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viernes, 22 de enero de 2010

Los 'progres' lo hicieron: volvió el pinochetismo


21 de enero de 2010
Jorge Altamira (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

Lo más importante del retorno electoral del pinochetismo a Chile ha sido el caradurismo político con que fue recibido por los ‘demócratas’ y ‘nacionales’ del continente. ‘Tudo bem’, coincidieron: Chile es una democracia, Piñera ganó limpio; dentro de cuatro años se vota de nuevo.

Los mismos ‘progres’ y ‘nacionales’ que hostigan, desde su monopolio de los medios, a la izquierda revolucionaria porque no sabría distinguir entre ‘restauración conservadora’ y ‘revolución nacional’, o entre ‘progres’ y derechistas; esta misma gente reacciona con espléndida indiferencia ante el retorno nada menos que del pinochetismo, luego de dos décadas de gobierno centro-izquierdista. Piñera no ganó por una complicidad de extremismos con la izquierda revolucionaria (que en Chile simplemente no existe), sino por el servicio que le han prestado estos mismos ‘progresistas’ con una gestión de gobierno reaccionaria. La indiferencia ‘nacional y popular’ ante la victoria pinochetista pone de manifiesto los vínculos de clase que existen entre ellos –no en vano dominan, en ambas partes, los banqueros, los explotadores, los especuladores, que se han servido tanto de las dictaduras militares como de las democracias. La Concertación gozó del apoyo inamovible de la burocracia sindical de la CUT, incluso cuando el régimen electoral chileno excluía al partido comunista del parlamento.

Entre los ‘progres’ y ‘nacionales’ aún está vigente la tesis de que Allende fue derrocado por una provocación de ‘la ultraizquierda’, pero hoy ya no tienen ese pretexto. Al igual que en el pasado, la reacción derechista triunfó por la incapacidad del ‘progresismo’ para movilizar a las masas y por sus propios lazos: en 1973 con el golpismo, ahora con la derecha. La caída de Allende no fue responsabilidad de ‘la ultraizquierda’, que no fue la que nombró al Pinocho como ministro de Defensa y comandante en jefe, sino por el desarme compulsivo, ejecutado por la Unidad Popular, de los trabajadores dispuestos a defender el gobierno que habían elegido. En lugar de mirar para otro lado, los bolivarianos y nac & pop de América del Sur deberían convocarse en una asamblea general de emergencia.

Los pinochos volvieron al gobierno porque nunca fueron desalojados de las estructuras sociales y políticas dejadas por la dictadura pinochetista. Esto en primer lugar, como se acostumbra a decir en Estados Unidos. Piñera empezó robando en los desfalcos de los ‘80, pero llegó a los mil y pico de millones de dólares de patrimonio y al control de empresas claves bajo la ‘democracia’. El pinochetismo, como en España el franquismo, dejó bien atada su continuidad con una Constitución que los concertadores no quisieron anular –porque prometieron ser los continuadores del régimen. En este marco se desarrolló el entrelazamiento social y económico entre ‘progres’ y pinochos: el asesor económico del ‘concertador’ disidente, Enriquez Ominani (que sacó el 20% de los votos en la primera vuelta), se pasó en el segundo tu! rno a Piñera, porque gran parte de los planteos económicos de uno y otro son similares. Ahora Piñera promete hacer ‘la gran Sarkozy’, o sea llevarse como ministros a figuras destacadas de la Concertación.
Como dijo Piñera, “la guerra fría quedó atrás” –las víctimas del pinochetismo fueron sus ‘daños colaterales’. La Concertación, ciertamente, entrará en una licuadora, pero el mismo Partido Socialista ingresará ahora en un período de crisis, como le ocurría en los viejos buenos tiempos. En Chile no se desarrolló una oposición política de contenido revolucionario; aún domina la tesis de apoyar el mal menor, que plantea el partido comunista y su coalición Podemos. Para las elecciones recientes negoció, con la Concertación, el desistimiento de algunos candidatos del PS para poder introducir parlamentarios propios.

No conocemos todavía la discriminación social y política de la votación, pero es seguro que el margen de votos que dio la victoria a Piñera salió del electorado democristiano. La DC se encuentra en un proceso de disgregación que es anterior a la derrota de su candidata ante Bachelet en las internas de la Concertación hace cuatro años. Un ala importante de la Democracia Cristiana propugnaba la alianza con el sector menos recalcitrante del pinochetismo –como se le atribuye a Piñera, quizá porque apoya el matrimonio gay (como Macri). Esta tendencia disolvente se profundizó a pesar de que, en esta ocasión, la Concertación sí llevaba a un candidato de su partido, Frei –un compromiso que no conformó a nadie. En resumen, la Concertación prefirió consumirse en su propia descomposición, incluso si esto aumentaba la! s chances de la derecha; esto vale en especial para el PS. Después de todo, los Piñera son un mal menor para ellos.

Una noticia muy difundida, el éxito económico de Chile y su capacidad para enfrentar la crisis mundial, oscurece la interpretación del resultado electoral. La cosa cambia cuando se ponen los datos al derecho: Chile fue el país más golpeado por la crisis, después de México, con una caída del 5% del PBI y una tasa de desocupación y subocupación del 15 al 20%. La derrota del gobierno es una expresión de esta realidad económica.

