domingo, 23 de mayo de 2010
África, África
Juan Gelman
Página 12
Maniobras conjuntas de las fuerzas armadas de EE.UU. y de 22 países africanos y europeos, entrenamiento impartido por marines a tropas de Liberia, Ghana y Senegal, libre acceso del Pentágono a puertos y aeropuertos de Kenia, Etiopía, Marruecos, Namibia, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Túnez, Uganda y Zambia, operaciones encubiertas en Somalia y otras naciones.
El Comando Africa de EE.UU. (Africom, por sus siglas en inglés) está a cargo de estas actividades, y aun otras, con el propósito declarado de combatir al terrorismo mediante sus relaciones militares con los 53 países del continente negro (www.africom.mil). En realidad, este interés comenzó en Washington antes del 11-S.
El entonces vicepresidente Dick Cheney mantuvo en mayo de 2001 una reunión secreta con asesores y representantes de los megapolios petroleros que hizo pública días después. Se emitió un comunicado en el que se recomendaba al presidente que asignara a las secretarías de Estado de Energía y de Comercio la tarea “de profundizar los compromisos bilaterales y multilaterales (con los países africanos) a fin de promover la creación de un ambiente receptivo para las inversiones y operaciones comerciales estadounidenses de petróleo y gas natural”. (www.whitehouse.gov/energy, 21-5-01). Y aún antes, el republicano Ed Royce se ocupaba del tema en su calidad de presidente del Subcomité para Africa de la Cámara de Representantes: “El Subcomité examinó el tema en una audiencia realizada en 2000. Es de interés nacional diversificar nuestras fuentes de abastecimiento de petróleo. La expansión de la producción energética africana atiende ese interés” (www.accra-mail.com, 30-3-10). La “guerra antiterrorista” de W. Bush vino después.
El Instituto de Estudios avanzados políticos y estratégicos (Iasps, por sus siglas en inglés) –un think tank israelí con sede en Jerusalén y una filial en Washington– desempeñó un papel protagonista en la instauración del Africom: en enero de 2001 convocó un simposio en Washington que recomendó la creación de un subcomando estadounidense para garantizar la seguridad regional (www.iasps.org, 16-5-01), es decir, la seguridad de las inversiones petroleras. En Angola –un ejemplo– la Chevron controla el 75 por ciento de la producción de oro negro. Y el Iasps estima que hacia el 2015, un 25 por ciento del consumo de EE.UU. de energía fósil provendrá de Africa. Esto explica algunas cosas.
El presupuesto del Africom aumentó de 50 millones de dólares en el año fiscal 2007 a 310 millones en 2010 sólo en el rubro de gastos corrientes. La ayuda militar a los países africanos es otro apartado: “El Africom está invirtiendo miles de millones de dólares en entrenamiento y armas. Se calcula que esa inversión no será inferior a los 20.000 millones en 2010 y beneficiará a los ejércitos de muchos regímenes represivos” de Africa (www.accra-mail.com, 30-3-10). En esto consiste la “invasión tranquila” de EE.UU., al decir de un periódico nigeriano (www.vanguardngr.com, 30-9-02). Es una tranquilidad que intranquiliza: a pesar de haber condenado a Sudán por el genocidio de Darfur, Washington trasladó clandestinamente a EE.UU. al jefe del espionaje sudanés, el mayor general Abdallah Gost, para que asesorara a la CIA sobre los intereses militares estadounidenses en el Cuerno de Africa (//articles.latimes.com, 29-4-05). Ocurrió mientras el mayor general era un “wanted” de la Corte Penal Internacional por delitos de lesa humanidad. La lucha del Pentágono y la Casa Blanca para que la libertad y la democracia imperen en el mundo entero tiene, en verdad, ribetes muy peculiares.
El continente negro produce hoy más de 4 millones de barriles de petróleo diarios, tanto como Irán, Venezuela y México juntos. En diez años el incremento de su producción fue del 36 por ciento, contra el 16 por ciento en el resto del mundo. Sudán, Nigeria, Angola, Congo, Gabón, Guinea Ecuatorial, Chad y otros poseen alrededor del 10 por ciento de las reservas mundiales de crudo y, para EE.UU., ofrecen dos ventajas: salvo Nigeria, ninguno de esos países forma parte de la OPEP; y luego, las crisis que padecen están exentas de las complicaciones de un Medio Oriente inconquistable.
