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sábado, 29 de mayo de 2010

Colombia: Dos caras de la misma moneda


Juan Diego García
viernes 28 de mayo de 2010
(especial para ARGENPRESS.info)

Todo indica que en las elecciones a celebrarse el próximo domingo en Colombia la presidencia se disputará entre dos candidatos, Santos y Mockus, aunque probablemente ninguno tendrá mayoría absoluta y será necesaria una segunda vuelta.

Todos los candidatos -a excepción del centro-izquierdista Petro- se declaran herederos del legado de Uribe Vélez por lo que hace al manejo de la economía nacional (agudamente neoliberal), la solución militar del conflicto armado y las relaciones exteriores de un alineamiento claro con Washington. Las diferencias efectivas son más bien de matices en torno a cuestiones retóricas de la ética política, en particular por parte de Mockus que se presenta como el adalid de la decencia y la honradez frente a los políticos tradicionales que la opinión pública asocia con la corrupción. El gobierno de los Estados Unidos confía en un entendimiento armonioso con el ganador, sea el anterior ministro de la defensa; sea el dos veces alcalde de la capital.

Si Santos resulta vencedor contaría con una bancada mayoritaria en congreso y senado; Mockus, por el contrario, carece de ese respaldo y se vería obligado a permanentes negociaciones con un poder efectivo que puede fácilmente convertir en nada sus promesas de combatir la corrupción y sanear la política.

Mantener la estrategia del Plan Colombia tampoco está exento de grandes dificultades con independencia de quien resulte ganador. Santos está lastrado por la guerra sucia, de la cual es el principal responsable después del mismo Uribe Vélez. A la orden de captura emitida contra él por un juez ecuatoriano por el bombardeo ilegal a su país se une la acusación al gobierno como violador de derechos humanos por parte de destacadas instituciones nacionales e internacionales, incluida la misma Organización de Naciones Unidas. Su mayor dificultad será intentar revertir esas prácticas desde el mismo estado que las ha promovido. Sobre los grupos paramilitares el control siempre ha sido escaso y los militares ya han hecho saber con toda rotundidad que no están dispuestos a pagar los platos rotos y exigen el llamado fuero militar que en la práctica no es otra cosa que asegurarse total impunidad. La actual estrategia contrainsurgente difícilmente admite correcciones importantes; su éxito depende entra otras de prácticas como el desplazamiento masivo de población (quitar el agua al pez), el terror sistemático y la eliminación física de los apoyos sociales a la insurgencia, es decir, las políticas de tierra arrasada, de “quemarlo todo, destruirlo todo”. Se asume el alto coste político (nacional e internacional) que eso conlleva y los “excesos” se justifican por los exitosos resultados que se esperan.

Tampoco son halagüeñas las perspectivas de ayuda militar estadounidense a juzgar por la propuesta de Obama de terminar con la “guerra contra el terror” que heredó de Bush. En realidad, ni los Estados Unidos ni menos Colombia parecen en condiciones de mantener el actual esfuerzo bélico. Las arcas están agotadas y la estrategia militar, fracasada, tanto aquí como en las guerras en Asia. Aún es pronto sin embargo para saber con exactitud cómo va a afectar esa nueva estrategia de Washington al compromiso con Bogotá, y sobre todo, si el Pentágono y el poderoso complejo militar-industrial no van a dejar en pura retórica esta reforma, al igual que ha ocurrido con las otras promesas del inquilino de la Casa Blanca.

El mantenimiento efectivo de la “guerra contra el terror” afectaría igualmente a Mockus, con el agravante de la manifiesta incompatibilidad de su discurso con las prácticas de las fuerzas armadas. La vieja costumbre de que “se obedece pero no se cumple” convertiría en una farsa un discurso del candidato del Partido Verde que proclama que “la vida es sagrada”. Si la nueva política exterior de Obama realmente representa un cambio Mockus tendría un margen mayor por el respaldo de Washington pero se enfrentaría a la resistencia tenaz de las fuerzas armadas y de policía.

