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viernes, 22 de enero de 2010

¿Qué pasó en Chile?


Ernesto Carmona

El periodista y escritor chileno analiza los recientes resultados electorales en Chile y los motivos por los que el voto popular ha castigado a la Concertación, lo que ha dado lugar a la victoria de la derecha y a que regresen al país los ecos del fascismo, tan presente en él durante varias épocas del siglo pasado, que repasa en su artículo.

Sebastián Piñera obtuvo medio millón de votos más que en la primera vuelta, pese a que el total de votantes disminuyó en 34.161 electores respecto a diciembre. Eduardo Frei añadió 1,3 millones a sus resultados de diciembre (2.043.514), pero perdió por 222.742 preferencias.

Los votos nulos y blancos bajaron a 242.000, contra 284.369 en la primera vuelta, pero la abstención aumentó de un 11% a un 12%, es decir, 965.000 inscritos no fueron a votar. En definitiva, Piñera le ganó a Frei por un 3,23 % (51,61 versus 48,38).

¿De dónde sacó Piñera los 506.524 nuevos votos que le dieron su estrecha victoria? Del 36,3% de la votación de Marco Enríquez-Ominami (ME-O), de 1,4 millones de sufragios. Ambos candidatos también captaron algunos de los 42.000 votos nulos/blancos de la primera vuelta que en el balotaje se convirtieron en sufragios válidos.

¿De dónde obtuvo Frei sus 1,3 millones de nuevos votos? Arrate le aportó sus 430.824 sufragios disciplinados de la primera vuelta y el resto, 855.970 preferencias, necesariamente provino del 61,3% de la votación de ME-O.

Cada vez votan menos ciudadanos. La votación válida descendió el domingo en 106.445 sufragios respecto al del «sí» y el «no» de 1988. Hace 21 años votaron 7.251.930 y ahora lo hicieron 7.145.485.

El padrón electoral chileno tiene 8.110.265 electores inscritos, pero la población habilitada para votar asciende a 12,18 millones. Hay un 31% que no está en el padrón y tiene menos de 40 años. Se trata de 3,8 millones de ciudadanos. Desde 1988, el padrón creció sólo el 9%.

Piñera deberá gobernar en «consenso» con la Concertación, tal como ésta lo hizo durante 20 años de consolidación del modelo neoliberal legado por la dictadura. La Concertación tiene 19 integrantes del Senado, frente a 16 de la extrema derecha y tres independientes. En diputados existe un empate entre los 120 legisladores.

Síntomas de fascismo. Piñera hizo anoche por televisión un discurso conciliatorio prometiendo un gobierno de unidad nacional y agradeció a sus partidarios, al Gobierno, la Concertación, su familia, Dios y otros factores. Pero la serenidad del presidente electo al parecer no es compartida por todos su adherentes.

A esa misma hora, una caravana de vehículos pasó frente a mi casa gritando por megáfono: «¡Allende se siente!, Piñera presidente». Sentí un olor a fascismo al paso de los automóviles. «¿Qué significa ese grito: ¿una burla?», pregunté a mis cercanos. «Odio fascista», comentó uno de mis hijos nacidos en el exilio en Venezuela. Y entonces recordé las primeras palabras conciliadoras que oí por televisión a los golpistas digitados por la gente de Piñera en septiembre de 1973: «No habrá vencedores ni vencidos». Y a los pocos días comenzaron a desaparecer y/o asesinar a más de 3.000, mientras 30.000 iban a los campos de tortura.

El votó popular castigó el estilo adquirido por la Concertación al final de un ciclo de 20 años en que llevó a la práctica el legado del dictador pero con la anuencia de EEUU (que lo puso y lo sacó): libre mercado, entrega de riquezas al capital extranjero, fortalecimiento de los grupos económicos y discretas políticas de bienestar social que adquirieron más énfasis con Michelle Bachellet.

El clientelismo y el populismo elevaron la «popularidad» de la mandataria por encima del 80%, pero nada de eso se reflejó en la votación del domingo. ¿Por qué? Sólo pasó a la historia política como la jefa de estado con mayor éxito personal.

La ultraderecha ha gobernado poco a Chile «por las buenas» en el último siglo. En 1920 emergió Arturo Alessandri, un derechista disidente y populista que estableció el contrato de trabajo, la silla para los empleados de comercio y convocó a una constituyente que en 1925 reemplazó la Constitución de 1832, que Pinochet reemplazó en 1973 por la carta fundamental todavía vigente, reformada y, por consiguiente, «legitimada».

Entre 1925 y 1932, advino un periodo de desorden político, dictadura, golpes y la poco conocida y efímera República Socialista de 1932. Fue una época de incertidumbre y «ruido de sables», matizado por las clásicas matanzas obreras.

El general Carlos Ibáñez gobernó como dictador desde 1927 hasta que fue expulsado del poder por una movilización popular en 1931, pero 21 años después ganó las elecciones de 1952, la misma contienda en que Salvador Allende fue candidato por primera vez. Después de haber sido dictador, Ibáñez hizo un gobierno populista y hoy parece estar repitiéndose el ciclo de dos décadas.

La derecha reconquistó el poder en elecciones en 1932, con el mismo Alessandri de 1920, pero transformado, como si fuera otra persona. Pero salió de la escena en 1938 con la irrupción del Frente Popular, encabezado por el partido Radical, con socialistas y comunistas, que introdujo importantes progresos en la conversión de un país agrícola a minero-industrial. El partido radical se mantuvo 14 años ganando elecciones, hasta que su último presidente, Gabriel González, traicionó a sus aliados comunistas y comenzó a perseguirlos.

La derecha no ganaba una elección desde 1958, con Jorge Alessandri (apoyado por los radicales de derecha), hijo de Arturo y capitán de empresas como Piñera. En aquella ocasión, Salvador Allende se postuló por segunda vez y perdió por escasos 30.000 votos.

En 1964, Alessandri hijo le entregó el país a la «revolución en libertad» del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, padre del perdedor del domingo. En 1970, y después de cuatro intentos, Allende conquistó el gobierno con una nueva versión del Frente Popular de 1938, la Unidad Popular, cuyo gobierno fue derrocado cruentamente por quienes ahora eligieron a Piñera (y también algunos de los que perdieron).

La dictadura duró 17 años, la Concertación gobernó 20. La derecha acumula de nuevo todo el poder, esta vez «por la vía pacífica». Poder económico (el presidente electo tiene su propio grupo de grandes empresas), poder mediático (dos aliados son dueños de los diarios y la mitad del país que lo adversa no tiene cómo ni dónde expresarse), poder ejecutivo, simpatía militar, eclesiástica y judicial (más los llamados «poderes fácticos»). Pero no controla el legislativo y, por eso, el hábil Piñera anuncia «unidad nacional» mientras sus partidarios emiten gritos de venganza.

Chile fue gobernado por los dueños de la tierra hasta 1920. Entre 1958 y 1964 gobernaron los gerentes, los ejecutivos de empresa que ahora llaman CEOs, con el eslogan de «apretarse el cinturón» (que significa pasar hambre). Ahora comienza el ciclo de los grandes grupos económicos, y con un doble discurso tan populista como el de Bachelet, sin ninguna alusión a apretarse el cinturón. Al contrario. Piñera promete más educación (no ha dicho «pública», probablemente se la pagará el Estado a las universidades privadas), mejor salud (habló de un bono para que el pueblo se atienda en clínicas privadas como Las Condes, que es suya, el Estado paga) y asegura un millón de empleos. ¿Cómo lo hará? Habrá que verlo. Además, el domingo por la noche reiteró el eje de su discurso: acabará con la delincuencia y el narcotráfico y exhibirá...mayor preocupación por los discapacitados.

La Concertación se acaba y Chile entra en una nueva era en el concierto de naciones latinoamericanas con gobiernos reaccionarios. Y el lunes subieron en 12% las acciones de LAN, la línea aérea de Piñera que enlaza gran parte del continente.

© Alai-AmLatina

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Los 'progres' lo hicieron: volvió el pinochetismo


21 de enero de 2010
Jorge Altamira (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

Lo más importante del retorno electoral del pinochetismo a Chile ha sido el caradurismo político con que fue recibido por los ‘demócratas’ y ‘nacionales’ del continente. ‘Tudo bem’, coincidieron: Chile es una democracia, Piñera ganó limpio; dentro de cuatro años se vota de nuevo.

Los mismos ‘progres’ y ‘nacionales’ que hostigan, desde su monopolio de los medios, a la izquierda revolucionaria porque no sabría distinguir entre ‘restauración conservadora’ y ‘revolución nacional’, o entre ‘progres’ y derechistas; esta misma gente reacciona con espléndida indiferencia ante el retorno nada menos que del pinochetismo, luego de dos décadas de gobierno centro-izquierdista. Piñera no ganó por una complicidad de extremismos con la izquierda revolucionaria (que en Chile simplemente no existe), sino por el servicio que le han prestado estos mismos ‘progresistas’ con una gestión de gobierno reaccionaria. La indiferencia ‘nacional y popular’ ante la victoria pinochetista pone de manifiesto los vínculos de clase que existen entre ellos –no en vano dominan, en ambas partes, los banqueros, los explotadores, los especuladores, que se han servido tanto de las dictaduras militares como de las democracias. La Concertación gozó del apoyo inamovible de la burocracia sindical de la CUT, incluso cuando el régimen electoral chileno excluía al partido comunista del parlamento.

