viernes, 28 de mayo de 2010
Monsanto:El Agente Naranja y la guerra de Vietnam
Después de las revelaciones sobre la toxicidad de la dioxina TCDD emitida durante la fabricación de la herbicida 2,4,5-T, Monsanto no pone en tela de juicio su producción y al contrario, se pone en contacto con el Pentágono para desarrollar el uso militar de su herbicida… La economía de guerra ha sido siempre una bendición financiera por la pugna de empresas multinacionales que dominan el mercado de los productos químicos.
Los investigadores de Monsanto ven ya las ventajas de su poderoso herbicida en tiempos de guerra, porque permite la erradicación de los cultivos y puede por tanto, matar de hambre a los ejércitos y poblaciones enemigas.
Después de las pruebas del herbicida realizadas en 1959 en Vietnam por el ejército Norteamericano, este parece satisfecho porque después de dos años 90% de los árboles y matorrales han sido destruidos en las zonas rociadas. Estas pruebas activan el permiso de la “operación Ranch Hand” la cual empieza oficialmente el 13 de enero de 1962. En un primer tiempo el objetivo de la operación es de despejar las carreteras, las vías de agua y las fronteras de Vietnam del Sur para marcar un no-man’s lnd frente a los Vietcongs, y en un segundo tiempo de destruir los sembradíos que supuestamente alimentarán a los “rebeldes”.
De 1962 a 1971, se estima que 80 millones de litros de defoliantes han sido arrojados sobre los 3.3 millones de hectáreas de bosques y tierras. Más de 300 pueblos han sido contaminados y 60% de los defoliantes utilizados eran Agente Naranja, representando el equivalente de 400 kilos de dioxina pura. Sin embargo, según un estudio de la Universidad de Columbia (Nueva York) publicada en 2003, la disolución de 80 gramos de dioxina en una red de agua potable podría eliminar una ciudad de 8 millones de habitantes… [1].
Monsanto conocía los peligros de la dioxina presente en el Agente Naranja.
El esparcimiento masivo del Agente Naranja afectará por mucho tiempo a las poblaciones civiles pero también a los soldados Norteamericanos que han sido expuestos a la dioxina sin precaución. Además, Monsanto deliberadamente había escondido al ejército que su herbicida 2,4,5-T en versión militar, o Agente Naranja contenía una mas grande concentración de residuo de dioxina TCDD que la versión agrícola común.
Un documento interno desclasificado de la impresa Dow Chemicals, fechada el 22 de febrero de 1965, relata una junta secreta de los principales proveedores del “Agente Naranja” incluyendo Monsanto, para “discutir de los problemas de toxicología causadas por la presencia de algunas impurezas altamente tóxicas”, en las muestras de 2,4,5-T entregadas al ejercito [2]. Dow quería compartir una investigación interna que demostraba que “unos conejos expuestos a la dioxina desarrollaba severas lesiones en el hígado”. La cuestión tratada por los proveedores de 2,4,5-T era saber si se tenía que avisar el gobierno de la toxicidad del Agente Naranja. Gerson Smoger, abogado de numerosos veteranos de la guerra de Vietnam, declaró que “la reunión tuvo lugar en el más grande secreto. […] la cuestión era si había que informar al gobierno. Así lo prueba un correo, del cual también tengo una copia, Monsanto reprocha a Dow de querer levantar el secreto. Y el secreto ha sido guardado durante al menos 4 años, los esparcimientos del Agente Naranja llegaron a su pico en Vietnam…” [3].
Finalmente en 1969, un estudio hace pública la nocividad del herbicida 2,4,5-T, luego de que el Instituto Nacional de la Salud de Norteamérica haya revelado que ratones sumidos a dosis importantes de herbicida desarrollaban malformaciones fetales y parían bebes muertos al nacer. El 15 de abril de 1970, el Secretario de Agricultura anuncia una prohibició de uso del 2,4,5-T en razón “del peligro que representa para la salud”.
En 1971, el ejército interrumpe la operación Ranch Hand y el esparcimiento del Agente Naranja, pero sus efectos devastadores han seguido aun después, a causa de la persistencia de la dioxina en el suelo, el agua y la cadena alimenticia y de su carácter bioacumulador. En Vietnam se estima que 150 000 niños sufren hoy en día de malformaciones debidas al Agente Naranja y que 800 000 personas están enfermas.
Los veteranos de Norteamerica víctimas de la dioxina.
En 1978, Paul Reutershan, un veterano con cáncer del intestino, interpone una queja contra los fabricantes del Agente Naranja, será rápidamente seguido por millares de veteranos de Vietnam, padeciendo de diversos síntomas, para constituir la primera “acción de grupo” o “class action” jamás intentada contra Monsanto. Este asunto será revelador de los métodos de la empresa de Saint Louis cuando se trata de afrontar la justicia.
Para ganar, los veteranos tienen que demostrar que han sido contaminados por la dioxina presente en el Agente Naranja durante la guerra de Vietnam, y que esta dioxina TCDD es el origen de sus enfermedades. Sin embargo para su defensa, Monsanto contestara que “la dioxina está omnipresente en la población de Norteamerica, el ambiente y los alimentos…”, lo que es desgraciadamente verdadero debido a la expansión de este tipo de contaminación. Sin embargo, las dosis recibidas por los veteranos son mucho muy superiores a las dosis que se pueden ingerir en un contexto normal, por lo que el asunto no se había acabado todavía.
Hizo falta demostrar que la dioxina es un agente cancerígeno a través de estudios científicos que necesariamente están hechos sobre un largo plazo, tomando en cuenta el tiempo de incubación del cáncer. Monsanto posee este tipo de estudio desde el accidente de Nitro en 1949, donde decenas de obreros fueron expuestos a la dioxina y tuvieron un seguimiento con el Dr Suskind. Para probar que la dioxina no es cancerígena, Monsanto quiere demostrar treinta años después que los obreros expuestos no han desarrollado patologías particulares en comparación a la población normal. Es el Dr Roush, director médico de Monsanto quien controlará el contenido de los estudios de Monsanto publicados en 1980, 1983 y 1984. Como lo podemos imaginar, los estudios de Monsanto concluirán a la ausencia de lazo entre la exposición al 2,4,5-T del Agente Naranja y el cáncer.
Los veteranos aceptaron entonces un reglamento de mutuo acuerdo, y el 7 de mayo de 1984 los fabricantes del Agente Naranja ponen en la mesa 180 millones de dólares. El juez ordenará que 45.5% del monto sea pagado por Monsanto, en razón del fuerte contenido de dioxina de su 2,4,5-T [4]. Es así que 40 000 veteranos recibieron, según los casos, una ayuda incluida entre 256 y 12 800 dólares. El asunto está cerrado pero deja un sabor amargo en la boca de los veteranos, que tienen que contentarse con compensaciones menores a los gastos de salud a los cuales han tenido que afrontar.
La población civil vietnamita todavía victima de la contaminación de su territorio por la dioxina.
Como lo hemos visto más adelante, en la definición científica de la dioxina, esta es un agente teratógeno que favorece las malformaciones del feto. Esta característica marcó profundamente a la opinión pública después de las revelaciones sobre los montos altamente anormales de mortalidad prenatal y postnatal en Vietnam debidos a malformaciones raras y monstruosas. Es en la Ciudad de Ho-Chi-Minh en que se encuentra la maternidad del hospital Tu DU, las más grande del país. Los vietnamitas la nombraron el “museo del horror de la dioxina”. En la maternidad, se encuentra un laboratorio que conserva todos los fetos “monstruosos” en formol; se puede ver hermanos siameses compartiendo una cabeza desproporcionada, un tronco con dos cabezas, casos de anencefalitis (ausencia de cerebro), de micro cefalitis (cerebro pequeño), pero las palabras científicas faltan para describir la mayoría de las anomalías genéticas.
La doctora Nguyen Thi Ngoc, hoy en día jubilada, se encarga del “pueblo de la paz”, instalado en el hospital, que representa uno de los doce centros abiertos en Vietnam, para recibir los niños minusválidos víctimas de la dioxina y del Agente Naranja. El doctor precisa que la mayoría de los pensionarios sufren de problemas neurológicos y de anomalías orgánicas graves, algunos están en cama porque nacieron sin brazos ni piernas. Según el doctor, los casos de malformaciones empezaron a multiplicarse desde la mitad de los años 60, y sigue todavía hoy en día.
En 2005, el hospital Tu DU contabilizó 800 casos de niños nacidos con malformaciones, lo que sobrepasa las medias internacionales. Hoy, según las autoridades vietnamitas 150 000 niños sufren de malformaciones supuestamente causadas por la dioxina y 800 000 personas están enfermas.
[1] Según las estimaciones de Jane Mager Stellman, « The extent and patterns of usage of Agent Orange and other herbicides in Vietnam”, Nature, 17 abril 2003
[2] Le monde selon Monsanto, MM Robin, coedition La decouverte/Arte Ed.,2008, p60
[3] Le monde selon Monsanto, MM Robin, coedition La decouverte/Arte Ed.,2008, p60
[4] Peter SCHUK, Agent Orange on Trial. Mass Toxic Disasters in the Courts, Harvard University Press, Cambridge (Ma.), 1987, pp. 86-87 et 155-164. Monsanto ha producido 29,5 % del agente naranja utilizado en Viêt-nam, contra 28,6 % por Dow Chemicals, pero algunos de sus lotes contenían cuarenta y siete mas de dioxina que los de Dow
jueves, 3 de diciembre de 2009
Las víctimas de la guerra tóxica
03-12-2009
Susan Galleymore
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Alameda, California fue otrora una de las mayores estaciones aéreas navales del mundo con 271 industrias separadas y diferentes para fabricar y reparar todas las partes de cualquier aeronave. En este trabajo utilizaban vastas cantidades de productos químicos, incluyendo disolventes, carburante de aviación y pinturas basadas en radio para diales en las cabinas de mando.