Etiopía invadió Somalia en el 2006 so capa de una influencia creciente del extremismo musulmán allí. El Africom proporcionó apoyo logístico, dinero, supervisión y entrenamiento a las tropas etíopes para una operación más bien destinada a garantizar la futura explotación de las reservas de petróleo somalíes, que se consideran ingentes. No hubo soldados estadounidenses en el campo de batalla, pero no hacía falta: fue y es una guerra a cuenta del Pentágono.
Fuerzas de Uganda, la República Democrática del Congo y el sur de Sudán atacaron en el 2008 un reducto de los rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor en un parque nacional congolés: 17 asesores del Africom participaron en la planificación del operativo y abastecieron a las tropas ugandesas de celulares y un millón de dólares en gasolina (www.nytimes.com, 7-2-09). Quedó claro que esta presunta acción antisubversiva se limitó a despejar el terreno de los yacimientos petrolíferos.
Hay más que petróleo y gas natural en los países africanos: el Congo acumula el 80 por ciento de las reservas mundiales de cobalto, elemento clave para la industria electrónica. El Africom se encarga de que nunca falte a las empresas occidentales del ramo.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-146185-2010-05-23.html
jueves, 7 de enero de 2010
¿Fallas o estrategias?
Juan Gelman
Página 12
El presidente Obama salió enérgico de la reunión que el martes pasado mantuvo con su secretaria de Estado Hillary Clinton, el jefe del Pentágono Robert Gates y una decena de altos funcionarios de los organismos de inteligencia estadounidenses. “La seguridad del país falló de forma potencialmente desastrosa”, espetó, y culpó a los servicios de espionaje de no haber realizado un análisis correcto de datos en su poder que hubiera impedido al nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab abordar un avión con una bomba guardadita en sus pantalones. Pero quién sabe si la cuestión radica en tales falencias o habita en otro lugar.
Datos había, sí. Por empezar, el servicio secreto británico tenía al fallido terrorista bajo vigilancia desde que era estudiante de University College London en razón de su “involucramiento político con redes extremistas” (http://www.guardian.co.uk/, 3-1-10). Según el Sunday Times, el M15 no compartió la información con sus pares norteamericanos (http://www.timeesonline.co.uk/, 3-1-10). Difícil y aun improbable, pero sirve para alimentar el argumento oficial acerca de los defectos presuntos o reales del FBI y demás instituciones cofrades. Que, de paso, justifica las nuevas medidas de revisión impuestas a quienes viajan a y desde EE.UU.
La afirmación del muy británico Times es a todas luces espuria: la inteligencia estadounidense tenía elementos suficientes sobre el atentado en preparación. A principios de agosto de 2009 la CIA contaba ya con información sobre “una persona apodada ‘El Nigeriano’ sospechosa de reunirse con elementos terroristas en Yemen” (http://www.cbs.news.com/, 29-12-09). Hubo más.
El Dr. Alhaji Umaru Mutallab, ex ministro de Desarrollo Económico de Nigeria, banquero y uno de los hombres más ricos de Africa, pero sobre todo padre del novato terrorista, se reunió en la sede de la embajada norteamericana en Abuja con agentes de la CIA, el FBI y funcionarios del Departamento de Estado para mostrarles los mensajes de texto del celular de su hijo. “Es una amenaza para la seguridad” de EE.UU., aseveró (http://www.nytimes.com/, 31-12-09). Este encuentro tuvo lugar el 18 de noviembre, cinco semanas antes de la Navidad que Abdulmutallab intentó manchar de sangre. Pero lo importante es que a esta reunión de inmediato siguió otra entre servicios. Aparentemente, no tomaron en serio la denuncia paternal.
Aparentemente. El caso tiene similitudes notables con lo ocurrido el 11/9: el FBI estaba perfectamente enterado de que Mohamed Atta y otros perpetradores del brutal atentado contra las Torres Gemelas seguían cursos de aviación en el territorio mismo de EE.UU. ¿También en esta ocasión fallaron los servicios de inteligencia o esa información se bloqueó en alguna parte? Diversas investigaciones indican que el gobierno W. Bush sabía de los preparativos del ataque y lo dejó venir. Sus fines fueron claros: la invasión y ocupación de Irak. Es que el terrorismo islamista “no se puede entender sin tomar en cuenta la medida en que sus redes son utilizadas por los servicios de inteligencia militar de Occidente para controlar los recursos energéticos estratégicos y contrarrestar a sus rivales geopolíticos” (http://www.newint-org/, octubre 2009).