Entre los ‘progres’ y ‘nacionales’ aún está vigente la tesis de que Allende fue derrocado por una provocación de ‘la ultraizquierda’, pero hoy ya no tienen ese pretexto. Al igual que en el pasado, la reacción derechista triunfó por la incapacidad del ‘progresismo’ para movilizar a las masas y por sus propios lazos: en 1973 con el golpismo, ahora con la derecha. La caída de Allende no fue responsabilidad de ‘la ultraizquierda’, que no fue la que nombró al Pinocho como ministro de Defensa y comandante en jefe, sino por el desarme compulsivo, ejecutado por la Unidad Popular, de los trabajadores dispuestos a defender el gobierno que habían elegido. En lugar de mirar para otro lado, los bolivarianos y nac & pop de América del Sur deberían convocarse en una asamblea general de emergencia.

Los pinochos volvieron al gobierno porque nunca fueron desalojados de las estructuras sociales y políticas dejadas por la dictadura pinochetista. Esto en primer lugar, como se acostumbra a decir en Estados Unidos. Piñera empezó robando en los desfalcos de los ‘80, pero llegó a los mil y pico de millones de dólares de patrimonio y al control de empresas claves bajo la ‘democracia’. El pinochetismo, como en España el franquismo, dejó bien atada su continuidad con una Constitución que los concertadores no quisieron anular –porque prometieron ser los continuadores del régimen. En este marco se desarrolló el entrelazamiento social y económico entre ‘progres’ y pinochos: el asesor económico del ‘concertador’ disidente, Enriquez Ominani (que sacó el 20% de los votos en la primera vuelta), se pasó en el segundo tu! rno a Piñera, porque gran parte de los planteos económicos de uno y otro son similares. Ahora Piñera promete hacer ‘la gran Sarkozy’, o sea llevarse como ministros a figuras destacadas de la Concertación.
Como dijo Piñera, “la guerra fría quedó atrás” –las víctimas del pinochetismo fueron sus ‘daños colaterales’. La Concertación, ciertamente, entrará en una licuadora, pero el mismo Partido Socialista ingresará ahora en un período de crisis, como le ocurría en los viejos buenos tiempos. En Chile no se desarrolló una oposición política de contenido revolucionario; aún domina la tesis de apoyar el mal menor, que plantea el partido comunista y su coalición Podemos. Para las elecciones recientes negoció, con la Concertación, el desistimiento de algunos candidatos del PS para poder introducir parlamentarios propios.

No conocemos todavía la discriminación social y política de la votación, pero es seguro que el margen de votos que dio la victoria a Piñera salió del electorado democristiano. La DC se encuentra en un proceso de disgregación que es anterior a la derrota de su candidata ante Bachelet en las internas de la Concertación hace cuatro años. Un ala importante de la Democracia Cristiana propugnaba la alianza con el sector menos recalcitrante del pinochetismo –como se le atribuye a Piñera, quizá porque apoya el matrimonio gay (como Macri). Esta tendencia disolvente se profundizó a pesar de que, en esta ocasión, la Concertación sí llevaba a un candidato de su partido, Frei –un compromiso que no conformó a nadie. En resumen, la Concertación prefirió consumirse en su propia descomposición, incluso si esto aumentaba la! s chances de la derecha; esto vale en especial para el PS. Después de todo, los Piñera son un mal menor para ellos.

Una noticia muy difundida, el éxito económico de Chile y su capacidad para enfrentar la crisis mundial, oscurece la interpretación del resultado electoral. La cosa cambia cuando se ponen los datos al derecho: Chile fue el país más golpeado por la crisis, después de México, con una caída del 5% del PBI y una tasa de desocupación y subocupación del 15 al 20%. La derrota del gobierno es una expresión de esta realidad económica.

‘Empresario exitoso’, Piñera viene con un paquete de privatizaciones ‘grosso’; en primer lugar, de la estatal Codelco. El argumento es terminar con la corrupción; la realidad es que el desarrollo impresionante de los monopolios mineros, debido a la demanda de China, ha dejado a Codelco en inferioridad de condiciones para renovarse. La minera estatal brasileña Vale do Rio Doce ya ingresó en las mieles privatizadoras. La exigencia de China de que se bajen los precios de los minerales mete presión. Junto a la privatización de Codelco, Piñera promete aumentar las regalías que se cobran a los privados: un palazo de cal y una cucharita de arena.

La privatización de Codelco deberá superar la resistencia de las fuerzas armadas, que tienen una caja legal en la empresa y, por sobre todo, de los obreros mineros.

Bien entendida, la victoria de los pinochetistas no es el retorno del pinochetismo. La diferencia es de régimen político. La misma crisis mundial que los puso arriba, en poco tiempo los empujará abajo. Pero esto no exime de responsabilidad a los ‘progres’ y sus corifeos. El apoyo al mal menor conduce siempre, en última instancia, a la victoria del mal mayor. Es necesario construir una oposición socialista y revolucionaria sistemática.

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miércoles, 20 de enero de 2010

Con el triunfo electoral de Sebastián Piñera en Chile: Resucita el pinochetismo


18 de enero de 2010
Con el triunfo electoral de Sebastián Piñera en Chile: Resucita el pinochetismo
Fernando Arellano Ortiz (CRONICON, especial para ARGENPRESS.info)
"Viva Pinochet” coreaban centenares de partidarios del presidente electo de Chile Sebastián Piñera, en sectores céntricos de Santiago cuando se conocieron los resultados electorales que le dieron el triunfo electoral el pasado 17 de enero. Es una muestra clara y contundente que con la llegada de este magnate empresario metido a político, epígono del tristemente célebre primer ministro italiano Silvio Berlusconi, resucita el pinochetismo y se entroniza nuevamente la ultraderecha retaradataria en el Palacio de la Moneda.

En buena medida, ese retroceso político en Chile es responsabilidad de la Concertación que en las dos décadas que gobernó no tuvo la capacidad ni la voluntad política de cambiar el modelo tanto político como económico.
En los primeros años del retorno democrático la sombra del siniestro dictador no dejó avanzar en la apertura de mayores espacios democráticos, como el sistema binominal que condenó a los partidos minoritarios al ostracismo.
Piñera ha dejado desde ya la puerta abierta para que cómplices y seguidores de Pinochet ingresen a su gobierno para seguir profundizando el modelo neoliberal en lo económico, y los métodos represivos y oligárquicos en lo político.
El presidente electo chileno puede ser considerado el Berlusconi latinoamericano si se tiene en cuenta que a su poder económico ahora le agrega el poder político. El perfecto ícono de la globalización neoliberal, o en palabras del sociólogo norteamericano Samuel Huntington, “el hombre de Davos”, para describir a quien acude a esa ciudad de los Alpes suizos cada año a hacer ostentación pública de poder e intercambiar con empresarios o especuladores financieros como él.
Lo que cabe esperar para Chile con el ascenso de Piñera al poder es que se termine de privatizar lo que queda por entregarle a las codiciosas multinacionales que no es poco. Como dice el profesor chileno-colombiano Jorge Harritt Huenchacona Hinojosa, “no solamente se terminará por privatizar el aire sino las empresas del cobre como Codelco, herencia del gobierno socialista de Allende que genera 4.600 millones de dólares al año de utilidades, Enami y Cochilco, acabando de esta manera con el patrimonio público del país”.
Como buen neoliberal, el nuevo inquilino del Palacio de la Moneda manejará con criterio empresarial a su nación, manipulando los asuntos públicos para provecho privado, siguiendo al pie de la letra las instrucciones ideológicas y la propaganda del “libre comercio” de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), a la que acaba de adherir hace pocas semanas Chile, en ceremonia protocolaria encabezada por la propia presidente Michelle Bachelet.
A consolidar bloque de derecha en Latinoamérica
En el ámbito internacional el gran ganador de las elecciones chilenas del pasado 17 de enero es sin lugar a dudas Washington y su estrategia hegemónica en América Latina.
Luego del avance de los gobiernos progresistas y de izquierda en la región que pugnan con la Casa Blanca, Piñera viene a reforzar el club de los mandatarios conservadores y retardatarios como Álvaro Uribe en Colombia; Alan García en Perú; Roberto Martinelli en Panamá; Óscar Arias en Costa Rica; Porfirio Lobo en Honduras; y Felipe Calderón en México. Ahora, seguramente, lograrán compactarse para alinearse con Washington y torpedear los procesos de emancipación política que se vive en toda la región.
Es muy probable que los primeros viajes de Piñera los realice a Bogotá y Lima para lograr concretar líneas de acción con Uribe y García y de esta manera comenzar toda una estrategia para contrarrestar los avances integracionistas liderados por los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia y, además, boicotear procesos de consenso político como Unasur.
Comienza entonces una nueva etapa política para los chilenos. La desgastada Concertación si bien puede mostrar resultados, no fue capaz de darle el viraje socioeconómico después de la nefasta y criminal dictadura pinochetista y prefirió seguir con su estrecho modelo político y su inequitativo y concentrador esquema económico.
El retroceso en democracia y en equidad económica será muy grande durante este cuatrienio del heredero de Pinochet. Pero a la vez, será una buena oportunidad para reinventar una nueva alternativa política por parte de los partidos progresistas y de izquierda que, en forma efectiva, reivindiquen por fin la memoria de dirigentes chilenos de la talla de Salvador Allende, Marmaduque Grove y Miguel Enríquez.

