Reportaje desde Helmand, Afganistán. La gente de Marjah denuncia que hay doscientos civiles muertos y explica por qué prefieren a los talibanes
Enrico Piovesana
Peace Reporter
rebelion.org
Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti
En una guerra siempre es difícil contar la verdad, lograr separar la realidad de los hechos en la propaganda de una y otra parte. El único modo para tratar de entender lo que está pasando verdaderamente estos días aquí en Helmand, en el sur de Afganistán, escenario de la mayor ofensiva militar desde que empezara esta guerra, es hablar con la población civil, con la gente de Marjah que consigue llegar hasta aquí, hasta Lashkargah para ponerse a salvo o traer a familiares heridos en los combates.
Muchos de ellos están ingresados en el hospital de Emergency, única estructura sanitaria de alta calidad (y gratuita) en esta polvorienta ciudad rural y en toda la provincia de Helmand, que se ha convertido en el epicentro del conflicto entre las fuerzas de ocupación extranjeras y la resistencia talibán.
Hoy es día de visitas. Los pasillos están repletos de familiares de los heridos ingresados; en el pórtico de entrada y los jardines hay decenas de hombres con turbantes que están sentados al tibio sol charlando a media voz. De vez en cuando un estallido a lo lejos interrumpe su tertulia y se vuelven hacia el horizonte; más allá los cazas aliados, que pasan zumbando por el cielo sin cesar, siguen bombardeando sus aldeas.
Sad Maluk, de 60 años, turbante blanco y barba gris acaba de llegar desde Marjah para visitar a su nieto, ingresado con una herida grave de bala. "No sé quién le disparó, pero me importa poco. Esta nueva operación está causando muchas víctimas inocentes, demasiadas. Dicen que han matado por error a unos pocos civiles solamente, pero la verdad es que han matado a pocos talibanes. Vivo cerca del zoco de Marjah, y os puedo asegurar que durante los primeros días las bombas lanzadas desde los aviones y los misiles de los helicópteros destruyeron muchas viviendas. Hemos sacado de los escombros hasta ahora unos doscientos cadáveres de civiles, y todavía quedan unos cien desaparecidos sepultados bajo las ruinas de las casas bombardeadas. Ayer recuperamos otros cinco. Nadie cuenta estas cosas, pero os juro que es así porque lo he visto con mis propios ojos. Lo hemos visto todos". Los hombres a su alrededor asienten silenciosos con sus turbantes.
"Llevamos un par de días en Marjah sin disparos -continúa Sad Maluk-, lo que no significa que los talibanes se hayan ido o hayan sido derrotados: tan sólo han dejado de combatir por el momento. Los talibanes están todavía en Marjah porque son gente del lugar. No son extranjeros que han venido de fuera, como se suele decir: hay muchos de nosotros que están con los talibanes. ¿Sabéis por qué? Porque estos últimos años con ellos no hemos tenido problemas: hasta que en Marjah gobernaban ellos, todo iba bien, todo tranquilo. Nosotros no queremos más, no queremos intrusiones de extranjeros ni del gobierno. Sólo queremos que nos dejen en paz, así, tal cual somos".
Un murmullo de aprobación se levanta entre el público de curiosos que se ha formado en torno a nosotros. Uno de ellos, un joven de Marjah que se llama Zia Ulaq, interviene para explicar lo dicho por el "baba", tratamiento que se da a los ancianos en señal de respeto afectuoso. "Ahora en Marjah vuelve a mandar la policía afgana, igual que antes de que llegaran los talibanes. Nosotros, más que de los estadounidenses, tenemos miedo de los policías afganos, de estos criminales que van por ahí con sus todoterrenos verdes comportándose como si fueran los dueños de todo: roban nuestras casas, nos sacan dinero, y quienes se rebelan son detenidos y denunciados como talibanes. Hacen cosas incluso peores, como secuestrar niños para después abusar de ellos".