Llegó el turno de Yemen, por lo visto. Joe Lieberman, presidente de la Comisión de Seguridad Interior del Senado de EE.UU., lo anunció rápido y sin ambages: “Irak es la guerra de ayer, Afganistán la de hoy y Yemen la de mañana si no se lleva a cabo una acción preventiva” (http://www.foxnews.co/, 227-12-09). El vocero demócrata de los “halcones-gallina” de Washington es un sofista: finalmente, las “acciones preventivas” son nomás la guerra.
En el mundo hay siete puntos de control estratégico del tráfico naviero de petróleo, y el estrecho de Bab el Mandeb que separa a la Península Arábiga de Africa, y a Yemen de Eritrea y Djibuti, es uno de ellos. El cierre de este estrecho “podría impedir que los buques tanques procedentes del Golfo Pérsico llegaran al oleoducto de Suez/Sumed”, alertó el Departamento de Energía estadounidense (http://www.eia.doe.gov/, enero 2008). Unos 3,3 millones de barriles de petróleo pasaban cada día del año 2006 por Bab el Mandeb con destino a Europa, EE.UU. y Asia. La militarización de las aguas del estrecho sumaría otro eslabón a la estrategia de dominación del comercio mundial de oro negro.
El acto de El Nigeriano prologa una intensificación de la intervención militar de la Casa Blanca en la región. Obama no tuvo empacho en declararlo: “Hemos establecido una misión clara y factible: interrumpir, desmantelar y derrotar a Al Qaida y a sus aliados extremistas (...) y por eso forjamos nuevos entendimientos, como en Yemen, y ejercemos una severa presión sobre estos extremistas allí donde complotan y se entrenan, de Asia del Este al Sudeste asiático, de Europa al Golfo Pérsico” (The Wall Street Journal, 2-1-10). La “guerra antiterrorista” da para todo.
Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-138158-2010-01-07.html
viernes, 1 de enero de 2010
Yemen
28 de diciembre de 2009
Juan Gelman
Forma parte ya de la lista de países –Mali, Pakistán, Somalia, Uganda y otros– en los que el Pentágono y la Casa Blanca desarrollan esa clase de guerra no declarada que abunda en los llamados “daños colaterales”. En este caso, con la participación de Arabia Saudita, su aliado más sólido en la región.
Los bombardeos de cazas estadounidenses y de la fuerza aérea saudí son tan constantes como los argumentos falaces que los “justifican” y, sobre todo, como la muerte de civiles yemeníes.
El general David Petraeus, jefe del comando central a cargo de las guerras de Iraq, Afganistán y Pakistán, declaró que “EE.UU. apoya la seguridad de Yemen en el contexto de la cooperación militar que proporciona a sus aliados en la región”
El mismo día de esas declaraciones, el diario Yemen Post dio a conocer fotografías de los cazas norteamericanos que bombardeaban la provincia de Sa’ada, al norte de Yemen, en una de las veinte incursiones que llevaron a cabo esa jornada. Su objetivo: liquidar a todos los guerrilleros houtis posibles. El resultado: decena de bajas civiles.
Los pretextos, como siempre, son Irán y Al Qaida. Los rebeldes houtis forman parte de la minoría chiíta del país, un tercio de la población, y se han alzado en armas contra un gobierno autoritario que los discrimina y reprime. Se los acusa de recibir armamento del gobierno de Teherán, pero su chiísmo Zaydi es una versión muy diferente del iraní. Hasta altos funcionarios estadounidenses admiten que no hay evidencias de que Irán los alimente. El Pentágono, a su vez, arguye que bombardea reductos de Al Qaida y, de nuevo, estos insurgentes no sólo no tienen vínculos con las redes de Bin Laden: son posibles blancos de sus atentados.
El Departamento de Estado negó que EE.UU. interviniera en Yemen (http://www.upi.com/, 16-12-09) al día siguiente de que bombardeara repetidamente el norte del país. La Casa Blanca se retractó 24 horas después: Barack Obama había ordenado la ejecución de múltiples ataques con misiles a varios puntos de Yemen en coordinación con el eterno presidente Ali Abdalá Saleh. Realizada la acción, el mandatario estadounidense llamó por teléfono a su colega yemení para felicitarlo por el “éxito” de los bombardeos, que dejaron un saldo de 120 muertos, civiles en su mayoría, mujeres y niños incluidos (http://www.dailystar.com.ib/, 17-12-09). Pese a este anuncio, el mariscal Saleh desmintió la intervención de EE.UU. en la matanza.
