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miércoles, 21 de abril de 2010

Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático


Evo Morales denuncia la deuda histórica del capitalismo con la Madre Tierra

21-04-2010
Gara

La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, impulsada por Evo Morales tras el fracaso de la cumbre Copenhague, arrancó con la participación de miles de personas que confían en delinear una estrategia alternativa en la lucha contra el calentamiento global, que incluya un Tribunal de Justicia Climática. Morales denunció la deuda histórica del capitalismo con la Madre Tierra.



«Sólo tenemos dos caminos: La Pachamama (Madre Tierra, en aymara) o la muerte. Muere el capitalismo o muere la Madre Tierra. Vive el capitalismo o vive la Madre Tierra». Así de contundente se expresó el presidente boliviano, Evo Morales, al leer su mensaje durante la inauguración de la conferencia mundial sobre el cambio climático que ayer arrancó en Tiquipaya (Bolivia) con la participación de pueblos indígenas y movimientos sociales. Denunció la deuda histórica del capitalismo con el calentamiento global y señaló que serán los pueblos indígenas quienes muestren cómo salvar la Madre Tierra.

La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra es una iniciativa del propio Morales convocada tras el fracaso de la cita de Naciones Unidas de Copenhague, en la que no se consiguió concretar un documento vinculante para luchar contra el calentamiento global, con el objetivo de crear un Tribunal de Justicia Climática y con la esperanza de delinear una estrategia contra el calentamiento global, que sea alternativa a los acuerdos que se discuten en los foros mundiales oficiales.

El encuentro masivo de Bolivia, en el que está prevista la participación de unas 25.000 personas y a la que se prevé asistan los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez; Ecuador, Rafael Correa; Paraguay, Fernando Lugo; Nicaragua, Daniel Ortega; el vicepresidente cubano, Esteban Lazo; y el primer ministro de Antigua y Barbuda, Balwin Spencer, se prolongará hasta mañana.

En su discurso de ayer, Morales volvió a atacar duramente al modelo de desarrollo capitalista y atribuyó a su crecimiento sin control la crisis del cambio climático, según informó Efe. Dijo que el mundo está ahora en una «encrucijada definitiva» entre el capitalismo y la vida en armonía con la naturaleza.

También planteó el mandatario boliviano como alternativa un «nuevo sistema socialista comunitario» que, en su criterio, «eliminará toda forma de colonialismo e imperialismo» y asegurará «la paz entre los pueblos y con la madre tierra».

Subrayó que si no se lucha contra el capitalismo, los movimientos sociales serán «cómplices» del deterioro de la naturaleza que están provocando terremotos, maremotos, hambruna y migraciones masivas.

«Veo que la ambición de algunos pretende llevarnos a la destrucción de todos», agregó para luego sostener que «habrá Madre Tierra sin vida humana, pero no habrá seres humanos sin la Madre Tierra».

Morales, que hizo una detallada y científica explicación de la situación del cambio climático y de los compromisos incumplidos por países ricos para reducir sus gases de efecto invernadero, sostuvo que una de las primeras tareas de estas organizaciones sociales será presentar una demanda ante el Tribunal Internacional de Justicia contra las naciones desarrolladas si es que no respetan las conclusiones del evento y «siguen arruinando» a la Madre Tierra.

Diecisiete mesas de trabajo

Diecisiete grupos de trabajo empezaron ayer a debatir las resoluciones de la cumbre, entre las que destacan la creación de un tribunal ambiental internacional, una declaración de los derechos de la Madre Tierra y la convocatoria de un referéndum ambiental mundial sobre las medidas que deben tomar los países para hacer frente a las modificaciones en la temperatura del planeta, según publicó el diario mexicano «La Jornada». Además, reflexionarán sobre las causas estructurales del cambio climático, la deuda climática, el Protocolo de Kyoto, la financiación, el desarrollo y transferencia de tecnología, los bosques, la agricultura y la soberanía alimentaria, los peligros de mercado de carbono y las estrategias de acción, entre otros temas.

El coordinador gubernamental del encuentro, Pablo Groux, señaló que se trata de generar una amplia base de legitimidad para la propuesta que tienen los pueblos y las organizaciones climáticas ante la crisis medioambiental mundial.

La resolución final será llevada por los mandatarios firmantes a la cumbre de presidentes que tendrá lugar el próximo fin de año en México, donde se realizará un nuevo intento para lograr un compromiso mundial de cara a frenar el cambio climático, explicó Groux.

En Tiquipaya están representados 132 países, 94 de los cuales han enviado delegaciones oficiales, además de organismos internacionales, movimientos sociales, intelectuales y centros independientes de investigación climática.

Ecologistas en Acción es una de las organizaciones que estará presente con el objetivo, según recalcó en una nota, de exigir un impulso «urgente» que reinicie las negociaciones internacionales de cara a lograr un acuerdo vinculante contra el cambio climático, al considerar «inaceptable y escandaloso» el resultado de la cumbre de Copenhague.

Estima que este problema, «el más grave de la humanidad», no es cuestión de «falta de recursos» puesto que los gobiernos han concedido paquetes multibillonarios para rescatar al sector financiero y aumentar el gasto militar, entre otros fines. Denunció la «prepotencia de EEUU, la UE, China y el poder económico dominante».

La Coordinadora de Indígenas Amazónicos, que aglutina a 400 pueblos originarios de nueve países de la región, planteó la urgencia de que se consoliden los territorios indígenas, «base del buen vivir y paradigma de un nuevo modelo de civilización».


Evo Morales tiene previsto plantear durante la cumbre la creación de la Unidad de Naciones Originarias y Obreras del Mundo (UNO), que reúna a los movimientos de trabajadores, intelectuales, campesinos e indígenas del mundo para «defender los derechos de la Madre Tierra».

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100421/195128/es/Morales-denuncia-deuda-historica-capitalismo-Madre-Tierra/

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viernes, 25 de diciembre de 2009

Cumbre de Copenhague sobre el cambio climático No hay un consenso científico en la ONU

Al Gore, Premio Nobel de la Paz en 2007.

por Thierry Meyssan
17 de diciembre de 2009
DesdeBeirut (Líbano)

Mientras que una gigantesca campaña mediática presenta la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático como la reunión de la última oportunidad para «salvar al planeta», el investigador Thierry Meyssan estima que a pesar de las apariencias, los temas que se debaten en esta cumbre no son de orden ambientalista sino más bien financiero. Según él, no se trata de inventar un nuevo modelo de producción más ecológico sino de relanzar el capitalismo anglo-sajón. En este primer artículo, Thierry Meyssan nos advierte sobre el desprecio existente a la causa inicial de esta cumbre: el medio ambiente, no hay en la ONU, un consenso científico. Simplemente porque no puede haber lugar para ello en un tal sitio.

