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jueves, 29 de abril de 2010

Crónica de una infamia anunciada, un libro imprescindible para la izquierda (V)


Sobre la edición de "Los ejércitos secretos de la OTAN" de Daniele Ganser. Grecia y los ejércitos stay behind

Salvador López Arnal
Rebelión
28-04-2010

Así describe Daniele Ganser (páginas 293 y siguientes) lo sucedido en Grecia a finales de la Segunda Guerra Mundial. Vale la pena tomar nota, o acaso recordar lo ya sabido.

Las tropas italianas atacaron Grecia en 1940. Fueron derrotadas por la masiva resistencia de la ciudadanía griega. Hitler envió sus tropas un año después, en 1941. Conquistaron el país y lo pusieron bajo el control del Eje. El pueblo griego organizó una gran operación de resistencia y el ejército alemán se enfrentó a grandes dificultades para mantener el país bajo su bota y control. Como en Italia y Francia, también en Grecia la organización de resistencia más potente a la ocupación estaba liderada por grupos y organizaciones comunistas. El ELAS, el Ejército de Liberación Popular griego, había sido fundado por iniciativa del Partido Comunista Griego (KKE) algunos meses después de la invasión alemana.

Los partisanos griegos, señala Ganser, provenían de toda la izquierda del espectro político y muchas mujeres, sacerdotes e incluso arzobispos combatieron en sus filas. El EAM, el ala política del Ejército de Liberación Popular, estaba también dirigida por los comunistas griegos. Según el autor, de una población total de siete millones de personas, unos dos millones eran miembros o simpatizantes del EAM mientras que unos “50.000 (¡cincuenta mil!) estuvieron combatiendo activamente en las filas del ejército ELAS”.

ELAS consiguió liberar al país de los ocupantes alemanes. En sus operaciones, el ejército de liberación fue apoyado por el ejército secreto británico. Sus oficiales aconsejaron al ELAS sobre el terreno y le proporcionaron armas y municiones. Muchas amistades personales se desarrollaron entre los combatientes de la resistencia y los oficiales de enlace británicos. Era la misma lucha, estaban en el mismo combate antifascista.

Los camaradas de lucha fueron abruptamente separados, apunta Ganser, cuando Winston Churchill, en marzo de 1943, decidió detener todo el apoyo: temía este infame político que Grecia, tras la derrota del Eje, “pudiese acabar bajo control comunista”. El duro y engordado primer ministro envió en secreto a su ministro de Exteriores, Anthony Eden, a entrevistarse con Stalin. Era octubre de 1943. Objetivo: repartirse los Balcanes, asegura Ganser. El acuerdo, sellado tiempo después en Yalta, daba a Gran Bretaña y a los Estados Unidos manos libres en Grecia; Bulgaria y Rumanía quedaban bajo la influencia de la Unión Soviética.

Con el objetivo de minimizar el poder de comunistas y socialistas, Londres planeó reinstalar al muy conservador rey griego y a un gobierno derechista tras el final de la guerra. La crucial directiva de la Oficina de Asuntos Exteriores británica del 20 de marzo de 1943, que señalaba el giro realizado, destacaba que “el SOE [el ejército británico] siempre deberá virar en la dirección de los grupos que deseen apoyar al Rey y al gobierno, y además imprimir en tales grupos, por antimonárquicos que fuesen, el hecho de que el rey y el gobierno gozan de todo el apoyo del gobierno de Su Majestad”.

El rey era odiado por la mayoría de ciudadanos griegos. Había cooperado con el dictador fascista Metaxas. Inspirado por Mussolini y Hitler, Metaxas había introducido el saludo fascista así como una policía secreta brutal durante su régimen en los años ’30. Londres perseguía una política conservadora. En octubre de 1943, la Oficina de Asuntos Exteriores británica incluso contempló “una decidida política de atacar y debilitar al EAM por cualquier medio que tengamos”, un enfoque que sin embargo fue pospuesto, puesto que así era “más probable sacrificar toda posibilidad de una ventaja militar y derrotar sus propios fines fortaleciendo al EAM políticamente”. La guerra fría iniciaba su calentamiento.

El viraje de los británicos fue un shock para el ELAS y sus dificultades se incrementaron cuando antiguos colaboradores nazis y unidades especiales ultraderechistas, como las Bandas fascistas X del soldado chipriota George Grivas, con apoyo británico, comenzaron a cazar y asesinar a los luchadores de la resistencia del ELAS. Ni más menos.

