lunes, 24 de mayo de 2010
Inestabilidad sistémica: Hacia una recaída en la recesión
Mike Whitney
CounterPunch
Los avatares de la deuda que pesa sobre Grecia han subido al techo los tipos de interés de los bonos y han aumentado las posibilidades de default. Una reestructuración de la deuda griega golpeará a los acreedores en Alemania y Francia que están insuficientemente capitalizados para administrar las pérdidas.
Los ministros de finanzas, jefes de estado de la UE y el Banco Central Europeo han respondido enérgicamente para tratar de evitar otro desplome bancario que pueda sumergir al mundo en una recesión. Han creado un Fondo de Estabilización Europeo de casi mil billones de dólares para calmar a los mercados y alejar a los especuladores. Pero el contagio ya se ha extendido a España, Portugal e Italia, donde sus líderes han comenzado a recortar agresivamente el gasto público e iniciado programas de austeridad. Estos programas de ajuste en la Eurozona harán decrecer la demanda agregada y amenazarán la frágil recomposición. Estamos en un punto de inflexión crítico.
Desde American Banker
“Las cotizaciones bursátiles de los bancos cayeron la semana pasada bajo la teoría de que las compañías bancarias tendrán grandes pérdidas en Europa. La teoría está en lo cierto. Los bancos serán dañados.” Escribió Richard Bove, de Rochdale Securities LLC, en una nota de investigación.
Bove señaló en otro informe de la pasada semana que “los grandes bancos americanos tienen más intereses de lo que se cree en este drama”. Él estima que JPMorgan Chase tiene una exposición en torno a 1,4 mil millones de dólares en toda Europa, mientras que Citigroup Inc. tiene 468,4 mil millones de dólares (N de la T: en la jerga financiera, se entiende por exposición al hecho de estar sujeto a un riesgo).
Varios analistas han señalado que los grandes bancos estadounidenses tienen lazos ocultos con la región a través de sus contrapartes de ultramar. Los Bancos del tipo money-center [1] negocian derivados financieros, intercambian divisas y realizan otras transacciones con grandes bancos europeos. Los bancos de EEUU pueden no tener mucha deuda soberana en Europa, pero esas instituciones europeas sí. Si Grecia entra en cesación de pagos, podría generarse una crisis de confianza en el mercado bancario europeo que se extendería a los grandes bancos estadounidenses.
“Obviamente, los bancos europeos tienen una exposición financiera con Grecia. Los bancos americanos han colocado préstamos en estos bancos”, dice Keith Davis, un analista de Farr Miller & Washington. “La exposición puede asumir variados canales –no es difícil imaginar cómo puede expandirse el incendio-”. (Europe's debt Crisis, US Banks Exposure", Paul Davis and Matt Monks, American Banker)
China y los EEUU han comenzado a resguardarse y a perseguir políticas deflacionarias. China ya fue sorprendida con un repentino aumento del 14,5% del renminbi sobre el euro en los últimos 4 meses, lo que empezó a dañar las exportaciones. Pero los líderes chinos también están tratando de desinflar la burbuja inmobiliaria que se formó por políticas monetarias laxas y el estímulo de una masiva inyección fiscal de 600 mil millones de dólares. En lugar de secar la liquidez mediante el incremento de las tasas de interés (lo que podría fortalecer el renminbi), China está aumentando los estándares de concesión de préstamos para poner más presión sobre los especuladores. Es una estrategia circular para lidiar con problemas serios. Esto es del The People`s Daily online:
“El 16 de abril, el Consejo de Estado extendió una serie de medidas para frenar el mercado inmobiliario doméstico en medio de las preocupaciones sobre las burbujas de activos. Estas medidas incluyen una paga inicial del 30% para quienes compran su primera vivienda de más de 90 m2, y del 50% más aumentos del tipo de interés hipotecario para los compradores de segundas viviendas. El gobierno también impuso una prohibición temporaria de las solicitudes hipotecarias para quienes deseen adquirir terceras viviendas y adquisiciones en otras ciudades Shanghai será la tercera región después de Pekín y Shenzhen en tener reglamentos sobre la compra de propiedades”, dijo Sun.
