
por Marcos Alfonso, AIN *
El ocho de mayo de 1945, a las once de la noche, Adolph Hitler capituló y se cerraba la página más genocida y criminal en la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial, cuyo saldo se estipula en cifra notablemente superior a los veinte millones de muertos. Nunca se sabrá la absoluta verdad.
Con el estandarte de las por él calificadas de “razas inferiores”, entronizó el nazismo, fórmula política que encerraba la persistente persecución y muerte de los alemanes –o no— de origen judío. En su versión más moderna: xenofobia (odio, repugnancia, aborrecimiento, hostilidad…). Huelgan comentarios.
Así las cosas hace poco más de una semana fue aprobada en el estado de Arizona la controvertida legislación que criminaliza a los indocumentados.
A lo ancho y extenso de los Estados Unidos las protestas no se hicieron esperar: miles de personas se movilizaron en marchas y actos de condena en cerca de 70 ciudades de la Unión.
La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) y sus organizaciones para América, han solicitado al presidente Barack Obama que interceda para evitar la aplicación de tamaño engendro legislativo, encaminado a criminalizar a los indocumentados e “instala métodos de control racistas”.
“La ley criminaliza al inmigrante indocumentado, lo cual resulta inaceptable y contrario a los estándares internacionales”, subrayaron en comunicado la FIDH y sus asociados, quienes se quejaron, además, de que “instaura un método altamente discriminatorio y racista para su aplicación”, según reza en el sitio web ABC.es.
El texto legislativo de Arizona faculta a la policía, a mera apreciación, para detener y arrestar a personas, sobre la base de su “apariencia”, de carecer de permiso para radicar en los Estados Unidos. ¡Pobres mulatos, trigueños, asiáticos… en fin!
La organización de derechos humanos pone el dedo en la llaga cuando arguye que de tal ejecutoria policial, sin temor a engaño, se generarán innumeras detenciones, atropellos u otro accionar contra personas cuyo único delito es el color de su piel.
De acuerdo a ABC.es, la FIDH y sus organismos asociados de México, Guatemala, Argentina, Estados Unidos, Nicaragua, Perú, Ecuador, Canadá y Panamá, sustentan que :“De esta detención arbitraria (…) se derivarán sin la menor duda mayores vulneraciones de derechos humanos”, más allá del “principio penal esencial que es la presunción de inocencia”.
Suceso paradójico aconteció en Washington durante las protestas que incluyeron el arresto de una treintena de manifestantes, entre quienes se hallaba el congresista demócrata por Illinois, Luis Gutiérrez, apostado frente a la Casa Blanca en momentos en que el presidente Barack Obama se hallaba en el recinto. Las protestas acaecidas en todo Estados Unidos urgen al mandatario de esa nación a que “abrace inmediatamente la causa de la reforma inmigratoria”, de acuerdo a reporte de la agencia noticiosa AP.
El despacho acota que activistas, familias, estudiantes e incluso funcionarios públicos marcharon, ejercieron la desobediencia civil y confesaron su estatus inmigratorio en nombre de los derechos de los alrededor de 12 millones que residen indocumentados en los EE.UU.
“Es crimen buscar mejor vida para mi familia”, rezaba, entre otros muchos, un cartel enarbolado frente a la Casa Blanca.
La legislación aprobada en Arizona, a escasos días de conmemorarse los 65 años de decapitación del nazismo, tal parece grotesca provocación en aras de reverdecer la nefasta política que enarbolara el III Reich y su ideólogo Adolph Hitler.
Marcos Alfonso
viernes, 7 de mayo de 2010
Arizona: ¿reverdece el concepto de las razas inferiores?
sábado, 24 de abril de 2010
35 aniversario de la victoria del pueblo vietnamita

Foto: Vietnam, guerra, Estados Unidos - Evacuación de la embajada norteamericana en Saigón.