Churchill advirtió sin embargo que las Bandas X, a causa de una completa carencia de apoyo popular, nunca contaron con más de 600 griegos. ELAS permanecía como la guerrilla más poderosa en el territorio. Fue en este contexto que a finales de 1944 decidió que debía hacerse algo más para evitar que los comunistas griegos alcanzasen posiciones de poder. Dio órdenes para que un nuevo ejército secreto derechista griego se organizase, por lo que, como relata el periodista Peter Murtaugh, “se estableció una nueva unidad del ejército griego, que fue conocida de varias formas; como la Brigada de Montaña Griega, las Fuerzas de Asalto Helénicas, o LOK, su acrónimo griego (Lochos Oreinon Katadromon)”. Puesto que estaba dirigida contra comunistas y socialistas, la unidad excluía “a casi todos los hombres con perspectivas que abarcasen desde la conservadora moderada hasta la izquierda. Bajo supervisión militar británica y por órdenes expresas de Churchill, la unidad se llenó de monárquicos y antirepublicanos”. El Mariscal de Campo Alexander Papagos fue nombrado primer comandante de las Fuerzas de Asalto Helénicas y con apoyo británico reclutó a derechistas para la red, y combatió al ELAS.

Puesto que ELAS combatió tanto contra los ocupantes nazis como contra las Fuerzas de Asalto Helénicas, Churchill temía un desastre de relaciones públicas al revelarse al público británico que Londres estaba apoyando en secreto a los fascistas contra los comunistas en Grecia. En agosto de 1944, dio órdenes a la BBC para eliminar “cualquier reconocimiento” al ELAS cuando se informase sobre la liberación de Grecia. Pero solamente unas semanas más tarde ELAS se aseguró la victoria sobre los ocupantes alemanes, y Hitler se vio forzado a retirar sus soldados también de Grecia. Churchill pidió inmediatamente que la resistencia se disolviera, una orden a la que ELAS estaba dispuesta a obedecer solamente si se aplicaba igualmente a su único enemigo sobre el terreno, las Fuerzas de Asalto Helénicas, apoyadas por los británicos.

Gran Bretaña se negó a desarmar al ejército secreto. Una gran manifestación democrática organizada por EAM en Atenas contra la interferencia británica en el gobierno de posguerra de Grecia tuvo lugar el 3 de diciembre de 1944, seis semanas después de que las fuerzas de ocupación alemanas fueran expulsadas del país. Los organizadores de la manifestación dejaron claro que querían combatir a los británicos con medios pacíficos, anunciando la manifestación como el preludio de una huelga general. Poco después de las 11 de la mañana de aquél día un grupo de manifestantes griegos, entre 200 y 600, entraron en la plaza Syntagma de Atenas, la plaza principal situada frente al Parlamento griego. Es te pequeño grupo, entre los que había mujeres y niños en actitud festiva, era parte de un grupo mucho más grande de 60.000, retrasados por grupos de la policía. Cuando el grupo pequeño se acercó a la plaza, una línea de hombres armados, una variopinta colección de policías y pistoleros, presumiblemente incluyendo a miembros de las Fuerzas de Asalto Helénicas, les cortaron el paso. Las tropas británicas y la policía, con ametralladoras, se posicionaron en los tejados. La atmósfera era tensa. Repentinamente, y sin previo aviso, la manifestación pacífica se convirtió en una masacre cuando se dio la orden: “Disparad a esos bastardos”. Tarantino acaso tomara nota. Una salva de balas llegó hasta los manifestantes desarmados, que huyeron en todas direcciones. Supuestamente la masacre continuó durante al menos una hora. Dejó 25 manifestantes muertos, incluyendo a un niño de seis años, y 148 heridos. No mucho después de las muertes, llego el grupo principal de manifestantes. En un despliegue de notable moderación, los 60.000 se congregaron de manera completamente pacífica y solemne alrededor de los cadáveres de sus compañeros manifestantes. Las pancartas, manchadas con la sangre de los muertos pedían que los británicos se alejaran de los asuntos griegos. Muchos llevaban banderas americanas y griegas. Algunos la bandera roja del socialismo. Pero muy pocos llevaban la bandera de Gran Bretaña. En Londres, Churchill tuvo que enfrentarse a una enfurecida Cámara de los Lores que pedía una explicación por la barbarie.

Admitió finalmente que había sido “algo tremendo” y añadió este paso que no tiene desperdicio ni olvido: subrayó que era igualmente estúpido llevar a tal cantidad de niños indefensos a una manifestación, cuando la ciudad estaba llena de hombres armados. El papel del ejército secreto en la masacre de Syntagma no fue explicada. Tras esta demostración de fuerza los británicos reinstalaron en el trono al rey, y ELAS abandonó las armas a los británicos a cambio de las prometidas elecciones nacionales democráticas, que se celebraron en marzo de 1946. Puesto que el Partido Comunista Griego y el centro-izquierda decidieron poco sabiamente boicotear las elecciones debido a la ocupación británica del país, la derecha obtuvo la victoria.

Una sucesión de débiles gobiernos títere de los británicos, con orientación conservadora y derechista, se siguieron. Convencidos de que Grecia caería bajo el control de Stalin si los comunistas griegos llegasen al poder, el gobierno continuó deteniendo a miembros del EAM, muchos de los cuales fueron torturados en conocidos campos de prisioneros situados en islas.

