7 de febrero de 2010
Nodo50
Els soldats israelians han irromput avui a les 3 de la matinada en un apartament de Ramallah, on es trobaven les dues activists internacionals, de nacionalitat catalana i australiana, pràctica que viola directament els acords d’Oslo. El suposat motiu de l’arrest seria el venciment dels visats d’estança a Israel de les dues activistes.
A les tres de la matinada, l’exèrcit israelià ha entrat usant la força en un apartament de Ramallah, ciutat de Cisjordània cituada dins l’àrea A, detenint a dues activistes del Moviment de Solidaritat Internacional (ISM). Totes dues, Ariadna Jove Martí, una periodista catalana i Bridgette Chappell, una estudiant australiana a la universitat de Beir Zeit, han estat traslladades a la presó militar d’Ofer, situada dins dels territoris ocupats, on les han posat en mans de la unitat d’immigració de la policia israeliana, coneguda com unitat "Oz".
La incursió i la detenció de les dues activistes és una violació directa dels Acords d’Oslo entre Israel i l’Autoritat Palestina, que prohibeix clarament qualsevol invasió israeliana a les àrees A de Cisjordània que no siguin per motius urgents ni directament relacionats amb la seguretat.
Aquest arrest s’ha produït un mes després de la detenció il·legal i posterior deportació de la ciutadana txeca i activista del mateix grup, Eva Novakova, en circumstàncies similars. El seu arrest va desencadenar la controvèrsia sobre els procediments indeguts que la unitat d’immigració “Oz” està fent dins dels territoris ocupats [1], sense tenir-ne autoritat.
Per obtenir més informació, cal posar-se en contacte amb:
Neta Golan +972.598.184.169
Adv. Omer Shatz +972.507.547.079
Ryan Olander +972.548.838.369 o +972.224.106.04
Segons Ryan Olander, activista d’ISM, nord-americà, present en el moment dels fets, han esat uns deu els soldats que, a la força, han entrat a l’apartament demanant els passaports de tothom i procedint, posteriorment, a la detenció de les dues activists, Ariadna i Bridgette, per no tenir els visats en regla. Els soldats han confiscat també càmeres de video, un ordinador, banderes i insignies pro-palestines, així com els formularis de registre de tots els voluntaris que treballen amb el Moviment de Solidaritat Internacional, ISM.
Arran de la incursió, Olander ha dit que, "Aquest atac forma part d’un pla més gran per desfer totalment el moviment popular palestí contra l’ocupació. Aquest és un intent cínic i injust per ocultar la realitat de l’ocupació i prohibir l’accés de la comunitat internacional a la informació del que està passant aquí".
Els intents de les autoritats israelianes per deportar els estrangers involucrats amb el treball de solidaritat amb Palestina són part d’una recent campanya per posar fi a les manifestacions populars palestines [2]. En els últims deu mesos, la unitat "Oz", unitat d’immigració il.legal ha detingut i intentat deportar a quatre activistes internacionals.
Eva Novakova, de nacionalitat txeca i ex-coordinadora de mitjans de comunicació dins d’ISM, va ser arrestada a Ramallah el passat 11 de gener, i deportada al dia següent, evitant així que la deportació pogués ser apel·lada. L’advocat de Novakova està preparant un recurs davant el Tribunal Superior d’Israel per impugnar la legalitat de la seva detenció.
L’activista Ryan Olander, també va ser arrestat il·legalment dues vegades per la unitat d’immigració “Oz”, tot i que es va poder evitar la seva expulsió després que un jutge dictaminés que la detenció havia estat il·legal. Apel·lacions similars a la cort de justicia han pogut anul·lar també les expulsions d’altres activists de nacionalitats nord-americana i britànica, en els últims mesos.
Referències:
[1] http://www.haaretz.com/hasen/pages/ShArtStEngPE.jhtml?itemNo=1144105
[2] http://www.nytimes.com/2010/01/29/world/middleeast/29palestine.html
martes, 9 de febrero de 2010
L’exèrcit israelià viola els Acords d’Oslo en una incursió nocturna a Ramallah arrestar a dues activistes internacionals de solidaritat amb Palestina
jueves, 28 de enero de 2010
Oslo y el fin de la independencia palestina
29-01-2010
Joseph Massad
Al Ahram Weekly
Traducido para Rebelión por Loles Oliván
El Acuerdo de Oslo no sólo marcó el inicio de una nueva era en las relaciones palestino-israelíes sino que ha tenido un efecto mucho más duradero al transformar el propio lenguaje a través del cual dichas relaciones se rigen a nivel internacional y la forma en que la dirección palestina las percibe.