Las fugas y los derrames eran tan comunes como en cualquier operación de esa magnitud. Los trapos, las brochas y los suministros de limpieza se reemplazaban regularmente, los desechos se quemaban en pozos ubicados en el extremo norte de la base naval. Muchos productos químicos se manejaban de forma incorrecta o se filtraban de los contenedores y de las cloacas como para llevar a que la antigua base sea, hoy en día, un área contaminada de Superfund.
Mientras avanzo poco a poco por la montaña de documentos que reúne la Armada a medida que limpia la contaminación relativamente manejable en mi ciudad natal, veo un tema que encuentra un eco en mi otra investigación sobre nuestros militares, el modo de pensar militar, y los efectos del militarismo: una tendencia a subestimar, minimizar, incluso negar los peligros “profesionales”. Aparece en la documentación militar, en boca de los portavoces militares, y está apoyada por las industrias de defensa nacional y de la seguridad interior, que la apoyan y se benefician de ella.
Hay más de 40.000 sitios tóxicos en EE.UU. y sus territorios… aproximadamente 1.000 de los cuales están en la Lista Nacional de Prioridad, para los cuales se destinan fondos federales de limpieza. Ciertamente los costes financieros de limpieza son considerables. ¿Y qué pasa con el coste moral y ético? Lo mismo que cada contribuyente estadounidense está implicado en las guerras que libra nuestro país, también estamos implicados en el daño humano y medioambiental. ¿Vale el daño que los militares de EE.UU. han causado aquí y en el exterior el beneficio material que obtiene EE.UU.?
Mientras más cambian las cosas…
Vietnam.
Este año, como hicieron el año pasado y durante varios años antes, delegados de Vietnam vinieron a EE.UU. a alegar su caso y a crear conciencia sobre sus compatriotas que siguen sufriendo las consecuencias del Agente Naranja, contaminado de dioxina, que pulverizó la Fuerza Aérea de EE.UU.
Durante el conflicto en Vietnam, los militares de EE.UU. privaron de alimento y protección a los que consideraban “enemigos” y contrataron a más de 30 firmas químicas estadounidenses para suministrar productos químicos a fin de desfoliar los bosques de Vietnam. El producto químico más letal, el Agente Naranja, estaba contaminado con rastros de dioxina TCDD –el producto químico más tóxico conocido por la ciencia– que incapacitó y enfermó a soldados, civiles y a varias generaciones de descendientes.
La evidencia médica indica que cánceres como el linfoma no Hodgkin, la diabetes de tipo II, espina bífida y otros defectos de nacimiento en niños son atribuibles a la exposición a este producto químico.
Veteranos estadounidenses supervivientes de Vietnam consiguieron finalmente una compensación limitada del gobierno de EE.UU. por algunas enfermedades que sufren debido a los productos tóxicos. Los vietnamitas no han recibido nada. La Corte Suprema de EE.UU. se ha negado firmemente a revisar la desestimación de la demanda de más de tres millones de vietnamitas contra 37 compañías que fabricaron esa arma química.
El abogado de los demandantes vietnamitas, Jonathan C. Moore, señala: “Es lamentable que los tribunales de EE.UU. hayan decidido, contrariamente a la ley estadounidense e internacional, denegar justicia a millones de vietnamitas que sufren por la pulverización de Agente Naranja cargado de dioxina que ha llevado a que varias generaciones de víctimas queden severamente enfermas e incapacitadas.”
Las dolencias y deformidades son considerables, aleccionadoras y desgarradoras… empeoradas porque las familias afectadas están físicamente incapacitadas para trabajar y generar un ingreso. Además, los productos químicos siguen afectando el entorno natural de Vietnam y destruyen sus bosques de mangles, su suelo y sus cultivos.
El Dr. James R. Clary, científico sénior en Chemical Weapons Branch (el laboratorio de desarrollo de armamento de la Fuerza Aérea basado en Florida en aquel entonces), escribió:
Cuando iniciamos el programa de herbicidas en los años sesenta, conocíamos el potencial dañino debido a la contaminación con dioxina en el herbicida. Incluso sabíamos que la fórmula militar tenía una mayor concentración de dioxina que la versión civil debido al menor coste y a la velocidad de la fabricación. Sin embargo, como el material iba a ser utilizado contra el enemigo, ninguno de nosotros estaba demasiado preocupado. Nunca consideramos un escenario en el que nuestro propio personal se contaminaría con el herbicida. Y, si hubiéramos [considerado ese escenario] habríamos esperado que nuestro propio gobierno ayudara a los veteranos contaminados.
El candor ingenuo del científico es refrescante. Si trabajara para los militares en la actualidad, probablemente perdería su puesto.
…más se quedan igual?
Iraq. Base Aérea Balad, a 68 kilómetros al norte de Bagdad y al este de Faluya, es una de las mayores bases y alberga a unos 25.000 militares de EE.UU. y a varios miles de contratistas.
En junio de 2008 tenía tres incineradores no contaminantes que procesaban unas 120 toneladas de desperdicios por día. Además, el pozo de quema consume 147 toneladas de desechos diarios: poliestireno expandido, munición que no explotó, productos de petróleo, plásticos, caucho, loza desechable, pintura y disolventes, y desperdicios médicos que –según los que realizan las quemas– incluyen extremidades amputadas.
A esta mezcla se le prende fuego con carburante para jets, una sustancia que libera productos químicos de los que se sabe que aumentan el riesgo de leucemia. Sólo la quema de botellas de plástico para agua crea altos niveles de dioxinas altamente tóxicas, que pueden contaminar cadenas alimentarias al caer sobre plantas que consumen los animales y se acumulan en el tejido adiposo.
Un penacho de humo negro y pegajoso cubre el área en el que queman desperdicios. El teniente coronel de la Fuerza Aérea Darrin Curtis, ex comandante de vuelo biomedioambiental para la Base Conjunta Balad, escribió en un memorando de fecha 20 de diciembre de 2006:
“Según mi opinión profesional existe un agudo peligro sanitario para los individuos. Es sorprendente que el pozo de quema haya podido operar sin restricciones durante los últimos años. También existe la posibilidad de peligros crónicos para la salud asociados con el humo.”
En junio de 2009, tres soldados de Charleston presentaron una demanda conjunta contra Kellogg, Brown & Root (KBR). La demanda afirma que KBR quemaba desechos peligrosos en Iraq y Afganistán que incluían cadáveres humanos, suministros médicos biológicamente peligrosos, poliestireno expandido, neumáticos, baterías de litio, aislamientos de asbesto, pintura, e ítems que contenían pesticidas y desechos de letrinas.
Desde entonces, docenas de miembros del personal militar de EE.UU. han presentado 34 demandas contra KBR por la supuesta incineración de desechos tóxicos, liberándolos a la atmósfera en Iraq y Afganistán. Una portavoz de KBR respondió por correo electrónico que la “afirmación general de que KBR haya dañado a sabiendas a soldados carece de fundamento.” KBR, dice, no operó la mayor parte del pozo de quema de Balad, y el resto se hacía bajo la dirección de los militares.
Según el artículo del 12 de junio de 2009 en el Post and Courier: “Pozo de quema causó heridas, dice demanda: La eliminación de desechos tóxicos es inadecuada, afirman soldados,” también hay un centro de reciclaje dirigido por iraquíes en la base Balad. Los iraquíes seleccionan reciclables arrojados al pozo de quema –como las casi 90.000 latas de aluminio producidas a diario en la base– y los revenden en el mercado local.
¿Se suman simplemente las emisiones de esos pozos de quema y el material del centro de reciclaje al cóctel tóxico que ya inunda Iraq?
Los hospitales de Faluya informan de una ola de recién nacidos con deformidades crónicas y cánceres. El doctor Bassam Allah, jefe del pabellón infantil de Faluya, insta a los expertos internacionales a que tomen muestras de suelo en toda la región, y a los científicos a que comiencen una investigación de las causas de tantas dolencias. “Semejantes anormalidades,” dice, se “adquieren por las madres antes o durante el embarazo.
El Guardian británico informa de que los doctores en Faluya, “están tratando hasta 15 veces la cantidad normal de deformidades crónicas que pueden relacionarse con materiales tóxicos abandonados en los combates… de dos admisiones [al hospital] por quincena hace un año a dos diarias en la actualidad.” La mayoría de las deformidades son en la cabeza y en la columna vertebral… y “también hay un aumento muy pronunciado en la cantidad de casos de [niños] de menos de dos años con tumores cerebrales.”
La pediatra Samira Abdul Ghani mantuvo registros detallados durante un período de tres semanas y reveló que 37 bebés nacieron con anomalías, muchos con defectos del tubo neural que llevan a que se encuentre masa encefálica en la columna y a extremidades inferiores disfuncionales.
También se han citado grupos anormales de tumores infantiles en Basora y Najaf –áreas que en el pasado también fueron zonas de intensos combates en los que se utilizaron grandes cantidades de municiones modernas.
