
10-06-2010
José Steinsleger
La Jornada
Sólo los judíos humanitarios, progresistas y revolucionarios podrán frenar la furia homicida del Estado de Israel. Otras fuerzas están coadyuvando: Hamás en Gaza, Hizbulá en Líbano, países como Irán y Siria o la corrompida Autoridad Nacional Palestina de Cisjordania inclusive, resisten las embestidas del pueblo elegido.
Sin embargo, sobre los judíos conscientes (y en particular los de Estados Unidos) empieza a recaer el peso mayor para contener a la bestia alimentada por Washington. La creciente incidencia del movimiento antisionista internacional pregunta qué va primero: ¿ser judío, o ser humanitario, progresista y revolucionario?
Ser o no ser. ¿Ser qué? ¿No ser qué? Nuestra escala de valores coincide con la inculcada por Arnulfo Romero, Leónidas Proaño, Samuel Ruiz o, sin ir lejos, el padre Miguel Concha, quienes enaltecen las convicciones y fe de las personas que, sobre sus credos, consagran los valores de la dignidad y la decencia.
Que la premisa nos permita reiterar que los gobernantes de Israel no son judíos. Son asesinos. Asesinos que lejos de velar por la seguridad de su Estado, o de transmitir la filosofía de tolerancia del judaísmo, responden al mesianismo financiero de Wall Street y a la agenda imperial de Estados Unidos en el mundo.
Bajo la dictadura de Hitler, no ser nazi era exponerse a ser considerado un alemán a medias. Y en Israel, progresivamente, se fue implantando la idea de que el buen judío sólo podía ser sionista. Hay que terminar, entonces, con la doctrina que asocia judaísmo y sionismo para justificar las atrocidades de un Estado terrorista.
Hace sólo 65 años, luego de que la ex Unión Soviética pulverizó a los invencibles ejércitos de Alemania, las democracias del llamado mundo libre consintieron en realizar lo impensable: disolver y juzgar al Estado nazi, por genocidio y crímenes de guerra.
Hoy, lo impensable es imaginar que el Estado sionista será disuelto y juzgado por iguales motivos. ¿Hay otra salida? Desde su fundación, Israel ha boicoteado todas las iniciativas de paz, usándolas como zanahoria para encubrir y avanzar en su política anexionista.
Dos estados… observemos el mapa de Palestina y preguntémonos si tienen viabilidad. Para ganar tiempo y ocupar territorios, Israel forjó una piel de leopardo cartográfica, en la que ya resulta imposible precisar qué pedacito de tierra le correspondería a uno u otro Estado. Con temor, algunas almas nobles apoyan el proyecto de dos estados. Y omiten la exigencia de Israel: que uno de los estados carezca de fuerzas armadas, aeropuertos, controles sobre su territorio o partidos políticos que califica de fundamentalistas.
Las nuevas generaciones de israelíes (palestinos y árabes incluidos) requieren cohabitar en un Estado seguro. O sea, liberado del sionismo. Porque el enemigo principal no está fuera de las fronteras imprecisas de Israel, sino en la ideología pervertida que hizo de Dios, su Dios, el primer soldado de la seguridad nacional y el pueblo elegido.
La idea de pueblo elegido consiste en negar al otro. Naturalmente, en distintas etapas de la historia no han faltado los imperios que, manipulando los credos religiosos, se sintieron elegidos. ¡Dios lo quiere! En efecto. Sólo que Israel posee un arsenal de bombas nucleares para demostrarlo.
En agosto de 1945, las imágenes de los hongos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki perturbaron y quitaron el aliento a la humanidad. Ahí están los documentos filmados y los informes que describen las consecuencias, el día después, ampliamente divulgados. Pero en comparación, se trata de imágenes que corresponden al paleolítico de la tecnología bélica moderna.
Las grandes potencias han venido usando sus arsenales nucleares para negociar posiciones geopolíticas. Juego irracional y demente que, con todo, conlleva matices racionales. Pues ya no estamos en 1945, cuando un solo país disponía de la bomba.
¿Quién duda aún acerca de lo que Hitler (encarnación de otro pueblo elegido) hubiese hecho en caso de haber tenido la bomba? De modo que si los políticos al frente de la nave global continúan practicando la política del avestruz, demos por seguro dos cosas: 1) que Israel usará sus armas nucleares sin remordimiento alguno, y 2) que Washington dirá que Israel tenía derecho a defenderse.
