viernes, 28 de mayo de 2010
Por qué y cómo puede caer Zapatero
(especial para ARGENPRESS.info)
De todos los gobiernos de Europa, el más débil es el español. En primer lugar, porque la bancarrota capitalista se manifiesta allí con mayor intensidad. La deuda pública ha crecido una enormidad en sólo un año, esto como consecuencia de la recesión y de las operaciones de rescate capitalista a cargo del Estado. Más grave es aun la deuda externa: según el FMI es de 2,5 billones de dólares y según el Banco de España es de 1,7 billones de euros. El PBI ha caído a 990.000 millones como consecuencia de la crisis y de la devaluación del euro.
La deuda externa es principalmente privada, pues se encuentra en alrededor del 200% del PBI – unos dos y medio de billones de dólares, a lo que se suma un continuo déficit del balance de pagos, que no tiene financiación. La alienación del gobierno ‘socialista’ respecto a las masas, por un lado, y a la burguesía, por el otro, es completa. Es que además de una desocupación que se empina al 25% de la población activa, Zapatero se ha tenido que desdecir de todos los compromisos que asumió en cuanto a no aplicar un plan de ajuste. Lo hizo cambiar el rebenque de los bancos alemanes, que temen irse a pique con un ‘default’ español; a España la gobierna Frankfurt, no Madrid, o el FMI, o sea Nueva York, que presiona a Zapatero para que el ‘ajuste’ se haga sin concesiones.
Se aflojó la cuerda
Los capitalistas, por su lado, le han estado reprochando a Zapatero que no haya desarrollado una reforma laboral en perjuicio de los asalariados con contrato indefinido, que facilite los despidos y rebaje su costo, y que además reduzca en forma drástica las contribuciones patronales a la seguridad social. El conflicto de la burguesía con el gobierno se ha manifestado en todos los planos: los imparables ataques del clero, bajo el pretexto de la lucha contra la laicidad jurídica, y la ofensiva contra el juez Garzón para impedir el esclarecimiento de los crímenes del franquismo son parte de este proceso. Zapatero ha comprendido que se ha quedado sin piso político para pilotear la crisis, por eso se ha apresurado a acatar las órdenes que le han impartido desde Alemania y el FMI. Esta falta de ‘pinet’ para gobernar se hizo patente cuando reculó en cuatro patas del anuncio de que iba a gravar a los grandes capitales para financiar una módica parte de la crisis. Zapatero desairó con su recule a todo el gabinete, que sin embargo hizo mutis por el foro cuando su jefe pegó el esquinazo, porque la burocracia del PSOE teme ser barrida con la expulsión de su jefe del gobierno. Nada de esto, sin embargo, aflojó la presión del capital financiero sobre Zapatero: a pesar del paquete de rescate anunciado por la Comisión Europea, por 750 mil millones de euros, el Estado español tuvo que pagar tasas de usura para renovar la deuda pública (más de 500 puntos por encima de la tasa alemana); es una evidencia de su agotamiento ante los llamados ‘mercados internacionales’. Otro síntoma de su debilidad irreversible es que Zapatero está presionando ahora a ‘las partes sociales’ para que sean ellas las que acuerden y pongan el sello de la colaboración de clases con el ajuste. Pero no logrará – ni con la burocracia sindical entreguista, que pierde margen de maniobra frente a los comités obreros de empresa, ni con la burguesía, que va por todo. El ala de las multinacionales que lo apoya (Telefónica, BBVA), no cree en ningún acuerdo y sólo espera que Zapatero imponga el ajuste por decreto tal como lo pide el FMI, descontando el fracaso de la tentativa de ‘pacto social’.
Cambio de gobierno y de régimen político
Antes de la crisis, la derecha buscaba la cabeza de Zapatero e incluso reclamaba elecciones anticipadas. Lo siguen pidiendo, pero en un tono más bajo y sin presentar una moción de censura, que sería vista como una censura a la Comisión Europea. Es cierto que la derecha no tiene los votos necesarios en el Parlamento, pero la censura sería una fuerte arma de agitación en medio de la crisis, lo cual los franquistas procuran evitar. Zapatero les ruega que vote a favor del ajuste en el Parlamento, pero todo indicaría que la derecha se abstendría, esto a pesar de que apoya sus términos. La abstención sería, de todos modos, una expresión del abandono de la política de reclamar la censura parlamentaria. El PP quiere retener su condición de alternativa política, pero al mismo tiempo no puede ir a fondo por esta vía. El jefe del PP, Rajoy, perro felpudo de la democristiana alemana Angela Merkel, no va a patear el plan de ajuste que ella dictó para España.
Los franquistas no pueden hacerse cargo de la crisis en caliente; no tienen política diferente a la de los ‘socialistas’, y además podrían desatar una rebelión popular. El desenlace de la bancarrota de Cajasur, una entidad bancaria de Andalucía, gobernada por el clero, es en este punto muy interesante: los curas rechazaron una fusión con otra Caja (con inclinaciones ‘socialistas’) y prefirieron la bancarrota, sin importarle que con ello agudizaban, aun a pesar de su reducido tamaño (0.6% del sistema financiero), la crisis financiera en toda Europa. El clero, con este caso, calcula que la crisis política es inevitable, y que podría pelear por su ‘patrimonio’ (negativo) en otras condiciones. Su debilidad, sin embargo ha quedado de manifiesto en la incapacidad de defender su dominio, que ejerce desde ¡1680! – aun cuando contaba con el apoyo del directorio clerical del Banco de España.
