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jueves, 10 de diciembre de 2009

¡Estamos muertos!


por Gabirel Ezkurdia

Ser padre y ni qué decir madre, te marca. Nunca ves el sufrimiento infantil igual. No hay imagen funesta que no te lleve automáticamente a ver a tus pequeñajos en esa circunstancia. La masacre de Gaza, recuerda los bombardeos “libertadores” de Irak, me traen a la memoria los ojos tristes de aquellos niños y niñas que conocimos hace una década en los depauperados, por el democratizador embargo internacional, hospitales bagdadíes.
Rotos por la leucemia mortal generada por el democrático uranio empobrecido occidental, o por las esquirlas mutiladoras de los libertadores misiles norteamericanos. Sí, se han cumplido sin pena ni gloria 10 años de los bombardeos a Irak, en pleno Ramadán, de Clinton, el Obama de los 90.

Escribo con el corazón en un puño. Aun resuenan en mis oídos los ecos de la indignación. De la comunidad musulmana de Bilbao y de no muchos vascos solidarios. Gritos árabes ilegibles para un vasco pero perfectamente entendibles para un ser humano. Aullidos de dolor, de rabia, de solidaridad. Una lección. Dieron una lección a los miles de ciudadanos muertos que deambulaban por la calles del centro comprando los regalos de “los reyes magos”. ¡Falaz Navidad! Oro, incienso y… bombas.


Estamos muertos. Los occidentales estamos acabados. Hace años que los muertos damos lecciones zombis de democracia, de paz, de derechos humanos. En nuestro ausente devenir como yonquis narcotizados por el “modus vivendi” occidental, nos aliviamos pensando que es un asunto que escapa a nuestra competencia. ¡Esos políticos! nos consolamos. Sí “esos políticos” a los que se puede votar, y que votaremos, el día que nos convoquen a la “misa” laica dominical que necesite el Sistema para legitimar a sus peones, homologar a sus condenadores de postal, a sus hacedores de mentira, a los gerentes de la muerte de los que viven, sobreviven, en los confines donde los seres humanos no son “personas humanas” como aquí. Prescindibles, anónimos, pobres… Presos del destino que nuestros “representantes democráticos” les deparan en función del contexto colateral que se derive de la defensa puntual de los “intereses globales” de Occidente, y del avance de la “democracia” para todo el planeta, en forma de caridad, humanitarismo colonial o muerte democrática.


Son afortunados por morir en nombre de “tan nobles” causas. Un par de reportajes “de los que se mojan ¡eh!” sobre la “injusticia intrínseca de esta vida” en la BBC, dos anuncios lacrimógenos de alguna megaONG pidiendo limosna…y al cielo…con Ala.


Estamos muertos. Somos orondos zombis que pateamos una y otra vez por los diferentes cementerios comerciales devolviendo los pocos ingresos que no nos han robado por nuestro trabajo. Subhumanos con un inmenso síndrome del “quiero y no puedo” abducidos y alienados por la peor de las armas de destrucción masiva: el consumo compulsivo, el acriticismo correcto, la narcotización conductual del capitalismo.


Estamos anestesiados por nuestra infame hipocresía, por nuestra falaz moral eurocéntrica. Condeno para balbucear, compro para existir y mato “a la parienta” para ser famoso. Estamos muertos, somos verdaderos cadáveres, aunque sigamos “jodiéndolo todo”, como todo buen hombre blanco.


No tengo cara para mirar a los ojos a los niños y niñas palestinos del frente de la manifestación. Euskal Herria, un pueblo combativo, digno, resistente…que resiste desde siglos a la asimilación cultural de los imperialismos español y francés, también está enferma, también es Europa Occidental.


Existe una correlación entre la falta de ética y moral de nuestros políticos y gestores institucionales y los miles de cretinos que paseamos por las calles de compras mientras se masacra así a los judíos del siglo XXI, a los palestinos.


El doble rasero que da cobertura a la defensa de los intereses espurios más rentables es el eje sobre el que se desarrolla el totalitarismo neoliberal del siglo XXI. Israel, el nazi-sionismo, nunca podría tener la fuerza que tiene si nuestros gobiernos, nuestras “ultrainformadas” sociedades actuasen con determinación para parar la masacre, el genocidio táctico que se acomete en Gaza.


Porque esto es un calculado acto electoral; un movimiento táctico respecto a Obama; un castigo a la impredecible capacidad de la Resistencia palestina y Hamas, que desde que arrasó en las elecciones, ha aguantado el tipo al mayor bloqueo posible; una corrección a la táctica guerracivilista, que Israel y EE.UU urdieron con la Hoja de Ruta, para debilitar a la Resistencia y aupar a los colaboracionistas de la ANP y que fracasó. Este ataque es paréntesis táctico brutal en una larga historia de invasión, ocupación y exterminio de un pueblo, uno más, pero desoladoramente brutal.


Así es compatriotas cadáveres occidentales, esto es más de lo mismo en nuestra oronda vida occidental. Morimos hace tiempo. Irak, Chechenia, Congo, Haití… El precio de esta rutina es nuestra dignidad. No somos humanos libres, solo ufanos súbditos de una dictadura de oro, la dictadura del capital mundial. Cerebros destruidos. Y nuestra esclavitud de oro es inversamente proporcional a la que viven en lo material los oprimidos del mundo, los pobres, los deprimidos crónicos.