Los hospitales de Bagdad también reciben niños pequeños con cánceres fuera de lo común. Visité el pabellón de oncología pediátrica de Al Mansour en enero de 2004. Las madres amamantaban a niños con leucemias, neublastomas, linfoma no Hodgkin, y otros cánceres pocas veces vistos en niños pequeños. Padres iraquíes vendían sus coches, sus casas, y otras posesiones para pagar la quimioterapia cuyos componentes se negaba a suministrar EE.UU. porque, afirmaba, eran ingredientes potenciales para la fabricación de Armas de Destrucción Masiva.
Los doctores en Faluya repiten lo que escuché de doctores en Bagdad: se muestran renuentes a establecer vínculos directos con contaminantes químicos de la zona de guerra. “Simplemente todavía no tenemos las respuestas… Necesitamos fondos para realizar estudios científicamente exactos.”
Los bebés de Bagdad no fueron, claro está, víctimas de las batallas de mayo y noviembre de 2004 en Faluya. ¿Son víctimas de las sanciones económicas de los años noventa? ¿O víctimas de contaminantes de los continuos bombardeos sobre las zonas de no vuelo durante el mismo período? ¿O víctimas de contaminantes llevados por el aire producido por petróleo ardiente durante la Primera Guerra del Golfo? Soldados de EE.UU. siguen sufriendo del Síndrome de la Guerra del Golfo de modo que ¿por qué iban a ser inmunes los niños de la región? ¿Tienen más suerte los iraquíes en la recepción de compensacioes por sus enormes desastres sanitarios que los vietnamitas? ¿O será su sufrimiento similar al de los vietnamitas e ignorado en el furor por la exposición de los soldados estadounidenses? ¿Y Kuwait? ¿Y Bosnia? ¿Y Gaza? ¿Y Afganistán?
Durante más de ocho años el gobierno de EE.UU. ha sostenido la falacia de que es necesario bombardearbar Afganistán, de que se trata de una guerra “justa” contra el terrorismo. El juicio contra KBR incluye pozos de quema en Afganistán y es cuestión de tiempo que el mundo conozca los efectos sobre soldados y civiles en ese país. Es probable que la ola de deformidades en recién nacidos afganos no se detecte durante períodos más largos que en Iraq, ya que muchos bebés afganos nacen en casa y en regiones remotas. Un nuevo estudio de la organización benéfica independiente basada en EE.UU. Save the Children dice que mueren 60 de cada 1.000 bebés afganos; ya representa una de las mayores tasas de mortalidad infantil en el mundo.
Cuando comencé a investigar el modo de pensar militar, sostuve que grandes instituciones son inherentemente caóticas, que la administración de millones de hectáreas de bienes raíces militares en todo el mundo y del personal que las ocupa –y sus cadenas de aprovisionamiento– dan lugar a errores inevitables y que los responsables de los dineros públicos cometen, ocasionalmente, flagrantes errores que prefieren ocultar.
Pero, nosotros el pueblo, ya no podemos mantener esa forma de pensar y esa cultura. Nosotros el pueblo, hemos llegado al callejón sin salida de nuestra “expansión hacia occidente.” Ya no hay hacia dónde ir. Debemos dar vuelta y enfrentarnos… a nosotros mismos. Debemos comenzar el verdadero trabajo de reconocer nuestra compleja humanidad e interdependencia mutua… y responsabilizarnos por nuestra gloria innata… y vanagloria, intoxicación propia, denegación, egoísmo y nuestras características menos que perfectas que trascienden las fronteras políticas.
Al reconocer la evidencia incontrovertible en el arca de degradación que es la guerra debemos aceptar nuestra responsabilidad por ella… y asegurarnos de que ya no contaminemos nuestro mundo o a su gente.
………
Susan Galleymore es autora de “Long Time Passing: Mothers Speak about War and Terror,” presentadora de Raising Sand Radio de la Universidad Stanford, ex “madre militar” y ex abogada por los derechos de los soldados. Para contactos: media@mothersspeakaboutwarandterror.org.
Fuente: http://www.counterpunch.org/galleymore12012009.html
viernes, 4 de septiembre de 2009
A treinta años del final de la guerra de Vietnam
Homenaje a Indochina (III)
Rafael Poch-de-Feliu
La lluvia que sigue quemando
Vietnam recibió 83 millones de litros de defoliantes, entre 1961, cuando Kennedy aprobó su uso, y 1971. Fue una verdadera lluvia química de diez años destinada a destruir el entorno natural que protegía y daba alimento al ejército regular del norte y a las fuerzas del Viet Cong. Según la cifra del la Universidad de Columbia, el 65% de esos herbicidas contenían dioxina, una conocida sustancia cancerígena que se transmite a las siguientes generaciones a través de la leche materna.
"El cielo quedaba invadido por una especie de bruma, por la mañana veíamos caer las hojas y los brotes quemados. Poco a poco los árboles alrededor de nuestra posición se morían, completamente quemados y cada vez nuestra unidad buscaba un nuevo boque para esconderse. La escena se repetía por doquier", recuerda Vo Ta Huong, un combatiente de la provincia de Quang Tri, citado por el dossier sobre el agente naranja publicado en marzo del 2005 por la Asociación de periodistas de Vietnam. (La versión del dossier en francés, inglés y vietnamita, en: www.esj-lille.fr/article.php3?id_article=125)
Resultó afectado entre el 10% y el 25% del territorio de Vietnam, especialmente en la zona centro y sur. El ministro de trabajo, Nguyen Thi Hang, reconoce que no disponen de una cifra concreta de afectados, en el 2000 se estimaba en un millón, hoy se habla de hasta cinco millones. La estimación de la Cruz Roja es de que "hay tres millones de personas sufriendo varias enfermedades e incapacidades relacionadas con el agente naranja", dice su representante en Haiphong, Marianne van den Berg. En el país hay cinco grupos de malformaciones congénitas particularmente frecuentes; en la columna vertebral, miembros, senos, siameses, el labio leporino y la raja palatina. Las víctimas de primera, segunda y hasta tercera generación, es decir hijos y nietos de personas contaminadas durante la guerra, se cuentan por miles. En Da Nang 7.500 victimas, incluidos 2.400 niños de segunda generación y 43 de la tercera, según Cruz Roja; en Quan Nam, 20.000 contaminados o sospechosos de estarlo; 28.000 ex combatientes enfermos en Thai Binh, la provincia del delta del Río Rojo, según la asociación de veteranos local; 27.500 víctimas estimadas en la de Quang Nam...
Mas de 3,3 millones de hectáreas, mayormente de bosque, fueron afectadas por agentes tóxicos y más de un millón de hectáreas resultaron áridas o no aptas para el cultivo, cuando todo el territorio de Vietnam del Sur asciende a 17 millones de hectáreas.
"Después de la guerra la reforestación de las zonas destruidas por los agentes químicos dio buenos resultados, pero para que el medio ambiente se restablezca totalmente todavía harán falta ochenta o cien años", dice Phung Tuu Boi, director del Centro de protección de la naturaleza.
Ni reparaciones, ni disculpas
A diferencia de Irak, obligado a pagar en petróleo todas las indemnizaciones por la guerra de 1990-1991 contra Kuwait, Estados Unidos no ha pagado un céntimo en concepto de reparaciones por la guerra contra Vietnam de 1964-1975. Los acuerdos de París del 27 de enero de 1973, que formalmente pusieron fin a la guerra, estipularon una fórmula algo ambigua al respecto ("de acuerdo a su política tradicional, Estados Unidos aportará su contribución a la labor de curar las heridas de guerra") que incluía la formación de una comisión mixta. Los vietnamitas hablaban de "reparaciones de guerra", mientras que los estadounidenses sólo admitían contribuciones voluntarias delimitadas por ellos mismos. En julio de 1973, la comisión suspendió sus reuniones, que no volvieron a celebrarse más.
En 1994, Estados Unidos levantó el embargo comercial contra Vietnam y un año después restableció relaciones diplomáticas, pero en el 2005 el Departamento de Estado ha vuelto a amenazar a Vietnam con sanciones económicas alegando, "restricciones a la libertad religiosa".
"Los estadounidenses critican a Vietnam por su aplicación de la democracia y de los derechos del hombre, pero la cuestión de las víctimas del agente naranja es un atentado mucho mayor a los derechos humanos", dice la señora Nguyen Thi Binh, ex vicepresidenta de la República.
En Estados Unidos no existe nada parecido, a nivel oficial o en la prensa, a una polémica sobre las responsabilidades de guerra. No ha habido disculpas. En vísperas de la primera gira asiática de la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, en marzo de 2005, sus colaboradores explicaban a la prensa en Washington que el compromiso de Estados Unidos con la libertad en Asia se había manifestado históricamente con "tres guerras libradas en ese continente en el siglo XX". Una era la Segunda Guerra Mundial, la otra la de Corea y la otra la de Vietnam.
La del entonces vicesecretario de Estado Strobe Talbot de finales de los noventa, fue la última visita de un alto funcionario estadounidense a Laos. Talbot estuvo en la provincia de Xiang Juang, donde los B-52 no dejaron en pie "ni una sola construcción humana". "Le explicamos la situación y cuando intervino dijo: "hay que olvidar el pasado y orientarse al futuro", explica un cooperante británico que participó en aquella sesión. Para Laos, olvidar la guerra bíblica que vivió, sería algo comparable al olvido de armenios o judíos de las masacres sufridas en el siglo XX.
