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miércoles, 19 de mayo de 2010

Nuevas y viejas guerras para Blackwater


19-05-2010

La compañía estadounidense se prepara para entrar en nuevos escenarios de conflicto. Las increíbles confesiones de Erik Prince.

Jorge Luis Rodríguez González
África Mía

Hace más de un año anunciaron que llegarían hasta los mares de Somalia para combatir la piratería. Era de suponer que no les bastaría, que serían más ambiciosos y tocarían incluso tierra en su afán por no perderse un conflicto del cual sacar sus turbias ganancias. ¡Y así fue! La mañosa Blackwater ya se encuentra en territorio somalí y los proyectos de operaciones incluyen otros ricos destinos como Nigeria, donde muchas transnacionales pierden dinero por los ataques de grupos insurgentes.

La noticia la ofreció el mismo fundador y presidente de la compañía, ahora bautizada como Xe, Erik Prince, en unas grabaciones sacadas a la luz pública por el periodista norteamericano Jeremy Scahill, autor de Blackwater: el auge del ejército mercenario más poderoso del mundo. También la confirman algunos grupos rebeldes somalíes que acusan a los hombres de la Xe —conocidos como «perros de guerra»— de colocar bombas en espacios públicos de Mogadiscio.

En la revista estadounidense The Nation, Scahill destapa los planes de la Blackwater para enviar a sus mercenarios a Somalia y Nigeria, con el objetivo de combatir a presuntos terroristas, «construidos» por las transnacionales mediáticas para legitimar las guerras de Washington.

Los deseos de Prince son también llegar a Yemén y Arabia Saudita, muy cercanos geográficamente del Cuerno Africano, donde se encuentra Somalia. Se trata, según el análisis del jefe de la Blackwater, de una región con mucha influencia iraní, a la que Estados Unidos «tiene que poner fin» mediante el despliegue de los contratistas.

Lo mismo que hizo en Afganistán —donde ganó gran fama, y no precisamente por brindar seguridad, sino por asesinatos, violaciones a niños y escándalos de prostitución, además de azuzar las diferencias internas—, la acción de Blackwater en estos países puede ser muy sucia.

Días antes de que The Nation publicara las declaraciones de Prince en una audiencia amistosa que reunía a corporativos de la industria armamentista y a veteranos de guerra, unas 30 personas murieron y otras 80 resultaron heridas cuando dos bombas hicieron explosión de forma simultánea en una mezquita del mercado de Bakara, en Mogadiscio, la capital somalí. El grupo opositor islámico Al Shabad acusó a la compañía de seguridad estadounidense de haber organizado este atentado, como ya había hecho en Iraq.

Desde inicios de año, grupos como Al Shabad e Hizbul Islam estaban lanzando advertencias de que los «perros de guerra» de Blackwater se encontraban en territorio somalí, y que pretendían hacer explotar mercados y mezquitas en Mogadiscio para luego adjudicarles esos crímenes a estos grupos.

La creciente violencia, a la que contribuyen Blackwater y otras presuntas agencias de seguridad estadounidenses, es el pretexto ideal para intervenciones militares en un país que se desgasta en un interminable conflicto interno desde 1991, resultado también de la descomposición de esa sociedad debido a condicionantes impuestas por organismos como el FMI y el Banco Mundial.

Con la mira en Nigeria

En el sur de Nigeria, transnacionales como la norteamericana Chevron y la angloholandesa Shell no tienen vida. Sus instalaciones en el delta del Níger, una de las zonas más ricas en hidrocarburos de ese gigante petrolero, están a menudo en la diana de los ataques de grupos rebeldes, quienes exigen una redistribución de los ingresos de la renta de petróleo más justa para el desarrollo local, pues es allí donde se encuentran las mayores riquezas.

En varias ocasiones, Chevron y Shell han recortado sus producciones por los ataques a los oleoductos que operan en la región. Por eso han acudido a las empresas «de seguridad» para responder con represión y militarización a la inconformidad que provoca la pobreza. Aunque no todos los nativos recurren a las armas para hacer valer sus exigencias: existe también un fuerte movimiento de resistencia pacífica.

La lista de contratistas empleados por los consorcios extranjeros es grande, y hasta el momento no han podido tan siquiera atenuar la violencia en la región. Incluso Shell ha sido acusada de financiar a grupos paramilitares. Allí los consorcios no solo explotan los recursos naturales nigerianos, sino que lo hacen de manera irresponsable, comprometiendo el ecosistema local con sus actividades contaminantes.

En este contexto, la Xe de seguro se sentiría como pez en el agua y ganaría muchos millones. Por ello Prince acaricia la idea de que sea llamada. Y asegura: hacen falta más contratistas…

Mucho en Afganistán

Prince no solo fue claro respecto a los nuevos escenarios en los que podrían entrar sus hombres, sino que precisó algunos detalles acerca de su participación en una vieja guerra del ejército estadounidense. Ante su selectivo auditorio en la Universidad de Michigan el pasado 14 de enero, el jefe de Blackwater reveló información sobre las operaciones secretas de su empresa en Afganistán, ocupado por las fuerzas norteamericanas y sus aliados desde hace casi nueve años.

Los hombres de Prince llegaron a la nación centroasiática en abril de 2002, luego de lograr sustanciosos contratos para «proveer seguridad» a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU. Desde entonces son muchos los millones de dólares que se ha embolsado la compañía, en los que también se cuentan los alcanzados a través de convenios con el Departamento de Estado y el de Defensa. Otra de las funciones de Blackwater ha sido cuidarle las espaldas al embajador norteamericano en ese país, Karl Eikenberry, y a oficiales de Washington, además de entrenar a la policía fronteriza afgana.

«Construimos cuatro bases, las equipamos y dirigimos», cuenta el «príncipe» de los mercenarios, y el periodista estadounidense Jeremy Scahill especifica que se refiere a las bases de operaciones avanzadas (Forward Operating Bases, FOBs), ubicadas en los cuatro puntos cardinales de Afganistán.

Una de estas se encuentra en Spin Boldak, en el sur; en el este está la FOB Lonestar, a unos 15 kilómetros de la frontera con Paquistán —otro de los blancos de EE.UU., y por supuesto de la Xe— y otra cerca de Herat.

Al referirse específicamente a la FOB Lonestar, Prince hizo una confesión cuando se preguntaba: «¿Quién más ha construido una Forward Operating Base a lo largo de la ruta principal para la infiltración de los talibanes, y la última ubicación conocida de Osama bin Laden?». Hasta el momento, todos pensaban que esa tarea estaba únicamente en manos del Pentágono. La mano peluda y larga de Blackwater también llega a Paquistán.

A pesar de que hasta ahora Washington ha negado la realización de operaciones en ese territorio, Prince salió con el desmentido, al reconocer en su círculo cerrado de amigos y directivos de empresas armamentistas que su compañía está allí, realizando operativos secretos que financian el Pentágono y la CIA, como parte de la falsa cruzada de EE.UU. contra el terrorismo.

Tampoco faltaron sus críticas a las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desplegadas en Afganistán, a las que calificó como «un mosaico de compromisos internacionales». Según quien se considera muy ducho en cuestiones de estrategia militar, muchos de los soldados de la Alianza deberían recoger sus maletas y volver a casa, pues no cumplen con su verdadera tarea en Afganistán.

De entre ese gran conglomerado de efectivos solo hubo elogios para los canadienses: ellos han perdido tantas vidas como los propios norteamericanos, aseguró el ejecutivo.

«Business son Business»

A pesar de los constantes alardes de seguridad que se «gasta» el cabecilla de la compañía, no todo son alabanzas para Blackwater, a la que se le señala por no haber podido evitar el atentado contra un cuartel de la CIA en la localidad afgana de Khost el 30 de diciembre de 2009, con saldo de siete estadounidenses de la Agencia muertos.

