Mostrando entradas con la etiqueta Howard Zinn. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Howard Zinn. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de febrero de 2010

Amy Goodman : "Howard Zinn y la otra historia"


2010-02-04

Howard Zinn, el legendario historiador, escritor y activista estadounidense falleció la semana pasada a los 87 años. Su obra más famosa es “La otra historia de Estados Unidos”.

Zinn fue entrevistado por Democracy Now en mayo del año pasado y habló sobre su libro : “La idea de ‘La otra historia’ es ir más allá de lo que aprendí en la escuela o de lo que la mayoría de la gente aprendió en la escuela, y esa es la historia a través de los ojos de los presidentes y generales en las batallas libradas en la Guerra Civil. Y nosotros queremos las voces de la gente, de la gente común y corriente, rebeldes, disidentes, mujeres, negros, asiático-estadounidenses, inmigrantes, socialistas y anarquistas y los agitadores de todo tipo”.

Es pertinente escribir sobre la vida de Howard Zinn justo cuando comienza el llamado “Mes de la Historia Negra”. A pesar de que era blanco, Zinn escribió en forma elocuente sobre la lucha por los derechos civiles y también formó parte de ese movimiento. Hace cincuenta años, el 1° de febrero de 1960, cuatro estudiantes negros ingresaron en la tienda F.W. Woolworth de Greensboro, Carolina del Norte, y se sentaron en el mostrador que era “solo para blancos”. Se les negó el servicio, y regresaron día tras día. Cada día se les sumaban más personas. El movimiento contra la segregación en restaurantes se extendió a otras ciudades del Sur. En julio, el mostrador de Greensboro Woolworth estaba desegregado. Esta semana, se inauguró el Centro y Museo Internacional por los Derechos Civiles en el lugar donde se registró la protesta original.

En el momento de las protestas, Howard Zinn era profesor del Spelman College, una universidad históricamente de mujeres negras en Atlanta. Me contó por qué, luego de siete años de enseñar allí, fue despedido : “Durante las protestas, las estudiantes del Spelman College se alzaron, apartándose de ese ambiente tranquilo y controlado de la universidad. Fueron a la ciudad, fueron arrestadas y regresaron motivadas y decididas a cambiar las condiciones de su vida en la universidad que eran muy, pero muy anticuadas. Vivían en una especie de convento. Entonces se rebelaron contra la administración, las apoyé en su rebelión, y eso fue demasiado para la administración de la universidad.”

Zinn escribió en el epílogo de ‘La otra historia’ : “Recién cuando entré al cuerpo docente del Spelman College fue…que comencé a leer a historiadores afroestadounidenses que nunca habían aparecido en mi lista de lecturas en la enseñanza secundaria. En ninguna etapa de mi formación en historia había aprendido acerca de las masacres de los negros, que sucedieron una y otra vez a lo largo de la historia estadounidense, en medio del silencio de un gobierno nacional comprometido por la Constitución a proteger la igualdad de derechos para todos”.

La escritora ganadora del Premio Pulitzer y autora de “El color púrpura”, Alice Walker, fue alumna de Zinn en Spelman. Dijo que Howard Zinn fue uno de sus profesores más divertidos. Recordó por qué había sido expulsado de Spelman hace décadas “Lo expulsaron porque nos amaba, y nos mostraba ese amor simplemente al estar con nosotros. Amaba a sus alumnos. No veía por qué debíamos ser ciudadanos de segunda clase. No veía por qué no podíamos comer donde queríamos y dormir donde queríamos, ni estar con la gente que queríamos estar. Entonces el estaba con nosotros”.

Hace algunos años, Zinn fue invitado a Spelman para dar el discurso de la ceremonia de graduación de ese año y recibir un título honorario.

El reconocido lingüista y disidente político Noam Chomsky, era un viejo amigo de Zinn : “La frase de él que siempre resuena en mi cabeza es su admiración y su estudio detallado de lo que denominó ‘las innumerables pequeñas acciones de gente desconocida’ que provocaron esos grandes momentos que forman parte del registro histórico, un registro que simplemente no se puede comenzar a entender a menos que se tengan en cuenta esas innumerables pequeñas acciones. Y él no solo escribió acerca de ellas en forma elocuente, sino que además participó en ellas”.