Estados Unidos, fracaso y frustración en Vietnam
Marcos Alfonso
(AIN, especial para ARGENPRESS.info)
Tocó al cuáquero Richard Milhous Nixón (1913-1994), presidente 37 de los Estados Unidos degustar, contrario a sus deseos, el sabor de la capitulación en la guerra contra Vietnam.
Tal conflagración resultó la más prolongada en la historia estadounidense. Analistas la califican como “fracaso y frustración”. Deviene la más notoria de las derrotas del imperio norteño durante la denominada Guerra Fría.
El descalabro bélico, traumático para la sociedad norteamericana, se tradujo en cifras inéditas y escalofriantes: 58 mil muertos y más de 300 mil heridos; miles de soldados adictos a las drogas… No fue casual que medios de prensa describieran ese panorama como “síndrome de Vietnam”.
Cuando hace 35 años -30 de abril de 1975- los blindados de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Vietnam penetraban por los muros del antiguo Palacio Presidencial de Saigón, sepultaban decenios de metralla y muerte padecidos por el pueblo anamita.
La prolongada guerra y la ocupación militar y política de EEUU finalizaron ese día.
Los antecedentes se remontan a la derrota francesa y los Acuerdos de Ginebra de 1954, momento en que Washington entró a escena para apoyar al régimen anticomunista de Vo Dinh Diem, de marcada factura antipopular.
La respuesta de la población no se hizo esperar y nació el Frente Nacional de Liberación (FNL), aglutinador de las mayorías.
En agosto de 1964, el mandatario de USA a la sazón, Lyndon B. Jonson, ordenó la autoagresión de un buque de su país -conocido como los sucesos de Tonkín- e iniciaba la guerra aérea destructiva contra el norte vietnamita y justificaba la presencia de sus tropas en el sur.
Tras la ofensiva vietnamita del Tét en 1968, el cowboy Johnson decidió desvincularse progresivamente del conflicto y la búsqueda de alguna solución negociada. El empuje de los combatientes vietnamitas, tanto en el norte como en el sur, pusieron en jaque el poderoso armamentismo norteamericano y demostraban al mundo la voluntad del pueblo para no dejarse vencer ni dominar.
Liberados más de la mitad de los escenarios en conflicto por las fuerzas populares, y la potente ofensiva militar llevada a cabo en el sur, obligaron al gobierno de Washington a sentarse en la mesa negociadora y vieron la luz los denominados Acuerdos de París, signados en enero de 1973, para restablecer la paz en el norte anamita.
A pesar de lo suscrito, Estados Unidos aún no se rendía y Richard Nixón, mandatario estadounidense a la sazón, mantenía su obstinada idea de dominar y acabar con el FLN en el sur.
Apenas se asomaba 1974, y el mando político vietnamita dio órdenes al Estado Mayor de las fuerzas armadas para alistar la batalla final por la liberación: el deterioro del enemigo y las continuas violaciones a los acuerdos parisinos, así lo aconsejaban.
La primera victoria aconteció en Phuoc Long, que contaba con cinco mil efectivos del ejército saigonés. Los sucesivos triunfos, propiciaron que el Comité Central del Partido de los Trabajadores de Vietnam escogiera el 10 de marzo de 1975 para el inicio de la gran ofensiva final.
Entre el 26 y el 28 de abril, a poco más del mes de victoriosas acciones, se consolidaron las regiones militares I y II y se ordenó la Operación Ho Chi Minh. En menos de 48 horas el régimen de Nguyen Van Thieu era liquidado en el sur y el embajador de Estados Unidos a la sazón G. Martin , escapaba, presa de pánico, en helicóptero desde la azotea de la sede diplomática.
Las fuerzas liberadoras tomaban Saigón, las tropas norteamericanas eran retiradas en masa y, como homenaje al gran líder y revolucionario vietnamita, la ciudad de Saigón cambiaba para siempre su nombre por el de Ho Chi Minh.