“Concentración Nacional”
Es redundante añadir que el campo de maniobra de los actuales gobernantes se estrecharía hasta el límite si las huelgas generales que están previstas se cumplen en forma masiva y son el detonante de una ulterior irrupción de luchas por empresa ante la concreción de los despidos. El Estado español se enfrenta al desafío de tener que refrendar el mandato de sus gobernantes, porque los actuales no tienen autoridad política como consecuencia de su responsabilidad y del ocultamiento que hicieron durante un largo tiempo. Precisamente, fueron los ocultamientos los que voltearon al PP del gobierno, cuando una rebelión popular de un fin de semana dio cuenta de él por ocultar la responsabilidad por los atentados terroristas en la estación ferroviaria de Atocha. Una caída de Zapatero obligaría, por la Constitución, a convocar a elecciones anticipadas. Sin embargo, es improbable que esto ocurra en caliente, de modo que si la crisis financiera se agudiza, la salida sería un gobierno de “unidad nacional”, pero de carácter ‘técnico’, esto para preservar a los líderes de los partidos. El gobierno ‘técnico’ de “concentración nacional debería incluir a algunos partidos de las regiones autónomas, incluso ante la dificultad que presenta que la CiU de Cataluña y el Partido Nacionalista, en el país vasco, se encuentran en la oposición a gobiernos de coalición con mayoría socialista. La necesidad, como se sabe, tiene cara de hereje. Por caso, un gobierno de “concentración”, sin la participación de Zapatero, enfrenta otros obstáculos jurídicos adicionales. Pero no hay estado capitalista donde no se respete la “necesidad y urgencia”, que la Corte Suprema de Argentina acaba de avalar, como sustituto criollo del ‘estado de excepción’. El gobierno de ‘unión’ tendría un carácter provisional hasta que se juzgue prudente el llamado a nuevas elecciones.
La etiqueta de la ‘unidad nacional’ serviría para establecer un gobierno que funcionaría en base a decretos o que convierta a decreto al Congreso de Diputados en mera oficina de registro de las decisiones del ejecutivo. Esta modificación implicaría el principio del pasaje a un nuevo régimen político – la transición hacia gobiernos bonapartistas o de colaboración de clases. Si la situación se radicalizara como consecuencia de la intervención popular, el gobierno de ‘unidad nacional’ podría, sin embargo, cambiar de fisonomía y convertirse en un gobierno de contemporización con las masas para neutralizar la presión de éstas. En este caso habría un gobierno de ‘unidad nacional’ con los sindicatos, la izquierda y un sector de los partidos nacionalistas. Esto colocaría al PP firmemente en la oposición y se romperían los acuerdos con el PSOE, por ejemplo en el País Vasco. La salida de Zapatero implicaría encumbrar en el PSOE un nuevo liderazgo, que ya se viene perfilando desde hace un tiempo.
La clase obrera
Una derrota sin mayor resistencia de parte de la clase obrera y de los sindicatos, que en todo caso sería provisional, podría detener o retrasar la caída de Zapatero, pero solamente por un tiempo, esto porque la bancarrota capitalista en España no puede ser superada a corto o mediano plazo. En tal caso, y sólo en ese caso, sería el turno de la derecha. Las encuestas de opinión ya registran una caída vertiginosa del PSOE, pero no una mejora para el PP; crecen los catalanes de CiU, Izquierda Unida y otras formaciones nacionalistas.
La izquierda del estado español ya está lanzando, con convicciones diferentes, la reivindicación de una huelga general del conjunto de los sindicatos. En plazo no muy distante se pondrá al día la consigna de la huelga indefinida. A estos y otros planteos de lucha debemos agregar, en función estratégica, la independencia de los trabajadores de cualquier gobierno de colaboración de clases y la agitación por un gobierno de los trabajadores. Como se ve, no se trata de ponerle un rótulo a la bancarrota capitalista sino de desarrollar una orientación política que permita derrocar, a término, al capitalismo. No estamos haciendo, como pretenden los marxólogos renacidos, una reivindicación del llamado ‘factor subjetivo’ salido de la academia o construido en abstracto, sino sacando las conclusiones últimas de las consecuencias de la bancarrota capitalista sobre todas las clases sociales y todos los regímenes políticos; la crisis que ella genera en las ideas recibidas o heredadas de la clase obrera; para desarrollar con estas conclusiones una orientación revolucionaria adecuada a las circunstancias históricas concretas.
Del “corralito” griego al “corralito” europeo
Desde que fuera anunciado el paquete de rescate para Grecia, la situación financiera internacional no ha dejado de deteriorarse. Mientras los argentinos se paseaban, unos por el país, otros por la avenida Nueve de Julio, las Bolsas caían en picada y hasta la bancarrota de una minúscula Caja de Andalucía, manejada por el clero, desataba el pánico internacional, como una premonición del tipo que había dejado la cesación de pagos de un fondo paraestatal de Dubai, a fines de 2009.
Los temblores de esta semana no afectaron el pulso del comentarista financiero de Ámbito, que el miércoles pasado, aseguraba que todo no pasaba de “un desmayo” - una lipotimia menor. Mucho más perspicaces fueron los dueños del Cronista, que ese mismo día habían decidido reproducir un artículo del Financial Times que, a lo María Elena Walsh, caracterizaba que Grecia deberá, en poco tiempo, salir al rescate de Alemania.
