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jueves, 17 de junio de 2010

La psicosis sionista


(Arabes a las cámaras de gas)

La utilización de las víctimas fue y es un planteamiento estratégico del sionismo para la creación del Estado de Israel

Carlos Villuendas
Casajuntoalrío
16-06-2010

Podría decirse que los israelíes no han aprendido nada. Que lejos de asumir el exterminio de europeos por los nazis como una experiencia universal de la que extrapolar una actitud contra todo tipo de totalitarismo, segregación, racismo y violencia han convertido ese exterminio en una psicosis persecutoria en la que por sistema todos somos antijudíos, antisemitas, etc.
(Goebbels , su maestro en la mentira y la propaganda ha sido ampliamente superado por el sionismo). En esa línea, cualquiera que critique al Estado sionista es acusado de antijudío y nazi en una perversa y psicótica maniobra para descalificar a sus oponentes.

Con toda seguridad el papel que da al exterminio de judíos el sionismo mesiánico que controla Israel y cuyas principales víctimas, después de los palestinos, son los propios israelíes, es decisivo. La historia de Israel es la historia de la explotación y de la utilización sesgada de las victimas de la II Guerra Mundial. No hay que olvidar que junto a europeos (eran europeos, como muy bien dice Helen Thomas, decana de los periodistas en la Casa Blanca) de religión judía murieron en esos campos todos los contrarios a Hitler. No todos fueron judíos. La guerra se saldó con cerca de 80 millones de muertos y, sin duda, si hubiera que enaltecer a alguien sobre los demás serían los 16 millones de rusos que murieron para salvar a Europa (no fueron los EEUU, ni el desembarco de Normandía los decisivos).

Pero ni la utilización grosera de sus propias víctimas que debería avergonzarles ni el empleo de todo su poder político, económico y militar para desviar la atención pueden ya convencer a nadie. El mostrar a sus comandos de élite armados hasta los dientes en el ataque a la flotilla de la libertad como victimas de un grupo de pacifistas desarmados es rizar el rizo esquizoide, hipócrita e interesado del sionismo que vende que sólo con su supremacia militar nunca será atacado por un mundo que siente contra él.

De ahí que Israel sea un polvorín nuclear. De ahí que cuando Irán dice que enviará dos buques con ayuda humanitaria el sionismo (y prefiero llamarlo así porque, insisto, son sus dirigentes los responsables de los asesinatos y no la población de Israel que también es víctima) envía tres submarinos nucleares a sus costas.

Todo el mundo debería saber a estas alturas que el sionismo pagó a Hitler. Que la banca sionista (Rotschild´s, Rockefeller, Warburg, Kun-Loëb, Bush etc etc) y sus conglomerados militares e industriales auspiciaron y financiaron el nazismo y que es más que probable que el propio sionismo mesiánico propiciara el exterminio de los judíos pobres o de los que no querían emigrar a Palestina para hacer valer el papel de víctima y dar el aldabonazo definitivo para la creación del Estado-error que es Israel. La guerra fue financiada en sus dos bandos por la banca de Wall-Street y consolidó el complejo industrial, militar y químico ligado al sionismo y que domina la política estadounidense y de la UE. Durante la guerra y en los años inmediatamente posteriores se ocultó, pero hoy día existen pruebas concluyentes de que nazis y sionistas colaboraron estrechamente hasta casi el final de la guerra. Himmler, por ejemplo, estuvo en nómina de la Standar Oil hasta casi el final del régimen nazi.

La masacre de Gaza y los asesinatos en los barcos de la Flotilla de la libertad han abierto los ojos a muchos que aún permanecían expectantes y probablemente nada sea igual para Israel a partir de ahora.

Por suerte hay hombres de religión judía contrarios al sionismo, como los de la Liga judía antisionista. Hay disidentes conscientes como el físico nuclear Modechai Vanunu que denunció el arsenal nuclear israelí (ha sufrido cárcel y sigue sufriendo persecución). Hay incluso soldados, que pese al barrido y a la alienación mental a la que son sometidos, mantienen la dignidad y denuncian el abuso. De esos soldados arrepentidos es la foto que acompaña la entrada.

Fuente: http://casajuntoalrio.wordpres.com/

rCR

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martes, 15 de junio de 2010

Los nazis de ahora



15-06-2010
Xosé Manuel Beiras
Galicia Hoxe

Sí, sin ninguna duda. El martes pasado, Miguel Anxo Fernán Vello rotulaba con la interrogación “Israel, ¿Estado asesino? Un valiente artículo de urgencia en Galicia Hoxe referido al ataque asesino del ejército israelí con la pacifista ‘Flotilla de la libertad’ que trataba de llevar ayuda humanitaria a la población palestina sometida al bloqueo de Gaza por el Estado sionista. Ese texto, calificaba de ‘judeo-nazi’ al actual ministro de Asuntos exteriores israelí. No era un insulto, sino una definición –como diría Valle Inclán.

Una definición acuñada precisamente, hace ya decenios, por un egregio israelí, Yeshayahu Leibowitz, a quien citaba Miguel Anxo.
Pero parece que hubo un lector que se indignó; obviamente, ni había leído a Valle, ni tenía luces para discernir su bien didáctica distinción.
Cortésmente, al día siguiente, Fernán Vello, como réplica dio una bien documentada y contundente lección sobre el término ‘judeo-nazi’, del destacable filósofo y científico judío que la había acuñado, del aterrador retrato de tal ministro hecho por otro profesor también judío especialista en totalitarismo, e incluso nos recordó que, hace ya más de seis decenios, un conjunto de intelectuales judíos de bien, encabezados por Einstein y Hannah Arendt, definieron al partido sionista de Menahem Beguin como “estrictamente emparentado con los partidos nazifascistas”.
Así que la cosa viene de lejos. Que fueron los propios judíos demócratas quienes desde hace tiempo dieron la voz de alarma. Y que, sí, sin ninguna duda, los gobernantes del Estado sionista de Israel son los nazis actuales.

No sólo ellos, claro está. También si cabe los Bush de Falcon Crest, señor y junior. Me refiero, por supuesto, a la saga de la ‘familia’ de la que forman parte, fundada por la pareja Reagan-Thatcher e integrada por su progenie, por su ‘prole’ inversa a la del proletariado, la de los ‘monsters’ que desde entonces rigen los destinos de todo el planeta. Yo me atreví a definirlos así hace ya casi veinte años.

Así quiere decir, como ‘nazis’, lo de ‘monsters’ va tácitamente implícito en la definición. Fue la misma noche que en que estalló la primera guerra ‘del golfo’ en la madrugada del 25 de enero de 1991. La “guerra de los nuevos nazis actuales” la denominé en el artículo que escribí, insomne de indignación, también en aquella misma madrugada, con el título de un aria de Mozart ‘Mia speranza adorata’.

Acababan de empezar las celebraciones del doscientos aniversario de su muerte y, súbitamente, aquella noche, la imagen de Mitterrand, entonces presidente de Francia, apareció en la pantalla de los televisores con solemne expresión cadavérica, y lacónicamente lanzó la famosa sentencia: ´maintenant, les armes vont parler’, “convirtiendo el prometido y anunciado año Mozart en el año de la guerra de los nuevos nazis actuales, de la guerra del desvarío contra la razón, del absurdo contra la belleza, de la soberbia contra la dignidad humana”.

Llevamos ya todo un tercio de siglo padeciendo la emergencia de mutaciones morfológicas del fascismo, metástasis de los nazifascismos brotados en otros tiempos como fleurs du mal anti-poéticas, en la fase de’ caos sistémico’ del llamado período de entreguerras, desde la primera mundial del 14-18, hasta el Apocalipsis del 39-45. El proceso actual coincide, esta vez, con la entronización del reaccionario neo-liberalismo globalizador como “deus-ex-machina” de la crisis sistémica desencadenada a comienzos de los años setenta y que aún dura.

En aquel momento, en el primer tercio del XX, los nazifascismos, tanto como fenómeno socio-ideológico, cuanto como regímenes políticos, fueron la fórmula arbitrada por el gran capital –simbiosis del industrial y el bancario- para hacer frente al ascenso del poder del proletariado en el centro y también en la periferia del sistema, y también para dotarse las potencias emergentes derrotadas en el 18, del instrumental político eficaz en la disputa por la hegemonía en el sistema-mundo frente a la potencia en declive, la Gran Bretaña.

El nexo medular entre fascismo y gran capital fue en su momento lúcidamente revelado por Daniel Guérin: “Entre fascismo y gran capital el vínculo es tan íntimo que el día en que el gran capital le retira su apoyo, eso viene a ser, para el fascismo, el principio del fín”. Y así fue, desde que, además de la férrea resistencia de la URSS, decidió tomar partido la nueva potencia hegemónica EE.UU.

Pero, ahora la estructura del sistema en crisis es muy distinta de la de los años treinta: está globalizada y hegemonizada por un capital financiero transnacionalizado, pero eso sí, con el corazón siempre en la metrópoli yanqui. Y correlativamente cambió la morfología del nazifascismo instrumentalmente útil en esta nueva etapa.

Hace aún pocos días, el ‘Altermundo’ que dirige Manoel Santos, y que se imprime mensualmente como suplemento de Galicia Hoxe, publicaba un artículo del gran sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, una de las cabezas pensantes con mayor incidencia y prestigio en el universo antisistémicos de los FSM (Foro Social Mundial). Precisamente se titula: ‘El fascismo financiero’. En él evoca y reproduce parcialmente meditaciones suyas de hace un decenio.

He aquí algunas.
“Considero que una de las señales de la crisis de la democracia es la emergencia del fascismo social. No se trata del regreso al fascismo del siglo pasado. No se trata de un régimen político, sino más bien de un régimen social. En vez de sacrificar la democracia a las exigencias del capitalismo, promueve una versión empobrecida de la democracia que vuelve inútil e incluso inconveniente el sacrificio. Así pues, se trata de una fascismo ‘pluralista’ y por ello, de una forma de fascismo que nunca existió”.

Una de las formas de ‘sociabilidad fascista’ identificada por Sousa Santos es por supuesto el ‘fascismo financiero’: “y si acaso el más virulento. (…) (Su) virulencia reside en su potencial de destrucción, en su capacidad para lanzar al abismo de la exclusión a países enteros pobres”. Y “es también el más agresivo, porque su espacio-tiempo es el más refractario a cualquier intervención democrática. (…) prácticamente incontrolable pese al poder suficiente para desequilibrar, en segundos, la economía real o la estabilidad política de cualquier país”
Por cierto que acaba con ironía: “Escribía esto pensando en los países del llamado Tercer Mundo. No podía siquiera imaginar que fuese a recuperarlo al pensar en países de la UE”.

Pero más allá de las raíces socioeconómicas y de clase de los nazifascismos, están sus dimensiones xenófobas, racistas, etnocidas y genocidas. Las que, en la versión nazi-hitleriana, entronizaron el racismo ‘ario’, determinaron la aberrante estrategia del exterminio de los ‘untermenschen’, los ‘subhumanos’ judíos, gitanos y eslavos, y desembocaron en el Apocalipsis de la ‘solución final’, el espeluznante genocidio padecido muy principalmente por los judíos europeos.

Incluso, la memoria de esa tragedia, perenne vergüenza en la conciencia de la humanidad, vuelve aún más rechazable el proceso freudiano de metamorfosis de la víctima en verdugo protagonizado desde hace medio siglo hasta hoy mismo por el Estado sionista de Israel, con la delictiva complicidad activa de EE.UU. y de su vasallo europeo, la UE.
Un Estado confesional integrista creado con la coartada de ‘limpiar’ la mala conciencia de un ‘Occidente’ que bailó el rigodón con los nazifascismos de los años treinta, en vez de aislarlosy asfixiarlos cuando aún era tiempo de evitar el Apocalipsis.
Un estado belicista instalado a las puertas de un ‘espacio vital’ para este IV Reich de ‘fascismo pluralista’ que es el imperial sistema-mundo globalizado, con la tarea de garantizar, mediante la amenaza y la violencia, la expoliación de los recursos energéticos vitales que ese espacio sustenta.
Un Estado racista que lleva medio siglo insistiendo en la expropiación del territorio e incluso, a poder ser, en el exterminio del pueblo palestino, el Cristo de nuestros días.