El anuncio de la participación de 110 jefes de Estado y del gobierno en la Cumbre de Copenhague (Dinamarca) auspiciada por la ONU sobre el cambio climático muestra engañosamente como si existiera un consenso internacional: el clima de la Tierra se calienta y este cambio sería a causa de la actividad industrial.
En vez de discutir sobre la validez de este afirmación, yo quisiera mostrar que ella no tiene una base científica, pero emerge, nace únicamente de un discurso político (o de la política).
Trataré el tema más ampliamente en un artículo que será publicado posteriormente, y allí daré a conocer el perfil de cada uno de los responsables actuales al mando de la lucha contra el recalentamiento climático y sus (verdaderos) móviles.

Para comprender lo que significa los trabajos del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima (GIEC) —la instancia de la ONU que ha elaborado este conjunto de opiniones aceptados actualmente sin ninguna discusión previa, y que ha recibido a pesar de todo el Premio Nobel de la Paz conjuntamente con Al Gore [ex vicepresidente de los EEUU bajo la administración de Bill Clinton]. Hay que observar también, que es la segunda vez que una organización compuesta de expertos designados por los Estados es creada en el seno de la ONU para hablar y decirnos de Ciencia.

IY2KCC
La primera experiencia de este tipo de organización fue el Centro de Cooperación Internacional para el Año 2000 (IY2KCC). Su historia puede enseñarnos mucho sobre lo que está ocurriendo actualmente en Copenhague.

Desde 1996, la idea que los programas informáticos (software) tendrían un fallo en el año 2000 comenzó a circular. El senador republicano [de EEUU] Bob Bennett advirtió a sus colegas sobre las implicaciones dramáticas que esto podría engendrar en los mercados financieros, en una época donde las transacciones bursátiles (en la Bolsa de Valores) están ritmadas por programas informáticos que reaccionan al milésimo de segundo, es decir a la menor variación o cambio de los cursos de valores.
El hecho que el señor Bennett sea una importante y alta personalidad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (más conocidos como «los mormones»), dejaba pensar que el peligro evocado no era más que un simple miedo [religioso] milenarista por el cambio del siglo. Sin embargo, el senador fue rápidamente apoyado por «expertos».

Pronto la Federal Financial Institutions Examination Council (FFIEC), que reagrupa las diferentes instancias federales de EEUU regulando y controlando los mercados financieros, decidió de armonizar sus sistemas informáticos en vista de afrontar el año «bug» o falla informática del 2000.

En noviembre de 1997, Bob Bennett y su colega demócrata Christopher Dodd presentaron e hicieron adoptar el Computer Remediation and SHareholder Protection Act (literariamentel ley sobre la reparación de computadoras y la protección de accionarios [de la bolsa de valores], pero lo importante y curioso es que con estas frases se forma el acrónimo, es decir las iníciales o siglas de: CRASH Protection Act). Ellos escribieron al presidente Bill Clinton para que tome el liderazgo mundial a fin de resolver este problema.

El vice-presidente Al Gore se apodera del caso. Y con él se va a proporcionar la reputación, con razón o sin ella, de un millonario que se ha comprometido a equipar el país con «las autopistas de la información» (es decir de las redes de comunicación dando sobre todo acceso a Internet).

Al Gore instala en la Casa Blanca un Consejo Presidencial para adaptarse al cambio del año 2000 (President’s Y2K Conversion Council) [1].
La dirección fue confiada a un tal Josh Koskinen, hombre hasta entonces encargado de elaborar la política fiscal para la industria informática.
La denominación o equipo de este Consejo utiliza una palabra ambigua «Conversión» (que yo he traducido por «adaptación»). En este contexto de fin de siglo del año 2000, dicha persona evoca también la necesaria conversión que los cristianos fundamentalistas deben operar para conjurar el final de los tiempos.

Simultáneamente, el Senado decide crear una comisión parlamentaria temporal sobre los problemas técnicos del año 2000 [2].
El Consejo de la Casa Blanca exige a cada agencia federal y a cada departamento ministerial que nombre un responsable para la adaptación al año 2000. Pero sobre todo, el Consejo de la Casa Blanca maniobró eficazmente para sensibilizar al Consejo Económico y Social de la ONU, hasta que este, por boca de su presidente de turno, el embajador del Pakistán, señor Ahmed Kamal, deponga una moción [pedido] ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Este texto, que habría inquietado à más de uno si hubiese sido propuesto por Washington, fue adoptado en Sesión Plenaria de la Asamblea el 26 de junio de 1998 [3].
El asunto se vio facilitado con la creación —siempre a iniciativa de la Casa Blanca, de un fondo especial del Banco Mundial para financiar la adaptación al año 2000.

En otros términos, asociándose a esta resolución, los países más escépticos al «defecto de software» (computer bug en inglés), no tenían nada que perder y postulaban para recibir las subvenciones financieras y dólares del Banco Mundial destinados a modernizar sus sistemas informáticos.
Mostrando orgullosamente su liderazgo, el presidente Bill Clinton y el vice-presidente Al Gore comunicaron el 14 de julio de 1998 un mensaje alarmista al mundo, durante una sesión de aspecto solemne en la Academia Nacional de Ciencias en Washington.

Una primera reunión de contacto, organizada en la ONU por el embajador Ahmed Kamal, reunió 120 delegaciones. Se decidió entonces de crear una agencia temporaria de las Naciones Unidas, el IY2KCC, cuyo presupuesto fue inicialmente financiado, únicamente y copiosamente por los Estados Unidos, sea indirectamente vía el Banco Mundial, o bien, tomando a su cuenta los gastos. Contrariamente a las costumbres, no hubo discusión sobre el lugar donde tendría sede esta agencia, ni la manera de cómo serían seleccionados sus funcionarios.
El personal era elegido y enrolado por Washington, la Casa Blanca designó su director, el señor Bruce W. McConnell, quien era hasta entonces el encargado de la seguridad informática de la administración Clinton. Su segundo brazo no era otro que Art Warman, un antiguo responsable del USAID.

El éxito del IY2KCC fue tal, que fueron en definitiva 170 países los que se adhirieron a él. Cada uno designó sus expertos. Cada delegación teniendo interés en participar en los trabajos, a la vez para informarse y para recoger el dinero de los subsidios del Banco Mundial, la Asamblea de la ONU sobre el IY2KCC concluyó con un consenso general sobre el peligro del «defecto de software» (computer bug en inglés).
No es necesario seguir explicando ni ir más lejos. Este relato histórico tiene como finalidad de demostrar que un consenso de personalidades científicas en el seno de una Asamblea política, es un consenso de intereses políticos y no tiene nada que ver con la ciencia.

El móvill
Algunos años más tarde, la ONU y el gobierno de los EEUU han hecho desaparecer los sitios internet consagrados al «bug» del año 2000. Pero se puede consultar siempre en las bibliotecas una montaña de informes oficiales sobre el «defecto de software». Casi todos los países y todas las organizaciones intergubernamentales han publicado estos informes. Y el 1ro de enero de 2000 en la mañana, cada uno podía saber que era una farsa o algo inexistente, peligro que nunca se concretizó, ¡El peligro del milenio no era más un monstruo mitológico, muy lejos de nuestra realidad!