El vocabulario palestino relativo a la liberación, el fin del colonialismo, la resistencia, la lucha contra el racismo, el fin de la violencia israelí y el robo de la tierra, la independencia, el derecho al retorno, la justicia y el derecho internacional, no solo fue sustituido por nuevos términos como negociaciones, acuerdos, compromiso, pragmatismo, garantías de seguridad, moderación y reconocimiento, todos los cuales habían formado y siguen formando parte del vocabulario de Israel antes de Oslo, sino que Oslo se instituyó a sí mismo como el lenguaje de la paz que, ipso facto, deslegitima cualquier intento de oposición como de apoyo a la guerra, y destituye a todos los que se oponen a la renuncia de los derechos palestinos como enemigos de la paz. Convertir el lenguaje de la rendición de los derechos en el lenguaje de la paz también ha sido parte de la estrategia de Israel antes y después de Oslo, y es también el lenguaje del poder imperial de EE.UU., en el que árabes y musulmanes fueron instruidos por el presidente Barack Obama en su discurso de El Cairo el pasado junio. Así, la transformación que Oslo produjo no fue únicamente una transformación del lenguaje como tal, sino también del lenguaje palestino y de la perspectiva a través de la cual la dirección palestina entendía la naturaleza de las relaciones palestino-israelíes; ello institucionalizó, por contra, la perspectiva israelí y su vocabulario como neutral y objetiva. Lo que Oslo se propuso llevar a cabo, por tanto, fue cambiar el objetivo mismo de la política palestina de independencia nacional frente al colonialismo y la ocupación israelíes por otro en el que los palestinos dependieran completamente para su supervivencia política y nacional de Israel y de sus socios en beneficio de la paz y la seguridad de sus ocupantes.
La fórmula de “territorios por paz”
La fórmula transformadora clave de los Acuerdos de Oslo consagrada en la Declaración de Principios del 13 de septiembre de 1993 es “territorios por paz”. Esta fórmula, que va en detrimento de los derechos palestinos reconocidos internacionalmente, sigue siendo el enfoque que guía y delimita todos los acuerdos —y desacuerdos— posteriores entre la Autoridad Palestina (AP) y los sucesivos gobiernos israelíes. Dicha fórmula, por sí sola, perjudica todo el proceso al presuponer que Israel tiene “territorios” que estaría dispuesto a conceder a los “árabes”, y que los árabes —considerados como responsables del estado de guerra con Israel— pueden garantizar a Israel la paz que ha anhelado durante decenios. Hacer responsables de las guerras árabe-israelíes a los “árabes” es una norma que nunca se cuestiona, ni en los medios de comunicación ni en los gobiernos occidentales. La concesión de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), sin embrago, ha asegurado al final que los responsables palestinos y otros responsables árabes tampoco lo cuestionen. A pesar de la apariencia superficial de un compromiso político, esta fórmula es de hecho un reflejo de los puntos de vista raciales que caracterizan a los israelíes (judíos europeos) y a los palestinos y árabes. Mientras que a los israelíes se les pide que estén y (son presentados ostensiblemente como) dispuestos a negociar sobre la propiedad, el reconocido derecho burgués (occidental) por excelencia, a los palestinos y a los árabes se les pide que renuncien a la violencia —o más precisamente a “sus” formas violentas— ilegítima y atribuible solo a bárbaros incivilizados. El hecho de que los palestinos ya hubieran renunciado a su legítimo derecho sobre el 77% de Palestina y de que estuvieran negociando su soberanía futura sobre un mero 22% de su patria no daba derecho a una fórmula de “tierra por tierra” en la que basar el “proceso de paz”. De hecho, la fórmula objetiva para cualquier negociación sería la de "territorios por paz" mediante la cual son los palestinos los que están renunciando a los derechos sobre su patria histórica a cambio de poner fin a la opresión israelí —y a la violencia colonial— contra su pueblo.
Dividir al pueblo palestino
La OLP, Israel y los medios occidentales airearon los Acuerdos de Oslo como de “reconocimiento mutuo”. Ello, sin embargo, se contradice con las propias palabras pronunciadas por ambas partes y con las acciones que se llevaron a cabo basadas en tales palabras. Mientras que la OLP (que escribió la primera carta) reconocía "el derecho del Estado de Israel a existir en paz y seguridad", el gobierno israelí, "en respuesta" a la carta de Yasser Arafat, "ha decidido reconocer a la OLP como el representante del pueblo palestino e iniciar negociaciones con la OLP dentro del proceso de paz en Oriente Próximo”. Pero ello no significa reconocimiento mutuo puesto que los israelíes no reconocieron el derecho del pueblo palestino a existir en un Estado propio en paz y seguridad tal y como la OLP había reconocido a Israel. Si la OLP hubiera reconocido al gobierno de Rabin como el representante del pueblo de Israel, sin reconocer necesariamente ningún “derecho” al Estado de Israel a existir en paz y en seguridad, entonces el reconocimiento de la OLP habría estado a la par del de Israel. El acuerdo actual, por tanto, no significó el reconocimiento mutuo; antes al contrario, significó la legitimación del Estado judío por parte del mismo pueblo contra el que se habían ejercido —y se siguen ejerciendo— las políticas racistas y colonialistas, y con la que Israel no se comprometió a nada sustancialmente nuevo. Reconocer a la OLP como el representante de los palestinos (algo que la mayor parte del mundo —salvo EE.UU.— había hecho desde mediados de los 70) no comprometía a Israel a ninguna concesión al pueblo palestino. Únicamente comprometió a Israel a un escenario en el que como el gobierno israelí se inclinó a hablar de “representantes” de los palestinos, hablaría con la OLP, en tanto que parte ahora reconocida como representante, mientras que antes no lo era. Esto es por lo que los sucesivos gobiernos israelíes y dirigentes han vacilado en conceder a los palestinos el establecimiento de un Estado independiente y se refieren siempre a Oslo y a los acuerdos subsiguientes en los que no se hace mención de tal promesa.