"Desde que hace más de dos años Marjah pasó a estar bajo control de los talibanes -prosigue Zia Ulaq- estas cosas no habían vuelto a suceder. Ellos nos respetaban, respetaban nuestras propiedades y nuestras costumbres. Garantizaban la seguridad, administraban justicia con los "qadi" (los jueces de los tribunales islámicos, N.d.R.) y hacían respetar nuestras leyes islámicas. Nosotros estábamos bien porque nos sentíamos seguros: no sufríamos más los robos ni los abusos de esos criminales con uniforme. Si los nuevos gobernantes de Marjah hacen lo mismo, si respetan a nuestra gente y nuestra religión y nos dejan vivir y trabajar en paz, por nosotros, fenomenal. Pero ahora que han vuelto los hombres de los todoterrenos verdes tenemos mucho miedo".
lunes, 1 de marzo de 2010
"Dejadnos en paz"
viernes, 19 de febrero de 2010
Un informe determina que la matanza de civiles de la OTAN en Afganistán no fue debida a un error técnico

19-02-2010
Oriol Sabata
LibreRed
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) admitió este miércoles que el cohete que mató a una docena de civiles en Helmand (Afganistán) no falló.
El pasado sábado, Estados Unidos, Reino Unido y el ejército afgano, lanzaron una fuerte ofensiva en Afganistán contra uno de los segmentos de la resistencia afgana.
Durante la acción militar conjunta, según la versión del portavoz de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, “dos proyectiles se desviaron de su objetivo” e impactaron en una vivienda, matando a doce civiles.
Este suceso fue catalogado por Rasmussen como “un error desafortunado”. Los países que participan en la invasión del país de Medio Oriente se mostraron satisfechos por la ofensiva.
Pese a esta primera versión de los hechos, y tras una investigación, la OTAN se ha visto obligada a reconocer ante la opinión pública que los misiles que mataron a 12 civiles no erraron su objetivo, es decir, que fueron lanzados de forma premeditada y contra un blanco concreto.
Así, según un informe de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), los primeros resultados de la investigación determinan que el sistema usado para operar con dichos cohetes funcionó de forma correcta. Esta información desmiente la versión ofrecida por el portavoz de la coalición armada, que en un primer momento responsabilizó las muertes a un fallo técnico, argumentando que los cohetes se desviaron 300 metros del objetivo.
Pese a este comunicado de la ISAF, que debería suponer un primer paso para localizar y penalizar a los militares que secundaron la acción mortal, la OTAN decidió asumir la matanza de civiles como “bajas colaterales” de la ofensiva contra la insurgencia.
La organización justifica de esta manera los hechos y añade que “los talibanes estaban abriendo un fuego preciso y directo” en la zona.
El Ministerio del Interior afgano no se ha pronunciado aún sobre el tema. El pasado domingo, tras los polémicos sucesos, tramitó una nota de prensa en que se informaba a los medios de la muerte de nueve civiles y tres insurgentes en un ataque.
El mismo ejército afgano apoya abiertamente esta ofensiva iniciada el pasado día 13. En ella, la OTAN se ha fijado como objetivo penetrar y debilitar los bastiones talibanes de las localidades de Marjah y Nad Alí. En esta macro-operación también intervienen militares de Dinamarca, Estonia, Canadá, Francia, Reino Unido y EEUU.
Fuente: http://www.librered.net/wordpress/?p=15210
miércoles, 17 de febrero de 2010
Las minas dificultan la ofensiva antitalibán en el sur de Afganistán
16 de febrero de 2010,
MARJAH, Afganistán (AFP) -
La ofensiva lanzada hace cuatro días por las fuerzas afganas e internacionales, lideradas por Estados Unidos, en la zona de Marjah (sur), topaba el martes con focos de resistencia en ese bastión talibán sembrado de bombas de fabricación casera, admitieron fuentes militares.
"Hemos descubierto centenares de minas", dijo a la prensa el general Besmilá Jan, jefe de Estado Mayor del ejército afgano. "Avanzamos lentamente, pues la zona está plagada de minas", agregó.
Jefes militares afganos habían asegurado el lunes que la coalición se había hecho ya con el control de casi toda la zona de Marjah y de la región aledaña, plaza fuerte islamista con extensos campos de amapola, materia prima del opio y la heroína, que procura buena parte de sus recursos a los talibanes.