Ex funcionario del Departamento de Estado en Saigón, el veterano profesor de la Universidad de Pennsylvania está considerado como uno de los grandes expertos estadounidenses en Vietnam. Es un erudito, pero en su "Diccionario Histórico de Vietnam" de 350 páginas, rico en todo tipo de detalles, no hay lugar para conceptos como "Napalm", "B-52", "Agent Orange", "Vietnam War", "Casualties", o "Bombing". (William Duiker, "Historical Dictionary of Vietnam", Londres 1998)
"Nunca han pedido excusas, ni mucho menos han pagado compensaciones, la mayoría de los estadounidenses no saben nada de esta guerra. Puede que oyeran algo sobre la de Vietnam, pero no de ésta, porque fue una guerra secreta. Cuando vienen estadounidenses, incluido delegaciones oficiales y les explico nuestra situación con la munición no explosionada, quedan sorprendidos", dice el director de UXO-LAO, Bounpone Sayasenh.
En nueve años, EE.UU. lanzó en Laos bombas por valor de 7.200 millones de dólares, una media de más de 2 millones de dólares diarios. Hoy UXO-LAO, cuyo presupuesto anual es de 4 millones de dólares, recibe 1,2 millones anuales de Estados Unidos. Washington se gasta 100 millones de dólares al año en busca de restos de sus soldados caídos en todo el mundo. Frecuentemente algunos de esos equipos de buscadores visitan Laos. "Vienen hasta con máquinas de hacer helados, a provincias en las que no hay ni electricidad y la gente es verdaderamente pobre", explica un cooperante.
Washington no da información precisa sobre localización de bombas no explotadas en Laos: "Si para encontrar los restos de sus soldados excavan en lugares precisos que conocen, hay que suponer que también disponen de la misma información sobre las bombas. Puede que no tengan esa información o puede que no quieran darla. Cuando nos dirigimos a la embajada estadounidense para que informe del contenido de una bomba, una información importante para desactivarla, no vemos voluntad de ayuda", dice Sayasenh.
En diciembre del 2003 en Vietnam se creó una Asociación de víctimas del agente naranja y la dioxina. El 30 de enero del 2004, la asociación interpuso pleito contra 37 compañías químicas de EEUU en el tribunal federal de Brooklin, el mismo que en mayo de 1984 anunció un arbitraje por el que las compañías Dow Chemical, Monsanto, Occidental Chemical y otras, indemnizaron a los excombatientes estadounidenses víctimas del agente naranja.
"Cuando los fabricantes de defoliantes aceptaron indemnizar a los veteranos estadounidenses en 1984, nos planteamos la pregunta: ¿y por qué no las víctimas?", dice Luu Van Dat, 84 años, abogado de la Asociación vietnamita. La Asociación era consciente de que un pleito contra sociedades estadounidenses, ante un tribunal estadounidense y bajo la dirección de un juez estadounidense es, "una batalla librada en el terreno del adversario". A pesar de todo, hubo decepción cuando, el 20 de marzo de 2005, el tribunal rechazó el pleito. Ex combatiente, hoy residente en Haiphong, con un cáncer hepático diagnosticado en el 2003, Nguyen Van Quy, explica a los periodistas de la Asociación profesional vietnamita su reacción a la decisión judicial.
"Cuando me enteré, estaba triste y decepcionado. Es injusta, pero no nos rendimos. En nombre de la justicia y de la igualdad, apelaremos, podrá durar un año o dos, incluso después de mi muerte mis compañeros, mis hijos continuarán reclamando justicia porque nuestra causa es justa".
A su lado sus dos hijos inválidos. El varón, de 17 años, emite gruñidos inarticulados desde su silla de ruedas. La hija, sordomuda de 16 años, sonríe enajenada, abriendo su gran boca y mostrando una dentadura mal implantada. Hace 35 años, el padre, entonces un soldado adolescente, bebía agua y comía raíces de yuca contaminadas en el frente de las provincias centrales del país.
Secretos y mentiras imperiales
El 4 de agosto de 1964 por la mañana, Daniel Ellsberg, ex oficial de marines y antiguo analista de la "Rand Corporation" que había sido contratado como adjunto al vicesecretario de Estado para trabajar en el Pentágono, recibió en su oficina un cablegrama del Capitán John Herrick, Comandante de la flotilla de dos destructores que patrullaban el Golfo de Tonkin, en el extremo norte de Vietnam. Dos torpedos habían sido lanzados contra sus barcos, el "Maddox" y el "Turner Joy", por patrulleras norvietnamitas. Diez minutos después, un nuevo mensaje: "estoy bajo continuo ataque de torpedos". Los barcos habían respondido disparando por radar, sin contacto visual, pues era noche cerrada, y, al parecer, habían destruido una embarcación atacante. Dos días antes, patrulleras vietnamitas habían "atacado" al "Maddox" lanzándole torpedos que no le alcanzaron. La noche del día 4, el Secretario de Defensa McNamara anunció a la prensa que Vietnam del Norte había atacado, "por segunda vez en dos días" a buques estadounidenses que realizaban "patrullas de rutina en aguas internacionales", lo que constituía, "un acto de cruda agresión no provocada". El 7 de agosto, el Congreso adoptaba la "Resolución del Golfo de Tonkin" autorizando al Presidente a tomar "todas las medidas necesarias para prevenir más agresiones". Todo era mentira.
El 4 de agosto no había ocurrido nada en el Golfo de Tonkin. Al mensaje de Herrick, sucedieron otros desconcertantes, en los que el Capitán se desdecía de todo lo anterior, citaba errores en el sonar de a bordo, y proponía una investigación. Lo del día 2 había sido una provocación, absolutamente real. Una misión de inteligencia llamada "DeSoto" en la que los barcos estadounidenses se habían metido deliberadamente a ocho millas de la costa (las aguas vietnamitas se extendían hasta 14 millas) en busca de pretextos para la guerra. Días antes, el 30 y el 31 de julio, barcos estadounidenses habían bombardeado dos islas costeras vietnamitas, al sur del Río Rojo, en otro operativo organizado por la CIA. Los objetivos de los bombardeos aéreos de la "legítima respuesta a la provocación de Tonkin", ya estaban preparados desde el mes de mayo.
En 1964, los "casus belli" cocinados por la CIA, como el falso "incidente del Golfo de Tonkin", daban unánimes titulares en prensa y televisión, como hoy ocurre con la "amenaza norcoreana", el "peligro chino", o las "armas de destrucción masiva" de Irak.
Alrededor de aquella mentira concreta y puntual, había un aparato conceptual más complejo, sobre el que políticos, intelectuales y periodistas, fabricaban o hacían sus aportaciones a un consenso belicista. Como hoy ocurre con la "lucha contra el terrorismo", los "estados fallidos", o el "eje del mal", los conceptos de entonces tenían poco que ver con la realidad, con los problemas reales de la humanidad, pero funcionaban.
Enunciada por primera vez por Eisenhower, la teoría del "efecto dominó" advertía que si se perdía Vietnam, toda Asia seria conquistada por el comunismo. El "expansionismo chino", que fustigaba el complejo de fortaleza asediada de Mao, convencido de la inevitabilidad de un ataque contra su país con armas nucleares, era el peligro regional en Asia. El "expansionismo soviético" era su homólogo global. El Profesor de Harvard Samuel P. Huntington, que hoy habla del "conflicto de civilizaciones", proponía entonces la "urbanización" forzada de Vietnam del Sur, "dirigida a convertir aquellas partes del país no controladas por el ejército de Estados Unidos, en desiertos marcados por los cráteres de las bombas, en los que no crecía vegetación, con lo que, privados de medios de sustento, millones de campesinos tuvieron que buscar refugio en las ciudades sin más remedio que engrosar las filas del ejército títere y de la policía", recuerda el historiador vietnamita Nguyen Khac Vien. (En, Vietnam, a long History, Hanoi, 2004).
Uno de los aspectos más interesantes del libro de Ellsberg es su descripción de lo que hoy ocurre... hace 30 años. Todo ese mundo administrativo de Washington en el Pentágono y el Departamento de Estado, sus mecanismos políticos y sicológicos; "un aparato de secretismo construido sobre eficaces procedimientos, prácticas e incentivos carreristas, que permitían al Presidente elaborar y ejecutar una política exterior secreta, hasta un nivel que va mucho más allá de lo que cualquier ajeno relativamente bien informado, incluidos periodistas y miembros del congreso podían imaginar".
"Se ha convertido en lugar común", dice Ellsberg, "afirmar que, "en Washington no se puede guardar secretos", o que, "en democracia, por muy delicado que sea el secreto, acabas conociéndolo al día siguiente en el "New York Times". Estos tópicos son completamente falsos. De hecho hay maniobras encubiertas, modos de engañar y despistar a los periodistas y a sus lectores, que forman parte del proceso de mantener bien guardados los secretos. Claro que de vez en cuando algunos secretos afloran, lo que no ocurriría en una sociedad completamente totalitaria, pero el hecho es que la abrumadora mayoría de los secretos no se filtran al público americano". Para el funcionario que trabaja dentro de esa máquina, sometido a un trabajo exhaustivo y disciplinado, con un ritmo de trabajo trepidante que salta constantemente de un asunto de estado a otro, en una sucesión de crisis a dedicación completa con poco tiempo libre para la reflexión y la vida familiar, toda esa dinámica resulta en una particular actitud sicológica y en una especie de "erótica laboral-intelectual". En primer lugar, está la sensación de pertenecer a una casta aparte, la de quienes tienen acceso a la "información clasificada", en segundo la inutilidad de discutir los asuntos generales de la política con la gente común, ignorante de datos esenciales de cada situación, explica Ellsberg.