Al colocar los pies en el freno, China probablemente limitará los problemas derivados de la explosión de la burbuja crediticia, pero también ralentizará la inversión, que es el principal motor del crecimiento. Esto deja a los expertos divididos sobre el futuro que le espera al gigante asiático; muchos creen que China se dirige a un “aterrizaje forzoso”. Aquí va un extracto del administrador de fondos de riesgo Hugh Hendry, con un particular y sombrío pronóstico:
“La composición del crecimiento chino se ha sometido a un cambio potencialmente traicionero: ante la ausencia de demanda extranjera en expansión para sus exportaciones, ha apostado por un masivo aumento en el crédito bancario doméstico para avivar su tasa de crecimiento. Además, cuando se lo mide en términos relativos al tamaño de su economía, el salto de 27 puntos porcentuales en los préstamos bancarios respecto al PIB no tiene precedentes; en ningún momento de la historia hubo una nación que intentara tal inusitado incremento en la dirección estatal del crédito bancario.
Qué gran cambio: de una bestia exportadora a un adicto al crédito. ¿Quién podría haberlo pensado en 2001, el año en que todo comenzó a ir bien para China? ...China se ha convertido en el mayor prestamista del mundo, después de haber amasado cerca de 2,3 billones de dólares de intercambio comercial sobre nosotros. De todos modos, el espectro de una nación prestamista que obtiene ganancias comerciales persistentes tiene presagios históricos que no auguran nada bueno. Ha sucedido sólo dos veces antes, con la economía estadounidense en la década de 1920 y con la economía japonesa en los 80.” ("China: Hugh Hendry warns investors' infatuation is misguided" UK Telegraph)
La economía china marcha con sobreinversión, subconsumo y muy ajustados márgenes de.beneficios. Una ralentización de la economía china sólo acentuará la recesión en la UE, al reducir la cantidad de liquidez en el sistema. Esto conducirá a una contracción del crédito y a la caída de la demanda. Las presiones deflacionarias siguen creciendo.
Los derroteros de China y Europa aparecen en un mal momento para los Estados Unidos, donde la recuperación es tan débil que la Reserva Federal no ha aumentado el tipo de interés por encima de cero en más de 14 meses, ni vendido ninguno de los 1,7 mil billones de reservas en la forma de activos “tóxicos”. Si hubiera un destello de luz al final del túnel, la Reserva Federal ya habría aumentado los tipos de interés. Así las cosas, Ben Bernanke se ha resistido a vender cualquiera de los títulos respaldados con hipotecas (mortgage backed securities) que compró a los bancos en crisis. Está preocupado por el hecho de que aun una pequeña subasta –digamos, de 20 o 30 mil millones de dólares— podría desviar la liquidez de los mercados y enviar las cotizaciones bursátiles en picada. A la timidez de Bernanke, le subyace la severidad de la depresión. No se arriesga en lo absoluto.
