La distribución de beneficios en la explotación del petróleo amazónico está muy desequilibrada. El llamado “Chernobyl de la jungla” o mayor desastre petrolífero de la historia, perpetrado por la negligencia criminal de la multinacional Texaco; ha supuesto el exterminio de varias etnias, la desforestación y contaminación de millones de hectáreas y la violación de los derechos humanos indígenas a costa del enriquecimiento del bando esquilmador. Esta es la crónica completa de la mayor demanda judicial de la historia interpuesta por los afectados.
Extracto muy significativo del reciente y polémico documental “Crude” de Joe Berlinger y que ha levantado el interés, de nuevo, por el caso del Chernobyl Amazónico.
La pesadilla indígena comenzó en 1967, con la llegada de Texaco (ahora Chevron) a la selva ecuatoriana. Hasta entonces un pequeño pozo inaugurado en la Península de Santa Elena (Ecuador) en 1911 era el único reducto de este tipo de explotación energética experimental y, por entonces, nada rentable. Tres años antes Texaco había conseguido una ‘concesión’ teledirigida del gobierno, de más de millón y medio de hectáreas para prospectar pretróleo a sus anchas y sin ningún rigor medioambiental. Hasta 1990 -cuando abandonó la extracción- Texaco ya había perforado más de 400 pozos, sólo en la Amazonía Ecuatoriana; extrayendo -sin contar los derrames- casi veinte mil millones de barriles de crudo, lo que equivale a 25 años de todo el consumo actual de petróleo y gas en España.
Una de las ‘piscinas de petróleo’ abandonadas a su suerte en la región. El gas se sigue quemando durante 24 horas al día desde que se inaguró el pozo. .
Es muy curioso que, según varios estudios antropológicos, un siglo antes de la invasión-Texaco; los indígenas hablaban de un elemento negro y viscoso que brotaba de forma natural de la madre tierra y que tenía cierto rendimiento energético y hasta medicinal. La primera relación pues del indígena con el ‘oro negro’ era moderada y sostenible… hasta que la mano avariciosa y los brutales y descontrolados procesos químicos de extracción, rompieron la armonía del recurso natural para ponzoñar el desarrollo sustentable de estas tribus y su entorno.
Una tubería rota, parte de una instalación abandonada, sigue emitiendo tóxicos en un pozo de Shushufindi, Ecuador.
¡Este acuífero huele a gasolina!
El gran error de la desaparecida Texaco (adquirida por Chevron con todas sus ‘cargas’ en 2001), presa de la codicia del pionero y desestimando su responsabilidad como tal, fue obviar los reglamentos de extracción vigentes (por entonces bastantes permisivos pero muy claros) para utilizar, en su beneficio, los métodos prospectivos del desierto que rentabilizaban al máximo sus avaras inversiones. Como fueron las primeros, se les exoneró de culpa y negligencia con la excusa de la generación de riqueza en zona pobre. Vía libre a la rapacidad del poderoso.
.Más de 900 piscinas al aire libre de residuos y ‘aguas de formación’ han sido abandonadas por Chevron-Texaco tras las agotar las extracciones. Fuente
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En toda extracción petrolífera se producen fluidos asociados o “aguas de formación” en los procesos de separación del agua y gas del crudo antes de ser bombeado a los oleoductos. Estos desechos normalmente son devueltos y reinyectados allá de donde nacieron; la profundidad de la madre tierra. En el Amazonas no, era ‘demasiado caro’. Texaco prefirió hacer con estas aguas piscinas tóxicas al aire libre para el ‘olor’ y disfrute del indio amazónico y su ecosistema. Nada más y nada menos que más de 1.000 piscinas artificiales descubiertas, sembradas por toda la Amazonía Ecuatoriana y regadas con agua ponzoñosa y que a día de hoy siguen abiertas y vertiendo tóxicos a la atmósfera y a los acuíferos adyacentes a través del subsuelo. Ver las fotos.