Pero un portavoz de los Marines estadounidenses, que constituyen la columna vertebral de la ofensiva aliada, en la que participan unos 15.000 efectivos, se declaró este martes sorprendido por la cantidad de explosivos dispersados en el terreno por el enemigo.
"Hay muchos más (explosivos) de lo que pensábamos", declaró el teniente de Marines Josh Diddams.
Las bombas de fabricación casera provocan frecuentes bajas en las tropas regulares afganas y en las fuerzas internacionales que invadieron Afganistán a fines de 2001 para derrocar al régimen talibán.
Según la Cruz Roja, esos artefactos, ocultos junto a las carreteras, dificultan el traslado de heridos al hospital de Lashkar Gah, a 20 kilómetros de Marjah.
El avance de la coalición también se ve entorpecido por francotiradores emboscados en casas y mezquitas, según los militares.
La operación, bautizada Mushtarak ("Juntos"), es considerada como la de mayor envergadura desde 2001, y hasta ahora provocó la muerte de dos soldados de la OTAN (Organización del tratado del Atlántico Norte).
La OTAN asumió además la responsabilidad de la muerte de doce civiles afganos en un bombardeo sobre un blanco erróneo cerca de Marjah, aunque el gobierno afgano redujo el balance a nueve muertos.
Otros tres civiles murieron en incidentes separados en la provincia de Helmand, al ser confundidos con insurgentes por una patrulla de las tropas internacionales, indicó la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad), que opera bajo la dirección de la OTAN.
Otro bombardeo aéreo de la OTAN, que según la coalición internacional no tuvo relación directa con la operación Mushtarak, provocó la muerte de cinco civiles afganos.
La ofensiva se propone erradicar a los talibanes de la región de Marjah, en la provincia de Helmand, y restablecer allí la autoridad del gobierno de Kabul.
Para ello, busca ganar el apoyo de la población y limitar al máximo las bajas civiles en una zona donde se estima que hay unos mil combatientes talibanes.
De los 15.000 militares movilizados en la operación, 4.400 son afganos y casi todos los demás estadounidenses y británicos.
Los talibanes jamás han opuesto resistencia frontal a las precedentes ofensivas en el sur o en otras partes del país, optando por una táctica de acoso, antes de replegarse hacia las montañas o mezclarse con la población.
Varios expertos y responsables de los servicios de inteligencia occidentales opinan que Marjah es solamente un feudo talibán entre muchos otros en el sur del país.
La insurrección de los talibanes ganó intensidad en los dos últimos años y se extendió a la casi totalidad del país, con ataques audaces, incluso en el corazón mismo de Kabul.
Medios de Estados Unidos, entre ellos The New York Times, afirmaron el martes que el mulá Abdul Ghani Baradar, jefe militar de los talibanes afganos, había sido capturado en Pakistán por agentes de inteligencia estadounidenses y paquistaníes.
Esa información fue desmentida por un portavoz de los rebeldes.
Baradar "se encuentra actualmente en Afganistán, donde dirige todas las actividades de la yihad", aseguró el portavoz, Yusuf Ahmadi, en un contacto telefónico con la AFP desde un lugar desconocido.
Ahmadi acusó a los medios de prensa estadounidenses de prestarse a una maniobra para distraer la atención de la opinión de los problemas con que tropieza la ofensiva en el sur del país.
"El único objetivo de esos reportes sin ningún fundamento y de esa propaganda es disfrazar el fracaso (de la ofensiva en la región) de Marjah. Hay una resistencia muy fuerte en Marjah", declaró.
En lo que va de año, 75 soldados extranjeros murieron en Afganistán, según el sitio especializado icasualities.org.
Las fuerzas internacionales perdieron 520 hombres en 2009, el año en que mayores bajas registraron desde su entrada en Afganistán.
sábado, 13 de febrero de 2010
Los Talibanes Prometen una Guerra de Guerrillas contra las Tropas de la OTAN
Al-Manar
11/02/2010
Los talibanes prometieron el jueves continuar luchando en una campaña de guerrillas contra las fuerzas occidentales y afganas, que están preparándose para atacar uno de sus reductos en el sur de Afganistán.