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¿Qué pasó en Chile?


18 de enero de 2010
Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

Sebastián Piñera obtuvo medio millón de votos más que en la primera vuelta, pese a que el total de votantes disminuyó en 34.161 electores respecto a diciembre. Eduardo Frei añadió 1,3 millones a sus resultados de diciembre (2.043.514), pero perdió por 222.742 preferencias.

Los votos nulos y blancos bajaron a 242 mil, contra 284.369 en la primera vuelta, pero la abstención aumentó de 11% a 12%, es decir, 965 mil inscritos no fueron a votar. En definitiva, Piñera le ganó a Frei por 3,23 % (51,61 versus 48,38).

¿De dónde sacó Piñera los 506.524 nuevos votos que le dieron su estrecha victoria? Del 36,3% de la votación de Marco Enríquez-Ominami (ME-O), de 1,4 millones de sufragios. Ambos candidato también captaron algunos de los 42 mil votos nulos/blancos de la primera vuelta que en el balotaje se convirtieron en sufragios válidos.

¿De dónde obtuvo Frei sus 1,3 millones de nuevos votos? Arrate le aportó sus 430.824 sufragios disciplinados de la primera vuelta y el resto, 855.970 preferencias, necesariamente provino del 61,3% de la votación de ME-O.

Cada vez votan menos ciudadanos. La votación válida descendió el domingo en 106.445 sufragios respecto al del SI y el NO de 1988. Hace 21 años votaron 7.251.930 y ahora lo hicieron 7.145.485.

El padrón electoral chileno tiene 8.110.265 electores inscritos, pero la población habilitada para votar asciende a 12,18 millones. Hay un 31% que no está en el padrón y tiene menos de 40 años. Se trata de 3,8 millones de ciudadanos. Desde 1988, el padrón creció sólo 9%.

Piñera deberá gobernar en “consenso” con la Concertación, tal como ésta lo hizo durante 20 años de consolidación del modelo neoliberal legado por la dictadura. La Concertación tiene 19 integrantes del Senado, frente a 16 de la extrema derecha y tres independientes. En Diputados existe un empate entre los 120 legisladores

Síntomas de fascismo

Piñera hizo anoche por TV un discurso conciliatorio prometiendo un gobierno de unidad nacional y agradeció a sus partidarios, al gobierno, la Concertación, su familia, Dios y otros factores. Pero la serenidad del presidente electo al parecer no es compartida por todos su adherentes.

A esa misma hora, una caravana de vehículos pasó frente a mi casa gritando por megáfono: “¡Allende se siente!, Piñera Presidente”. Sentí un olor a fascismo al paso de los automóviles. “¿Qué significa ese grito: ¿una burla?”, pregunté a mis cercanos. “Odio fascista”, comentó uno de mis hijos nacidos en el exilio en Venezuela. Y entonces recordé las primeras palabras conciliadoras que oí por TV a los golpistas digitados por la gente de Piñera en septiembre de 1973: “No habrá vencedores ni vencidos”. Y a los pocos días comenzaron a desaparecer y/o asesinar a más de 3.000, mientras 30.000 iban a los campos de tortura.

El votó popular castigó el estilo adquirido por la Concertación al final de un ciclo de 20 años en que llevo a la práctica el legado del dictador pero con la anuencia de EEUU (que lo puso y lo sacó): libre mercado, entrega de riquezas al capital extranjero, fortalecimiento de los grupos económicos y discretas políticas de bienestar social que adquirieron más énfasis con Michelle Bachellet.

El clientelismo y el populismo elevaron la “popularidad” de la mandataria por encima del 80%, pero nada de eso se reflejó en la votación del domingo. ¿Por qué? Sólo pasó a la historia política como la jefa de estado con mayor con mayor éxito personal.

La ultra derecha ha gobernado poco a Chile “por las buenas” en el último siglo. En 1920 emergió Arturo Alessandri, un derechista disidente y populista que estableció el contrato de trabajo, la silla para los empleados de comercio y convocó a una constituyente que reemplazó la Constitución de 1832. Luego vino un periodo de desorden político, dictadura, varios golpes y la poco conocida y efímera República Socialista de 1932, en un período de incertidumbre y “ruido de sables”, matizado por las clásicas matanzas obreras.

La derecha reconquistó el poder en elecciones en 1932, con el mismo Alessandri de 1920, pero transformado, como si fuera otra persona. Y la derecha salió de la escena en 1938 con la irrupción del Frente Popular, encabezado por el partido Radical, con socialistas y comunistas, que introdujo importantes progresos en la conversión de un país agrícola a minero-industrial. El partido radical se mantuvo 14 años ganando elecciones, hasta que su último presidente, Gabriel González, traicionó a sus aliados comunistas y comenzó a perseguirlos.

La derecha no ganaba una elección desde 1958, con Jorge Alessandri (apoyado por los radicales de derecha), hijo de Arturo y capitán de empresas como Piñera. En esa ocasión, Salvador Allende se postuló por segunda vez y perdió por escasos 30 mil votos. En 1964, Alessandri hijo le entregó el país a la “revolución en libertad” del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, padre del perdedor del domingo. En 1970, y después de cuatro intentos, Allende conquistó el gobierno con una nueva versión del Frente Popular de 1938, la Unidad Popular, cuyo gobierno fue derrocado cruentamente por quienes ahora eligieron a Piñera (y también algunos de los que perdieron).

La dictadura duró 17 años, la Concertación gobernó 20. La derecha acumula de nuevo todo el poder, esta vez “por la vía pacífica”. Poder económico (el presidente electo tiene su propio grupo de grandes empresas), poder mediático (dos aliados son dueños de los diarios y la mitad del país que lo adversa no tiene cómo ni dónde expresarse), poder ejecutivo, simpatía militar, eclesiástica y judicial ( más los llamados “poderes fácticos”). Pero no controla el legislativo y por eso, el hábil Piñera anuncia “unidad nacional” mientras sus partidarios emiten gritos de venganza.

Chile fue gobernado por los dueños de la tierra hasta 1920, entre 1958-1964 gobernaron los gerentes, los ejecutivos de empresa que ahora llaman CEOs, con el slogan de “apretarse el cinturón” (que significa pasar hambre). Ahora comienza el ciclo de los grandes grupos económicos, y con un doble discurso tan populista como el de Bachelet, sin ninguna alusión a apretarse el cinturón. Al contrario. Piñera prometió más educación, mejor salud y un millón de empleos. ¿Cómo lo hará? Habrá que verlo. Además, reiteró el eje de su discurso: el fin de la delincuencia y el narcotráfico y… mayor preocupación por los discapacitados. La Concertación se acaba y Chile ingresa a una nueva era en el concierto de naciones latinoamericanas con gobiernos reaccionarios.

Foto: Chile, política - Sebastián Piñera, presidente electo. / Autor: EL REPUERTERO

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lunes, 18 de enero de 2010

La derecha reconquista La Moneda con Sebastián Piñera


18-01-2010
Mario Amorós
Rebelión


El empresario multimillonario Sebastián Piñera, candidato de la derechista Coalición por el Cambio, se convirtió ayer en Presidente electo de Chile al derrotar en el ballotage a Eduardo Frei, candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia, por un 51,61% de los votos a un 48,38%.

El 11 de marzo la presidenta Michelle Bachelet traspasará la banda presidencial a Piñera, un empresario multimillonario, íntimo amigo de José María Aznar, quien le visitó en Chile en septiembre y calificó de “trascendentales” unas elecciones que se celebran cuando la mayor parte de países de Sudamérica tienen gobiernos progresistas o revolucionarios. Por si fuera poco, Piñera también es admirador del presidente colombiano Álvaro Uribe, a quien rindió pleitesía en julio de 2008 y de cuya política genocida de “seguridad democrática” se considera admirador. Y entre quienes le han acompañado en los últimos días de campaña ha estado el escritor Mario Vargas Llosa.

La victoria de Piñera significa un retroceso enorme en un país que aún no ha culminado la transición. Con Piñera en La Moneda, la Constitución de 1980 (impuesta por Pinochet) continuará vigente y no será reformada; el movimiento obrero seguirá sufriendo el Código del Trabajo pinochetista (impuesto en 1980 por el ministro de Trabajo, José Piñera, hermano del presidente electo), que dificulta el derecho a la huelga e impide la negociación de convenios colectivos; los casi 800 represores de la dictadura actualmente procesados tendrán garantías de impunidad; la empresa pública del cobre (Codelco) será probablemente privatizada, al menos en parte; el millón de chilenos que vive en el exterior no conquistarán su derecho al voto; la ley electoral binominal no será reformada; el pueblo mapuche seguirá siendo masacrado en la Araucanía (región donde, por cierto, ayer Piñera obtuvo el 57,51% de los votos); y, en definitiva, los grandes capitales podrán seguir acumulando riquezas en uno de los países del mundo donde la brecha entre clases sociales es más acentuada.