En una de las escenas del documental “Crude” de Joe Berlinger, se puede ver al Presidente ecuatoriano Rafael Correa (grano en el culo del gigante Chevron), visitando a una familia afectada por las filtraciones desde una piscina de formación a su pozo de agua potable: – ¡Esto huele a gasolina! Exclama ingenuamente el mandatario.
A estos ‘pantanos artificiales de petróleo’ se les unieron los vertidos incontrolados de más de 57 millones de litros de crudo por roturas en los oleoductos, la quema de más de 30.500 millones de pies cúbicos diarios de gas cuyas partículas de combustión son eliminadas directamente a la atmósfera y la ‘plastificación’ de carreteras y caminos amazónicos con productos asfálticos de mala calidad y solubles a lluvias y escorrentías; pero sobre todo, lo que más indigna, es la falta de diligencia en las políticas medioambientales responsables de recuperación en todos los desastres acaecidos.
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Un genocidio en toda regla.
Los primeros años de explotación, el ‘oro negro’ y el cohecho para con los indígenas ocultó la terrible esquilmacíon de recursos tanto medioambientales como humanos. Los afectados han convivido con la enfermedad y con el miedo. Nunca, hasta ahora, se organizaron para denunciar por temor a que las grandes compañías extractoras cancelaran las exiguas ayudas que vendían como contraprestación humanitaria a la cruel explotación. Todavía hoy, centenares de ‘esteros’ engañados, limpian con lo puesto y sin protección alguna las piscinas de crudo mientras bendicen las bondades del gigante y disfrutan la tasa de abortos espontáneos más alta de toda América.
Séis etnias han sido diezmadas desde que Texaco irrumpió en el Amazonas: Cofán, Secoya, Huaorani, Siona, Quichua y Tetete.
Las tribu Tetete, por ejemplo, ha desaparecido ‘literalmente’ del mapa por la acción directa de Texaco. No se trata de una teoría izquierdista sobre la evolución natural de los últimos reductos indígenas. La causa directa de su extinción fue la desforestación y los vertidos en el entorno del Lago Agrio (su nombre se lo dio el petróleo) a causa de los mecanismos utilizados en las perforaciones en un territorio ’sin ley’ por parte de la multinacional americana. Hoy este exterminio archidemostrado sigue sospechosamente impune.
La culpa es de los Indios.
La multinacional, potentada en recursos, ha creado un lobby complejo y poderoso entorno al caso. Durante estos años de lucha, las diferentes ‘perlas’ de sus abogados, representantes y directivos de la empresa, además de mostrar el ‘pensamiento oficial’ del emporio respecto al daño ocasionado, han emponzoñado el proceso y sus reverberaciones en la opinión pública.
- “El petróleo no produce cáncer. Las enfermedades de los Indígenas son producto de la falta de higiene”. Silvia Garrido. Abogada de Chevron-Texaco, obviando que uno de los componentes del crudo es el benceno, un potente cancerígeno.
- “No se han encontrado elementos tóxicos que terminen de responsabilizar a Texaco”. Jaime Varela, representante de Chevron-Texaco en el Ecuador; contradiciendo todas las pruebas aportadas en juicio incluso por su propia compañía.
- “Yo me maquillo todos los días, poniéndome una forma de ‘petróleo’ en la cara. Y no significa que vaya a enfermar por ello”. Silvia Garrido, abogada de Chevron-Texaco durante una reciente entrevista. Sin comentarios.
- “Nosotros limpiamos el daño en el Ecuador y ya no somos responsables” A mediados de los 90, Texaco pagó unos 40 millones de dólares para una supuesta limpieza a cambio de la firma del necesitado gobierno ecuatoriano para que le eximiera de responsabilidades futuras. La fraudulenta ‘remediación’ consistió en llenar de arena y chatarra algunas de las piscinas de petróleo desestimando la purificación de acuíferos y la compensación y cura de los enfermos. Más tarde se demostró la falsificación en el número de piscinas limpiadas y de los análisis efectuados por la compañía para ganarse la firma del gobierno y con ello el indulto. Esto ocasionó una cruenta batalla legal entre Texaco y el Estado Ecuatoriano ante la Corte Federal de EEUU. El litigio aún continua.