Miles de marines norteamericanos, soldados de la OTAN y militares afganos han reunido una fuerza alrededor de la ciudad de Maryah preparados para lanzar una de las mayores operaciones contra los talibanes desde la invasión de 2001, que estuvo liderada por EEUU.
El asalto, denominado Operación Mushtarak (Compartida), comenzará dentro de varios días, dijeron instituciones del gobierno afgano, respaldado por Occidente.
En una declaración colocada en su sitio web, los talibanes prometieron defender la ciudad que se halla en la región de cultivo de la adormidera, en el valle del Río Helmand, que ellos han controlado durante años.
“Por lo que vemos sobre el terreno, esta operación no es diferente a las actividades diarias de las fuerzas invasoras,” dijo Yusuf Ahmadi, un portavoz talibán.
“El enemigo está haciendo un gran ruido con esta operación. Ellos están tratando de venderla a los medios como una gran ofensiva, a pesar del hecho de que Maryah es un lugar pequeño. La operación no es tan grande como afirman,” dijo la declaración.
Él prometió además que los talibanes harían frente a la ofensiva utilizando sus tácticas de “atacar y huir” y sus bombas situadas junto a las carreteras, que se han convertido en un instrumento básico de su arsenal.
“Yo puedo decir en este punto que utilizaremos las mismas tácticas que empleamos en las operaciones de Nawa y Janishin,” dijo en referencia a dos ofensivas que tuvieron lugar el pasado año en la provincia de Helmand por parte de fuerzas norteamericanas y británicas.
Hasta ahora, más de 60 soldados extranjeros han muerto en Afganistán desde el inicio del año, en su mayor parte por explosiones de artefactos explosivos improvisados.
El portavoz talibán, Ahmadi, dijo a principios de esta semana que el grupo militante había desarrollado una nueva bomba que era indetectable por parte de los sistemas de búsqueda.
Las bombas serán utilizadas una vez comience la operación, señaló.
martes, 14 de julio de 2009
Gran Bretaña registra ya más bajas militares en Afganistán que en Irak
Mientras Cameron reclama más medios para las tropas.
El primer ministro británico, Gordon Brown, ha advertido que el verano será «muy duro» para sus tropas en Afganistán tras la muerte de ocho soldados en 24 horas, un balance que ha elevado las críticas a la estrategia de alineamiento con EEUU en el pantanal afgano. Un nuevo frente para un Brown que sobrevive políticamente a duras penas y cuya gestión agoniza tras la debacle de las últimas europeas.
«Está siendo un verano muy duro y esto aún no ha terminado, pero es crucial que la comunidad internacional vaya hasta el final en su compromiso», insistió Brown tras conocerse que el Ejército británico ha tenido ocho bajas mortales en las últimas 24 horas.
Los ocho uniformados murieron en ataques y enfrentamientos en la provincia sureá de Helmand, donde están destinados la gran mayoría de los 9.000 soldados «de Su Majestad» desplegados actualmente en Afganistán. El contingente británico, estabilizado en alrededor de 8.300 efectivos, ha aumentado estos meses en vísperas de las elecciones presidenciales y provinciales en el país ocupado previstas el 20 de agosto.
El Ejército británico participa desde el 23 de junio en una gran ofensiva -bautizada con el nombre de Arañazo de Pantera- contra la resistencia taliban en uno de sus feudos en el interior del país, en Helmand.
Desde el 1 de julio, 15 soldados británcisos han muerto en esta ofensiva, lanzada por las tropas extranjeras ocupantes con el objetivo oficial de estabilizar la zona antes de los comicios.
El jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, sir Jock Stirrup, reconoce que las tropas británicas atraviesan por un «momento difícil porque los talibán tienen claro que Helmand es un terreno de lucha crucial. Si lo pierden habrán sufrido un revés general y movilizan todas las fuerzas que tienen».
«El futuro de Gran Bretaña»
«Pero está claro que están perdiendo y nuestros oficiales sobre el terreno son claros a este respecto. Nos llevará tiempo y, obviamente, ésto implica pérdidas» en soldados, señaló el responsables militar.
