05-11-2009
Aamir Latif
IOL/ICH
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
El envalentonado movimiento talibán en Afganistán rechazó una oferta estadounidense de compartir el poder a cambio de la aceptación de tropas extranjeras, confirmaron fuentes del gobierno afgano.
“Negociadores de EE.UU. habían ofrecido a la dirigencia talibán a través de Mullah Wakil Ahmed Mutawakkil (ex ministro de exteriores talibán) que si aceptan la presencia de tropas de la OTAN en Afganistán recibirán los gobiernos de seis provincias en el sur y el noreste", declaró un alto funcionario del ministerio de exteriores afgano a IslamOnline.net bajo condición de anonimato, ya que no está autorizado para discutir el delicado tema con los medios.
Dijo que las conversaciones, negociadas por Arabia Saudí y Turquía, continuaron durante semanas en diferentes lugares, incluida la capital afgana, Kabul.
Arabia Saudí, junto con Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos, fueron los únicos Estados que reconocieron al régimen talibán que gobernó Afganistán desde 1996 hasta 2001.
Según se informa, el primer ministro turco Recep Erodgan ha estado activo en las conversaciones de negociación entre las dos partes.
Sus emisarios también están en contacto con Hizb-e-Islami (del ex Primer Ministro Gulbadin Hikmatyar) porque es un importante factor en el noreste de Afganistán.
Un portavoz talibán admitió conversaciones indirectas con EE.UU.
“Sí, hubo algunas conversaciones indirectas, pero no dieron resultado,” dijo a IOL Yousaf Ahmedi, portavoz talibán en el sur de Afganistán, desde un sitio desconocido vía teléfono satelital.
“Hay alguna gente que transmite los mensajes (de los talibanes y de EE.UU.) pero no hubo conversaciones directas entre nosotros y EE.UU.,” explicó.
Fuentes afganas y talibanes dijeron que Mutawakkil y Mullah Mohammad Zaeef, ex enviado a Pakistán que había participado en conversaciones anteriores, representaron al lado talibán en las recientes conversaciones.
La embajada de EE.UU. en Kabul desmintió la existencia de semejantes conversaciones.
“No, no tuvimos ninguna conversación con los talibanes,” dijo a IOL desde Kabul la portavoz de la embajada Cathaline Haydan.
Al preguntarle si EE.UU. había ofrecido alguna fórmula para compartir el poder a los talibanes, dijo que no sabía nada sobre una oferta semejante.
“No sé nada sobre alguna conversación específica y el caso del que usted habla no es verdad.”
Provincias por bases
Las fuentes afirman que por primera vez los negociadores estadounidenses no insistieron en la fórmula “menos Mullah Omar”, que había constituido el principal obstáculo en conversaciones anteriores entre las dos partes.
Según se informa, los estadounidenses ofrecieron a los talibanes una posibilidad de compartir el poder a cambio de la aceptación de la presencia de tropas extranjeras.
“EE.UU. quiere 8 bases del ejército y de la fuerza aérea en diferentes partes de Afganistán a fin de encarar la posible reagrupación de la red al Qaeda,” dijo el alto funcionario.
Mencionó los posibles sitios de las bases como Mazar-e-Sharif y Badakshan en el norte, Kandahar en el sur, Kabul, Herat en el oeste, Jalalabad en el noreste y Ghazni y Faryab en Afganistán central.
A cambio, EE.UU. ofreció a los talibanes los gobiernos de las provincias sureñas de Kandahar, Zabul, Helmand y Orazgan así como de las provincias nororientales de Nuristán y Kunar.
Esas provincias forman el epicentro de la resistencia contra las fuerzas extranjeras dirigidas por EE.UU. y se consideran bastiones de los talibanes.
Orazgan y Helmand son las provincias de origen del supremo comandante de los talibanes, Mullah Omar, y del presidente afgano Hamid Karzai.
“Pero los talibanes no estuvieron de acuerdo,” dijo el alto oficial.
“Su exigencia era que EE.UU. tenía que presentar una fecha para su retirada si quiere que las negociaciones continúen.”
Ahmedi, el portavoz talibán sobre Afganistán meridional, confirmó su posición esencial.
“Nuestro punto de vista está muy claro, a menos que las fuerzas extranjeras se vayan de Afganistán, ninguna conversación tendrá éxito.”
Los talibanes gobernantes fueron derrocados por EE.UU., que invadió Afganistán poco después de los ataques del 11-S en 2001.
Desde entonces, los talibanes se han involucrado en una prolongada guerra de guerrillas contra las tropas extranjeras dirigidas por EE.UU. y el gobierno de Karzai.
Aamir Latif es corresponsal de IslamOnline.net
Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article23861.htm
jueves, 5 de noviembre de 2009
Los talibanes rechazan la oferta de EE.UU. de 6 provincias por 8 bases
Seis indicios de que se aproxima el prematuro fin del imperio usamericano
05-11-2009
Michael T. Klare
alternet.org
Traducción del inglés para Rebelión y Tlaxcala de Atenea Acevedo
Memorándum para la CIA: tal vez no estén preparados para viajar en el tiempo, pero... ¡les doy la bienvenida al año 2025! Puede que encuentren sus habitaciones un poco pequeñas, que el privilegio de exigir un alojamiento mejor se haya esfumado y que las instalaciones no sean de su gusto, pero más vale que se acostumbren. Así serán las cosas de ahora en adelante.
Bien, vayamos a la versión seria del párrafo anterior: en noviembre de 2008 el Consejo Nacional de Inteligencia (NIC), una filial de la CIA, publicó el más reciente volumen de una serie de publicaciones futuristas pensada para orientar al gobierno entrante de Obama. Con la mirada fija en su bola de cristal, el NIC predijo en un informe titulado Tendencias mundiales 2025 que el predominio usamericano en el globo desaparecería gradualmente en el transcurso de los próximos 15 años al tiempo que surgirían nuevas potencias mundiales, particularmente China y la India. El informe analiza muchas facetas del futuro entorno estratégico, pero su conclusión más extraordinaria y digna de convertirse en noticia fue la proyectada erosión del dominio usamericano en el largo plazo y el surgimiento de nuevos rivales mundiales: “Aunque es probable que Usamérica siga siendo la única superpotencia [en 2025], su fuerza relativa menguará, incluso en el ámbito militar, y su influencia se verá limitada”, afirma de manera lapidaria.
Aquellos fueron otros tiempos. Hoy, tras 11 meses de aquel “futuro”... vaya, que la situación es otra. Las predicciones futuristas tendrán que ajustarse a los vertiginosos cambios que marcan la realidad del momento. Aunque el informe se publicó después del inicio de la debacle económica mundial, los contenidos se redactaron antes de que la crisis alcanzara sus proporciones reales y, por ende, enfatiza que la caída del poder usamericano será gradual y se dará en un lapso de 15 años. Sin embargo, la crisis económica y los hechos que la han acompañado han afectado drásticamente los plazos de ese pronóstico. El viraje del poderío mundial que predice el informe se ha acelerado como consecuencia de las colosales pérdidas económicas que ha sufrido Usamérica en el último año y de la apabullante recuperación económica de China. A todos los efectos prácticos, ya estamos en el año 2025.
En realidad, muchas de las predicciones generales y de largo alcance del informe Tendencias mundiales 2025 ya son hechos consumados. Brasil, Rusia, la India y China (países conocidos en conjunto como BRIC) ya desempeñan un papel mucho más asertivo en la economía mundial, tal como el informe citado afirmó que sucedería en el transcurso de aproximadamente diez años. Al mismo tiempo, el papel dominante en la escala mundial que alguna vez monopolizó Usamérica con la ayuda de las grandes potencias industrializadas occidentales (conocidas en conjunto como el G-7) se desvaneció a un ritmo sorprendente. Los países que alguna vez buscaron la guía de Usamérica ante problemáticas internacionales de peso ahora hacen caso omiso de la asesoría de Washington y crean sus propias redes políticas autónomas. Usamérica se muestra cada vez más reacia a desplegar sus fuerzas militares en el extranjero a medida que las potencias rivales incrementan sus propias capacidades y los actores no estatales confían en medios “asimétricos” de ataque para vencer la ventaja usamericana en la contienda convencional.
Parece que nadie habla de esto en voz alta (todavía), pero digámoslo sin ambages: no ha transcurrido ni un año del período de 15 del informe Tendencias mundiales 2025 y los días del predominio de Usamérica en el mundo ya llegaron a su fin. Tal vez tengan que pasar diez o veinte (o treinta) años para que los historiadores, con su mirada retrospectiva, afirmen con seguridad “Ese fue el momento en el que Usamérica dejó de ser la potencia dominante del planeta y se vio obligada a actuar como cualquier otro actor importante en un mundo de múltiples potencias rivales”. En todo caso, hay que prestar atención a los indicadores de esta gran transición.
Seis estaciones de paso camino a la tierra de las naciones comunes y corrientes
He aquí mi lista de seis acontecimientos recientes que marcan el adelantado inicio de “2025” al día de hoy. Se trata de hechos reseñados en las noticias en las últimas semanas, aun cuando no se hayan recopilado en un solo medio. Estos y otros acontecimientos similares representan un patrón y moldean, de hecho, una nueva era en ciernes.
1. Tras la cumbre mundial económica de Pittsburgh los días 24 y 25 de septiembre, los mandatarios del G-7, las principales potencias industrializadas (G-8 si incluimos a Rusia) acordaron turnar la responsabilidad de la supervisión de la economía mundial a un grupo más amplio: el G-20, que incluye, entre otros países en desarrollo, a China, la India, Brasil, y Turquía. Si bien han surgido dudas en cuanto a la capacidad de liderazgo mundial efectivo de este numeroso grupo, la decisión ciertamente revela un viraje en la ubicación del poder económico internacional de Occidente hacia el Este y el Sur globales. Dicho viraje indica, además, el sísmico declive del predominio económico de Usamérica.