Habiendo exigido un singular reconocimiento a su legitimidad por parte de sus víctimas, los israelíes avanzaron mediante el mecanismo del proceso de paz de Oslo para dividir a los palestinos en diferentes grupos, la mayoría de los cuales fueron expulsados del proceso de paz. Al transformar a la OLP, que representaba a todos los palestinos de la diáspora, de Israel y de los territorios ocupados, incluida Jerusalén Oriental, en la AP que únicamente podía aspirar a representar a los palestinos de Cisjordania y Gaza (que integran un tercio del pueblo palestino), los Acuerdos de Oslo fraguaron una importante reducción demográfica del pueblo palestino, dividiéndolo por tres mientras lograban una gran expansión demográfica de la población judía de Israel multiplicándola por tres. La parte insidiosa de este proceso es cómo la AP, consciente de esta transformación, sigue hablando del “pueblo palestino” que ha quedado reducido mediante los Acuerdos de Oslo a los palestinos de Cisjordania y Gaza a los que ahora dice representar. Los palestinos de la diáspora son mencionados simplemente, de acuerdo con la retórica estadounidense e israelí, como “refugiados” y los palestinos israelíes, según el diktat de Israel, como “árabes israelíes”. Con ello, no solo ha quedado substancialmente reducido el alcance de la dirección palestina y su estatuto como representante del pueblo palestino en su conjunto sino que el propio pueblo palestino ha quedado significativamente mermado demográficamente por la apropiación que de la designación “pueblo palestino” ha hecho la AP para referirse a un mero tercio de los palestinos.
Legitimar a Israel como Estado “judío”
Al mismo tiempo, el proceso de Oslo que produjo acuerdos fantasmas como los Acuerdos de Ginebra, entre otros, ha impulsado la afirmación israelí de que los palestinos deben reconocer el derecho de Israel a existir no solo en paz y seguridad sino como Estado judío, lo que significa [hacerlo] como Estado que es racista por ley y que discrimina por ley y por gobierno a los ciudadanos no judíos y que abarca no solo a sus ciudadanos judíos sino a los judíos de todo el mundo. Esto es algo que fue impulsado por las Administraciones de Clinton, Bush y, más recientemente, de Obama. De hecho, Obama no pierde oportunidad para reiterar el compromiso de su Administración para forzar a los palestinos a que reconozcan el derecho de Israel a ser un “Estado judío”. Mientras Israel no tiene legitimidad —y ningún organismo internacional se la reconoce— como “representante” de los judíos del mundo sino como el Estado del pueblo de Israel, que son sus ciudadanos, a la OLP y a la AP se les reclama que reconozcan la jurisdicción de Israel sobre todo el mundo judío. El estatuto de la OLP internacionalmente reconocido como representante del pueblo palestino ha sido reducido a un tercio de los palestinos desde Oslo, en tanto que el estatuto de representatividad del gobierno de Israel se ha triplicado tal y como reconocieron los representantes no oficiales de la AP en Ginebra. Benjamin Netanyahu insiste en que no se producirá ningún avance en el denominado proceso de paz a menos que los palestinos reconozcan oficialmente el derecho de Israel a ser un Estado racista. El presidente Obama ha solicitado igualmente a todos los árabes que ratifiquen tal reconocimiento formalmente. Ello se ha hecho a pesar de que la mayoría de los judíos que viven fuera de Israel no son ciudadanos israelíes y de que ningún organismo que los represente haya dado poderes de representación en su nombre al Estado de Israel.
La división y reducción demográfica del pueblo palestino se ha producido a la vez que la reducción territorial de Palestina, o de parte de ella, sobre la que Israel está dispuesto a negociar tras replegar su ejército de ocupación colonialista alrededor. Aparte de la extirpación de la ilegalmente expandida, ocupada y colonizada Jerusalén Oriental (en la actualidad expandida demasiadas veces por encima de su tamaño a expensas de las tierras de Cisjordania) de los territorios sobre los que Israel negociaría su repliegue, la propia Cisjordania ha quedado subdividida en cantones que excluyen los asentamientos coloniales judíos y las autovías para uso exclusivo de los judíos que los conectan, así como se han impuesto reservas naturales, bases militares y áreas cerradas. Pero eso no es todo: Israel ha construido asimismo el muro del apartheid dentro de territorio palestino usurpando de hecho otro 10% de Cisjordania de la mesa de negociaciones y de su repliegue militar.
