07-05-2010
Ángel Guerra Cabrera
La Jornada
Con la elección de Néstor Kirchner como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la cumbre extraordinaria celebrada en Argentina, el bloque dio otro paso firme hacia su consolidación como mecanismo de independencia, unidad e integración subregional. Y es que haberle asignado esa responsabilidad al ex presidente argentino tiene una gran carga simbólica toda vez que fue bajo su mandato y gracias a la influencia que le confería ser jefe de Estado del país sede que se hizo posible, entre otras causas, desactivar la puesta en vigor del ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, instrumento "monroísta" concebido para la recolonización de América Latina por Estados Unidos, enterrado allí según lo expresara entonces el presidente venezolano Hugo Chávez.
A la sazón, ya la rebelión antineoliberal latinoamericana -razón principal de que pudiera ser derrotado el ALCA- había llevado a la presidencia de sus países, además de a Kirchner y a Chávez, a Lula da Silva y Tabaré Vázquez en Brasil y Uruguay respectivamente, y estaba por ser elegido un mes después Evo Morales, que acudió a la Cumbre (paralela) de los Pueblos todavía como candidato.
Otros acuerdos importantes de la cumbre fueron el apoyo a Argentina en el diferendo con el Reino Unido por la soberanía sobre las Malvinas y la censura a la ilegal exploración británica de recursos naturales en la plataforma continental argentina, la condena a la racista ley Arizona, el respaldo a las acciones de Paraguay en defensa de la seguridad ciudadana y la decisión de acelerar la dilatada ayuda a Haití. No fue posible alcanzar consenso sobre Honduras ya que Colombia y Perú reconocen el gobierno de Lobo a diferencia de los otros diez miembros.
UNASUR nació en Cusco en diciembre de 2004, aunque fue bautizada en isla Margarita en 2007. Es muy joven comparada con sus similares de otros continentes aunque fue en el nuestro donde más temprano surgieron las ideas de unidad e integración de varios de sus próceres, señaladamente Bolívar, pero donde las oligarquías y el imperialismo, primero británico y luego estadounidense, le han puesto más obstáculos a su concreción. Sin embargo, pese a su juventud, UNASUR ya ha cumplido importantes funciones no obstante las diferencias ideológicas y políticas que por la índole plural de una organización de este carácter es natural que existan entre los Estados miembros.
Su decisiva contribución para frenar y desmantelar el golpe de Estado separatista enfilado por Estados Unidos para derrocar al gobierno de Evo Morales fue histórica, pues nunca antes los gobiernos latinoamericanos habían conseguido unirse para derrotar un plan sedicioso de la potencia del norte contra uno de ellos. UNASUR también ha cumplido un importante papel en la preservación de la unidad suramericana y latinoamericana que Estados Unidos se proponía resquebrajar a partir del ataque a Ecuador por la zona de Sucumbíos, y en evitar nuevas intervenciones militares yanquis, amenaza enormemente potenciada a partir de la reactivación de la IV Flota, el golpe de Estado en Honduras y el convenio para la instalación de bases yanquis en Colombia, este último rechazado clamorosamente en la cumbre de Bariloche por una mayoría de miembros del bloque.
Kirchner tiene por delante la institucionalización de UNASUR, que debería permitir un sostenido avance de las acciones integracionistas. De suma importancia es promover la ratificación del Tratado Constitutivo de la organización por los parlamentos de los países miembros, ya que sólo lo han hecho los de Bolivia, Ecuador, Venezuela y Guyana entre las doce naciones que la integran. Otro asunto trascendental es acabar de poner en funcionamiento el Banco del Sur, que podría haber constituido una importante herramienta en medio de la crisis capitalista pero cuyo arranque sigue dilatándose. Además existen numerosas iniciativas de integración regional que habría que estudiar para su aprobación y puesta en funcionamiento. En este campo la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América Latina y el Caribe acumula ya un cúmulo de experiencias de gran valor, sobre todo porque se apartan de los mecanismos tradicionales del comercio internacional, ya que buscan la complementación, la solidaridad y el beneficio mutuo antes que la ganancia a ultranza. Algunas de ellas son muy sencillas y poco costosas, como la campaña de alfabetización con el método Yo sí puedo, cuyo efecto multiplicador en la educación y la cultura es incalculable.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/06/index.php?section=opinion&article=024a1mun
viernes, 7 de mayo de 2010
Kirchner a UNASUR, su carga simbólica
jueves, 25 de febrero de 2010
Cancún: unidad y la lucha ideologica
Ángel Guerra Cabrera (especial para ARGENPRESS.info)
La constitución en la Rivera Maya (Cancún), México, de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe merece con creces la “trascendencia histórica” que le atribuyó el presidente de Cuba Raúl Castro. El discurso de Raúl allí, por cierto, es digno de estudio por su filo conceptual, sustancia solidaria y humanista y realismo político.