"Una vez dentro del gobierno, mi conciencia de la facilidad y reiteración con la que el Congreso, la opinión pública y los periodistas eran burlados y despistados, contribuyó a una falta de respeto hacia ellos y su potencial contribución a una política mejor" (...) "Todo era emocionante, el increíble ritmo y la narcosis interna, te hacían sentir importante, plenamente comprometido y con una gran dosis de adrenalina. Producía una clara adicción. Pese a las semanas de setenta horas laborales y a la ausencia de vida familiar que imponía, la gente se enganchaba a ese tipo de trabajo. Si un cambio de administración los hacía saltar, la mayoría procuraba mantenerse disponible para poder regresar, a esos cablegramas y crisis. (...) Era muy difícil que alguien sin acceso a esas informaciones te aportara algo. Cuando escuchabas sus argumentos, pensabas para tus adentros: "¿qué me diría éste si supiera lo que yo se?, ¿me daría el mismo consejo, o cambiaría por completo sus planteamientos?". Y ese ejercicio mental es tan tortuoso que al cabo de un tiempo dejas de escuchar a los otros. Eso era lo que hacían mis superiores, mis colegas y lo que hacía yo mismo".
Ellsberg fue una pieza imperfecta de un orwelliano engranaje, infinitamente más sofisticado, eficaz y engrasado, que todo lo que pudimos percibir en los pasillos del poder soviético y ruso en los años ochenta y noventa, cuando el otro gran imperio del mundo bipolar reventó, enseñándonos sus tripas y más ocultas vergüenzas. Ellsberg decidió arriesgarlo todo y divulgar los secretos, mentiras y engaños contenidos en los papeles a los que tenía acceso. El 1 de octubre de 1969 comenzó a fotocopiar el informe secreto de 7.000 páginas sobre la guerra del Pentágono. En junio de 1971 después de que varios senadores por él consultados eludieran meterse en asunto tan espinoso, entregó los documentos al "New York Times". Quince días después fue detenido por el FBI, acusado de 12 delitos y enfrentado a una condena de 115 años de cárcel. Cintas divulgadas posteriormente revelaron que Nixon encargó a una banda de matones para que "incapacitaran" y "rompieran las dos piernas" al "bastardo". Las cintas muestran conversaciones entre Nixon y Kissinger sobre Ellsberg que recuerdan a las de dos truhanes hablando de un adversario al que hay que "eliminar". Con ayuda de la prensa, los servicios secretos iniciaron una campaña de acoso y desprestigio, entraron en la consulta de su psicoanalista en busca de datos comprometedores, lo presentaron como un mujeriego, lo dejaron sin trabajo, pero los cálculos no salieron. El escándalo "Watergate", no un escándalo por crímenes de guerra o contra la humanidad, sino un asunto banal de escuchas a adversarios políticos, acabó hundiendo a la administración Nixon, y salvó a Ellsberg. El juez encargado del caso acabó poniéndole en libertad sin cargos. Desde entonces, Ellsberg es considerado un "traidor" por el establishment que continua utilizando y perfeccionando todo aquello que este hombre honrado, digno representante de lo mejor de su país, denunció con valentía hace más de treinta años.
EEUU, la república enferma
Todo lo dicho conduce a la cuestión esencial. La pregunta sobre la lógica que dio lugar a una guerra tan cruel y a la mayor serie de bombardeos de la historia. Preguntas también sobre la sociedad y sobre un aparato: ¿Cómo se aceptaba aquella política que masacró a centenares de miles de campesinos asiáticos en nombre de abstractos conceptos geopolíticos y nobles causas, utilizando mentiras y engaños? ¿Cómo la "sociedad más libre del mundo" se comía esos sapos, y cómo los intelectuales y burócratas de la administración podían participar, con entusiasta y eficaz dedicación, en algo así?
La Escuela (de filósofos) de Francfort analizó cosas parecidas respecto a la Alemania nazi. Sobre la URSS, cuyos mecanismos internos eran mucho más simples y tradicionales, también se ha escrito mucho. Lo que está por hacer es el psicoanálisis de Estados Unidos, un esfuerzo particularmente importante ahora, cuando tantos autores coinciden en que el ocaso imperial de Estados Unidos comenzó, precisamente en Vietnam, hace treinta años. (Véase, entre otros, Immanuel Wallerstein en "The Decline of American Power", 2003; Emmanuel Todd, en "After the Empire", 2003, o Chalmers Jonson, en "The Sorrow of Empire. Militarism, Secrecy and the End of the Republic", 2004).
Parte de la respuesta está en una sociedad fragmentada, asustada y violenta. Una sociedad provinciana e integrista, ajena a las grandes decisiones que una oligarquía empresarial-militar e imperialista toma en su nombre, lo que el profesor Noam Chomsky ha bautizado como "poliarquía" para distinguirlo de "democracia". El público ratifica esas decisiones, adoctrinado por unos intelectuales bien pagados y con un sentido enfermo de la moral y la justicia, así como por unos medios de comunicación, dominados por magnates y vinculados a grandes intereses. Todo ello es sumamente eficaz a la hora de presentar a la gente los nuevos peligros del momento, que requieren enormes gastos militares y continuas guerras para ser conjurados. Al mismo tiempo, en ese sistema hay un fondo de violencia dirigido hacia el interior, que en el caso de Vietnam vio como, en 1968, fueron asesinadas las dos principales figuras políticas antibelicistas de la nación: Martín Luther King, partidario de la "retirada militar inmediata", y Robert Kennedy, partidario de "detener los bombardeos".
Cuando ese psicoanálisis nacional se haga será inevitable detenerse en el concepto "imperialismo", siempre desagradable para la dominante publicística conservadora, pero absolutamente concreto y vigente para describir nuestro mundo, por mucho que la izquierda haya abusado de él, e incluso encubierto sus propios crímenes, dictaduras y vergüenzas con él.
Su definición más simple es el dominio y explotación de estados débiles por los más fuertes. El imperialismo es la causa raíz del racismo: para la gente que está en una posición de poder superior, "hay un salto mental muy corto hasta llegar a pensar que también son superiores en intelecto, moralidad y civilización", explica el historiador del imperialismo europeo David Abernethy. Por eso, el imperialismo ha emparentado históricamente a democracias con regímenes fascistas que afirmaban la "superioridad" de unas razas y naciones sobre otras, y permite que un sistema democrático en lo interno sea fascistoide en su conducta exterior.
En un libro escrito en una prisión británica entre abril y septiembre de 1944, Jawaharlal Nehru, fundador de la nueva India, constataba que, antes de la Segunda Guerra Mundial, "la política británica había sido casi ininterrumpidamente profascista y pronazi", y explicaba así la duplicidad europea: "Tras algunas de aquellas democracias había imperios en los que no había democracia alguna y donde reinaba el mismo tipo de autoritarismo racista que se asocia con el fascismo, así que era natural que aquellas democracias occidentales sintieran algún tipo de unión ideológica con el fascismo, por mucho que les disgustara algunas de sus expresiones más vulgares y brutales".
Hoy, sesenta años después de la consideración de Nehru, ya no hay regímenes fascistas declarados, pero la degeneración del estado de derecho y del pluralismo en las democracias por obra de la lógica imperialista y de los mecanismos descritos por Ellsberg, tiene una enorme actualidad.
Treinta años después de Vietnam, los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos han extraído un nuevo arsenal conceptual surrealista de los atentados del 11-S -cuyo autor fue uno de sus antiguos peones de la estrategia antisoviética y antiraní de los años ochenta- y han falsificado los pretextos para la segunda guerra de Irak, cometiendo fraude contra el Congreso y el pueblo de Estados Unidos.
"El hecho de que tal conducta ni siquiera haya sido mencionada, es una muestra más de la decadencia política generada por el imperialismo y el militarismo", observa Chalmers Jonson. Esa decadencia elevó a la categoría de suceso excepcional la indignación popular ocasionada en España por un gobierno mentiroso, el 11 de marzo de 2005. El gobierno cuya política exterior cómplice del belicismo se mantenía en contra de la opinión mayoritaria de la sociedad, ocultó la autoría de un atentado y fue castigado. Sólo la degeneración de las democracias actualmente en curso, pudo hacer pasar por excepcional lo que no fue más que un elemental ejercicio de democracia: la población echa al gobierno que le engaña.
Desde el cambio de siglo, en sólo cinco años, Estados Unidos ha librado dos guerras imperialistas, en Afganistán e Irak, y está contemplando la posibilidad de librar otras dos, en Irán y Corea del Norte. Su doctrina militar contempla el uso preventivo de armas nucleares en conflictos convencionales y fomenta la proliferación nuclear. El sistema cuyo norte es el beneficio privado, y el imperialismo, convierten más que nunca las democracias en regímenes degenerados. En ningún lugar de mundo es más necesaria que en Estados Unidos una de esas "revoluciones naranja" de la sociedad civil, sugiere el mismo autor.
