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miércoles, 21 de abril de 2010

Campaña de limpieza dentro de la CIA


De izquierda a derecha, Stephen Kappes, Barack Obama y Leon Panetta.

Servicios Secretos

La jubilación del número 2 de la CIA permitirá quizás aclarar el funcionamiento de la agencia estadounidense de inteligencia. Stephen Kappes, quien ya había sido puesto al margen de la CIA en 2004, era un representante de los más sórdidos métodos de la agencia sin poder presentar resultados concretos que justificaran su uso. Parece sin embargo poco probable que «el viejo sabio» de la CIA, como gustaba de hacerse llamar a sí mismo, se dé por vencido tan rápidamente. En todo caso, los odios internos deben resultar finalmente provechosos para Michael Morell, quien parece ser ahora el mejor ubicado para convertirse en el próximo director de la CIA. En definitiva, si bien los métodos de ciegos que caracterizaron todo lo que se hizo después del 11 de septiembre reciben así cierta forma de condena, paradójicamente los hombres del 11 de septiembre parecen tener grandes posibilidades de tomar el control de la CIA.

El número 2 de la CIA, el muy temido Stephen R. Kappes, solicitó su jubilación de forma anticipada y se retiró en medio de un sinnúmero de elogios, lo cual confirma en realidad que el hombre ha caído en desgracia en un medio en que el secretismo constituye la única regla.
En la hoja de servicio del saliente director adjunto de la CIA se encuentra el haber convencido a Libia de renunciar a su programa de desarrollo nuclear.

El número 3, Michael J. Morell, sube ahora un escalón en la jerarquía de la CIA y se convierte así en el principal candidato a la categoría de sucesor del actual director, Leon E. Panetta, quien llegará en 2013 a la edad límite para ocupar ese cargo. Fran Moore se convierte a su vez en número 3 mientras que Stephanie O’Sullivan se hace cargo de la supervisión de las operaciones cotidianas.

El director de operaciones especiales, Michael J. Sulick, especialmente vinculado a Kappes, pudiera verse obligado a pasar a él también a la jubilación anticipada.

En 2004 se produjo un conflicto entre la CIA y la administración Bush, cuando la casa Blanca reveló la identidad de la agente Valerie Plame para vengarse así de su esposo, el embajador Joseph Wilson, quien había desmentido los informes según los cuales Sadam Husein había realizado compras de uranio en Níger. El asunto se convirtió rápidamente en una especie de revuelta de la agencia contra los neoconservadores, acusados con toda justicia de estar fabricando informes falsos con fines políticos y de poner en peligro el funcionamiento de la CIA.

En definitiva, el presidente George W. Bush acabó por deshacerse del director de la CIA, poniendo en su lugar a Porter J. Goss, un ex agente que se había reciclado como parlamentario.

Porter Goss fue nombrado también director de la Inteligencia Nacional, lo cual no sólo le permitió purgar la CIA sino meter igualmente en cintura a todos los demás servicios de inteligencia estadounidenses. Después de su nominación, su primera decisión fue la expulsión inmediata de Stephen R. Kappes y Michael J. Sulick. Al extremo que los dos fueron escoltados inmediatamente a sus respectivas oficinas para que recogieran sus efectos personales y sacados del edificio al instante.

Kappes y Sulick prepararon después, durante meses, su venganza contra Goss, hasta que lograron precipitar su caída y volver ellos mismos a la CIA de la mano de su sucesor, el general Michael Hayden. Víctimas de los neoconservadores, Kappes y Sulick recibieron el apoyo de los demócratas, esencialmente a través de Diane Feisntein (actual presidenta de la Comisión de Inteligencia del Senado), apoyo motivado por razones de orden estrictamente políticas y sin que se cuestionaran los resultados de su labor.

Kappes y Sulick habían sido sin embargo los artífices de la generalización de las prisiones secretas en el extranjero y de los asesinatos perpetrados con el uso de aviones sin piloto.
Después de la elección de Barack Obama, los demócratas esperaban poner a Kappes a la cabeza de la CIA y situar a Sulick como número 2. Pero el secretario republicano de Defensa Robert Gates y el ex consejero republicano de seguridad nacional Brent Scowcroft obligaron al presidente demócrata a seleccionar como director de la agencia a un miembro de la Comisión Baker-Hamilton, Leon Panetta, quien aceptó a su vez mantener en su equipo a Kappes y Sulick.

Sólo después de haberse alcanzado la solución de todo este enredo político empezó a salir a colación la cuestión de los métodos de Kappes y Sulick. Ellos se esforzaron por globalizar la gestión de la inteligencia y del personal. Basaron su trabajo en la cooperación con agencias extranjeras, consideradas más competentes en sus respectivas regiones.

Al hacerlo lograron ganar mucho tiempo en el montaje de operaciones, pero perdieron el control del reclutamiento de agentes en el terreno. La cooperación entre agencias les había permitido también secuestrar opositores en cualquier lugar del mundo, mantenerlos en cautiverio en prisiones secretas instaladas en 66 países y someterlos a la tortura. El descubrimiento de la envergadura que alcanzó el uso de esas prácticas suscitó la cólera de Leon E. Panetta, católico militante, muy preocupado por las cuestiones éticas.

Aparentemente, esa forma de trabajar dio al principio excelentes resultados, pero pronto empezaron a aparecer problemas. El error fatal parece haberse producido a fines de 2009. En ese momento, Stephen R. Kappes anunció personalmente al presidente Obama que acababa de reclutar, gracias a los servicios secretos jordanos, a uno de sus agentes infiltrado en la cúpula de al-Qaeda: Khalil Abu-Mulal al-Balawi. Gracias a este hombre, la CIA podía abrigar esperanzas de acabar rápidamente con Osama Ben Laden, de quien se afirma que sigue escondido entre las tribus afgano-pakistaníes.

El 30 de diciembre de 2009 se organizaba en la base estadounidense de Khost, en Afganistán, un brindis de bienvenida para celebrar la llegada de este providencial espía. Pero el hombre traía un cinturón explosivo que hizo estallar en medio de los presentes, matando a 7 personas e hiriendo a muchas otras. Todos los responsables locales de la CIA quedaban así fuera de combate.

Por su parte, la prensa estadounidense se hizo eco de la muerte, en 2002 y a consecuencia de las torturas, de un detenido de la CIA en Afganistán, Gul Rahman, y de la manera como Kappes había ordenado quemar el cadáver para evitar el escándalo. Su actitud fue interpretada como una luz verde para todo tipo de abusos, que desde aquel momento fueron cosa cotidiana.

Para terminar, una denuncia sobre las torturas en Guantánamo se encuentra actualmente en su fase de instrucción en Estados Unidos, por iniciativa de los abogados del John Adams Project (un programa que conducen en común la ACLU y la ACDL).
La asociación logró conseguir fotos de varios torturadores de la CIA y está exigiendo que estos sean enviados a los tribunales. La cadena de mando, si la Justicia tratara de reconstruirla, conduciría inexorablemente hasta Kappes y Sulick, a menos que los abogados sean enviados a su vez a los tribunales por haber revelado los retratos de los agentes al servicio de la CIA, lo cual equivale a un acto de traición.

Por otra parte, el número 2 de la CIA, Michael J. Morell, fungía como oficial de enlace de la CIA ante el entonces presidente George W. Bush. Morell acompañaba al presidente en la mañana del 11 de septiembre de 2001 y fue él quien le presentó el informe cotidiano en su automóvil antes de llegar a la escuela elemental de Longboat Key, en la Florida.

Fue también el propio Morell quien le anunció al presidente que lo que se había estrellado contra la primera torre del World Trade Center no era un simple avioncito sino un gran avión de pasajeros. También fue Morell quien acompañó después al presidente Bush en su huida a través de los Estados Unidos y le presentó inmediatamente toda la argumentación destinada a atribuir los hechos a Osama Ben Laden.

En ese sentido, Michael J. Morell dispone del más absoluto apoyo del establishement y puede aspirar a obtener rápidamente el puesto de director de la CIA.

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«Porter Goss, veterano de la acción secreta», Red Voltaire, 27 de junio de 2005.

«Purga política en la CIA», Red Voltaire, 10 de enero de 2005.

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jueves, 18 de febrero de 2010

Obama, suspendido en teoría política


Un análisis del intelectual argentino Atilio Borón sobre el premio Nobel otorgado al presidente de EEUU, Barack Obama

Resumen Latinoamericano - Obama tomó algunos cursos de teoría política en Harvard. Pero el discurso que pronunciara al recibir el Premio Nóbel de la Paz –inmerecida distinción que todavía hoy suscita reacciones que van desde la hilaridad a la indignación- revela que no aprendió bien la lección y que su viciada interpretación de la doctrina de la “Guerra Justa” justifica su reprobación.

Tal como lo afirma una de las más rigurosas especialistas en el tema, Ellen Meiksins Wood, esa doctrina se caracterizó desde siempre por su enorme elasticidad para ajustarse a las necesidades de las clases dominantes en sus diversas empresas de conquista. Si bien su formulación original se remonta a San Agustín y Santo Tomás, fue la pluma del dominico español Francisco de Vitoria la que produjo una oportuna justificación de la conquista de América y la sumisión de los pueblos originarios, mientras que el jurista holandés Hugo Grocio, hizo lo propio con los saqueos practicados por las compañías comerciales lanzadas a repartirse el nuevo mundo.

Buscando apoyo en esta tradición Obama sentenció que una guerra es justa “si se libra como último recurso o en defensa propia; si la fuerza utilizada es proporcional; y, cuando sea posible, los civiles son mantenidos al margen de la violencia.” De este modo la versión original de la doctrina experimenta una nueva redefinición para mejor responder a las necesidades del imperio y culmina mimetizándose con la teoría de la “Guerra Infinita” pergeñada por los reaccionarios teóricos del “Nuevo Siglo Americano” y fervorosamente adoptada por George W. Bush Jr. para justificar sus tropelías a lo ancho y a lo largo del planeta. Es que aún después de sus sucesivos deslaves los imperialistas desconfiaban de la doctrina de la “Guerra Justa” porque no creían que fuese lo suficientemente flexible como para otorgar una justificación ética a su rapiña. Había que ir más allá y la teoría de la “Guerra Infinita” fue la respuesta.



Pese a las modificaciones que fueron debilitando su argumentación, la doctrina de la “Guerra Justa” sostenía la necesidad de satisfacer ciertos requisitos antes de ir a la guerra: (a) tenía que haber una causa justa; (b) la guerra debía ser declarada por una autoridad competente, con el propósito correcto y una vez agotados todos los otros medios; (c) tenía que existir una elevada probabilidad de lograr los fines perseguidos; y (d) los medios debían estar en proporción a esos fines. A lo largo de los siglos los periódicos aggiornamentos introducidos por los teóricos de la “Guerra Justa” fueron relajando estas condiciones a tal punto que perdieron todo importancia práctica.



En su discurso Obama hizo una encendida defensa de la guerra de Afganistán –secundada, dijo, por otras 42 naciones, entre ellas Noruega- al paso que en un alarde de optimismo declaró que la guerra en Irak estaba próxima a su fin. Por lo visto la interminable sucesión de muertes, sobre todo de civiles inocentes, que a diario ocurren en ese país por culpa de la presencia norteamericana es para el ocupante de la Casa Blanca una nimiedad que no puede ensombrecer el diagnóstico triunfalista que el establishment y la prensa propalan en Estados Unidos con el ánimo de manipular a la opinión pública de ese país.

Pero aún dejando de lado estas consideraciones es evidente que ni siquiera los amplísimos criterios esbozados por Obama en su discurso son respetados por Washington en los casos de las guerras de Irak y Afganistán: la ocupación militar no fue un último recurso, pues la casi totalidad de la comunidad internacional insistía –y sigue haciéndolo hoy- en la posibilidad de hallar una salida diplomática al conflicto; no se puede hablar de defensa propia cuando el enemigo del cual hay que defenderse –el terrorismo internacional- está definido de modo tan difuso que torna imposible su precisa identificación y la naturaleza de su amenaza; la falta de proporción entre los agredidos y el agresor adquiere dimensiones astronómicas, toda vez que la mayor potencia militar de la historia de la humanidad se ensaña contra poblaciones indefensas, empobrecidas y dotadas de rudimentarios equipamientos bélicos; y, por último, si hay alguien que no ha sido mantenido al margen de la furia destructiva de las fuerzas armadas de Estados Unidos es la población civil de Irak y Afganistán.