Howard Zinn editó, junto con Anthony Arnove, el libro “Las voces de la otra historia de Estados Unidos”, que recopila discursos, cartas y otros materiales originales de esos “desconocidos” que formaron este país. A partir del libro se hizo un documental con la participación de celebridades, que se estrenó en el History Channel apenas semanas antes de la muerte de Zinn. Matt Damon, el productor ejecutivo, le dio una gran difusión popular a ‘La otra historia’ en la famosa película ‘En busca del destino’ (Good Will Hunting, en inglés), cuando su personaje, Will, le recomienda el libro a su psiquiatra. Matt Damon fue vecino de Zinn en Newton, Massachusetts, y lo conocía desde los 10 años.

En mayo del año pasado, cuando entrevisté a Zinn, reflexionó sobre los primeros meses de gestión de Barack Obama : “Ojalá el Presidente Obama escuchara con atención a Martin Luther King. Estoy seguro de que le rinde homenaje verbal, como hace todo el mundo, a Martin Luther King, pero debería pensar antes de enviar misiles a Pakistán, antes de acordar este enorme presupuesto militar, antes de enviar soldados a Afganistán. Debería preguntarse : ‘¿Qué haría Martin Luther King ? ¿Qué diría Martin Luther King de esto ?’ Y si escuchara a King, sería un presidente diferente del que está resultando ser hasta ahora. Creo que debemos hacer que Obama mantenga su promesa de ser diferente y osado, y producir un cambio. Hasta ahora no ha cumplido esa promesa”. Howard Zinn, 1922 – 2010, te extrañaremos.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

2009 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now ! en español, spanish@democracynow.org

Leer más...

viernes, 5 de febrero de 2010

Frank Mintz. Holocaustos y manipuladores (homenaje al historiador Howard Zinn)


2 de febrero de 2010

El diario argentino Clarín publicó el 01.02.10 un breve editorial “La memoria del Holocausto judío” cuyo titular desmiente el alcance supuestamente señalado. Escribe el o la editorialista: “En todo el mundo se recuerda a lo largo de esta semana un nuevo aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz, con el que se conmemora el fin del Holocausto. Las Naciones Unidas instituyeron hace cinco años aquella fecha de 1945 como Día mundial de la Memoria […]. Concierne, en tal sentido, a todo el pueblo judío, que fue víctima de una política de exterminio sistemático por parte del régimen nazi, con millones de muertos en los campos de concentración. Concierne, además, a los líderes de los países europeos, cuyas sociedades sufrieron dos guerras mundiales y decenas de millones de muertes. Concierne, también, a todas las sociedades y líderes del mundo […]

El recuerdo y memoria de los crímenes de la Segunda Guerra sigue teniendo una necesaria actualidad frente a las prédicas que relativizan hechos históricos y justifican los exterminios.”

Enmarcar el holocausto en Europa y a los únicos judíos (con el olvido de los gitanos, negros, homosexuales, discapacitados) equivale a un sistemático olvido de la realidad latinoamericana. Es un agravio a la ética defendida en las líneas por el diario y pisoteada entre las líneas por lo que es el día a día argentino (ver el asesinato de un cacique diaguita en octubre de 2009 y la situación de los Kom de Formosa en enero de 2010) y de su historia de holocaustos (exterminio de los pueblos onas y tehuelche de Patagonia a fines del siglo XIX). Sin contar el genocidio de los pobres con las carencias sanitarias y escolares (noticias de hoy del vencimiento de miles de medicamentos en un galpón porteño).

Howard Zinn, fallecido el 28 de enero pasado, escribió “Un concientización más amplia” (A larger consciousness) el 10 de octubre de 1999 que es un resumen de una charla que dio el historiador a petición de un grupo de judíos de Boston. Elegí los párrafos más interesantes para mí.