Poco más de un año antes de Cancún se había dado el paso inicial expresamente hacia aquel destino, como consta en la declaración acordada en Costa de Sahuipe, Brasil, donde convocados por el presidente Luis Inacio Lula da Silva se reunieron por primera vez los 33 países latinoamericanos y caribeños sin la presencia de Estados Unidos y Canadá en la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC).
Con la decisión adoptada en México en la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, que reunió a la CALC y al Grupo de Río, comienza a tomar cuerpo institucional el proyecto de unidad de Simón Bolívar y José Martí gestado hace dos siglos. Quién hubiera imaginado lo cerca que estaba el alumbramiento hace escasamente once años cuando asumió la presidencia de Venezuela Hugo Chávez, que tanto ha hecho por convertir en realidad el ideal bolivariano. Hasta entonces era Cuba en solitario quien sometida por el imperio a un bloqueo redoblado y a duras penurias materiales continuaba aferrada a aquella utopía de los padres libertadores y a la de continuar la lucha por la igualdad, la justicia, la fraternidad y la solidaridad entre los seres humanos resumida en la palabra socialismo.
La creación de esta organización es una necesidad impostergable para la concertación política, la cooperación e integración de una América Latina con rumbo independiente y unificador a la que la OEA no puede aportar sino obstáculos, subordinada como ha estado desde su fundación en 1948 a la política exterior agresiva e injerencista de Estados Unidos. Bautizada como “sentina” por el Canciller de la Dignidad cubano Raúl Roa, la OEA ha dado desde entonces el visto bueno de manera desembozada a todas las dictaduras militares e intervenciones armadas instrumentadas por Washington contra América Latina. Si en los últimos años no lo ha podido hacer con la misma desfachatez es porque la nueva correlación de fuerzas en la región se lo ha impedido. Así y todo, no ha sido capaz de ayudar a desmontar un solo conflicto creado por Estados Unidos con sus vecinos como lo demuestra su inacción ante la agresión yanqui-uribista a Ecuador o frente al intento de golpe “cívico” contra Evo Morales o la parcialidad de su secretario general hacia el Departamento de Estados en lo relacionado con el golpe de Estado en Honduras. Esta contrariedad ha sido muy bien ilustrada por Evo en su memorable discurso en Coyoacán, ciudad de México, al expresar “donde esté presente Estados Unidos no se puede garantizar con paz y justicia social la democracia”. Evo y Chávez también han destacado la importancia de ligar la diplomacia con la lucha de masas, pues sin esta no es posible construir la unidad “por arriba”.
Aunque el paso dado por los gobiernos latinoamericanos inspira justificado optimismo, no sería prudente ignorar que la nueva organización habrá que construirla en dura lucha ideológica con los gobiernos de derecha de América Latina y sometidos sus impulsores a las provocaciones de Estados Unidos, como la grosera embestida de Uribe contra Chávez en la Rivera Maya, fulminada por Evo como un intento de sabotaje a la cumbre de un “agente del imperio”. Más aún, viendo hacia delante, los gobiernos populares deben preparase para trabajar en un Grupo de Río presidido por Sebastián Piñera, un engendro del pinochetismo.
No obstante, es muy esperanzador el hecho de que haya recaído en Venezuela la responsabilidad de organizar en julio de 2011 la próxima cumbre y de elaborar los documentos de la nueva organización, que deben estar listos y consensados para esa fecha: propuesta de estatutos, autoridades, presupuesto y plan de acción. Los gobiernos progresistas están aquilatando la lucha ideológica como un recurso fundamental para avanzar en la estructuración de la unidad latinoamericana y las decisiones tomadas en México lo confirman. Prueba de ello los contundentes pronunciamientos de apoyo al reclamo argentino sobre Malvinas, de condena al bloqueo de Cuba y, por supuesto, la Declaración de Cancún. Se palpa el cambio de época de que habla el ecuatoriano Rafael Correa.