En suma: no hubo ni hay una causa justa para desencadenar estas masacres, algo crucial para la teoría tradicional. Salvo que Obama crea todavía que había “armas de destrucción masiva en Irak” (una perversa mentira urdida por Bush Jr., Cheney, Rumsfeld y compañía, con la complicidad de la dirigencia política y la “prensa libre” de Estados Unidos); o que Osama bin Laden y Saddam Hussein –enemigos mortales- compartían un proyecto político antiimperialista; o que la población afgana encomendó al primero cometer los atentados del 11-S y por eso merece ser castigada. No hay causa justa para ninguna de estas aventuras militares de Estados Unidos -como no la hubo antes en Vietnam, o en Corea, o en Granada, o en Panamá, o en República Dominicana- y no es mera casualidad que Obama obviara toda mención a esta tradicional cláusula en su discurso. En su peculiar visión –que es la visión de los círculos dominantes del imperio- la “Guerra Justa” se convierte en la “Guerra Infinita”.



En línea con esta doctrina Obama también viola la cláusula tradicional que establecía que al entrar en guerra una nación debe tener una razonable probabilidad de alcanzar el objetivo acordado. Y si hay algo que la historia reciente ha demostrado hasta la saciedad es que el terrorismo no desaparecerá de la faz de la tierra haciéndole la guerra. Obama citó en su discurso un pasaje de Martín Luther King “la violencia nunca traerá paz permanente. No resuelve ningún problema social: sólo crea otros nuevos y más complicados.” Pero a renglón seguido argumentó que como jefe de estado, juramentado para proteger y defender a su país, no puede solamente guiarse por las enseñanzas de King o del Mahatma Gandhi ante las amenazas que atribulan a los estadounidenses.

El discurso paranoico, patológico hasta la médula, de los ideólogos neoconservadores reaparece en labios del paladín del progresismo norteamericano: siempre la amenaza, sea de los comunistas, del populismo, del narcotráfico, del fundamentalismo islámico o del terrorismo internacional. Pero estas amenazas, más imaginarias que reales, son un ingrediente necesario para justificar la ilimitada expansión del gasto militar y la enorme rentabilidad que esto ocasiona para los gigantescos oligopolios que giran en torno al gran negocio de la guerra. Sin aquellas sería imposible justificar el predominio del complejo militar-industrial y los fabulosos subsidios que recibe, año tras año, del dinero aportado por los contribuyentes norteamericanos. Tampoco hubiera sido posible la desorbitada militarización de la sociedad norteamericana, que se proyecta hacia afuera con su agresiva política exterior y hacia adentro en la abrumadora presencia de las fuerzas represivas y de inteligencia, facilitada por la legislación “antiterrorista” de Bush Jr. que conculcó buena parte de las libertades civiles y políticas existentes en Estados Unidos.

El resultado de esta indiferencia ante la cláusula tradicional que exigía que la acción bélica tuviera altas probabilidades de alcanzar los fines trazados no es otro que la total autonomización de la iniciativa militar. Como agudamente lo señalara Meiksins Wood en Empire of Capital en esta nueva versión de la teoría la respuesta militar se justifica aún cuando no exista ninguna posibilidad de que la misma sea exitosa. O, lo que es aún peor, bajo estas nuevas condiciones la agresión militar del imperialismo ya no requiere de ninguna meta específica o de algún enemigo claramente definido e identificado. La guerra no necesita de objetivos claramente delimitados y se torna un fin en sí mismo; un fin inalcanzable, y por lo tanto, infinito. Lejos de ser una situación excepcional la guerra se convierte en una actividad permanente: una guerra infinita contra un enemigo inidentificable cuyos cambiantes contornos –hoy un comunista, mañana el populista, después el “terrorismo internacional”, etcétera- lo dibuja, con absoluta arbitrariedad, el Ministerio de la Verdad del imperio, cuya misión no es otra que falsear la realidad y fabricar el consenso que necesitan los dominantes. No sería exagerado decir que las peores predicciones de George Orwell acerca de la producción de desinformación no sólo se vieron confirmadas sino sobrepasadas por el aparato cultural norteamericano. Gracias a este dispositivo de manipulación y control ideológico el gran negocio de la producción y venta de armamentos se inmuniza contra los avatares del ciclo económico. Guerra infinita es otro modo de decir ganancias infinitas y permanentes.

El ácido comentario de la ex Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, sintetiza muy bien el espíritu y las premisas que subyacen a esta postrera degradación de la doctrina tradicional: “para qué sirve tener tan formidable ejército si luego no lo podemos usar.” De eso se trata, pues el uso y la periódica destrucción de esa impresionante maquinaria militar es lo que se necesita para que prosperen los negocios del complejo militar-industrial. Con su soberbio desparpajo Albright reveló lo que muchos ideólogos del imperio se cuidan muy bien de callar.



El discurso de Obama fue decepcionante. Por más que el premio Nóbel de la Paz se haya devaluado –recuérdese que se lo otorgaron a un criminal de guerra como Henry Kissinger- el presidente de Estados Unidos tendría que haber sido capaz de elaborar un argumento que sin caer en un inverosímil pacifismo se hubiera por lo menos distanciado en algo de la tónica ideológica impuesta por Bush Jr. y sus compinches. No lo hizo. Es más: existen fundadas sospechas de que algunos de sus speech writers también lo hayan sido de su nefasto predecesor.

No sería de extrañar esta continuidad. Obama ratificó en su cargo al Secretario de Defensa designado por Bush Jr., Robert Gates y, en fechas recientes, propuso como Secretario de Estado Adjunto de Investigación e Inteligencia a Philip Goldberg, expulsado de Bolivia por el presidente Evo Morales el 10 de Septiembre de 2008 por su descarada participación en las intentonas separatistas del prefecto del Departamento de Santa Cruz, Rubén Costas. Así las cosas, las esperanzas alimentadas por la irracional “Obamamanía” cultivada por las buenas almas progresistas parecen hoy más ilusorias y absurdas que nunca.

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sábado, 13 de febrero de 2010

El sinsentido de las no-conversaciones


13-02-2010
Editorial de Al Ahram Weekly
Al Ahram Weekly
Traducción para Rebelión de Loles Oliván

El presidente de la Autoridad Palestina (AP) sucumbe a la presión estadounidense para que abandone todas las exigencias y precondiciones para reanudar las negociaciones de paz con Israel, informan fuentes palestinas. Abbas ha estado de gira por las capitales del mundo para explicar la posición de su autoridad en relación con el proceso de paz. En este contexto, ha visitado varias capitales europeas y árabes así como Tokio.



Sin embargo, en contactos secretos con los estadounidenses, Abbas parece haber aceptado la idea de que se pueden reanudar las conversaciones con Israel prácticamente sin condiciones, incluso sin obtener por parte del gobierno de Netanyahu la congelación o la detención de la construcción de asentamientos en los territorios ocupados palestinos. El lunes, 8 de febrero, el periódico israelí Haaretz citaba "fuentes fidedignas" en la sede de gobierno de la AP en Ramalah según las cuales Abbas había acordado iniciar "conversaciones indirectas" con Israel a finales de febrero.

Según este periódico, Abbas ha acordado mantener conversaciones “de proximidad” con Israel que se llevarán a cabo probablemente en Washington, en dos salas diferentes y en las que el enviado estadounidense a Oriente Próximo, George Mitchell, comunicará mensajes entre ambas partes.

Este tipo de negociaciones se considera un retroceso habida cuenta de que Israel y la AP habían mantenido numerosas conversaciones directas. Ello significa que la "barrera psicológica" entre las dos partes se había roto de manera irreversible.

Sin embargo, los observadores cuentan que Abbas quiere utilizar las “conversaciones indirectas” para poder seguir diciendo que sigue aferrado a su posición previa que excluye cualquier reanudación de conversaciones si no se congela definitivamente la expansión de asentamientos judíos.

El dirigente palestino tampoco quiere “involucrarse demasiado” en otra serie de conversaciones que puedan resultar perfectamente tan inútiles como las negociaciones anteriores, especialmente a la luz de que las dos partes habían agotado en varias ocasiones la discusión de todas las cuestiones pertinentes y que lo que realmente se necesitaba era la toma de decisiones, no llevar a cabo más conversaciones.

No está claro todavía de qué temas discutirán las dos partes en las próximas conversaciones. El gobierno israelí encabezado por el primer ministro Benjamín Netanyahu se ha negado a reanudar las conversaciones en el punto donde se quedaron bajo el gobierno de Olmert-Livni, en tanto que la AP ha exigido que el gobierno de Israel muestre su compromiso con los acuerdos alcanzados anteriormente. Lejos de adherirse a tales acuerdos, el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, ha declarado que el concepto global de “territorios por paz” está acabado.

Los observadores han señalado que la voluntad de Abbas de reanudar las conversaciones con Israel mientras Israel expande el ritmo de la construcción de asentamientos en Jerusalén Oriental y en el resto de Cisjordania constituye un claro retroceso y un reconocimiento de facto de debilidad y de derrota. "Este hombre ha estado diciendo durante muchos meses que no iba a volver a la mesa de negociaciones con el régimen sionista de Israel hasta que se congelasen los asentamientos. Y ahora dice mantendrá conversaciones indirectas con Israel. Bueno, ¿cuál es la diferencia?” se pregunta Ahmed Hamdan, comentarista independiente de la región de Hebrón.

Y añade, “[…] Este serio retroceso envía un mensaje peligroso a los estadounidenses y a los sionistas porque establece que se puede forzar a la parte palestina a hacer más y más concesiones en las cuestiones fundamentales y que cuando los palestinos dicen ‘no’ no significa que sea su posición final”. Por otra parte, Hamdan sostiene que el retroceso de Abbas sobre la cuestión de los asentamientos podría aumentar la popularidad de Netanyahu. "Ahora Netanyahu podría jactarse de que su intransigencia y tozudez han dado resultado. Podrá argumentar que si Israel muestra sólo un poco más de paciencia logrará sus objetivos".

Aunque Abbas ha acusado a la Administración Obama del incumplimiento de los compromisos anteriores hechos a los palestinos y a todo el mundo árabe, ha declarado que no está buscando nuevas garantías de Washington en cuanto a la duración de la propuesta de conversaciones “de proximidad” indirectas. "La parte palestina no ha establecido ninguna condición en particular", declaró Abbas ante periodistas en Japón cuando se le preguntó en qué condiciones iba a aceptar la oferta de EE.UU. en las conversaciones de proximidad.

Añadió que espera que Mitchell vuelva a explicarle con más claridad las conversaciones propuestas a mediados de febrero. Después, Abbas agregó, consultará con líderes árabes y tomará una decisión.

Otro comentarista palestino. Hani al Masri, opina que Abbas intenta volver a las conversaciones gradualmente para desensibilizar a la opinión pública palestina tanto como sea posible. “Se enfrenta a un dilema: si no regresa a las conversaciones será acusado por Washington e Israel de obstruir el proceso de paz, y si regresa, no recibirá casi nada de Israel. Tratará de eludir esa situación buscando seguridad y garantías por parte de los estadounidenses. Pero el problema no radica en la obtención de garantías y seguridad de Washington. El problema es que Israel se niega a poner fin a la ocupación y poner fin a su robo de tierras palestinas”.

Netanyahu ha indicado que sus reiterados llamamientos a la reanudación de conversaciones de paz con los palestinos en ningún modo implican que esté dispuesto a hacer concesiones a los palestinos. De hecho, el primer ministro israelí ha añadido nuevas condiciones a su infame discurso en la Universidad Bar Illan de Tel Aviv en junio de 2009, cuando dijo que cualquier futura entidad palestina tendría que estar totalmente controlada por Israel, incluidas las fronteras, los pasos fronterizos, las relaciones exteriores, las redes de comunicaciones, el espacio aéreo y las aguas territoriales.

Hace dos semanas, Netanyahu declaró que Israel tendría que mantener una presencia militar en Cisjordania en el contexto de cualquier futuro acuerdo con los palestinos. Asimismo señaló que Israel tendría que mantener el control militar del Valle del Jordán, que constituye la frontera entre Jordania y cualquier futura entidad política palestina. Según algunas fuentes en Ramalah, Abbas cree que Washington podría estar tratando de obligar a los dirigentes palestinos a abandonar, aunque no necesariamente ante la opinión pública, las constantes palestinas tradicionales con respecto a la inviolabilidad de las fronteras de 1967, el estatuto de Jerusalén y los refugiados.