- “Altos niveles de materiales tóxicos se encuentran de manera natural en el suelo del Amazonas”Texaco pretende hacer creer que unos niveles de 40.000 mg/kg de bario en la tierra es una cantidad ‘natural’. La manipulación que ejerce Texaco sobre las tomas de datos en las inspecciones oficiales es flagrante y está demostrada en muchos documentos. Intentando imponer siempre sus ‘ridículos’ protocolos de medida por encima de los peritajes aprobados por los organismos oficiales. Y, como en este caso, rozando el ridículo más espantoso.
- “El documental de Berlinger está lleno de emoción, pero escaso de hechos [...] La principal causa de los problemas de salud en el oriente ecuatoriano, donde se realiza la actividad petrolera que enfoca la película, es la contaminación del agua, pero no por el crudo, si no por la falta de saneamiento básico en la zona, donde los desagües de los municipios desembocan sin tratamiento en los ríos y riachuelos de la región”.James Craig portavoz de Chevron-Texaco , sobre el documental “Crude“
Para desmontar otros muchos mitos del caso ‘Texaco‘ no os perdáis este interesante documento.
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La mayor demanda de la historia es también el mayor fiasco jurídico de la historia.
La contaminación del amazonas es el peor de los vertidos de crudo que se ha producido a lo largo de la historia, con más de 4.000 kilómetros cuadrados afectados. El nivel de toxinas derramadas en los acuíferos y el subsuelo amazónico es hasta 30 veces superior a los vertidos producidos en Alaska por el Exxon Valdez. Pero su impacto mediático ha sido infinitamente menor debido a la calculada estrategia del lobby occidental para no sentar jurisprudencia en dominios del tercer mundo. El juicio lleva con aplazamientos, retrasos y sin sentencia durante más de 20 años.
En 1993, poco después de la ‘huida’ de Texaco del Amazonas, un pequeño grupo de afectados ‘particulares’, ayudados por dos pequeños despachos de abogados norteamericanos, presentaron una demanda en la Corte Federal de Nueva York, por los daños ocasionados al medio ambiente y a las etnias autóctonas en la utilización de tecnología obsoleta y barata durante sus operaciones petrolíferas. 30.000 indígenas y colonos se unieron en 1995 a la demanda reclamando más de 27.000 millones de dólares como indemnización y bolsa de recursos para ‘limpiar’ el territorio afectado. La justicia americana, en una decisión histórica, resolvió en 2002 enviar el caso a Ecuador ordenando a Chevron-Texaco someterse (sin posibilidad de prescripción alguna) a la jurisprudencia ecuatoriana, por encontrarse allí la mayoría de las pruebas y evidencias. Los dirigentes de Texaco se frotaron -a priori- las manos al saberse infinitamente mejor preparados en una batalla legal contra la inocente justicia de un país del ‘tercer’ mundo. Actualmente, y siempre a coveniencia, reniegan de una supuesta justicia inexperta que podría condenarles por simple ‘presión popular’.
Unas 200.000 páginas de evidencias y 62.000 análisis científicos de laboratorios independientes demuestran que la multinacional ha abandonado a su suerte más de 900 balsas de residuos y ha derramado voluntariamente tóxicos y agua contaminada que, a su vez, ha producido todo tipo de lesiones y males en la población indígena: cánceres, abortos, leucemia, anemias, afecciones de la piel, desnutrición.. etc. Como demuestran prestigiosos informes independientes, como el “Yana Curi” de la “London School of Hygiene and Tropical Medicine“. Todas las pruebas apuntan hacia un lado pero el proceso está cada vez más ‘viscoso’ y empantanado por las inteligentes maniobras burocráticas y demandas disuasorias de los ‘poderosos’ acusados.
