada puede hacerse hoy en día, es precisamente porque el paciente trabajo que había que realizar en el pasado no se hizo.
Dos de las proposiciones aquí expuestas se sitúan en el plano ideológico y la otra en el plano práctico.
1. Deshacerse de la ilusión de que Israel es «útil»
Mucha gente, sobre en el seno de la izquierda, siguen creyendo que Israel no es más que peón en la estrategia estadounidense, capitalista o imperialista, de control del Medio Oriente. Eso es totalmente falso. Israel no es útil prácticamente para nadie, a no ser con excepción de sus propias fantasías de dominación. No hay petróleo ni en Israel ni en Líbano. Las llamadas guerras del petróleo, de 1991 y de 2003, las realizó Estados Unidos sin ayuda alguna de parte de Israel y, en 1991, con el pedido explícito por parte de Estados Unidos de que no hubiera intervención israelí, para evitar el derrumbe de la coalición árabe que Washington había forjado. O sea que, el papel de Israel como «aliado estratégico» no fue precisamente brillante.
No cabe la menor duda de que las petromonarquías prooccidentales y los regímenes árabes «moderados» consideran una catástrofe que Israel siga ocupando las tierras palestinas, lo cual radicaliza a buena parte de la población de dichas tierras. Es Israel, con sus políticas absurdas, quien provocó el surgimiento del Hezbollah y del Hamas, además el responsable indirecto de buena parte del fortalecimiento del «islamismo radical».
Es necesario entender también que los capitalistas en su conjunto (porque no todos son fabricantes de armas) se benefician más con la paz que con la guerra. No hay más que ver las fortunas que los capitalistas occidentales amasaron en China y en Vietnam después del restablecimiento de la paz en esos países, en contraste con la época de Mao y con la de la guerra de Vietnam. A los capitalistas no les importa qué «pueblo» tiene a Jerusalén como «capital eterna» y si hubiera paz irían corriendo a Cisjordania y a Gaza para explotar allí una fuerza de trabajo calificada que carece de muchos otros medios de subsistencia. Finalmente, cualquier estadounidense preocupado por la influencia mundial de su país es capaz de darse cuenta de que ganarse la enemistad de mil millones de musulmanes por satisfacer los caprichos de Israel no es precisamente una inversión racional en términos de futuro [2].
Son a menudo los que se consideran marxistas quienes se niegan a ver en el apoyo a Israel una simple emanación de fenómenos generales como el capitalismo o el imperialismo (el propio Marx era muchos menos cuadrado en cuanto a la cuestión del reduccionismo económico). Mantener ese tipo de posición no ayudará en nada al pueblo palestino. El sistema capitalista, nos guste o no, es demasiado fuerte como para depender de forma significativa de la ocupación de Cisjordania. La salud del capitalismo como sistema es, por cierto, muy buena en Sudáfrica a pesar del desmantelamiento del régimen del apartheid.
2. Liberar la palabra de los no judíos sobre la cuestión palestina
Si los intereses económicos o estratégicos no son la razón principal del apoyo a Israel, ¿qué explica entonces el silencio y la complicidad? Se puede pensar en la indiferencia hacia hechos que están sucediendo «allá lejos». Esto puede resultar cierto en lo que concierne a la mayoría de la población, pero no en lo tocante al medio intelectual dominante, rebosante de críticas hacia Venezuela, Cuba, Sudán, Irán, el Hezbollah, el Hamas, Siria, el Islam, Serbia, Rusia o China. Sobre todos esos temas son comunes y aceptadas hasta las más burdas exageraciones.
Otra explicación de la indulgencia hacia Israel es la «culpabilidad» occidental en lo tocante a las persecuciones antisemitas del pasado, en particular en los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Sobre ese tema, se señala a veces que los palestinos no tienen la culpa de aquellos horrores y que no deben pagar por los crímenes de otros, lo cual es totalmente cierto. Pero lo que casi nunca se dice a pesar de ser evidente es que la inmensa mayoría de los franceses, de los alemanes o de los sacerdotes católicos de hoy en día son tan inocentes como los palestinos de lo que pasó durante aquella guerra, por la simple razón de que nacieron después o de que eran niños. Ya en 1945 la noción de culpabilidad colectiva era algo altamente discutible, pero la idea de transferir esa culpabilidad a los descendientes es una noción casi religiosa.
Resulta además curioso que fuera precisamente en la época en que la iglesia católica renunciaba a la noción de pueblo asesino de Jesús cuando se empezó a imponer la noción de responsabilidad casi universal por el exterminio de los judíos. Lo que sucede es que esa «culpabilidad» sirve de justificación a una enorme hipocresía. Se supone que nosotros tenemos que sentirnos culpables de crímenes cometidos en el pasado, crímenes que ya no podemos evitar, mientras que prácticamente no debemos sentirnos culpables por los crímenes que nuestros aliados estadounidenses e israelíes están cometiendo hoy en día, ante nuestros ojos, y sobre los cuales pudiéramos, como mínimo, expresar nuestro desacuerdo.