En 1945, la mayor parte del mundo celebraba el final de la segunda guerra mundial, y, para evitar que volviera a ocurrir tamaña tragedia, se creó la Organización de las Naciones Unidas. Pero Grecia continuó siendo un campo de batalla y ya un año después del final de la segunda guerra mundial comenzó la guerra fría. Puesto que la frustración de la izquierda griega crecía, una fracción se rearmó y se retiró a las montañas, y a finales de 1946 comenzó una guerra civil contra los británicos y la derecha local. Gran Bretaña, exhausta por la guerra mundial, no pudo seguir controlando el país, y a comienzos de 1947 pidió a los Estados Unidos su apoyo.

El experto de la CIA William Blum relata que “los oficiales Washington sabían que el nuevo gobierno clientelar era tan corrupto y violador de los derechos humanos que incluso anticomunistas americanos se sentían horrorizados.” Pero como la Yugoslavia comunista apoyaba a la izquierda griega con armas y el país parecía estar en vísperas de teñirse de rojo, el Presidente Truman, con su famosa “Doctrina Truman” fue capaz de convencer en marzo de 1947 al Congreso para que interviniese abiertamente en Grecia.

Grecia fue el primer país en ser invadido por los Estados Unidos durante la guerra fría, siguiendo su estrategia de combatir el comunismo a escala global. Esta fue la primera intervención militar en Europa tras el final de la Segunda Guerra.

En las décadas siguientes, Washington avanzó el argumento usado en Grecia para justificar sus invasiones abiertas o encubiertas en Corea, Guatemala, Irán, Cuba, Vietnam, Camboya, Nicaragua, Panamá y muchos otros países. Por alguna alquimia ideológica, Truman etiquetó al corrupto régimen ultraderechista en Atenas como “democrático” y descartó a sus oponentes de la izquierda, como “terroristas”, cuando las fuerzas armadas norteamericanas aterrizaron en Grecia junto con su equipamiento militar pesado. La fuerza partisana izquierdista de unos 20.000 hombres y mujeres, diseminados por las montañas griegas, se vio superada en número de 6 a 1 cuando las unidades especiales norteamericanas se unieron a las Fuerzas de Asalto Helénicas y otras unidades de la derecha griega. El suministro de armas para los partisanos griegos se redujo drásticamente. Yugoslavia no formaba ya parte del bloque soviético. Su situación se hizo desesperada porque las Fuerzas de Asalto Helénicas bajo mando norteamericano estaban excelentemente equipadas y adquirieron fuerza.

Los Estados Unidos comenzaron en secreto la “Operación Antorcha” y usaron la guerra química para derrotar a los partisanos griegos arrojando miles de litros de napalm en Grecia. A finales de 1948 la resistencia griega, que en su suelo nativo había derrotado a los nazis alemanes y a las tropas británicas, se derrumbó. “El final de la guerra civil significó la victoria total para la derecha griega y su patrón, los Estados Unidos.”

El ejército secreto anticomunista, las Fuerzas de Asalto Helénicas, no se disolvió, sino que permaneció operativo para controlar a la oposición griega

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sábado, 20 de febrero de 2010

Transitando por el lado salvaje (e incluso por el más afable) del capitalismo sin bridas


Lenguajes publicitarios, proyectos nucleares y cobayas humanas en campos de batalla atómicos

Salvador López Arnal
Rebelión


Me alegro que hayáis venido. No habéis hecho caso de esos idiotas que han dicho: ¡Marx ha muerto! Bueno, lo estoy… y no lo estoy. Eso es dialéctica para vosotros.

Howard Zinn, Marx en el Soho

Es normativamente razonable vivir o intentar vivir sin concepciones acabadas del mundo, multiuso, siempre a punto para rodar y embalar. Es conveniente, e incluso necesario, documentar posiciones, evitar encuadrar novedades en viejos esquemas inalterables, estar abierto a rectificaciones y falsaciones. No se trata de ocultar valoraciones poliéticas ni negar la ineludible existencia de finalidades ni objetivos, pero sí parece un reto razonable y justo no partir ni aspirar a alcanzar cosmovisiones globales, amigas nuestras para siempre, que explican lo explicado sin huellas de sombra ni dudas y que, puestos en materia, sirven para explicar lo inexplicable, lo apenas comprendido. Se usan para todo: para un raspado, para fregado y para aventurarse sin riesgos en lo desconocido que, de hecho, no es conocido en un periquete y sin excesivo esfuerzo.



Pero de hecho, admitámoslo, sin negar la validez de las anteriores críticas, haberlas haylas. Actúan consciente o inconscientemente, aunque el portador no sea totalmente consciente de las coordenadas por las transita su pensamiento. La inconsciencia, en este caso, está directamente relacionada con la naturalización de lo adquirido, de lo dado por verdadero de forma indiscutible. Tan natural como el aire que respiramos o la necesidad de ayuda alimenticia para nuestros quehaceres vitales.