Su respuesta fue poco convincente y mucho menos inteligente cuando se le interrogó sobre ese suceso: «¿Sabes qué? Es una tragedia que los chicos murieran, pero si lo ponemos en perspectiva, la CIA ha perdido muy pocas personas desde el 9/11».

Para este inescrupuloso corporativo, la muerte es uno de los costos de su forma de hacer negocios. Los riesgos siempre existen, aunque algunos se puedan calcular, y aconseja que la solución no es la retirada de la CIA, sino una respuesta mucho más violenta y agresiva.

Difícilmente a alguien le quede la menor duda de que eso es lo que mejor sabe hacer Prince con su compañía: negocios. Por algo ha estado en todas las guerras sucias en las que lo ha necesitado Washington. Actualmente cerca del 90 por ciento de sus beneficios proceden de los contratos con el Gobierno norteamericano. Por eso sus planes en África son continuar el desembarco —ya están en los mares somalíes, junto con otros contratistas ingleses—, y seguir desestabilizando en Paquistán y Afganistán. Porque mientras haya guerra, habrá trabajo…

Fuente: http://hablemosdeafrica.blogspot.com/

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viernes, 14 de mayo de 2010

Los mercenarios de Blackwater se alistan para cuatro nuevas guerras

12-05-2010
Ricardo López Dusil
El Corresponsal

En grabaciones secretas obtenidas esta semana por el investigador estadounidense Jeremy Scahill, el presidente de la conocida empresa de mercenarios reveló planes para ejecutar guerras clandestinas en varios países del mundo. En las grabaciones, Erik Prince, fundador y presidente de Blackwater, explica que enviaría mercenarios para luchar contra “terroristas” en Nigeria, Yemen, Somalia y Arabia Saudita.

El periodista norteamericano Jeremy Scahill, autor de Blackwater: el auge del ejército mercenario más poderoso del mundo, obtuvo esta semana grabaciones en las cuales el presidente de la conocida empresa de mercenarios revela planes para ejecutar guerras clandestinas en varios países del mundo. En las grabaciones, Erik Prince, fundador y presidente de Blackwater, explicaba que enviaría mercenarios armados, con el visto bueno del gobierno de los Estados Unidos, para luchar contra “terroristas” en Nigeria, Yemen, Somalia y Arabia Saudita. El objetivo de esas misiones sería combatir la influencia de Irán en la región y, en el caso de Nigeria, "salvar" el petróleo que se pierde por los continuos atentados de la insurgencia nigeriana.

Prince, un fundamentalista cristiano de 40 años que fue miembro del equipo de operaciones especiales de la armada de los Estados Unidos, fundó la firma de seguridad Blackwater en 1997. La empresa fue una importante contribuyente de las campañas del Partido Republicano y Price, un protegido del ex presidente George Bush padre. El 2 de marzo de 2009 Prince anunció que abandonaba su puesto de director general de Blackwater. La decisión, adoptada a raíz del descrédito de la empresa por varias operaciones sucias desarrolladas en Irak, en realidad fue una mascarada: Blackwater cambió de nombre (ahora se llama Xe Services), pero sigue siendo la contratista privada más importante del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Cerca del 90% de sus beneficios actuales proceden de los contratos con el gobierno norteamericano.

En el reciente artículo de Scahill, Prince también revela información sobre las operaciones clandestinas que su firma está conduciendo a través de cuatro bases de “operaciones de avanzada” controladas por Blackwater en Afganistán. “Nosotros construimos cuatro bases militares, las equipamos y las manejamos”, dijo Prince. Una de las cuatro bases operadas por Blackwater, la FOB Lonestar, está a menos de 10 kilómetros de la frontera con Pakistán, lo que enorgullese a Price. “¿Quién más ha podido construir una base de operaciones de avanzada cerca de la ruta de infiltración de los talibanes?” preguntó al auditorio donde disertaba.

Permitir a particulares operar “bases militares” en un país extranjero en el contexto de una guerra es violatorio del Convenio de Ginebra y las leyes internacionales que regulan los conflictos armados. No obstante, Washington no ha suspendido las operaciones. Desde 2002, las agencias de Washington han hecho contratos superiores a los 2.000 millones de dólares con Blackwater y Xe.

En Irak, la compañía de Prince goza de impunidad absoluta, dado que los mercenarios que la integran no pueden ser juzgados, según el decreto firmado por el entonces procónsul Paul Bremen, al que los miembros de Blackwater protegían personalmente.

En diciembre de 2006, un miembro de Blackwater que estaba ebrio mató a un guardia del vicepresidente iraquí Adil Abd-al-Mahdi. En menos de 36 horas, el Departamento de Estado lo sacó de Irak, recomendando que la empresa de Prince pagara 250.000 dólares y pidiera disculpas a la familia del guardia. Al final, sólo les hicieron llegar 15.000 dólares. El servicio diplomático del Departamento de Estado afirmó que si se pagaba más dinero no faltarían los iraquíes "que se quisieran hacer matar" para cobrar recompensas de esa magnitud.

Según un reportaje del canal de noticias MSNBC basado en declaraciones de dos empleados de Blackwater ante la Corte Federal norteamericana, la firma utilizó prostitución infantil en su complejo de la fortificada Zona Verde de Bagdad. Los testigos añadieron que los niños fueron implicados en actos sexuales con miembros de Blackwater a cambio de un dólar, y Erick Prince, el dueño de la firma, "no logró detener el uso de prostitutas, incluyendo la prostitución infantil, por parte de sus hombres". En otras declaraciones a los miembros de la Corte, quedó expuesto el hecho de que la CIA contrató a Blackwater para un programa secreto de asesinatos políticos.

Pese a que la Casa Blanca ha venido sosteniendo que no tenía operaciones en Pakistán, en la grabación de las palabras de Prince obtenidas por Scahill, el presidente de Blackwater afirmó que estaba realizando operaciones secretas en ese país, con el financiamiento del Pentágono y la CIA, como parte de la “guerra contra el terrorismo”.

Prince, que no ha ocultado en el pasado su furibunda islamofobia, asegura que Blackwater está ejecutando activamente un plan “maestro” para organizar una rebelión chiita en la región. “No van a poder lograr resolver el problema (de Irán) con soldados uniformados. Es demasiado sensible. El sector privado, en cambio puede operar allá con huellas casi invisibles”, dijo Prince, agregando que el uso de contratistas privados para conducir esas operaciones contra Irán sería mucho más económico que una guerra tradicional. En el encuentro, calificó a los milicianos que luchan contra los Estados Unidos en Afganistán, Irak y Pakistán como "bárbaros salidos de las alcantarillas".

En su discurso, que fue pronunciado el 14 de enero en la Universidad de Michigan ante un auditorio integrado mayoritariamente por empresarios de la industria armamentística, militares en actividad y veteranos, en varias oportunidades usó términos peyorativos hacia los militares afganos que está entrenando su compañía, diciendo que Blackwater tenía que enseñar incluso "Introducción al uso del water closs".

En el caso de Nigeria, país rico en petróleo y gas, Prince también propuso la utilización de contratistas privados armados. Dijo que los grupos guerrilleros en el país han logrado disminuir dramáticamente la producción de hidrocarburos y alegó que los rebeldes roban medio millón de barriles de crudo por día. Prince no hizo mención a la oposición no violenta de poblaciones indígenas a la extracción de petróleo y la contaminación, ni se mencionaron los notorios abusos a los derechos humanos cometidos por corporaciones multinacionales del petróleo en Nigeria, que han provocado gran parte de la resistencia. La explotación petrolera de la multinacional angloholandesa Shell en el delta del Níger ha sido denunciada en incontables oportunidades. A pesar de que multitud de leyes y resoluciones judiciales, locales e internacionales, han exigido a Shell el cese de sus actividades contaminantes en la zona, la complicidad del gobierno y de las instituciones internacionales ha permitido a la compañía petrolera continuar con su actividad. Shell, además, ha sido acusada de financiar grupos paramilitares a los que se les atribuye la muerte de cientos de activistas sociales que pedían el cese de las operaciones de la compañía en el país. El escenario no podía ser más propicio para que Blackwater (o más correctamente Xe Services) haga los negocios sucios que propone Prince.
Ricardo López Dusil es el director periodístico de elcorresponsal.com. El artículo completo de Jeremy Scahill, en inglés, puede leerse en las páginas de la revista The Nation (Nueva York, Estados Unidos).

