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viernes, 28 de mayo de 2010

El "dossier negro" del ejército francés en África

28-05-2010
Raphaël Granvaud
Africultures

¿Qué hace el ejército francés en África? (1), es el título del último “dossier negro” de la asociación Survie para la editorial [francesa] Agone. Un dossier que no puede ser más actual en este año de conmemoración del cincuentenario de las independencias africana. Entrevista con el autor que retoma algunas de las cuestiones abordadas en este dossier. Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
La tercera parte de su libro se titula “La rehabilitación de lo colonial” y su lectura me ha producido un verdadero malestar. Yo no sabía que el ejército francés, al menos las fuerzas especiales que operan en África, estuvieran forjadas hasta ese punto por la nostalgia del colonialismo. Me pregunto si más allá de los retos económicos y políticos no hay que ver en la fuerte implicación militar francesa en África una manifestación de potencia, como si Francia siguiera sin digerir las independencias africanas, como si no pudiera renunciar a ser “una Francia más grande” (fórmula que designaba al imperio francés)…
Los políticos lo reivindican muy claramente; ya se trate de Mitterrand, de Chirac o de Sarkozy, siempre se encuentra en su discurso la idea de que “Francia debe conservar su rango en el mundo”. Es bien sabido que es el argumento que legitima el mantenimiento de esta presencia militar en África. Por supuesto, dicha presencia ofrece muchas ventanjas: en gran medida condiciona la posibilidad de mantener unas situaciones de monopolio económico en algunos países y de vigilar los recursos estratégicos.

Además, algunos regímenes africanos como los de Chad o la República Centroafricana sólo se mantienen por la fuerza de las armas, por el apoyo del ejército francés.

Desde las independencias, el principal pretexto del mantenimiento de la presencia militar francesa es defender a los países africanos, con los que se han firmado acuerdos militares, contra las agresiones exteriores. En la práctica casi nunca hay agresiones exteriores, el ejército francés sólo ha servido para controlar los problemas internos de unos regímenes que se enfrentan a rebeliones armadas o a movimientos populares.

Lo más frecuente es que los ejércitos de los Estados africanos postcoloniales se comporten con sus propias poblaciones como ejércitos de ocupación. Sus fuerzas armadas se conciben ante todo para responder al peligro del “enemigo interno” y no al de una agresión exterior. Sus análisis muestra claramente la responsabilidad de Francia en esta situación.

Absolutamente, eso formaba parte del kit teórico doctrinal que se inculcó a los oficiales africanos formados en las escuelas militares francesas. Hay que recordar que en el momento de las independencias los ejércitos africanos se crearon de la nada, así que constituyen una especie de prolongación del ejército colonial francés. Los ejércitos africanos son filiales del ejército francés, están estructurados sobre el mismo modelo, formados a partir de la misma ideología: la doctrina militar de la “guerra revolucionaria”, de la “contrainsurrección”, que quiere que el objetivo principal del ejército sea el control de la población. Pero para los ejércitos africanos no se trata del control de una población extranjera, como en el caso del ejército francés en Argelia. La misión de los militares africanos es controlar a sus propias poblaciones, pero con los mismos métodos que empleó el ejército francés en sus guerras coloniales. Es lo que ocurrió en Camerún en el momento de la independencia, en la sangrienta guerra que se declaró contra los maquis del UPC (Unión de las Poblaciones Camerunesas). En el caso de Ruanda el investigador Gabriel Périès encontró unas memorias de oficiales ruandeses, formados en Francia en las décadas de 1980 y 1990, en las que se vuelve a encontrar esta obsesión de luchar contra el enemigo interior, de establecer tácticas contra la insurrección. Llevada hasta el final, la lógica del “control de la población” lleva al genocidio …

Al establecer la genealogía de la guerra contra la insurrección, su libro subraya las continuidades y similitudes que existen entre las guerras coloniales de Indochina y Argelia, y las guerras postcoloniales de Camerún (una guerra ocultada) y de Ruanda.

Lo único que he hecho ha sido mencionar unos trabajos que existían sobre el tema. Oficialmente, desde el final de la guerra de Argelia se han abandonado estas teorías contrainsurreccionales y se han proscrito métodos como la tortura o la guerra psicológica. En la práctica, hubo una primera oleada de exportación a las dictaduras sudamericanas de las tácticas antisubversivas francesas: así, personas como el general Aussaresse (conocido por sus revelaciones sobre el uso sistemático de la tortura en Argelia) pudieron seguir transmitiendo su “pericia y experiencia”... Después esta pericia y experiencia antiinsurreccional se recicló en el África francófona para controlar las independencias y el periodo posterior a la independencia. Lo que trato de demostrar es que esta tradición de la “guerra revolucionaria” continúa hoy de forma más sutil. Cuando se leen las publicaciones militares contemporáneas se encuentran referencias a personas como Trinquier (principal teórico de la “guerra en contra de la insurrección”), pero también referencias a las técnicas de conquista colonial de Liautey o de Gallieni (guerras coloniales de “pacificación” de finales del siglo XIX y principios del XX); estrategas que vuelven a estar de moda cuando se trata de pensar en una situaciones de conflicto como las Afganistán o Costa de Marfil.

Así pues, el ejército francés mantiene una relación íntima con su historia colonial en el plano de la pericia y experiencia, y de los discursos. ¿Existe una especificidad del ejército francés desde este punto de vista?

Los militares franceses consideran que en el plano del contacto con las poblaciones hay una tradición cultural más fuerte que la de los anglosajones. El ejército francés alardea de una auténtica pericia y experiencia que le permite ser aceptado mejor como ejército de ocupación. Es la cuestión del “control de las poblaciones”. Para los militares franceses no hay que hacer como los estadounidenses, que llegan militarmente por la fuerza y a continuación se encierran. El ejército francés se vanagloria de ser capaz de actuar de manera psicológica, llevando a cabo operaciones “cívico-militares” para hacer que las poblaciones civiles acepten la presencia de los militares. Siempre con esta idea, que se remonta a Indochina, consideran que se va a poder separar el grano de la paja y cortar a las rebeliones de sus bases populares.

¿Ha recurrido el ejército francés a conocimientos de tipo etnológico en su trato con las poblaciones de los países ocupados?

Cuando se rasca un poco siempre se da con una especie de disposición a pensar surgida directamente del periodo colonial. Se supone que las fuerzas especiales francesas poseen, además de una pericia y experiencia propiamente militar, unos conocimientos culturales, etnológicos, que les situarían en mejores condiciones para operar en ciertas zonas geográficas del mundo, en particular en África. Estos conocimientos “culturalistas” descansan en unas concepciones completamente superadas desde el punto de vista universitario. Cuando se leen las intervenciones de oficiales en coloquios se encuentran cosas absolutamente asombrosas, como que “la presencia del ejército francés es necesaria porque a los africanos les cuesta proyectarse hacia el futuro”. Los mismos clichés manidos que salpicaron el discurso de Dakar de Sarkozy: este viejo fondo colonial que pretende ser un conocimiento que permite una intervención sobre unas poblaciones.

Volvamos al caso de Camerún, el primer país africano que accedió a la independencia el 1 de enero de 1960. Desde mediados de la década de 1950 hasta principios de la de 1970 se produjo una auténtica guerra en este país: decenas de miles de muertos, más de 100.000 según algunas fuentes. ¿Esta guerra que llevó a cabo un régimen a sueldo de Francia contra la UPC tiene que ver también con la guerra “antiinsurreccional”?

Recientemente el investigador Gabriel Périès ha demostrado cómo en la misma época se calcaron en Camerún los dispositivos establecidos en Argelia (2). La división en zonas de los territorios, la tortura a gran escala, la deportación de las poblaciones, la política de tierra quemada: todo lo que se hacía en Argelia se retomó tal cual en Camerún. Hay que señalar al respecto el excelente documental Autopsie d'une indépendance [Autopsia de una independencia] (3) en el que se oye a Mesmer declarar a propósito de los bombardeos de pueblos con napalm que “no tiene importancia”. Éstas son cosas que al cabo de los años empiezan a aflorar a la superficie.

Por lo tanto, esto pone en tela de juicio el mito de una “descolonización suave”…

La “descolonización discreta” sigue siendo la versión oficial si nos referimos a los programas escolares de historia en el primer y segundo ciclo de enseñanza secundaria. Uno de los retos del estudio de la descolonización es mostrar que hubo, por un lado, una descolonización violenta, la de Argelia, y por otro, una descolonización calificada de pacífica, de “suave”. Los casos de Camerún y Madagascar bastan para mostrar que es un completo mito: el mito de las independencias sin hacer ruido preparadas por Deferre y De Gaulle tras la Conferencia de Brazzaville en 1946. En la práctica, todo lo que Francia concedió fue contra la voluntad de la metrópoli, con frecuencia después de intentos desesperados de retomar las riendas violentamente. Esto fue acompañado de un proceso de eliminación de los movimientos independentistas y de sus dirigentes, pero también de la promoción de politicos devotos a los intereses franceses. En la época de posguerra hubo un auge de movimientos independentistas, autonomistas, progresistas, revolucionarios, un viento de esperanza irresistible: había diferentes ideologías que movilizaban a las poblaciones y estos movimientos fueron sofocados, destruidos y a veces completamente erradicados, como en el caso de Camerún. Así pues, hubo un periodo en el que las poblaciones africanas se quedaron huérfanas de varios movimientos y dirigentes. Esto empieza a renacer ahora con los movimientos sociales africanos y las contracumbres en las que el centro de las preocupaciones de la sociedad civil es la cuestión de la dominación neocolonial, ya se trate de la presencia francesa o de sistemas mas globalizados, como la deuda y las políticas impuestas por el FMI y el Banco Mundial.

Volvamos al ejército francés. Usted menciona en su libro un “detalle” que produce escalofríos: siempre se ha apodado a las tropas de marina la “Colonial”…

En este componente del ejército francés surgido del ejército colonial las cuestiones de tradición y de identidad son cuestiones extremadamente fuertes, en particular en las fuerzas especiales. Las tropas de marina están muy orgullosas de su pasado colonial y reivindican su espíritu y sus métodos. Tanto las paradas militares como los editoriales de su revista L'Ancre d'or se siguen cerrando con las palabras “Y en nombre de Dios, ¡viva la Colonial!”.

E imagino que con frecuencia encontramos a estas tropas de marina en las operaciones francesas que se llevan a cabo en tierra africana.

En efecto, forman la mayor parte de las fuerzas especiales a las que se llama durante las operaciones sensibles: operaciones “puñetazo”, operaciones con un fuerte contenido en servicios de inteligencia. También las encontramos en las operaciones europeas (EUFOR). Durante la primera de ellas en la República Democrática de Congo en 2003 Francia se había jactado de haber inculcado cierta cantidad de métodos a unas fuerzas especiales europeas, en particular a las fuerzas especiales suecas. Desde entonces nos preguntamos de qué métodos se trataba, porque algunos militares entre estas fuerzas suecas se habían quejado ante sus superiores de haber tenido que soportar la visión de actos de tortura practicados por los militares franceses a congoleños. Esto hizo mucho ruido en Suecia y mucho menos en Francia…

¿Hay un control del parlamento francés sobre las operaciones militares en África?

Desde la modificación constitucional operada en el verano de 2008, teóricamente el parlamento tiene derecho a observar las operaciones exteriores, pero es un derecho muy limitado. Los diputados tienen derecho a ser informados de una operación exterior en los tres días posteriores a su desencadenamiento, con lo que se encuentran ante un hecho consumado. El parlamento sólo posee poder de control sobre las operaciones importantes de más de cuatro meses (que sólo representan una pequeña parte de las operaciones militares) cuya renovación puede denegar. En cambio, no existe ningún control sobre las operaciones secretas de defensa especiales ni sobre las operaciones clandestinas de la DGSE [Dirección General de Servicios Especiales, el servicio de inteligencia encargado de la seguridad del territorio, n. de la t.]