Un ejemplo de la cara salvaje del capitalismo más desinhibido y otro que suele presentar una cara más afable pueden ilustrar lo señalado con las inferencias oportunas que pueden colegirse. La impiedad de los experimentos militares, atómicos en este caso, pueden cerrar el círculo de la abyección.

La insidia del lenguaje publicitario.

William Cabrera es director de investigación de Havas Media para España y Portugal. Como el que no dice la cosa, sin inmutarse, estás son algunas de sus sesudas consideraciones, algunas de sus reflexiones sobre el negocio publicitario televisivo actual. “Estamos machacando a los mismos telespectadores una y otra vez sin que haya cobertura, y sin que la mitad de la población sepa que un producto existe”. “La publicidad es cada vez más cara pero menos eficiente; las cadenas nos suben los precios y nos venden el mismo consumidor cincuenta veces” [las cursivas son mías]

Así, directo al corazón y a las cuentas de resultados.

¿Qué cosmovisión esconde ese lenguaje? ¿Qué concepción antropológica subyace a todo esa insidia?

La apuesta nuclear del presidente Nobel de la Paz.

El presidente usamericano anunció el 15 de febrero de 2010 la construcción de la primera central nuclear en Estados Unidos tras 30 años de moratoria [1]. Sus razones: “Se supone que los defensores del medio ambiente se oponen a la energía nuclear. Pero el hecho es que, aunque no hayamos hecho nada nuevo hace 30 años, esta es nuestra mayor fuente de energía que no produce emisiones de carbono”. “Para satisfacer nuestra demanda y evitar las consecuencias desastrosas del cambio climático, necesitamos aumentar nuestra capacidad nuclear. Es así de sencillo”. “Es un tema que afecta a nuestra economía a nuestra seguridad, no podemos seguir empantanados en los mismos viejos debates entre la izquierda y la derecha, entre los ambientalistas y los empresarios”. Es, cabe añadir, en opinión del presidente usamericano, una fuente energética renovable o alternativa.

¿Viejos debates en los que no podemos seguir empantanados? ¿De qué hablamos entonces cuando se supone que hablamos de algo sustantivo? ¿Del tiempo que hizo ayer por la tarde?

Por si fuera necesario: contra toda apariencia, el presidente usamericano autor de estas declaraciones no es Bush II. ¿Hay grandes diferencias de matiz, o de fondo, entre la cosmovisión demócrata y la mirada republicana desarrollista, alocada y crematística?

Tras la bomba.

Minutos después de que estallara una bomba en el marco de una prueba atómica llamada “Gerboise Verte”, realizada el 25 de abril de 1961 en el Sahara argelino, en Reggane, por el Ejército francés, cuanto menos 155 reclutas fueron enviados por sus mandos a maniobrar a pie por la zona [2]. La maniobra fue llamada Garigliano. Se querían estudiar los efectos fisiológicos de la bomba. En caliente y en vivo, con cobayas humanas. Querían saber los generales franceses si podían enviar soldados a combatir y tomar posiciones enemigas pocos minutos después de la explosión y a sólo metros del lugar (a poco más de medio kilómetro). Los soldados llevaban, básicamente, máscaras antipolvo. Los mandos permanecieron en el interior de sus blindados y sabían que la radiactividad subiría de 1 a 5 rötngens [3] por hora. En cada hora de operación militar, los soldados se expusieron a un nivel de radiación entre 9 y 45 veces superior a lo que hoy se aceptaría en todo un año.

¿Obsolescencia del ser humano? ¿Obsolescencia de la soldadesca? ¿Lucha de clases en el seno del Ejército francés? ¿Menosprecio del ser humano? ¿Complejo militar-industrial-atómico en plena actividad? ¿Nueva demostración de los nudos menos civilizados de la civilización occidental?

En el fondo, y también en los contornos, aristas, nudos, caras salvajes, directamente infames o aterciopeladas con discursos llenos de estudiada retórica, de ese poliedro omnipotente que conocemos con el nombre de capitalismo[4].

Sin alma, sin piedad. Los seres humanos tienen su importancia pero los resultados trimestrales cuentan mucho más.

Notas:

[1] Isabel Piquer, “Obama resucita la energía nuclear en Estados Unidos”. Público, 17 de febrero de 2010, p. 36

[2] Andrés Pérez, “Francia uso a sus soldados como cobayas nucleares”. Público, 17 de febrero de 2010, p. 12.

[3] Röntgen o Roentgen. Denominada así por el físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen. Es la medida más antigua de radiación ionizante. Se define así: la cantidad de radiación que producirá, bajo condiciones especificadas, en un centímetro cúbico de aire, una cantidad de ionización positiva o negativa igual a una unidad electrotástica de carga (una carga eléctrica que repelerá una carga similar a un centímetro de distancia con la fuerza de una DINA).