Entre las incógnitas que abre el nuevo escenario está el futuro de la Concertación, una coalición que aglutina a democristianos, socialistas, liberales y radicales. En sus palabras de reconocimiento de la derrota, Frei y otros dirigentes dejaron entrever anoche que la coalición que ha gobernado el país desde 1990 permanecerá unida. Sin embargo, esta coalición ha estado unida en la última década sobre todo por el interés por conservar el poder, y las prebendas que conlleva, y en la primera vuelta del 13 de diciembre un diputado salido de las filas del Partido Socialista, Marco Enríquez-Ominami, fue capaz de obtener el 20% de los votos. El hastío ante la Concertación, ante las mismas caras que han copado la escena politica del país durante veinte años, ha podido más que la memoria de una dictadura en la que la derecha brindó su apoyo a Pinochet, secundó su proyecto político y económico e ignoró las gravísimas violaciones de los derechos humanos.

Una especial responsabilidad en el nuevo escenario corresponde a las fuerzas de izquierda, al movimiento popular chileno, hayan o no votado ayer por Frei. Ante el horizonte de cuatro años de gobierno de la derecha, con un papel relevante probablemente del partido pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI), la necesidad de una confluencia de todas aquellas fuerzas políticas y sociales que defienden una alternativa al neoliberalismo, que volverá a su mayor expresión a partir del 11 de marzo, es más necesaria que nunca.

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domingo, 17 de enero de 2010

Frei y Piñera: dos empresarios que defienden este modelo económico antihumano


27 dirigentes sindicales llaman a anular el voto en la segunda vuelta

17-01-2010
Rebelión

Eduardo Frei y Sebastián Piñera son dos empresarios que se beneficiaron del modelo económico implantado en la dictadura militar y que fue continuado y legitimado por los sucesivos gobiernos de la Concertación.


Durante todos estos años se ha consolidado, especialmente con las privatizaciones y las concesiones, un tipo de sociedad en nuestro país con habitantes de primera y segunda clase: los salarios injustos y miserables, la educación, la salud y la vivienda desigual para ricos y pobres. La destrucción de la naturaleza, observando los campos, lagos, ríos y mares de nuestro país por los apetitos de lucro sin límite son una constante. En Chile se ha generalizado el trabajo precario sin contrato, con boletas de honorarios y subcontratación. La negociación colectiva es cada vez un derecho de un puñado de trabajadores mientras la mayoría no puede ejercerlo. La actual legislación laboral, en lo sustantivo no ha cambiado bajo la Concertación desde la dictadura.

Aunque puede haber matices secundarios, los dos candidatos representan la continuación del mismo modelo de sociedad capitalista. Nosotros por el contrario representamos los intereses, sueños y necesidades de la gente que vive de su trabajo y sus familias, y por lo mismo no nos sentimos representados por ninguno de ellos.

¿Parar a la derecha?

Nos dicen que hay que parar a la derecha, en su desesperación por recuperar el terreno perdido. El gobierno ha mandado a última hora proyectos que no presentó durante años, habla incluso de reformar la Constitución, cosa que no han intentado seriamente en 20 años, más allá de cambios cosméticos y de la firma, en que con acuerdo con la Alianza UDI-RN cambiaron la firma de Pinochet por la de Lagos. Pero además ya tenemos la experiencia pasada del gobierno de derecha de Frei.

No nos vendan cuentos de ‘progresismo’.

Eduardo Frei fue el que privatizó el agua en su anterior gobierno. Eduardo Frei nunca quiso recibir durante su anterior gobierno a las organizaciones de derechos humanos de los familiares de las víctimas de la dictadura y fue él quien movió todo el aparato del Estado para evitar que Pinochet fuera juzgado en Londres por las violaciones de los derechos humanos. Fue Frei quien extendió el sistema de concesiones a los bienes nacionales de uso público, como las autopistas, las aguas del mar. En su gobierno se iniciaron megaproyectos destructores del medio ambiente, como Ralco y Pascua Lama.

Durante su mandato, la reforma educacional profundizó la segregación de la enseñanza en Chile, con una educación para quienes la pueden pagar y otra, con pésimos resultados, para los más pobres. Fue durante el gobierno de Frei que el desempleo pasó de 7.6% a 9.1%, (la cesantía juvenil varias veces más) y allí se quedó, cuando la crisis asiática había concluido hace tiempo.

En cuanto a Piñera, tenemos claro que el ‘cambio’ que propone no beneficia a la mayoría del país, si no a los grandes empresarios. Si alguien tiene dudas, basta algunas “perlas” de sus propuestas para “cambiar Chile”. Disminuir las indemnizaciones por despido.

Aumentar el aporte de los apoderados en el financiamiento de la educación. Profundizar la privatización en curso de la Salud impulsando la atención en centros privados, mediante un seguro de salud. Disminuir el pago de impuestos de las empresas a través de donaciones a instituciones sin fines lucro.

Flexibilidad salarial para pagar sueldos menores a jóvenes entre 18 y 24 años, lo que finalmente repercutiría en una presión a la baja de todos los sueldos. Continuar con la especulación aumentando los límites de inversión de las AFP, sin resguardos.

Privatizar la empresa pública como Codelco, Enap, etc. Entregar la reserva de la explotación de los hidrocarburos sólidos y gaseosos a grandes empresas.

Ciertamente los trabajadores tenemos que parar a la derecha.

Estos dos bloques han cogobernado Chile por tres décadas. Nosotros llamamos a luchar para cambiar las cosas de verdad, a favor de la gente de trabajo, gane quien gane las elecciones presidenciales.

La derecha está representada por los dos candidatos, Frei y Piñera. Hay que pararlos manteniendo nuestra independencia política sindical, recuperando y reorganizando a los sindicatos desde la completa honestidad, sin componendas con políticos desprestigiados.

Cualquiera sea electo, hay que parar a las dos derechas, Frei y Piñera, desde la organización, preparando las movilizaciones y luchas que se vienen.

Por ello llamamos a votar NULO en esta segunda vuelta electoral.

Porque los trabajadores aún no podemos recuperar las condiciones laborales y económicas alcanzadas antes del golpe del 73.

Porque la normativa laboral vigente ha sido apoyada, modificada y santificada para servir, los intereses de los grandes inversionistas chilenos y extranjeros.

Porque el sueldo mínimo que negocian años tras años los gobiernos de la Concertación con la burocracia de la CUT, solo ha servido para perpetuar la pobreza.

Porque la conculcación del derecho al descanso dominical para los trabajadores del comercio y servicio se consolidó bajo los gobiernos derechistas de la Concertación.

Porque con el visto bueno de las dos derechas se incorporó al Código del Trabajo en estos 20 años:

La polifuncionalidad al modificar el art. 10 n3 del C d T.

La flexibilidad con los contratos a tiempo parcial (art. 40 bis y siguientes C d T)

El pago de la indemnización en cuotas (art. 169 C d T) y se continúa negando el derecho a salas cunas donde trabajan menos de 20 mujeres, así como el derecho a declarar y no pagar las imposiciones que mes a mes pagamos de nuestro sueldo y que el patrón tiene que depositar en la AFP.

Porque el nuevo parlamento, especialmente el Senado, responderán como siempre al servicio de los grandes capitalistas.

Por todo y mucho más, los dirigentes que suscriben no podemos tener confianza en ninguno de los dos candidatos. Ni Frei ni Piñera representan a los trabajadores.

V O T A N U L O (Ordenados alfabéticamente)

* Manuel Ahumada Lillo, Presidente Nacional de la CGT.
* Miguel Alderete P., Secretario Sindicato Nº 1 Banco Santander
* Luis F. Araya Sepúlveda, Presidente Sind. Nº 1 Trabajadores de Supermercados Tottus.
* Katherine Betancourt, Presidenta Sindicato Vitasalud.
* Daniel Bernardo, Presidente Sindicato ATSAM Salud, San Fernando
* Cosme Caracciolo, Secretario General de la CONAPACH
* Raúl Devia Ilabaca, Director AFUN Bio-Bio Corp. Asistencia Judicial.
* Horacio Díaz, Dirigente Nacional de FESIN
* Orietta Fuenzalida, Directora de la Asoc. Func. Dir. Del Trabajo.
* Oscar Galetti, Presidente Sindicato Pescadores Artesanales de Pto. Montt.
* Rubén González A., Director Nacional Confederación Bancaria de Chile.
* Esteban Hidalgo Salas, Encargado Nacional de Neg. Colectiva de la CGT
* Carlos Lemus, Presidente Sindicato Lancheros de Valparaíso
* Ramón López, Pdte. Fenatracimm, Dirigente de CIM,
* Javier Márquez G., Dirigente Sindicato Nacional Banco Itaú
* Luis Mesina M, Secretario General Confederación Bancaria de Chile
* Lorena Navarrete C., Presidenta Sindicato Nacional Banco Itaú
* Lucio Pavez S., Presidente Sindicato Nacional Banco París
* Jorge Peña M, Director Confederación Trabajadores del Cobre, Pdte. SITECO
* Víctor Quijada, Presidente sindicato ACHS
* Andrea Riquelme B, Presidenta Confederación Bancaria de Chile
* William Riveros, Director Sindicato Interempresas AFPs.
* Inés Rosas S., Sec. Nac. SINTRAC II
* José Santibáñez P., Director Nacional Confederación Bancaria de Chile.
* Rafael Torres Fernández, Dirigente Nacional Sindicato Jumbo
* Saúl Vargas, Presidente de la Confederación Sindicatos Maipú CONFESIMA
* Rubén Villanueva, Presidente de la Conf. Emp. Part. De Chile CEPCH.