El reciente incremento en Gastos de Consumo Personal fue el resultado de transferencias gubernamentales, ya que de otro modo, estos gastos permanecerían sin modificaciones. El estímulo fiscal de 787 mil millones de dólares de Obama no ha restaurado el gasto en consumo a los niveles previos a la crisis o creado los cimientos para una recuperación autosostenida. Al final del tercer trimestre, el estímulo disminuirá (excluyendo otra burbuja de activos) y la contracción se reanudará. La burbuja del mercado de valores –diseñada especialmente por el programa de monetización de Bernanke y las inyecciones de liquidez- no ha reducido el desempleo, ni reactivado la actividad económica o cercenado la deflación. A continuación, una cita del economista principal de Gluskin Shef, David Rosenberg, quien ofrece un buen resumen de la marcha de la economía:
Por cierto que existen señales clásicas de que la recesión en los Estados Unidos finalizó el pasado verano… Pero la depresión continúa. El ingreso personal es cerca de 500 mil millones de dólares menos de lo que lo fue en su máximo hace 16 meses, y esto nunca ha ocurrido antes de salir de cualquier recesión técnica…
Al margen del impacto tardío de todo el estímulo gubernamental y del impacto de la acumulación de inventarios, la economía no está creciendo… Si se toma la información del gobierno a valor nominal, los últimos cuatro trimestres han promediado sólo un 1,38% en términos de ventas finales reales, lo cual las sitúa en la trayectoria post recesión más débil de toda la historia… el gobierno ha hecho todo lo que pudo para perpetuar el ciclo de gastos de consumo aun a pesar de que tales gastos ya representan un porcentaje récord por encima del 70% del PIB. Más aun, una vez que finalice la moratoria sobre las ejecuciones hipotecarias, y que el gobierno no intente seguir jugando con las fuerzas del mercado y permitiendo que se revelen los verdaderos precios, el valor de las viviendas seguirá su camino descendente, lo cual es evidente en todas las series de datos. Hay un exceso de 5 millones de viviendas vacías en todos los Estados Unidos actuando como un gran lastre sobre el precio de los inmuebles…
El informe sobre pequeña empresa de la Federación Nacional de Negocios Independientes está mostrando que el crecimiento económico está, como mínimo, estancado. ("Why the depression is ongoing", David Rosenberg, Gluskin Sheff & Associates)
Cerca de 800 mil millones de dólares en estímulos fiscales apenas consiguieron colocar la economía en el terreno de los números positivos. Fuera de la reconstitución de inventarios, el PIB creció solo un 1,38% (como señala Rosenberg) “una de las trayectorias post recesión más débiles de toda la historia”. En los Estados Unidos, los consumidores se enfrentan a un duro porvenir; escasas oportunidades de empleo, crecimiento acelerado de deudas personales, incrementos salariales estancados, y acceso cada vez más restringido al crédito. Los consumidores están demasiado apretados como para sacar del barro a la economía, y Wall Street lo sabe. Esta es la razón por la que Bernanke ha defendido tan ferozmente los instrumentos de deuda de alto riesgo y la titulización de activos, [2] porque representan los únicos medios con que mantener la rentabilidad en una economía estancada. La batalla sobre los derivados financieros es la batalla por el futuro mismo del capitalismo.
Nadie ha escrito de manera más brillante o persuasiva sobre el estancamiento que padecen las economías capitalistas maduras que el historiador de la UCLA, Robert Brenner. En la introducción de su libro de 2006, “The Economics of Global Turbulence”, Brenner explica el defecto estructural inherente al capitalismo, el cual inevitablemente conduce a la crisis. [3] He aquí un párrafo (aunque el libro merece ser leído en su totalidad):
“La principal fuente de la crisis actual es el declive constante de la vitalidad de las economías capitalistas avanzadas a lo largo de tres décadas, tras ciclos de auge y depresión, uno tras otro, hasta llegar al presente. La debilidad de largo plazo de la acumulación de capital y de la demanda agregada ha estado enraizada en un profundo declive de todo el sistema y el fracaso en la recuperación de la tasa de retorno del capital, lo que resulta principal, pero no solamente, de una persistente tendencia a la sobrecapacidad (sobreoferta) en las industrias manufactureras mundiales. Desde el comienzo del largo ciclo de declive en 1973, las autoridades económicas evitaron el tipo de crisis que históricamente asoló el sistema capitalista mediante el recurso de endeudarse pública y privadamente cada vez más para subsidiar la demanda. Pero ellos solamente lograron un mínimo de estabilidad y al costo de un estancamiento cada vez más pronunciado, a medida que el creciente endeudamiento y el fracaso para eliminar la sobre-capacidad dejaron la economía con cada vez menos capacidad de reacción frente a los estímulos...”