Ciertamente, Chad y la República Centroafricana (RCA) representan hoy el ejemplo más caricaturesco de la injerencia militar francesa en algunas regiones de África. Además, usted dedica un lugar destacado en su libro a estos dos ámbitos de intervención.

En 2006 Francia montó en la RCA una operación del mismo tipo que Kolwezi (rescate del régimen de Mobutu gracias a la intervención de los paracaidistas franceses): en la total ignorancia tanto de la población francesa como de los parlamentarios, el ejército francés envió a los paracaidistas para reconquistar Birao. Este tipo de operación hoy sigue siendo completamente posible. Más recientemente, durante la última ofensiva seria de los rebeldes en la capital de Chad hubo una intervención oficial del ejército francés con el pretexto de proteger a sus ciudadanos. Esta operación permitió proteger el aeropuerto, desde donde pudieron despegar los mercenarios de [el presidente de Chad] Idriss Deby… Según el diario La Croix, la “protección” de aeropuerto de N'Djamena también fue acompañada de una intervención militar de las fuerzas especiales francesas que participaron directamente en los combates contra los rebeldes: una operación clandestina que sigue sin ser reconocida por las autoridades francesas ...

En su último informe sobre la República Centroafricana, Human Rights Watch es muy crítica en relación con las últimas intervenciones del ejército francés en la RCA.

En el informe anual que publicó en 2007 la ONG señaló varias cosas: detalló la política de tierra quemada llevada a cabo por el ejército centroafricano con las poblaciones del norte, unas poblaciones acusadas de mantener a los movimientos rebeldes. También aquí encontramos las técnicas coloniales francesas: se trata de aterrorizar a las poblaciones para que dejen de apoyar a los rebeldes. Los excesos más graves se cometieron justo después de las intervenciones francesas. Tras la toma de Birao por el ejército francés las fuerzas centroafricanas devastaron esta ciudad. En aquel momento, en la prensa los militares franceses hicieron a los rebeldes responsables de las destrucciones. Después se supo que se trataba de un intento de ocultación que es muestra de la complicidad en un crimen de guerra. En el informe de HRW también hay unas fotos que plantean preguntas: se ve a unos oficiales franceses al lado de la OCRB (Oficina Central de Represión del Bandidaje), una especie de milicia que se dedica a las ejecuciones sumarias.

Vista la naturaleza de sus intervenciones en África, ¿Francia está realmente en condiciones de conmemorar el cincuentenario de las “independencias” africanas?

Se percibe un gran malestar en relación con la conmemoración de este cincuentenario. Este malestar no es ajeno al hecho de que todas las intervenciones orales de Nicolas Sarkozy sobre la cuestión de África afirman una voluntad de ruptura con las prácticas de sus antecesores. Pero fuera de estos discursos, no se ve ruptura alguna: sigue siendo el reino de los diferentes tipos de presión, de los emisarios ocultos, de los acuerdos secretos, de las operaciones clandestinas. A modo de celebración va a haber cosas bastante caricaturescas: un desfile del 14 de julio en el que bajo la cobertura de rendir homenaje a los tiradores africanos se va a invitar a ejércitos como los de Camerún o de Congo, conocidos pero sus excesos contra las poblaciones. Todavía están por hacer la verdadera descolonización y la celebración de esta descolonización...

Notas

1. "Que fait l'armée française en Afrique ?", Agone, octubre de 2009.

2. cf. Une guerre noire, enquête sur les origines du génocide rwandais (1959-1994), Gabriel Périès y David Servenay, La Découverte, 2007.

3. Cameroun, Autopsie d'une indépendance, dirigida por Gaëlle Le Roy y Valérie Osouf, duración 52', producción: France 5 / Program 33, 2007.

Algunas referencias:

En Centrafrique, stratégie française et enjeux régionaux

http://www.monde-diplomatique.fr/2008/02/MUNIE/15569

État d'anarchie (rapport Human Rights Watch sur la RCA)

Rébellions et exactions contre la population civile

http://www.hrw.org/fr/reports/2007/09/13/tat-d-anarchie

Cameroun : retour sur une décolonisation sanglante

http://www.afriscope.fr/spip.php?article182

Où est le "centre" de l'Afrique ?

http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=7250

Marchés militaires et économie de la prédation, des pays du lac Tchad et du Soudan occidental au Golfe de Guinée.

http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=4394

Cinquante ans de décolonisation africaine

http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=9139

Fuente: http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=9444

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domingo, 23 de mayo de 2010

África, África

23-05-2010
Juan Gelman
Página 12

Maniobras conjuntas de las fuerzas armadas de EE.UU. y de 22 países africanos y europeos, entrenamiento impartido por marines a tropas de Liberia, Ghana y Senegal, libre acceso del Pentágono a puertos y aeropuertos de Kenia, Etiopía, Marruecos, Namibia, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Túnez, Uganda y Zambia, operaciones encubiertas en Somalia y otras naciones.

El Comando Africa de EE.UU. (Africom, por sus siglas en inglés) está a cargo de estas actividades, y aun otras, con el propósito declarado de combatir al terrorismo mediante sus relaciones militares con los 53 países del continente negro (www.africom.mil). En realidad, este interés comenzó en Washington antes del 11-S.

El entonces vicepresidente Dick Cheney mantuvo en mayo de 2001 una reunión secreta con asesores y representantes de los megapolios petroleros que hizo pública días después. Se emitió un comunicado en el que se recomendaba al presidente que asignara a las secretarías de Estado de Energía y de Comercio la tarea “de profundizar los compromisos bilaterales y multilaterales (con los países africanos) a fin de promover la creación de un ambiente receptivo para las inversiones y operaciones comerciales estadounidenses de petróleo y gas natural”. (www.whitehouse.gov/energy, 21-5-01). Y aún antes, el republicano Ed Royce se ocupaba del tema en su calidad de presidente del Subcomité para Africa de la Cámara de Representantes: “El Subcomité examinó el tema en una audiencia realizada en 2000. Es de interés nacional diversificar nuestras fuentes de abastecimiento de petróleo. La expansión de la producción energética africana atiende ese interés” (www.accra-mail.com, 30-3-10). La “guerra antiterrorista” de W. Bush vino después.

El Instituto de Estudios avanzados políticos y estratégicos (Iasps, por sus siglas en inglés) –un think tank israelí con sede en Jerusalén y una filial en Washington– desempeñó un papel protagonista en la instauración del Africom: en enero de 2001 convocó un simposio en Washington que recomendó la creación de un subcomando estadounidense para garantizar la seguridad regional (www.iasps.org, 16-5-01), es decir, la seguridad de las inversiones petroleras. En Angola –un ejemplo– la Chevron controla el 75 por ciento de la producción de oro negro. Y el Iasps estima que hacia el 2015, un 25 por ciento del consumo de EE.UU. de energía fósil provendrá de Africa. Esto explica algunas cosas.

El presupuesto del Africom aumentó de 50 millones de dólares en el año fiscal 2007 a 310 millones en 2010 sólo en el rubro de gastos corrientes. La ayuda militar a los países africanos es otro apartado: “El Africom está invirtiendo miles de millones de dólares en entrenamiento y armas. Se calcula que esa inversión no será inferior a los 20.000 millones en 2010 y beneficiará a los ejércitos de muchos regímenes represivos” de Africa (www.accra-mail.com, 30-3-10). En esto consiste la “invasión tranquila” de EE.UU., al decir de un periódico nigeriano (www.vanguardngr.com, 30-9-02). Es una tranquilidad que intranquiliza: a pesar de haber condenado a Sudán por el genocidio de Darfur, Washington trasladó clandestinamente a EE.UU. al jefe del espionaje sudanés, el mayor general Abdallah Gost, para que asesorara a la CIA sobre los intereses militares estadounidenses en el Cuerno de Africa (//articles.latimes.com, 29-4-05). Ocurrió mientras el mayor general era un “wanted” de la Corte Penal Internacional por delitos de lesa humanidad. La lucha del Pentágono y la Casa Blanca para que la libertad y la democracia imperen en el mundo entero tiene, en verdad, ribetes muy peculiares.

El continente negro produce hoy más de 4 millones de barriles de petróleo diarios, tanto como Irán, Venezuela y México juntos. En diez años el incremento de su producción fue del 36 por ciento, contra el 16 por ciento en el resto del mundo. Sudán, Nigeria, Angola, Congo, Gabón, Guinea Ecuatorial, Chad y otros poseen alrededor del 10 por ciento de las reservas mundiales de crudo y, para EE.UU., ofrecen dos ventajas: salvo Nigeria, ninguno de esos países forma parte de la OPEP; y luego, las crisis que padecen están exentas de las complicaciones de un Medio Oriente inconquistable.

Etiopía invadió Somalia en el 2006 so capa de una influencia creciente del extremismo musulmán allí. El Africom proporcionó apoyo logístico, dinero, supervisión y entrenamiento a las tropas etíopes para una operación más bien destinada a garantizar la futura explotación de las reservas de petróleo somalíes, que se consideran ingentes. No hubo soldados estadounidenses en el campo de batalla, pero no hacía falta: fue y es una guerra a cuenta del Pentágono.

Fuerzas de Uganda, la República Democrática del Congo y el sur de Sudán atacaron en el 2008 un reducto de los rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor en un parque nacional congolés: 17 asesores del Africom participaron en la planificación del operativo y abastecieron a las tropas ugandesas de celulares y un millón de dólares en gasolina (www.nytimes.com, 7-2-09). Quedó claro que esta presunta acción antisubversiva se limitó a despejar el terreno de los yacimientos petrolíferos.

Hay más que petróleo y gas natural en los países africanos: el Congo acumula el 80 por ciento de las reservas mundiales de cobalto, elemento clave para la industria electrónica. El Africom se encarga de que nunca falte a las empresas occidentales del ramo.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-146185-2010-05-23.html

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jueves, 18 de febrero de 2010

Acaparan tierras en África para destinarlas a la producción de agrocombustibles


18-02-2010
REDES-Amigos de la Tierra Uruguay
Ecoportal

Desde 2006 se han comprado en África más de 9 millones de hectáreas. De ellas, al menos 5 millones se dedicarán a producir agrocombustibles mediante el cultivo de jatrofa, palma aceitera y sorgo dulce, entre otros. Pero las cifras son mayores, ya que sólo en Mozambique, funcionarios de gobierno informan que inversionistas han solicitado 4,8 millones de hectáreas (casi un séptimo del área cultivable del país) para dedicarlas a los agrocombustibles.Los gobiernos africanos reconocen la pérdida de tierras, los desplazamientos de comunidades y su preocupación por los impactos que tendrán estos proyectos en la capacidad de sus países para satisfacer las necesidades internas de la producción agrícola de alimentos.

La afluencia de grandes capitales hacia la agricultura cobra cada vez mayor impulso. Ello se evidencia en los masivos arrendamientos y compras de tierras por parte de inversionistas extranjeros y grandes agroempresas transnacionales en regiones como África, América Latina y Asia.

Informes de GRAIN [1], del Relator Especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación Olivier De Schutter [2] y del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo [3] (iied, por sus siglas en inglés), reflejan y fundamentan la creciente preocupación que los impactos de este modus operandi generan en movimientos y organizaciones sociales, y en instituciones y autoridades internacionales.

Conforme se profundiza el fenómeno, claramente neocolonizador, se intensifican la extranjerización de los territorios y el despojo a las comunidades locales, volviéndose otro de los nefastos procesos de “contrarreforma agraria”.

La investigación de Amigos de la Tierra (AT). El informe, titulado Africa: up for Grabs. The Scale and Impact of Land Grabbing for Agrofuels [4], que en febrero de 2010 estará disponible en el sitio Web de Amigos de la Tierra Europa (http://www.foeeurope.org), analiza la dimensión y los impactos sobre los territorios del acaparamiento de tierras para producir agrocombustibles en el continente africano, en especial el papel que desempeñan las empresas europeas.

