Miles de alemanes marcharon por las calles de Berlín en protesta por el paquete de medidas económicas.
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Decenas de miles de manifestantes alemanes marcharon este sábado por la calles de Berlín y Sttugart (sur) en rechazo al plan de ajuste económico de 95 mil millones de dólares anunciado por el Gobierno de Angela Merkel el pasado lunes.
En la capital , unas 20 mil personas desfilaron por el centro de la ciudad respondiendo a la convocatoria de los partidos de la oposición parlamentaria, grupos sindicales y organizaciones cívicas entre las que se encontraba el bloque negro conformado por la izquierda radical.
Mientras tanto, en la ciudad de Stuttgart el número de manifestantes fue de 10 mil personas, según expresaron los cuerpos policiales.
La desaprobación masiva se produjo ante los recortes sociales que se implementaron en el país por el paquete económico con el cual Alemania pretende ahorrar unos 80 mil millones de euros hasta el 2014.
La canciller alemana, Angela Merkel, anunció el pasado lunes que se iniciaría el plan de ahorro más duro de la historia de la nación europea desde la Segunda Guerra Mundial, el cual se extendería hasta el 2014 para evitar una crisis financiera interna.
Entre las medidas que contempla el paquete económico se encuentran la reducción del número de empleados públicos en 15 mil trabajadores, así como también el establecimiento de un nuevo impuesto al combustible nuclear para las centrales energéticas, para el tráfico aéreo y también se está pensando en un arancel para el sector bancario entre otras medidas.
No obstante, los ajustes económicos afectarán sobre todo al gasto social puesto que los parados de larga duración ya no percibirán subsidios por maternidad o paternidad en los primeros años y, adicionalmente, el Gobierno dejará de pagar las cotizaciones al seguro de jubilación.
Ante el rechazo de la población por el programa económico, la canciller defendió el plan en una declaración que ofreciera a la prensa local calificándolo de ’’equilibrado y necesario’’.
"Además de los recortes necesarios en el ámbito social, se requerirá también la contribución del ámbito económico, funcionariado y administración", indicó la canciller.
La nación alemana, la cuarta economía del mundo, es el sexto país de Europa que anuncia un plan de ahorro para paliar la crisis financiera del continente.
Los otros Gobiernos europeos que han implementado paquetes económicos son Grecia, España, Portugal, Italia y Hungría.
martes, 15 de junio de 2010
Ola de protestas en Alemania contra plan de ajuste económico de Merkel
miércoles, 9 de junio de 2010
Europa elige la depresión
09-06-2010
Mike Whitney
Information Clearing House
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Olvídense de una recuperación sin problemas. Los ministros de finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G-20, se reunieron este fin de semana en Busan, Corea del Sur y decidieron abandonar las políticas fiscales expansionistas “de probada calidad” a favor de su propio extraño brebaje de políticas de reducción de gastos y medidas de austeridad.
Los miembros de la UE están ansiosos de restaurar la ilusoria “confianza de los mercados”, algo que es seguro que se perderá cuando la eurozona se vuelva a deslizar hacia la recesión y el renqueante sector bancario comience a sangrar tinta roja. El recorte de los déficits mientras la economía todavía se está reponiendo debilitará la demanda y obligará a las empresas a despedir a más trabajadores. Esto disminuirá la actividad económica y frenará el crecimiento. Es una receta para el desastre.
Lo que sigue es un pasaje del blog de Paul Krugman: “El recorte de los gastos mientras la economía sigue estando profundamente deprimida es una manera muy costosa y bastante ineficaz de reducir la deuda futura. Costosa, porque deprime aún más la economía; ineficaz, porque al deprimir la economía, la contracción fiscal también reduce los ingresos de impuestos…
“Lo correcto, de manera abrumadora, es hacer cosas que reduzcan los gastos y/o aumenten los ingresos después que la economía se haya recuperado –específicamente, esperar hasta después que la economía tenga fuerza suficiente para que la política monetaria pueda compensar los efectos contraccionistas de la austeridad fiscal. Pero no: los halcones del déficit quieren su parte mientras las tasas de desempleo se mantienen casi a un nivel récord y la política monetaria sigue estando escasa de dinero cerca del límite cero” ("lost Decade, Here We Come", Paul Krugman, New York Times).
Europa marcha directamente hacia una depresión. El apego a una economía de la edad de piedra es impresionante. Es como si John Maynard Keynes no hubiera existido. Cuando el PIB se contrae –como inevitablemente lo hará– los déficits aumentarán y el rendimiento de los bonos se ampliará, haciendo que sea más costoso financiar los negocios. La confianza pública se desvanecerá, las relaciones entre los Estados miembros se estropearán, y las ciudades se llenarán de manifestantes enfurecidos. La consolidación fiscal desgarrará a los 16 Estados de la UE y provocará una crisis mayor que Lehman Bros. El BCE tiene que apoyar la demanda alentando los gastos de los gobiernos mientras los hogares reparan sus cuentas destrozadas y los reguladores se hacen cargo de bancos hundidos. Cualquier desviación de este plan sólo exacerbará los problemas.
¿Cuán enfermo está el sistema bancario de la UE? Al respecto, un pasaje del New York Times:
“Es un misterio de 2,6 billones (millones de millones) de dólares. Es el monto que los bancos extranjeros y otras compañías financieras han prestado a instituciones públicas y privadas de Grecia, España y Portugal, tres países tan sumidos en problemas económicos que según creen algunos analistas e inversionistas, una parte significativa de esa montaña de deuda nunca será reembolsada.
El problema es, lamentablemente, que nadie –ni los inversionistas, ni los reguladores, ni siquiera los propios banqueros– sabe exactamente qué bancos mantienen las mayores reservas de préstamos putrefactos dentro de ese montón. Y la duda, como siempre lo hace durante las crisis económicas, ha hecho que parezca ocasionalmente que el sistema financiero ya vulnerable de Europa se atasca. A principios del mes pasado, en una indicación de hasta qué punto la situación se había hecho peligrosa, algunos bancos europeos –que parecen tener más de la mitad de esos 2,6 billones de dólares en deuda– casi dejaron de prestarse mutuamente dinero…”
Analistas del Royal Bank of Scotland calculan que de los 2,2 billones de euros que los bancos europeos y otras instituciones fuera de Grecia, España y Portugal pueden haber prestado a esos países, unos 567.000 millones son deuda gubernamental, unos 534.000 millones son préstamos a compañías no bancarias del sector privado, y aproximadamente 1 billón de euros son préstamos a otros bancos. Aunque la crisis se originó en Grecia, mucho más fue pedido prestado por España y su sector privado –1,5 billones de euros, en comparación con los 338.000 millones de euros de Grecia- ("Debtors’ Prism: Who Has Europe’s Loans?", Jack Ewing, New York Times.
Esto prueba que el verdadero problema lo constituyen los bancos, no la “deuda soberana” (que sólo es de 567.000 millones del total de 2,2 billones de euros). La UE se enfrenta al mismo problema que EE.UU.; o se hace cargo de los bancos insolventes y reestructura su deuda –afectando a los dueños de bonos y valores– o sufre años de un diabólico rendimiento económico inferior con alto desempleo, decrecientes inversiones, una deflación agotadora y malestar social. La UE ha elegido este último camino, y por razones que podrían no ser demasiado claras a primera vista. Un euro más barato hace que las exportaciones de la UE sean más competitivas, lo que asegurará la felicidad del miembro más poderoso de la UE (Alemania). Las políticas deflacionarias también protegen los intereses de los dueños de bonos que han invertido fuertemente en instituciones financieras cuyos patrimonios han sido enormemente inflados por dinero barato y masivo apalancamiento. Finalmente, las medidas de austeridad transfieren las pérdidas de los bancos y de bancos fantasmas sobre las espaldas de trabajadores, consumidores y pensionados. El abuso contra los trabajadores para enriquecer a los dueños de bonos y a los banqueros es un cálculo político. No tiene sentido económico.