[4] Noción -capitalismo, edad del capital, modo de producción capitalista o afines- que también la izquierda apenas usó durante años: era poco moderno, sonaba a muy antiguo.

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jueves, 28 de enero de 2010

Horror, pavor e indignación al leer la página de opinión de Público


28-01-2010
Salvador López Arnal
Rebelión

Empieza a ser costumbre. Es difícil encontrar una página de opinión en el diario que dice ser de centroizquierda que no escandalice [1].
Otra muestra más, por si fuera necesario: el artículo que Adolfo García Ortega publicó el pasado 27 de enero con el título: “Por qué hay que recordar la ‘Shoá” [2].
No parece contradictorio con lo que se ha señalado en algunos medios alternativos: la anunciada ofensiva político-cultural de Israel y sus amigos y aliados: se trata de proclamar, donde sea y como sea, las bondades del agresivo Estado étnico y apagar todo tipo de críticas creando confusión y desinformaciones en sus alrededores.

El artículo del autor de El mapa de la vida, empieza recordando lo que, más allá de algún matiz marginal sobre el por qué ser única y exclusivamente judíos, es aceptado universalmente:

Hay más de un millón de niños judíos que, de no haber existido la Shoah, ni la Solución Final, ni haber sido asesinados industrialmente, hoy tendrían entre 65 y 80 años. Sus vidas habrían estado llenas de cosas buenas o de cosas malas, no se puede saber, porque es absurdo pretender saber cómo habría sido la historia de lo que nunca ocurrió. Lo que sí es cierto es que las vidas que no vivieron, los hijos que no tuvieron, las enseñanzas que no adquirieron, los amores que se perdieron, todo eso es vida que les fue impedida, arrebatada y eliminada por ser única y exclusivamente judíos. Si incluimos a los adultos, podemos elevar el número hasta el conocido referente de los seis millones.

Este, señala, es un hecho sin paliativos, un hecho atroz, remarca. Cada 27 de enero se recuerda la Shoah como la extrema barbarie conscientemente genocida. Es justo que se recuerde, apunta García Ortega:

[…] y que se haga con toda la lucidez y toda la puesta en presente de la memoria, para evitar por encima de todo el olvido, y por tanto la condena a la posible repetición en el futuro.

En los últimos años, denuncia, las aberrantes teorías del negacionismo han cobrado un peso demasiado grande, hasta el punto de dárseles un rango intelectual plausible. En su opinión, se suman a otra corriente “según la cual se abusa de la exhibición del Holocausto, se considera que ha devenido en una mezcla de negocio y espectáculo”, como si la Shoah, prosigue, “diera justificación a los judíos, por la vía de la compensación moral, para llevar a cabo, con total impunidad, sus aspiraciones de autoafirmación política”. Dicho de otro modo, complementa García Ortega, “como si el Holocausto fuese una tragedia tras de la que se amparan los horrores del actual Israel”. Conclusión extraída:

[...] de nuevo se vuelve a censurar a un pueblo, el judío, por el mero hecho de serlo. De nuevo se trata de minimizar su asesinato colectivo por el hecho de ser judías las víctimas.

Veamos, veamos con calma. Aceptemos, sin espacio para la duda, la insensatez y crueldad político-moral del negacionismo. Aceptado está. Pero, dando un paso más, ¿qué problema hay en señalar lo que muchos autores han apuntado con documentación, indignación y rabia sobre la, en ocasiones, exhibición mercantil del Holocausto? ¿Qué hay de falsario en señalar que, en ocasiones, y en coincidencia con lo denunciado por víctimas o familiares de víctimas, se usa la inmensa tragedia del holocausto para justificar prácticas políticas estatales injustificables? Ejemplo: las matanzas de Gaza, el ataque militar a una población desprotegida.

¿Cómo hay que interpretar esas corrientes críticas según el autor? Dentro del actual contexto. ¿Qué contexto? El siguiente:

[…] Es obvio que estas corrientes, más o menos extendidas, totalmente simplistas pero nada inocentes, de minimizar el Holocausto tratando de restarle vigencia y razón a su recuerdo, hay que considerarlas dentro del actual contexto socio-político, marcado por un crecimiento del antisemitismo en todo el mundo bajo capa de antiisraelismo.

¿Cómo? ¿Otra vez? ¿Antisemitismo = antiisraelismo? ¿Y quién ha probado esa igualdad? ¿Quién ha construido un buen argumento que permita pasar de las críticas a las prácticas políticas de un Estado a la animadversión visceral, irracional, inadmisible, hacia todos los pueblos semitas?

Esto es motivo de debate, admite García Ortega, y no significa, admite, “que responda a una generalización sin matices”. Pero añade, inconsistentemente:

[…] los intelectuales no dejan de escribir sobre esto en periódicos, foros y ámbitos donde, por desgracia, siempre se acaba coligiendo un desafecto hacia el mundo judío, reproduciéndose los clichés más burdos que, precisamente, condujeron a la Shoah.