No se trata de un asunto lejano, o del odio entre árabes y judíos, tal como sostienen los espíritus ligeros, desinformados o cómplices por omisión de los crímenes del sionismo. No. Israel está listo y, en cualquier momento, puede atacar con armas nucleares a sus enemigos. Momento a partir del cual empezaremos a mirar con nostalgia este mundo que hoy nos parece irracional.
La derrota del sionismo será posible cuando los judíos de Estados Unidos emplacen a los políticos guerreristas que los representan, poniendo punto final a las impunidades del terrorismo israelí. No es imposible. Lo imposible es discutir con Dios. Y más cuando, a pesar de su poder, se siente víctima, débil y agredido.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/06/09/index.php?section=opinion&article=021a2pol
sábado, 12 de junio de 2010
Israel, peligro para la humanidad
viernes, 14 de mayo de 2010
Israel: ¿Estado fallido?
13-05-2010
José Steinsleger
La Jornada
La semana pasada traté la tragedia de la nakba, expresión empleada por el pueblo palestino para nombrar el "desastre" (u holocausto) que padece desde la constitución ilegal del Estado sionista de Israel (La Jornada, 05/05/10) (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105653).
El término "ilegal" suscitó la molestia de algunas voces que respeto. El periodista Humberto Musacchio, por ejemplo, observó que la independencia unilateral de Israel (14 de mayo de 1948), fue precedida por un acuerdo mayoritario y “cabalmente ajustado al derecho internacional de la Asamblea General de la ONU…” (El Correo Ilustrado, 09/05/10).
Cierto y falso. Cierto: el acuerdo fue mayoritario. Y falso, porque el espíritu antihitlerista que embargaba a los redactores de la Carta Magna de la ONU (San Francisco, 26/06/1945) tuvo el cuidado de evitar, justamente, que el organismo internacional tuviese facultades jurídicas para separar o dividir territorios, habitados o no.
Dejemos eso de lado. Por este carril, acabamos discutiendo el carácter "legal" de los Tratados de Guadalupe-Hidalgo (1848), y otros casos similares de territorios ocupados por la fuerza. Vayamos a lo esencial: no por ilegal, el Estado de Israel deja de ser una entidad política real, y de indiscutido peso militar, financiero y político en el mundo contemporáneo.
Lo que se cuestiona de Israel nada tiene que ver con el chantaje emocional del holocausto, o el victimismo de su "derecho a existir". Los sionistas dicen que el Estado de Israel no puede reconocer a una nación israelí porque sería "el Estado de la nación judía". O sea, que pertenecería a todos los judíos de Brooklyn, Budapest, México o Buenos Aires.
¿“Nación judía…”? Nuevamente, dejémoslo ahí. En todo caso, si el gobierno de Israel celebrara un plebiscito con todos los judíos del mundo, la mayoría votaría contra sus prácticas genocidas, terroristas y anexionistas. Es más: emitirían una declaración de condena a la casta gangsteril que desde 1948 ha pervertido los valores sustantivos de la ética y el espíritu de tolerancia del judaísmo.
Ahora bien. Según Musacchio, en mi artículo habría "insistido" en “recetar la versión de los gobiernos árabes, y no de todos (sic)…”. No entiendo. Releo lo que escribí, y veo que los datos desestimados por el colega provienen de ocho fuentes israelíes. No obstante, más grave es que Musacchio diga que Palestina era un “territorio desértico que contaba entonces con algunos asentamientos árabes y judíos y era atravesado por grupos nómadas” (sic).
¿Territorio desértico? En su enciclopedia Milenios de México (1999), Musacchio estima que a la hora en que la ONU constituyó dos estados, uno árabe y otro judío “en la parte asignada a la nación árabe vivían 749 mil palestinos, y 497 mil en la destinada a Israel”. ¿Un territorio "desértico" de 20 mil kilómetros con 62 habitantes por kilómetro cuadrado?
Sería de lamentar que, de haber otra edición, Musacchio eliminara esa página de su magnífica obra en tres tomos. Porque sus datos son correctos y no provienen de fuentes "árabes" o "judías", sino del censo del Mandato Británico sobre Palestina.
Ídem: que por aquella época “no existía nada parecido a un Estado árabe palestino”. Va de nuez: cierto y falso. Cierto: no había un "Estado árabe palestino". Pero tampoco israelí. Pregunta: ¿Entonces por qué los palestinos, con un millón 246 mil habitantes, no pudieron fundar un Estado, y los sionistas sí, con una población de poco más de medio millón de judíos?