El apretón de cinturones en la UE significa que el mundo tendrá que depender (de nuevo) de la recuperación del consumidor estadounidense, superar su lastre histórico de deuda personal y reanudar los gastos como un demente. Con un desempleo que ronda el 10%, líneas de crédito que se reducen a diario y la jubilación que se aproxima (de muchos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial), parece una perspectiva poco probable.
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Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el Estado de Washington y colabora regularmente con CounterPunch.
Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article25643.htm
Aceleremos la caída capitalista aunque nos cueste sangre, sudor y lágrimas
J.M.Álvarez
A la ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado le han recomendado que el Gobierno español amplíe las medidas adoptadas en el plan de ajuste, una ampliación que durará años, y es que, en estos momentos, el problema, como apunta el diario GARA, es el Sistema, no un país. Tres ejemplos: España está endeudada con Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia. Italia le debe a Francia, Alemania, Gran Bretaña y España. Grecia a Francia, Alemania y Gran Bretaña (los países de la Europa del Este casi no cuentan). La deuda pública europea gira en torno a los 8 billones de euros.
Resulta significativo (y denota la gravedad de la situación) que Alemania, una de las primeras potencias económicas del mundo, debe ahorrar 80.000 millones de euros entre 2011 y 2014. Y lo hará como los demás: cargando contra los obreros y los desempleados, como si ellos fueran culpables del pillaje. Por su parte, el primer ministro británico David Cameron afirma que las decisiones que va a tomar en Gran Bretaña repercutirán en la población durante décadas. El capitalismo imperialista, y sus herramientas, el BCE y el FMI, descargan la deuda sobre los más débiles. No podía ser de otra manera.
En España surgen voces que piden la renegociación de la deuda, que significaría entrar en una espiral diabólica sin salida posible. Asoman aumentos de impuestos, copago sanitario y en educación, supresión de infraestructuras (ya en proceso, tras el ajuste inicial) nuevas rebajas de salarios y puñaladas a las pensiones públicas. La economía española ha sido más ficticia que real, pues se ha basado en la especulación y en dinero inexistente. En este caso, se hace necesario declarar la suspensión de la deuda, expropiar la banca privada e instaurar un Gobierno Provisional que excluya a corruptos y ladrones. Ni zapatero, ni Rajoy podrán resucitar un cadáver.
No podemos consentir que reinventen el capitalismo para prolongar su agonía. La crisis ya no se puede “exportar” alegremente (vía deuda externa) al Tercer Mundo como en tiempos pretéritos, en consecuencia el fin del capitalismo es inevitable; por tanto, en lugar de limitarnos a hacer criticas, debemos acelerar su desaparición aunque nos cueste sangre, sudor y lágrimas. En ese sentido, hay que trabajar en Internet, en la calle, en los barrios y en las fábricas. Si la gente no viene a nosotros, nosotros debemos ir a buscarla, concienciarla y embarcarla en la lucha.
domingo, 6 de junio de 2010
¿Desaparecerá pronto el euro?
06-06-2010
Pierre Charasse
La Jornada
En la masa de informaciones que circula sobre la crisis del euro, no es fácil detectar los fenómenos de fondo que se están produciendo. Por eso, es importante tomar un poco de distancia, situar esta crisis en el curso de los acontecimientos de los últimos 20 años después del derrumbe de la Unión Soviética y proyectar una mirada geopolítica a mediano y largo plazo. La crisis griega confirmó, si fuera necesario, que Europa como unión política ya no existe. En las ultimas semanas, la Unión Europea (UE) reveló al resto del mundo su extrema debilidad. El euro no resistió a las ofensivas de todo tipo que sufrió en los últimos meses, a pesar de ser la moneda de una de las regiones mas ricas e industrializadas del mundo. A la primera gran crisis financiera mundial de la era de la globalización, saltó a la vista que la moneda europea no podía aguantar las turbulencias del mercado y los ataques especulativos, sencillamente porque no tenía el respaldo de una sistema político sólido y coherente. Los ideólogos ultraliberales que inventaron la moneda europea decidieron aplicar con rigor el principio de laisser-faire, prohibiendo a los gobiernos intervenir en las políticas del Banco Central Europeo (BCE). Los gobiernos de la zona euro se automutilaron cuando aceptaron el dogma de la independencia del BCE, renunciando a cualquier posibilidad de someter las políticas financieras a condiciones políticas. Después de mucha discusiones presentaron como un gran avance la decisión de constituir un fondo de rescate de 440 mil millones de euros. Y ningún gobierno, viendo el desastre social que producen los planes de ajuste impuestos por el BCE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), quiso oponer políticas a contracorriente de la Doxa ultraliberal.
Lo que no ve el público europeo en general es que con la intervención del FMI Estados Unidos tienen ahora derecho de intervenir en la economía europea. Todas las decisiones del FMI necesariamente requieren la aprobación del gobierno estadunidense si es que no vienen inspiradas directamente por él. En la reforma del los derechos de voto en el FMI anunciada en la última cumbre del Grupo de los 20, Estados Unidos conserva intacta la minoría de control con 16 por ciento de los votos. A la UE se le pidió reducir su parte para poder aumentar la cuota de los países emergentes. El presidente Obama ejerce plenamente el poder que le da la nueva arquitectura financiera internacional, llamada gobernanza mundial, y exige de Grecia y de otros países europeos que bajen los sueldos de sus funcionarios, que reformen el régimen de las jubilaciones y que disminuyan el gasto publico en general. Y los europeos obedecen.
Con la crisis financiera europea, se está realizando un paso más en el avasallamiento de Europa. Con el Tratado de Lisboa, Europa entregó su defensa a la Organización del Tratado del Atántico Norte (OTAN): se acabó el viejo sueño de una defensa europea independiente. Y ahora con una política financiera controlada por el FMI, la UE renunció a un pilar esencial de su independencia. Sin la defensa y la moneda, no le queda nada para afirmar su independencia dentro del bloque occidental y frente al resto del mundo.
En este contexto, parece lógico que el euro tienda a acercarse a la paridad con el dólar. Se habla en los círculos financieros de una posible dolarización de la zona euro. Técnicamente le conviene a los grandes países industrializados de Europa para recuperar su competitividad económica, castigada en la última década por un euro fuerte. Políticamente le conviene a Estados Unidos eliminar una moneda rival del dólar frente a China y otros grandes países emergentes. Los nuevos miembros de la UE ven con muy buenos ojos la dolarización de Europa, que sería para ellos una garantía suplementaria de contar con el paraguas estadunidense, como para su defensa frente a Rusia, su enemigo de siempre.
El director del FMI, Dominique Strauss Khan, se refiere con frecuencia a la necesidad de una moneda mundial, consecuencia lógica de la globalización económica y financiera. En Zurich, el 12 de mayo, él hizo un llamado a favor de la creación de un banco central mundial con una moneda mundial. En Francia el secretario de Estado para Europa, Pierre Lellouche, incansable militante atlantista, anunció triunfalmente que en el plano monetario se llegó a un mecanismo de solidaridad automática idéntico a lo que prevé el articulo 5 del tratado de la OTAN. Con esto se da el último toque a la construcción de un espacio europeo subsidiario del territorio estadunidense para formar un bloque perfectamente homogéneo bajo el liderazgo de Washington. Desde su elección, el presidente Barack Obama pide a sus aliados cerrar filas para enfrentar las nuevas amenazas mundiales.
Otro efecto de la crisis, los planes de ajuste estructural impuestos como remedio tendrán como consecuencia a corto plazo la tacherización de la Europa continental, o sea el fin del modelo social europeo. Gran Bretaña, aliado incondicional de Estados Unidos, no miembro de la eurozona con la libra esterlina, será el gran vencedor de esta crisis, con la imposición de su modelo económico y financiero a toda Europa, y el fortalecimiento de la City como plaza financiera impermeable a todos los intentos de regulación que se sugieren para prevenir nuevas catástrofes financieras mundiales.