En efecto, Alemania se encuentra en la incómoda posición del acreedor al que le deben un billón de dólares. Es que de la penumbra de las cuentas bancarias acaba de emerger que los principales bancos alemanes no han dado de baja a los créditos en cartera que revistan como incobrables o de cobro de dudoso, por una cifra que oscila entre los ochocientos mil millones de euros y un billón doscientos mil de la misma moneda. Esto significa que no han hecho las provisiones para cubrir está pérdida cuando el crédito llegue a su vencimiento. De esto se desprende que el capital que declaran no es tal. Enterado de la situación, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, T. Geithner, decidió reclamar un “stress test” de esos bancos a la Banca Central Europea, o sea, determinar sin los bancos europeos continúan siendo viables. Antes de esto, la Reserva Federal de Estados Unidos había abierto una cuenta a favor del Banco Central Europeo para satisfacer la enorme demanda de dólares que esta situación había provocado en Europa. La deuda europea, entre los doce billones de sus Estados, y los cincuenta billones de sus compañías, se encuentra repartida por todo el mundo, pero principalmente entre los bancos de Europa. La imprevisión por pérdidas de estos bancos ya ha creado un infarto en el sistema financiero internacional, pues los bancos norteamericanos están rehusando otorgar créditos de plazo instantáneo a sus contrapartes europeas, con lo que se reanuda la parálisis del sistema monetario que se manifestó en septiembre-octubre de 2008, cuando se produjo la ya famosa quiebra de la banca de inversión norteamericana Lehman Brothers. Aunque nunca hubo la menor duda al respecto, es claro que el paquete para salvar a Grecia tenía otro destinatario: el rescate del centro financiero de Francfort. El miércoles pasado se vino a saber que China tiene 700 mil millones de dólares invertidos en los bancos europeos y en la deuda pública de los países que se manejan con el euro. Los chinos ahora están con los pelos de punta porque la devaluación del euro es imparable. Los especuladores internacionales se están endeudando en euros, que devolverán a una cotización menor, para reinvertirlos en plazas más rentables o, como es el caso de Estados Unidos, que enfrentan un período de revalorización del dólar. Ante lo crítico de la situación, crece el número de observadores que opina que la señora Merkel se apresta a deshacer su coalición con la derecha liberal y probar segundas nupcias con la socialdemocracia – una nueva Grosse Koalition. Zapatero palpita con el corazón de sus mandantes. Es precisamente un gran banco español, del paño del oficialismo madrileño, nos referimos al BBVA, que acaba de anunciar que no puede refinanciar sus deudas en Estados Unidos, como consecuencia del infarto que la insolvencia alemana está provocando en los mercados monetarios (préstamos o canjes de monedas a cortísimo plazo).
En realidad, el paquete UE-FMI está bloqueando una salida a la crisis, como el default de Grecia, que permitiría desbloquear las arterias de los países endeudados. Aunque el paquete pague las deudas que vencen en Grecia, no puede financiar el déficit de pagos corriente de Grecia, ni los bancos están en condiciones de hacerlo. El stock de “revolving credits”, que se aplican al comercio exterior y renuevan de hecho, comienza a disminuir. España hizo la prueba de ello en la semana que ha transcurrido cuando debió pagar una sobretasa de interés considerable para refinanciar su deuda pública.
A pesar de todo esto, no solamente el cronista de Ámbito bate la tecla del “desmayo”, apelando al argumento de que la “recuperación” norteamericana. Dan la impresión de creer en los partes oficiales, porque el precio de las viviendas y el empleo, en Estados Unidos, sigue cayendo, incluso cuando en el caso de las viviendas hay un incentivo a la compra porque en diez días vencen los subsidios oficiales para ello. La devaluación del euro y la revalorización del dólar ante el conjunto de las monedas, perjudica al comercio exterior de Estados Unidos – una de las vías de una recuperación. Consciente de estos bloqueos la Reserva Federal ha vuelto a decir que no venderá los activos invendibles que ha comprado a los bancos, porque no tienen mercado y porque los bancos no sobrevivirían a una absorción de moneda y a un aumento de los intereses para refinanciar sus deudas. La devaluación del euro también ha desubicado a China, porque afectaría a sus exportaciones a Europa. Pero China, contra lo que dice todo el mundo necesita revaluar, para poder subir la tasa de interés interna y, por esta vía, frenar la especulación inmobiliaria y bursátil que la podría llevar a un colapso. Una reciente misión económica norteamericana ha advertido a China que no alcanza con revaluar su moneda para estabilizar su mercado financiero, sino que tiene que “abrirlo” a los bancos extranjeros. La próxima estación de la crisis será China.
Claro que, por nuestros pagos, todo es sonrisa; ¿o acaso no tenemos un gobierno capaz de ofrecer alternativas al resto del mundo? Sin embargo, uno de los países más afectados por la crisis europea es Brasil, cuya moneda se ha desvalorizado un 25% (desde su tope) al compás de la salida de capitales. De este modo, Argentina es afectada en sus dos mercados principales. Pero Argentina no puede devaluar, porque con una inflación anual del 30% corre el riesgo de desatar una hiperinflación. Los títulos del canje se cotizan a precio de “default”: por ejemplo el Boden 2012 paga 15% de interés, una tasa estratosférica para un título al que le quedan solo tres vencimientos.
Asistimos al fracaso de los rescates estatales y a la necesidad de rescatar al Estado. Esto no lo puede hacer, dada la envergadura de la crisis, ningún “ajuste”, por la simple razón de que ningún pueblo tiene los recursos líquidos para rescatar al capital o siquiera indemnizarlo. Un comentarista del Financial Times caracteriza lo que se está haciendo como “represión financiera”, de nuevo el “corralito”. No ha habido crisis capitalista que haya zafado de la bancarrota capitalista y de la destrucción de fuerzas productivas correspondientes.
Por eso ahora viene el capítulo de la crisis política en grande y de la lucha social a gran escala. Por la nacionalización sin compensación de la banca mundial y del capital financiero internacional.
viernes, 22 de enero de 2010
Los 'progres' lo hicieron: volvió el pinochetismo
21 de enero de 2010
Jorge Altamira (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)
Lo más importante del retorno electoral del pinochetismo a Chile ha sido el caradurismo político con que fue recibido por los ‘demócratas’ y ‘nacionales’ del continente. ‘Tudo bem’, coincidieron: Chile es una democracia, Piñera ganó limpio; dentro de cuatro años se vota de nuevo.
Los mismos ‘progres’ y ‘nacionales’ que hostigan, desde su monopolio de los medios, a la izquierda revolucionaria porque no sabría distinguir entre ‘restauración conservadora’ y ‘revolución nacional’, o entre ‘progres’ y derechistas; esta misma gente reacciona con espléndida indiferencia ante el retorno nada menos que del pinochetismo, luego de dos décadas de gobierno centro-izquierdista. Piñera no ganó por una complicidad de extremismos con la izquierda revolucionaria (que en Chile simplemente no existe), sino por el servicio que le han prestado estos mismos ‘progresistas’ con una gestión de gobierno reaccionaria. La indiferencia ‘nacional y popular’ ante la victoria pinochetista pone de manifiesto los vínculos de clase que existen entre ellos –no en vano dominan, en ambas partes, los banqueros, los explotadores, los especuladores, que se han servido tanto de las dictaduras militares como de las democracias. La Concertación gozó del apoyo inamovible de la burocracia sindical de la CUT, incluso cuando el régimen electoral chileno excluía al partido comunista del parlamento.