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Entrevista al escritor Andrés Bianque


“Votar por Frei o Piñera es elegir entre la silla eléctrica o la horca neoliberal”

17-01-2010
Mario Casasús
El Clarín de Chile

En entrevista con Clarín.cl Andrés Bianque (1971), poeta y columnista de El Ciudadano (Chile), Rebelión.org y Kaos en la Red (España), analiza: “ La Concertación está agotada , pero creo que el término preciso sería, ‘ fusionada’ con el gran capital, tanto que ya no se distingue quién es quién en Chile y de ahí aparezcan ciertos salvadores renovados, y también arrepentidos, desde sus propias entrañas de pirañas, piratas y piñatas que abarrotan los escenarios. Entre Piñera y Frei tenemos que elegir con qué guante nos golpeará el capital, con qué tenaza el cangrejo cancerígeno del capital, nos cortará la el cuello ”

Autor de los libros: Poesía en Re menor (2000); Poesía en Re (2001); Tres cuentos para despertar y uno para dormir (2002); Poesía en Luto (2004); Recuerdos de dictadura (2006); Escarabajos (2009) y El síndrome K (2010). Andrés Bianque tiene una acertada opinión de la desconcertada Concertación: “Con Eduardo Frei se vende el mismo rosario de siempre, le han operado su insípida prestancia, donde destaca, su aburrida manera de ser, la falta de chispa e inteligencia, la ausencia de talento y la muerte de varias neuronas, ahora lo presentan con el nivel del buen capataz de fundo, uno conocido y de méritos auto consagrados, pero que brinda tranquilidad. Y resta importancia al nuevo respaldo de Frei Jr. “Marco Enríquez, es un aviso comercial del Bacardí nocturno, la proyección de los propios deseos y nada más. Representa al modelo rebelde, dandi, lechuguino de los jóvenes exitosos. Su 20% representa, el intento cándido e ingenuo de querer cambiar algo que en el fondo, la gente ni siquiera entendió, que MEO, no deseaba cambiar”

MC.- ¿Qué tipo de marketing utilizaron en la campaña electoral chilena?, ¿hubo propuestas?, ¿o un reduccionismo mediático?

AB.- Me parece que ha sido la misma añeja pasarela de siempre, con supuestos “modelos a seguir”. Después del gobierno de Ricardo Lagos, que resultó el mejor gobernante para la derecha, la Concertación se vio muy agotada, y para sacarla a flote, se utilizó, más que un puño político, una mano publicista, un toque de maquillaje de mercado. Así encontramos “la novedad del año” una obediente seguidora del empresariado, Michelle Bachellet; ex detenida, madre soltera, que habla en varios idiomas y mujer, condición que le abonó un alto porcentaje de votos. Cosa medianamente parecida a la que ocurrió en Estados Unidos, cuando mucha gente creyó que con la elección de Obama, las cosas cambiarían radicalmente. Basándonos en ese modelo comercial, no será raro ver a un latino, a un homosexual, a un punk postulando a ciertas presidencias en algún futuro cercano. Se intenta vender un producto novedoso, reemplazar lo viejo, con meros títeres de paradigmas que interpretarían supuestamente a los sectores progresistas de cada sociedad, pero serán siempre, leales a los grandes intereses capitalistas. Son forma, no fondo.


La Concertación está agotada , pero creo que el término preciso sería, “ fusionada” con el gran capital, tanto que ya no se distingue quién es quién en Chile y de ahí aparezcan ciertos salvadores renovados, y también arrepentidos, desde sus propias entrañas de pirañas, piratas y piñatas que abarrotan los escenarios. La gente intenta seguir el modelo exitoso material, que ve en un Sebastián Piñera, como también lo podría ver en Farkas, si éste se hubiese presentado. Se sueña con una mejor vida material, una casa elegante, autos, propiedades, cosas. Eso es lo que se estila en Chile, a nadie le interesa ser mejor persona, lo que interesa es el poder obtener bienes y eso sería.


Marco Enríquez, es un aviso comercial del Bacardí nocturno, la proyección de los propios deseos y nada más. Representa al modelo rebelde, dandi, lechuguino de los jóvenes exitosos. Se le ha asesorado para que copie todo lo que a su padre lo hizo famoso, excepto la consecuencia y lealtad para con las clases más desposeídas. Entonces, habla rápido, creyendo que eso es fluidez, se viste como si fuera un Antonio Banderas de la política, que intenta encandilar a sus electoras con una sonrisa erótica de labio torcido acompañado todo con su incontrolable peotilomanía que muchos interpretan como algo rebelde.


Con Eduardo Frei se vende el mismo rosario de siempre, le han operado su insípida prestancia, donde destaca, su aburrida manera de ser, la falta de chispa e inteligencia, la ausencia de talento y la muerte de varias neuronas, ahora lo presentan con el nivel del buen capataz de fundo, uno conocido y de méritos auto consagrados, pero que brinda tranquilidad al sistema. Jorge Arrate representa "la nueva ola" -la de los años 60- de la política chilena, o sea, más de lo mismo, a excepción del niño prodigio MEO. Su discurso, sabiéndose perdedor de antemano, fue instalado como moneda de cambio en el futuro en ciernes. De la noche a la mañana fue ungido Comunista y eso significó arrastrar cierto peso hacia el Juntos Podemos, los cuales se traducirán en pesos metálicos. Arrate, miembro permanente de la Concertación aparece en el supuesto partido vanguardia de la clase obrera, nadie entiende nada. Un baile de disfraces que sólo sus organizadores conocen a cabalidad.


MC.- ¿Qué resultados dará el abstencionismo y el voto nulo en la farsa electoral del domingo?

AB.- Es una opción válida, pero insignificante en lo práctico. Si ganara el voto nulo, con el 50% más uno, (cosa casi imposible) a nivel jurídico y constitucionalmente, no pasa absolutamente nada. Se cotejarían los votos válidamente emitidos, es decir, los que no sean nulos, ni blancos y se elige presidente igual. Independientemente de que aquella opción sea un castigo al sistema, al sistema no le interesa. No hay fuerza social preponderante o fuerte como para impulsar o estampar ciertas demandas y reivindicaciones revolucionarias, radicales, no meros parches momentáneos, que pretenden humanizar el Capitalismo, aunque sea incluso, la opción de una Asamblea Constituyente. Intentar humanizar el capitalismo, es intentar domesticar un tigre adulto con un libro de poemas,


El trabajo de base, social, honesto, insertos en el núcleo social, es la única solución. Afortunadamente han aparecido interesantes movimientos como el MPT en esas aras, es de esperar que aquello sirva de ejemplo para otras instancias, movimientos, gentes y partidos. Porque mientras tanto, habrá que esperar por lo menos diez años más, para ver algún cambio medianamente interesante en estas tierras. En las elecciones del 2005 también se llamó a votar nulo, a abstenerse, alrededor de 200 mil almas, actuaron de esa forma, pero ¿qué quedó de esa experiencia? Absolutamente nada. Creo que eso es una interesante reflexión para aquellos que blanden su justa posición, pero que hasta ahora ha resultado infructuosa, un mero saludo a la bandera rebelde y nada más. En las últimas elecciones, año 2005, los votos nulos llegaron casi a 160 mil. En las elecciones de diciembre pasado, año 2009, el voto nulo llegó a casi 200 mil preferencias. ¿Y qué con eso? Los votos en blanco suman casi 150 mil en las dos últimas elecciones. ¿Cómo se han encauzado esas tendencias por los movimientos sociales?


MC.- ¿Estamos frente a una trampa de doble filo: Frei Jr. y Piñera?

AB.- Sí, tenemos que elegir con qué guante nos golpeará el capital, con qué tenaza el cangrejo cancerígeno del capital, nos cortará la el cuello. Tenemos que elegir entre la silla eléctrica pública o el ahorcamiento privado en la plaza de armas. La elección que viene es realmente terrible, sea quien sea el ganador. Viene a probar y comprobar la derrota de los movimientos sociales, de la Izquierda en Chile, donde se ha impuesto la social democracia, encabezada por el Partido Comunista y los neoliberales más despiadados, es una realidad abismante. Los muertos en Chile, los detenidos desaparecidos, los ejecutados, deben estar revolcándose en sus tumbas marinas y andinas, ante este dantesco panorama. Mire a lo que hemos llegado 200 años después. La victoria del Capital ha sido realmente aplastante y lo seguirá siendo.


MC.- Marco Enríquez Ominami declaró: “ Frei festejó la muerte del padre de mi hermana”; a pesar de que hizo malabares para distanciarse de la Concertación y fundar un nuevo partido político, terminó apoyando a Frei Jr. ¿qué representa el 20% de votos que obtuvo MEO?