Fuente: http://www.elcorresponsal.com/modules.php?name=News&file=article&sid=5656

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sábado, 8 de mayo de 2010

Los secretos de Blackwater


09-05-2010
Eva Golinger
CubaDebate

En grabaciones secretas obtenidas ésta semana por el investigador estadounidense Jeremy Scahill, el presidente de la conocida empresa de mercenarios, Blackwater, reveló planes para ejecutar guerras clandestinas en varios países del mundo.

En las grabaciones, Erik Prince, fundador y presidente de Blackwater, (ahora conocido como “Xe”), explicaba que Blackwater enviaría mercenarios armados, contratados por el gobierno de EEUU, para luchar contra “terroristas” en Nigeria, Yémen, Somalia y Arabia Saudita. Específicamente, el objectivo de esas misiones sería combatir la influencia de Irán en la región, confirmó Prince en sus declaraciones.

Según Scahill, Prince también reveló información sobre las operaciones clandestinas que Blackwater está actualmente conduciendo a través de cuatro bases de “operaciones de avanzada” controladas por la empresa contratista en Afganistán. “Nosotros construimos cuatro bases militares, las equipamos y las manejamos”, dijo Prince, explicando que están ubicadas en las zonas norte, sur, este y oeste de Afganistán. Una de las cuatro bases operadas por Blackwater, FOB Lonestar, está justamente a menos de 10 kilómetros de la frontera con Pakistán. “¿Quién más ha construido una base de operaciones de avanzada cerca a la ruta de infiltración del Talibán?” preguntó Prince, orgulloso de sus operaciones.

Permitir a una empresa privada operar “bases militares” en un país extranjera en el contexto de una guerra está en plena violación del Convenio de Ginebra y las leyes internacionales que regulan a los conflictos armados. No obstante, Washington no ha suspendido las operaciones. Hasta la fecha, las agencias de Washington han hecho contratos por encima de los dos mil millones de dólares con Blackwater, desde el 2002.

El presidente de Blackwater también mencionó su trabajo en Pakistán, lo cual desmiente la línea oficial de Washington sobre su supuesta ausencia en el país asiático. Prince admitió que Blackwater está realizando operaciones secretas dentro de Pakistán, financiadas por el Pentágono y la CIA, como parte de la “guerra contra el terrorismo”.

En cuanto a Irán, Prince reveló que Blackwater está activamente ejecutando un plan “maestro” para organizar una rebelión Shia en la región. “No van a poder lograr resolver el problema (de Irán) con unos soldados uniformados. Es demasiado sensible. El sector privado puede operar allá con huellas casi invisibles”, dijo Prince, agregando que el uso de contratistas privados para conducir esas operaciones contra Irán sería mucho más económico que una guerra tradicional.

América Latina

Desde el 2004, Washington también ha mantenido un contrato con Blackwater y otras empresas contratistas para el uso de 500 mercenarios “latinos” (o que hablan español) que están permanentemente preparados para ejecutar acciones clandestinas en América Latina. De estos 500 mercenarios, un equipo está específicamente dedicado a Cuba y forma parte de los esfuerzos de Washington para promover un "cambio de régimen" y una "transición" en la isla caribeña. Hablar de la comunidad internacional se ha vuelto controversial; por momentos, parece que la misma es solo una forma de expresar demoras, retrasos, y entuertos que se “resolverán” con un juego de palabras sacado de un buen diccionario de sinónimos. Ahora mismo la lucha de intereses revela al imperio jugando todas sus cartas para recuperar el control sobre Honduras, pequeña nación centroamericana que, según un “analista serio” de la televisión golpista, tiene dimensión cero en el ámbito internacional.

Por un lado, lucha el departamento de estado porque se lleven a cabo algunos pequeños ajustes que presenten al gobierno de facto como una fuente de buena voluntad y compromiso con la democracia y los derechos humanos; por el otro, los halcones tutelan una política más bestial, manipulando a sus lacayos locales, promoviendo el cierre de filas contra toda forma de pacificación, aunque esta venga del propio corazón imperial.

Ahora bien, resulta ingenuo presumir que la comunidad internacional responderá para corregir el Golpe de Estado. En relación a ese evento quedo claro que lo que rige las relaciones en el mundo son los intereses económicos, y la dignidad no vale mucho. Salvo la acción decidida de los países de la ALBA y de UNASUR, que aún hoy siguen presionando, al mundo no le interesa quien gobierna o como lo hace, simplemente hacen lo que sus intereses le obligan a hacer.

Esta comunidad de países de todo el mundo pseudo democrático vio los eventos del 28 de junio en Honduras desde dos perspectivas completamente diferentes y encontradas: los pueblos y los movimientos sociales impávidos ante la impunidad sin límites que todavía tienen los militares en Latinoamérica, y el uso que de ellos puede hacer el imperio cuando lo estime conveniente; la otra posición, mas práctica, cínica y fría, los gobiernos jugando a no reconocer lo que en los hechos no dejo de pasar nunca. Ninguna condena sirvió para salvar una sola vida, o para evitar que se violara a ninguna mujer.

En realidad no debería sorprendernos la actitud de ninguno de los actores. Los gringos mantienen guerras criminales en varios puntos del planeta, y parecen estar interesados en abrir más frentes. No olvidemos que ellos viven de la sangre que derraman otros pueblos; Insulza, político “socialista”, que ya estuvo al frente de la política exterior de su país, Chile, y que nunca represento los intereses ni de su propio pueblo. La oligarquía hondureña, más salvaje que antes del golpe, se siente fuerte porque cuando se atrevió pudo; los chafas, estos señores marchan con el olor de la plata.

El estado hondureño ha sido condenado en múltiples foros internacionales por las violaciones a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad sin que hasta ahora eso haya servido de nada. Estas comisiones, como la CIDH, o las mismas Naciones unidas, se ven ridículas y desprestigiadas, ordenando medidas cautelares que a la Corte golpista le valen madres. Más bien parece que las dichosas medidas sirven para marcar los objetivos de los sicarios al servicio de este régimen asesino.

Parece mentira que hoy anden presidentes de los países vecinos dando declaraciones sobre lo bien que van las cosas en este país, y tratando de darle un tinte inmaculado al gobierno ilegitimo que es culpable de todos los crímenes, por acción o por omisión.

Bueno, es cierto que el señor dinero está de por medio, y que Lobo Sosa esta frente a una crisis económica sin precedentes en la historia nacional. Según cálculos simples, las dificultades presupuestarias podrían andar por los 58 mil millones de lempiras, de un presupuesto nacional de 125 mil millones, casi la mitad! Si nos ubicamos en mayo, ¿de donde ha salido el dinero con que se mantiene el Estado de Honduras?, ¿Está el estado produciendo papel moneda sin respaldo y generando una severa inflación para mantenerse?, ¿será posible que la prevista devaluación servirá como mascara para tapar el desastre inflacionario?

Bueno, aquí entra la comunidad internacional; porque este gobierno necesita el soporte presupuestario proveniente de la ayuda internacional que sobrepasa el 30% del total; y porque la actividad económica para cubrir el rostro de la suciedad financiera sale precisamente de la inversión pública. El patrocinio al desarrollo, es también el sostén de las empresas que se dedican a los negocios más lucrativos: energía, construcción, telecomunicaciones, etc. El mejor cliente en Honduras es el Estado; un estado pobre significa empresas menos rentables.