[…] aquella noche hablé del holocausto, pero no el de la segunda guerra mundial, de los seis millones de judíos. Estábamos a mediados de los 1980 y el gobierno de Estados Unidos estaba apoyando a los gobiernos de los escuadrones de la muerte en América Central, así que hablé de la muerte de cientos de miles de campesinos en Guatemala y El Salvador, víctimas de la política estadounidense. Mi idea era que no se debía encerrar con alambre de espino el recuerdo del Holocausto judío, reducirlo moralmente a un ghetto, mantenerlo aislado de otros genocidios de la historia. Me parecía que recordar lo que les había ocurrido a los judíos no servía para mucho a menos que suscitara indignación, ira, acción contra todas las atrocidades, en cualquier parte del mundo.

Unos días después en el periódico del campus había una carta de un miembro de la facultad que me había oído la charla, un refugiado judío que había huido a Argentina [Jack Fuchs, ver su enfoque mezquino y además con pocos recuerdos de sus vivencias, en Dilemas de la memoria (la vida después de Auschwitz), Buenos Aires, 2006] desde Europa y después a Estados Unidos. Se oponía enérgicamente a que yo hubiera ampliado la cuestión moral de los judíos de Europa en la década de 1940 a pueblos de otras partes del mundo en nuestra época. […] Algunos judíos han utilizado el Holocausto como un medio de preservar una identidad única que ellos ven amenazada por los matrimonios mixtos y la asimilación. Desde la guerra de 1967 los sionistas han utilizado el Holocausto para justificar una mayor expansión israelí por tierra palestina y para construir apoyo para un atribulado Israel (más atribulado, como había predicho David Ben-Gurrión, desde que ocupó Cisjordania y Gaza). Y los políticos no judíos han utilizado el Holocausto para construir apoyo político entre un grupo numéricamente pequeño pero influyente de votantes judíos […]

Cuando los judíos se vuelven hacia su interior para concentrarse en su propia historia y apartan la vista de las terribles experiencias de los demás, de manera terriblemente irónica están haciendo exactamente lo mismo que hizo el resto de mundo, con lo que permitió que se produjera el genocidio. […] Elie Wiesel, presidente de la Comisión del presidente Carter sobre el Holocausto, se negó a incluir en la descripción del Holocausto el asesinato por parte de Hitler de millones de personas no judías. Según él, eso hubiera sido falsificar la realidad en nombre de un universalismo equivocado. […]

Construir un muro en torno a la excepcionalidad del Holocausto judío es abandonar la idea de que la humanidad es toda una, de que todos, sea cual sea nuestro color, nacionalidad o religión, merecemos los derechos iguales a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Lo que les ocurrió a los judíos bajo Hitler es único en los detalles pero comparte características universales con muchos otros acontecimientos en la historia de la humanidad: el tráfico de esclavos atlántico, el genocidio de los americanos originarios, la injurias y muertes de millones de trabajadores, víctimas del espíritu del capitalismo que sitúa el beneficio por encima de la vida humana. […lo importante es] crear una solidaridad más amplia contra quienes tienen la riqueza y el poder, contra los perpetradores y contra los horrores que están teniendo lugar de nuestro tiempo. (Traducción con pocos retoques de Beatriz Morales Bastos)

Leer más...

lunes, 1 de febrero de 2010

Israel y Estado Unidos aterrorizan al mundo


Un texto de 2006: La historia de las guerras desde el final de la Segunda Guerra Mundial revela la inutilidad de la violencia a gran escala

01-02-2010
Howard Zinn
Palestine Chronicle

En homenaje al fallecido historiador Howard Zinn rescatamos este texto del 14 de septiembre de 2006, traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Hay algo importante que aprender de la reciente experiencia de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio: los ataques masivos, que inevitablemente son indiscriminados, no sólo son moralmente censurables, sino también inútiles para lograr los fines declarados por quienes los llevan a cabo.

En tres años de guerra, que empezaron con el bombardeo “Conmoción y pavor” [contra Iraq] y continúan con la violencia y el caos actual, Estados Unidos ha fracasado completamente en su objetivo declarado de llevar la democracia y la estabilidad a Iraq. La invasión y bombardeo de Líbano por parte de Israel no han proporcionado seguridad a Israel; de hecho, ha aumentado la cantidad de sus enemigos, ya sea en Hizbolá, en Hamás, o entre árabes que no pertenecen a ninguno de estos dos grupos.