Las cinco nuevas clases palestinas
Otra de las más importantes medidas que tomaron los arquitectos israelíes y palestinos de los Acuerdos de Oslo para asegurar la supervivencia estructural del “proceso de paz” de Oslo fue la creación de estructuras, instituciones y clases que quedarían directamente vinculadas con aquél y que podrían sobrevivir al colapso de los propios Acuerdos de Oslo preservando el “proceso” que el acuerdo generó. Esta garantía ha quedado consagrada por ley y confirmada por la financiación internacional que predica la continuación del “proceso de Oslo” siempre y cuando éste siga sirviendo a los intereses de Israel y de EE.UU. así como a los intereses de la corrupta élite palestina que consistió en ello. Las cinco clases principales que los arquitectos de Oslo crearon para asegurar que el “proceso” sobreviva son: una clase política, dividida entre aquellos elegidos para servir al proceso de Oslo, bien sea en el Consejo Legislativo Palestino o en la rama ejecutiva (en esencia, la posición del presidente de la AP), y aquellos designados para servir a los que han sido elegidos, ya sea en los ministerios o en la oficina presidencial; una clase policial, que suman decenas de miles de personas cuya función es defender el proceso de Oslo contra todos los palestinos que traten de debilitarlo. Está dividida en un número de cuerpos de seguridad e inteligencia que compiten entre sí, todos para demostrar que son los más expertos para neutralizar cualquier amenaza al proceso de Oslo. Bajo la autoridad de Arafat, miembros de esta clase inauguraron sus servicios disparando y matando a catorce palestinos a los que consideraron enemigos del “proceso” en Gaza en 1994 —un logro con el que se ganaron el respeto inicial de estadounidenses e israelíes, quienes insistían en que la clase policial debía utilizar más represión para ser más eficaz. Su actuación el pasado verano en Yenín matando a miembros de Hamas y a transeúntes no afiliados para impresionar al presidente Obama que había solicitado de la dirección palestina que mantuviera su parte del acuerdo de seguridad, constituye el ejemplo más reciente de esta función. Asimismo, una clase burocrática asociada a la clase política y a la clase policial que constituye un cuerpo administrativo de decenas de miles de miembros que ejecutan órdenes de los elegidos y de los designados para servir al “proceso”; la clase de las ONG: otra clase burocrática y técnica cuyas finanzas dependen de su servicio al proceso de Oslo y de asegurar su éxito mediante la planificación y los servicios; y una clase empresarial compuesta de empresarios palestinos expatriados y locales —incluidos miembros especiales de las clases política, policial y burocrática— cuyos ingresos se derivan de la inversión financiera en el proceso de Oslo y de lucrativos acuerdos que la AP puede hacer posible. Mientras que la clase de las ONG en su mayoría no recibe dinero de la AP ya que es la beneficiaria de la generosidad financiera gubernamental y no gubernamental extranjera que está estructuralmente conectada con el proceso de Oslo, las clases política, policial y burocrática reciben todos sus ingresos legales e ilegales de la AP directamente.
Al vincular los medios de subsistencia de cientos de miles de palestinos al proceso de Oslo, los arquitectos le otorgaron un papel crucial para su supervivencia incluso y especialmente si no producía ningún resultado político. Para la elite palestina que se hizo cargo de la AP, la tarea principal era garantizar que el proceso de Oslo continúe y que la élite siga controlando todas las instituciones que garantizan la supervivencia del "proceso". Lo que la élite no anticipó es que pudiera perder el control de Hamas, un opositor público al proceso de Oslo que de acuerdo con las expectativas había boicoteado las elecciones controladas por Fatah. Las elecciones de 2006, que Fatah confiaba en ganar, supusieron un terremoto que pudo destruir todas esas garantías estructurales y con ello el “proceso” para cuya protección estaban diseñadas. De ahí el pánico de los estadounidenses que ingeniaron un golpe con la ayuda de Israel y de la seguridad de la AP bajo control de Mohamed Dahlan para derrocar al gobierno de Hamas, y que incluyó el secuestro de sus miembros en el Parlamento, de ministros del gobierno y de políticos que fueron mantenidos como rehenes en cárceles de Israel y, finalmente, protagonizar una violenta toma de Gaza, que resultó contraproducente. Todos los intentos desde el fracasado golpe de EEUU en Gaza se han centrado en perpetuar el proceso de paz a través del mantenimiento de sus estructuras bajo el control de la AP y fuera del democráticamente elegido Hamas.
Destruir la democracia palestina
De hecho, la destrucción de la democracia palestina era un precio que había que pagar, insistieron los israelíes y los estadounidenses, impulsados por los esfuerzos militares del Teniente General Keith Dayton. Esta situación se hizo posible gracias a la estrategia de financiación de EE.UU., Israel y los Estados árabes productores de petróleo de la lucha palestina. La historia del movimiento nacional palestino sólo puede ser contada a través de los medios en que distintos gobiernos árabes y no árabes han tratado de controlarla. Mientras que la OLP se estableció y estuvo controlada principalmente por el régimen de Gamal Abdel Naser, la derrota de 1967 debilitó el acuerdo conduciendo a la toma de poder por parte de los guerrilleros revolucionarios de la organización en 1969. Con Fatah y la guerrilla izquierdista palestina a la cabeza, el potencial revolucionario de la OLP constituía tal amenaza que precipitó una guerra total en Jordania en 1970, una situación que los poderosos y represivos regímenes árabes no querían ver repetida. Fue en este contexto en el que el dinero del petróleo árabe (de Arabia Saudí, Kuwait, Libia, de Emiratos Árabes Unidos e Iraq), empezó a verterse en las arcas de la OLP principalmente para asegurar que no se fomentaría un cambio revolucionario en los países árabes y, en la medida en que no se comprometiesen los intereses de los regímenes árabes, sus armas sólo debían ser dirigidas contra Israel. La guerra civil libanesa y el papel de la OLP en ella en la segunda mitad de la década de 1970 seguía siendo un problema pero, en lo que a ellos respectaba, era un problema que los regímenes árabes fueron capaces de contener.