Para enfrentar este estancamiento permanente, Brenner dice que la Reserva Federal se embarcó en un plan que usaría a las “corporaciones y los hogares, más que al gobierno; en consecuencia, impulsaría la economía mediante enormes sumas de préstamos y de gasto público, posibilitado por el incremento histórico de su riqueza en los papeles. Ellos mismos lo permitieron acumulando históricos aumentos en los precios de activos, esto último animado por el bajo costo de los préstamos. Los déficits privados, empresariales y de los hogares, remplazarían entonces al déficit público. El nudo de todo el proceso sería una incesante oferta de crédito barato para avivar los mercados de activos, a la larga asegurados por la Reserva Federal” ("What's Good for Goldman Sachs is Good for America: The Origins of the Current Crisis", Robert Brenner, Center for Social theory and comparative History, UCLA, 2009)
La crisis actual no es accidental. El sistema se está comportando tal como fue diseñado. Las bajas tasas de interés, laxos criterios de otorgamiento de crédito, derivados maximizando el apalancamiento financiero, incluso flagrantes fraudes en el mercado de valores, todos han sido implementados para sortear el defecto estructural básico del capitalismo –su tendencia de largo plazo hacia el estancamiento-. Naturalmente, este cocktail letal de políticas ha generado una mayor inestabilidad en el sistema e incrementado la posibilidad de otro desplome.
¿ La Gran Depresión, segunda parte?
Existen muchas semejanzas entre la actual crisis y los eventos que tuvieron lugar durante la Gran Depresión. Como señala la periodista Megan McArdle, la Gran Depresión también tuvo “dos partes”; el crack del mercado estalló en 1929 y fue seguido un año y medio después por una caída aun más profunda en 1932. La segunda fase de la Gran Depresión comenzó en Europa. A continuación, citamos un pasaje de su artículo:
La Gran Depresión estaba compuesta por dos pánicos separados (…) las condiciones económicas creadas por el primer pánico royeron los cimientos de instituciones financieras y gobiernos, y señaladamente, provocaron el fracaso de Creditanstalt en Austria. El gobierno austríaco, enredado en sus propios problemas, no pudo anticiparse a la bancarrota (y) el contagio se expandió. Hacia Alemania. Esta fue una de las razones por las que los nazis consiguieron el poder. También fue una de las razones por las que tuvimos nuestra segunda crisis bancaria, que empujó a los Estados Unidos al fondo de la Gran Depresión, y aquí le dió el poder a la Reserva Federal. ("Why Should You Be Freaked Out About Greece? Remember, The Great Depression Had Two Parts", Megan McArdle, businessinsider.com)
Con la implementación de los programas de austeridad a lo largo de todo el Club Med (Grecia, Portugal, España e Italia) los superávits externos de Alemania se secarán y el PIB de la Unión Europea se achicará. Los esfuerzos para enfriar la economía china tendrán igualmente efectos sobre el crecimiento mundial, al ahogar la liquidez y ralentizar la inversión total. Las restricciones sobre el gasto impactarán adversamente en el estímulo fiscal de los EEUU, y acelerará la tasa de deterioro. El clima político ha cambiado en ese país y no hay más apoyo público suficiente para una segunda ronda de estímulos. Sin otro paquete de estímulos, la economía caerá nuevamente en la recesión hacia finales de 2010.
NOTA T.: [1] Bancos cuyo negocio está concentrado en la intermediación entre grandes inversores, gobiernos y grandes empresas en lugar de consumidores, por ejemplo, JPMorgan, Citigroup y Bank of America Corporation]. [2] La titulización o segurización de activos es un procedimiento que consiste en agrupar instrumentos financieros similares, por ejemplo, deudas hipotecarias, para transformarlos en un nuevo instrumento negociable). [3] Robert Brenner es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso. Un buen resumen de su visión de la catual crisis del capitalismo puede encontrarse AQUÍ.
Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.