Si nos acercamos más, podremos ver como el capital centroamericano, principalmente salvadoreño, nicaragüense y guatemalteco controlan un amplio segmento del mercado financiero del país. Esta vigorosa industria de la especulación se paraliza sin el dinero que llega hasta ellos por varios medios de la comunidad extranjera. Si consiguiéramos datos exactos sobre los montos de inversión privada versus el monto de dinero que circula gracias a la cooperación extranjera, nos sorprendería ver de dónde se agarra esta economía para sobrevivir.

Este hecho nos indica que los gobiernos vecinos deben estar muy interesados en revitalizar el ciclo mediante el cual Honduras sirve de puente a sus maniobras financieras. La transnacionalización de capitales en América Central es un fenómeno interesante para los estudiosos, pues debemos tratar de entender porque el mercado más deprimido de todos es el más atractivo para la banca regional. ¿Cuál es la influencia real de estos capitales en la política hondureña?. Seguramente Ricardo Maduro nos podría explicar muy bien.

Los que parece ser en primera instancia una actitud timorata de la comunidad mundial frente al primer golpe de estado del siglo XXI, revela más complicidades que las que pudimos conocer inicialmente. Las grandes corporaciones que manipulan empresas poderosas localmente manipulan también otros gobiernos. El interés por la democracia se desvanece y da paso a la política verdadera de dominación estratégica de los mercados. Honduras, no es tan enano, como dicen los apologistas del golpe, cuando tratan de justificar el aislamiento.

Por cierto que las fuerzas que rigen la historia son bastante congruentes y entenderlas es algo que la ha costado mucho al imperio por décadas; lo mismo le ha pasado siempre a la clase dominante que piensa que la realidades se detiene donde a ellos más les conviene. Aquí surge un factor incontrolable para los demás actores: la resistencia del pueblo hondureño.

Aunque han invertido muchos millones de dólares en lavarle la cara al golpe y en mantener una campaña abierta de mentiras, manipulación e idiotización, el pueblo ha ido desarrollando “anticuerpos” frente a todos estos virus mediáticos que se infiltran en cada telenovela o cada partido de futbol. Además, los niveles de organización y formación, aunque no avanzan como quisiéramos, se mantiene en crecimiento, lo que fortalece cualitativamente la capacidad popular de ejercer presión y limita las posibilidades de seguir creando mentiras verdaderas.

La comunidad internacional ha estado apostando a esconder de los ojos y las mentes del ciudadano común la existencia de un movimiento popular fuerte, oposición verdadera a la dictadura; aun así este movimiento crece y se da a conocer mucho más de lo que muchos creerían. La capacidad creativa de medios alternos de divulgación ha permitido que lugares tan lejanos como Australia estén al tanto de lo que sucede. Cierto, El País Le Monde, The New York Times, y muchos otros ya no tienen a Honduras en agenda, pero eso no detuvo la marcha del FNRP, ni su crecimiento, ni su capacidad de convocatoria.

Podemos entonces afirmar que nuestro pueblo ha ido creciendo vertiginosamente gracias a su propio impulso y la ayuda firme de los pueblos del mundo y a pesar de la acción engañosa, hipócrita y deleznable de los gobiernos que condenan a Micheletti y a Lobo Sosa con un trago de whisky en la mano, brindando por los “pistios” que les dan las farmacéuticas, las bananeras, las mineras, y muchos otros buitres más por mantener las estructuras de control y dominación sobre los pueblos del mundo.

Quisiera aclarar que el régimen actual es por definición una dictadura; ellos se quejan, y hasta dicen que son los más votados de la historia hondureña. Por favor, preguntémosle a ese supuesto millón y pico de votantes si ellos le dieron su respaldo a la escalda den los asesinatos políticos, a la persecución, el latrocinio y la impunidad imperantes. Parece que estos señores han caído en el error de pensar que las mentiras que repiten son ciertas.

Si la democracia estuviera definida por la cantidad de sangre que hace correr un gobierno entre los opositores de un país, este régimen seria la imagen viva de este sistema. No debemos confundir nunca la democracia con el modelo económico, que no tiene nada de democrático, aunque el término lo utilicen miles de veces para defender privilegios y justificar injusticias.
No esperemos nada de la comunidad internacional, ellos están esperando la Comisión de la Verdad, que esta a cargo de descubrir en 8 meses lo que nosotros sabemos desde el 28 de junio del 2009.

rJV

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martes, 27 de abril de 2010

¿Contratistas o mercenarios?


27-04-2010
Leyla Carrillo Ramírez
Rebelión

El ser humano requiere habilidades especiales para discernir entre la semántica y el significado histórico, político, económico o social de una palabra. A medida que se agudiza la tendencia a utilizar las normas y los vocablos establecidos por los países ricos, se torna más difícil precisar las diferencias. Tal es el caso de la palabra “contratistas”, que esconde la raíz de “mercenarios”.

¿Qué es un mercenario? Podríamos zambullirnos en la Convención Internacional contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el establecimiento de mercenarios aprobada por la Organización de Naciones Unidas el 4 de diciembre de 1989. La reticencia de muchos países que hoy financian a los mal llamados “contratistas”, demoró durante un decenio la ratificación del documento por un mínimo de 20 Estados. En la actualidad la cifra no excede los 35. Las razones son visibles: a los países poderosos del planeta no les conviene comprometerse a combatir el mercenarismo.

La Convención define que MERCENARIO es una persona especialmente reclutada localmente o en el extranjero para combatir en un conflicto armado, animada esencialmente por el deseo de obtener un provecho personal para derrocar a un gobierno o socavar el orden constitucional de un Estado o su integridad territorial. En 2003 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos exhortó a todos los Estados “a ejercer la máxima vigilancia contra todo tipo de reclutamiento y además a prohibir a esas empresas intervenir en conflictos o acciones armadas para desestabilizar a los regímenes constitucionales con impunidad”.1

El grupo de trabajo sobre la utilización de mercenarios como medio de violar los derechos humanos analizó que “el reclutamiento de guardias de seguridad privada es un fenómeno global que no ocurre solamente en América Latina y el Caribe, sino también en otras regiones”.2 En septiembre del propio año, treinta países suscribieron en la ciudad suiza de Montreux, un documento que intentaba enmarcar jurídicamente la actividad de las sociedades militares privadas (SMP), con vista a garantizar “el respeto al derecho internacional humanitario y de los derechos humanos cuando actúen en los conflictos armados”. Para los no entendidos, la negociación realmente intentó legitimar la fuerza privada de los “contratados”, es decir, aprobar una especie de Convención adicional, que edulcoraría la violación de las Convenciones de Ginebra.

Sin embargo, el enfoque sobre la guerra “privatizada” no es idéntico para anglosajones y galos. El coloquio internacional celebrado el 18 de marzo de este año en la Escuela Militar de París mostró algunas diferencias entre los defensores del estilo estadounidense y de las SMP, que intentan conservar las funciones reguladoras del Estado sobre la privatización de los soldados.

Entre los primeros mercenarios europeos estuvieron los belgas, durante la guerra nacional-liberadora del Congo. Hoy los “contratados” trabajan para compañías transnacionales registradas legalmente, exportando sus servicios, lo que evidencia los vacíos jurídicos que existen en la mencionada Convención. Los mercenarios carecen de fronteras, siendo el lucro su principal motivación.

Las guerras lideradas por Estados Unidos en Afganistán, Irak y Pakistán son respaldadas por un centenar de “empresas” que acometen el trabajo sucio y administrativo. Los mercenarios son cada vez más eficaces: acometen matanzas, genocidio y torturas; además, practican oficios tales como: guardaespaldas, técnicos, agentes para la protección de edificios y de personalidades, la seguridad de organizaciones no gubernamentales, las escoltas de los convoyes, el desminado del terreno.