Por último, que “los gobernantes de los países árabes se opusieron a la constitución de ese Estado”. A ver, a ver. Las monarquías de Egipto y Arabia Saudita estaban enfrentadas a las de Irak y Transjordania (actual Jordania), y todas eran probritánicas. Y, a pesar de la llamada Declaración Balfour (que en 1917 respaldó la creación de un "Hogar Nacional Judío" en Palestina), los ingleses estaban poco interesados en la constitución del Estado de Israel.
A la hora de votar la partición, Londres se abstuvo: 33 países lo hicieron en favor, 13 en contra y 10 se abstuvieron. Dato importante: de no haber sido por el voto favorable de 13 países latinoamericanos (alineados con Washington), la partición de Palestina habría acabado en vía muerta.
El 14 de mayo de 1948 (dos días antes de lo estimado por el Departamento de Estado), Israel declaró la independencia, reconocida de facto este mismo día por el presidente Harry Truman.
El embajador de Estados Unidos en la ONU, Warren Austin, abandonó la Asamblea en señal de protesta. Y después, ocurrió un verdadero caos. La delegación estadounidense amagó con renunciar en masa, en tanto uno de sus miembros detenía por la fuerza al representante de Cuba, que quería anunciar inmediatamente el retiro de su país de la ONU.
En adelante, toda posibilidad de arreglo con "los árabes" (es decir con los palestinos y los movimientos de liberación en los países del Islam), sería saboteada por los sionistas que, recogiendo la bandera de los nazis, pasaron a ser los enemigos principales del judaísmo y de la humanidad en general.
http://www.jornada.unam.mx/2010/05/12/index.php?section=opinion&article=021a1pol
martes, 11 de mayo de 2010
Palestina: orígenes de la nakba
10-05-2010
José Steinsleger
La Jornada
Revés y revés de una tragedia moderna: el próximo 15 de mayo el Estado de Israel festejará un nuevo aniversario de la declaración unilateral de su "independencia" (1948), y los palestinos (20 por ciento de la población, más los millones de la díáspora), recordarán el inicio de la nakba (o naqba).
La voz nakba denota el holocausto más antiguo y duradero de la historia contemporánea, y se lo emplea para nombrar la "catástrofe", pérdida o humillación que representó el establecimiento ilegal del Estado sionista: la expulsión y éxodo de 700 mil palestinos, precedidos de la limpieza étnica ejecutada por las milicias armadas sionistas.
Las fuentes idóneas para investigar la nakba, provienen de estudiosos y políticos judíos. Vislumbrando el drama, Judah Magnes (rector de la Universidad Hebrea de Jerusalén) escribió: "La partición de Palestina no detendrá las actividades terroristas de los grupos judíos que, tras conseguir la participación por medio del terror, intentarán conseguir el resto del país para los judíos por los mismos medios" (The New York Times, 28/9/1946).
Y otros, como el ex premier Yitzhak Shamir, expresaron con descarnado cinismo: "Gracias al terror fundamos el Estado judío" (Reuters, 4/5/1991). En tanto, militares, como el general Rafael Eitan, declararon, muy suelto de pecho: "Cuando nos hayamos asentado en la tierra, lo único que los árabes (o sea los palestinos) podrán hacer es dar vueltas como cucarachas borrachas dentro de una botella" (El País, Madrid, 25/11/04).
Uno de los documentos más reveladores de la nakba son los Diarios, del polaco sionista Ben Gurion (1886-1973), fundador del Estado de Israel. El primero de abril de 1948, los milicianos del Palmaj recibieron sus órdenes para la Operación Najson: “el principal objetivo es la destrucción de las aldeas árabes… y la expulsión de los aldeanos para que se conviertan en lastre económico para las fuerzas árabes”.
Aquí hay que destacar un dato del historiador israelí Ilan Pappé (Haifa, 1954), autor de La limpieza étnica de Palestina. Reprendido por uno de los principales líderes socialistas de la organización sindical Histadrut (que cuestionó el ataque a los campesinos en lugar de confrontar con sus patronos), Ben Gurion respondió: “No estoy de acuerdo con usted en que nos enfrentemos a los efendis (latifundistas), y no a campesinos: nuestros enemigos son los campesinos árabes” (Crítica, Barcelona, 2008, p. 414 y ss.).