Entre los ‘progres’ y ‘nacionales’ aún está vigente la tesis de que Allende fue derrocado por una provocación de ‘la ultraizquierda’, pero hoy ya no tienen ese pretexto. Al igual que en el pasado, la reacción derechista triunfó por la incapacidad del ‘progresismo’ para movilizar a las masas y por sus propios lazos: en 1973 con el golpismo, ahora con la derecha. La caída de Allende no fue responsabilidad de ‘la ultraizquierda’, que no fue la que nombró al Pinocho como ministro de Defensa y comandante en jefe, sino por el desarme compulsivo, ejecutado por la Unidad Popular, de los trabajadores dispuestos a defender el gobierno que habían elegido. En lugar de mirar para otro lado, los bolivarianos y nac & pop de América del Sur deberían convocarse en una asamblea general de emergencia.
Los pinochos volvieron al gobierno porque nunca fueron desalojados de las estructuras sociales y políticas dejadas por la dictadura pinochetista. Esto en primer lugar, como se acostumbra a decir en Estados Unidos. Piñera empezó robando en los desfalcos de los ‘80, pero llegó a los mil y pico de millones de dólares de patrimonio y al control de empresas claves bajo la ‘democracia’. El pinochetismo, como en España el franquismo, dejó bien atada su continuidad con una Constitución que los concertadores no quisieron anular –porque prometieron ser los continuadores del régimen. En este marco se desarrolló el entrelazamiento social y económico entre ‘progres’ y pinochos: el asesor económico del ‘concertador’ disidente, Enriquez Ominani (que sacó el 20% de los votos en la primera vuelta), se pasó en el segundo tu! rno a Piñera, porque gran parte de los planteos económicos de uno y otro son similares. Ahora Piñera promete hacer ‘la gran Sarkozy’, o sea llevarse como ministros a figuras destacadas de la Concertación.
Como dijo Piñera, “la guerra fría quedó atrás” –las víctimas del pinochetismo fueron sus ‘daños colaterales’. La Concertación, ciertamente, entrará en una licuadora, pero el mismo Partido Socialista ingresará ahora en un período de crisis, como le ocurría en los viejos buenos tiempos. En Chile no se desarrolló una oposición política de contenido revolucionario; aún domina la tesis de apoyar el mal menor, que plantea el partido comunista y su coalición Podemos. Para las elecciones recientes negoció, con la Concertación, el desistimiento de algunos candidatos del PS para poder introducir parlamentarios propios.
No conocemos todavía la discriminación social y política de la votación, pero es seguro que el margen de votos que dio la victoria a Piñera salió del electorado democristiano. La DC se encuentra en un proceso de disgregación que es anterior a la derrota de su candidata ante Bachelet en las internas de la Concertación hace cuatro años. Un ala importante de la Democracia Cristiana propugnaba la alianza con el sector menos recalcitrante del pinochetismo –como se le atribuye a Piñera, quizá porque apoya el matrimonio gay (como Macri). Esta tendencia disolvente se profundizó a pesar de que, en esta ocasión, la Concertación sí llevaba a un candidato de su partido, Frei –un compromiso que no conformó a nadie. En resumen, la Concertación prefirió consumirse en su propia descomposición, incluso si esto aumentaba la! s chances de la derecha; esto vale en especial para el PS. Después de todo, los Piñera son un mal menor para ellos.
Una noticia muy difundida, el éxito económico de Chile y su capacidad para enfrentar la crisis mundial, oscurece la interpretación del resultado electoral. La cosa cambia cuando se ponen los datos al derecho: Chile fue el país más golpeado por la crisis, después de México, con una caída del 5% del PBI y una tasa de desocupación y subocupación del 15 al 20%. La derrota del gobierno es una expresión de esta realidad económica.
‘Empresario exitoso’, Piñera viene con un paquete de privatizaciones ‘grosso’; en primer lugar, de la estatal Codelco. El argumento es terminar con la corrupción; la realidad es que el desarrollo impresionante de los monopolios mineros, debido a la demanda de China, ha dejado a Codelco en inferioridad de condiciones para renovarse. La minera estatal brasileña Vale do Rio Doce ya ingresó en las mieles privatizadoras. La exigencia de China de que se bajen los precios de los minerales mete presión. Junto a la privatización de Codelco, Piñera promete aumentar las regalías que se cobran a los privados: un palazo de cal y una cucharita de arena.
La privatización de Codelco deberá superar la resistencia de las fuerzas armadas, que tienen una caja legal en la empresa y, por sobre todo, de los obreros mineros.
Bien entendida, la victoria de los pinochetistas no es el retorno del pinochetismo. La diferencia es de régimen político. La misma crisis mundial que los puso arriba, en poco tiempo los empujará abajo. Pero esto no exime de responsabilidad a los ‘progres’ y sus corifeos. El apoyo al mal menor conduce siempre, en última instancia, a la victoria del mal mayor. Es necesario construir una oposición socialista y revolucionaria sistemática.
jueves, 29 de octubre de 2009
La metástasis de la crisis capitalista mundial

29 de octubre de 2009
Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)
La prensa financiera viene anunciando desde hace un tiempo “el fin de la crisis”. Las cifras que se anunciarán esta semana sobre el Producto Bruto de Estados Unidos deberán reconfortarla: un aumento de más del 3% en el trimestre de junio a septiembre. Mayor algarabía deberá producirle la noticia de que el alza viene acompañada de una disminución de los inventarios.