Y, aunque se dice constantemente que el recuerdo del holocausto no debe servir de justificación a la política israelí, resulta evidente que es precisamente entre las poblaciones más culpabilizadas por ese recuerdo (alemanes, franceses y católicos) que el silencio es más absoluto (cuando sucede lo contrario entre las poblaciones negras y árabes y entre los británicos).
Lo anterior es una banalidad, pero se trata de una banalidad que no resulta fácil de decir. A pesar de ello, hay que repetirla hasta que se reconozca ese hecho, si queremos que los no judíos puedan expresarse libremente sobre la cuestión palestina. Quizás el slogan más apropiado para las manifestaciones sobre Palestina no sea «Todos somos palestinos», slogan lleno de buenas intenciones pero que no refleja en lo absoluto la realidad de nuestra situación o de la situación de los palestinos, sino «Nosotros no somos culpables del holocausto», algo que sí tenemos en común con los palestinos.
Pero la principal razón del silencio no puede ser solamente la culpabilidad, precisamente porque esta última es muy artificial, sino el miedo. Miedo a la calumnia, a la difamación o a los juicios, cuya única acusación es siempre la misma: el antisemitismo. Si no está usted convencido de esto último, busque a un periodista, un político o un editor, enciérrense juntos en una habitación donde él pueda verificar que no hay ni cámara escondida ni micrófonos y pregúntele si él dice abiertamente todo lo que realmente piensa de Israel. Y si responde que no (que es en mi opinión la respuesta más probable), pregúntele entonces por qué se calla. ¿Por miedo a perjudicar los intereses de los capitalistas en Cisjordania? ¿A debilitar el imperialismo estadounidense? ¿A afectar el aprovisionamiento en petróleo o los precios del crudo? ¿O más bien por miedo a las organizaciones sionistas, a tener que arrostrar sus persecuciones y calumnias?
Me parece evidente, luego de decenas de discusiones con personas de origen no judío, que la respuesta correcta es la última. Es por miedo a ser tildado de antisemita que no se dice lo que se piensa del Estado que se proclama a sí mismo como «Estado judío». Ese sentimiento se refuerza más aún por el hecho que la mayoría de la gente que se estremecen ante la política israelí sienten verdadero horror por lo sucedido durante la Segunda Guerra Mundial y son realmente hostiles al antisemitismo.
Debido a lo anterior, casi todo el mundo ha interiorizado la idea de que el discurso sobre Israel, más aún, sobre las organizaciones sionistas, constituye un inviolable tabú, y eso es lo que mantiene un clima de miedo generalizado. Es importante señalar que los mismos que, en privado, imparten «consejos de amigo» (¡Cuidado! No mezclen las cosas, no exageren, islamismo…, extrema derecha…, Dieudonné, etc.) generalmente son los primeros que declaran en público que no tienen miedo de nada y que las presiones no existen. Lo hacen, por supuesto, porque reconocer la existencia del miedo sería la mejor manera de empezar a liberarse de él. Por consiguiente, lo primero que hay que hacer es luchar contra ese miedo. Eso es algo que no siempre entienden los militantes de la causa palestina ya que, dada la naturaleza misma de su propia acción, ellos demuestran que no tienen miedo.
Se trata a menudo de gente muy dedicada y que no busca posición alguna de poder en el seno de la sociedad. Pero deberían ponerse en el lugar de los que ocupan o esperan ocupar ese tipo de posiciones (gente que está, por tanto, en posición de influir sobre las decisiones políticas) y que, precisamente debido a sus ambiciones, es vulnerable a la intimidación. El único medio de actuar es crear un clima de «desintimidación» apoyando a cada político, a cada periodista, a cada escritor que se atreva a escribir una frase, una palabra, una coma de crítica a Israel. Y hay que hacerlo con todos, sin limitarse a apoyar solamente a los que tienen posiciones «correctas» sobre otros temas (según el eje izquierda-derecha) o a los que asumen posiciones «perfectas» sobre el conflicto.
Para terminar, más que hablar de «apoyo» a la causa palestina, como hacen muchas organizaciones, apoyo al que, por muy doloroso que parezca, nunca se adherirá la mayoría de la población de nuestros países, habría que presentar la cuestión palestina a la luz de los intereses bien entendidos de Francia y de Europa. Efectivamente, nosotros no tenemos ninguna razón para enemistarnos con el mundo árabe y musulmán o asistir al aumento del odio contra Occidente y para nosotros resulta catastrófico el surgimiento de un conflicto suplementario con la parte de la población «proveniente de la inmigración» que, a menudo, simpatiza con los palestinos.
En ese sentido, hay que subrayar que no fue predicando un apoyo irrestricto a Israel que los sionistas obtuvieron sus logros sino más bien gracias a un lento trabajo de identificación entre la defensa de Occidente (en cuanto al aprovisionamiento en petróleo y la lucha contra el islamismo) y la del propio Israel (resulta por cierto deplorable que muchos discursos de izquierda sobre la utilidad de Israel en el control del petróleo así como discursos laicos sobre el Islam continúen reforzando esa identificación).