En la misma línea, el ministro de Exteriores, David Miliband, aseguró que los soldados lucharían «por el futuro de Gran Bretaña» e insistió en la manida tesis de que habría que impedir que Afganistán «vuelva a ser una incubadora del terrorismo» contra Occidente.
Críticas crecientes
El diario «The Times», que publicaba en su portada la foto de los 184 soldados británicos muertos en Afganistán -superando ya el balance de 179 bajas mortales en Irak desde la invasión-, se interrogaba: «¿Teníamos motivos para participar en esta guerra?».
«El incremento en el número de bajas está reforzando la creencia de que Afganistán se está convirtiendo en un lodazal», añadía el diario.
«Daily mail» y «Daily express» llamaban directamente a estudiar una retirada de las tropas.
Por contra, «The Sun» ponía el acento en la supuesta falta de equipamiento militar (helicópteros, vehículos pesados), tesis que ha hecho suya el líder opositor torie, David Cameron.
El asfixiante calor, aliado de los talibán en los combates
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Tras varias horas de combate, los marines Charles Auge y Edwin Saez han debido ser evacuados en helicóptero, vencidos no por los talibán sino por el intenso calor estival en el sur de Afganistán.
Ambos participaron en uno de los únicos choques abiertos con los talibán, dispuestos a no ceder el control del cruce fluvial estratégico de Mian Pushta, en el sur del distrito de Garmser. Con 2,5 litros de agua de reserva, su batallón, del octavo regimiento de infantería, trató de lanzarles botellas desde los helicópteros. Pero el fuego abierto de los talibán desbarató la operación. Ambos cayeron deshidratados.
Uno de sus compañeros de batallón murió por disparos de un francotirador el primer día de la ofensiva. Pero otros cinco compañeros fueron evacuados por deshidratación en medio de una temperatiura que alcanzó la semana pasada los 46 grados.
Cada marine lleva 23 kilos de impedimenta. Los que combatieron en Mian Pushta llevaban centenares de municiones suplementarias al presagiar sus mandos problemas de avituallamiento.
El paisaje varía en Helmand pasando del desiertos a verdes valles en las riberas del río. Un terreno complicado para las tropas, poco entrenadas para este tipo de terreno antes de ser enviadas al destino.
Los soldados en combate pueden consumir hasta 10 litros de agua al día. «Un golpe de calor puede ser fatal y el calor provoca más bajas que los talibán», señala el capitán Micah Caskey, quien señala que «el dilema entre estos casos es llevar el chaleco antibalas o primar el calor y la movilidad». Arriesgada elección.
14-07-2009
Los tories rompen el consenso sobre la guerra de Afganistán
Cameron reclama más medios para las tropas
Público
El número de helicópteros británicos en Afganistán se ha convertido en la excusa elegida por el líder de los conservadores, David Cameron, para castigar al Gobierno de Gordon Brown. Hasta ahora, los tories se habían mostrado muy discretos en sus críticas a la estrategia militar en Afganistán por ese principio no escrito de la política británica por el que la oposición no hace sangre en ciertos asuntos, como la lucha antiterrorista y la política de Defensa. Esa tregua parece haber terminado.
Cameron fustigó ayer la carencia de helicópteros y pidió más medios: "Es un escándalo que las tropas no tengan el número suficiente de helicópteros para trasladarse por el país" , dijo en el Parlamento, animado por los titulares de la prensa conservadora. Tanto el The Daily Telegraph, de forma más mesurada, como el The Daily Mail, que utilizó en su primera página la palabra "traición", habían acusado a Brown de obligar a los soldados a luchar en condiciones intolerables.
Brown se defendió en la Cámara en un pleno dedicado a la cumbre del G-8, pero en el que todos esperaban que el asunto clave fuera Afganistán. El primer ministro negó que su Gobierno esté regateando el dinero. Destacó que el número de helicópteros se ha incrementado en un 60% en los últimos dos años y que, al aumentar las tripulaciones y mejorar el mantenimiento, las horas de vuelo lo han hecho en un 84%.