Las trabas del organigrama jurídico de la multinacional son calculadas y orquestadas al ritmo de los vértices de su pirámide. El juicio está convirtiéndose en un circo mediático para ganarse el favor de la opinión política -que no pública- y autoridades económicas ejerciendo un poder lesivo e ilícito sobre la corte y el proceso judicial. Sólo el tiempo que llevan de impunidad y de juicios sesgados demuestra la efectividad de su calculada estrategia.
Documental sobre la lucha de los nativos contra la contaminación y la multinacional Texaco (ahora Chevron)
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Uno de los hechos que demuestran el ‘lenguaje legal’ que ha utilizado Texaco-Chevron se produjo en una de las famosas inspecciones ordenadas por el Juez, en las instalaciones petroleras de la antigua Texaco en Guanta, Sucumbios allá por octubre de 2005. Una noche antes de que se produjera la inspección, los abogados de Texaco presentaron al Juez un supuesto ‘informe militar’ que aseguraba un inminente ataque de la etnia Cofán para detener la inspección y tomar como rehenes a directivos de Texaco. El juez se lo tragó y anuló la inspección. Una posterior investigación del Ministerio de Defensa Ecuatoriano demostró que los abogados mintieron y manipularon el informe para lograr la suspensión. Da igual. La recusación acabó con la contratación de un nuevo y potente equipo legal dispuesto a embarullar de nuevo el proceso.
En la primavera de 2008 los acontecimientos dieron un giro inquietante. Un grupo de expertos contratados -en privado- por Chevron recomendaron el pago inmediato de entre 8 y 16 mil millones de dólares para la limpieza de la zona, y evitar un veredicto dañoso más que probable. Los rumores corrieron como la pólvora y obligaron a la directiva a informar y tranquilizar a los accionistas. Era un simple estudio de confianza interna.
Pero las artimañas imperialistas no acaban aquí. Durante la administración Bush, la directiva de Chevron intentó convencer al gobierno afín para que tomara medidas comerciales con la economia ecuatoriana en el caso de que no detuviera el proceso. El portavoz de la Oficina de Comercio de EE.UU. Susan Schwab, confirmó que estaban considerando la petición. Afortunadamente, con la llegada de Obama, las pautas han sido claras. El grueso del proceso depende de la justicia ecuatoriana.
El 30 de junio de 2009 se produjo la primera de las sentencias que encauzan el proceso a la lógica jurídica. La Corte Suprema del los EEUU negó la apelación a Texaco por la que pretendia impugnar la decisión, ya firme, de un juez que negaba el traslado de responsabilidades de Texaco a Petroecuador por los daños generados en la Amazonía Ecuatoriana. El proceso sigue adelante.
¿Visto ya para sentencia?. Lo dudo.
Continuará…
Fuentes y enlaces.
La idea de profundizar en la cronología del ‘negro problema amazónico’ surgió al conocer del impresionante documental recientemente estrenado: “Crude”, de Joe Berlinger. Por cierto ampliamente criticado, lógicamente, por los directivos de la multinacional. He intentado que el documento redactado esté siempre apoyado en enlaces coherentes y veraces que ayuden a suscitar la misma indignación que tienen los demandantes frente al infructuoso proceso.
viernes, 2 de octubre de 2009
Petróleo para nosotros, crudo para ellos
martes, 1 de septiembre de 2009
«Las petroleras saquean los recursos y vampirizan las economías locales»

Entrevista a Marc Gavaldà en Gara
27 de agosto de 2009
El catalán Marc Gavaldá (1974) es licenciado en Ciencias Ambientales. Autor de varias obras en las que denuncia la actividad de transnacionales petroleras como Repsol en América Latina presentó recientemente en el Ekozinemaldia, en Bilbo, su documental «Patagonia Petrolera, la movediza».