Recuerdo la novela de John Hersey, The War Lover [El amante de la guerra] en la que un machista piloto estadounidense, al que le encanta arrojar bombas sobre la gente y que también se vanagloria de sus conquistas sexuales, resulta ser impotente. El president Bush, pavoneándose con su cazadora de aviador en un avión de guerra y anunciando la victoria sobre Iraq, ha resultado ser muy parecido a este personaje de Hersey, sus palabras igual de jactanciosas y su maquinaria militar igual de impotente.

La historia de las guerras que ha habido desde el final de la Segunda Guerra Mundial revela la inutilidad de la violencia a gran escala. A pesar de sus descomunales arsenales, Estados Unidos y la Unión Soviética fueron incapaces de derrotar a movimientos de resistencia en naciones pequeñas y débiles -- Estados Unidos en Vietnam, la Unión Soviética en Afghanistan – y fueron obligados a retirarse.

Incluso las “victorias” de las grandes potencias militares resultaron ser fugaces. Era de suponer que tras atacar e invadir Afganistán el presidente era capaz de declarar que los talibán habían sido derrotados. Pero más de cuatro años después, en Afganistán reina la violencia y los talibán continúan activos en la mayor parte del país.

Las dos naciones más poderosas después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética, con todo su poderío militar no han sido capaces de controlar acontecimientos en países que ellos consideraban bajo su esfera de influencia – la Unión Soviética en la Europa del este y Estados Unidos en América Latina.

Más allá de la inutilidad de la fuerza armada, y en última instancia más importante, es el hecho de que la guerra en nuestra época provoca inevitablemente la muerte indiscriminada de gran cantidad de personas. Por decirlo más rotundamente, la guerra es terrorismo. Ésta es la razón por la que una “guerra contra el terrorismo” es una contradicción en los términos. Las guerras emprendidas por naciones, ya sea Estados Unidos o Israel, son cien veces más mortales para personas inocentes que los atentados terroristas, atroces como son.

La repetida excusa dada tanto por los portavoces del Pentágono como por los altos cargos israelíes para arrojar bombas donde viven personas ordinarias es que los terroristas se esconden entre los civiles. Por consiguiente, el asesinato de personas inocentes (en Iraq, en Líbano) se dice que es accidental, mientras que las muertes causadas por el terrorismo (el 11 de septiembre, por los cohetes de Hizbolá) es deliberado.

Ésta es una distinción falsa que se refuta rápidamente en cuanto se piensa un poco. Si se arroja deliberadamente una bomba sobre una casa o un vehículo sobre la base de que un “sospechoso terrorista” está dentro (nótese el frecuente uso de la palabra sospechoso como prueba de la incertidumbre en torno a los objetivos), las subsiguientes muertes de mujeres y niños pueden no ser intencionales. Pero tampoco son accidentales. La descripción adecuada es “inevitable”.

Por lo tanto, si una acción inevitablemente matará a personas inocentes, es tan inmoral como un atentado deliberado contra civiles. Y cuando se considera que el número de personas inocentes que muere inevitablemente durante acontecimientos “accidentales” ha sido mucho, muchísimo mayor que el de todos las muertes causadas deliberadamente por los terroristas, se debe rechazar la guerra como una solución al terrorismo.

Por ejemplo, las bombas estadounidenses asesinaron a más de un millón de civiles en Vietnam, supuestamente por “accidente”. Sumen ustedes todos los atentados terroristas ocurridos en todo el mundo a lo largo del siglo XX y no equivalen a esa espantosa cifra.

Si reaccionar por medio de la guerra contra los atentados terroristas es indefectiblemente immoral, entonces debemos buscar otros medios que no sean la guerra para acabar con el terrorismo, incluyendo el terrorismo de la guerra. Y si la represalias militar por el terrorismo no sólo es inmoral sino también inútil, entonces los dirigentes políticos, por más fríos que sean sus cálculos, puede que tengan que reconsiderar sus políticas.

