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martes, 15 de junio de 2010

La espiritualidad en la construcción de la paz


En un mundo perturbado como el nuestro, nada hay de más sensato y noble que anclar nuestra búsqueda de la paz en esta dimensión espiritual.

Leonardo Boff

Todos los factores y prácticas en los distintos sectores de la vida personal y social deben contribuir a la construcción de la paz tan ansiada en los días actuales. Los esfuerzos serían incompletos si no incluyésemos la perspectiva de la espiritualidad.

La espiritualidad es aquella dimensión en nosotros que responde a las preguntas últimas que acompañan siempre a nuestras búsquedas. ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el sentido del universo? ¿Qué podemos esperar más allá de esta vida?

Las religiones suelen responder a estas inquietudes, pero ellas no tienen el monopolio de la espiritualidad. Ésta es un dato antropológico de base como la voluntad, el poder y la libido. Emerge cuando nos sentimos parte de un Todo mayor. Es más que la razón; es un sentimiento oceánico de que una Energía amorosa origina y sustenta el universo y a cada uno de nosotros.

En el proceso evolutivo del que venimos, irrumpió un día la conciencia humana. Hay un momento de esta conciencia en que ella se da cuenta de que las cosas no está lanzadas aleatoriamente ni yuxtapuestas, al azar, una al lado de la otra. Ella intuye que un «Hilo Conductor» pasa a través de ellas, las liga y las religa.

Las estrellas que nos fascinan en las noches cálidas del verano tropical, la selva amazónica en su majestad e inmensidad, los grandes ríos como el Amazonas, llamado con razón río-mar, la profusión de vida en los campos, el vocerío sinfónico de los pájaros en la selva virgen, la multiplicidad de las culturas y de los rostros humanos, el misterio de los ojos de un recién nacido, el milagro del amor entre dos personas que se quieren, todo eso nos revela cuán diverso y uno es nuestro mundo universo.

A este «Hilo Conductor» los seres humanos le han dado mil nombres, Tao, Shiva, Alá, Yahvé, Olorum y muchos más. Todo se resume en la palabra Dios. Cuando se pronuncia con reverencia este nombre algo se mueve dentro del cerebro y del corazón. Neurólogos y neurolingüistas han identificado el «punto Dios» en el cerebro. Es un punto que hace subir la frecuencia hertziana de las neuronas como si hubiesen recibido un impulso. Esto significa que en el proceso evolutivo surgió un órgano interior mediante el cual el ser humano capta la presencia de Dios dentro del universo. Evidentemente Dios no está solamente en este punto del cerebro, sino en toda la vida y en el universo entero. Sin embargo a partir de este punto quedamos habilitados para captarlo. Y todavía más, somos capaces de dialogar con Él, de elevarle nuestras súplicas, de rendirle homenaje y de agradecerle el don de la existencia. Otras veces no decimos nada. Silenciosos y contemplativos, lo sentimos solamente. Y entonces nuestro corazón se dilata a las dimensiones del universo y nos sentimos grandes como Dios o percibimos que Dios se hace pequeño como nosotros. Se trata de una experiencia de no-dualidad, de inmersión en el misterio sin nombre, de una fusión de la amada y el Amado.

Espiritualidad no es solamente saber, sino principalmente poder sentir las dimensiones de lo humano radical. El efecto es una profunda y suave paz, que viene de lo Profundo.

La humanidad necesita con urgencia esta paz espiritual. Ella es la fuente secreta que alimenta a la humanidad en todas sus formas. Irrumpe desde dentro, irradia en todas las direcciones, eleva la calidad de las relaciones y toca el corazón de las personas de buena voluntad. Esa paz esta hecha de reverencia, de respeto, de tolerancia, de comprensión benevolente de las limitaciones de los otros, y de la acogida del Misterio del mundo. Ella alimenta el amor, el cuidado, la voluntad de acoger y de ser acogido, de comprender y de ser comprendido, de perdonar y de ser perdonado.

En un mundo perturbado como el nuestro, nada hay de más sensato y noble que anclar nuestra búsqueda de la paz en esta dimensión espiritual.

Entonces la paz podrá florecer en la Madre Tierra, en la inmensa comunidad de la vida, en las relaciones entre las culturas y los pueblos, y aquietará el corazón humano cansado de tanto buscar.