Con la dolarización de Europa se cerrará un capítulo de la historia moderna abierto con el derrumbe del campo socialista. Para la corriente atlantista europea, actualmente mayoritaria, la desaparición de Europa como actor político y financiero autónomo es el precio a pagar para que Occidente continúe controlando el mundo frente a los países emergentes.
*Ex embajador de Francia
http://www.jornada.unam.mx/2010/06/05/index.php?section=opinion&article=022a1mun
sábado, 5 de junio de 2010
No son los mercados, sino los bancos, los que dominan la UE
Vicenç Navarro
revista digital SISTEMA
4 de junio de 2010
Este artículo documenta el enorme poder e influencia que la banca de los países del centro de la UE tienen sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, causa de que se estén desarrollando las políticas neoliberales que están dañando el bienestar de las clases populares de los países (tanto centrales como periféricos) de la UE y que retrasan la recuperación económica. El artículo muestra también el daño que el FMI ha impuesto a los países de América Latina y del Este de Europa, con resultados económicos muy negativos.
En una entrevista reciente para La Vanguardia (09.05.10), el ex Presidente Felipe González, que ha estado dirigiendo un grupo de reflexión nombrado por el Consejo Europeo para reflexionar sobre el futuro de Europa, hizo una observación de carácter personal que apenas tuvo impacto en los medios y que describe muy claramente el mayor problema que tiene Europa. Es una lástima que esta observación no apareciera en el informe de tal grupo de reflexión. Decía el ex Presidente Felipe González que lo que pasaba en Europa le recordaba lo que dijo en su día el Presidente Eisenhower cuando, en su discurso de despedida, el último día de su mandato, alertó a la sociedad estadounidense de las consecuencias negativas que tenía para EEUU el enorme poder del complejo industrial militar (The Military Industrial Complex). En una declaración sorprendente, al ser hecha por el que había sido un General del Ejército, el Presidente Eisenhower alertó de la excesiva influencia que tenía la industria armamentística en EEUU en configurar la política doméstica y exterior de aquel país. Pues bien, añadía el ex Presidente Felipe González, que hay que alertar a las sociedades europeas del excesivo poder que tiene en nuestro continente el complejo financiero. Hoy, tal complejo está determinando las políticas domésticas de los países de la UE.
He publicado, extensamente, (ver artículos publicados en varios forums, y colgados en mi blog www.vnavarro.org, secciones Neoliberalismo y Economía Política) refiriéndome al peligro que supone para Europa el enorme poder e influencia que tiene la banca europea (y, muy en especial, la alemana) sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, y que ha determinado enormes gastos públicos por parte de los países de la UE y del FMI (más de un billón de euros) en ayudas a banqueros y accionistas, sin que ello haya repercutido en una mayor disponibilidad de crédito a la sociedad. Tales instituciones están, a la vez, exigiendo una enorme austeridad de gasto público, incluyendo gasto público social, que está significando un enorme sacrificio para las clases populares de los países de la UE y, muy en particular, de los países llamados periféricos -Grecia, Portugal, España e Irlanda-, a fin de que aquellos estados puedan pagar a la banca de los países del centro de la UE la deuda pública a unos intereses exuberantes y confiscatorios.
Como se expresa este poder de la banca
La excesiva influencia que la banca alemana ha tenido en la construcción de la Unión Europea (tanto en el establecimiento del Banco Central Europeo (BCE), como la definición del Pacto de Estabilidad (cuyo objetivo principal ha sido el de mantener estable el precio del dinero, en lugar de estimular el crecimiento económico) explica la orientación neoliberal de las instituciones de la UE.
Un indicador de tal orientación neoliberal es que tal Unión no tiene un banco central, y ello a pesar de que la institución financiera de la UE se llame Banco Central Europeo. A primera vista esta afirmación parece una provocación. Pero el análisis de sus funciones y comportamientos muestra que no es un banco central, como lo es, por ejemplo, el Federal Reserve Board, FRB (el Banco Central de EEUU) o el Banco de Inglaterra.
Un banco central tiene como misión realizar las intervenciones financieras que permitan a sus estados realizar las políticas económicas conducentes al desarrollo y bienestar de la población. Para conseguir tal objetivo, los bancos centrales son altamente intervencionistas, impidiendo o dificultando, por ejemplo, las actividades especulativas de agentes financieros nacionales o internacionales, que imposibiliten el desarrollo de las políticas económicas y fiscales estatales.
Así, cuando los especuladores financieros internacionales quisieron especular con la deuda pública de EEUU y de Gran Bretaña, sus bancos centrales intervinieron activamente, imprimiendo grandes cantidades de dinero con los cuales compraron gran cantidad de la deuda pública de sus propios estados, vendiéndola a un precio menor del que habían comprado, forzando la bajada de su precio e intereses, con lo cual los especuladores salían escaldados, pues perdían mucho dinero.
Esto es lo que hace un Banco Central. Ni que decir tiene que imprimir mucho dinero puede aumentar la inflación (el enemigo número uno de la Banca), pero en momentos de recesión, como ahora, el peligro no es éste, sino el contrario –la deflación-. Será cuando la economía se recupere que pueda aumentar la inflación, pero este aumento (siempre que pueda mantenerse en dimensiones moderadas) es incluso positivo pues ayuda al estado a poder pagar su deuda más rápidamente. Si el estado debe una cantidad fija de dinero, esta cantidad, al cabo del tiempo, disminuye su valor monetario cuando la inflación aumenta.
Esto es lo que han hecho los bancos centrales ahora y siempre (véase el reciente comportamiento del Federal Reserve Board en EEUU). No así el BCE, el cual tiene total independencia. Es decir puede hacer lo que quiera. Y lo hace según el deseo e intereses de la banca de Alemania y de otros países del centro de la UE.
El primer objetivo del BCE es ayudar a los bancos, no ayudar a los estados.
El BCE, que es el único banco en la UE que tiene el poder de definir la cantidad de moneda que se imprime, ha estado enviando este dinero como préstamos a la banca privada, a unos intereses de sólo un 1%. Con este dinero, la banca privada compró deuda pública, que ofrecía unos intereses de 3%, 4%, 6% o incluso 9%, con lo cual lograron el chanchullo del año.
Mientras, el crédito brillaba, y continúa brillando, por su ausencia.
Es más, el BCE tiene prohibido comprar deuda pública.
Últimamente, se ha saltado a la torera esta prohibición, cuando los estados estaban ya en pie de guerra en contra del BCE, rebelión liderada por el Sr. Sarkozy (la cultura política republicana francesa da más protagonismo a los estados que el que se da en la cultura neoliberal alemana).
Pero aún así tal compra de bonos de deuda pública se está haciendo con timidez y en dosis muy limitadas, nada comparables a lo que hizo el Federal Reserve Board, en EEUU
¿Por qué esta timidez? La respuesta puede parecer paranoica pero no lo es. La banca tiene un objetivo, nunca explicitado, pero que aparece constantemente entre líneas en sus escritos. En realidad, existe una robusta evidencia de que la Banca y sus agentes, que incluyen desde el BCE al Fondo Monetario Internacional (lo que se llama en la terminología anglosajona el establishment financiero), quieren utilizar esta Gran Recesión para conseguir lo que han deseado desde el principio de la UE: debilitar el estado del bienestar, diluir y reducir la dimensión social de Europa, y reducir los derechos sociales y laborales.
Si se leen los documentos internos del BCE, del FMI y del Banco de España (y yo lo he estado haciendo todos estos años) verán que desde hace ya muchos años están subrayando la necesidad de que se hagan tales cambios. Y ahora quieren aprovechar esta crisis para, en colaboración de los grandes grupos empresariales, conseguir que se hagan, ayudados por unos medios que están intentando persuadir a la población de que tales cambios son necesarios para salir de la Gran Recesión (argumentos que ya se utilizaron incluso antes de que hubiera la Gran Recesión).
Y resultado de su gran influencia en los medios, hemos visto como los cinco rotativos más importantes en España han escrito editoriales apoyando las medidas de austeridad promovidas por el FMI. Estos medios por cierto, nunca han analizado objetivamente las consecuencias de llevar a cabo tales medidas. Analicémoslas y veamos primero que es el FMI.