Howard Zinn era profesor emérito de la Universidad de Boston. Sus principales obras traducidas al castellano son Nadie es neutral en un tren en marcha, Hondarribia, Hiru, 2001 (traducción de Roser Berdagué ), La otra historia de Estados Unidos, Hondarribia, Hiru, 2005 (ed. revisada y corregida por el autor, traducción de Toni Strubel) y Sobre la guerra: la paz como imperativo moral, Barcelona, Debolsillo, 2008 (traducción de Ramón Vilà Vernis)

[Artículo publicado originalmente en Palestine Chronicle, el 14 de septiembre de 2006]

Fuente: http://windowintopalestine.blogspot.com/2010/01/israel-and-america-terrorize-world.html?

Leer más...

jueves, 21 de mayo de 2009

Cambiando la mentalidad militarista de Obama


21-05-2009
Howard Zinn
Znet

Nosotros somos ciudadanos y Obama es un político. Puede que no os guste la palabra pero la realidad es así, es un político.

También, desde luego, es otras cosas: es una persona sensible, inteligente, reflexiva y prometedora. Pero es un político.
Si tú eres un ciudadano, debes conocer la diferencia entre los políticos y tú: la diferencia entre lo que ellos tienen que hacer y lo que debes hacer tú. Y hay cosas que ellos no harán si tú les dejas claro que no tienen que hacerlo.

Desde el principio, me gustó Obama pero, la primera vez que me di cuenta de que era una político fue muy pronto, cuando Joe Liberman se presentó para la designación como candidato demócrata al Senado, en 2006.

Lieberman quien, como sabéis, era un belicista, se presentaba a la elección demócrata y su oponente era Ned Lamont, un candidato pacifista. Pues bien, Obama fue a Connecticut apoyó a Lieberman frente a Lamont.

Eso me desconcertó. Lo digo para ratificar que, sí, Obama era y es un político. Así que no debemos dejarnos arrastrar por la aceptación irreflexiva de lo que Obama hace.

Nuestra tarea es no darle un cheque en blanco o animarle simplemente. Estuvo bien apoyarle mientras hacía campaña para la presidencia pero no ahora. Porque queremos que el país cambie respecto a lo que ha sido en el pasado. Queremos romper rotundamente con lo ocurrido en el pasado.

Tuve un profesor en la universidad de Columbia, Richard Hofstadter, autor de un libro, The American Political Tradition, en el que pasaba revista a presidentes del país desde los Padres Fundadores hasta Franklin Roosevelt. Los había liberales y conservadores, republicanos y demócratas, y existían diferencias entre ellos. Pero él demostraba que los denominados liberales no lo eran tanto como la gente creía, y que la diferencia entre liberales y conservadores, y entre republicanos y demócratas, no era una diferencia sustancial. Existe un hilo común que enlaza toda la historia estadounidense, y todos los presidentes- republicanos, demócratas, liberales y conservadores- han seguido ese hilo conductor.

Este hilo tiene dos elementos: el nacionalismo y el capitalismo. Y Obama no está libre de esa intensa doble herencia. Lo podemos ver en las políticas que ha anunciado hasta la fecha, aunque lleva poco tiempo en el cargo.

Algunos podrían preguntar, “Bueno ¿ y qué esperaba?”

Y la respuesta es que esperamos mucho.

Y hay quien dice, “¿Qué pasa, es usted un soñador?”

La respuesta es sí, somos soñadores y lo queremos todo. Queremos un mundo en paz, un mundo igualitario, no queremos guerras, no queremos capitalismo, queremos una sociedad digna. Y lo mejor es aferrarnos a ese sueño porque si no lo hacemos, cada vez más nos veremos constreñidos por esta realidad que no nos gusta.

Tened cuidado cuando oigáis las alabanzas del sistema de mercado. La economía de mercado es lo que tenemos ahora. Que el mercado decida, dicen. El Gobierno no debe proporcionar asistencia médica gratuita; es el mercado el que decide.

