22 de enero de 2010
Eduardo Andrade Bone
(AIP, especial para ARGENPRESS.info)
El presidente electo de Chile, el multimillonario, especulador financiero y representante del legado político y económico de la dictadura, Sebastián Piñera, se encuentra envuelto en un escándalo de proporciones después que sus acciones en el mercado financiero chileno, se dispararan en su valor.
Según diversas fuentes periodísticas nacionales como internacionales ligadas al ámbito económico señalan que el flamante nuevo mandatario, utilizo sus nexos o “palos blancos”, en la bolsa chilena, para subir de forma especulativa el valor de sus acciones de manera de poder cancelar todos los gastos que le ocasionó la campaña para alcanzar el sillón presidencial.
Los medios de prensa nacionales señalan que entre el viernes 15 y lunes 18, el 26,33% que Piñera posee en Lan, aumentó casi en US$11 millones su valor bursátil. Si en su campaña, hubiese gastado US$ 10 millones –el máximo que se le devolvería por ley electoral- significa que tuvo una ganancia cercana al millón de dólares. Eso, sólo en el fin de semana que pasó de candidato a Presidente electo. No es todo. Si hubiese vendido todo después de su triunfo en las urnas, habría recibido US$ 1.527 millones. Y sin pagar impuestos.
El actual ministro de Hacienda del gobierno de Michelle Bachelet, en declaraciones para la prensa nacional haciendo alusión a esta situación, expresaba que “respecto de la constante alza de los papeles accionarios de Axxion, manifestó que es curioso que el precio de una acción sube cuando los compradores esperan que a esa empresa le vaya mejor con sus nuevos controladores”. Para luego agregar… “mi opinión como ciudadano es que ojala el entonces candidato se hubiese desecho de todos sus haberes accionarios en su momento, antes de y no después de (las elecciones), enfatizo el titular de las finanzas públicas.
Al respecto el semanario The Economist vocero del capital neoliberal, expresa que “hay tres razones para preocuparse por Piñera, destacado empresario. Lejos, la principal tiene que ver con su ética de negocios y potencial conflicto de intereses. Nadie duda de su impulso emprendedor, pero algunos cuestionan sus métodos. Ha sido multado por uso de información privilegiada; en otra ocasión fue acusado por opositores de utilizar su cargo como senador para defender sus intereses empresariales. Él sostiene que gran parte de sus bienes, entre éstos un canal de televisión y la participación mayoritaria en la línea aérea nacional de Chile, se puso en un fideicomiso ciego o que, si gana, venderá antes de asumir. No obstante, tendrá que asegurar a los chilenos que no es un Berlusconi; que va a gobernar en el interés de ellos, no en el propio”.
Luego uno de sus principales colaboradores y miembro de la extrema derecha (UDI), el senador Pablo Longueira en entrevista concedida para radios nacionales manifestaba que Sebastián Piñera, en materia de negocios, tiene que cumplir lo que le dijo a los chilenos: que se va a deshacer de todo su paquete accionario de aquí al 11 de marzo. Lo importante es que cumpla lo que dijo, y mientras antes lo haga mejor, declaró.
Sin embargo las misma fuentes periodísticas dan cuenta, de que el presidente electo, esta abocado a buscar todos los resquicios legales y estrategias diversas, para seguir manteniendo de forma encubierta el control de sus negocios. Pretender creer que Sebastián Piñera se va a deshacer de sus negocios, es una quimera, una gran mentira, que en su momento saldrán a la luz, señalan fuentes ligadas a la bolsa de valores.
Ahora el curriculum o el prontuario económico del nuevo presidente electo de Chile, de acuerdo a lo investigado por la periodista chilena Loreto Soto, se ha caracterizado por mezclar en su vida los negocios y la política. Más conocido por sus grandes logros como empresario que por los que ha alcanzado como político, en el 2007 debutó en el listado de la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo con una fortuna estimada en más de 1.200 millones de dólares y que en la actualidad alcanzaría más de dos mil millones.
Piñera se autodenomina un emprendedor más que un empresario. Sin embargo, su forma de hacer negocios ha sido seriamente cuestionada en los medios empresariales chilenos, como en el propio mercado financiero, en especial en el transcurso de la campaña presidencial.