Si, sin duda ninguna, el Estado sionista de Israel es la ciudadela kafkiana de los nazis de ahora en el extremo mediterráneo de ‘Occidente’. Y ‘Occidente’ sigue bailando el rigodón con él, como hizo antaño con Mussolini e Hitler. Hasta la consumación de este otro Apocalipsis.

Tomado de:http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3397


Xosé-Manuel Beiras , miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO , es el más destacado dirigente de la izquierda nacionalista gallega. Profesor de economía en la Universidad de Santiago de Compostela, ha sido uno de los políticos más sólidos, imaginativos e independientes de la izquierda durante la transición política en el Reino de España.

Traducción para www.sinpermiso.info : Ramón Sánchez Tabares

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El poder oculto: De donde nace la impunidad de Israel


Israel, básicamente, es la representación nacional de un poder mundial sionista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteamericano

15/06/2010
Manuel Freytas
IAR

El criminal ataque sionista a la Flotilla de la Libertad, provocó como respuesta que miles de manifestantes en todo el mundo salieran a la calle a repudiar al Estado Terrorista de Israel.La gran complicidad internacional con las masacres periódicas israelíes no se gestan por miedo a Israel, sino por miedo a lo que representa el Estado judío. Israel es el símbolo más emblemático, la patria territorial del sionismo capitalista que controla el mundo sin fronteras desde los directorios de los bancos y corporaciones trasnacionales.

Israel, básicamente, es la representación nacional de un poder mundial sionista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteamericano, y del resto de los Estados con sus recursos naturales y sistemas económico-productivos. Y que controla el planeta desde los bancos centrales, las grandes cadenas mediáticas y los arsenales nucleares militares.

A) El poder oculto

Israel, es la más clara referencia geográfica del sistema capitalista trasnacionalizado que controla desde gobiernos hasta sistemas económico productivos y grandes medios de comunicación, tanto en los países centrales como en el mundo subdesarrollado y periférico.

El Estado judío, más allá de su incidencia como Nación, es el símbolo más representativo de un poder mundial controlado en sus resortes decisivos por grupos minoritarios de origen judío, y conformado por una estructura de estrategas y tecnócratas que operan las redes industriales, tecnológicas, militares, financieras y mediáticas del capitalismo trasnacional extendido por los cuatro puntos cardinales del planeta.

Con una población de alrededor de 7,35 millones de habitantes, Israel es el único Estado judío del mundo. Pero cuando hablamos de Israel, hablamos (por extensión) de la referencia más significante de un sistema capitalista globalizado que controla gobiernos, países, sistemas económicos productivos, bancos centrales, centros financieros, arsenales nucleares y complejos militares industriales.

Cuando hablamos de Israel, hablamos antes que nada de un diseño estratégico de poder mundial que lo protege, interactivo y totalizado, que se concreta mediante una red infinita de asociaciones y vasos comunicantes entre el capital financiero, industrial y de servicios que convierte a los países y gobiernos en gerencias de enclave.

El lobby sionista que sostiene y legitima la existencia de Israel, no es un Estado en el lejano Medio Oriente, sino un sistema de poder económico planetario (el sistema capitalista) de bancos y corporaciones trasnacionales con judíos dominando la mayoría de los paquetes accionarios o hegemonizando las decisiones gerenciales desde puestos directrices y ejecutivos.

Quien se tome el trabajo de investigar el nombre de los integrantes de los directorios o de los accionistas de la grandes corporaciones y bancos transnacionales estadounidenses y europeos que controlan desde el comercio exterior e interior hasta los sistemas económico productivos de los países, tanto centrales como "subdesarrollados" o "emergentes", podrá fácilmente comprobar que (en una abrumante mayoría) son de origen judío.

Los directivos y accionistas de las primeras treinta megaempresas trasnacionales y bancos (las más grandes del mundo) que cotizan en el indice Dow Jones de Wall Street, son mayoritariamente de origen judío.

Megacorporaciones del capitalismo sin fronteras como Wal-Mart Stores, Walt Disney, Microsoft, Pfizer Inc, General Motors, Hewlett Packard, Home Depot, Honeywell, IBM, Intel Corporation, Johnson & Johnson, JP Morgan Chase, American International Group, American Express, AT & T, Boeing Co (armamentista), Caterpillar, Citigroup, Coca Cola, Dupont, Exxon Mobil (petrolera), General Electric, McDonalds, Merck & Co, Procter & Gamble, United Technologies, Verizon, son controladas y/o gerenciados por capitales y personas de origen judío.

Estas corporaciones representan la crema de la crema de los grandes consorcios trasnacionales judeo sionistas que, a través del lobby ejercido por las embajadas estadounidenses y europeas, dictan y condicionan la política mundial y el comportamiento de gobiernos, ejércitos, o instituciones mundiales oficiales o privadas.

Son los amos invisibles del planeta: los que manejan a los países y a presidentes por control remoto, como si fueran títeres de última generación.

Quien investigue con este mismo criterio, además, los medios de comunicación, la industria cultural o artística, cámaras empresariales, organizaciones sociales, fundaciones, organizaciones profesionales, ONGs, tanto en los países centrales como periféricos, se va a sorprender de la notable incidencia de personas de origen judío en sus más altos niveles de decisión.

Las tres principales cadenas televisivas de EEUU (CNN, ABC, NBC y Fox) , los tres principales diarios (The Wall Street Journal, The New York Times y The Washington Post) están controlados y gerenciados (a través de paquetes accionarios o de familias) por grupos del lobby judío, principalmente neoyorquino.

Asimismo como las tres más influyentes revistas (Newsweek, Time y The New Yorker), y consorcios hegemónicos de Internet como Time-Warner (fusionado con América on Line) o Yahoo, están controlados por gerenciamiento y capital judío que opera a nivel de redes y conglomerados entrelazados con otras empresas.

Colosos del cine de Hollywood y del espectáculo como The Walt Disney Company, Warner Brothers, Columbia Pictures, Paramount, 20th Century Fox, entre otros, forman parte de esta red interactiva del capital sionista imperialista.

La concentración del capital mundial en mega-grupos o mega-compañías controladas por el capital sionista, en una proporción aplastante, posibilita decisiones planetarias de todo tipo, en la economía, en la sociedad, en la vida política, en la cultura, etc., y representa el aspecto más definitorio de la globalización impuesta por el poder mundial del sistema capitalista imperial.

El objetivo central expansivo de este capitalismo sionista trasnacionalizado es el control y el dominio (por medio de las guerras de conquista o de "sistemas democráticos) de recursos naturales y sistemas económico - productivos, en un accionar que sus defensores y teóricos llaman "políticas de mercado".

El capitalismo transnacional, a escala global, es el dueño de los estados y sus recursos y sistemas económico- productivos, no solamente del mundo dependiente, sino también de los países capitalistas centrales.

Por lo tanto los gobiernos dependientes y centrales son gerencias de enclave ( por izquierda o derecha) que con variantes discursivas ejecutan el mismo programa económico y las mismas líneas estratégicas de control político y social.

Este capitalismo transnacional "sin fronteras" del lobby sionista que sostiene al Estado de Israel se asienta en dos pilares fundamentales: la especulación financiera informatizada (con asiento territorial en Wall Street ) y la tecnología militar-industrial de última generación (cuya expresión máxima de desarrollo se concentra en el Complejo Militar Industrial de EEUU).

El lobby sionista internacional, sobre el cual se asientan los pilares existenciales del Estado de Israel, controla desde gobiernos, ejércitos, policías, estructuras económicos productivas, sistemas financieros, sistemas políticos, estructuras tecnológicas y científicas, estructuras socio-culturales, estructuras mediáticas internacionales, hasta el poder de policía mundial asentado sobre los arsenales nucleares, los complejos militares industriales y los aparatos de despliegue militar de EEUU y de las potencias centrales.

A ese poder, y no al Estado de Israel, es al que temen los presidentes, políticos, periodistas e intelectuales que callan o deforman a diario los genocidios de Israel en Medio Oriente temerosos de quedar sepultados de por vida bajo la lápida del "antisemitismo".

B) El lobby imperial


El lobby sionista pro-israelí, la red del poder oculto que controla Casa Blanca, el Pentágono y la Reserva Federal no reza en las sinagogas sino en la Catedral de Wall Street. Un detalle a tener en cuenta, para no confundir la religión con el mito y el negocio.

Cuando se refieren al lobby sionista (al que llaman lobby pro-israelí) la mayoría de los expertos y analistas hablan de un grupo de funcionarios y tecnócratas, en cuyas manos está el diseño y la ejecución de la política militar norteamericana.

A este lobby de presión se le atribuye el objetivo estratégico permanente de imponer la agenda militar y los intereses políticos y geopolíticos del gobierno y el Estado de Israel en la política exterior de EEUU.

Como definición, el lobby pro-israelí es una gigantesca maquinaria de presión económica y política que opera simultáneamente en todos los estamentos del poder institucional estadounidense: Casa Blanca, Congreso, Pentágono, Departamento de Estado, CIA y agencias de la comunidad de inteligencia, entre los mas importantes.

Por medio de la utilización política de su poder financiero, de su estratégica posición en los centros de decisión, los grupos financieros del lobby ejercen influencia decisiva en la política interna y externa de EEUU, la primera potencia imperial, además de su papel dominante en la financiación de los partidos políticos, de los candidatos presidenciales y de los congresistas.

A nivel imperial, el poder financiero del lobby se expresa principalmente por medio de la Reserva Federal de EEUU, un organismo clave para la concentración y reproducción del capital especulativo a nivel planetario.

El corazón del lobby sionista estadounidense es el poderoso sector financiero de Wall Street que tiene directa implicancia y participación en el nombramiento de funcionarios claves del gobierno de EEUU y de los órganos de control de política monetaria e instituciones crediticias (nacional e internacional) con sede en Washington y Nueva York.

Los organismos económicos financieros internacionales como la OCDE, el Banco Mundial, el FMI, están bajo directo control de los bancos centrales y de los gobiernos de EEUU y de las potencias controladas por el lobby sionista internacional (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón, entre las más relevantes).

Organizaciones y alianzas internacionales como la ONU, el Consejo de Seguridad y la OTAN están controlados por el eje sionista USA-Unión Europea cuyas potencias centrales son las que garantizan la impunidad de los exterminios militares de Israel en Medio Oriente, como sucedió con la última masacre de activistas solidarios con el pueblo de Gaza.

Las principales instituciones financieras del lobby (Goldman Sachs, Morgan Stanley, Lehman Brothers, etc) y los principales bancos (Citigroup, JP Morgan y Merrill Lynch, etc), influyen decisivamente para el nombramiento de los titulares de la Reserva Federal, el Tesoro, y la secretaría de Comercio, además de los directores del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

C) El mito del "antisemitismo"


A este fenómeno de "poder capitalista mundial" judío, y no a Israel, es lo que temen los presidentes, políticos, periodistas, e intelectuales que evitan puntillosamente condenar o nombrar los periódicos genocidios militares de Israel en Gaza, repitiendo lo que ya hicieron durante la masacre israelí en Libano en el 2006.

La gran complicidad internacional con las masacres periódicas israelíes no se gestan por miedo al Estado de Israel sino por miedo a lo que representa el Estado de Israel.

No se trata de Israel, un Estado sionista más, sino del "Gran Israel", la patria del judaísmo mundial (con territorio robado a los palestinos), de la cual todos los judíos del mundo se sienten sus hijos pródigos desperdigados por el mundo.

No se trata de Israel, sino de las poderosas organizaciones y comunidades judías mundiales que apoyaron en bloque el genocidio militar de Israel en Gaza, que utilizan su poder y "escala de prestigio" (construida mediante su victimización histórica con el Holocausto) para convertir en un leproso social al que se atreva criticar o a levantar la voz contra el exterminio militar israelí en Gaza.