“La verdadera relevancia del G-20 no radica en haber recibido el relevo de manos del G-7/G-8, sino del G-1: Usamérica”. Así lo escribió Jeffrey Sachs, de la Columbia University, en el Financial Times. “A lo largo de los 33 años de vida del foro económico del G-7 Usamérica tuvo la sartén económica por el mango”. Sachs también destaca que el deterioro del liderazgo usamericano en los últimos decenios se vio maquillado por su temprana delantera en el campo de la informática y por el colapso de la Unión Soviética, pero ahora es evidente que el poderío económico se desplaza de Usamérica hacia China y otros dínamos económicos emergentes.
2. Según las noticias, los rivales económicos de Usamérica realizan reuniones secretas y no tan secretas en las que analizan el papel menor del dólar usamericano (y la rápida caída de su valor) en el comercio internacional. Hasta ahora, el uso del dólar como medio internacional de intercambio le ha dado una ventaja económica importante a Usamérica: le basta imprimir billetes para cumplir con sus obligaciones por todo el mundo, mientras otros países deben convertir su moneda al dólar, lo que suele implicar un coste añadido nada desdeñable. Sin embargo, ahora muchos países con grandes volúmenes de comercio (entre ellos China, Rusia, Japón, Brasil y los países petroleros del Golfo Pérsico) están considerando migrar al euro o a una “canasta” de divisas como nuevo medio de intercambio. De adoptarse un plan de este tipo se aceleraría la estrepitosa caída del valor del dólar y se erosionaría aún más la influencia usamericana en la economía mundial.
Se dice que una reunión de ese tipo tuvo lugar este verano durante una cumbre de los denominados países BRIC. Un mero concepto hace un año, cuando la idea misma del BRIC fue concebida por el economista en jefe de Goldman Sachs, el consorcio BRIC se convirtió en una realidad tangible en junio pasado con la reunión inaugural convocada por los cuatro mandatarios de estos países en Yekaterinburg, Russia.
El mero hecho de que Brasil, Rusia, la India y China decidieran conformar un grupo resultó significativo: estos países poseen, en conjunto, alrededor de 43% de la población mundial y se espera que hacia 2030 representen 33% del PIB mundial, es decir, el mismo porcentaje que Usamérica y Europa Occidental tendrán para entonces. Si bien los mandatarios del BRIC han decidido no constituir por el momento una entidad permanente como el G-7, sí han acordado la coordinación de esfuerzos para trabajar en alternativas al dólar y reformar el Fondo Monetario Internacional con miras a que los países no occidentales tengan más peso en dicho organismo.
3. En el ámbito diplomático, Washington ha sido rechazado tanto por Rusia como por China en lo que respecta a su búsqueda de apoyo a fin de incrementar la presión internacional para que Irán detenga su programa de armamento nuclear. Un mes después de que el presidente Obama cancelara los planes de instalar un escudo antimisiles en Europa del Este a guisa de aparente intento de asegurar el respaldo ruso de una postura más firme hacia Teherán, la clase política rusa ha dejado claro que no pretende refrendar nuevas y rígidas sanciones en contra de Irán. “No tenemos la menor duda de que, en la situación actual, las amenazas, las sanciones y las advertencias de presión serían contraproducentes”, declaró Sergei V. Lavrov, ministro de Exteriores de Rusia, después de reunirse el 13 de octubre en Moscú con Hillary Clinton, secretaria de Estado usamericana. Al día siguiente, el primer ministro ruso, Vladimir Putin, comentó que amenazar con sanciones era “prematuro”. Dados los riesgos políticos en los que incurrió Obama al cancelar el escudo antimisiles (medida ampliamente reprobada por el ala republicana en Washington), el rápido rechazo de Moscú a las peticiones usamericanas de cooperación en el tema del armamento iraní solo puede interpretarse como una señal más del debilitamiento de la influencia usamericana.
4. Lo mismo puede inferirse de la reunión de alto nivel celebrada en Pekín el pasado 15 de octubre entre Wen Jiabao, Primer Ministro chino, y Mohammed Reza Rahimi, primer vicepresidente iraní. “La relación entre China e Irán acusa una rápida evolución en la que los dirigentes de ambos países mantienen intercambios frecuentes y amplían y profundizan sus lazos de cooperación comercial y energética”, afirmó Wen Jiabao en el Gran Palacio del Pueblo. En un momento en el que Usamérica está enfrascada en decididas maniobras diplomáticas a fin de persuadir a China y a Rusia, entre otros países, de suavizar sus vínculos comerciales con Irán a modo de preludio de sanciones más rígidas, las declaraciones del gobierno chino no pueden sino considerarse como un claro revés para Washington.
5. Desde el punto de vista de Washington, los esfuerzos por afianzar el apoyo internacional en favor de una guerra de aliados en Afganistán también han topado con una respuesta por demás decepcionante. En un gesto que no puede considerarse más que un trivial voto a regañadientes para apoyar la guerra liderada por Usamérica, Gordon Brown, primer ministro británico anunció el 14 de octubre que su país añadiría más tropas al contingente británico en Afganistán... pero únicamente 500 soldados siempre y cuando otros gobiernos europeos incrementaran su participación militar, condición que, sabía, difícilmente se cumplirá. Hasta ahora, este pequeño contingente provisional representa el total de tropas adicionales que el gobierno de Obama ha conseguido exprimir de sus aliados europeos a pesar de su ímpetu diplomático para reforzar las fuerzas multinacionales de la OTAN en Afganistán. En otras palabras, hasta el aliado más leal y obsecuente de Usamérica en Europa ha dejado de parecer dispuesto a sobrellevar la carga de lo que tiende a verse como otra costosa y extenuante aventura más de Usamérica en la región de Oriente Medio.
6. Por último, con una decisión de destacada relevancia simbólica, el Comité Olímpico Internacional (COI) pasó por alto a Chicago (y a Madrid y a Tokio) y eligió a Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016. Se trata de la primera ocasión en que un país sudamericano es objeto de tal honor. Hasta el momento de la votación se pensaba en Chicago como aspirante con grandes posibilidades, sobre todo tras la presencia de Barack Obama, ex residente de esa ciudad, en Copenhague para cabildear al COI. No obstante, los acontecimientos se sucedieron de una manera que desconcertó al mundo, pues Chicago no solamente perdió, sino que fue eliminada en la primera ronda de votaciones.
“Brasil pasó de ser un país de segunda a un país de primera, y hoy empezamos a recibir el respeto que merecemos”, afirmó el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva al celebrar la victoria tras la votación en Copenhague. Y añadió: “Podría morir ahora mismo y saber que ha valido la pena”. Pocos lo dijeron, pero en el transcurso de las deliberaciones para definir la sede olímpica Usamérica fue sumaria y significativamente degradada de única superpotencia a contendiente instantánea del montón. Todo un símbolo en un planeta que se adentra en una nueva era.
Ser un país común y corriente
He enumerado unos cuantos ejemplos de hechos recientes que, me parece, apuntan al final consumado del predominio mundial de Usamérica años antes de lo esperado por los miembros de la inteligencia. Cada vez se hace más evidente que otras potencias (incluso nuestros aliados más cercanos) prefieren adoptar una política exterior independiente, sin importar cuánta presión intente ejercer Washington sobre ellas.
Por supuesto, nada de esto significa que, durante cierto tiempo, Usamérica no siga teniendo la economía más grande y la fuerza militar más potente del mundo en términos de capacidad de destrucción pura. Sin embargo, no cabe duda que el entorno estratégico en el que los líderes usamericanos han de tomar decisiones de importancia crítica para los intereses nacionales vitales ha cambiado drásticamente desde que se desató la crisis económica internacional.
Resulta aún más importante señalar que el presidente Obama y sus asesores de alto nivel empiezan, no sin renuencia, a modificar la política exterior usamericana a partir de la nueva realidad mundial. Lo anterior se evidencia, por ejemplo, en la decisión del gobierno de reconsiderar su estrategia en Afganistán.
Apenas en marzo el presidente adoptó una nueva estrategia para la contrainsurgencia en Afganistán que implica reforzar la presencia militar usamericana en el terreno y comprometerse a prolongar los esfuerzos para ganarse el corazón y la mente de las poblaciones afganas en las que hay un resurgimiento talibán. Fue por eso que Obama despidió al máximo comandante de las tropas en Afganistán, el General David D. McKiernan y colocó en su lugar al General Stanley A. McChrystal, considerado un defensor más rotundo de la contrainsurgencia. No obstante, cuando McChrystal le mostró a Obama el presupuesto para la ejecución de esta estrategia (de 40.000 a 80.000 soldados adicionales, es decir, mucho más que los 20.000 y tantos soldados extra recientemente destinados al combate) más de uno de sus colaboradores inmediatos palideció sin disimulo.
Un despliegue de tal envergadura no solo costará al Tesoro usamericano cientos de miles de millones de dólares que a duras penas tiene; además, las presiones que representará para el Ejército y la Infantería de Marina serán casi insoportables tras años de servicio y tensiones en Iraq. El precio sería más tolerable, por supuesto, si los aliados de Usamérica asumieran una mayor parte de la carga, pero están menos dispuestos que nunca a hacerlo.