Una fuente ha dado a entender que Washington podría recurrir a fortalecer al primer ministro Fayyad a expensas de Abbas. Fayyad es definitivamente más aceptable para Israel que Abbas. Mientras asistía a la conferencia anual de evaluación estratégica de Herzliya, cerca de Tel Aviv, Fayyad declaró que él estaba más preocupado por "construir" un Estado palestino que por declararlo.

Huelga decir que esto es música a los oídos de Netanyahu y del stablishment de la extrema derecha israelí. Ellos lo entienden en el sentido de que Israel tendrá más tiempo para construir más asentamientos mientras los palestinos estén ocupados en construir su Estado en lo que quiera que reste de Palestina ocupada.

Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2010/985/re7.htm

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martes, 9 de febrero de 2010

Los Norteamericanos Suspenden a Obama por el Manejo de la Economía


Al-Manar
08/02/2010

La tasa de aprobación del presidente de EEUU, Barack Obama, entre los norteamericanos ha caído a su nivel más bajo desde su toma de posesión por la forma en que ha manejado la economía del país en medio de la crisis financiera.

Sólo el 36% de los norteamericanos aprueban el manejo de la economía realizado por Obama y un 32% apoyan sus esfuerzos para contener el déficit presupuestario, señaló una encuesta Gallup el lunes.

Mientras el país hace frente a una tasa de paro del 9,7%, la encuesta muestra que un 68% de los estadounidenses no apoyan la forma que Obama ha escogido para crear empleos.

Obama ha presentado un presupuesto de 3,8 billones de dólares para el próximo año fiscal. Los militares tendrán una parte sin precedentes de esta suma, 708.000 millones de dólares, entre crecientes críticas acerca de las intervenciones militares estadounidenses en el exterior.

La propuesta de Obama ha incrementado el déficit para este año hasta los 1,6 billones de dólares.

Una mayoría del pueblo norteamericano está preocupado por el tamaño del déficit del presupuesto federal, según una nueva encuesta.

El jueves Fox News publicó una encuesta que mostraba que el 86% de los entrevistados estaban preocupados o irritados por el creciente déficit presupuestario.

Un 47% de los entrevistados señalaron que creían que la propuesta de congelación del presidente Barack Obama era un”truco” y no ayudaría a reducir el déficit.

La encuesta también señala que los entrevistados tenían una visión pesimista de la economía, con un 56% que afirma que “lo peor está por llegar.”

El lunes, el presidente Obama envió al Congreso un plan de gastos de 3,8 billones de dólares de gasto para el año fiscal 2011. Su propuesta incluyen un presupuesto militar récord de 708.000 millones de dólares. El nuevo plan también contempla un incremento del déficit federal que alcanzaría un récord de 1,56 billones de dólares este año.

Se calcula que los déficits en los próximos 10 años añadirían 8,5 billones adicionales a la deuda nacional de EEUU.

Las guerras en Iraq y Afganistán, así como la inyección masiva de dinero para mantener la economía norteamericana funcionando han llevado a un incremento descontrolado del gasto público.

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jueves, 28 de enero de 2010

Obama, un año después


29-01-2010
Atilio A. Boron
Rebelión

A la memoria de Howard Zinn, maestro, camarada y amigo


Al cumplir un año la Administración Obama presenta inequívocos signos de deterioro. Según el Rasmussen Report, dedicado a producir un seguimiento día a día de la popularidad de los presidentes de Estados Unidos, en apenas un año la aprobación popular de la gestión de Obama descendió desde un 65 % el día de su inauguración al 47 registrado el 27 de Enero del 2010. [1] En esa misma fecha la encuestadora Gallup le asignaba un porcentaje levemente superior de aprobación popular: 48 %, desde un 69 % inicial. [2]

Las razones de esta rápida declinación son muy variadas: la crisis general capitalista ha generado un profundo descontento popular que las ortodoxas medidas adoptadas por la nueva administración para enfrentar la crisis -fundamentalmente, el multimillonario rescate de los grandes oligopolios a costa del gasto social y la muy injusta repartición de los esfuerzos para superarla- no hacen sino acentuar. En los días previos a su discurso ante el Congreso y golpeado por la inesperada pérdida de la banca senatorial en el Estado de Massachussets, tradicional bastión del partido Demócrata, Obama anunció su intención de establecer regulaciones más estrictas sobre los bancos y el sector financiero y, además, de promover un conjunto de medidas tendientes a favorecer la creación de empleos y facilitar el acceso de las familias de los trabajadores a crecientes niveles de educación.

Estas promesas fueron sin duda impulsadas por la derrota electoral y la pérdida de la estratégica super-mayoría en el Senado (60 votos sobre los 100 que componen ese cuerpo) que, entre otras cosas, le permitiría avanzar con su programa de reforma del sistema de salud. Pero también fueron aguijoneadas por la constatación de la indignación popular desatada por el contraste entre las exuberantes ganancias de los principales operadores bancarios y la caída de los ingresos (y el aumento del desempleo) de los trabajadores. Goldman Sachs, tal vez el más importante banco de inversión del mundo, anunció días atrás que en 2009 había obtenido “una ganancia de US$ 3.385 millones, antes del reparto de dividendos, una cifra que resultó seis veces mayor que el beneficio logrado en 2008.” [3] Es decir, para el capital financiero la crisis fue un espléndido negocio, y por eso los gerentes y directivos de Wall Street serán premiados, tal como lo asegura Robert Reich, con una suma cercana a los 25.000 millones de dólares en bonificaciones anuales que serán distribuidas en los próximos meses entre un puñado de privilegiados. [4] Un verdadero escándalo para un país cuya tasa real de desempleo –es decir, incluyendo a los trabajadores indocumentados, los que trabajan a medio tiempo y los que dejaron de buscar empleo- supera ya la marca del 20 % y en el cual las diferencias de remuneraciones entre la gerencia y los trabajadores se ha disparado a las nubes. Hace unos 25 años los primeros percibían salarios que fluctuaban entre 30 y 40 veces por encima de los del trabajador medio; en la actualidad estudios concretos revelan que esa diferencia alcanzó la astronómica cifra de 344 veces. Magia del mercado, que le dicen. [5]

Llegados a este punto es conveniente preguntarse por las razones que produjeron tan fenomenal polarización entre las remuneraciones de unos y otros. Hay dos causas principales: por una parte, las políticas neoliberales de desregulación y liberalización de la vida económica, que removieron los controles existentes desde la época del New Deal y la posguerra que ponían ciertos límites al despotismo del capital. Ronald Reagan comenzó la demolición y sus continuadores, sin excepción, profundizaron esa política. Por otro lado, el radical debilitamiento de los sindicatos: si en la década de los cincuentas más de la tercera parte de los empleados del sector privado estaban sindicalizados, la legislación anti-laboral (“flexibilización” y precarización de la relación obrero-patronal) promulgada desde los años ochenta hicieron que la proporción de trabajadores encuadrados en organizaciones sindicales se desplomara a un 7 % en los últimos años. Investigaciones empíricas demuestran que en las empresas sin sindicatos los gerentes tienen sueldos y compensaciones un 20 % superiores a las de sus colegas en empresas en donde existen sindicatos; y que los trabajadores en las primeras perciben ingresos muy superiores a los que reciben quienes se desempeñan en otras en las cuales no hay actividad sindical.

Lo anterior revela los alcances del proceso de intensificación de la explotación capitalista en Estados Unidos y la exacerbación de la concentración de la riqueza en manos de la clase dominante. En cierto sentido podría pues decirse que en ese país asistimos a una situación en la cual la lucha de clases se desenvuelve sordamente bajo un espeso velo ideológico que impide a las clases y capas subalternas adquirir una verdadera comprensión de sus propias condiciones de existencia y las causas de sus pesares. Toda la industria cultural norteamericana ha sido diseñada para negar la existencia de las clases y su irreconciliable contradicción. La permanente invocación y exaltación del American Dream -que llegó a su apoteosis con la llegada de un afro-americano a la Casa Blanca- no es sino ese cemento ideológico del cual hablaba Gramsci y mediante el cual los víctimas del sistema se culpabilizan a sí mismas de sus miserias y fracasos e inocentizan al sistema capitalista por sus desdichas y padecimientos. Lucha de clases velada y, además, atrofiada, porque la crisis del movimiento obrero, el derrumbe del sindicalismo y la claudicación del partido Demócrata (que abandonó por completo su antigua pretensión de representar a las capas medias y los trabajadores para entregarse de cuerpo y alma a los yuppies del capital financiero) dejan a la enorme masa de trabajadores asalariados norteamericanos huérfana de toda expresión política y sindical y, por eso mismo, sin capacidad para poner coto a las exacciones a que se ve sometida por la clase dominante. Bajo estas condiciones, los anuncios y la retórica de Obama difícilmente puedan surtir algún efecto: se requiere mucho más que palabras y discursos, y parece que eso es todo lo que aquél puede ofrecer al menos por ahora.

El deterioro de la situación social en los Estados Unidos puede graficarse elocuentemente si se repara que a partir del 2008 “7 millones perdieron su empleo, ... 1 de cada 8 (norteamericanos) se alimenta a través de vales de comida y 1 de cada 5 dice que el año pasado tuvo serios problemas para dar de comer a los suyos.” [6] También, si se tiene en cuenta que “si antes de las reaganomics (en los años 70s ) el 10% más acomodado capturaba menos de un tercio de la riqueza -igual no era poco-, hoy se alza con la mitad.” [7] Esto constituye el telón de fondo de los recientes anuncios de Obama. Son también, por supuesto, factores que explican la abrupta caída en la popularidad presidencial. De todos modos, bastó que aquél hiciera algunos anuncios previos en relación a estos programas para que el establishment norteamericano y sus voceros reaccionaran con virulencia, fulminando al ocupante de la Casa Blanca con el rótulo de “populista” por su fuerte “retórica en contra de los bancos.” [8]

Pero el malestar y la debilidad de Obama tiene también otras fuentes: una de ellas es la generalizada sensación de que la “guerra infinita” de George W. Bush es una pesadilla interminable que se agrava con el paso del tiempo, tal como lo demuestran las fatídicas noticias que a diario llegan de Irak, Afganistán y Pakistán. Y si bien en su alocución al Congreso Obama aseguró que las tropas estacionadas en Irak regresarían a casa en Agosto son pocos los que creen en semejante promesa. Es más, no sería absurdo conjeturar que la creciente militarización de las relaciones hemisféricas -con base en Colombia, convertida en la Israel latinoamericana- podría tener como consecuencia la apertura de un tercer frente bélico, ahora en esta parte del mundo. La obsesión por derrocar a Hugo Chávez y “normalizar” el cuadro político latinoamericano podría llegar a precipitar tal desatino.

A ello agréguese la muy difundida percepción de que la decadencia del “imperio americano” no encuentra en el ocupante de la Casa Blanca el piloto de tormentas que se necesita para enfrentar tan delicada situación agravada, además, por la creciente complejidad de un escenario global caracterizado por: (a) la aparición de nuevas actores dotados de extraordinarios recursos –China, en primer lugar, pero también India, Rusia y la misma Unión Europea- y (b), por el surgimiento de inéditos desafíos, como el cambio climático, la crisis del agua, el terrorismo internacionalizado y el tráfico ilegal de drogas, personas y armas, cuestiones estas que ponen en entredicho la eficacia de los mecanismos tradicionales de intervención en el sistema internacional.

Por eso, a poco andar, las promesas electorales de Obama se fueron abandonando sin mayores explicaciones. Su decepcionante conducta en la Cumbre de Kopenhagen demostró claramente la tibieza de sus afanes innovadores. Y lejos de “desmilitarizar” la política exterior de Estados Unidos lo que hizo Obama, sin fuerzas para sobreponerse a las presiones de sus generales y el “complejo militar-industrial”, fue delegar cada vez más sus prerrogativas como comandante supremo de las fuerzas armadas en manos del establishment . Una buena prueba de ello la ofrece el hecho de que el presupuesto militar aprobado para este próximo año es el mayor de toda la historia de Estados Unidos, superando con largueza el billón de dólares (un millón de millones de dólares) si se consideran los gastos militares efectuados por todos los departamentos de la Administración federal y no sólo por el Pentágono. Lejos de revertir el papel dominante del Departamento de Defensa en la formulación de la política exterior, que es uno de los legados más funestos de la era Bush Jr., lo que hizo Obama fue proseguir en el mismo curso, algo que podía fácilmente pronosticarse a partir de la ratificación de Robert Gates al frente del Pentágono, nombrado como se recordará por su predecesor en reemplazo de Donald Rumsfeld. La gira por Asia mostró, además, a un presidente norteamericano a un paso de la humillación en su visita a China, y con Japón reclamando cada vez con más energía la redefinición de las relaciones nipo-estadounidenses constreñidas aún por los leoninos arreglos de la postguerra y las secuelas de la Guerra Fría.