Traducción para www.sinpermiso.info: Camila Vollenweider
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3340
sábado, 22 de mayo de 2010
¿Por qué el 3% de déficit público y no el 2 o el 7? Mentiras y verdades sobre los déficit y la deuda
22-05-2010
Juan Torres López
Rebelión
Me imagino que cuando la gente oye decir que en Europa los déficit públicos deben ser menores del 3% del Producto Interior Bruto debe pensar que detrás de esa cifra hay sesudos análisis científicos llevados a cabo por economistas que dominan las técnicas más complicadas y rigurosas. Y como la postura de los líderes políticos más poderosos es tan firme en ese sentido y los economistas la subrayan tan seguros de sí mismos, ¿qué ciudadano va a osar ponerla en cuestión?
Sin embargo, detrás de esa obligación no hay ningún tipo de análisis científico que pruebe que el límite del 3% es mejor que el del 2% o el del 7% o que cualquier otro. Nada de nada. Nadie ha demostrado ni podrá hacerlo nunca que lo óptimo sea mantener los déficit en ese nivel, nadie ha demostrado ni podrá hacerlo nunca que la estabilidad presupuestaria sea mejor que los déficit. Nunca se podrá mantener como una verdad científica que la estabilidad presupuestaria o el límite europeo del 3% y no otro es lo que más conviene para el crecimiento económico, para el bienestar o para nada. Más bien sabemos con certeza lo contrario: cuando la economía se ha venido abajo en docenas de veces lo más adecuado ha sido lo contrario, incurrir en déficit hasta ponerla de nuevo en marcha. O también gastar más de lo que se ingresa sin miedo cuando de esa manera se capitaliza la economía y se sientan las bases para un rendimiento mayor en el futuro. Afirmar que los gobiernos europeos deben liquidar sus presupuestos con déficit menores al 3% de su PIB es una simple convención establecida por los gobernantes. Podrían haber puesto el 0%, el 1% , el 4% o el 9% y hubieran tenido detrás el mismo fundamento científico: ninguno.
¿Por qué lo hacen entonces?
En primer lugar porque les conviene hacer creer que sus políticas son el resultado de decisiones técnicas supercientíficas que no hay que discutir. Utilizando esas cifras (como aquel gobernador del Banco de España que decía que no era bueno para la economía española que el paro bajase del 17%) se hace aparecer a la economía como una especie de ciencia física que dispone de magnitudes universales y que, por ser eso, magnitudes universales, están fuera de toda discusión y nadie tiene por qué poner en cuestión la política que se basa en ellas. Y así se puede descalificar a quien discuta la conveniencia del déficit como se haría con quien discutiera que la magnitud del número pi es 3,1416 o la velocidad de la luz…
Si no hay verdades científicas que demuestren que sea mejor que no haya déficit, los ciudadanos deberían saber entonces por qué las autoridades que defienden estas políticas tienen tanto interés en decir que se eliminen. Hay al menos dos razones fundamentales. En primer lugar, porque al mismo tiempo que dicen que no debe haber déficit proclaman (con el mismo nulo fundamento) que los impuestos deben ser los más bajos posibles y de esa manera se termina obligando a que disminuyan los gastos públicos. Cuando disminuyen los ingresos y los gastos públicos lo que ocurre es que los gobiernos no pueden proporcionar a la economía el capital social necesario: infraestructuras, servicios sociales, salud, educación… Y eso hace que cada vez les sea más difícil satisfacer las demandas de la población. Los gobiernos incumplen sus promesas electorales, la provisión de bienes públicos empeora y los ciudadanos tienden así a sentir un desafecto progresivo hacia todo lo que suene a gobierno, a política, a partidos… Justo lo que buscan quienes no necesitan del gobierno, de la política o de los partidos para satisfacer sus necesidades o para influir en las decisiones que afectan a sus intereses. En segundo lugar ocurre un fenómeno curioso al que no se le suele prestar atención. Los defensores de la desaparición de la deuda pública son quienes se callan sin embargo cuando crece extraordinariamente la privada, precisamente, como consecuencia de la capacidad cada vez menor del gobierno para satisfacer necesidades sociales. Cuando los gobiernos se encuentran con menos recursos y la sanidad pública, la vivienda pública, la educación pública y en general todos los servicios públicos tienden lógicamente a ser peores o más escasos, y cuando al mismo tiempo bajan los salarios y el trabajo se hace precario, lo trabajadores han de endeudarse cada vez más y la banca se hace dueña de sus haciendas y de sus vidas.