Es su costumbre. A pesar de informaciones oficiales de las autoridades de Riad, rebatió a un vocero de los houtis que denunció los ataques lanzados por el ejército saudí el domingo último contra los habitantes de Al Nadheer, un poblado de la provincia norteña de Saada, limítrofe de Arabia Saudita: 54 civiles muertos y numerosos heridos (AP, 20-12-09). Saleh lanzó en agosto pasado un ofensiva contra los rebeldes del Norte con la evidente colaboración de Washington y Riad. Pero los sureños también sufren estas acciones militares.
El gobierno yemení realizó una operación contra un presunto campamento de Al Qaida ubicado en la aldea de Al Maajala, a unos 480 km al sureste de Sana, la capital, que segó la vida de 64 civiles, 23 niños y 17 mujeres entre ellos. Esto provocó una desusada reacción popular: miles de manifestantes se derramaron por las calles de varias provincias exigiendo que se investigue lo acontecido. Miembros del Movimiento del Sur, un frente secesionista pacífico, subrayaron que el objetivo del ataque no era Al Qaida, sino los sureños que sueñan con restaurar lo que hasta 1990 era la República Democrática de Yemen, independiente del norte (http://www.thenational.ae/, 20-12-09). Es un deseo compartido por muchos habitantes de la zona.
Cabe preguntarse el porqué del interés de EE.UU. por el país más pobre de la región: forma parte de la estrategia destinada a extender el conflicto de Afganistán a zonas concéntricas más amplias de Asia central y del sur, el Cáucaso y el Golfo Pérsico, el sudeste asiático y el golfo de Aden, el Cuerno de Africa y la península arábiga (//rickrozoff.word press.com, 15-12-09). La sedicente guerra mundial contra el terrorismo de W. Bush cambió de nombre con Obama: ahora se llama “operaciones de contingencias en ultramar”. Pero los dos productos tienen el mismo olor. A petróleo.
Hay un aspecto convergente y nada despreciable. El papel que Arabia Saudita y las monarquías afines del Golfo Pérsico desempeñan en la “nueva estrategia” de Obama los llevará a invertir en la compra de equipos militares estadounidenses la friolera de 20.000 millones de dólares en los próximos diez años (UPI, 25-8-09). Yemen no participa en el gasto, pero sí en la conjura. Y pensar que alguna vez lo gobernó la reina de Saba, que muchos siglos después se reencarnó en Gina Lollobrigida, dirigida por King Vidor en una película de la que Tyrone Power no alcanzó a ser su amado rey Salomón.
Juan Gelman
Poeta y escritor argentino. Desde 1976 reside en México, donde llego exilado por la dictadura militar facista que le arrancó su hijo y su nuera embarazada. Entre su vasta obra se destacan sus libros: Los poemas de Sidney West (1969), Fábulas (1971), Hechos y relaciones (1980), Citas y comentarios (1982), La junta luz (1985), Composiciones (1986), Interrupciones I y II (1988) y Salarios del impío (1993).Los artículos de esta autora o autor Fuente Página 12 (Argentina)Los artículos de esta autora o autor
lunes, 19 de octubre de 2009
No aprenden
19-10-2009
Juan Gelman
Página 12
Se oye a líderes de los países desarrollados declamar que ha tocado fondo la crisis económica global. Para el presidente Obama ha terminado, aunque el número de desocupados en EE.UU. alcanzó en pocos meses la cifra récord real del 16,9 por ciento de la fuerza laboral (foro.univision.com, 27-9-09). Se saldrá del pozo con lentitud, atenúan, y la Organización de Cooperación y De-sarrollo Económico (OCDE) ha dado a conocer indicadores alegres: “Ahora son visibles las claras señales de recuperación de todas las economías más importantes, en particular de Italia y Francia”, afirma (www.oecd.org, septiembre 2009).
Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal y considerado un mago de las finanzas, pronostica una tasa de crecimiento del 3 por ciento para su país. Aparece la luz al final del túnel. O, más bien, parece que aparece: los que derraman optimismo hoy son los mismos que decían en 2008 que todo estaba bien, que nada había que temer y que el peligro de una depresión era inexistente.