¿Periódicos, foros y ámbitos donde siempre se acaba coligiendo un desafecto hacia el mundo judío? ¿Hemos leído bien? ¿Siempre? ¿Periódicos y foros arguyendo contra “el mundo judío”? ¿En qué periódicos? ¿En el NYT? ¿En The WP? ¿En El País? ¿En La República?

García Ortega señala tres razones para seguir recordando la Shoah. La primera: hay que recordarla en sí misma

[…] por el hecho terrible que fue. No es justo compararla con ningún otro hecho, anterior o posterior. Tal vez no se encuentren iguales. Y no debería haber nada que reprochar al hecho de que sus agonistas principales, el pueblo judío, esgriman su derecho al recuerdo.

No acaba de verse por qué es injusto compararla con cualquier hecho anterior o posterior. De hecho, como veremos, el mismo autor parece aventurar a continuación un tratamiento contrapuesto, pero lo importante es que él mismo admite que:

Su voluntad de recordar la Shoah ha de verse, sobre todo, como una magnífica afirmación de vida y de existencia en el concierto de los pueblos y de las naciones. Y aunque algunos, incluidos políticos e intelectuales judíos, israelíes o no, utilicen el Holocausto como argumento de su propia necedad, eso no invalida en absoluto la fuerza moral que el pueblo judío, como colectivo supranacional, tiene para que no se olvide ni uno solo de los nombres de los asesinados.

Así, pues, algunos políticos e intelectuales judíos, vivan o no en Israel, han podido usar “el Holocausto como argumento de su propia necedad”. Luego, entonces, ¿a santo de qué vinieron las anteriores descalificaciones sobre toda crítica a cualquier aproximación no cegada a la temática del Holocausto?

La segunda razón que esgrime García Ortega para recordar la Shoah es que es un hecho que excede a los judíos.

El Holocausto, como también las matanzas del estalinismo, o las del genocidio camboyano o el ruandés o cualquier otro de características similares en cuanto a planificación de eliminación de un pueblo, son responsabilidad de toda la humanidad. Son verdadero patrimonio de la historia planetaria. Y debemos recordarlo porque nos implica como cómplices.

Aquí ahora la comparación sí parece posible. Pero lo curioso es que “ese hecho que excede a los judíos” sea leído en la forma en que se hace y se olvide siempre (¡siempre!) otro vértice de esta barbarie: que no solo fueron ciudadanos y ciudadanas judíos, el pueblo judío en general, quien fue asesinado y perseguido por el nazismo, sino también (y sin que ello quite un quark de importancia a la barbarie del holocausto) otros ciudadanos, demócratas, socialistas comunistas, homosexuales, gitanos, etc, que por su condición o por su resistencia fueron también aplastados por las sucias botas nazis.

La tercera razón para el recuerdo:

evitar la ignorancia y la simplicidad con que se analizan los asuntos relativos a una de las consecuencias derivadas justamente de la Shoah, la existencia del Estado de Israel, una existencia que, aunque tuvo que conquistarse por la sangre y el fuego de toda independencia, nació legitimada por la voluntad judía de no tolerar jamás la repetición del Holocausto. Hoy en día la ignorancia procede del desconocimiento. Y el desconocimiento nace de la confusión.

¿Existencia de un Estado por la sangre y el fuego que exige toda independencia? ¿La limpieza étnica palestina es un proceso necesario de independencia política? ¿Este asesinato masivo no merece ninguna consideración político-moral por parte del autor? ¿Aquí no hay indicios de barbarie? ¿Legitimación de la limpieza étnica por la voluntad de no permitir jamás la repetición del Holocausto? ¿Qué es esto? ¿Una gastada formulación de que el fin justifica cualquier medio? ¿Barato maquiavelismo de dos por cinco? ¿Cómo puede entenderse esa asimetría de juicio político?

García Ortega concluye señalando que en un mundo y un momento histórico de cambio:

[…] cuando la ley de la historia dicta el mestizaje y la convivencia de razas y culturas, es necesario que se evite a toda costa la deshumanización de pueblos enteros, la anulación de razas y religiones por el mero hecho de ser lo que son y de ser otros.