La deuda (tanto la pública cuando es financiada por ellos como la privada) es el gran negocio de lo bancos. Cuanto más deuda haya, más dinero ganan.
Pero prefieren la deuda privada por varias razones.
Primero, como he dicho, porque hace que aumente la desafección ciudadana y que disminuya la fuerza y la calidad de la democracia. Segundo, porque no está manos del gobierno sino de miles y miles de personas que son mucho más indefensas frente a los bancos y eso les permite a éstos imponer condiciones más favorables a su negocio (la difusión de hipotecas subprime principalmente entre los sectores más desfavorecidos de Estados Unidos es una prueba de ello como hemos demostrado Lina Gálvez y yo en el libro Desiguales. Mujeres y hombres frente a la crisis financiera , que saldrá a la calle en unos días publicado por Icaria Editorial). Y en tercer lugar, porque de esa manera es más seguro que el gasto se dedique a los negocios que más interesa al capital privado y no a la producción de bienes sociales que es lo que principalmente financia la deuda pública de un gobierno democrático.
Por otro lado, cuando los liberales (en realidad los defensores de los intereses de los bancos y los sectores más ricos y poderosos de la sociedad) proponen que no haya déficit públicos se olvidan de decir qué se pierde con ello. Naturalmente, nadie puede defender que los gobiernos gasten irracionalmente y despilfarren recursos. La deuda que se origina de esa manera es tan inapropiada y peligrosa como cualquier otra conducta económica que produce inestabilidad e insostenibilidad. Pero choca que los enemigos de la deuda pública no lo sean de la privada que si se desboca es igual de insostenible, ni tampoco de la especulación, del deterioro ambiental, de la desigualdad, de la financiarización o de todas las demás manifestaciones de la insostenibilidad asociadas a la economía capitalista. Y en cualquier caso, el hecho de que un gobierno gaste mal no significa que la deuda deba desaparecer: la alternativa a un gobierno que despilfarra no es otro que no gaste sino uno que gaste bien, que lo hace en lo que es necesario que gaste un gobierno, en capital y bienestar social.
También es verdad que la deuda no puede crecer indefinidamente pero eso tampoco significa que no se pueda mantener permanentemente. Lo importante no es tanto el montante de la deuda como la contribución que efectivamente realiza a crear más ingresos, más riqueza y más bienestar. Mientras lo haga, no deberá ser demasiado problema mantenerla y eso significa que lo que verdaderamente es malo de nuestras economías no es que haya mucho deuda sino que está asociada a la alimentación de actividades especulativas y al negocio privado, es decir, que no crea ingresos para ir sufragándola porque lo genera insuficientemente y porque los que genera están muy mal repartidos.
En realidad, la deuda pública debería entenderse como el pago que las generaciones futuras hacen de los bienes o servicios producidos anteriormente pero que ellas van a disfrutar en su momento. Y por eso, cuando se obliga a naciones que no son ricas a prescindir de la deuda se les está obligando a renunciar a la disposición de bienes y servicios de capital que requieren varias generaciones para financiarse y disfrutarse. Igual que una familia normal no podría financiarse una vivienda al contado, el capital social que necesitan las sociedades necesita endeudamiento. Por eso, eliminar el derecho de las naciones más pobres a endeudarse de modo racional y sostenible es condenarlas empobrecerse quizá para siempre. Lo necesario, por tanto, no es que haya endeudamiento sino que éste se financie de modo solidario y sostenible y no como un simple negocio especulativo o al servicio de los intereses de una minoría exigua de la población.
