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martes, 27 de abril de 2010

Grecia no es la causa principal de la crisis del euro


27-04-2010
Vicenç Navarro
Sistema Digital

La visión que se está transmitiendo, por la mayoría de medios de información en España, sobre la crisis del euro es que esta crisis está causada por el comportamiento irresponsable del gobierno griego, que ha gastado en exceso en su estado del bienestar, creando un déficit y una deuda pública que no son sostenibles y que han generado dudas sobre si el gobierno podrá pagar sus deudas, con lo cual la moneda que utiliza Grecia –el euro- quedará muy afectada.

Ejemplo de esta lectura del euro es el artículo de Sala i Martín en La Vanguardia (17.02.10), en el que critica a Grecia (y a otros países de la eurozona mediterránea, incluyendo España) de ser responsables de la crisis de la moneda europea, debido a un excesivo gasto público, derrochado –según él- en exuberantes beneficios sociales y laborales (ver mi artículo “La crisis, ¿qué debería hacerse?” Sistema 05.03.10). En este contexto, aparecen frecuentemente los pensionistas griegos, muchos de los cuales pueden ya jubilarse a la temprana edad de 55 años. De esta lectura se deriva que la solución es que los griegos (así como los españoles, portugueses y otros mediterráneos -aunque incluyen también a Irlanda- inclinados a excesos en sus gastos públicos) se aprieten el cinturón recortando su gasto público y reduciendo sus exuberantes beneficios sociales y laborales, tal como instruyen el Banco Central Europeo (máxima autoridad monetaria de la Eurozona) y el Pacto de Estabilidad.

Hasta aquí el dogma liberal. Veamos ahora los datos. En realidad, la economía griega en los últimos quince años (hasta 2009) había sido altamente exitosa. Su crecimiento económico (medido en el PIB per capita) creció más rápidamente que el promedio de la UE. Es cierto que ahora su déficit es elevado (13% del PIB), y su deuda es también elevada (113%), aunque no mucho más elevada que la deuda que se proyecta para el 2011 para el promedio de los países de la OCDE y mucho menor que la deuda de Japón (192% del PIB). Lo que ha ocurrido en Grecia, y en la mayoría de países de la OCDE, es que la disminución de los ingresos del estado, consecuencia del descenso muy marcado de la actividad económica, ha causado el crecimiento del déficit. Lo que los liberales olvidan es que el problema del déficit se basa más en el déficit de ingresos al estado (impuestos), que en la exuberancia del gasto.

Grecia es un país pequeño (que además tiene un fraude fiscal enorme), y el gobierno conservador anterior prefirió más conseguir dinero de los bancos extranjeros que aumentar los impuestos de la gente más pudiente y así corregir el fraude fiscal. El 95% del dinero que consiguió, vendiendo bonos, fue a bancos europeos. En otras palabras, el 95% de la deuda del estado griego la tienen los bancos europeos (y muy en especial los alemanes). Estos bancos compraron los bonos griegos en masa y a precios muy reducidos. Tiene millones de euros en bonos. Estos bonos los tienen asegurados en lo que se llama Credit Defaults Swaps (CDS); lo cual quiere decir que el aseguramiento de los bonos no se basa en su precio real, sino en un precio ficticio, resultado de la especulación. De ahí las campañas de los bancos y de los hedge funds (fondos de carácter especulativo) a fin de inflar el precio de los bonos que generan un interés exorbitante de un 7% por año. Y se están forrando como consecuencia de ellos. De esto, los liberales ni hablan.