En total, el Reino Unido se gastó 700 millones de libras (800 millones de euros) en 2007 en la guerra de Afganistán. Dos años después, los fondos para ese fin llegan a los 3.000 millones (3.500 millones de euros).
El aumento de la tensión política se debe al elevado número de bajas sufrido por el Ejército británico en las últimas dos semanas. Quince soldados muertos en ese tiempo demuestran que los británicos no han avanzado mucho en la pacificación de Helmand, donde a la amenaza de los insurgentes se une la de los traficantes de opio. Lo cierto es que ninguno de los soldados caídos en este mes se habría salvado con más helicópteros. Casi todos murieron en emboscadas contra patrullas a pie, el único modo de controlar las zonas recuperadas a los talibanes.
Brown alardeó en el Parlamento de que las Fuerzas Armadas británicas están "mejor equipadas ahora de lo que lo han estado en los últimos 40 años". Los conservadores y los liberales demócratas lo niegan, y cuentan con la cobertura que dan las opiniones de varios generales retirados.
El problema para Brown es que en su época de ministro de Hacienda no hizo excepciones con los militares al imponer la disciplina presupuestaria. Lo que entonces se consideró un acierto, ahora puede volverse en su contra. La retirada es la opción más popular
Un país dividido Una encuesta de ‘The Guardian’ y la BBC ha dado un cierto respiro al Gobierno de Brown. La guerra de Afganistán no es muy popular, pero al menos el aumento de bajas no ha hecho que se convierta en una causa perdida. La opinión pública está dividida: un 47% está contra la guerra y un 46%, a favor. Pero el apoyo a la guerra ha aumentado desde 2006, cuando sólo era del 31%.
Retirada El compromiso no es a largo plazo. Un 60% quiere la retirada de las tropas ahora o, como mucho, dentro de seis meses. Un 40% está dispuesto a esperar hasta 2011 o el tiempo que sea necesario.
Afganistán, la garra de la pantera

14-07-2009
Enrico Piovesana
Peace Reporter
Traducido para Rebelión por Juan Vivanco
Los talibanes que huyen de la ofensiva USA en el sur de la provincia de Helmand se han desplazado a Lashkargah y a los distritos del norte; pagan las consecuencias los soldados británicos, pero sobre todo los civiles afganos.
Bajo un sol de justicia, una columna militar británica de Mastiff –los gigantescos blindados 6 x 6 protegidos con rejas por todos los lados– cruza lentamente el bazar de Lashkargah. Desde las torretas de estos bastiones de color arena, los soldados de Su Majestad apuntan las ametralladoras a los peatones, los coches, los ciclomotores, los tractores y los carritos tirados por mulas. Todos se detienen y, si pueden, se apartan, alejándose espantados del convoy que desfila, para no ser víctimas de la explosión de una bomba detonada a distancia por los talibanes.
«Los talibanes que huyen de los soldados estadounidenses ―explica Nabi, un mecánico― han llegado a la ciudad, de modo que se puede esperar cualquier cosa. Los últimos días han disparado cohetes desde las afueras hacia el centro. El jueves por la mañana contra un mitin electoral pro Karzai que se había convocado delante del palacio del gobernador, y el viernes por la tarde contra el PRT [Equipo de Reconstrucción Provincial, por sus siglas en inglés]. Los oímos silbar sobre nuestras cabezas, y luego estallar. Ninguno dio en el blanco. Cayeron en patios y lugares deshabitados, sin causar víctimas. Pero el peligro es ese, justamente: no se sabe dónde pueden caer. Los llaman “cohetes ciegos” porque golpean al azar. Pero los talibanes ―prosigue Nabi― también han entrado en la ciudad. La madrugada del sábado, sobre la una, dispararon con lanzagranadas contra una patrulla de soldados del gobierno, que respondieron al fuego e hirieron a varias personas que dormían al aire libre por el calor.»