Inserta en el estratégico Plan Dalet, la Operación Najson consiguió, por primera vez, la coordinación bajo un mando único de las milicias sionistas Haganah (1920), con las bandas fascistas de Zeev Jabotinsky (Irgún, 1931), y Abraham Stern (Lehi, 1940). Logro político que a finales de 1948 llevó a la fusión de las tres vertientes paramilitares en el ejército de Israel (Tzahal), eufemísticamente llamado "de autodefensa".
La sugerencia de Ben Gurion a las milicias fue clara: que no se perdonara a una sola aldea "árabe". Entre abril y mayo de 1948, la Brigada Alexandroni arrasó con todas las aldeas de la costa, y la Brigada Golani limpió el oriente de Galilea. Aunque en rigor, la limpieza había empezado el 30 de enero (aldea de Sheik, 60 muertos), y el 14 de febrero (aldea de Sa’sa, 20 casas dinamitadas con sus habitantes adentro, 60 muertos).
Sin embargo, la masacre más sonada tuvo lugar el 9 de abril de 1948 en Deir Yassin, pacífica aldea pastoril situada en una colina de Jerusalén occidental, cerca del barrio judío de Givat Shaul. Los campesinos de Deir Yassin habían celebrado un pacto de no agresión con la Haganá. Así es que las bandas de Irgún y Lehi se encargaron de la tarea.
Cerca de un centenar de víctimas (incluidos 30 bebés) fueron arrojadas a un pozo. En 1972, el coronel Meir Bail dio su testimonio: "Los soldados peinaron las casas, arrojaron explosivos en su interior, usaron todas las armas que tenían contra hombres desarmados, jóvenes, ancianos, mujeres y niños. Los oficiales no movieron un dedo para impedir las atrocidades. Después, 25 hombres fueron subidos a un camión, paseados por Jerusalén en un desfile de la victoria, llevados a una cantera y fusilados".
Deir Yassin quedó enterrada bajo Kfar Shaul, suburbio de Jerusalén occidental, y fue uno de los 418 poblados palestinos demolidos sobre cuyas ruinas se erigieron ciudades y urbanizaciones israelíes. Y el 15 de mayo, cuando Israel declaró su "independencia", 200 civiles palestinos fueron fusilados en el cementerio de Tantura.
En mayo de 2009, la Knésset (parlamento israelí), aprobó el castigo con tres años de prisión a quienes participen en actos conmemorativos de la nakba. Dos meses después, Israel Twito, vocero del ministro de Educación, Gideo Sa’ar, comentó: "Es inconcebible hablar, en Israel, acerca del establecimiento de nuestro Estado como si fuera una catástrofe". Y anunció que la palabra sería borrada de los textos destinados a los colegios palestinos-israelíes (Reuters, 26/7/09).
El premier Benjamin Netanyahu comentó que el uso de la expresión nakba equivale a difundir "propaganda en contra de Israel". El historiador Ilan Pappé disiente: la nakba continúa.
http://www.jornada.unam.mx/2010/05/05/index.php?section=opinion&article=021a1pol
jueves, 4 de marzo de 2010
Mártir sin aura
04-03-2010
José Steinsleger
La Jornada
Un terremoto acabó con Haití y otro de gran intensidad estremeció a Chile. En Colombia se descubrió la mayor fosa clandestina de la historia latinoamericana (2.000 cadáveres) y los paramilitares admitieron haber asesinado a 30.000 personas, cifra que la Fiscalía estimó en 120.000 cuanto menos.
En México, las decapitaciones y matanzas de jóvenes son parte del "turismo aventura", sólo que ahora las cabezas vienen desolladas. Y las teleaudiencias de los países "civilizados" ya responden con bostezos a los bombardeos de ciudades abiertas y las masacres sistemáticas de civiles desarmados en Afganistán, Iraq o Palestina. ¡Usted elige!
De las tragedias acontecidas en el primer bimestre del año en curso, ninguna más ruidosa que la muerte voluntaria por inanición del ciudadano cubano Orlando Zapata Tamayo, preso "político", "de conciencia", "disidente", "opositor", "delincuente común". Macromediáticamente, resultó la noticia mejor posicionada.