Con el inicio de la década de 1980 y la derrota militar de la OLP en 1982 en Beirut, los fondos árabes de la OLP ya no quedaron condicionados únicamente a que no se opusieran las armas contra ellos sino a que la organización tampoco tuviera como objetivo a Israel. Las diversas tentativas de acuerdos entre la OLP y el rey Husein a mediados de la década de 1980 formaban parte de ese plan. Con el mantenimiento de la negativa de Israel y de EE.UU. a negociar con la OLP a pesar del cambio producido en su política y en su ideología, la situación se mantuvo congelada hasta que el primer levantamiento palestino en 1987dió a la OLP la oportunidad de negociación para deponer las armas contra Israel. La formalización de esta transformación tuvo lugar en Argel en 1988 y posteriormente en la Conferencia de Paz de Madrid en 1991.
La AP contra el pueblo palestino
Como la financiación de petróleo se secó después de la Guerra del Golfo de 1990-91, la OLP necesitó nuevos donantes. La entrada de EE.UU. y de sus aliados incluye como condición no sólo los Acuerdos de Oslo, sino también que la recién creada y controlada por Fatah AP esté efectivamente armada pero que sus armas tengan un nuevo objetivo: el propio pueblo palestino. La AP accedió y continuó recibiendo su financiación hasta la segunda Intifada, cuando, en contra de su raison d'être, algunos miembros de sus fuerzas de seguridad se enfrentaron con los israelíes en un tiroteo cuando los israelíes atacaban a los palestinos. La financiación fue detenida de manera intermitente, Arafat fue puesto bajo arresto domiciliario, y los israelíes volvieron a invadir. La reanudación de la financiación constante ha continuado tras la muerte de Arafat a condición de que Mahmud Abbas siga “seriamente” apuntando sus armas en Palestina contra los propios palestinos, lo que los aparatos de seguridad y los matones de la AP han cumplido. Sin embargo, no han sido todo lo eficaces que EE.UU. e Israel hubieran deseado, y es por ello que el general Dayton ha asumido el control total de la situación militar sobre el terreno con el fin de “ayudar” a los palestinos a cumplir su parte del acuerdo de paz con Israel.
Hay que tener en cuentan que durante los últimos 16 años los dirigentes israelíes siempre han dicho, en línea con la fórmula de tierra por paz, que quieren y persiguen la paz con los palestinos, pero no el establecimiento de un Estado palestino, ni siquiera con el fin de garantizar a los palestinos el derecho a la libre determinación. De hecho, Israel no solo ha multiplicado el número de asentamientos y más que duplicado la población de colonos judíos en Cisjordania y Jerusalén Oriental, aglomerando más territorio del que se decía que era objeto de negociación; lo ha hecho exigiendo constantemente más concesiones palestinas para garantizar la "seguridad" israelí a fin de que los palestinos den a Israel la "paz" en que se basa la fórmula de "tierra por paz". Los estadounidenses y los europeos también han insistido en que los palestinos deben dar a Israel la paz antes de que éste pueda decidir qué tierras va a devolverles y en virtud de qué acuerdo considera más garantías para tal “paz”. Por lo tanto, lo que la “tierra por paz” —a pesar o debido al perjuicio definitorio contra el pueblo palestino— ha provocado es un perpetuo aplazamiento de la devolución de las tierras e insistentes exigencias de que se anticipe la paz con la que los palestinos deben cumplir. Si bien el repliegue alrededor de Gaza y el asedio de su población sometida a la hambruna y a los bombardeos se vende como el compromiso israelí de devolver territorios, la realidad es que la Franja de Gaza se ha transformado desde una prisión controlada por los israelíes a un campo de concentración vigilado y rodeado por ellos desde el exterior con incursiones al interior cuando surge la necesidad, como ocurrió el pasado invierno.