"Una revuelta popular que retome el control del Congreso, que lo reforme junto con las corruptas leyes electorales que lo han convertido en un forum de intereses especiales, que lo convierta en una genuina asamblea de representantes democráticos, y que corte la provisión de dinero al Pentágono y a los servicios secretos. Tenemos una sociedad civil fuerte que, en teoría podría imponerse sobre los atrincherados intereses del ejército y del complejo militar industrial. A estas alturas, resulta difícil imaginar (al igual que el Senado romano de los últimos días de la república), de qué forma podría el Congreso ser resucitado y limpiado de su endémica corrupción. En defecto de tal reforma, Némesis, la diosa del desquite y de la venganza, castigadora del orgullo y la soberbia, espera, impaciente, para venir a nuestro encuentro".
Memoria sin rencor
Alguien me narra el siguiente diálogo entre el veterano estadounidense y el taxista en el aeropuerto de Saigón:
- "¿Americano?". "¿Primera visita a Vietnam?"- "No, la segunda". - ¿En qué año fue la primera? - "En 1967..."
Y ya con todo aclarado; "Bienvenido a Vietnam, señor".
Incluso en Hanoi, muchos taxistas y conductores usan una almohadilla en sus asientos con los colores de la bandera estadounidense. ¿Por qué no hay rencor ni resentimiento en Vietnam?
"Bueno, los jóvenes tienen cosas mejores en qué pensar y a los mayores no siempre les gusta recordar aquella época tan dura y desgraciada", me dicen.
En Laos, la impresión es que se ha impuesto el puro olvido. En Vientian, el único libro sobre la guerra que se encuentra en inglés en las librerías es "Air América", de Christopher Robbins, una obra más bien apologética centrada en los pilotos de la CIA, que presenta sus acciones en un ambiente desenfadado, y que inspiró la película, casi humorística, de Hollywood del mismo título, con Mel Gibson como protagonista.
¿Hay olvido en Vietnam?
"No olvidamos, pero perdonamos", dice el profesor de Hanoi, Le Van Hao. El estado se encarga de mantener viva la memoria. La guerra ha sido incorporada a la industria turística nacional, hay una gran diferencia con Laos. En el Museo militar de Hanoi, las visitas de las escuelas se suceden una tras otra. Los niños y los jóvenes escuchan con atención y respeto. "Están bastante bien informados", dice el teniente coronel Ngo Ban, que, tras pensar un rato, responde así a la pregunta sobre la ausencia de rencor y resentimiento:
"Hoy queremos paz y desarrollo, ¿para qué necesitamos odio?"."Nunca hay que responder al castigo con el castigo, pues en ese caso el odio no se acabaría nunca. Eso nos viene de muy lejos", dice. Esa es la actitud psicológica general. Respecto a la posición política: "No habrá reconciliación real hasta que Estados Unidos adopte otra actitud", dice el profesor.
Treinta años después, los vietnamitas siguen dando lecciones de alcance universal.
martes, 21 de julio de 2009
Falleció el criminal de guerra McNamara

21 de julio de 2009
Fernando A. Torres
"En marzo de 1945 estuve en la isla de Guam (bajo el mando del General Mayor Curtis E. LeMay). En esa sola noche calcinamos a cien mil japoneses en Tokio. Hombres, mujeres, y niños".
El documentalista Errol Morris sigue preguntando: “¿Estaba usted en conocimiento de que esto iba a pasar?” “… Yo era parte del mecanismo que de alguna forma lo recomendó… Yo analizaba operaciones de bombardeos y como hacerlas mas eficientes. Escribí un informe sobre la eficiencia de las operaciones de los bombarderos B29. (Estos vuelan a gran altura) por sobre el alcance de las defensas antiaéreas de esta forma el promedio de pérdidas era menor. El problema fue que el promedio de eficiencia (de los bombardeos) fue también menor“… LeMay dijo que si perdíamos, todos íbamos a ser procesados como criminales de guerra y creo que estaba en lo cierto. El, y yo diría yo, nos estábamos comportando como criminales de guerra. Si su bando perdía, LeMay reconoció que lo que estaba haciendo sería descrito como inmoral. ¿Pero que es lo que lo hace inmoral si pierdes o no inmoral si ganas?” McNamara en el documental La Niebla de la Guerra: Once Lecciones de la Vida de Robert S. McNamara (The Fog of War: Eleven Lessons From the Life of Robert S. McNamara. 2003)Nunca antes en la historia de la humanidad un nombre ha estado asociado a tanta muerte y destrucción. Los crímenes del ex-presidente de Liberia Charles Taylor, juzgado hoy con gran pomposidad por un tribunal de guerra internacional, son pestañeos si se comparan al genocidio cometido en Indochina bajo el mando de Robert Strange McNamara.Sin embargo el “raro” ministro falleció a los 93 años la mañana del 6 de Julio en su casa de la ciudad de Washington - sin haber pisado tribunal alguno. (El segundo nombre de McNamara “Strange” también significa en inglés raro, peculiar. Apodo con el cual fue descrito por variadas fuentes de la época.)Designado como máximo jefe del Pentágono por John Kennedy en 1961, el “burócrata cerebral” que vivió el resto de sus días totalmente desasociado de las consecuencias humanas de sus actos, condujo la guerra de Vietnam tal como dirigió la compañía automotriz Ford. Obsesionado con los análisis estadísticos y las evaluaciones comparativas, McNamara fue, como dijera el escritor Noam Chomsky un “lerdo y estrecho tecnócrata que no cuestionó nada. Simplemente aceptaba el contexto de creencias de los que lo rodeaban.” Class Warfare. David Barsamian, 1995.En 1945 - antes que se lanzaran las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki - McNamara participó activamente en ese mismo “mecanismo” que destruyó con bombas incendiarias napalm 67 ciudades japonesas. El infierno suscitado dejó a más de 1.5 millones de civiles calcinados. Desde entonces los japoneses conocen al General LeMay como “El Demonio.” El mismo McNamara diría mas tarde que aquello “fue un crimen de guerra.”La “Guerra de McNamara” (1964 – 1975), la multimillonaria, desastrosa y fatídica intromisión estadounidense en Indochina, terminó con una humillante derrota militar, con la victoria y reunificación de Vietnam y con un total de casi cinco millones de vietnamitas (de ambos lados) y 67 mil soldados estadounidenses muertos (incluidos mas 9 mil suicidios que continúan hasta el día de hoy).Bajo la sombra del silencio, McNamara se negó a hablar públicamente por muchos años. En una de sus escasas entrevistas le dijo a la Revista Times que nunca pensó que el bárbaro bombardeo a Vietnam del Norte, sin paralelos en la historia de la humanidad, iba a funcionar. Sin embargo lo ordenó “porque teníamos que probar que, numero uno, no funcionaría y (porque) otras personas pensaron de que si funcionaría.” Times Magazine, 1991.“Nosotros los de la presidencia de Kennedy y Johnson procedimos de acuerdo a lo que creíamos eran los principios y tradiciones de nuestro país. Pero nos equivocamos. Nos equivocamos terriblemente.,” confesó en una entrevista a Prensa Asociada en 1995.El Chico sabioHijo de un vendedor de zapatos al mayoreo, McNamara nació en 1916 en San Francisco, California. Se graduó de la Universidad de California en Berkeley en donde estudio matemáticas, economía y filosofía. Fue profesor en la Escuela de Comercio de la Universidad Harvard, el mismo plantel de donde más tarde saldría arrancando por oscuras cloacas debido a una gran protesta estudiantil en contra de la guerra.Durante la Segunda Guerra Mundial McNamara entrenó a oficiales del ejército en el control estadístico de gastos. En 1943 ingreso al ejército para implementar un plan estadístico de control de suministros. En 1946, con un grupo de colegas, McNamara ingresa a la compañía Ford en donde logra ser el primer presidente sin una relación familiar con el magnate Henry Ford. Conocido como los “chicos sabios” el grupo revitalizó la compañía introduciendo nuevos métodos de conducción y producción.Por doce años, hasta su jubilación en 1981, McNamara se desempeño como Presidente del Banco Mundial, una institución internacional conocida por las estrictas condiciones que imponen a sus países deudores y que han sido verdaderas intromisiones y forcejeos en los asuntos políticos internos. Durante ese periodo el banco triplicó los préstamos a países subdesarrollados y cambió su énfasis del apoyo a proyectos industriales a los de desarrollo rural.Alguna vez McNamara dijo no saber si se retiró o fue despedido como ministro. Johnson, presionado por las protestas en contra de la guerra y las maniobras políticas de las elecciones presidenciales, lo habría despedido “caballerosamente.” En una ceremonia de retiro en 1968, McNamara, aparentemente emocionado no pudo hablar. En seguida Johnson lo sacó de lugar abrazado.Inicios de la doctrina de seguridad nacionalComo Ministro de Defensa, 1961 – 1968, en los gobiernos de John Kennedy y Lyndon Johnson, McNamara aumentó el presupuesto de guerra a 75 billones (1968), incorporó civiles analistas e instaló sistemas computarizados de análisis de presupuestos.La invención del ataque en el Golfo de Tonkín en 1964, que fue el pretexto para iniciar la guerra abierta en Vietnam, fue la madre de todas las mentiras subsiguientes y lección básica para los neocons, los guerreros conspiradores de corbata del régimen Bush. El ficticio ataque a buques norteamericanos por fuerzas del Viet Cong, según McNamara, no les dejó otra alternativa que comenzar la guerra. Al igual que Dick Cheney, Colin Powell y Donald Rumsfeld, McNamara fue pieza clave en la venta de esta mentira al Congreso y al pueblo estadounidense, el