Las recetas desastrosas del FMI
Desde que el Presidente Reagan inició en las Américas la época neoliberal, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido el mayor promotor de las políticas neoliberales en el mundo, habiendo desarrollado sus políticas en mayor intensidad en Latinoamérica.
El FMI ha sido siempre propuesto por el Secretario del Tesoro del Gobierno Federal de EEUU (equivalente al Ministerio de Economía y Hacienda en España). Nunca se ha dado el caso de que la mayoría de los 184 estados miembros del FMI hayan votado en contra de las posturas adoptadas por el representante estadounidense en el Consejo de Dirección. De ahí que el FMI haya sido el mayor propagandista del “Consenso de Washington”, cuya versión europea ha sido el “Consenso de Bruselas”.
Según tal consenso, los países receptores de la “ayuda” ofrecida por el FMI tenían que reducir, e incluso eliminar, cualquier restricción a la movilidad internacional de capitales y comercio, privatizar sus servicios públicos y sus transferencias públicas (como la Seguridad Social), eliminar los déficits del estado y ofrecer plena independencia y autonomía a los bancos centrales, priorizando el control de la inflación, a costa del estímulo del crecimiento económico.
A estas políticas se añadieron medidas desincentivadoras de las políticas estatales intervencionistas en las áreas industriales de la economía, enfatizando la desregulación de los capitales financieros y de los mercados laborales. Estas políticas se expandieron por toda América Latina con resultados que el director del prestigioso Center for Economic and Policy Research de Washington D.C., Mark Weisbrott, ha definido como “desastrosas” para aquellos países.
La renta per capita en Latinoamérica, que había crecido un 82% durante el periodo 1960-1980, bajó a un mero 9% durante el periodo 1980-2000, bajando incluso más, a un 4%, en el periodo 2000-2005. Para darnos cuenta del significado de estas cifras, tenemos que darnos cuenta de que si varios países de Latinoamérica, como Argentina, México y Chile (todos ellos expuestos a las políticas liberales impuestas por el FMI), hubieran continuado creciendo como lo hicieron en la época 1960-1980, habrían alcanzado ya el nivel de desarrollo de España. Hoy están muy retrasados, con un nivel de riqueza muy inferior al español.
El fracaso de tales políticas es lo que llevó a un cambio de casi 180º a partir del 2003 y 2004, con la elección de partidos de centro izquierda y de izquierda en la gran mayoría de países de América Latina, y que se dio como rechazo a las políticas impuestas por el FMI.
El primer país que se rebeló en contra del FMI, fue Argentina, la cual se estaba hundiendo económicamente al seguir las políticas neoliberales propuestas por el FMI. En mayo de 2003, el nuevo gobierno electo, presidido por Néstor Kirchner, expulsó en la práctica al FMI de Argentina, rompiendo con el neoliberalismo impuesto por tal institución. Kirchner declaró al país en bancarrota, forzando a renegociar la deuda con los bancos y con el FMI, que tuvieron que absorber grandes pérdidas de sus fondos.
Rompió también con la paridad peso argentino-dólar (medida impuesta por el FMI) y siguió políticas expansivas de gasto público que estimularon la economía, creciendo un 9% durante los próximos tres años, lo cual le permitió ir pagando su deuda pública.
A este hecho hizo referencia la presidenta Kirchner, esposa del presidente Kirchner, cuando en una conferencia reciente en Barcelona con el mundo empresarial, indicó que la manera de salir de la recesión no era bajar el déficit y la deuda pública, sino crecer económicamente, incluso a costa de aumentar el déficit y la deuda pública.
Casos parecidos han ocurrido en Bolivia, con Evo Morales, que también terminó con el FMI y adoptó políticas radicalmente distintas a las neoliberales propuestas por el FMI. En Mayo de 2006 el Presidente Morales nacionalizó el gas y el petróleo, exigiendo a la vez al FMI y a los bancos que renegociaran la deuda, absorbiendo grandes pérdidas. Desde entonces, Bolivia ha sido uno de los países con mayor tasa de crecimiento económico en América Latina.
Antes, durante la época neoliberal, la economía permaneció estancada, de manera que en 2006 (después de haber estado bajo el dominio del FMI durante veinte años) su renta per cápita era menor que la existente 27 años antes.
Lituania, en Europa, es otro ejemplo. El FMI y la UE han impuesto unas políticas liberales de gran austeridad que han causado una reducción del 25% de su PIB, con una tasa de desempleo de 22% de la población activa. Según las propias proyecciones del FMI, Lituania no alcanzará el nivel del PIB que tuvo en el año 2006, hasta el año 2015.
Y ahora, Grecia. Las políticas impuestas por el FMI han hecho que el PIB haya disminuido un 18% en el 2009, y tendrá que esperar ocho o nueve años para recuperar el PIB que tenía en el 2008. Y algo semejante ocurrirá en España, resultado del mandato de la UE y del FMI.
Éstas y otras experiencias explican no sólo el descrédito del FMI, sino también la aparición de alternativas, como el Banco del Sur, en América Latina, en sustitución del FMI.
La evidencia muestra como el FMI ha sido utilizado por el capital financiero (la banca) para forzar una austeridad de gasto público social, con el fin de conseguir que se pague a la banca.
En la UE, la mal llamada ayuda de la UE-FMI a Grecia, ha sido, en realidad, una ayuda a la banca alemana y de los otros países del centro de la UE, prestando dinero al estado griego para que le pague su deuda externa.
Termino, pues, esta presentación acentuando que no son los mercados financieros, sino la banca la que está dominado el mundo, consecuencia de la excesiva influencia de complejo bancario, el cual está dominando la vida política y mediática de los países, conduciendo a estos países a una situación de enormes sacrificios para las clases populares, las cuales se exigen para respetar los beneficios de tal complejo. El complejo financiero es hoy, en la Unión Europea, lo que el complejo militar industrial ha sido en EEUU.
viernes, 4 de junio de 2010
La acometida de Merkel en Eurolandia
04-06-2010
Mike Whitney
CounterPunch
Angela Merkel ha dejado que un incendio de matorrales menor en la periferia se convierta en un infierno furioso que se abate por todo el continente. Ausentes los esfuerzos de la torpe diplomacia de Berlín y su apego feroz a la economía hooveriana, el tema griego habría terminado por el momento.
De hecho, el fuego continúa ardiendo mientras la canciller alemana empuja a la eurozona cada vez más cerca del borde del abismo. ¿Y para qué? ¿Para demostrar que el gasto pródigo de los estados miembros (Grecia) no debería quedar impune? ¿Es eso de lo que se trata? ¿Está Merkel realmente queriendo romper la UE para probar su posición y para acomodar su imponente sentido de su propia moralidad superior?
Hay una solución para los problemas de la UE, pero requiere cooperación, visión y una institución gubernamental supraestatal capaz de concretar una política fiscal sensata. Todo eso es muy factible, pero no en un ambiente cargado de acrimonia y división. Como miembro más poderoso, Alemania tiene un papel especial para desempeñar en el mantenimiento de la cohesión; es el pegamento que mantiene a la UE unida. Desgraciadamente, Merkel y cia. parecen estar menos interesados en construir puentes que en afincarse para establecer nuevas vías para castigar a las naciones que se aparten del 3 por ciento (la regla del déficit máximo). La canciller alemana quiere estar segura de que los países que excedan los límites serán despojados de los subsidios de la UE y de los derechos de voto. El Ministro de Hacienda austríaco resumió la política perfectamente cuando dijo: “los países que sean laxos con la planificación del presupuesto recibirán un rapapolvo”.
Ningún país del proyecto euro se unió porque querían ser sermoneados por los arrogantes burócratas germano-austríacos cuyo entendimiento económico propio de la Edad de Piedra ha empujado a los 16 Estados de la confederación al borde del desastre. Además, los mercados ya han votado con los pulgares hacia abajo al remedio de Merkel de austeridad frailuna. Quieren estímulos, crecimiento y liquidez; ninguno de los cuales están contemplados en el plan de contracción económica de la “Frau Nein”.