En última instancia, entonces, lo que el acuerdo de Oslo y el proceso que generó han logrado es una exclusión de cualquier futura independencia real o imaginaria de la dirección palestina, o incluso la independencia nacional de un tercio de los palestinos en Cisjordania y Gaza, que son, en cualquier caso, los únicos palestinos que el acuerdo de Oslo afirma que quiere ayudar a conseguirla. Hipotecando la dirección palestina al patronazgo de EE.UU. e Israel mediante la creación y el mantenimiento de estructuras administrativas, jurídicas y financieras que aseguren esta dependencia, Oslo ha sido lo que fue diseñado para ser desde el principio: el mecanismo con el que poner fin a la búsqueda palestina para acabar con el colonialismo y la ocupación israelíes, y la legitimación de la naturaleza racista de Israel por los mismos sobre los que ejerce su dominio colonial y racista. Cualquiera que cuestione estas estructuras puede ser combatido con el arma ideológica del pragmatismo. Oponerse a Oslo hace de uno un extremista utópico y un reaccionario, en tanto que participar en su estructura lo convierte en una persona pragmática y moderada que trabaja por la paz. El arma ideológica más eficaz que ha desplegado Oslo desde 1993 es, precisamente, que quien se opone a la cesión plena de los derechos nacionales palestinos es un defensor de la guerra y un opositor a la paz. En resumen, el objetivo del proceso de Oslo, que se ha alcanzado con mucho éxito, no es el establecimiento de la independencia palestina de la ocupación ilegal de Israel, sino acabar con la independencia palestina en tanto que meta futura y realidad actual. Visto desde este ángulo, Oslo sigue siendo un éxito rotundo.
* Joseph Massad, de nacionalidad jordana, es profesor de Historia política e intelectual árabe moderna en la Universidad de Columbia. Este es el texto de un discurso que pronunció en una conferencia celebrada en Oslo en 2009.
Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2010/982/re7.htm
sábado, 28 de noviembre de 2009
Palestina: El camino emprendido desde Oslo ha conducido a un túnel sin salida.
Es necesaria una catarsis para desandar los errores.
Santiago González Vallejo
Comité de Solidaridad con la Causa Árabe
Después de un viaje a ciertas zonas de los Territorios Ocupados, tratar con dirigentes de muchas corrientes, tanto palestinos como israelíes, la percepción es clara. Más, después de ver los rostros de ‘sorpresa’ de avezados miembros de la estructura que ‘manda’ en ciertos bantustanes de Cisjordania, ya sean OLP, Al Fatah, o algo que se denomina Autoridad Palestina por las declaraciones de la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton en su reciente visita a Ramala en la que pedía que se restableciera el diálogo con el Gobierno israelí sin pedir el ‘congelamiento’ de nuevos asentamientos a cambio de la generosa oferta de ‘limitarlos’, deshaciendo la ilusión de que la administración Obama iba a ser coherente con sus primeras declaraciones de retomar una Hoja de ruta que, en este otoño, no se sabe a donde ha ido a parar. Pero que, en todo caso, deja a los interlocutores palestinos por los suelos ante su pueblo, porque se demuestra que la llamada Autoridad Palestina está vacía, que es una ficción lo emprendido hasta ahora y que no se va a conseguir nada si se sigue con los planteamientos que hasta ahora.
Para un observador de fuera, con cortes de cata de la situación palestina en diferentes años, ésta se traduce en que el camino emprendido por los rectores de la dirigencia palestina, desde hace mucho tiempo, les ha llevado a recorrer un túnel, basados –en el mejor caso de buena fe- en una esperanza de cambio de la estrategia sionista y de la ayuda política de la comunidad internacional (y árabe), que no conduce a ninguna parte y que ‘ahora’ ya saben que no tiene salida. No pueden argüir desconocimiento o esperanza de que haya alguna luz, por pobre que ésta sea y que reafirme el camino emprendido desde los acuerdos negociados secretamente en Oslo.
Esos acuerdos no fijaban la limitación de construcciones de colonias sionistas y otros elementos de la política tradicional israelí como la determinación de la propiedad de la tierra para los ‘ausentes’ o la posibilidad de concesión de la nacionalidad israelí a cualquier judío para poder establecerse en los Territorios Ocupados sin que se permita a los refugiados palestinos volver a sus primigenios hogares.
Y con esos mimbres, la estrategia israelí, común divisor de laboristas, meretz, likub, kadima, los rusos, los ortodoxos y la pléyade del arco parlamentario israelí, continuó con la expropiación, la esquilmación de los recursos hídricos y el resto de las políticas colonizadoras de la tierra y economía palestina. Ahora la verdura palestina ha dejado de venderse en Jerusalén, la Casa de Oriente –simbólica representación palestina en la ciudad de Jerusalén- está cerrada y sigue gota a gota la judaización de la capital palestina.
La colonización económica es evidente y se apropia de la ayuda internacional. Según fuentes diplomáticas, se calcula que cerca del cincuenta por ciento de los alimentos palestinos son producidos en áreas controladas por los israelíes y que del 60 al 80 por ciento de toda la ayuda internacional a los palestinos es comprada en Israel que no paga ninguna factura por sus destrozos y que cobra tasas hasta de los camiones de ayuda humanitaria que van a Gaza. Sólo hay que ver los rótulos de las cajas de las tiendas palestinas de los Territorios Ocupados. Incluso la comida que llega a Gaza sirve como regulador de los precios internos israelíes: se deja pasar manzanas si éstas bajan ‘demasiado’ el precio y se impide que entran los kiwis o al revés, según interese a las comercializadoras israelíes.