En lo que hace a esta parte del mundo el desempeño de Obama fluctúa entre la intrascendencia y, otra vez, la continuidad con las políticas de Bush Jr. Pese a sus promesas de cerrar en el plazo de un año la cárcel ilegal que mantiene en la base naval de Guantánamo Obama tuvo que reconocer que tal cosa será imposible, al menos por ahora. La Cuarta Flota sigue navegando nuestras aguas y ahora los marines (unos 14.000 al día de hoy) asumieron el control de una devastada Puerto Príncipe que necesita médicos, trabajadores sociales, ingenieros y arquitectos y no máquinas de matar. El objetivo, claro está, es reforzar hasta el paroxismo su control territorial en la región, y el terremoto y la posterior tragedia haitiana le brindó a Washington una magnífica excusa, al igual que el derrumbe de las Torres Gemelas lo hizo para lanzar los planes belicistas de Bush y compañía. El comportamiento de Obama durante el golpe de Honduras fue, al principio errático, pero luego que la Secretaria de Estado Hillary Clinton fijara la postura de los sectores dominantes del imperio -que encuentran en ella a su más calificada y confiable representante- y caracterizara lo ocurrido en ese país centroamericano como un “interinato” la Casa Blanca se plegó a la línea emanada del “gobierno permanente” de Estados Unidos y, en la actualidad, ha convalidado plenamente el golpe por la vía del reconocimiento de la validez de unas elecciones tan fraudulentas y viciadas que la OEA y el Centro Carter decidieron que no valía la pena monitorear. Como si lo anterior fuera poco Obama no hizo absolutamente nada en relación a la situación de los 5 cubanos prisioneros en las cárceles de Estados Unidos, bajo condiciones que ni siquiera se le aplica al más feroz criminal serial y que fueron sentenciados en un escandaloso juicio que constituye una vergüenza para el sistema judicial norteamericano. En relación al bloqueo a Cuba, condenado por toda la comunidad internacional con la excepción del propio Estados Unidos, su estado-cliente Israel y su protectorado en la Micronesia, Obama no tomó ninguna medida significativa para la eliminación de tan infame política. Como si lo anterior fuera poco firmó con Uribe un tratado por el que se le concede a Estados Unidos el derecho a instalar siete bases militares en Colombia, cuyo objetivo apenas silenciado es el de poder controlar con sus aviones cualquier movimiento significativo que tenga lugar en Sudamérica, hasta las cercanías del Cabo de Hornos. Tal como lo señalara el Comandante Fidel Castro, ese tratado constituye en realidad una anexión de facto de Colombia a los Estados Unidos: sus militares y civiles pueden entrar y salir a voluntad de Colombia, sin utilizar pasaportes. Basta para ello con exhibir un simple carnet de identidad. Los colombianos que quieran ingresar a Estados Unidos, en cambio, son sometido a toda clase de controles y vejaciones. Los cargamentos que los norteamericanos internen o saquen del país no pueden ser sometidos a fiscalización alguna por parte de las autoridades colombianas. Pueden importar armas de destrucción masiva, si se lo proponen; y exportar estupefacientes, cosa que ya hicieron en el pasado (recordar el affaire Irán-Contras). Por si lo anterior no bastara, los estadounidenses establecidos en Colombia gozan de total inmunidad diplomática y no pueden ser llevados a los tribunales colombianos por cualquier delito o crimen cometido en ese país. Y este tratado lo firmó Obama, no Bush. Para resumir: al cabo de un año la gestión Obama revela que es más de lo mismo, a pesar de sus recientes arrestos dialécticos que habrá que ver si son sucedidos por iniciativas concretas, cosa que no parece demasiado probable. Noam Chomsky tenía razón cuando advirtió, mucho antes de su elección, que “Obama es un blanco que tomó demasiado sol.”

www.atilioboron.com

[1] http://www.rasmussenreports.com/public_content/politics/obama_administration/obama_approval_index_history

[2] http://www.gallup.com/home.aspx

[3] Obama pone un drástico límite a los bancos y al sector financiero, en Clarín http://www.clarin.com/diario/2010/01/22/elmundo/i-02124926.htm

[4] http://www.clarin.com/diario/2010/01/21/opinion/o-02124068.htm

[5] « Workers Need Added Clout To Close The Pay Gap with CEOs”, en http://www.commondreams.org/view/2008/09/01

[6] Cf. Hinde Pomeraniec, “Gerente o líder”, http://www.clarin.com/diario/2010/01/28/elmundo/i-02128501.htm

[7] Cf. Néstor Restivo, “El lento declive de la clase media y el sueño americano”, en http://www.clarin.com/diario / 2010/01/28/elmundo/i-02128501.htm

[8] “CBS’s Reid calls Obama’s populism ‘more like politics than a real plan’”, en http://businessandmedia.org/articles/2010/20100125145911.aspx

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miércoles, 20 de enero de 2010

Los problemas con el pactismo: El caso Obama



20-01-2010
Vicenç Navarro
Rebelión

Es un elemento de la sabiduría convencional que los partidos, una vez hayan conseguido ser elegidos, tienen que moderarse y centrarse; es decir, si son partidos de izquierda tienen que moderar sus propuestas y moverse hacia el centro político. Y si son de derechas tienen también que moderarse y gobernar desde el centro. Según tal argumento, gane quien gane, los partidos tienen que gobernar desde el centro. Esta suposición se ha convertido en casi un dogma, dogma que muchos partidos en muchos países han seguido cuando han gobernado, contribuyendo a diluir las diferencias ideológicas y programáticas entre los partidos. De esta situación se deriva la abstención elevada en el proceso electoral entre la población, pues no se perciben diferencias entre los diferentes partidos.

El problema con este dogma es que, además de ser erróneo (basado más en ideología que en la evidencia empírica), implica un suicidio político para aquellas opciones que, habiendo ganado las elecciones con promesas de cambio, diluyen su compromiso y decepcionan a sus bases electorales, las cuales se abstienen, facilitando la victoria del partido, o partidos, de la oposición. Lo que está ocurriendo con la Administración Obama es un ejemplo de ello.

El Presidente Obama ganó las elecciones porqué consiguió movilizar a las bases del Partido Demócrata (sindicatos y movimientos sociales, como los movimientos feminista, ecologista y de derechos civiles) y otros grupos sociales deseosos de un profundo cambio en EE.UU. En el sector sanitario, se comprometió a hacer una reforma sanitaria que, en la práctica, hubiera supuesto la extensión a la gran mayoría de la población del derecho de acceso a los servicios sanitarios, hoy muy limitada en EE.UU. Un año después de ser elegido, existen amplios sectores de las clases populares (que le votaron en las últimas elecciones) que se oponen a la reforma propuesta por la Administración Obama. ¿Cómo puede ser que después de un año haya habido un cambio tan notable en la opinión del electorado hacia la Administración Obama? La explicación que los medios de información del establishment estadounidense, repetida miméticamente por la mayoría de los medios del establishment español, es que las propuestas de reforma sanitaria hechas por la Administración Obama son demasiado progresistas. De ahí que tales medios aconsejen al Presidente Obama a que modere sus propuestas de reforma sanitaria, centrándose y diluyendo lo que se define como un excesivo izquierdismo. Como decía el corresponsal de El País en EE.UU., Antonio Caño, “el pueblo estadounidense no está preparado para un cambio tan profundo” (Obama pacta con el senado los últimos detalles de la reforma sanitaria. El País, 16.12.09). Esta explicación ignora que los que se oponen a las reformas ahora son los mismos que apoyaron las propuestas incluidas en el programa electoral del candidato Obama.

¿Por qué entonces el cambio de actitud de aquellos que le apoyaron antes y que ahora se oponen? La respuesta es bien sencilla. La causa del cambio de actitud se debe al cambio que tales propuestas han experimentado durante este año. Obama se ha ido centrando y ha ido abandonando las promesas hechas en su programa y ha incluido, en cambio, propuestas del candidato republicano, John McCain, a quien Obama había criticado como candidato, y que ahora ha hecho suyas. El candidato Obama había dicho, por ejemplo, que financiaría la expansión del aseguramiento a los 44 millones de estadounidenses que carecen de tal aseguramiento a base de aumentar los impuestos del 2% de renta superior del país (que ingresaban más de medio millón de dólares). El candidato republicano proponía financiarlo a base de aumentar los impuestos de los trabajadores que tenían un aseguramiento colectivo, a través de su lugar de trabajo (el 62% de los estadounidenses tienen su cobertura sanitaria a través de su empresa, siendo la extensión de tal cobertura o protección dependiente de la fuerza sindical que los representan en los altamente descentralizados convenios colectivos). En aquellos lugares de trabajo donde los sindicatos son fuertes (como ocurre en el sector manufacturero) los trabajadores tienen una mayor cobertura en su aseguramiento. Pues bien, John McCain, que es profundamente antisindical, proponía que la expansión de la cobertura a los no cubiertos se hiciera a base de que aquellos trabajadores que tuvieran una cobertura mayor pagaran un impuesto finalista para financiar aquella expansión. Obama criticó esta propuesta, definiéndola por lo que era: una propuesta de penalizar a los colectivos más bien organizados del mundo trabajador. Esta crítica, sin embargo, ha desaparecido. Hoy Obama ha abandonado el impuesto finalista sobre las rentas superiores sustituyéndola con la propuesta McCain. Como ha dicho el secretario general de la Federación de Sindicatos de EE.UU. (AFL-CIO), el Sr. Trumka (una de las voces más clarividentes y progresistas en el panorama político de EE.UU.) “los sindicatos siempre hemos favorecido la universalización del aseguramiento sanitario. Pero, en lugar de pagarla con los impuestos de los ricos, el Senado (que refleja la postura de la Administración Obama) quiere pagarla con los impuestos de los trabajadores. En lugar de seguir una lucha de clases vertical, se propone una lucha de clases horizontal, enfrentando a un sector de la clase trabajadora a otro sector de la misma clase. Esta táctica es profundamente errónea y significará una enorme abstención obrera en las próximas elecciones como ocurrió en las elecciones de 1994, cuando el Presidente Clinton (que ganó las elecciones con el apoyo movilizador de los sindicatos) abandonó sus promesas hechas al mundo trabajador. La victoria republicana de 1994 se debió a la abstención de las bases del Partido Demócrata. Lo mismo puede ocurrir en 2010 y en 2012”. No puede decirse más claro. He escrito extensamente sobre este punto y me preocupa enormemente que el Presidente Obama pase a ser un Presidente de sólo una legislatura.

Una última observación. El abandono de la política fiscal progresista se debió a la oposición proveniente de la derecha en el Partido Demócrata, que recibe millones de dólares de los grupos y clases más pudientes de EE.UU. para financiar sus campañas electorales. Parecería pues, que Obama no tenía otra alternativa. Este argumento, que parece convincente (por su aparente realismo), ignora que el Presidente puede ejercer enorme presión a los miembros de su partido para hacerles variar su postura contraria a los deseos de la Casa Blanca. Pero, el punto de decepción y frustración es que Obama no ha ejercido esta presión ni ha movilizado a la población (y muy en especial de los distritos electorales de los miembros demócratas que se oponen a aumentar la carga fiscal de los ricos) para que los presionen. Tal movilización requería un discurso antagónico y conflictivo (que Trumka define como lucha de clases vertical) que está fuera del escenario teórico de Obama. Su énfasis en la lucha de clases horizontal (es decir, que unos sectores de la clase trabajadora absorban los costes de cubrir otro sector sin recurrir a los recursos de los grupos más pudientes) es un error que le puede costar su cargo.

Fuente original: http://www.fundacionsistema.com/News/ItemDetail.aspx?id=2094&AspxAutoDetectCookieSupport=1

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sábado, 9 de enero de 2010

Yemen y el “nuevo” paquete terrorista


09-01-2010
Fernando Dorado

Obama muestran que el forcejeo por la orientación de la política (interna y externa) de USA fue tan débil, que pareciera que los poderes fácticos norteamericanos ya lo controlaban desde antes de la elección.
Lograron engañar al mundo entero, empezando por su propio pueblo, y en especial, la población afrodescendiente e inmigrante. Algunos alcanzamos a ilusionarnos.