sábado, 20 de febrero de 2010
Lo que se prepara contra Venezuela
Ángel Guerra Cabrera
ALAI, América Latina en Movimiento
La larga y tupida guerra mediática contra Venezuela ha entrado en una fase delirante en la que es abismal la distancia entre lo que realmente ocurre en el país y lo que publican los consorcios mediáticos. Quien juzgue a Venezuela únicamente por lo que se publica en ellos llega a la conclusión de que es un Estado “fallido”, donde se justifica cualquier cosa, sea el golpe militar, el magnicidio, una intervención armada extranjera o todos esos “remedios” juntos, precisamente el sentido común que buscan instalar sus editores.
Y es que los grandes medios de Estados Unidos, España y otros países del la OTAN, los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa y las cadenas electrónicas latinoamericanas dibujan una imagen tan distorsionada de la realidad venezolana que nadie desprejuiciado aceptaría que la nación así descrita sea la misma en la que una decena de transnacionales –entre ellas Chevron y Repsol- acaba de invertir ochenta millones de dólares para iniciar operaciones en un sector de la Faja Petrolera del Orinoco, aquella en la que millones históricamente marginados hoy gozan de todos los derechos, donde existe una sólida popularidad de su presidente y confianza en su gobierno, que se expresa en la estabilidad política o en marchas desbordantes como la del 23 de enero. Hace poco el veterano periodista venezolano Eleazar Díaz Rangel se preguntaba de dónde podía haber sacado la revista Newsweek los elementos de información como para vaticinar para este año algo tan descabellado como el derrocamiento del presidente Hugo Chávez por un golpe militar.
Pero la arremetida contra Caracas en el exterior no es sólo mediática, por más importante que sea este componente de la estrategia antivenezolana de Estados Unidos. Es multifacética y contiene planes de inteligencia, subversión y agresión militar en los que participan el Departamento de Estado, el Comando Sur de las fuerzas armadas de ese país, ni qué decir la “comunidad de inteligencia” bajo las órdenes del almirante Dennis Blair, la oligarquía y el gobierno colombianos, más o menos abiertamente los gobiernos y fuerzas políticas de derecha dentro y fuera de América Latina y, por supuesto, la contrarrevolución interna. De todo ello hay sobradas pruebas.
La contrarrevolución interna es muy necesaria para dar la imagen de una sociedad insubordinada y un país ingobernable y realizar labores de espionaje y subversión para los servicios especiales estadounidenses y aliados pero su desgaste y desprestigio forzó a Washington a buscar reclutas entre estudiantes de clase media que han sido entrenados en las técnicas de las revoluciones de colores con fondos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) y de la National Endowment for Democracy, ambas fachadas de la CIA. Pero ya este grupo también ha perdido la fuerza inicial y la multitudinaria marcha de los jóvenes bolivarianos de hace unos días en Caracas desactivó las acciones criminales que había iniciado y no dejó dudas del apoyo al gobierno en ese sector.
Tanto para la revolución como para la contrarrevolución la batalla más importante de este año es la elección legislativa del 26 de septiembre. Pero dentro de la contrarrevolución, que salvo por el odio a Chávez está dividida, hay un pleito feroz por las candidaturas y, sobre todo, no tiene confianza en que pueda impedir a los bolivarianos alzarse con las dos terceras partes de los escaños en la Asamblea Nacional necesarios para mantener el rumbo revolucionario. El dominio electoral del chavismo es lo que invariablemente termina inclinándola al rumbo golpista y a la desesperación. Ello explica los intentos de culpar a Chávez de los problemas con el abasto de agua y electricidad debidos a una de las más grandes sequías desde que se llevan registros, que el gobierno está enfrentando con gran energía y ha colocado a Alí Rodríguez, uno de sus mejores cuadros, para darle solución.
Pero para tener una idea de lo que se prepara contra Venezuela nada más elocuente que recordar el Estimado Nacional de Inteligencia presentado al Congreso de Washington por el almirante Blair: “En Venezuela, Bolivia y Nicaragua líderes populistas… se han unido para rechazar la influencia de Estados Unidos… en la región. El presidente de Venezuela… se ha establecido como uno de los detractores principales a nivel internacional contra Estados Unidos…”
Si esto es lo que dicen públicamente…
http://alainet.org/active/36208
viernes, 4 de diciembre de 2009
Chanchullo en Honduras
3 de diciembre de 2009
Ángel Guerra Cabrera
(especial para ARGENPRESS.info)
Estados Unidos ha fracasado en su intento de legitimar su chanchullo electoral en Honduras mediante una gran operación mediática de lavado de cerebros encabezada por CNN y las enormes presiones de su diplomacia a varios gobiernos latinoamericanos.