Sus primeros pasos los dio en el rubro inmobiliario en 1978 con la empresa Toltén, que fundó junto a Antonio Krell al regresar de Estados Unidos. La compañía se dedicaba a comprar terrenos baratos en los municipios de Peñalolén, La Florida y Macul, desarrollaban grandes proyectos que eran vendidos en sumas de dinero mucho mayores. La inmobiliaria Toltén fue vendida en dos millones de dólares, que fueron invertidos en una iniciativa de gran envergadura del mismo rubro, que quebró a causa de la recesión de 1982, en plena dictadura militar.
Posteriormente, diversificó sus inversiones y en los ochenta adquirió acciones de LAN y comenzó a participar en el área financiera a través de Bancard. El mito popular dice que fue él quien trajo el negocio de las tarjetas de crédito a Chile, sin embargo, según su socio del momento, Carlos Massad el proyecto estuvo concebido en Infinco, luego de una investigación en México a cargo de Eugenio Mandiola, Piñera sólo habría sido el jefe de proyecto que habría llevado a cabo un ingeniero de apellido Letelier, quien estaba a cargo de los procesos, indicó Massad.
A principios de la década de los 80 estuvo en el Banco de Talca, desde donde salió a punto de ingresar a la cárcel. A Sebastián Piñera se le enjuició por la Ley General de Bancos como cómplice de fraudes contra la entidad financiera y sus accionistas minoritarios, declaraba la prensa. Según la investigación, los involucrados habrían cursado préstamos del Banco para adquirir acciones de la entidad a nombre de ellos mismos. Si bien, Piñera nunca llegó a la cárcel, sí permaneció como prófugo de la justicia durante algunas semanas mientras se cursaba el recurso de amparo que, finalmente, fue acogido por este caso, exculpándolo de los hechos, según confesó después la ex ministra de Justicia de la dictadura, Mónica Madariaga, gracias a la intervención del régimen militar en el Poder Judicial.
También estuvo involucrado en el bullado caso Chispas en medio de su gestión como senador de la República. Un grupo de accionistas de la empresa Enersis, dentro de los que estaba Piñera, vendió sus acciones a un precio exorbitante a Endesa España en desmedro de los accionistas minoritarios. Luego del juicio los socios estratégicos se vieron obligados a pagar 75 millones de dólares en multas.
Uno de sus negocios más emblemático ha sido LAN, compañía por la que también se ha visto involucrado en problemas. En 2003 la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) lo multó por haber comprado acciones de la empresa con información privilegiada a raíz de su participación en el directorio.
Piñera ha incursionado también en el negocio de las comunicaciones. Hoy es dueño del canal de TV Chilevisión, que compró al grupo Claxon y que se había fundado como el canal de la Universidad de Chile. Junto con LAN y sus acciones en Colo Colo, son los únicos negocios que no fueron puestos en un fideicomiso privado, administrado por Celfín Capital y Larraín Vial entre otros, en abril de 2009 cuando comenzó la campaña presidencial. Sin embargo, Piñera ha señalado que antes de arribar en La Moneda “venderá su participación en ambas compañías”.
También posee el Parque Tantauco en Chiloé, una de sus inversiones más queridas. Piñera se adjudicó 118 mil hectáreas, que equivalen a un quinto del total de la superficie de la isla. Y pese a que el valor de la transacción nunca fue conocido se estima estuvo entre los seis y ocho millones de dólares.
El 11 de marzo de 2010 comenzará una etapa en la vida de Sebastián Piñera, quizás la más importante, como Presidente de Chile. La lupa de la Concertación y de todos quienes no votaron por él estará enfocada en su gestión de cuatro años, pero también de la Alianza por Chile, que espera revertir por más tiempo el más de medio siglo que tardo la derecha liberal en volver al Ejecutivo, ahora de la mano del pinochetismo.
Mientras tanto las hienas en celo de la Alianza por Chile (UDI-RN), se disputan a palabrotas y pugilatos los altos puestos de gobierno que deberán ocupar desde marzo próximo.
Ahora los lectores podrán encontrar en las páginas de La Nación, el semanario El Siglo y otros medios en la red, quien es el verdadero presidente electo de Chile, la pregunta muchos que se hacen en el mundo empresarial y en los diversos niveles de la sociedad chilena, es si estamos ante un servidor público honesto, o un delincuente económico de envergadura?
viernes, 22 de enero de 2010
¿Sebastián Piñera, un delincuente económico?