El secretismo que ampara al mercenarismo resulta virtualmente indescifrable. No es fácil determinar cuántos “contratistas privados” operan en las actuales guerras, cuántos responden directamente a empresas estadounidenses o a sus filiales y cuántos a los europeos. De los supuestos 13 mil “soldados de fortuna” los provenientes de la Unión Europea, son “integrantes de una sociedad pública-privada”. Decididamente su denominación no es semántica.

La imbricación entre los mercenarios de Estados Unidos y Europa se amplió durante el último trienio mediante la poderosa Halliburton, que instaló filiales en Austria, Liechtenstein, Luxemburgo y Suiza.3 En Austria, la llamada Treuhand “certifica” el tránsito aduanal de las inversiones y las ganancias acumuladas, operaciones respaldadas por el código 1002, que autoriza la representación por un notario de los “contratados”, registrando sus nombres en una corporación. Esto asegura los derechos y emolumentos en el banco austriaco Bawag, en el UBS suizo y en bancos de Liechtenstein (acusados por Alemania de amasar fortunas libres de impuestos). También hay paraísos fiscales establecidos en países eurorientales.4 En varios Estados miembros de la UE han proliferado las “corporaciones privadas militares”, especialmente de Reino Unido, España, Italia, Alemania y Francia.

Las contratistas británicas son las más florecientes. Mark Thatcher (hijo de la exprimera ministra) está acusado de intentar un golpe de Estado contra Zimbabwe y de vender armas a Guinea Ecuatorial. El boyante BAE Systems Bofors ocupa el cuarto lugar mundial en la comercialización de la guerra. Cifras conservadoras señalan una ganancia de aproximadamente 1 600 millones de dólares en Irak para varias entidades británicas o estadounidense-británicas, tales como Vinnel Corp, Custer Batle, Armor Group, Krol Security Internacional, Global Risk Strategic, Meteoric Tactical Solutions, Trig Guard Risk y Globo Risk. A pesar de la actual crisis mundial, el departamento británico para la Ayuda Internacional al Desarrollo (DAID) demostró cuán decisiva es la seguridad de su personal en Irak, al desembolsar 278 millones de libras esterlinas (500 millones de dólares). Otra de las “motivaciones” aplicadas por la industria mercenaria es la concesión del derecho de residencia a los “gurkhas”5 que hayan auxiliado al ejército británico en India, Hong Kong y Las Malvinas.6

Resulta interesante seguir las huellas de la transnacionalización armamentista, que a la vez provee a los mal llamados contratistas. Tal es el caso del mencionado BAE Systems, fusionado con Aerospatiale para crear la Compañía de Defensa Aeronáutica y Espacial (EADS), a la que se unió la española CASA desde 1999; con un conglomerado anglo-germano. La interrelación se extiende a la italiana Marconi Electronic; lo que representa un emporio paramilitar de cuatro, o tal vez de más nacionalidades.

Las compañías militares españolas parecen ocupar el segundo lugar en competitividad, integradas primordialmente por ex militares, con mano de obra más barata que las británicas. Los títulos en otros idiomas esconden su origen, por ejemplo: Hallmark Security Solutions (HSS), con “oficinas” en la calle Antonio López de Santander (desde 2006 ha participado en operaciones militares en Jordania, Irak y Haití junto a contratistas estadounidenses). El Servicio Global de Seguridad e Inteligencia (SGSI) está presente en Irak, Israel, Guinea Ecuatorial y Nigeria (en esta última contratada por los consorcios Exxon y AGIP). Es la primera compañía militar privada ibérica, fundada en 1995, y la principal financiera ubicada en el Peñón de Gibraltar, que según la OCDE7, se halla entre los 35 mayores paraísos fiscales del mundo. SGSI también integra el grupo sionista israelí, Hyzanami bajo el registro mercantil SGSI GROUP 2007 Sl, con domicilio social en Málaga. Con tal asociación es previsible que los mercenarios españoles se encuentren en cualquier “oscuro rincón” del Medio Oriente.

Desentrañar la comercialización bélica francesa e italiana resulta más difícil aún. La primera, debido a la alta sofisticación de sus redes de inteligencia. Hay juicios pendientes sobre el tráfico de armas y hombres en Angola durante los años 90 (involucrados el ex ministro del Interior, Charles Pascua y el hijo del expresidente, François Miterrand). Entonces los servicios secretos franceses se apoyaron en la “sociedad” eslovaca, ZTZ Osos, que legalizó sus acciones.8 Decenios antes empresas y mercenarios actuaron en las Comores y Haití. Proyectos más osados fueron impulsados por los franceses en diciembre de 2009, que imitan la “comunidad de inteligencia del aliado estadounidense, a modo de paraguas de todas las agencias de inteligencia y seguridad. El nombre adoptado para la entidad fue Conseil de Défense et de Sécurité Nationales (CDSN).9 El hallazgo sobre el empresariado-militar italiano resulta más difícil aún, porque su capital inversionista es menor, lo que lo lleva a asociarse con otros países. No obstante, DTS Security Limited “protege” al personal de una multinacional para la reconstrucción administrativa iraquí, bajo la categoría de guardaespaldas, con un salario de 6 000 dólares mensuales, elevado a 9 mil cuando custodia a los estadounidenses.

Dinamarca, con menos dinero, cuenta con un centenar de hombres, contratados por la compañía Ferris, mejor apertrechados en Afganistán que los llamados soldados de cuartel. Igualmente el informe anual emitido por la Agencia Nacional de Seguridad búlgara ha revelado la influencia sobre organizaciones delictivas, de algunos ministros y agencias estatales, empeñadas en acciones antiterroristas.

¿Hasta dónde llegarán los contratados europeos? No puede predecirse, como tampoco delimitarse si responden a empresas mercenarias o a instituciones. Venezuela y Bolivia, por ejemplo, han sido objeto de intentos de magnicidio y de atentados en los que han estado involucrados mercenarios de origen español, croata, húngaro, checo, montenegrino, francés e irlandés….La reacción inmediata gubernamental de los países de procedencia ha sido negarlo, desde luego.10

Los mecanismos establecidos para deslindar la responsabilidad gubernamental de la privada resultan eficaces cuando trascienden las acciones subversivas o la participación militar en escenarios “no convenientes” en cualquier parte del mundo o para defender a los aliados. Pocos mencionan que el creciente mercenarismo viola el Derecho Internacional y los derechos humanos. Basado en la confianza del cliente y en el ánimo de lucro, sustituye el protagonismo estatal sobre la defensa, modificando la estructura de sus ejércitos.

Este modus operandi convierte la impunidad en una divisa, extiende sus tentáculos a cualquier escenario bélico o que difiera de lo que desearían los gobiernos de países ricos para los tercermundistas, mitiga el presupuesto público destinado a la guerra, esconde los fallecidos durante las guerras de agresión y las torturas contra los agredidos. Todo ello nos obliga a retomar la esencia de una palabra, no de su escritura. ¿Contratistas o mercenarios? La respuesta nos pertenece sólo a quienes sufrimos sus efectos.

Leyla Carrillo Ramírez. Centro de Estudios Europeos

La Habana, 23 de abril de 2010

Notas:

1 DIAGONAL, LUCHAS MARCO. “Los nuevos mercenarios made in Spain”. En: www.rebelion.org.

2 7mo período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, Ginebra. A/HRC/7/7 add , 5 de marzo de 2008.

3 Todos con paraísos fiscales, favorecidos mediante la exención de impuestos derivados de los Acuerdos Schengen.

4 BENETT JODY RAY. “Dinero escondido, operaciones encubiertas”. International Relations and Security Netwerk (ISN). http://www.isn.ethz.ch/sn/Current-Affairs/Security-Watch/Detail.