Leonardo Boff es teólogo.
Fuente: http://servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=384 http://alainet.org/active/38822

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domingo, 30 de mayo de 2010

LULA Y EL NUEVO PARADIGMA EN LA DIPLOMACIA‏


LEONARDO BOFF*
EN DIARIO DIGITAL
NUESTRO PAIS (BRASIL)

El acuerdo alcanzado por Lula y por el primer ministro turco con Irán respecto a la producción de uranio enriquecido para fines pacíficos tiene una singularidad que conviene resaltar. Fue conseguido mediante el diálogo, la mutua confianza que nace de mirarse a los ojos y la negociación en la lógica del gana-gana. Nada de intimidaciones, de imposiciones, de amenazas, de presiones de todo tipo, ni de satanización del otro.

Ésa era y sigue siendo la estrategia de las potencias militaristas e imperiales que no se dan cuenta de que el mundo ha cambiado. Están incrustadas en el viejo paradigma del big stick, de la negociación con la vara en la mano o de la intervención pura y dura, para la cual todo vale; la mentira descarada, como en el caso de la guerra injusta contra Irak, la violencia militar más sofisticada contra uno de los países más pobres del mundo, como es Afganistán, o los conocidos golpes armados por la CIA en varios países, especialmente en América Latina.

Curiosamente, esta estrategia nunca ha dado ningún fruto en ningún sitio. Estados Unidos está perdiendo todas las guerras, porque nadie vence a un pueblo dispuesto a dar su vida hasta el punto de suscitar «hombres-bomba» para enfrentarse a un enemigo armado hasta los dientes, pero lleno de miedo y expuesto a la vergüenza y a la irrisión mundial. Lo que han conseguido es alimentar la rabia, el rencor y el espíritu de venganza, fermento de todo terrorismo.

La mayor amenaza para la estabilidad mundial hoy es Estados Unidos pues la ilusión de ser «el nuevo pueblo elegido» —así reza el «destino manifiesto» en el que los neocons, muy fuertes, como Bush, creen ciegamente— hace que se sientan con el derecho de intervenir en todo el mundo. Pretenden llevar los derechos humanos, cuando los violan vergonzosamente; quieren imponer la democracia cuando, en realidad, crean una farsa; buscan abrir el libre mercado a sus multinacionales para que libremente puedan explotar la riqueza de los países, su petróleo y su gas.

La diplomacia de Lula se contrapone directamente a la del Consejo de Seguridad y a la de Barack Obama. La de Lula mira hacia delante y se adecúa a lo nuevo. La de Barack Obama mira hacia atrás y quiere reproducir lo viejo.

El viejo paradigma supone que hay una nación hegemónica e imperial, en este caso Estados Unidos, que se rige por el paradigma del enemigo, muy en la línea del teórico de la filosofía política que fundamentó los regímenes de fuerza, Carl Schmitt (+1985), tal como él mismo hizo con el nazismo. En su libro El Concepto de lo Político dice claramente: «la existencia política de un pueblo depende de su capacidad de definir quién es amigo y quién es enemigo... el enemigo debe ser combatido y psicológicamente debe ser descalificado como malo y feo». ¿No fue exactamente eso lo que hizo Bush, llamando a los países de donde venían los terroristas «países canallas» contra los que se debía hacer una «guerra infinita»? Esta argumentación es sistémica, y funciona todavía hoy en la cabeza de los dirigentes estadounidenses. Las políticas inspiradas en ese paradigma ya superado pueden llevar a situaciones dramáticas, con serio peligro de destruir el proyecto planetario humano. Ese paradigma es belicista, reduccionista y miope, pues no percibe los cambios históricos que están ocurriendo en la línea de la fase planetaria de la historia, que exige estrategias de cooperación que busquen proteger la Tierra y cuidar de la vida.

El paradigma nuevo, representado por Lula, asume la singularidad del actual momento histórico. Nuestra percepción de fondo ha cambiado: somos todos interdependientes, habitamos juntos la misma Casa Común, la Tierra. Nadie tiene un futuro particular y propio. Surge un destino común globalizado: o cuidamos de la humanidad para que no se bifurque entre los que comen y los que no comen, y protegemos el planeta Tierra para que no sea destruido por el calentamiento global, o no tendremos ningún futuro. Estamos vinculados definitivamente unos a otros.