Chile: Piden al presidente electo Sebastián Piñera evitar declaraciones

22 de enero de 2010
El gobierno chileno recomendó al presidente electo del país, Sebastián Piñera, abstenerse de emitir opiniones sobre temas internacionales, sino hasta que asuma el cargo el próximo 11 de marzo.
Así lo señaló el canciller, Mariano Fernández, luego de la polémica originada por los dichos del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien le aconsejó al mandatario electo que no se metiera con los venezolanos.
"Tengo la impresión de que el presidente Chávez ha contestado a opiniones del presidente electo, por lo que es recomendable que el nuevo gobierno empiece a dar opiniones sobre temas internacionales una vez que esté instalado", comentó Fernández.
Para el jefe de la diplomacia chilena, hay que considerar como aspecto relevante que el país está en un periodo de transición, en el cual "hay un gobierno que está finalizando y que tiene que responder por el país hasta el 10 de marzo".
Consultado sobre si un mandatario electo tiene derecho a emitir una opinión, el ministro no negó esa posibilidad pero recalcó que "cuando uno opina hay consecuencias".
"Entonces, lo que digo es que en materia exterior, sería recomendable que el gobierno que va a asumir emita sus opiniones de manera adecuada una vez que esté instalado", insistió el canciller chileno.
Piñera manifestó que tiene muchas diferencias con Venezuela, las cuales "tienen que ver con la forma en que se concibe y se practica la democracia, el desarrollo económico y mucho más", opiniones que desataron la respuesta del presidente bolivariano.
¿Qué pasó en Chile?
Ernesto Carmona
El periodista y escritor chileno analiza los recientes resultados electorales en Chile y los motivos por los que el voto popular ha castigado a la Concertación, lo que ha dado lugar a la victoria de la derecha y a que regresen al país los ecos del fascismo, tan presente en él durante varias épocas del siglo pasado, que repasa en su artículo.
Sebastián Piñera obtuvo medio millón de votos más que en la primera vuelta, pese a que el total de votantes disminuyó en 34.161 electores respecto a diciembre. Eduardo Frei añadió 1,3 millones a sus resultados de diciembre (2.043.514), pero perdió por 222.742 preferencias.
Los votos nulos y blancos bajaron a 242.000, contra 284.369 en la primera vuelta, pero la abstención aumentó de un 11% a un 12%, es decir, 965.000 inscritos no fueron a votar. En definitiva, Piñera le ganó a Frei por un 3,23 % (51,61 versus 48,38).
¿De dónde sacó Piñera los 506.524 nuevos votos que le dieron su estrecha victoria? Del 36,3% de la votación de Marco Enríquez-Ominami (ME-O), de 1,4 millones de sufragios. Ambos candidatos también captaron algunos de los 42.000 votos nulos/blancos de la primera vuelta que en el balotaje se convirtieron en sufragios válidos.
¿De dónde obtuvo Frei sus 1,3 millones de nuevos votos? Arrate le aportó sus 430.824 sufragios disciplinados de la primera vuelta y el resto, 855.970 preferencias, necesariamente provino del 61,3% de la votación de ME-O.
Cada vez votan menos ciudadanos. La votación válida descendió el domingo en 106.445 sufragios respecto al del «sí» y el «no» de 1988. Hace 21 años votaron 7.251.930 y ahora lo hicieron 7.145.485.
El padrón electoral chileno tiene 8.110.265 electores inscritos, pero la población habilitada para votar asciende a 12,18 millones. Hay un 31% que no está en el padrón y tiene menos de 40 años. Se trata de 3,8 millones de ciudadanos. Desde 1988, el padrón creció sólo el 9%.
Piñera deberá gobernar en «consenso» con la Concertación, tal como ésta lo hizo durante 20 años de consolidación del modelo neoliberal legado por la dictadura. La Concertación tiene 19 integrantes del Senado, frente a 16 de la extrema derecha y tres independientes. En diputados existe un empate entre los 120 legisladores.
Síntomas de fascismo. Piñera hizo anoche por televisión un discurso conciliatorio prometiendo un gobierno de unidad nacional y agradeció a sus partidarios, al Gobierno, la Concertación, su familia, Dios y otros factores. Pero la serenidad del presidente electo al parecer no es compartida por todos su adherentes.