Eso es lo que está haciendo el mercado, y por eso tenemos cuarenta y ocho millones de personas sin asistencia médica, porque el mercado lo ha decidido. Dejar todo en manos del mercado ha ocasionado que haya dos millones de personas sin hogar. Que el mercado decida: millones y millones de gentes no pueden pagar sus alquileres. El mercado ha llevado a pasar hambre a treinta y cinco millones de personas.

No se puede dejar todo eso en manos del mercado. Cuando se está afrontando una crisis económica como la que estamos sufriendo ahora, no se puede hacer lo mismo que en el pasado. No se puede inyectar dinero a las clases altas del país- y a los bancos y corporaciones- y esperar que después, de alguna manera, ese dinero fluya hacia abajo.

¿Qué fue lo primero que ocurrió cuando el Gobierno Bush vio que la economía estaba en problemas? Dedicó 700.000 millones para salvarla, y ¿a dónde fueron a para esos 700.000 millones de dólares? A las instituciones financieras causantes de la crisis.

Eso ocurrió cuando la campaña presidencial todavía estaba en marcha y a mí de dolió ver a Obama apoyándolo, respaldando ese enorme regalo a las corporaciones.

Obama debería haber dicho es: Espere un momento. Los bancos no son pobres de solemnidad. Los altos ejecutivos tampoco. Pero hay gente sin trabajo. Hay personas que no pueden pagar sus hipotecas. Tomemos esos 700.000 millones y démoslos directamente a la gente que los necesita. Démosles 1 billón, 2 billones de dólares. Que ese dinero vaya directamente a las personas que lo necesitan. Nadie sería desalojado. Nadie se quedaría con sus enseres en la calle.

Obama es posible que quiera dar un billón más a los bancos. Como Bush, no se lo va a dar directamente a los propietarios de viviendas. Pero a diferencia de los republicanos, Obama quiere también invertir 800.000 millones en su programa de estímulo a la economía, lo que es una buena idea- la idea en sí es buena. Pero si analizas con detalle el plan, se canaliza demasiado dinero a través del mercado, a través de las grandes empresas.

Ha concedido reducción de impuestos a las empresas con la esperanza de que contraten a gente. Y no, si la gente necesita trabajo, no le des dinero a las corporaciones con la esperanza de que quizás creen empleo: Da trabajo inmediatamente a la gente.

Muchos no conocen la historia del New Deal de los años 1930. El New Deal no llegó lo suficientemente lejos pero tuvo buenas ideas. Y la razón de que llegase a esas buenas ideas se debió a la enorme agitación que hubo en el país hasta el punto de hacer que Roosevelt reaccionase. ¿Qué hizo entonces? Dispuso de miles de millones de dólares y decidió que el Gobierno contratase a la gente. ¿Estás en paro? Pues el Gobierno tiene un trabajo para ti.

El resultado de aquellas medidas fue un montón de trabajos admirables llevados a cabo en el país. Varios millones de jóvenes fueron colocados en el Civilian Conservation Corps(1). Fueron por todo el país y construyeron puentes, carreteras, zonas de recreo e hicieron un trabajo notable.

El Gobierno creó un programa federal para las artes. No esperó a que el mercado lo hiciera. Puso en marcha el programa y contrató a miles de artistas desempleados: guionistas, actores, músicos, pintores, escultores, escritores. ¿Cuál fue el resultado? La producción de 200.000 obras artísticas. Hoy, en todo el país, hay miles de murales pintados por la gente del programa WPA(2). Se representaron obras en todo el país a precios muy bajos, para que la gente que nunca había visto una representación pudiera acceder a ellas.

Y eso es sólo una mínima parte de lo que se podría haber hecho. El Gobierno tiene que atender las necesidades del pueblo. El Gobierno no puede ceder la tarea de satisfacer esas necesidades a las corporaciones y a los bancos porque ellos no se van a preocupar por lo que necesita la gente. Sólo se preocupan de sus beneficios.

Durante su campaña, Obama dijo algo que me pareció muy acertado, y cuando alguien dice algo que está bien hay que recordarlo, porque puede ocurrir que luego no lo mantenga. Y hay que recordárselo.