Recién acabada su carrera en Barcelona, Marc Gavaldá viajó a Bolivia, Argentina, Perú, Colombia y Ecuador, países que ha recorrido durante doce años y en los que ha podido comprobar in situ los daños y conflictos que provoca en estos países la actividad de las transnacionales petroleras y, en especial, Repsol.
¿Cómo se implantan y actúan empresas como Repsol en otros países?
Repsol es una empresa que tiene carácter de monopolio en el Estado español, donde hay entre 40 y 50 millones de consumidores cautivos que no tienen elección y posibilidad de consumir en otra empresa, y Repsol tiene que ir a buscar a otros sitios ya que el país carece de reservas. En los años 90 aprovechó la coyuntura de que América Latina despertaba de procesos dictatoriales y había ascendido una oligar- quía muy corrupta y muy maleable por los grandes poderes de Washington. En esa década se introduce el Consenso de Washington, que consistió en despedazar el Estado, privatizarlo y crear nuevas leyes para facilitar la entrada de transnacionales. Repsol se benefició mucho de ello, sobre todo en América Latina, porque aprovechó los lazos coloniales. La diplomacia española hizo un gran trabajo. En Argentina, Carlos Saúl Menem, presidente buscado por la Justicia por tráfico de armas y corrupción, fue seducido por el rey de España y José María Aznar para que YPF fuera vendida a Repsol. Todavía hay un proceso judicial contra Repsol y quienes dirigieron aquella operación por venta fraudulenta de acciones.
¿Siempre se actúa igual?
En otros países se está utilizando también la diplomacia. De ahí, los viajes del señor Moratinos a Kazajastán, vendiendo talgos a un dictador de la época comunista, y a Guinea Ecuatorial, donde, acompañado del presidente de Repsol, Antoni Brufau, estrecha la mano del sanguinario dictador Teodoro Obiang. Otro caso de expansión y adquisición de nuevos bloques se produjo el año pasado en Perú, cuyo presidente, Alan García, ha entregado todo el país a las transnacionales y Repsol ha conseguido nuevos bloques. Uno de ellos, el controvertido bloque 39, en la zona fronteriza, en plena Amazonía ecuatoriana, donde hay indígenas no contactados, y donde la entrada de Respol puede causar un etnocidio.
En más de una ocasión ha mencionado la corrupción y las ilegalidades a la hora de implantarse y apropiarse de los recursos de esos países...
En Bolivia se aprobaron muchos contratos sin pasar por el Congreso, lo que llevó a declararlos nulos en 2006, cuando se produce la nacionalización, incompleta, de hidrocarburos.
¿Cómo actúan sobre las comunidades indígenas?
En América Latina el petróleo está en la franja subandina amazónica. Allí están los territorios indígenas. En Bolivia, hay 17 territorios indígenas afectados. Un sinfín de culturas está en una situación de fragilidad muy grande. Su mundo se está deteriorando por la apertura de accesos y el empuje hacia las ciudades. Estas culturas que han sido preservadas en gran medida gracias a su aislamiento físico, son las que más sufren la llegada de las petroleras que pueden tener contratos de hasta 40 años, por lo que el impacto es irreversible. Existen convenios que obligan a las empresas a contar con un consentimiento previo para cualquier actividad en territorio indígena. Obligatoriamente deben informar a las comunidades afectadas y luego realizar una consulta. Repsol no lo hace. Ofrece regalos a las comunidades, porque son zonas muy desatendidas por el Estado, para lograr su firma e incluirla en el estudio de impacto ambiental.
¿Cuáles son las consecuencias medioambientales?