Se detalla el proceso en Angola, Camerún, la República Democrática del Con-go, Etiopía, Benin, Ghana, Kenia, Mozambique, Nigeria, Sierra Leona y Tanzania.

Para el informe, los acaparamientos de tierra adoptan por lo menos tres variantes, según la situación y las leyes locales: la adquisición de la tierra, el arrendamiento y la contratación de agricultores para producir determinados cultivos.

La importancia de la tierra en África. Los procesos analizados ocurren en un continente en donde “para la gran mayoría de las sociedades […] la tierra no es considerada simplemente un activo económico o ambiental, sino un recurso social, cultural y ontológico. La tierra sigue siendo un factor importante en la construcción de la identidad social, la organización de la vida religiosa y la producción y reproducción de la cultura” [5].

Según la investigación, desde 2006 se han comprado en África más de 9 millones de hectáreas. De ellas, al menos 5 millones se dedicarán a producir agrocombustibles mediante el cultivo de jatrofa, palma aceitera y sorgo dulce, entre otros. Pero las cifras son mayores, ya que tan sólo en Mozambique, funcionarios de gobierno informan que inversionistas han solicitado 4,8 millones de hectáreas (casi un séptimo del área cultivable del país) para dedicarlas a los agrocombustibles.

Los gobiernos africanos reconocen la pérdida de tierras, los desplazamientos de comunidades y su preocupación por los impactos que tendrán estos proyectos en la capacidad de sus países para satisfacer las necesidades internas de la producción agrícola de alimentos. A esto deben sumarse las adquisiciones y la “financiarización” de la tierra, por parte de inversionistas extranjeros [6].

Quiénes están detrás. Pese a la limitada información oficial disponible, las evidencias sugieren que son empresas privadas quienes están tras la mayoría de los negocios de tierras en África, pero también gobiernos nacionales, a menudo con empresas de propiedad estatal o sociedades privadas de inversión, que adquieren o arriendan tierras.

Los agrocombustibles son un motor clave de gran parte de las recientes adquisiciones de tierras, y el informe resalta el papel nefasto del objetivo de la Unión Europea (ue) de que en 2010 el 10% del combustible usado en el transporte de la ue provenga de fuentes “renovables” de energía. Mercados garantizados y acceso barato a tierra y mano de obra, hacen de los agrocombustibles una gran oportunidad de negocios para las empresas europeas.

Las empresas de biotecnología también se interesan en impulsar los agrocombustibles en África, intentan abrir nuevos mercados para sus variedades transgénicas y encuentran aliados importantes en la Fundación Bill y Melinda Gates —que destina 120 millones de dólares al “desarrollo” de cultivos en África, con fondos específicos para desarrollar cultivos transgénicos— y en la Alianza para una Nueva Revolución Verde en África (agra por sus siglas en inglés).

Los impactos. En un continente donde el acceso a la energía es crucial para el desarrollo, cala hondo la promesa de cultivos para producir combustibles dedicados al consumo local. Sin embargo, citando un estudio de la fao [7], ningún cultivo para agrocombustibles en Etiopía, Ghana, Madagascar o Mali se destina al consumo interno: todos los cultivos se exportan.

Los promotores —empresas y gobiernos— prometen combustibles para consumo local, empleo, desarrollo económico, reducción de las emisiones de gases con efecto de invernadero (gei), que utilizarán sólo “tierras marginales” y menor consumo de agua y erosión del suelo. La realidad es que:

* No reducen las emisiones de gei. Las aumentan. Según la investigación de AT, varios estudios demuestran que producir agrocombustibles a partir de algunos cultivos ocasiona más emisiones de gei que una cantidad equivalente de combustible fósil.

A la producción en sí misma hay que agregarle los efectos de los cambios en el uso del suelo. Se calcula que en los territorios donde se han eliminado bosques para producir palma aceitera, tardará 150 años para que el ahorro de carbono procedente de su cosecha sustituya al carbono perdido con la tala de los bosques.

* Tierra y agua, dos bienes comunes seriamente amenazados. Parecería que los países africanos tienen vastas áreas de tierra cultivables en desuso. Es el mito de las tierras marginales.

Pero las tierras oficialmente clasificadas marginales, porque no son privadas, con frecuencia tienen funciones vitales para las comunidades y los ecosistemas: pueden ser comunales (usadas en pastoreo, cultivo de alimentos o recolección de plantas medicinales), pero también pueden ser humedales, pantanos o terrenos montañosos. at señala que el uso o reclamo de tierras pasa desapercibido cuando radica en manos de comunidades marginadas de los derechos formales de propiedad y acceso a la ley y a las instituciones. Derechos locales a la tierra poco claros, falta de acceso al proceso de registro de la tierra, requisitos de uso productivo poco definidos, vacíos legales y falta de transparencia, control y equilibrio en las negociaciones, entre otros factores, debilitan la posición de las comunidades.

La clave no es quién posea oficialmente la tierra, sino quién depende de ella para su sustento. La competencia por la tierra agrícola plantea cuestiones fundamentales para la promoción de la soberanía alimentaria y por ende debería ser considerada al fijar las prioridades gubernamentales. “¿Debe un país dependiente de la ayuda alimentaria (como Kenya o Etiopía) vender sus tierras fértiles para que se destinen al desarrollo de agrocombustibles?”, pregunta el informe.

No todas las tierras fértiles disponen de un suministro de agua adecuado. Siendo el agua un bien común cada vez más escaso en África, la producción de agrocombustibles consume grandes cantidades de agua y hace un uso intensivo de agrotóxicos, lo que contamina los cuerpos de agua adyacentes.

* Limitada e indecente oferta de empleo. La mayoría de los cultivos para agrocombustibles requiere poca mano de obra. Generan empleos de corta duración para la “limpieza” previa del terreno y la cosecha. Si la agricultura es mecanizada, el empleo es mucho menor [8]. Aun cuando se creen puestos de trabajo, la remuneración es bajísima y las empresas incumplen las leyes laborales locales.

* Falsas expectativas. Josam Ndaabona, pequeño agricultor de Zambia, resume muy claramente la modalidad de contrato de producción de jatrofa. “Ésta me recuerda al algodón. Hace muchos años cuando Dunavant vino aquí, prometió que si cultivábamos algodón, ganaríamos mucho dinero. Dejamos de cultivar nuestro maíz para hacer más dinero con el algodón. Pero al tiempo de vender, nos pagaban muy poco. Pasamos hambre porque habíamos descuidado nuestro cultivo de maíz tradicional” [9].

* Degradación ambiental. La agricultura industrial, impacta mucho el ambiente al generar deforestación y pérdida de humedales; degradación de los suelos a causa de los inadecuados métodos de cultivo; contaminación y agotamiento de los recursos hídricos. Redunda en pérdida de ecosistemas y reservas de carbono.

Más los impactos sociales y culturales en las comunidades que viven en esos ecosistemas.

En Camerún las plantaciones de palma aceitera están sustituyendo al bosque nativo de la cuenca del Congo, el segundo más grande del mundo después del Amazonas, e importante reserva de carbono. También impacta severamente a las comunidades que dependen del bosque para su vida diaria.

Conclusiones. La ávida inversión extranjera impulsa que una serie de países africanos reciba con brazos abiertos los agrocombustibles, muchos de éstos desarrollados por empresas europeas con el objetivo de satisfacer el mercado europeo generado por las metas de la ue.

Hace mucho tiempo que las sociedades africanas ven cómo sus recursos naturales son explotados por empresas extranjeras para su beneficio. Por qué esperar algo distinto con la producción de agrocombustibles, en manos de empresas extranjeras. Lo cierto es que las comunidades sufrirán los impactos sociales, ambientales y culturales de esta nueva promesa de desarrollo.

Recomendaciones para la acción

• Frenar el acaparamiento de tierras. Eliminar los objetivos políticos que incrementan la demanda de agrocombustibles, en particular los objetivos obligatorios de la ue, y suspender de inmediato las adquisiciones de tierras y las inversiones en agrocombustibles.

• Promover una agricultura respetuosa del agricultor y del ambiente, dirigida a la comunidad local.

• Promover la inversión en sociedades sustentables que reduzcan su consumo de energía.

• Establecer normas claras, jurídicamente vinculantes y exigibles, para los inversionistas, que tengan en cuenta todos los posibles impactos de las actividades que pretendan realizar.

• Exigir el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades locales afectadas, para cualquier venta o arrendamiento de tierra.

• Proteger los derechos consuetudinarios de las comunidades y pueblos indígenas.

• Proteger los derechos laborales y humanos de los trabajadores y las trabajadoras agropecuarios. www.ecoportal.net

Notas:

Una nueva investigación realizada conjuntamente por Amigos de la Tierra Europa y grupos de Amigos de la Tierra África, será lanzada en febrero de 2010. El texto que presenta REDES-Amigos de la Tierra Uruguay es un adelanto del informe en extenso. Fuente: Grain

1. GRAIN (octubre 2008) ¡Se adueñan de la tierra! El proceso de acaparamiento agrario por seguridad alimentaria y de negocios. Ver: http://www.grain.org/briefings/?id=214. Ver versión abreviada en Biodiversidad, sustento y culturas, núm 60.

2. Informe del Relator Especial sobre el derecho a la alimentación. Mayor capacidad de respuesta: un marco de derechos humanos para la seguridad alimentaria y nutricional mundial, p.13, septiembre de 2008,
http://daccess-ods.un.org/access.nsf/Get?Open&DS=A/HRC/9/L.15&Lang=S

3. Cotula, L., Vermeulen, S., Leonard, R. and Keeley, J., 2009, Land Grab or Development Opportunity? Agricultural Investment and International Land Deals in Africa, IIED/FAO/IFAD, Londres/Roma. http://www.fao.org/docrep/011/ak241e/ak241e00.htm

4. África: crece la usurpación. Escala e impacto del acaparamiento de tierras para agrocombustibles.

5. Unión Africana (marzo 2009) Framework and guidelines on land policy in África.
http://www.pambazuka.org/aumonitor/images/uploads/Framework.pdf

6. Ibídem.

7. Op. cit, nota 3.

8. Ustulin, E. J. & Severo, J. R. (2001): Cana-de-Açúcar : Proteger o ambiente e continuar gerando empregos.
http://www.cna.org.br/Gleba99N/Set01/cana01.htm

9. African Biodiversity Network (julio 2007) Agrofuels In Africa-The Impacts On Land, Food And Forests.

Fuente: http://www.ecoportal.net/content/view/full/91122

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martes, 26 de enero de 2010

"No se puede meter en el mismo saco a 53 países"


Entrevista con Lola López, antropóloga y coordinadora del Centro de Estudios Africanos

27-01-2010
J.H.C.
Periódico Diagonal

Tras la muerte de varios miembros del equipo de futbol de Togo en la copa de África, nos entrevistamos con Lola López para discutir de la información difundida por varios medios de comunicación españoles. Antropóloga y coordinadora del Centro de Estudios Africanos en Barcelona, Lola López ha dedicado numerosos análisis al papel de la prensa en la difusión de estigmas y prejuicios. Su acción cotidiana y cercana la convierten en una defensora activa de la diversidad y de la tolerancia.

DIAGONAL: La matanza de varios miembros del equipo de fútbol de Togo en una zona conflictiva de Angola ha desatado una reacción inmediata de los medios televisivos españoles que hablan de África como un continente inhóspito e inestable. ¿Cómo calificaría usted esta reacción de los medios de comunicación y en qué se basa?

Lola López: Calificar a todo un continente por lo que ha pasado en una zona conflictiva de un país es ignorancia. Ignorancia de la diversidad del continente y de la diversidad de situaciones que vive. No se puede meter en el mismo saco a 53 países, pero el gran desconocimiento existente sobre el continente africano lo justifica.