En primer lugar ha sido un fracaso dentro del pueblo hondureño pues todos los datos disponibles de fuentes confiables tienden a confirmar el acatamiento por cientos de miles de electores del llamado a la abstención hecho por la Resistencia Popular. Si se exceptúa a los dóciles al imperio, una mayoría de corresponsales extranjeros en Honduras e investigadores independientes descartan la desbordante asistencia a las urnas proclamada por la dictadura pues la magra concurrencia a los centros de votación fue notoria.
El chanchullo es una pieza clave del guión elaborado por el Departamento de Estado para legitimar el golpe pero hasta ahora sólo los gobiernos más incondicionales de Washington –Colombia, Panamá, Costa Rica y Perú- se han prestado a la infamia de reconocerlo. Este guión comenzó a aplicarse por lo menos desde que la señora Clinton encargó a Oscar Arias la mediación entre el presidente Manuel Zelaya y los golpistas, que aunque dio a estos un respiro no les pudo conseguir la legitimación planeada por la diplomacia del Potomac debido a la creciente resistencia popular interna y a la negativa internacional a reconocer a la dictadura.
Después del fracaso de la gestión de Arias el subsecretario Tomas Shannon asumió personalmente la tarea, que culminó con los acuerdos del 30 de octubre según los cuales se suponía que el Congreso golpista restituyera a Zelaya en la presidencia en cuestión de días. Cuando la dictadura violó flagrantemente lo acordado y el mequetrefe de Micheletti llegó al extremo de crear un gobierno de “unidad nacional” al margen de Zelaya, Shannon afirmó que ello no quitaría validez a las “elecciones”. Era tanto el interés de Washington en el éxito del chanchullo que durante noviembre se produjeron dos visitas a Honduras de Craig Kelly, el segundo de la diplomacia yanqui para América Latina.
Es una cuestión de principios el no reconocimiento a unas elecciones organizadas por los golpistas, con candidatos golpistas, en un país que lleva en estado de sitio y sometido a una brutal represión desde el 28 de junio y donde no existe respeto alguno por las más elementales libertades democráticas.
Para colmo, con empresarios y fanáticos de ultraderecha e integrantes de la contrarrevolución (anti)cubana de Miami actuando como observadores internacionales.
Congruente con la posición de principios el chanchullo ha recibido un resuelto repudio del presidente de Brasil Luis Inacio Lula da Silva así como de sus homólogos Cristina Fernández de Kirchner, Tabaré Vázquez y Michele Bachelet, del mandatario ecuatoriano Rafael Correa en su condición de presidente pro tempore de Unasur y de todos los gobiernos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América(Alba).
La posición firme de estos países ha forzado al Departamento de Estado a un galimatías en los esfuerzos para explicar su postura, que movería a risa si el asunto no fuera tan grave. Es así que este diario en su Rayuela del lunes pasado afirmaba: “Una vez legitimen el golpe militar en Honduras, que por ahí va la cosa, ¿Quién se atreverá a hablar de democracia en América Latina?” O en palabras de Fidel Castro: “Muere el golpe o mueren las constituciones”.
Y es que de eso se trata. De haber diálogo con los golpistas o con el supuesto “presidente electo”, o reconocimiento a cualquiera de los actos de la dictadura se estará sentando el precedente para que, como alertaron Lula y Correa, otros se sientan en libertad de dar un golpe de Estado y luego “limpiarlo” convocando a “elecciones”.
La resistencia hondureña ha salido victoriosa y fortalecida de la farsa electoral y esto es muy importante pues será la lucha del pueblo de Honduras y no ningún conciliábulo internacional la que a la postre decida el destino del país centroamericano.
No habrá paz en Honduras mientras persista el orden oligárquico que sujeta al imperialismo las estructuras económicas, políticas y sociales del país. No habrá paz en Honduras mientras no se cumpla con el clamor popular de convocar a una Asamblea Constituyente, que con todas las garantías de participación democrática devuelva el poder al pueblo.