Pero este crecimiento exuberante de los intereses de los bonos lo tiene que pagar el ciudadano griego a base de ajustarse el cinturón. Y ahí está el Pacto de Estabilidad, el instrumento por antonomasia de rectitud monetaria. Lo que al ciudadano griego se le dice es que tiene que ser más austero, vivir con menos transferencias y servicios públicos y reducir sus beneficios sociales y laborales. Todo ello para que se puedan pagar a los bancos sus escandalosamente altos beneficios bancarios, basados en mera especulación. Y los bancos tienen sus propias agencias de certificación (que están en su bolsillo), que catalogan los bonos de los estados según la voluntad de los gobiernos de seguir las instrucciones de los bancos (que se llaman los mercados financieros).
Ahora bien, este descenso del gasto público está creando un enorme problema, pues acentúa más la recesión y dificulta la recuperación en todos los países de la eurozona y no sólo en los países mediterráneos (e Irlanda), sino también en los países centrales, incluida Alemania. La austeridad de gasto público (iniciada ya con las reformas Schroeder) en Alemania, junto con la falta de crecimiento de los salarios en aquel país, hace que la escasa demanda interna esté imposibilitando el estímulo económico necesario para salir de la crisis. De ahí que los círculos liberales y conservadores que gobiernan en Alemania intenten basar la recuperación económica en el crecimiento de las exportaciones. Pero el problema es que la gran mayoría de exportaciones en Alemania (2/3 partes) van a los países de la Eurozona que no están importando por las mismas razones: las prácticas de austeridad (bajada de gasto publico y de salarios), que están imposibilitando que se importen los productos alemanes. De ahí que el comercio alemán y europeo se está paralizando. En realidad, en Irlanda, donde más se han aplicado las recetas de austeridad (al igual que en Lituania), el PIB ha disminuido nada menos que un 8% (en 2009), desembocando aquel país en una profunda recesión. Un tanto igual ocurrirá en Grecia (y puede ocurrir en España si las políticas de austeridad no cambian). El paquete de ayuda de la UE a Grecia que el presidente Zapatero, Presidente de la UE, ha organizado, es una medida necesaria pero profundamente ineficiente, pues la solución a la crisis de Grecia pasa por cambios más profundos de lo que la UE está considerando, pues se necesita un giro de 180º en sus políticas, pasando de políticas liberales a políticas keynesianas de estímulo de la demanda. Cuando se creía que la crisis presente (generada por las políticas liberales) significaría el fin del neoliberalismo, resulta que, paradójicamente, estamos viendo como la mayoría de gobiernos de la UE, alentados por sus instituciones (tanto el BCE como la Comisión Europea y el Consejo Europeo) están reincorporando tales políticas.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

www.vnavarro.org

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lunes, 15 de febrero de 2010

Lo que de verdad hay detrás de la crisis económica en Grecia, y qué enseña políticamente sobre la actual Unión Europea


08-02-2010
Costas Douzinas
The Guardian

Grecia se está convirtiendo en un experimento para la nueva fase de la corrección de curso que el neoliberalismo se propone realizar aprovechando la estela de la crisis económica y financiera.

Paul Bremer, el primer virrey norteamericano, impuso a un estragado Irak políticas económicas que el Economist calificó como un régimen "de capitalismo de ensueño". Difícilmente se halla una locución mejor para describir las medidas del plan de "estabilidad" sometidas por Grecia a la aprobación de la Comisión Europea, y aprobadas ayer. El plan contempla una reducción del déficit presupuestario griego, que pasaría del actual 12,7% del PIB al 2,8% en 2012, prometiendo, además, inmediatamente, un recorte del 10% en el presupuesto ministerial, una congelación de las contrataciones de funcionarios públicos, la abolición de distintos impuestos directos y un incremento de la fiscalidad indirecta. Y por si eso no bastara, el primer ministro socialista George Papandreu anunció ayer, en un dramático discurso televisado a la nación, ulteriores medidas de austeridad sin precedentes, entre ellas, el aumento inmediato de los impuestos a los carburantes, el aumento de la edad de jubilación y recortes en la remuneración de los empleados públicos que significarán una disminución del 10% del salario para la mayoría de funcionarios del Estado, y del 40% en el caso de los académicos. Como en Gran Bretaña, las universidades reciben el primer golpe; la tan cacareada "economía del conocimiento" no es óbice para considerarlas un lujo de todo punto secundario.