D.: Del conflicto local, es decir la causa directa de estas muertes, no se ha dicho absolutamente nada. ¿Cree que es normal? L. L: Más que normal podríamos decir que es habitual. Explicar una situación tan compleja como la de Angola no “vende”. ¿Por qué? Porque no nos interesa. Y, seguramente, nos costaría comprenderla en toda su complejidad por lo mismo que decía antes: el gran desconocimiento que tenemos de las realidades africanas. Desconocimiento que, por otra parte, sustituimos por cuatro estereotipos simples, y con ellos sí que encaja esa idea del continente inhóspito e inestable.

D.: Ciertos comentarios pronunciados por los afectados como “la vida no tiene valor en África” han acabado siendo los eslóganes y titulares principales de algunos periódicos. ¿Cree que la imagen de África que se está transmitiendo es la correcta?

L.L: Por supuesto que no. Es totalmente parcial y deformada. Es coger una parte por el todo. Pero mientras los medios de comunicación no dediquen más tiempo a contextualizar las noticias y lo que prime sea ser el primero en dar la noticia más impactante, seguirán des-informando. Creo que no es un problema no conocer a fondo una situación, un país, una realidad, pero sí lo es sustituir el conocimiento por tópicos y prejuicios o, incluso, por obvias falsedades.

D.: ¿Por qué los medios de comunicación tienden a generalizar y presentar el continente africano como un lugar salvaje y peligroso?

L. L: Los medios de comunicación no hacen más que reproducir hasta lo grotesco los estereotipos previamente construidos, en la construcción de los cuales han tenido un papel importante motivos económicos, políticos e ideológicos. Es complejo analizar cómo y porqué se ha creado y transmitido esa idea de África, pero sí me gustaría apuntar que la construcción de esa imagen empezó hace siglos para “legitimar” la trata de esclavos. La trata convirtió África en un lugar salvaje y peligroso, tanto para las poblaciones africanas como para el imaginario europeo.

D.: Algunos medios preguntan a sus lectores u oyentes, en foros abiertos, si el Mundial de Futbol debe seguir organizándose este año en Sudáfrica, cuestionando así la capacidad africana de acoger grandes eventos. ¿Cómo considera esta actitud?

L. L: Simplista. Sudáfrica y Angola son dos países completamente diferentes. La situación de Angola no permite plantear allí el Mundial de Futbol. La verdad es que hay una curiosa tendencia, tanto en los medios de comunicación como en la sociedad en general, de hablar de África como si en lugar de un continente con 53 estados fuera un sólo país.

D.: Usted, que conoce muy bien el continente africano, ¿cómo le gustaría verlo reflejado en los medios de comunicación europeos?

L. L: De una manera realista, con sus problemas y sus capacidades, pero sobre todo en su inmensa diversidad. De todos modos, la imagen de África transmitida por los medios de comunicación franceses o británicos es mucho más correcta que la que reflejan los de este país.

D.: Siendo miembro del Centro de Estudios Africanos en Barcelona y coordinadora de un posgrado en la Universidad Pompeu Fabre. ¿Sabe si existen iniciativas para fomentar una imagen sin estigmas del continente en los medios de comunicación?

L. L: Sé que hay iniciativas en los medios de comunicación para fomentar una imagen correcta y digna de las personas inmigradas, tanto las de origen africano como de otros orígenes, pero es muy difícil dar una imagen digna de una persona proveniente de un lugar que es tratado indignamente por esos mismos medios de comunicación.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/No-se-puede-meter-en-el-mismo-saco.html

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Buitres sobrevuelan África


27-01-2010

Jorge Luis Rodríguez González
África Mía


La enseñanza universal, la lucha contra la pobreza y la mejora de los sistemas de salud, seguirán siendo una utopía para África, mientras las grandes potencias sigan tragándose la mayoría de sus recursos financieros a través del pago de las denigrantes deudas externas.


Ante la caída de los precios de las materias primas en el mercado internacional, los países africanos disminuyen sus ingresos, que se gastan básicamente en pagar los humillantes intereses de la deuda externa a sus acreedores internacionales.

A su vez, cada día es más difícil para estos Estados conseguir nuevos préstamos, debido al congelamiento de los fondos financieros; y cuando lo logran, es con intereses e injerencias políticas insoportables. La mayoría d e este dinero va a parar nuevamente a las arcas de desprestigiados organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Inte rnacional por concepto de pago de viejos débitos .

Hoy, con la debacle global, estas naciones pobres c orren el riesgo de sucumbir a una «nueva» crisis de sus deudas, pues cuentan con menos ingresos para pagar viejos intereses e impulsar programas de desarrollo nacionales. Nuevamente el FMI y el BM ofrecen paquetes «salvadores» pa ra reactivar las economías deprimidas; e incluso algunas ayudas prometidas por las grandes potencias se canalizan a través de los leoninos prést amos; pero las condiciones no cambian: recetas neoliberales y apertura total de sus economías a las transnacionales.

Solo dos opciones tienen los países africanos: aceptar la «ayuda» del FMI y el BM, a cambio de privatizaciones y reducciones en los presupuestos p úblicos; o renunciar a ella, lo cual también supone un recorte drástico de los gastos sociales pues los ingresos por sus exportaciones y la inversión extranjera decae en tiempos de crisis.

Una nueva oleada de préstamos con un horizonte que se vislumbra muy peligroso para estas economías débiles preocupa a varios especialistas y organizaciones no gubernamentales, que desde hace varios años piden cancelar las deudas externas de estas naciones. Sin embargo, a otros ya se les hace agua la boca…

Los buitres

Esperan a que su presa esté hecha un cadáver para descarnarla por completo. La imagen le viene como anillo al dedo a un grupo de inversores que en los últimos tiempos se han dedicado a comprar las deudas de los países pobres, para lue go recuperar su inversión con el embargo de bienes, las demandas judiciales y la presión política y el chantaje, en un monto muy superior al que pagaron por la deuda externa.

Según la ONG Jubilee Debt Campaing, al menos 54 compañías, la mayoría radicadas en paraísos fiscales, han iniciado procesos legales en los últimos años contra 12 de los países más pobres del mundo, por un monto total de 1 500 millones de dólares.

En septiembre de 2004, FG Hemisphere Fund, con sede en Nueva York, compró una deuda demandó a la República Democrática de Congo (RDC) por 105 millones de dólares de un préstamo original de 30 millones de dólares contraído en 1980, cuando gobernaba el dictador, Mobutu Sese Seko, quien amasó una fortuna de 8 000 millones de dólares, dos tercios del endeudamiento congolés (12 000 millones). Est e socio de Washington y Europa en el continente africano obtuvo varios préstamos que, en lugar de ser destinados a programas de desarrollo social, contribuyeron a engordar sus arcas personales.

El fallo dado por una corte en Washington a favor de FG Hemisphere obliga a Kinshasa a pagar unos 80 000 dólares semanales. Zambia también fue aguijoneada por estos piratas financieros.

En 1999, esa nación del África Subsahariana nego cia ba con Rumania la reducción de una deuda de 15 millones de dólares contraída en 1979 para comprar maquinas y vehículos destinados a la agricultura. El acuerdo al que arribaron ambos países fue liquidar esa suma —que ya en ese entonces se había duplicado por los intereses— con unos 3 millones de dólares. Sin embargo, poco antes de que el trato llegara a un final feliz, el fondo británico Donegal International Ltd, convenció al gobierno rumano de que le vendiera esa deuda en unos 3,3 millones, y luego demandó a e se pobre país por unos exorbitantes 55 millones.

Así, Zambia no pudo utilizar los fondos de la cancelación de la deuda para invertir en enfermeras, profesores e infraestructura, como tenía previs to.

Otra presa de Donegal es el Congo-Brazzaville, al q ue la compañía le exige unos 400 millones de dólares por una deuda que compró en solo 10 millones.

Otros dos buitres, Hamsah Investments y Wall Capital —radicados en paraísos fiscales del Caribe (Islas Vírgenes Británicas e Islas Caimán, respectivamente), demandaron en noviembre de 2009 a Liberia por un monto de 20 millones de dólares . En 1978 Monrovia pidió un préstamo de 6 millones de dólares al Chemical Bank, de EE.UU., que se pagaría entre 1980 y 1985, pero hoy el Ministe rio de Finanzas no tiene registrado si se hicieron o no los pagos.

En 2002, los fondos Sifída y FH International compraron esa deuda y demandaron a Monrovia en una corte de Nueva York para que pagara un os 18,38 millones de dólares que incluía intereses y costos legales, pero no ganaron la partida pues Liberia no estuvo representada en la mis ma. La deuda siguió siendo revendida: en junio de 2006 la compraron Red Barn y FH International hasta que finalmente llegó a las manos de Hamsah Investments y Wall Capital.

La hipocresía del buitre, el FMI y el BM

En 1996, el BM y el FMI lanzaron la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (PPME), una estrategia encaminada a lavarse un poco la cara y hacer creer que apoyaban la lucha contra la pobreza. Estas instituciones prometen un alivio de la deuda externa, pero para merecerse ese «premio», los países del Sur tienen que adoptar los programas de ajuste estructural, maquillados como «Documentos Estratégicos para la Reducción de la Pobreza» (DSRP). De esta manera, pretenden blanquear viejas deudas con nuevos préstamos, y el círculo vicioso cada vez se cierra más.

Los buitres son tan inescrupulosos que sus víctimas africanas se encuentran en la lista de los PPME. Para defenderse, sencillamente dicen que exigen a estas naciones pobres lo que deben. Jay Newman, directivo de Kensington International y Elliott Associates, con total desfachatez dijo al diario británico Times: «No adquirimos la deuda de los países que no tienen medios para pagar».

Nada más hipócrita e irreal. Estos países, según han reconocido el FMI y el BM, no pueden pagar sus viejas deudas. Entones, ¿cómo desembolsar las garrafales sumas que exigen los fondos buitres?

Zambia, por ejemplo, tiene una de las mayores tasas de VIH SIDA del planeta, y solo 600 doctores para una población de 12 millones.

Cuando los fondos buitres demandan a estas naciones pobres por cifras tan escandalosas, saquean los recursos financieros que pudieran ser destinados a la educación y la salud. Es, además, dinero nunca suficiente para el continente más explotado por las potencias occidentales, y donde mayor número de personas son afectadas por pandemias como el VIH/SIDA y el paludismo, y el que dispone de menor número personal de la salud.

Muerto el perro se acabó la rabia

El 29 de junio de 2009 quedó constituido en Túnez, el Servicio Africano de Apoyo Jurídico (African Legal Support Facility), el cual proporcionará asistencia jurídica a los países embestidos por los fondos buitres. La iniciativa, presentada por el Banco Africano para el Desarrollo, no es suficiente, pues esencialmente se dedicará a negociar la reducción de las demandas de estos piratas financieros, y a costear el proceso jurídico ante los tribunales.

Tampoco basta con que algunos países del Sur declaren nulas sus deudas públicas ilegales, y en un acto unilateral decidan cancelarlas. La voluntad tiene que venir también de los gobiernos del Norte, los cuales deben implementar políticas que pongan freno al saqueo de estos acreedores.

La verdadera lucha contra estos buitres sería la condonación total, y sin condiciones, de la deuda externa de esos países, identificada como ilegítima y fraudulenta. Así, muerto el perro, se acabó la rabia.

Fuente: http://hablemosdeafrica.blogspot.com/2010/01/buitres-sobrevuelan-africa.html

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sábado, 23 de enero de 2010

Entrevista a Sorius Samura, periodista de Sierra Leona y autor de documentales sobre África


“El continente africano ha dejado que se le falte al respeto”

23-01-2010
Johari Gautier Carmona
Periódico Diagonal

Sorius Samura, periodista de Sierra Leona, residente en Londres, describe la realidad africana. Galardonado con algunos de los más notorios premios de la prensa mundial, Samura considera necesario crear senderos para mostrar una imagen realista y objetiva de África, sin paternalismos ni victimismos. Una situación que estos días se ha manifestado en el tratamiento del asesinato de los tres integrantes de la selección de fútbol de Togo. Como era de prever, el autor de documentales como Cry Freetown –denuncia del periodo más brutal de la guerra civil de Sierra Leona– o Living with corruption –muestra de malversaciones, abusos de poder y sobornos que forman parte de la vida diaria del africano– ha sido directo en sus comentarios sobre el papel de los medios en la imagen de África.