Lula, con su fina percepción por lo nuevo, actuó coherentemente: no se puede aislar y castigar a Irán. Hay que traerlo a la mesa de negociaciones, con confianza y sin prejuicios. Esta actitud de respeto dará buenos frutos. Y es la única sensata en esta nueva fase de la historia humana. Lula marca e inaugura el futuro de la nueva diplomacia, la única que nos garantizará la paz.

*Teólogo

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viernes, 12 de febrero de 2010

El lamento de Erich Fried


Fosa común de musulmanes bosnios en Srebenica

12-02-2010
Mikel Arizaleta
Rebelión


1.- holocausto

Leonardo Boff nos recordaba este año en su artículo “Holocausto” los 65 años del holocausto judío, perpetrado por el nazismo, por Hitler y su banda. La terrorífica inhumanidad mostrada en los campos de exterminio, especialmente en el de Auschwitz (Polonia). Y recogía la pregunta, ya escupida en la historia, de ¿qué pensar de Dios después de Auschwitz y qué pensar del hombre? A la que él, a su vez, sumaba la de “¿cuánto de inhumanidad cabe dentro de la humanidad?”. Y confesaba el pesar que le produjo la lectura del “Comandante de Auschwitz: notas autobiográficas de Rudolf Höss (1958)”, supuestamente escritos por Höss a lápiz, bajo la vigilancia de sus carceleros comunistas polacos, en la prisión de Cracovia en tanto esperaba ser procesado. Fue condenado y ahorcado en el antiguo campo de concentración de Auschwitz el 16 de abril de 1947.

Sencillamente bestial. Sólo que el holocausto no sólo fue judío, sino gitano, comunista, homosexual, republicano, colonial…, unos víctimas por su origen étnico, otros por su condición física, por su estrato social, por su ideología, por su dependencia, por su militancia…

2.- los olvidados

Se sabe que en la Segunda Guerra Mundial murieron alrededor de 70 millones de personas, entre ellas más de 20 millones de soviéticos, seis millones de judíos y más de 5 millones de alemanes. Si bien se desconocen con exactitud la cifra de muertos en el tercer mundo de una guerra parida en Europa.

En boca del Profesor Kuma Ndumbe, de la Universidad de Yaoundé, en Camerún: "La historia de la Segunda Guerra Mundial se revela, como toda historia, como la de los vencedores, pero también como la de los ricos y los propietarios. Pese a su derrota, Alemania y Japón pertenecen desde el punto de vista de la escritura de la historia, a los vencedores. Aunque la historiografía de ambos países haya tenido que llevar a cabo cuestionamientos críticos, japoneses y alemanes son tratados por ella como personas del mismo rango que los vencedores. Quienes fueron olvidados después de la guerra como si no hubieran existido durante el conflicto, quienes deben aprender de nuevo la historia junto a sus hijos, sin encontrar en ella sus propias acciones, son los que pertenecen a la verdadera categoría de perdedores. Perdedores sin voz propia. Así viven hasta hoy centenares de millones de personas y sus descendientes en África, en Asia, América Latina, Australia y en la región del Pacífico".

El historiador filipino Ricardo Trota José afirma que " la Segunda Guerra Mundial dejó en Filipinas más muertos que en cualquier otro país del sur de Asia. En ningún país de la región hubo mayor destrucción. Según las cifras oficiales del gobierno 1,1 millones de filipinos murieron en la guerra, es decir uno por cada 16 habitantes del archipiélago".

Las estimaciones sostienen que en Asia, África, América del Sur y Oceanía se perdieron más vidas en aquel conflicto que en la propia Europa. Sólo en Asia murieron 20 o 30 millones de civiles a manos de los japoneses, la mayoría de ellos chinos. El Tercer Mundo contribuyó al conflicto con más soldados que Europa.

Y es que cuando la guerra comenzó el colonialismo estaba en su apogeo. Inglaterra y su Commonwealth dominaban sobre una cuarta parte del mundo y de su población. Las colonias de Francia eran veinte veces mayores que la metrópoli en territorio, y sumaban cien millones de habitantes. Las indias orientales de la diminuta Holanda tenían la misma superficie que Europa Occidental. Estados Unidos dominaba las Filipinas, Hawai y diversos archipiélagos del Pacífico. Japón controlaba el Norte del Pacífico (Micronesia), Corea, Taiwán y el noreste de China, que es mayor que Francia. En África oriental, la Italia de Mussolini controlaba una zona colonial cuatro veces mayor que Italia. Alemania había perdido sus colonias en África y Asia como consecuencia de su derrota en la Primera Guerra Mundial. Con ayuda de los colaboracionistas franceses, se disponía a recuperarlas para usar sus recursos humanos y materias primas en el esfuerzo de guerra.