Vale la pena revisar algunos de los detalles del llamado “plan de rescate griego” para encontrarle el truquillo a las realmente debilitantes medidas de austeridad de la UE. He aquí un extracto de un artículo de Polyvios Petropoulos, ex profesor de economía en los EEUU, que resume algunos de los más duros recortes:
“En primer lugar, el programa del FMI-UE… no es ‘apoyo’ o ‘ayuda’ o ‘socorro’ o incluso ‘rescate’, como el FMI, la UE y varios comentaristas están diciendo. Consiste en una serie de préstamos, de hecho préstamos sin condiciones concesionarias… con condiciones draconianas sin precedentes, la tasa de interés normal que se cobra el FMI en todos los casos. En cuanto a la parte de la UE, ésta se cobra incluso una tasa de interés más alta… Pagar el 5-6 por ciento cuando el PIB del país está decreciendo al -4 por ciento anual, claramente convierte en un problema insostenible la deuda del país, como han mostrado algunos economistas…
En segundo lugar, [el programa] no se ofreció para ayudar al ‘pueblo griego’. Se ofreció para auxiliar a los tenedores de bonos, a los banqueros, al euro, y para evitar el contagio con sus desagradables consecuencias para la UE y la economía mundial…
En tercer lugar, no hay en absoluto ‘protección para los más vulnerables’, como uno esperaría del ‘socialista’ (¿o ‘exsocialista’?) al frente del FMI, o del gobierno griego ‘socialista’, para el caso, y esta afirmación se repite varias veces en los dos documentos más arriba mencionados. Lo contrario es cierto. Un mero listado de algunas de las medidas de austeridad será suficiente para demostrar mi afirmación.
- Un magro ‘subsidio de solidaridad social’, así llamado, para las personas indigentes queda abolido, a pesar de las garantías en la sesión de preguntas y respuestas del FMI acerca de que ‘la selección de los gastos sociales será revisada para fortalecer la red de seguridad social para los más vulnerables’.
- A pesar de las garantías en la sesión de preguntas y respuestas de que ‘las pensiones mínimas y los instrumentos de apoyo familiar no se reducirán’, todas las pensiones y subsidios públicos y del sector privado han sido reducidos, todos bajan, hasta las magras pensiones de 450, 500, 550 euros al mes, etc., que están muy por debajo del umbral de la pobreza (haciendo imposible la supervivencia a los pensionistas de más edad)…
- Reducción de los salarios incluso de los peor pagados funcionarios…
- Congelación de los salarios y pensiones más bajos durante los próximos años, aunque la inflación galopante ya supera el 4 por ciento…
- El IVA, que era mucho mayor en Grecia que en Portugal y España, se elevó en un 20 por ciento sobre todos los bienes, incluidos los alimentos básicos, que constituyen la mayoría de las compras de los pobres.
- Se aumentaron los impuestos a las ventas sobre los bienes, supuestamente, de lujo… como la gasolina (más del 50 por ciento), cigarrillos, cerveza, vino, etc…
Para ser justos… la reducción de las lamentables pensiones del sector privado no fueron impuestas por los funcionarios del FMI en Atenas, sino por los de la UE.” (“Verdades y mitos acerca de la ‘crisis griega’”, Polyvios Petropoulos, Credit Writedowns).
Así que las deudas de los banqueros y especuladores están siendo cargadas sobre las espaldas de los trabajadores pobres y de los ancianos. ¿Dónde hemos oído esto con anterioridad?
De todas formas los déficits de Grecia no son el problema. El verdadero problema es los bancos endeudados de la UE (que mantienen la deuda griega) que darán una vuelta de campana si Grecia no obtiene un salvavidas. Esto es de Reuters:
“Los bancos europeos tienen unos 2’8 billones de dólares expuestos en Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia, países de la zona euro altamente endeudados que han preocupado a los inversores. Estos bancos pueden ser golpeados con pérdidas que van de los 350.000 a los 700.000 millones, escribió Neela Gollapudi, un estratega de las tasas de interés del Citigroup…
‘El paquete de estabilización de la UE ayuda a la refinanciación de la deuda soberana, pero no corrige la deuda del sector privado’, dijo Gollapudi” (Reuters, "US 3-month Libor seen rising above 1 pct-Citigroup" [El Libor trimestral de EEUU crece por encima del 1 por ciento del Citigroup]).
Así que Merkel puede dejar de fingir que el rescate es un acto de caridad desinteresada. No lo cree nadie. Ni está nadie confundido acerca de la pila del billón de euros que la UE reunió para repeler a los especuladores. Los vendedores a corto vieron la bufonada en menos de 24 horas y enviaron a los mercados a hundirse de nuevo. ¿Piensan realmente los líderes del euro que son lo suficientemente listos para engañar a Wall Street? Wall Street inventó el fraude.
¿Alguien en la UE al menos muestra que comprende el problema básico? La integración europea es algo más que una moneda y un tratado. Requiere política, gobernanza y unificación. La moneda no es política y los tratados no sustituyen el gobierno de las instituciones. La farsa ha ido tan lejos como podía ir sin más concesiones de los estados miembros para establecer una autoridad central que aplique una política fiscal.
El punto de vista de Merkel es que Alemania debería mantener su independencia soberana –junto a sus excedentes gigantescos− a la vez que cosecha los beneficios de una moneda que sirve a sus propios intereses económicos. Pero los defectos de este plan ya han sido expuestos. Los países dependientes no exportadores más pequeños (por otro nombre Grecia, Portugal, España) necesitan acomodo fiscal o se verán forzados a abandonar la Unión. No es una cuestión de gasto libertino griego frente a la propensión al ahorro alemana. Es una cuestión práctica de la realidad económica.
Así que, ¿cómo puede la UE salir adelante con los mercados antes de que el euro se vaporice y la economía caiga en la recesión?
En primer lugar, Bruselas debe cambiar su contraproducente y punitivo tono con Atenas y fortalecer relaciones de amistad. No más condescendiente cháchara acerca de “dar el rapapolvo”, por favor. Grecia debe reestructurar su deuda (todo el mundo está de acuerdo en este punto) a la vez que el BCE inicia un programa de flexibilización cuantitativa (comprando la deuda gubernamental y corporativa griega) para aumentar la liquidez para que la economía de Grecia pueda crecer y así salir de la depresión. Esto significa que los bancos (y los tenedores de bonos) alemanes y franceses tendrán que aceptar una devolución menos óptima al perdonar la deuda, lo que podría llevarlos a la bancarrota. Si se da ese caso, entonces el BCE tendrá que establecer una línea de crédito para proveer un soporte (temporal) a fin de ayudar a las instituciones financieras apuradas mientras los reguladores las controlan para verificar que tengan bastante capital como para poder seguir funcionando.
Los mercados están hipersensibles porque los remedios propuestos son todos deflacionarios y conducirán inevitablemente a la recesión. De modo que la UE debe promulgar políticas alternativas que incrementen el empleo, estimulen la demanda y restauren la confianza. Aquí van unas pocas recomendaciones:
El BCE debe estar dispuesto a gastar lo que sea necesario para evitar una nueva catástrofe.
Deben poner en funcionamiento políticas para la retirada ordenada de los países que no caben dentro del sistema económico de la UE.
Deberán elaborarse regulaciones sobre las actividades bancarias en la sombra, los derivados, las transacciones sobre los acuerdos de recompra (repos) para evitar otro hundimiento del mercado.
La UE debería desarrollar una estrategia para proveer estímulos fiscales a largo plazo en toda la zona del euro hasta que el desempleo caiga, la demanda agregada se levante, y el balance de los hogares muestre signos de mejora.
Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3352
jueves, 3 de junio de 2010
Crisis europea: Medicinas que envenenan
Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)
Atribuir la actual crisis económica griega a los excesos en sus sistemas de pensiones y seguridad social es, en el mejor de los casos, expresar una verdad a medias. O, si usted lo prefiere, una media mentira. Y la mentira excede de la mitad si se invoca el caso español. En lo que a Irlanda se refiere habría que recordar que, ante el impacto de la crisis, se optó, con anticipación (2009), por una política fiscal restrictiva, tendiente a la reducción del gasto público. Ello simplemente agudizó el desplome (reducción del -7,1% del PIB en 2009) y disparó el déficit fiscal (14,3% del PIB).
En general, los datos muestran de forma sistemática un deterioro generalizado de las finanzas públicas en el período posterior a 2007. Aunque parcialmente atenuado, ello es válido incluso para Alemania. Es indudablemente un problema vinculado a la crisis económica y refleja principalmente la confluencia de dos factores: el esfuerzo fiscal excepcional que se puso en marcha para atenuar la crisis, y el desplome de los ingresos tributarios ocasionado por la aguda recesión. En el caso de los países que ya están atrapados en la telaraña de la deuda pública, los datos son claros. España, por ejemplo, pasa de superávits fiscales del orden del 2% en 2006 y 2007 a déficits que, para 2009, llegan al -11,2% del PIB. Irlanda, con un superávit del 3% en 2006, registra un déficit que excede del -14% en 2009. Portugal y, sobre todo, Grecia, ya registraban números rojos antes de la crisis. Esta última agudiza severamente el problema. En lo que se refiere a Italia, el agravamiento del déficit no es tan agudo (-1,5% en 2007; -5,3% en 2009), pero en su caso la deuda pública es extraordinariamente elevada (115,8% como porcentaje del PIB, al mismo nivel, en términos comparativos, que Grecia).
La crisis que explota en 2007 es, por lo tanto, la fuerza principal detrás de la actual crisis europea de la deuda. Sabemos que aquella detonó en Wall Street, de mano de los grandes especuladores de las finanzas. Culpabilizar a los sistemas de seguridad social y a los sindicatos resulta entonces una grosera mentira. Pero esto también advierte acerca de la peculiaridad de la crisis de la deuda como una segunda ronda o, si se prefiere, una nueva etapa en una crisis mucho más amplia, cuya solución aún está lejana. Ha habido dos etapas previas: la crisis financiera precipitada a partir de la crisis hipotecaria; y, en seguida, la recesión generalizada a nivel mundial. Estas dos primeras fases de la crisis exigieron una intervención estatal hasta niveles inéditos. Justo esto último es lo que ahora explota. Lo que sigue es, posiblemente, una segunda vuelta de la recesión, a lo cual están apostando –con admirable denuedo- tanto el FMI como muchos gobiernos, en especial los europeos. Una recaída en la recesión plantearía acuciantes problemas, en vista de que el margen disponible para ejercer política fiscal anti-cíclica estaría prácticamente cerrado.
A la hora de buscar causas subyacentes a la crisis económica (me refiero a la crisis en sentido amplio), un primer nivel de explicación que debe ser explorado tiene que ver, indudablemente, con el agresivo proceso de contra-reforma y globalización neoliberal de los últimos 30 años. Comprender esto último es un paso necesario, previo a profundizar en factores aún más fundamentales que, seguramente, también los hay.
Los datos son contundentes en el sentido de que durante estos tres decenios el ingreso y la riqueza se concentraron agudamente, mientras la participación de los salarios en la producción nacional declinaba sistemáticamente. Ello es válido incluso en el caso europeo, pero todavía más en Estados Unidos. Detrás de esto hay un agresivo esfuerzo tendiente a debilitar los sistemas de seguridad social y a desmantelar las organizaciones sindicales independientes. El proceso combina, de forma sumamente compleja, decisiones políticas, acciones represivas y movimientos de transnacionalización de las inversiones y la producción. Esto último puso a competir a las clases trabajadoras del mundo rico, con las masas trabajadoras –desorganizadas y de bajísimos salarios- de los países de la periferia, incluidos los del antiguo socialismo real.
En esas condiciones, y a fin de sostener la demanda y, con esta, el crecimiento económico, se puso en marcha un gigantesco mecanismo de deuda y especulación financiera que ganó en sofisticación, el cual -ya hacia los noventas del siglo XX- adquiere un perfil nítidamente globalizado. Las clases trabajadoras y los estamentos medios de los países ricos lograban mantener y elevar su nivel de consumo, no gracias a que sus ingresos aumentasen –que en realidad, en términos relativos, más bien disminuían- sino mediante el recurso al endeudamiento.
La crisis que explota en 2007 plantea un cuestionamiento directo a este mecanismo de deuda. Es plausible que ello marque un techo a la espiral de endeudamiento de las familias medias y trabajadoras, sobre todo en Estados Unidos. Esa situación forzó, a su vez, a un movimiento de traslación que, por la fuerza de las circunstancias, tuvo lugar de forma violenta y precipitada: de la deuda privada se pasó a la pública, y en un plazo de tan solo dos años está explota a niveles excepcionales, solo superados por los que se registraron durante la Segunda Guerra Mundial. Y si causa consternación la magnitud de la deuda española ($1,1 billones) o italiana ($1,4 billones), convendría recordar que la de Estados Unidos sobrepasa ya los $13 billones. Y si en este último caso aún no se declara una crisis, es seguramente por su privilegiada posición geo-económica y política –incluso el especialísimo privilegio de que su moneda nacional sea también divisa universal- y no solo por el enorme tamaño absoluto de su economía.
Las soluciones que ahora se proponen frente a la crisis europea de la deuda, reinciden –de forma tan obvia como pertinaz- justo en aquello que ha arrastrado a los países ricos a este pavoroso empantanamiento. A la espalda quedan treinta años durante los cuales se ha golpeado con dureza a las clases trabajadoras y los grupos medios. Y, sin embargo, el capitalismo no podría sostenerse sin el consumo de esos grupos ampliamente mayoritarios. Entonces se les ofreció crédito como la llave que abría la puerta del paraíso consumista.
Ahora proponen una dosis violentamente intensificada de la misma medicina: terminar de aplastar a las clases trabajadoras y a los estamentos medios. Pero un detalle clave ha variado: con toda evidencia, la puerta del endeudamiento está cerrada, y posiblemente continuará estándola todavía por mucho tiempo más ¿cómo se supone que logrará entonces el capitalismo sostener su crecimiento durante los próximos 10 años?
viernes, 28 de mayo de 2010
La telaraña de la crisis europea
Las cifras de las deudas públicas europeas son ciertamente colosales y dibujan una compleja telaraña. La de Portugal asciende a unos $ 286 miles de millones, de los cuales la parte correspondiente a España (unos 86.000 millones) es la más importante, aunque también hay montos significativos que involucran a Francia, Alemania y Gran Bretaña.
En el caso de España, su deuda –la insignificancia de $ 1,1 millones de millones (billones)- incluye montos gigantescos con Francia ($ 220.000 millones), Alemania ($238.000 millones) y Gran Bretaña ($ 114.000 millones). En el caso griego, los componentes principales de su deuda pública de $ 236 miles de millones, son las obligaciones con Francia ($ 75.000 millones), Alemania ($45.000 millones) y Gran Bretaña ($ 15.000 millones). La gigantesca deuda italiana -$ 1,4 billones- incluye $ 511.000 millones con Francia, $ 190.000 millones con Alemania, $ 77.000 millones con Gran Bretaña, $ 47.000 millones con España y $46.000 millones con Irlanda. Este último país tiene una deuda total por $867.000 millones, incluyendo $ 184.000 millones correspondientes a Alemania, $ 188.000 millones a Gran Bretaña y $ 60 mil millones a Francia.