Obama estaba hablando a la guerra de Iraq, y afirmó: “ No se trata sólo de que tengamos que salir de Iraq”. Él dijo exactamente “salir de Iraq” y no debemos olvidarlo. Debemos seguir recordándoselo: Fuera de Iraq, fuera de Iraq, fuera de Iraq, pero no el próximo año, ni dentro de dos años, sino ya.

Pero escuchad la segunda parte. Su frase completa fue: “ No es suficiente con salir de Iraq; tenemos que cambiar la actitud que nos condujo allí”.

¿Y cuál es la mentalidad que nos llevó a Iraq?

Es la que afirma que la fuerza servirá. Que con la violencia, la guerra y los bombardeos iban a llevar la democracia y la libertad al pueblo.

Es la mentalidad que considera que Estados Unidos tiene algún derecho divino para invadir otros países en su propio provecho. En 1846 llevamos la civilización a los mexicanos, y en 1898 la libertad a los cubanos. En 1900 llevamos la democracia a los filipinos, y vosotros sabéis el éxito que hemos tenido en llevar la democracia a lo largo del planeta.

Obama no ha cambiado su mentalidad de misionero belicista. Habla de enviar miles de soldados más a Afganistán. Es un tipo muy agradable y seguramente sabe algo de historia. Tampoco es necesario saber mucho para conocer la historia de Afganistán, donde durante décadas y décadas y décadas las potencias occidentales han tratado allí de imponer su voluntad por la fuerza: los ingleses, los rusos, y ahora los estadounidenses. ¿Y cuál ha sido el resultado? Un país arruinado.

Esa es la actitud que envía 21.000 soldados más a Afganistán y que dice, como ha hecho Obama, que debemos tener un ejército mayor. Cuando Obama lo dijo, mi corazón se encogió. ¿Para qué necesitamos un ejército más grande? Ya tenemos un enorme presupuesto militar. ¿Ha hablado Obama de reducir el presupuesto militar a la mitad o en una parte? No.

Tenemos bases militares en más de cien países. Sólo en Okinawa tenemos catorce bases militares. ¿Quién nos quiere allí? Los gobiernos, porque sacan beneficios. Pero el pueblo en realidad no quiere que estemos allí. En Italia ha habido multitudinarias manifestaciones contra el establecimiento de una base militar estadounidense. Y lo mismo ha ocurrido en Corea del Sur y en Okinawa.

Una de las primeras medidas del gobierno Obama ha sido enviar misiles Predator para bombardear Pakistán. Ha muerto gente pero ellos afirman: “Nuestras armas son muy precisas porque tenemos lo último en equipamientos. Podemos hacer diana en cualquier lugar y golpear sólo donde queremos”.

Es la mentalidad del obstinación tecnológica. Efectivamente, ellos pueden decidir que van a bombardear una casa determinada. Pero hay un problema: Ellos no saben quienes están en la casa. Pueden atacar un coche con un misil desde una gran distancia pero ¿saben quién está en el coche? No.

Y después, cuando los cadáveres se sacan del coche, o de la casa, dicen: “Bueno, había tres sospechosos de terrorismo en esa casa, había otras siete personas asesinadas, entre ellos dos niños, pero hemos liquidado a tres supuestos terroristas”.

Pero daos cuenta de que la palabra es “sospechosos”, y que la verdad es que ellos no saben quienes son los terroristas.

Así que, tenemos que cambiar la mentalidad que nos ha llevado a Iraq pero tenemos que identificar esa actitud. Y Obama tiene que ser obligado por el pueblo que le ha elegido, por la gente entusiasta con él, a abandonar esa actitud. Somos los únicos que podemos decirle: “No, usted está equivocado con esa idea militarista de usar la fuerza para conseguir objetivos en el mundo. Así no conseguiremos nada, y seguiremos siendo un país odiado en el planeta”.

Obama ha hablado de un horizonte para este país. Tenéis que tener un proyecto, y ahora yo quiero decirle a Obama cómo debería ser ese proyecto.

El proyecto debería ser el de un país que guste al resto del mundo. Ni siquiera digo amado, algo que llevará tiempo conseguir. Un país no temido, que no provoque aversión, no odiado como lo somos ahora, sino una nación considerada pacífica porque hemos retirado nuestras bases militares de todos esos países.