AB.- Marco Enríquez representa el ala juvenil del red-set en Chile. De los exiliados que vivieron en Cuna de oro, llorando su “ficticio pasado Revolucionario” en el Chile del Presidente Allende, pero que, enamorados del alto nivel de vida en los países desarrollados, no escatimaron principios en poder vivir de la misma manera, vueltos a Chile, a costa de vender, tranzar y permutar sus principios. Su accionar, me parece que obedece más al Complejo de Alejandro, en el cual existe resentimiento y alta envidia hacia el padre y una ofensa narcisista del ego, yo creo que cualquiera que escuché dos veces a Meo, podrá visualizar aquello. Su 20% representa, el intento cándido e ingenuo de querer cambiar algo que en el fondo, la gente ni siquiera entendió, que él, no deseaba cambiar. Su apoyo a Frei viene a confirmar todo aquello. Su experticia y acomodaticio actuar político representa la idiosincrasia política del político chileno pillo. ¿Cómo voy ahí, qué gano, qué me dan? No creo que existan muchas personas que se sientan decepcionado de él, “el miedo a la derecha” esparcido por el país, avala su voltereta.


MC.- En definitiva, ¿qué opciones tienen la ciudadanía despolitizada y los movimientos sociales ante la mediocridad propuesta por las fórmulas electorales?

AB.- Creo que la elección de Piñera ayudaría a aglutinar a todos aquellos dispersos en contra de un enemigo común. Si es reelecto Frei, tendremos el mismo tira y afloja de intereses por la gran clientela política y partidista que existe en Chile. El trabajo social, el de base, tendrá que despegar enormemente, cosa que no veo suceder en el corto plazo. Tengo la impresión que en Chile se sobre-intelectualiza todo, en ello se devanean muchos seres pensantes y se distancian por comas e interpretaciones de la realidad, tanto que no hay catastro que pueda aglutinar a tantas organizaciones interpretando la realidad a su manera y en ello, el sectarismo es pan de cada día. De ingrata manera, comenté por allá en el año 2005 que en Chile no habrían grandes cambios en por lo menos 15 a 20 años. Lamentablemente se va cumpliendo, y muchos nos hemos encontrado bordados en un penoso complejo pitoniso de Casandra, sin mucho que poder incidir. La ciudadanía despolitizada debe ser bastante, el bombardeo de superficialidad y egoísmo en el ambiente, es realmente asfixiante.


MC.- ¿Por qué hablas de una depredación “caníbal” por parte del Estado en contra de la comunidad mapuche?, ¿cuál es la responsabilidad histórica del dictador de la Fundación Neruda al aplicar la Ley Antiterrorista por primera vez?

AB.- El Capitalismo, el canibalismo empresarial se ha instalado en el sur, eso hace rato ya, el mundo lo tiene más que claro. Arrasar contra todo aquello que no esté en los jugosos planos de ganancia que contemplan los dueños de todo. Montajes contra cualquiera que solidarice con aquellas causas, abusos, torturas, encarcelamientos, el Estado racista sin maquillaje contra el Pueblo Mapuche y sus recursos. La aplicación de la Ley Antiterrorista, obedece claramente al poderoso lobby, que Juan Agustín Figueroa, intermediario entre los submundos de ultraderecha y los reinos cristiano metálicos, ha pedido. “Detened esta vorágine de reclamos, a como de lugar, que esto puede ser contagioso”, habrá susurrado culebrescamente a sus contactos. Y apropósito, lo que ocurre en la Fundación Neruda, realmente no tiene nombre. Un repugnante vomitivo bicho de la derecha, como es Figueroa, vive del parasitismo del esfuerzo del poeta y nadie en Chile mueve un dedo en contra de aquello. A Matilde Urrutia ya no se le puede cuestionar, pero el Partido Comunista de Chile tendría que explicar por qué y a quién le vendió la casa de Neruda, con todo cuanto contenía en trescientos millones de pesos. Por qué no hicieron nada cuando la plata del copyright de Neruda se invertía en Cristalerías Chile, propiedad del pinochetista Ricardo Claro.


MC.- En junio del año pasado escribiste un “Recado para Mario Bagua Llosa”; ¿qué posdata harás sabiendo que Vargas Llosa fue el invitado estelar del Museo de la Memoria y de la candidatura de Piñera?

AB.- Aparecer apoyando al capital, a la representación de la explotación, debería llamarnos a la reflección en cuanto a cómo debemos actuar frente a este tipo de artistas que escriben con la izquierda pero cobran por la derecha. Yo me quedé esperando que vinieran los mismos cantantes españoles de “izquierda” a apoyar a Frei, como en la asunción de Bachelet. La presencia de “Bagua Llosa”, en la casa de la memoria, me parece un insulto gravísimo, aún cuando la iniciativa sea una salva tirada al aire.


MC.- ¿A qué atribuyes la renovada fobia del Estado y los empresarios a cualquier surgimiento anarquista, estudiantil o libertario del pueblo?

AB.- El Anarquismo es un hueso duro de roer, y más de comprar, cooptar. He ahí un gran problema para algunos, que le ponen precio a todo. Yo me siento muy cercano a ellos en muchos sentidos, pero discrepo totalmente de algunos métodos, especialmente en aquellos que dicen relación a la organización dispersa que presentan, no así sus acciones. El asunto radica en que son buena “honda” pero, en ello, creo que su discurso se pierde en un espacio underground, subterráneo que no le conviene a nadie.


De los estudiantes, aún me queda una sensación de frustración, la Revolución Pingüina se evaporó totalmente, y en ello, muchos partidos políticos de izquierda de “vanguardia” cambiaron posiciones por prebendas de toda índole. Estamos a años luz del surgimiento de una iniciativa Libertaria y radical de peso, eso depende de cómo muchos con aquellas tendencias, se planteen el nuevo quehacer político y social. No basta con peñas y tocatas.
Mientras suelten la soga de los cuellos, muchos se contentarán con ese aire y los cambios, sino son empujados por la gente conciente, no ocurrirán y si ocurren, deben estar a la altura y saber encauzar aquellas explosiones sociales y no terminar, en penosas postales románticas de que lo pudo haber sido, como los estudiantes por ejemplo.


MC.- Hace tiempo que quería preguntarte, ¿en qué terminó la querella y persecución del gobierno de Suecia en contra de vos?

AB.- Afortunadamente ha prevalecido la verdad y puedo decir que después de tanto tiempo, se ha solucionado todo el asunto satisfactoriamente. De eso ya, hace casi un año, y todo transcurre bien y sin problemas.


MC.- Finalmente, ¿qué libro publicarás después de Poesía en Luto?, ¿nunca viviremos un alivio de luto?

AB.- Poesía en Luto es un libro que jamás ha sido impreso, fue el intento de recopilar y rescatar del olvido, ciertos puntos centrales dolorosos para Chile. Por ahí anda de mano en mano, para quien guste leerlo. Terminé recientemente, “Escarabajos” esta vez en prosa, del cual espero fructifiquen las conversaciones con cierta editorial y veremos qué pasa. Es un libro tremendamente humano y encaminado al cuestionamiento de nosotros mismos, a más de alguna de las etapas de luto que nos toca vivir a lo largo de nuestras vidas, o sea, aún escribo en luto, pero créame que tengo otras cosas que le pueden aliviar y avivar la sonrisa en los ojos.

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Chile se la juega


Frei y Piñera se disputan hoy la Presidencia de la República

Mario Amorós
Público
17-01-2010

Hoy el pueblo chileno escogerá a su nuevo Presidente entre el derechista Sebastián Piñera (vencedor en la primera vuelta con el 44% de los votos) y el democratacristiano Eduardo Frei, quien el 13 de diciembre logró el 29,6%. Será probablemente una jornada muy emocionante, de resultado incierto hasta muy avanzado el escrutinio, puesto que la derecha no triunfa en unas elecciones presidenciales desde el 4 de septiembre de 1958 y no ha superado el 50% de los sufragios (imprescindible para relevar a Michelle Bachelet en La Moneda) en ninguno de los 26 comicios celebrados desde la derrota del general Augusto Pinochet en el histórico plebiscito del 5 de octubre de 1988.

Las estrategias de Piñera y Frei de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales han sido muy diferentes. Mientras que el representante de la Coalición por el Cambio ha insistido en su discurso amable, en apariencia inofensivo, sobre la necesidad de la alternancia tras veinte años de gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, Frei ha intentado atraer al 26,3% de electores que hace un mes apoyaron al independiente Marco Enríquez-Ominami y a Jorge Arrate, el candidato de la izquierda. Esta ineludible apuesta por superar las fronteras de una Concertación agotada históricamente le ha granjeado el apoyo de la mayor parte de las fuerzas de izquierda e incluso de Enríquez-Ominami, quien alcanzó un decisivo 20,1% y el miércoles anunció que votará por quien ya fue Presidente entre 1994 y 2000.

La solidez electoral de la derecha, pero también sus probadas dificultades para conquistar el apoyo de la mayoría ciudadana y la profunda crisis de la Concertación anuncian un nuevo escenario político y, al mismo tiempo, conceden una oportunidad inesperada para un avance significativo de la sociedad chilena hacia más democracia y más justicia social, en uno de los países donde la brecha entre ricos y pobres es más acentuada. Esta posibilidad se encarna en los doce puntos programáticos comprometidos el 20 de diciembre entre la candidatura de Eduardo Frei y el Partido Comunista y sus aliados ante la segunda vuelta.