Desde luego, los mandatarios de Rusia y China no lamentan en absoluto que Usamérica haya agotado sus recursos financieros y militares en Afganistán. En semejantes circunstancias apenas sorprende que el vicepresidente Joe Biden, entre otros, haga un llamado a un nuevo giro en la política usamericana a fin de dejar atrás el enfoque de la contrainsurgencia y de optar por una estrategia de “contraterrorismo” menos costosa y dirigida, en parte, a aplastar a Al Qaeda en Pakistán (con aviones teledirigidos y Fuerzas Especiales, no con grandes números de tropas usamericanas... al tiempo que se mantiene la cifra de soldados en Afganistán prácticamente igual).
Es prematuro predecir los resultados de las modificaciones presidenciales a la estrategia usamericana en Afganistán, pero el hecho de que no aceptó de inmediato el Plan McChrystal y ha dado manga ancha a Biden para argumentar su postura indica que podría empezar a reconocer lo absurdo de ampliar los compromisos militares del país en el extranjero en un momento en que su predominio mundial va a la baja.
Se percibe la precaución de Obama en otras decisiones recientes. Si bien no ha dejado de insistir en que es inadmisible que Irán adquiera armas nucleares y que el uso de la fuerza para evitarlo sigue siendo una opción, claramente ha actuado a fin de minimizar las probabilidades de que dicha opción (que también atribularía a “aliados” recalcitrantes) se lleve a la práctica.
Por otro lado, ha inyectado sangre nueva a la diplomacia usamericana al esforzarse por mejorar los vínculos con Moscú y aprobar un renovado contacto diplomático con Estados otrora parias, como Birmania, Sudán y Siria. Estas medidas también reflejan una realidad de nuestro cambiante mundo: la acosadora e hipócrita actitud del gobierno de Bush hacia estos y otros países durante casi ocho años no consiguió prácticamente nada. Veámoslo como un reconocimiento implícito de que Usamérica está cayendo de su estatus como “única superpotencia mundial” al de “país común y corriente”. Después de todo, es lo que pasa con los países: establecen un diálogo diplomático con otros aun cuando los gobiernos de turno no sean de su gusto.
Vaya entonces una cálida bienvenida al mundo de 2025. No se parece al mundo del pasado reciente, aquella época en que la estatura de Usamérica superaba a otros países; tampoco encaja con las fantasías de potencia hegemónica que albergaba Washington desde la caída de la Unión Soviética en 1991... pero esa es la realidad.
Para gran parte de la población usamericana esa pérdida de predominio puede causar molestia o incluso desesperación. Por otra parte, no hay que olvidar las ventajas de ser un país común y corriente como cualquier otro: nadie espera que Canadá, Francia o Italia envíen otros 40.000 soldados a Afganistán además de los 68.000 que ya se encuentran allá y los 120.000 que siguen en Iraq. Nadie espera que esos países destinen 925.000 millones de dólares de las aportaciones de los contribuyentes a cumplir esa tarea (a esa cifra asciende el costo de ambas guerras, según el National Priorities Project).
La pregunta sigue en el aire: ¿Durante cuánto tiempo seguirá pensando Washington que la población usamericana puede darse el lujo de subsidiar un papel mundial que incluye suministrar armas a gran parte del planeta y hacer la guerra en lugares remotos en nombre de la seguridad internacional mientras la economía usamericana cede más y más terreno a sus rivales? Ese es el dilema que el presidente Obama y sus asesores habrán de confrontar en el alterado mundo de 2025.
Michael T. Klare es profesor de estudios de paz y seguridad mundial en el Hampshire College y es autor de Planeta sediento, recursos menguantes: la nueva geopolítica de la energía (Tendencias). Se hizo un documental a partir de su libro anterior, Sangre y petróleo: Bloodandoilmovie.com.
Fuente: http://www.alternet.org/story/143514/
jueves, 29 de octubre de 2009
Proyecto Censurado: La recesión recorta gastos estatales en Bienestar en Estados Unidos

29 de octubre de 2009
Stephanie Mencimer (MOTHER JONES)
y Tom Breen (ASSOCIATED PRESS)
Traducción: Ernesto Carmona
Muchas gobernaciones de los 50 estados pujan agresivamente para excluir a millares de madres que reciben el beneficio de Ayuda Temporal a Familias Necesitadas (TANF, por su sigla en inglés), programa tradicionalmente conocido como Bienestar. Ahora esas entidades niegan ese apoyo a las familias argumentando que deben ahorrar para reorientar el presupuesto del respectivo estado.
A escala nacional, el total de beneficiarios del Bienestar bajó más de 40% entre 2001 y junio de 2008. Louissiana, Texas e Illinois redujeron en 80% los beneficiarios para adultos desde enero de 2001. El estado Georgia tuvo un descenso del 90%, con poco más de 2.500 adultos georgianos que ahora reciben este auxilio, contra 28.000 que lo percibieron en 2004, en tanto en 2008 recibía TANF sólo el 18% de los niños que viven debajo del 50% del umbral de pobreza, que significa menos de 733 dólares por mes para una familia de tres miembros.
En 2006, la Coalición de Georgia contra la Violencia Doméstica realizó una encuesta para descubrir por qué tantas mujeres repentinamente no pudieron conseguir los beneficios sociales. Descubrieron que los empleados del Bienestar [del estado] hablaban activamente con las mujeres sobre tópicos ajenos al beneficio y denunciaron que tales funcionarios les indicaban a las candidatas que deberían ser esterilizadas quirúrgicamente para poder reintroducir su solicitud. A las mujeres lisiadas les respondían que no aplicaban para postularse porque no podrían cumplir el requisito de trabajar. Otras fueron advertidas que el estado podría tomar a sus niños si solicitaban esa ventaja.
Las mujeres son cada vez más vulnerables a la agresión sexual y a la explotación, a veces proveniente de los mismos funcionarios o empleados del Bienestar designados para ayudarlas. Las detenciones de mujeres por prostitución y el pequeño crimen aumentaron mientras a cada vez más familias se les negaban los beneficios del Bienestar.
Los estudiantes de colegios universitarios próximos a obtener sus títulos fueron desinformados: se les dijo que les negarían la ayuda una vez que cumplieran 20 años, sin importar la situación de su graduación. A estudiantes tan jóvenes como de 16 años les dijeron que deberían trabajar a tiempo completo o perderían las ventajas del beneficio.
Texas redujo su cantidad de casos al delegar la tramitación del beneficio en una empresa externa, un centro de atención telefónica que no sólo niega ilícitamente el beneficio a algunas familias, sino que disminuyó el total de aplicaciones.
En la Florida, una región innovadora, se comenzó a exigir a los candidatos TANF asistir a 40 horas de clases antes de poder aplicar la solicitud del beneficio, en tanto los solicitantes que intentaban restaurar beneficios perdidos habrían podido enderezar su batalla con el papeleo con la ayuda de los funcionarios del Bienestar, pero en 2005 los funcionarios asignados a ese trabajo fueron reducidos a un solo empleado que atendía público dos horas a la semana. La cantidad anual de solicitudes TANF del área bajó a la mitad en un año.
Debido a la recesión, muchos estadounidenses acudieron a la red de seguridad de los programas de ayuda del gobierno, tales como bonos de racionamiento, subsidios de desempleo o Bienestar. En un esfuerzo por desalentar a los solicitantes, los legisladores de por lo menos ocho estados quisieron que los beneficiarios fueran sometidos al azar a una prueba de droga. En marzo de 2009, la cámara de representantes de Kansas aprobó una medida que ordenó someter a pruebas anti-drogas a las 14.000 personas que consiguen ayuda del estado. En febrero, el senado de Oklahoma aprobó unánimemente una medida que requería la prueba de droga como condición para recibir los beneficios TANF. Disposiciones similares se introdujeron en Missouri y Hawai. Un miembro de la cámara de representantes de Minnesota presentó una moción que exige pruebas de droga a los ciudadanos pobres de ese estado que impetran los programas de ayuda pública.
Durante la reforma del Bienestar en la era Clinton, se asignó a los estados una cantidad fija de dinero sin importar sus necesidades. La subvención global al TANF ascendió a 16,5 mil millones de dólares, de los que sólo Georgia obtuvo 370 millones al año. Los estados podían desviar los fondos a cualquier programa relacionado vagamente con la asistencia al necesitado. Puesto que los estados reciben la misma cantidad de fondos federales sin importar cuánta gente recibió ayuda, se les incitó a que negaran los beneficios. “Incluso si las cantidades de casos por tratar ascienden a cero, consiguen la misma cantidad de dinero”, observó Robert Welsh, del Presupuesto de Georgia y del Instituto de Política.
Los estados han utilizado el dinero “sobrante” del TANF para ampliar cuidados a los niños, formación laboral y transporte para ayudar a los beneficiarios a encontrar trabajo. La Oficina de Responsabilidad del Gobierno descubrió en 2006 que muchos estados estaban moviendo los fondos federales para Bienestar lejos de la ayuda efectiva a los pobres, por ejemplo destinándolos a “trabajos de asistencia” al cuidado de los niños para tapar los agujeros del presupuestos estadal.
El TANF era también una puerta de ingreso a la educación, a la rehabilitación anti droga, a los cuidados de salud mental, cuidado de niños, incluso de transporte y beneficios para la movilidad de los discapacitados. “El Bienestar es el único programa efectivo de la red de seguridad para las madres solteras y sus niños”, afirmó Rebecca Blank, economista de la Brookings Institution. “Con la recesión, una tiene que preocuparse de la cantidad número de mujeres que resultaron desempleadas y no tienen cómo darse vuelta”, añadió.