Y todo esto con luz y taquígrafos. Los metros lineales de informes internacionales, de las Naciones Unidas, de la propia Unión Europea y sus predecesoras, las embajadas de sus países miembros, de las organizaciones humanitarias, incluyendo israelíes, podrían abarcar todo el perímetro de cada uno de los Ministerios de Asuntos Exteriores, incluyendo el madrileño Palacio de Santa Cruz. Formarían una gran biblioteca de la complicidad y de la ignominia. Porque sabiéndolo, los rectores de las políticas internacionales siguen publicitando, como un mantra, una cosa que denominan proceso de paz, haciendo abstracción del avance imparable de la ocupación que, ya ni siquiera, deja visualizar otra cosa que el archipiélago de bantustanes o reservas de los indigentes palestinos.
A estos efectos, es curioso revelar que cualificados dirigentes palestinos se refieran al Ministro español de Exteriores, Moratinos, como Mr. Amnesia. Él conoce por su trayectoria profesional en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Dirección General de África y Oriente Medio, embajador en Israel, enviado especial de la UE, ministro de Asuntos Exteriores... cómo se han incrementado de año en año las colonias sionistas, la expropiación de tierras, la esquilmación del agua, la periódica destrucción de infraestructuras o la economía palestina, y ante eso y más, manteniendo o incrementando las migajas de la ayuda humanitaria a los palestinos, cada vez olvida esos datos para mantener que hay que apoyar a Israel en la política de vecindad y upgranding de la UE, respaldarle a su incorporación a la OCDE, e incrementar las maniobras militares o cualquier negocio (como la supresión de la legislación española sobre jurisdicción universal cuando hay un caso sobre crímenes de lesa humanidad contra 7 militares israelíes), afirmando que se hace (el olvido y el apoyo de facto a la ocupación) como fórmula de ser considerados interlocutores por parte israelí y ‘convencerles’ de que hacen algo malo y cambien de actitud. Otros palestinos ya opinan abiertamente que es un sionista con palabra amable y que se presenta como amigo cuando solo es otro instrumento (voluntario) de la estrategia israelí.
Después de Oslo, y a pesar de cada uno de los incumplimientos de la literalidad del mismo o sus esperanzas frustradas sobre que la interpretación de los mismos llevaría a una paz de valientes, en lugar de la dinámica de profundizar la ocupación y el colonizaje, los negociadores palestinos siempre ponían como argumentos ‘fuertes’ de su postura, que la comunidad internacional (los Estados Unidos, la Europa civilizada o el alicaído imperio ruso) impedirían ese avance o que el pueblo palestino se rebelaría cuando intentasen arrebatarles el 10 (después el 20, el 30… por ciento de su territorio o el Valle del Jordán, o el transitar por Jerusalén, …). Pero esos argumentos ya ni siquiera lo repiten. Son conscientes de que la comunidad internacional no existe. Hillary Clinton o la votación del Informe Goldstone lo han dejado claro, hay luz verde para seguir la colonización, el muro y lo demás, solo se perturban por el ritmo. Un ritmo que sea digerible por la adormecida opinión pública. Por otro lado ese pueblo al que se le pide paciencia o que se rebele está exhausto. Exhausto porque ha recibido mucha represión, vive de la ayuda internacional, pero sobre todo, desde mi opinión, porque no tiene un gobierno democrático, ético, coherente y fiel a una estrategia.
Riad Malki, el que está nombrado por Abú Mazen, Ministro de exteriores palestino tras los sucesos de Gaza en un Gobierno diferente al elegido en las urnas, de la antigua ONG Panorama, le hemos escuchado varias veces, en estos dos últimos años, que si la Comunidad Internacional no hacia nada por evitar la profundización de la colonización israelí, se deslegitimaba a la Autoridad Palestina (que contenía la ira del pueblo palestino, de acuerdo a ese pacto de su alineamiento ‘moderado’, aliado de esa misma comunidad, frente a la resistencia laica o islámica), se menospreciaba la oferta de paz árabe recogida en la Cumbre árabe de Beirut (reconocimiento árabe-israelí, si Israel dejaba que hubiera un estado palestino en las fronteras de 1967), y que eso llevaría a su colapso y les obligaría a tener que abandonar esa postura y forzar a la comunidad internacional, a las Naciones Unidas (¿a la que forma parte del Cuarteto, que sigue la estrategia israelo-estadounidense?) a que se hicieran cargo del proceso de descolonización.
Tantas veces lo ha dicho y tantas veces Israel ha seguido expropiando, esquilmado, judaizando Jerusalén y asentando las leyes racistas que su cantinela es parecida a la fábula de la amenaza de que viene el lobo y ya ha sido ‘descontada’ por el mercado diplomático. De ahí la relativa indiferencia que ha ocasionado el anuncio de Abú Mazen de no presentarse a unas quiméricas elecciones el próximo enero o después.
La dirigencia de Al Fatah, que es la que corta el bacalao, ante la impotencia de los otros grupos que no han denunciado el pastiche no democrático que actualmente es la OLP, y el apoyo de esa comunidad internacional a cualquier cosa que no represente a la resistencia palestina, aunque sea elegida democráticamente, tiene un dilema.