‘Empresario exitoso’, Piñera viene con un paquete de privatizaciones ‘grosso’; en primer lugar, de la estatal Codelco. El argumento es terminar con la corrupción; la realidad es que el desarrollo impresionante de los monopolios mineros, debido a la demanda de China, ha dejado a Codelco en inferioridad de condiciones para renovarse. La minera estatal brasileña Vale do Rio Doce ya ingresó en las mieles privatizadoras. La exigencia de China de que se bajen los precios de los minerales mete presión. Junto a la privatización de Codelco, Piñera promete aumentar las regalías que se cobran a los privados: un palazo de cal y una cucharita de arena.

La privatización de Codelco deberá superar la resistencia de las fuerzas armadas, que tienen una caja legal en la empresa y, por sobre todo, de los obreros mineros.

Bien entendida, la victoria de los pinochetistas no es el retorno del pinochetismo. La diferencia es de régimen político. La misma crisis mundial que los puso arriba, en poco tiempo los empujará abajo. Pero esto no exime de responsabilidad a los ‘progres’ y sus corifeos. El apoyo al mal menor conduce siempre, en última instancia, a la victoria del mal mayor. Es necesario construir una oposición socialista y revolucionaria sistemática.

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miércoles, 20 de enero de 2010

Con el triunfo electoral de Sebastián Piñera en Chile: Resucita el pinochetismo


18 de enero de 2010
Con el triunfo electoral de Sebastián Piñera en Chile: Resucita el pinochetismo
Fernando Arellano Ortiz (CRONICON, especial para ARGENPRESS.info)
"Viva Pinochet” coreaban centenares de partidarios del presidente electo de Chile Sebastián Piñera, en sectores céntricos de Santiago cuando se conocieron los resultados electorales que le dieron el triunfo electoral el pasado 17 de enero. Es una muestra clara y contundente que con la llegada de este magnate empresario metido a político, epígono del tristemente célebre primer ministro italiano Silvio Berlusconi, resucita el pinochetismo y se entroniza nuevamente la ultraderecha retaradataria en el Palacio de la Moneda.

En buena medida, ese retroceso político en Chile es responsabilidad de la Concertación que en las dos décadas que gobernó no tuvo la capacidad ni la voluntad política de cambiar el modelo tanto político como económico.
En los primeros años del retorno democrático la sombra del siniestro dictador no dejó avanzar en la apertura de mayores espacios democráticos, como el sistema binominal que condenó a los partidos minoritarios al ostracismo.
Piñera ha dejado desde ya la puerta abierta para que cómplices y seguidores de Pinochet ingresen a su gobierno para seguir profundizando el modelo neoliberal en lo económico, y los métodos represivos y oligárquicos en lo político.
El presidente electo chileno puede ser considerado el Berlusconi latinoamericano si se tiene en cuenta que a su poder económico ahora le agrega el poder político. El perfecto ícono de la globalización neoliberal, o en palabras del sociólogo norteamericano Samuel Huntington, “el hombre de Davos”, para describir a quien acude a esa ciudad de los Alpes suizos cada año a hacer ostentación pública de poder e intercambiar con empresarios o especuladores financieros como él.
Lo que cabe esperar para Chile con el ascenso de Piñera al poder es que se termine de privatizar lo que queda por entregarle a las codiciosas multinacionales que no es poco. Como dice el profesor chileno-colombiano Jorge Harritt Huenchacona Hinojosa, “no solamente se terminará por privatizar el aire sino las empresas del cobre como Codelco, herencia del gobierno socialista de Allende que genera 4.600 millones de dólares al año de utilidades, Enami y Cochilco, acabando de esta manera con el patrimonio público del país”.
Como buen neoliberal, el nuevo inquilino del Palacio de la Moneda manejará con criterio empresarial a su nación, manipulando los asuntos públicos para provecho privado, siguiendo al pie de la letra las instrucciones ideológicas y la propaganda del “libre comercio” de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), a la que acaba de adherir hace pocas semanas Chile, en ceremonia protocolaria encabezada por la propia presidente Michelle Bachelet.
A consolidar bloque de derecha en Latinoamérica
En el ámbito internacional el gran ganador de las elecciones chilenas del pasado 17 de enero es sin lugar a dudas Washington y su estrategia hegemónica en América Latina.
Luego del avance de los gobiernos progresistas y de izquierda en la región que pugnan con la Casa Blanca, Piñera viene a reforzar el club de los mandatarios conservadores y retardatarios como Álvaro Uribe en Colombia; Alan García en Perú; Roberto Martinelli en Panamá; Óscar Arias en Costa Rica; Porfirio Lobo en Honduras; y Felipe Calderón en México. Ahora, seguramente, lograrán compactarse para alinearse con Washington y torpedear los procesos de emancipación política que se vive en toda la región.
Es muy probable que los primeros viajes de Piñera los realice a Bogotá y Lima para lograr concretar líneas de acción con Uribe y García y de esta manera comenzar toda una estrategia para contrarrestar los avances integracionistas liderados por los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia y, además, boicotear procesos de consenso político como Unasur.
Comienza entonces una nueva etapa política para los chilenos. La desgastada Concertación si bien puede mostrar resultados, no fue capaz de darle el viraje socioeconómico después de la nefasta y criminal dictadura pinochetista y prefirió seguir con su estrecho modelo político y su inequitativo y concentrador esquema económico.
El retroceso en democracia y en equidad económica será muy grande durante este cuatrienio del heredero de Pinochet. Pero a la vez, será una buena oportunidad para reinventar una nueva alternativa política por parte de los partidos progresistas y de izquierda que, en forma efectiva, reivindiquen por fin la memoria de dirigentes chilenos de la talla de Salvador Allende, Marmaduque Grove y Miguel Enríquez.

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