Este dato, que en principio es un síntoma de desconfianza en la sustentabilidad de la reactivación, significa que no fue necesario un aumento de la demanda de stocks. Sea como fuere, una golondrina no hace verano: una salida de la crisis requiere más de un trimestre de recuperación y un retorno a los niveles de actividad anteriores de la crisis. Para eso hay por delante un camino largo y por sobre todo incierto.
Todos los analistas coinciden en que el incremento de los últimos tres meses no es el resultado de un incremento de la demanda de consumo ni de inversión (“La medición núcleo –el gasto en bienes de capital no aplicados a la defensa ni a aviones– declinó entre julio y agosto, y está un 20% abajo respecto al año pasado” (FT, 25/10). La ‘recuperación’ es el producto del aumento enorme de los gastos del Estado y de las exenciones impositivas otorgadas al consumo por un período limitado, o de las facilidades concedidas, igualmente circunscriptas en el tiempo, para refinanciar deudas hipotecarias. Cuando hace dos meses venció la facilidad para canjear autos usados por nuevos, las ventas de la industria automotriz cayeron en picada.
Lo mismo podría volver a ocurrir. La dependencia de los gastos del Estado le ha hecho decir a un analista que se trata de una recuperación “con muletas”. Entre ellas, la más destacada es la tasa de interés: es de cero cuando se trata de adelantos a los bancos por parte de la Reserva Federal y del 2% en los préstamos a corto plazo. Para hablar de una salida efectiva de la recesión será necesario que la producción aumente en un mercado monetario y crediticio normalizado. Los gastos y subsidios del Estado han llevado el déficit fiscal norteamericano a cerca de dos billones de dólares y la deuda pública a catorce billones (equivalente al ciento por ciento del PBI). Por su lado, el balance de la Reserva Federal (emisión monetaria) subió de 0,3 billones a 2,1 billones desde el inicio de la bancarrota.
Un ciclo económico es un movimiento general que no se limita a los indicadores de la producción. Dos elementos fundamentales, el crédito y el empleo, continúan en amplia tendencia recesiva. A pesar de que la mayoría de los Estados ha incrementado sus balances monetarios, el crédito cae en todos ellos. Una analista norteamericana ha calculado esa caída en dos billones de dólares para Estados Unidos, en tanto que esa caída fue, en Gran Bretaña, muy superior aún en términos relativos... Gran Bretaña, precisamente, se apartó de la ‘recuperación’ que abarca a varios países, con una nueva caída del PBI; también en agosto se produjo una recaída en el volumen del comercio internacional. La mayor parte de la emisión monetaria está guardada en los bancos o ha sido desviada hacia la Bolsa, sea porque los bancos no quieren prestar o porque la industria no desea endeudarse. Como las reservas de los bancos son remuneradas por la Reserva Federal, la emisión les ofrece un beneficio directo y a la banca central una pérdida. En lugar de ‘recuperación’, algunos analistas se refieren, con mayor propiedad, a una “contención” del derrumbe. Después de todo, el otro dato fundamental, el empleo, sigue cayendo, mientras los desalojos de viviendas aumentan y la crisis hipotecaria se ha extendido a la propiedad comercial. En definitiva, la crisis capitalista se encuentra en pleno desarrollo. La recuperación de beneficios que ha anunciado un conjunto de corporaciones obedece fundamentalmente a una reducción de costos, especialmente laborales, de ningún modo a un incremento de ventas e ingresos. Esto significa también que se está produciendo una concentración de la producción. Aunque tanto el aumento de la tasa de ganancia como la concentración son premisas para una recuperación económica, por sí solas afectan todavía más negativamente al consumo y a la inversión.
Ninguna crisis capitalista puede desenvolverse en línea recta, pues es antes que nada un fenómeno regido por todas las contradicciones propias de la acumulación capitalista. Por eso, los datos del último trimestre no pueden ser considerados siquiera como un piso. De otro lado, la crisis presente se caracteriza, por sobre todo, por una bancarrota financiera generalizada. Pues bien, los balances de los bancos siguen sin sanearse y, por sobre todo, el derrumbe en el valor de sus activos (inversiones financieras y préstamos) no ha sido realizado en el mercado; las pérdidas que se han reconocido se limitan a un asiento contable. Por eso se sigue hablando de un sistema financiero ‘zombie’ –que sigue en pie pero no funciona. Los activos desvalorizados siguen contabilizados a los precios de adquisición original, no a los del mercado. Sin embargo, los bancos siguen pagando dividendos con la plata que recogen del Estado.
Los planes para que el Estado comprara los llamados ‘activos tóxicos’ y les fijara un precio de mercado han fracasado sin atenuantes; los banqueros no han querido rematar sus tenencias.
Para remediar a esta situación, los Estados les han provisto fondos para aumentar sus capitales o garantías para que emitan nuevas acciones y deudas. Esta política supone que una ‘recuperación’ podría revalorizar las tenencias de los bancos y reanudar, en forma indolora, sin la quiebra de bancos grandes, el proceso financiero que condujo a la bancarrota (aunque ya han quebrado más cien bancos en Estados Unidos, además de Bear and Sterns y Lehman Brothers, más otro numeroso grupo de bancos europeos y en el sudeste de Asia). Pero esto ha producido un nuevo ciclo especulativo en medio de la bancarrota (por ejemplo en las Bolsas), con el Estado bancando la especulación con emisiones de dinero y endeudamiento público. Para morigerar este proceso inevitable se habla de introducir nuevas regulaciones, pero ha sido la industria la que más se ha opuesto a ellas. Una parte no menor, como Boeing o Caterpillar, ha advertido que mayores regulaciones a las operaciones financieras perjudicarían sus negocios, que necesitan protegerse de los vaivenes de largo plazo. Es que, en definitiva, la desregulación financiera no es, en sí misma, una causal de la crisis, sino un derivado de la quiebra de los patrones monetarios internacionales, con su secuela de devaluaciones de las monedas y volatilidad de las tasas de interés y de los precios. Si los Estados y sus bancos centrales le sacaran a los bancos la alfombra de sus pies, se desplomarían como el Perito Moreno en verano o como las torres gemelas. Pero, precisamente, la crisis fiscal y su impacto sobre las divisas de los países más importantes deberán llevar a un desfallecimiento en la capacidad de salvataje del Estado y a la creación de una nueva crisis financiera en el marco de la bancarrota actual.