Cerca de un millón de africanos fueron movilizados por los franceses en diversos bandos del conflicto.

Con el inicio de la guerra en Europa, el Imperio británico echó mano de sus colonias. De los once millones de hombres, que Inglaterra movilizó, seis millones eran británicos y cinco de las colonias [1] .

3.- muertos ignorados

Total muertos Segunda Guerra Mundial (SGM): unos 70 millones.
Total muertos guerra en Asia: entre 20 y 30 millones.
Total alemanes muertos en SGM: unos 5 millones.
Soldados alemanes muertos en Stalingrado: 60.000
Civiles muertos en Okinawa: 100.000.
Proporción de filipinos muertos en la SGM : 1 de cada 16.
Civiles muertos en la conquista italiana de Abisinia: 150.000.
Víctimas de la hambruna ocasionada por la SGM en Bengala: entre 2 y 4 millones (en los seis tomos de Churchill sobre la SGM ni siquiera menciona los muertos de hambre en Bengala).
Muertos civiles en Gran Bretaña: 67.000
Muertos civiles en Birmania: 250.000
Efectivos del Ejército Británico: 11 millones.
Soldados coloniales del ejército británico: 5 millones.
Soldados africanos en el ejército británico: 1 millón.
Soldados indios en el ejército británico: 2,5 millones.
Soldados indios caídos en la guerra: 60.000.
Soldados indios cautivos de italianos, alemanes o japoneses: 80.000
Soldados indios en las SS nazis: 3.500
Voluntarios indios en el ejército japonés: 50.000
Soldados africanos en ejércitos franceses: 1 millón.
Prisioneros africanos del ejército francés en campos alemanes: 100.000.
Brasileños combatientes en Italia: 25.000.
Brasileños caídos en Monte Casino: 500.
Ejército italiano en Abisinia: 350.000 (de ellos 150.000 eritreos y somalíes)
Africanos forzados por el Imperio británico a trabajar en Kenia durante SGM: 20.000
Africanos forzados a trabajar en Rhodesia del sur: 33.000
Africanos forzados a trabajar en minas de zinc en Nigeria: 100.000.
Mortandad entre mineros forzados de zinc en Nigeria: 1 de cada 10 [2] .

4.- el quejido amargo

Sin embargo 65 años más tarde se sigue oyendo el lamento del poeta judío alemán, Erich Fried, dirigido a Israel y al mundo:

Escucha Israel:

Cuando fuimos perseguidos

fui uno de vosotros,

¿cómo seguir siendo

cuando sois perseguidores?

Anhelo vuestro fue

ser como los pueblos

que os asesinaban.

¡Ya sois como ellos!



Habéis sobrevivido

a quienes os torturaban.

¿No pervive hoy

su tortura en vosotros?



Y de nuevo la pregunta de Leonardo Boff: “¿cuánto de inhumanidad cabe dentro de la humanidad?”.

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[1] Datos, que nos recordaba Rafael Poch de Feliu en un artículo de La Vanguardia , 11.10,09

[2] Exposición itinerante, que comenzó en sept. de 2009 en Berlin-Neukölln: "Die Dritte Welt im Zweiten Weltkrieg"

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jueves, 19 de marzo de 2009

La teología de la liberación se propaga, pese al veto del Vaticano



Leonardo Boff (IPS)