Fuentes:
Mother Jones, 15 de enero de 2009, “Brave New Welfare”, por Stephanie Mencimer; y Associated Press, 26 de marzo de 2009, “States consider drug tests for welfare recipients”, por Tom Breen
Estudiante investigador: Malana Men (SSU) and Samantha Barowsky
Evaluador académico: Douglas Anderson, Ph.D., Southwest Minnesota State University
Foto: Estados Unidos – Pobreza. / Autor: THE INDEPENDENT
sábado, 8 de agosto de 2009
El capitalismo al estilo de Sarah Palin

Naomi Klein en The Guardian (06/08/09)
Estamos viviendo un momento progresista, un momento en que el suelo se está moviendo bajo nuestros pies, cuando todo es posible. Lo que considerábamos inimaginable sobre lo que se podría decir y esperar hasta hace un año, ahora es posible. En una época como esta, es absolutamente crucial que seamos tan claros como sea posible sobre lo que queremos, pues puede que lo logremos.
Por lo tanto, las apuestas son altas.
Últimamente hablo sobre los paquetes financiero. Todos debemos entender eso, pues es un robo en marcha, el asalto más grande de la historia monetaria. Pero hoy quiero usar un abordaje diferente: ¿Y si realmente funciona el paquete, si se salva el sector financiero y si vuelve la economía al curso en que estaba antes de la crisis? ¿Es eso lo que queremos? ¿Y cómo sería este mundo?
La respuesta es que se parecería a Sarah Palin. Presten atención, esto no es un chiste. Creo que no consideramos suficientemente el significado del momento Palin. Piensen sobre esto: Sarah Palin entró en el escenario mundial como candidata a vicepresidente el 29 de agosto, en los comicios de la campaña de McCain, con mucho alarde. Exactamente dos semanas después, el 14 de septiembre, Lehman Brothers entró en colapso, determinando el inicio de la caída financiera global.
Así, de cierta forma, Palin fue la última expresión clara del capitalismo tradicional, antes que todo saliera mal. Eso es muy útil porque ella nos mostró -con su manera simple y sencilla- cuál era la trayectoria de la economía de los EE.UU. antes de su actual crisis.
Al ofrecernos esta vislumbre del futuro, casi evitado, Palin nos ofreció una oportunidad de hacer una pregunta esencial: ¿Queremos llegar allá? ¿Queremos salvar este sistema precrisis, volver a donde estábamos en septiembre de 2008? ¿O queremos usar esta crisis, y el mandato electoral para un cambio serio después de la última elección, para transformar radicalmente este sistema? Debemos estar seguros sobre nuestra respuesta ahora, pues desde 1930 no tuvimos la combinación potente de una grave crisis y un mandato claramente demócrata progresista para realizar cambios. Debemos usar esta oportunidad o la perderemos.
De esa forma, ¿Qué nos decía Sarah Palin sobre el capitalismo tradicional antes de ser groseramente interrumpida por el colapso?
En primer lugar, vamos a recordar que, antes que llegara, el público de los EE.UU., finalmente, estaba empezando a considerar la urgencia de la crisis climática, con el hecho de que nuestra actividad económica está en guerra con el planeta y que debemos hacer cambios radicales inmediatamente. Estábamos hablando en serio: los osos polares salieron en la portada de la revista Newsweek.
Y entonces llegó Sarah Palin. La parte esencial de su menaje era esta: Los ambientalistas, esos liberales, aquellos buenos samaritanos están todos equivocados. No necesitamos cambiar nada. No necesitamos repensar nada. Sigan manejando sus automóviles que consumen litros y litros de gasolina, sigan yendo al Wal-Mart para comprar todo lo que quieran. La razón de eso es un lugar mágico llamado Alaska. Venga y cometa todos los pecados que quiera.
"Americanos", dijo ella en la Convención Nacional Republicana, "debemos producir más petróleo y gasolina propios. Escuchen eso de una joven que conoce la Costa Norte de Alaska, tenemos mucho de los dos."
Y la multitud en la convención reaccionó cantando: Perfore, baby, perfore.
Al ver esta escena por la televisión, con aquella rara y repugnante mezcla de sexo, petróleo y patriotismo fanático, recuerdo que pensé: "Por Dios, la Convención Nacional Republicana se transformó en comicios a favor de destruir el planeta Tierra". Literalmente.
Pero lo que Palin estaba diciendo es lo que está empotrado en el propio ADN del capitalismo: la idea de que el mundo no tiene límites. Ella decía que no existen consecuencias o deficiencias del mundo real, pues siempre habrá otra frontera, otro Alaska, otra burbuja. Basta seguir adelante y descubrirla. El futuro nunca vendrá.
Esta es la mentira más confortante y peligrosa que existe: la mentira de que el crecimiento perpetuo, sin fin, es posible en nuestro planeta finito. Y debemos recordar que este mensaje fue increíblemente popular en aquellas primeras semanas, antes del colapso del Lehman. A pesar del histórial de Bush, Palin y McCain estaban en ventaja. Y, si no fuera por la crisis financiera y por el hecho de que Obama empezó a entrar en contacto con los electores de la clase trabajadora, al cuestionar la desregulación y la economía del suministro indirecto, ellos podrían haber ganado.
El presidente nos dice que quiere mirar hacia adelante, no hacia atrás. Pero para confrontar la mentira del crecimiento perpetuo y de la abundancia sin límites, que está en el centro de las crisis ecológica y financiera, debemos mirar hacia atrás. Y debemos mirar bien atrás, no sólo los últimos ocho años de Bush y Cheney, sino la propia fundación del país, la propia idea de un estado colonizador.
El capitalismo moderno nació con el llamado descubrimiento de las Américas. Fue el pillaje de los increíbles recursos naturales de las Américas que generó el capital en exceso que permitió la Revolución Industrial. Los primeros explotadores se referían a esta tierra como la Nueva Jerusalén, una tierra con una abundancia sin fin, allá, disponible, tan vasta, que el pillaje nunca tendría fin. Esta mitología está en nuestras parábolas bíblicas -de las inundaciones y de los nuevos comienzos, de los arrebatamientos y de las salvaciones- y está en el centro del Sueño Americano de la reinvención constante. Lo que este mito nos dice es que no debemos convivir con nuestros pasados, con las consecuencias de nuestras acciones. Siempre podemos escapar, empezar de nuevo.
Esas parábolas siempre fueron peligrosas, lógico, para las personas que ya estaban viviendo en las tierras "encontradas", para las personas que cultivaban esas tierras a través del trabajo forzado. Pero ahora el propio planeta nos dice que ya no podemos creer más en esas parábolas de eternos reinicios.
Es por eso que es tan significativo que, justo en el momento en que algún tipo de instinto humano de supervivencia surgió, en el momento en que finalmente parecíamos entender los límites naturales de la Tierra, Palin haya aparecido, la nueva encarnación del desbravador colonial, diciendo: Vengan a Alaska. Siempre hay más. No piensen, sólo tomen.
Eso no tiene nada que ver con Sarah Palin. Eso tiene que ver con el significado de aquel mito del constante "encuentro", y sobre lo que él nos dice del sistema económico con el que están gastando billones de dólares para salvarlo. Lo que él nos dice es que el capitalismo, dejado por su propia cuenta, nos llevará más allá del punto en el que el clima puede ser recuperado. Y el capitalismo evitará una contabilidad seria -sea ella de las deudas financieras o de las deudas ecológicas- cueste lo que cueste. Eso porque siempre hay más. Un nuevo arreglo rápido. Una nueva frontera.
Las personas estaban comprando aquel mensaje, como siempre lo hacen. Solamente cuando el mercado de acciones fue arruinado las personas dijeron: "Tal vez Sarah Palin no sea una buena idea en este momento. Vamos a apostar en el tipo vivo para tratar esta crisis".
Casi sentí que hemos ganado una última posibilidad, un aplazamiento. Intento no ser apocalíptica, pero todas las investigaciones científicas que leo sobre el calentamiento global son alarmantes. Esta crisis económica, terrible como es, nos sacó de aquel precipicio ecológico en el que estábamos prestos a caer con Sarah Palin, y nos dio un poquito de tiempo y espacio para cambiar el curso. Y creo que es significativo el hecho de que, al alcanzarnos, la crisis trajo casi que una sensación de alivio, como si las personas supieran que estaban viviendo más allá de sus posibilidades y ella las detuvo. A lo mejor, pasamos a tener la oportunidad de hacer cosas juntos, en vez de comprar, y eso tuvo un efecto profundo.
Pero no estamos libres del mito. Esa ceguera intencional con relación a las consecuencias, tan bien representada por Sarah Palin, está empotrada en la forma como Washington está reaccionando a la crisis financiera. Hay un absoluto rechazo a notar cómo es de mala la situación. Washington prefiere tirar billones de dólares a la basura en vez de descubrir el motivo de este problema. Tal es la fuerza de las ganas de no saber.
Además de eso, vemos muchas señales más de la vieja lógica regresando. Los sueldos de Wall Street están casi en los mismos niveles de 2007. Hay un cierto tipo de electricidad en las declaraciones de los que alegan que el mercado de acciones está reaccionando.
"¿Ya podemos dejar de sentirnos culpables?", prácticamente se pueden escuchar los comentaristas de la TV por cable diciendo. "¿Volvió la burbuja?"
Y puede que estén correctos. Esta crisis no va a matar el capitalismo, tampoco lo cambiará sustantivamente. Sin la enorme presión popular por reformas estructurales, la crisis va a probar que no fue nada más que un duro ajuste. El resultado será una desigualdad más grande todavía que la que había antes de la crisis, pues no todos los millones de personas que perdieron sus empleos y sus casas van a retomarlos, seguro que no. Y es muy difícil reconstruir la capacidad de producción, una vez que muchos equipos se vendieron a precios bajos.