Los gobiernos del mundo capitalista, los periodistas, intelectuales, organizaciones sindicales y sociales no le temen a Israel, sino a su lapidación social como "antisemita" (mote que se le otorga al que enfrenta y/o denuncia al sionismo judío).

No le temen al Estado de Israel, sino a los hijos de Israel camuflados en los grandes centros de decisión del poder mundial, sobre todo económicos-financieros y mediático-culturales.

Los políticos, intelectuales y periodistas del sistema no temen a Israel, sino que temen a los medios, organizaciones y empresas judías, y a su influencia sobre los gobiernos y procesos económicos-culturales del sistema sionista capitalista extendido por todos los países a escala planetaria.

En definitiva temen que las empresas, las universidades, las organizaciones y las fundaciones internacionales sionistas que financian y o promocionan sus ascensos y puestos en la maquinaria del sistema los declaren "antisemitas" y los dejen sin trabajo, sin vacaciones y sin jubilación.

Esa es la causa principal que explica porque los intelectuales, académicos y periodistas del sistema viven elucubrando sesudos análisis de la "realidad" política, económica y social sin la presencia de la palabra judío o del sistema capitalista que paga por sus servicios.

Si bien hay un grupo de intelectuales y de militantes judíos de izquierda (entre ellos Chomsky y Gelman, entre otros) que condenaron y protestaron contra el genocidio israelí en Gaza, la mayoría abrumante de las comunidades y organizaciones judías a escala planetaria apoyaron explícitamente la masacre de civiles en Gaza argumentando que se trataba de una "guerra contra el terrorismo".

A pesar de que Israel no invadió ni perpetró un genocidio militar en Gaza con la religión judía, sino con aviones F-16, misiles, bombas de racimo, helicópteros Apache, tanques, artillería pesada, barcos, sistemas informatizados, y una estrategia y un plan de exterminio militar en gran escala, quien cuestione esa masacre es condenado por "antisemita" por el poder judío mundial distribuido por el mundo.

A pesar de que el lobby judío sionista que controla Israel, tanto como la Casa Blanca, el Tesoro y la Reserva Federal de EEUU no reza en las sinagogas sino en la Catedral de Wall Street, el que lo critique es tildado de inmediato como "antisemita" o "nazi" por las estructuras mediáticas y culturales controlados por el poder judío mundial.

Las campañas de denuncia de antisemitismo con las que Israel y las organizaciones judías buscan neutralizar a las criticas contra la masacre, abordan la cuestión como si el sionismo judío (sostén del estado de Israel) fuera una cuestión "racial" o religiosa, y no un sistema de dominio imperial que abarca interactivamente el plano económico, político, social y cultural, superando la cuestión de la raza o de las creencias religiosas.

El lobby sionista no controla el mundo con la religión: lo maneja con bancos, trasnacionales, hegemonía sobre los sistemas económicos-productivos, control sobre los recursos naturales, control de la red informativa y de manipulación mundial, y manejo de los valores sociales a través de la publicidad, la cultura y el consumo estandarizado y globalizado por los medios de comunicación.

En definitiva, el lobby judío no representa a ninguna sinagoga ni expresión racial, sino que es la estructura que maneja el poder mundial a través del control sobre los centros económicos-financieros y de decisión estratégica del sistema capitalista expandido como civilización "única".

Antes que por la religión y la raza, el lobby sionista y sus redes se mueven por una ideología política funcional: el sionismo capitalista-imperial que antepone el mercado, la concentración de riqueza, la "política de negocios", a cualquier filosofía que roce las nociones del "bien" o del "mal" entendidos dentro de parámetros sociales.

Entonces: ¿De qué hablan cuando hablan de "antisemitismo" o de "anti-judaismo religioso? ¿En que parámetros referenciales se basa la condición de "antisemita"? ¿Quién es antisemita? ¿Quién critica a los judíos por su religión o por su raza en las sociedades del mundo?

A lo sumo, a los judíos, como está probado en la realidad social de cualquier país, no se los critica por su religión o condición racial sino por su apego excesivo al status del dinero (también cultivado por otras colectividades) y a integrar estructuras o jerarquías de poder dentro de un sistema injusto de opresión y de explotación del hombre por el hombre, como es el sistema capitalista.

Salvo los grupos minoritarios de fanáticos y racistas que sólo se representan a sí mismos, en las sociedades (salvo el nazismo alemán y algunas excepciones) casi nunca hubo "persecución religiosa o racial" del judío, si no que hubo una asociación del judío con la "peor cara del capitalismo", representada en el sistema económico-financiero especulativo.

En resumen:

El lobby sionista que protege al Estado de Israel (por "derecha" y por "izquierda) esta conformado por una estructura de estrategas y tecnócratas que operan las redes industriales, tecnológicas, militares, financieras y mediáticas del capitalismo trasnacional extendido por los cuatro puntos cardinales del planeta.

Sus redes se expresan a través de una multiplicidad de organizaciones dedicadas a promover el actual modelo global, entre las que se cuentan principalmente: The Hudson Institute, The RAND Corporation, The Brookings Institution, The Trilateral Commission, The World Economic Forum, Aspen Institute, American Enterprise Institute, Deutsche Gesellschaft für Auswärtigen Politik, Bilderberg Group, Cato Institute, Tavestock institute, y el Carnegie Endowment for International Peace, entre otros.

Todos estos think tanks o "bancos de cerebros", reúnen a los mejores tecnócratas, científicos y estudiosos en sus respectivos campos, egresados de los las universidades de EEUU, Europa y de todo el resto del mundo.

El lobby no responde solamente al Estado de Israel (como afirman los analistas de la "cara derechista" de los neocons) sino a un poder mundial sionista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteamericano, y del resto de los Estados con sus recursos naturales y sistemas económico-productivos.

El lobby no solamente está en la Casa Blanca sino que abarca todos los niveles de las operaciones del capitalismo a escala trasnacional, cuyo diseño estratégico está en la cabeza de los grandes charmans y ejecutivos de bancos y consorcios multinacionales que se sientan en el Consenso de Washington y se reparten el planeta como si fuera un pastel.

Ni la izquierda ni la derecha partidaria hablan de este poder "totalizado" por la sencilla razón de que ambas están fusionadas (a modo de alternativas falsamente enfrentadas) a los programas y estrategias del capitalismo trasnacional que controla el planeta.

Por lo tanto, y mientras no se articule un nuevo sistema de comprensión estratégica (una "tercera posición" revolucionaria del saber y el conocimiento) el poder mundial que controla el planeta seguirá perpetuándose en las falsas opciones de "izquierda" y "derecha".

Y el lobby judío de "derecha" de los republicanos conservadores seguirá sucediendo al lobby judío "de izquierda" de los demócratas liberales en una continuidad estratégica de las mismas líneas rectoras del Imperio sionista mundial.

Y las masacres del Estado de Israel seguirán, como hasta ahora, impunes y protegidas por las estructuras del sistema de poder mundial sionista capitalista que lo considera como su "patria territorial".

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sábado, 12 de junio de 2010

El sionismo como cabecera de puente de la neocolonización

Un regimiento de Lanceros de la India comandados por oficiales británicos desfila por una calle de Jerusalén en 1918

Los judíos en Palestina —cuyo Estado no tardaría en constituirse según pensaban los “imperialistas”— garantizarían los intereses británicos con la misma firmeza que si ondeara allí su bandera.
No habían sido ninguna casualidad la serie de declaraciones probritánicas emitidas por Theodor Herzl (1860-1904), el fundador oficial del sionismo, veinte años antes.

http://www.organizacionislam.org.ar

Theodor Herzl no era humanista, sino uno de los voceros más preclaros
del eurocentrismo, el capitalismo y el imperialismo depredadores
A Inglaterra, su nación favorita, Herzl le asegura que diez millones de judíos «tendrán todos a Inglaterra en el corazón, si mediante esa acción se convierte en la potencia protectora del pueblo judío. De un golpe, Inglaterra tendrá diez millones de súbditos secretos pero leales, activos en todas las clases sociales de todo el mundo. Ante una señal, todos ellos se pondrán al servicio de la nación magnánime que da una ayuda largamente deseada... Inglaterra tendrá diez millones de agentes para su grandeza y su influencia. Y todo el efecto de esta clase de cosas generalmente se difunde de lo político a lo económico» (Raphael Patai, editor, y Harry Zohn, traductor, Diaries of Theodor Herzl, Nueva York/Londres, 1960, págs. 1365-66).
Herzl, de cultura germanófila e imperialista, hará una precisa descripción de la tarea específica que llevará a cabo el sionismo en las décadas venideras: «Para Europa formaríamos allí parte integrante del baluarte contra el Asia: constituiríamos la vanguardia de la cultura en su lucha contra la barbarie. Como estado neutral mantendríamos relaciones con toda Europa que, a su vez, tendría que garantizar nuestra existencia» (T. Herzl: El Estado Judío. en Páginas Escogidas, Editorial Israel, Buenos Aires, pág. 112).
Las concepciones de Herzl van desde el racismo eurocentrista a una poca conocida pero inocultable tendencia al terrorismo y a la eliminación física de sus opositores: «Ahora bien: si se quiere fundar hoy una nación, no hay que hacerlo de la manera que hace mil años fuera la única posible. Sería una insensatez regresar a estados de cultura ya superados, cosa que querrían algunos sionistas. Por ejemplo, si tuviéramos que exterminar a las fieras en determinado país, no lo haríamos a la manera de los europeos del siglo V. No atacaríamos aisladamente a los osos armados de jabalinas y lanzas, sino que organizaríamos una grande y alegre cacería, dando batida a las bestias hasta tenerlas reunidas y entonces les arrojaríamos una bomba de melinita1 » (T. Herzl: El Estado Judío, en Páginas Escogidas, págs. 110-111).
Por la “Promesa Balfour”, Londres favoreció la emigración a Palestina de un pueblo que le guardase el camino de la India. Ochenta años antes, cuando el sionismo de Herzl no existía, el político inglés Edward Ledwich Mitford, escribe en su Appeal in the favour of the Jewish nation in Connection with British Policy in the Levant (Llamamiento en favor de la nación judía en conexión con la política británica en el Levante): «Además de sus incalculables ventajas económicas y estratégicas, un Estado judío pondría totalmente en nuestras manos la organización de nuestras vías de comunicación por vapor, y nos daría una posición predominante en Oriente a partir de la cual podríamos hacer fracasar cualquier intento que tendiese a entorpecerlas, dejar atrás a nuestros enemigos, y, eventualmente, rechazar sus ataques» (citado por Israel Cohen en The Zionist Movement, Nueva York, 1946, pág. 52). Estamos, sin lugar a dudas, ante la presencia de un sionismo no judío. El sionismo oficial de Herzl abrevaría y encontraría argumentos en los razonamientos de este sionismo gentil que jamás habían sido sostenidos antes por las comunidades religiosas judías.
Los ejemplos abundan y basta con citar el caso ejemplar del coronel George Gawler (1796-1869). Este militar británico combatió como comandante en la batalla de Waterloo y fue el primer gobernador de la colonia de Australia (1838-1841).
Durante toda su vida propagó la idea de que los judíos debían establecer asentamientos agrícolas en Palestina. El 10 de agosto de 1860, Gawler escribió estas líneas en el periódico Jewish Chronicle editado en Londres en lengua inglesa: «Yo estaré verdaderamente complacido al ver en Palestina una fuerte guardia de judíos estableciendo florecientes asentamientos agrícolas propios sobre las montañas de Israel contra todos los agresores. No puedo desear nada más glorioso en esta vida que ayudarlos a realizar esa tarea».
El más ferviente de los protagonistas de un proyecto de implantación de un estado judío en Palestina, Laurence Oliphant 2, en su libro The land of Gilead3 , With Excursion in the Lebanon (1880), escribía lo siguiente al referirse a Palestina: «Inglaterra tiene que decidir si acometerá la explotación de las ciudades en ruina, desarrollará los vastos recursos agrícolas de este país, mediante la repatriación de la “raza” (las comillas son nuestras) que lo poseyó en primer lugar, hace mil años (¿?), y asegurará las enormes rentas políticas producidas por esta política4 ».
Su biógrafo, Henderson, resume del modo siguiente el objetivo fundamental de Oliphant: «Lo que Oliphant propone no es sino la penetración política y económica de Inglaterra en Palestina, siendo los judíos unas piezas de juego» (Philippe Henderson: The life of Laurence Oliphant, Ed. Robert Hale, Londres, 1956, pág. 204). El proyecto de Oliphant preveía expulsar igualmente de Palestina a los beduinos guerreros y arrinconar a los campesinos árabes en reservaciones, al igual que los pieles rojas en América del Norte.