jueves 19 de marzo de 2009



Desde sus inicios a fines de los años 60, la Teología de la Liberación adoptó una perspectiva global, enfocada en la condición de los pobres y oprimidos en el mundo entero, víctimas de un sistema que vive de la explotación del trabajo y de la depredación de la naturaleza.Este sistema explota a las clases trabajadoras y a las naciones más débiles. Y además reprime a los que oprimen y por lo tanto contrarían sus propios sentimientos humanitarios. En una palabra, todos deben ser liberados de un sistema que perdura desde al menos tres siglos y ha sido impuesto en todo el planeta.La Teología de la Liberación es la primera teología moderna que ha asumido este objetivo global: pensar el destino de la humanidad desde la condición de las víctimas. En consecuencia, su primera opción es comprometerse con los pobres, la vida y la libertad para todos. Surgió en la periferia de las Iglesias centrales, no en los centros metropolitanos del pensamiento consagrado. Por ese origen ha sido siempre considerada con sospecha por los teólogos académicos y principalmente por las burocracias eclesiásticas y la de la Iglesia más importante, la romano-católica.De su cuna en Latinoamérica la Teología de la Liberación pasó a África, se extendió a Asia y también a sectores del primer mundo identificados con los derechos humanos y la solidaridad hacia los desposeídos. La pobreza entendida como opresión revela muchos rostros: el de los indígenas que desde su sabiduría ancestral concibieron una fecunda teología de liberación indígena, la teología negra de la liberación que resiente las marcas dolorosas dejadas en las naciones que fueron esclavistas, el de las mujeres sometidas desde la era neolítica a la dominación patriarcal, la de los obreros utilizados como combustible de la maquinaria productiva. A cada opresión concreta corresponde una liberación concreta.La cuestión teológica de base que hasta ahora no acabamos de responder es: ¿cómo anunciar creíblemente un Dios que es un Padre bondadoso en un mundo atestado de miserables? Sólo tiene sentido si implica la transformación de este mundo, de manera que los miserables dejen de gritar. Para que un cambio semejante tenga lugar ellos mismos tienen que tomar conciencia, organizarse y comenzar una práctica política de transformación y liberación social. Como en gran mayoría los pobres en nuestros países eran cristianos, se trataba de hacer de la fe un factor de liberación. Las Iglesias que se sienten herederas de Jesús, que fue un pobre y que no murió de viejo sino en la cruz como consecuencia de su compromiso con Dios y con su justicia, serían las aliadas naturales de este movimiento de cristianos pobres.Este apoyo se ha verificado en muchas iglesias en las que ha habido obispos y cardenales proféticos como Helder Camara y Paulo Evaristo Arns en Brasil, Arnulfo Romero en El Salvador y muchos otros, así como numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos comprometidos políticamente.En razón de su causa universal ya a inicios de los años 70 la Teología de la Liberación era un movimiento internacional y convocaba verdaderos foros teológicos mundiales. Se estableció un consejo editorial integrado por más de cien teólogos latinoamericanos para compilar una sistematización teológica desde la perspectiva de la liberación en 53 tomos. Ya se habían publicado 13 tomos cuando el Vaticano intervino para hacer abortar el proyecto. El entonces cardenal Joseph Ratzinger fue riguroso. Cortó de raíz un trabajo promisor y benéfico para todas las iglesias periféricas y especialmente para los pobres. Pasará a la historia como el cardenal -y después Papa- enemigo de la inteligencia de los pobres.La Teología de la Liberación creó una cultura política. Ayudó a formar organizaciones sociales como el Movimiento de los Sin Tierra, la Pastoral Indígena, el Movimiento Negro y fue fundamental en la creación del Partido de los Trabajadores en Brasil cuyo líder, el Presidente Lula siempre se reconoció en la Teología de la Liberación.Hoy en día esta teología ha trascendido los límites confesionales de las Iglesias y se ha convertido en una fuerza político-social. Además de Lula se identifican públicamente con la Teología de la Liberación el Presidente Rafael Correa del Ecuador, el Presidente de Paraguay y ex obispo Fernando Lugo, el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua, el Presidente Hugo Chávez de Venezuela y el actual Presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, el sacerdote nicaraguense Miguel de Escoto. Su fuerza mayor no reside en las cátedras de los teólogos sino en las innumerables comunidades eclesiásticas de base (sólo en Brasil existen cerca de cien mil), en los millares y millares de círculos en los que se lee la Biblia en el contexto de la opresión social y en las llamadas pastorales sociales.Roma incurre en la profunda ilusión de creer que con sus documentos doctrinarios emitidos por burocracias frías y distantes de la vida concreta de los fieles conseguirá frenar la Teología de la Liberación. Ella nació oyendo el grito de los pobres y hoy la conmueve el grito de la Tierra. Mientras los pobres continúen lamentándose y la Tierra gimiendo bajo la virulencia productivista y consumista, habrá mil razones para sentir el llamado de una interpretación libertaria y revolucionaria de los evangelios. La Teología de la Liberación es la respuesta a una realidad injusta y salva a la Iglesia central de su alienación y de un cierto cinismo.


Leonardo Boff, teólogo de la liberación brasileño y coautor de la Carta de la Tierra.

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