Porque ellos, en su inmensa pobreza, en su vida de tragedia, tienen la dignidad de la mirada, el decoro del ser humano íntegro, y no el orgullo de la “persona humana de bien” como repiten sin cesar: el Pastor Alemán, y lo digo con “Rintintin”, Rouco Varela, Aznar, Zapatero, Sarkozy, Obama, Urkullu, López, Basagoiti y todo aquel defensor de este falaz Sistema criminal.


Ellos son los que condenan, y exigen condenas a… según qué sacrificio acepte su Dios. Son los que demuestran que condenar es hoy una falacia, un ejercicio de hipocresía, de vacío, de poca convicción. Palabrería ufana, pose circunspecto y hasta la próxima.


Mientras, el viernes, casi mil personas por las calles de Bilbao repudiando la masacre, no más, ¡mil personas! Mil excepciones que confirman la regla: estamos muertos.


Desde entonces, la masacre se ha multiplicado. Los SSionistas han entrado a sangre y fuego en el ghetto de Gaza. La cabalgata. Nadie alza la voz. ¡Llegan los Reyes del Corte Inglés! Oro, incienso y muerte en nombre de la “lucha contra el terrorismo” ,“la defensa de la democracia israelí”, “la liberación de Irak”, “la libertad de las mujeres afganas”. Nosotros estamos muertos, ellos, los vivos, luchan, tienen dignidad. Defienden la casa del padre.


Y en las calles de cualquier ciudad occidental, entre los aparadores del supermercado, dos cadáveres vivientes se preguntan ¿Por qué nos odian?

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Palestina: Niños de Gaza, traumatizados 10 meses después de la guerra con Israel


10 de noviembre de 2009

Aún resulta difícil para Nada Joma'a, una niña de 14 años de edad del barrio de Sheikh Radwan, en el norte de la ciudad de Gaza, olvidar el momento en el que un misil israelí destruyó su casa, mató a su madre y le destrozó la pierna durante los 22 días de ataques aéreos israelíes contra la Franja de Gaza concluidos el 18 de enero.

"Son los recuerdos más difíciles de mi vida. No puedo olvidar la escena del misil que cae en nuestra casa, la enorme explosión, el polvo, el humo y los escombros que nos cayeron en la cabeza. No puedo olvidar cuando vi que mi madre estaba muerta y mi hermana y mi hermano estaban heridos", dijo Nada, quien aún tiene un aspecto sombrío y triste y en ocasiones se sumerge en horribles recuerdos.
Nada se ha vuelto más silenciosa desde la tragedia. Al regresar de la escuela por la tarde, normalmente Nada pasa la mayor parte del tiempo ante su sencillo escritorio, haciendo la tarea y negándose a ir afuera a jugar.
Incluso cuando intenta sonreír, su bello rostro muestra signos de tristeza. "Fue un día doloroso y difícil", repite.
Equipos de rescate y ambulancias llegaron a la casa y enviaron a la madre muerta y a los tres niños a un hospital. La pierna de Nada estaba en muy mal estado y era difícil para los médicos repararla, así que "la única posibilidad fue amputar la pierna para salvarle la vida", dijo el padre con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos.
El padre de Nada dijo que la joven se ha mostrado renuente a visitar a sus amigos y a jugar con los vecinos porque se siente incómoda con su discapacidad. "Se para frente al espejo, mira la imagen de su cuerpo y llora y llora".
Con frecuencia, Nada pasa el tiempo sola mirando fijamente las paredes, la ventana y el techo de su habitación y a menudo mira el retrato de su madre colgado en la pared y le habla. "Trato de ayudarla", dice su padre. "Pero ¿qué puedo hacer? Realmente no lo sé".
Cuando se le pregunta sobre sus objetivos en la vida, Nada responde que "espero poder caminar en la calle sin la ayuda de nadie".
Una institución de caridad con sede en Gaza para el suministro de prótesis ha tratado de ayudarla y otra institución le ofreció una silla de ruedas, pero para Nada ha resultado difícil usarlas.
Cuando Nada va al baño prefiere una muleta de madera para ayudarla a caminar. La pierna le fue amputada desde la parte superior del muslo, por lo que le resulta difícil usar la prótesis o sentarse en la silla de ruedas.
Funcionarios palestinos señalaron que 1.440 personas murieron en el ataque israelí contra Gaza, 350 de los cuales eran niños. Alrededor de 5.300 personas resultaron heridas, de las cuales 1.872 fueron niños, y cerca de 500 menores quedaron físicamente discapacitados, se indicó en cifras oficiales.
Mustafa Abed, encargado de la Asociación de Ayuda Médica que trata con las víctimas de la guerra, dijo que su organización registró cerca de 600 casos de discapacidad física en personas de todas las edades desde que comenzó la guerra, 60 por ciento de las cuales son discapacidades de movimiento.
Diferentes estudios preparados por especialistas en áreas sociales y psicológicas predicen que el trauma psicológico de los niños de Gaza continuará durante varios años.

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