A esa misma hora, una caravana de vehículos pasó frente a mi casa gritando por megáfono: «¡Allende se siente!, Piñera presidente». Sentí un olor a fascismo al paso de los automóviles. «¿Qué significa ese grito: ¿una burla?», pregunté a mis cercanos. «Odio fascista», comentó uno de mis hijos nacidos en el exilio en Venezuela. Y entonces recordé las primeras palabras conciliadoras que oí por televisión a los golpistas digitados por la gente de Piñera en septiembre de 1973: «No habrá vencedores ni vencidos». Y a los pocos días comenzaron a desaparecer y/o asesinar a más de 3.000, mientras 30.000 iban a los campos de tortura.
El votó popular castigó el estilo adquirido por la Concertación al final de un ciclo de 20 años en que llevó a la práctica el legado del dictador pero con la anuencia de EEUU (que lo puso y lo sacó): libre mercado, entrega de riquezas al capital extranjero, fortalecimiento de los grupos económicos y discretas políticas de bienestar social que adquirieron más énfasis con Michelle Bachellet.
El clientelismo y el populismo elevaron la «popularidad» de la mandataria por encima del 80%, pero nada de eso se reflejó en la votación del domingo. ¿Por qué? Sólo pasó a la historia política como la jefa de estado con mayor éxito personal.
La ultraderecha ha gobernado poco a Chile «por las buenas» en el último siglo. En 1920 emergió Arturo Alessandri, un derechista disidente y populista que estableció el contrato de trabajo, la silla para los empleados de comercio y convocó a una constituyente que en 1925 reemplazó la Constitución de 1832, que Pinochet reemplazó en 1973 por la carta fundamental todavía vigente, reformada y, por consiguiente, «legitimada».
Entre 1925 y 1932, advino un periodo de desorden político, dictadura, golpes y la poco conocida y efímera República Socialista de 1932. Fue una época de incertidumbre y «ruido de sables», matizado por las clásicas matanzas obreras.
El general Carlos Ibáñez gobernó como dictador desde 1927 hasta que fue expulsado del poder por una movilización popular en 1931, pero 21 años después ganó las elecciones de 1952, la misma contienda en que Salvador Allende fue candidato por primera vez. Después de haber sido dictador, Ibáñez hizo un gobierno populista y hoy parece estar repitiéndose el ciclo de dos décadas.
La derecha reconquistó el poder en elecciones en 1932, con el mismo Alessandri de 1920, pero transformado, como si fuera otra persona. Pero salió de la escena en 1938 con la irrupción del Frente Popular, encabezado por el partido Radical, con socialistas y comunistas, que introdujo importantes progresos en la conversión de un país agrícola a minero-industrial. El partido radical se mantuvo 14 años ganando elecciones, hasta que su último presidente, Gabriel González, traicionó a sus aliados comunistas y comenzó a perseguirlos.
La derecha no ganaba una elección desde 1958, con Jorge Alessandri (apoyado por los radicales de derecha), hijo de Arturo y capitán de empresas como Piñera. En aquella ocasión, Salvador Allende se postuló por segunda vez y perdió por escasos 30.000 votos.
En 1964, Alessandri hijo le entregó el país a la «revolución en libertad» del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, padre del perdedor del domingo. En 1970, y después de cuatro intentos, Allende conquistó el gobierno con una nueva versión del Frente Popular de 1938, la Unidad Popular, cuyo gobierno fue derrocado cruentamente por quienes ahora eligieron a Piñera (y también algunos de los que perdieron).
La dictadura duró 17 años, la Concertación gobernó 20. La derecha acumula de nuevo todo el poder, esta vez «por la vía pacífica». Poder económico (el presidente electo tiene su propio grupo de grandes empresas), poder mediático (dos aliados son dueños de los diarios y la mitad del país que lo adversa no tiene cómo ni dónde expresarse), poder ejecutivo, simpatía militar, eclesiástica y judicial (más los llamados «poderes fácticos»). Pero no controla el legislativo y, por eso, el hábil Piñera anuncia «unidad nacional» mientras sus partidarios emiten gritos de venganza.
Chile fue gobernado por los dueños de la tierra hasta 1920. Entre 1958 y 1964 gobernaron los gerentes, los ejecutivos de empresa que ahora llaman CEOs, con el eslogan de «apretarse el cinturón» (que significa pasar hambre). Ahora comienza el ciclo de los grandes grupos económicos, y con un doble discurso tan populista como el de Bachelet, sin ninguna alusión a apretarse el cinturón. Al contrario. Piñera promete más educación (no ha dicho «pública», probablemente se la pagará el Estado a las universidades privadas), mejor salud (habló de un bono para que el pueblo se atienda en clínicas privadas como Las Condes, que es suya, el Estado paga) y asegura un millón de empleos. ¿Cómo lo hará? Habrá que verlo. Además, el domingo por la noche reiteró el eje de su discurso: acabará con la delincuencia y el narcotráfico y exhibirá...mayor preocupación por los discapacitados.