En gran parte es deuda con los grandes bancos franceses, alemanes y británicos. Vale decir, una moratoria de pagos por parte de Grecia, Portugal o Irlanda –y ni se diga España o Italia- repercutirá de inmediato en las contabilidades de esos bancos, en la forma de enormes pérdidas. Pero esa es solo una de las facetas del asunto; en realidad el problema es mucho más complejo, además de tremendamente amenazante. Si fuese Grecia o Portugal –economías relativamente pequeñas- las que cayeran inicialmente en suspensión de pagos, con altísima probabilidad ello arrastraría a Irlanda, España e incluso Italia. Hasta este punto, la crisis habría jalado consigo a la cuarta y quinta economías de la Unión Europea. Pero el golpe de inmediato se sentiría en las tres principales: Alemania, Francia y Gran Bretaña.
Dado el alto grado de entrelazamiento entre las economías ricas y, en especial, el denso tejido que interconecta a profundidad sus sistemas bancarios y financieros, no es muy plausible que Estados Unidos pueda mantenerse al margen del terremoto. Primero, su sistema financiero se verá sometido a agudos tremores, lo que acarrearía efectos negativos sobre la disponibilidad del crédito necesario para el normal funcionamiento de la economía. Pero, además, la debilidad de la economía europea y la desvalorización del euro, reduciría las exportaciones estadounidenses. También las exportaciones chinas se verían afectadas, puesto que su mercado más importante es precisamente Europa.
El FMI y la Unión Europea han intentado poner un freno a este proceso mediante sendos paquetes de salvamento financiero ($ 140.000 millones para Grecia; unos $ 950.000 millones como paquete preventivo ante otros posibles casos críticos). A cambio, los países presuntamente beneficiarios –Grecia, España, Portugal y ya también Italia (pero incluso Francia hace amagos en el mismo sentido)- deben aplicar políticas brutales de restricción del gasto público, de los salarios, las pensiones y los beneficios sociales.
Desde el punto de vista económico la receta resulta sorprendentemente paradójica, tan solo con que se recuerde que hasta hace muy poco se insistía –incluso por parte del FMI- en la necesidad de no proceder a un desmantelamiento precipitado de las políticas fiscales expansivas que fueron aplicadas como antídoto obligado ante la aguda recesión de 2008-2009. Una y otra vez se advertía que la reducción del gasto público y del déficit fiscal hasta sus niveles “normales” previos a la crisis, debía realizarse con tiento y parsimonia, ya que de otra forma se corría el riesgo de retroceder de nuevo hacia la recesión. Ahora el discurso ha dado un vuelco total, tan repentino como riesgoso.
El caso es que, en su evolución, la crisis es como al modo de un inmenso laboratorio que ratifica el poder abrumador del capital transnacional. Un laboratorio donde, además, este pone a prueba ese poderío e intentar jalar los procesos hasta el límite extremo, siempre en resguardo de sus intereses.
Si se limpia el cristal haciendo a un lado la propaganda barata que se difunde a nivel mundial, ello resultará fácilmente comprensible. Veamos: en cuanto se hace evidente que el problema fiscal y de endeudamiento de Grecia era mucho mayor de lo que se creía, los mercados financieros –es decir, el capital más poderoso y concentrado- empiezan una operación de asfixia que se visibiliza en el aumento precipitado de las tasas de interés sobre los bonos de la deuda pública griega. Habiendo de por medio vencimientos cercanos por montos sustanciales y, por lo tanto, necesidad de obtención de nuevos recursos para su refinanciación, ello implicaba poner a Grecia al borde del precipicio y empujar hacia la moratoria. De llegarse a este punto, y aparte las graves consecuencias económicas que tendría sobre Grecia, ello también implicaría enormes pérdidas para los bancos. Entretanto, el huracán especulativo de los mercados empieza a golpear a Portugal, Irlanda y España. La enorme presión que esto pone sobre los gobiernos, los induce finalmente a actuar (para lo cual deben vencerse las enormes resistencias de Alemania). Aparecen entonces los grandes paquetes de rescate y, con estos, las políticas de ajuste absolutamente salvajes.
Alternativamente pudo haberse contemplado la posibilidad de un proceso ordenado de quiebra y reestructuración a fondo de las deudas. Grecia enfrentaría una situación económica difícil, pero cuanto menos los bancos tendrían que hacerse cargo de una parte de las pérdidas. En su lugar lo que se está haciendo intenta trasladar la totalidad del costo hacia las clases trabajadoras y los estamentos sociales medios.
Estos países europeos, pero con mucha probabilidad toda la Unión Europea, están siendo arrastrados así a una situación de agudizado descontento y descomposición social. Y, sin embargo, el fantasma de la moratoria sigue vivo, puesto que la magnitud de las deudas y la casi segura inviabilidad de los recortes fiscales que se pretende aplicar, equivale a hacer equilibrios al borde del abismo. Pero, por otra parte, esta forma de enfrentar la situación implica reincidir –con preocupante obsesión- en los mismos mecanismos que subyacen a la crisis que empezó en 2007. Volveré sobre esto.
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jueves, 20 de mayo de 2010
Grecia: hoy huelga general. Entrevista con Yanis Burnús, del partido de izquierda Sinaspismós.

"Hay que organizar una jornada europea contra el pacto de estabilidad ya"
Michelangelo Cocco
Il Manifesto
Traducido por Gorka Larrabeiti
20-05-2010
Hoy en Grecia vuelve a haber huelga general. Las confederaciones Adedy y Gsee anunciaron ayer movilizaciones durante todo el mes siguiente si el gobierno socialista de Yorgos Papandreu insiste con la reforma de la seguridad social (se prevé para inicios de junio), que apunta a un aumento de la edad de jubilación.
Hablamos con Yanis Burnús, responsable de políticas europeas de Sinaspismós, partido de la izquierda radical que lidera la coalición Syriza (13 diputados), acerca de las ideas del movimiento contra las "medidas de austeridad" que han impuesto a Atenas la Unión Europea y el FMI a cambio del préstamo de 110.000 millones de euros.
Primero Atenas, ahora "medidas de austeridad" también a Madrid, Lisboa, Roma. ¿Pero el desastre de las cuentas públicas no era sólo griego?
Los análisis de la izquierda europea habían advertido que la crisis no sería nacional ni motivada por un accidente, sino más bien el resultado tanto de políticas de gobiernos nacionales como de la estructura de conjunto de la Unión Europea. El cuadro que pintan los medios -los gobiernos (buenos) que combaten contra los especuladores (malos)- es falso. Los gobiernos, en Grecia, España, Portugal, Italia y demás, fueron protagonistas desde principios de los 90 de un proyecto neoliberal que nos ha conducido a este desastre: privatizaciones masivas, reducción de la intervención pública en la economía, ausencia de control de capitales financieros.
¿Después de las primeras muertes (tres empleados de banca que murieron por un molotov durante la manifestación del pasado 5 de mayo en Atenas) cree que el movimiento contra las "medidas de austeridad" guiado hasta ahora por los sindicatos confederales tiene margen de crecimiento?
Lo que creo es que hay que vencer el miedo. En las manifestaciones gritamos el siguiente eslogan: "Nadie debe quedarse solo ante la crisis". Para crear confianza en el marco de la izquierda estamos trabajando a nivel local, en los barrios y lugares de trabajo, lanzando el mensaje de que el único modo de salir de esta crisis -sin que colapse la sociedad- es una respuesta colectiva. Pero hemos de proponer enseguida reivindicaciones concretas, si no la salida de la crisis podría llegar de soluciones extremistas, de elementos populistas como el millonario Vgenopoulos, que no vienen de la política y que podrían irrumpir en el espacio político reforzando el nacionalismo y la xenofobia.
¿En qué agenda política podrían converger los partidos de la izquierda europea?
Estamos promoviendo encuentros y elaborando resoluciones con los partidos de izquierda de Italia, España y Portugal. Además, el grupo GUE/NGL del Parlamento Europeo ha organizado debates e iniciativas de solidaridad con Grecia. El próximo paso es la organización de una jornada europea de acción contra el pacto de estabilidad y crecimiento (déficit y deuda no pueden superar el 3% y el 60% del PIL) así como contra el Tratado de Lisboa.