Cuestionado sobre la actitud de los periódicos en Europa y la baja cobertura que se da a los conflictos o problemas africanos, Sorius alega con contundencia que los medios occidentales mantienen muchas conductas racistas y etnocentristas. Utiliza el conflicto sierraleonés de finales de los años ‘90 como ejemplo para argumentar que, si los periodistas europeos no mostraron interés en cubrirlo, no fue precisamente por cuestiones de inseguridad, sino por simple indiferencia e ignorancia. En la misma época estalló un conflicto en Bosnia, igual de peligroso. Y el conflicto sierraleonés fue inmediatamente relegado a un segundo plano, tachado de algo lejano, intrínsecamente africano e incomprensible.

El pensamiento despreciativo y dominante de la época colonial sigue perviviendo en las mentes de muchos jefes de redacción europeos a quienes Sorius Samura reclama también algo de responsabilidad y sensibilidad para explicar y entender el origen de los problemas. “Es crucial, en el caso de los conflictos africanos, no olvidarse de preguntar quiénes son los que han vendido las armas a ciertos gobiernos o quiénes están detrás del alzamiento de los rebeldes”, apunta. Según él, el reto del periodista occidental pasa por superar los prejuicios y los estigmas que limitan la mayoría de las noticias africanas a problemas legados de las diferencias étnicas o tradiciones primitivas.

Compromiso africano

Tras insistir en que los medios europeos deben exigir más responsabilidad a los dirigentes africanos, el periodista destaca la presencia de una clase política heredada del colonialismo, corrupta y desconectada del pueblo. Ésta vive y se mantiene en el poder gracias a las ayudas humanitarias de Occidente. Contra esa clase corrupta se debe luchar con posicionamientos claros de la prensa extranjera, apunta Samura. La mejoría de la situación africana pasa por el compromiso y la responsabilidad de los periodistas del continente. La madurez y la estabilidad se consiguen a base de reflexión y de autocrítica. De la misma forma, Samura añade tajantemente: “África ha permitido que se le falte al respeto”. Para que la población africana se responsabilice, y no culpe a los demás de todos sus problemas, es necesario hacer un esfuerzo de memoria y exponer claramente al pueblo africano que antes de la trata negrera existían regímenes esclavistas puramente africanos. No todos los problemas de África derivan del colonialismo, algo que no entiende toda la base social. “La responsabilidad es de todos”, insiste.

ÁFRICA SALE DEL LETARGO

J.G.C. Sorius Samura recalca que el continente africano se encuentra en una etapa crucial y esperanzadora de su historia. Da señales de querer salir del letargo y del inmovilismo pero todavía padece de la excesiva ayuda que recibe del exterior y argumenta que eso le impide independizar o racionalizar su gestión. Esa “ayudodependencia”, promovida por los medios de comunicación de los países donantes, y que también ha descrito en un documental titulado Addicted to Aid, representa un mal endémico que impide a África tomar su propio camino y plantarse sus propias metas. Sorius nos explica que es imprescindible luchar contra esa tendencia al paternalismo y a la ayuda compasiva. Por eso, critica duramente esa asistencia redentora de los países desarrollados y apela a una mayor responsabilidad de los dirigentes africanos que han de conectarse nuevamente con sus pueblos. “La democracia no fue un invento europeo”, clama Sorius refiriéndose al periodo glorioso precolonial de las civilizaciones africanas, y luego explica que África debe reconciliarse con su gente y caminar en la misma dirección. Pero, para llegar a esa reconciliación, ¿cuáles son los cambios necesarios? Ésta es, sin duda, una de las preguntas más delicadas a las que se enfrenta Sorius Samura, aunque, con templanza, nos explica que exigir transparencia a los líderes de la zona es un paso vital. “Sin esa transparencia que consideramos normal aquí en Europa, no podremos reconciliar a la base con los líderes”, concluye.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/El-continente-africano-ha-dejado.html

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jueves, 14 de enero de 2010

Entrevista a Antumi Toasijé, historiador y rector del Centro de Estudios Panafricanos


"El componente europeo está presente en todos los conflictos mayores que se han dado en África en la época contemporánea"
15-01-2010
Kepa Arbizu
Lumpen


La historia de África está marcada por la esclavitud y la colonización. El presente no es mucho mejor. El continente sufre la explotación a manos de las potencias occidentales. Pese a ser la gran vergüenza de los Estados del llamado "primer mundo", su situación no parece que sea una ni tiene la necesaria difusión.

Antumi Toasijé, historiador y rector del Centro de Estudios Panafricanos, nos habla de la situación del continente y las responsabilidades, tanto políticas como morales, de Occidente.

Una de las críticas habituales a Europa, y por extensión a Occidente, es el etnocentrismo cultural que demuestra. ¿En qué aspectos concretos se hace visible ese “egocentrismo” con respecto a África?

Históricamente existe un pulso más o menos declarado entre Europa y África que tiene sus inicios en la Edad Antigua. Tras la Era Moderna y en el presente no cabe duda de que, dados los efectos del esclavismo, la invasión colonial y el neocolonialismo en las relaciones norte-sur, Europa y sus descendientes, fundamentalmente en Norteamérica, se colocan en una posición de superioridad económica, militar y política, que se traduce en pretensiones de superioridad moral que condicionan todo el imaginario europeo y africano.

Al europeo se le enseña, de modo directo e indirecto, desde la más tierna infancia, que es el ser destinado a aportar luz al resto de los pueblos de la tierra que, de un modo u otro, son vistos como incapaces, y ello se traduce en casi todos los ámbitos de relación, incluso aquellos que son aparentemente más horizontales y democráticos, donde occidente acaba por imponer su criterio, muchas veces ayudado por las élites africanas mentalmente secuestradas.

Como ejemplo le diré que no hay ONG africanas operando en suelo europeo para solucionar problemas de los europeos como puedan ser el abandono de ancianos. ¿Puede imaginar algo así? Ello se debe a que el esquema de superioridad-inferioridad está fuertemente arraigado. Como digo, esta actitud es producto de la evidente victoria política, económica y militar de Europa y sus vástagos sobre la mayoría del mundo.

En los últimos años se ha sumado China a la lucha por los recursos existentes en suelo africano. Además, EEUU ha creado hace poco el AFRICOM (Comando África de Estados Unidos). ¿Cuáles son los objetivos reales de ambos?

Hay serias diferencias entre las políticas africanas de Pekín y Washington. Los gobiernos chinos desde el principio no buscaron condicionalidad política, sus tratos son mucho más beneficiosos para África, en las relaciones con occidente África “ganaba” un 8% y occidente el resto, mientras que con China África gana cerca de un 30%, China invierte en infraestructuras, carreteras, saneamiento, centros de producción de energía, centros de salud… y nos considera, a los africanos, como potenciales consumidores y no sólo productores de materias primas, es un avance.

Otra cuestión son los estilos diplomáticos, al respecto hay que recordar que la entrada de China en África no es nueva, tiene un largo recorrido, aunque el impulso actual sea mayor, dado el crecimiento asiático. Es evidente que Pekín no se siente impulsado a dirigir los destinos de África, por ello la relación política con China es una relación más equilibrada, hay mucha experiencia sobre la manipulación de la política africana por parte de occidente, prácticas que han originado guerras y que incluyen magnicidios, el AFRICOM es una vuelta de tuerca más que utiliza excusas viejas como el terrorismo para recolonizar militarmente los puntos estratégicos de producción petrolífera en África.

El tipo de influencia negativa de China en la actualidad se manifiesta en que refuerza los regímenes existentes, sean dictatoriales o no, sin preocupación por los Derechos Humanos. El caso de Sudán es paradigmático, es evidente que China apoya al régimen de Jartúm, pero también es evidente que Estados Unidos, de un modo torticero e irresponsable, ha fomentado el alzamiento de los rebeldes, bajo cuyo suelo se encuentran los yacimientos de petróleo que tanto China como EEUU ambicionan. En resumen, China comete sus errores y fomenta atropellos, pero es mucho menos dirigista y sus tratos son más aceptables, sin embargo en los medios de comunicación occidentales se insiste en que la penetración de China es un nuevo colonialismo peor si cabe que el suyo, en un evidente acto de contra-propaganda que no engaña a nadie mínimamente informado.

Como consecuencia de algunos hechos concretos el tema de la pesca ha sido muy comentado últimamente. ¿Los tratados, acuerdos o la regulación de las llamadas “aguas internacionales” en qué papel deja a los países africanos?

Hace tiempo que los países europeos y Japón principalmente vienen esquilmando los recursos pesqueros de los caladeros africanos. España juega un papel protagonista en este robo de pescado.
Además del asalto a las pesquerías de los países que estuvieron o están en guerra, como Sierra Leona, Liberia, Somalia, Angola y Mozambique, se produce el robo descarado en la plataforma continental de países que por su limitación de recursos en vigilancia costera o por la corrupción existente, se ven totalmente indefensos ante la avalancha de enormes arrastreros y buques que utilizan artes prohibidas en Europa.

Los tratados internacionales han ido poniendo la situación de los países africanos cada vez peor de un modo paradójico, puesto que se ha ido dejando cada vez más la responsabilidad de la vigilancia de las costas a los propios países africanos sin aportar cooperación tecnológica y económica que apoye una efectiva vigilancia de sus costas.

Aunque todos los pescadores y expertos saben que la mayor parte de la captura mundial se produce en aguas continentales y también territoriales, desde los medios de comunicación se insiste en apoyar las mentiras de gran número de armadores que afirman pescar en aguas internacionales. En ese contexto la llamada piratería de los ex pescadores es un efecto de un crimen mucho mayor llevado a cabo por Occidente y Japón.

Siempre se esgrimen las luchas tribales como ejemplo para demostrar la inestabilidad del continente africano. Pero, ¿hasta qué punto, en esos enfrentamientos, tienen responsabilidad los países occidentales o sus intereses?

Es curioso cómo el lenguaje y las percepciones etnocéntricas de Europa condicionan las realidades políticas y los análisis. La mayoría de los grandes conflictos que se han producido en el mundo tienen dos componentes básicos, uno étnico-racial, y otro económico. Sin embargo los europeos son reticentes a llamar a sus guerras “conflictos étnicos”.

Dos ejemplos muy evidentes son las llamadas "Primera Guerra Mundial”, con origen en un conflicto étnico y territorial en los Balcanes, y la “Segunda Guerra Mundial” con origen en el conflicto racial-étnico y territorial de los alemanes contra otros europeos y sus minorías étnicas como los judíos asquenazíes o los propios africano-alemanes.

El último conflicto europeo, nuevamente en los Balcanes, también ha tenido claros detonantes étnicos, territoriales e incluso religiosos. Por otra parte, a pesar de los terribles efectos y la virulencia de los conflictos africanos, África es en general un continente pacífico si se compara con Europa o Asia, que actualmente gozan del período más largo de paz de su historia, ya que dichos continentes superan cada uno con creces y sólo en el siglo XX, el número total de víctimas de los conflictos de toda la historia de África.

Dicho lo cual, es notorio que el componente europeo está presente en todos y cada uno de los conflictos mayores que se han dado en África en la época contemporánea, empezando por todos los habidos en la zona de los Grandes Lagos. Ello no obsta para que los panafricanistas nos horroricemos ante lo fácil que es manipular a nuestras poblaciones dada la irresponsabilidad de determinados líderes africanos y los límites impensables de crueldad a los que pueden llegar los combatientes.

¿Qué opinión le merece la Corte Penal Internacional y más en concreto el hecho de que se haya dedicado casi en exclusividad a temas africanos? ¿Es factible la idea de, bajo una Justicia Universal, juzgar a las multinacionales y las consecuencias que provocan?