La prospección sísmica ya tiene un impacto muy grande en zonas como la Amazonía, porque se abren accesos y realizan explosiones. Al abrir los pozos se inyectan lodos de perforación que acaban arrojándose a los ríos... Se ha pescado in fraganti varias veces a Repsol, en Bolivia, vertiéndolos aprovechando los días de lluvia. Es una industria que necesita una gran infraestructura que tiene un ciclo de vida, se corroe, se rompe... y empiezan los desmanes. Y cuando llega a puerto, existe un tráfico incontrolado de barcos en condiciones lamentables, intercambio de petróleo en alta mar y limpieza de barcos. Eso contamina.
¿Y sobre la salud?
Hay varias zonas con muchos años de contaminación y las consecuencias son muy visibles. Dos comunidades de Neuquén (Argentina) se han hecho famosas por elevar una demanda judicial contra Repsol, por 445 millones de dólares por contaminación de aguas y suelos. Estas personas están totalmente contaminadas y los metales pesados se acumulan en sus tejidos. Se han detectado 17 metales pesados diferentes, sobre todo el plomo, cadmio, mercurio... y se dan casos de anencefalia fetal. Otra zona muy castigada es la Amazonía ecuatoriana, donde Texaco ingresó en los años 70 y dejó un país con unos enormes pasivos ambientales, y donde sí hay evidencias y muchos estudios médicos, y se han publicado informes determinando la cercanía de los pozos petroleros y el muy elevado índice de enfermedades como leucemia, abortos, cáncer...
¿Por qué habla de recolonización al referirse a la actividad de estas empresas?
Hablo de la reconquista de territorios y del poder de los capitales y poderes españoles, concretamente en sus ex colonias, aprovechando la situación creada por el Consenso de Washington que, descuartizando los Estados, reduciendo el gasto fiscal y aprobando leyes muy flexibles para facilitar la entrada de multinacionales, permitió que en las regiones petroleras muchas veces éstas sustituyeran al Estado y ejercieran de estados colonizadores. Existe un saqueo de recursos y también una vampirización de la economía de estos países. Por ejemplo, en Bolivia y Argentina no sólo extraen petróleo y lo exportan en grandes cantidades, sino que extraen divisas al cobrar a argentinos y bolivianos un petróleo que es suyo y pagan a precio internacional.
¿Cuál es el nivel de resistencia en esos países ante la actuación de las multinacionales?
En los años 90 la población latinoamericana estaba todavía muy a la expectativa de los posibles y tan anunciados beneficios que traerían las inversiones extranjeras, por lo que hubo un periodo en el que no había resistencia sino expectativas. A los pocos años se fueron desencantando por las mentiras, los incumplimientos de contratos, el maltrato a la población, el menosprecio a las organizaciones legítimas por parte de las empresas..., y poco a poco se da una formación social y una transmisión de información que genera una concienciación colectiva para llegar a procesos tan fuertes como el de la guerra del gas en Bolivia en 2003. En las zonas productoras, las comunidades indígenas necesitan muchas veces experimentar primero en su propia piel lo que es la explotación petrolera, por eso muchas veces es difícil que planteen resistencia sin haber sido previamente atropelladas. Pero existen casos muy lúcidos que sin haber tenido petróleo en sus territorios ya ejercen una negativa rotunda, como los tentayapi (Bolivia), los sarayaku (Ecuador), los mapuche, en Argentina...
¿Cómo está influyendo la llegada de la izquierda al poder?
La resistencia ha quedado a veces un poco diluida por las esperanzas o credibilidad que dan los movimientos sociales a los nuevos gobernantes que acceden al poder con promesas nacionalistas y luego, de alguna manera, se dejan manosear por los poderes corporativos. Es el caso de Bolivia, donde Evo Morales llegó al poder prometiendo la nacionalización que al final se ha traducido en un leve aumento de impuestos, un leve cambio de reglas, pero no ha habido nacionalización expropiadora que es lo que se pedía.
¿Qué papel han jugado en la invasión petrolera y los etnocidios los gobiernos, las ONG y los medios de comunicación?