El Banco de Pagos Internacionales (BPI) –del que muy poco y nada se habla– tiene otras opiniones que merecen atención. Este banco central de los bancos centrales del mundo coordina sus operaciones a nivel global y es la institución financiera más prestigiosa del planeta. No rinde cuentas a ningún gobierno y a su sede en Basilea acuden cada dos meses los representantes de los bancos centrales para analizar la situación imperante. El BPI les garantiza “una confidencialidad y un secreto que superan a los de cualquier banco clasificado triple A” (James Calvin Baker, The Bank for International Settlements, Greenwood Publishing Books, 2002). Conviene tomar en cuenta sus advertencias, sobre todo porque acostumbra no equivocarse: ha insistido en la presencia de graves desequilibrios del sistema financiero global desde el año 2003, pero no conmovió a quienes estaban ocupados en acumular ganancias fabulosas con infatigable rapacidad.
El BPI señaló en su informe más reciente que se corre el peligro de que estallen otras burbujas financieras, más graves aún que la inmobiliaria que llevó a la Casa Blanca a destinar billones de dólares al salvamento de los bancos. Señala, entre otras cosas, que la inversión en mercados derivativos había aumentado un 16 por ciento en el segundo trimestre de 2009, lo cual entraña “grandes riesgos sistemáticos” en el sector financiero internacional (www.bis.org, 14-9-09). El especialista Andrew Gavin Marshall subraya que al día siguiente de la publicación de este informe el ex jefe del departamento económico del BPI, William White, avisó de que las acciones del gobierno estadounidense “para socorrer a la economía a corto plazo podrían estar sembrando las semillas de crisis futuras” y acarrear una recesión aún más profunda y prolongada (www.global research.ca, 8-10-09).
El llamado “paquete de estímulo económico” de la Casa Blanca no es pequeña cosa. “El gobierno de EE.UU. y la Reserva Federal invirtieron, prestaron o destinaron 12,8 billones de dólares (al salvamento), suma 14 veces superior al efectivo circulante. El PIB del país fue de 14,2 billones en 2008” (www.blo om berg.com, 31-3-09). Esta evaluación fue en marzo. Cuatro meses después, el monto del paquete llegaba casi al doble. Los bancos más importantes utilizaron la ayudita para consolidarse, comprar bancos más pequeños y absorber unidades productivas. También los destinaron a especular y a inflar las cotizaciones de la Bolsa. Movidos por una sed insaciable del beneficio máximo, no quieren aprender nada de la crisis actual y la burbuja crece.
Gerald Celente dirige el Trends Research Institute (Instituto de Investigación de Tendencias) y suele acertar con sus análisis: predijo el derrumbe de la Bolsa de 1987, la implosión de la Unión Soviética, la crisis económica rusa de 1998, la recesión de 2001, el colapso del mercado inmobiliario de 2007, entre otras cosas. De él dijo el New York Post: “Si Nostradamus viviera, le sería muy difícil competir con Celente”. En mayo pasado anunció que se avecina “la Madre de todas las burbujas” provocada por “el paquete de estímulo”, que definió así: “Dólares fantasmales, impresos en aire inconsistente, respaldados por nada y produciendo casi nada” (geraldcelentechannel.blogspot.com, 13-5-09). Cuando esa burbuja estalle no habrá recursos para inflar otra y Celente piensa que esto podría empujar a EE.UU. a lanzar una guerra de proporciones impensables. ¿Será por eso que Obama enviará otros 45.000 efectivos a Afganistán, elevando el número de sus tropas a más de 100.000 (www.telegraph.co.uk, 14-10-09)? ¿Para combatir a los menos de 100 terroristas de Al Qaeda que, según estimaciones de la Casa Blanca, siguen allí? (AP, 6-10-09). Qué desperdicio.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-133645-2009-10-18.html
jueves, 21 de mayo de 2009
El fenómeno del demopublicanismo

Por Juan Gelman
Los marchatrases de Obama sorprenden a demócratas y a republicanos. El grupo progresista de los primeros no sabe a qué atenerse y los últimos lo aplauden. La política de Bush, que en su campaña electoral el nuevo mandatario se comprometió a cambiar, vive y colea todavía. Se dirá que es un hecho frecuente: los políticos prometen lo que no cumplirán cuando acceden al gobierno. Sólo que, en este caso, la elección de BO levantó oleajes de esperanza en EE.UU. y en el mundo entero, harto de guerra. El oleaje parece haberse acostado tranquilamente en alguna playa.