Un miembro activo de la Palestine Exploration Fund5 , Charles Warren6 , proponía por su parte que la Tierra Santa fuera colocada bajo la autoridad de una companía según el modelo de la Companía de las Indias, durante un período de veinte años. Naturalmente los palestinos no tenían por qué ser consultados. Tampoco lo serían para la Declaración Balfour de 1917.
Hay que señalar que el libro del pastor anglicano William Hischler (1845-1931), titulado The Restauration of the Jews to Palestine (1894), se adelanta dos años a la aparición del libro de Herzl El Estado Judío (1896).
Es la época en que Joseph Chamberlain7 era Secretario de Estado para las colonias. Aunque no manifiesta interés alguno por las profecías bíblicas, cree que la «vocación nacional» del Imperio Británico es la de convertirse en «la fuerza dominante de la historia mundial y de la civilización universal». Nos dice su biógrafo Amery que «Él consideraba a los judíos como un grupo de colonos prestos a implantarse (en Palestina), a desarrollar y utilizar la tierra bajo la égida de Inglaterra» 8.
Así que, al mirar todo esto con el tamiz de la historia, se tiene la impresión de que las causas remotas de la Declaración Balfour se remontan en realidad a comienzos del siglo XIX cuando el movimiento sionista no existía.
Otro capítulo aparte es la temática de la oposición judía al sionismo. En el momento mismo en que era fundado el sionismo político en el Congreso de Basilea, en 1897, la Conferencia de Montreal, el mismo año, a propuesta del Rabí Isaac Meyer Wise 9, la personalidad judía más representativa de las Américas a la sazón, votaba esta moción, que marcaba la oposición radical entre las dos lecturas, tribal o universalista, de la Biblia: «Desaprobamos totalmente toda iniciativa tendente a la creación de un Estado judío. Intentos de este género ponen de relieve una concepción errónea de la misión de Israel que, de un campo político y nacional estricto, ha sido ampliada para la promoción, en la humanidad entera, de la religión liberal y universalista que los profetas judíos fueron los primeros en proclamar... Nosotros afirmamos que el objetivo del judaísmo no es ni político ni nacional, sino espiritual, y que se encarga de acrecentar la paz, la justicia y amor a los hombres. Aspira a una época mesiánica en la que todos los hombres reconozcan pertenecer a una sola y grande comunidad para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra»10 .
También en 1897, L’Univers Israelite, principal órgano comunitario judío de Francia, daba cuenta del eventual impacto del proyecto sionista sobre la población palestina y planteaba cuestiones desasosegantes: «Herzl ha olvidado decirnos qué pensaba hacer con la población árabe de Palestina: ¿deberá retirarse ante la marea de recién llegados?» ...o, al contrario, ¿será autorizada a permanecer en sus hogares? ...¿se la considerará como extranjera en el país donde ha nacido? Pero entonces la despojaréis de su nacionalidad y la condenaréis a la intolerable suerte de la que queréis librar a los judíos de algunos países de Europa. Si, por el contrario, decidís, como es justo, que no haya ninguna diferencia de trato entre los antiguos y los nuevos habitantes... no habréis fundado un Estado judío...»11 .
Igualmente, los sabios judíos de Europa Oriental se opusieron firmemente a los intentos sionistas de secularizar el Judaísmo. Uno de sus mayores representantes, Sadoq de Lublin (1823-1900), cuando hizo un viaje a Palestina, escribió estas líneas que no dejan lugar para las dudas de su profundo sentimiento antisionista: «Jerusalén es la más excelsa de las cumbres y hacia ellas se dirigen los corazones de Israel... Pero temo que mi viaje y ascenso a Jerusalén puedan parecer un gesto de de aprobación de la actividad sionista. Ansío la presencia del Señor, mi alma ansía Su palabra, y que llegue el Día de la Redención. Espero y me mantengo atento a la aparición de Sus pies ungidos. Pero aunque trescientos azotes de hierro me aflijan, no me apartaré de mi lugar. No ascenderé para beneficio de los sionistas»12 .
«Hay gran desaliento en Tierra Santa —escribe el rabino Joseph Hayyim Sonnenfeld (1848-1932)—, porque estos hombres perversos que niegan al Único del mundo y su sagrada Torah han proclamado con mucha publicidad que está a su alcance apresurar la redención del pueblo de Israel y reunir a los dispersos que están en todos los rincones de la tierra».
Cuando Theodor Herzl entró en Palestina en 1898, agregó: «el mal entró con él, y aún no sabemos lo que tenemos que hacer contra los destructores de la totalidad de Israel, el Señor nos asista» 13.
La tradición judía monoteísta y universalista, al igual que el Islam, se opone a los proyectos y concepciones nacionalistas: «El exilio de Babilonia (en el siglo VI a.C.) hace época, no solamente en la historia de los judíos, sino en la de la civilización... Una gran comunidad disociaba el culto de su Dios del solar ancestral... Era el punto de partida de una concepción de la fraternidad humana, y la ruptura con el prejuicio que transforma el amor de su pueblo y de su país en odio a todos los demás. Por fin se establecía este principio: Dios no está en un lugar particular de la tierra, sino en todos los países, y todos los pueblos son iguales ante Él»14 .
Resumiendo esta crítica teológica fundamental, el Rabí Hirsch decía con vehemencia en el Washington Post del 3 de octubre de 1978: «El sionismo es diamentralmente opuesto al judaísmo. El sionismo quiere definir al pueblo judío como una entidad nacional... Esto es una herejía. Los judíos han recibido de Dios la misión, que no es la de forzar su retorno a la Tierra Santa contra la voluntad de quienes la habitan. Si lo hacen, asumen sus consecuencias. El Talmud dice que esta violencia hará de vuestra carne presa de los gamos en el bosque... El Holocausto es una consecuencia del sionismo».
Albert Einstein15 en una carta a Weizmann16 del 25 de noviembre de 1929) decía: “Si nos reconocemos incapaces de llegar a convivir y establecer acuerdos justos con los árabes quiere decir que no hemos aprendido absolutamente nada de los dos mil años de sufrimientos, y mereceremos todo lo que nos suceda”.
En 1938, Einstein añadía este pensamiento: «En mi opinión, sería más razonable llegar a un acuerdo con los árabes sobre la base de una vida común en paz y no sobre la base de crear un Estado judío... La conciencia que tengo de la naturaleza del judaísmo tropieza con la idea de un Estado judío dotado de fronteras, de ejército y de un proyecto de poder temporal, aunque sea modesto. Temo los perjuicios internos que el judaísmo sufrirá a causa del desarrollo, entre nosotros, de un nacionalismo estrecho... Nosotros no somos los judíos de la época macabea. Convertirse en una nación, en el sentido político de la palabra, equivaldría a desviarse de la espiritualidad de nuestra comunidad que debemos al genio de nuestros profetas»17 .


El rabino Sonnenfeld y Albert Einstein, judíos antisionistas.
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1 Del latín melinum. Explosivo constituido esencialmente por ácido pícrico. Se utilizó desde 1885 para la carga de granadas, obuses, etc.
2 Laurence Oliphant (1829-1888), escritor y diplomático inglés, nacido en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Autor de A Journey to Khatmandu (1852), The Narrative o fthe Earl of Elgin’s Mission to China and Japan (1859), y de la novela satírica Picadilly (1870). Entre 1867-81 cayó bajo la influencia del espiritista norteamericano Thomas Lake Harris (1823-1906). En 1878 propuso el establecimiento de un estado judío en Palestina (Transjordania) que fue rechazado por el sultán otomano Abdulhamid II.

3 Gilead o Galaad es una zona montañosa y boscosa de la Transjordania ubicada entre el río Yarmuk y el Nahr az-Zerqa (río Ÿaboq). En el Antiguo Testamento de la Biblia se la menciona repetidamente. Por ejemplo, Ramot Gilead, ciudad situada en un llano al este de las principales montañas de Gilead, fue motivo de discordia entre los reinos de Israel y Judá con Siria durante el siglo IX a.C., y se libraron allí al menos dos batallas en las que la coalición judeo-israelita sufrió fuertes pérdidas (I Reyes 22, 1-36; 2 Reyes 8, 28-29; 9. 1-15).

4 Citado por Barbara Tuchman: The Bible and the Sword. England and Palestine from the Bronze Age to Balfour, Macmillan, Londres, 1956, pág. 173.

5 El Fondo de Exploración de Palestina fue establecido en Londres en 1865. Su misión aparente era el relevamiento geográfico, topográfico y arqueológico de Palestina pero también tenía tareas específicas de espionaje militar y político.

6 Sir Charles Warren (1840-1927), militar y arqueólogo británico nacido en Gales. Ingresó en los Royal Engineers (1857), excavó en Jerusalén (1867) y en Palestina (1867-71), participó en operaciones militares en Sudáfrica, Egipto y en la Guerra Boer (1899-1900); ascendido a general (1904). Autor de Recovery of Jerusalem (1871), Underground Jerusalem (1876), Temple and Tomb (1880) y Survey of Western Palestine (1884).

7 Sir Joseph Chamberlain (1836-1914), político y empresario británico. Secretario de Colonias (1895-1903). Sus hijos Joseph Austen Chamberlain (1863-1937) y Arthur Neville Chamberlain (1869-1940) tuvieron una destacada actuación en la política y diplomacia del Imperio Británico.

8 Julien Amery: The life of Joseph Chamberlain, Londres, 1951, vol. IV.

9 Isaac Meyer Wise (1819-1900) nació en Steingrub, Bohemia. Fue rabí en Radnice (1844-46). En 1846 emigró a los EE.UU. donde fue rabí de la congregaciones de Albany, Nueva York, (1846-54) y Cincinatti, Ohio, (1854-1900). Fue jefe del reformismo judío y de la adaptación de las costumbres judías a los modos norteamericanos. Fundó la Union of American Hebrew Congregation «Unión de las Congregaciones Hebreas Americanas» (1873), y el Hebrew Union College «Colegio de la Unión Hebraica» (1875), organizaciones de las que fue su presidente (1875-1900). Fue el editor de los diarios American Israelite y Die Deborah, y escribió el libro de plegarias Minbag America (1857). Sobre su biografía, véase Israel Knox: Rabbin in America: The Story of Isaac Wise, Ed. Little, Brown and Co., Boston, 1957.

10 Confederación Central de los rabinos americanos. Yearbook, V, II, 1897, pág. 12.

11 Michel Abitbol: Les deux terres promises: les Juifs, la France et le sionisme, 1897.1945, Olivier Orban, París, 1989, págs. 40-41.

12 Citado en I. Domb: Transformations, Londres, 1958, págs. 192-195.

13 Citado en Emile Marmorstein: Heaven at Bay. The Jewish Kulturkampf in the Holy Land, Oxford, 1969, págs. 79-80.

14 L. Finkelstein: The Pharisees, Jewish Publication Society of America, Filadelfia, 1946, vol. II, pág. 443.

15 Albert Einstein (1879-1955), físico alemán judío nacionalizado estadounidense, premiado con un Nobel de Física (1922), famoso por ser el autor de las teorías general y restringida de la relatividad y por sus hipótesis sobre la naturaleza corpuscular de la luz. Es probablemente el científico más conocido del siglo XX. Después de la Segunda Guerra Mundial, Einstein se convirtió en activista del desarme internacional y declinó una oferta de los líderes del Estado de Israel para ocupar el cargo de presidente.