Es apropiado llamarle a eso "socorro financiero". Están socorriendo a los mercados financieros para evitar que el navío del capitalismo financiero se hunda, pero lo que se está retirando no es agua. Son personas. Están sacando personas del navío en nombre de la "estabilización". El resultado será una embarcación más leve y más tacaña. Mucho más tacaña. Eso porque una gran desigualdad -los súper ricos viviendo al lado de los económicamente desesperados- requiere el endurecimiento de los corazones. Debemos pensar que somos superiores a los que fueron excluidos, para enfrentar cada día. Así, este es el sistema que se está salvando: el mismo, pero más tacaño.
Y la cuestión que enfrentamos es: ¿Deberíamos socorrer este navío, el mayor navío pirata que ya existió, o hundirlo y sustituirlo por un navío más robusto, con espacio para todos? Un navío que no exija esos rituales de purga, durante los que sacamos a nuestros amigos y vecinos para salvar a las personas de la primera clase. Un navío que comprenda que la Tierra no tiene la capacidad suficiente para que cada uno de nosotros viva cada vez mejor.
Sino un navío que tenga la capacidad de permitir, como el Presidente boliviano, Evo Morales, dijo recientemente en las Naciones Unidas, "que todos vivamos bien".
No se equivoquen: el capitalismo volverá. Y el mismo mensaje regresará, tal vez promovido por alguien nuevo: No hace falta que ustedes cambien. Sigan consumiendo todo lo que quieran. Hay mucho más. Perfore, baby, perfore. Tal vez exista algún arreglo tecnológico que haga con que todos nuestros problemas desaparezcan.
Y es por eso que debemos ser absolutamente claros en este momento.
El capitalismo puede supervivir a la crisis. Pero el mundo no podrá supervivir a otro regreso del capitalismo.
Artículo orginal:
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/jul/30/sarah-palin-capitalism-climate
Traducido en
http://www.ar.terra.com/terramagazine/interna/0,,OI3901150-EI13927,00-El+capitalismo+al+estilo+de+Sarah+Palin.html
viernes, 24 de julio de 2009
Colapso laboral en EEUU: Se multiplican los riesgos de explosión social

24-07-2009
IAR Noticias
Lo que suena como un panorama fantástico para el Imperio norteamericano (las huelgas y los conflictos sociales) es un escenario de corto plazo que ya están manejando entre líneas analistas y medios norteamericanos a la luz de la crisis industrial y de las quiebras empresariales que están desatando una creciente ola de despidos y un récord de la desocupación en EEUU.
Desde el estallido de la crisis financiera, en septiembre pasado, la ONU, el Banco Mundial, la mayoría de los expertos y últimamente el G-8, vienen advirtiendo sobre el peligro de estallidos sociales a escala global que podrían generarse por el impacto de la crisis recesiva con despidos masivos y por la escalada de los precios de la energía y de los alimentos en los países más pobres de Asia, África y América Latina.
Esta semana, el Grupo de los Ocho (G-8), considerado el "Directorio del Mundo", afirmó en una declaración que la situación "sigue incierta" en la economía global, con "riesgos significativos para la estabilidad". De acuerdo con las potencias centrales nucleadas en la entidad, el aumento de la desocupación este año y el próximo puede producir estallidos y revueltas sociales.
Sorpresivamente, la evolución de la crisis (que devino de financiera a crisis estructural con la recesión) hoy golpea con más fuerza a las potencias centrales que a los países emergentes o subdesarrollados.
El malestar social que generan la desocupación creciente y el deterioro de las condiciones salariales, así como el achicamiento de la capacidad de consumo, alimenta y exacerba el estado de frustración colectiva, provoca pérdida de confianza en los políticos y alienta las huelgas y protestas sociales que ya comienzan a extenderse por toda la geografía europea y amenazan con extenderse a EEUU.
La crisis social (consecuencia de la caída del consumo y los despidos laborales) se perfila como un potencial emergente de la crisis recesiva- laboral que detonó escalonadamente como consecuencia de la crisis financiera en EEUU.
Las señales son claras: La crisis financiera ya devino en recesión y amenaza (por efecto de la desocupación masiva) en convertirse en una crisis social de difícil pronóstico en EEUU.
"El mercado laboral de Estados Unidos tiene un desempeño aún peor que el de la economía en general, lo que causa temores dentro y fuera del gobierno de que el resultado podría ser el de una recuperación sin empleos incluso cuando termine la recesión", señala este jueves The Wall Street Journal.
"En un desafío a las normas históricas, la tasa de desempleo --que asciende a 9,5%-- es de 1 a 1,5 puntos porcentuales más alta que lo que se hubiera previsto bajo el sentido común económico, dice al Journal Lawrence Summers, uno de los asesores económicos del presidente de EEUU, Barack Obama.
Desde que comenzó la crisis en diciembre de 2007, la economía estadounidense perdió 6,5 millones de trabajos, 4,7% del total de empleos en el país. La tasa de desempleo subió cinco puntos porcentuales mientras que la economía se ha contraído alrededor del 2,5%.
En los últimos días, Summers, el director de presupuesto de la Casa Blanca Peter Orszag y el presidente de la Fed Ben Bernanke han hecho declaraciones públicas sobre la "desconexión inusual" entre el crecimiento y el desempleo.
El propio presidente estadounidense, Barack Obama, pronosticó el miércoles pasado que el desempleo en el país, que alcanzó un récord de 9,5%, probablemente seguirá en aumento en los próximos meses, pues los puestos de trabajo tardan más en recuperarse que otros sectores de la actividad económica.
Según The Wall Street Journal, las recuperaciones económicas sin empleos no son nada nuevo: las empresas suelen ser reacias a contratar cuando recién sube la demanda.
Sin embargo, hay posibilidades más sombrías --agrega--, ya que los trabajadores con problemas podrían arrastrar una economía frágil a una recesión más profunda.
En un cuadro recesivo, la pérdida de empleos en EEUU se aceleró el mes pasado y la tasa de desempleo aumentó a 9,5%, arrojando dudas sobre la capacidad de recuperación de la primera economía imperial.
"La demanda final y la producción han mostrado señales tentativas de estabilidad", dijo el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, a reguladores el miércoles, como parte de su presentación ante el Congreso de EEUU. No obstante, aclaró: "El mercado laboral, sin embargo, sigue debilitándose".
Según los últimos datos, en un récord histórico, el rojo fiscal en EEUU se disparó a más de US$ un billón (doce ceros, un millón de millones) en los primeros nueve meses del ejercicio anual e implica ya el 8% del PBI. Pero cerraría en más de US$ 1,8 billón, contra "sólo" US$ 455.000 millones del año pasado.
El Departamento del Tesoro de EEUU informó que entre octubre de 2008, cuando empieza el año presupuestario, y junio último, el "rojo" fue de 1,086 billón de dólares, una marca sin antecedentes.
La crisis económica recesiva en la mayor economía del mundo, ya se expresa en recesión, desempleo, menos recaudación impositiva y más gastos para paliarla, entre otras variables, complica las cuentas públicas.
En este marco, lo que suena como un panorama fantástico para el Imperio norteamericano (las huelgas y los conflictos sociales) es un escenario de corto plazo que ya están manejando entre líneas analistas y medios norteamericanos a la luz de la crisis irresuelta del sector automotriz y de las quiebras empresariales que están desatando una creciente ola de despidos en EEUU.
Cada jornada de la economía norteamericana (desde finales de 2008) se convirtió en un vértigo marcado por una dinámica inevitable: Recesión industrial y comercial con baja del consumo y desempleo masivo que se proyecta desde EEUU y los países centrales al mundo periférico "subdesarrollado" y/o emergente.
De esta manera, la desocupación (emergente de la desaceleración económica) se ha convertido en una cuestión clave para el equipo de Obama y el establishment de poder estadounidense que temen que su propagación convierta a EEUU, la primera potencia mundial, en un polvorín de huelgas y conflictos sociales que terminen paralizando aún más a la economía.
En un orden secuencial, para que se produzca un desenlace del proceso recesivo, tiene que haber una convergencia interactiva de la "crisis financiera" (los mercados del dinero), la "crisis estructural" (la economía real) y la "crisis social" (el impacto de la crisis económica-financiera en la sociedad).
Por estas horas, medios y analistas norteamericanos coinciden en que la desocupación (como emergente de la recesión industrial) se ha convertido en la prioridad absoluta de la agenda de Obama y su equipo.
Desde hace varios meses, el protagonismo de la crisis financiera-bursátil fue rebalsado y cedió paso a un nuevos actores: Las quiebras empresariales y los despidos masivos.
Los billonarios paquetes de "rescate bancario" estatal con dinero de los impuestos (pagado por toda la población estadounidense) no han servido de antídoto y han fracasado estrepitosamente como medida para enfrentar la crisis que ha devenido de financiera a recesiva a escala global.
El mapa de la crisis social
El desempleo en la región occidental de Estados Unidos superó el 10% en mayo pasado, la primera vez en 25 años que una región del país tiene ese porcentaje de desocupación.
Ocho estados alcanzaron cifras de desempleo sin precedente y sólo dos - Nebraska y Vermont - no reportaron aumento alguno.
El Departamento del Trabajo informó en junio pasado que 48 estados y el Distrito de Columbia sufrieron aumento en el desempleo en mayo. La peor situación es en Michigan, donde las empresas automotrices se han visto obligadas a eliminar miles de empleos. La tasa de desocupación allí ascendió a 14,1%.
La región occidental del país fue la que tuvo mayor desempleo, con 10,1%. La última vez que una región tuvo esa cifra fue en septiembre del 1983, cuando el país apenas se recuperaba de una recesión.
En esa región se encuentra California, donde el desempleo ascendió a un récord de 11,5% el mes pasado, Nevada, donde ascendió a otro récord con 11,3% y otros estados golpeados por la crisis de vivienda y donde han descendido el empleo y los ingresos.