En realidad este asunto había sido minuciosamente montado y preparado. El senador Bob Bennett es también un contacto conocido de la CIA, para la cual ha trabajado durante su juventud. Bruce W. McConnell está igualmente ligado a los servicios de inteligencia. Incluso, acaba de ser nombrado por el presidente Obama para supervisar las cuestiones de seguridad de los sistemas de comunicación en el Departamento de Seguridad de la Patria. Su ex-ayudante adjunto, Art Warman, dirige hoy Vega, una estructura permitiendo a la CIA de infiltrar las ONGs (Organizaciones No Gubernamentales) y ofreciendo programas para un «desarrollo verde» y ecológico en el Tercer Mundo.

La fantasiosa historia del año 2000 permitió a Washington imponer una armonización y uniformizar mundialmente los programas informáticos y crear una red global de comunicación entre los Estados y países.
Desde el punto de vista de los administradores a quien este asunto concierne, fueron los esfuerzos del IY2KCC los que permitieron posteriormente de coordinar la lucha anti-terrorista después del 11 de septiembre.

Por otro lado esta armonización ha permitido a los Estados Unidos imponer sus propios programas informáticos y hacer, entre otras cosas, la fortuna de Bill Gates. Estos programas han sido todos validados por la National Security Agency, es decir permeables o que dejan acceder a cualquier intrusión o piratería de los servicios secretos de los EEUU.
Para los inocentes u otros ingenuos que se han dejado manipular, esta operación ha costado según diversas fuentes, entre 300 a 600 billones de dólares, pero solamente menos de 40 han sido a cuenta de los Estados Unidos. ¡Una hermosa estafa!

Al Gore, el GIEC y Copenhague
La prensa comercial no tiene memoria. A nadie se le ha ocurrido preguntar al Premio Nobel de la Paz, señor Al Gore, si sus alertas sobre el recalentamiento climático son más sinceras que sus alertas sobre el año 2000.
Nadie tampoco ha preguntado al GIEC (co-laureado del Premio Nobel de la Paz) sobre su verdadera naturaleza. La presencia de algunos climatólogos en medio de diplomáticos no hacen de esta conferencia política una academia científica.
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

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viernes, 18 de diciembre de 2009

Impactos del Cambio Climático en los más pobres. Caso Mozambique


Mozambique es un caso que confirma lo que nadie discute: que los más pobres están expuestos en mayor medida al riesgo de desastres ambientales agravados en su intensidad, efectos y frecuencia por el Cambio Climático.
Podríamos afirmar que es un país-víctima de los desarrollados-industrializados, (incluyendo en el grupo a China e India) ya que está lejos de ser un responsable de las causas que producen ese Cambio.

El continente africano, como un todo, tiene un aumento de su temperatura de 0.5 ºC en los últimos 100 años (esto es un promedio: en algunos casos puntuales, por ejemplo en Kenya, la elevación de los últimos 20 años ronda los 3.5 ºC); desde 1987 se registraron los 6 años más cálidos y el 2005 fue el de más alta temperatura.
Esa tendencia térmica seguirá agudizándose, con varias consecuencias; entre otras: afectará la disponibilidad del agua (sobre todo el recurso de los acuíferos), alterará los ciclos de lluvias, la producción agrícola (con efectos adversos sobre la seguridad alimentaria), y provocará cambios en la distribución de patógenos transmitidos por el agua.
Durante el siglo XXI, el 30% de la infraestructura costera de África podría verse inundada debido al aumento del nivel del mar. Los mozambiqueños ya conocen parte de este cuadro: a las inundaciones de 2000-2001 le siguió una grave sequía en la región central y sur; esto significó para ellos la destrucción de viviendas, cosechas e infraestructuras.
En suma, África –y por tanto Mozambique- es un continente de alta vulnerabilidad al Cambio Climático.

Las “violencias” que se padecen en África
Sabemos que la violencia de los conflictos en África (Mozambique padeció los efectos de una guerra civil que duró 16 años, finalizada en 1992) y las presiones sobre las tierras cultivables son las principales causas de degradación del ambiente que se aprecian en la deforestación, comercio de carne de animales silvestres, así como en la reducción de la capacidad de reacción de las comunidades locales.

Para África, el establecimiento de una paz duradera como fundamento del desarrollo y la prosperidad humana seguirá siendo una prioridad durante mucho tiempo. No caben dudas que las acciones en la esfera del Medio Ambiente pueden contribuir a esa paz.
Muchas de las culturas africanas están basadas en prácticas agrícolas de pequeña escala, la que está siendo forzada a ser reemplazada por cultivos como la azúcar de caña o la casava para producir biodiesel; en otras regiones se están implantando árboles con el mismo propósito comercial (para proveer combustible al desarrollo extracontinental), provocando desplazamientos de las poblaciones de agricultores con las consecuencias fáciles de imaginar.

Los minerales de Mozambique, incluidos los metales pesados, carbón y gas natural han sido malvendidos en tiempos recientes a empresas transnacionales. Por ejemplo, una sudafricana se lleva su gas natural, irlandeses y sudafricanos explotan los depósitos de titanio y varias empresas extranjeras realizan prospecciones en busca de petróleo, con algunas perforaciones marinas. Mozambique tiene prístinas playas y altísima biodiversidad marina lo cual constituye un atractivo turístico-económico importante; esto podría verse afectado por la voracidad de esas actividades e iniciativas.

Los "problemas" del agua
Además, Mozambique es parte de un contexto mayor caracterizado por conflictos campesinos (pastoriles) que se extiende a vastas regiones del Sur de Etiopía, NO de Kenya, SE del Sudán y NO de Uganda. Todos ellos asociados a una competencia por la tierra debido a la desertificación, desplazamiento forzado de las poblaciones, proliferación de armas pequeñas (obtenidas en las guerras regionales) así como a la reducción de la seguridad alimentaria debido a la variabilidad del régimen de lluvias y a las prolongadas sequías.

Actualmente África padece en grado extremo factores climáticos como la variabilidad del régimen de lluvias, escasez de agua y bajo rendimiento de los cultivos así como enfermedades asociadas al perfil climático como el cólera y el paludismo. El alcance, la frecuencia y la gravedad de los brotes epidémicos podrían aumentar significativamente.
Es oportuno recordar que en 2004 el 57% de la población no tenía acceso sostenible a fuente de agua mejorada.

Las influencias del clima y de sus cambios en la salud humana se modulan por interacciones con procesos ecológicos, condiciones sociales y políticas. Mozambique no es ajeno a este concepto: es uno de los países africanos más afectado por el VIH-SIDA: el año pasado, 24 de cada 100 mozambiqueños entre 15 y 49 años de edad eran seropositivos. Una de las consecuencias de esta epidemia se puso de manifiesto rápidamente en una drástica reducción en la expectativa de vida.

¿Qué más sabemos sobre Mozambique?
Es una ex colonia portuguesa, con sus costas sobre el Océano Indico, que albergaba (en 2004) a 19.4 millones de personas; en este país, 10-11 de cada 100 niños o niñas nacidos vivos muere antes del llegar al año de edad; de los que sobreviven el 50.9% tiene probabilidad de no sobrevivir hasta los 40 años; apenas el 3.3% de la población tiene 65 o más años de edad.