La operación militar estadounidense Janyar ―que en pashto significa «puñal», no «estocada»― ha empujado a cientos de talibanes, que antes controlaban los distritos meridionales de Janishin, Garmsir y Nawa, hacia Lashkargah y más al oeste; y hacia el norte, a Nadali, Grishk y Sanguin, para desesperación de las tropas británicas, en plena operación Panchai Palang, «Garra de Pantera», lanzada al mismo tiempo que la ofensiva USA en el sur. «Los talibanes expulsados por los usamericanos se han congregado en estas zonas, que ya eran bastiones suyos, donde operan los británicos ―explica Safataulá, un periodista local―, que ahora están en verdaderos apuros, como lo demuestran las graves pérdidas que están sufriendo estos días».
Pero los que más están sufriendo las consecuencias son los civiles afganos que viven en los distritos donde combaten talibanes y británicos. «Estaba trabajando en el campo con otros campesinos ―cuenta Abdul, tendido en una cama del hospital de Emergency de Lashkargah con las dos piernas escayoladas― cuando un cohete, o una bomba, no sé, cayó cerca de nosotros. La explosión nos hirió a dos amigos y a mí. Poco antes habíamos visto a lo lejos unos blindados británicos, pero no sabría decir quién disparó. En mi distrito, Nadali, siempre ha habido guerra, pero desde hace una semana se ha convertido en un infierno: los combates no han cesado ni un solo día. Y no sirve de nada, los talibanes siguen ahí».
También eran de Nadali Habibulá y Abdulá, ambos de 12 años, Ziah, de 14 años, Mohammad de 25 y Bora, una mujer de 55 años que llegaron muertos la semana pasada al centro quirúrgico de la ONG italiana, víctimas de bombardeos aéreos. Lo mismo que, por lo menos, otros diez civiles, también de Nadali, ingresados en estos días con graves heridas de metralla de bomba.
«En la noche del miércoles al jueves –cuenta Safataulá― 60 personas resultaron heridas en Babayi, distrito de Nadali, mientras trataban de huir de los combates cruzando a pie el río Helmand. Los británicos les confundieron con talibanes y les bombardearon».
Luego está el problema de las minas. Los pasillos del hospital de Emergency de Lashkargah se están llenando de heridos de mina a un ritmo desenfrenado. «En los últimos días ―explica un médico― nos han llegado diez heridos de mina, de Nadali, pero también de Garmsir, donde se desarrolla la operación de los marines. Muchos de ellos son niños y algunos están gravísimos. ¡Normalmente llegan diez en un mes! Al parecer son artefactos colocados por los talibanes para volar los vehículos militares extranjeros».
La operación militar británica «Garra de Pantera» también está provocando una grave desbandada de civiles. En los últimos días por lo menos 20.000 desplazados han llegado aquí a Lashkargah, tras huir de los distritos donde se combate, sobre todo de la zona de Babayi, en el distrito de Nadali. A los más afortunados les acogen parientes y amigos; pero la mayoría, unos 15.000 hasta ahora, van a parar al campamento de refugiados de Mojtar: una desolada extensión de tiendas, barracones y chozas de adobe en la periferia norte de la ciudad, donde desde 2002 ya viven por lo menos 20.000 desplazados en condiciones lamentables, sin ninguna asistencia del gobierno afgano. Ahora, por lo tanto, el campamento acoge a 35.000 personas, y no paran de llegar más.
Mientras escribimos, dos explosiones hacen temblar el suelo. Otros dos «cohetes ciegos» han caído en la ciudad, a pocos cientos de metros del hospital de Emergency, uno delante de las oficinas de Ariana Airlines y el otro junto a la sucursal del Afghan Bank. Afortunadamente sólo hay un herido leve y ligeros daños en los jardines.
El sol se pone en Lashkargah, pero el bochorno sigue siendo sofocante. El almuédano entona la llamada a la oración de la tarde, pero su canto es acallado por el estruendo de los helicópteros Apache, que avanzan lentamente por el cielo rosa sobre docenas de pequeñas cometas, voladas por niños que disfrutan de las últimas horas de juego antes del toque de queda.
Fuente: http://it.peacereporter.net/articolo/16665/Afghanistan%2C+l%27artiglio+della+pantera