3. En cuanto a las iniciativas prácticas, pueden resumirse en tres letras: BDS (boicot, desinversión, sanciones)
La mayoría de las organizaciones propalestinas exigen la adopción de sanciones [3] pero, como ese tipo de medidas es prerrogativa de los Estados, todo el mundo sabe que eso no se hará a corto plazo. Las medidas de desinversión pueden ser adoptadas por organizaciones poseedoras de fondos que invertir (sindicatos, iglesias), y la decisión compete entonces a sus propios miembros, o por empresas que colaboran estrechamente con Israel y que únicamente cambiarán su política como consecuencia de acciones de boicot, lo cual nos conduce a la discusión de esa forma de acción, que apunta no sólo a los productos israelíes sino también a las instituciones culturales y académicas de ese Estado [4].
Hay que señalar que esa práctica fue utilizada contra Sudáfrica y que las dos situaciones son muy parecidas: el régimen del apartheid e Israel son (o eran) «legados» del colonialismo europeo que (contrariamente a la mayoría de la opinión pública aquí en Europa) no aceptan que esa forma de dominación es cosa del pasado. Las ideologías racistas subyacentes en ambos proyectos resultan insoportables para la mayoría de la humanidad y crean interminables odios y conflictos. Se puede decir incluso que Israel no es más que otra Sudáfrica a la que se ha agregado la explotación de la memoria del holocausto.
En el caso del boicot cultural y académico, existe a veces la objeción de que hay víctimas inocentes, gente con buenas intenciones, que desea la paz, etc., argumento ya utilizado por cierto en la época de Sudáfrica (y pudiera utilizarse el mismo argumento a favor de los trabajadores de las empresas víctimas del boicot económico). Pero el propio Israel reconoce que hay víctimas inocentes en Gaza, lo cual no le impide continuar la matanza. Nosotros no proponemos matar a nadie. El boicot es una acción perfectamente ciudadana y no violenta. Sólo que hasta ese tipo de acción puede provocar daños colaterales –en este caso, los artistas y científicos bien intencionados que serían víctimas del boicot.
Ese tipo de acción es comparable a la objeción de conciencia ligada al servicio militar o a la acción de desobediencia civil –Israel no respeta ninguna de las resoluciones de la ONU que tienen que ver con su caso, y nuestros gobiernos, en vez de tomar medidas para forzar la aplicación de dichas medidas, no hacen más que fortalecer sus vínculos con Israel. Como ciudadanos (cuya opinión, aunque no se oiga, es probablemente mayoritaria o seguramente lo sería si pudiera establecerse un debate abierto) nosotros tenemos derecho a decir NO.
Lo importante en las sanciones, específicamente en el plano cultural, es precisamente su aspecto simbólico (más que el aspecto económico). Es como decir a nuestros gobiernos que no aceptamos su política [de cooperación con Israel] et, a fin de cuentas, es una forma de decirle a Israel que es lo que ha escogido ser: un Estado que se ha puesto al margen de la ley internacional.
Un argumento frecuente contra el boicot es que lo rechazan israelíes progresistas y algunos palestinos «moderados» (aunque tiene el apoyo de la mayoría de la sociedad civil palestina). Pero no se trata en este caso de saber lo que ellos quieren, sino de qué política exterior queremos nosotros para nuestros propios países. El conflicto israelí-árabe va más allá del ámbito local y alcanza una resonancia mundial. Tiene que ver incluso con la cuestión fundamental del respeto del derecho internacional. Nosotros, como habitantes de Occidente, podemos perfectamente querer unirnos al resto del mundo, que rechaza la barbarie israelí, y eso es ya razón suficiente a favor del boicot.
Jean Bricmont
Figura destacada del movimiento antiimperialista, Jean Bricmont es profesor de física teórica en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Acaba de publicar Impérialisme humanitaire. Droits de l’homme, droit d’ingérence, droit du plus fort ? (Éditions Aden, 2005).
Los artículos de esta autora o autor
1] «Remettre dans son contexte le tir de représailles sur Najd (Sderot)», por Um Khalil, The International Solidarity Movement, 15 de noviembre de 2006.
[2] Para una discusión más detallada sobre las verdaderas razones de la ayuda estadounidense a Israel, ver John J. Mearsheimer, Stephen M. Walt, Le lobby pro-israélien et la politique étrangère américaine, La Découverte, 2007.
[3] «Cessons de tergiverser: il faut boycotter Israël, tout de suite!», por Virginia Tilley; «Aucun État n’a le droit d’exister comme État raciste», entrevista con Omar Barghouti; Réseau Voltaire, 6 de septiembre de 2006, 6 de diciembre de 2007.
[4] Ver, de Naomi Klein, «Israel: Boycott, Divest, Sanction», que aporta una excelente respuesta a las principales objeciones sobre esa táctica (The Nation, 26 de enero de 2009.

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