Además, 43% de los hombres y 67% de las mujeres son analfabetas. Tienen 3 médicos por cada 100 mil mozambiqueños. El 45% de la población pertenece a la categoría de desnutridos.

Mozambique ocupa el lugar 168 en la escala de Naciones Unidas, categorizado “de Bajo Desarrollo Humano” (Argentina está en el puesto 36: “Desarrollo Humano Alto”).
La "generosidad" de los ricos para los pobres
Mozambique está en la lista de países que recibe cada vez menos ayuda. Su índice de pobreza humana es del 49%: el 78.4% de la gente dispone de menos de un promedio de dos dólares por día (compárese con Argentina: 23% de la población; Brasil: 21,2; Ecuador 37,2).

Hasta el presente, África - incluido Mozambique - ha recibido un mínimo de la ayuda para sus esfuerzos de mitigación por parte del Mecanismo de Desarrollo Limpio que prevé que los países industrializados compensen sus emisiones de gases financiando proyectos de atenuación en países en desarrollo. Ese compromiso está lejos de su cumplimiento: en 2006 África, al sur del Sahara, sólo se beneficiaba con 5 de 410 proyectos de dicho mecanismo, 4 en Sudáfrica y uno en Nigeria (esto es nada comparada con los 192 en América Latina y el Caribe y 203 en Asia).

En general, la solidaridad con los países víctimas de los desastres ambientales atribuibles al Cambio Climático no fue lo más notorio. En el período 1991-2000, la asistencia a los países pobres por parte de la AOD bajó 11% en términos reales. Mientras los efectos adversos se agravaban, países como Alemania, Estados Unidos, Francia e Inglaterra redujeron (en promedio) sus aportes en 10% (algunos, como Estados Unidos, redujeron su ayuda hasta en un 30%). Todos lejos del objetivo determinado por las Naciones Unidas (0.7% de su PBI) excepto Suecia, Holanda, Dinamarca y Noruega.+ (PE).

Agencia de Noticias Prensa Ecuménica - www.ecupres.com.ar

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Cambio climático: Discurso de Evo Morales ante la asamblea general de la ONU

Jueves 4 de octubre de 2007,
puesto en línea por Chiara Sáez Baeza

24 de septiembre de 2007.

Hermanas y hermanos Presidentes y Jefes de Estado de las Naciones Unidas:

El mundo tiene fiebre por el cambio climático y la enfermedad se llama modelo de desarrollo capitalista. Mientras en 10.000 años la variación de dióxido de carbono (CO2) en el planeta fue de aproximadamente un 10 por ciento, en los últimos 200 años de desarrollo industrial, el incremento en las emisiones de carbono ha sido de un 30 por ciento. Desde 1860, Europa y Norteamérica han contribuido con el 70 por ciento de las emisiones de CO2. El 2005 ha sido el año más caluroso de los últimos mil años en el planeta.




Diferentes investigaciones demuestran que de 40.170 especies vivas estudiadas, 16.119 están en peligro de extinción. Un pájaro de cada ocho puede desaparecer para siempre. Un mamífero de cada cuatro está amenazado. Un anfibio de cada tres puede dejar de existir. Ocho crustáceos de cada diez y tres insectos de cada cuatro están en riesgo de extinguirse. Vivimos la sexta crisis de extinción de especies vivas en la historia del planeta Tierra y, en esta ocasión, la tasa de extinción es 100 veces más acelerada que en los tiempos geológicos.

Ante este futuro sombrío, los intereses transnacionales proponen seguir como antes y pintar la máquina de verde, es decir, seguir con el crecimiento y el consumismo irracional y desigual generando más y más ganancias sin darse cuenta de que actualmente estamos consumiendo en un año lo que el planeta produce en un año y tres meses. Ante esta realidad, la solución no puede ser el maquillaje ambiental.

Para mitigar los impactos del cambio climático leo en informes del Banco Mundial que hay que acabar con los subsidios a los hidrocarburos, ponerle precio al agua y promover la inversión privada en los sectores de energía limpia. Nuevamente quieren aplicar las recetas de mercado y privatización para hacer negocios con la propia enfermedad que estas políticas producen. Lo mismo sucede en el caso de los biocombustibles puesto que para producir un litro de etanol se requieren 12 litros de agua. De igual forma, para procesar una tonelada de agrocombustibles se necesita, en promedio, una hectárea de tierra.

Ante esta situación, nosotros -los pueblos indígenas y los habitantes humildes y honestos de este planeta- creemos que ha llegado la hora de hacer un alto para reencontrarnos con nuestras raíces, con el respeto a la madre tierra; con la Pachamama como la llamamos en los Andes. Hoy, los pueblos indígenas de América Latina y del mundo estamos convocados por la historia para convertirnos en la vanguardia de la defensa de la naturaleza y de la vida.

Estoy convencido de que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada recientemente después de tantos años de lucha, tiene que pasar del papel a la realidad para que nuestros conocimientos y nuestra participación nos ayuden a construir un nuevo futuro de esperanza para todos. Quién sino los pueblos indígenas podemos señalar el rumbo de la humanidad para la preservación de la naturaleza, de los recursos naturales y de los territorios que habitamos ancestralmente.

Necesitamos un golpe de timón de fondo y a nivel mundial para dejar de ser los condenados de la tierra. Los países del norte tienen que reducir sus emisiones de carbono entre un 60 y un 80 por ciento si queremos evitar que la temperatura de la tierra suba más de 2 grados en lo que queda de siglo provocando que el calentamiento global alcance proporciones catastróficas para la vida y la naturaleza.

Tenemos que crear una Organización Mundial del Medioambiente con fuerza vinculante, y disciplinar a la Organización Mundial del Comercio empeñada en llevarnos a la barbarie. Ya no podemos seguir hablando de crecimiento del Producto Bruto Nacional sin tomar en cuenta la destrucción y el derroche de los recursos naturales. Tenemos que adoptar un indicador que permita considerar, de manera combinada, el Índice de Desarrollo Humano y la Huella Ecológica para medir nuestra situación medioambiental.

Hay que aplicar fuertes impuestos a la superconcentración de la riqueza y adoptar mecanismos efectivos para su redistribución equitativa. No es posible que tres familias tengan ingresos superiores al PIB conjunto de los 48 países más pobres. No podemos hablar de equidad y justicia social mientras continúe esta situación.

Los Estados Unidos y Europa consumen, en promedio, 8.4 veces más que el promedio mundial. Por ello, es necesario que bajen sus niveles de consumo y reconozcan que todos somos huéspedes de una misma tierra; de la misma Pachamama.

Sé que no es fácil el cambio cuando un sector extremadamente poderoso tiene que renunciar a sus extraordinarias ganancias para que sobreviva el planeta Tierra. En mi propio país sufro, con la frente en alto, ese sabotaje permanente porque estamos acabando con los privilegios para que todos podamos "Vivir Bien" y no mejor que nuestros semejantes. Sé que el cambio en el mundo es mucho más difícil que en mi país, pero tengo absoluta confianza en el ser humano, en su capacidad de razonar, de aprender de sus errores, de recuperar sus raíces y de cambiar para forjar un mundo justo, diverso, inclusivo, equilibrado y armónico con la naturaleza.