Hoy los dueños del aparato financiero especulativo y del complejo militar-industrial, controlan en forma absoluta a Obama. Los halcones y “neo-cons” norteamericanos tienen nuevamente el camino despejado. El presidente gringo retoma la “carta del terrorismo”. Es la única que les queda, pero ahora es una tercera reedición.1

Midieron fuerzas con el golpe de Estado en Honduras. A nivel interno la brega fue mínima. A nivel externo, Latinoamérica resistió de manera formal, pero nada contundente. Vino enseguida la otra “medida de aceite” con las bases militares en Colombia. Con esa jugada lograron aislar a Bolivia y Venezuela, que son los únicos gobiernos que han mantenido una posición vertical.

Pero eso no es suficiente. Ellos saben que la crisis económica es su peor enemigo. Son conscientes de que tienen plazos muy cortos. Una repetición más profunda se está acumulando. Por ello, es su propio pueblo el que más les preocupa. La opinión contra la guerra y contra Wall Street (bancos), que llevó a Obama a la presidencia, fue una alerta muy seria.

La dirigencia estratégica de la mega-plutocracia estadounidense es consciente de que deben crear y agigantar un enemigo externo. Es la única forma de controlar a su propia población y justificar las guerras de invasión y despojo. El narcotráfico y la inmigración también son utilizados como amenazas, pero no tienen el suficiente impacto político en EE.UU. El terrorismo es su carta fundamental.

Lo más granado de la inteligencia estratégica del Pentágono y la CIA está en plena producción. La experiencia les ha demostrado que el grueso del pueblo norteamericano toma en serio al “terrorismo internacional” cuando éste tiene –supuestamente– el apoyo de Estados y gobiernos de países enemigos. Por ello involucraron en la anterior fórmula a Irak.

Lo de Yemen va en esa dirección. Están buscando la forma de organizar un “paquete” más impactante. Ya han mostrado los dientes. No nos extrañe que en pocos días o meses hayan tejido el nuevo “eje del mal” relacionando a las FARC con Al-Qaeda, Hamás, Hezbollah, y como apoyo a la alianza entre Irán, Cuba, Venezuela, Bolivia, y de pronto involucran a Corea. Ya lo vienen haciendo.

Los demócratas y revolucionarios latinoamericanos no podemos engañarnos. La Paz y la defensa del Medio Ambiente son nuestras banderas de gran impacto. Las amenazas de la guerra y el cambio climático son muy reales, son de amplio espectro y afectan a toda la humanidad. Deben ser opuestas al “paquete terrorista” que el imperio utiliza para evitar su paulatina decadencia e inevitable derrumbe.

El pueblo norteamericano debe ser uno de nuestros objetivos. La población afrodescendiente, los inmigrantes, la juventud, los movimientos ambientalistas y pacifistas son nuestros aliados. América Latina debe hablarle al pueblo de los EE.UU. Es urgente.
Y ojo… en esa tarea no podemos hacerle ninguna concesión a guerrerismos de ninguna clase. Es algo fundamental.

Nota:
[1] La primera fue el comunismo. La segunda Osama (Al-Qaeda) y Sadam Husseín.

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jueves, 7 de enero de 2010

El año en que Obama no leyó “Las venas abiertas…”


Por Jorge Benedetti.
Caminos
5 enero de 2010

Recorrer el 2009 posando la mirada en los hechos más importantes ocurridos en Nuestra América nos brinda, como casi siempre la vida, varios caminos para hacer un relato. Los triunfos de Evo Morales en Bolivia y de José Mujica en Uruguay son, sin duda, una esperanzadora manera de señalar los logros de nuestros pueblos.

Pero también es posible jalonar este año que terminó con la preocupante presencia militar estadounidense en territorio colombiano y el anacrónico y a la vez novedoso golpe cívico-militar-mediático en Honduras.

Y claro, no son dos realidades posibles sino más bien muestras de la compleja situación por la que atraviesan nuestros pueblos en su camino para lograr la autodeterminación y para cerrar esas innumerables venas abiertas.

Una mirada política sobre América Latina y el Caribe nos muestra dos grandes manchas en un mapa en el que por suerte predomina el color rojo y negro de la resistencia frente al color extraño que siempre tienen los gobiernos entreguistas.

Mientras México continúa inmerso en los tentáculos del Libre Comercio con el NAFTA y se debate, violento, entre seguir mirando hacia el Norte o volver su cuerpo milenario hacia sus pares de historias y penurias, Nicaragua, El Salvador y la siempre digna Cuba avanzan hacia una sociedad más justa y solidaria.

Por su parte, Guatemala comienza, de a poco, a revisar su pasado de dolor y violencia y Honduras retrocede hacia la más oscura realidad pero esperanzada en ese pueblo que sigue en las calles repudiando el golpe.

El gobierno de Rafael Correa en Ecuador avanza firme en su Revolución Ciudadana y este año emprende la difícil batalla de democratizar los medios, con toda la prensa de derecha del continente y el mundo en contra, con la siniestra Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) a la cabeza.

Venezuela continúa su marcha mirando al Sur, con su Socialismo del Siglo XXI en pleno desarrollo y señalada como la principal enemiga de los intentos neocoloniales de Estados Unidos.

Continuar con el panorama sobre el mapa de Nuestra América nos lleva a la Bolivia que despierta después de siglos de humillación y el paso firme de Brasil y Argentina con su determinación de poner a la política sobre los intereses de las grandes corporaciones, aunque todavía falte tanto por hacer para la verdadera distribución del ingreso y la consolidación de la justicia social.

Párrafo aparte para aquellos gobiernos que creen que continuar con la política de entrega a los intereses de las grandes transnacionales será la solución de sus problemas: Colombia, Panamá y Perú son los ejemplos aunque se le suman las derechas de países como Paraguay, Chile y Argentina que insten en desestabilizar a los gobiernos elegidos por el pueblo.

Será incompleto este panorama, si no incluimos en él los cambios anunciados por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien prometió en la Cumbre de Trinidad y Tobago, que iba a cambiar su relación con América Latina, y contestó con la Cuarta Flota, el acuerdo por las siete bases militares en Colombia y un apoyo entre silente y cómplice a los golpistas hondureños encabezados por Roberto Micheletti.

Así, Obama echó por tierra con las tibias esperanzas que brindaban para nuestros pueblos que alguien que representaba a los eternamente excluidos en su país iba a entender que era necesario respetar los derechos humanos y la libre determinación de los pueblos.

No fue así. Quedará para otra oportunidad comentar lo ya sabido por todos sobre la poco fuerza que tiene un presidente en los Estados Unidos, pero llamó la atención la velocidad con que este personaje, surgido de abajo, continuó con las políticas injerencistas de siempre.

En aquella Cumbre de Trinidad y Tobago, Hugo Chávez le regaló a Obama un ejemplar de “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano.

La conclusión para el 2009 y la tarea de resistencia para este 2010 es que Obama no leyó “Las venas abiertas…” o lo que es peor, no lo entendió.

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lunes, 4 de enero de 2010

El encubierto agente de la revolución


Obama fue el candidato del ala izquierda de la CIA y con él han recuperado el poder los pupilos de la Trilateral

04-01-2010
Eliseo Bayo
Público

Barak Obama fue el candidato de la comunidad de la Inteligencia. Más exactamente, representa el ala izquierdista de la CIA, lo que no es sorprendente salvo si se tiene una idea demasiado simplista de la Central. El mundo lo mueven las fuerzas revolucionarias, aunque aparentemente no se note su fuerza de gravedad.
El escenario ha cambiado radicalmente. Se han ido los neocons de la Casa Blanca. Todavía acarrean las culpas de casi todo lo malo que ha ocurrido en el mundo, y es cierto que se equivocaron. Casi nadie se acuerda ya de que el mundo era un lugar apetecible para vivir y esperar vivir mejor. La seguridad colectiva, el mundo de la estabilidad cambiante, el paraíso de los pequeñoburgueses viviendo de las migajas de los grandes especuladores, se fue literalmente al carajo.

Los neocon no han sido sustituidos por una clase política honesta y limpia, dispuesta a cambiar los paradigmas, porque tal cosa no existe. Han vuelto los viejos monstruos agentes de la revolución: tipos como Brzezinski y Soros, los inmortales, dispuestos a cambiar la cara visible del imperialismo.

El poder en Washington ha pasado de los neocon a la Trilateral. Vuelven los pupilos de una organización nacida para lograr una utopía contra natura: que las riendas del mundo sigan en las mismas manos de los que las tuvieron durante siglos, hasta que fueron arrebatadas por los rebeldes del gran sueño americano.

La Trilateral entró en la Casa Blanca con Carter, apoyado por sus amos David Rockefeller, Zbigniew Brzezinski y Paul Volcker. Aquella Administración provocó no menos de cinco millones de muertos, sin contar los que fueron condenados en el libelo Informe Mundial 2000 con el que se inició la despoblación de África.

Brzezinski manipuló las cosas para que los rusos invadieran Afganistán, provocó la guerra Irak-Irán, mientras que Volcker elevó el interés del dinero hasta el 22%, lo que significó la destrucción de la infraestructura industrial norteamericana (y de rebote, la española).

Obama fue reclutado por Brzezinski cuando estudiaba en la Universidad de Columbia. Allí entró en contacto con la Trilateral y el Club de Bilderberg, uno de cuyos mentores es el neoliberal Joseph Nye, el principal apoyo ideológico de Obama y el que lo introdujo también en la Ford Foundation (la institución más conservadora de EEUU, al servicio de la oligarquía financiera), en el Council on Foreign Relations y en la Escuela de Chicago (con el profesor Austin Goolsby, de la extrema derecha económica).

La Fundación Gamaliel
La madre de Obama, Stanley Ann Dunham, de fachada procomunista pero relacionada con los servicios de inteligencia, sirvió a la Ford Foundation y al Banco Mundial. Su hijo trabajó para la Fundación Gamaliel, junto al militante palestino y amigo suyo Rashid Khalidi, portavoz de Arafat. Probablemente allí es donde Obama se interesó por el programa de llevar la sanidad pública a toda la gente y aprendió a gestionar el trabajo social.

En la misma fundación estaba Bill Ayres, activista revolucionario en la década de los sesenta y protector de Obama. Este se sentó durante 20 años en las rodillas de Jeremiah Wright el activista de la teología de la liberación negra.

La compleja personalidad de Obama dibuja la figura de un presidente de la primera potencia en guerra permanente, puesto que la paz no es posible hasta que el imperio imponga su Pax Mundial. Su pensamiento político se sustenta en los orígenes de EEUU, surgidos de una guerra por la libertad, la justicia y la igualdad. La estrategia global sería lograr la hegemonía de EEUU como garante de sus principios.

Brzezinski y los suyos hace tiempo que estigmatizaron a Rusia y a China como los principales enemigos, por lo que quieren utilizar a los radicales contra los enemigos de EEUU. Desde antes del 11-S, el servicio de inteligencia norteamericano apoyaba a Al Qaeda y a los talibanes para lanzar a los uigures musulmanes contra el Gobierno chino, y a los talibanes contra los aliados rusos de Asia Central.

El objetivo de la presencia en Afganistán no es erradicar Al Qaeda, ni a los talibanes, con los que no tardarán en entenderse, sino estar en situación de golpear a Rusia y a China. China tiene la economía más fuerte del mundo, disciplina social, abundante mano de obra y clase media en ascenso. Rusia posee las mayores reservas mundiales de gas y de petróleo. Las dos superpotencias convergen en la Organización para la Cooperación Shanghai, creada en 2001 (con Kazakstán, Kirguistán, Tayikistán, y Uzbekistán).

El viejo Gran Juego
La esencia del nuevo imperialismo es reproducir el viejo Gran Juego de utilizar a una pequeña potencia para atacar al objetivo y hacer que los vecinos se peleen entre sí de forma que gane el aliado. Se destruye a Pakistán, con el pretexto de bombardear a Al Qaeda. Curiosamente ni Bush, ni McCain, ni Clinton estuvieron de acuerdo en bombardear Pakistán, Obama, sí. ¿Por qué? Porque Pakistán es un aliado tradicional de China.