Y todo eso va a ponerse por obra en el país más pobre de la vieja Europa, que cuenta con un desempleo juvenil del 25%, con un crecimiento estancado y con sus tradicionales sectores de la industria naviera, el turismo y la construcción sometidos a una indecible presión. Esas medidas cerrarán el círculo vicioso de creciente desempleo, menguantes ingresos fiscales y políticas económicas sometidas al capricho de la especulación en los mercados financieros. Empujarán a un país que se halla ya en profunda recesión al abismo de una depresión duradera y sin salida.

"Grecia se halla en el ojo del huracán de una tormenta especulativa", lamentó Papandreu en su comparecencia televisiva. Se estaba refiriendo a la degradación de la calificación del crédito griego por parte de tres empresas privadas de valoración de riesgos –ninguna de las cuales está sometida a control o supervisión algunos— y a la consiguiente especulación en los mercados en torno a la deuda pública griega destinada a financiar el déficit, especulación que elevó los tipos del empréstito soberano griego un 4% por encima de la línea de base. Se trata de una repetición intensificada del ataque que lanzó Soros contra la moneda británica en 1992 (que llevó al Reino Unido a su humillante salida del Mecanismo Europeo de Cambio) y del ataque de los especuladores a la banca británica en 2008. Y es índice capital de una desdichada situación galanamente aceptada por la Unión Europea y los gobiernos: un puñado de megacapitalistas fondos de cobertura hedge, que ya se han cargado con esa práctica a grandes bancos, apuesta ahora a la bancarrota de un país en la esperanza de que la propia apuesta ayude a cumplir la profecía y les permita ganar posiciones de ventaja en la venta cortoplacista.

No cabe la menor duda de que tanto Papandreu como Karamanlis, las dinastías políticas dominantes en la Grecia de posguerra, se han servido del empleo en el sector público y del mecenazgo para beneficio político propio, contribuyendo a aumentar monstruosamente el volumen de la deuda. No cabe la menor duda de que una substanciosa evasión fiscal, la corrupción y el clientelismo han contribuido significativamente a las actuales cuitas. Pero el remedio es mucho peor que la enfermedad, y será costeado, como siempre, por las usuales víctimas: trabajadores asalariados, grupos de bajos ingresos, campesinos con cultivos de subsistencia y desempleados.

En un horizonte más amplio, Grecia se está convirtiendo en un experimento para la nueva fase de la corrección de curso que el neoliberalismo se propone realizar en la estela de la crisis económica y financiera. Las medidas fiscales e impositivas de "estabilidad" vienen a continuar un conjunto de dogmas económicos milagreros que, aun si quebrados en 2008, siguen dominando el mundo mental de los dirigentes políticos europeos. La magia negra de la privatización, la desregulación y la financiarización ha sido teóricamente rechazada por muchos fieles de la primera hora, pero todavía impera en los ambientes de unas cuantas escuelas de negocios de elite y en la Comisión Europea. Obama lanzó el año pasado un estímulo fiscal de 787 mil millones de dólares, que incluían recortes fiscales, expansión de la cobertura del desempleo e incremento del gasto en educación, sanidad, infraestructuras y sector energético; la europea Grecia se ve condenada a la inanición fiscal. La deuda pública de Japón representa el 225% de su PIB, y se financia mediante empréstito interno, dejando sólo el 6% en manos extranjeras; Grecia se ve condenada a tomar préstamo en mercados extranjeros, sirviendo unos intereses que sólo pueden calificarse como usureros. El comisario económico Joaquín Almunia fue cínicamente claro respecto del propósito del plan de "estabilidad" al decir que Grecia necesita "más reformas en las pensiones, en la sanidad y en el mercado de trabajo". Es un desvergonzado intento de aprovechar un problema relativamente pequeño de deuda, a fin de alterar radicalmente los equilibrios de clase y la relación Estado/sociedad en un país conocido por su militancia sindical y la fortaleza de su izquierda radical.