Evo Morales Ayma
Presidente de la República de Bolivia.

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martes, 8 de diciembre de 2009

Copenhague: los campesinos pueden enfriar el planeta y alimentarlo


Silvia Ribeiro
Alai-amlatina
07-12-2009

En las próximas semanas se reunirá en Copenhague, Dinamarca, la Convención sobre Cambio Climático de Naciones Unidas. El ambiente está caliente, tanto entre los bloques de negociadores oficiales, como en las organizaciones y movimientos, que por primera vez acudirán en decenas de miles al lugar de reunión.

No es para menos, el cambio climático es devastador y sus efectos serán cada vez peores, informan los científicos.
El tema toca puntos neurálgicos de la civilización petrolera, al mostrar que el sistema industrial del último siglo ha ido destruyendo la vida de la gente y del planeta, en forma irreparable si no lo frenamos ya.

Pese a ello, la vasta mayoría de los gobiernos siguen empeñados en no atacar las causas reales del cambio climático, empujando en su lugar falsas soluciones, basadas en enfoques de mercado y nuevas tecnologías cada vez más peligrosas, que en lugar de mejorar la situación, la empeoran.

El tema de la agricultura y alimentación es un claro ejemplo de ello. Los negociadores de cambio climático lo ven como un problema (la agricultura industrial es responsable de un altísimo grado de emisiones de gases de efecto invernadero) pero sobre todo como un campo para ampliar los mercados de carbono, paradójicamente, aumentando la agricultura industrial y sus impactos.

Hay propuestas y presiones empresariales para lograr apoyos nuevos a actividades altamente destructivas social y ambientalmente, como monocultivos de árboles y soya transgénica, grandes instalaciones de cría de animales confinados, proyectos masivos de biochar o carbón vegetal (producir masa vegetal para quemarla y enterrarla como carbón en los suelos), entre otras.

Al otro extremo, movimientos como La Vía Campesina, tienen claras las causas y las combaten día a día, pero también presentan soluciones: la agricultura campesina y la producción de pequeña escala puede enfriar el planeta –y lo está haciendo–, además de alimentar a la mayoría de la humanidad.

Un reciente informe del Grupo ETC (¿Quién nos alimentará? www.etcgroup.org/es) analiza estos aspectos y plantea una serie de preguntas claves frente a las crisis climática y alimentaria.

Por un lado, las trasnacionales nos quieren hacer creer que los sistemas alimentarios son una cadena industrial que comienza con Monsanto como dueña de las semillas en un extremo y WalMart como paradigma de los supermercados en el otro, cada vez más industrializado y centralizado.
Afirman que sólo ellos podrán alimentar a la población mundial creciente y enfrentar el caos climático, con sus variedades transgénicas y producción masiva y uniformizada.
Exigen que los gobiernos sigan apoyando sus patentes, sus tecnologías contaminantes y sus oligopolios de mercado, haciendo la vista gorda a los impactos climáticos y de salud que provocan –que afirman van a absorber con más tecnología, más patentes y más libre comercio.

Por otro lado, la realidad es que los sistemas alimentarios del mundo no son cadenas sino redes, donde muchas personas, actividades, culturas y funciones convergen e intercambian.
Más de 85 por ciento de los alimentos son producidos cerca de donde se consumen, a nivel local, regional o al menos nacional, y la mayoría gracias a campesinos y productores de pequeña escala, a indígenas, pescadores artesanales, pastores nómadas y pequeños horticultores urbanos, que en conjunto son más de la mitad de la población mundial, pero alimentan a muchísimos más y llegan a quienes más lo necesitan.

Por sus formas de manejo no emiten gases de efecto invernadero sino que los absorben, ahorran agua, conservan los suelos y una enorme diversidad de cultivos, animales domésticos y peces, que son la clave de las adaptaciones necesarias frente a las crisis climáticas.

Además, si se toma en cuenta todos los elementos que producen, crecen y recolectan en las pequeñas fincas y no sólo el rendimiento de un determinado cultivo por hectárea, el volumen de alimentos producidos es mucho mayor, más variado y nutritivo que en cualquier monocultivo industrial.

Un artículo de Grain resalta otro aspecto fundamental, relacionado: el cuidado (o destrucción) del suelo y su relación con el cambio climático. (Cuidar el suelo, Biodiversidad 62, www.grain.org/biodiversidad/?id=459)

El uso del fertilizantes químicos y otros agrotóxicos, conlleva necesariamente la destrucción de la vida microbiana del suelo y ha sido reconocido como un importante factor de emisiones de gases de efecto invernadero.

Los fertilizantes sintéticos, además de lo que emiten, destruyen la capacidad del suelo de captar y almacenar carbono.
El artículo presenta un cálculo cuidadoso y realista de cómo si se recupera y estimula la incorporación de materia orgánica al suelo, a partir de prácticas agrícolas, pecuarias y pastoriles de pequeña escala, con diversidad cultural, geográfica y de manejo, resultaría en una importante reducción de emisión de gases de efecto invernadero, pero además tendría el potencial de con el tiempo, absorber las dos terceras partes del exceso de gases de efecto invernadero de la atmósfera, siendo la medida más importante propuesta hasta el momento.

La Vía Campesina y otros movimientos estarán en Copenhague para presentar estas realidades y confrontar a los gobiernos y empresas que quieren que sigamos creyendo que sin sus cadenas no tenemos futuro.

La verdad es que solamente sin ellas podremos enfrentar las crisis en que nos han metido.

- Silvia Ribeiro es Investigadora del Grupo ETC.http://www.etcgroup.org/Más información: http://alainet.org/ RSS: http://alainet.org/rss.phtml

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viernes, 4 de diciembre de 2009

Cambio climático: Las “trampitas” de Obama


3 de diciembre de 2009
Alejandro Teitelbaum
(especial para ARGENPRESS.info)

Cuando se habla de cambio climático se da por sentado que China es el primer emisor de CO2 del planeta, Estados Unidos el segundo, Rusia el tercero, India el cuarto y Japón el quinto.
Eso es así si se toman las cifras absolutas de emisión de CO2 de cada país.

Pero si se toman las cifras de emisión de CO2 por habitante, lo que parece ser más racional para establecer la incidencia real y la responsabilidad por la emisión de CO2 de cada país, el “ranking” cambia: Estados Unidos ocupa el primer lugar con 19 toneladas de CO2 por habitante y, muy lejos, China ocupa el décimo tercer lugar con 5 toneladas. El tercero, cuarto y quinto lugar los ocupan, respectivamente Australia, Canadá, Arabia Saudita y Rusia. (Datos extraídos del diario francés Le Monde del 30 de noviembre de 2009).