16 Jaim Azriel Weizmann (1874-1952), presidente de la Organización Sionista Mundial, y primer presidente del Estado de Israel (1949-1952).

17 Moshé Menuhin: The decadence of judaism in our time, Nueva York, 1969, pág. 324.

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domingo, 16 de mayo de 2010

Conmemoración de la Nakba


El éxodo de los habitantes de Yaffa en embarcaciones (Mayo de 1948)


William A. Cook
Countercurrents.org
15-05-2010

Un cuento elaborado a base de engaños, mentiras y terrorismo: el nacimiento de Israel

(Basada en documentos reservados de la Agencia Judía y de sus organizaciones afiliadas incautados por la Policía del Mandato Británico, un material que confirma que la comunidad judía controlada por el sionismo trató de borrar de la faz de su territorio a los habitantes de Palestina, convirtiendo todo el Mandato de Palestina en un Estado judío, un intento que continúa hasta el momento actual, como el Sr. Cook demuestra en su nuevo libro: “The Plight of the Palestinians: a Long History of Destruction”, disponible en MacMillan). Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

La historia jamás contada del intento sionista de convertir Palestina en un estado judío

“Se levantaron pueblos judíos en los lugares donde estaban los pueblos árabes. Ni siquiera conocéis los nombres de esos pueblos árabes, y no os culpo, porque ya no figuran en los libros de geografía, ni tampoco existen aquellos pueblos árabes… No hay un solo lugar construido en este país que no tuviera antes una población árabe”.

(Moshe Dayan, discurso ofrecido en el Technion, Haifa, citado en el Haaretz del 4.4.1969)

Así empezó en noviembre de 1947 lo que se conoce eufemísticamente como la limpieza étnica de Palestina por las fuerzas combinadas de los ejércitos judíos, la Haganá, el Stern y el Irgun, expulsando a más de 700.000 árabes palestinos de sus hogares, abocándoles a la destitución, sin hogar, abandonados, sin un país, conformando lo que ahora es la mayor diáspora de refugiados en el mundo.

Pero a fuer de mayor sinceridad, la trágica situación palestina, que empezó implacablemente en 1947, lo que ahora conocemos como la Nakba, fue una campaña intencionada y calculada para expulsar a los árabes palestinos de Palestina, el genocidio sistemático de un pueblo, según lo definen las Naciones Unidas al adoptar la Convención contra el Genocidio, artículo II.

El Reino Unido tenía un Mandato de la Liga de Naciones para gobernar la zona de Palestina, que se estableció en 1922. Antes de la implementación oficial de ese Mandato, el Gobierno británico había enunciado una “declaración” sobre los deseos del Gobierno de Su Majestad en cuanto a la conveniencia de “establecer un hogar nacional para el pueblo judío”, es decir, la Declaración Balfour. La Instrucción de 1922 del Proyecto Avalon en la Facultad de Derecho de Yale subraya tal intento: “Por tanto, el Gobierno de Su Majestad declara ahora inequívocamente que no forma parte de su política que Palestina deba convertirse en un Estado judío”.

La visión desde el interior del Mandato

Una de las curiosas ambigüedades que rodea la década que precedió a la declaración del Estado de Israel por los dirigentes judíos en Palestina, es la escasez de información y perspectiva de las fuerzas del Mandato británico que gobernaron Palestina entre 1940 y el 15 de mayo de 1948, fecha de aplicación de la resolución sobre la partición. Por fortuna, Sir Richard D. Catling nos ha dejado un archivo que nos permite penetrar en las condiciones que prevalecían en Jerusalén cuando él era Jefe Adjunto de la Rama Especial de la División de Investigación Criminal en Jerusalén en 1944, y un año después Inspector General Adjunto. El archivo “MUY SECRETO” de Catling permaneció intacto en los archivos de la Rhodes House de las Bibliotecas Bodleian de la Universidad de Oxford hasta hace dos años.

En ese archivo destacan dos documentos con 62 apéndices de pruebas que totalizan casi 500 páginas de material. El primero es un despacho enviado al Secretario de Estado, fechado el 16 de octubre de 1941, por el Alto Comisionado para Palestina, Harold MacMichael, catalogado como “Secretísimo”; el segundo, un “Memorando muy secreto sobre la Participación de las Instituciones Nacionales Judías en Palestina en Actos Ilegales y Violentos”, preparado en la sede del Departamento de Investigación Criminal, Policía de Palestina, Jerusalén, con fecha de 31 de julio de 1947. [Sir Richard C. Catling, 145, Mss. Med. S20] (1).

Lo que resultaría obvio ahora, con el material preservado por Sir Richard C. Catling, es la verdad acerca de la creación del estado de Israel: la aceptación por el Gobierno Provisional de la Agencia Judía de la Resolución 181 de las Naciones Unidas como declarado Estado judío no tenía la intención de cumplir el objetivo fijado por la Asamblea General de las Naciones Unidas: proporcionar un estado para dos pueblos en la tierra de Palestina, sino más bien utilizarla como medio para conseguir un eventual control de todo el territorio y limpiar esa tierra de su población originaria hasta donde fuera posible. Expresándolo sin rodeos: como los capítulos del nuevo libro publicado por Macmillan “The Plight of the Palestinians” atestiguan, el actual gobierno israelí continúa con las mismas prácticas de los gobiernos israelíes del pasado: limpiar el territorio de sus legítimos habitantes para convertir esa tierra en parte del Estado judío. Eso es lo que en numerosos capítulos de ese libro de denomina “genocidio a cámara lenta”.

Lanzamiento del Estado

Consideren los acontecimientos de los días 9 a 11 de abril de 1948, la expulsión de los ciudadanos de la ciudad de Deir Yassin, un mes antes de que la Agencia declarase la existencia del Estado de Israel y la aplicación de la Resolución de las Naciones Unidas relativa a la partición. La masacre se produjo en ese momento y ha quedado como ejemplo del intento de la Consultoría Sionista y de sus agentes de limpiar étnicamente Palestina de habitantes no judíos (2).

Durante los seis meses que transcurrieron entre la adopción de la Resolución 181 de las Naciones Unidas y en los siguientes meses, el nuevo Estado de Israel lanzó una incursión militar masiva por el territorio señalado para el pueblo palestino por esa misma Resolución, creando a su paso “750.000 refugiados palestinos”, la destrucción completa de “cientos de pueblos… no sólo despoblándolos sino destruyéndolos… dinamitando las casas o arrasándolas con bulldozer”. El estudio masivo de Walid Jalidi se centró en 418 pueblos, que una vez fueron los hogares de los palestinos, de los cuales 292 quedaron completamente destruidos, otros 90 “destrozados en grado sumo”, el resto reemplazados por judíos llamados colonos israelíes (3).

La percepción de la realidad

El “despacho” enviado por MacMichael al Secretario de Estado fue consecuencia de una investigación sobre los usos y prácticas de financiación de fondos por parte de varias organizaciones judías.

El memorando ilustra… el hecho de que el Mandatario se enfrentaba potencialmente en Palestina a un peligro, motivado por la violencia judía, mucho más grave que lo que antes había tenido que afrontar a causa de la violencia árabe, un peligro infinitamente más difícil de afrontar con los medios represivos utilizados contra los árabes. En primer lugar, los judíos… tienen el apoyo moral y político… de sectores considerables de la opinión pública, tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos de América… toda la influencia y habilitad política de los sionistas se había puesto en marcha para mostrar que los judíos eran las víctimas de la agresión en Palestina, y que había que persuadir de la verdad de la controversia a una parte importante de la opinión pública en el exterior (4).

Resulta completamente obvio que MacMichael entiende que el Mandatario tiene poco poder en casa frente a las fervientes actuaciones de los sionistas a la hora de manipular a la gente y a la opinión pública incluso cuando expanden su terrorismo contra el gobierno del Mandato británico en Palestina. Esa es una posición insostenible, ser responsable del gobierno, control y seguridad de los que están bajo su autoridad, i.e., tanto palestinos como judíos, sabiendo que los judíos están dispuestos a sacar a patadas a los británicos de Palestina, y sabiendo que, en casa, poca ayuda puede ofrecer tu gobierno.

Para reafirmar sus puntos de vista, MacMichael ofrece lo siguiente:

… los judíos que están en Palestina son diestros en el uso de las armas… un gran número de ellos ha recibido entrenamiento en la Policía Palestina… o en las Fuerzas de Su Majestad. En el momento actual, además de los aproximadamente 10.000 judíos de las Fuerzas de Su Majestad, hay 5.800 más en diversas unidades de la fuerza policial y 15.400 policías especiales (31.000)… Cuando a esos hombres… se les añaden las ilegales organizaciones de ‘defensa’ de los judíos (sólo la Haganá tenía en 1945 alrededor de 60.000-70.000 hombres, véase Mss. Med. S20 Appendix XXI), es evidente que el pueblo judío, en número y calibre de armas, es un adversario muy formidable (5).

Esto sucedía en 1941, antes de que se pusiera en marcha el despliegue total del terrorismo judío contra el gobierno legítimo de Palestina.

MacMichael y Catling se encontraron con que había desaparecido uno de los apoyos fundamentales de Catling para emprender una “guerra irregular” a causa de su imagen de mesa coja que necesitaba del apoyo del pueblo, del comandante, de su ejército y del gobierno, una imagen, sin duda, de su infancia en Suffolk donde formaba parte de una familia de carniceros y granjeros. Pero cuando se llegó al final de la II Guerra Mundial, la situación fue a peor. La Haganá perpetró una serie operaciones militares contra los británicos, incluyendo el secuestro, asesinato y colocación de bombas-trampa contra los soldados británicos, dirigidas contra el Gobierno del Mandato mientras el gobierno en casa permanecía silencioso bajo el aluvión de la propaganda sionista israelí (6).

Pero no se hace justicia a las duras situaciones que tuvo que enfrentar gobierno del Mandato reflejando sólo los actos terroristas. MacMichael describe la realidad de las fuerzas alineadas contra la policía en Palestina:

Una segunda cuestión que me impresionó profundamente es el control casi nazi ejercido, quieras o no quieras, por las organizaciones judías oficiales sobre la comunidad judía a través de la administración de fondos desde el exterior, de la cuestión de los certificados de trabajo en relación con la cuota de inmigración… La Comisión Real estaba, en mi opinión, completamente equivocada cuando describía a la comunidad judía en Palestina como “intensamente democrática”… La organización sionista, la estructura social global que ha creado en Palestina, tiene todo el boato pero ninguno de los elementos esenciales de la democracia. La comunidad está bajo la cerrada oligarquía de las organizaciones oficiales judías controladas por la política sionista, que restringe a todos los niveles las vidas de la comunidad judía… La Agencia es quien tiene realmente el poder, con la Haganá, la ilegal organización militar, siempre en segundo plano (7).

Y de esa forma, las autoridades en Palestina, las autoridades legales, no tienen poder para hacer cumplir las medidas que podrían reducir los actos terroristas contra su propia policía. “En el momento presente, no puede contemplarse el uso de la fuerza porque una acción así tendría que llevarse a cabo a una escala muy grande”. MacMichael comprende que no puede conseguir ayuda de la comunidad judía, aunque ésta esté en desacuerdo con la moralidad o los métodos de la Agencia. Las consecuencias de la desobediencia para un judío individual son horrendas, como atestigua el segundo documento incautado a los sionistas en 1947.

Entre dos mundos

Nada devela más claramente el significado y alcance del “monstruo sionista” que el “Memorando del Departamento de Investigación Criminal” MUY SECRETO de Catling del 31 de julio de 1947:

El objetivo de ese memorando es ofrecer pruebas documentales de hasta dónde las supremas instituciones nacionales judías en Palestina, y sus principales autoridades, tomaron parte en actos de sedición, violencia, incitación y otros delitos contra las leyes de Palestina… La mayor parte del memorando se refiere a la guerra y a los años posteriores a ésta… por tanto el memorando se ocupará únicamente del intento de establecer vínculos entre los órganos supremos judíos y las actividades ilegales… (8).