Los tribunales Internacionales, interesantes a priori, se han convertido en un instrumento más de las grandes potencias para asentar su hegemonía. Es evidente que deberían haber pasado ante un tribunal internacional los dirigentes de destacadas naciones de Europa y Estados Unidos. Sin embargo esto nunca sucederá, lo cual no da una medida de la utilidad y función de tales tribunales. El único occidental de peso procesado, Milosevich, lo ha sido por haber caído en desgracia frente a sus antiguos protectores.

Está bien perseguir a Charles Taylor, pero ¿qué pasa con la compañía de diamantes De Beers? Está bien procesar a Thomas Lubanga pero ¿qué pasa con las compañías que se benefician del Coltán?
Además de los dirigentes implicados en conflictos y crímenes de Lesa Humanidad se debería hacer un esfuerzo por procesar a los instigadores, protectores y agentes comerciales de las multinacionales que es sabido buscan y obtienen grandes beneficios gracias al caos planificado.

Ese esfuerzo no se hará mientras Europa y sus descendientes detenten el monopolio sobre la autoridad moral y jurídica en el mundo. Por ello, siendo una idea interesante en principio, la Justicia Universal y sus instrumentos, como la Corte Penal Internacional, están tomando los mismos derroteros que todas las iniciativas globales, acaban por reforzar las posiciones de los fuertes y fomentan la impunidad de las grandes corporaciones.

Europa se jacta de defender la libertad y la igualdad. ¿Qué consideración hace de las leyes de inmigración que se deciden desde este continente?

Europa demuestra no tener visión histórica al establecer muros y barreras a la libre circulación de ciudadanos por el mundo. Las poblaciones históricamente se han movido en dirección a los recursos, puesto que el norte se capitaliza por la explotación del sur, es normal que las poblaciones se muevan en esa dirección. Si se pone una barrera el conflicto está servido.

Roma y China cayeron justo después de terminar sus grandes murallas, la presión que ejerce la cerrazón total es tal que pronto se traduce en violencia. El libre movimiento internacional es un derecho reconocido por los países occidentales, sin embargo en su hipocresía de nuevo establecen una escala, donde sólo los enriquecidos pueden circular, mientras que sobre los empobrecidos se practica la eugenesia de arrojarlos al desierto, o cortarles el acceso marítimo para que perezcan en alta mar.

El aperturismo es una política mucho más necesaria, humana y, a la larga, más inteligente, pero me temo que no vende, ahí hay una responsabilidad de las ONG y los jóvenes idealistas que existen en occidente por luchar por un mundo no compartimentado, a veces no se dan cuenta de que la batalla está aquí, en muchos casos sería mejor que fuesen a África de turismo ecológico y que aquí combatieran las políticas genocidas de sus propios gobiernos y corporaciones.

Respecto al fenómeno Obama. ¿Cuál es su opinión, cree que podrá modificar el tipo de relaciones que tiene su país con el continente africano?

Pienso que Obama se encuentra con muchas más dificultades de las previstas inicialmente y con un problema estructural de gran envergadura. Cambiar completamente la política económica internacional de Estados Unidos puede equivaler a un suicidio ya que gran parte de la estructura del imperio se basa en la opresión y la capitalización asimétrica y África ha venido siendo una víctima de este sistema de explotación.

Por poner un ejemplo, la falsa democratización de Guinea Ecuatorial está apoyada por agentes norteamericanos que asesoran al dictador guineano sobre prácticas de fraude electoral. Lo contrario supondría perder la ventaja adquirida por las compañías norteamericanas en los sustanciosos contratos de petróleo que ahondaría un punto más la actual crisis financiera.

Creo que Obama va siendo consciente de todas las dificultades al respecto y no tengo mucha esperanza en su primer mandato, ahora bien, a partir de su segundo mandato, si logra remontar la economía de Estados Unidos tiene una gran oportunidad para impulsar un proyecto de relaciones diplomáticas con África más sincero y menos condicionado que el actual, que tal vez se traduzca en relaciones más igualitarias y un mejor entendimiento y empatía con las poblaciones africanas que sufren los efectos de las ingerencias norteamericanas, al fin y al cabo, desde el punto de vista panafricanista, él también es africano.

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domingo, 10 de enero de 2010

Africom, el último intento estadounidense de volver a colonizar el continente


11-01-2010
Tichaona Nhamoyebonde
allAfrica.com
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Los revolucionarios africanos tienen que dormir ahora con un ojo abierto porque Estados Unidos de América no se detiene ante nada en su intento de establecer Africom, un ejército estadounidense altamente equipado que residirá permanentemente en África para supervisar los intereses imperialistas estadounidenses.

A finales del año pasado el gobierno estadounidense intensificó sus esfuerzos por establecer un ejército permanente en África llamado Comando de África (Africom, African Command) como la última herramienta de la sutil recolonización de África.

Antes de que terminara el año pasado el general William E. Garret, comandante del ejército estadounidense para África, se reunió con los agregados de defensa de todas las embajadas africanas en Washington para vender a sus gobiernos la idea de un ejército estadounidense basado en África.

Los últimos informes de la Casa Blanca de este mes de enero indican que el 75% del trabajo del ejército se ha hecho a través de una unidad militar con base en Stuttgart, Alemania, y que el resto se dedica a conseguir un país africano que albergue al ejército y haga que las cosas se muevan.
Liberia y Marruecos se han ofrecido para albergar al Africom, mientras que la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC, en sus siglas en inglés*) se ha cerrado a toda posibilidad de que alguno de sus Estados miembros albergue al ejército estadounidense.
Otros países han permanecido en silencio.

Liberia tiene una larga relación con Estados Unidos debido a su historia de esclavitud, mientras que el descarriado Marruecos, que no pertenece a la Unión Africana y no celebra elecciones, puede que quiera al ejército estadounidense para que éste le ayude a suprimir cualquier levantamiento democrático.

La negativa de la SADC es una pequeña victoria para los pueblos de África en su lucha por la independencia total, pero el resto de los bloques regionales de África tienen que llegar todavía a una postura común, lo cual es preocupante.
El propio Estados Unidos quiere un país más estratégico que Marruecos y Liberia ya que el ejército será el epicentro de influyentes, articuladoras y protectoras políticas estadounidenses económicas y exteriores.

El otro peligro es que el Africom abra África como un campo de batalla entre Estados Unidos y grupos terroristas antiestadounidenses.
El Africom no es ni más ni menos que una cortina de humo detrás de la cual Estados Unidos quiere esconder sus medios de asegurar el petróleo y otros recursos naturales de África.

Los dirigentes africanos no deben olvidar que Estados Unidos y Europa han utilizado una y otra vez la fuerza militar como el único medio eficaz de cumplir su agenda y de asegurar que los gobiernos de cada país están dirigidos por personas sumisas a la disciplina estadounidense.
Por el hecho de residir en África, el Africom garantizará que los tentáculos de Estados Unidos lleguen fácilmente a cada país africano e influyan en cada acontecimiento a beneficio de Estados Unidos.

Al albergar al ejército [estadounidense] África habrá subcontratado su independencia militar a Estados Unidos y habrá aceptado el proceso que inicia su recolonización a través de un ejército que puede contener cualquier intento por parte de África de mostrar su propia destreza militar.

La pregunta fundamental es: ¿quién quitará el Africom una vez se establezca? ¿Con qué medios?
Debido a su origen el Africom será técnica y financieramente superior a cualquier ejército de un país africano y marcará el paso para el cambio de régimen en cualquier país a voluntad [de Estados Unidos], y también dará profundidad, dirección e ímpetu al esquema estadounidense de explotación de recursos naturales.
No cabe la menor duda de que en cuanto el ejército [estadounidense] sea operativo en África se revocarán todos los logros de la independencia.

Si los actuales dirigentes africanos sucumben a los deseos de Estados Unidos y aceptan la operación de su ejército en África, constarán en los anales de la historia como la generación de políticos que aceptó que prevaleciera el mal.
Hasta William Shakespeare se retorcería en su tumba y exclamaría: “Os dije que para que triunfe el mal basta con que los hombres de bien no hagan nada”.

No debemos olvidar que los africanos, que todavía se resienten de la humillación, de la subyugación, de la brutalidad y del complejo de inferioridad provocados por el colonialismo, no necesitan que se les haga retroceder a otra forma de colonialismo, aunque sea sutil.
El Africom ha sido controvertido en el continente desde el mismo momento en que el ex presidente estadounidense George W. Bush lo anunciara por primera vez en febrero de 2007.

Los dirigentes africanos no deben olvidar que bajo la administración de Barack Obama la política estadounidense respecto a África y al resto del mundo en vías de desarrollo no ha cambiado un ápice. Sigue siendo una política militar y materialista.
Los altos cargos tanto de la administración Bush como de la de Obama argumentan que el objetivo principal del Africom es profesionalizar a las fuerzas de seguridad en países clave de toda África.

Sin embargo, ninguna de las dos administraciones trata de considerar el impacto del establecimiento del Africom sobre partidos y gobiernos minoritarios, y sobre dirigentes fuertes considerados infieles, ni si Estados Unidos utilizará Africom para promover a dictadores amigos.

Los programas de adiestramiento y de armamento, y la transferencia de armas desde Ucrania a Guinea Ecuatorial, Chad, Etiopía y al gobierno de transición en Somalia indican claramente el uso de poder militar para mantener la influencia [estadounidense] en los gobiernos de África, que sigue siendo una prioridad de la política exterior estadounidense.

Con la Revolución Naranja Estados Unidos llevó al poder a los actuales dirigentes de Ucrania y se les está dando carta blanca para suministrar armamento a los conflictos africanos.
Los dirigentes africanos deben dar muestras de solidaridad y bloquear todo movimiento por parte de Estados Unidos para establecer sus bases en la madre patria, a menos que quieran ver un nuevo asalto de la colonización.

Si se permite que el Africom establezca una base en África, Kwame Nkrumah, Robert Mugabe, Sam Nujoma, Nelson Mandela, Julius Nyerere, Hastings Kamuzu Banda, Kenneth Kaunda, Augustino Neto y Samora Machel, entre otros, habrán luchado las guerras de liberación para nada.

Miles de africanos que murieron en las cárceles coloniales y en los frentes de guerra durante las luchas de liberación habrán derramado su sangre por nada si África es colonizada de nuevo.

¿Por qué debería el grupo actual de dirigentes africanos aceptar sistemáticamente la recolonización cuando han aprendido tanto del colonialismo, el apartheid y el racismo?
¿Por qué no iba el actual grupo de dirigentes africanos a tratar a la administración estadounidense de igual a igual y decirle a la cara que no necesita un ejército extranjero ya que la Unión Africana esta preparando su propio ejército?
Los dirigentes africanos no necesitan profetas procedentes de Marte para saber que la fascinación estadounidense por el petróleo, la guerra contra el terrorismo y el ejército se centrará ahora en África después de la aventura en Iraq.

* N. de la t.: La Comunidad de Desarrollo del África Austral (Southern African Development Community, SADC) es una organización intergubernamental creada en 1979 cuya sede se encuentra en Gaborone, Botswana. Su objetivo es fomentar una mayor cooperación e integración así como la cooperación política y de seguridad entre 15 Estados del África austral (Angola, Botswana, Lesotho, Malawi, Mauricio, Mozambique, Namibia, República Democrática del Congo, Seychelles, Sudáfrica, Swazilandia, Tanzania, Zambia y Zimbabwe).

Tichaona Nhamoyebonde es un politólogo que reside en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.
Fuente: http://allafrica.com/stories/printable/201001070715.html

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martes, 24 de noviembre de 2009

El gobierno de Zimbabue retira el ejército de las minas de Marange, acusado de haber cometido abusos


Umoya
24-11-2009

Zimbabue ha empezado a retirar los soldados de los campos de diamantes en el este del país, después de las recomendaciones hechas por el Proceso Kimberley y las críticas por abusos de los derechos humanos, según los medios estatales.