Estados Unidos y su carismático Presidente se obstinan en eludir sus responsabilidades pero para disimularlo ante la opinión pública recurren a ciertas “trampitas”.
Obama anuncia que Estados Unidos va asumir el compromiso de reducir sus emisiones en un 17% para el año 2020, pero tomando como base los niveles de 2005. Lo que representa sólo el 4% ó 5% para 2020 respecto a los niveles de 1990. Los demás países anuncian compromisos de reducción bastante más elevados (China habla del 40%) partiendo de los niveles de 1990.

Obama anuncia que va a ir a Copenhague a la cumbre sobre el cambio climático que se celebrará del 9 al 18 de diciembre. Casi todo el "establishement" mundial aplaude el “compromiso” de Obama. Pero éste sólo se quedará el día 9 y no estará al final de la reunión cuando estén presentes los otros Jefes de Estado y se tomarán las decisiones (sean éstas buenas, regulares o malas).

Una representante de Greenpeace en España declaró que asistir a la cumbre climática de Copenhague es bastante más que posar para una foto, es trabajar para la consecución de un acuerdo global que evite el caos climático. Siguió diciendo que la decisión de Obama de estar en Copenhague el día 9 de diciembre no responde a las necesidades políticas del proceso, ya que los días en que es indispensable que los jefes de Estado y de Gobierno acudan a la cumbre son en el tramo final.

Agregó que los expertos en clima han expresado reiteradamente la necesidad de alcanzar compromisos de reducción de emisiones de entre el 25% y el 40% para 2020 (tomando como referencia los niveles de 1990) y de entre el 80% y el 95% para 2050.

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domingo, 29 de noviembre de 2009

Organizaciones sociales tapiaron la entrada a la embajada de EEUU en protesta por el bloqueo a un acuerdo justo en Copenhague




CAMBIO CLIMÁTICO
Globalizate y Plataforma Ciudadana contra el cambio climático (28/11/09)

La Plataforma Ciudadana contra el Cambio Climático, que agrupa a sindicatos, organizaciones ecologistas, de cooperación, sociales, de consumidores etc. considera que la decisión tomada por Obama y su homólogo de China, Hu Jintao, de no adoptar ningún acuerdo significativo en Copenhague supone de facto asegurar el fracaso de la cumbre de Copenhague. Un año después de haber llegado al poder, el presidente de los EEUU se ha olvidado de su compromiso por el clima que contrajo ante sus ciudadanos y los del resto del mundo. Su decisión muestra que tras ese cambio que decía abanderar no hay nada más que un discurso bien construido, pero sin nada tangible detrás.

Obama sigue, por tanto, la misma política que su antecesor, George Bush. O al menos, lo pusieron muy negro para luego ofrecer algo insuficiente y decir que están cumpliendo.
Obama desoye, además, con su postura al consenso de la comunidad científica, que no nos deja de advertir de las graves consecuencias que tendrá para el futuro de la humanidad y de este planeta que no se alcance cuanto antes un acuerdo justo, vinculante y ambicioso. Para evitar que el cambio climático escape a nuestra capacidad de acción, es necesaria una fuerte reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, que en todo caso no deberá ser menor de un 40% en 2020, según los niveles de 1990. El objetivo de reducir el 17% de emisiones para 2020 tomando como referencia 2005 en EEUU es una propuesta vergonzosa.
Por último, también queremos recordar al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que debería pedir disculpas a los países más afectados por el cambio climático por el incumplimiento de los compromisos de Kyoto y comprometerse a reducir un 40% las emisiones para 2020 con referencia a 1990 por escrito.
Durante el acto, los manifestantes han coreado consignas como "Que no te mientan, la Tierra se calienta", "Obama, me pones si reduces emisiones", "Obama y Zapatero, efecto invernadero" o "Los líderes mundiales nos dejan en pañales".
El próximo sábado 12 de diciembre han convocado una concentración en la Puerta del Sol de Madrid para pedir a los líderes políticos de todo el mundo un acuerdo justo y vinculante en Copenhague.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

De Copenhague a Yasuní


22-11-2009
Boaventura de Sousa Santos
Visão
Traducido por Antoni Jesús Aguiló y revisado por Àlex Tarradellas

Como era de prever, la próxima Conferencia de la ONU sobre el cambio climático, que se celebrará en Copenhague (Dinamarca) del 7 al 18 de diciembre, será un fracaso que los políticos tratarán de disfrazar recurriendo a diferentes códigos semánticos, como «acuerdo político» o «paso importante en la dirección correcta».