Como se puede apreciar, el desarrollo de la crisis y la intervención rescatista del Estado no es más que una metástasis progresiva que se desplaza por todo el cuerpo de la sociedad capitalista en la forma de una espiral, o sea desarrollando todas las contradicciones potenciales de la crisis.
China
Ya desde antes de la crisis asiática de 1997/98, China ha jugado un rol fundamental en la crisis capitalista. En realidad, históricamente hablando, la presente crisis está relacionada con el período abierto con la restauración capitalista en Rusia y en China. Las tendencias propias del capital financiero no se hubieran desarrollado como lo hicieron sin el reaseguro político de la ‘derrota del comunismo’ y sin la perspectiva económica de esos mercados gigantescos. Los que gastan sus pestañas escudriñando la evolución de la tasa de beneficio en Estados Unidos para descifrar la clave de esta crisis, debieran partir del mercado mundial y de las alteraciones históricas que ha sufrido. La restauración capitalista ha abierto perspectivas de explotación y ganancias en gran escala, mediante el remate generalizado de la propiedad estatal y la confiscación del patrimonio colectivo de obreros y campesinos. El propio Alan Greenspan explicó el boom de las Bolsas en la década 1987-97 por la disolución de la URSS (ver biografía de Bob Woodward). Pero por la misma razón ha acentuado la lucha capitalista por la supremacía económica entre los monopolios capitalistas.
China ha enfrentado la crisis con un ‘plan estímulo’ gigantesco: 600 mil millones de dólares, una suma similar a la de Estados Unidos, pero que equivale a casi el 20% del PBI chino (un 4.5% del PBI norteamericano). Además ha abierto la canilla de la emisión y del crédito, que ha crecido un 30% anual. Como ocurre en Estados Unidos, la mayor parte del subsidio financiero ha ido a la especulación inmobiliaria y bursátil, y la destinada a la industria o a la infraestructura ha aumentado la sobrecapacidad de producción prevaleciente. China también enfrenta las peripecias de un estallido financiero, solamente atenuado por su peso relativo menor en la economía.
La cuestión central, sin embargo, es que esta política acentúa el desequilibrio que ha llevado a la presente crisis, pues pretende mantener la maquinaria exportadora a todo precio, con la contrapartida de una acumulación impresionante de reservas monetarias. Pero ahora Estados Unidos no puede absorber la exportación china ni garantizar la intangibilidad de las reservas. Por eso existe una presión mundial para que China reequilibre el negocio mediante la revalorización de su moneda y el aumento de las importaciones. China, en cambio, ha pegado su divisa al dólar. Pero tampoco tiene alternativa, porque una revalorización llevaría a la quiebra a los exportadores, que en su mayoría ensamblan material importado, y haría crecer la deuda interna medida en dólares, con la consiguiente posibilidad de una cadena de incumplimientos. A pesar de que Japón y China han firmado acuerdos de apoyo recíproco frente a la crisis, el comercio ha sido duramente golpeado como consecuencia de la devaluación de China y de la revalorización de la moneda japonesa. En una palabra, para reequilibrar a la economía mundial y ofrecer una salida a la crisis norteamericana, China debería abrir su mercado interno a la producción extranjera, y en primer lugar su sistema financiero. China intenta avanzar por este camino, en especial mediante la aceleración de los procedimientos capitalistas en el campo, donde se está creando un mercado de tierras. Pero por esta misma razón, China necesita contar con un activo desarrollo industrial que capture la fuerza de trabajo que libera el campo. En definitiva, la bancarrota mundial confronta a China con todas las contradicciones desatadas por la restauración capitalista. La metástasis de la crisis amenaza con llevar a la restauración china a una crisis revolucionaria (o contrarrevolucionaria).
Europa
La devaluación conjunta de Estados Unidos y de China deja como el pato de la boda a Europa y a Japón, cuyas maquinarias exportadoras empiezan a crujir como consecuencia de la revalorización del euro y del yen. Japón ya ha tenido su crisis política con el hundimiento del partido democrático liberal y un giro de orientación. En Europa, la cosa es más grave debido al desarrollo desigual de sus integrantes. Es así que el impacto de la crisis en España e Italia es enorme; la famosa solidez de los bancos españoles ha demostrado ser un mito fabricado por una campaña de información mentirosa. Su sistema bancario se encuentra descapitalizado y con un elevado padrón de incobrables. La situación en Europa oriental y el Báltico es mucho peor: Letonia, Rumania y Ucrania se encuentran al borde del abismo; los analistas más reputados insisten en que los planes del FMI en la región no resisten la crisis política y la desesperación popular que han creado, y que sería inminente la devaluación de diferentes monedas, con un fuerte impacto sobre el euro.
El país que se encuentra relativamente peor es, sin embargo, Gran Bretaña, y esto por una razón muy simple: su principal industria es la ‘industria’ financiera. Su economía se ha contraído por un sexto trimestre consecutivo. “No se puede subestimar la gravedad de la crisis en Gran Bretaña –escribe el principal analista del Daily Telegraph. Estamos peor que en 1992 ó 1931”, con referencia a la fecha en que la economía británica tocó fondo en la Gran Depresión. “La caída de la libra puede desbocarse tan mal esta vez que acabe gatillando una corrida contra los títulos públicos. Pero hay riesgos hagamos lo que hagamos. Mi impresión –prosigue el columnista– es que el Banco de Inglaterra salvó al país de la depresión imprimiendo moneda sin medida e invitando a los mercados a vender la libra”. Aconseja, dado el nivel alcanzado por el deterioro monetario, dejar caer la libra todo lo que sea necesario, porque una contención de la caída llevaría a una enorme depresión. Para un ex director de la supervisión financiera inglesa, “los próximos seis meses van a ser muy delicados para el Reino Unido. Es claro que algo dramático tiene que ocurrir para controlar el gasto: ¿pero es la economía lo suficientemente robusta para sobrevivir a un apriete fiscal?”