El gobierno desplegó soldados en la insegura región de diamantes, en Marange, en 2008, para sellar la zona y tomar medidas drásticas contra la minería ilegal, pero los activistas de derechos humanos aseguran que esto ha resultado en graves abusos de los derechos humanos cometidos por el ejército.
Una reunión celebrada en Namibia, a principios de noviembre, del Proceso de Kimberley, que regula el comercio mundial de diamantes, votó para permitir a Zimbabue seguir explotando y vendiendo diamantes pero le dio seis meses para mejorar las condiciones en Marange.
“Como se puede comprobar en la zona (Marange), no hay oficiales del ejército ni de policía”, declaró el ministro de Minas, Obert Mpofu, al periódico controlado por el gobierno, Herald, durante un tour por Marange, realizado por los ministros del gobierno.
El gobierno, a través de su Corporación de Desarrollo Minero, está explotando diamantes en Marange, en una empresa conjunta con dos compañías surafricanas, poco conocidas, Core Mining y Grandwell Holdings.
Mpofu asegura que todavía hay espacio para más inversores extranjeros para que busquen diamantes en la zona de Marange y por todo Zimbabue. “Quiero pedir a todos los inversores interesados en la minería de diamantes u otras actividades mineras que vengan a Zimbabue y trabajen con el gobierno”, señaló.
En septiembre, Mpofu dijo que el gobierno insistiría en tener un 50 % de las acciones en todas las operaciones empresarias mineras, pero no está claro qué porcentaje de acciones tiene el gobierno en la explotación de Marange.
Mpofu está consultando a oficiales de la industria para un ansiado y esperado proyecto de ley sobre minas, del que los inversores esperan que se quite el requisito de las mineras extranjeras de vender la mayoría de las acciones a los zimbabuenses.Fuente: http://www.umoya.org/index.php?option=com_content&task=view&id=4669&Itemid=34

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jueves, 19 de noviembre de 2009

África en el sistema multipolar


19-11-2009
Tiberio Graziani
Rebelión
En el nuevo orden multipolar, en plena fase de consolidación, África corre el riesgo de convertirse, por razones económicas y geoestratégicas, en la apuesta entre el sistema occidental guiado por Estados Unidos y las potencias eurasiáticas, Rusia, China e India. Con el fin de evitar y obstaculizar tal eventualidad, y sobre todo para adquirir una determinante función global a medio y largo plazo, la integración continental de África parece una necesidad y un desafío, a los cuales han de dar respuesta urgentemente las clases dirigentes africanas.
De forma verosímil, tal integración se debería configurar sobre una base regional, siguiendo tres directrices principales, constituidas respectivamente por el Mar Mediterráneo, el Océano Índico y el Océano Atlántico.

La multipolaridad: un escenario en vía de consolidación

Múltiples factores, entre los que se encuentran principalmente:
a) la incapacidad estadounidense de gestionar la fase post-bipolar surgida tras el colapso soviético;
b) la reafirmación de Rusia llevada a cabo por Putin y consolidada por Medvedev;
c) el crecimiento económico y el peso político que han alcanzado dos naciones-continentes como China e India;
d) la desvinculación de algunos países importantes de la América meridional de la tutela de Washington, han planteado las condiciones previas para la constitución de un sistema multipolar.
El nuevo escenario geopolítico, después de una primera fase de gestación por otra parte continuamente minada por Washington, Londres y por las oligarquías europeas a cuya cabeza se encuentran Sarkozy y Merkel, está en estos momentos en vías de consolidación, gracias a las continuas actividades de colaboración que tienen lugar entre Moscú, Pekín y Nueva Delhi en relación con grandes temas cruciales, como los siguientes: el aprovisionamiento y la distribución de recursos energéticos, la seguridad continental, la soluciones que se van adoptando con respecto a la crisis económica-financiera, el refuerzo de algunas instituciones de valor multi-regional, o incluso continental, como, por ejemplo, la organización para la cooperación de Shangai, las posturas realistas sobre varias cuestiones impuestas por EE.UU. en el debate internacional, desde la referente al tema nuclear iraní hasta la temática de los derechos humanos en China, Rusia, Irán y últimamente también en India (1).

Más allá del proceso de integración eurasiático, es preciso indicar que el nuevo marco internacional se va consolidando ulteriormente también por efecto de los acuerdos estratégicos que algunos países eurasiáticos (Rusia, Irán y China) han alcanzado con importantes naciones sudamericanas como Brasil, Venezuela y Argentina, en el ámbito económico y en algunos casos también en el militar.
A la luz de las consideraciones que acabamos de exponer, los rasgos que distinguen el nuevo marco geopolítico parecen ser esencialmente dos:
uno –relativo a la constitución y a la existencia misma del nuevo orden internacional– parece surgir de la sinergia de intenciones que animan a los mayores países eurasiáticos y a los países de la América indiolatina. Los desiderata de las élites dirigentes de Moscú, Pekín, Nueva Delhi, Teherán y últimamente también Ankara (2) convergen con los de Brasilia, Caracas y Buenos Aires y tienden a materializarse en prácticas geopolíticas que prevén, a través de relaciones estratégicas, el desclasamiento de EEUU, que de potencia mundial pasaría a potencia regional.

A finales de la primera década del siglo actual, Eurasia y la América indiolatina (3) parecen constituir los pilares sobre los que se apoya el actual sistema internacional. Sobre la integración interna, o mejor, sobre el grado de cohesión interno de las dos grandes masas continentales, muy probablemente, se disputará a medio y largo plazo toda la apuesta multipolar.
El otro rasgo que, a nuestro juicio, se referiría a la naturaleza del nuevo contexto geopolítico, parece consistir en la articulación continentalista con la que éste tiende a manifestarse (4)

Ante la consolidación de tal escenario nuevo, sin embargo, hay que tener presente que el sistema occidental guiado por EEUU, aunque esté en fase declinante, o quizás precisamente por eso, parece acentuar, pese a la retórica de la nueva administración, su carácter expansionista y agresivo. Esto no solo alimentará los actuales enfrentamientos, sino que generará otros adicionales, que, con verosimilitud, se descargarán en las áreas geopolítica y geoestratégicamente más frágiles. Y África es una de ellas.

La fragilidad de África y la penetración estadounidense en el hemisferio sur

En tal marco de referencia altamente cargado de tensiones ya que, como hemos puesto de relieve anteriormente, está determinado por la contraposición entre el nuevo sistema multipolar en fase de acelerada definición y el sistema centrado en EE.UU, a África le resulta difícil encontrar una posición propia clara, por tanto, le cuesta concebirse como una entidad geopolítica unitaria, si bien muy compleja, si atendemos a las profundas y variadas deshomogeneidades culturales, étnicas, confesionales, climáticas, económicas y sociales que todo el continente presenta (5).
Sin embargo, desde el lejano 1919 (por tanto, en un contexto completamente distinto, pero también entonces en fase de transición, vale la pena subrayarlo) con la conferencia de París, los africanos expresan la necesidad de unificar su continente (6).
Anteriormente, el movimiento panafricanista, surgido en EE.UU y en las Antillas a finales del siglo XIX sobre la base de las ideas del mestizo americano William Edward Burghardt Du Bois, cantor de movimiento ‘pan-negro’, y del jamaicano Marcus Garvey, creador del lema ‘retorno a África’ y del llamado ‘sionismo negro’, trataba principalmente de la unidad cultural de los pueblos africanos. En el plano netamente político, el movimiento panafricanista contribuyó, durante el proceso de descolonización, a la creación de la ‘Organización de la unidad africana’, hoy conocida como ‘Unión Africana’.

En nuestros días, después de casi un siglo de cumbres y conferencias no concluyentes dedicadas a la unidad (o a la integración) continental (entendida y teorizada de formas distintas), los obstáculos que se interponen para su realización parecen residir en las habituales cuestiones histórico-políticas nunca resueltas que comprenden, entre otras cosas, los clásicos problemas relativos a la ausencia de infraestructuras, a la fragmentación política en estados modulados según el paradigma occidental (7), a la incapacidad de las clases dirigentes locales para gestionar los diversos tribalismos en una lógica unitaria y pro continental, a la herencia colonial y, sobre todo, a los apetitos occidentales, adicionalmente aumentados en estos últimos años, en virtud de la sinérgica política africana llevada a cabo por EE.UU. y su aliado regional, Israel (8).

Una lectura veloz y superficial de los acontecimientos africanos llevaría al analista a añadir a los apetitos occidentales también los apetitos chinos, rusos e indios. A tal respecto, sin embargo, hay que observar que los intereses asiáticos, o mejor, eurasiáticos en África tienen un valor particular del que, a la larga, se beneficiaría precisamente África en su conjunto, ya que facilitaría su inserción en el nuevo sistema multipolar y, por tanto, lo situaría geopolíticamente en la masa continental eurasiática. África, en tal escenario futuro, constituiría el tercer polo del espacio euro-afro-asiático.

Washington, en el último año de la administración Bush, empantanado en los conflictos mediorientales (Iraq y Afganistán), obstaculizado por Rusia y China en su marcha de aproximación hacia las repúblicas centroasiáticas, habiendo perdido, junto a Londres y la Unión Europea, la partida en la disputa ruso-ucraniana sobre el gas, habiendo salido con cabeza gacha de la aventura georgiana (agosto de 2008), habiendo digerido mal la autonomía turca sobre la proyectación del South Stream (9), ha intensificado su política exterior en el sur del planeta, respectivamente en la América meridional y en África.
En el curso del bienio 2007-2008, EE.UU. ha tratado de desarticular el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el nuevo eje geoeconómico que se ha establecido entre Eurasia y la América Indiolatina, y ha tratado de minar los acuerdos orientados a la integración sudamericana, presionando principalmente a Brasil y a Venezuela. En tal estrategia, que podemos definir como ‘estrategia para la recuperación del control del patio trasero’, se sitúan, por ejemplo, tanto la reexhumación de la Cuarta Flota, como episodios como el de los movimientos secesionistas en la región de la media luna boliviana, orquestados, según diversos analistas sudamericanos, entre ellos el brasileño Moniz Bandeira, precisamente por Washington.

Tal renovado interés estadounidense por el control de la América meridional, iniciado por la precedente administración republicana, es igualmente continuado por la actual administración, guiada por el demócrata Obama, como han demostrado dos casos emblemáticos: el de la intromisión estadounidense en el golpe de estado de Honduras y, sobre todo, el de la instalación de bases militares en Colombia.

Respecto a la corriente penetración estadounidense en África, ésta es para EE.UU. un pasaje obligado debido a tres razones principales.
Una se refiere a la cuestión energética. Según un estudio encargado en el año 2000 por el National Intelligence Council a algunos expertos, EE.UU. espera poder disfrutar para el 2015 de al menos el 25% de petróleo procedente de África (10). La búsqueda y el control de fuentes energéticas en África responden a dos exigencias consideradas prioritarias por Washington y por los grupos petroleros que dirigen y sustentan su política energética (11). La primera exigencia deriva obviamente de las estrategias destinadas a buscar fuentes de aprovisionamiento energético, diversificadas y alternativas a las mediorientales; la segunda, en cambio, afecta a la protección de la función hegemónica, que EE.UU. adquirió durante el siglo pasado, en referencia al control y a la distribución de los recursos energéticos mundiales. Tal función atraviesa actualmente una fase muy crítica, a causa de las recientes y sinérgicas políticas llevadas a cabo por Rusia, China y por algunos países sudamericanos en el sector energético.
El antagonista en África de EE.UU. es, como se sabe, China. La República Popular China, en la última década, ha reforzado e implementado las relaciones y el lanzamiento de inversiones, en particular, en infraestructuras en el continente africano, prosiguiendo, por otra parte, una política puesta en marcha ya durante la Guerra Fría.
China no sólo está interesada en el petróleo africano, sino también en el gas (12) y en los materiales considerados estratégicos para su desarrollo como el carbón, el cobalto y el cobre.
En el frente energético, un ejemplo, importante para las consecuencias sobre las relaciones entre las potencias de China y EE.UU., lo proporciona la fundamental contribución china a Sudán para la exportación del petróleo.
Sudán, como se sabe, gracias a la ayuda china exporta petróleo desde 1999; esto ha llevado a que Jartum reciba las ‘particulares’ atenciones y cuidados de Washington. Recientemente (27 de octubre de 2009), la Casa Blanca ha renovado formalmente las sanciones económicas a Sudán por la cuestión de los derechos de las poblaciones de Darfur.
La otra razón por la cual la política africana constituye una de las prioridades estadounidenses de la próxima década es de orden geopolítico y estratégico. En medio de la actual crisis económico-financiera, Washington debería, en cuanto gran actor global, dirigir sus esfuerzos hacia el mantenimiento de sus posiciones en el tablero global, a riesgo de que, en el mejor de los casos, tenga lugar una rápida reducción de su papel a potencia regional media, o, en el peor, un desastroso colapso, difícil de superar a corto plazo.