Los gobiernos suelen ser aliados de las compañías petroleras, por la necesidad y voracidad de dinero que tienen para sus propios gastos, para elevar las cifras macroeconómicas, muchas veces presionados por la deuda externa. Entre las ONG habría que distinguir a las que también son socias de las petroleras porque realizan informes de impacto ambiental e instrumentalizan a las comunidades, de las que sí realizan una labor de información y concienciación. Y los medios están totalmente cooptados a través de la publicidad.
En alguna ocasión ha mencionado la criminalización de los opositores, la militarización y la paramilitarización y la impunidad... como otras de las consecuencias de su actividad.
En un contexto mundial de declinación de las reservas petroleras se busca petroleo más lejos, en zonas que no habían sido exploradas o explotadas y éstos son los últimos territorios indígenas o reservas nacionales. Hay una vuelta de tuerca en la militarización de estas regiones porque es un recurso muy cotizado e inestable, que necesita mucha infraestructura y ésta es muy vulnerable, y han sido objetivo para los reclamos locales y para los grupos armados que operan en esas zonas. El caso de Colombia es el más sintomático de la paramilitarización de las regiones petroleras, con la eliminación o desaparición de los líderes opositores más visibles, por lo que sí se pueden relacionar las petroleras con los paramilitares. Y este fenómeno se está reproduciendo, en menor escala, en otros países. En Argentina, las petroleras financian y empujan a grupos de parados como fuerza de choque contra comunidades mapuche que se oponen a la explotación petrolera con el discurso de que les darán empleo.
¿Cuál es la alternativa a este modelo de desarrollo?
El modelo petrolero es un modelo caduco y lo han demostrado la crisis ecológica y climática en la que nos estamos embarcando y la crisis energética que está a punto de descamuflarse y que traerá unas enormes consecuencias económicas y sociales. Estamos en un momento en el que es muy urgente superar el modelo petrolero y pasar lo más rápido posible a un modelo de vida con un bajo consumo energético. A lo mejor esto no se va a producir voluntariamente, sino por el agotamiento de los recursos, y la escasez que vamos a vivir próximamente nos va a empujar a ingeniar modos de vida mucho más sostenibles.
Se han multiplicado las denuncias en los tribunales. ¿Cómo están esos procesos? ¿Ha habido sentencias además de la del Tribunal de los Pueblos contra el BBVA?
En el caso de Texaco, que abandonó Ecuador en los años 90 y vendió sus instalaciones a Petroecuador, no es un proceso penal sino por daños y perjuicios y las indemnizaciones podrían llegar a los mil millones de dólares. Más que de indemnizaciones se trata de que se responsabilicen de la reparación ambiental y sanitaria y en base a eso que se evalúan los costos y se pide una cantidad de dinero. Ha habido casos de sentencias que han expulsado a empresas. En Ecuador, se expulsó a la Occidental porque no estaba pagando impuestos. Venezuela también ha expulsado a varias. Dentro del proceso de nacionalización en Bolivia hubo ese intento, pero lo que se ha hecho es poner las leyes más estrictas, sin que se haya dado una expulsión.
¿Servirá de algo o es un gesto puramente simbólico?
Los argumentos medioambientales no pesan todavía a nivel judicial como para llegar a una expulsión. Pero la judicialización es un paso muy importante, ya que existe una situación de impunidad petrolera en estos países. Existen leyes ambientales pero no hay funcionarios ni preparados ni motivados ni con suficientes recursos para monitorear esas empresas, que se monitorean a sí mismas. Se llega al extremo de tomar como verídicos sus informes de responsabilidad social corporativa, que es una pura invención. Hay un perfecto descontrol sobre las emisiones.
¿Cuáles son las causas abiertas más graves?
Además de las denuncias contra Repsol y Texaco, hay una contra Shell, por contaminación y por la ejecución de nueve ogonis en el Delta del Níger (Nigeria) hace 15 años.
Mirari Isasi Publicado en Gara, 17-08-09