Nada indica entonces que haya iniciativas esperanzadoras en relación a la guerra que vive Colombia desde hace más de medio siglo. Y como no es previsible una derrota de las guerrillas, ni se vislumbra la intención de iniciar un proceso de paz, la perspectiva inmediata no es otra que la continuación del conflicto.

La lucha contra la corrupción es sin duda otro de los grandes escollos para el próximo presidente, en particular si gana Mockus que se presenta como el adalid de la honradez y el modelo del manejo correcto del erario público. Santos no tendrá ciertamente mucho interés en combatir las prácticas del manejo indebido de los dineros públicos que han sido tan comunes en un gobierno del que él ha sido pieza fundamental; Mockus por su parte no ha explicado cómo piensa desmontar ese gigantesco entramado que convierte las instituciones y los partidos en verdaderas cuevas de Alí Babá. Mockus ha explicado muy poco de su programa; en realidad no ha explicado nada, más allá de abundar en un discurso lleno de buenos propósitos morales, muy útil electoralmente en un país hastiado de violencia, corrupción y descomposición social. En el fondo, Mockus sería tan solo el uribismo decente, algo que resulta casi imposible para unas fuerzas armadas acostumbradas a los privilegios y la impunidad, para el entramado burocrático y político sustentado en la corrupción y para las bases sociales del paramilitarismo (ganaderos, comerciantes, multinacionales), incrustados fuertemente en la sociedad y nada dispuestos a renunciar al retorcimiento de la ley o a la abierta violación de la misma.

No deja de sorprender que un candidato proponga con bastante éxito la honradez y el cumplimiento de la ley como su bandera principal. Mucha debe ser la descomposición social, mucha la corrupción y el deterioro de la moral pública en el país para que algo que se debería suponer en cada candidato se convierta en una oferta al electorado.

El manejo del problema paramilitar por parte de los candidatos tampoco llama al optimismo. Santos no mostró mayor interés en combatirlos mientras fue ministro de defensa y apenas se pronuncia sobre el tema. Entre otras razones porque su gobierno ha decretado oficialmente la inexistencia del fenómeno. Como presidente tendría al menos dos alternativas; o seguir utilizando a los paramilitares en la guerra sucia como se ha hecho hasta ahora, o por razones de conveniencia aniquilarlos como ya se hizo con los llamados bandoleros fruto de la violencia liberal-conservadora de los años 50. Primero se los utilizó y luego se los exterminó cuando ya eran un estorbo. Mockus parece asumir la versión oficial según la cual el paramilitarismo habría desaparecido fruto de la ley de “justicia y paz”.

Las autoridades anuncian alborozadas que en esta ocasión es posible que la participación ronde el 50% del censo electoral. Lo entienden como un record (en un país de abstención masiva y permanente desde hace al menos medio siglo) ignorando a propósito la enorme falta de legitimidad que supone para el sistema político. Ante la falta real de alternativas, frente a dos candidatos que en el fondo son las dos caras de la misma moneda, seguramente se mantendrá la abstención de las mayorías y se producirá el crecimiento de los votos en blanco, una opción que esta vez parece ganar muchos adeptos, como una forma de protesta ciudadana y de dar la espalda a un sistema que no muestra la menor señal de querer resolver los problemas del país.

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viernes, 21 de mayo de 2010

Colombia: ¿Elegir entre el asesino Santos y el derechista Mockus para continuar la política del fascista Uribe?


Foto: Colombia, Política - Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe

20 de mayo de 2010
Pedro Echeverría (especial para ARGENPRESS.info)

1. El domingo 30 de mayo los colombianos deberán elegir a un nuevo presidente de su país. El presidente aún en funciones, Álvaro Uribe, es un personaje que ha sabido manejar a su favor a los medios de información y a los encuestadores de opinión para mantener un alto índice de aceptación. Con su política proyanqui de confrontación contra “el terrorismo”, Uribe ha logrado desprestigiar a los guerrilleros de las FARC e imponer en Colombia un régimen de persecución.