Los comentarios publicados se dispararon en cuatro direcciones: 1) el desgarro de vestiduras del tipo "te lo dije"; 2) los de la izquierda que admiten el drama, y luego te explican cómo funciona el sistema penitenciario yanqui; 3) los refritos del Miami Herald y El País de Madrid que presentan al muerto como el Nelson Mandela del Caribe; 4) y los del Granma, en los que Zapata era una suerte de Hannibal Lecter.
Si para hilar fino nos apoyamos en las reflexiones de Michel Foucault (Vigilar y castigar, 1975), sólo resta cerrar filas con los mirlos blancos del humanismo a la carta. En el loquito mundo que vivimos, todos los presos del País Vasco o de Colombia son por definición "terroristas" de la ETA y de las FARC, y toda la población penal de Cuba, sin excepción, lucha en favor de "la democracia y la libertad".
En España, por ejemplo, jueces como Baltasar Garzón resultan tan "justicieros" que de un lado libran orden de captura contra los genocidas de América Latina o emprenden la revisión de los crímenes del franquismo, y por el otro legalizan por omisión la tortura en el País Vasco. ¿Que "fuera de España no se entiende"? Es posible: basta con hacerse el sueco y calcular, cuidadosamente, costos y beneficios políticos.
¿Por definición de quién? Mejor no preguntar. De hacerlo, quedaría en entredicho el celo de los grandes medios de comunicación que velan por la verdad, la objetividad, la independencia, la ética y nuestra claridad informativa.
En los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch (entidades poco amigas de Cuba), donde figuran los famosos 75 cubanos sentenciados en 2003 por conspiración, Orlando Zapata no aparece. Y en el libro Los disidentes, de Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez (La Habana, 2003), tampoco aparece entre el medio centenar de "luchadores por la libertad" que entre noviembre de 2002 y marzo de 2003 eran agasajados por el embajador James Carson en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
Se dice que Zapata fue encarcelado por “… profesar unas ideas que contradecían la línea oficial”. Algo de razón hay en esto. En el juicio celebrado en 2003, Zapata admitió que violaba (y no pacíficamente) el artículo 91 del Código Penal y la ley 88 de "Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba" (1996), que castiga con duras penas de cárcel a los considerados culpables de apoyar la política criminal de Estados Unidos contra Cuba a través de la ley Helms-Burton.
¿Irregularidades legales? En España la ley establece: “… serán castigados con la pena de prisión de cuatro a ocho años los que, con el fin de perjudicar la autoridad del Estado o comprometer la dignidad o los intereses vitales de España, mantuvieran inteligencia o relación de cualquier género con gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, organismos o asociaciones internacionales o extranjeras” (artículo 592, sección primera del Código Penal).
No hay muerto malo y lo apuntado no explica el suicidio de Zapata. En mayor o menor grado, los sistemas penitenciarios son una mierda. Y cuando un sentenciado oye por primera vez el seco ruido metálico de las rejas a sus espaldas ingresa en una dimensión de la existencia en la que todo pasa a depender, básicamente, de su conciencia, de su equilibrio psíquico, de su moral de resistencia.
Hace un año, el legendario militante antifascista José Ortín Martínez, miembro del Partido Comunista de España (reconstituido), falleció de un infarto al corazón en la cárcel de Fontcalent (Alicante). Tenía 63 años y padeció 25 años de prisión en primer grado. Ortín Martínez fue brutalmente torturado y vejado, y protagonizó 10 huelgas de hambre, algunas de varios meses de duración.
La pregunta es: ¿por qué Washington, la mafia de Miami, el Estado español y la Unión Europea se hallan tan preocupados por la voluntaria muerte del cubano?
A Carlos Montemayor
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/03/index.php?section=opinion&article=019a1pol&partner=rss
jueves, 14 de enero de 2010
La sionización de Jerusalén

14-01-2010
José Steinsleger
La Jornada
Frente a los atropellos de Israel contra los palestinos en la ciudad vieja de Jerusalén, y los territorios ocupados de su lado oriental (Cisjordania), hay voces que suelen usar el término judeización. Típico error de quienes acostumbran, como los sionistas y los fundamentalistas islámicos o cristianos, a manipular la religión con propósitos políticos y militares puntuales.
Desde siempre, todas las empresas de conquista y anexión territorial han tergiversado los credos de fe para facilitar el embrutecimiento de los pueblos sometidos, o no sometidos. Y en sus matices perversos, escogen pretextos de toda índole para justificar todas las infamias, empezando por la mayor: Dios lo quiere.