California es el mayor Estado del país por población (36,75 millones de habitantes) y por PIB (con 1,84 billones de dólares supone el 13,3% de todo EEUU, según datos de 2008). Si fuera un país independiente estaría entre las diez primeras potencias del mundo.
La debacle de la construcción (tanto residencial como terciaria) ha sumido a California en la mayor recesión desde la Gran Depresión. Así, el Estado ha perdido 904.300 puestos de trabajo desde diciembre de 2007.
La Casa Blanca indica que California es el tercer estado con más créditos fallidos. Además, en lo que va del año 391.611 propiedades inmobiliarias han comenzado el proceso de ejecución hipotecaria, la cifra más alta de EEUU, que supone un alza del 15% respecto al mismo periodo de 2008. Esta coyuntura está afectando a la banca de EEUU, sobre todo a Bank of America, el primer banco del país, que tiene una gran exposición a la costa oeste.
Los otros seis estados que tienen una tasa de desempleo inédita desde 1976 son Carolina del Norte, Oregón, Rhode Island, Carolina del Sur, Florida y Georgia.
En cuanto a despidos, Arizona y Florida fueron los que más sufrieron, seguidos por Oklahoma, Arkansas, Kentucky y Michigan.
El riesgo del estallido
Los despidos masivos de obreros y empleados en EEUU son el barómetro y marcan el momento en que la crisis comienza a salir de la "superestructura" económico financiera y a meterse dentro de la sociedad estadounidense.
Todo el planeta (globalizado y nivelado por el sistema capitalista "único") está aquejado de los mismos síntomas: Nuevo repunte y vuelta a la especulación financiera del petróleo y de las materias primas, devaluación de las monedas y revaluación el dólar, crisis crediticia con achicamiento del consumo, suba de precios internos de los alimentos y la energía y oleadas de despidos laborales constantes en EEUU y las potencias centrales.
En su última reunión el G-8 sostuvo que para atacar la crisis, "hay que sostener la demanda y recuperar el crecimiento", lo que implica afrontar la situación con nuevos recursos si hacen falta.
Pero mientras Alemania quiere frenar la hemorragia de fondos públicos en la economía, EEUU, Gran Bretaña y otras naciones como Francia creen que es necesario impedir que la crisis -ya devastadora- se convierta en una bomba social por el alza del desempleo.
En marzo de este año, el diario francés Le Monde publicó un informe con un pronóstico de especialistas del LEAP/Europa 2020, un grupo de reflexión europeo, en el que anticipó que la crisis financiera y económica generará explosiones sociales violentas en Europa y EEUU donde podrían crearse las condiciones de una guerra civil.
De esta manera, la crisis podría incluso fomentar violentas rebeliones populares cuya intensidad se vería agravada por la libre circulación de armas de fuego, pronostica el LEAP.
América Latina, pero también los EEUU, son las zonas que corren mayores riesgos. "Hay 200 millones de armas de fuego en circulación en los EEUU y la violencia social ya se manifiesta a través de pandillas", advierte Franck Biancheri, quien preside la asociación.
Esta visión apocalíptica parecería "fantástica" si este grupo de reflexión no hubiese vaticinado, en febrero de 2006, con una precisión asombrosa la actual crisis recesiva mundial.
Hace tres años, la asociación describía la llegada de una "crisis sistémica mundial", iniciada por una infección financiera global vinculada al endeudamiento norteamericano, seguido por la caída bursátil, particularmente en Asia y en los EE.UU. (de -50% a -20% en un año) y el estallido de las burbujas inmobiliarias mundiales. Un paquete que provocaría recesión en Europa y una "muy Grande Depresión" en los EEUU.
De cualquier manera, y a la luz de los datos económicos, un escenario de huelgas y conflictos sociales en el Imperio USA no está sacado de una novela de Julio Verne sino (además de la crisis global) de una proyección lógica y emergente de la desocupación desatada por la recesión industrial y empresarial estadounidense, para la cual ni la administración saliente de Bush ni la administración de Obama han conseguido soluciones concretas.
miércoles, 8 de julio de 2009
La guardia pretoriana de EE.UU. se desmorona lentamente

Jack D. Douglas
Lewswockwell/ICH
07-07-2009
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Los ejércitos profesionales han sido tradicionalmente mucho más disciplinados, en especial bajo la presión de guerras prolongadas.
Pero eso no significa que no tengan puntos críticos ni puntos de rotura.
En Roma, la guardia profesional, imperial, la Guardia Pretoriana, era altamente disciplinada y soportaba bien las bajas en los primeros años. Pero con el pasar de décadas de luchas imperiales y la endogamia típica de semejantes ejércitos aislados en gran parte de la población civil, se hartaban de la rutina, se volvían egocéntricos, arrogantes, imbuidos de su propia importancia, y comenzaron a deponer y a imponer emperadores, obligándolos a poner partes cada vez mayores de la riqueza nacional en manos de los militares, etc. Las fuerzas armadas profesionales se convirtieron en una fuerza tiránica que los civiles no podían controlar, de modo que estos eran controlados a través de emperadores impuestos.
Fue uno de los motivos esenciales por los cuales los constitucionalistas estadounidenses hicieron tantos esfuerzos por impedir la aparición de un ejército profesional en EE.UU. Las elites del ejército profesional y de la armada de West Point y Annapolis y sus escuelas para oficiales de ligas inferiores crecieron lentamente con el auge de las guerras imperiales de EE.UU., pero EE.UU. se basó en conscriptos para sus ejércitos masivos, manteniendo así la dilución civil de los profesionales, hasta que con Nixon se orientaron hacia el ejército profesional, en medio de la rebelión de conscriptos presentes y futuros.
Siempre hay puntos críticos y puntos de rotura en las fuerzas militares bajo la presión de las guerras prolongadas. Los profesionales lo ocultan mejor, hasta que se hacen tan dominantes y la mayoría de los hombres se sienten tan desesperados que se vuelven rápidamente contra las guerras y contra sus oficiales de la elite que los han desilusionado. Cuando eso sucede, sienten mucho menos limitaciones para rebelarse que los conscriptos, especialmente cuando tantos de ellos provienen de otras naciones y pueden escapar a ellas si la rebelión fracasa.
Sospecho de todos los fragmentos que podemos ver que el ejército profesional imperial de EE.UU. se ha vuelto fuertemente contra la guerra en Iraq y que eso es un motivo crucial por el cual EE.UU. se ha retirado de las ciudades a las solitarias 340 bases en las afueras donde no puede ser atacado fácilmente y los hombres tendrán más tiempo para tomar, dormitar y soñar con las chicas en casa. Son bases solitarias y causan depresión. Pronto insistirán silenciosamente en que quieren abandonar esas bases. La situación en Af-Pak se empeora cada vez más y probablemente seguirá el mismo modelo. Los soldados profesionales deprimidos insistirán en partir, silenciosamente a menos que no se satisfagan sus insistentes pedidos. La crisis financiera también obligará a EE.UU. a reducir sus pérdidas militares de un billón de dólares al año.
Los romanos terminaron por construir un muro defensivo alrededor de Gran Bretaña y trazaron una línea a lo largo de los ríos alemanes y otras posiciones defensivas naturales, y declararon el fin de su largo avance hacia Europa. Pasaron a la defensiva y se retiraron lenta pero inexorablemente hacia la propia Roma, y huyeron en masa mientras los “bárbaros” cada vez más fuertes irrumpían a través de sus defensas y terminaron por saquear la propia Roma.
La profesionalización de un ejército es una clara señal de que la población civil se ha apartado de las guerras imperiales y ya no está dispuesta a sufrir para hacer progresar la causa imperial. EE.UU. lo hizo como un acto de desesperación cuando el ejército se desintegró en Vietnam y los futuros reclutas protestaron en las calles y en las universidades y huyeron hacia otras naciones que no estaban en guerra.
Actualmente sólo una ínfima fracción de los jóvenes de la elite de EE.UU. estaría dispuesta a entrar a las fuerzas armadas para librar guerras imperiales en todo el mundo. Casi todos los que lo hacen insisten en ser oficiales altamente remunerados que asciendan rápidamente y se retiren dentro de veinte años con mucho dinero. Los rangos están repletos de gente que tiene pocas posibilidades en la sociedad civil. Se ven feroces en su blindaje con un poder de fuego vastamente superior, pero se derrumban en su interior porque, aparte de los asesinos sociópatas que adoran el derramamiento de sangre y el sentido narcisista de la gloria y del poder que les otorga, la mayoría tiene motivaciones más y más débiles para “servir” realmente. Quieren que se les pague más y más por menos y menos, como los médicos, políticos, maestros, policías, bomberos, banqueros estadounidenses, y todos los demás remolones burocráticos cuyos corazones no participan de la vida burocrática. La misma gente que arriesga la muerte y el agotamiento total durante los fines de semana para hacer cosas imposibles con placer y sin paga, se convierten en androides deprimidos cuando llega el lunes por la mañana.
El Imperio EE.UU. se derrumba dentro de ejércitos profesionalizados, androides, que viven en cenagales solitarios e infernales en los desiertos del mundo. Los soldados profesionales estadounidenses también se derrumban desde el interior en EE.UU. Todo el Sistema Imperial se derrumba desde el interior, ya que todos insisten en hacer menos y menos por la sociedad – el SISTEMA – por más y más dinero y poder. El Imperio se derrumba desde el interior. Toda la sociedad hará lo mismo a menos que este insensibilizador Sistema Burocrático sea eliminado y se permita que los androides vuelvan a convertirse en seres humanos.