La legitimidad de la Unión Europa se funda en principios de justicia social y de solidaridad. Joseph Stiglitz ha recordado a los europeos esas tradiciones en unas unas páginas recientes, llamando a una emisión de bonos en euros para salvar a Grecia y a otras economías endeudadas. Un paliativo inmediato así haría las veces de un trágico deus ex machina; lo que pasa es que el fantasma neoliberal ha expulsado a dios de la máquina.

Todavía hay un aspecto más preocupante en estos acontecimientos catastróficos. Papandreu resultó elegido hace cuatro meses sobre la base de un programa de redistribución y justicia social. Ahora acaba de aceptar un programa que es exactamente lo contrario. Y eso constituye un ataque radical a la política, y la mejor expresión del odio neoliberal a la democracia. El comisario Almunia aconsejó a los políticos y a la opinión pública de Grecia aceptar las medidas propuestas añadiendo una apenas disimulada amenaza reveladora de la asombrosa idolatrización de los mercados y la fingida naturaleza de la impotencia regulatoria. Pues lo cierto es que los mercados podrían especular con éxito contra los bonos griegos, llevando a cotas insostenibles el costo de los empréstitos, sólo porque la UE ha fijado un irrealista límite del 3% para el déficit presupuestario. El resultado es que la UE empuja a Grecia desde un extremo y el mercado, desde el otro. Es una tormenta perfecta, pero movida por mano humana. Los políticos y los eurócratas han aceptado el papel de jugadores de poca monta en una economía de casino que se declara por encima de los procesos políticos.

La violenta pauperización de las masas, la rampante privatización de los servicios públicos a través de la reducción radical del sector estatal, así como la creciente dependencia de los mercados exteriores en el servicio de la deuda, equivale a una pérdida de soberanía tal, que admite comparación con la de un Estado sometido a ocupación extranjera, y trae consigo una amplia reestructuración de los activos nacionales a favor del capital y una grave crisis de legitimación europea.

Los griegos son un pueblo orgulloso. Han sido masivamente sometidos al bombardeo de los medios de comunicación, del gobierno y de académicos adocenadamente sumisos, a fin de hacerles creer culpables de los fallos de un sistema al que nadie ha votado. En Gran Bretaña estamos ya muy acostumbrados a la retórica del TINA ["No-Hay-Alternativa", por sus siglas en inglés; T.]; pero también sabemos que siempre hay una alternativa. La situación por la que atraviesan los griegos les coloca en primera línea de un ataque en toda regla a los principios europeos de democracia, justicia social y solidaridad, principios que, aunque nunca dejaron de ser un poco retóricos, hoy se hallan quebrados por doquiera.

Idealmente, lo que el gobierno griego debería hacer es olvidarse de la falsa ortodoxia que convierte a Grecia en una nación tan poco soberana como Irak y llamar a un frente nacional de resistencia frente al bárbaro ataque. Una iniciativa así movilizaría el orgullo y el sentimiento de injusticia de la nación. Apartaría al nacionalismo griego de su patológica evolución reciente hacia el extremismo derechista y xenofóbico y lo acercaría más a la tradición helénica, que es la de la defensa de la democracia. Islandia convocó un referéndum para decidir sobre la devolución de su deuda; lo mismo debería hacer Grecia.

Pero no es probable, porque el partido gobernante está demasiado comprometido con el viejo clientelismo y el neoliberalismo. La falta de una reacción encabezada por el gobierno aumenta los desafíos para la izquierda griega, una de las más fuertes de Europa. La izquierda tiene la responsabilidad histórica de movilizar a la opinión pública griega contra este tsunami de idiocia e injusticia antidemocráticas. Los griegos han demostrado que saben cómo resistir, desde Antígona hasta la Atenas de diciembre de 2008. Los campesinos ya han bloqueado varias rutas en dirección norte y Bulgaria, obligando a Barroso a amenazar con acciones legales. Se han convocado para el próximo mes huelgas de funcionarios públicos y una huelga general.