Si vamos por ahí, convendría detenerse en algunas profecías. David: Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi mano mi destreza (Salmos, 137:5). Jesucristo: Jerusalén, Jerusalén, si tú conocieras a aquel que sirve a tu paz (Lucas 19:41-44). Mahoma: Oh Jerusalén, tierra elegida por Alá y patria de tus siervos, desde tus muros el mundo se convirtió en mundo.
¿Qué intuía aquel trío de iluminados acerca de un conflicto irreductible y permanente que ya cuenta con 6 mil años de historia? Jerusalén vivió tres milenios en manos de tribus cananeas. Una de ellas, la de los jebuseos, levantó el primer emplazamiento al que llamaron Orsalim. Lugar mencionado en una de las tablillas egipcias de Tall Amarna, con fecha de principios del siglo 14 adC, antes de la llegada de los hebreos a Palestina.
David venció a los jebuseos en 1000 adC, y los hebreos se radicaron en Palestina durante poco menos de tres siglos. Hasta que los asirios acabaron con Judea y Samaria, los dos reinos de Israel. Luego, la ciudad estuvo 300 años bajo dominación helénico-egipcia, 600 años fue romana-bizantina, 880 años árabe, 400 años turca y 24 años británica.
En 1947, las Naciones Unidas partieron Palestina en un Estado judío y otro árabe, con una tutela especial sobre Jerusalén. Pero en mayo de 1948, los sionistas proclamaron unilateralmente la independencia, y ocuparon por vía armada el sector oeste de Jerusalén con la pretensión de instalar su capital en la llamada Ciudad Santa.
En diciembre de 1949, la Asamblea General decidió que Jerusalén sería un “…corpus separatum bajo un régimen internacional especial administrado por las Naciones Unidas” (resolución 303). Israel rechazó la iniciativa, pero la protesta mundial obligó a que el gobierno sionista se instalara en Tel Aviv.
En junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Días, el sector oriental de Jerusalén (bajo jurisdicción de Jordania), cayó en manos de Israel. Anexión que hasta hoy prosigue ininterrumpidamente, con la apropiación ilegal de tierras palestinas.
Por 99 votos a favor, ninguno en contra y 20 abstenciones, la Asamblea General manifestó que los medios utilizados por Israel para cambiar el estatuto de Jerusalén son nulos y no avenidos. Años más tarde, la segunda Conferencia Cumbre de los Países Islámicos (Pakistán, 1974), publicó una resolución sobre Al Quds (Jerusalén, en árabe): La retirada de Israel de Jerusalén es la condición inicial más importante e insustituible para restablecer la paz en el Cercano Oriente.
Meses después, la UNESCO expulsó a Israel por sus trabajos tendientes a desvirtuar el carácter árabe de la ciudad vieja de Jerusalén. Medida que, por otro lado, denunciaba la hipocresía del líder David Ben Gurion, cuando en la declaración de la independencia (14/5/48) dijo que el nuevo Estado protegería los lugares santos de todas las religiones, y aplicará sucesivamente los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Que Israel jamás respetó y acató, despreciando sistemáticamente sus resoluciones. En 1980, el Parlamento israelí (Knesset) trasladó la sede de gobierno a Jerusalén oeste, y proclamó su anhelo de convertir a toda la ciudad en capital eterna e indivisible de Israel. La ONU condenó a Israel, y la mayoría de los países que mantenían sus embajadas en Jerusalén las trasladaron a Tel Aviv.
Washington, en tanto, recurrió al rutinario derecho de veto que acostumbra emplear en las votaciones desfavorables a Israel. No obstante, el secretario de Estado de James Carter, Edgard Muskie, pronunció un discurso ambivalente al decir: Necesitamos que Jerusalén no sea dividida, con libre acceso de todas las religiones a los lugares santos.
El premier israelí Menahem Begin y el canciller Yitzhak Shamir (ambos con frondoso expediente de terrorismo) saludaron el galimatías imperial, pues precisamente eran las crecientes dificultades de acceso a la Ciudad Santa, las que empezaron a representar un dolor de cabeza para los peregrinos y, especialmente, para los palestinos de Jerusalén oriental.
México asumió un papel digno. Porfirio Muñoz Ledo, su representante en la ONU, manifestó: El problema no es optar por una Jerusalén unificada o dividida. Hoy, la ciudad está unificada de hecho, pero como resultado de una conquista que no genera derecho alguno.Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/01/13/index.php?section=opinion&article=015a2pol#texto