No sé si existe realmente alguna ley de la historia pero si fuera así, o aunque no lo fuera, es justa y necesaria la vindicación del combate contra la deshumanización de pueblos enteros, la lucha contra la anulación de razas y religiones por el mero hecho de ser lo que son y de ser otros. ¿En qué pueblos está pensando el autor de El mapa de la vida? ¿Sólo en el pueblo judío? ¿No cabe en su reflexión el maltrato, la persecución, la ocupación y la misma existencia del pueblo palestino por ejemplo? [3]

Notas:

[1] No sólo son las páginas de “Opinión” desde luego. Público, 27 de enero de 2010, cedió toda una página, la 27, a una entrevista a Pilar González de Frutos, la presidenta de la patronal de seguros Unespa. Ideas esenciales de la conversación: “Hay que reformar con urgencia el sistema de pensiones” y “hay que favorecer el sistema privado de complemento de pensiones”. Con un añadido: suena raro, señala la señora González de Frutos, pero hay que decir a los ciudadanos que deben trabajar más. ¿A quiénes? ¿A las personas que no pueden trabajar aunque puedan y quieran? ¿A los ciudadanos y ciudadanas que superan las 55 horas semanales por semana?

[2] Adolfo García Ortega, “Por qué hay que recordar la ‘Shoá”, Público, 27 de enero d 2010, p. 7.

[3] Definitivamente: Público sigue punto por punto la trayectoria del diario global. ¿Por qué no podrá haber en Sefarad un diario similar a La Jornada o a Il Manifesto? ¿Estamos eternamente condenados? ¿De qué árbol prohibido nos hemos alimentado?

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jueves, 3 de septiembre de 2009

Reseña del libro El Plan Bolonia, de Carlos Fernández Liria y Clara Serrano García


Las sólidas y poderosas razones de un movimiento universitario y ciudadano

Salvador López Arnal
El Viejo Topo
04-09-2009

Lo contaba recientemente Michael D. Yates, editor asociado a la Monthly Review –“El trabajo es un infierno. Historias de la clase obrera de nuestros días” http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2595-. Beverly Peterson es una profesora de universidad que tras pasar gran parte de su vida intentando obtener su doctorado, se convirtió en una "profesora gitana", enseñando aquí y allí y en cualquier lugar, bajo condiciones terribles y por muy poco dinero.

Cerca del 40% de los profesores universitarios usamericanos lo son hoy a tiempo parcial y ganan alrededor de 2.000 dólares por curso y sin beneficios, como suele decirse allí, de bienestar social. Desde que aprobó unos exigentes exámenes en la Universidad William and Mary en 1992, Peterson estuvo buscando un puesto de trabajo a tiempo completo en algún departamento de “Estudios Americanos”. Tres años más tarde, tras 121 cartas y dos entrevistas prosigue su búsqueda. Para poder subsistir suma dos puestos de profesora interina. Viaja regularmente en su coche desde su casa en Smithfield, Virginia, hasta sus puestos de trabajo en la Universidad Thomas Nelson Community en Hampton, a 40 minutos de su casa, y luego hacia la Universidad William and Mary, a otros 40 minutos. En el barco con el que debe cruzar el río James para colmar este último trecho de su via crucis, trabaja con notas y materiales para la enseñanza. El cuentakilómetros de su Chevrolet de cuatro años marca 97.000 millas, unos 156 mil kilómetros, 40 mil anuales. "Me gusta mi trabajo, pero deseo poder hacerlo en circunstancias menos complicadas", ha señalado Beverly Peterson.
El Plan Bolonia, documentado, útil y magnífico libro de intervención político-cultural, está estructurado en un prólogo, tres capítulos, la conclusión (“La vida con y sin Bolonia”), una muy interesante cronología donde justamente se destaca la importancia del movimiento estudiantil en todo el proceso (un movimiento, apuntan los autores, “valiente, heroico, riguroso y ejemplar”) y una bibliografía sucinta. El Plan Bolonia presenta y critica tenebrosas aristas de la situación, muy similares a la anteriormente señalada. El pragmático y mercantil espíritu pro-bolonés (y concepciones afines) es resumido con las siguientes palabras: “La universidad debe dejarse de pamplinas inútiles, como la búsqueda de la verdad, y poner los pies en el suelo; o lo que es lo mismo, la Universidad debe dejar de ser un paréntesis para el tiempo libre de la razón y el pensamiento y empezar sin más a ser rentable” (p. 91).

Los autores del volumen, Carlos Fernández Liria (CFL) y Clara Serrano García (CSG), inician su exposición con la conocida cita aristotélica: “Todos los seres humanos por naturaleza desean saber”. De eso se trata, de saber y de saber de forma documentada, sin manipulaciones. CFL y CSG señalan con nitidez lo que se esconde detrás de tanta confusión. No es poco: la destrucción de la Universidad pública europea, su mercantilización y su puesta al servicio de las grandes corporaciones. No es un interpretación exagerada fruto de ningún izquierdismo incorregible. Es, señalan los autores, “una declaración de intenciones explícitamente recogida en todos los documentos oficiales que están en la base de la reforma” (p. 9). No están solos en su valoración. Como se señala en el prólogo del libro, treinta universidades francesas “se han declarado en huelga indefinida contra la mercantilización de la enseñanza” y trece rectores han hecho un llamamiento a las universidades europeas para combatir esta reconversión empresarial de los estudios superiores. También en España el combate es cada día más mayoritario. En el principio han sido la acción y la protesta.