pretexto para la guerra.Sin embargo y a pesar de sus dudas sobre el progreso de la guerra, en sus declaraciones posteriores el contradictorio McNamara continúo expresando públicamente su confianza en el poder masivo de fuego en contra de los vietnamitas comunistas para “lograr la paz”. En 1967 la cifra de muertos y heridos estadounidense había subido de 1.466 a más de 100 mil.A pesar de que la Teoría del Dominó, argumentada por Kennedy, reconocía la confrontación global con la Unión Soviética, Kennedy y McNamara prefirieron una doctrina de “respuesta flexible,” una doctrina militar de “respuesta/venganza masiva.Era preferible prevenir la derrota del llamado “mundo libre” a través guerras focales limitadas que les ofrecieran las posibilidades de variadas opciones en vez de “repliegues deshonrosos o respuestas/venganzas ilimitadas.” Después de un detallado análisis de los desafíos militares McNamara concluyó en 1961 que era preferible preparar el poder militar de los Estados Unidos para estas guerras limitadas.Esta estrategia de confrontar al enemigo mayor a través de la lucha y derrota del enemigo menor, fue uno de los mayores errores de los subsiguientes gobiernos estadounidenses. Simplemente no fueron capaces de reconocer como legítimas las luchas locales anticolonialistas de liberación e independencia que se daban a través de todo planeta.En la confrontación con la Unión Soviética y el poderío nuclear, McNamara fue conocido como uno de los principales proponentes de la política de disuasión nuclear mutua (mutual nuclear deterrence), basada en el reconocimiento de que una confrontación nuclear terminaría con la destrucción de ambos poderes. Durante la Guerra Fría esta política se conoció como Destrucción Mutua Asegurada, Mutually Assured Destruction (MAD, sigla que en ingles significa “locura”).McNamara aumentó las capacidades de transporte militar para el despliegue rápido de personal militar y aumentó los fondos para la investigación espacial militar. Entre otras variadas instancias y organizaciones de comando militar y de inteligencia, McNamara estableció el Comando de Ataque para responder de una manera rápida y “decidida y con la fuerza que fuese necesaria a cualquier amenaza en contra de la paz en cualquier parte del mundo.”Casi 50 años más tarde esta teoría fue desempolvada y retocada: La “estrategia de seguridad nacional” ideada por los neoconservadores antes de que Bush asumiera la presidencia, fue el establecimiento del país como la superpotencia militar global. Cuando Bush la firmó en el 2002, esta estrategia se convirtió en la amenaza oficial al resto del mundo: Los EEUU se atribuyen el derecho del ataque preventivo a cualquier nación.Un sangriento análisis de sistemasPara tomar importantes decisiones militares y de logística, McNamara estableció un sofisticado sistema burocrático de evaluación. En este análisis de sistemas, la palabra “sistemas” significa que toda decisión debe ser considerada en el más amplio contexto y “análisis” quiere decir que para entender un problema complicado es necesario desmenuzar todas las partes que lo componen.McNamara utilizó analistas civiles para aplicar puntos de vistas balanceados e independientes. Sin embargo este sistema no fue muy bien recibido por los militares. Se sospechó que los analistas civiles manipularon la información para apoyar las decisiones que McNamara ya habría tomado. Compleja y abultada, las conclusiones de la información producida - disponible a cualquiera - nunca pudieron ser cuestionadas.Quizás una de las más trágicas y sangrientas políticas de McNamara en Vietnam fue su decisión de aplicar una estrategia de estadísticas. Con un número limitado de combatientes del Viet Cong, una guerra de agotamiento los derrotaría. McNamara aplicó una métrica, el conteo de muertos (body count), para determinar cual cerca se estaba del triunfo militar.Presionados por esta maquiavélica política los mandos medios ejercieron presión a sus subalternos para aumentar a toda costa el número de bajas enemigas. Se estima que esta “métrica” produjo varias horribles matanzas.Después de una extensa investigación, el periodista Nick Turse escribe para la revista The Nation: “…he podido confirmar las espantosas declaraciones del sargento (George Lewis). La investigación describe un cuadro desgarrador de las masacres contra civiles, a una escala que deja chico la masacre de May Lai y muestra los encubrimientos entre los más altos niveles del ejército.“Los asesinatos no fueron accidentes o aberraciones si no el resultado de directrices de la comandancia que transformaron el Delta Mekong en zonas donde se podía disparar libremente en el implacable esfuerzo por alcanzar el mas alto conteo de muertos. Mientras la carnicería en el Delta no comienza ni termina con la operación Speedy Express, esta nos ofrece una nueva y dura versión de la despreciable matanza que ejemplificó las acciones de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam.“Un indicio de que algo terrible había sucedido en el Delkta Mekon, apareció en una insospechada fuente: un informe desclasificado sobre unas declaraciones de un alto oficial en septiembre de 1969… el Mayor General Julian Ewell fue conocido al interior del ejército con el “Carnicero del Delta” por su obsesiva fijación en el conteo de muertos.” (Un “May Lai” al Mes, por Nick Turse / A My Lai a Month. The Nation Magazine. Diciembre 1, 09)Los liberales KennedyLas fútiles críticas posteriores a su propia guerra fueron cortinas históricas que encubrieron las verdaderas consecuencias de sus atroces errores y despreciable accionar. La periodista Deborah Shapley recuerda a McNamara en su libro biográfico Promesa y Poder (1993) como un hombre con una necesidad de manipular la verdad.“Esos son los liberales Kennedy,” dice Chomsky. “No podemos cometer crímenes. Es una contradicción en los términos. Todas las cosas que hacemos las hacemos por necesidad no solo correcta pero también noble. Por lo tanto no puede haber crimen. Si usted ve la mea culpa (de McNamara), él le esta pidiendo disculpas al pueblo estadounidense. Él envió a soldados estadounidenses a pelear una guerra perdida. (Desde el comienzo) pensó que la guerra no se ganaría. El costo fue para los Estados Unidos. Dividió al país. Dejo al pueblo escéptico y desilusionado del gobierno. ¡Sí! Hubo tres o más millones de vietnamitas muertos.“Los camboyanos y laosianos quedaron fuera de esta historia. Fueron un millón más o menos. Y no hay disculpas para ellos… en el Oeste no se habla de esto. No solo en los Estados Unidos. En los medios ingleses y europeos es exactamente lo mismo. Esto es parte de la cultura occidental. Es lo que Adam Smith llama ‘la injusticia salvaje de los europeos.’ Que ya, en esos días, estaban destruyendo gran parte del mundo.” (Noam Chomsky. Idem)La guerra química de McNamaraLos medios de comunicación informaron de la muerte de McNamara con referencias históricas parciales que dejaron de lado la perspectiva y las voces de los más afectados: Los vietnamitas. Sin embargo y a pocos días de la noticia, Nguyen Minh Y, un pequeño anciano de 70 años de edad visitó la ciudad de Berkeley en el Estado de California.Minh Y, un combatiente que desde niño combatió por la independencia de su país, se encuentra en los Estados Unidos tratando de que el gobierno destine fondos para la limpieza de las zonas tóxicas dejadas en Vietnam por el programa denominado Herbicidas Arcoíris: la guerra química implementada durante el tiempo en que McNamara estuvo a su cargo.Con el nombre clave “agente naranja,” este poderoso herbicida usado junto al napalm entre 1961 y 1971 fue uno los químicos que formaron parte del grupo denominado Herbicidas Arcoíris. Como los agentes púrpura, rosado y verde, la producción del agente naranja empleó dióxidos (dioxins) como severos contaminantes biológicos.Se estima que más de 79 millones de litros del agente naranja fueron rociados en Vietnam. 4.8 millones de vietnamitas fueron expuestos a estos químicos causando la muerte de mas de 400 mil personas. A más de treinta años de la guerra cientos de miles de vietnamitas sufren de cáncer y variados defectos físicos.Minh Y, quien combatió junto a las fuerzas del Viet Cong primero contra los franceses y luego contra los estadounidenses, es el Director para Asuntos Internacionales de la Asociación de Veteranos Vietnamitas y de la Asociación Vietnamita de Víctimas del Agente Naranja/Dióxido.Estas organizaciones se encuentran trabajando con los ex-soldados estadounidenses también víctimas de uno de los químicos más tóxicos producidos por manos humanas y de uno de los más notables criminales de guerra en la historia de la humanidad.
jueves, 25 de junio de 2009
El agente naranja sigue envenenando Vietnam
25-06-2009
Marjorie Cohn
Uruknet
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
Desde 1961 hasta 1971 Estados Unidos roció Vietnam con agente naranja, que contienen enormes cantidades de dioxina, para defoliar los árboles con objetivos militares. La dioxina es uno de los elementos químicos más peligrosos conocidos por el ser humano.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido que es cancerígeno (causa cánceres) y la Academia Estadounidense de Medicina ha reconocido que es teratógeno (causa defectos de nacimiento).
Entre 2.500.000 y 4.800.000 personas fueron expuestas al agente naranja. Fueron fumigados 1.400 millones de hectáreas de tierra y de bosques (aproximadamente el 12% de la superficie de Vietnam).