El fracaso está en el hecho de que, al contrario de los compromisos asumidos en las reuniones anteriores, en Copenhague no se adoptarán medidas jurídicamente obligatorias para la reducción de las emisiones de los gases responsables del calentamiento global, cuyos peligros para la supervivencia del planeta ya están lo suficientemente demostrados como para adoptar el principio de precaución. La decisión ha sido tomada durante la reciente Cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico y, una vez más, quien la ha dictado ha sido la política interna de los Estados Unidos: centrado en la reforma del sistema de salud, el presidente Obama no quiere asumir otros compromisos al margen del Congreso estadounidense y no puede o quiere movilizarlo para tomar una decisión que implique medidas hostiles para el fuerte lobby del sector de las energías no renovables. Los ciudadanos del mundo seguirán, por tanto, asistiendo al desazonador espectáculo de políticos irresponsables y de intereses económicos demasiado poderosos como para ser sometidos al control democrático. Y así seguirán hasta que se convenzan de que está en sus manos construir formas democráticas más fuertes, capaces de impedir la irresponsabilidad organizada de los políticos y el despotismo económico.
Pero la reunión de Copenhague no será del todo infructuosa. Su preparación ha permitido que se conozcan mejor movimientos e iniciativas, tanto por parte de organizaciones sociales como de Estados, reveladores de una nueva conciencia ambiental global y de otras posibilidades de innovación política. Una de las propuestas más audaces e innovadoras es el proyecto Ishpingo-Tambococha-Tiputini (ITT) de Ecuador, presentando por primera vez en 2007 por el entonces ministro de Energía y Minas, el gran intelectual y activista Alberto Acosta, posteriormente presidente de la Asamblea Constituyente. Se trata de un ejercicio de corresponsabilidad internacional que apunta hacia una nueva relación entre los países más y menos desarrollados y hacia un nuevo modelo de desarrollo: el modelo postpetrolífero. Ecuador es un país pobre a pesar de —o a causa de— ser rico en petróleo. Su economía depende fuertemente de la exportación de petróleo: el rendimiento petrolífero constituye el 22% del producto interior bruto y el 63% de las exportaciones. La destrucción humana y ambiental causada por este modelo económico en la Amazonia es verdaderamente impactante. Como consecuencia directa de la explotación de petróleo por parte de Texaco —Chevron, más tarde—, entre 1960 y 1990, desaparecieron dos pueblos amazónicos enteros: los tetetes y los sansahauris. La iniciativa ecuatoriana trata de romper con este pasado y consiste en lo siguiente. El Estado ecuatoriano se compromete a dejar en el subsuelo reservas de petróleo calculadas en 850 millones de barriles existentes en tres pozos —Ishpingo, Tambococha y Tiputini, de ahí el acrónimo de la iniciativa— del Parque Nacional amazónico Yasuní, a condición de que los países más desarrollados compensen a Ecuador con, al menos, la mitad de los ingresos que el Estado ecuatoriano dejaría de obtener a consecuencia de esa decisión. El cálculo prevé que la explotación generará, a lo largo de 13 años, un rendimiento de 4 a 5 billones de euros y emitirá para la atmósfera 410 millones de toneladas de CO2. Esto podría evitarse si Ecuador fuese compensado con cerca de 2 billones de euros mediante un doble compromiso. Ese dinero se destinaría a inversiones ambientalmente correctas: energías renovables, reforestación, etc.; y el dinero se recibiría bajo la forma de certificados de garantía, unos créditos que los países «donantes» recuperarían, y con intereses, en el caso de que Ecuador explotara el petróleo, una hipótesis poco probable dada la doble pérdida que supondría para el país: pérdida de dinero recibido y ausencia de ingresos generados por el petróleo durante varios años, en concreto los transcurridos entre la decisión de explotar y la primera exportación.
Al contrario que el Protocolo de Kioto, esta propuesta no busca crear un mercado del carbono; busca evitar su emisión. No se limita, por tanto, a apelar a la diversificación de las fuentes energéticas; sugiere la necesidad de reducir la demanda de energía, cualesquiera que sean sus fuentes, lo que implica un cambio de estilo de vida que, sobre todo, será exigente en los países más desarrollados. Para ser eficaz, la propuesta deberá formar parte de otro modelo de desarrollo y ser adoptada por otros países productores de petróleo. Está propuesta, además, está apoyada por la nueva Constitución de Ecuador, una de las más progresistas del mundo, que, a partir de las cosmovisiones y prácticas indígenas de lo que llaman el «buen vivir» ( Sumak kawsay ) —basadas en una relación armónica entre los seres humanos y los no humanos, incluyendo lo que en la cultura occidental se designa como naturaleza— propone una concepción nueva y revolucionaria del desarrollo, centrada en los derechos de la naturaleza. Esta concepción debe ser interpretada como una contribución indígena al mundo entero, pues está ganando adeptos en sectores cada vez más amplios de ciudadanos y movimientos a medida que se va haciendo evidente que, la degradación ambiental y la depredación de los recursos naturales, además de insustituibles y socialmente injustas, conducen al suicidio colectivo.
¿Una utopía? La verdad es que Alemania ya se ha comprometido a entregar a Ecuador 50 millones de euros por año durante los 13 años que duraría la explotación. Un buen comienzo.
Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra (Portugal)
Artículo original publicado el 19 de octubre de 2009.
Fuente: http://aeiou.visao.pt/de-copenhaga-a-yasuni=f537363
Antoni Jesús Aguiló y Àlex Tarradellas son miembros de Rebelión y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente, a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor, al revisor y la fuente.

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jueves, 12 de noviembre de 2009

Las cumbres previas a la Conferencia sobre el Cambio Climático de Copenhague se cierran con fracasos

11-11-2009
Ya queda menos de un mes para que comience en Copenhague la importante Conferencia sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas. Entre los días 7 y 18 de diciembre, los países allí reunidos deberán acordar un nuevo marco internacional para la reducción de emisiones tras la finalización del Protocolo de Kyoto en 2012.

Cada vez más sectores de la sociedad civil están presionando para que los líderes políticos se comprometan a alcanzar un acuerdo vinculante, justo y ambicioso.

De momento, las cumbres previas a la de Dinamarca están cerrándose sin acuerdos. Es el caso de la reunión sobre la capa de ozono, en Egipto, y la Cumbre sobre Cambio Climático de Barcelona que terminó el pasado viernes.

En la ciudad egipcia de Puerto Ghalib, el encuentro sobre la protección de la capa de ozono concluyó sin un acuerdo para reducir y controlar la emisión de gases sintéticos, conocidos como hidrofluorocarbonos (HFCs), que afectan a esta capa de la atmósfera. Así lo informó el martes el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Después de cinco días de intensas discusiones muchos países consideraron prematuro proponer un plan de acción antes de la reunión de diciembre en Copenhague sobre Cambio Climático.

Mientras, en Barcelona no se consiguió el gran pacto mundial para frenar el cambio climático. Habrá que esperar al menos hasta la cumbre de Copenhague en diciembre, porque la de Barcelona concluyó el viernes en falso, ya que los 180 países reunidos durante una semana fueron incapaces de llegar a un acuerdo sobre las reducciones de emisión de gases de efecto invernadero. Y, peor aún, han transmitido la impresión, cada vez más amenazadora, de que tampoco en Copenhague se cerrará compromiso alguno para reemplazar el Protocolo de Kioto, cuya vigencia expira en 2012. Barcelona, que debiera haber allanado el camino para la decisiva cita danesa, «ha sido una oportunidad perdida por falta de voluntad política», denunciaron este viernes las organizaciones ecologistas.

Las consecuencias se siguen notando y la cuenta atrás cada vez es más apurada. El Cambio Climático afecta al medio ambiente, las especies, la geografía y, en consecuencia a las personas. Es por eso que desde que es una realidad el cambio climático se están produciendo millones de desplazamientos de personas. Ya se utiliza un término, “refugiado climático”, que no existe en el derecho internacional. Pero que, sin embargo, se cuentan por millones las personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares por los efectos del calentamiento global.

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sábado, 24 de octubre de 2009

Noche de brujas y el cambio climático


23 de octubre de 2009
Amy Goodman
(DEMOCRACY NOW)

Se acerca la Noche de brujas y los niños se preparan para disfrazarse y hacer las tradicionales recorridas puerta a puerta, reclamando golosinas al son de “dulce o treta” y amenazando con travesuras a quienes no quieran acceder a su pedido. Lo mismo están haciendo los activistas por el cambio climático, desde humoristas políticos hasta presidentes.