5 Ghurkas: minoría nepalesa.

6 SMITH, JACQUI. Declaraciones de la Ministra del Interior, 21 de mayo de 2010. http://www.guardian.co.uk

7 OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

8 AFP, París, 11 de febrero de 2010

9 LICHFIELD, JOHN “Sarko creará una escuela para espías”. The Independent, Londres. 12 de enero de 2010. http://www.pagina12.com.ar/diario/el mundo

10 ALLARD, JEAN GUY ALLARD y GOLINGER, EVA. “LA AGRESION PERMANENTE”. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Caracas, oct 2009.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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sábado, 13 de febrero de 2010

El Ministro del Interior de Iraq Expulsa a 250 Guardias de Blackwater


Al-Manar
11/02/2010

El ministro del Interior iraquí dijo el jueves que había ordenado a 250 antiguos empleados de la empresa de seguridad norteamericana Blackwater, cuyos guardias fueron acusados de matar a civiles desarmados en Bagdad, que abandonen el país.

“Hemos enviado una orden a 250 antiguos empleados de Blackwater, que hoy están trabajando para otras compañías de seguridad en Iraq, para que abandonen el país en siete días y hemos confiscado sus permisos de residencia,” dijo Yawad Bolani.

“Todos los que están en esta situación recibieron una notificación hace cuatro días así que tienen tres para salir. Esta decisión fue tomada en relación con el crimen que tuvo lugar en la Plaza Nisur.”

Bolani se estaba refiriendo a un incidente en una concurrida plaza de Bagdad en septiembre de 2007, cuando cinco guardias que trabajaban para Blackwater fueron acusados de asesinar a 14 iraquíes desarmados y de herir a otros 18. Sin embargo, un tribunal norteamericano absolvió a aquellos.

El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, anunció durante un viaje a Bagdad el pasado mes que el gobierno de EEUU apelaría la decisión.

El gobierno de Bagdad mantiene que 17 personas fallecieron a manos de los guardias, que formaban parte de un convoy de vehículos blindados.

Blackwater cambió su nombre en febrero de 2009, después de que la compañía afirmara que los escándalos estaban socavando su reputación.

Los críticos, sin embargo, han señalado que el cambio de nombre fue sólo un intento de lavar la imagen de la compañía se ha visto ensombrecida por una supuesta cultura de ilegalidad y falta de responsabilidad entre su personal.

En diciembre, el New York Times señaló que Blackwater había tomado parte en misiones de la CIA para capturar o matar a insurgentes en Iraq y Afganistán.

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martes, 29 de diciembre de 2009

Mercenarios del siglo XXI


29 de diciembre de 2009
Manuel E. Yepe

Desde que surgieron las primeras guerras organizadas entre los primitivos grupos humanos hasta los actuales ejércitos permanentes, los contendientes han suplementado sus fuerzas militares con mercenarios.

Originalmente, los mercenarios eran soldados profesionales que vendían sus servicios para combatir por cualquier Estado o nación sin que mediara en ello algún sentimiento patriótico o convicción política. Hoy, la forma más repudiada de mercenarismo, sancionada por las leyes de cualquier país, es la de servir a un gobierno extranjero contra la patria propia, a cambio de un pago u otra forma de retribución material.

La captación de mercenarios dentro de las filas enemigas para fines de espionaje, subversión y desestabilización del adversario ha sido siempre característica de los enfrentamientos asimétricos en el plano de los recursos económicos de las partes en pugna.


Aunque la utilización de mercenarios por parte de las grandes potencias europeas tiene larga historia, es Estados Unidos el país que más ha sistematizado la práctica hasta hacerla cotidiana. La cifra de mercenarios que emplea Washington en el planeta es prácticamente incalculable. Sus fuerzas militares se apoyan, crecientemente, en el uso de extranjeros de países pobres del tercer mundo, reclutados mediante oferta de facilidades migratorias para ingresar y trabajar en la opulenta nación norteamericana si se logra sobrevivir la guerra de agresión que se esté librando, aunque no sea la guerra el único fin del reclutamiento.


En América Latina, Estados Unidos se vale ampliamente del mercenarismo para procurar sus fines hegemónicos, circunstancia que ha llegado a ser aceptada como algo lógico y hasta permisible, por el elevado nivel de corrupción que la superpotencia ha logrado introducir en la política de los países del área imponiendo los patrones de una “democracia representativa” a su imagen y semejanza.


En sus relaciones con Cuba, al triunfo de la revolución en la isla, Estados Unidos pudo reclutar cientos de mercenarios entre los prófugos de la justicia que, durante la sanguinaria tiranía de Batista, habían tenido vínculos con Washington o sus agencias y empresas transnacionales radicadas en la semi colonia.


Algún tiempo después, le fue fácil captar a muchos servidores entre los afectados por las medidas revolucionarias de recuperación de valores malversados, de reforma agraria, de reforma urbana y otras para la justicia social que entonces se promulgaban.


En tales canteras principales fueron reclutados los mercenarios invasores derrotados en la Bahia de Cochinos en abril de 1961.


Después, por muchos años, Washington ha mantenido la práctica de reclutar mercenarios en Cuba para ejecutar acciones terroristas, sabotajes y propaganda contrarrevolucionaria por conducto de sus agencias de inteligencia y subversión, como complemento de las que ejecutan con fuerzas propias y mercenarios reclutados en territorio estadounidense o en terceros países.


Cuando, finalizada la guerra fría, todos suponían que se atenuaría el enfrentamiento entre ambos costas del Estrecho de la Florida porque había cesado el pretexto para “sancionar a Cuba por su alianza con la URSS”, Estados Unidos decidió, por el contrario, infensificar su ofensiva apostando a que la isla no podría resistir en las condiciones de un aislamiento que, en lo adelante, sería absoluto.


La superpotencia se proclamó nada menos que juez vigilante del respeto por los derechos humanos en la isla, un tema en el que Cuba es paradigma a nivel mundial y Norteamérica sistemático transgresor.


La Casa Blanca dejó de disimular su apoyo a los grupos terroristas cubanos de Miami y comenzó a manejar abiertamente el tema de los dineros públicos que, con aprobación congresional, dedica a promover una “transición a la democracia en Cuba”.


Aunque la mayor parte del dinero siguió yendo a parar a manos de corruptos dirigentes de organizaciones contrarrevolucionarias de Miami que se enriquecieron prometiendo año tras año la pronta derrota de la revolución, algún dinero llegaba a sus mercenarios en Cuba por conducto de supuestas organizaciones no gubernamentales (fachadas de la CIA), o directamente, por medio de la Oficina de Intereses que atiende los cuestiones oficiales de EEUU en La Habana.


Parte de ellos desempeñan sus funciones clandestinamente, pero otros lo hacen representando públicamente (hacia el exterior) papeles de dirigentes políticos, periodistas, activistas humanitarios, bibliotecarios y otros perfiles, en función de ruidosas campañas de difamación contra su patria. Estos últimos generalmente averg-enzan a sus familiares y vecinos que conocen de su actitud mercenaria.


(En 2003, el gobierno cubano entregó a la justicia a casi un centenar de estos mercenarios cuya culpabilidad, en la mayoría de los casos, pudo ser evidenciada ante los tribunales. La severa sanción impuesta por los tribunales cubanos nutrió la campaña difamatoria contra la isla tan intensamente que, a más de un lustro, quedan quienes siguen creyendo el cuento de “los 75 disidentes encarcelados por Castro injustamente”, y algunos medios lo recuerdan cual si hubiera sido en verdad una ilegalidad la condena judicial).


Cuando la CIA ha estimado conveniente magnificar el expediente a algún mercenario, le publica libros, le fabrica premios y le divulga falsos méritos en los medios que controla en todo el mundo, para convertirlos en sobresalientes personalidades que no son realmente. De tal manera, Washington se ha adjudicado el mérito de haber alistado contra su patria a virtuosos artistas, escritores, científicos, periodistas, poetas y hasta a una bloguera que en verdad son solo notables por su inescrupulosidad, codicia y desmedida ambición de lucro.