En el contexto de la economía mundial, la descalificación de la libra pone en apuros al dólar, de un lado, y al euro, del otro. Gran Bretaña deberá decidir si se acopla a uno u otro, lo que pone fin a su soberanía monetaria, artificialmente mantenida por la especulación financiera internacional. Cualquiera sea el rumbo que adopte, llevará a la crisis mundial a una nueva etapa, sea dislocando a la Unión Europea, sea ayudando al hundimiento del dólar. La situación de Gran Bretaña es una descripción perfecta de la metástasis de la bancarrota capitalista.
“Quién ha visto un dólar”
En esta dialéctica de la crisis mundial, una recuperación norteamericana deberá operar como un factor de presión sobre Europa, Japón y, en especial, China. La devaluación del dólar es un arma del capital norteamericano para reafirmar su supremacía mundial haciendo uso de la crisis. Todas las maniobras o propuestas para desplazar la supremacía monetaria del dólar son funcionales a la política devaluatoria de Estados Unidos. Mediante la devaluación, Estados Unidos licua su deuda con el exterior. Al mismo tiempo, cuando sus acreedores insinúan un cambio en sus tenencias de reservas, le basta impulsar una suba de la tasa de interés para provocar un reflujo de capitales a su territorio y poner en jaque a las monedas rivales. La crisis mundial ha fortalecido la capacidad del capital norteamericano frente a sus rivales, aún más afectados por esta crisis y con menores recursos para hacerle frente.
En las últimas semanas, la reducida tasa de interés en Estados Unidos ha impulsado un repetido casino internacional, que consiste en sacar prestado en dólares para especular en países con rendimientos superiores. Es así que se ha producido una ola de revalorizaciones de las monedas de los países emergentes. Brasil, por ejemplo, ha recibido cinco veces más dinero en la Bolsa que en inversiones directas; en Argentina, la suba de la deuda pública ha sido escandalosa. Esto significa que estos países han quedado sometidos a los vaivenes del dólar, pues una revalorización de éste provocaría un retorno de capitales a Estados Unidos. La crisis mundial no ha atenuado las tendencias especulativas, como aseguran los partidarios de la intervención del Estado en los rescates, sino que la ha acentuado.
La cuestión fundamental de la crisis es, sin embargo, el destino de la restauración capitalista en China y Rusia (General Motors ya produce más autos en China que en Estados Unidos). La crisis presiona por el desmantelamiento de las estructuras estatales en estos países, para convertir a la restauración en curso en una colonización capitalista de escala superior. Japón y Europa van a recibir todos los golpes derivados de esta confrontación. El equilibrio interno de Estados Unidos solamente puede ser restablecido a costa de sus rivales y, en especial, de los nuevos mercados, gigantescos, abiertos por la restauración. En cualquier caso, Estados Unidos se convertirá con el tiempo en un centro de tormentas políticas: porque una cruzada de colonización de aquellos territorios irá acompañada por un reforzamiento del régimen de excepción y totalitarismo en Estado Unidos; y una crisis de esa cruzada deberá provocar la aparición de situaciones revolucionarias.
La comprensión de las leyes que sigue la bancarrota capitalista será una gran ayuda para la clase obrera, que ya se encuentra en lucha en diferentes países.
domingo, 10 de mayo de 2009
Argentina: Políticos al borde de un ataque de nervios

Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)
La advertencia de Kirchner de que un triunfo de los opositores entrañaría una "vuelta al 2001" y "al caos", más que un pronóstico es la confesión de un fracaso. Después de casi una década de tentativas de "reconstruir el Estado y la política", la bancarrota capitalista ha echado el intento por la borda.
Es claro que Kirchner utiliza un lenguaje de polarización política, pero hay más que eso en el desplante. Porque éste es también el lenguaje que utiliza toda la burguesía mundial para justificar los rescates de capitalistas y las suspensiones y despidos de trabajadores -hacer lo contrario, respetar los derechos de los trabajadores y defenderlos, sería ‘el caos'. Como consecuencia de la crisis de su sistema de dominación, los banqueros y sus políticos recurren al lenguaje de la histeria. Sin embargo, en oposición al ‘pánico' que difunden los explotadores, los trabajadores debemos defender nuestros derechos, apoyar las luchas que libran sectores crecientes de compañeros y reclamar que los sindicatos, la CGT y la CTA, en lugar de colaborar con los patrones y con el gobierno, llamen a una huelga general. El objetivo es parar las suspensiones y despidos, repartir las horas de trabajo disponibles sin tocar el salario, obtener un seguro al desocupado igual al 80 por ciento del salario de bolsillo y un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, y establecer la nacionalización sin pago de toda fábrica que cierre. El progresivo avance de esta lucha nos dará los medios materiales y políticos para que podamos, oportunamente, encarar una reorganización del país sobre otras bases sociales y la conquista del poder político para los trabajadores.
Es claro, por otra parte, que ‘el caos' reina en las filas patronales. ¿Qué otra cosa significa la instalación de candidatos truchos en las listas K de la provincia de Buenos Aires? ¿O que después de junio gobierne un parlamento por el resto del año, que no representará la votación del electorado? ¿O que el principal candidato de la oposición bonaerense se encuentre vinculado con el contrabando de efedrina? ¿O que la oposición patronal vaya dividida, a lo largo del país, en innumerables fracciones? ¿O que el propio oficialismo apenas pueda registrar como propias las candidaturas de seis provincias sobre 24?
Sin embargo, cuando Kirchner reclama para "la Presidenta una mayoría legislativa", para evitar lo que llama "el caos", está planteando todo lo contrario de lo que el común de los mortales entiende. Está anticipando que negociará con los ‘opositores' la formación de una mayoría pactada o, en último caso, un acuerdo para pasar el Bicentenario. Estamos asistiendo a una interna del peronismo, que se parece como dos gotas de agua a las reuniones de la mafia cuando debe decidir los nuevos repartos de territorio. Después de junio, ‘Skanska' y los ‘fondos de Santa Cruz', por un lado, se van a juntar con la ‘efedrina', por el otro, por lo menos en un pacto de emergencia, con toda probabilidad bajo el paraguas del FMI.