Los plutócratas y máximos burócratas estadounidenses construyeron el Imperio. Los estadounidenses siempre han aborrecido los imperios y, una vez que se den cuenta de que son figurantes en este espantoso Imperio que pierde su alma de tantas maneras, abandonarán, primero por dentro y luego en más y más huida o rebelión.
Los problemas de la psique de los ejércitos profesionales estadounidenses en estas guerras imperiales son horribles. No podrán soportar mucho más una presión tan terrible.
………
Jack D. Douglas es profesor pensionado de sociología de la Universidad de California de San Diego. Ha hecho numerosas publicaciones sobre todos los aspectos de los seres humanos, sobre todo “The Myth of the Welfare State.”
Copyright © 2009 by LewRockwell.com
http://informationclearinghouse.info/article22975.htm
domingo, 28 de junio de 2009
El colapso de la industria automotriz imperial de EE.UU.

De Detroit al Amazonas
25-06-2009
Tom Dispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Introducción del editor de Tom Dispatch
En los años veinte el eslogan de ventas no se andaba con miramientos: “Ford, el coche universal.” En la década de los cuarenta, a la espera de una época dorada, se mostraba esperanzado: “Hay un Ford en tu futuro.”
En los cincuenta y sesenta, tenía miras amplias: “Ford tiene una idea mejor.” En los setenta, un ligero tono suplicante: “Ford quiere ser la compañía de tu coche.” En los ochenta, se había convertido en una pregunta: “¿Has conducido un Ford últimamente?” En 2004, era simplemente una mentira: “Ford, construido para la carretera que te espera.” Ahora, que sepamos, debiera haber sido algo como: “Ford, hecho para el precipicio del futuro.”
En retrospectiva los Tres Grandes, tuvieron otrora la misma autoseguridad imperial respecto al producto. Chevrolet, claro está, era “el latido de EE.UU.” Cadillac fue “el estándar del mundo.” Buick, “el espíritu del estilo de EE.UU.” Y Pontiac: “Somos la pasión de conducir.” Bueno, ya no, mi amigo.
Todavía tengo mi viejo Ford Taurus, pero el otro día, el Wall Street Journal publicó un artículo sobre Detroit señalando que, aunque todavía pueda mantener el mismo lema, la “Ciudad del Automóvil”, igual que las líneas anteriores, parece representar la más triste de las historias. “Tienes que abandonar la ciudad,” señaló Andrew Grossman del Journal, sólo para comprar un nuevo Chrysler o un Jeep, ahora que los concesionarios locales han cerrado sus negocios. Lo mismo vale si quieres comprar un libro nuevo, ya que la cadena de librerías Borders, fundada a sólo 60 kilómetros de distancia, cerró su tienda en Detroit en junio. Lo mismo vale para casi todo lo demás. Ya ni siquiera hay una tienda de comestibles de alguna cadena nacional en algún sitio de la ciudad. ¡Y que me hablen de que EE.UU. se vacía!
El otro día presenté algunas recomendaciones para la lectura de verano. Tengo una sugerencia más: considéralo tu lección de historia de EE.UU., totalmente extraño, profundamente cautivador, para los cálidos meses del colapso automotor estadounidense. Hablo de “Fordlandia, The Rise and Fall of Henry Ford's Forgotten Jungle City” [Fordlandia, el ascenso y la caída de la ciudad en la selva de Henry Ford] de Greg Grandin. Como colaborador regular de TomDispatch, Grandin lo deja asombrosamente claro a continuación, la historia que cuenta no podría ser más relevante para nuestro momento difícil de catástrofe económica y automotriz – o más extraño. Tom
Un viaje por las ruinas del imperio
De Detroit al Amazonas
Greg Grandin
El imperio termina con una retirada. No, como muchos supusieron hace unos años, de Iraq. Allí, como en Afganistán, aguantamos hasta el final, pase lo que pase, atrapados en la mayor acumulación de chatarra “demasiado grande para fracasar”. Pero, una retirada de Detroit.
Por cierto, la verdadera evacuación de la Ciudad del Automóvil comenzó hace décadas, cuando Ford, General Motors, y Chrysler comenzaron a transferir más y más de sus operaciones fuera del área del centro hacia áreas rurales más difíciles de sindicalizar y, finalmente, al extranjero. Incluso cuando la economía florecía en los años cincuenta y sesenta, cada día 50 residentes de Detroit ya hacían sus maletas y partían de la ciudad. Para cuando cayó el Muro de Berlín en 1989, Detroit ya tenía decenas de miles de lotes baldíos y más de 15.000 casas abandonadas. Impresionantes edificios Beaux Arts y modernistas fueron abandonados para que volvieran a la naturaleza, sus pisos y techos cubiertos por pasto. Ahora apenas sirven de recargadas pajareras.
En términos mitológicos, sin embargo, Detroit sigue siendo la cuna ancestral del celebrado capitalismo estadounidense. Y mirando hacia los años por venir, la repentina desintegración de los Tres Grandes en este año seguramente será vista como un golpe al poder estadounidense comparable con el fin del Raj, la pérdida de India por Gran Bretaña, esa joya en la corona imperial, en 1948. Olvidemos la posesión de una colonia o de la bomba, en la segunda mitad del Siglo XX, la verdadera marca de una potencia mundial fue la capacidad de hacer un motor V-8 de precisión.
Ha habido abundantes disecciones de lo que anduvo mal en la industria automotriz, así como cariñosas reminiscencias sobre los días juveniles de Detroit, sobre inmensos ‘tailfins’ y carburadores de doble cuerpo. El año pasado, el icónico Clint Eastwood incluso acabó con el icónico trabajador automovilístico blanco en su cinta Gran Torino. Pocos de estos post mortem han dado a conocer, sin embargo, hasta qué punto Detroit fue crucial para la política exterior de EE.UU. – no sólo como sostén de la economía de alta tecnología, de altos beneficios por la exportación, de EE.UU., sino como confirmación de nuestro sentido de nosotros mismos como primera potencia del mundo (aunque al vincular la desaparición de Detroit con la repercusión de la guerra ilegal del presidente Nixon en Laos, Eastwood por lo menos llegó más cerca que la mayoría).
Detroit no sólo suministró una corriente continua de símbolos del poder cultural de EE.UU., sino ofreció el conocimiento organizativo necesario para dirigir una vasta empresa industrial como una compañía automotriz – o un imperio. A los eruditos les encanta citar al presidente de GM, Charlie “Engine” Wilson, quien dijo genialmente que pensaba que lo que era bueno para EE.UU. “era bueno para General Motors, y viceversa.” Pocas veces se señala, sin embargo, que Wilson hizo su observación en su audiencia de confirmación ante el Senado para ser Secretario de Defensa de Dwight D. Eisenhower. En el Pentágono, Wilson impuso el modelo burocrático corporativo de GM a las fuerzas armadas, modernizándolas para librar la Guerra Fría.
Después de GM, le tocó a Ford tomar las riendas, y John F. Kennedy nombró a su director ejecutivo
Robert McNamara y sus “niños precoces” para que prepararan a las tropas estadounidenses para una “larga lucha nebulosa, año tras año.” McNamara utilizó el enfoque de “administración de sistemas” integrado de Ford para lanzar una “matanza mecanizada, deshumanizada” desde los cielos contra Vietnam, Laos y Camboya, como la describiera una vez el historiador Gabriel Kolko.
Tal vez, por lo tanto, deberíamos pensar en las ruinas de Detroit como nuestro Foro Romano. Tal como los arcos triunfales de Roma todavía nos recuerdan sus pasadas victorias imperiales en Mesopotamia, Persia, y otros sitios, así los actuales edificios dilapidados de ‘Motown’ invocan la supremacía en rápida desaparición de EE.UU.
Entre los más imponentes está la fábrica de Henry Ford en Highland Park, cerrada desde fines de la década de los cincuenta. Apodada Palacio de Cristal por sus muros de vidrio desde el piso al techo, fue donde Ford perfeccionó la producción en línea de montaje, construyendo 9.000 Modelo T por día – un millón hasta 1915 – catapultando a EE.UU. a años luz por delante de Europa industrial.
También allí Ford pagó por primera vez a sus trabajadores cinco dólares por día, creando uno de los vecindarios de clase trabajadora de más rápido crecimiento y más próspero de todo EE.UU., repleto de excelentes casas de estilo Artes y Oficios. Actualmente, Highland Park parece una zona de guerra, con calles cubiertas de trozos de vidrio y flanqueadas por casas quemadas. Más de un 30% de su población vive en pobreza, y más vale no conocer las cifras de desempleo (más de un 20%) o los ingresos anuales promedio (menos de 20.000 dólares).
Hay un recuerdo de que no fue siempre así. Una pequeña placa de registro histórico delante de la fábrica Ford dice: “la producción en masa pronto pasó de aquí a todas las fases de la industria estadounidense y sentó las bases para la abundancia de la vida del Siglo XX.”
EE.UU. en el Amazonas
Para comprender verdaderamente hasta dónde ha caído EE.UU. de las alturas de su grandeza industrial – y para comprender cómo esa grandeza condujo a estupendos actos de locura – hay que visitar otro conjunto de ruinas lejos del cinturón de óxido del medio oeste estadounidense; yacen, en lo profundo (y casi olvidadas) en, de todos los lugares imaginables, en la selva tropical del Amazonas brasileño. Allí, cubierto por enredaderas tropicales, está el testamento de Henry Ford para la creencia de que el Modo de Vida Estadounidense podía ser fácilmente exportado, incluso a uno de los sitios más salvajes del planeta.