Esta depende de África para abastecerse de materias primas y de petróleo, especialmente de Sudán que le suministra el 8% de sus necesidades de crudo. Hay que echar a China de África y aislarla, para que si se le priva de aprovisionamiento de energía vaya a buscarlo a Siberia Oriental, donde hay abundancia de materias primas y muy poca población.

El problema está en que Pekín y Moscú conocen el juego, y al mismo tiempo toda la estructura financiera anglo-estadounidense está en profunda crisis. Obama domina el escenario ideológico que llevaría a una revolución sin precedentes, pero carece de aliados capaces de entenderla y el mundo ha sido ganado por la irracionalidad y el caos destructivo. La esperanza es una quimera, por lo que ningún revolucionario consecuente la ofrece. El mundo nuevo, precisamente por serlo, surge cuando el viejo ha desaparecido por completo sin que pueda imaginar cómo será el que le suceda.


Fuente: http://www.publico.es/internacional/282422/encubierto/agente/revolucion



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viernes, 1 de enero de 2010

Obama respaldó a los agentes de la CIA tras divulgación de sus métodos de tortura


Barack Obama se dirige a los agentes de la CIA acompañado por el director del organismo, León Panetta, en el cuartel general de la CIA en Virginia.
Foto: Ron Sachs.

30 de diciembre de 2009

Apenas cuatro meses depués de asumir el cargo de presidente de los EEUU, Barack Obama defendía ya los casos de tortura masiva efectuados por la CIA. A continuación este artículo de archivo no publicado en la Red Voltaire.

«Deben estar orgullosos de ser de la CIA». Obama respaldó a los agentes de la CIA tras divulgación de sus métodos de tortura. El presidente de Estados Unidos trató de levantar la moral de los servicios secretos tras divulgar los métodos de interrogatorio de la era Bush. Pese a que la Casa Blanca anunció que no procesaría a quienes emplearon técnicas de tortura, crece la presión para que se abra una investigación.

«Sé que los últimos días han sido difíciles», dijo Barack Obama en el cuartel general de la CIA ante unos 1.000 agentes, que le confirmaron su intuición con aplausos eufóricos.

El presidente norteamericano intentó el lunes levantar la moral de las tropas, tras divulgar la semana pasada cuatro memos secretos con detalles concluyentes sobre los interrogatorios de la era Bush a sospechosos de terrorismo, catalogados de tortura por organizaciones de DDHH.

Los métodos publicados mencionaban entre otros procedimientos el «submarino», aplicado en 266 oportunidades contra dos supuestos miembros de Al Qaeda

El presidente invocó «circunstancias excepcionales» para defender contra los críticos su decisión de hacer públicos los documentos de la administración Bush. Esas circunstancias extraordinarias, según Obama, eran que su administración enfrentaba una demanda judicial de una gran organización de defensa de las libertades civiles y que era «muy difícil montar un sistema de defensa eficaz» sin reconocer la existencia de esos modos de interrogatorio.

Obama aseguró que en muchas ocasiones los agentes se ven obligados a «trabajar con una mano atada a la espalda», forzados a obedecer leyes democráticas, frente a enemigos que ni las respetan ni se sienten constreñidos por ellas. «Al Qaeda no está limitada por ninguna Constitución. Pero lo que hace especial a EE.UU. es que mantenemos los valores aún en los tiempos difíciles, no sólo cuando es fácil hacerlo», declaró.

«No se desanimen por lo que ha ocurrido en las últimas semanas. No se desanimen por el hecho de haber reconocido que eventualmente cometimos algunos errores. Así es cómo aprendemos. Pero el hecho de que estemos listos para aprender de ellos y seguir adelante es justamente lo que hace que esté orgulloso de ser el presidente de Estados Unidos y que ustedes deban estar orgullosos de ser miembros de la CIA».

«Luché en el pasado para proteger la confidencialidad de las informaciones consideradas secretas, y continuaré haciéndolo en el futuro. Nada es más importante que defender la identidad de los agentes de la CIA», agregó.

El acto celebrado en el cuartel de Langley (Virginia) sirvió para respaldar a Leon Panetta, cuya designación en el Senado fue criticada por su falta de experiencia en inteligencia. Como Obama el jueves, Panetta aseguró que no sometería a juicio a sus empleados que utilizaron métodos como el del submarino.

Sin embargo, de acuerdo con huffingtonpost.com, Obama dio a conocer que está dispuesto a llevar a juicio a los funcionarios de la administración de George W. Bush involucrados en los escándalos de tortura en las cárceles de la CIA.

Declaró que estaría dispuesto a una investigación siempre y cuando estuviera a cargo de los dos partidos políticos de Estados Unidos, el Demócrata y el Republicano.

Obama dejó a criterio del procurador general de justicia de Estados Unidos el llevar a juicio a los abogados de la administración de George W. Bush que escribieron los memorandos aprobando métodos de tortura en interrogatorios.

El caso no está cerrado
Mientras tanto, la decisión de Obama de publicar los documentos secretos abrió distintos frentes contra la Casa Blanca. El primero, encabezado por el ex vicepresidente Dick Cheney, que acusa a Obama de vulnerar la defensa nacional, aseguró al canal de noticias Fox News que pediría una desclasificación de los resultados obtenidos gracias a los interrogatorios. Un punto de vista compartido por el ex director de la CIA, Michael Hayden, que subrayó el valor de los polémicos métodos utilizados.

Del otro lado del espectro político, la líder demócrata de la Comisión de Inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, escribió a Obama pidiéndole que se abstenga de opinar en los próximos seis meses en procesos que tienen pendiente una revisión a puertas cerradas de su comisión, por el programa de interrogatorios.

Por otro lado, un relator especial de Naciones Unidas, Manfred Nowak, aseguró que la decisión de Obama de eximir a los agentes que practicaron torturas es ilegal.

«Estados Unidos, como otros países que participan en la convención de la ONU contra la tortura, está comprometido a realizar investigaciones criminales sobre la tortura y a llevar ante un tribunal a todos aquellos contra los que haya una sólida evidencia al respecto», dijo Novak citado por el diario austriaco Der Standard.


Fuente: RFI / YVKE Mundial, 21 de abril de 2009.

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viernes, 25 de diciembre de 2009

Ahmadineyad: Obama es una Decepción para el Mundo


Al-Manar
24/12/2009

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, dijo que el mundo necesita un nuevo orden, añadiendo que EEUU, que es el “símbolo del capitalismo liberal” está en declive. “Resulta bastante claro que cualquier sistema que dependa del poder militar colapsará,” dijo Ahmadineyad en un discurso pronunciado en la ciudad de Shiraz el miércoles. “EEUU depende enteramente de su poder militar y de las sanciones impuestas a otros países,” dijo el presidente iraní en declaraciones recogidas por la agencia IRNA.

“Esto demuestra que EEUU está en declive,” añadió. El presidente iraní señaló que tras el colapso del liberalismo, el mundo necesita un nuevo orden.
Además, Ahmadineyad afirmó el miércoles que en una entrevista con el Canal 4 de la televisión británica que “el presidente estadounidense Barack Obama es una decepción para el mundo.”
Ahmadineyad comentó con sarcasmo las palabras de Obama en el discurso de El Cairo, en las que señaló que él estaba extendiendo una mano a Irán. “¿Qué mano extendió? La derecha o la izquierda?”, preguntó Ahmadineyad. “Él extendió (en lugar de su mano) las sanciones contra nosotros. Él no ha cumplido con las expectativas que la población de EEUU y el mundo habían depositado en él,” añadió Ahmadineyad.

“Nosotros hemos ofrecido una propuesta con el fin de suministrarles una oportunidad con el fin de tener una oportunidad para fomentar la cooperación en lugar de la confrontación,” dijo Ahmadineyad. “Pero ellos insisten en que tienen condiciones para suministrarnos el combustible nuclear. La historia de las alegaciones de EEUU y sus aliados se ha convertido en una serie de televisión.”
Ahmadineyad señaló que EEUU y sus aliados pueden imponer “tantas fechas límite y plazos como quieran. No nos importa,” señaló. EEUU ha dicho que Irán tiene hasta finales de año para “cumplir con sus responsabilidades” tal como Washington las define o en caso contrario podría hacer frente a nuevas sanciones, pero no está claro que Rusia y China, países con los que Irán posee amplias relaciones comerciales y económicas, accedan a la aprobación de dichas sanciones en el Consejo de Seguridad de la ONU.



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lunes, 21 de diciembre de 2009

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martes, 15 de diciembre de 2009

Obama: Suspendido en teoría política


14 de diciembre de 2009
Atilio boron

Obama tomó algunos cursos de teoría política en Harvard. Pero el discurso que pronunciara al recibir el Premio Nóbel de la Paz –inmerecida distinción que todavía hoy suscita reacciones que van desde la hilaridad a la indignación- revela que no aprendió bien la lección y que su viciada interpretación de la doctrina de la “Guerra Justa” justifica su reprobación.