El memorando de Catling empieza con una interpretación de la “intricada estructura económica, social y política judía en Palestina”. Una serie de apéndices ofrecen un seguimiento de estas estructuras, señalando de paso que “… el Informe de la Comisión Real Palestina de 1937 entendía que ‘la Agencia no es, obviamente, una entidad de gobierno’; sólo puede asesorar y cooperar en un amplio y determinado campo’. Pero aliada como está con el Vaad Leumi, y ordenando la lealtad de la gran mayoría de judíos en Palestina, ejerce incuestionablemente, tanto en Jerusalén como en Londres, una influencia considerable sobre la conducta del gobierno” [el énfasis es mío]. La frustración de Catling con el actual control de los judíos de la política británica en Palestina resplandece en este documento: “Esta poderosa y eficaz organización equivale, de hecho, a un gobierno que existe codo con codo con el Gobierno del Mandato…” (2-3) [el énfasis es mío] (9).

Lo que Catling no expone en esa frase, aunque lo manifiesta en el memorando, es que la Agencia Judía y sus organizaciones filiales están en guerra con la Autoridad de las Naciones Unidas en Palestina: el Gobierno Palestino del Mandato británico. Los apéndices incluyen información detallada sobre el personal al referirse a las organizaciones judías y a las funciones de cada una de ellas. El memorando va más allá. Señala que las actividades de la Agencia judía a través de sus controladas organizaciones envían emisarios e instructores al extranjero para “fomentar sentimientos sionistas entre las comunidades judías y personas desplazadas, para presionar sobre el problema palestino, organizar la inmigración ilegal y llevar a cabo actividades de espionaje”. Como consecuencia de sus investigaciones, el Departamento enumera seis áreas de actividades subversivas emprendidas por la Agencia judía contra el Gobierno del Mandato Británico:

1. Mantenimiento de un ejército y sistema de espionaje secretos;
2. Contrabando, robo y fabricación de armamento;
3. Inmigración ilegal;
4. Violencia y desobediencia civil;
5. Propaganda sediciosa y hostil;
6. Invasión de los derechos civiles de los ciudadanos judíos (10).

En resumen, la Agencia judía controlada por los sionistas, la Yishuv, socavó activamente la autoridad legal en Palestina incluso mientras actuaba para minar el apoyo hacia ese gobierno en Gran Bretaña, poniendo en peligro a las fuerzas británicas cuando trataban de cumplir sus responsabilidades oficiales en Palestina. También demuestra la determinación de los dirigentes de la Agencia de minar a la misma nación que le dio un medio para establecer una “patria” en Palestina a través de la Declaración Balfour. Ni que decir tiene que Catling y sus fuerzas del Departamento de Investigación Criminal reconocieron la posición imposible en que este desafío les colocaba y comprendieron los engaños y los medios violentos utilizados por los sionistas para asegurar que se cumpliera a toda costa su voluntad y sólo su voluntad.

Sin embargo, el poder real tras sus esfuerzos, lo que mantuvo eficazmente unida toda la telaraña de la red, fue la utilización de la extorsión sobre todo el pueblo judío en Palestina: “… la extorsión de dinero para fondos no autorizados y la auto-imposición de impuestos para financiar los ilícitos fines políticos de las instituciones nacionales” (42). El Memorando de Catling proporciona pruebas de lo eficazmente que operó la red, incluyendo la recopilación sistemática de todos los asalariados, de las medidas a adoptar en caso de que se negaran a pagar, la publicación de los nombres de quienes no contribuían, deducciones en los salarios, sanciones a las empresas, evaluación obligatoria, retención de los certificados de los inmigrantes y evaluaciones de los dirigentes de la Agencia judía.

A continuación, se exponen las medidas que adoptaban contra quienes se resistían a acatar sus dictados, incluyendo las acciones a adoptar contra cualquiera que ayudara a una de esas personas. No hay necesidad de entrar en los detalles de estas impuestas medidas; de la serie de consecuencias, desde el ostracismo total de un individuo de su comunidad, hasta su secuestro y desaparición.

Los que entraban en las fuerzas militares de la Agencia Judía, la Haganá, tenían que hacer el Juramento de la misma (XVI A 157):

Por la presente, declaro por mi propia voluntad y libre reconocimiento que entro en el organización de defensa judía de la Tierra de Israel (Irgun Haganana Haivri Be’Eretz Israel).

Por la presente, juro ser leal a la organización para la defensa todos los días de mi vida, a sus leyes y tareas, definidas por el Alto Mando en sus regulaciones básicas.

Por la presente, juro mantenerme toda mi vida a disposición de la organización para la defensa, a aceptar incondicionalmente su disciplina, sin límite alguno, y a alistarme ante su llamada para cualquier servicio activo en cualquier momento y lugar, a obedecer todas sus órdenes y a cumplir todas sus instrucciones.

Por la presente, juro dedicar toda mi fuerza, e incluso sacrificar mi vida, en la defensa y batalla por mi pueblo y por mi Patria, por la libertad de Israel y por la redención de Sión (11).

En cierto sentido, estas dos metodologías de control, una impuesta mediante el miedo, la segunda por obligación moral, facilita la comprensión de cómo los sionistas fueron capaces, mediante el control total, de conseguir sus objetivos a largo plazo durante un período prolongado de tiempo. El temor impuesto mediante la extorsión depende de que se utilice para proporcionar acceso a puestos de trabajo, a la protección ofrecida por las fuerzas de la Haganá y las bandas criminales, y a la aplicación de las normas y reglamentos detallados anteriormente.

El Juramento de la Haganá es más profundo que el miedo. En efecto, declara que un individuo ha entregado su conciencia al Alto Mando, aceptando así que esa autoridad decida lo que está bien y lo que está mal, sin que importe el derecho internacional, estatal o local, es más, independientemente de la moral, valores y tradiciones del judaísmo. Este compromiso es para siempre, hasta la muerte. Se ve reforzado por un documento distribuido por el Comandante y Tropas de la Haganá catalogado como “Instrucciones de seguridad”, que señala al principio: “Recuerda, eres miembro de una organización militar ilegal, según las leyes del gobierno, su existencia, actividad y pertenencia están prohibidos”. El resto del documento obliga al recluta a la obediencia incondicional, al silencio absoluto y a las pragmáticas y utilitarias virtudes del engaño y la mentira (12).

Vendiendo el alma

Desde el momento en que un individuo presta el juramento, se compromete a una vida de secretismo y, por consiguiente, a la deslealtad y traición hacia aquellos con quienes tiene mayor intimidad en su devenir cotidiano. Aquellos con quienes interactúan habitualmente no deben percibir ni sus acciones ni su verdadera identidad. Es una vida que encapsula la necesidad de la mentira, el engaño, la coerción, la extorsión y la obediencia a un grupo que dicta las acciones que uno debe perseguir; la libertad ya no existe, la autonomía ya no existe, la lealtad a los otros ya no existe, es más, la amistad con otros se ve comprometida o deviene algo imposible, uno se convierte en el objeto de ese grupo, en un verdadero esclavo de sus deseos y voluntades. La mentalidad que fomenta tal control, permite el espionaje, el engaño a los amigos, el ostracismo en la propia comunidad por pensar de forma diferente, el encarcelamiento sin el proceso debido, la tortura, incluso las ejecuciones extrajudiciales. Supone un compromiso total con una causa que reemplaza a todo lo demás, determinada y dictada por una oligarquía silenciosa que no está sometida a institución legítima alguna ni a nadie.

Notas:

1. Catling, Sir Richard C., Personal Classified “Top Secret” files. Rhodes House Library Archives. #145. Mss. Medit. S 20 (1, 2, 3, 4, 5) Appendices circa 475 pages of seized documents. Oxford: Bodleian Libraries.
2. Morris, Benny. (1999): “Righteous Victims: A History of the Zionist-Arab Conflict”, 1881-2001. Knopf. 208.
3. Khalidi, Walid. (1992): “All That Remains”. Institute for Palestinian Studies: Washington, D.C. xv.
4. MacMichael, Harold. (1947). “Memorandum on the Participation of the Jewish National Institutions in Palestine in Acts of Lawlessness and Violence” The Palestine Police, Jerusalem, 7-31-1947 in Catling file
5. MacMichael. “Dispatch.” 1.
6. Ibid., “Despatch” 2.
7. Ibid., “Despatch” 2.
8. Catling. “Memorandum” 1-2.
9. Ibid., “Memorandum” 2-3.
10. Ibid. “Memorandum” 5.
11. Ibid., Appendix, XVIA, 157.
12. Ibid., Appendix, XXVIII, 219.

William A. Cook es profesor de inglés en la Universidad de La Verne, al sur de California. Entre sus obras destacan: “Psalms for the 21st Century”, “Tracking Deception: Bush Mid-East Policy”, “The Rape of Palestine”, “The Chronicles of Nefaria”, y en junio aparecerá en Macmillan, “The Plight of the Palestinians”. Los artículos de Cook se publican en Counterpunch, the Palestine Chronicle, MWC News, Pacific Free Press, Atlantic Free Press, Dissident Voice and Countercurrents, entre otros. Puede contactarse con él en: wcook@laverne.edu y www.drwilliamacook.com.

Fuente: http://countercurrents.org/cook110510A.htm

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viernes, 14 de mayo de 2010

Israel: ¿Estado fallido?


13-05-2010
José Steinsleger
La Jornada

La semana pasada traté la tragedia de la nakba, expresión empleada por el pueblo palestino para nombrar el "desastre" (u holocausto) que padece desde la constitución ilegal del Estado sionista de Israel (La Jornada, 05/05/10) (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105653).

El término "ilegal" suscitó la molestia de algunas voces que respeto. El periodista Humberto Musacchio, por ejemplo, observó que la independencia unilateral de Israel (14 de mayo de 1948), fue precedida por un acuerdo mayoritario y “cabalmente ajustado al derecho internacional de la Asamblea General de la ONU…” (El Correo Ilustrado, 09/05/10).

Cierto y falso. Cierto: el acuerdo fue mayoritario. Y falso, porque el espíritu antihitlerista que embargaba a los redactores de la Carta Magna de la ONU (San Francisco, 26/06/1945) tuvo el cuidado de evitar, justamente, que el organismo internacional tuviese facultades jurídicas para separar o dividir territorios, habitados o no.

Dejemos eso de lado. Por este carril, acabamos discutiendo el carácter "legal" de los Tratados de Guadalupe-Hidalgo (1848), y otros casos similares de territorios ocupados por la fuerza. Vayamos a lo esencial: no por ilegal, el Estado de Israel deja de ser una entidad política real, y de indiscutido peso militar, financiero y político en el mundo contemporáneo.

Lo que se cuestiona de Israel nada tiene que ver con el chantaje emocional del holocausto, o el victimismo de su "derecho a existir". Los sionistas dicen que el Estado de Israel no puede reconocer a una nación israelí porque sería "el Estado de la nación judía". O sea, que pertenecería a todos los judíos de Brooklyn, Budapest, México o Buenos Aires.

¿“Nación judía…”? Nuevamente, dejémoslo ahí. En todo caso, si el gobierno de Israel celebrara un plebiscito con todos los judíos del mundo, la mayoría votaría contra sus prácticas genocidas, terroristas y anexionistas. Es más: emitirían una declaración de condena a la casta gangsteril que desde 1948 ha pervertido los valores sustantivos de la ética y el espíritu de tolerancia del judaísmo.

Ahora bien. Según Musacchio, en mi artículo habría "insistido" en “recetar la versión de los gobiernos árabes, y no de todos (sic)…”. No entiendo. Releo lo que escribí, y veo que los datos desestimados por el colega provienen de ocho fuentes israelíes. No obstante, más grave es que Musacchio diga que Palestina era un “territorio desértico que contaba entonces con algunos asentamientos árabes y judíos y era atravesado por grupos nómadas” (sic).

¿Territorio desértico? En su enciclopedia Milenios de México (1999), Musacchio estima que a la hora en que la ONU constituyó dos estados, uno árabe y otro judío “en la parte asignada a la nación árabe vivían 749 mil palestinos, y 497 mil en la destinada a Israel”. ¿Un territorio "desértico" de 20 mil kilómetros con 62 habitantes por kilómetro cuadrado?