Kirchner pronostica tempestades y ciclones si no se vota a sus candidatos truchos, pero mientras ‘polariza' por este lado, se ha tomado el cuidado también de dispersar sus fichas y apuestas dentro de los límites del juego. Es así que el siempre kirchnerista Alberto Fernández aparece promoviendo al ‘vecino más saludado', Aníbal Ibarra, quien también gozará del apoyo de Miguel ‘glaciares' Bonasso, mientras el hombre que se convirtió en banquero gracias a Martínez de Hoz, Carlos Heller (ver periódico Hoy, del PCR), recibe el apoyo de los movimientos transversales K, sin que nada de esto impida la presentación de una lista ‘de la victoria' promovida por la dinastía ‘inmobiliaria' de los Santa María. En la provincia de Buenos Aires, el kirchnerista ‘crítico' Sabatella logró reunir bajo su alero a los ‘principistas' del SI y al sector sojero de la CTA - Víctor De Gennaro. Como se ve, entre bueyes no hay cornadas. Todos quieren morder un poquito en el próximo pacto del Bicentenario que el operador de los operadores está armando mientras grita que se ‘viene el león'.
En Entre Ríos, el kirchnerista Uribarri irá en una lista común con el duhaldista Busti. En Santa Fe, el kirchnerismo sigue empeñado en acordar una lista con Reutemann. En la elección del 28, kirchneristas y "pejotistas" se disputarán una base social común: la de la patria sojera, contratista e industrial del "modelo productivo".
El programa de "los siete"
Las patronales ya se están preparando para este nuevo escenario. Después de algunos años, se volvió a reunir el "grupo de los siete", el cual convoca a la gran patronal industrial, agraria, del comercio y la banca. Trataron de ponerse de acuerdo en un programa para la "futura gobernabilidad". Precisamente por esto enseguida saltaron las diferencias. Por un lado, Ratazzi (Fiat), que pretende la libre importación de partes para armar vehículos para exportar y que disfruta por el derrumbe de los precios de un insumo tan importante como el acero. Por otro lado, Techint, que responsabiliza a la sobreproducción de China por la caída del 60 por ciento del precio del acero, y que por eso defiende el ‘modelo productivo' de la ‘sustitución de importaciones' (chinas). Es por esto que la UIA criticó la operación de canje de pesos por yuanes. El representante de los banqueros en la reunión de "los siete" fue Jorge Brito, uno de los soldados de la "burguesía kirchnerista". En los mismos días, otros patrones "K", como Esquenazi y hasta Lázaro Báez, se ocuparon de "coquetear con la oposición encabezada por Macri, Solá y de Narváez (Crítica, 19/4). De repente, la camarilla que gobierna Santa Cruz le abrió espacio en los negocios de la provincia al empresario Costa, el candidato de la UCR. Kirchner aprendió de Lula: "é dando que se recibe" - según reza el aforismo más popular de Brasil. Los cambios que reclama la burguesía para acceder los préstamos del BID y del Banco Mundial, o del FMI, son los que están poniendo en marcha los K, que vienen ‘peleando' duro para que el BID les afloje enseguida 1.800 millones de dólares.
¿Acaso los patrones se pueden quejar de cómo los K vienen muñequeando frente a las luchas obreras -esto con el invalorable aporte de los Moyano y de los Yasky? Una de las centrales patronales acaba de saludar "la actitud de Cristina frente a los reclamos de la CGT" (Clarín, 24/4) de negarse a aumentar y extender el subsidio de desempleo o a reabrir las paritarias. No es el único punto donde el gobierno se aproxima al programa de los "siete". En materia impositiva, los Kirchner acaban de disponer aumentos de hasta el 90 por ciento en el monotributo, que afecta a miles de cuentapropistas o trabajadores precarizados, mientras avanza el tarifazo en el gas. Todos estos aumentos sirven para financiar los gastos de rescate o subsidios a los pulpos capitalistas. Los Kirchner han consensuado todas las designaciones de directores del Estado en las empresas privadas, mucho menos de lo que va a hacer Obama en GM o en el Citibank cuando complete la compra de la mayoría de sus acciones. En el caso más conflictivo, el pulpo
Techint, la "injerencia estatal" compromete al gobierno a sacarle a Chávez la indemnización de 1.800 millones de dólares pactada por Sidor (Clarín, 17/4). Kirchner dice que los directores estatales están para "cuidar" que ‘los privados' utilicen bien "la platita de los argentinos". Seguramente. El Estado capitalista tiene la obligación de que las empresas capitalistas utilicen de la mejor forma capitalista la plata que el Estado les saca a los trabajadores en beneficio de los capitalistas.
Kirchner se extorsiona a sí mismo
El slogan de Kirchner -"si pierdo explota todo"- apunta a preservarlo de una derrota inevitable; después del 28 dirá: "Si no negocio explota todo". Cree que podrá tener la suerte de Lula, que nunca tuvo mayoría propia en el Congreso y cuyos partidarios acumularon más denuncias de corrupción que los K y, sin embargo, logró que Obama lo proclame ‘o presidente mais popular do mundo'. Claro que en el medio, el capitalismo hizo su declaración de bancarrota.
Pero a diferencia de Lula en 2006, los Kirchner no contarán con el crédito internacional para financiar ese viraje. La bancarrota capitalista está succionando los recursos de las naciones atrasadas. En Brasil y Argentina imperan la fuga de capitales y la crisis industrial.
En definitiva, el adelanto electoral de junio es un episodio menor de una crisis política que supera la capacidad de manejo de los que la protagonizan, porque su telón de fondo es la bancarrota capitalista.
Autor foto: Presidencia de la Nación
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