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

La privatización de las guerras


22 de diciembre de 2009
Manuel E. Yepe

Las modernas Firmas Privadas Militares, en inglés Private Military Firms o PMFs, también identificadas como “compañías privadas de seguridad” o “compañías proveedoras de servicios militares”, son las tradicionales firmas empleadoras de guardias armados, compañías suministradoras de material de defensa, entrenadores militares y consultores ofertantes de consejos sobre estrategia, que han resurgido con mayores empeños y ambiciones tras el fin de la guerra fría, en la última década del siglo XX.
A diferencia de las tradicionales industrias militares, las PMFs operan en las zonas de combate y en otras áreas donde la violencia puede ser inminente. Venden sus servicios a gobiernos de países, grandes corporaciones y compañías privadas, así como a sardónicas agencias de ayuda humanitaria y cualquier otro cliente.

En Europa, durante el siglo XV proliferaron las “compañías libres” de soldados suizos, italianos y alemanes que vendían sus servicios a príncipes y duques. En el siglo XVIII hubo regimientos suizos que constituían formaciones élites en los ejércitos regulares de varios países.

Pero, a partir de ese mismo siglo XVIII, los mercenarios fueron, mayormente, soldados de fortuna actuando individualmente. Tras la Segunda Guerra Mundial, se extendió la práctica de su contratación en África y países coloniales de otras regiones del tercer mundo.

El crecimiento y multiplicación de las PMF a raíz de la extinción de la Unión Soviética, se relaciona con el sentimiento de que los peligros de guerra mundial habían desaparecido o estaban en proceso de extinguirse. Pero, además y sobre todo, a la tendencia a la privatización de los servicios antes prestados por los gobiernos, como parte del esquema neoliberal estimulador de la empresa privada y del debilitamiento del papel de los Estados que pretendían imponer en todo el mundo los vencedores de la guerra fría, guiados por Wall Street más que por la Casa Blanca o el Pentágono.

Las fuerzas armadas fueron llamadas a cumplir sus misiones defensivas con menos barcos, aviones, y personal, dejando muchas de sus funciones de retaguardia (como la reparación de tanques, entrenamiento de pilotos, elaboración de alimentos, etc.) a cargo de las empresas civiles privadas.

Pero la paz que se avizoraba no se avenía a los intereses del imperio, necesitado por muchos motivos de guerras para resolver sus graves contradicciones económicas en una coyuntura crítica.

Desaparecido el peligro que representaba la URSS para la hegemonía estadounidense en el planeta, sin otra superpotencia que justificara enormes inyecciones de recursos a la industria armamentista, Washington encontró un contendiente que presentó credenciales el 11 de septiembre de 2001: los países pequeños del tercer mundo utilizando malévolos métodos terroristas.

Mágica solución que ha permitido que Estados Unidos acreciente, en vez de reducir, sus presupuestos militares.

A partir de la declaración de “guerra al terrorismo” formulada por el gobierno de Estados Unidos tras aquel repudiable acto en Nueva York y Washington que dejó tres mil víctimas civiles, el negocio de las PMFs ha florecido de manera inusitada.

Las agencias de espionaje y subversión del gobierno utilizan crecientemente para la obtención y análisis de inteligencia los servicios de la industria militar privatizada que ya cuenta con más personal en los escenarios bélicos en Irak, Afganistán y Pakistán que la propia CIA y experimenta un significativo impulso en otras áreas del mundo.

Recientemente, las agencias de prensa divulgaron que un contratista del gobierno de Estados Unidos había sido detenido en La Habana cuando repartía teléfonos celulares, computadoras y otros equipos de comunicación a grupos contrarrevolucionarios. Se supo que el funcionario trabajaba para la Development Alternatives, Incorporated (DAI), importante PDF contratista del Departamento de Estado, la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID) y el Pentágono que, en realidad, es una de las supuestas empresas privadas que han estado asumiendo funciones que antes desarrollaba la CIA por intermedio de sus redes clandestinas.

Con un abultado expediente contra Venezuela que incluye su involucramiento en el golpe de estado a Chávez en 2002 y el diseño de la guerra mediática contra el gobierno venezolano, la DAI opera también en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana y El Salvador, así como en muchos otros países, incluyendo Afganistán.

Se conocen, además, otras PDFs que trabajan en el campo del espionaje, la inteligencia y la subversión: la National Endowment for Democracy (NED), la Oficina de Iniciativas para la Transición (OTI), el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Demócrata Nacional (NDI), Freedom House, y la Pan American Development Foundation (PADF) que nutren sus finanzas a partir de contratos con organizaciones estadounidenses de las que se sirve la CIA para ejecutar sus funciones contra gobiernos y naciones que oponen sus soberanías a la hegemonía de Washington en todo el planeta.

Las PDFs son expresión de una dramática fusión de métodos neoliberales con la proyección unilateral-militarista estadounidense de reafirmación imperial, pretextando luchar contra el terrorismo.

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domingo, 27 de septiembre de 2009


27-09-2009

Vídeo difundido por Al Jazeera
Paramilitar contratado por Rosales admite plan de magnicidio contra el Presidente Chávez

VTV


Manuel Rosales ofreció $25 millones para asesinar al presidente Chávez, asegura paramilitar. Actualmente, en Venezuela hay más de 2 mil 500 paramilitares que tienen por misión asesinar al primer mandatario y desestabilizar el país, afirmó el mercenario. Testimonio difundido por Al Jazeera confirma información dada por El Nuevo Herald.


En un segmento de noticias, la televisora Al Jazeera presentó un video, obtenido desde Colombia, de la entrevista hecha por los investigadores colombianos al paramilitar y sicario colombiano, Geovanny Velasquéz Zambrano, desde la carcel.

En la entrevista, la cual Al Jazeera obtuvo de forma exclusiva, el paramilitar colombiano confirma que un "político venezolano de mucha riqueza", de nombre Manuel Rosales, le ofreció 25 millones de dólares para asesinar al Presidente Chávez de cualquier manera. La conversación con Rosales, uno de los opositores más reaccionarios contra el Presidente Chávez, tuvo lugar durante una reunión secreta en el año 1999, en donde asistieron varios líderes paramilitares. Rosales dijo que él mismo estaría encargado del complot para asesinar al Presidente.

Primero, los paramilitares contratados para el plan de asesinato del presidente fueron a Catamumbo en la frontera con Venezuela para entrenarse. Luego, en el 2004, casi 100 paramilitares fueron detenidos en las afueras de Caracas, en la finca de Roberto Alonso, otro miembro de la oposición violenta, y los acusaron de participar en un plan para asesinar al presidente. El paramilitar colombiano afirma que actualmente hay más de 2 mil 500 paramilitares en Venezuela con el fin de asesinar al Presidente y el objetivo de desestabilizar al país.

Aunque el plan del magnicidio contra el Presidente Chávez ha sido denunciado en varias ocasiones, la prensa internacional y la oposición venezolana lo han ridiculizado. Sin embargo, la presencia de paramilitares colombianos en territorio venezolano es de conocimiento abierto.

Esta nueva revelación, de la boca de uno de los participantes, confirma lo que se ha venido denunciando hace tiempo: Colombia ha estado infiltrando paramilitares en el país para intentar desestabilizar a Venezuela, desde adentro.

También confirma que obviamente, Manuel Rosales no se fue del país para pedir asilo político en Perú por los cargos de corrupción en su contra, sino que sabía que algun día, la verdad sobre su participación en un plan de magnicidio saldría a la luz pública.

Con esta información confirmada, el Estado venezolano tiene el derecho de solicitar la extradición de Rosales, ya que el asilo político no se puede otorgar a un criminal.