El pasado lunes, el grupo artístico-activista “The Yes Men” montó una de sus clásicas bromas: uno de sus integrantes se disfrazó de directivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y realizó lo que aparentaba ser una conferencia de prensa legítima en la que declaraba que el organismo daba un vuelco total en su tajante oposición histórica a la adopción de legislación sobre el cambio climático.
Mientras tanto, en el Océano Índico, el presidente de las Maldivas celebró la primera sesión de gabinete subacuática del mundo, como forma de ilustrar que ese país insular podría quedar bajo el agua muy pronto a causa de la subida del nivel del mar. A sólo 50 días de la Conferencia sobre el Cambio Climático en Copenhague, se intensifican las movilizaciones.
Los Yes Men son activistas que se dedican a armar elaboradas parodias para dejar en evidencia a organizaciones mundiales de comercio, corporaciones multinacionales y políticos. Desvirtúan satíricamente las posturas de las transnacionales y de los defensores del libre mercado y los grandes negocios, haciéndose pasar por genuinos portavoces de esas instituciones y adoptando un aire de sinceridad para ofrecer disculpas por delitos empresariales pasados o para promover productos absurdos en eventos industriales con una seriedad convincente.
En diciembre de 2004, en el vigésimo aniversario del accidente industrial ocurrido en Bhopal, India, en el que murieron miles de personas a causa de una fuga de gas de la planta de Union Carbide, Andrew Bichlbaum, uno de los Yes Men, se presentó ante las cámaras de la BBC fingiendo ser un representante de Dow Chemical (que para ese entonces había comprado a Union Carbide) y declaró que la empresa finalmente asumiría la responsabilidad plena del desastre.
En esa ocasión, Bichlbaum dijo a la BBC: “Tengo el inmenso placer de anunciar un hecho histórico: Dow ha decidido asumir la responsabilidad absoluta por el catástrofe de Bhopal. Tenemos un plan de 12.000 millones de dólares para finalmente y después de tanto tiempo compensar plenamente a las víctimas, incluidas las 120.000 personas que podrían requerir atención médica por el resto de sus vidas, y sanear el sitio de la planta de Bhopal, recuperarlo total y rápidamente. Me gustaría enfatizar que esto no es un gesto menor. Es la primera vez en la historia que una compañía de la magnitud de Dow ha emprendido una acción que va tan en contra de su situación financiera simplemente porque significa hacer lo correcto.”
En 2007, Bichlbaum y Mike Bonanno, otro integrante de los Yes Men, se presentaron en el evento petrolero más importante de Canadá simulando ser ejecutivos de ExxonMobil y del Consejo Nacional de Petróleo. Allí anunciaron un plan para producir combustible a partir de los cadáveres de las millones de víctimas futuras del cambio climático. El nuevo combustible se llamaría “Vivóleo”.
Uno de los Yes Men explicó en la presentación: “Aunque no puedo revelar los detalles de nuestro proceso de producción, lo que sí les puedo decir es que básicamente lo que hace es comprimir el trabajo bruto e involuntario de la naturaleza, reduciendo a unas pocas horas lo que a esta le lleva miles de millones de años. Cualquier biomasa puede ser transformada rápida y económicamente a algo que se asemeja tanto a la gasolina que hasta lo puedo usar para hacer marchar mi todoterreno.”
Luego de ser expulsados de la conferencia, Bonanno dijo a la prensa: “ExxonMobil es probablemente la más ruinosa, la más criminal de las compañías petroleras. Ha negado sistemáticamente el cambio climático y financiado organizaciones que sostienen que el cambio climático no existe. Y trabaja en forma sistemática contra los intereses de la mayoría de la gente del mundo.”
En la falsa conferencia de prensa realizada esta semana en Washington, D.C., Bichlbaum leyó la siguiente declaración: “Los climatólogos nos dicen que si no adoptamos ya mismo leyes que reduzcan drásticamente las emisiones de carbón, dentro de cinco años estaríamos enfrentando una reacción en cadena de propagación de efectos del cambio climático, que significará la destrucción de las existencias de alimentos y agua a nivel mundial, con las consecuentes migraciones masivas, hambrunas y muertes a una escala nunca antes imaginada. De más está decir que eso no le haría nada bien a los negocios. Desde la Cámara hasta ahora hemos intentado siempre impedir que la climatología interfiriera con los negocios. Pero sin un clima estable, no hay negocio posible. Necesitamos mantener el negocio más de lo que necesitamos un crecimiento incesante de nuestras ganancias.”
La cadena de noticias empresariales Fox Business News y otros medios periodísticos de alcance mundial reprodujeron la noticia del sorpresivo apoyo de la Cámara de Comercio a la adopción de una ley sobre el cambio climático. En medio de la conferencia de prensa, un integrante legítimo de la Cámara de Comercio Estadounidense interrumpió a gritos a los activistas, acusándolos de farsantes, sólo para ser inmediatamente abordado por periodistas que lo acosaron con preguntas incisivas y comprometedoras sobre la postura de la Cámara en materia de cambio climático.
Varias multinacionales importantes, entre ellas Apple, Exelon, PG&E y Levi Strauss & Co., se han retirado de la Cámara debido a la oposición del organismo a la introducción de legislación efectiva sobre el cambio climático.
La resistencia de la cámara estadounidense a la adopción de políticas climáticas con base en investigaciones científicas no es ninguna novedad. James Hoggan, experto en relaciones públicas, acaba de presentar su libro “Climate Cover-Up: The Crusade to Deny Global Warming” (El encubrimiento climático: la cruzada para negar el calentamiento global).
Hoggan me dijo: “No fueron los Yes Men los que realizaron una maniobra mediática; la maniobra mediática la viene desplegando desde hace décadas la Cámara de Comercio de Estados Unidos.”
En el libro, Hoggan expone una campaña de confusión desplegada por las compañías energéticas: “Tengo más de 30 años de experiencia en relaciones públicas y hace un tiempo, investigando y leyendo, descubrí medio sin proponérmelo esta campaña–lo que yo llamaría una campaña de confusión–y decidí documentarla. Es una campaña de dos décadas impulsada por la industria energética de Canadá y Estados Unidos con el fin último de confundir al público en el tema del cambio climático y crear la falsa sensación de que las conclusiones científicas sobre sus efectos son debatibles.”
El grupo 350.org, en el que participa el ecologista Bill McKibben, convocó a movilizarse el 24 de octubre, declarando ese fecha “día mundial de acción”. El nombre de esta organización se refiere a la concentración atmosférica de dióxido de carbono que los científicos han identificado como sustentable y que se propone como meta–es decir: 350 partes por millón (la concentración actual es 387 ppm). Según 350.org, el 24 de octubre se realizarán cerca de 4.000 eventos en todo el mundo en el marco de la movilización convocada.
El objetivo es presionar a los representantes gubernamentales antes de que se reúnan en la crucial Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, a realizarse en Copenhague en diciembre.
El presidente Mohamed Nasheed de la República de las Maldivas ya respondió al desafío de acción mundial. La semana pasada el mandatario del país más sumergido del planeta se puso un traje de buceo y reunió a sus ministros en una sesión de gabinete literalmente bajo el agua.
Nasheed dijo: “Estamos ante una situación desafiante y queremos que todos se comprometan tanto como nosotros. Nos gustaría ver que la gente haga realmente algo al respecto.”
El resultado de la sesión subacuática fue una declaración titulada “SOS desde el frente de batalla”, en la que entre otras cosas expresaron que “Si hoy no somos capaces de salvar a las Maldivas, mañana será demasiado tarde para salvar al mundo.” Nasheed llevará la declaración a Copenhague.
Las autoridades estadounidenses serán un factor crucial para lograr un acuerdo sustancial en Copenhague, pero la incapacidad del senado para concretar una ley sobre el cambio climático deja a los negociadores de Estados Unidos atados de pies y manos. Las compañías de petróleo, gas y carbón gastan 300.000 dólares por día en presionar al gobierno para que proteja sus intereses. En materia de cambio climático, llegó el momento de la verdad. Y los profesionales de la negación siguen haciendo de las suyas, inventando tretas.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

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