En el primer capítulo del libro se defiende una tesis tan simple como ocultada: Bolonia no existe. La creación de un espacio europeo de educación superior (EEES) es una tapadera de un proceso más profundo decidido a puerta cerrada en las cumbres de la OMC y en el marco del Acuerdo General de Comercio de Servicio (GATS). Se trata de reconvertir la universidad pública europea en una institución rentable al servicio del mundo empresarial. La propia declaración de Bolonia de 1999 no fue más que “propaganda que intentaba enmascarar lo que realmente iba a ocurrir” (pp. 12-13). La propaganda ha continuado sin tregua desde entonces: una campaña descomunal de desprestigio se emprendió contra la Universidad pública. Los mitos que rodean al proyecto boloñés –homologación, movilidad y cambio del modelo educativo- son deconstruidos en las páginas 17-24 de este primer capítulo.

El capítulo 2 –“Una universidad basura para un mercado laboral basura”- critica el interesado desenfoque con el que es abordada la superación de las insuficiencias de la institución (que no se niegan desde luego, como por otra parte ocurre en muchas otras instituciones públicas o privadas, empezando por aquellas mismas que señalan la necesidad de eficacia y rentabilidad): “El problema es que Bolonia soluciona los males de la Universidad pública como la guillotina se podría decirse que cura los dolores de cabeza” (p. 33). Los autores desmontan la posición defendida por las autoridades del Ministerio y de las Universidades: hay que defender el proceso de Bolonia porque no se trata de mercantilizar los estudios superiores sino de poner la Universidad al servicio de la ciudadanía. Los críticos, señalan las autoridades, ven empresas por todas partes, son alarmistas, catastrofistas y apocalípticos. También aquí los autores muestran su posición con meridiana y documentada claridad: “Dónde se ve la mano de los empresarios en todo este proceso? Muy sencillo: en todos y cada uno de los documentos oficiales que están en la base de la creación el EEES” (p. 39). Así, en un informe de la OCDE de 1996, se marcaba la siguiente estrategia: “Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza y la escuela puede progresiva y puntualmente obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad. Esto se hace primero en una escuela, luego en otra, pero no en la de al lado, de tal manera que se evita el descontento generalizado de la población” (p. 48). El apartado 4 de este capítulo –“La mercantilización en las facultades científicas”- es ilustrado magníficamente a partir de un estudio, recomendable sin sombra de duda, de Teresa Forcades i Villa intitulado “Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas”

El capítulo 3 –“El mito de ‘aprender a aprender”- es una argumentación critica contra la idea, igualmente extendida, que Bolonia representa una auténtica revolución educativa que pretende poner la universidad al servicio de las nuevas demandas sociales. Nada de eso. En opinión de los autores “se trata del equivalente a una reconversión industrial del mundo académico” (p. 76). Toda la geografía del mundo académico, señalan, se verá forzada a amoldarse a los intereses profesionales y a las prioridades de investigación empresarial. Las páginas dedicadas al master de formación del profesorado (páginas 80-82 y 85-88) son de lectura obligada. No se las pierden.

En la conclusión los autores extraen punta cívico-política del análisis anterior: en lugar de ciudadanos y ciudadanas libres con autonomía de acción y de pensamiento, en lugar de ciudadanía crítica con el mundo en que vivimos, lo que se demanda y pretende de la Universidad tras esta estrategia de reconversión es la “producción” de trabajadores-autómatas ”capaces de ser muy productivos y de adaptarse servilmente al mundo empresarial” (p. 91). La Universidad buscada no va a ayudar a forjar caracteres libres, con capacidad para cuestionar el destino al que se les quiere someter. “Se pretende producir sujetos flexibles, fácilmente amoldables, dispuestos a vender su vida a cambio de un salario, no personas capaces de tener juicio propio” (p. 91).

Cabe señalar, por otra parte, que este movimiento universitario y ciudadano, sustancia del volumen comentando, del que los autores forman parte destacada, ha conseguido, una vez más, probar que las erróneamente denominadas causas imposibles suelen ser, por el contrario, muy posibles y que alzar la voz, y moverse en direcciones razonables y justas, suele dar resultados fructíferos. No es poco lo que se ha conseguido hasta ahora: levantar en pie de resistencia el mayor movimiento universitario de los últimos veinte (o más) años con una arista anticapitalista, o cuanto menos antimercantilista, nada ocultada.

El libro, apuntan los autores, “alberga un agradecimiento infinito hacia los estudiantes que tanto han trabajado estos años por defender la Universidad” (p. 10). Vale la pena resaltarlo y es obligado sumarse al agradecimiento.

Artículo aparecido en El Viejo Topo, julio-agosto de 2009.

Salvador López Arnal es profesor-tutor de Matemáticas en la UNED y enseñante de informática de ciclos formativos en el IES Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona).

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