Fuente: http://www.ilmanifesto.it/il-manifesto/in-edicola/numero/20100519/pagina/08/pezzo/278501/
martes, 18 de mayo de 2010
Europa: lo que no se dice de la crisis
La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia (en especial), Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.
Es sorprendente que esta explicación haya alcanzado la dimensión de dogma, que se reproduce a base de fe (el omnipresente dogma liberal) y no a partir de una evidencia empírica. En realidad, ésta muestra lo profundamente errónea que es tal explicación de la crisis. Veamos los datos.
Todos estos países tienen los gastos públicos (incluyendo el gasto público social) más bajos de la UE-15, el grupo de países más ricos de la Unión Europea, al cual pertenecen. Mírese como se mire (bien gasto público como porcentaje del PIB; bien como gasto público per cápita; bien como porcentaje de la población adulta trabajando en el sector público), todos estos países están a la cola de la UE-15. Su sector público está subdesarrollado. Sus estados del bienestar, por ejemplo, están entre los menos desarrollados en la UE-15.
Una causa de esta pobreza del sector público es que, desde la Segunda Guerra Mundial, estos países han estado gobernados la mayoría del periodo por partidos profundamente conservadores, en Estados con escasa sensibilidad social. Todos ellos tienen unos sistemas de recaudación de impuestos escasamente progresivos, con carga fiscal menor que el promedio de la UE-15 y con un enorme fraude fiscal (que oscila entre un 20 y un 25% de su PIB).
Son Estados que, además de tener escasa sensibilidad social, tienen escaso efecto redistributivo, por lo que son los que tienen mayores desigualdades de renta en la UE-15, desigualdades que se han acentuado a partir de políticas liberales llevadas a cabo por sus gobiernos. Como consecuencia, la capacidad adquisitiva de las clases populares se ha reducido notablemente, creando una economía basada en el crédito que, al colapsarse, ha provocado un enorme problema de escasez de demanda, causa de la recesión económica.
Es este tipo de Estado el que explica que, a pesar de que su deuda pública no sea descomunal (como erróneamente se presenta el caso de Grecia en los medios, cuya deuda es semejante al promedio de los países de la OCDE), surjan dudas de que tales Estados puedan llegar a pagar su deuda, consecuencia de su limitada capacidad recaudatoria. Su déficit se debe, no al aumento excesivo del gasto público, sino a la disminución de los ingresos al Estado, resultado de la disminución de la actividad económica y su probada ineficacia en conseguir un aumento de los ingresos al Estado, debido a la resistencia de los poderes económicos y financieros.
Por otra parte, la falta de crédito se debe al excesivo poder del capital financiero y su influencia en la Unión Europea y sus Estados miembros. Fue la banca la que, con sus comportamientos especulativos, fue creando burbujas que, al estallar, han generado los enormes problemas de falta de crédito. Y ahora están creando una nueva burbuja: la de la deuda pública.
Su excesiva influencia sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (este último mero instrumento de la banca) explica las enormes ayudas a los banqueros y accionistas, que están generando enormes beneficios. Consiguen abundante dinero del BCE a bajísimos intereses (1%), con el que compran bonos públicos que les dan una rentabilidad de hasta un 7% y un 10%, ayudados por sus agencias de calificación (que tienen nula credibilidad, al haber definido a varios bancos como entidades con elevada salud financiera días antes de que colapsaran), que valoran negativamente los bonos públicos para conseguir mayores intereses.
Añádase a ello los hedge funds, fondos de alto riesgo, que están especulando para que colapse el euro y que tienen su base en Europa, en el centro financiero de Londres, la City, llamada el “Wall Street Guantánamo”, porque su falta de supervisión pública es incluso menor (que ya es mucho decir) que la que se da en el centro financiero de EEUU.
Como bien ha dicho Joseph Stiglitz, con todos los fondos gastados para ayudar a los banqueros y accionistas se podrían haber creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito que estamos experimentando (ver mi artículo “¿Por qué no banca pública?”, en www.vnavarro.org).
En realidad, es necesario y urgente que se reduzca el sobredimensionado sector financiero en el mundo, pues su excesivo desarrollo está dañando la economía real. Mientras la banca está pidiendo a las clases populares que se “aprieten el cinturón”, tales instituciones ni siquiera tienen cinturón. Dos años después de haber causado la crisis, todavía permanecen con la misma falta de control y regulación que causó la Gran Recesión.
El mayor problema hoy en la UE no es el elevado déficit o deuda (como dice la banca), sino el escaso crecimiento económico y el aumento del desempleo. Ello exige políticas de estímulo económico y crecimiento de empleo en toda la UE (y muy especialmente en los países citados en este artículo).
No ha habido una crisis de las proporciones actuales en el siglo XX sin que haya habido un crecimiento notable del gasto público y de la deuda pública, que se ha ido amortizando a lo largo de los años a base de crecimiento económico. EEUU pagó su deuda, que le permitió salir de la Gran Depresión, en 30 años de crecimiento.
El mayor obstáculo para que ello ocurra en la UE es el dominio del pensamiento liberal en el establishment político y mediático europeo, imponiendo políticas que serán ineficientes, además de innecesarias. Y todo para asegurar los beneficios de la banca. Así de claro.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Los lobos y los cerditos
El rescate financiero de Europa: un cuento mal contado
12-05-2010
Gorka Larrabeiti
Rebelión
Cuentan que una vez una manada de hambrientos lobos atacaba a Europa. Un día, en el mercado de derivados de Chicago se contaron 103.400 dentelladas de contratos a la baja contra el euro por valor de 17.000 millones de dólares. El euro era presa de los canis lupus.
¿Quiénes eran estos desalmados? ¿Por qué aullaban? Se sospechó de una manada de varios ejemplares del mismo pelaje: George Soros (Soros Fund), John Paulson (Paulson & Co.), Steven Cohen (Sac), David Einhorn (Greenlight), Donald Morgan (Brigade) y Andy Monness (Monness Crespi Hardt & Co.), pero también de Harold 'Terry' McGraw III, el cual a través de las garras de la McGraw-Hill - la agencia Standard & Poor's- habría rebajado la calificación de los títulos de Estado griegos, portugueses y españoles. Los cerditos -Portu, Ire, Ita, Grek, y Spa, conocidos como los PIIGS- habían sido abandonados a su suerte y las terribles fauces de los lobos ya se abatían sobre ellos mientras la señora Merkel, preocupada por las elecciones en Renania, no intervenía. Hasta que un día las calles de Atenas amanecieron manchadas de sangre.
Hubo que salvar a Europa de las fauces de los lobos antes que la mataran. Para ello, se reunieron los líderes europeos, que, de prisa aprobaron una serie de medidas para acabar con esos ataques. Era domingo y faltaba poco para que los mercados asiáticos abrieran sus puertas y el euro fuera pasto de las alimañas. Fue entonces cuando sonaron dos escopetazos para ahuyentar a los depredadores: un petardo de 750.000 millones € (440.000 millones provenían de la Eurozona, 60.000 millones de la Unión Europea, más 250.000 millones del FMI) y el grito de un valiente cazador, el Banco Central Europeo, dispuesto a comprar deuda pública a través de los bancos centrales de cada país y cerrar las heridas de los cerditos. Se construyó de prisa un cercado para proteger la Bolsa de los cerditos. Al verlo, los lobos se retiraron.
Durante un día hubo euforia en los mercados. Decían: "un plan ambicioso", "la madre de todos los planes de rescate", "un cambio revolucionario impensable hacía tres meses", "una operación de salvamento muy parecida al plan Paulson de los estadounidenses"...
Sin embargo, los cerditos ni fueron felices ni comieron perdices. Dos de ellos -España y Portugal- se quedaron sorprendidos al saber que les obligaban a recortarse en público, durante la reunión del ECOFIN del 18 de mayo, alguna parte de su cuerpo. Y quien se lo ordenaba no eran ya unos lobos, sino horrendos ogros transnacionales.
Moraleja:
Cuando se cuentan historias de lobos, acechan ogros.