La Concertación se acaba y Chile entra en una nueva era en el concierto de naciones latinoamericanas con gobiernos reaccionarios. Y el lunes subieron en 12% las acciones de LAN, la línea aérea de Piñera que enlaza gran parte del continente.
© Alai-AmLatina
miércoles, 20 de enero de 2010
Con el triunfo electoral de Sebastián Piñera en Chile: Resucita el pinochetismo
18 de enero de 2010
Con el triunfo electoral de Sebastián Piñera en Chile: Resucita el pinochetismo
Fernando Arellano Ortiz (CRONICON, especial para ARGENPRESS.info)
"Viva Pinochet” coreaban centenares de partidarios del presidente electo de Chile Sebastián Piñera, en sectores céntricos de Santiago cuando se conocieron los resultados electorales que le dieron el triunfo electoral el pasado 17 de enero. Es una muestra clara y contundente que con la llegada de este magnate empresario metido a político, epígono del tristemente célebre primer ministro italiano Silvio Berlusconi, resucita el pinochetismo y se entroniza nuevamente la ultraderecha retaradataria en el Palacio de la Moneda.
En buena medida, ese retroceso político en Chile es responsabilidad de la Concertación que en las dos décadas que gobernó no tuvo la capacidad ni la voluntad política de cambiar el modelo tanto político como económico.
En los primeros años del retorno democrático la sombra del siniestro dictador no dejó avanzar en la apertura de mayores espacios democráticos, como el sistema binominal que condenó a los partidos minoritarios al ostracismo.
Piñera ha dejado desde ya la puerta abierta para que cómplices y seguidores de Pinochet ingresen a su gobierno para seguir profundizando el modelo neoliberal en lo económico, y los métodos represivos y oligárquicos en lo político.
El presidente electo chileno puede ser considerado el Berlusconi latinoamericano si se tiene en cuenta que a su poder económico ahora le agrega el poder político. El perfecto ícono de la globalización neoliberal, o en palabras del sociólogo norteamericano Samuel Huntington, “el hombre de Davos”, para describir a quien acude a esa ciudad de los Alpes suizos cada año a hacer ostentación pública de poder e intercambiar con empresarios o especuladores financieros como él.
Lo que cabe esperar para Chile con el ascenso de Piñera al poder es que se termine de privatizar lo que queda por entregarle a las codiciosas multinacionales que no es poco. Como dice el profesor chileno-colombiano Jorge Harritt Huenchacona Hinojosa, “no solamente se terminará por privatizar el aire sino las empresas del cobre como Codelco, herencia del gobierno socialista de Allende que genera 4.600 millones de dólares al año de utilidades, Enami y Cochilco, acabando de esta manera con el patrimonio público del país”.
Como buen neoliberal, el nuevo inquilino del Palacio de la Moneda manejará con criterio empresarial a su nación, manipulando los asuntos públicos para provecho privado, siguiendo al pie de la letra las instrucciones ideológicas y la propaganda del “libre comercio” de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), a la que acaba de adherir hace pocas semanas Chile, en ceremonia protocolaria encabezada por la propia presidente Michelle Bachelet.
A consolidar bloque de derecha en Latinoamérica
En el ámbito internacional el gran ganador de las elecciones chilenas del pasado 17 de enero es sin lugar a dudas Washington y su estrategia hegemónica en América Latina.
Luego del avance de los gobiernos progresistas y de izquierda en la región que pugnan con la Casa Blanca, Piñera viene a reforzar el club de los mandatarios conservadores y retardatarios como Álvaro Uribe en Colombia; Alan García en Perú; Roberto Martinelli en Panamá; Óscar Arias en Costa Rica; Porfirio Lobo en Honduras; y Felipe Calderón en México. Ahora, seguramente, lograrán compactarse para alinearse con Washington y torpedear los procesos de emancipación política que se vive en toda la región.