No necesitamos gastar centenares de miles de millones de dólares en presupuesto militar. Tomemos todo ese dinero asignado a las bases militares y al presupuesto de defensa y- esto forma parte de la emancipación- usémoslo para que todo el mundo tenga asistencia médica gratis, para garantizar empleo a quienes no lo tienen, para abonar el pago de los alquileres a todos los que no pueden pagarlo, para construir centros de atención a la infancia.

Usemos ese dinero para ayudar a otros pueblos del mundo y no para lanzar bombas sobre ellos. Cuando ocurran catástrofes, necesitan helicópteros para trasladar a las gentes de las zonas inundadas y de las zonas devastadas. Necesitan los helicópteros para salvar vidas, pero los helicópteros están en Oriente Próximo bombardeando y ametrallando a los pueblos.

Lo que se necesita es un cambio total. Queremos un país que utilice sus recursos, su riqueza y su fuerza para ayudar a las personas y no para hacerles daño. Eso es lo que necesitamos.

Es un proyecto que tenemos que mantener vivo. No deberíamos sentirnos satisfechos fácilmente y decir: “Está bien, démosle un respiro. Obama merece respeto”.

Porque no se respeta a alguien al darle un cheque en blanco. Lo respetas cuando lo tratas como a un igual, y como a alguien a quien puedes dirigirte y alguien que te escucha.

Obama no sólo es un político, lo peor es que está rodeado de políticos. Y a algunos los ha elegido él mismo. Ha elegido a Hillary Clinton, a Lawrence Summers(3); ha elegido a gentes que demuestran que no hay intención de romper con el pasado.

Somos ciudadanos y no podemos colocarnos en la actitud de mirar el mundo a través de sus ojos y decir: “ Bueno, tenemos que aceptar compromisos, tenemos que hacer esto por razones políticas”. No, nosotros debemos hablar claro.

Esa fue la actitud de los abolicionistas antes de la Guerra Civil, cuando la gente decía: “Tienes que verlo desde el punto de vista de Lincoln”. Porque Lincoln no consideraba prioritaria la abolición de la esclavitud. Pero el movimiento anti-esclavitud sí, y los abolicionistas contestaron: “No vamos a aceptar el punto de vista de Lincoln. Vamos a exponer nuestra propia posición, y lo vamos a hacer con tanta fuerza que Lincoln tendrá que escucharnos”.

Y el movimiento contra la esclavitud se extendió tanto y se hizo tan fuerte que Lincoln tuvo que hacerle caso. Así se consiguió la abolición de la esclavitud y las decimotercera, decimocuarta y decimoquinta enmiendas [a la Constitución].

Esa ha sido la historia de este país. Cuando se ha progresado, cuando se ha reparado cualquier clase de injusticia, ha sido porque el pueblo ha actuado como ciudadanos y no como políticos. No se limitaron a quejarse, sino que trabajaron, se movieron, se organizaron, se sublevaron cuando fue necesario para atraer la atención sobre su situación de los que estaban el poder. Y eso lo que tenemos que hacer en la actualidad.



******

* Transcripción de una charla de Zinn el 2 de febrero en el restaurante Busboys and Poets de Washington, adaptada por Alex Read y Matt Korn.
(*)Howard Zinn es autor de “A People’s History of the United States”, “Voices of a People’s History (con Anthony Arnove) y “A Power Governements Cannot Supress”.
Notas
1. N.T.: Programa público de empleo para parados creado por Roosevelt entre 1933 y 1942.
2. N.T.: Work Prjects Administration fue el mayor organismo del New Deal que dio trabajo a millones de personas y se extendió a casi todas las localidades de Estados Unidos, en particular a las zonas rurales y a las poblaciones de las zonas montañesas del oeste.
3. N.T.: Economista, elegido por Obama para dirigir su gabinete económico. Fue presidente de la universidad de Harvard, y se hizo famoso por asegurar que la mujer estaba menos dotada para la ciencia y las matemáticas.

http://www.zmag.org/znet/viewArticle/21486

Traducción tomada de IAR Noticias

Leer más...