Sin embargo, en línea con la tradicional geopolítica expansionista que desde siempre caracteriza sus relaciones con las otras partes del planeta, Washington ha elegido a África como amplio espacio de maniobra, desde el cual relanzar su peso militar en el plano global con el fin de disputar a las potencias asiáticas la primacía mundial.

En tal aventurada iniciativa, Washington obviamente implicará a toda Europa. La nueva política estadounidense en África se debe al hecho de que EE.UU. encuentra cerradas dos de las principales vías anteriormente elegidas para acceder al espacio eurasiático: la Europa centroriental y Oriente Próximo y Medio. La primera vía, tras la ráfaga de victoriosas revoluciones coloradas que habían atraído al espacio geopolítico hegemonizado por EE.UU. a los países del exterior próximo ruso (la llamada Nueva Europa), parece por ahora un camino difícil de seguir, ya que Moscú ha elevado el nivel de guardia.
A tal respecto, son indicativas las dificultades encontradas por EE.UU. en la cuestión del escudo espacial.

La segunda vía es la trazada, ya desde hace años, por la doctrina llamada del Gran Oriente Medio: control total del mar Mediterráneo, eliminación de Irak, ocupación militar de Afganistán, penetración en las repúblicas centroasiáticas.

La aplicación de esta doctrina geopolítica, sin embargo, no ha producido los resultados que Washington y el Vaticano esperaban en tiempos razonablemente breves, sino que, al contrario, se ha revelado negativa a causa del duradero y desgastador conflicto afgano y de la no resuelta cuestión iraquí y, sobre todo, de la política eurasiática de Moscú, orientada a recuperar prestigio e importancia en el espacio centroasiático.

La tercera razón, finalmente, es de orden preventivo. Está conectada a la política que actualmente los Estados Unidos conducen en el hemisferio meridional del planeta, con el fin de invalidar el eje sur-sur, fatigosamente en vías de definición entre muchas naciones africanas y sudamericanas.
Los principales jefes de Estado de la América indiolatina y de África han vuelto a confirmar recientemente, en septiembre de 2009, durante la cumbre de Isla Margarita (Venezuela) la voluntad de continuar en el proyecto estratégico de ‘‘cooperación sur-sur’’ entre África y América meridional puesto en marcha en diciembre de 2006 en Nigeria, en Abuja.

Los instrumentos de penetración que Washington ha adoptado para controlar el espacio africano son de tres órdenes:
de orden militar, a través del AFRICOM (13), es decir, el Mando militar de los Estados Unidos para África, creado en 2007 y activado al año siguiente ;
de orden económico-financiero (véase el caso de las sanciones a Sudán y la intromisión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en las relaciones entre la República Democrática del Congo y China) (14) ;
y, finalmente, otro referente a la estrategia de comunicación ejemplificada gráficamente por los ya considerados ‘históricos’ discursos de Obama pronunciados respectivamente en Cairo y Accra.

Sobre el plano militar, es importante observar que la penetración estadounidense parece privilegiar, como cabeza de puente para neutralizar a Sudán y a la República democrática del Congo, el área constituida por Tanzania, Burundi, Kenia, Uganda y Ruanda. Hay que subrayar que el control militar total constituye una importante pieza en la estrategia estadounidense para la hegemonía del océano Índico. Las directrices geopolíticas de África para el siglo XXI.

Pese a las dificultades que obstaculizan hoy su unificación geopolítica, África, con el fin de salvaguardar sus propios recursos y mantenerse fuera de las disputas entre EE.UU., China y, muy probablemente, Rusia e India –disputas que se resolverán precisamente sobre su territorio –necesita organizarse, al menos regionalmente, según tres directrices principales que pivotan respectivamente sobre la orilla mediterránea, sobre el Océano Índico y sobre el Atlántico.

La activación de políticas de cooperación económica y estratégica, al menos en lo referente a seguridad, entre los países norteafricanos y Europa, por un lado, y, por otro, lo mismo con India ( a tal respecto, hay que hacer referencia a la Declaración de Delhi, firmada durante la Cumbre 2008 India-África) (15) , además de cohesionar las regiones africanas implicadas, predispondría las bases para una futura y potencial unificación continental articulada sobre polos regionales e insertada en un más amplio contexto euro-afro-asiático.

Igualmente, la directriz atlántica, es decir, la continuación de una cooperación estratégica sur-sur entre África y la América indiolatina, favorecería, en este caso, la cohesión de las regiones del África occidental, y contribuiría a la unificación del continente. En particular, el desarrollo de la directriz atlántica reforzaría el peso africano con respecto a Asia, y con respecto a China en primer lugar

La deseable integración de África –realistamente posible sólo si se estructura sobre polos regionales– evoca el desarrollo histórico, anterior al periodo colonial, de las formaciones políticas auténticamente africanas, que, conviene recordarlo, han tenido lugar precisamente sobre bases regionales (16).

Notas:
1. Con respecto a India y a la violación de los derechos humanos, en particular los referentes a la religión, véase el India Chapter del Annual Report of the United States Commission on International Religious Freedom, ( http://www.uscirf.gov/ ) y el interesante artículo crítico de M. V. Kamath, US must stop meddling in India's internal problems, “The Free Press Journal”, 3 de septiembre de 2009 (http://www.freepressjournal.in/ ), que denuncia la instrumentalización llevada a cabo por Washington en referencia a los derechos humanos y a las libertades civiles por evidentes finalidades geopolíticas.
2. En relación con la erosión de las relaciones entre la Turquía guiada por Erdogan y Occidente, véase Soner Cagaptay, Is Turkey Leaving the West?, http://www.foreignaffairs.com/, 26/10/2009 y el ensayo de Morton Abramowitz y Henri J. Barkey, Turkey’s Transformers, Foreign Affairs, noviembre/diciembre 2009.
3. Recientemente (17-18 octubre de 2009) los trece países sudamericanos adheridos al ALBA han firmado el tratado constitutivo del sistema unificado de compensación nacional (sucre), cuyo objetivo es la sustitución del dólar en los intercambios comerciales a partir del 2010.
4. Tiberio Graziani, Il tempo dei continenti e la destabilizzazione del pianeta, Eurasia. Rivista di studi geopolitici, n. 2, 2008.
5. Para una reseña de las cuestiones que impiden la integración africana y sobre los factores de deshomogeneidad remitimos a Géopolitique de l’Afrique et du Moyen-Orient, obra coordinada por Vincent Thébault, Nathan, Paris 2006, pp.69-220.
6. Diecinueve años antes, en julio de 1900, había tenido lugar en Londres el primer congreso dedicado a la unidad de los africanos y a sus descendientes en las Américas.
7. África está subdividida en 53 estados y en dos enclaves españoles (Ceuta y Melilla), a los que hay que añadir los autoproclamados estados de El Ayún (Sahara occidental) y de Hargeisa (Somaliland).
8. Para la reciente política israelí en África léase: Nicolas Michel, Le grand retour de Israël en Afrique, Jeune Afrique (http://www.jeuneafrique.com/ ), 3/9/2009; Philippe Perdrix, F. Pompey, P.F. Naudé, Israël et l’Afrique : le business avant tout, Jeune Afrique (http://www.jeuneafrique.com/ ), 3/9/2009; René Naba, Israël en Afrique, à la quête d’un paradis perdu, http://www.renenaba.com/ , 10/10/2009.
9. El 6 de agosto de 2009, Putin y Erdogan han firmado un acuerdo que preve el paso por las aguas territoriales turcas del gasoducto ruso, antagonista del proyecto Nabucco, sostenido por EE.UU. y la Unión Europea.
10. El estudio citado, Global Trends 2015. A dialogue about the Future with Nongovernment Experts, diciembre de 2000, se encuentra en el sitio gubernamental del Office of the Director of National Intelligence, www.dni.gov/
11. African Oil: A Priority for U. S. National Security And African Development, Proceedings of an Institute Symposium, The Institute for Advanced Strategic and Political Studies, Research Papers in Strategy, maggio 2002, 14. El documento se encuentra en: http://www.israeleconomy.org/.
12. “El continente africano posee enormes reservas de gas natural que se estiman en 14,56 trillones de metros cúbicos, es decir, el 7,9% del total mundial. Las reservas verificadas en Nigeria y Argelia (5,22 e 4,5 trillones de metros cúbicos respectivamente) son inferiores a las de Rusia (43,3 trillones de metros cúbicos) Irán (29,61), Qatar (25,46), Turkmenistán (7,94), Arabia Saudita (7,57) Y Emiratos Árabes Unidos (6.43) pero superiores a las de Noruega (2,91), que es uno de los países clave en la exportación del gas. Sin embargo, los niveles de producción y consumo de gas natural en África son bastante bajos. La producción de gas en 2008 ha sido de 214,8 billones de metros cúbicos, es decir, el 7% del total mundial (un incremento de 4,85 respecto al 2007). Sudamérica ha sido el único continente que ha producido menos gas natural en el mismo año. El consumo de gas natural en 2008 en África ha sido de 94,9 billones de metros cúbicos, es decir, el 3,1% del total mundial (un 6,1% de crecimiento respecto al 2007) que es el nivel más bajo a escala mundial. Más del 50% del gas natural producido en África – 115,6 billones de metros cúbicos –es exportado, por lo demás, como gas natural licuado (62,18 billones de metros cúbicos). La cuota de los países africanos (Argelia, Nigeria, Egipto, Libia, Guinea Ecuatorial y Mozambique) en el suministro global de gas es del 14,2 % pero el mismo nivel de gas natural licuado es mucho más alto – 27,5%.”, Roman Tomberg, Le prospettive di Gazprom in Africa, http://www.eurasia-rivista.org/, 16 octubre de 2009.
13. El proceso de militarización de África se ha intensificado últimamente por parte de Washington. A tal respecto, véase Kevin J. Kelley, Uganda: grande esercitazione militare degli USA nella regione settentrionale, http://www.eurasia-rivista.org/, 14 de octubre de 2009.
14. Renaud Viviene et alii, L’ipocrita ingerenza del FMI e della Banca mondiale nella Repubblica democratica del Congo, http://www.eurasia-rivista.org/ , 19 de octubre de 2009.
15. El texto de la Delhi Declaration se encuentra en: http://www.africa-union.org/.
16. A propósito del carácter “regionalista” de África, observa el africanista francés Bernard Lugan en la introducción a su poderosa Histoire de l’Afrique, Ellipses, Parigi 2009, p.3.: «El largo despliegue de la historia del continente africano está ritmado por varias mutaciones o rupturas que se produjeron según una periodización diferente a la de la historia europea. Además, cuando en Europa los grandes fenómenos históricos o civilizacionales fueron continentales, en los africanos tuvieron consecuencias regionales, excepto en el caso de la colonización».
Traducido por Javier Estrada
Tiberio Graziani esdirector de Eurasia. Rivista di studi geopolitici. – http://www.eurasia-rivista.org/ - direzione@eurasia-rivista.org

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