La elaboración de una nueva Constitución en el año del bicentenario de la independencia, que sustituiría a la impuesta por la dictadura en 1980 (aún vigente, aunque reformada en 1989 y 2005), el mantenimiento del carácter público de la Corporación del Cobre (la principal fuente de ingresos del país, “el sueldo de Chile” según la definición acuñada por el Presidente Allende al lograr su nacionalización en 1971), el fortalecimiento de una educación y una sanidad públicas de calidad, la ampliación de los derechos de los trabajadores, el respeto a las exigencias de los pueblos originarios, la democratización de los medios de comunicación, la anulación del decreto-ley de Amnistía de 1978 o la construcción en torno a Unasur de un marco sudamericano de paz y seguridad cooperativa son algunas de las propuestas de hondo calado presentadas por Frei a la izquierda.

Este programa, principalmente las características de la nueva Constitución, plantea la posibilidad de un viraje histórico en Chile a partir del 11 de marzo, cuando Michelle Bachelet entregará la banda presidencial a su sucesor. Hablamos de la posibilidad de la anulación definitiva del legado institucional lastrado por la dictadura militar y del distanciamiento del modelo neoliberal que, antes que Margaret Thatcher y Ronald Reagan, Pinochet y los epígonos locales de los Chicago Boys impusieron a partir de abril de 1975, mientras la DINA y los otros organismos represivos de la dictadura se concentraban en el exterminio del movimiento popular.

Por el contrario, la victoria de Sebastián Piñera significaría la profundización de la privatización de la sanidad y la educación, los recortes de los escasos derechos sindicales y de los trabajadores, la privatización al menos parcial de la minería del cobre, mayores beneficios para las grandes empresas y el capital financiero, un retroceso en los derechos civiles producto de la hegemonía de los sectores fundamentalistas que dirigen los dos grandes partidos de la derecha (Renovación Nacional y, sobre todo, Unión Demócrata Independiente) y el fin de los juicios a los casi 800 represores de la dictadura actualmente procesados. Además, en política internacional, Piñera se aproximaría al papel que ejerce en América Latina el presidente Álvaro Uribe, a quien visitó en Colombia en julio de 2008 y le expresó su admiración por su política de “seguridad democrática”.

La historia de Chile registra una encrucijada similar a la actual. El 25 de octubre de 1938 el millonario Gustavo Ross, quien había amasado su fortuna como especulador en la Bolsa, disputó la Presidencia de la República al maestro Pedro Aguirre Cerda, candidato del Frente Popular, que unía a los partidos Radical, Socialista y Comunista. El derechista Ross perdió por apenas tres mil votos y el gobierno de Aguirre Cerda abrió una nueva época con su apuesta por la industrialización del país de la mano de la inversión pública y la aprobación de relevantes leyes sociales, algunas de ellas impulsadas por un joven diputado y desde 1939 ministro de Salubridad llamado Salvador Allende.

Hoy el pueblo chileno tendrá que escoger entre dos opciones para los próximos cuatros años: el retorno a las políticas económicas y “sociales” que muchos de los dirigentes de la derecha actual ya desplegaron durante la dictadura de Pinochet (y que condenaban a la pobreza a más del 40% de la población en 1989) o el apoyo a un nuevo programa que ha forjado una alianza entre las fuerzas del centro y la izquierda, a unas transformaciones democráticas que trazan en el horizonte las grandes alamedas de las que Salvador Allende habló una negra mañana de septiembre de 1973.

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miércoles, 13 de enero de 2010

Vargas Llosa: la conjura de un provocador


13 de enero de 2010
Carlos Angulo Rivas

Una vez más Mario Vargas Llosa retorna a la política militante encrespada y lo hace en respaldo a los rebrotes políticos del sanguinario dictador Augusto Pinochet. El escritor dedicado a la novelística frívola en sus últimos treinta años (Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, Elogio de la Madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto, El paraíso en la otra esquina, Travesuras de la niña mala, etc.) en Santiago de Chile se ha volcado a brindar un desaforado apoyo a Sebastián Piñera, candidato de la ultraderecha recalcitrante, empresario enriquecido (uno de los más acaudalados de su país) durante los 17 años de la dictadura militar.

Es decir, Vargas Llosa apoya a un magnate que mientras el pueblo chileno sufría la violencia armada, la represión, la tortura y las caravanas de la muerte, él, Piñera como empresario, se dedicaba a crear una enorme fortuna de la mano de la junta militar gobernante.
Una vez más con la magia de las palabras Mario Vargas Llosa desea cambiar la realidad, esta vez, con la pretensión de engatusar al pueblo chileno. En la misión encargada por las entidades republicanas de Washington, este escritor, sustantivamente financiado por ellas, considera a Piñera, según su propio mensaje "un buen representante de la centroderecha liberal" y agrega "que tras 20 años en el poder la coalición oficialista, o sea el gobierno actual ha perdido "dinamismo y energía." Y refuerza su tesis diciendo "Piñera representa una centroderecha moderna, liberal, idealista, que consolidará la democracia y va a dar un impulso al desarrollo de Chile." Nunca mejor elaborada esta patraña de dimensiones inalcanzables. ¿De cuando acá en la historia, al lado de los empresarios fascistas la democracia se puede consolidar a favor de los pueblos? La señora Michelle Bachelet, actual presidenta de Chile, acaba de alcanzar un nuevo record de aprobación a su gestión, de 81% estando de salida, subiendo 4 puntos respecto al sondeo realizado en noviembre 2009 y el gobierno de la concertación como tal, con la misma encuesta de Adimark, obtiene 65% de apoyo. ¿Dónde está el agotamiento de la concertación o la pérdida de dinamismo y energía que señala el autor de las frivolidades de la madrastra y la niña mala? Sin ser la concertación la mejor opción para el pueblo chileno, es evidente que ese país ha avanzado hacia una democracia representativa neoliberal prudente y medida, en la cual está ausente la participación masiva de los ciudadanos, sin embargo, la regresión que significaría Sebastián Piñera como jefe de estado pondría a Chile en peores situaciones, en la dinámica del "capitalismo salvaje" hoy en retroceso luego de la crisis económica mundial.
Una vez más Mario Vargas Llosa, con muchos recursos a su disposición, nos trae el montaje de asegurar en Chile una posible victoria de las corrientes corruptas del neoliberalismo extremista que aún habitan en América Latina, principalmente, en Colombia, Perú y México, donde el pueblo y los trabajadores son sometidos a las más violentas y duras condiciones de supervivencia. No nos dejemos engañar por los cantos de sirena de una agente provocador, papel desempeñado, últimamente en Caracas, por este trivial y ligero escritor convertido en líder de una entente contrarrevolucionaria fascista. En el fondo, luego del golpe militar en Honduras y las ilegales y fraudulentas elecciones en ese país, dirigidas por el dictador golpista Roberto Micheletti, con el apoyo de Norteamérica, Colombia, Perú y Panamá, se trata de abrir un frente desestabilizador de la revolución social o de los intentos de renovación de la política hemisférica que habitan en Bolivia, Ecuador, Uruguay, Venezuela, Brasil, Argentina, Paraguay, Nicaragua, y por supuesto, en Cuba. Se trata, pues, de quebrar la todavía neutralidad de Chile respecto a estos procesos equidistantes de la acostumbrada hegemonía político-económica de la Casa Blanca.
Una vez más Mario Vargas Llosa abandona su dedicación a la escritura pastoril y bucólica de sus últimas novelas, para dedicarse a la actividad principal de la propaganda y provocación política contra toda revolución social. Este conocido provocador de ultraderecha, líder del lobby anticubano de la gusanería de Miami, cuya dedicación por beneficios personales se junta a la de José María Aznar de España, pretende revertir el curso progresista asumido en América Latina y el Caribe. Aprovecha en este propósito el resultado de la primera vuelta electoral en Chile, donde Piñera alcanzó de 44% frente a 30% del candidato oficialista, el ex presidente Eduardo Frei, un pésimo candidato de la concertación es cierto que, empero, frente a la realidad concreta del advenimiento del fascismo es el menos malo para la ciudadanía, pues en una situación de grave crisis económica mundial, quienes preconizan la desregulación, el debilitamiento del Estado a favor del libre mercado sin cortapisas, como lo hacen Piñera y sus acólitos, socavan el derecho de los trabajadores y crean el desempleo masivo. Piñera estará siempre a favor de la especulación de los más ricos como él, a quienes interesa poco o nada la pobreza extrema de los pueblos. Felizmente, no todo está dictado a favor de la regresión político-social que representa la candidatura fascista de Piñera, el pueblo chileno reflexiona respecto a los resultados de la primera vuelta y todavía existe un colchón sólido de electores que si bien no votaron por Eduardo Frei, sí lo harían ahora bajo circunstancias distintas.
Tanto los candidatos Marco Enriquez como Jorge Arrarte, tercero y cuarto en la contienda, se dan cuenta de lo que está en juego en Chile a pesar que ninguno de los dos, durante sus respectivas campañas, pusieron como crucial el tema del proyecto económico neoliberal actual bajo control mayoritario de las empresas transnacionales, invariable desde la época de Augusto Pinochet. Ambos se dan cuenta de la regresión o marcha atrás que significaría la elección de Piñera en cuanto a la afectación del sistema laboral que pasaría a ser controlado de forma absoluta por las empresas, los bancos y el sistema financiero, especialmente del medio agrario y campesino totalmente en abandono. Y si bien el crecimiento de la economía con los gobiernos de la concertación ha sido a costo de los salarios bajos, los recursos naturales y la entrega de los sectores productivos y de servicios a la multinacionales, con los herederos de Pinochet en el gobierno y los medios de comunicación a masiva en su apoyo, el control de la sociedad chilena, la explotación descarnada de los trabajadores y la exclusión, se impondrían sin escrúpulos de ninguna clase. Se pasaría de la moderación neoliberal (concertación) al extremismo privatizador, pro patronal, a manos de la oligarquía. Aquí no tienen lugar las equivocaciones, tampoco las apuestas al vacío, así Vargas Llosa diga que el virtual triunfo de Piñera "va a ser un hito en América Latina." El pueblo chileno de tan gloriosa resistencia a los designios de la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, sabrá hacer la distinción a la que está obligado para salud de la patria. Sabrá distinguir entre el avance democrático paulatino y el retroceso a la caverna en materia de educación, salud, beneficios sociales, participación ciudadana, trabajo digno, pequeña y mediana empresa, libertad de expresión, derechos de los pueblos originarios y derechos humanos. Más allá de las diferencias en el campo de la concertación y la izquierda chilena, se impone un ALTO a la alianza internacional de la derecha cavernaria, cuyo máximo canciller y embajador plenipotenciario es, que duda cabe, Mario Vargas Llosa, quien no ha tenido vergüenza de señalar, además, su irrestricto apoyo a Alan García Pérez, a uno de los políticos más corruptos e inmorales de la historia peruana, protagonista del etnocidio de los nativos de la amazonía en Bagua y de los genocidios en las comunidades campesinas y las cárceles de Lima durante su primer gobierno. Todo ello dice bastante respecto a la catadura moral de este escritor peruano venido a menos como adalid político.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Chile: Piñera y Frei se disputarán la Presidencia el 17 de enero