Al parecer Antanas Mockus, quien desde hace varias semanas ha estado arriba en las encuestas, ganará los comicios; pero parece que nada cambiará porque los dos rivales: Juan Manuel Santos (candidato de Uribe) y Mockus, del partido Verde, son idénticos en cuanto a ideología y programa. Santos era el secretario de Defensa que ordenó el bombardeo en Sucumbíos Ecuador y Mockus también era un alto funcionario del uribismo.

2. Colombia, por el número de sus habitantes es el tercero en América Latina, después de Brasil y México, aunque por el tamaño de su territorio queda debajo de Brasil Argentina y México. Es de los países más representativos de la región, pero por sus políticas favorables a los militares, a los empresarios, a los gobiernos de los EEUU y contrarias a los sectores explotados y pobres, ha marchado a la zaga de las naciones progresistas. En los últimos años los gobiernos de Andrés Pastrana (1998-2002) y de Uribe (2002-2010) firmaron acuerdos con los EEUU (Plan Colombia, ALCA, construcción de bases militares) con los gobiernos de EEUU que convirtieron a la nación en un territorio militar con el pretexto de la persecución de narcotraficantes, pero que en realidad ha sido represión y asesinatos contra luchadores sociales; sobre todo contra las FARC que llevan casi 50 luchando por los campesinos y los pobres.

3. El factor Hugo Chávez cuenta en estas elecciones. En lugar de usar la diplomacia burguesa de “no intervención” Chávez ha declarado que en caso de que gane Santos las relaciones entre Venezuela y Colombia se harían mucho más difíciles. ¿Cómo puede jugar Chávez –un gobernante responsable- al imparcial o neutral cuando observa que lo que suceda en Colombia en las elecciones influirá directamente en la marcha de Venezuela? Chávez se ha confrontado abiertamente con Uribe porque éste ha sido un simple títere de los yanquis, un empleado que sólo recibe órdenes para agredir a los demás países de América Latina. ¿Puede olvidarse acaso que más de siete bases militares colocadas por EEUU en Colombia disponen sus armas apuntando a Venezuela? ¿Debe silenciarse que en el contexto latinoamericano los EEUU usan a Colombia, México, Perú y Costa Rica?

4. Por eso en esta contienda electoral Chávez, en la práctica, ha tomado partido y ha pensado que con Mockus se pueden llegar a acuerdos porque no es el candidato de Uribe. Quizá por ello el uribista Santos –para que vean que no está peleado con Chávez-ha declarado que éste sería uno de los primeros invitados en su toma de posesión en caso de ganar. Pero también quizá por ello –para que no vean alguna simpatía chavista- Mockus ha declarado que su gobierno sería la continuidad del mandato de Uribe. La realidad es que los colombianos no pueden esperar cambios importantes en regímenes de derecha que lo único que hacen es profundizar la miseria de los 45 millones de habitantes que quieren vivir sin desempleo, sin confrontaciones, pero sobre todo sin esa dependencia de los EEUU que con sus bases militares instaladas en el territorio atraen guerra y agresiones de otras naciones.

5. La alternativa a la derecha pudo ser el independiente y exguerrillero Gustavo Petro, candidato del Polo Democrático Alternativo, pero la votación por este partido se desplomó a un 3 o 5 por ciento por una serie de errores y por la represión, me dijo el viejo comunista Pedro Hernández. “Sin embargo, dado que el porcentaje de votos por el Polo es muy bajo –a pesar que en años anteriores colocó como presidente de la ciudad de Bogotá a uno de sus militantes- hay que votar por Mockus para evitar que llegue un asesino (Santos) al poder. Luego en entrevista que le hice a Jaime Vázquez, presidente de campaña de Petro, señaló que la realidad es que Uribe impuso un régimen de terror al organizar desde Palacio una empresa criminal (DAS) como un poderoso aparato de inteligencia para intervenir los teléfonos y para inventar una serie de “pruebas” falsas para incriminar a la izquierda, a los magistrados de las cortes y a periodistas.