Tal como lo afirma una de las más rigurosas especialistas en el tema, Ellen Meiksins Wood, esa doctrina se caracterizó desde siempre por su enorme elasticidad para ajustarse a las necesidades de las clases dominantes en sus diversas empresas de conquista. Si bien su formulación original se remonta a San Agustín y Santo Tomás, fue la pluma del dominico español Francisco de Vitoria la que produjo una oportuna justificación de la conquista de América y la sumisión de los pueblos originarios, mientras que el jurista holandés Hugo Grocio, hizo lo propio con los saqueos practicados por las compañías comerciales lanzadas a repartirse el nuevo mundo.
Buscando apoyo en esta tradición Obama sentenció que una guerra es justa “si se libra como último recurso o en defensa propia; si la fuerza utilizada es proporcional; y, cuando sea posible, los civiles son mantenidos al margen de la violencia.” De este modo la versión original de la doctrina experimenta una nueva redefinición para mejor responder a las necesidades del imperio y culmina mimetizándose con la teoría de la “Guerra Infinita” pergeñada por los reaccionarios teóricos del “Nuevo Siglo Americano” y fervorosamente adoptada por George W. Bush Jr. para justificar sus tropelías a lo ancho y a lo largo del planeta. Es que aún después de sus sucesivos deslaves los imperialistas desconfiaban de la doctrina de la “Guerra Justa” porque no creían que fuese lo suficientemente flexible como para otorgar una justificación ética a su rapiña. Había que ir más allá y la teoría de la “Guerra Infinita” fue la respuesta.
Pese a las modificaciones que fueron debilitando su argumentación, la doctrina de la “Guerra Justa” sostenía la necesidad de satisfacer ciertos requisitos antes de ir a la guerra: (a) tenía que haber una causa justa; (b) la guerra debía ser declarada por una autoridad competente, con el propósito correcto y una vez agotados todos los otros medios; (c) tenía que existir una elevada probabilidad de lograr los fines perseguidos; y (d) los medios debían estar en proporción a esos fines. A lo largo de los siglos los periódicos aggiornamentos introducidos por los teóricos de la “Guerra Justa” fueron relajando estas condiciones a tal punto que perdieron todo importancia práctica.
En su discurso Obama hizo una encendida defensa de la guerra de Afganistán –secundada, dijo, por otras 42 naciones, entre ellas Noruega- al paso que en un alarde de optimismo declaró que la guerra en Irak estaba próxima a su finalización. Por lo visto la interminable sucesión de muertes, sobre todo de civiles inocentes, que a diario ocurren en ese país por culpa de la presencia norteamericana es para el ocupante de la Casa Blanca una nimiedad que no puede ensombrecer el diagnóstico triunfalista que el establishment y la prensa propalan en Estados Unidos con el ánimo de manipular a la opinión pública de ese país.
Pero aún dejando de lado estas consideraciones es evidente que ni siquiera los amplísimos criterios esbozados por Obama en su discurso son respetados por Washington en los casos de las guerras de Irak y Afganistán: la ocupación militar no fue un último recurso, pues la casi totalidad de la comunidad internacional insistía –y sigue haciéndolo hoy- en la posibilidad de hallar una salida diplomática al conflicto; no se puede hablar de defensa propia cuando el enemigo del cual hay que defenderse –el terrorismo internacional- está definido de modo tan difuso que torna imposible su precisa identificación y la naturaleza de su amenaza; la falta de proporción entre los agredidos y el agresor adquiere dimensiones astronómicas, toda vez que la mayor potencia militar de la historia de la humanidad se ensaña contra poblaciones indefensas, empobrecidas y dotadas de rudimentarios equipamientos bélicos; y, por último, si hay alguien que no ha sido mantenido al margen de la furia destructiva de las fuerzas armadas de Estados Unidos es la población civil de Irak y Afganistán.
En suma: no hubo ni hay una causa justa para desencadenar estas masacres, algo crucial para la teoría tradicional. Salvo que Obama crea todavía que había “armas de destrucción masiva en Irak” (una perversa mentira urdida por Bush Jr., Cheney, Rumsfeld y compañía, con la complicidad de la dirigencia política y la “prensa libre” de Estados Unidos); o que Osama bin Laden y Saddam Hussein –enemigos mortales- compartían un proyecto político anti-imperialista; o que la población afgana encomendó al primero cometer los atentados del 11-S y por eso merece ser castigada. No hay causa justa para ninguna de estas aventuras militares de Estados Unidos -como no la hubo antes en Vietnam, o en Corea, o en Granada, o en Panamá, o en República Dominicana- y no es mera casualidad que Obama obviara toda mención a esta tradicional cláusula en su discurso. En su peculiar visión –que es la visión de los círculos dominantes del imperio- la “Guerra Justa” se convierte en la “Guerra Infinita”.
En línea con esta doctrina Obama también viola la cláusula tradicional que establecía que al entrar en guerra una nación debe tener una razonable probabilidad de alcanzar el objetivo acordado. Y si hay algo que la historia reciente ha demostrado hasta la saciedad es que el terrorismo no desaparecerá de la faz de la tierra haciéndole la guerra. Obama citó en su discurso un pasaje de Martín Luther King “la violencia nunca traerá paz permanente. No resuelve ningún problema social: sólo crea otros nuevos y más complicados.” Pero a renglón seguido argumentó que como jefe de estado, juramentado para proteger y defender a su país, no puede solamente guiarse por las enseñanzas de King o del Mahatma Gandhi ante las amenazas que atribulan a los estadounidenses.
El discurso paranoico, patológico hasta la médula, de los ideólogos neoconservadores reaparece en labios del paladín del progresismo norteamericano: siempre la amenaza, sea de los comunistas, del populismo, del narcotráfico, del fundamentalismo islámico o del terrorismo internacional. Pero estas amenazas, más imaginarias que reales, son un ingrediente necesario para justificar la ilimitada expansión del gasto militar y la enorme rentabilidad que esto ocasiona para los gigantescos oligopolios que giran en torno al gran negocio de la guerra. Sin aquellas sería imposible justificar el predominio del complejo militar-industrial y los fabulosos subsidios que recibe, año tras año, del dinero aportado por los contribuyentes norteamericanos. Tampoco hubiera sido posible la desorbitada militarización de la sociedad norteamericana, que se proyecta hacia afuera con su agresiva política exterior y hacia adentro en la abrumadora presencia de las fuerzas represivas y de inteligencia, facilitada por la legislación “anti-terrorista” de Bush Jr. que conculcó buena parte de las libertades civiles y políticas existentes en Estados Unidos.
El resultado de esta indiferencia ante la cláusula tradicional que exigía que la acción bélica tuviera altas probabilidades de alcanzar los fines trazados no es otro que la total autonomización de la iniciativa militar. Como agudamente lo señalara Meiksins Wood en Empire of Capital en esta nueva versión de la teoría la respuesta militar se justifica aún cuando no exista ninguna posibilidad de que la misma sea exitosa. O, lo que es aún peor, bajo estas nuevas condiciones la agresión militar del imperialismo ya no requiere de ninguna meta específica o de algún enemigo claramente definido e identificado. La guerra no necesita de objetivos claramente delimitados y se torna un fin en sí mismo; un fin inalcanzable, y por lo tanto, infinito. Lejos de ser una situación excepcional la guerra se convierte en una actividad permanente: una guerra infinita contra un enemigo inidentificable cuyos cambiantes contornos –hoy un comunista, mañana el populista, después el “terrorismo internacional”, etcétera- lo dibuja, con absoluta arbitrariedad, el Ministerio de la Verdad del imperio, cuya misión no es otra que falsear la realidad y fabricar el consenso que necesitan los dominantes. No sería exagerado decir que las peores predicciones de George Orwell acerca de la producción de desinformación no sólo se vieron confirmadas sino sobrepasadas por el aparato cultural norteamericano. Gracias a este dispositivo de manipulación y control ideológico el gran negocio de la producción y venta de armamentos se inmuniza contra los avatares del ciclo económico. Guerra infinita es otro modo de decir ganancias infinitas y permanentes.
El ácido comentario de la ex Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, sintetiza muy bien el espíritu y las premisas que subyacen a esta postrera degradación de la doctrina tradicional: “para qué sirve tener tan formidable ejército si luego no lo podemos usar.” De eso se trata, pues el uso y la periódica destrucción de esa impresionante maquinaria militar es lo que se necesita para que prosperen los negocios del complejo militar-industrial. Con su soberbio desparpajo Albright reveló lo que muchos ideólogos del imperio se cuidan muy bien de callar.
El discurso de Obama fue decepcionante. Por más que el premio Nóbel de la Paz se haya devaluado –recuérdese que se lo otorgaron a un criminal de guerra como Henry Kissinger- el presidente de Estados Unidos tendría que haber sido capaz de elaborar un argumento que sin caer en un inverosímil pacifismo se hubiera por lo menos distanciado en algo de la tónica ideológica impuesta por Bush Jr. y sus compinches. No lo hizo. Es más: existen fundadas sospechas de que algunos de sus speech writers también lo hayan sido de su nefasto predecesor.
No sería de extrañar esta continuidad. Obama ratificó en su cargo al Secretario de Defensa designado por Bush Jr., Robert Gates y, en fechas recientes, propuso como Secretario de Estado Adjunto de Investigación e Inteligencia a Philip Goldberg, expulsado de Bolivia por el presidente Evo Morales el 10 de Septiembre de 2008 por su descarada participación en las intentonas separatistas del prefecto del Departamento de Santa Cruz, Rubén Costas. Así las cosas, las esperanzas alimentadas por la irracional “Obamamanía” cultivada por las buenas almas progresistas parecen hoy más ilusorias y absurdas que nunca.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

EEUU: vota primero, pregunta después


El informe Anti-Imperio
por William Blum*
14 de diciembre de 2009

El artículo que presentamos a continuación fue escrito por un investigador independiente norteamericano hace exactamente un año, es decir apenas Barack Obama había ganado las elecciones presidenciales en los EEUU en noviembre 2008. Pensamos oportuno publicar este antiguo artículo para demostrar simplemente que estudiando y analizando la configuración del poder estadounidense, de las alianzas y consejeros que entornan y sirven al nuevo presidente Obama, todo esto ayuda a comprender y descifrar cuáles son sus finalidades. No se trata de un cambio sino de una continuidad de la política imperial.
Barack Obama, actual presidente de los EEUU, gana la presidencia en noviembre 2008, entra en función en enero de 2009, recibe el Premio Nobel de la Paz en octubre del mismo año, pronunciando un discurso en esa ocasión inspirado del escritor George Orwell donde Obama declara: «la guerra es la paz». El primero de diciembre de 2009, Barack Obama anuncia el envio de 30,000 soldados suplementarios a Afganistán. La prensa comercial no denuncia su doble rasero.
Bueno, dejemos de lado lo obvio. Fue histórico. Me atoré varias veces, me salieron las lágrimas, a pesar de que no voté por él. Voté por Ralph Nader, por cuarta vez consecutiva [el autor hace referencia al día en que Barack Obama ganó la presidencia en los EEUU como primer mandatario negro de este país, como lo hemos señalado anteriormente, este artículo fue escrito y publicado hace un año].

Durante los últimos ocho años, al escuchar a diario programas de noticias en la radio, siempre me aseguré de quedarme a un par de metros de la radio para poder cambiar rápidamente la emisora cuando comenzaba a hablar ese tipo descabellado o uno de sus discípulos.

No soy masoquista, aguanto mal a los estúpidos, y me aburro rápidamente. Siento decirlo, ya apago a veces la radio cuando comienza a hablar Obama. No dice nada, o no lo suficiente, o no suficientemente a menudo. Perogrulladas, clichés, promesas sin sustancia, “esperanza y cambio”, casi todo sin suficiente sustancia, “cambio y esperanza,” sin nada específico, destinadas a no ofender.

¿Cuáles son exactamente los principios del individuo? Nunca cuestiona las premisas del imperio. Nunca cuestiona las premisas de la “Guerra contra el Terror.” Estoy contento de que haya ganado por sólo dos motivos: John McCain y Sarah Palin, y resiento profundamente que el sistema estadounidense me obligue a extraer una gota de placer de algo tan alejado de mis ideales. Los votos de Obama vinieron por lo menos tanto de gente desesperada por conseguir alivio de la sofocación neoconservadora como de gente que genuinamente creía en él.
Es una forma de extorsión – Vota por Obama o te quedarás con más de lo mismo. No te ofrecen otra alternativa.

¿Hay algún motivo para estar feliz porque el inaguantablemente religioso George W. pasará pronto a ser historia? “Creo que Cristo murió por mis pecados y que él me redime. Es una fuente diaria de fuerza y apoyo.” Lo dijo alguien llamado Barack Obama. [1] EE.UU. produce fanáticos religiosos como los japoneses producen coches. Oremos para que eso se acabe.

Como mencioné antes, si eres uno de los que quisieran creer que Obama tuvo que presentar puntos de vista de política exterior de centroderecha para ser elegido, pero que una vez que esté en la Casa Blanca podremos olvidar que nos engañó una y otra vez y que emergerá como un verdadero hombre progresista de paz y derecho internacional y derechos humanos – recuerda que como candidato al Senado de EE.UU. en 2004 amenazó con ataques de misiles contra Irán [2], y que ganar la elección no lo llevó a ponerse de acuerdo con su pacifista interior. Desde entonces ha estado amenazando a Irán.

El mundo está en un estado terrible. No pienso que tenga que entrar en detalles al respecto. Qué bonito, qué maravillosamente bonito sería tener un presidente estadounidense imbuido de valores progresistas y coraje político. Imaginad lo que se podría hacer. Como ser una salida rápida y total de Iraq. Podéis imaginar el cuadro igual que yo. Con su popularidad, Obama podría hacer casi cualquier cosa, pero probablemente seguirá yendo a lo seguro. O lo que podría ser más preciso, seguirá siendo lo que es; que, al parecer, es un centrista comprometido. No está realmente contra la guerra. No como tú y yo.

Durante los primeros cuatro años de Obama en la Casa Blanca, EE.UU. no se irá de Iraq. Dudo que permita una retirada completa, incluso en un segundo período. ¿Ha calificado inequívocamente la guerra de ilegal e inmoral? ¿Un crimen contra la humanidad? ¿Por qué está tan cerca de Colin Powell? ¿No conoce el papel indigno de Powell en la guerra? ¿Y mantener al Secretario de Defensa de George W. Bush, Robert Gates, un hombre contra quien no sería difícil presentar acusaciones de crímenes de guerra? ¿Encontrará también un sitio para Rumsfeld?

¿Y la gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, partidaria de la guerra, para que dirija el departamento de Seguridad Interior? ¿Y el general James Jones, ex comandante de la OTAN (sic), que quiere “vencer” en Iraq y Afganistán, y que apoyó a John McCain, como Consejero Nacional de Seguridad? Jones está en el Consejo de Directores de Boeing Corporation y de Chevron Oil. ¿De qué rincón oscuro del alma de Obama proviene todo esto?

Tampoco está realmente contra la tortura. No como tú y yo. Nadie será castigado por utilizar u ordenar la tortura. Nadie será recusado por la tortura. Michael Ratner, presidente del Centro por Derechos Constitucionales, dice que procesar a funcionarios de Bush es necesario para establecer una política futura contra la tortura. “La única manera de impedir que esto vuelva a suceder es asegurarse de que los que fueron responsables por el programa de tortura paguen el precio debido. No veo cómo podemos recuperar nuestra estatura moral si permitimos que los que estuvieron íntimamente involucrados en los programas de tortura simplemente bajen de la escena y vivan sin ser responsabilizados.” [3]

Como presidente, Obama no puede permanecer en silencio y no hacer nada; de otra manera heredará los crímenes de guerra de Bush y Cheney y se convertirá él mismo en criminal de guerra.
El cierre del infierno de Guantánamo no significa nada si los prisioneros son simplemente transferidos a otras mazmorras de tortura. Si Obama se opone verdaderamente a la tortura, ¿por qué no declara que después de cerrar Guantánamo los reclusos serán juzgados por tribunales civiles en EE.UU. o enviados a países donde evidentemente no enfrenten el riesgo de ser torturados?