La izquierda debe ser capaz, además, de movilizar a la opinión pública europea. Si el ataque a las comunidades mineras y a la NUM [Unión Nacional de Mineros, por sus siglas en inglés; T.] resultó en Gran Bretaña emblemático del primer neoliberalismo, el ataque a Grecia representa el comienzo de su segunda fase. Si Grecia cae, no ofrece duda que los mercados pasarán a atacar a España, Portugal, Italia y Gran Bretaña, y la Comisión Europea vestida con la toga de un coro trágico y lavándose las manos como Poncio Pilatos. Lo que está en juego es el futuro de la democracia y de la Europa social; los griegos deben luchar por todos nosotros.

Costas Douzinas es profesor de ciencias sociales en la Universidad de Birmingham en el Reino Unido.
Traducción para www.sinpermiso.info : Ramona Sedeño

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sábado, 13 de febrero de 2010

La curiosa solidaridad con Grecia de la UE



12-02-2010
Editorial de Gara
Gara

La ayuda de la Unión Europea a Grecia para hacer frente a la abultada deuda pública de este país se concreta en una declaración de apoyo que contemplaría medidas adicionales «si fuera necesario». A cambio de esa «clara señal a los mercados» de la UE, Grecia, como ya había anunciado, se comprometió a tomar todas las medidas necesarias para reducir su enorme déficit público, concretadas en el plan de austeridad que había presentado a la Comisión Europea.

Cuando apenas se ha iniciado la recuperación económica, y no en todos los países de la UE, y los efectos de la recesión siguen siendo notables en las capas sociales más débiles, la misma falta de regulación del sistema financiero causante de la crisis general es la principal causa de la crisis de deuda en Grecia. La especulación que hizo temblar al sistema neoliberal o los paraísos fiscales fueron asuntos que los organismos económicos internacionales y los líderes mundiales colocaron en su agenda cuando dijeron abordar la seria tarea de «refundar el capitalismo». Al parecer, no la tomaron muy en serio.

Hay apoyo al Gobierno griego, y «si fuera necesario» rescate, por miedo a que el hundimiento de la economía de ese país repercuta en toda la zona euro, en cuyo caso es de suponer que antes se activarían medidas de contención. Sin embargo, el presidente permanente de la UE, Herman Van Rompuy, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, se refirieron al acuerdo comunitario denominándolo mensaje de «solidaridad». ¿Solidaridad con quién? Las ayudas adicionales tendrían lugar si fuera necesario. ¿Necesario para quién? ¿Para los griegos? No lo aclararon; sin embargo, no parece demasiado aventurado suponer que se refieren a la hipotética necesidad de evitar un mayor debilitamiento del euro.

Mientras tanto, los trabajadores griegos se movilizan en contra de unas reformas que pretenden hacer frente a la difícil situación económica a costa de sus derechos y, como es habitual, no afectan a quienes más tienen. Unas medidas que, sencillamente, no los tienen en cuenta.

Bruselas, 11 de febrero

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca


Una dividida Unión Europea se retractó de lanzar un paquete de rescate para Grecia de miles de millones de euros, y sus líderes intentan discutir una salida negociada a la peor crisis financiera que ha sufrido el bloque en su medio siglo de existencia. El déficit presupuestal de Grecia ha desestabilizado a todo el continente, pero los jefes de Estado y gobierno de la comunidad se limitaron este jueves a emitir una declaración de solidaridad con Atenas.

Prometieron que los estados de la zona del euro adoptarán acciones decididas y coordinadas; de ser necesario, para salvaguardar la estabilidad de la eurozona como un todo. Los griegos no han solicitado apoyo financiero.

Después de una cumbre informal de los líderes de los 27 países comunitarios en la capital belga, cuya celebración se precipitó ante el riesgo de que la situación de los griegos contagiara a otras naciones y amenazara la existencia de la moneda común europea, la canciller federal alemana, Angela Merkel, cuyo país tendrá que pagar la cuenta de ofrecer un rescate a Grecia o a las otras economías más débiles del bloque, afirmó que su nación permanece hombro con hombro con Atenas, lo cual es el deber y compromiso de todos nosotros.