Mantener su estatus y los 150.000 sueldos (de trabajadores que sostienen la Autoridad Palestina y su capacidad de autogobierno, con el dramatismo que tiene eso de una esperanza de vivir mejor y establemente) que representan la ayuda internacional a cambio de aceptar ser los reyes de los bantustanes y seguir utilizando la superestructura de que hay un proceso de paz o buscar una catarsis que rompa la inercia.
Entre ellos predomina lo primero. De ahí el denodado esfuerzo sectario de vestir las decisiones de la Presidencia palestina con la legitimidad otorgada por ser los cauces de la ayuda internacional, fuera de una legitimidad o legalidad palestina. Presionan a Abú Mazen para que siga el tinglado ante la falta de otro liderazgo de su facción.
Otras voces, no organizadas, entienden que hay que pedir la independencia y proclamar el estado palestino unilateralmente ante las Naciones Unidas con las fronteras de 1967 y con Jerusalén como capital. Esas voces que han participado hasta ahora en todos los meandros del sectarismo y el boicot a Hamas y a las demás organizaciones palestinas, tienen una idea, pero no tienen consigo al aparato por lo precipitado de su propuesta y no lo han llevado a la calle palestina. No tienen, ni han buscado, un consenso palestino y sus aventuras políticas les hacen tener poca credibilidad. Y a lo mejor, esa idea, arropada por un consenso palestino, tendría una mayor fuerza y podría ser ese elemento catártico del ensueño de un estado palestino inviable que es de lo que actualmente viven ellos mismos.
Esa unilateralidad por supuesto no conviene a los israelíes y a esa misma comunidad internacional porque se desvelaría el tinglado de la farsa. Pero poco más podrían perder. ¿Qué no se les hace caso? Todavía no se han modificado las leyes y resoluciones internacionales y entraríamos en el capítulo de la descolonización de las Naciones Unidas. Incluso las voces que reclaman un solo estado, desde la convicción de que es inviable un estado palestino, tendrían más fuerza porque la lucha contra el apartheid y las leyes racistas israelíes entrarían de plano en la lucha contra la descolonización, sin estar pretéritas por la confusión de un proceso de paz quimérico.
La división palestina, en todo caso, es un handicap para cualquier planteamiento. Una división alentada por esa comunidad internacional (que aceptó los criterios israelíes y no usa esas mismas condiciones a los diferentes gobiernos sionistas). Las diatribas de Abú Mazen y su estado mayor contra Hamas y a cualquier oposición hacen imposible la reconciliación por esta parte y que los ‘tunecinos’ puedan protagonizar cualquier acuerdo. De ahí la debilidad de la amenaza independentista de una facción, de una parte del partido, que controla (y es el interlocutor internacional) la OLP.
Pero mantener el espantajo indefinido de un proceso de paz tampoco es verosímil, aunque se quiere mantener. Hay una carrera entre un intento de mejorar las condiciones económicas de (parte) de la población palestina (Natanyahu-Blair- y todo el mundo) a cambio de la dilución de la identidad palestina y sus reclamaciones históricas. Ya los refugiados palestinos pitan poco. No se atiende la integración con la lucha de los árabes israelíes. El vector ideológico lanzado por el Gobierno israelí de que se reconozca a Israel como Estado ‘judío’ tiene sus adeptos entre la ‘inteligencia’ y la misma comunidad internacional que amenazaban y forzaban el uso de la fuerza ante los planteamientos de estados étnicos (y su correlato de limpiezas étnicas) hace unos pocos años.
En esa carrera contra el tiempo, la catarsis rompe la inercia. La matanza de civiles en Gaza, como la de Jenin, Sabra y Chatila o la de los aviones civiles destruidos décadas atrás no han servido. El discurso normalizador de Israel avanza gracias a la capacidad sionista y a los Moratinos boys. ¡Un Estado-Gobierno ocupante acaba de firmar el acuerdo de libre comercio con Mercosur con el Brasil de Lula!
Los palestinos están solos. No tienen muchos aliados. Quizá el derecho internacional, que no es poco.
En ese túnel sin salida en el que están metidos los palestinos y con una dirigencia empeñada en continuar por los mismos derroteros a ninguna parte, con gran debilidad económica tienen pocas cartas. Una de ellas es apoyar y extender la Campaña de Boicot, Sanciones y Desinversión (BDS en sus siglas en inglés) similar a la que se hizo a la Sudáfrica del Aparheid.
La actual dirigencia puede sobrevivir, mejor o peor, a cambio de la represión a los opositores a esa inercia o aceptar que lo hasta ahora encaminado no lleva a ninguna parte, ni al menor de sus sueños y replantearse su estrategia, buscar alianzas con sus opositores (a los que ahora dirigen más criticas que a los ocupantes israelíes (¡)) y consensuar una nueva estrategia de resistencia. El pueblo palestino continuamente descabezado, ya sea por la represión israelí, o sus cantos de sirena, la comunidad internacional o la identidad con el otro mundo divino, tiene, como nunca, un desafío de continuar siéndolo y de renovar su liderazgo.