Los vietnamitas que fueron expuestos a este producto químico han padecido cánceres, daños hepáticos, enfermedades pulmonares y cardíacas, defectos en la capacidad reproductiva y enfermedades de la piel y nerviosas. Los hijos y nietos de las personas que estuvieron expuestas han padecido graves deformaciones físicas, desordenes físicos y mentales, enfermedades y se ha acortado su esperanza de vida. Los bosques y selvas en partes enormes del sur de Vietnam han sido devastados y arrasados. Puede que nunca vuelvan a crecer y si lo hacen, costará entre 50 y 200 años regenerarse. Los animales que habitaban los bosques y selvas se han extinguido, lo que ha perjudicado a las comunidades que vivían de ellos. En algunas zonas también han sido contaminados los ríos y aguas subterráneas. La erosión y la desertización cambiarán el medio ambiente, lo que contribuirá al calentamiento del planeta y al desplazamiento de los cultivos y de la vida animal.
El gobierno estadounidense y las compañías químicas sabían que cuando el agente naranja se produce rápidamente a altas temperaturas puede contener grandes cantidades de dioxina. A pesar de ello, las compañías químicas siguieron produciéndolo de esa manera. El gobierno estadounidense y las compañías químicas también sabían que el Estudio Bionetics, encargado por el gobierno en 1963, demostraba que incluso niveles bajos de dioxina producían importantes deformidades en fetos de laboratorios animales. Pero eliminaron el estudio y siguieron rociando Vietnam con agente naranja. Hasta que en 1969 se filtró el estudio no se dejó de rociar con agente naranja.
Los soldados estadounidenses que sirvieron en Vietnam han padecido enfermedades similares. Después de denunciar a las compañías químicas, incluyendo Dow y Monsanto, que fabricaban y vendían el agente naranja al gobierno estadounidense, se llegó a un acuerdo de indemnización de 180 millones dólares que dio a cada uno de unos pocos demandantes unos pocos miles de dólares. Después los veteranos estadounidenses obtuvieron una victoria legal al ser compensados por haber estado expuestos al agente naranja. Recibieron 1.520 millones de dólares al año en beneficios.
Pero cuando las víctimas vietnamitas del agente naranja denunciaron a las compañías químicas ante un tribunal federal, el juez estadounidense del distrito Jack Weinstein desestimó la demanda al concluir que el agente naranja no constituía un arma venenosa prohibida por la Convención de La Haya de 1907. Se dice que cuando Weinstein llegó a un acuerdo con la denuncia de los veteranos estadounidenses había asegurado a las compañías químicas que la responsabilidad de éstas había terminado y mantuvo su promesa. El Segundo Tribunal de Apelación confirmó la desestimación y el Tribunal Supremo se negó a aceptar el caso. Las compañías químicas admitieron en su declaración ante el Tribunal Supremo que el daño alegado por las víctimas era previsible aunque no fue intencionado. ¿Cómo puede algo que es previsible ser no intencionado?*
El 15 y 16 de mayo de este año se celebró en París el Tribunal Internacional de los Pueblos de Conciencia en Apoyo de las Víctimas Vietnamitas del Agente Naranja y oyó el testimonio de 27 víctimas, testigos y expertos científicos. Siete personas de tres continentes actuaron de jueces del Tribunal, que fue patrocinado por la Asociación internacional de Abogados Democráticos (IADL, en sus siglas en inglés).
El testimonio ofrecido por los testigos demostró lo siguiente:
Mai Giang Vu, miembro del ejército de Vietnam del Sur, cargó barriles de este producto químico a sus espaldas. Sus dos hijos no podían andar o funcionar normalmente ya que sus miembros “se iban ondulando” gradualmente y sólo podían arrastrarse. Murieron a los 23 y 25 años respectivamente.
Pham The Minh, cuyos padres también sirvieron en el ejército de Vietnam del Sur, mostró al Tribunal sus piernas gravemente deformadas, dobladas y famélicas. Tiene graves dificultades para andar así como enfermedades pulmonares y digestivas.
To Nga Tran es una franco-vietnamita que trabajó como periodista cuando se estaba rociando. Su hija pesaba 6.6 libras a los tres meses. La piel de la niña empezó a caérsele a tiras y no podía soportar el menor contacto o demostración de cariño. Murió a los 17 meses con 6.6 libras de peso. To Nga Tran describió a una mujer que había alumbrado a una “bola” sin forma humana. Muchos niños han nacido sin cerebro; otros hacen ruidos inhumanos.
Rosemarie Hohn Mizo es la viuda de George Mizo, que sirvió en el ejército estadounidense en Vietnam en 1967. Durmió sobre terreno contaminado y consumió comida y agua contaminadas. George se negó a servir después de ser herido por tercera vez; fue juzgado por un tribunal militar y condenado a entre dos y medio año de cárcel, y expulsado por deshonor. George ayudó a crear el Pueblo de la Amistad en el que las víctimas vietnamitas viven en un ambiente que les apoya. Murió a causa de enfermedades relacionadas con su exposición al agente naranja.
Georges Doussin, co-fundador del Pueblo de la Amistad, visitó un dormitorio en el que vio a 50 “monstruos” extraordinariamente deformados que producían sonidos inhumanos. Un hombre cuyos padres habían estado expuestos al agente naranja tenía cuatro dedos en cada pie. Doussin afirmó que el agente naranja creaba “una anarquía total en la evolución”.
El Dr. Nguyen Thi Ngoc Phuong, del Hospital Tu Du en Ho Chi Minh City (Saigón), vio muchos niños nacidos sin brazos y/o piernas, sin cabeza o cara, y sin cámara cerebral. Según la Organización Mundial de la Salud, sólo 1'4 partes por trillón (PPT, en sus siglas en inglés) de dioxina en la leche materna puede causar graves deformidades en los fetos e incluso la muerte. Pero en la leche materna de Vietnam se encontraron hasta 1450 PPT.
La Dra. Jeanne Stellman, que escribió un artículo fundamental sobre el agente naranja en la revista Nature, testificó que “éste es el mayo desastre medioambiental no estudiado del mundo (a excepción de los desastres naturales)”.
La Dr. Jean Grassman, del Brooklyn College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, testificó la dioxina es un potente desregulador celular que altera una variedad de vías para perturbar muchos de los sistemas. Los niños son sensibles a la dioxina, afirmó; la exposición intrauterina o postnatal a la dioxina puede dar el resultado de alterar los funcionamientos inmune, de comportamiento neuronal y hormonal. Las mujeres transmiten a sus hijos la exposición tanto en el útero como a través de la secreción de la dioxina por la leche materna.
Muchos ecosistemas han sido destruidos y la dioxina sigue envenenando Vietnam, especialmente en varios “lugares calientes”.
El químico Dr. Pierre Vermeulin testificó que se calculaba que se necesitarían mil millones de dólares para restaurar una hectárea de tierra en Vietnam. El coste del cuidado de las víctimas, la mayoría de las cuales requieren cuidados las 24 horas del día, es enorme.
En 1973 el presidente Richard Nixon prometió 3.250 millones de dólares para la reconstrucción de Vietnam “sin ninguna condición previa”. Esta ayuda nunca se concedió.
En Vietnam sólo hay 11 Ciudades de la Amistad; se necesitan mil para cuidar a los niños víctimas del agente naranja
La semana pasada la oficina del IADL, reunida en Hanoi, presentó al presidente Nguyen Minh Triet de la República Socialista de Vietnam la decisión final del Tribunal. Los jueces declararon al gobierno de Estados Unidos y a las compañías químicas culpables de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y de ecocidio durante la ilegal guerra de agresión estadounidense a Vietnam. Recomendamos que se estableciera en Vietnam una Comisión del Agente Naranja para evaluar los daños sufridos por la población y la destrucción del medio ambiente, y que el gobierno estadounidense y las compañías químicas ofrecieran compensaciones por los daños y la destruccón causados.
Señalé al presidente que siempre me había sorprendido que incluso cuando estaban cayendo las bombas sobre el pueblo vietnamita, estos [los vietnamitas] siempre diferenciaban entre el gobierno estadounidense y el pueblo estadounidense. El presidente respondió: “Luchamos contra las fuerzas de la agresión, pero siempre reservamos nuestro amor por el pueblo estadounidense ...porque sabíamos que siempre nos apoyaban”.
Se calcula que tres millones de vietnamitas murieron en la guerra, que también costó 58.000 vidas estadounidenses. Para muchos otros estadounidenses y familias vietnamitas la guerra se sigue cobrando víctimas.
Varios tratados que ha ratificado Estados Unidos exigen un remedio eficaz a las violaciones de derechos humanos. Es el momento de cumplir la promesa de Nixon y de remediar el terrible daño que el gobierno de Estados Unidos infligió al pueblo vietnamita. El Congreso debe aprobar leyes para compensar a las víctimas vietnamitas del agente naranja como hizo con los veteranos estadounidenses víctimas de Vietnam.
Nuestro gobierno debe saber que no puede seguir utilizando armas que tiene por objetivo y hieren a civiles. El ejército estadounidense está utilizando uranio empobrecido en Iraq y Afganistán, que seguirá envenenado estos países durante una cantidad incalculable de décadas.
Marjorie Cohn, de la Facultad de Derecho Thomas Jefferson y presidenta de la Asociación Nacional de Abogados, ejerció como juez en el Tribunal Internacional de los Pueblos de Conciencia en Apoyo de las Víctimas Vietnamitas del Agente Naranja. Es miembro de la Oficina de la Asociación Internacional de la Asociación de Abogados Democráticos.
*Véase al respecto, Marie-Monique Robin, El mundo según Monsanto, Península, 2008, donde se explica detalladamente ambos casos, el de los veteranos y el de las víctimas vietnamitas (N. de la t.)
Enlace con el original: http://www.uruknet.info/?p=55150