6. Señala Vázquez: La siete bases militares son la consolidación de un proceso histórico de subyugación al imperio porque Colombia no es una nación soberana y ocupa un primer lugar en impunidad social. En la ciudad de Bogotá hay un alto grado de tolerancia y se ha extendido la educación gratuita porque gobierna un miembro del Polo Democrático y porque este partido, dirigido por Clara López, es la única alternativa de izquierda real., concluyó el entrevistado que me dio algunos minutos de su tiempo. Entre los políticos no se quiere hablar de las FARC porque tienen una especie de terror a las DAS – que como la CIA y el FBI- siempre penetra las organizaciones para ejercer vigilancia y terror. A pesar que Bogotá es una gran ciudad muy bien informada y con una altísima producción y venta de libros, indagué sobre revistas y periódicos de izquierda y la respuesta fue que antes sí pero hoy no.

7. Así que las próximas elecciones de Colombia –muy parecido a lo que sucede en México con los partidos derechistas PAN y PRI- serán un simple trámite porque ninguno de los dos candidatos de derecha garantiza cambios en beneficio de los sectores mayoritarios. Las bases militares instaladas por los EEUU seguirán amenazando los movimientos de América Latina, así como a las FARC y a los movimientos de izquierda en Colombia. Desde Colombia el gobierno norteamericano y sus secuaces desarrollan en Venezuela una política de especulación con los dólares y de esconder mercancías de primera necesidad para elevar precios ante la “escasez” de azúcar, harina, carne y otros productos básicos. Para que los agentes de Norteamérica no saqueen los dólares de los bancos se ha prohibido la venta de éstos y para que los precios no suban se castigan a los empresarios encarecedores. Por eso Chávez debe cuidar muy bien sus espaldas.

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sábado, 27 de febrero de 2010

Una multitud festeja en Bogotá el rechazo de ley de referendo para reelección de Uribe


La Plaza de Bolívar recibe a colombianos que festejan el veredicto constitucional
"La Constitución vie" y "Uh Ah Uribe ya se va"

26/02/10

Bogotá, febrero 26 - Una multitud se concentró hoy en la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá para festejar la decisión de la Corte Constitucional de rechazar la Ley de Referendo que hubiera permitido al presidente colombiano, Álvaro Uribe, aspirar a una segunda reelección.

En el momento que el presidente de la Corte Constitucional, Mauricio González, emitió su fallo, los periodistas que cubrían la rueda de prensa aplaudieron y las decenas de personas que esperaron desde la mañana a las afueras del Palacio de Justicia se abrazaron e iniciaron las celebraciones.

Las centenares de personas que se congregaron en el centro histórico de Bogotá cantaron el himno de Colombia y consignas tales como "Uh ah, Uribe ya se va" y "el referendo ya se paró, ya se paró, ya se paró".

Los tambores, los bailes y las pancartas fueron acompañados por personas en bicicletas y patines que se acercaron hasta el Palacio de Justicia para celebrar el fallo del tribunal.

La Corte Constitucional de Colombia rechazó hoy la Ley de Referendo que hubiera permitido a Uribe optar a una segunda reelección en los comicios del 30 de mayo.

El máximo tribunal declaró "inexequible en su totalidad (que no se puede llevar a efecto) la Ley 1354 del 2009 por la cual se convoca a un referendo constitucional", dijo González en una rueda de prensa.

Con dicha iniciativa de referendo se buscaba consultar a los colombianos sobre si apoyaban reformar la Carta Magna, que no contempla una segunda reelección presidencial, y abrir la posibilidad de que Uribe pudiera aspirar a un nuevo mandato.

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