Es cierto que un problema grave es que la deuda esté usándose en su totalidad o en gran parte (como ocurrió en mayor medida en países con dictaduras al servicio de los grandes bancos y de Estados Unidos y también, aunque en menor medida, en países como el nuestro) para fines distintos a la creación de riqueza y bienestar. Pero eso justamente ocurre en mayor medida cuanto más débil sea la democracia (un fenómeno que como señalé tiene mucho que ver con el debilitamiento de lo público), y cuando la financiación de la deuda se convierte en un negocio, cuando se deja en manos de la banca privada o de los especuladores (que para el caso es lo mismo). Pero incluso en este caso la solución tampoco es eliminarla sino fortalecer el debate social y la democracia, combatir la especulación financiera y controlar democráticamente la financiación de la actividad económica.
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com
lunes, 17 de mayo de 2010
Atrás a toda marcha, dos o tres siglos
17-05-2010
Guillermo Almeyra
La Jornada
El capital utiliza la crisis que él mismo ha provocado y maneja para reducir ulteriormente los derechos y las conquistas históricas de los trabajadores, aumentar el número gigantesco de desocupados para pesar sobre los ocupados y sus salarios, y reducir al máximo sus ingresos reales.
La mundialización capitalista ha permitido así, acabar con la jornada de ocho horas, con la prohibición del trabajo infantil y con la protección ambiental; ha reintroducido en masa la esclavitud, ha privatizado todo en beneficio de las grandes empresas y las trasnacionales, expropiando a los ciudadanos, y ha transformado todo –personas, ideas, valores– en mercancía; ha destruido las bases de la civilización y puesto en peligro de desaparición las bases materiales de la vida en el planeta. Decenas de miles de especies han desaparecido y otras decenas de miles las seguirán hacia la extinción durante la actual era del Antropoceno, provocada por la acelerada devastación capitalista.
Ésta, tras someter la agricultura y las zonas rurales de todo el mundo, se lanza ahora contra los bienes comunes subsistentes –el agua potable, los mares y los bosques– tal como, antes de la Revolución industrial, lo hizo contra los bienes de las comunidades (pastos, leña y arroyos) y las propias poblaciones. Para mantener alta la tasa de ganancia, reduce brutalmente el nivel de vida y de civilización, como en Grecia o España, recortando salarios y pensiones, eliminando subsidios y servicios a mujeres solas e inválidos, aumentando el impuesto al valor agregado, reduciendo derechos (indemnizaciones, vacaciones, aguinaldos), y carga sobre las mujeres el peso de la atención sanitaria de sus familiares y de la reproducción, elimina los jirones de soberanía que subsistían para servir al gran capital financiero internacional.
Éste, que pretende "asiatizar" los salarios directos e indirectos en los países metropolitanos y hacer retroceder dos o tres siglos el modo de vida, acaba de poner en marcha un nuevo Plan Marshall siete veces y medio mayor que el anterior. Los casi 900 mil millones de euros (un billón 200 mil millones de dólares, aproximadamente) aprobados para evitar la quiebra griega (y la española, irlandesa, portuguesa, inglesa e italiana, si las cosas seguían así) no tienen como motor –de acuerdo con el primer Plan Marshall– el miedo al comunismo, a la expropiación de los expropiadores, sino la necesidad de salvar a los especuladores y concentrar aún más la propiedad y el poder en manos de pocas y enormes empresas industrial-financieras. La represión brutal, como en Grecia, la guerra colonial de despojo (como en Palestina, Irak y Afganistán), el desconocimiento de los derechos humanos (como en el caso de Arizona y su racismo antinmigrante), son la respuesta del capital a la defensa de los trabajadores de sus conquistas sociales y de la civilización, a la voluntad de paz de los mismos, a la solidaridad en el seno de los explotados.