El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy; el presidente permanente del Consejo de Europa, Herman Van Romppuy, y otros expresaron su solidaridad de manera igualmente vigorosa, pero nadie mencionó dinero. Se calcula que serán necesarios 53 mil millones de euros para sanear el déficit griego.

El comunicado destaca, tal y como recalcaron también Merkel y Sarkozy, que Grecia aún no ha pedido formalmente ayuda financiera, pero analistas coinciden que ni Berlín ni París cuentan con un plan de contingencia para cuando llegue el momento de otorgar un paquete de rescate para los griegos.

Una fuente interna de la UE aseguró que persisten profundas tensiones en torno al tema de Grecia, en las que juega un papel importante la presencia de Jean Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, y que la reunión de hoy fue menos útil de lo que se esperaba.

Alemanes y franceses ven el problema de manera muy diferente, y Trichet tiene una visión muy legalista de lo que puede o no hacerse dentro de la UE. Se espera que otras naciones se solidaricen en lo que se refiere a ofrecer préstamos y garantías, comentó el allegado a las pláticas, a condición de permanecer anónimo.

Los mercados parecen tener confianza en la palabra de la UE, al menos por ahora, ya que el valor de la moneda europea se ha mantenido relativamente estable ante otras divisas fuertes.

El gobierno griego se ha comprometido a lograr una reducción radical de su déficit presupuestario, que es el más grande de Europa, proporcionalmente al tamaño de su economía.

Con una deuda equivalente a 13 por ciento de su producto interno bruto (PIB), Grecia ha prometido bajar cuatro puntos porcentuales su déficit durante el año en curso, y en 2012 llegar a una deuda de 3 por ciento de su PIB, que es el máximo permitido para los países de la UE.

Una ola de huelgas en el sector público, incluida la tesorería, ha socavado la ya de por sí endeble fe que se tiene en que el gobierno griego logre implementar sus medidas de austeridad. Para aumentar la confianza de los países comunitarios, Atenas se ha comprometido a entregar un informe mensual de sus finanzas públicas a otros gobiernos europeos y permitir al Fondo Monetario Internacional vigilar sus políticas fiscales. Grecia aceptó también que funcionarios de la Comisión Europea reformen sus sistemas estadísticos.

En todo caso, funcionarios de la Unión Europea prometieron que se concertará el apoyo financiero a futuro de ser necesario, y que éste estará diseñado con el fin de recuperar la confianza de los mercados y evitar que otro tipo de acciones sean necesarias.

La clave está en Alemania. Al margen de las conversaciones, Berlín ha manifestado su disgusto, en el sentido de que considera políticamente imposible para el país simplemente abrir sus arcas. Un estudio legal hecho para el Parlamento Federal alemán sugería que el rescate de Grecia sería anticonstitucional. Asimismo, es técnicamente ilegal bajo el reglamento de la UE, que una nación asuma las deudas de otra, si bien se permite que, en caso de imperiosa necesidad, se opte por desestimar dichos obstáculos legales.

Dado que Inglaterra está fuera de la eurozona, no se espera que esta nación contribuya en cualquier futuro apoyo financiero para los llamados países cerdos de la UE, que son Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.

También se presta mayor atención a cuestiones que quedaron estipuladas en los tratados de la UE de manera permanente, sobre medidas que pueden implementarse para prevenir que los problemas de un país miembro acaben hundiendo a toda la eurozona.

Berlín teme que cualquier gobierno europeo económico, semejante a la Tesorería estadunidense, se convierta en un organismo derrochador e irresponsable que amenace la independencia del Banco Central Europeo.

Las reglas originales del Tratado de Maastricht limitaban el déficit nacional a no más de 3 por ciento del PIB, y las deudas nacionales a 60 por ciento. Pero todas estas reglas quedaron olvidadas cuando cada país comunitario trató de combatir, con gasto, sus respectivas recesiones.

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