Artículo original en inglés: http://www.chavezcode.com/2009/09/exclusive-assassination-attempt-against.html
Fuente: http://vtv.gob.ve/noticias-nacionales/24105

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viernes, 28 de agosto de 2009

Tirando a Blackwater por el water


29-08-2009
Jeremy Scahill
The Nation

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Blackwater, la compañía de mercenarios privados propiedad de Erik Prince, ha vuelto a constituirse en centro de la atención pública ante una serie de revelaciones asombrosas sobre su papel en los programas secretos de EEUU. Desde al menos el año 2002, Blackwater está trabajando en Afganistán y Pakistán para la CIA con contratos “negros”.

El 19 de agosto, el New York Times revelaba que la compañía era, de hecho, la pieza central de un programa de asesinatos de la CIA que supuestamente Dick Cheney ordenó perpetrar ocultándoselo al Congreso.

El documento informaba que Blackwater continúa ocupando un papel esencial en la ampliada guerra aérea en Pakistán y Afganistán, donde se encarga de equipar y armar los aviones teledirigidos. Estas revelaciones son continuación de las acusaciones –efectuadas bajo juramento por ex empleados de Blackwater- de que Prince asesinó o facilitó el asesinato de potenciales informantes del gobierno y que “se consideraba a sí mismo como una especie de cruzado cristiano que tenía encomendada la tarea de eliminar la fe islámica y los musulmanes del planeta”.
Además, Blackwater está siendo investigada por el Departamento de Justicia por una serie de posibles delitos, que van desde contrabando de armas a homicidios, y también por el del Tesoro por posible evasión de impuestos. Asimismo, está teniendo que hacer frente a demandas en los tribunales federales por acusaciones de crímenes de guerra y asesinatos extrajudiciales. Dos de sus hombres han sido declarados culpables de la acusación de contrabando de armas; otro, culpable del homicidio de un civil iraquí sin que mediara provocación, y otros cinco han sido acusados de crímenes similares. El ejército estadounidense está investigando la matanza de civiles perpetrada por Blackwater en Afganistán el pasado mes de mayo, y están apareciendo informes de que la compañía puede estar también implicada en el programa de entregas extraordinarias.
Pero, a pesar de todos esos estigmas, la administración Obama continúa manteniendo a Blackwater en la nómina del gobierno. En Afganistán y Pakistán, Blackwater sigue trabajando para la CIA, para el Departamento de Estado y para el de Defensa por la friolera de cientos de millones de dólares, y su continuada presencia es un indicador de lo muy atrincheradas que están las corporaciones privadas en la maquinaria bélica estadounidense. EEUU está desplegando actualmente en Afganistán más fuerzas privadas (74.000) que soldados de uniforme (57.000). Aunque la mayoría de esos contratistas no van armados, un número considerable de ellos sí lleva armas y sus filas siguen creciendo. Un censo reciente del Departamento de Defensa informaba que el 30 de junio, los contratistas armados en Afganistán del Departamento de Defensa habían aumentado en un 20% respecto al primer trimestre de 2009.
Con la excepción de unos pocos congresistas, especialmente los representantes Henry Waxman y Jan Schakowsky, el Congreso ha permitido que la utilización de contratistas militares privados quede en gran medida sin control. Pero las recientes revelaciones acerca de las actividades secretas de Blackwater puede que finalmente fuercen al Congreso a tomar cartas en el asunto. Al menos, debería exigir a la administración Obama que revele todos los contratos federales firmados en el pasado y en la actualidad con todas las compañías y filiales de Prince, incluidas las que están registradas en el exterior.
El Congreso puede asumir la iniciativa de Schakowsky y preguntarle a la administración Obama por qué sigue trabajando con Blackwater. Schakowsky le ha pedido a la Secretaria de Estado Hillary Clinton y al Secretario de Defensa Robert Gates que revisen todos los contratos existentes con la compañía y que no concedan ninguno más a sus muchas filiales. Los comités de inteligencia del Congreso deberían también llevar a cabo una amplia investigación sobre las implicaciones de Blackwater en el programa de asesinatos de la CIA. ¿Están implicados los operativos de Blackwater en los últimos asesinatos? ¿Quién aprobó que la compañía se implicara en ellos? ¿Se notificó al Congreso? ¿Hasta qué nivel de la cadena de mando llegó la relación secreta con la compañía? ¿Actuaba también Blackwater en suelo estadounidense? ¿Qué papel, si es que tuvo alguno, jugó Blackwater en el transporte secreto de prisioneros?
La investigación debe incluir también el testimonio bajo juramento de antiguo altos oficiales de la CIA que fueron después contratados o pagados por Blackwater. Entre estos están Alvin “Buzzy” Krongard, el ex número tres de la agencia, que fue quien le dio a Blackwater el primer contrato de la CIA, incorporándose más tarde a la junta de la compañía, y J. Cofer Black, el ex director de la unidad de contraterrorismo de la CIA, que dirigió el programa de asesinatos. Black se convirtió después en el vicepresidente de Blackwater y dirigió las denominadas Total Intelligence Solutions, la CIA privada de Prince. Las Total Intelligence han sido simultáneamente utilizadas por el gobierno de EEUU, gobiernos extranjeros y compañías privadas, un acuerdo que puede haber creado diversos conflictos de intereses que los comités de inteligencia del Senado y del Congreso están obligados a investigar. El Congreso debería también averiguar si la seguridad nacional está comprometida en el momento en que los conocimientos, los contactos y el acceso de antiguos altos funcionarios de la CIA como Black y Krongard se ofertan en el mercado abierto.
John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, ha cuestionado que Blackwater utilizara la autorización del Departamento de Estado como tapadera para reunir información para los asesinatos selectivos. Kerry debería celebrar vistas en las que Hillary Clinton y Condoleeza Rice deberían ser obligadas a testificar sobre la materia. Los comités de supervisión deberían probar las acusaciones de que Blackwater estuvo implicada en el contrabando de armas y en los asesinatos extrajudiciales en Iraq, mientras los comités que se ocupan de los asuntos militares deberían investigar el impacto que las acciones de Blackwater han tenido en Iraq en la seguridad de las tropas estadounidenses. Un activo inestimable para esas investigaciones podría ser la comisión para los contratos en tiempo de guerra, establecida por los Senadores Jim Webb y Claire McCaskill. Finalmente, el Departamento de Justicia debería probar las acusaciones de asesinato, contrabando y otros delitos contra Prince y sus ejecutivos.
Con todas estas historias, Blackwater se ha probado a sí misma que es como una especie de juego del whack-a-mole [*]: que reaparece una y otra vez. A pesar de que el gobierno iraquí proscribió a la compañía, sus operativos siguen allí dos años después de que se produjera la masacre de la Plaza Nisour de septiembre de 2007, en la que mataron a tiros a diecisiete civiles iraquíes. Esta resistencia significa que la investigación de la compañía debe ser global y debe estar coordinada.
Por último, es un error pensar que Blackwater es el único problema. En Iraq, por ejemplo, la administración Obama está sustituyendo a Blackwater con la contratista privada Triple Canopy, que, además de contratar a algunos de los hombres de Blackwater, tiene su propio y cuestionable historial, que incluye acusaciones de disparar a civiles y alquilar soldados de países con una historial de abusos de los derechos humanos. Blackwater no es más que una de las frutas del árbol podrido de las subcontratas militares. Es fundamental que el Congreso se enfrente a los profundos vínculos entre los beneficios de las corporaciones en las guerras estadounidenses y las letales operaciones secretas.
N. de la T.:
[*] Whack-a-mole, su traducción literal sería la de “atízale al topo”, se designa así a uno de los juegos típicos para niños que hay en las ferias y en el que tienes que golpear con una maza a los topos que salen de los agujeros para volverlos a meter dentro.
Enlace con texto original:
www.thenation.com/doc/20090914/scahill

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