La crisis económica y la ecológica integran la ofensiva del capital contra los explotados y oprimidos, y contra la civilización resultante de la Revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad, para toda la humanidad). Por eso lo que sucede en Grecia o en España nos atañe directamente. Por eso no puede haber una solución meramente ecológica a la destrucción ambiental y la depredación de los recursos naturales, los cuales son finitos o pueden serlo, y a la desaparición de las otras especies. Por eso la defensa del ambiente debe hacerse –como destacó Evo Morales en la cumbre de Cochabamba– en el contexto de la lucha por un cambio de régimen. Pero éste no puede consistir sólo en la adopción de medidas ambientalistas o democratizadoras, sino que debe estar clara y políticamente dirigida a acabar con el poder de los hambreadores, despojadores, neoesclavistas y depredadores.
La autogestión del territorio y de sus recursos es también la construcción del poder en las mentes y en la sociedad, y de relaciones estatales democráticas y participativas que no pueden ser remplazadas por un aparato estatal burocrático neodesarrollista, dedicado a encarar reformas económicas y sociales, por importantes y bienvenidas que puedan ser. El aparato de Estado actual, cualquiera sea el gobierno, norma la integración del país en el mercado mundial capitalista y no es expresión de un inexistente socialismo comunitario. El Estado, en general, como relación de fuerzas entre las clases, es un terreno de la lucha de éstas, no un instrumento por arriba de la misma. Por eso los movimientos sociales defensores del mundo y la vida hoy atacado y que quieren preparar el porvenir, deben ser independientes del poder estatal y de sus instrumentos (como las instituciones, comprendidas entre éstas los partidos oficiales y la burocracia) y deben construir un poder dual frente al capital y el Estado. Si las leyes dan margen para eso, tanto mejor; si no, hay que hacer leyes mejores. Pero en ningún caso las leyes o la Constitución garantizan por sí mismas el éxito de la lucha, porque no son más que "un pedazo de papel en la boca de un cañón". Lo decisivo es, por tanto, construir una relación de fuerzas favorable a la toma de conciencia anticapitalista.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/16/index.php?section=opinion&article=022a1pol
sábado, 31 de octubre de 2009
Stephen Jennings, Magnate neozelandés, da por concluido dominio económico de Occidente
28/ 10/ 2009
Moscú,
RIA Novosti.
El multimillonario neozelandés Stephen Jennings, presidente del grupo inversor Renaissance Capital, da por "concluida" la era del dominio de Occidente. "No está en declive, ha terminado ya", declaró el empresario en una entrevista publicada hoy en el diario ruso Vedomosti.
A medida que pasan los años, se afianza la comprensión de que hoy empieza una era económica totalmente distinta, opina Jennings. La etapa anterior, a su juicio, ha finalizado en plano económico y financiero y va tocando fondo en lo geopolítico. Los mercados emergentes, que ya generan un 50% del PIB mundial, van a crecer próximamente a un ritmo más acelerado. Y el liderazgo pasará a los países no integrados en el Grupo de los Siete.
Renaissance Capital y el Fondo Monetario Internacional estiman que el PIB de China, en dólares, aumentará para 2014 en el 151% en comparación con 2007. El de Rusia, en un 72%; el de India, en un 58%; y el de África, en un 52%. Las siete economías más industrializadas del planeta y la Unión Europea crecerán en este período en un 14% y un 6%, respectivamente.
Jennings vaticina un trasvase a gran escala de capitales, ahorros y recursos humanos de Occidente a los mercados emergentes, así como una revalorización sustancial de divisas y activos. El mayor crecimiento, en su opinión, no lo van a demostrar las multinacionales ni las compañías estadounidenses sino las empresas locales en las economías emergentes.
Basado en Rusia, Renaissance Capital apuesta por abarcar los mercados emergentes, del Extremo Oriente al sur del África, señaló Jennings. Las prioridades sectoriales serán la minería, la industria del petróleo y el gas, así como el negocio agropecuario.