Sería de lamentar que, de haber otra edición, Musacchio eliminara esa página de su magnífica obra en tres tomos. Porque sus datos son correctos y no provienen de fuentes "árabes" o "judías", sino del censo del Mandato Británico sobre Palestina.

Ídem: que por aquella época “no existía nada parecido a un Estado árabe palestino”. Va de nuez: cierto y falso. Cierto: no había un "Estado árabe palestino". Pero tampoco israelí. Pregunta: ¿Entonces por qué los palestinos, con un millón 246 mil habitantes, no pudieron fundar un Estado, y los sionistas sí, con una población de poco más de medio millón de judíos?

Por último, que “los gobernantes de los países árabes se opusieron a la constitución de ese Estado”. A ver, a ver. Las monarquías de Egipto y Arabia Saudita estaban enfrentadas a las de Irak y Transjordania (actual Jordania), y todas eran probritánicas. Y, a pesar de la llamada Declaración Balfour (que en 1917 respaldó la creación de un "Hogar Nacional Judío" en Palestina), los ingleses estaban poco interesados en la constitución del Estado de Israel.

A la hora de votar la partición, Londres se abstuvo: 33 países lo hicieron en favor, 13 en contra y 10 se abstuvieron. Dato importante: de no haber sido por el voto favorable de 13 países latinoamericanos (alineados con Washington), la partición de Palestina habría acabado en vía muerta.

El 14 de mayo de 1948 (dos días antes de lo estimado por el Departamento de Estado), Israel declaró la independencia, reconocida de facto este mismo día por el presidente Harry Truman.

El embajador de Estados Unidos en la ONU, Warren Austin, abandonó la Asamblea en señal de protesta. Y después, ocurrió un verdadero caos. La delegación estadounidense amagó con renunciar en masa, en tanto uno de sus miembros detenía por la fuerza al representante de Cuba, que quería anunciar inmediatamente el retiro de su país de la ONU.

En adelante, toda posibilidad de arreglo con "los árabes" (es decir con los palestinos y los movimientos de liberación en los países del Islam), sería saboteada por los sionistas que, recogiendo la bandera de los nazis, pasaron a ser los enemigos principales del judaísmo y de la humanidad en general.
http://www.jornada.unam.mx/2010/05/12/index.php?section=opinion&article=021a1pol

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domingo, 2 de mayo de 2010

Un manifiesto para pensar el presente, examinar el pasado e imaginar el futuro por un nuevo ciclo sin sionismo


02-05-2010
Nicolás Chadud Díaz
Revista Hoja de Ruta

"La justicia para los palestinos es la principal cuestión moral de nuestra era", Nelson Mandela.

El presente escrito no trata de un artículo de actualidad o reseña historiográfica-política. Por ello, no se citan textos, a penas se traen a colación algunos autores y se comparten algunas ideas o propuestas. Por tanto no se refiere a un trabajo “académico, imparcial y científico”, difícilmente algún esfuerzo intelectual sea considerado como tal. Por esta razón, se ha propuesto ensamblar una especie de manifiesto que haga aflorar un sentido crítico y reflexivo respecto a un tema complejo y sumamente decisivo: “La Izquierda y el Sionismo político”.

Este manifiesto no propone la “izquierdización del sionismo”, ni mucho menos levantar “el espíritu” de los “militantes sionistas de izquierda” para llevar a cabo algo así como una revolución social, política o económica en la tierra de Palestina. Lo que no sería posible puesto que el sionismo es en si misma una ideología que no se encuentra en la perspectiva política de emancipar a la humanidad o parte de ella, de cualquier forma de opresión y de establecer una cierta igualdad entre las personas, que les permita desarrollarse integralmente en libertad y con posibilidades ciertas de acceder a bienes materiales para cumplir dichos fines. Por tanto, referirse a la Izquierda y Derecha en la política israelí se ha convertido en algo nebuloso, extraño, paradojal. El sionismo es una ideología totalitaria en plena potencia que complejiza cualquier intento académico de la Ciencia o Sociología Política por dotarla de categorías o cualidades distintivas en su interior.

La Izquierda política se encuentra acostumbrada a utilizar un lenguaje y retórica que explicita las contradicciones de clase y económicas que existen en el sistema capitalista, lo que lógicamente impacta negativamente las relaciones humanas, entre comunidades políticas, étnicas, culturales, etcétera. Pues bien, nos proponemos dar a conocer algunas de las contradicciones de la Izquierda en cuanto a su posición respecto a las denominadas cuestión judía y cuestión palestina, dejando a la vista también que su propuesta más genuina de superar un sistema económico excluyente y desequilibrado ha ido quedando atrás, dando paso a un conformismo con suerte reformista recluido en el espacio del Estado de Bienestar y claudicando de manera fáctica la construcción de una utopía libertaria.

Por un lado, un hecho histórico significativo es que se apoya la creación del Estado de Israel como una forma de compensar los perjuicios y el intento de exterminio que sufrieron los judíos por parte del movimiento fascista en general y nazi en particular, ideología de extrema derecha que proponía un nuevo devenir para la humanidad, llevando a su máxima expresión el desarrollo de “la técnica”[1](techne) no sólo para la producción industrial de bienes, sino para instalar una efectiva industria de la muerte de opositores y de ciertas etnias que se consideraban inferiores, prescindibles y además culpables de los supuestos males que sufrían dichas sociedades. Una premisa que cobra una actualidad vertiginosa en Europa e Israel, respecto al “tratamiento” que reciben en general “los musulmanes” y los “árabes palestinos” respectivamente. Achacar a los “inmigrantes musulmanes[2]” los males que sufren las grandes economías europeas, no es sólo patrimonio de los sectores conservadores, ultra nacionalistas y derechistas, en países como Francia, Inglaterra, España o Italia. Intelectuales de la talla de Giovanni Sartori sostienen sin tibiezas que “El Islam es incompatible con la democracia”. De la misma forma que los árabes palestinos de nacionalidad israelí son percibidos por el sistema político, incluido el partido laborista[3], no sólo como ciudadanos de tercera clase en la “democracia israelí”, sino que su existencia y presencia misma se percibe como una amenaza potencial y real para ejecutar el proyecto del “Gran Israel” (Eretz Yisrael Hashlemah), anhelos que también compartía la Alemania nazi y los fundadores sionistas desde la década de los treinta.

Por esta razón principal se explica que la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas haya sido el segundo país, luego de Estados Unidos[4], en reconocer el establecimiento del Estado judío en 1948, además se pensaba que Israel sería un Estado socialista, fomentando un sistema de propiedad colectiva por medio de los Kibutz o granja colectiva para trabajar la tierra, proyecto que se esfumó rápidamente[5]. Sin embargo, es bastante común que los militantes e intelectuales izquierdistas observen con “buenos ojos” la “causa judía”, percibiéndola a lo menos como un proyecto estatal “progresista y democrático”, muy diferenciado de sus “vecinos árabes”, que son más bien “incivilizados, triviales, religiosos y tribales”, a menudo sin entender muy bien la diferencia entre un kurdo, un paquistaní, un musulmán, un tuareg, un turco, un árabe o un semita. De todas formas, lo más patético de todo es asimilar cómo militantes “izquierdistas radicales” de origen palestino que criticaban al partido Fatah por considerarlo moderado, condenaban a la OLP y Arafat por los Acuerdos de OSLO y la corrupción galopante, ahora se encuentren instalados como “nobles” funcionarios de planta o asesores en el Gobierno palestino de la ANP[6]-que efectivamente no gobierna- para supuestamente defender los derechos del pueblo palestino ¿Tanto se puede transar por un “cargo honorífico”?[7].

Es notorio que las fuerzas políticas de Izquierda o Centro Izquierda, particularmente en Europa, bastión del parlamentarismo y la socialdemocracia, que hoy en día se encuentra extraviada y desorientada en sus fines[8] y también en sus medios, se encuentren impregnadas de lo que Edward W. Said denominó como Orientalismo, lo que opera como un dispositivo discursivo; a través de unos lentes constituidos de prejuicios y objetivos políticos(definidos de antemano) para observar y representar el Mundo Árabe Islámico para conveniencia de lo que se denomina en contraposición como “Occidente”.

Lógicamente dicha perspectiva ha permeado a los diversos movimientos, partidos y gobiernos de Izquierda, inclusive aquellos que se han declarado a favor de la causa palestina y sus reivindicaciones. Nada más evidente que Gobiernos como el de Zapatero en España que se declaran en contra de la invasión a Irak, critican la colonización israelí en Cisjordania, pero es al mismo tiempo uno de los mejores Estados-proveedores de armamento sofisticado del ejercito israelí desde el año 2007, que han sido utilizado en las sucesivas invasiones a Gaza. Por su parte, la Unión Europea no ha tomado ninguna decisión en política exterior que conduzca a Israel a romper el bloqueo total de la Franja de Gaza o derribar el Muro que consolida el sistema de Apartheid. Ni siquiera se ha negado el ingreso de productos israelíes que son elaborados en las colonias instaladas en territorio palestino ilegalmente ocupado[9].

Nada más incoherente e inconsistente que la posición de los países miembros plenos de MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) que se declaran a favor de un Estado palestino y en general por la resolución pacífica del conflicto mediante el cumplimiento de las resoluciones de la ONU. Pero al mismo tiempo, establecen con Israel el primer tratado de libre comercio (TLC) con un Estado fuera de la región, que sólo falta ser ratificado por Argentina. Un acuerdo que es firmado a sabiendas que no se ha finalizado la ocupación y colonización de Palestina y, peor aún, sigue en marcha un proyecto de construir más asentamientos y anexar más y más territorio, incluido en Jerusalén, haciendo “revivir” el concepto nazi de “espacio vital”. De la misma forma el Estado chileno, presidido por dos socialistas[10], ha venido negociando un TLC con Israel, acuerdos que también posee con Corea, Estados Unidos y China, entre otros. Se hace evidente que el llamado “pragmatismo” económico financiero con el que operan los Gobiernos de cortes socialistas o socialdemócratas, tiene sumidos a las Izquierdas en una grave crisis, por su incapacidad de diferenciarse del neoliberalismo en aquellos asuntos públicos que son decisivos en las estrategias y políticas de desarrollo en los países.

Es menester declarar que el fin del Gobierno Hitleriano es percibido por el establishment político y en consecuencia por la opinión pública mundial como el fin del nazismo, nada más lejano de la realidad empírica. La “raza aria” ha devenido en un concepto del todo mesiánico: “el pueblo elegido”, pero la distinción es sumamente decisiva en nuestro tiempo, puesto que dicho proyecto totalitario capta el apoyo implícito y explicito de las grandes potencias cómplices con intereses bien específicos en la región, sin duda, pero también de países medios y pequeños cooptados por sus propias debilidades internas que permiten la oligarquización de la política, que frecuentemente se aparta del bienestar ciudadano y de la justicia a nivel nacional y mundial.

Queda en evidencia también una política comunicacional propagandista, sistemática y eficaz a nivel global para hacer “revivir o resucitar” el exterminio y horror nazi como una experiencia única, innombrable, sagrada, monstruosa e incomparable. ¿Qué importancia tienen los 1.400 palestinos acribillados en Gaza en unos pocos días? O ¿los más de 20.000 durante las últimas décadas sólo en Gaza y Cisjordania? El Estado de Israel siempre tiene una respuesta y justificación de sus crímenes: La culpa es de los terroristas de la OLP, la culpa es de la Intifada, la culpa es de Saddam Hussein, la culpa es de Arafat, la culpa es de la carta nacional de la OLP, la culpa es de Hamas, la culpa es de los movimientos islamistas y ahora último del arsenal nuclear de Irán.