Y afirma simplemente que su gobierno acatará fielmente la Convención contra la tortura y otro tratamiento cruel, inhumano o degradante de 1984, de la cual EE.UU. es signatario, y que declara: “El término ‘tortura’ significa todo acto mediante el cual se inflige intencionalmente dolor severo o sufrimiento, físico o mental, a una persona con propósitos como obtener información o una confesión… infligido por o por instigación de, o con el consentimiento o aquiescencia de un responsable público o cualquier otra persona que actúe en una capacidad oficial.”

La convención afirma que: “Ninguna circunstancia excepcional, en absoluto, sea un estado de guerra o una amenaza de guerra, estabilidad política interior o cualquier otra emergencia pública, podrá ser invocada como justificación de la tortura.”

Pero, en su lugar, Obama ha nombrado al ex funcionario de la CIA, John O. Brennan, como asesor en asuntos de inteligencia y co-jefe de su equipo de inteligencia de transición. Brennan también ha calificado las “entregas extraordinarias” – el programa de secuestros y torturas realizado bajo los gobiernos de Clinton y Bush – de “instrumento vital,” y elogiado las técnicas de interrogatorio de la CIA porque suministran inteligencia “que salva vidas”. [4]

Obama podría ser una desilusión tan grande como Nelson Mandela, quien hizo tristemente poco por mejorar la suerte de las masas de Sudáfrica, mientras entregaba el país a las fuerzas internacionales de la globalización. Hago esta comparación no porque los dos hombres sean negros, sino porque ambos produjeron tan inmensas expectativas en sus países y en todo el mundo.

Mandela fue liberado de la prisión porque los dirigentes del Apartheid supusieron que llegaría a ser presidente y apaciguaría a la inquieta población negra mientras gobernaba como un centrista no-radical, de libre mercado, sin amenazas indebidas para el privilegio blanco. Es tal vez significativo que en su autobiografía renuncie a culpar a la CIA por su captura en 1962, a pesar de que la evidencia que lo demuestra es convincente. [5]

Parece que Barack Obama causó una impresión semejante a la elite del poder estadounidense que lo analizó en numerosas reuniones de recaudación de fondos y otras y allanó el camino para su ascenso tan improbable de oscuro senador estatal a la presidencia en cuatro años. El apoyo financiero del mundo corporativo para vender la “Marca Obama” fue extraordinario.

Otra comparación podría ser con Tony Blair. Los conservadores jamás podrían haber introducidos tasas universitarias o guerras brutales interminables, pero el Nuevo Laborismo lo hizo. A los republicanos les hubiera sido difícil volver a introducir el servicio militar obligatorio, pero puedo imaginar a Obama restableciéndolo, acompañado por un eslogan adecuado, alguna variación de “¡Sí, podemos!”

Espero que me equivoque, sobre su pasado y sobre cómo gobernará como presidente. Espero que esté muy equivocado.

Mucha gente llama a los progresistas a presionar intensamente al gobierno de Obama, a ejercer presión para sacar a la luz el “buen Obama”, obligarlo a comprometerse, responsabilizarlo. Las atrevidas reformas del Nuevo Trato de Roosevelt fueron incitadas por huelgas generalizadas y otras acciones militantes poco después del fin de la luna de miel. Por el momento, no se me ocurre nada mejor. Dios nos ayude.

El futuro como solíamos conocerlo ha dejado de existir. Y otros pensamientos joviales.

El horror terrorista en Bombay
La lectura de los informes sobre el horror terrorista en Bombay me dejó tan pesimista como un dinosaurio imaginando el futuro de sus nietos. ¿Cómo pudieron hacer eso?... destruir todas esas vidas, gente que ni siquiera conocían, gente que lo pasaban bien de vacaciones… ¿cuál puede haber sido su motivación? Bueno, en cierto modo conocían a algunas de sus víctimas; sabían que eran indios, o estadounidenses, o británicos, o sionistas, o algún otro tipo de infiel; así que no fue completamente irreflexivo, no totalmente al azar.

¿Ayuda a comprender? ¿Puede alivianar el dolor por las penas del mundo? Incluso puedes utilizarlo. La próxima vez que encuentres a un defensor de la política exterior estadounidense, alguien que insista en que algo como Bombay justifica los ataques retóricos y militares contra el Islam, puedes señalar que EE.UU. hace regularmente lo mismo.

Durante siete años en Afganistán, casi seis en Iraq, para mencionar sólo los dos ejemplos más obvios… rompen puertas y ametrallan a extraños, infieles, traumatizan a niños de por vida, disparan misiles a casas ocupadas, hacen estallar bombas por doquier, se detienen para torturar… lanzan cada unos pocos días bombas en Pakistán o Afganistán, y todavía Iraq, afirmando que han matado a miembros de al-Qaeda, tan malos como los sionistas, bombardean fiestas de matrimonio, una después de la otra, hermanos o sus sobrinos o sus amigos, sobre todo mujeres y niños muertos; los militares de EE.UU. pagan a gente para que les digan dónde va a estar tal o cual mal sujeto número uno; y los militares de EE.UU. creen lo que les cuentan, así que ¡Ahí van las bombas!...

¿Te deprime tanto eso como Bombay? A veces prefieren bombardear Siria, o matar gente en Irán o Somalia, todos sujetos malos… “Tropas de EE.UU. transportadas por helicóptero han realizado una incursión dentro de Siria a lo largo de la frontera iraquí, matando a ocho personas incluyendo a una mujer, dicen las autoridades sirias,” informa la BBC. [6]… “Los militares de EE.UU. han utilizado desde 2004, una amplia, secreta, autoridad para realizar cerca de una docena de ataques no revelados anteriormente contra al-Qaeda y otros militantes en Siria, Pakistán y otros sitios, según altos responsables estadounidenses…

La orden secreta dio a los militares nueva autoridad para atacar la red terrorista de al-Qaeda en cualquier sitio del mundo, y un mandato más global para realizar operaciones en países que no están en guerra con EE.UU.,” nos dice el New York Times. [7] Así que todo es lindo y legal, no es un ataque contra la civilización por un puñado de enfermos mentales escapados. Tal vez los terroristas de Bombay también tengan un pedazo de papel, de alguna autoridad, que diga que está bien lo que hicieron… Ya me siento mejor.

La mitología de la guerra contra el terrorismo
El 8 de noviembre, tres hombres fueron ejecutados por el gobierno de Indonesia por ataques terroristas contra dos clubes nocturnos en Bali en 2002 que costaron la vida a 202 personas, más de la mitad de ellas eran australianos, británicos y estadounidenses. Associated Press informó que “los tres hombres nunca expresaron remordimiento, y dijeron que los atentados suicidas debían castigar a EE.UU. y a sus aliados occidentales por supuestas atrocidades en Afganistán y otros sitios.” [8]

Durante la reciente campaña electoral en EE.UU., John McCain y sus seguidores repitieron un sentimiento que se ha convertido en un lugar común – que la Guerra contra el Terrorismo ha sido un éxito porque no ha habido un ataque terrorista contra EE.UU. desde el 11 de septiembre de 2001; como si el que terroristas maten a estadounidenses fuera aceptable si es hecho en el extranjero.

Desde el primer ataque estadounidense contra Afganistán en octubre de 2001, ha habido literalmente montones de ataques terroristas contra instituciones estadounidenses en Oriente Próximo, el sur de Asia y el Pacífico, más de una docena sólo en Pakistán: militares, civiles, cristianos, y otros objetivos asociados con EE.UU. El año después de los atentados de Bali ocurrió el gran atentado contra al Hotel Marriott en Jakarta, Indonesia, sede de recepciones diplomáticas y celebraciones del 4 de julio realizadas por la embajada estadounidense.

El Hotel Marriott en Pakistán fue escena de un gran atentado terrorista hace sólo dos meses. Todos estos ataques han sido adicionales a los miles en Iraq y Afganistán contra la ocupación de EE.UU., que Washington identifica oficialmente como parte integral de la Guerra contra el Terrorismo. Sin embargo, los amantes estadounidenses de la fuerza militar insisten en que la Guerra contra el Terrorismo, ha mantenido seguro a EE.UU.

Incluso es cuestionable la afirmación de que la Guerra contra el Terrorismo haya mantenido seguros a los estadounidenses en su país. No hubo ataques terroristas en EE.UU. durante los 6 años y medio antes del de septiembre de 2001; tampoco desde el atentado de abril de 1995 contra el edificio federal en Oklahoma City. Por lo tanto parecería ser que la ausencia de ataques terroristas en EE.UU. es la norma.

E incluso un mito más insidioso de la Guerra contra el Terrorismo, ha sido la noción de que actos terroristas contra EE.UU., pueden ser explicados, en gran parte, si no enteramente, por un odio irracional o envidia de los valores sociales, económicos o religiosos de EE.UU., y no por lo que este país hace al mundo; es decir: la política exterior de EE.UU. Muchos estadounidenses son bastante recalcitrantes a abandonar esa idea.

Sin ella, se derrumba todo el paradigma - de que somos buenos muchachos inocentes y que son ellos los hijueputas locos, fanáticos, sedientes de sangre con los que no se puede hablar sino sólo bombardearlos, torturarlos y matarlos. Declaraciones como la mencionada de los atacantes de Bali, culpando las políticas de EE.UU. por sus acciones, son numerosas y provienen rutinariamente de Osama bin Laden y de sus seguidores. [9]

El terrorismo es un acto de propaganda política, una forma sangrienta de hacer que el mundo escuche la propia indignación contra el opresor percibido, pintadas en la pared en alguna callejuela sombría, desolada. La consecuencia es que si los perpetradores de un acto terrorista declaran cuál fue su motivación, su declaración debería transmitir credibilidad, no importa qué se piense sobre su causa o el método utilizado para lograrla.

Renunciad a ese estereotipo y nadie sufre daño alguno
Sarah Palin y sus partidarios estadounidenses resienten lo que ven como la elite de la Costa Este, los intelectuales, los snobs culturales, los políticamente correctos, los pacifistas y los “peaceniks”, los agnósticos y ateos, los ecologistas, los fanáticos protectores de los animales, la policía alimentaria, la Gestapo de la salud, los socialistas, y otros tipos izquierdistas y liberales semejantes que se consideran superiores a Joe el cervecero, a Joe el fontanero, a devotos de la Asociación Nacional del Rifle, a trabajadores rurales sin educación, y a todos los partidarios de Bush que han saboreado la idea de tener un presidente que no es más inteligente que ellos.

Es la propagación salvaje de estereotipos. De modo que en el interés de introducir un cierto equilibrio y perspectiva histórica en el tema, quisiera recordaros algunas falacias olvidadas, o jamás conocidas, que confunden los estereotipos.

José Stalin estudió para ser sacerdote.

Adolfo Hitler esperó llegar un día a ser cura o monje católico; era vegetariano y no-fumador.

Hermann Goering, mientras su Luftwaffe [Fuerza Aérea] hacía llover la muerte sobre Europa, mantuvo un letrero en su oficina que decía: “El que tortura animales hiere los sentimientos del pueblo alemán.”

Adolf Eichmann era culto, leía mucho, tocaba el violín.

Benito Mussolini también tocaba el violín.

Algunos comandantes de campos de concentración nazis escuchaban a Mozart para acallar los gritos de los reclusos.

Charles Manson fue un inquebrantable anti-viviseccionista.

Radovan Karadzic, el líder serbio bosnio, acusado de crímenes de guerra, genocidio, y crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, había sido psiquiatra especializado en depresión; autor de un libro de poesía publicado así como de libros para niños, a menudo con temas de la naturaleza; y practicante de medicina alternativa.

No estoy realmente seguro de qué uso podéis dar a esta información para progresar hacia nuestro apreciado objetivo nacional de convertirnos en una sociedad civilizada, pero siento la necesidad de difundirla. Si conocéis otros ejemplos del mismo tipo, os agradecería me los enviarais.

Los ejemplos mencionados son todos de “tipos malos” haciendo cosas “buenas.” Hay, claro está muchos otros casos de “tipos buenos” haciendo cosas “malas.”

William Blum

*Autor de Asesinando la esperanza: intervenciones de la CIA y el ejército de Estados Unidos desde la II Guerra Mundial (2005) y Estado villano: una guía para la única superpotencia mundial (2004). Sus “Informe contra el Imperio” pueden ser leídos en www.killinghope.org

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