Ford poseía bosques en Michigan, así como minas en Kentucky y West Virginia, que le daban el control sobre todos los recursos naturales necesarios para hacer un coche – con la excepción del caucho. De modo que, en 1927, obtuvo una concesión de tierras amazónicas del tamaño de un pequeño Estado estadounidense. Ford podría haber establecido simplemente oficina de adquisición, y comprado caucho de productores locales, dejando que vivieran sus vidas a su gusto. Es lo que hacían otros exportadores de caucho.
Ford, sin embargo, tenía ideas más grandiosas. Se sintió en la obligación de cultivar no sólo “caucho sino también a los recolectores de caucho.” De modo que se lanzó a superponer el modo de vida estadounidense a Amazonia. Hizo que sus gerentes construyeran casas con techos de tejas al estilo Cape Cod para la mano de obra brasileña que contrató. Los instó a plantar jardines y huertas y a comer pan de trigo, arroz integral, melocotones de Michigan en latas, y harina de avena. Llamó su ciudad en la selva, con orgullo apropiado, Fordlandia.
Eran los años veinte, por supuesto, y por lo tanto sus gerentes impusieron la Prohibición del alcohol, o por lo menos trataron de hacerlo, aunque no era una ley brasileña, como en EE.UU. en esos días. Los fines de semana, la compañía organizaba bailes de ‘square dance’ y declamación de poesía de Henry Longfellow. El hospital construido por Ford en la ciudad ofrecía atención sanitaria gratuita a trabajadores y visitantes por igual. Fue diseñado por Albert Kahn, el renombrado arquitecto que construyó una serie de los edificios más famosos de Detroit, incluido el Crystal Palace. Fordlandia tenía una plaza central, aceras, fontanería interior, céspedes cuidados, un cine, tiendas de zapatos, heladerías y perfumerías, piscinas, canchas de tenis, un campo de golf y, por supuesto, Modelos T que circulaban por sus calles pavimentadas.
El choque entre Henry Ford – el hombre que redujo la producción industrial a los movimientos más simples a fin de producir una serie de productos infinitamente idénticos, el primero indistinguible del millonésimo – y el Amazonas, el ecosistema más complejo y diverso del mundo, fue chaplinesco en lo absurdo, y produjo un desfile de calamidades propias de una película de Hollywood. Hay que pensar en “Tiempos Modernos” que se encuentra con “Fitzcarraldo”. Los trabajadores brasileños se rebelaron contra el puritanismo de Ford y la naturaleza se rebeló contra su regimentación industrial. Dirigida por administradores incompetentes que sabían poco de la plantación de caucho y mucho menos de ingeniería social, Fordlandia se vio plagada en sus primeros años por el vicio, peleas con cuchillos, y disturbios. El sitio parecía menos ‘Nuestro Pueblo’ que Deadwood, y burdeles y bares se propagaban por sus bordes.
Ford finalmente logró controlar su feudo homónimo, pero como insistió en que sus administradores plantaran los gomeros en filas cerradas – en sus fábricas en Detroit, Ford acercó genialmente a sus máquinas para reducir los movimientos – creó realmente las condiciones para la propagación explosiva de los insectos y plagas que viven del caucho, y estos terminaron por devastar la plantación. Durante casi dos décadas, Ford invirtió millones y millones de dólares en el intento de lograr que su utopía en la selva trabajara al estilo estadounidense, pero ni una gota de látex de Fordlandia llegó a introducirse en un coche Ford.
Lo más espeluznante de todo esto es lo siguiente: Hoy en día, las ruinas de Fordlandia se parecen en mucho a las de Highland Park, así como otras ciudades en el cinturón de óxido que otrora resonaban con vida centrada en una fábrica ahora han retornado a la maleza. Existe, de hecho, un extraño parecido entre el depósito de agua oxidado de Fordlandia, su aserradero con los vidrios rotos y su planta eléctrica vacía y los cascarones de las mismas estructuras en Iron Mountain, una decaída ciudad industrial en la península superior de Michigan que también solía ser una ciudad de Ford.
En el Amazonas, el hospital de Albert Kahn se ha derrumbado, la selva ha recuperado el campo de golf y las canchas de tenis, y los murciélagos se han establecido en casas en las que vivieron en otros días los gerentes estadounidenses, cubriendo sus paredes de yeso con una capa de guano. No hay una placa conmemorativa que marque su lugar en la historia, Pero Fordlandia, no menos que la ruina de Detroit, es un monumento a los titanes del capital estadounidense – ninguno más titánico que Ford – que creyeron que EE.UU. ofrecía un modelo universal, y universalmente reconocido, para el resto de la humanidad.
Misión en la selva
Sería fácil leer la historia de Fordlandia como una parábola para la arrogancia. Con una gran determinación e indiferencia sobre el mundo que parecen demasiado familiares, Ford rechazó deliberadamente el consejo de expertos y se lanzó a convertir el Amazonas en el Medio Oeste de su imaginación. Mientras más fracasaba el proyecto como tal – es decir, la producción de caucho – más lo defendían los funcionarios de Ford como misión civilizadora; se puede pensar en ello como una especie de distante muestra previa del conjunto en permanente expansión de justificaciones de los motivos por los cuales EE.UU. invadió Iraq hace seis años. Pero Fordlandia penetra de un modo más profundo en la médula de la experiencia estadounidense.
Hace más de 50 años, el historiador de Harvard, Perry Miller, dio una famosa conferencia que intituló
"Misión en la selva." En ella trató de explicar por qué los puritanos ingleses partieron, para comenzar, hacia el Nuevo Mundo, en lugar de ir, digamos, a Holanda. Fueron, sugirió Miller, no sólo para escapar a la corrupción de la Iglesia de Inglaterra, sino para completar la reforma protestante de la cristiandad, que se había estancado en Europa.
Los puritanos no huyeron al Nuevo Mundo, dijo Miller, sino más bien trataron de dar a los fieles en Inglaterra un “modelo que funcione” de una comunidad más pura. Dicho de otra manera, algo central desde el comienzo para la expansión en América fue una “profunda inquietud”, un sentimiento de que “algo ha andado mal” en casa. Cuando la Colonia de la Bahía de Massachusetts sólo tenía unas pocas décadas, el descontento Cotton Mather comenzó a aprender español, pensando que se podría crear una mejor “Nueva Jerusalén” en México.
La fundación de Fordlandia fue impulsada por una intranquilidad semejante, un sentido de desgaste, incluso en buenos tiempos, de que “algo había ido mal” en EE.UU. Cuando Ford se lanzó a su aventura amazónica, ya había pasado la mayor parte de dos decenios, y una gran parte de su enorme fortuna, tratando de reformar la sociedad estadounidense. Sus frustraciones y descontento con la política y la cultura interior eran numerosas. La guerra, los sindicatos, Wall Street, los monopolios de la energía, los judíos, los bailes modernos, la lecha de vaca, Teodoro y Franklin Roosevelt, los cigarrillos y el alcohol fueron algunos de sus numerosos blancos y quejas. Pero debajo de todos esos enojos imaginarios se agitaba el hecho de que la fuerza que el capitalismo industrial había ayudado a desatar estaba socavando el mundo que esperaba restaurar.
Ford predicaba con la confianza de un pastor su única y verdadera idea: que una productividad en crecimiento permanente combinada con una remuneración en crecimiento permanente mitigaría el penoso trabajo humano y crearía prósperas comunidades de la clase trabajadora, y beneficios corporativos dependientes de la continua expansión de la demanda de los consumidores. “Altos salarios,” como dijo Ford, para crear “grandes mercados.” A fines de los años veinte, el fordismo – cómo llegó a ser llamada esa idea – era sinónimo de forma de pensar estadounidense, envidiada en todo el mundo por tener un capitalismo industrial aparentemente humanizado.
Pero el fordismo contenía en sí las semillas de su propia destrucción: la ruptura del proceso de montaje en tareas cada vez más pequeñas, combinada con rápidos progresos en el transporte y la comunicación, facilitó que los fabricantes se salieran de la relación de dependencia establecida por Ford entre altos salarios y grandes mercados. Los bienes podían ser producidos en un sitio y vendidos en otro, eliminando el incentivo que los empleadores tenían para pagar a los trabajadores lo suficiente para que compraran los productos que fabricaban.
En Roma, las ruinas aparecieron después de la caída del imperio. En EE.UU., la destrucción de Detroit ocurrió incluso mientras el país se elevaba a nuevas alturas como superpotencia.
Ford percibió temprano esa desarticulación y reaccionó ante ella, tratando por lo menos de ralentizarla de maneras cada vez más excéntricas. Estableció por todo Michigan una serie de “aldeas-industrias” descentralizadas hechas para equilibrar el trabajo agrícola e industrial y rescatar el EE.UU. de los pequeños poblados. Pero sus comunas pastorales no podían competir ante el poder puro de los cambios en cuya concepción Ford había tenido un rol tan importante. De modo que se volvió al Amazonas para crear su Ciudad sobre la Colina, en este caso una ciudad en un valle de un río tropical, reuniendo todas las numerosas variedades de su creencia en lo utópico en un último y desesperado intento de tener éxito.
Hace casi un siglo, el periodista Walter Lippmann observó que el impulso por rehacer el mundo, representó una cepa común de “característica estadounidense primitiva,” reforzada por una confianza nacida de logros sin igual. Luego continuó con una pregunta que quería ser sarcástica pero que, en los hechos, fue demasiado profética: “¿Por qué el éxito en Detroit no debiera garantizar el éxito frente a Bagdad?” Conocemos la ruina que acaeció en Detroit. ¿Hasta dónde en Bagdad? ¿Hasta dónde en EE.UU.?
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Greg Grandin es profesor de historia en la Universidad de Nueva York y autor numerosos libros, el más reciente “Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford's Forgotten Jungle City,” (Metropolitan 2009). Para contactos escriba a: grandin@nyu.edu.
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