Es muy probable que los primeros viajes de Piñera los realice a Bogotá y Lima para lograr concretar líneas de acción con Uribe y García y de esta manera comenzar toda una estrategia para contrarrestar los avances integracionistas liderados por los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia y, además, boicotear procesos de consenso político como Unasur.
Comienza entonces una nueva etapa política para los chilenos. La desgastada Concertación si bien puede mostrar resultados, no fue capaz de darle el viraje socioeconómico después de la nefasta y criminal dictadura pinochetista y prefirió seguir con su estrecho modelo político y su inequitativo y concentrador esquema económico.
El retroceso en democracia y en equidad económica será muy grande durante este cuatrienio del heredero de Pinochet. Pero a la vez, será una buena oportunidad para reinventar una nueva alternativa política por parte de los partidos progresistas y de izquierda que, en forma efectiva, reivindiquen por fin la memoria de dirigentes chilenos de la talla de Salvador Allende, Marmaduque Grove y Miguel Enríquez.
lunes, 18 de enero de 2010
La derecha reconquista La Moneda con Sebastián Piñera
18-01-2010
Mario Amorós
Rebelión
El empresario multimillonario Sebastián Piñera, candidato de la derechista Coalición por el Cambio, se convirtió ayer en Presidente electo de Chile al derrotar en el ballotage a Eduardo Frei, candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia, por un 51,61% de los votos a un 48,38%.
El 11 de marzo la presidenta Michelle Bachelet traspasará la banda presidencial a Piñera, un empresario multimillonario, íntimo amigo de José María Aznar, quien le visitó en Chile en septiembre y calificó de “trascendentales” unas elecciones que se celebran cuando la mayor parte de países de Sudamérica tienen gobiernos progresistas o revolucionarios. Por si fuera poco, Piñera también es admirador del presidente colombiano Álvaro Uribe, a quien rindió pleitesía en julio de 2008 y de cuya política genocida de “seguridad democrática” se considera admirador. Y entre quienes le han acompañado en los últimos días de campaña ha estado el escritor Mario Vargas Llosa.
La victoria de Piñera significa un retroceso enorme en un país que aún no ha culminado la transición. Con Piñera en La Moneda, la Constitución de 1980 (impuesta por Pinochet) continuará vigente y no será reformada; el movimiento obrero seguirá sufriendo el Código del Trabajo pinochetista (impuesto en 1980 por el ministro de Trabajo, José Piñera, hermano del presidente electo), que dificulta el derecho a la huelga e impide la negociación de convenios colectivos; los casi 800 represores de la dictadura actualmente procesados tendrán garantías de impunidad; la empresa pública del cobre (Codelco) será probablemente privatizada, al menos en parte; el millón de chilenos que vive en el exterior no conquistarán su derecho al voto; la ley electoral binominal no será reformada; el pueblo mapuche seguirá siendo masacrado en la Araucanía (región donde, por cierto, ayer Piñera obtuvo el 57,51% de los votos); y, en definitiva, los grandes capitales podrán seguir acumulando riquezas en uno de los países del mundo donde la brecha entre clases sociales es más acentuada.
Entre las incógnitas que abre el nuevo escenario está el futuro de la Concertación, una coalición que aglutina a democristianos, socialistas, liberales y radicales. En sus palabras de reconocimiento de la derrota, Frei y otros dirigentes dejaron entrever anoche que la coalición que ha gobernado el país desde 1990 permanecerá unida. Sin embargo, esta coalición ha estado unida en la última década sobre todo por el interés por conservar el poder, y las prebendas que conlleva, y en la primera vuelta del 13 de diciembre un diputado salido de las filas del Partido Socialista, Marco Enríquez-Ominami, fue capaz de obtener el 20% de los votos. El hastío ante la Concertación, ante las mismas caras que han copado la escena politica del país durante veinte años, ha podido más que la memoria de una dictadura en la que la derecha brindó su apoyo a Pinochet, secundó su proyecto político y económico e ignoró las gravísimas violaciones de los derechos humanos.
Una especial responsabilidad en el nuevo escenario corresponde a las fuerzas de izquierda, al movimiento popular chileno, hayan o no votado ayer por Frei. Ante el horizonte de cuatro años de gobierno de la derecha, con un papel relevante probablemente del partido pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI), la necesidad de una confluencia de todas aquellas fuerzas políticas y sociales que defienden una alternativa al neoliberalismo, que volverá a su mayor expresión a partir del 11 de marzo, es más necesaria que nunca.