El Partido Comunista pone fin a 20 años de exclusión de la izquierda y logra 3 diputados

14-12-2009
Mario Amorós
Rebelión

Después de veinte años de exclusión del Congreso Nacional producto de la ley electoral binominal que dejó amarrada la dictadura militar y gracias al pacto instrumental suscrito con la gubernamental Concertación de Partidos por la Democracia, a partir del 11 de marzo tres comunistas se sentarán de nuevo en la Cámara de Diputados, un hecho inédito desde septiembre de 1973.

Guillermo Teillier, presidente del PCCh, fue elegido por las populares comunas de Pedro Aguirre Cerda y San Miguel con el 33,49%; Lautaro Carmona, secretario general, conquistó su escaño en el distrito de Copiapó-Tierra Amarilla con el 28,42%; y el abogado de derechos humanos Hugo Gutiérrez alcanzó la representación en Iquique-Alto Hospicio con el 30,53% de los votos.

Ésta es, sin duda, la mejor noticia para la izquierda del resultado de las elecciones de ayer. Unos comicios en los que su candidato presidencial, el socialista allendista Jorge Arrate, obtuvo (con el 98% de los votos escrutados) el 6,21%, superando las votaciones de sus candidatos anteriores (Eugenio Pizarro en 1993 logró el 4,5%; Gladys Marín en 1999 el 3,21 y Tomás Hirsch en 2005, el 5,4%).

Esta votación resultará relevante de cara a la segunda vuelta, que tendrá lugar el 17 de enero y que enfrentará al candidato de la derechista Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera, quien ayer obtuvo el 44,03% de los votos, y el de la Concertación, Eduardo Frei, quien sólo alcanzó un escuálido 29,62%, cuando ningún candidato de esta coalición había logrado menos del 45% en la primera vuelta y de hecho él mismo se impuso ampliamente en la primera vuelta en 1993 con el 55% de los votos.

En tercer lugar, quedó la gran sorpresa de estas elecciones, el diputado díscolo, procedente de las filas del Partido Socialista, Marco Enríquez-Ominami, quien ayer obtuvo el 20,12% y casi 1.400.000 votos. El sorprendente apoyo popular logrado por este candidato con un perfil muy mediático, con un programa político muy ambiguo y apoyos que proceden desde la derecha neoliberal (el responsable de su programa económico) hasta relevantes ex dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), será el centro de todas las especulaciones de cara al 17 de enero, cuando la derecha aspira a lograr su primera victoria en unas elecciones presidenciales desde 1958 y a retornar al poder justo veinte años después de que el general Pinochet traspasara la banda presidencial al democratacristiano Patricio Aylwin.

En sus primeras declaraciones tras conocer que no pasará a la segunda vuelta por un amplio margen, Enríquez-Ominami se reafirmó en la ambigüedad que le ha catapultado a un éxito sin precedentes para un candidato al margen de los bloques que dominan la política chilena desde 1989 y anunció que no pedirá a sus votantes que apoyen a Frei en la segunda vuelta, a pesar de que reconoció que Piñera representa “lo más cruel del mercado”. El director de su campaña política, Max Marambio, admitió que es probable que la derecha gane el 17 de enero, pero que ello sería “responsabilidad de la Concertación”.

El personalismo de la votación presidencial quedó patente en las votaciones de las otras dos urnas, las de diputados y senadores. En la votación a diputados, que se produjo en todo el país, la lista pactada por la Concertación y el Junto Podemos Más (coalición donde se integra el Partido Comunista, junto con la Izquierda Cristiana) venció con el 44,41%, frente al 43,42% de la Coalición por el Cambio. Ambas listas llevaban dos candidatos en los 60 distritos del país, mientras que la lista Nueva Mayoría para Chile, auspiciada por Enríquez-Ominami y que incluía 79 candidatos, sólo alcanzó el 4,55% de los votos, un dato inferior a la media que el Partido Comunista obtenía en este tipo de elección cuando, como hasta 2005, concurrió con una candidatura al margen de la Concertación.

En cuanto a la elección de senadores, que sólo se producía en la mitad de las circunscripciones del país puesto que su mandato se alarga hasta ocho años, una de las sorpresas fue la derrota de Joaquín Lavín en Valparaíso. Hasta el momento, Lavín es el candidato de la derecha que más cerca se ha quedado de La Moneda, ya que en la segunda vuelta de enero de 2000 obtuvo casi el 49% de los votos y sólo pudo ser derrotado por Lagos gracias al apoyo en el ballotage del electorado comunista. El partido de Lavín, la pinochetista UDI, seguirá siendo la primera fuerza del Congreso Nacional, con 36 diputados y 9 senadores.

Las elecciones de ayer dejaron en evidencia varios aspectos. En primer lugar, la derecha, que ya concentra el poder económico, financiero, cultural y mediático de Chile y que mantendrá el empate técnico con la Concertación en la próxima legislatura en el Congreso Nacional, se aproxima a la reconquista de La Moneda. Será muy difícil que el 17 de enero Eduardo Frei, un ex presidente mediocre y el candidato gris de una coalición agotada tras veinte años de gestión, pueda aumentar en más de veinte puntos porcentuales su votación de ayer.

En segundo lugar, quedan patentes las enormes dificultades para la construcción de una alternativa de izquierdas en Chile que sea capaz de unir a este pueblo a la nueva era que vive América Latina. Más aún, en una Sudamérica donde ya sólo los gobiernos de Álvaro Uribe en Colombia y Alan García en Perú se someten a los intereses del imperialismo y donde los pueblos de Venezuela, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Brasil o Ecuador abren una nueva era, la llegada de Sebastián Piñera a La Moneda supondrá abrir en el sur de América Latina una puerta a los intereses geopolíticos de Washington.

La candidatura de Arrate, articulada en torno al Partido Comunista, la Izquierda Cristiana y un sector de dirigentes que abandonaron el Partido Socialista y se aglutinan en la corriente Socialistas Allendistas, planteaba ayer un programa político claro para la transformación democrática de Chile: elaboración de la nueva Constitución, renacionalización de la minería del cobre, fin de la represión del pueblo mapuche, verdad, justicia y memoria en materia de derechos humanos, apoyos a las demandas de los trabajadores, educación y sanidad públicas y de calidad, derechos civiles… Las críticas que sectores de izquierda plantearon a Arrate por su destacado papel en la “renovación” (derechización) del Partido Socialista en los años 80 y por su condición de ex ministro de Aylwin y Frei desconocían la honestidad de la autocrítica sincera e inteligente planteada por el propio Arrate sobre estos dos puntos de una amplia trayectoria que también incluye su destacado papel al lado del Presidente Allende en los días de la Unidad Popular.

La claridad del programa político de la izquierda, construido con la participación democrática de miles de compañeros y compañeras a principios de este año, la ruptura de sectores relevantes del socialismo con la Concertación, la pluralidad de fuerzas que han confluido en torno a la candidatura presidencial del Juntos Podemos Más-Frente Amplio y la victoria moral y política que implica haber puesto fin a la exclusión de la izquierda con la elección de tres diputados comunistas estimulará continuar el camino que iniciara hace más de un siglo Luis Emilio Recabarren, que continuaran Elías Lafferte o Salvador Allende, Gladys Marín o Carlos Lorca.

La primera etapa de este camino, el primer desafío, será unir a las fuerzas democráticas para derrotar a la derecha el 17 de enero y forzar a Frei y a la Concertación a abrir una nueva era en Chile, con un nuevo programa político para abordar las reformas democráticas pendientes, en primer lugar la elaboración de una nueva Constitución. En torno a estas luchas democráticas, claras, concretas, sin ambigüedades, creció siempre la izquierda en Chile. Seguro que lo seguirá haciendo.


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