Obama prometió, insistente, retirar las tropas estadounidenses de Irak en 16 meses. Fue una promesa de humo: quedarán allí 50.000 efectivos de manera permanente (AP, 26-2-09). Su compromiso de gobernar con transparencia hoy es palabra desvanecida: anuló la decisión del Pentágono de dar a conocer 2006 fotografías que registran las torturas a que fueron sometidos los prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib (The New York Times, 24-4-09). Repitió la censura que el presidente republicano Nixon impuso en 1968 a las fotos de la matanza de 500 ancianos, mujeres y niños que las tropas norteamericanas llevaron a cabo en My Lai, Vietnam.
Otra demostración de “transparencia”: los abogados del Departamento de Justicia invocaron el “secreto de Estado” para bloquear una demanda contra el espionaje ilegal de teléfonos y otros medios de comunicación impuesto por la Ley Patriótica de Bush. John McCain y otros líderes republicanos elogian estas decisiones y dicen que BO “ha madurado”, que “ahora sí” se ha convertido en un verdadero gobernante.
La decisión de cerrar Guantánamo conoce su agonía: Obama firmó en enero una orden ejecutiva que suspendió el funcionamiento de los tribunales militares en esa cárcel, teatro de torturas y detenciones ilegales. Hace días resolvió que los tribunales se mantengan, con algunos cambios cosméticos (AP, 15-5-09). El voto de la mayoría de sus conmilitones demócratas, sumado al de todos los republicanos menos uno, anuló en el Congreso una partida de 50 millones de dólares destinada a cubrir los gastos que cerrar Guantánamo demanda. No hay plata, no hay cierre.
Hay cuestiones que rara vez aparecen en los medios. Una es el accionar en Guantánamo de las Fuerzas de Reacción Inmediata (IRF, por sus siglas en inglés). La cadena NBC, amparándose en la ley de libertad de información, solicitó y obtuvo centenares de páginas de informes sobre la represión de las IRF. Cada uno de sus equipos está formado por cinco policías militares que, según una investigación abierta por el juez español Baltasar Garzón, golpean los testículos de los prisioneros, los detienen tres semanas en completa oscuridad sin comer ni dormir, les inyectan una enfermedad de la vesícula de los perros y, desde luego, los someten al submarino (www.drivingcalgary.com, 29-4-09). En Guantánamo nada ha cambiado y, al parecer, nada cambiará.
Otro hecho casi inadvertido es que Obama nombró al general Stanley McChrystal comandante en jefe de las tropas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán. Pese a su apellido, el general estuvo a cargo de las operaciones especiales conjuntas del Pentágono (JSO, por sus siglas en inglés), es decir, encubiertas, desde el 2003 al 2008. Sus equipos de tareas organizan escuadrones de la muerte que se dedican a asesinar a líderes locales en el extranjero, aterrorizar a movimientos sociales que molestan a los gobiernos de países clientes de EE.UU. y a torturar a presos políticos y sospechosos de subversión. La Casa Blanca arguye que el nombramiento de McChrystal era necesario por la “complejidad” de la situación afgana. Dicho de otra manera: los talibán están ganando terreno y la nueva estrategia del general consistirá en aplicar los métodos de las JSO (www.alternet.org, 18-5-09). El general fue un niño mimado de Rumsfeld y Cheney. Ahora lo están mimando de nuevo.
Los demócratas tienen una mayoría de 79 bancas en la Cámara de Representantes y 59 bancas de 100 en el Senado. El presidente Obama es demócrata. Aun así, no se cumple el deseo de muchos que lo votaron para terminar con el estado de guerra incesante que Washington practica. El veterano representante demócrata por Missouri, William Lacy Clay, declaró en una sesión de la Cámara que en miles de personas de su distrito, pertenecientes a diferentes sectores económicos y raciales, incluida la ciudad de Saint Louis y suburbios, “impera un extendido sentimiento contra la guerra” (www.mcclatchydc.com, 16-5-09). Difícil que se concrete.
Es verdad que Obama intentó convencer al premier israelí Benjamin Netanyahu que apoye el establecimiento del Estado palestino y que se abstenga de atacar a Irán por su cuenta. En vano. No es menos cierto que el ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, señaló que EE.UU. aceptaría cualquier posición que Israel adopte. Hasta ahora, siempre ha sido así: el lobby norteamericano pro-israelí es muy poderoso.