En ningún lugar del planeta se asesinan a niños con tanta impunidad, en ninguna parte del planeta se le exige al pueblo ocupado velar por la seguridad del ocupante, ¡qué cosa tan insensata, sínica y poco realista! ¿En qué lugar se encuentra la Izquierda para defender la igualdad, la libertad y solidaridad con el pueblo que ha sufrido en “carne propia” las prácticas de exterminio que provienen del siglo XX y persisten en el siglo XXI? Es cierto que no se puede borrar de un plumazo la nefasta posición de los Gobiernos Árabes, incluidos los estados y gobiernos que se declaran socialistas, para instrumentalizar la causa palestina y sólo para eso, con tal de reafirmarse en el poder y asegurar sus intereses por décadas de décadas.

Un aporte para explicitar esta problemática es generar reflexión crítica para poner en evidencia la contradicción fragante entre el apoyo sistemático del proyecto racista y excluyente judío y, simultáneamente, apoyar el proyecto nacional palestino. Es posible que los grandes proyectos nacionales hayan perdido una cierta vigencia, pero dicha situación histórica no se constituye en una justificación válida para dejar a los palestinos “como carne a la intemperie, a la deriva de sus verdugos”, sujetos a una terrorífica experiencia de encierro, sujeción, control, vigilancia y castigo permanente de sus vidas. Israel ha hecho posible macro socialmente hablando, la consagración absoluta y radical del Panóptico diseñado por Bentham[11].

Una posición ambigua de los Gobiernos de Izquierda al respecto dan cuenta no necesariamente de lo ilegitimo de los valores que encarnan, sino del estado de descomposición en la cual esos valores se manifiestan en la política en sus respectivas dimensiones, puesto que no se ven reflejados en casi ningún sentido. La campaña a favor del boicot en contra de los productos y servicios israelíes[12] es fomentada más bien por militantes, movimientos internacionales y ONGs, principalmente de países más desarrollados, que en general no militan en partidos o movimientos de Izquierda, aunque por su perspectiva de la política y de lo que deben ser las relaciones humanas y económicas, sí lo son. Se debe constatar la brecha existente entre la sociedad civil y los partidos políticos que debieran representar los intereses y demandas de la misma. Más bien los partidos se han convertido en verdaderas “industrias” que “producen” “militantes-burócratas” , con escasa capacidad analítica, para engrosar los diversos estamentos del Estado y en particular los partidos socialistas, laboristas o socialdemócratas han perdido su genuina vocación internacionalista y emancipadora.

La Izquierda se encuentra en una encrucijada que ha llegado por si misma, sin proyecto y eso se refleja en la falta de estrategia, cooperación y coordinación internacional para encarar los problemas de la humanidad, paradojalmente en un momento económico en donde la Globalización Neoliberal ha mostrado graves falencias. Sin duda, Palestina se ha convertido, sin habérselo imaginado, en el centro mismo de las tensiones y conflictos que se presentan en la modernidad. Así como en un lugar de experimentación caótica en el cual se manifiestan y contra manifiestan en su mayor intensidad las teorías y prácticas del fascismo contemporáneo.

¿Será este territorio “sagrado y profanado” a su vez un punto de dislocación para ingresar a un nuevo ciclo humano disruptivo que se rebele en contra de la catástrofe que significan las teorías y prácticas raciales, coloniales e imperiales, de unos sobre otros? Y en este mismo sentido, ¿Se podrá superar el discurso civilizador y policial que ostentan quienes piensan en una supuesta superioridad moral “Occidental” en relación a “Oriente”?

Nicolás Chadud. Es politólogo e investigador.

Nota: El presente documento se ha podido llevar a cabo gracias al aporte generoso, valiente, comprometido y decidido de los miembros del Movimiento Palestino Revolucionario de Esperanza con sede en Shams Yedid e Ibdaa.

NOTAS

[1] Palabra tan de moda en nuestro tiempo. “Gobierno de especialistas y técnicos”.

[2] Que provienen sobre todos de países como Argelia, Egipto, Túnez o Marruecos que sufrieron en “carne propia” el colonialismo y el saqueo desenfrenado de sus recursos, métodos que persisten a través de políticas económicas sofisticadas y fomentadas por las oligarquías internas.

[3] El Partido Laborista israelí, el más importante de su historia, es parte de un Gobierno de “Unidad Nacional” que es integrado por partidos que se encuentran de acuerdo en transferir masivamente a los palestinos fuera de las fronteras, tal como se hizo en 1948 y 1967. A su vez, el Partido Laborista, se encuentra a favor de aplicar leyes que faciliten la expulsión de palestinos. El Partido Laborista israelí es el mejor ejemplo de lo que está convertida la Socialdemocracia de Hoy: aquella que se declara “moderna, laica, progresista, racional”.

[4] Luego de finalizar la segunda Gran Guerra, Estados Unidos de Norteamérica pasó no sólo a ser la gran potencia mundial sino también el país con mayor influencia en la región levantina(Zona de Al Shams) y norte de África(Egipto y Magreb), remplazando el poderío anglo francés que se mantuvo durante décadas.

[5] Antes del nacimiento del Estado sionista ya se excluía a los palestinos y se les negaba el acceso a la tierra.

[6] Según el portal oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado de Israel, una de las principales tareas de las Fuerzas de Defensa Israelí (FDI) es garantizar la seguridad global en la Margen Occidental (Cisjordania) en coordinación con la Autoridad Palestina. “Sus principales tareas incluyen consolidar los arreglos de paz; garantizar la seguridad global en la Margen Occidental en coordinación con la Autoridad Palestina; luchar contra el terrorismo, tanto dentro de Israel como más allá de sus fronteras; y mantener una capacidad de disuasión para evitar el estallido de hostilidades”. Véase en: http://www.mfa.gov.il/MFAES/Facts+About+Israel/EL+ESTADO-+Fuerzas+de+Defensa+de+Israel.htm. Esto hace evidente que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) opera bajo la tutela israelí y que Israel no tiene la más mínima intención de acabar su dominio sobre la nación palestina, como bien apuntaba Edward W. Said.

[7] Son precisamente los (no) militantes o ciudadanos oportunistas los que atentan contra los proyectos que pretenden democratizar la sociedad. Un desafío de la Izquierda en general y la Izquierda palestina en particular, si pretende volver a ser Izquierda, debería aplicar exigentes criterios de selección, ¡si selección!, para rescatar a aquellas personas preparadas que actúan por convicciones, utopías y propósitos colectivos.

[8] Sin un proyecto colectivo realmente diferenciador del libre mercado y de la democracia (no) representativa.

[9] Véase lo siguiente: ¿Es legal el boicot contra los productos israelíes? En http://www.voltairenet.org/article161496.html

[10] Se refiere a Lagos y Bachelet, que comparten militancia en el Partido Socialista de Chile, partido que posee un historial de cooperación y solidaridad mutua con la OLP.

[11] Véase la obra de Michel Foucault.

[12] Por ejemplo, el adiestramiento y “asesoría” de las Fuerzas de Defensa israelíes(FDI) con sus respectivos pares en América Latina y el Caribe para formar verdaderos ecuadores de la muerte, principalmente como un medio para combatir a opositores y defender Golpes de Estados.

Fuente:http://www.hojaderuta.org/ver_articulos.php?id_texto=557&id_revista=41

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sábado, 20 de febrero de 2010

¿Acaso sionismo es judaísmo o judeidad?


20-02-2010
Luis E. Sabini Fernández
Rebelión

Los medios de incomunicación de masas de Buenos Aires han agitado esta semana (del 15 de febrero en adelante) un extraño diferendo entre el embajador Héctor Timerman y Clarín.
Extraño, porque ambas partes, acusados y acusadores, niegan y reniegan de la piedra del escándalo, presuntamente el antisemitismo.

Clarín anuncia que desactivó el blog que desencadenara el conflicto por “no respectar [sic, ¡los estragos que ha provocado en Clarín la supresión de correctores humanos!] las Politicas del Sitio.”

La piedra del escándalo fue la afirmación de que Timerman es un “sionista militante”. Automáticamente, la DAIA, el aludido Timerman, el mismo Clarín, se apresuraron a traducir esa calificación como que se atacaba “la condición de judío del diplomático” (iton gadol, agencia para el “diario quehacer de la comunidad”).

Otro sitio web, http://el-gallo-en-alpargatas.blogspot.com/, al parecer también vinculado con “la comunidad”, según la expresión de iton gadol) informa que la DAIA condena las expresiones de Edgardo Arrivillaga “en donde se desvaloriza el accionar del funcionario diplomático Héctor Timerman por su carácter de sionista militante, sinónimo [sic] con el que se pretende cuestionar su pertenencia a la comunidad judía.”

E. Arrivillaga parece ser un periodista escasamente confiable, al cual no se le puede creer una palabra porque sus vinculaciones parecen mucho más pesadas que su afán por desvelar realidades. Parece ser un incondicional de Duhalde y un entusiasta con las funciones que el expresidente le quiere otorgar, restituir, a las ff.aa.

O sea que lo relevante de este episodio mediático e ideológico no es precisamente la poco atractiva ideología del desencadenador del asunto, el mencionado Arrivillaga, sino la curiosa coincidencia de Timerman, DAIA, Clarín, su jefe Kirschbaum, pero también El Argentino, Página 12, periodistas radiales, en calificar como antisemitismo un hecho que no lo es o que al menos no tiene porque serlo.

Es como si todos quisieran ver las ropas del emperador…

Calificar a alguien de sionista no es antisemitismo. Ni siquiera es, en pura lógica, antisemitismo calificar a alguien críticamente como sionista.

Porque el sionismo se refiere a un “movimiento de liberación nacional” fundado en el siglo XIX y que expresó hasta mediados del s. XX apenas a una minoría de judíos (aunque se pueda suponer que ahora expresa a una mayoría). Es un movimiento, una organización político-ideológica que logró plasmar un estado racista mediante el colonialismo a la europea en tierra asiática (como se hicieron, desde Europa, tantos otros).

Y lo judío alude a una entidad muy anterior, milenaria (el calendario judío habla de seis milenios), tiene una base religiosa, aunque la pérdida del ímpetu o sentido proselitista haya llevado a que dicha comunidad se haga tendencialmente endogámica. Religiosos o agnósticos, distan de ser un pueblo; basta ver los perfiles étnicos tan disímiles entre judíos, practicantes de la religión (o no).

Tan llamativa coincidencia para calificar de antisemitismo hasta la expresión “sionista militante” lleva a pensar en la reciente decisión de la dirección política israelí de iniciar una campaña de lavado de imagen luego de verificar el aumento de críticas sobre los asentamientos (colonialismo puro), el trato a palestinos (racismo puro) y el ataque a la Franja de Gaza de hace un año (represión pura).

El actual ministro de Información, un ministerio flamante, reparemos, Yuli Edelstein, está a cargo de una campaña con folletería que pregunta: “¿Está usted hasta la coronilla por la forma en que se nos retrata en el mundo? Usted puede cambiar esto.”1 Tenemos que “movilizar nuestro capital humano”, agrega. Curiosamente alude a las reservas intelectuales israelíes y no a las económicas que no son menos significativas.

El mismo Bronner cita al docente Schlomo Avineri que considera a la campaña como “pueril”. Por las imágenes que combate (que los británicos crean que el medio de locomoción principal en Israel sea el camello… algo que ni el más despistado rioplatense podrá imaginar). Pero, agrega, percibe un tufillo bolchevique, “haciendo de cada ciudadano un sirviente civil honorario de la política gubernamental.” Cuando nos enteremos que “en una segunda fase de la campaña los ciudadanos van a ser entrenados para hablar en la televisión y en radios extranjeras” 2 la presunción de Avineri no suena tan disparatada.

Pero, como decía un inolvidable profesor de filosofía, Mario Sambarino: “hay límites para el macaneo”.


Pese a los afanes de Israel por confundir en un único “paquete” lo judío y lo sionista, allí están, cada vez más, judíos que no aceptan el comportamiento israelí para con los palestinos, por ejemplo. Y está el diccionario, para seguir aprendiendo a pensar y a discernir conceptos y entidades, no confundirlas ni revolverlas para ganancia de algunos “pescadores”.

Luis E. Sabini Fernández es editor de la revista rioplatense Futuros

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